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	<title>RDA &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>Dagmar Enkelmann: &#8220;La igualdad entre el hombre y la mujer fue parte de la idea fundacional de la RDA”</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2020 10:38:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Dagmar Enkelmann, ex parlamentaria del Partido del Socialismo Democrático y actual presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo reflexiona sobre la democracia y el socialismo a la luz de los últimos 30 años.]]></description>
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<p><em>Dagmar Enkelmann, ex parlamentaria del Partido del Socialismo Democrático y actual presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo reflexiona sobre la democracia y el socialismo a la luz de los últimos 30 años.</em></p>



<p><strong>Por Soledad Vogliano (*) </strong></p>



<p>El 1 de julio de 1990, con la expansión del marco alemán (occidental) al territorio de la República Democrática Alemana (RDA), se produjo un hito para el capitalismo. La unificación política llegaría el siguiente 3 de octubre. El verdadero punto de inflexión se había dado unos meses antes:&nbsp;El 18 de marzo de 1990, cuando las primeras y últimas elecciones libres al parlamento de la RDA, las ganó el partido cristianodemócrata de Helmut Kohl, en ese entonces canciller de la República Federal Alemana (RFA). Con esto, el sueño incipiente de un socialismo democrático en suelo alemán, de una “tercera vía” entre el capitalismo occidental y el “socialismo realmente existente” del campo soviético, terminó enterrado. La unificación alemana terminaría por consumarse el 3 de octubre de 1990<em>.</em></p>



<p>El Partido del Socialismo Democrático -como se había rebautizado lo que quedó del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA)- sacó apenas el 16,4 por ciento de los votos. Una de sus jóvenes parlamentarias era Dagmar Enkelmann. Apenas cuatro meses antes de las elecciones, un día después de la caída del muro de Berlín, había defendido su tesis de doctorado: una investigación sobre la crisis de identidad de las juventudes de la RDA.</p>



<p>Hoy la presidenta de la Fundación Rosa&nbsp;Luxemburgo, una organización ligada al partido Die Linke (La Izquierda) y que tiene una de sus 25 oficinas internacionales in Buenos Aires, tiene 64 años. Aquí comparte su visión de este proceso, una verdadera anexión de la RDA a la RFA. Habla sobre las razones del fracaso del proyecto soviético, sobre la vivencia de las mujeres germano-orientales y reflexiona sobre la democracia y el socialismo a la luz de los últimos 30 años.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img width="1024" height="573" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/07/IMG_20200713_220313_484.jpg" alt="" class="wp-image-50413" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/07/IMG_20200713_220313_484.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/07/IMG_20200713_220313_484-630x353.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/07/IMG_20200713_220313_484-640x358.jpg 640w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Foto: Vaca Bonsai</figcaption></figure>



<p><strong> ¿Cómo vivió la caída del muro de Berlín?</strong></p>



<p>Desde 1985 trabajé en la Academia de Ciencias Sociales [de la RDA] donde estudiaba a la juventud. Notamos una crisis de identidad que comenzó a manifestarse a fines de la década de 1970. Desarrollamos encuestas muy representativas a jóvenes del sector industrial, agricultores, en las universidades y las escuelas, y les preguntamos qué pensaban sobre el socialismo y qué deseos tenían en cuanto al modelo de sociedad.</p>



<p>Las conclusiones de este trabajo iban a ser guardadas bajo varias llaves, no se podía hablar de ellas, ni publicarlas o discutirlo públicamente. Lo concreto es que la juventud estaba cada vez más en oposición a lo que entendían era el “socialismo real”. Quedó claro que se habían distanciado y que la propuesta de la RDA no tenía ya la fuerza para atraer o generar identidad en nuevas generaciones.</p>



<p>Es interesante, sin embargo, que desde mediados de los 80 aparecieron también fuertes simpatías por la Unión Soviética, Gorbachov,&nbsp;<em>glasnost</em>&nbsp;(transparencia) y la&nbsp;<em>perestroika&nbsp;</em>(reestructuración). El problema era que la RDA no tenía un Gorbachov [<em>una figura que impulse reformas</em>]. No había una oposición social con un alcance más amplio.</p>



<p>Si bien las razones para la crisis de la RDA eran muchas, ante todo, se dio por la falta de democracia y la creciente vigilancia sobre la sociedad, de manera que la necesidad sentida de libertad se oponía al sistema vigente.</p>



<p>En otoño del 89 mucha gente salió a la calle, muchas personas que querían quedarse en el país, querían cambiar la RDA. Pero también muchos que por miedo e incertidumbre desistían de impulsar algún cambio. Para mí este momento representó un resurgimiento, la oportunidad de poder participar de forma activa, plenamente, de manifestarse y contribuir críticamente en las discusiones sociales. Durante este período hubo mucha politización de la gente, cuando finalmente se pudieron llevar a cabo discusiones abiertas.</p>



