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	<title>Silvana Melo &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Tue, 07 Jul 2020 22:11:09 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Silvana Melo &#8211; Marcha</title>
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		<title>Barrios populares: el aislamiento de los frágiles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2020 14:49:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Claudia Rafael]]></category>
		<category><![CDATA[Coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
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					<description><![CDATA[Centenares de miles de personas hacinadas puestas a aislarse obligatoriamente para repeler un enemigo que no ven pero que acecha globalmente.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Entre sus pasillos, sus cumbias y reggetones, sus parrillas callejeras y sus prefectos en danza, las barriadas populares de Capital y conurbano quitan el sueño de los gobernantes. Centenares de miles de personas hacinadas puestas a aislarse obligatoriamente para repeler un enemigo que no ven pero que acecha globalmente estragando la Europa soberbia y lejana.</em></p>
<p><strong>Por Claudia Rafael y Silvana Melo*</strong></p>
<p>Ellos, centenares de miles de vecinos, ciudadanos, mujeres, hombres y niños ninguneados históricamente, pierden la escuela, la changa, el cartón, la basura del super y les viene el hambre como otro virus, pero ése bien palpable. Ellos son los más frágiles de este tiempo. Son los anónimos, los que toman del agua insegura, los que muchas veces no tienen para lavarse las manos, los que perderán el trabajo ocasional, la limpieza por hora, los que no tendrán para darles de comer a las crías. Y el peligro es que ardan. Aunque la frontera de su hambre no los deje ver que lo que puede venir sin ese aislamiento será una catástrofe que atacará de lleno en esa fragilidad.</p>
<p><strong>“Hay el doble de gente en el barrio”</strong>, dice a <strong>APe</strong> La Poderosa. “Ahora están los que normalmente van a la escuela, los que normalmente están ganándose el mango pero ahora en su casa y sin el mango. Entonces los comedores están completamente desbordados”. La Zavaleta se infla de población en el fin de semana largo que seguirá oliendo a fin de semana y largo por bastante tiempo.</p>
<p>Mientras tanto, el Estado está volcando recursos y esfuerzo para que el alimento llegue directamente a las viandas y a los bolsones. Y las organizaciones sociales refuerzan su trabajo territorial para evitar un incendio en el que siempre pierden los más frágiles.</p>
<p><img src="https://www.pelotadetrapo.org.ar/images/metro/barrios6.jpg" width="369" height="527" /></p>
<p><strong>En la 21-24 el padre Toto</strong> está en la parroquia de Caacupé como todos sus santos días. Es feriado y muchos servicios de comedores y centros de salud están cerrados. La parroquia es el espacio donde todo confluye. “A la 1 todos los días damos almuerzo y nuestros colegios parroquiales tienen su sistema de entrega de vianda a partir del comedor. Estamos acompañando al barrio. Hay mucha necesidad de alimentos y también de acompañamiento y de orientación en distintas situaciones”, dice Toto y aclara que “todo se agrega a lo que ya pasa en el barrio” porque el coronavirus todavía es un fantasma que anda rondando pero no pateó aún las puertas de la villa. Sin embargo “acá hay familias que tienen gente que se muere por otros problemas, muchos típicos de la exclusión. En el hogar de Cristo salimos a repartir comida a los chicos que están en la calle y en consumo”. Ahora “son momentos de estar en casa y en aquellos casos en que se necesita, poder acudir a la parroquia”. Toto, que mantiene en su estado de whatsapp el deseo “ojalá que en el cielo haya fútbol”, apuesta a que “no hay que perder la calma y la paz”.</p>
<p><strong>Villa Itatí</strong></p>
<p><strong>Las calles de Villa Itatí</strong> están atravesadas por el intenso calor y un sol que parte en dos el mediodía quilmeño. La larga fila de habitantes de la barriada espera la llegada del camión del ejército que arrastra la cocina de campaña. Desde hace un rato los pobladores se encolumnan, uno tras otro en una cola que se extiende más allá de los ojos y a riguroso metro y medio o dos de distancia, sobre la vereda. La camioneta de Defensa Civil precede al camión escoltado por la policía. Es extraño en este país. Todos aplauden la llegada del vehículo verde oliva y al rato se van con el tupper lleno y embolsado. O con una bolsa con pan.</p>
<p>Cada camión del ejército cargaba en esos &#8220;termocontenedores&#8221; de 250 a 300 raciones de comida. A Quilmes llegaron 1000 raciones.</p>
<p><strong>Está asentada</strong> en una de las llamadas zonas calientes. Allí donde el Estado deberá poner todas las herramientas porque el hacinamiento y la desprotección son un combo de riesgo que funcionaría de abono para cualquier estallido sanitario y social. Ya hay enfermedades evitables como sustrato casi permanente. El dengue y la tuberculosis hace rato que irrumpieron para quedarse y están al alcance de la mano.</p>
<p>No es sólo el riesgo de vivir sin techo ahí donde el calor y el frío se sienten el doble o el triple en la piel y en las tripas. Es también saber que una casa preparada para sostener a los muchos integrantes de una misma familia tiene hoy por hoy, por responsabilidad y obligación sanitaria, a todos conviviendo todo el tiempo. En familias en las que quien no sale a rebuscárselas un día, no cobra.</p>
<p><strong>La Carcova</strong></p>
<p><strong><img loading="lazy" src="https://www.pelotadetrapo.org.ar/images/metro/barrios2.jpg" width="550" height="362" /></strong></p>
