
Por Cristian Delicia y Pablo Solana. Después de las reiteradas –aunque no por ello menos justas- reivindicaciones de los derechos humanos que imponía la fecha y la mística construida por el kircherismo, la presidenta se permitió hablar de “chantaje” y “extorsión” en referencia a las huelgas de los trabajadores. Se refería a la disputa al interior de la CGT, pero en seguida centró su mira en las luchas obreras más consecuentes.







