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	<title>PRI &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>Izquierdas contrapuestas: crónica de una crisis (largamente) anunciada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jul 2018 21:12:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[EZLN]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Munguía Galeana]]></category>
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					<description><![CDATA[A poco más de una semana de las elecciones en México en las cuales resultó electo el candidato de la alianza Juntos haremos historia, Andrés Manuel López Obrador, han surgido diversas voces críticas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Fernando Munguía Galeana*</strong></p>
<p><em>A poco más de una semana de las elecciones federales en las cuales resultó electo el candidato de la alianza Juntos haremos historia, Andrés Manuel López Obrador, han surgido diversas voces críticas; algunas que reconocen, con cautela, la trascendencia del acontecimiento por cuanto a la transición democrática beneficia y, otras, que reiteran la continuidad de los mecanismos de explotación y dominación en medio de una aparente victoria institucional. </em></p>
<p>En este segundo espectro se ubicaría <a href="http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/07/05/convocatoria-a-un-encuentro-de-redes-de-apoyo-al-cig-al-comparte-2018-por-la-vida-y-la-libertad-y-al-15-aniversario-de-los-caracoles-zapatistas-pintale-caracolitos/">el comunicado del EZLN</a>, firmado por el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano que apareció en días pasados. Tanto la victoria electoral de AMLO como la presencia activa del EZ, constituyen expresiones sustantivas de la constelación histórica y actual de las izquierdas mexicanas y del proceso de acumulación de experiencia y politización de los sectores populares que ahora, ante la apertura de un ciclo inédito, podrían ser fundamentales en la construcción de una sociedad y estatalidad democrática.</p>
<p>En efecto, la historia reciente de las izquierdas mexicanas está poblada de desencuentros, enfrentamientos y rupturas. Si bien esa tensión se puede ubicar en diversos pasajes de su trayectoria, desde las primeras expresiones del socialismo romántico y las formas del asociacionismo de artesanos y trabajadores urbanos, pasando por las comunidades campesinas e indias, de todo el territorio, que tomaron parte de la revolución social de 1910 y, después, en el proceso de constitución del Estado posrevolucionario, las diferencias no siempre se plantearon como alternativas incompatibles y, quizá, nunca estuvieron frente a una coyuntura tan crítica como la actual.</p>
<p>En el arco temporal que va del cardenismo a finales de la década de 1970, las experiencias de las izquierdas fueron proyectadas desde múltiples matrices ideológicas y sus prácticas y formas organizativas cubrieron un amplio repertorio de acciones que configuraron una cultura política en la que la izquierda se fundió con lo popular y que resultó fundamental para identificar, denunciar y luchar contra los mecanismos de dominación y represión así como los límites del reformismo hegemónico instalado en el aparato de Estado. Antes y después del movimiento estudiantil y popular de 1968, las izquierdas organizadas en movimientos, partidos, sindicatos, colectivos, células guerrilleras fueron capaces de dar impulso y materializar diversas demandas de los sectores subalternos y, en escalas disímiles, plantear desafíos radicales al sistema político mexicano, anclado en el autoritarismo presidencialista y el corporativismo como formas de dominación y de desactivación del conflicto.</p>
<p>Empero, en el abigarrado espectro del nacionalismo revolucionario que pervivió y permeó, no sólo a las instituciones del Estado sino en diversos grupos de la izquierda social, el contenido de aquellas disputas se tradujo también en una pléyade de proyectos de democratización, un faro vigente desde entonces, si bien con épocas menos luminosas que otras. En 1988, un sexenio después de que la élite tecnocrática impusiera el programa excluyente del neoliberalismo autoritario, desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, entonces dirigida por Carlos Salinas de Gortari, y desde la Presidencia de Miguel de la Madrid, la escisión nacionalista del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas fue capaz de articular en torno suyo a diversos actores políticos que se coaligaron en el Frente Democrático Nacional y, desde las calles y plazas públicas, infringieron la primera derrota al partido-Estado que abrió el horizonte de la democratización. En el curso de los meses y años siguientes, el FND dejó su lugar al PRD y éste, enquistado en el recién inaugurado sistema democrático (el IFE, ahora INE, se funda en 1990), entró en una espiral de vicios burocráticos y escisiones tribales internas que terminaron por vaciarlo de contenido popular presente en su fundación y acercarlo a la derecha partidista, al mismo PRI y, en las elecciones recientes, al PAN.</p>
