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    Home»Marcha 10 años»Economía»Las infraestructuras digitales que supimos conseguir (I)
    Economía

    Las infraestructuras digitales que supimos conseguir (I)

    30 abril, 20209 Mins Read
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    Alteraciones contemporáneas en la subjetividad de lxs trabajadorxs de plataformas digitales. Un recorrido por algunos conceptos del capitalismo cognitivo y la nueva economía de plataformas. ¿El trabajo del futuro o el futuro del trabajo?

    Texto e imágenes por Sebastián De Mitri

    Empecemos por los conceptos básicos. Las plataformas son infraestructuras digitales que permiten que dos o más grupos interactúen. Esa es la definición de Nick Srnicek en su libro Capitalismo de plataformas, (Caja Negra, 2018). Dentro de ellas, podemos diferenciar entre las plataformas digitales con o sin fines de lucro, abiertas o cerradas, colaborativas o a demanda, según tipo de servicio y grado de complejidad, entre otras.

    En esta entrega, pondremos particular atención sobre el sector trabajador de las plataformas digitales de empleo presentes en Argentina que entran en las categorías de plataformas con fines de lucro, abiertas, de economía bajo demanda y de servicios físicos con un grado de complejidad bajo: tales son los casos de Rappi, Glovo, PedidosYa, Airbnb, DogHero, entre otras.

    Resulta de gran importancia poder identificar qué alteraciones se produjeron con la aparición de las plataformas digitales en términos de gestión y control de la fuerza de trabajo tanto para los sectores empresariales, como para lxs trabajadorxs y usuarixs particulares. Esto, a su vez, es central para intentar dar cuenta si se ha configurado o no una nueva subjetividad en la clase trabajadora que ofrece su fuerza de trabajo a las plataformas digitales de empleo durante el desarrollo del capitalismo cognitivo-posfordista.

    Plataformas digitales de empleo en Argentina

    El fenómeno de las plataformas, el cual surge aproximadamente hace diez años a nivel global, es un fenómeno relativamente reciente en Argentina. A principios de 2016, operaban cinco plataformas de capitales nacionales (Mercado Libre, Zolvers, Workana, Iguanafix y Nubelo). Ese año tuvo lugar en el país un cambio de gobierno que, según textos de Madariaga, Buenadicha, Molina y Ernst, modificó la política económica y propició un ambiente más favorable para el ingreso de inversión extranjera directa, particularmente gracias a la flexibilización del sistema de pagos al exterior.

    Pero ¿qué son las plataformas? Las plataformas digitales pueden ser consideradas como un nuevo modelo de negocios, un nuevo tipo de compañías que, (tomando la noción de bienes informacionales que propone Mariano Zukerfeld en La reciente expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto), se caracterizan por ser poseedoras de bienes obtenidos en procesos cuya función de producción está signada por un importante peso relativo de los gastos (en capital o trabajo) en la generación de o el acceso a la Información Digital. Las plataformas están compuestas por bienes informacionales primarios dado que se encuentran hechas puramente de información digital y, en tanto tales, podemos decir que (salvo algunos casos puntuales) no producen plusvalía, sino que lo que hacen es apropiarse de una parte de la ganancia de los agentes que producen valor al interactuar en ellas; toman porciones de plusvalía de estos agentes por medio de publicidades o una porción de la ganancia de otrxs usuarixs, entre otras formas. Una de las características principales de estas plataformas es que se sustentan principalmente en la contratación de trabajo precario de modo tercerizado.

    Más allá de algunos recientes intentos en regular el accionar de las plataformas en Argentina, la mayoría de las plataformas no se autoperciben como empleadoras de lxs trabajadorxs que sostienen su funcionamiento; si bien ellas mismas se clasifican como “prestadoras de servicios de informática”, no resulta difícil identificar su inserción en mercados específicos tales como transporte automotor de pasajeros; alojamiento temporal; servicios de mensajería y cadetería; comercio minorista, entre otros. 

    Lxs autorxs que desarrollaron el encomiable trabajo de investigación en la organización independiente CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) titulado Economía de plataformas y empleo ¿Cómo es trabajar para una app en Argentina?, elaboraron una valiosísima caracterización y distinción de estas plataformas según algunas variables. Entre ellas se encuentran:

    • Economía colaborativa: conformada por aquellos modelos de producción, consumo o financiación que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada en relaciones entre iguales, o bien de particular a profesional, a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente. De esta manera, la economía colaborativa permite utilizar, compartir, intercambiar o invertir recursos o bienes, pudiendo existir o no una contraprestación monetaria entre los usuarios.
    • Economía bajo demanda: entran aquellos modelos de consumo y provisión de servicios que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada habitualmente de profesional a consumidor a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente. La prestación se origina en base a las necesidades del usuario que demanda y se adapta a sus preferencias. Estos servicios se ofrecen normalmente a cambio de una contraprestación y habitualmente con ánimo de lucro.

    La diferencia fundamental de este tipo de modelos es que entre lxs usuarixs existe una relación comercial, es decir, son plataformas en las que tiene lugar la prestación de un servicio ya sea por parte de profesionales o por parte de particulares, dependiendo del modelo, como afirman Madariaga, Cañigueral y Bagó.

    Otras variables para identificar la inserción comercial de cada empresa son:

    • Tipo de servicios: pueden ser virtuales, físicos y/o de venta.
    • Grado de complejidad: calificación media – alta; calificación baja.
    • Tipo: freelancer, transporte de pasajerxs, alojamiento, mensajería y cadetería (entre otros) para el caso de plataformas digitales de economía bajo demanda; educación y conocimiento, comercio minorista (entre otros) para el caso de plataformas de economía colaborativa.