<p><strong>En la otra punta</strong> del mapa del conurbano bonaerense se erige Villa La Carcova, en el partido de San Martín. A las espaldas de la villa se eleva la montaña de basura de la Ceamse, el relleno sanitario creado hacia 1977, que acumula los desechos de los porteños y de los habitantes de gran parte del conurbano. De esa montaña viven los recicladores urbanos, individualmente u organizados en cooperativas.</p>
<p>Samir Palaia está en los últimos tramos de su carrera universitaria en Trabajo Social. Desde hace unos once años que llegó desde Chaco y varios desde que trabaja codo a codo con el sacerdote Pepe Di Paola en La Carcova. “Una primera foto de estos días es la de los pibes jugando en la calle, a pesar de que hoy hay menos gente que el viernes dando vueltas. La mayoría de las personas acá trabaja en cooperativas de reciclado y cobran un precio por tonelada o van a la montaña cuando entran los camiones. Pero todo esto se cortó desde hace una semana. Se cortaron las clases. Las y los compañeros que van a cartonear a Capital ya no encuentran esa base sustancial en la economía de nuestro barrio. Y hoy, que fue el primer día en que entregamos viandas a las familias de nuestros pibes, todo se terminó en diez minutos. Sabemos que va a crecer”, describe a esta agencia.</p>
<p>La historia misma de la villa La Carcova, larga en el tiempo, está anclada en violencias y abandonos, en precariedades y destinos inciertos, en hacinamiento y tímidas esperanzas que hay que buscar como a diamantes en la montaña del relleno para que vean la luz. “Estamos al costado de un arroyo, hace mucho calor, mucho frío y las condiciones de vida acarrean enfermedades ya de por sí”. Samir siente que hay que pensar estrategias de cuidado y contención real y viable, más allá del aula virtual o el canal de tv. Para hacerle frente a la vida de chicos que transcurren en los márgenes. “Los pibes son el pararrayos de las decisiones, angustias y violencias del mundo adulto herido que transitan sus padres. Adultos que no pueden generar estrategias de producción económica, estrategias de circulación, de ocio, deportivas, lúdicas. Es muy complicado no imaginar un escenario de violencias porque los pibes están quedando en mucha soledad”.</p>
<p><strong>Suma de carencias</strong></p>
<p><strong><img loading="lazy" src="https://www.pelotadetrapo.org.ar/images/metro/barrios4.jpg" width="600" height="293" /></strong></p>
<p><strong>La mayor parte de los pibes</strong> viven con sus abuelas, relata Carla Carreño desde Villa Club, en Hurlingham. Y tal vez por eso “nuestra gente tomó mucha conciencia”. En esas barriadas del olvido, el grueso sobrevive a fuerza de changas o de ferias y “se hace muy difícil el acceso a la comida y a remedios extras. El hacinamiento en el que viven hace que la plaza o la calle sean el patio. Y las escuelas y las organizaciones sociales trabajamos mucho en la prevención así que los pibes la tienen bastante clara”. Hay un piso de servicios deficiente y desde ahí se parte. “Muchas veces los vecinos no tienen luz o no tienen agua. O no tienen ninguno de los dos. Así que los vecinos que tienen, ayudan a cargar tanques con agua y otros llaman a bomberos. Por eso sentimos que la situación es desesperante no tanto por la cuarentena, sino por la suma de todas las carencias”.</p>
<p>Desde el Sur profundo, Bondi Sur –una organización social que trabaja con personas que viven en la calle- recorre las arterias de Lanús, Banfield y Lomas de Zamora. “Hay lugares donde sólo permiten ir a tres voluntarios pero acompañados por gente de defensa civil y se reparten viandas”, cuenta Jonathan Zaín. “Muchos de los que van a buscar comida ya ni van. Y no sabemos qué hacen”, agrega.</p>
<p>Las calles son duras siempre. Nadie elige ese territorio inhóspito para dormir y para vivir. Pero la calle se torna aún más despiadada cuando ya no hay dónde pedir, ni qué cartonear, ni nadie con quien hablar.</p>
<p><strong>La 21-24</strong></p>
<p><strong>Delia fatiga varias organizaciones</strong>. “En el barrio es complicado hacer cuarentena porque la gente tiene que ir a los comedores a buscar comida”, dice. Tal vez por eso los ve, “por los pasillos y por la calle grande, yendo y viniendo”. La villa no tiene casi trato con la bonaerense. Es la prefectura la que reina en el territorio. “Andan por las calles diciéndole a la gente que no salga, pero se hace difícil”.</p>
<p>“En los comedores comunitarios ya preparan doble ración –dice Delia-. En la parroquia desde el viernes empezaron a hacer viandas para que gente retire con tupper. Antes iban sólo los chicos a comer. Ahora es para toda la familia”.</p>
<p><img loading="lazy" src="https://www.pelotadetrapo.org.ar/images/metro/barrios5.jpg" width="450" height="516" /></p>
<p>Pero a la hora de la enfermedad, el terror es al mosquito. Porque lo ven. Y hay familias enteras enfermas. “Hay muchas manzanas con dengue. El fin de semana se llamó a la ambulancia por una familia con varios que tenían fiebre y la ambulancia nunca vino. Y como es la villa, cuando alguien tiene fiebre, no entran. Es maltrato, es discriminación y nosotros somos gente laburadora. Por uno o dos pagamos todos. Y no pueden andar los remises. Por miedo a que les saquen los vehículos, no andan. Y no tenemos nada. Nadie nos va a querer llevar”. Es el futuro inmediato que vislumbra Delia para cuando asome el coronavirus. Por eso el aislamiento. Complejo, difícil. Pero imprescindible.</p>
<p><strong>“Somos cuatro y la casa es chiquita</strong>. Afuera, la mayoría está en la calle –relata Estela-. Veo que mucha gente se sigue sentando en grupos, tomando mate o cerveza en botella compartida. Tal vez no creen que aquí va a llegar el virus. Porque se escucha que es por culpa de los que tienen plata y viajaron”.</p>
