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	<title>Racing Club &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Racing Club &#8211; Marcha</title>
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		<title>Multitud de abrazos: recuerdos del último clásico de Avellaneda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Apr 2020 10:15:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[En momentos de aislamiento, las multitudes son más que un recuerdo, son una necesidad. Aquí un repaso del último Clásico de Avellaneda, el mejor de la historia. Por Agustín Bontempo / Foto Nacho Yuchark Ser hincha de Racing es un privilegio cuando uno se sienta a escribir sobre multitudes. Y no hablo de la chicana [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>En momentos de aislamiento, las multitudes son más que un recuerdo, son una necesidad. Aquí un repaso del último Clásico de Avellaneda, el mejor de la historia.</em></p>



<p><strong>Por Agustín Bontempo</strong> / <strong>Foto Nacho Yuchark</strong></p>



<p>Ser hincha de Racing es un privilegio cuando uno se sienta a escribir sobre multitudes. Y no hablo de la chicana irracional de más gente o “más aguante”, sino de una constatación empírica de un club que fue el primer campeón del mundo, pero también el de la sequía de 35 años sin títulos locales. Años en los que se forjó la cultura de la pasión por sobre la razón. “Esta campaña volveremos a estar contigo”. En las buenas, “y en las malas mucho más”. Canciones de cabecera para las y los hinchas sedientos de títulos pero llenos de amor inclaudicable.</p>



<p>Siempre recuerdo cuando la sucesión de delincuentes al frente del club lo quebraron y lo pusieron al borde de su desaparición. Recuerdo una canción de los rivales: “la hinchada de Racing no tiene carnet, tiene recibo de sueldo cuando llega fin de mes”. Cómo me enojaba. Y, posteriormente, la razón en alianza con la pasión nos devolvía el orgullo. Racing no quebró ni fue gerenciado por decisión de las y los hinchas. Pero, ¿saben qué sí fue una decisión de la hinchada? Ocupar la sede social para evitar el remate. Llenar la cancha cuando estaba prohibido jugar, porque “Racing dejó de existir”. Y pusimos en pie al club y en 2001, con Merlo, otra vez campeón.</p>



<p>Pero esto mejora. Balnquiceleste S.A, que dirigía el procesado De Tomasso y el macrista Fernando Marín, llevaron nuevamente a la quiebra al club. Eso no lo hizo el hincha. ¿Saben qué sí hizo? Movilizar a miles todas las semanas, impulsar medidas en la puerta de la AFA, tribunales y el Congreso.</p>



<p>¿Vieron cuando se canta “si la nuestra es un hinchada diferente”? La gente de Racing enfrentó los embates del menemismo liberal y el sistema de privatización macrista en sus expresiones futboleras. Y esa gente apasionada, nosotros y nosotras, vencimos todas esas peleas y hoy tenemos el club que ya saben: el que gana campeonatos, juega todas las copas y al que no le pesa la historia de los clásicos porque los gana hasta con 9.</p>



<p><strong>El mejor clásico de todos los tiempos</strong></p>



<p>Una mala pasada personal fue el privilegio que tuve para formar parte de un selecto grupo que vivió el clásico con un plus y, para explicar esto, debo remontarme al 12 de diciembre de 2019. Ahí empezó mi Clásico de Avellaneda.</p>



<p>Me sitúo en esa fecha porque aquel jueves de casi verano pero en una noche muy fresca, &nbsp;disputaba, junto a mi equipo de amigos, la semifinal de un torneo de fútbol amateur. Estaba muy entusiasmado con llegar a esa instancia y jugábamos contra el último campeón, con quienes perdimos en la fase regular pero en el que había jugado uno de mis mejores partidos (en un torneo donde jugué mal la mayoría de ellos).</p>



<p>Íbamos ganando y cómodamente. Yo, volviendo a mi rutina de jugar muy mal. Y de repente, podía reivindicarme: recibo la pelota, gambeteo al último hombre, llego mano a mano con el arquero y ni bien punteo la pelota, recibo un empujón del defensor que me seguía y choco fuerte con el guardameta. Lo bueno, la pelota ingresó al arco en un gol épicamente palermiano. Lo malo, fractura expuesta de tibia y peroné. Sí, me salió el hueso afuera de la piel y el tobillo y el pie pedían independencia del resto de la pierna.</p>



<p>Viernes 13 de diciembre me operaron y salió muy bien. Sábado 14 de diciembre, en la noche solitaria de la internación, vi a Racing Campeón de la Superfinal del “Trofeo de Campeones”.</p>



<p>Este tipo de golpes demanda de recuperaciones largas, pacientes, sinuosas. Y en eso aún estoy. Aunque desde ya, no me voy a detener en detalles.</p>



