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	<title>paula shabel &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Thu, 14 Jul 2022 17:41:56 +0000</lastBuildDate>
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	<title>paula shabel &#8211; Marcha</title>
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		<title>Enchastres vinculares, la amistad y el tiempo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/enchastres-vinculares-la-amistad-y-el-tiempo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2022 13:48:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Niñez]]></category>
		<category><![CDATA[Protagonismo]]></category>
		<category><![CDATA[adultocentrismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Contra el ritmo frenético del capital y la productividad desarrollista, los movimientos feministas y cuir nos invitan a desafiar la normatividad del tiempo y tejer afectos donde quisieron imponer jerarquías de crueldad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Contra el ritmo frenético del capital y la productividad desarrollista, los movimientos feministas y cuir nos invitan a desafiar la normatividad del tiempo y tejer afectos donde quisieron imponer jerarquías de crueldad.</em></p>



<p><strong>Por Paula Nurit Shabel | Ilustración: Señora Milton</strong></p>



<p>Sentadas en la plaza del barrio conversan una mujer y una nena mientras toman alguna bebida fría directo de un termo plateado lleno de calcos viejos. Se amparan del sol, pegadas a la sombra de un árbol, pero el calor igual les golpea la piel y ellas transpiran sobre el pareo que las contiene. La charla parece ir en cámara lenta. Se ríen un rato, hacen silencio, van despacio para resguardarse de los sofocos de este verano en llamas.</p>



<p>A unos metros se sienta en el banco de madera una señora de pelo blanco y movimientos calmos. Apoya el bastón a un costado y se acomoda la blusa, arrugada en el trajín de agacharse hasta el escaño. También está cubierta en sudor y se la ve fatigada, pero conserva un gesto alegre en la mirada, que tiene clavada en una joven que camina hacia ella con los brazos cada vez más abiertos para darle un abrazo.&nbsp;</p>



<p>¿Es posible que estos encuentros excedan los lazos familiares?, ¿nos imaginamos una situación en la que aquella mujer no sea la mamá de la nena, ni la tía, ni la hermana mayor?, ¿hay chances de que la joven no sea la nieta de la señora con bastón?, ¿pueden todas ser ellas amigas, compañeras, confidentes?&nbsp;</p>



<p>Las formas de la proximidad entre generaciones tienen impuestos guiones estrictos, que recortan los modos de ser con el resto y nos empujan hacia la repetición de un sistema que nos quiere aisladas, subsumiéndonos las unas a las otras. Cuando se trata de grupos de edades, hay algunas clasificaciones que se ponen en juego de un modo jerárquico y así se nos va instalando una distancia abismal entre infancia, adultez y vejez. Nos cuesta pensar relaciones entre estos grupos que no sean de parentesco, no porque no existan, sino porque se acallan.</p>



<p>No quiero con esto negar los efectos que tiene el paso del tiempo en nuestros cuerpos, sino volver a ellos desde un materialismo de la carne que abandone lo preestablecido para cada momento de la vida y para los vínculos que entre ellos se dan. Compartimos el mundo con las otras generaciones, que no son las pasadas ni las futuras, sino nuestras contemporáneas, y todas vivimos lo mismo desde la particular perspectiva que nos da los años.</p>



<p>La negación de esa contemporaneidad nos ancla al&nbsp;<a href="https://www.pikaramagazine.com/2016/06/adultocentrismo-y-feminismo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">adultocentrismo</a>&nbsp;como sistema de dominación de las personas adultas hacia las niñas y jóvenes. Una norma que procura ordenarlo todo teniendo al modelo adulto como referencial de perfección y complitud humana capaz de tomar todas las decisiones públicas con hambre de dueño de todo lo demás, incluso de los cuerpos de las edades anteriores, concebidas siempre desde la falta porque&nbsp;<em>aún no</em>&nbsp;están lo suficientemente desarrolladas.</p>



