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	<title>Ricardo Frascara &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Ricardo Frascara &#8211; Marcha</title>
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		<title>La Argentina fuera del Mundial: las derrotas también se celebran</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Jul 2018 14:43:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[#Rusia 2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>En estas líneas no encontrarán lamentos ni sorpresas, mejor unas líneas críticas que afirman lo que el cronista avizoró desde un principio: para ganar hay que jugar bien. El Mundial sigue y el fútbol, también.</em></p>
<p>Vamos a hablar en la tierra. Sin filosofar ni buscar interpretaciones más allá del fútbol. La primera jornada de octavos de final mostró el fútbol en un escalón superior al visto hasta ahora. En verdad, se están jugando finales. Y aparecen con nitidez las falencias de la Selección Argentina, que fue partícipe necesario en un partido excelente de la Selección de Francia. Otro espectáculo de primera fue el triunfo vigoroso de Uruguay sobre Portugal.</p>
<p>Y además, se produjo un hecho inesperado por los fanáticos de todo el mundo: en octavos quedaron afuera los mencionados como los dos mejores jugadores del mundo. Ronaldo y Messi se fueron silbando bajito. Sus cetros quedaron escondidos tras los brillantes escudos de sus rivales. Varios de sus colegas comienzan a mostrarse como sucesores de ellos, al menos en este campeonato. Entre estos aspirantes aparecen con nitidez el francés Kylian Mbappé (19) y el uruguayo Edinson Cavani (30), ambos del Paris Saint Germain, autores de dobletes decisivos para la victoria de Francia y Uruguay, que se medirán en cuartos de final.</p>
<p>La Argentina, lo hemos visto, llegó hasta donde le daba el cuero, tras haber confirmado su fútbol dubitativo, poco agresivo, lento y fatalmente desguarnecido en su defensa. Ya lo dije, pero es necesario repetirlo porque notoriamente mi voz no llega a Rusia. Apenas rebota entre las paredes de los lectores de estas líneas. NO se puede ir a un mundial jugando para atrás. La comparación fue dramática, de los cuatro finalista de ayer sólo Argentina dejó de lado algo que ya expresaba hace 70 años el impecable relator Fioravanti y su generación: “No hay mejor defensa que un buen ataque”. Lamento no haberme sentado frente a la TV con un cronómetro en la mano, para así confirmar que Argentina desperdició por lo menos un veinte por ciento de su tiempo “jugando” para atrás. Ha sido un error letal de una táctica surgida en Barcelona y totalmente mal interpretada por Sampaoli. Fue el propio Pep Guardiola, que la utilizó cuando dirigía el equipo catalán y quedó establecida como palabra santa. Pero el mismo Guardiola aclaró, estando en Bayern Munich, que “el tiqui-taca es una mierda” si no se utiliza como un arma productiva. Argentina desarrolló en este campeonato un toqueteo ineficaz, aburrido, inocente y rotundamente amargo.</p>
<p>Francia era la oportunidad que tenía el team albiceleste para jugar al fútbol de ataque en serio. El de Mbappé y Griezmann es un equipo atrevido y abierto, que juega y deja jugar.  Lo demuestra con claridad el resultado final: 4-3. Una goleada de Argentina y, sin embargo, perdió. Lo más valioso de esta gira de la banda de Sampaoli ha sido el reflejo festivo del público. Despliegue de color y alegría, buena onda e imaginación en los vestuarios y los cantos y bailes. No permitan que una veintena de jugadores estropeen esa imagen. No hay que llorar. Las derrotas también se celebran, si imperiosamente conducen a un sendero de regreso a la calidad del fútbol que amamos.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-argentina-fuera-del-mundial-las-derrotas-tambien-se-celebran/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La importancia de ser Rojo en Rusia</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-importancia-de-ser-rojo-en-rusia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Jun 2018 15:51:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[#Rusia 2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>&#8220;El lunes hubo paro general; el martes, paro cardíaco&#8221;, rezaba uno de los memes que explotan en redes y celulares después de cada partido. Sin embargo, después de que bajen las pulsaciones y la garganta se aclare, llega la mirada del cronista más experimentado en mundiales. Con goles salvadores y un futuro incierto, la Selección Argentina está en octavos.</em></p>
<p>En estos tiempos de fútbol esquematizado y reiterativo, donde casi ha desaparecido la creatividad que lucieron equipos de épocas de alta escuela y se hicieron dueños de la emoción popular maestros goleadores, un gol de hoy tiene la cotización más alta de todos los tiempos. El gol de Marcos Rojo (28) cuando faltaban cinco minutos para que la Selección Argentina quedara afuera del Mundial nos devolvió al cuerpo el alma, que ya estaba haciendo las valijas rumbo a la nada. Ese relámpago se gestó cuando apareció en el centro del área el defensor de Manchester United a punto para recibir con una volea clásica el magnífico centro de Gabriel Mercado.</p>
