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    Democracia

    GPS Brasil: Lula histórico, mujeres, soberanía nacional y Estados Unidos en la disputa

    25 agosto, 202611 Mins Read
    Foto: Ricardo Stuckert. Prensa.
    El presidente Luíz Inácio Lula da Silva en el estadio Vila Euclides en el lanzamiento oficial de su campaña, el 16 de agosto de 2026.
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    Por Carla Perelló, desde San Pablo.

    La carrera electoral arrancó en el gigante sudamericano de cara a los comicios del 4 de octubre. Entre las 13 candidaturas, dos aparecen como competitivas en un escenario de fuerte polarización que, al momento, encuentra a una izquierda alineada y a una derecha diversificada. Soberanía, democracia e injerencia estadounidense, ejes transversales de la disputa.

    Las elecciones en el país más grande de América Latina y el Caribe se disputarán el próximo 4 de octubre. A poco menos de dos meses, sólos dos candidatos sentados en las antípodas parecen llevarse las preferencias de la población brasileña: el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a conquistar su cuarto mandato; y Flávio Bolsonaro, senador, que pretende continuar el legado de su padre, Jair, el exmandatario condenado y preso por tentativa de golpe de Estado. En este escenario, Brasil no se aleja para nada del pulso que viene marcando a los procesos electorales de la región en el que la democracia y la soberanía están en juego, porque el Estados Unidos de Donald Trump también busca protagonismo para avanzar sobre el territorio a partir del apoyo a figuras que acepten el afán injerencista sin pruritos.

    El escenario 

    El impeachment contra Dilma Rousseff, en 2016, la escalada de Bolsonaro como protagonista de la política brasileña reivindicando la dictadura militar, el femicidio político de Marielle Franco por milicias ligadas al bolsonarismo y al crimen organizado. La llegada del ex capitán del ejército al poder, en 2018, de la mano de una gestión que se ocupó de desmontar el Estado y de deslegitimar al sistema electoral, la falta de reconocimiento al triunfo de Lula y el intento de golpe de Estado el 8 de enero de 2023, son sólo algunos de los hechos recientes de la política local que marcaron el ascenso del autoritarismo como movimiento político consolidado en el bolsonarismo. Un bolsonarismo que, pese a la condena a 27 años y tres meses de prisión y ocho de inelegibilidad de su máximo líder por haber querido romper las reglas democráticas, aún tiene un gran caudal de intención de voto.

    En el orden internacional, Estados Unidos aprovecha el caldo de cultivo y mantiene a Brasil en la mira en medio de la guerra contra China y su afán de conquistar socios abiertos a las relaciones carnales en cada rincón del planeta con recursos naturales y estratégicos. Así fue en las legislativas en Argentina el año pasado y en las presidenciales en Ecuador, Perú y Colombia, en las que Donald Trump expuso posicionamientos abiertos en favor de los líderes de extrema derecha locales y en donde aliados como Daniel Noboa (Ecuador) y Javier Milei (Argentina) hacen de voceros y línea de frente contra las propuestas como las del Pacto Histórico y del PT. Trump también dejó explícito que no reconoce límites cuando llevó adelante una operación militar en Venezuela para secuestrar al expresidente Nicolás Maduro, al cabo de una década de bloqueo económico y medidas austeras.

    Y, en ese mismo sentido, actúa respecto a Brasil desde hace un año. Empezó tras la condena a Jair Bolsonaro: impuso tarifas a los productos brasileños, declaró al país como “amenaza inusual y extraordinaria”, aplicó la Ley Magnitsky (que impone sanciones económicas y migratorias a extranjeros) a integrantes de la Corte Suprema, declaró como “organizaciones terroristas” al PCC y al Comando Vermelho -abriendo la posibilidad de intervención militar en el territorio brasileño-, volvió a imponer tarifas en julio de este año, prorrogó la declaración del país como amenaza y tensionó la relación al rechazar las credenciales de la embajadora brasileña designada en Washington. 

    Como cierre -si se quiere- el Departamento de Estado publicó el video en el que afirman que el dominio de Estados Unidos en este hemisferio “nunca más será cuestionado”. En ese escenario, millones de brasileñxs deberán acudir a las urnas el 4 de octubre para elegir a su próximo presidente.