<p>Delia insiste en que “acá la mayor desesperación es por el dengue; en los comedores, hay alcohol en gel. En la salita también. Pero no hay en las casas. Jabón tienen pero hay problemas de agua. Hay que tener el tacho tapado, cuidado con que en el agua limpia también nacen los bichitos del dengue y está complicado”. Para colmo, “este fin de semana se cortó tres veces la luz a la noche. Y es un problema”.</p>
<p><strong>Mientras tanto</strong>, dicen, “en el barrio hay gente nueva todos los días. Los alquileres no alcanzan, mucha gente se vuelve de la provincia y se viene a Capital. En los comedores hay lista de espera porque no llegan a tener comida para todos en el barrio; en una casa viven 4 ó 5 familias juntas, con chicos. Y mucha gente que viene de afuera, que tenía familia en el barrio y se vinieron. Hay cada vez más población y menos insumos”.</p>
<p><strong>A diferencia de la tuberculosis</strong>, el Chagas o los males del hambre multiplicada, el coronavirus llegó de la mano de las clases sociales más poderosas. Pero son los desarrapados y los olvidados de la tierra los que pagarán las peores consecuencias si el virus se expande. Si traspasa las fronteras de las villas y barriadas populares hará estragos. Esta vez, para defender la vida no habrá que salir a las calles.</p>
<p><strong>Ya llegará ese tiempo nuevamente.</strong></p>
<p>*<em><strong>Publicada originalmente en <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.pelotadetrapo.org.ar/2013-09-05-12-30-19/2020/5381-barrios-populares-el-aislamiento-de-los-fr%C3%A1giles-2.html">Pelota de Trapo</a></span></strong></em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/barrios-populares-el-aislamiento-de-los-fragiles/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿16 millones? ¿18 millones? Tragedia</title>
		<link>https://marcha.org.ar/16-millones-18-millones-tragedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Oct 2019 11:52:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Agencia Pelota de Trapo]]></category>
		<category><![CDATA[campaña. pobreza cero]]></category>
		<category><![CDATA[INDEC]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
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		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta semana se conocieron los índices de aumento de la pobreza publicados por el INDEC que corresponden al primer semestre de 2019. Las cifras indican que el 35,4% de población es pobre en la Argentina y los números van en aumento. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Esta semana se conocieron los índices de aumento de la pobreza publicados por el INDEC que corresponden al primer semestre de 2019. Las cifras indican que el 35,4% de población es pobre en la Argentina y los números van en aumento. </em></p>
<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Silvana-Melo">Silvana Melo</a> para <a href="http://www.pelotadetrapo.org.ar/%C2%BF16-millones-%C2%BF18-millones-tragedia.html">Agencia Pelota de Trapo</a></strong></p>
<p>¿Es necesario esperar tres cifras oficiales y un par de caras compungidas de quienes son hacedores de este drama para saber lo que se vive? ¿Hay que estar F5 actualizando portales a las 4 de la tarde para que el INDEC diga lo que la calle grita todo el tiempo y los que no ven es que no quieren ver? ¿Es creíble hacer una puesta con bambalina incluida para presentar un número a todas luces escaso y mentiroso, que quedó viejo y desactualizado el 12 mismo de agosto, lunes después de la PASO, es decir un mes y 19 días atrás cuando la pobreza llovió en la cabeza de todos –o casi todos- como un chaparrón con granizo sin alerta del SMN?</p>
<p><strong>¿Nadie sabía que hay 16 millones de pobres</strong> o en realidad que había 16 millones de pobres hasta el 11 de agosto y que ahora tiene que haber unos 18 o 19 millones desparramados por todo el país?</p>
<p>¿Qué cambia el 35,4 % en la doña sentada en la puerta del Carrefour Express de avenida Santa Fe con los tres niños y una manta y uno de ellos que se tapa las orejas y mira para abajo como para correrse del mundo? ¿Qué le devuelve el porcentaje en la tapa de los portales al flaco que empuja el carro y ya no da más y el cartón no vale nada y si se lo gasta en escabio terminará sin nada en la panza pero con la conciencia cerrada para no sentir? ¿Qué les demuestra el 35,4 % a las multitudes que son seis puntos más pobres en cuatro años y que en realidad son diez puntos más pobres en cuatro años pero si el gráfico de barras no se los dice los pibes no les lloran de hambre los fines de semana cuando no hay escuela ni comedor?</p>
<p><strong>¿Qué les cambia</strong> a los que dicen hacer patria en los barrios selectos de la Caba el <em>52,9% de pobreza en Concordia,</em> que queda tan lejos, tan desesperadamente remota, tan provincia, tan más de la mitad de la gente sin lo necesario para vivir con dignidad pero lejos de donde dios tiene la oficina central y da misa los domingos?</p>
<p>¿Qué les provoca, además del <em>qué barbaridad</em>, las manos en las mejillas y a otra cosa, el <em>52,6% de la pobreza en los niños</em> porque en esta tierra injusta y mal llevada por los que la llevan, los más pobres y los más castigados son las niñas y los niños de hasta 14 años, justamente los más frágiles, <em>hay que ver qué tamaño tiene la impiedad</em>? ¿Hasta dónde les duele en serio y no sólo hasta el límite del ambo casual o de la falda justo por debajo de la rodilla que el 13 % sea indigente es decir no le alcance para comer a la infancia en naufragio?</p>
