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	<title>Tanguito &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Tanguito &#8211; Marcha</title>
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		<title>La breve vida de Tanguito: el Borda y la sobremedicación, caminos sin retorno (Parte II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 May 2018 03:30:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Darío Cavacini]]></category>
		<category><![CDATA[desmanicomialización]]></category>
		<category><![CDATA[represión]]></category>
		<category><![CDATA[Rock nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Tanguito]]></category>
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					<description><![CDATA[Un recorrido por la vida del músico Tanguito y la historia de la internación como recurso de la psiquiatría aleccionadora (Parte II).]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/dario-cavacini/">Darío Cavacini</a> / Imagen de Lucas Milton</strong></p>
<p><em>Un recorrido por la vida del músico Tanguito. Una excusa para pensar los métodos de internación de las personas que rompen con la “normalidad” en las sociedades; sobre todo las represivas. En esta segunda parte, el éxito y la caída a partir de su internación en el Borda. Y un recorrido por la idea de desterrar el encierro. </em></p>
<p>A partir de su internación, otra historia empezaría en la vida de <em>Tanguito.</em> Su estadía en el manicomio estuvo marcada por la aplicación indiscriminada del electroshock y el shock insulínico (y los dos combinados), la sobremedicación, el aislamiento social, el encierro en celdas pequeñas y la violencia física y sexual.</p>
<p>Sólo unos meses en el hospital Borda bastaron para avasallarlo, y transformarlo en una persona con la mirada vacía, con poca capacidad para hablar y relacionarse con los demás.</p>
<p><em>Tanguito</em> fue rápidamente etiquetado como esquizofrénico y, debido a su <em>conducta alterad</em>a, fue trasladado al Servicio N° 13 de ese mismo hospital, destinado a alojar a<em> psicópatas peligrosos</em>. En poco tiempo pasó de ser un músico callejero con influencia dentro de la generación que fundó el rock nacional, a ser considerado una persona con una alta peligrosidad social, que debía estar aislado no sólo del resto de la sociedad sino también del resto de las y los pacientes del Borda.</p>
<p>A los dos meses de haber ingresado al manicomio, fue reubicado en el Servicio de Toxicomanía N°30<a href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a> que había sido inaugurado recientemente y estaba destinado a ayudar a personas con consumo problemático de sustancias. La idea, según las autoridades del hospital, era que este servicio funcionase con un criterio horizontal y democrático, tomando de modelo a las comunidades terapéuticas.</p>
<p>Pero la realidad fue otra, según relata Alex Piedras, un compañero de internación de <em>Tanguito</em>:<em> “La Unidad 30 no tenía atención especial. Era como un depósito. No había tratamiento ni nada (…), ahí han hecho desastres. ¿Sabés a cuanta gente le han arruinado la vida ahí? (…) He estado en cárceles y reformatorios, pero no vi nada peor que ese psiquiátrico, porque ahí constantemente tenés miedo de volverte loco”.<a href="#_edn2" name="_ednref2"><strong>[ii]</strong></a></em></p>
<p>Piedras agrega que el gran problema de estar internado era que, si reaccionaban ante tanto maltrato, les daban electroshocks hasta que “<em>te quebrabas</em> <em>y</em> <em>te meabas encima”</em>. Después los llevaban a un calabozo a los que se los llamaba <em>buzones,</em> por lo chiquititos. Asegura que durante los meses en los que <em>Tanguito</em> estuvo ahí adentro lo trataron de manera terrible y que ya en el último tiempo estaba prácticamente irreconocible.</p>
<p><em>“La última vez que lo vi estaba muy mal, querría no acordarme. Tenía los ojos vidriosos. Me acariciaba y me abrazaba fuerte. Me apretaba como dándome una despedida”, </em>dice la mamá de <em>Tanguito. </em>La madre del músico cuenta además que cada vez que lo iba a visitar al Borda, <em>Tanguito</em> le rogaba que lo sacara de ahí, que lo estaban matando y ya no resistía más<em>. </em><a href="#_edn3" name="_ednref3"><em><strong>[iii]</strong></em></a></p>