<p>Y en ese contexto llegó el 9 de febrero de 2020. Clásico de Avellaneda. En los días previos estuve interactuando mucho con mis amigos y amigas de cancha sobre qué hacer. Cuando el campeonato se había reanimado unas semanas antes, me puse esa fecha como objetivo. Pero, de verdad, estaba asustado. Asustado porque días antes había superado una inoportuna infección en la pierna lesionada y porque hacía una semana había dejado las muletas definitivamente.</p>



<p>Amanecí con muchas ganas de ir, pero con el mismo nivel de dudas. Y, no les miento, me decidí tres o cuatro horas antes del partido. Mi entorno afirmaba que si no iba, me arrepentiría, y que ellos y ellas me cuidarían. Que harían un círculo para que yo estuviera en el medio. Así que juntamos coraje y después de dos meses de reposo y en el último tiempo de salir solo para trabajar y alguna que otra reunión o actividad, volvía a las multitudes, a la mejor de ellas.</p>



<p>Y ahí, lo de siempre: previa en las inmediaciones de la cancha, charlas, entusiasmo. Entramos al cilindro. Fuimos a nuestro lugar habitual dentro de la popular. Amigos y amigas, mis escudos por las dudas. Miré hacia mi costado y un muchacho tenía una muleta. Ahí lamenté no haber traído las mías, también por las dudas.</p>



<p>Empezó el partido. Racing jugaba mejor, atacando, complicando. Crecía la confianza. Cualquier hincha lo entiende: empieza un clásico y estructuramos nuestra convicción sobre la base del contagio desde el césped. Y venía todo bien, pero pasaron cosas. Cosas que auguraban una noche para el olvido y que, sin embargo, estructuraron la jornada más épica y soñada.</p>



<p>Cerca del final del primer tiempo el &nbsp;buen arquero de Racing, Arias, fue expulsado por una mano afuera del área y se aplicó el último recurso. Tuvo que salir un jugador para que entrara, en su lugar, el ícono de la noche: Javier García y sus joggins. Todo continuó igual y el primer tiempo terminó con la convicción de que se podía ganar.</p>



<p>Arrancó el segundo tiempo. Iban 50 segundos nomás cuando fue expulsado Sigali, el mejor marcador central del fútbol argentino para este cronista. Racing se quedaba con 9, en un clásico, de local. Se venía negativa la cosa. Y el partido tomó otra dinámica, donde en la tribuna empezamos a jugar el rol clave, como hacíamos cuando teníamos que derrotar al neoliberalismo y las privatizadas que querían entrar a nuestro club. Cantamos, cantamos y cantamos. Adentro de la cancha, García y sus joggins tapaban más que cualquier arquero en cualquier momento de la historia de cualquier club. Atajaba todo. La defensa se ordenaba, el Chelo Díaz comía banana y ordenaba el medio. Licha aguantaba y, cuando salió, lo hizo Cvitanich.</p>



<p>Y nosotros y nosotras alentábamos más fuerte. Logramos que los jugadores de nuestros hermanos del rojo erren mucho: pases afuera de la cancha, tiros desviados. También hacíamos que los nuestros corrieran más y sean más precisos que los de ellos.</p>



<p>Y sobre el final llegó el momento esperado. Promediando el segundo tiempo, un amigo nos dijo al grupo: “tranqui che, vamos a tener una”. 41 minutos, y ya parecía no haber oportunidades. Y fue Cvitanich a pelearse con los centrales de Independiente. Perdió y la pelota le quedó a Montoya que le pegó al montón y, gracias a un rebote y una pequeña mano sin intención, sirvió de frente nuevamente a Cvita que dio un pase atrás a Lolo Miranda (un ex rojo que allá conoció el infierno y acá el cielo), quien abrió las piernas para que el balón llegara a los pies del Chelo Díaz que, con una claridad propia de su jerarquía, definió tranquilamente con un pase a la red. Gol.</p>



<p>La tribuna fue una locura. Mis amigos y amigas medio que se olvidaron de mí y mi pierna quebrada, pero me salvó la multitud. Un desconocido de cuerpo robusto me miró, me abrazó y me levantó, y así me tuvo unos 10 segundos. Sí, un montón. Lagrimeamos un poco. De felicidad, y yo también porque me acordé de mi viejo, que falleció en 2013. Y recordé, también, el día glorioso que viví con él en 2008 cuando superamos la promoción. Él no vivió el descenso del Rojo ni estos años de buenos tiempos. Aunque sí estuvo en el mejor Racing de todos los tiempos y se hizo presente en la última batalla de la tempestad académica, victoria que abrió las grandes alamedas de hoy. Cada vez que pasa algo así como los campeonatos, la eliminación en la pre-libertadores a Independiente, el 3 a 1 que no fue lateral o este, el más épico de todos. No puedo obviar su recuerdo ni extrañar sus abrazos. &nbsp;Y entonces el hombre me bajó y mis amistades se percataron, por lo que me sumé a ese abrazo colectivo.</p>



