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	<title>Raúl Gerónimo Fernández &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>Osvaldo Bayer y un amor a primera vista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Feb 2017 11:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
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		<category><![CDATA[Luciana Mignoli]]></category>
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		<category><![CDATA[Raúl Gerónimo Fernández]]></category>
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					<description><![CDATA[El historiador, escritor y periodista cumple 90 años con merecidos festejos y homenajes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/luciana-mignoli/">Luciana Mignoli</a></span> | Foto Gustavo Gzain</strong></p>
<p><em>El historiador, escritor y periodista cumple 90 años con merecidos festejos y homenajes. Pero gran parte de su intensa actividad se la debemos a una persona que lo cuida, lo sostiene y lo acompaña desde hace tres décadas. Y hasta hoy, permaneció en el anonimato.</em></p>
<p>Las redes se van a inundar de fotos de Osvaldo Bayer. Y los medios van a llenar páginas con su historia. No es para menos, cumple 90 años de dignidad. Pero poco o nada dirán de la persona, que desde el más profundo amor y respeto, lo acompañó durante estas últimas tres décadas en sus periódicas estadías por estas tierras.</p>
<p>Porque si pudimos disfrutar de Osvaldo en cuanta jornada, charla, evento y marcha se lo invitara, es en gran medida gracias a él. A su amigo inseparable. Quien le sostiene el brazo al caminar. Quien le acerca el vaso de agua y la silla. Quien lo acompañó en auto, micro y avión a participar en luchas por todo el territorio nacional.</p>
<p>Se llama Raúl Gerónimo Fernández pero le dicen &#8220;El Negro&#8221; o “El Indio”, por sus rasgos curtidos al sol de su Salta natal. Y es músico, poeta, militante de derechos humanos y un gran compositor.</p>
<p>Se conocen hace 30 años. El Negro le había pedido a él y a Eduardo Galeano que le prologaran “Te contamos de nosotros”, un libro en el que niños y niñas del noroeste rescatan y escriben cuentos y leyendas de la zona. Un proyecto que se proponía resistir al borramiento de la historia originaria que fuerzan los manuales escolares. Y así se conocieron. Y esas luchas compartidas los enlazaron para siempre.</p>
<p>“Fue un amor a primera vista”, reconoce Raúl.</p>
<p>Osvaldo había vuelto de su exilio en Alemania, pero su familia prefirió quedarse allá. Con lo cual, vivió intermitentemente algunos meses en Buenos Aires y otros en Linz am Rhein. Y en sus estadías en Argentina, Osvaldo y Raúl empezaron a caminar juntos en cuanta lucha los convocara.</p>
<p>“Me acuerdo de un jueves que estábamos en Plaza de Mayo. Recién había terminado la ronda de las Madres. Y me dijo que quería ir a hacer un escupitajo al monumento Roca todos los jueves. Yo le dije que tenía una bocina y que me parecía mejor dar charlas. Y así fue que empezamos el largo camino contra Roca… Y fuimos viendo cómo se empezaban a cambiar el nombre de las calles, avenidas y escuelas. Y nosotros íbamos juntos a cada acto con mucha alegría. Yo digo que era la piedra en el estanque, porque no sabe hasta dónde va a llegar la oleada”, rememora.</p>
<p>Raúl lo acompaña a turnos médicos, lo llama los 365 días del año para ver si necesita algo y, cuando puede y sin que lo vea, le echa un chorrito de agua a su copa de vino para que no se maree. Aunque sabe que &#8220;si el viejo se entera, ¡me mata!&#8221;.</p>
<p>Raúl fue quien lo abrazó fuerte cuando Osvaldo se enteró que Marlies Joos, su esposa, había muerto en Alemania; y fue con quien compartió esas largas tardes y noches de Tugurio (el nombre que Osvaldo Soriano le puso a la casa de Bayer) leyendo poesías y componiendo música.</p>
<p>“Nos podemos pasar toda la noche hablando de Kant, Goethe, Hölderlin, Schiller. Y él empezaba a recitarme en alemán. Y a mí se me ponía la piel de gallina. Y entonces yo le pedía que me lo recitara en español. Y la emoción era la misma. En Osvaldo, las palabras tienen un sentido y una música, que te traspasa”.</p>
<p>Y él lo acompaña y lo protege, transcendiendo las imposiciones que indican que las tareas de cuidado son “cosa de mujeres”. Para Raúl, cuidar no es una tarea menor y mucho menos debería ser una cuestión que tenga género. O sí, “El Indio” está convencido que cuidar “es una tarea noble y digna que es propia del género humano”.</p>
<p>Pocas veces vi a dos hombres amarse así, tan genuinamente. A Osvaldo le llegaron muchos y muy reconocidos homenaje por su trayectoria y coherencia. Y este es mi forma de hacer pública mi admiración por la silenciosa tarea de Raúl, un hombre comprometido, leal y luminoso.</p>
<p>&#8211; Osvaldo, si vos te morís no te van a querer en ningún lado.<br />
&#8211; ¿Cómo es eso?<br />
&#8211; Mirá, para el cielo sos un hereje. Un anarquista que defendía a las putas, a los obreros&#8230; No te van a querer ahí porque los vas a convencer que Dios no existe.<br />
&#8211; ¿Y en el infierno?, pregunta pensativo.<br />
&#8211; Menos que menos. El diablo va a decir: &#8216;Este enseguida habla con los diablitos sobre la opresión y la rebeldía, los proletariza y me organizan un levantamiento en cinco minutos&#8217;.<br />
Osvaldo estalla de risa y retruca: &#8211; ¿Entonces qué hago cuando muera?<br />
&#8211; Y, vamos a ir saltando de nube en nube, charlando con cuanta gente nos encontremos, como hicimos siempre.<br />
&#8211; ¿Y vos me vas a acompañar?<br />
&#8211; Claro amigo. Nunca te voy a dejar solo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/osvaldo-bayer-y-un-amor-primera-vista/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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