<p><strong>¿Con qué escribe la vena</strong> que se inspira en un trabajador muerto en Ezeiza para reducir a la mitad las indemnizaciones por accidentes de trabajo? ¿Con qué, si encima lo escribe un día antes de que el INDEC anuncie la pobreza que, multiplicada, anda como el fuego de la pólvora quemándose las esperanzas?</p>
<p>Todas las alternativas son caras del capitalismo con maquillajes diversos. Pero ¿no es este descalabro político una tragedia humanitaria desplegada sobre los sectores populares más frágiles? ¿No es un golpe feroz sobre un amanecer postergado quién sabe hasta qué día de estas vidas?</p>
<p><em><strong>“Si al terminar mi presidencia no bajé la pobreza</strong>, habré fracasado, más allá de lo que hayamos obtenido. Todo lo demás serían excusas”</em>, <strong>Mauricio Macri</strong>, 6 julio, 2016.</p>
<p>No fue su fracaso.</p>
<p><strong>Fue su éxito</strong>.</p>
<blockquote>
<h3>Lee más en:</h3>
<h3 class="title p-single entry-title"><a href="https://www.marcha.org.ar/los-indicadores-economicos-no-mienten-la-pobreza-aumento-de-millones/">Los indicadores económicos no mienten: la pobreza aumentó de a millones</a></h3>
<h3><a href="http://www.pelotadetrapo.org.ar/%C2%BF16-millones-%C2%BF18-millones-tragedia.html"> www.pelotadetrapo.org.ar </a></h3>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/16-millones-18-millones-tragedia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Infancia y hambre</title>
		<link>https://marcha.org.ar/infancia-y-hambre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Sep 2019 03:01:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Agencia de Noticias Pelota de Trapo]]></category>
		<category><![CDATA[hambre]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
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					<description><![CDATA[Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), uno de cada cinco chicos del Gran Buenos Aires (GBA) pasó hambre el año pasado.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El conurbano aprieta once millones de personas en apenas el 1% de la piel del país. Todos esperan a dios, que dicen que atiende cerca. Pero la demanda es tan grande que su oficina está detonada de niños que comen mal o no comen. De niños que toman agua impura. De niños con el futuro jugado por ausencia total de nutrientes en su dieta diaria. Porque en los últimos meses uno de cada cinco chicos del Gran Buenos Aires (GBA) pasó hambre.</em></p>
<p><strong>Por Silvana Melo*</strong></p>
<p>Son una multitud. Capaz de llenar estadios y de extenderse kilómetros en marcha por las rutas destruidas de este lado del mundo. Con hambre. <strong>Son el 14,5% de los niños del conurbano</strong>. Tres puntos y medio más que los chicos del resto del país (11%). &#8220;La Provincia tiene los números más altos porque es donde vive más gente”, dijo a <em>Clarín</em> Santiago López Medrano, Ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires. Con el mismo estilo de aquel “hay más desempleo porque hay más población”, que ensayó la Gobernadora dándole alas carroñeras a la demografía.</p>
<p>Cuatro de cada diez niñas, niños y adolescentes de ese conurbano feroz se alimentan en los comedores comunitarios. Es decir que gran parte de la infancia depende de la mezquindad estatal para sus comidas más importantes del día. Es decir, para conformar su estructura física y cognitiva. Es decir, para construirse futuro, para armarse sujeto político, para ponerse en pie resistente. Y como el hambre es un disciplinador clave en el plan de descarte, no serán muchos los que puedan plantarse.</p>
<p>Lo que el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (que hasta hace un suspiro era voz oficial de los mismos que hoy lo ignoran desde la supremacía mediática) llama inseguridad alimentaria severa es hambre. Cuando no hay comida en casa. La alimentación en comedores escolares y comunitarios se disparó en el último año. Y se multiplicó desde 2010: del 17,4% al 40% en el tercer trimestre de 2018. En el conurbano. Donde se apiña la gente en busca de sueños que nunca llueven. Lo que está sucediendo hoy, después de que los miserables empobrecieron de un golpe a millones tras de una elección, se sabrá otro día. Quién sabe. Pero se siente en las panzas. En la calle.</p>
<p>Dicen en el informe que los pibes del conurbano “presentan grandes desventajas en materia de seguridad alimentaria frente a sus pares del promedio nacional”. <strong>Casi el 8% no incorpora ningún nutriente esencial en sus comidas del día</strong>. Ni carne ni lácteos ni frutas ni verduras. Entre polentas y fideos, los nutrientes se ven de lejos, en los estantes del cielo. Cerca de las oficinas de dios, que nunca atiende si no es a través de sus delegados.</p>
<p>En casas donde no se pueden comprar alimentos el 44 % de los niños no tiene asistencia alimentaria. Son el 6,5 % del total de la infancia del conurbano. Si no van a la escuela, no comen. Y muchos no están escolarizados antes de los cinco años y en la adolescencia. Demasiados.</p>
<p>El 25 % de la población del país se sofoca en el conurbano. Un cuarto de las niñas, niños y adolescentes de punta a punta de esta tierra crecen, comen poco, beben agua impura, se enferman, resisten, doblan sueños chiquitos como grullas, se mueren, viven. Vuelven a morirse y a vivir, tercos. Pertinaces en ese territorio mínimo donde los parias del sur del mundo se arriman para apostar a una vida distinta, cerquita de donde dicen que atiende dios.</p>
<p>Pero tienen hambre. Imperdonablemente tienen hambre. Hambre que se extiende, que no tiene mantel del mediodía, pan que sacia, plato calentito, futuro en el horno gratinado y fuente con frutas en la sobremesa.</p>