<p>Cantamos los minutos que quedaban mientras Independiente empezaba a recibir expulsiones producto de su propia locura. Y de este lado, desbordaba la alegría. Terminó el partido y seguimos cantando. Nos fuimos de la cancha y seguimos cantando. Llegamos a nuestras casas y seguimos cantando. Y todo el mundo me repetía: “menos mal que fuiste, porque te ibas a arrepentir”. Y sí, fui, y la alegría fue infinita. Y me sentí parte de esos cantos y esa hinchada que, una vez más, no se dio por vencida. Porque, en definitiva, si la luchamos en los 90 y los 2000, una quebradura no podía ser una limitación para ir a ganar el Clásico de todos los tiempos.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/multitud-de-abrazos-recuerdos-del-ultimo-clasico-de-avellaneda/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Centurión y el estigma villero</title>
		<link>https://marcha.org.ar/centurion-y-el-estigma-villero/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Mar 2018 15:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
		<category><![CDATA[Boca Juniors]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Milito]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Racing Club]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Centurión]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[Análisis sobre la "indisciplina" del jugador]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Agustín Bontempo / @agusbontempo</strong></p>
<p><em>Hace algunos días se difundió una noticia, con videos incluidos, que habla de un “nuevo acto de indisciplina” de Ricardo Centurión, jugador de Racing Club. En este artículo, cuestionamos todos los sentidos comunes que circularon en torno a este acontecimiento.</em></p>
<p>“Otra vez Centurión” es el título que, más acá o más allá de sus palabras, se repite en los medios de comunicación masivos desde el lunes por la tarde. Y es que el joven futbolista de Racing, quien cuenta con un prontuario de “malas conductas” –especialmente en su antiguo club, Boca Juniors–, nuevamente infringió las normas morales del buen deportista profesional: aparentemente, bajo condiciones de consumo de alcohol, pasó dos semáforos en rojo con el agravante de que fue en una zona escolar. Todo esto, en su día libre.</p>
<p>Por otro lado, es llamativo que los mismos generadores de opinión pública silenciaron tan rápido la denuncia por violencia de género que cae sobre esta misma persona, siendo ese realmente un hecho de gravedad. En definitiva, y más allá de estos lugares comunes sobre la indisciplina del jugador, lo que más nos debería preocupar es cuántas exigencias y debates hay en torno a lo que un jugador hace en su tiempo libre pero cuando se <a href="http://www.marcha.org.ar/centurion-y-la-pregunta-incomoda-para-boca/">trató de violencia</a> la recurrencia fue de un problema doméstico y no de un problema social.</p>
<p>Esta situación llevó a este periodista a preguntarse algunas cosas: ¿cuál es la verdadera gravedad del hecho? ¿Que una persona consuma alcohol, conduzca bajo esas condiciones o que cometa una infracción de tránsito? ¿Serán las tres cosas juntas? ¿Es algo que debemos machacarle a un deportista o es una falta grave para cualquier persona? ¿Es lo más grave que rodea la vida del jugador? ¿Es una falta de conducta o hay una transferencia de una supuesta moral social que no asumimos cada uno y una? ¿Será que es porque hablamos de un joven de origen humilde? ¿Realmente es una enfermedad?</p>
<p>Buscar respuestas a estos interrogantes motiva lo que leerán a continuación.</p>
<p><strong>Maldición, va a ser un día hermoso</strong></p>
<p>Los generadores de opinión pública lanzan: “Centurión le falló a Milito, a Blanco y a la gente de Racing”. Ese fue un zócalo en C5N, bastante duro. Con matices, fue lo que se replicó masivamente. Y luego las redes sociales hablando de la irresponsabilidad del jugador, según quienes lo atacaban, o del supuesto problema o enfermedad que tiene, según quienes lo defienden, amparados también en la opinión del presidente del club, Víctor Blanco.</p>
<p>Pero vamos más allá de la opinión pública instalada ¿Cualquier persona en cualquier trabajo, es irresponsable si en su día libre consume alcohol? En líneas generales, diríamos que no. En todo caso, prefiero que cuestionemos que, bajo esas condiciones, haya conducido y cometido infracciones de tránsito. Pero en ese caso, ¿cuál sería la irresponsabilidad y la falla para con el mundo racinguista? Entrena todos los días cumpliendo con los horarios exigidos, juega y lo hace de gran manera cada fin de semana.</p>