<p><strong>¿Estuvo en la manifestación histórica del 4 de noviembre en el Alexanderplatz de Berlín, donde hablaron representantes de la oposición democrática, intelectuales, incluso militantes críticos del PSUA [<em>el partido de Estado</em>]?</strong></p>



<p>No, no estuve allí, pero por supuesto miré todo por la televisión. En agosto de ese año nació mi tercer hijo, lo que me mantuvo un poco distanciada. Pero las manifestaciones tuvieron lugar también en mi ciudad natal, Bernau, y allí iba a todas partes con el cochecito de mi bebé.&nbsp; En ese momento se probó una nueva forma de democracia, las mesas redondas. Se formó una mesa redonda central en Berlín, pero también regionalmente. Yo participé de la de Bernau.</p>



<p>Lo interesante fue que en estas mesas redondas participaban organizaciones y nuevos partidos que no tenían representación en el gobierno ni en los parlamentos. Fue un intento de conversar en igualdad de condiciones para todos.</p>



<p><strong>¿Cuáles eran los temas que la sociedad estaba poniendo en esas mesas que sentían que previamente estaban retenidos o que no podían expresarse?</strong></p>



<p>Por ejemplo, la destrucción del medio ambiente. En Bernau teníamos tropas soviéticas, que no eran precisamente amigables con el medio ambiente. Tiraban el aceite residual en pequeños ríos; cosas como esta se hablaban en las mesas redondas, lo que nunca antes se había permitido.</p>



<p>O el tema de la educación abierta y libre. Se discutía cómo organizarse para que los jóvenes puedan convivir abiertamente, con sus dudas, sus miedos. Que tengan protagonismo en la escuela. Fue muy importante dejar en claro a los maestros que queríamos que esos temas se discutieran también en las aulas. Y por supuesto llevar a cabo en la educación un proceso de purificación de la ideología, hacer hincapié en la transmisión y adquisición de conocimientos través de formas renovadas.</p>



<p>También la corrupción fue un tema importante, identificar a los alcaldes, los concejales, los miembros de la administración que cometieron actos de corrupción, eso nos movilizaba y se llevaron a cabo varias investigaciones.</p>



<p><strong>¿Qué esperaban alcanzar con las mesas redondas? Porque había una condición de doble poder en este momento, ciertamente.</strong></p>



<p>En primer lugar, el rechazo de la representación elegida. En mayo de 1989 tuvieron lugar elecciones municipales donde hubo fraude. Yo misma formé parte del comité electoral de Bernau. El resultado transmitido por nosotros se realizó correctamente, pero cuando pasó a instancias superiores desapareció de forma repentina. Por eso teníamos poca confianza en las representaciones electas.</p>



<p>Las mesas redondas brindaban una posibilidad para que los nuevos actores políticos, por ejemplo, los Verdes, los movimientos cívicos, el movimiento de mujeres, pudieran exponer realmente su opinión, pero ellos fueron excluidos en las representaciones electas.</p>



<p>Las mesas redondas existían de forma paralela y tenían la intención de estructurar a la democracia de forma diferente, mucho más abierta. Sin embargo, las decisiones adoptadas no tenían fuerza vinculante.</p>



<p>Si uno mira hoy los reportajes sobre este periodo, en mi opinión este aspecto se analiza de forma demasiado tenue: en realidad habíamos muchos que queríamos transformar la República Democrática Alemana desde adentro. El tiempo fue demasiado corto y por supuesto, la RFA que ya perfilaba su proyecto, no quiso nunca que se desarrollara exitosamente una experiencia de democracia distinta a la de Occidente.</p>



<p><strong>El movimiento democratizador existió en el campo soviético en general, hubo alzamientos pro democratización en 1953 en la RDA, en 1956 en Hungría, la primavera de Praga en 1968. ¿En la RDA, existían aspiraciones y posibilidades objetivas de reformar el socialismo desde adentro hacia afuera?</strong></p>



<p>Esta es una historia difícil. Desde mediados de la década de 1970, un poco en relación con el proceso de Helsinki, ciertamente hubo una apertura de la sociedad. Sin embargo, no hubo un movimiento en la RDA que se planteara como fin cambiar esa sociedad. Había discusiones a pequeña escala, en nichos. Los artistas habían creado sus propios círculos de discusión, inclusive llegando a incidir en el partido (el PSUA). Pero rápidamente se los acusaba de favorecer a los opositores.</p>



<p>Esto sucedió con mi trabajo de tesis. Dos años antes terminarlo tuve que defender una especie de trabajo preliminar. Tanto a mí como a mi tutor se nos reprochó haber caído en la trampa del enemigo. Mi tutor fue enviado “a la producción”. Fue excluido de la institución científica y enviado a una dirección de distrito del partido; por suerte en Bernau, por lo cual pudimos continuar trabajando juntos. Pero él no siguió siendo mi tutor, me asignaron uno nuevo.</p>