<p>Y lo mismo sucede con quienes vienen después de la adultez, eso que llamamos vejez y que suele caracterizarse como una edad que&nbsp;<em>ya no</em>&nbsp;puede (nada) y que debe aceptar lo que las personas adultas le ordenen para no convertirse en un estorbo. A esta forma de la opresión se la suele nombrar como viejismo y el concepto edadismo o etarismo reúnen ambas partes de la cadena de violencias (para saber más sobre estos conceptos pueden consultar los textos de Robert Butler y Allison James). El enjambre de conceptos no se refiere a cómo vos y yo nos manejamos con las personas en términos personales, sino a un sistema organizado para que las cosas salgan siempre de un modo y nos acostumbremos a maltratar y que nos maltraten.</p>



<p>La adultez, ese tiempo aproximado que hoy se estira entre los veintis y los sesentis, es el momento de mayor productividad en los términos del capital y, por ello, el mundo se ordena según su forma y criterio. Las herramientas están hechas para ser usadas por cuerpos adultos (piensen en la altura de los timbres en las casas o del banco de plaza que tanto trabajo le costó a la señora de pelo blanco), y sus mentes se suponen más lógicas y lúcidas que las demás. Con esto se asume que son las personas adultas quienes deben decidir sobre sus vidas y las de los demás grupos etarios y que estos últimos están más próximos a la naturaleza que a la cultura porque se encuentran todavía crudos o ya podridos para ser considerados personas. &nbsp;</p>



<p><strong>A lo que nos obliga el tiempo</strong></p>



<p>En la plaza la mujer se hace un rodete con sus rulos y se recuesta. Dormita, cansada quizás del trabajo y del calor que no baja. La nena se queda a su lado jugando con dos muñecas, un balde y varias piedras que recolectó hace un rato. Se le nota en los gestos esa energía de vacaciones del jardín que suelta en voz baja, para no despertar a su acompañante.</p>



<p>Cruza la escena la joven, que va en busca del puesto donde venden agua. Mientras, responde mensajes en el teléfono y manda un audio diciendo “en una hora llego”. Está ofuscada, pero se le va yendo la tensión en el camino de vuelta hacia la señora de pelo blanco, que revisa unos papeles de su cartera, de esos que llegan por correo y tienen indicaciones y plazos. La joven se sienta en el banco y comparten la frescura de la bebida conversando sobre una película cuyo nombre no pueden recordar. Se ríen de su desmemoria, hasta que suena una alarma en el celular de la señora y ella explica que es hora de volver a casa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El modo en el que organizamos el tiempo en nuestras vidas no tiene que ver con nosotras, que maniobramos la libertad como podemos entre calendarios, agendas y la absurda idea de que los aniversarios de nacimiento dicen algo sobre lo que somos en cada momento. Y nada en el tiempo es auto-evidente. Sus unidades y sus normas son artificiales y se consolidaron de este modo en un momento histórico determinado para aumentar la productividad del capital moldeando nuestros cuerpos de cierta manera. Esta crononormatividad repetitiva y agobiante nos exige ajustar la vida a lo largo de un tiempo enfermo que nos daña y que produce la ilusión de que este nos pertenece, como cuentan&nbsp;<a href="https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/ebdld/article/view/2431" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mariela Solana</a>&nbsp;y&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/pikara/enchastres-vinculares-amistad-tiempo_132_9104337.amp.html#" target="_blank" rel="noreferrer noopener">val flores</a>. Pero somos nosotras las que le pertenecemos al tiempo progresivo.</p>



<p>Mamando evolucionismo nos convencimos de que existe algo llamado desarrollo y de que eso nos lleva de menos a más en todas las dimensiones de nuestra existencia individual y social, algo que ya criticó Walter Benjamin cuando propuso&nbsp;<a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/tesis-de-filosofia-de-la-historia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un freno de mano al tren de la historia</a>. Para Occidente esto fue un llamado de atención sobre las supuestas maravillas del progreso que todo lo domina, y hoy lo recuperan varios movimientos anticapitalistas que gritan que no todo se resuelve con más producción y más tecnología (ni tampoco con menos). Pero es difícil que los oigan cuando el principio que rige el planeta es la acumulación. &nbsp;</p>