<p>“Rojo el 16”, como cantaría un croupier, sí que llegó como enviado de los dioses. Nos salvó la plata. Inolvidable para él y para los miles de argentinos presentes en la cancha de San Petersburgo, en el corazón de la Rusia de los zares. Lionel Messi había abierto la puerta para la clasificación calmando la ansiedad que nos oprimía desde la caída estrepitosa ante Croacia. Pero “La Pulga” ya nos tiene acostumbrados a esos golazos cristalinos, puros como el agua.</p>
<p>En esos dos momentos se estableció el mapa de la victoria. No hubo variantes en el juego complejo y sin brillo del seleccionado. Los goles, una maravilla del fútbol bien jugado, se han convertido en accidentes, apariciones repentinas. Pocas veces provienen de jugadas elaboradas. Por eso la Argentina produjo dos milagrosas explosiones en el área de Nigeria. Dos trabajos de orfebre con destino de red. Risas y lágrimas para festejarlos.</p>
<p>Sin embargo, después de esta resurrección y los consiguientes y anhelados festejos, debemos volver a la calma ya que ahora siguen los compromisos más riesgosos. Francia, próximo rival de la Selección, es uno de los equipos que me gustó por su juego. Aunque no es un team fuerte. Argentina tendrá posibilidades de que sus hombres dialoguen con más tranquilidad. No es un cuco, pero no deja de ser un fantasma en el camino. Quedan tres días para que Messi y su banda afinen sus violines y recuperen la luz que surge de una pelota bien tratada. Porque en el equipo sigue habiendo muchos errores y faltas que se han hecho carne en los jugadores de todo el mundo, como agarrar a los rivales de la camiseta, de los brazos, vapulearlos y cuando el árbitro cobra el penal, tratar de convertirse en ángeles inocentes. Por ejemplo: esa absurda acción de un hombre experimentado como Javier Mascherano que pudo costar la clasificación. E iba camino de ser así, hasta que surgió el gol del defensor platense como un manantial en el desierto. Prepárense, porque ahora viene la montaña.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-importancia-de-ser-rojo-en-rusia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Messi y sus muchachos, enjaulados</title>
		<link>https://marcha.org.ar/messi-y-sus-muchachos-enjaulados/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Jun 2018 14:20:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[#Rusia2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara.</strong></p>
<p><em>El cronista no hace analogías forzadas: una cosa es el fútbol y otra cosa es la vida. Y otra cosa bien distinta es nuestra esperanza en un fútbol argentino que ya no es y la realidad de los cracks europeos jugando todos juntos a un juego que no disfrutan. Corta la bocha, o larga o imprecisa&#8230; Va nuestro análisis del primer partido de Argentina en el Mundial #Rusia2018</em></p>
<p>Un partido de fútbol es como la vida: una cadena de ansiedades y frustraciones, de alegrías y desencantos, festejos, tropiezos, satisfacciones, sinsabores. Nos iluminan los triunfos y no oscurecen los fracasos. Hay momentos de recibir abrazos felices, como Agüero con su golazo; hay otros de soledades, como Messi ante el penal o perdidos entre la multitud, como Caballero cuando el gol islandés. La gran diferencia es que en la vida sentimos el deber de seguir viviendo y, en cambio, en el fútbol nos alivia la posibilidad de seguir jugando.</p>
<p>No hay drama. Podemos sentarnos en la mesa del café y tachar nombres, recuperar otros, usar calificativos impronunciables salpicados por escasos halagos. Los argentinos estamos entrenados para chocar con la realidad. Y en el Spartak de Moscú sucedió algo así. Sonó el silbato inicial y tras dos minutos marcados por reloj en los que tuvimos la pelota sin ir para ningún lado, se reavivaron mis dudas. Al fin y al cabo, estábamos viendo lo que vimos a lo largo de todo el proceso de clasificación: un grupo de grandes jugadores internacionales que no comulgan entre sí. El color de las casacas es sólo una costumbre, pero es notorio que no se sienten contentos, no salen a la cancha sonrientes y esperanzados. La Selección Argentina sufre el fútbol, no lo disfruta, y la obligación de alcanzar la victoria ensombrece sus rostros, aprieta sus agallas.</p>
<p>Entonces, como justificaba mi suegro al regresar de la cancha cabizbajo, “y, son once contra once”, así hay que tomarlo. Riámonos de nuestra esperanza previa, sintamos la alegría que, aunque nos duró lo que un relámpago, sirvió para entonar nuestros espíritus. Dejémoslo en paz a Jorge Sampaoli, olvidemos la presencia imposible de explicar de Lucas Biglia, soslayemos las torpezas de una defensa que nunca tuvo coherencia, no nos rompamos la cabeza por entender cómo el divino Messi puede errar un penal y tres o cuatro tiros libre en un partido que no era en los papeles un peligro latente.</p>