<p>De aquéllas formas de lucha, variadas y complejas en sus aberturas, fisuras y articulaciones, se desprende también la insurgencia del neozapatismo en 1994, que combinó de manera inédita la experiencia histórica de las comunidades indias rebeldes del sureste con elementos organizativos y programáticos de ciertas expresiones ideológicas del comunismo y del socialismo del los sesentas y setentas pero articuladas con prácticas y expresiones organizativas que, en el turbio mar del neoliberalismo salvaje, fueron también una matriz de politización para las generaciones jóvenes de fin de siglo que estarían presentes en diversas luchas de los siguientes años, como la huelga estudiantil de la UNAM y las movilizaciones populares de la APPO y Atenco, entre otras.</p>
<p>Una de las escisiones más profundas de las izquierdas actuales, entonces, tiene su origen en la relación conflictiva entre el PRD y el EZLN desde su emergencia armada, durante el proceso de conformación de los Acuerdos de San Andrés y, unos años después, cuando miembros de la Comandancia General del EZ recorrieron el país en la Marcha del Color de la Tierra (2001) para llegar a la tribuna de San Lázaro, el palacio legislativo, y demandar el reconocimiento constitucional de sus derechos como comunidades autónomas.</p>
<p>En el contexto de la “alternancia”, siendo gobierno en la capital del país y con una fuerza y legitimidad todavía importante en el campo político, el PRD se plegó al PRI y al PAN para aprobar una ley que desconocía los Acuerdos de San Andrés. A partir de entonces, el EZ rompió todo diálogo con el gobierno, con las instituciones políticas y, en particular, con el PRD y toda la izquierda partidista. El camino que siguieron desde entonces fue el de la organización autonómica, “abajo y a la izquierda”, con los Caracoles (2003), la Otra campaña (2006) y la construcción de puentes con los pueblos indios a través del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG), que postuló en estas elecciones a María de Jesús Patricio, indígena nahua, como candidata independiente, sin alcanzar las firmas requeridas para participar formalmente en la contienda.</p>
<p>Así, doce años después de su emergencia armada, en el contexto de las elecciones federales de 2006, el EZ lanzó La Otra como un nuevo paso en su trayectoria de radicalización y lucha anti sistémica. En el camino, habían planteado ya su oposición frente al Estado y los partidos políticos y convocado a organizarse y luchar colectivamente desde abajo. La polémica generada entonces respecto de la primera campaña de AMLO a la presidencia y la oposición puntual que el EZ tuvo respecto de ella, generó repercusiones de hondo calado entre diversos sectores que, respaldando y participando de las iniciativas zapatistas, consideraban que López Obrador podría representar un giro a la izquierda, similar al que se estaba viviendo en diversos países latinoamericanos. Sin embargo, el Proyecto de Nación que entonces formuló la coalición Por el bien de todos (PRD, PT y Convergencia), que postuló a AMLO, tenía una orientación nacionalista y transclasista que, sin proponer rupturas de fondo con el sistema dominante, sí enfatizaba la necesidad de refundar las instituciones públicas para separarlas del control de la que denominó como “la mafia en el poder”. A partir del fraude de aquel año y la posterior ruptura del López Obrador con el PRD, surgió el Movimiento Nacional de Regeneración (Morena), plataforma activa desde entonces y en torno a la cual también confluyen diversos colectivos y organizaciones simpatizantes y militantes.</p>
<p>Por su parte, desde el memorial de agravios, despojo y desposesión contra los pueblos indios y las comunidades excluidas y oprimidas, la trayectoria y práctica autonómica del EZ es, sin duda, la expresión radical y con más base organizativa del antineoliberalismo en México y un referente global. Empero, como decía antes, las formas abigarradas en las que la politicidad popular se expresa no siempre están guiadas por la concepción de aquella “imposible geometría política en el México de arriba”, que describieron los propios zapatistas en 2005 y en la que ya veían en AMLO el germen del autoritarismo.</p>
<p>Y es que, sin querer incurrir en la supuesta neutralidad numérica de los cómputos postelectorales, se puede pensar que de las 30, 113, 483 de personas que votaron por AMLO en la elección presidencial -lo que lo convierte en el candidato más votado-, no se trata solo de personas manipuladas o “ilusas”. Las habrá también críticas, militantes, activistas, trabajadoras y trabajadores, estudiantes, adultos mayores, defensores de derechos, comuneros; es decir, habrá, sobre todo, gente “sencilla y digna”, la misma a la que se dirige el EZ en sus comunicados que, aún con todas las reservas que generan varias adhesiones al proyecto de AMLO, hayan votado por él porque asumen (saben y sienten) que no hay otra opción capaz de iniciar con un cambio de rumbo frente a la “hecatombe neoliberal”, a la violencia sistémica y la exclusión generalizada.</p>