<p>Para nuestra cotidianeidad, este imperativo del incremento significa que si en algún momento de nuestra historia individual no tenemos más éxito que antes, ni más belleza, ni más seguridad o mejor remuneración, entonces estamos fallando. Hay una imagen que se volvió viral en las redes que lo explica muy bien, es un pasacalles escrito en letras inmensas que dice: “Jorge sos un fracasado. Todos progresan menos vos”. Pero el progreso no existe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Es cierto que el tiempo es irreversible, pero eso no significa que siempre vaya para adelante. Ni, mucho menos, que tengamos que actuar de cierta manera en cierto período de nuestra existencia y de otra después o que nos veamos en la obligación a hacer determinadas cosas antes de cierta edad. Romper esas crono-expectativas es importante para repensar las relaciones entre los grupos de edad y para combatir la permanente frustración a la que nos obliga tanto mandato. Sobre esto también hay muchos memes que comparan lo que nuestras madres y padres hacían a los treinta (como comprarse una casa) y lo que hace nuestra generación (memes, básicamente). Es un chiste, pero nos creímos el cuento de que íbamos a crecer y tener cada vez la vida más resuelta y después nos angustiamos porque no pasó.</p>



<p>En las biografías cuir la explosión del tiempo normado es un punto central, porque los comienzos y las transformaciones no siguen una línea recta. Cambiar los pronombres, hormonarse, salir a la calle vestide de cierta manera, son cosas que pueden pasar en cualquier momento de la vida o varias veces con interrupciones cortas y largas, y que además pueden pasar en muchas direcciones.</p>



<p>Y no hay momentos correctos para las decisiones, siempre son incómodas y siempre hay alguien que abraza del otro lado. Una persona que se nombra trans a los cuarenta es nueva en un mundo donde alguien de veintisiete ya tiene cierto recorrido para acompañarla, y las alianzas entre generaciones son más comunes que en las versiones heterocapitalista de la realidad. En estas trayectorias lo importante no es el número de DNI, sino la experiencia de cada quien y los puentes que podamos tendernos para apañarnos de la intemperie a la que nos empuja la normatividad.&nbsp;&nbsp;</p>



<p><strong>La resistencia de querernos tanto</strong></p>



<p>Hace ya más de dos años, en otra plaza, nos encontrábamos para celebrar una ley que costó mucho. Y, cuando salió, la celebración fue inmensa, con llantos y abrazos que se extendían a lo largo de numerosas cuadras. Invadimos la ciudad con nuestros cuerpos en modo aguante y ahí estaban la nena, la mujer, la joven y la señora de pelo blanco. Estaban las pibas de los secundarios que descubrían por primera vez el calor de la calle y las que ya en los setentas criticaban la idea de una revolución sin igualdad de géneros. Fue un abrazo de lucha sin tiempo y fue hermoso.</p>



<p>Si el poder opera obstaculizando el intercambio entre las personas a las que oprime, reunirnos, escucharnos y acompañarnos es una forma de la resistencia, que además suele salir bien. Pero se supone que las niñeces hablan solo en la casa y en la escuela, siempre para pedir y preguntar algo a una persona adulta o para responder a sus directivas. De las personas mayores se espera cierto anecdotario de mero valor sentimental y una vuelta al espacio privado para no molestar a nadie con opiniones ya acartonadas. ¿Cómo nos acercamos?, ¿qué formas del decir nos inventamos para arrimarnos y escucharnos mejor?, ¿qué afinidades crecen a la sombra del canon?</p>