<p>El futuro es un hueso en el desierto, el puerto donde encallan las esperanzas.</p>
<p>Hasta que haya un pan, uno no más, que resista un pellizcón colectivo. Para ponerse en pie. Y desarmarles el hambre a los disciplinadores.</p>
<p><strong>*Publicado originalmente en <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://www.pelotadetrapo.org.ar/infancia-y-hambre-en-el-conurbano.html">Agencia Pelota de Trapo</a></span></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/infancia-y-hambre/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cuando Diego, Lionel y yo no pudimos cambiar el mundo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/cuando-diego-lionel-y-yo-no-pudimos-cambiar-el-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Sep 2018 03:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[#ElPartidoDeMiVida]]></category>
		<category><![CDATA[Diego]]></category>
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		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
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		<category><![CDATA[Mundial]]></category>
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		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
		<category><![CDATA[Sudafrica]]></category>
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					<description><![CDATA[#ElPartidoDeMiVida]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Silvana Melo</strong></p>
<p><em>Hay partidos que nos duran un rato y otros que nos cambian la vida. La cronista cuenta una de derrota: el día en que Diego y Lionel pasaron a ser, para siempre, sólo Maradona y Messi. Pero no siempre las derrotas se quedan en el corazón cuando la primavera sigue asomando.</em></p>
<p>Mi pasión por el fútbol empezó a languidecer ese día. Y junto con ella, en las deshilachadas maletas de lo simbólico, unos cuantos sueños.</p>
<p>Cuando Diego (que ahora es Maradona) se convirtió en técnico de la Selección, sentí que era el momento de que algo mágico sucediera. Él en el banco, Lionel en la cancha. El resto, de palo. El resto, alfajores. Como el Chino Garcé. El Diego campeón del mundo dos veces con esta camiseta, en tiempos en que los gobiernos populares la remaban en América Latina, en los 200 años de un mayo que nos vendieron revolucionario, pero que fue más o menos, cuando los monstruos rondaban amenazando las yugulares del populismo, era posible que fuéramos felices. Porque estaba Diego en el banco y Lionel en la cancha. Y no hacía falta más.</p>
<p>Yo estaba en las periferias de lo feliz. En los suburbios de una primavera lejanísima. Julio en Olavarría es cruel. Aplasta lo verde a golpes de escarcha. Y amanece con siete grados bajo cero como si nada. Se había muerto mi vieja hacía unos meses, única ancla que me sostenía en la ciudad que me hizo periodista de dientes apretados y encaprichada en abrir grietas en el cemento.</p>
<p>Fui xeneixe por sangre, herencia y linaje. Hasta que Macri me asqueó. Angelici y Tévez me asquearon. Hoy los veo pasar por mi costado. Y no les creo. Nada les creo. Sólo me conmueve Rocío, cuando con gambeta y sombrero la clava a la izquierda en la canchita de Pelota de Trapo.</p>
<p>Fui hincha emocionada y desesperante de la Selección con la misma intensidad con la que desprecio los nacionalismos. El oxímoron ya dejó de funcionar: Messi (que en 2010 era Lionel) terminó de desactivar este año la pasión, con esa mezcla de amor y padecimiento que la constituye.</p>
<p>Diego (que ahora es Maradona) fue para mí durante décadas un emblema de la insurgencia, la nave insignia de los barrios hundidos que se levantan para noquear al poder, el negrito insolente que se puso una estola de piel blanca y salió al mundo desde Fiorito sin darle la mano a nadie ni rasparse las rodillas ante ningún payaso con humos de autoridad. Le perdoné todo. Hasta su menemismo ocasional. Cerré los ojos y lo negué. Lloré tres días seguidos y creí que el sentido de la vida se iba por las cloacas cuando le cortaron las piernas en 1994.</p>
<p>Por eso Sudáfrica era una revancha. La de él y también la mía.</p>
<p>Había escrito tanto periodismo ficcional sobre la vecindad del fútbol con la política, con la marea de felicidad e infelicidad de los pueblos, que empezaba a creerme que esta vez Diego, Lionel y yo podíamos cambiar el mundo.</p>
<p>En mi caso, abrir la puerta a un colibrí en la casa vacía. Esperar la primavera con los membrilleros en flor. Recortar la esperanza y hacerla factible, viable, como para colgármela al cuello y salir a la vida. En pie.</p>
<p>Ese julio de 2010 el dólar cotizó a 3,95. Y la Argentina se convertía en el primer país en reconocer el derecho al matrimonio de personas del mismo género. Había un germen de cambio retorciéndose desde el pecho al estómago (míos, por supuesto) cuando me senté el 3 de julio a eso de las tres de la tarde a mirar el partido. Eran los cuartos de final y a mi lado había un par de amigos pero yo estaba sola. Era yo y Diego. En ese orden. Y Lionel en la cancha.</p>
<p>Antes había opinado Toti Pasman –él y sus secuaces, los mismos que hacen el mismo periodismo deportivo basura hoy, ocho años después– y la respuesta de Diego, “la tenés adentro” y “sigan chupando” viralizada en remeras y con un sexismo horroroso que hoy no estamos dispuestas a bancar a nadie.</p>
<p>Así me senté ese sábado a mirar el partido. Pensando en Codesal y en Diego con el tobillo hecho una pelota morada, los italianos abucheando y él llorando en aquel julio del 90, cuando el país entraba en un túnel de desamparo y perversidad, donde más de la mitad se quedaría fuera de todos los sueños. Y el subcampeonato era un des-consuelo, con las hilachas de lo que fue.</p>
<p>Así me senté.</p>