<p>Era perceptible – y muchos lo manifestaban-, que no se podía seguir así, que eso iba hacia un estallido, sólo faltaba alguien que lo iniciara. Y seguramente podría haber sido un derrotero diferente si hubiese emergido una figura con autoridad suficiente -como Gorbachov en la URSS-, que diga “okay, entendimos, ahora encontremos juntos el camino”.</p>



<p><strong>¿Cómo se está discutiendo toda esta época hoy en día, dentro de la izquierda alemana?</strong></p>



<p>En la Fundación Rosa Luxemburgo uno de los mensajes que recogemos de ese período es precisamente que otra sociedad es posible. Miramos en retrospectiva, 30 años después, y nos preguntamos cuáles fueron las ideas fuerza que exigían un cambio. ¿Por qué estaba la gente de repente tan interesada? ¿Por qué salieron miles de personas a la calle, participando en los eventos de discusión? ¿Por qué participaron tantas personas y luego se fueron rápidamente? La demanda social de cambios no fue resultado de los mensajes de las emisoras occidentales, esto ya estaba en la sociedad, había un estado de ebullición, y luego una válvula que condujo a una politización real, que luego lamentablemente colapsó de forma muy rápida.</p>



<p>Lo interesante es que recién ahora 30 años después, cada vez más jóvenes se organizan. Dicen: “Esto lo conocimos a través de nuestros padres, de nuestros abuelos y ahora queremos saber más sobre lo que sucedió entonces. ¿Por qué fracasó esta sociedad, por qué fracasó el socialismo en la RDA, por qué no fue posible construir otra sociedad, qué ideas tenían, y qué se planteaban?”</p>



<p><strong>El movimiento feminista en occidente está entrando en su cuarta ola, sin embargo, se sabe relativamente poco sobre el feminismo en la esfera de influencia soviética. Alexandra Kollontai y otras feministas históricas, por supuesto, se leen todavía hoy con entusiasmo en los movimientos sociales, tal vez aún más en América Latina que en Alemania, pero, ¿qué es lo que realmente sucedió en las décadas anteriores a la caída del muro, qué tipo de movimiento “feminista” emancipatorio había en la RDA, en el Bloque del Este?</strong></p>



<p>Esta es realmente una historia fascinante. He publicado un libro sobre las mujeres de la RDA titulado “Emancipada y fuerte”, donde presentamos cómo se desarrolló la igualdad de género, el papel de la mujer en la RDA, las condiciones y marcos legales y cómo las mujeres vivieron esta experiencia por sí mismas.</p>



<p>Yo siempre digo que no soy feminista. Entonces todos me dicen, ¿quién es feminista si tú no lo eres? Nosotros crecimos de manera diferente, fuimos socializados de otra forma.</p>



<p>En 1949, con la fundación de la RDA, la primera constitución incluyó la igualdad de las mujeres, la obligatoriedad de igual salario por igual trabajo, el reconocimiento de la maternidad y otras cosas más. Esto fue parte de la idea fundacional de la RDA, la igualdad entre el hombre y la mujer. Bajo esos términos crecimos. Era normal que la mujer saliera a trabajar y decidiera por sí misma. Y por supuesto, era obvio que la mujer pudiera decidir sobre su cuerpo, ya sea si quería tener un hijo o no. En 1972 en la RDA se legalizó el aborto y se abolió cualquier responsabilidad penal. En la RFA post-reunificación hasta la fecha el aborto es delito. Incluso si los médicos -y esto es realmente bastante enfermizo-, informan públicamente a través de internet sobre formas de abortar, pueden ser castigados.</p>



<p>Nunca imaginamos que eventualmente estos derechos dejaran de tener vigencia. Los movimientos de mujeres de occidente nos preguntan por qué no luchamos por mantenerlos. La respuesta es que no existía en la RDA un movimiento de mujeres como tal. Para nosotras, las mujeres de la RDA, todo esto era obvio.</p>



<p>Con la reunificación, es un hecho, las mujeres fueron las primeras en ser despedidas de las fábricas, las primeras en perder sus empleos y tuvieron que luchar para mantener a sus familias a flote.</p>



<p><strong>Con todo lo que estás contando, las primeras que sufrieron el deterioro de su calidad de vida fueron claramente las mujeres.</strong></p>



<p>Si, claramente. En ese momento se privatizaron las empresas del Estado, la propiedad social. Si continuaban con la producción, en primer lugar, restructuraban las empresas. Frecuentemente los departamentos de investigación y de desarrollo fueron los primeros en ser eliminados, en ellos trabajaban muchas mujeres, así como también en todo el sector de servicios, en la administración, la contabilidad, etc. Todas esas secciones no eran más consideradas necesarias, y entonces las primeras que perdían su trabajo eran las mujeres.</p>



