Por Alan Ulacia*. Toreaba al horizonte una inmensa nube gris. Como un poncho infinito, amenazaba con cubrirlo todo de oscuridad, de frío y de silencio. Por su parte la Llanura expectante de un algo estaba. Quizá de un sacrificio sanguíneo, porque como en la noche Luna no había, cada gota de rojo podía reclamar para sí.