<p>Desde los movimientos cuir y transfeministas se viene gestando una revuelta contra las estandarizaciones afectivas, tejiendo alianzas justo ahí donde nadie se lo esperaba. La posibilidad de esta revuelta se abre desde muchos rincones. Y uno es la fragilidad como condición humana, un combate feroz contra el ideal moderno de autonomía desde la exposición de la vulnerabilidad a la que nos someten nuestros cuerpos tan llenos de necesidades que nos empujan siempre hacia las demás (una idea que yo leí por primera vez en Judith Butler, pero que está presente en muchas otras autoras). No importa la edad que tengamos, siempre necesitamos de alguien que nos cuide y nos sostenga, y eso no nos quita valor ni le da a esa otra persona la potestad de tomar decisiones sobre nosotras. Si querer no es poseer, como aprendimos criticando al amor romántico, cuidar tampoco.</p>



<p>Además, todo el mundo podemos querernos con el resto. Abandonar los moldes vinculares no es solamente cuestionarnos con quién queremos tener sexo, sino dar vuelta todo el enjambre de relaciones que somos para volvernos hacia ellas con menos mandatos. No tengo por qué querer a nadie aunque sea de la familia, ni tengo por qué descartad de mi red afectiva a alguien por haber llegado al mundo antes o después que yo. Estoy hablando de hacer amistades con quienes nos dijeron que no valdría la pena, erosionando los bordes de lo posible, en un contrabando de vínculos capaz de ensanchar nuestra proximidad con la alegría.</p>



