
Por Pablo Solana. No es la secuencia de una película de acción, ni una crónica del accionar de las “maras”, pandillas armadas en Centroamérica. Se trata del Gran Rosario, por estos días: cinco pibes fueron asesinados. Pero también son jóvenes sus matadores. Una juventud empujada al abismo que encuentra salida en la organización comunitaria y la militancia.