<p>Por el otro lado, se lo defiende esgrimiendo que tiene una enfermedad y que hay que entenderlo. Acaso, ¿no será que es una salida fácil para no avanzar en ninguna complejidad con una proyección social más relevante?</p>
<p>Lo que realmente se piensa desde estas líneas es que lo que aconteció con Centurión no dista mucho de lo que cualquier lector o lectora de este artículo vive o vivió en sus tiempos libres. Y ante la pésima falta de autocrítica social, el no reconocimiento de las propias limitaciones y, especialmente, la necesidad de ajusticiar con una supuesta moral de hierro, se cae sobre un futbolista. O tal vez debamos preocuparnos más y realmente creer que una persona, por ser deportista profesional, no puede consumir alcohol pero jamás debemos escandalizarnos tanto cuando las y los consumidores son funcionarios públicos o dueños de empresas. Tal vez haya una doble moral que puede ser vista con el ojo derecho en un caso y con el ojo izquierdo en el otro.</p>
<p>Frente a esta arremetida que banaliza nuestra sociedad, porque le exige a un deportista lo que no le exige a quienes definen el rumbo de nuestras vidas, la defensa habla de la falta de oportunidades que tuvo Centurión. Si efectivamente el jugador tiene un problema y no es, como se menciona más arriba, una situación común de cualquier trabajador o trabajadora en su tiempo libre, ¿realmente no tuvo posibilidades para afrontarlo?</p>
<p>El presidente de Racing dijo que acompañarían al jugador y le sumarían otro profesional a trabajar con él. Nadie niega el origen humilde de Centurión y un sinfín de dificultades por las que pudo haber pasado, pero justamente contemplando eso, ¿no está teniendo más posibilidades que cualquier otro? Una de las grandes consecuencias de las adicciones son el deterioro económico, producto de que todo el dinero se gasta allí. Ustedes, lectores y lectoras, si están ante una dificultad así, ¿pueden recurrir a “sumar otro profesional”, sin tener que pagar nada porque eso lo gasta la institución en la que trabajan?</p>
<p>El fútbol profesional es un ámbito que desborda las posibilidades para superar este tipo de problemas. En todo caso, nos podríamos preguntar cómo se puede ser millonario por patear una pelota pero cuando un docente exige no ganar salarios de hambre, repudiamos las medidas de lucha que se toman. Discutamos cómo puede ser que el fútbol sea un gran expulsor del sistema educativo de jóvenes que se harán ricos pero que enriquecerán con su talento a muchas personas más, para que luego la moral social caiga sobre personas por consumir alcohol en su tiempo libre. Si realmente no tuvo posibilidades de chico y la riqueza deportiva tampoco se las dio, es hora de mirar el profesionalismo de otra manera porque los dueños de la pelota promueven conductas y estereotipos en función de sus ganancias. Y no importa si es alcohólico, salidor o tiene una disciplina ejemplar, mientras los billetes lleguen a las arcas de los poderosos de siempre.</p>
<p>Finalmente, como decíamos al inicio, lo que se impulsa desde las grandes tribunas de comunicación es que lo importante es si una persona en su tiempo libre consumió alcohol o cometió una infracción de tránsito, en lugar de ocuparse de un flagelo que deja a cientas de mujeres muertas por año.</p>
<p><strong>El estigma villero como bandera</strong></p>
<p>Sin embargo, y como estamos seguras y seguros de que estas cuestiones no tienen un tinte simple de analizar, a pesar de hacer los cuestionamientos antes esbozados, sí se puede abordar esa doble moral aplicada a un jugador de origen humilde. A Centurión se le dice “caco”, “wachiturro”, “negro”, “villero”, entre otras cosas. En la cancha, esas referencias se hacen con simpatía. Sin embargo, son las mismas referencias con las que se lo carga ante los casos de <em>irresponsabilidad. </em></p>
<p>El periodismo más sofisticado, que muchas veces es él mismo amante de la noche y los consumos ilegales, atacando o defendiendo, esgrime que Centurión llega a estas situaciones por haber tenido una infancia dura, rodeada de violencia y delincuencia. Para las personas que manejan términos coloquiales, el jugador comete estos arrebatos porque es un <em>negro villero</em> que no cambia más.</p>