<p><strong>Justamente… ¿cómo fue esa experiencia con el&nbsp;<em>Treuhandanstalt</em>, el organismo más importante de le reestructuración de la economía?</strong></p>



<p>Llevó a cabo la privatización de las empresas estatales. Nada indicaba que estas empresas fueran menos “viables” que las compañías de Alemania Occidental. Sin embargo, el proceso permitió que capitales de occidente aprendieran de la estructura y organización de las industrias, sacaran las maquinarias, se apoderaran de las patentes, etc. y luego provocaran, por así decirlo, el colapso de las empresas en el Este.</p>



<p>Teníamos una fábrica de potasa y de sal en Turingia que, si bien era competitiva, le hacía competencia a otra fábrica de potasa y sal al otro lado de la frontera. El fideicomiso hizo todo lo posible para que esta fábrica no siguiera produciendo. Y en el lugar no se encontraba sólo la fábrica, sino que allí había una casa de la cultura, una policlínica, que dejaron de funcionar el 24 de diciembre de 1993.</p>



<p>Los trabajadores hicieron una huelga de hambre, hubo muchas manifestaciones y piquetes. Había solidaridad en el Este, pero ningún apoyo por parte de los sindicatos bajo el control de Occidente. Por el contrario, ellos presionaron directamente a favor del cierre de la fábrica. Se trataba de miles de empleados.</p>



<p><strong>Cuando estuvo claro que avanzaría la unificación, económica y políticamente, ¿cómo se prepararon los reformistas en el partido para garantizar los derechos de las mujeres, pero también otros?</strong></p>



<p>Fue arrollador. Desde marzo hasta octubre de 1990 funcionó aún un Parlamento en la RDA, allí yo era legisladora. Todavía tratamos allí dictar leyes de forma extrapartidaria. Por ejemplo, la ley del aborto jugó un papel importante y nosotros queríamos que se incluyera, y propusimos nuevo código laboral garante de los derechos de la clase trabajadora, que habíamos elaborado más allá de toda ideología. También un código penal, la ley para la licencia por maternidad, es decir, durante este medio año intentamos hacer una serie de leyes, que nos queríamos llevar a esta nueva Alemania.</p>



<p>Pero la forma de integración de las dos Alemanias fue el uso de un artículo de Ley Fundamental de la República Federal que habilita que otros territorios se adhieran a su área de acción. Esto sucedió en Sarre (Saarland), y luego sucedió algo similar con la RDA, lo cual significó la imposición de todas las leyes y regulaciones de occidente.</p>



<p><strong>Esa fue entonces la toma de posesión…</strong></p>



<p>Sí, claro. Fue la política hostil de integración. De hecho, se celebró un Tratado de Unificación donde se puntualizaron los temas que pasarían a la nueva legislatura conjunta con la solicitud de ser tratados, como la ley de pensiones, la ley sobre el aborto. Pero en el nuevo Parlamento alemán había muchos más parlamentarios occidentales. Y si bien existía algo así como un derecho de veto de los estados de Alemania Oriental, nunca fue utilizado porque hubiera requerido que todos los estados federados se pusieran de acuerdo.</p>



<p>El hecho es que la forma en que la RFA absorbió a la RDA tiene efectos hasta la actualidad. En la RDA había un sistema de pensiones especialmente favorable para las mujeres, por ejemplo, las esposas que trabajaban en negocios artesanales. Ellas podían acumular puntos para la jubilación, hacer aportes jubilatorios y luego tener derecho de pensión independiente. Sin embargo, esto no se incorporó a la ley de pensiones de la RFA. También se eliminaron las regulaciones especiales para los trabajadores ferroviarios, los maestros, etc. quienes serían los trabajadores públicos, todos elementos que hubieran resultado en un mejor sistema de pensiones más justo en la RFA. Nada de esto fue adoptado.</p>



<p><strong>Sabemos que hoy en día una parte de la clase trabajadora apoya ahora a la AfD [Alternativa para Alemania, ultraderecha populista], ¿qué papel jugaron ideológicamente las promesas de la sociedad de consumo que fueron acompañadas por una reducción de los derechos, qué pasó con las trabajadoras y los trabajadores?</strong></p>



<p>En primer lugar, esta orientación hacia el consumo y la imposición del marco alemán occidental como moneda, jugaron un papel importante. El primero de julio de 1990 se llevó a cabo una unión monetaria, que planteó la equivalencia de 1 marco occidental a 2 marcos de la RDA. Esto provocó una devaluación de los ahorros y al mismo tiempo el acceso al medio de consumo masivo de bienes de occidente.</p>