    ¿Qué se vota? ¿quiénes votan? 

    En las elecciones generales, 158.745.463 millones de personas se inscribieron para votar y elegir a nivel nacional: presidente y vice, 513 diputadxs (renovación completa de la Cámara) y 54 senadorxs (dos tercios de la Cámara, dos por estado). En el orden local, elegirán: 27 gobernadores/as (unx por estado, más unx para Brasilia), además, de votar para elegir 1035 legisladorxs estaduales y 24 legisladorxs para la capital.

    13 candidatos, ¿dos posibilidades?

    Desde el comienzo del año, institutos, fundaciones, medios de comunicación y think tanks comenzaron a medir las posibilidades electorales de dos figuras protagonistas en la política local: Lula y Flávio Bolsonaro, con 41% y 36%, según la última encuesta de BTG/Néxus. Ambos se mantuvieron al frente hasta ahora y esa estabilidad le permitió al hijo del expresidente consolidarse dentro del ámbito de la derecha como el más competitivo entre otros aspirantes de peso y trayectoria que también buscaban (o buscan, porque todavía no se dieron por vencidos) continuar la herencia del bolsonarismo.

    Lula competirá junto con su actual vicepresidente Geraldo Alckmin (del Partido Socialista Brasileño-PSB) y consiguió el compromiso de gran parte de la izquierda y de la centro izquierda en la coalición “Brasil pronto para mais” conformada por: la Federación Fé Brasil (que incluye al Partido de los Trabajadores, al Partido Comunista de Brasil y al Partido Verde), el Partido Socialista Brasileño (PSB) y el Partido Laborista (PDT) y la Federación Psol-Rede.

    La fórmula de Flávio Bolsonaro, en cambio, es “pura sangre” -como se dice en en Brasil cuando se carece de alianzas- del Partido Liberal (PL): irá con Alfredo Gaspar, actual diputado federal por el estado de Alagoas. A pesar de haber prometido en la previa de la campaña que iría con una mujer, el senador por Rio de Janeiro eligió a su compañero en miras hacia el nordeste brasileño, en donde históricamente se concentra un gran caudal de voto petista, al mismo tiempo que decidió dejar de lado las recientes acusaciones que pesan sobre Gaspar de haber abusado y embarazado a una niña de 13 años.

    Les siguen en las encuestas, pero con menos del 5% en intención de voto, el ex gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado (PSD); el ex líder de las movilizaciones pro impeachment de 2016 Renan Santos (Missão) y el ex gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema (Novo). Todos ellos se ubican a la derecha del espectro político, enarbolan un discurso conservador, antilulista y de mano dura al estilo Nayib Bukele en El Salvador, por un lado, aunque con un posicionamiento en pos de la soberanía respecto a Estados Unidos, por el otro.

    Además de ellxs están: Clariana Barão (Democracia Cristiana), Edmilson Costa (Partido Comunista Brasileño), Escritor Augusto Cury (Avante), Hertz Dias (PSTU), Rui Costa Pimenta (Partido da Causa Operaria), Samara Martins (Unidad Popular) y Wilson Grassi (Democrata). Por último, sobre el filo, registró su candidatura Pablo Marçal (PRTB), el coach influencer ex candidato a la intendencia de San Pablo en 2024, a quien la Justicia Electoral declaró inelegible hasta 2032. Abiertamente bolsonarista, Marçal apuesta a inclinar -y embarrar- la cancha en favor de Flávio mientras espera que la Justicia electoral se pronuncie para prohibir su participación. En abril ya había dicho y reiteró en comunicación con Flávio en esta semana que hará todo lo posible por ayudarlo para derrotar a Lula en la carrera presidencial.

    Clave

    Los partidos conocidos como “centrão” -un grupo sin posición ideológica clara que actúa de manera pragmática y resulta clave por su peso territorial para los oficialismos en el Congreso- se declararon neutrales de cara a la primera vuelta, lo que significa que tienen libertad de acción para generar alianzas para competir en los estados. Entre ellos, se encuentran históricos y tradicionales MDB (Movimiento Democrático Brasileño), Progressistas, Unión Brasil, Republicanos, Podemos y la Federación conformada por Cidadanía y PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña). Habrá que ver cómo se mueven en caso de un balotaje, por lo pronto, el presidente de la Cámara de Senadores, David Alcolumbre (Unión Brasil), ya dio señales positivas para Lula dando luz verde para el paso de proyectos en el Congreso como la reducción de la jornada laboral y las modificaciones sobre seguridad pública.