<p>¡Argentinos, compatriotas, cofrades… esto es la realidad! La vemos cada semana en nuestro fútbol local. El descenso de calidad del que fue un juego esplendoroso es notorio. No tenemos organización, padecemos diariamente la desunión, somos capaces de chocar cientos de veces con la misma piedra. Para los jugadores argentinos que están triunfando en Europa, donde son campeones de Italia, de España, de Inglaterra, de Francia, el seleccionado es como una jaula de la que están esperando escapar. Y eso, aunque ellos no lo expresen, en gran parte lo producimos nosotros, los medios de prensa agobiantes y los espectadores idólatras.</p>
<p>Entonces lo primero que noté al terminar el partido, fue que la selección de Islandia no fue una sorpresa. Fue un equipo bien armado, con una defensa veloz y que supo agruparse, con grandes reflejos de sus jugadores y repentización eficaz para pasar al ataque. Islandia funcionó como un bandoneón, ajustándose y estirándose sin perder el ritmo. En la previa era el partenaire de Argentina y un par de horas después, terminó discutiendo el libreto de la obra. Messi, Agüero, Di María, Mezza, luego Higüain, Banega, Pavón por donde se movieran chocaban con tres defensores que los cercaban cortando el contacto entre ellos. Es claro que es muy difícil rendir así… pero eso hace años que lo sabemos. En esa hora y media de juego el tema es tener la lucidez y la capacidad para crear los momentos y definir con acierto. Por eso el triunfo es de los mejores.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/messi-y-sus-muchachos-enjaulados/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Colorín colorado, o seguir viviendo sin Icardi</title>
		<link>https://marcha.org.ar/40074-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Jun 2018 03:00:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Wanda Nara]]></category>
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					<description><![CDATA[Rumbo a Rusia 2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Ricardo Frascara</p>
<p><em>Faltan sólo dos semanas para el inicio del Mundial Rusia 2018 y el cronista sigue lamentando la ausencia de Icardi. Será una opinión que hasta comparte con el inefable Caruso Lombardi, pero su deseo de goles y delanteros que acompañen el juego es genuino y aquí lo cuenta. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em>MAURO ICARDI. “29 goles en 34 partidos” (twitter) &#8220;Orgullo Argentino. Goleador de la serie A!! 100 goles en el Ínter!! Capitán del equipo que después de 6 años vuelve a jugar la Champions!!! Te amamos&#8221; (Instagram). (Wanda Nara)</em></p>
<p>Con estas palabras, la mujer del centro delantero santafesino, estrella rutilante de Internazionale de Milán, mostró su asombro al enterarse de lo ya sospechado: su marido no lucirá la celeste y blanca en Rusia. Jorge Sampaoli lo dejó afuera de su lista final. En realidad, este desatino del irresoluto DT de la selección estaba cantado. Como sostuvo el histriónico técnico Caruso Lombardi, Icardi “fue una pantalla”. “Lo pusieron 20 minutos para que la gente no hinchara”, expresó con su natural gesto sobrador, lo que yo comparto: Nunca se pensó en él como parte del equipo. Aunque no lo dijera directamente, Sampa no lo tuvo en cuenta. “Juegan los que participan de nuestra idea”, comentó. ¿Y cuál es esa idea?: “Defender con la pelota y atacar mucho”, proclamó. ¿Atacar mucho? ¿Con qué, con cuántos? También lo destacó Caruso Lombardi: “Si se despierta descompuesto Higuaín, no hay ningún otro 9”.</p>
<p>¿Cómo puede la Argentina presentar una selección de 23 hombres que recurren a un delantero de punta solamente? Con los hechos, Sampa borra sus palabras. Con los ojos cerrados yo hubiera bajado un volante (Biglia, que además todavía no se recupera de su lesión) y agregado un delantero punta (Icardi, que está en plena racha de eficacia).</p>
<p>Todo esto más la entrada y salida de los racinguistas Ricardo Centurión y Lautaro Martínez, ya a esta altura es una anécdota; se suma a las tantas superadas en este arduo camino hacia Rusia 2018. Y yo, personalmente, sin invitar a nadie a acompañarme, sigo sosteniendo que lo que me deja perplejo es la permanencia del inconmovible Lucas Biglia, a quien considero un jugador sin peso, sin trascendencia, sin gracia.</p>
<p>Está cháchara está sonando en este momento desde Ushuaia a La Quiaca. Y no pude resistir la tentación de sumarme. Al fin y al cabo, ¿qué hay comparable a sacudir las telarañas que obstruyen las ideas de 40 y pico millones de técnicos futboleros? Hoy todos nos expresamos… dentro de dos semanas pasaremos a ser sufrientes espectadores de la pantalla caliente y todo será sorprendente.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/40074-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>Sampaoli  desnudo  y  con  la  ropa  en  las perchas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 May 2018 03:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[#Rusia2018]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
		<category><![CDATA[Sampaoli]]></category>
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					<description><![CDATA[Esperando la lista para el Mundial]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>El cronista tiene unos cuántos Mundiales encima. Y es, claro, el primero en dar su mirada previa al que se viene en un mes, Rusia 2018. Teme por la lista que Sampaoli entregará en cinco días, cuando parece que el ensayo y error siguen siendo su táctica y estrategia. Sufrimos con Frascarita en las líneas que siguen.</em></p>