<p>Entre la formalidad institucional y la autogestión cotidiana, sin ser las únicas formas de izquierda, pero quizá sí las que cubren un mayor campo de prácticas y organizaciones, son también matrices desde las cuales continúan generándose diversos proyectos. Si bien la distancia entre ellas es patente y, quizá, productiva desde la lógica de sus principios y objetivos, lo cierto es que expresa la larga y profunda crisis del proyecto de la izquierda en México y, en todo caso, pone de manifiesto la necesidad de seguir creando e imaginando espacios y formas organizativas comunes y plurales de lucha y transformación, es decir, de seguir disputando el balón.</p>
<p><em>*Sociólogo. Profesor en el Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/izquierdas-contrapuestas-cronica-de-una-crisis-largamente-anunciada/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La izquierda y lo popular en el triunfo histórico de AMLO</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-izquierda-y-lo-popular-en-el-triunfo-historico-de-amlo/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 03 Jul 2018 12:43:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[AMLO gana elecciones mexicanas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Fernando Munguía Galeana*</strong></p>
<p><em>Luego de varias décadas, se rompe la hegemonía de los partidos tradicionales mexicanos y con una abrumadora diferencia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se transforma en nuevo presidente de México. Análisis sobre la apertura de un nuevo ciclo histórico.</em></p>
<p>Inicia la cuarta transformación de México, afirmó Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la plaza del Zócalo de la capital, una vez que el presidente del INE y los candidatos de las principales alianzas de derecha reconocieron el triunfo del líder de Morena y de la coalición Juntos Haremos Historia, en una elección que alcanza niveles históricos con más del <a href="https://dtq2018.ine.mx/#/presidencia/nacional/1/1/1/1">53% de los votos a su favor</a>.</p>
<p>El escepticismo sobre el desenlace de la contienda electoral permaneció hasta pocos minutos antes de que comenzaran a cerrar las casillas y se difundieran los primeros datos de las encuestas de salida. Durante varias semanas atrás, ante la abrumadora ventaja que siempre tuvo López Obrador, se elevaba la preocupación sobre la posibilidad del fraude; los mecanismos más comunes, echados a andar para intentar robar o coaccionar el voto de distintos sectores populares se observaron en menor cantidad que en ocasiones anteriores. Esta vez, sin embargo, varios factores políticos se articularon para que la victoria se concretara.</p>
<p>En principio, el perfil ideológico de AMLO, luego de dos disputas electorales previas en 2006 y 2012, se posicionó claramente en el centro y, desde ahí, se aproximó de manera pragmática hacia sectores ubicados en ambos lados del espectro político, enfatizando un proyecto de gobierno que buscará romper con las prácticas de corrupción que, en su consideración, son la principal causa de la ineficiencia gubernamental y que limitarían la redirección del gasto y la inversión pública. En términos generales, a lo largo de esta campaña presidencial, no hubo grandes sorpresas en la definición previa de las propuestas económicas y sociales, lo que evitó rupturas con sectores empresariales y financieros que, de cualquier manera y como era previsible, evitaron pronunciarse a su favor, llamando al fortalecimiento de los acuerdos establecidos y de la continuidad macroeconómica sin mediaciones estatales.</p>
<p>El segundo elemento sustantivo en este ciclo electoral ha sido la composición del electorado y, en particular, la transformación de las preferencias en el contexto de la aguda crisis generada por el neoliberalismo. Esta condición generacional se traduce como una forma de experiencia societal y política, la única que les ha tocado vivir, que comparten el 40.03% del padrón electoral (grupos de edad entre 18 y 34 años); el siguiente bloque, que representa el <a href="http://listanominal.ife.org.mx/ubicamodulo/PHP/index.php">43.22% (entre 35 y 59)</a>, son aquéllos que vivieron durante su infancia o juventud la severidad de las inflaciones, devaluaciones y la permanente precariedad laboral que arrancó desde principios de la década de 1980 y que permanece hasta la actualidad. En este sentido, más del 80% del electorado que pudo asistir a votar el 1º de julio, tiene la experiencia de que ya no pueden esperar una mejora en sus condiciones materiales de vida de parte de los gobiernos derechistas representados en el PRI y el PAN.</p>
<p><strong>Otra cultura política</strong></p>
<p>La hipótesis de las transformaciones en la subjetivación política de la mayoría que ha votado por López Obrador resulta mucho más abigarrada que las anteriores, pero sin duda es definitoria en esta ocasión. Si bien, como decía, el programa de gobierno se sustenta en mecanismos redistributivos -experiencia que no siempre resultó por sí misma exitosa en los gobiernos progresistas latinoamericanos de los años recientes-, pareciera en cambio que un factor detonante es la sedimentación, en el sentido común popular y luego de un largo proceso de acumulación, de que la consolidación y ampliación de derechos y libertades pasa también por la disputa institucional así como por la vía de la organización autogestiva.</p>