    La disputa en el Congreso

    El Congreso es un actor clave en la sostenibilidad de la gobernabilidad de la democracia presidencialista de coalición brasileña. Allí, se expresan distintos sectores de la élite: el poder económico, el campo, los conservadores pro armas, las iglesias evangelistas, que fueron ganando terreno a lo largo de los últimos años. Muchos de ellos, en el partido bolsonarista PL, que en las elecciones pasadas conquistó la mayoría, con 99 bancas de 523 en Diputados y 11 de 54 en el Senado.

    En ese sentido, la coalición alineada con el PT apuesta a figuras relevantes para distritos clave: las exministras de Ambiente y Planificación, Marina Silva y Simone Tebet para el Senado y Erika Hilton para renovar en Diputados por San Pablo; la ex jefa de Gabinete de Lula, Gleisi Hoffmann para el Senado por Paraná; y la ex candidata a la vicepresidencia de Brasil, en 2018, Manuela D’Ávila también para la Cámara alta por Rio Grande do Sul.

    Del otro lado, una figura central en la campaña del PL -más allá de su enfrentamiento con Flávio- será Michelle Bolsonaro, que disputa una banca -prácticamente asegurada- también en la Cámara alta por el distrito federal.

    La carrera comenzó: mujeres, soberanía nacional y Estados Unidos en la disputa

    La campaña empezó oficialmente el 16 de agosto pasado. Un domingo en el que varios de los candidatos salieron a la calle para marcar presencia en los territorios.

    Lula retornó al estadio Vila Euclides-1° de Mayo, en São Bernardo do Campo en las afueras de la ciudad de San Pablo, donde se erigió como dirigente sindical a fines de la década de 1970. Debajo de un sol radiante, ante 40 mil personas -según datos de la campaña oficial-, hizo un repaso de su historia, recordó aquellas masivas asambleas en medio de la dictadura, el nacimiento del PT y de la Central Única de Trabajadores (CUT) como herramientas para que las y los trabajadores también pudieran ocupar espacios de poder para generar políticas. Recordó, también, a históricos militantes que estuvieron a su lado y que fueron protagonistas también de las luchas sindicales y campesinas como Florestán Fernandes, Chico Mendes y Margarida Maria Alves, entre otros.

    “Mientras esté vivo voy a luchar y no voy a dejar que la derecha regrese”, sostuvo el mandatario en un acto en el que resaltó el lugar de las mujeres, hizo foco en la inversión en educación, en políticas de seguridad pública para el combate al crimen organizado y en el desarrollo industrial para la explotación de tierras raras y minerales críticos de forma soberana, en un claro mensaje a Trump.

    En Copacabana, Rio de Janeiro, Flávio Bolsonaro hizo su propio acto, pero más chico: menos de diez mil personas estimadas asistieron, según el Monitor de Debate Político de la Universidad de San Pablo. También acudió a la memoria donde nació políticamente el bolsonarismo y se apropió de la herencia de su padre: atacó al “sistema” al que se refirió como “podrido” y “corrupto”, prometió políticas de mano dura para combatir la violencia contra las mujeres -como penas más altas y castración química para violadores- e hizo una interpretación propia del concepto de “soberanía” al decir que lxs brasileñxs “perdieron” su ”soberanía” sobre el celular y el auto que es robado.

    Santos, que entre jóvenes de 16 a 34 llega a tener un 10% de intención de voto, apareció en San Pablo en su acto con un chaleco antibalas y prometió “teñir el suelo de sangre” de “vagabundos”. En la misma línea, Zema dijo que construirá una súper cárcel y Caiado hizo foco en la administración pública y en su posición como “derecha raíz”.

    Así, se preparan los candidatos que encaran una campaña en la que se definirá mucho más que la presidencia de Brasil, sino que medirá también -y una vez más- los límites de Trump en su afán injerencista sobre el territorio latinoamericano y la fortaleza de las instituciones brasileñas para defender la soberanía, la democracia y la autonomía.

    Brasil Carla Perelló elecciones 2026 San Pablo

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