<p>Esa noche todas las tiendas estaban desabastecidas, las estanterías vacías, y por la mañana del 1 de julio, todos los negocios amanecieron repletos de mercadería de occidente. Todo colorido, con mucha variedad, había de todo. Eso, por supuesto, tuvo el poder de corromper. En algún momento, si bien desafortunadamente muy tarde, muchos comenzaron a preguntarse ¿si ahora compramos el producto occidental, los productos que nosotros producimos, no se van a comprar más?</p>



<p>A nadie le interesaba la resistencia de los trabajadores del Este, podrían salir a la calle todo lo que quisieran. La política no existía para ellos. Hay muchas personas que no se pudieron recuperar hasta ahora, han estado desempleados durante mucho tiempo, reciben asistencia social o asistencia por desempleo, sin haber podido insertarse en la economía capitalista del occidente. Además, en el aspecto macroeconómico se afectaron directamente los ingresos fiscales en los Länder (municipios) y, por lo tanto, las infraestructuras colapsaron, los autobuses, las escuelas, las guarderías, etc.</p>



<p>¿Cuál es el balance de esa experiencia? Puedo tener marcos occidentales, pero en realidad no los puedo tener porque perdí mi trabajo. Para nosotros era natural tener un trabajo, en la RDA no había desempleados. Cada vez más, especialmente en el este, caen en la pobreza más personas mayores, dado que en estos años no realizaron aportes para su jubilación, y especialmente las mujeres, quienes fueron las primeras en ser desplazadas del mundo del trabajo.</p>



<p>Hasta el día de hoy existe una clara diferencia entre oriente y occidente respecto del desarrollo económico, la evolución salarial y el acceso a las jubilaciones. Realmente están en desventaja. La frustración y la resignación es una de las razones por las cuales la clase trabajadora elige a la derecha. Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo del este, sino también en el oeste. Si se observa Europa, se encuentra en todas partes una tendencia hacia la derecha.</p>



<p>Por último, también está la cuestión del desarrollo de la democracia y el rechazo a la política. Se dejaron pasar varias oportunidades en los últimos años y las fuerzas de derecha se aprovecharon de la situación. Los partidos tradicionales, las formas tradicionales de democracia, los parlamentos y el parlamentarismo son cada vez más rechazados.</p>



<p><strong>Son 30 años también de trabajo ideológico “de los ganadores”, para borrar todo aquello que fue importante de la experiencia socialista. ¿Que quedó en el imaginario de la sociedad alemana de esa experiencia? ¿Cuáles serían las conclusiones que sacamos de esa experiencia en una perspectiva de socialismo democrático?</strong></p>



<p>Creo que hoy es más fácil, con la distancia de los años, hablar sobre las causas del fracaso del socialismo real. Hoy no lo discutimos como un fracaso de las trayectorias de vida, de la propia biografía -lo que entonces nos llevaba a tomar una posición defensiva-, sino que estamos en posibilidad de verdaderamente profundizar el tema, reconocer errores y analizar las causas estructurales.</p>



<p>Hoy es más fácil afirmar que este capitalismo no representa el fin de la historia. Que tiene que haber algo después de esto, y es más fácil hablar específicamente sobre las alternativas. El movimiento global por la justicia climática ha contribuido planteando que para que se produzca algún cambio, necesitamos una economía diferente. Necesitamos otras formas de propiedad, otras formas de democracia.</p>



<p>Hoy es ineludible preocuparse por el futuro de nuestra tierra y al mismo tiempo preguntarnos cuáles son las razones por las cuales se están consumiendo todos los recursos, por qué se está destruyendo el planeta poco a poco. Esto se relaciona con los intereses lucrativos del capitalismo, con el hecho de que los gobernantes de este mundo defienden ante todo los intereses del capital.</p>



<p>Es por eso que&nbsp;<em>Fridays for Future o Jóvenes por el Clima</em>&nbsp;toman como lema “Cambio de sistema, no cambio climático”. Estamos ante la oportunidad para una profunda discusión y en ello nos encontramos. Tengo cierto optimismo, la esperanza de que ahora podamos tomar esta discusión e impulsarla a nivel mundial.</p>



<p>Como izquierda tenemos una gran responsabilidad. Durante mucho tiempo señalamos que la cuestión social debía estar vinculada a la cuestión ecológica, que la cuestión climática es un problema social, de eso nos damos cuenta cuando miramos más allá de nuestras fronteras. Aquellos que no tienen la menor responsabilidad de que el mundo se encuentra en peligro, son expuestos más que nadie a la desaparición de sus medios de subsistencia, como los habitantes de algunas islas en el Pacífico.</p>