<p>Como decía mi abuela: “Estamos como cuando vinimos de España”. Bah, y de allí vino nomás el DT Sampaoli. Por lo que hemos visto hasta ahora, es más un maestro de oratoria que un conductor de la Selección, que en poco más de un mes se presentará en el Mundial de Rusia. Y sigue hablando con unos y otros. No estoy criticándolo; sólo expongo la realidad.</p>
<p>Y no tiene por qué ser de otra manera. Lo llamaron de la nueva AFA sabiendo que el traje le quedaba grande; nosotros y nosotras, todos, también lo sabíamos; él lo aceptó con la ilusión de ajustarlo a sus medidas. Comenzaron las pruebas con la aguja y el lápiz en la mano, y se fue viendo cómo la camiseta celeste y blanca le chingaba por todos los costados. Pasaron los días, las semanas, los partidos y él continuaba haciendo pruebas. Cada vez que salía a la cancha, siempre con alguna innovación tanto en el armado como en las piezas que lo componían, continuaba el martirio: las pilchas no terminaban de calzar las mangas o el cuello quedaba demasiado abierto o se corría para uno de los lados. Para el partido siguiente volvía a cambiar el diseño del equipo, variaba la cantidad de ojales, alternaba los botones. Y al terminar el partido, otra vez a desnudarse y empezar nuevamente. Y hoy lo miro y veo que Sampaoli está en bolas.</p>
<p>Y no me gusta, es claro; por nada del mundo.</p>
<p>No me gusta, pero para nada, una Selección argentina que juegue para atrás. Me pone nervioso, me parece estar viendo hockey sobre césped sintético; ni que juegue para los costados, como si fuera un <em>match</em> de handball. No me gusta de ninguna forma, por respeto al fútbol pasado y al presente, que el <em>team</em> nacional forme con un delantero solo. Se me caen los pelos de la vergüenza. “Yo sé –me dice mi hijo– vas a empezar a hablar de Farro, Pontoni y Martino…”. No, ni eso, dios me libre, no los voy a ofender con una comparación tan ridícula. Acepto dos delanteros… y vuelo más cerca: en el ‘78 Luque y Kempes… en el ‘86 Maradona y Valdano… hoy Higuaín y Agüero o Icardi y Dybala, o… Algo bien ofensivo por favorrrrrr.</p>
<p>El último vistazo periodístico sobre la selección señaló que Icardi –que ya había sido probado y sacado y vuelto a poner, ahora está con un pie y medio afuera del mundial–. <em>¿Why?</em> ¿Por qué? Vaya uno a saberlo. Parece que el DT en cambio ha recuperado a Dybala, un geniecito en ciernes, un complemento ideal con Higuaín, ya que ambos visten la blanquinegra de la Juve y se divierten en el Calcio. Insisto ¿por qué la duda con Icardi?, un goleador empedernido que mantiene vigente al Inter de Milán. Hoy se sumaba al enigma <em>icardiano </em>un referente de fuste como Gabriel Batistuta, a quien escuché decir “Icardi me encanta; yo lo llevaría al Mundial”. Esta opinión, ¿hará pensar nuevamente a Sampa? ¿Bajará de su mente al papel la lista para el Mundial de una vez? Otra de Batistuta: “Yo no llevaría gente al Mundial a probar”. Es claro, yo tampoco, estoy seguro de que vos tampoco. Pero Sampaoli sigue desnudo, ¿recibirá así el partido con Islandia? Se va a recagar de frío.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/sampaoli-desnudo-y-con-la-ropa-en-las-perchas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Delpo y Delbo, los conquistadores de Zagreb  </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Nov 2016 03:00:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Capa Davis]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
		<category><![CDATA[Tenis]]></category>
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					<description><![CDATA[Con una visión onírica, el cronista trata de explicarse cómo pudo concretarse este que parecía un sueño eterno. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>Con una visión onírica, el cronista trata de explicarse cómo pudo concretarse este que parecía un sueño eterno. De la mano de un brillante Juan Martín del Potro, recuperado de sus persistentes lesiones, y presentando Federico Delbonis la versión más clara y completa de su carrera tenística, alcanzaron la victoria deseada en la tierra de sus adversarios, empujados por miles de mujeres y hombres impregnados de celeste y blanco.</em></p>
<p>Dos muchachos con una raqueta consiguieron tomar la ciudad que había resistido los ataques de los mongoles en 1242. No necesitaron ni siquiera un caballo de Troya para entrar. Lo hicieron a cara limpia, con mirada segura y espíritu gigante. En esto, sobre esa actitud sonriente y humilde, apoyada en el muro de una voluntad de hierro, Juan Martín Del Potro y Federico Delbonis se transformaron en una máquina vencedora. Su intento en tierra croata por supuesto que era alcanzar la victoria, rodear con sus brazos la Gran Ensaladera que se había negado cuatro veces a los argentinos. Pero a medida que pasaban las horas de estos tres días inolvidables para todos, para ellos, para los cuatro mil argentinos embanderados que coparon el estadio, para quienes los vimos poner el pecho a la distancia, el triunfo parecía alejarse. Hasta que el irresoluto tandilense que había perdido los dos primeros sets con Marín Cilic, tocó su corazón y se convirtió, ante millones de ojos de todo el mundo, del tímido Clark Kent en arrasador Superman.</p>