<p>Adriana Piedras narra que la historia de <em>Tanguito</em> había tenido una parte “<em>muy mágica</em> y una <em>muy oscura”</em>, ya que había sido llevado al manicomio porque molestaba que anduviera vagando días y noches por las calles de Buenos Aires, alterando el orden establecido rígidamente por la dictadura militar imperante; y que era por eso que le pegaban, lo sobremedicaban y le aplicaban electroshocks todo el tiempo.<a href="#_edn4" name="_ednref4">[iv]</a></p>
<p>La persecución sufrida por parte del régimen imperante, su improductividad económica, las dificultades con las drogas sumadas a su origen proveniente de una familia obrera, fue lo que lo acorraló hasta el manicomio, donde fue demolido subjetivamente.</p>
<p><strong>Involución industrial</strong></p>
<p>Es importante remarcar el origen humilde del cual provenía <strong><em>Tanguito</em>,</strong> ya que históricamente esto ha tenido una fuerte influencia a la hora de dictaminar la internación en un manicomio de cualquier persona que tenga comportamientos que trasgredan el ordenamiento social establecido.</p>
<p>La internación de los <em>locos pobres</em> es una consecuencia del hecho de que estas personas no son productivas en sociedades basadas en la productividad, y si continúan <em>enfermas</em> es por la misma razón: porque son improductivas, inútiles para la organización social.</p>
<p>La forma de controlar las desviaciones improductivas es colocando a estas personas en una situación pasiva, sin capacidad de decidir sobre sus vidas, anuladas subjetivamente.</p>
<p>Una vez ubicados en el lugar de objetos, son reutilizados por la cadena productiva, al transformarse en uno de los eslabones fundamentales que activan el mercado farmacológico, en calidad de consumidores de psicofármacos.</p>
<p>Hay que tener presente que la industria farmacológica mueve millones en todo el mundo y es, luego de las ventas ilegales de armas y de drogas, uno de los negocios más redituables. Es por ello que se hace necesario para esta industria crear y mantener el <em>estado enfermo</em> de una persona, y así el manicomio resulta uno de los medios más importantes para lograr aquel propósito.</p>
<p>Un manicomio no es, entonces ,solamente un lugar de encierro de los marginados sociales, sino también un instrumento de control social que funciona como amenaza para aquellos que no están internados, marcándoles el rumbo que sus vidas deberían seguir y las consecuencias de no aceptar las condiciones que los sistemas capitalistas de producción imponen a sus participantes.</p>
<p>A partir de la revolución industrial, nacen no solo los psiquiatras y los manicomios, sino también un nuevo parámetro de normalidad: aquel que no estorbe el ritmo de producción podrá gozar de los <em>beneficios </em>de los no-enfermos, haciéndoles creer que viven en un mundo de plena libertad para decidir sobre sus vidas. Una de las consecuencias de no aceptar estas condiciones estará encarnada en la posibilidad de ser internado por tiempo indefinido.</p>
<p>La contracara serán los ya estigmatizados por una etiqueta psiquiátrica, quienes producto de su improductividad serán considerados personas enfermas, irrecuperables, que deben ser apartadas del resto de la población, perdiendo así todos sus derechos. Una vez colocadas en esta situación, se trasforman en perpetuos consumidores de psicofármacos, ocupando un lugar fundamental dentro de esta industria.</p>
<p>En la vereda opuesta, está la corriente que intenta desterrar los manicomios, el encierro, y que considera que las denominadas “enfermedades mentales” son en realidad enfermedades sociales, que tienen un fin y un propósito dentro de una sociedad. Es imprescindible analizarlas como hechos histórico-sociales, como intentos de liberación, de resistencia ante un medio que se torna insoportable para esa persona.</p>