<p>La sociedad no suele ser tan dura, estigmatizadora y prejuiciosa con los funcionarios públicos, músicos de bandas modernas y rentables, deportistas de elite, grandes empresarios como sí lo es con el joven pobre y morocho que se hizo famoso y millonario. La cuestión del <a href="http://para-todostodo.blogspot.com.ar/2014/07/hacia-una-epistemologia-del-negro.html">negro</a>, ese otro peligroso, no es menor.</p>
<p>Así como repudiamos y seguimos sosteniendo que se lleve adelante la denuncia por violencia de género, en este señalamiento social sobre su supuesto “alcoholismo”, necesitamos tomar partido por el jugador de Racing. Porque siempre son los sectores más vulnerables de esta sociedad los que cargan con ciertos prejuicios y características y que, en definitiva, el sistema tiene a ser cada vez más certero en sus embates contra su bienestar.</p>
<p>Debemos decir, a modo de conclusión, que todos los males que esta sociedad mastica necesitan responsables en todos los ámbitos. Y toda la falsa moral que se construye en los papeles, pero se niega en la práctica, tiene que ser depositada en alguien: el niño peligroso que es baleado por la espalda a manos de las fuerzas de seguridad, el delincuente de celulares que es linchado porque hay muertes que sí valen un teléfono, el jugador villero que pudo haber sido un ladrón. Eso sí, Centurión es un profesional del fútbol que sale en la televisión. A él sí que no lo van a linchar.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/centurion-y-el-estigma-villero/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Adiós a Diego Milito, el Príncipe de Avellaneda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 May 2016 03:00:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
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					<description><![CDATA[Se retiró el ídolo de Racing]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Agustín Bontempo &#8211; @agusbontempo</strong></p>
<p><em>El sábado fue el último partido Diego Milito, el ídolo contemporáneo de Racing Club, en Avellaneda. Repasamos su carrera con un tinte celeste y blanco.</em></p>
<p>Diego Alberto Milito, El Príncipe, es uno de esos privilegiados jugadores que se dieron el lujo de ser cuanto menos respetado, sino ídolo en todos los clubes que jugó. Destacado por su entorno como un hombre humilde y trabajador, supo ser referente de todos los planteles que lo tuvieron. Sin embargo, algo estuvo escrito desde el día que cruzó el océano Atlántico para llegar al Viejo Continente: un día volvería al club de sus amores para retirarse.</p>
<p><strong>Sus inicios</strong></p>
<p>El 11 de diciembre de 1999 fue el debut oficial de aquel joven prometedor, algo desdibujado por formar parte de, tal vez, la peor época deportiva e institucional de Racing Club. El rival fue Unión de Santa Fe.</p>
<p>En aquella época era difícil destacarse y lo más normal, para cualquier jugador, hubiese sido marcharse a algún equipo que, de mínima, le pague su salario. Sin embargo, el joven Milito manifestó desde entonces su amor por Racing y el deseo de permanecer allí.</p>
<p>Dos años después de sus primeros pasos en primera, Milito integraría el plantel que coronó a Racing como campeón del torneo apertura, después de 35 años de sequía en competiciones nacionales. Los rancinguistas, y los habitantes de este país, sufríamos una de la crisis económica más dura de nuestra historia. Pero entre protesta y protesta y como alternativa a los llantos de hambre y desempleo, Diego empezaba a transformarse en Príncipe para poder arrancarnos una sonrisa en medio de tanta tristeza.</p>
<p>Como todo jugador de garra y corazón, fue pieza clave para el equipo conducido por Reinaldo “Mostaza” Merlo y luego referente de aquella academia que volvía a codearse con los grandes de América en la Copa Libertadores 2003.</p>
<p>Para este cronista, Diego Milito era eso: un joven pichón de ídolo en la cancha que pudo paliar la tristeza futbolera y social.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-27561" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/05/Milito02.jpg" alt="Milito02" width="600" height="398" /></p>
<p><strong>Su carrera</strong></p>
<p>A principios de 2004, Milito fue transferido al modesto Genoa de Italia. Arribó a la serie B para empezar a codearse y sentir las particularidades y exigencias del fútbol europeo, pero en una de las ligas más físicas de aquel continente.</p>