<p>Juan Martín dijo más tarde que vio, ya con su mirada que atraviesa puertas de hierro, que el croata estaba cansado. Ahí fue cuando comenzó su tarea a conciencia. Tomó la vara de criptonita y pasó de dos sets abajo a tres arriba. Locura en el estadio, se abrían las aguas del río Sava y los argentinos hacían vibrar la ciudad que existe con ese nombre, Zagreb, desde 1094. Romanos y  austrohúngaros, observaban desde la historia a ese grupo de locos de la raqueta que conmovían su plaza fuerte, rodeados e impulsados por muchísimos más locos con extrañas vestimentas de colores celeste y blanco a rayas. Todos los invasores gritaban y saltaban conformando un espectáculo único, imprevisto; impensable que con tanta alegría se pueda tomar una ciudadela de 641 kilómetros cuadrados. ¿Las armas? Dos raquetas.</p>
<p>Curiosa historia de enredos resulta la Copa Davis. Desfilaron a través de los años cantidades de nombres de tenistas argentinos en su persecución. Nombres célebres, estrellas de primera magnitud, y el trofeo que siempre se les negó a ellos, lo obtiene el equipo estadísticamente más desvalido, de acuerdo con el ranking. Porque Argentina gana el premio máximo del tenis internacional sin tener un top ten; ¿qué digo top ten? Ni siquiera un top twenty ¿Cómo? Ni un top thirty. Es decir estos muchachos batieron en su casa a Marín Cilic (6º del ranking) y a Ivo Karlovic (20º), desde los escalones 38º (Del Potro) y 41º (Delbonis).</p>
<p>El deporte –íntimamente lo sigue siendo en estos trances, aunque dancen millones de dólares en su seno- tiene relámpagos que abren la visión del cielo. Así lo deben de haber sentido estos jóvenes superdotados para concretar una hazaña como esta. Y, no los vi, pero escuché a estos miles de argentinos conquistar un pueblo bailando y cantando. Ya queda en la historia de Zagreb la pareja que forman Delpo y Delbo. Los argentinos que se afanaron la Ensaladera.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/delpo-y-delbo-los-conquistadores-de-zagreb/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El Barcelona y su sinfonía catalana</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-barcelona-y-su-sinfonia-catalana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Sep 2016 03:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
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		<category><![CDATA[Leo Messi]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
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					<description><![CDATA[El después del contundente 7 a 0]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>Este cronista, en lugar de hablar de fútbol, tras ver el 7-0 de Barcelona, se pone a desvariar de música. Parece como si el martes se le hubiera ido la mano con el whisky. En realidad quedó así después de admirar el brillo deslumbrante que llegó a mostrar el dúo Messi-Neymar, prestidigitadores de la pelotita.</em></p>
<p>Esta pieza maestra del fútbol de hoy, del que ocurre todos los días a lo ancho de la tierra. El que nos aburre semana a semana para nuestro pesar de hinchas del juego más lindo mundo, se dio ayer en el Camp Nou de Barcelona. Lo que hicieron esos jugadores azulgrana fue música para ser vista. Una innovación total. Y no hablo de la vida virtual que enfrentamos a cada rato a través de innumerables aparatos electrónicos. No. No. Hablo de la naturaleza; de la autenticidad. De la cosa física que generalmente nos sumerge en el barro, pero que ayer nos elevó a las estrellas. Aquel lugar tan idealizado en nuestra niñez.</p>
<p>En medio de esa sinfonía que nos iba envolviendo como una tela maravillosa de las Mil y una noches, surgía nítido el sonido de dos virtuosos, un primer violín y un saxo tenor. Ambos, unidos por acordes prodigiosos, lograron conmovernos hasta la última fibra futbolística de nuestro ser, tan vapuleado por la mediocridad que el establishment de de la AFA, la FIFA y la FOFA nos quiere vender como fútbol. Lionel Messi (violín), 29 años, oriundo de Rosario, y Neymar da Silva Santos (saxo), 24 años, nacido en Mogi das Cruzes, San Pablo, inventaron ante nuestros ojos el fútbol musical.</p>
<p>Ustedes no se acuerdan, o no tienen ni idea, pero en la Argentina, cuando se jugaba al fútbol de verdad, había un equipo que sembraba hebras de tango, con corte y quebrada, y crecían jugadores con  pies que  brillaban. River Plate era su nombre. Y entre ellos se destacaba un ala izquierda de ataque que emborrachaba a los rivales con tanto tomaytraiga:  Ángel Labruna y Félix Loustau. Eran ángeles, realmente, que apenas tocaban la tierra, porque danzaban al unísono y uno no sabía en los pies de cuál se escondía la pelota. Y eso ocurría a menudo. Los arqueros, cuando los veían venir gambeteando y amagando, ya casi iban directamente a buscar la pelota a la red. Eran taitas, de poncho y cuchillo.</p>
