Por Marco Teruggi, desde Caracas. El día empezó en la noche. Las luces nunca se apagaron, las voces no cesaron, el desconcierto no descansó. Ya desde temprano las calles aparecían con los negocios cerrados, banderas de Venezuela cubrían kioscos, brazos, cabezas, autos… Caracas era un luto vestido de rojo.