<p>En 2005 fue transferido al Zaragoza, donde permaneció tres años y supo quedar en los corazones del equipo español. Allí hizo 61 goles en 125 partidos y tuvo su momento destacado cuando, en la Copa del Rey de la temporada 05/06, su equipo eliminó, de manera consecutiva, al Atlético de Madrid, al Barcelona (campeón de liga y champions) y al Real Madrid en la recordada semifinal que vio al Príncipe convertirle 4 de los 6 tantos que el Zaragoza hizo en la ida, en el estadio La Romareda. Si bien su equipo perdió la final frente al RCD Español, el modesto equipo aragonés lograba codearse con los más grandes del país.</p>
<p>En la temporada 06-07, ya no solo fue el goleador de su equipo, sino que compitió por ser el “pichichi” de la liga, cumpliendo un rol fundamental para que el Zaragoza pueda clasificar a la Copa UEFA.</p>
<p>Para la temporada 08-09 volvió al Genoa Italiano, para ser figura y estandarte del pequeño equipo genovés, terminando segundo en la tabla de goleadores por detrás del sueco Ibrahimović. En sus dos etapas, conquistó 60 tantos en 98 partidos.<br />
Diego Milito terminó de recibirse de Príncipe cuando llegó en 2009 al Internazionale de Milán. Además de haber sido figura, referente y goleador del equipo, logró estar en la cima de Europa en el año 2010. Por aquel entonces su equipo ganó la Serie A, la Copa de Italia, Supercopa de Italia y la Liga de Campeones, en la recordada final frente al Bayern Múnich donde convirtió dos inolvidables golazos y recibió el premio al mejor jugado de Europa, entre otras coronaciones. Ese año lo cerró ganado el Mundial de Clubes. El Príncipe fue el abanderado del mejor equipo del mundo de aquel año. En total, convirtió 75 goles en 160 cotejos.</p>
<p><strong>Su retorno</strong></p>
<p>Hablar de la carrera de Diego Milito es redundante. Personalidades destacadas del fútbol se hicieron eco de su trayectoria y de su final. Sin embargo, un breve resumen era necesario para dimensionar su grandeza.</p>
<p>En 2014 El Príncipe volvió a Racing con un claro objetivo: salir campeón. Los resultados de su retorno han sido indiscutibles dentro y fuera de la cancha. Jugador clave y referente para los demás, le dio un salto de calidad al club como hacia años, tal vez décadas, que no se veía ni se sentía. Con su vuelta, las y los hinchas de Racing empezaron a ir a la cancha a ver ganar a su equipo. Cualquier otro resultado sería, desde entonces, una excepción, una rareza.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-27562" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/05/Milito03.jpg" alt="Milito03" width="600" height="398" /></p>
<p>Con él en la institución, Racing volvió a ganar un torneo, a disputar dos copas Libertadores consecutivas teniendo un rol destacado en ambas oportunidades. El club y los jugadores se jerarquizaron con él. Particularidades de la historia: en su último partido en el Cilindro, Milito hizo su gol número 22 desde su vuelta, ese número que es palabra mayor en Italia, España y también en Argentina.</p>
<p>Ganador de varios torneos y premios, supo convertir 259 goles a lo largo de carrera, tanto en clubes como en la selección Argentina.</p>
<p>Aunque aún le quede un partido oficial, el fútbol ya no es lo mismo sin su presencia y los hinchas de Racing lo sabemos. Sufrimientos y alegrías, clásicos perdidos y ganados, volver a salir campeones. El principito, aquel que sacaba sonrisas en medio de tanta pena, es el Príncipe de la grandeza del club de Avellaneda.</p>
<p>Las 55 mil personas en el estadio, cientos de miles más en sus hogares. El llanto de él, de su compañeros, de todo el pueblo racinguista. Ese abrazo gesticulado, pero sincero y deseado. Quería abrazar a cada hincha de Racing. Un amor recíproco, legítimo. Milito es de esos ídolos que pone a cualquier hincha a pensar en los seres queridos que ya no están, en imaginarse como hubiesen reaccionado frente a este momento, cuantas lágrimas derramado y elogios derrochado. Es de esas personas que cargan de orgullo a cada hincha cuando se cargan el manto sagrado y gritan con firmeza: “Milito es de Racing”.</p>
<p>Todo el fútbol lo extrañara dentro del campo. Pero alguno tenemos una sensación que quiere tornarse certeza: más temprano que tarde pisará el verde césped de Avellaneda para conquistar lo que le quedó pendiente como jugador. Aquí te esperamos, Diego.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/adios-diego-milito-principe-avellaneda/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Hasta siempre, Mariscal. Abrazo de gol</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Mar 2016 17:34:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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		<category><![CDATA[Ramiro Bringas]]></category>