<p>No podremos acercarnos al mundo de un internado si lo pensamos como <em>sujeto-isla</em>, aislado del medio social en el cual está inserto, y en el momento histórico particular en el cual transcurren sus días. Es necesario analizar al ser humano en toda su dimensión existencial para comprender los procesos que lo llevan a ser depositado en un manicomio. Éstos no pueden ser vistos nunca como un hecho individual, ni puramente biológico, sino siempre ligados al contexto socio-histórico de ese individuo.</p>
<p><strong>Un final triste y anunciado</strong></p>
<p>Pero esta historia sigue hablando de nuestro protagonista, Tanguito, y en lo que se transformó a partir del encierro y la sobremedicación.</p>
<p><em>Tanguito</em> falleció luego de uno de sus tantos intentos de fuga del Borda, bajo las vías del tren, cuando iba a visitar a su madre. El mito generado alrededor de su muerte forma parte del imaginario colectivo de las argentinas y los argentinos: hay quienes aseguran que lo asesinaron, otros que se suicidó y otros que simplemente fue un accidente.</p>
<p>La realidad indica que durante los meses que estuvo internado fue maltratado y humillado constantemente. Y la historia de su vida se convirtió, así, en un claro ejemplo de lo que un manicomio puede generar en una persona en términos de destrucción subjetiva.</p>
<p>Ya mencionamos que castigar estos comportamientos <em>no válidos</em> funciona como un factor estabilizador dentro de una sociedad, de esa manera sus miembros <em>aprenden</em> cuáles son las conductas aceptables a la vez que experimentan cuál es el camino que de desandarlo, acarrearía consecuencias socialmente drásticas como el rechazo, la persecución, la marginación e incluso estar expuesto a ser internado en un manicomio.<a href="#_edn5" name="_ednref5">[v]</a> Así seas un músico creador de la canción fundacional en la historia de nuestro rock.</p>
<hr />
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[i]</a>  Del servicio N°30 no se encuentran más datos que los relatos de quienes allí padecieron, ya que el entonces Ministro de Bienestar Social, José López Rega ordenó quemar toda la documentación existente.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[ii]</a> Víctor Pintos, <em>Tanguito, la verdadera historia,</em> Planeta, Bs As., 1993, pág. 295.</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[iii]</a> ídem, pág. 28.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[iv]</a> Ídem, pág. 294.</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[v]</a> Thomas Szasz, Ídem.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-breve-vida-de-tanguito-el-borda-y-la-sobremedicacion-caminos-sin-retorno-parte-ii/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La breve vida de Tanguito: Ser diferente en una sociedad de botas y normales (Parte I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 May 2018 03:30:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un recorrido por la vida del músico Tanguito y la historia de la internación como recurso de la psiquiatría aleccionadora (Parte I).]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/dario-cavacini/">Darío Cavacini</a> / Imagen de Lucas Milton</strong></p>
<p><em>Un recorrido por la vida del músico Tanguito. Una excusa para pensar los métodos de internación de las personas que rompen con la “normalidad” en las sociedades; sobre todo las represivas. En esta primera parte, el surgimiento en la década de 1960 y la historia de la internación como recurso de la psiquiatría aleccionadora.</em></p>
<p>La Argentina de fines de la década de 1960 sufría un momento sociohistórico particularmente intolerante con las diferencias, signado por la dictadura militar denominada <em>Revolución Argentina</em> y comandada por el General Juan Carlos Onganía.</p>
<p>La situación del país estaba marcada por numerosos hechos que, poco a poco, se fueron transformando en cotidianos, como los reiterados asesinatos de obreros y estudiantes, la represión en las universidades públicas, las leyes anticomunistas sancionadas por el propio Onganía, el cierre de los canales tradicionales de participación política y la censura a la prensa y a todas las manifestaciones culturales calificadas como subversivas.</p>