<p>Bueno, ayer, por un momento los vi a ellos, los de la banda roja sobre el corazón. Sin embargo, después de ese gol en el que la pareja catalana de un argentino y un brasileño, hizo todo lo que se puede hacer en una cancha de fútbol, me entró la duda. Como no tengo más remedio que verlo por TV, me pregunté: ¿No sería virtual? ¿No será algo que quede en la historia como la llegada del hombre a la Luna, sin saber a ciencia cierta qué era lo que estábamos viendo? No, me dije. Messi y Neymar son realmente músicos del fútbol. Quizá tenga que dudar de lo que hacían Labruna y Loustau, porque los años que transcurrieron desde  aquella historia pueden crearnos falsos recuerdos, silbar acordes que existieron solo en nuestra imaginación. En cambio esto ocurrió ayer…  Hoy se habla en todos los idiomas de esas paredes que con tanta delicadeza  construyó ese dúo que gasta la pelota ante nuestros ojos.  Son magos.  Ahí estaban, sonriendo como dos chicos que acaban de cometer una picardía, y sólo habían llegado al Camp Nou en una alfombra voladora.  Un deleite.</p>

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		<title>Cuando arde la llama Olímpica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2016 03:04:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil 2016]]></category>
		<category><![CDATA[Juegos olímpicos]]></category>
		<category><![CDATA[llama olímpica]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
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					<description><![CDATA[Nuevos Juegos Olímpicos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>Veterano de lides olímpicas, el cronista se coloca como puerta giratoria entre los Juegos de Tokio ’64 y estos de Río ’16 y trata de transmitir cómo se siente correr la sangre por las venas cuando uno vive el encuentro deportivo más grande de los tiempos modernos.</em></p>
<p>Otra vez los Grandes Juegos, otra vez la juventud del mundo entrelazada… las miradas anhelantes, los músculos tensos. No hay nada como los Juegos Olímpicos. Cuando me sumergí, en 1964, en ellos, descorrí una cortina que quedó abierta para siempre en mi mente. Viví un mes en Tokio. Subiendo y bajando escaleras de estadios, saltando del extraordinario reducto futurista de natación, a la pista de atletismo, pegados uno a otro en Yoyogi; de estar aferrado a las cuerdas del ring del estadio Korakuen, al tren que me llevaba a Karisawa (150 km.) para ver la equitación, chapoteando en el barro.</p>
<p>Todavía tengo sensaciones de aquellas jornadas que terminaban cuando entregaba mi nota para que la tipearan en <em>Associated Press</em> y se recibiera en <em>La Nación</em>. Más allá de haber sido el único periodista argentino presente cuando ganó la medalla plateada el jinete Carlos Moratorio, una de las cosas más sentidas por mí fue la actuación del campeón múltiple de natación Don Schollander. Nunca había visto algo así. Lo seguí en sus entrenamientos, donde parecía que estaba dando la vuelta al mundo a pura brazada. Fue figura absorbente de los Juegos. Tanto que resultó el primer nadador de la historia en obtener cuatro medallas doradas. En aquel tiempo, pese a la diferencia física, se lo comparaba con el impacto que causó Johnny Weissmüller (luego el famoso Tarzán) cuando se catapultó a la cima con su record en los 100 metros libre. Fue el primer hombre en nadar esa distancia por debajo del minuto.</p>
<p>Entonces yo vivía en un torbellino de recuerdos y en la cinta sin fin de los Juegos. Todo el tiempo fue una escalada de emociones. En mi interior, además de la voluptuosidad de palpar ese ambiente desbordante de alegrías y pesares –de los perdedores–, le agregaba una circunstancia muy íntima. Cuando aterricé en Tokio todavía sentía al lado a mi padre, ausente desde dos años atrás. Nuestra comunicación fue mucho más intelectual que verbal. Es decir, hablábamos de las cosas que veíamos, de las que escuchábamos, pero además de esto sentíamos un contacto de fondo que iba más allá de las palabras. Esta conexión alcanzó extraordinaria profundidad al enfrentarme con el mundo olímpico. Como él cubrió para <em>El Gráfico</em> los Juegos de Londres ’48, yo ¡estaba en Tokio!, cumpliendo uno de los sueños más caros de mi vida; tenía 30 años y toda la furia y al fin de cada jornada olímpica intensa, la máquina de escribir se abría bajo mis dedos como una amante. Cada noche era lo mismo ¡y cada noche era tan distinta de la otra!</p>
<p>Ahora, sentado frente al televisor, trataré de estar abierto a las reacciones humanas, más que a los números que reinan en los Juegos. Lo que más me interesó fue escudriñar en los actores. Sentir con ellos la vibración de cada instante en esas pistas y canchas. Meterme en su cabeza para descubrir su coraje. Entender qué vendaval los agita cuando tienen la medalla olímpica contra el pecho. Después, verlos transformados en jóvenes sencillos de carne y hueso, risas y esperanzas.</p>