<p>En efecto, los casi cuarenta años de reformas y alternancias truncas que se han sucedido en el país, se entienden no solo porque no haya habido buenos candidatos o buenos partidos, que los hubo poco, ni duda cabe. Los cambios inconclusos se deben a que el ciclo arrancó con una derrota a cuestas, la de la democracia social y la de las conquistas de las clases trabajadoras que fueron desmanteladas y expulsadas del campo político. La forma de democracia representativa que se instaló entonces, venía con la impronta ortodoxia liberal como canon único y, con aquella operación previa de anulación de lo popular, no le fue del todo difícil barrer con los proyectos de transformación colectivos que habían sido gestados por largo tiempo desde abajo por los movimientos de trabajadores, de estudiantes, de campesinos y de pobladores urbanos. Cuando a finales de 1970 se comenzó con la reforma política y en los años siguientes se “dio” cabida a partidos de oposición, para luego institucionalizarse con el IFE, el tablero estaba ya condicionado por la máxima de la competencia electoral y la atomización de los colectivos en votantes; el discurso liberal de la ciudadanía y de la sociedad civil tomó el lugar del conflicto de clase, de las mediaciones de los sindicatos y las luchas de los movimientos. Convertidos en ciudadanos consumidores de propaganda, antes que en miembros de una comunidad política, la historia parecía no tener cabida y la memoria subalterna dejar su lugar a la diversidad ficticia del presentismo. Ir a votar se convirtió así en lo que las derechas conservadoras y reaccionarias querían que fuera: un impulso individual, desconectado de las matrices de articulación y disputa colectiva.</p>
<p>Ya en la víspera de las elecciones presidenciales de 2012, con la emergencia del movimiento “Yo soy 132”, se activó la primera chispa de una serie de acontecimientos y protestas que contenían un alto grado de politicidad y que marcarían una escisión fundamental entre los sectores populares y los grupos dominantes que desde hace tiempo ya quedaron sin recursos de interpelación ni posibilidades de control hegemónico. Así, en el ciclo del neoliberalismo autoritario y de la “alternancia sin fin”, las instituciones políticas y jurídicas del Estado se tornaron en espacios de dominación y reproducción de la violencia. Ahora, la fragmentariedad de las izquierdas mexicanas parece ser una posibilidad antes que la debilidad de antaño. En ese amplio crisol de luchas y resistencias deben destacarse las organizaciones que disputan por fuera de lo electoral -por ejemplo, los pueblos y comunidades que buscan la autonomía y vinculan sus prácticas al EZLN y el CNI-, pero también a quienes desde décadas atrás han continuado con el trabajo de disputa y unificación sin perder la proyección estatal. Son todas experiencias de politicidad que, además, se replican a lo largo del territorio en las prácticas de los pueblos indios, de los municipios y comunidades que se rebelan cotidianamente contra el narco y contra las políticas excluyentes. Ahí están, por ejemplo, los colectivos de familiares de los desaparecidos que emergen por miles de las fosas clandestinas; los que luchan por defender el agua y los recursos naturales; los que se oponen a la extracción y la contaminación minera; o los que desde hace más de nueve meses viven en campamentos y que desde ahí organizan su cotidianidad y sus demandas. Son las polifacéticas expresiones de la resistencia que, con esa vocación multitudinaria, lo mismo practican la autonomía en acto que demandan un programa de vivienda, de salud, de educación con marchas y mítines afuera de las instituciones de gobierno.</p>
<p>La denuncia de “¡Fue el Estado!” expresada en las manifestaciones de 2014 por la aparición con vida de los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa y que se ha mantenido vigente, tuvo la potencia de hacer un recorte identitario y distinguir a los sectores dominantes para abrir de vuelta un campo de lucha, antes que señalar la ruta del éxodo.</p>
<p>El triunfo histórico de AMLO y con él, el de las izquierdas mexicanas, es comprensible si se considera que ayer, quienes tomaron la decisión de un cambio no son necesariamente ciudadanos desencantados de la política que acudieron a las urnas a castigar al gobierno en turno. Las polifonías clasistas de la resistencia actual sugieren, en cambio, que el largo ciclo de subalternidad que duró más de cuarenta años, comienza a expresar sus límites y a emerger los actores que habían permanecido en un plano secundario: trabajadores y trabajadoras, estudiantes, sectores medios precarizados, movimientos y organizaciones feministas y Lgbtttiq, pueblos indios. Será ese conjunto de organizaciones y de experiencias las que interpelen críticamente al gobierno que tomará posesión el próximo 1º de diciembre y, serán ellas también, quienes tendrán la posibilidad de radicalizar las políticas de la izquierda y abrir nuevos horizontes de transformación en México.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>*</em> <em>Sociólogo. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-izquierda-y-lo-popular-en-el-triunfo-historico-de-amlo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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