<p>En aquel contexto, emergieron diferentes voces que, cada una a su manera, mostraban el descontento respecto del poder dictatorial de la época. Uno de esos grupos estaba compuesto por unos jóvenes músicos, influenciados por el movimiento Beatnik, que pasaban noches enteras naufragando entre el arenero de Plaza Francia, el baño del mítico bar de La Perla de Once, y La Cueva, un sótano-bar sobre la calle Pueyrredón.</p>
<p>Entre los integrantes más destacados estaban Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia, <em>Moris</em>, Miguel Abuelo, <em>Pipo </em>Lernoud, Javier Martínez y José Alberto Iglesias. Este último popularmente conocido como <em>Tanguito<strong>, </strong></em>quien encarnaría una de las historias más trágicas del rock nacional.</p>
<p>Proveniente de una típica familia de barrio obrero del oeste del Gran Buenos Aires, sus primeros pasos en la música los dio en la banda Los Dukes en 1963, influenciada musicalmente por el rock estadounidense de los años cincuenta. A pesar de tener cierto éxito dentro de la escena local, tocando en clubs barriales y fiestas familiares, a los dos años decidió abandonar la formación.</p>
<p>Sus <em>problemas de conducta</em>, ligados a los excesos y a sus excentricidades, contrastaban demasiado con la estructura que los productores de Los Dukes querían darle a la banda, por lo tanto, el alejamiento de <em>Tanguito </em>se hizo inevitable. A partir de ese momento comenzó a frecuentar otro tipo de ambientes musicales, donde se toparía con los “padres” del rock nacional.</p>
<p>Dado el contexto que mencionamos de la Argentina, el espacio para <em>vivir una</em> <em>vida desordenada</em>, como la de aquel grupo de músicos e intelectuales, quedaba significativamente reducido y aquellos pibes eran reprimidos constantemente.</p>
<p>Durante los primeros tiempos junto a ellos, <em>Tanguito</em> fue particularmente perseguido y humillado por la policía, quien lo consideraba un peligro para la sociedad por creer que <em>su forma de estar en el mundo</em> produciría la infiltración del Comunismo en nuestro país, y destruiría la familia, la moral y la tradición.</p>
<p>Acusado de traficar drogas, causar disturbios en la vía pública y llevar a cabo actividades <em>Castro-Socialista</em>s, el orden público lo había convertido en habitué de los calabozos porteños.</p>
<p><strong>El inicio del manicomio o cómo encerrar lo que se sale de la norma</strong></p>
<p>En 1838 se produjo una modificación sustancial en relación al estatuto jurídico de las personas encerradas en asilos al sancionarse, en Francia, la Ley <em>Esquirol</em>. A partir de ese momento, comenzaron a diferenciarse dentro de los recluidos a quienes eran retenidos por algún motivo de orden social de los que requerían un tratamiento médico. Hasta ese momento, <em>el pobre, el alcohólico, el vago, el delincuente, la prostituta, el desocupado,</em> compartían con <em>el loco</em> el mismo estatus social, para lo cual existían instituciones que los alojaban para que no tuvieran contacto con el resto de la sociedad.</p>
<p>Esta ley, hija de la Revolución Francesa, se extendió a casi todos los Estados modernos de Occidente, y se transformó en el marco jurídico que administró el destino de las personas internadas y las prácticas asilares de los psiquiatras por más de 150 años.<a href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a> Con la nueva legislación, entró en juego la figura de la médica y el médico psiquiatra como quien conoce y decide sobre la vida de las personas privadas de su libertad por causas médicas, y nació así la institución “manicomio” como el lugar de tratamiento médico especializado.</p>
<p>Así, la concepción biológica estaría presente desde el inicio de la disciplina psiquiátrica. Por eso se consideraba que, por desórdenes de tipo “orgánico”, estas personas debían permanecer en instituciones especialmente creadas para su tratamiento. El manicomio abriría sus puertas basándose en los principios de irrecuperabilidad y de peligrosidad social de sus huéspedes.</p>