    Lee todas las notas de:

    “Las infraestructuras digitales que supimos conseguir”

    Una manito para abajo o cero estrellas, ergo, un clic y no trabajás más

    La operacionalización de variables mencionada en el apartado anterior nos resulta de gran ayuda, dado que por medio de ella tenemos la posibilidad de delimitar con precisión el campo de investigación orientado al accionar de las plataformas ya que no todas son iguales. Para identificar si se configuró una nueva subjetividad en lxs trabajadorxs que ofrecen su fuerza de trabajo a plataformas de empleo con fines de lucro tales como Rappi, Glovo, PedidosYa, Airbnb, DogHero, entre otras, estas caracterizaciones y distinciones son de gran utilidad.

    Mencionamos en la introducción que las plataformas digitales de empleo son intermediarias entre agentes, entendiendo por agentes a trabajadorxs, usuarixs, proveedorxs y consumidorxs. El hecho de funcionar de manera intermediaria permite a las empresas reducir costos de coordinación y de transacción, achicar las asimetrías de información entre la oferta y la demanda (idea del toyotismo), viabilizar actividades no rentables y, sobre todo, transformar las relaciones laborales tanto en términos contractuales (de contratación de trabajo) como también en términos de control (de gestión del trabajo).

    Cada trabajo es calificado y/o puntuado por quienes acceden al servicio prestado en cuestión. Tomemos dos ejemplos: para el caso de los servicios de mensajería y cadetería tales como Glovo, Rappi o PedidosYa, como también en los casos de servicios de transportes de pasajerxs como Uber, son lxs usuarixs consumidorxs quienes en definitiva determinan el rendimiento y la calidad del servicio mediante un sistema de puntuación según los niveles de satisfacción con el servicio prestado. En este punto las plataformas han logrado construir una especie de chivo expiatorio o válvula de escape ante posibles descontentos con su imagen: si un pedido no llega a destino o lo hace pero con demora, o si un auto de Uber tarda más tiempo de lo estipulado en recoger a el/la pasajerx, el peso del descontento por parte del usuarix consumidor adquiere un carácter doble en tanto el/la trabajadorx resulta objeto de castigo tanto por quien utiliza el servicio por demanda, como así también por parte de la empresa. En este sentido, resulta interesante rescatar un testimonio del asesor legal de APP (Asociación de Personal de Plataformas) para ilustrar con mayor claridad experiencias como las de los ejemplos mencionados:

    “Un bloqueo es algo muy simple para el algoritmo: hay una persona sentada frente a una computadora, elige un número de ID (es decir, una persona, un trabajador), hace un clic y esa persona ya no puede trabajar más”.

    Juan Manuel Ottaviano, asesor legal de APP,

    Plataformas, Episodio 1: “Un click y no trabajás más”, 2019.

    Situaciones como estas, (que más que “un click y no trabajás más” podríamos llamar “una manito para abajo o cero estrellas, ergo, un click y no trabajás más”), son posibles de enmarcar dentro de un nuevo tipo de mecanismo de control que despliega el capitalismo de vigilancia, cognitivo o informacional: la vigilancia entre pares. En el capitalismo de vigilancia, el poder depende casi absolutamente del deseo de las personas que soportan su poder. Es muy distinto del capitalismo disciplinario. Una forma de pensar el control y/o la vigilancia es por medio del “temor al Estado”, que es el gran temor de los liberales, el temor al “Estado Big Brother”. Otra forma posible de pensar al control es el del mercado: “las corporaciones nos vigilan, nos modulan, nos generan deseo”. Sin embargo, lo que nos trae esta modalidad en el capitalismo informacional es una tercera forma de vigilancia, que es la vigilancia entre pares, vigilancia P2P (peer to peer); un poder no menor pero, sin dudas, mucho menos costoso para el capitalismo. Es el control del “me clavó el visto” en WhatsApp, el del “stalkeo” en las redes sociales y, claramente, el que ejercen lxs usuarixs consumidorxs sobre lxs trabajadorxs de las plataformas digitales de empleo, sea de manera directa o indirecta, consciente o inconscientemente. En ese sentido, las plataformas no sólo se encargan de hacer interactuar a lxs usuarixs, sino que también son responsables de trazar ciertas modulaciones posibles de impactar en distintos tipos de comportamientos que sean llevados a cabo por sus usuarixs: unx puntúa, da “like” y “stalkea” porque tiene qué puntuar, a qué dar “like” y sobre qué “stalkear”.

    TEXTOS DE CONSULTA:

    • HARDT, M y NEGRI, A. (1999), “Posmodernización o informatización de la producción”, en Imperio.
    • MADARIAGA, J., BUENADICHA, C., MOLINA, E., y ERNST, C. (2019), “Economía de plataformas y empleo: ¿cómo es trabajar para una app en Argentina?”,La economía de plataformas y las nuevas modalidades de trabajo en Argentina y el mundo., capítulo 1, CIPPEC-BID – OIT. Buenos Aires, 2019.
    • MADARIAGA, J., CAÑIGUERAL, A., y BAGÓ, C. (2018), Programa de Ciudades de CIPPEC (2018). “Ciudad digital: Claves para entender la Economía Colaborativa y de plataformas en ciudades”, capítulo 1, Buenos Aires: CIPPEC.
    • PÉREZ VIZZÓN, T. (2019), “PLATAFORMAS”, serie documental producida por la Universidad de San Martín en colaboración con Revista Anfibia. Link para ver on-line: http://revistaanfibia.com/cronica/plataformas-una-serie-documental/
    • SRNICEK, N. (2018), “Capitalismo de plataformas”, capítulo 2, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Caja Negra.
    • ZUKERFELD, M. (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, bibliografía obligatoria del material de cátedra.
    capitalismo cognitivo economía de plataformas Las infraestructuras digitales que supimos conseguir mas noticias portada Sebastián De Mitri

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