<p><em>(*) Fundación Rosa Luxemburgo. Traducción: Cecilia Gettner</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/dagmar-enkelmann-la-igualdad-entre-el-hombre-y-la-mujer-fue-parte-de-la-idea-fundacional-de-la-rd/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Un muro nunca es solo un muro</title>
		<link>https://marcha.org.ar/un-muro-nunca-es-solo-un-muro/</link>
		
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2019 15:18:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[A 30 años de la caída del muro, una reflexión que analiza el significado de este y otros muros.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>A 30 años de la caída del muro, compartimos una reflexión que analiza el significado de este y otros muros, la vida en el Socialismo Real y los impactos de límites visibles e invisibles en vida cotidiana, lo que se ganó y lo que se perdió con la caída del muro y los desafíos que vinieron después.</em></p>
<p><strong>Kathrin Buhl (*)</strong></p>
<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>Kathrin Buhl nació el 8 de noviembre de 1961 en Berlín y falleció en diciembre de 2012 en San Pablo. Fue Directora Regional para el Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo. Quienes trabajaron con ella destacan su compromiso permanente con las luchas, su coherencia en el respeto a la diversidad de miradas y posiciones, su disposición al intercambio de experiencias y concepciones, su manera de activar en la cooperación internacional con humildad y gran capacidad de escucha, involucrándose activamente en los procesos. En especial, valoraron su manera revolucionaria de dudar de las certezas dogmáticas; la radicalidad en la crítica al capitalismo, al patriarcado, al racismo; su rechazo a la burocracia y a las jerarquías verticalistas; y su búsqueda de experiencias sociales más justas que cuiden la vida que nos rodea y de la que somos parte.</em></p>
</blockquote>
<p>Lo que yo les puedo contar es mi versión de la caída del Muro de Berlín. De cualquier manera, es una versión personal. Las historias se cuentan siempre desde un lugar personal, yo dudo incluso de que exista algo como una “historia oficial”.</p>
<p>Cuando nací, el Muro ya existía, lo quiere decir que no lo cuestionaba tanto, simplemente, porque ya existía. Yo provengo de una familia sin parientes en la otra parte de Alemania, así que tampoco cuando era niña me molestaba tanto esa división. El muro no tenía una influencia tan clara en mi vida cotidiana. Además, me parecía que después de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, todo el mundo prefería dos Alemanias, un poco más chiquitas y un poco menos poderosas.</p>
<p>¿Cómo era eso de vivir detrás de un muro? Por un lado, era una situación normal, yo por lo menos no conocía otra cosa. Por otro lado, tampoco fue una isla sin salida alguna, siempre existió esa salida hacia Europa Oriental. El muro no tenía puertas, pero sí tenía ventanas. En Alemania Oriental, la otra Alemana siempre estuvo presente, a través de la televisión y de la radio. O sea, cualquier tipo de información tenía dos versiones, por lo menos. A veces, tres o cuatro, pero principalmente, y en una época de Guerra Fría, tenía dos. Lo que significó, también, dudar un poco de que exista una verdad absoluta.</p>
<p>Otro tipo de apertura tenía que ver con una puerta, pero más bien hacia adentro: fue la solidaridad real que existió en la República Democrática Alemana (RDA). Se mostraba, por ejemplo, con la llegada de exiliados y exiliadas, de inmigrantes políticos, chilenos, uruguayos, más tarde de compañeros y compañeras nicaragüenses y salvadoreños, que recibieron tratamiento médico en la RDA. Esto permitía ver la propia realidad con ojos ajenos, extraños. Eran miradas que despertaban discusiones, debates, dudas. Alemania del Este no fue un mundo simplemente cerrado, incluso en una época sin internet, sin correo electrónico, con un sistema de seguridad nacional que controlaba las cartas y muchas otras cosas.</p>
<p>Otra experiencia en ese país que ya no existe, fue que aprendimos muy rápidamente a leer o a escuchar entre líneas. La importancia de la cultura, de la literatura, las películas o el teatro en el Socialismo Real, tenía mucho que ver con que eso representaba, de alguna forma, un tipo de válvula de escape. Muchas veces se interpretaban cosas que no habían sido pensadas por los autores y las autoras tan duramente, como crítica o como propuesta de un socialismo mejor.</p>