<p>Fue el propio Esquirol el que más abogó para que tanto brujas, magos, y quien transgrediera la ley fuera considerada una persona enferma que debía ser recluida en estas instituciones especializadas en lugar de ser sometidas a la hoguera o encerrados en prisiones o asilos.<a href="#_edn2" name="_ednref2">[ii]</a></p>
<p>Más allá del cambio humanizado que supuso la sanción de aquella ley, la concepción seguiría siendo la misma: segregar a aquellas personas del resto de la sociedad, ya que por su conducta desviada alterarían el orden social establecido. Es por su incapacidad de vivir junto con el resto de la <em>población no-enferma</em> que se crean los manicomios.</p>
<p>Con el inicio de la psiquiatría, se produjo una exclusión justificada en una necesidad: la de un tratamiento médico especializado. Para ello se hizo inevitable crear un parámetro de normalidad cuyas desviaciones fueran juzgadas como enfermas y, por lo tanto, plausibles de la intervención del psiquiatra.</p>
<p>La <em>nueva enfermedad</em> tuvo una función social clara: legitimar la normalidad en la sociedad. Por lo tanto, quien se aparte de esos parámetros será considerado loco, insano o “enfermo mental” y “<em>deberá ser separado del resto de la población para evitar el contagio”. </em></p>
<p><strong>El naufragio</strong></p>
<p>La tendencia de la psiquiatría a considerar todo comportamiento anormal o poco usual como enfermedad mental se extendió a lo largo y a lo ancho del mundo occidental. El eje normalidad-anormalidad fue modificándose de acuerdo a los intereses de quienes detentan el poder en ese momento y a las condiciones sociales propias de cada época y cada cultura.</p>
<p>Así llegamos a nuestra historia: la de <em>Tanguito </em>en la Argentina represiva de 1960 y a sus frecuentes choques con la sociedad en general y con la policía en particular.</p>
<p>Y fue el 19 de junio de 1967 cuando se produjo un cambio radical en la vida del músico. Ese día Litto Nebbia y <em>Los Gatos</em> grabaron su primer simple en los estudios TNT. De un lado estaba “Ayer Nomás”<em>,</em> de <em>Moris </em>y <em>Pipo</em> Lernoud, y del otro “La Balsa<em>”,</em> tema compuesto por el propio Nebbia  y <em>Tanguito.</em></p>
<p>A partir de ese momento fundacional del rock nacional, empezó a tener reconocimiento masivo un estilo musical con una ideología contracultural que apuntaba a concientizar a la gente en contra de la guerra y el hambre y a favor de la libertad; lo que se constituyó en la voz de lo que gran parte de las nuevas generaciones estaban pujando por gritar.</p>
<p>La masividad lograda ubicó a <em>Tanguito</em> en una situación particular, ya que empezaba a ser reconocido como el coautor de “La balsa” e integrante de una generación de músicos que representaba el pensamiento de miles de jóvenes. Sin embargo, no quiso (o no pudo) aprovechar aquel esbozo de fama para lanzar su carrera musical y obtener una especie de amnistía con respecto a la persecución policial.</p>
<p>Puesto en el centro de la escena, quedaba a mitad de camino entre subirse a aquella balsa de masividad y comercio o quedarse naufragando, ya sin sus compañeros de antes y trasformado en un símbolo para algunos grupos de adolescentes.</p>
<p>Su automarginación y el recrudecimiento de la actitud inquisidora de la policía lo aislaron cada vez más del mundo y lo mantuvieron en un estado de constante paranoia. Luego de numerosas detenciones y abusos, fue llevado al servicio de toxicomanía del hospital neuropsiquiátrico José T. Borda para su <em>tratamiento.</em></p>
<p>A partir de su internación, otra historia empezaría en la vida de <em>Tanguito.</em> Su estadía en el manicomio estuvo marcada por la aplicación indiscriminada del electroshock y el shock insulínico (y los dos combinados), la sobremedicación, el aislamiento social, el encierro en celdas pequeñas y la violencia física y sexual.</p>
<hr />
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[i]</a> Emiliano Galende<em>, El sufrimiento Mental</em>, Lugar, Buenos Aires, 2006.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[ii]</a> Thomas Szasz, <em>La fabricación de la locura</em>, Kairos, Barcelona<em>,</em> 2006.</p>

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