<p>Lo he contado varias veces a lo largo de 50 años, pero es la imagen más auténtica de la Villa Olímpica que enmarqué con mi mirada. Y entiendo que refleja el espíritu que animaba al barón Pierre de Coubertin, cuando ideó estas contiendas deportivas a fines del siglo XIX. Yo estaba sentado en un sillón de la Villa Olímpica, ya en los últimos días de esa explosión con la que Japón se mostró al mundo recompuesto de la Segunda Guerra. A mi frente, en un amplio sofá, dos atletas hablaban y se reían con la carcajada límpida de la juventud. Eran la estrella del equipo norteamericano de natación, la rubia Donna de Varona, y el magnífico velocista cubano, el morocho Enrique Figuerola (ambos medalla dorada). No había nada que los separara, ni política, ni color de piel, ni creencia religiosa. Eran dos muchachos que se sentían dueños de ese pedazo de vida en Tokio. Eso son los Juegos. Allí arde la llama olímpica. Mucho más profundo que lo que hoy podamos ver por TV.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/cuando-arde-la-llama-olimpica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Messi y el gran equívoco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Jul 2016 03:00:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Regreso]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Una renuncia que nunca fue]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>Yo hice lo que nadie dejó hacer a Lionel Messi: esperar y pensar. Hoy entonces voy a teclear algo, que había renunciado a hacer. </em></p>
<p>Hoy abro el diario y leo que Messi “vuelve a la selección” y los “motivos del cambio”. Yo vuelvo entonces a la máquina. Entre los dos, entre Messi y yo, corrió como un cortocircuito. El joven barcelonés, que lo es porque su vida se centra allí, se desarrolló allí como jugador y como hombre, tiene su fuente económica allí; sus hijos van a colegios de allí, se mueve dentro de los horarios de allí; su trabajo ecuménico tiene como base Barcelona. Entonces, digo, es de allí.</p>
<p>Él quiere ser de acá, los rosarinos quieren que sea de acá, el DT Martino busca que sea de acá, los diarios hablan de él como si fuera de acá, los dirigentes lo quieren ubicar, a partir del seleccionado, dentro de los parámetros de acá. Y acá, no sé allá, porque yo soy de acá. Acá digo, el fútbol es una pasión malsana, de mala sangre, con mala leche. Eso sí lo sé. Entonces este joven Messi, la más grande estrella internacional de la historia del fútbol, llega acá, enamorado de su Rosario que le dio vida, pintados sus ojos con los colores celeste y blanco, y se enfrenta con otro mundo distinto que el de su vida diaria.</p>
<p>A partir del momento en que su pie derecho –por lo menos yo bajo siempre con el derecho adelante– se apoya en el piso de Ezeiza al descender de la escalerilla del avión, penetra en el mundo conocido, pero ignorado ahora, para jugar en un equipo ignorado durante todo el año, que tiene que volver a conocerlo y situarse en él al poner su reloj en hora argentina. Es como si en Ezeiza, ya que la sede del seleccionado está también en esa localidad fronteriza con el mundo, le tuvieran que hacer una transfusión total de sangre. A partir de ese momento Messi, inconscientemente, empieza a sentir que tiene estómago, por donde corren manojos de pedregullo; que tiene oídos que le silban cuando no le están gritando ¡Muera!, porque le gritan ¡Viva! de tal manera que parece que en lugar de importarlo para enfrentarlo al arco rival, lo hicieran para enfrentar el paredón. Es el Dios amenazado: “Sos Dios, pero cuidado con errar un penal”.</p>
<p>Entonces yo les digo a ustedes cuál es el gran Equívoco de la historia de la vida de Messi de esta semana que acaba de pasar: Lionel Messi, rosarino de 29 años, padre de Thiago y Mateo, compañero de amores y pesares de Antonella, NUNCA, pero nunca, en ningún momento renunció al seleccionado. Todo eso que se escribió en español, inglés, italiano, francés, japonés, turco y que gritó hasta un esquimal (como diría Chico Novarro) no existió. Ese “no quiero saber nada más” del seleccionado que dijo Messi después de haber batallado casi solo, como lo vimos en la cancha o por tv o a través de fotos que inundaron las redes y se derramaron en los diarios de todo el mundo mientras lectores de los cinco continentes se unieron en súplica a todos los dioses conocidos o sospechados para que volviera a las canchas, como si en realidad el jugador se hubiera volatilizado, no tenía ningún sentido. Messi renegó, se calentó, pero NO renunció. Miró un rato para su adentro, sintió él, como obviamente ningún otro puede hacerlo por él, su dolor, su inmenso dolor por no haber logrado para él y para los argentinos ansiosos, ese día, de sangre chilena, la copa que sistemáticamente se le niega al fútbol “de acá” por 23 años.</p>
<p>Cómo no le va a doler, cómo no va a putear, cómo no va a llorar, cómo habrá abrazado a Antonella y a Thiago, en ese momento la única cosa de la vida que sabía plenamente que estaba a su favor. Estoy tentado de decir: yo haría lo mismo. Pero no es así; es una falacia. Nadie puede interpretar lo que el hombre que se siente, se sabe y soporta con sencillez ser el mejor del mundo, al perder justamente en eso que positivamente sabe hacer.</p>