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					<description><![CDATA[Murió Roberto Perfumo]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ramiro Bringas.</strong></p>
<p><em>Tan impactante como inesperado. Tan doloroso como real. Así, sin tiempo para entender cómo ni por qué, dijo adiós. Tras caer por una escalera en un restaurante de Puerto Madero, Roberto Perfumo falleció ayer por la tarde en el Sanatorio Los Arcos. El mundo del fútbol está de luto. </em></p>
<p>Difícil es entender la manera y el momento en el que se fue. Nadie esperaba que así, de un instante a otro, y con la plenitud física y mental con la que contaba uno de los mejores “back central” (como le decía el propio Perfumo a los zagueros centrales) de la historia del fútbol argentino, se fuera de este mundo. Tras sufrir un aneurisma, el Mariscal cayó de una escalera en la madrugada del jueves, en un restaurante de Puerto Madero, donde cenaba habitualmente con amigos y, víctima de una fractura de cráneo, falleció horas después en el Sanatorio Los Arcos, a los 73 años de edad.</p>
<p>Como pocos lo han sido en el fútbol argentino, Perfumo tuvo una carrera sumamente envidiable. Allá por 1964, debutó oficialmente con la camiseta de su querido Racing Club, donde sería parte fundamental de los máximos logros de la entidad de Avellaneda. En la Copa Libertadores de 1966, de la mano de Pizzuti, fue pieza clave del inolvidable “Equipo de José”, jugando los 20 partidos del certamen continental obtenido por la Academia. Un año más tarde, con el recordado gol del Chango Cárdenas al Celtic de Escocia, obtuvo el único título intercontinental de Racing en la historia. Con 232 partidos y 14 goles es, sin lugar a dudas, una leyenda del club de sus amores.</p>
<p>Ya en 1971 partió rumbo a Brasil, para ser parte del Cruzeiro de Belo Horizonte, institución con la cual obtuvo cuatro títulos en apenas cuatro años. Ya en 1975, pegó la vuelta para formar parte de otro club grande; River Plate le abría sus puertas para terminar su carrera, allá por 1978, con 36 años de edad. Claro que, como no podía ser de otra manera, Perfumo también fue parte importante de la historia del Millonario: Tras 18 años de sequía, el conjunto dirigido por entonces por Ángel Labruna se consagraba campeón del torneo Metropolitano, con el Mariscal como pieza central.</p>
<p>Claro que un jugador con semejante trayectoria no podía estar ausente del Seleccionado Nacional. Con la celeste y blanca, disputó 37 partidos oficiales, de los cuales 8 fueron en los mundiales de Inglaterra, en 1966, y de Alemania, en 1974.</p>
<p>En total, como futbolista, Roberto Perfumo obtuvo 10 títulos en sus pasos por Racing, Cruzeiro y River, respectivamente. Fue un defensor ligero, fuerte, de gran manejo y pegada, a pesar de ser central, y con capacidad de liderazgo, cualidades casi imposibles de encontrar en su época.</p>
<p>Ya como entrenador, debutó oficialmente en Sarmiento de Junín, en 1981, con un paso poco fructífero por dicha institución. Luego, fue entrenador de la Academia, aunque sin demasiados resultados. Tras un breve paso por Olimpia de Paraguay, donde obtuvo la Copa República de manera invicta, volvió al país para dirigir a Gimnasia y Esgrima La Plata, club con el cual logró la Copa Centenario, en 1993.</p>
<p>Retirado de la dirección técnica, Perfumo trabajó como comentarista en el Fútbol Para Todos, por la TV Pública, y en <em>Hablemos de Fútbol</em>, en ESPN, donde demostró su gran capacidad para analizar el fútbol y creó una de las frases más utilizadas por los el mundo futbolero: “Abrazo de gol”. Por otra parte, siempre fue un apasionado para transmitir sus conocimientos y su experiencia, dedicándole mucho tiempo a los estudiantes de periodismo deportivo, sin importar la entidad a la cual pertenecieran.</p>
<p>Con tan sólo 73 años, dijo adiós. La salud no estuvo de su lado y lo obligó a partir. Sin embargo, quedará inmortalizado en la memoria del fútbol: porque si uno busca Mariscal en el diccionario, aparece el nombre de Roberto Perfumo. El mundo del fútbol jamás lo olvidará. Adiós Mariscal. Abrazo de gol.</p>