<p>Pensando en la revancha.</p>
<p>Cuando Arne Friedrich puso el tercero en el arco de Chiquito Romero me desarmé como un rompecabezas de papel. Apagué el televisor y me fui al patio. Me senté en el escaloncito que daba a los pinos y a las rosas dormidas. El pasto era marrón de tanta helada. El cielo estaba encapotado de frío. Y yo fumaba un cigarrillo abrazándome en una decisión que se volvió inapelable en un instante. En el mismo instante en que Friedrich ponía el tercero a los 74 minutos y sin enterarme de que Klose humillaba en el minuto 89. En ese minuto helado supe que me iba. Que dejaba la ciudad donde había vivido casi 49 años y no iba a regalarle 50.</p>
<p>En ese minuto supe que la vida podía cambiar de ruta y sentido. Que había un paquete de sueños que quedaría entre los membrilleros cuando me fuera. Diego, por ejemplo. Que había empezado, despacito, a ser Maradona. La ilusión de un sueño americano, de una patria grande –los gobiernos populares fueron también un espejismo que duró el tiempo que duran los espejismos en la sed de los desiertos–, la esperanza de una tierra igualitaria, de un mundo donde quepan todos los mundos.</p>
<p>Ese día me fui. Aunque me iría físicamente cinco meses después.</p>
<p>Nada volvió a ser igual. Miré Brasil 2014 desapasionadamente. Rusia me sorprendió incrédula y a la Selección, desangelada. Lionel ya es Messi para siempre. Y Diego, Maradona desde hace rato, pasea entre Dubai y Sinaloa.</p>
<p>Los sueños están detenidos en el freezer. Pero las calles están calientes. Y la primavera, magullada y terca, empieza a asomar por ahí. Con la rabona que nos anda faltando.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/cuando-diego-lionel-y-yo-no-pudimos-cambiar-el-mundo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Olavarría: la violación como apropiación de los cuerpos</title>
		<link>https://marcha.org.ar/olavarria-la-violacion-como-apropiacion-de-los-cuerpos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 May 2018 03:10:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Violencias]]></category>
		<category><![CDATA[#NiUnaMenos]]></category>
		<category><![CDATA[Manada]]></category>
		<category><![CDATA[Olavarría]]></category>
		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
		<category><![CDATA[violencias]]></category>
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					<description><![CDATA[Hablar y hacer colectivamente]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Silvana Melo</strong></p>
<p><em>Los ataques sexuales en la historia de la ciudad. La impunidad en un mundo diseñado para el placer machista. Las violaciones en la empresa de turismo. Las violaciones en manada de la Olavarría de los segundos 70. La reacción, en otro contexto social e histórico. Las chicas empiezan a hablar. Las adultas también, de lo que les pasó hace años. Las redes y la desnudez. La enajenación y la recuperación de un cuerpo femenino apropiado por la impronta patriarcal.</em></p>
<p>Y son ellas las que salen a la calle a llorar, a gritar, a disputar en todos los territorios la recuperación del cuerpo. El cuerpo como matria propia, contra la apropiación histórica y cultural que se vivió silenciosa y naturalmente durante siglos de patriarcado cementario (y cementerio). Son las chicas, las mujeres, re-escriturando su cuerpo en las calles cada vez que el ataque sexual vuelve a saquearlas. En estos días terribles de Olavarría, cuando tres hombres ejercieron su impunidad para la violación de dos adolescentes, cuando hace apenas un mes otro ejecutó y quemó a su esposa y a sus dos hijitos, las historias –las actuales y las antiguas- se arrancan los velos y salen a la luz. Y en ese segundo plano social que son las redes, se habla con nombre y apellido, se multiplican los abusos con los mismos nombres y con otros, en otros boliches, en la casa en que crecieron pero ya no es propia como no es propio su cuerpo.  Es tal la erupción de este volcán, que ya provoca consecuencias palpables en quienes no pueden soportar un escarnio que los expone ante sus propias familias.</p>
<p>Cuarenta años atrás una banda –o tal vez dos- de apellidos notorios, hijos de dueños de la ciudad, tomaban la noche en plena dictadura. Y se adueñaban de los cuerpos de las pibas que no tenían ni la fuerza para denunciar ni el aval de un estado que castigaba a los castigados ni el abrazo de una sociedad que se encerraba en sus casas para no ver ni oír. Corría 1979. Para algunos memoriosos fue un par de años antes. Para otros, alguno después. Al menos tres de los delincuentes -que, salvo alguna excepción por su no pertenencia social, no fueron a la cárcel-, ya han muerto. Algún otro sigue ocupando un lugar en la burguesía agroganadera de la ciudad. Pero todos quedaron en la memoria generacional -de los que visitan y superan los 60 años- como los violadores. Casi una categoría social que no tuvo censura ni judicial ni desde la mayor parte de una población sombría, con una triste tendencia a condenar a las víctimas.</p>
<p>Cuarenta años atrás no hubo calle, ni #NoesNo, ni #Niunamenos. No hubo resistencia a la apropiación del cuerpo, porque el despojo físico en esos tiempos incluía tortura, desaparición, robo de niños y, también, violaciones en los campos de exterminio. Entonces una o dos chicas ultrajadas en una quinta o en un departamento, por los playboys de los segundos setenta, no eran ni más ni menos que la continuidad del terror estatal en los ámbitos privados.</p>
<p><strong>Saqueo naturalizado</strong></p>