<p>En realidad, con la caída del Muro perdimos mucho, y ganamos algunas cosas. Puede que haya sido una sorpresa la forma en que desapareció todo un sistema social y la velocidad con que acontecieron los hechos. Pero la derrota del Socialismo Real como tal, no fue una sorpresa. La mayoría de la gente no dudaba del propósito o la idea de una nueva sociedad en sí, pero se sabía que el socialismo real que vivíamos, no era una alternativa real ni viable. No lo era desde el punto de vista de un sistema democrático con una participación real, porque no existía un debate abierto o una participación independiente del aparato estatal. Tampoco lo era con respecto al sistema económico. Sobre todo porque, por un lado, sí se hizo un intento de socializar, estatizar los medios de producción, pero eso no incluyó búsquedas reales de una alternativa al modelo de desarrollo. Un modelo de desarrollo que no partiera del crecimiento económico a toda costa, especialmente a costa del medioambiente. Los problemas ecológicos que provocó ese modelo de producción fueron un desastre. Si miramos bien, las formas de organización del trabajo colectivo tampoco se diferenciaban mucho de las de una empresa en el sistema capitalista. Lo que sí existía, fue una seguridad social muy clara: el acceso a la educación independientemente de la procedencia familiar o de de las respectivas posibilidades económicas; un sistema de salud y un sistema de transporte público que funcionó, que era barato y eficiente y que evitaba toda esta locura de la movilización basada en el transporte automovilístico.</p>
<p>¿Qué perdimos con la caída del muro? Para mí, lo más importante que perdimos fue un sueño. Probablemente eso tampoco es válido para toda la gente de Alemania Oriental. Nuestra idea, en aquellos tiempos de cambio, fue construir una sociedad más democrática, ver cuáles pudieran ser las formas de conciliar las necesidades económicas y las necesidades medioambientales. Ver cómo se puede organizar una sociedad que también ofrezca autonomía e iniciativa propia, sin criticarla siempre y sin considerarla un peligro para el sistema. Este momento, este instante histórico, empezó más o menos en junio o julio del 1989 y tuvo su punto culminante en una manifestación enorme de medio millón de personas en Berlín el 4 de noviembre. Fue ahí cuando pareció posible el sueño, decirnos: “Sí, nosotros podemos inventar, construir otra cosa que no sea este Socialismo Real, autoritario, ni este Sistema Capitalista, consumista, conservador, que tampoco resuelve los problemas.” Con la caída del muro el 9 de noviembre, se desvaneció esa esperanza. Acabó todo el movimiento popular, que había sido en algún momento un movimiento muy confiable, un movimiento con mucha alegría y con mucho humor. Todos ustedes saben que los alemanes y las alemanas no somos famosos por tener un humor espléndido, pero en este momento sí aparecieron rasgos de humor, de crítica, también de amargura, pero en primer lugar un optimismo y una voluntad de cambiar las cosas. Con la caída del muro, con la apertura al “paraíso de las mercancías”, al sistema capitalista, eso acabó. Esa alegría se convirtió, de alguna manera, en un tipo de nacionalismo que para mí, personalmente, fue una experiencia muy fuerte y muy fea. La consigna fuerte hasta ese entonces: “Nosotros somos el pueblo”, en el sentido de que somos el pueblo soberano, de que nos toca a nosotros tomar decisiones y no simplemente aceptar lo que otros decidan para “nuestro bien”, hablaba de optimismo, de la voluntad de construir algo nuevo. Después de la caída del muro, la consigna se convirtió en “nosotros somos un pueblo único”, que dio lugar a un nacionalismo que, a su vez, muy rápidamente trajo consigo el racismo, una xenofobia brutal que para algunas personas fue letal. La sociedad se metió para adentro, ocupándose casi exclusivamente de asuntos propios, canalizó agresiones y resultó mucho menos solidaria de lo que nosotros nos imaginábamos que pudiera ser posible en el futuro.</p>
<p>Finalmente, también perdimos la seguridad social. Mucha gente perdió su empleo y, lo que quizá es peor todavía, perdió su historia, su biografía ya no valía nada. Las personas de Alemania del este fueron discriminadas de una manera socio-cultural o psico-cultural, lo cual tiene un impacto hasta el día de hoy. Por otro lado, ganamos autonomía. En condiciones difíciles porque, si hablo de ganar autonomía, puedo hablar de mí que sí tenía posibilidades de participación política en las mesas redondas, en organizaciones civiles que surgieron de repente como las flores en la primavera. Pero también estaba aquel conductor de camiones en una aldea remota que simplemente perdió su trabajo y no quedó ni con mucha autonomía, ni mucho menos con la posibilidad de reorganizarse. O sea, algunos sí ganamos esa autonomía, pero muchos otros también perdieron opciones de realizarse. Estábamos acostumbrados a que el Estado resolviera nuestros problemas y nos garantizara las condiciones básicas de vida, también perdimos eso. Por supuesto, no acabó completamente. En comparación con la situación en América Latina, hasta hoy el sistema de seguridad social en Alemania funciona bastante bien, o sea, no es que haya hambre, o el acceso a un tratamiento médico o a la educación completamente vedado. Pero cada vez más, se muestra la exclusión social de los que tienen que vivir del mínimo.</p>