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		<title>Fin de ciclo: Cocca se va por la puerta grande</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2015 03:00:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
		<category><![CDATA[deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Cocca]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Racing Club]]></category>
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					<description><![CDATA[El técnico de Racing anunció que se va del club]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Agustín Bontempo</strong></p>
<p><em>Hace algunas semanas, Racing venció 3 a 0 al descendido Crucero del Norte, en lo que fue la despedida del cilindro de Diego Cocca. Repasamos su gloriosa estadía en el equipo de Avellaneda.</em></p>
<p>Aún resuena en las mentes de algunas personas aquella desafortunada frase previa a la derrota frente a Independiente en el torneo transición: “Prefiero perder con Independiente, pero salir campeón”. Luego, perder, y posteriormente algunas banderas, de algunos pocos (sospechosos) hinchas en tono político pre electoral. También se pedía por la cabeza de Sebastián Saja quien, para este cronista, es sino el mejor, uno de los más destacados arqueros de nacionalidad argentina.</p>
<p>Un equipo que semanas antes le había ganado al campeón de América (San Lorenzo), que demostraba un fútbol que despistaba a los hinchas de la academia. Posesión, toque, y efectividad en el arco contrario. Pero un resultado, una frase, puso a Diego Cocca en la cuerda floja. Algún otro magro resultado, eliminación en la Copa Argentina. Todo indicaba que el cielo se oscurecía.</p>
<p>Pero estos golpes sirvieron para hacer un <em>click</em> en jugadores y cuerpo técnico. De golpe, la defensa era una fortaleza, el mediocampo una manada de leones y el ataque, dos fieras incontrolables. Comenzaron a sucederse las victorias, incluidas a Boca con el mítico partido de los 35 minutos y a River cerca del final, cuando ya se saboreaba el torneo, el número 17 y tras 12 años de espera.</p>
<p>Racing Club volvía a ser campeón. Un técnico que fue resistido un par de semanas, sostenido por la dirigencia y por la inmensa mayoría de hinchas que se ilusionaban con el nuevo estilo futbolístico, lograba lo que más de uno creía que solo podía ser obra y magia de Sir Mostaza Merlo.</p>
<p>No sólo el campeonato. El vendaval de victorias, los cientos de minutos con el arco en cero, el temor generado en los rivales de turno. Sensaciones nuevas, por suerte, sostenidas. Nacía un flamante Racing en el campo de juego.</p>
<p><strong>Un nuevo sueño: la Copa Libertadores y pelear todo</strong></p>
<p>En diciembre y tras la coronación, Victor Blanco se imponía en las elecciones muy cómodamente. Sostuvo el proyecto y, con billetera ajustada, le dio algo de lo que Cocca necesitaba. Arranque demoledor en el torneo continental, sorpresiva derrota en el debut por la novedosa liga local frente a Rosario Central pero, desde ese momento, el cilindro se convertía en fortaleza: nunca más, hasta hoy, perdió un partido por torneo doméstico y apenas uno solo por la copa internacional.</p>
<p>Quien será extécnico desde 2016 logró instalarle una identidad que las generaciones nacidas en los últimos 30 años desconocían. Para nosotros y nosotras, Racing era fuerza, coraje. Sufrimiento, desde ya. Hace ya un año y medio, Racing es nuevamente La Academia. Y que viva el fútbol.</p>
<p>Es verdad, en 2015 no hubo títulos. Pero Racing quedó ubicado entre los 8 mejores de América, semifinalista en la Copa Argentina y en cuarto lugar en el largo torneo de los 30, clasificando a la injusta liguilla para clasificar a la merecida Libertadores.</p>
<p>Cocca es uno de los técnicos más eficaces de la historia del club. Obtuvo más del 65 por ciento de los puntos disputados, con 38 victorias, 14 empates y 14 derrotas. A pesar de la deuda de no vencer al clásico de siempre en su cancha (aunque si en el Cilindro), sobre 10 partidos disputados contra los equipos denominados grandes, obtuvo 6 triunfos, 1 empate y 3 derrotas, consiguiendo, así, casi el 65 por ciento de los puntos.</p>
<p>Y podríamos continuar, ya que todas las estadísticas lo favorecen: goles convertidos, recibidos, cantidad de goleadas propinadas (acá y afuera del país), etcétera. Pero lo que este periodista, claramente hincha de Racing, quiere hacer es poner en palabras un sentimiento generalizado.</p>
<p>Diego Cocca es mucho más que un técnico de paso. Es más, incluso, que un campeonato ganado. Es el hombre que logró que las y los racinguistas vayan a ver ganar a su equipo y que lo raro sea perder o empatar. Que los 90 minutos casi siempre sean fiesta y alegría. Es aquel que nos hizo dar cuenta de que no estamos condenados a ver peleas ajenas, sino que con un proyecto de fútbol serio (y aclaremos, esto también es gracias a una dirigencia muy responsable), de juego lindo y también con dientes apretados, ofensivo, que pondere a las grandes figuras y lleve de a poco a las jóvenes estrellas (tal vez, la deuda más grande del DT), Racing Club de Avellaneda puede pelear todo. Conquistar un campeonato, sí. Pero si no lo logra, pelearlo, sea cual sea. Saber que puede ganar más clásicos de lo que pierde. Hacer que la localía sea una batalla perdida para los rivales.</p>
<p>Ya no estará en el banco el próximo año, pero deja un equipo de alta complejidad, con al menos dos buenos jugadores por puesto, serios, con una idea clara de trabajo, con mucho hambre de gloria. Será difícil mejorarlo, sin duda. Pero con una base tan sustentable, el día a día puede entusiasmar y agrandar a cualquiera.</p>
<p>Diego Cocca es todo eso y tal vez más. Se va por la puerta grande el hacedor de La Academia de Fútbol. Se va el mejor Director Técnico que este cronista pudo ver con el glorioso manto sagrado de Racing Club. Y si su carrera sigue siendo tan auspiciosa como hasta ahora, por supuesto, la misma puerta grande puede abrirse para iniciar otro ciclo en el equipo de Avellaneda.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fin-de-ciclo-cocca-se-va-por-la-puerta-grande/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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