<p>Pero el saqueo del cuerpo de las mujeres fue naturalizado durante décadas después. La propiedad ejercida desde el toqueteo impuesto, desde el apoyo en un amontonamiento, hasta forzar una relación sexual no consentida, la violencia de los golpes y la muerte final. Centenares de abusos, violaciones, muertes han pasado por la historia sin que a la ciudad se le moviera un pelo en su cabeza cana de ciento cincuenta años. Sin embargo hoy las chicas saben. Pueden torcerlas, nublarles la conciencia con sustancias, presionarlas desde el poder. Pero ellas van a hablar. No se van a callar más. Ellas son las que están diciendo donde quieran escuchar, quiénes son los que las fuerzan, las que les cambian –o pretenden hacerlo- en la ciudad sexo por entradas a un boliche, por una categoría deportiva, por consumición gratis ilimitada. Pero también empiezan a recordar qué dentista las forzaba en su consultorio cuando les revisaba la ortodoncia, qué vecino, qué comerciante, qué tío, qué padre. Qué sacerdote. Todos desde un territorio de poder sobre ellas. Sobre sus cuerpos.</p>
<p>En cada rincón de la ciudad se habla. Se dice. En las redes. En los gimnasios. En los consultorios. En las colas de los supermercados. Que las víctimas son muchas. Que los boliches son más. Que hay sustancias que les provocan amnesia y a las chicas les suceden cosas que después no pueden recordar.</p>
<p>En la marcha, cuando salieron a la calle en medio de una lluvia torrencial, muchas lloraban atravesadas por la angustia. Porque empiezan a hablar. Las chicas, de lo que les pasa ahora. Las adultas, de lo que les pasó hace 20, 30, 40 años. El #metoo de las mujeres de Hollywood, el yo también de las anónimas de estas tierras lejanas.</p>
<p>Así hablaron</p>
<p>Así hablaron las cuatro pacientes que denunciaron por agresiones sexuales al ginecólogo Jorge Lescano, entre 2008 y 2010. Cuando todavía no había estallado la reacción de las mujeres ante la apropiación. Lescano también era dueño de los cuerpos. Y creía tener potestad sobre la genitalidad y el goce de sus pacientes. Sin embargo, muchas otras mujeres salieron a la calle para defenderlo.</p>
<p>Así habló Romina Balaguer sobre su padre, por el horror que vivió durante 18 años. Que la hundió en un infierno del que huyó volando hacia España, hace años. Pudo volver el año pasado, ya con 36 y el único propósito de recordarle a su padre, Antonio Cisneros, lo que le hizo vivir. Lo filmó con su celular. Lo viralizó. Y pudo quitarse el nudo en la panza y en el alma.</p>
<p>Aunque el delito de su padre prescribió porque pasaron veinte años. Urge una reforma del Código Penal para que los delitos sexuales a los niños, que no se denuncian a veces jamás y otras veces a las tres o cuatro décadas, no prescriban nunca.</p>
<p>Así hablaron las chicas que denunciaron al todavía prófugo Agustín Casado por abusos, a pesar de ser quien es.</p>
<p>Así habló Mariana Solange, para denunciar a Guillermo y Osvaldo Sosa, su padrastro y su abuelastro, que abusaron de ella y de sus hermanas durante dieciséis años. Mariana se enamoró de Rocío en un programa de televisión donde se hablaba de infiernos como el suyo. A Mariana la policía la detuvo por besar a Rocío en la calle. Mariana se apropió de su cuerpo de una vez. Y provocó un besazo nacional. La calle es de las mujeres. Y la palabra también.</p>
<p>No hubo quién salvara, en la noche oscura, el cuerpito de niña de Jenifer Falcón. Ni espalda que sostuviera a Magalí Giangreco. Su horrible muerte, su crimen sexual impune también por 2010. Sin apropiador. Sin asesino. Un crimen de poder como el de Mara Navarro, reivindicada con el nombre que quería tener, con el género al que sintió que pertenecía. Impune también, como tantos. En Olavarría se asesinó impunemente a mujeres que ejercían la prostitución y se condenó por el crimen de un travesti que se incendió en un colectivo sin que nadie sepa quién fue. Huesitos sin nombre ni historia ni cumpleaños. Chicas muertas por ser mujeres. Mujeres en situación de desprecio.</p>
<p><strong>Manadas</strong></p>
<p>Como hace cuarenta años los hijos de los señores; como ahora, los dueños de la noche, los que se apropian los cuerpos de las chicas, se mueven en manada. Como los españoles, tratados con cuidado y sutileza por la justicia. Allá, salieron en multitud, a pesar de que las mujeres siguen callando mucho todavía. Aquí se habla.</p>
<p>Dice el psicólogo Jorge Garaventa: “la violación en banda es un crimen muy frecuente en Argentina, que se denuncia poco, por verguenza, por culpa; los violadores suelen contar con la complacencia social porque lo que ocurrió fue por irresponsabilidad de la mujer que incurrió en conductas de riesgo en un mundo diseñado para el placer machista”.</p>
<p>Hoy las chicas están defendiendo su cuerpo como la patria propia. Como la matria conquistada. Los apropiadores comienzan a saber que podrán torcerlas, nublarles la conciencia con sustancias, presionarlas desde el poder, lastimarlas y matarlas. Pero van a hablar. Ahora van a hablar. Y ésa es su victoria.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/olavarria-la-violacion-como-apropiacion-de-los-cuerpos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Santiago Maldonado y la preexistencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Aug 2017 03:05:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Agencia de Noticias Pelota de Trapo]]></category>
		<category><![CDATA[desaparecidos]]></category>
		<category><![CDATA[gendarmería]]></category>
		<category><![CDATA[Ley antiterrorista]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Patricia Bullrich]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago Maldonado]]></category>
		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