<p>Al mismo tiempo, después de la caída del muro, se instauró el discurso del Fin de la Historia. Fue la época de la victoria del Neoliberalismo: en lo económico, en lo social. Quizás lo peor fue la victoria socio-cultural, o sea, la victoria del discurso neoliberal de la responsabilidad individual: “sálvese quien pueda”, “cada quien es responsable de su destino” y si no logra adaptarse, si no logra “vencer”, ganarse la vida, es un fracaso personal y no un problema estructural de la sociedad. Eso tuvo un impacto en la izquierda. La ex RDA, en comparación con otros países del Socialismo Real es, de alguna manera, es una excepción, ya que la izquierda partidaria como también una parte de la sociedad civil nunca desaparecieron. Pero si miramos a Polonia, a Estonia, a buena parte de la ex Unión Soviética, al ex campo socialista, tenemos que reconocer que una izquierda en ese sentido ya no existe.</p>
<p>Otro resultado interesante es el hecho de que en algún momento, a principios del nuevo siglo, dentro de la izquierda, el eurocentrismo tradicional, también llegó a su fin, porque la nueva esperanza ya no eran los países ex socialistas, sino obviamente lo que aconteció y está ocurriendo, en América Latina. Eso cambió un poco los discursos, pues cambió la discusión teórica sobre lo que podemos hacer después del “Fin de la Historia”, ya que no creemos en este fin de la historia. Experiencias como la de los zapatistas, experiencias de los pueblos originarios, conceptos como el de “buen vivir” entran en un debate de la izquierda internacional en la búsqueda de alternativas reales, posibles, pero que también se diferencien muy claramente de lo que en algún momento histórico fue entendido o percibido como una alternativa posible. Los gobiernos progresistas son una experiencia un poco ambigua, porque muchas críticas que nosotros tenemos o analizamos del Socialismo Real, también se repiten de una u otra forma con estos gobiernos.</p>
<p>Una cierta falta de participación, un cierto alejamiento de los gobiernos con respecto a su base, la necesidad de administrar el capitalismo de una forma que no parece llevar a un modelo radicalmente alternativo, aunque sea mejor que los gobiernos de derecha. Así que analizar las experiencias del Socialismo Real quizás nos pueda ayudar a analizar los caminos que se están dando en otras partes del mundo. Somos nosotros, los y las europeas, las que estamos aprendiendo de eso, y creo que eso es importante.</p>
<p>En 1989, había caído un muro y habían caído muchas mentiras. Habían desaparecido muchas ilusiones, lo cual es duro, lo cual puede ser amargo. Hay muchas personas que habían vivido, habían luchado por otra alternativa, que habían creído que este Estado socialista, que la RDA, era esa alternativa, y para ellas fue difícil, y a veces imposible, analizar y aceptar la derrota. Por otro lado, la desilusión nos da la libertad de buscar algo mejor.</p>
<p>Al mismo tiempo, seguimos viviendo con muchos muros. Algunos son materiales, muros visibles como el muro entre Israel y Palestina, muros en México, muros en las fronteras exteriores de la Unión Europea, muros también entre las favelas y los barrios más ricos como en Río de Janeiro. Muros en urbanizaciones, cerrando barrios en muchas partes en el mundo. Continuamos viviendo con esos muros, pero quizás todavía más difíciles son los muros invisibles, los que no se ven pero que se reconocen, casi instintivamente. Los muros sociales de las “zonas de riesgo” con un nivel de criminalización más alto, el aislamiento y el peligro para quienes son diferentes, sea por el color de piel, por la orientación política, por la orientación sexual o cualquier aspecto que marque lo “diferente”. Muros invisibles son fronteras que no permiten acceder a las necesidades básicas de la vida: educación, cuidado, atención médica, vivienda digna, y otro montón de cosas.</p>
<p>Y, claro, tampoco nos debemos olvidar de otro tipo de muros invisibles: los muros en las cabezas que nos impiden tantas veces unirnos, dialogar, entender la diferencia, aceptar la diversidad. Tenemos muchos desafíos. Uno de mis primeros encuentros con la cultura latinoamericana, con la música latinoamericana, fue “A desalambrar” de Daniel Viglietti. Me estaba preguntando si existe alguna palabra que se pueda aplicar a esos muros, y no sé si “desamurar” podría servir, suena medio feo, pero probablemente ustedes tengan alguna idea mejor que yo. Derribar esos muros—los visibles y los invisibles—es ya un desafío en sí mismo. Y lo que es un desafío todavía mayor, es identificar qué construimos. Claramente, no vamos a construir muros, pero alguna cosa tenemos que construir para evitar esos muros, y entrar en una discusión sobre cómo y donde empezar a caminar. Esto me parece un desafío interesante.</p>
<p><em>(*) Intervención en el marco de “Contramuros”, una campaña de información y reflexión organizada por la Casa Bertolt Brecht a 20 años de la caída del muro de Berlín, que fue inaugurada en Montevideo en el año 2009.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/un-muro-nunca-es-solo-un-muro/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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