<p>Sólo Messi sabe lo que sintió. Y ¿a quién –salvo a un “periodista” ansioso por una primicia galáctica– se le puede ocurrir que ese hombre puede anunciar su renuncia, algo que sólo se decide con la frialdad y serenidad que requiere tal cosa? Por eso, cuando apareció hoy otra “primicia”, que seguramente mientras escribo estará recorriendo todas las redes, anunciando el “regreso” de Messi al Seleccionado tomé mis dedos con bronca y los tiré sobre el teclado, porque nadie puede volver al lugar del que nunca se fue.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/messi-y-el-gran-equivoco/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El gol que no fue dos veces</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2016 03:00:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
		<category><![CDATA[Higuaín]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
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					<description><![CDATA[La historia de un déjà vu]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>El fútbol es un juego, nada más. Nosotros, los pequeños hombres –y también, y cada vez más, mujeres–, lo digerimos dramático, conmovedor, grotesco, arrollador, de acuerdo con nuestro sentimiento pasional. Pero si lo tratáramos realmente como lo que es, hasta podríamos transformarlo en un entretenimiento, una diversión. Van a ver que con el tiempo, se puede lograr.</em></p>
<p>Ahora se me mezcla el tiempo; es lo que suele suceder cuando se cruza la barrera de los 80. Lo veo al Pipa Higuaín robando una pelota y corriendo completamente solo hacia el arco de Neuer, el alemán. Empiezo a ponerme en puntas de pie para dar el salto de festejo por el golazo. Cuando el 9 está cerca del arquero, ya no lo reconozco, me parece el chileno Bravo. Es un <em>déjà vu</em>, me digo, como aprendí por el cine francés. ¡Ah! París, como recordaba mi viejo… Danielle Darrieux, Jean Moreau…</p>
<p>De pronto pestañeo: Higuaín seguía corriendo solo hacia el arco y yo pensaba, ¡pero por qué carajo no patea! Y como acababa de distraerme con el perfume francés, lo veo sentado a mi lado al gran jefe Camus, Albert, un capo de la pelotita. Era zurdo para patear, creo, pero atajaba y escribía con las dos manos y, sobre todo, con la cabeza. Luego, al costado del autor de <em>El Extranjero</em>, estaba un gordito medio pelado, que con su francés aporteñado me dice: “¡Ricardó, aujourd’hui matamos!”, y me señalaba con su dedo, mocho de escribir huevadas divertidísimas, a Higuaín a punto de hacer el gol; sólo falta que patée, me gritó Osvaldo (Soriano, como aquel refamoso arquero de River de los años 40). Patea y es gol, me dicen a dúo dos de los mejores escritores futboleros que he leído. Y yo pienso ¿me lo dicen con la creatividad de los que iluminan páginas en blanco? O se trata de sus almas de potrero.</p>
<p>Yo me reí por ese grito doble, pero lo estaba viendo, en cuanto Higuaín pateara ni Neuer ni Bravo podrían detenarla. La pelotita entraría como un rayo. “¡Pateá!”, grité con todas mis ganas, empujando la pelota con mi vista. Mientras, Higuaín seguía corriendo. Yo hice una vez un gol así. Yo era maleta, pero la pelota era mía. Jugábamos con el equipo del barrio en una canchita por Retiro. ¡Bah!, jugaban los otros, yo corría de un lado para otro y no la pescaba, apenas sentía el olor del cuero cuando la redonda pasaba cerca de mis ansias. De pronto, como le pasó a Higuaín, la tenía en mis pies… estaba asombrosamente solo y corrí, corrí arrastrándola con toda mi ignorancia, llegué frente al arquero, amagué para un lado y se la metí hasta la manija por el otro palo. “¡Qué lo parió, Ricardo!”, me gritó el capo del equipo, al que llamábamos Lángara, porque siempre hacía goles, hasta con el culo lo vi anotar una vez.</p>
<p>Bueno, la de Higuaín era más fácil que aquella corrida mía de la niñez. Higuaín corría, Camus y Soriano empezaban a hacer el ademán de taparse los ojos; yo no, yo estaba tan absorto en mis pensamientos que me perdí el detalle de cómo hizo Higuaín para no meterla. Neuer estaba arrodillado agradeciéndole a las margaritas del campo; Bravo estaba tirado en el césped, había alcanzado a ver la pelota cruzándolo por arriba rumbo a la eternidad, hacia el espacio infinito, como un satélite al pedo, que no transmite nada, ni hace sombra en el suelo. Todas las gargantas enmudecieron… el grito quedó pendiente, danzando en el aire como el último acorde de un bandoneón.</p>
<p>El domingo, frente a Chile, ahí mismo, mientras lo atendían a Medel que casi se suicida contra el palo, con el irónico riesgo de corregir el derrotero de la pelota y meterla en su arco, yo fui a la cocina, metí en el hornito eléctrico un par de empanadas, cacé del cogote una botella de Malbec, y me senté tranquilamente a mirar el televisor sin ver nada. Y no vi nada más, lo juro. A mi edad hay cosas que no se pueden soportar. Después de la primera empanada y de la primera copa, fui a la biblioteca y busqué el libro del gordo Soriano donde cuenta el penal más largo de la historia. Acaricié el libro, deslicé el dedo sobre las palabras de Osvaldo (¡qué pedazo de tipo! ¡Qué escritor de acá a la vuelta!, tan nuestro), y me dije: mañana, si todavía me acuerdo de esto, voy a escribir “El gol que no fue dos veces”. Te lo regalo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/gol-no-fue-dos-veces/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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