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					<description><![CDATA[De Pueblos ancestrales y Leyes antiterroristas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="background: white; margin: 0cm 0cm 6.0pt 0cm;"><strong><span style="font-size: 11.0pt;">Por Silvana Melo* / Foto: Julieta Lopresto Palermo</span></strong></p>
<p style="background: white; margin: 0cm 0cm 6.0pt 0cm;">A ocho días de la desaparición de Santiago Maldonado en Cushamen, Chubt, una reflexión sobre el trazo común de gobiernos actuales y pasados en la invisibilización de los pueblos originarios y en el reparto de tierras al empresariado histórico. Mientras tanto, reclamo de la aparición con vida del joven.</p>
<p>El 1 de agosto la Pachamama no alcanzó a arder el primer trago de ruda y caña cuando en la Patagonia de tobillos mapuches la Ñuke Mapu volvió a beber sangre de los suyos y suela milica. Ese día cien gendarmes toparon el territorio de la comunidad Lof en Resistencia Cushamen, en Chubut. Tenían armas negras y obesas, golpearon a niños y mujeres, quemaron las rucas. Santiago Maldonado compartía el acampe que mantenían los mapuches desde la detención del lonko Facundo Jones Huala. Cosía sus pulseras de hilo y piedra cuando la Gendarmería irrumpió sin papeles ni órdenes judiciales, que así es como llegan las instituciones a los pueblos empujados al borde del mundo. Mientras algunos curzaban el río para escapar, Santiago corrió por donde pudo pero, dicen, se vio a los gendarmes cargarlo en una camioneta con rueda y motor del estado argentino.</p>
<p>Hace siete días que Santiago está desaparecido en un país donde desaparecer no es esfumarse bajo el arte de la magia. En un país donde el estado, con rueda, motor y sangre, desapareció para siempre decenas de miles de cuerpos, de historias, de futuros.</p>
<p>Es un símbolo Santiago Maldonado porque es un desaparecido en nombre de la criminalización de los pueblos preexistentes. Es decir, los pueblos que preexisten a los que gobiernan, a los que legislan, a los que pontifican en los medios, a las empresas que llegan a extraer, al poder político cómplice, a la Justicia sectorial, a los ricos que llegan a quedarse con la Pacha, la Mapu, la tierra o como se le quiera llamar desde la cabeza qom hasta las rodillas mapuches. Desde Salta a Chubut, desde Formosa a Neuquén, donde los preexistentes, los que están aquí desde el mismísimo origen, mueren por desnutrición, por falta de agua pura, por tierras yermas que les dejaron como migajas donde no crecen las semillas ni la esperanza, donde los espíritus no se quedan entre los árboles porque el desmonte los dejó desnudos en medio de la nada.</p>
<p>El contexto de la desaparición de Santiago es la cárcel de Facundo Jones Huala, líder del Lof Cushamen. Dice Darío Aranda: “su comunidad cometió el pecado en 2015 de recuperar tierras en la estancia Leleque, propiedad de la multinacional Benetton, el mayor terrateniente de Argentina con un millón de hectáreas”. A esa insolencia de los preexistentes que vienen resistiendo cinco siglos y mil vidas “sobrevinieron denuncias, juicios, represiones hasta que en 2016 Jones Huala fue enjuiciado por un antiguo pedido de extradición a Chile. El juez confirmó la existencia de tortura a testigos, liberó a Huala y la causa tramitaba en la Corte Suprema. El 27 de junio, luego de una reunión entre los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet, el lonko mapuche fue detenido en un retén de Gendarmería por el mismo pedido de extradición, y trasladado a Esquel”.</p>
<p>Ese contexto implica los desalojos sistemáticos en cada embestida de los capitales internacionales que compran las tierras de la Patagonia como inversión futura. O en cada irrupción petrolera. A pesar de que en esas tierras hay preexistencia. Hay gente que vive, que sueña, que atesora historias, que espeja amaneceres, que cría ovejas, que acumula veranadas, que teje mantas para el invierno, que techa sus rucas con manojos de junquillo y paja brava.</p>
<p>Son los Bennetton, los Turner, los Joe Lewis, hasta los intocables como Emanuel Ginobili. El ídolo dorado que compró veinte hectáreas en Villa la Angostura sin interés en la preexistencia que un día acampó en las tierras para recuperarlas. Y el hombre que en 2016 ganó 14 millones de dólares en la NBA les inició un juicio de desalojo.</p>
<p>Los gobiernos no avistan a los pueblos preexistentes desde sus miradores de privilegio. No los ven hasta que deben mandar la Gendarmería al desalojo. Y la justicia y las policías provinciales para arrinconarlos en tierras inservibles. Cuando resisten los llaman terroristas. Los acusan de violentos mientras les aplican la violencia del estado. Bullrich y Nocetti como escudos del macrismo hablan de Maldonado para limpiar a la Gendarmería mientras les aplican a los mapuches la ley antiterrorista que impulsó y votó el kirchnerismo.</p>
<p>¿Tiene la ausencia de Santiago Maldonado la fuerza de lo simbólico? Tal vez esa figura urbana bonaerense, de flamante vecindad en El Bolsón, que dejó sus artesanías para plantarse junto a la comunidad Lof en Resistencia Cushamen, sea un cable frágil en la conexión nodal de la cultura. En esa huella marcada de siglos en la infinita Patagonia. Que no tiene apellidos terrantenientes ni ambición petrolera. Y que está desaparecido. Como van desapareciendo a los originarios y preexistentes. Para bajar la persiana de la vena más bella de la historia.</p>
<p>*Periodista de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo. Nota original: https://www.pelotadetrapo.org.ar/2013-09-05-12-30-19/2017/3889-santiago-maldonado-y-la-preexistencia.html</p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/santiago-maldonado-y-la-preexistencia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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