<p>Tomo la amistad porque creo que contiene prácticas de cuidado que se escapan de la lógica del compromiso y el favor, que desconocen el imperativo de la deuda en el dar(se) y apelan a un compartir por el disfrute mismo de hacerlo. Nombro la amistad, no para remplazar todo lo demás, sino para apreciar su forma particular, como una ligazón sin sujeción ni obediencia, como un encuentro con un otra persona que nos compone de un modo inesperado, porque en cada charla compartimos algo de lo que somos y eso nos vuelve transformado por el resto. No sé qué estaban conversando en aquella plaza la señora y joven, o la mujer y la niña, pero el mundo se volvía más amable cuando se sonreían, eligiéndose en esa compañía. Y cuando nos juntamos todas, hicimos tronar algunos cimientos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Hay una frase de marcha que lo dice con claridad: “Me cuidan mis amigas y no la policía”. Me gusta porque grafica muy bien esa entrega hacia las demás y esa confianza en su accionar que no se confunde con propiedad ni sumisión, y que tampoco espera la perfección del otro lado. Refiere, al contrario, a una forma del cuidado no prestablecido, que se reedita en cada acontecimiento sin volverse ejemplo ni norma camuflada del hacer y el querer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Creo que la amistad nos invita a buscar un modo alternativo de organizar los afectos entre grupos de edades, nos convoca a un amor político y una política de la alianza que nos permita romper distancias impuestas y conversar más entre quienes solemos ser silenciadas. Traigo la amistad como un llamado a amasar lo común que genera comunidad y hace florecer subversiones del lazo desde donde resistirle a la violencia y al abuso al que este sistema nos quiere acostumbrar. Lo que quiero decir, en definitiva, es que la amistad entre generaciones es parte de una sublevación afectiva en marcha, y que nos hace de refugio y de trinchera de contrataque. Vení, hacete amigue.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p>* Publicado originalmente en <a href="https://www.eldiario.es/pikara/enchastres-vinculares-amistad-tiempo_132_9104337.amp.html">Revista Píkara</a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/enchastres-vinculares-la-amistad-y-el-tiempo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crónicas Antifa: Las pibas A.C.A.B*</title>
		<link>https://marcha.org.ar/cronicas-antifa-las-pibas-a-c-a-b/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Feb 2022 22:04:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Niñez]]></category>
		<category><![CDATA[Protagonismo]]></category>
		<category><![CDATA[Antifa]]></category>
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		<category><![CDATA[criminalización de la pobreza]]></category>
		<category><![CDATA[paula shabel]]></category>
		<category><![CDATA[Policía de la Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[violencia policial]]></category>
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					<description><![CDATA[(*) A.C.A.B: "All Cops Are Bastards" (Traducción: Todos los policías son unos bastardos) Historias de pibas que se enfrentan a la violencia policíal]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style=" font-size: 14pt;"><i><span style="font-weight: 400;">La cronista nos acerca los relatos y voces de pibxs de alguna barriada popular de la Ciudad de Buenos Aires. No importa saber de qué barrio está hablando. Sus historias, comunes y cercanas, se entrelazan unas con otras hasta llegar al mismo final: El de las pibas que se plantan contra la violencia policial.</span></i></span></p>
<p><span style=" font-size: 14pt;"><b>Por Paula Shabel | Iustración:<a href="https://www.instagram.com/desobedienciavisual/"> Desobediencia visual</a></b></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Fue antes de la pandemia que empezó a pasar. Lxs pibxs del barrio ya iban cumpliendo los quince y salían de noche, iban a pasear a la costanera y se llenaban el cuerpo de sustancia barata, justo en frente de los edificios más caros de la ciudad. Esos que están llenos de personas que consumen a lxs pibxs en los policiales del noticiero mientras lxs pibxs tratan de consumir el poco aire fresco sin privatizar que queda al lado del Río de la Plata.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Otras veces se quedaban en el barrio tomando, se sentaban en las escaleras de su escuela primaria o en el cordón de la fábrica que queda en el pasaje, porque en esos lugares no hay movimiento de personas los fines de semana y pueden ranchear varias horas seguidas sin que nadie quiera usar sus puertas. Pero siempre está la policía. Y cada vez más. En los últimos años las calles se llenaron de enemigos para lxs pibxs, que apenas tienen donde estar porque en las casas tomadas el espacio escasea y la intimidad no existe. Entonces la vida se hace en la plaza, cuando no está cerrada, o en la vereda, donde tratan de pasar desapercibidxs sin ningún éxito, porque son tan jóvenes y tan pobres que se les nota lo exiliadxs de cualquier barrio pavimentado.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Andaban en esa la primera vez que vi a las pibas rescatar a los pibes de la yuta, rescatándonos un poco a todxs de la mierda del mundo y volviéndolo un lugar un poco más amable para vivir. Era el cumpleaños de uno de ellos, Carlo llegaba a los 17 y era el más grande. Para festejar habían comprado vodka y jugo, tenían mucho porro y se sentaron a fumarlo en unos escalones que encontraron debajo de un balcón, porque esa noche llovía y el cemento del piso de arriba les hacía de techo para no mojarse. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Era invierno y el aire estaba helado, pero siempre hay gente yirando por las calles de Buenos Aires, así que no se sorprendieron cuando pasaron dos hombres por al lado y les pidieron fuego. Lxs pibxs les convidaron el encendedor y mientras uno lo aceptaba guardándoselo en el bolsillo el otro les dijo que eran policías de encubierto. Enseguida lxs obligaron a tirarse al piso. A Jaime le pegaron una patada porque no quiso, le hicieron sangrar la boca del golpe, Braian se puso a llorar porque no entendía, él sólo había ido por el cumpleaños de su hermano mayor y hacía rato quería volverse a la casa. El resto hizo silencio mientras veía llegar a los tres patrulleros montando una escena de luces y ruidos que anunciaba otra noche en el Inchausti. Diez policías por un porro. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Los dejaron a todos ahí tendidos un rato, en suspenso. Se burlaron de ellos, disfrutando el hecho de haberlos atrapado otra vez, de tenerlos esposados rogando que los larguen, mirando desde abajo con los ojos llenos de rabia y pánico. A todos menos a Pamela, la única piba que había logrado sortear a sus xadres y llegar hasta la joda a pesar de las condiciones climáticas, que cuando se ponen adversas hacen decrecer los permisos adultos que las pibas necesitan para salir. Rodeada de varones, a Pamela la zarandearon las dos policías mujeres que participaban del operativo y le gritaron que se vaya y que no se junte más con esos chicos que eran todos ladrones y drogadictos. Ella les contestó que se iba, pero que no iba a dejar a sus amigos ahí tirados y empezó a caminar con demora, aguantando las lágrimas para no darles el gusto de verla en pánico. Llegó a la esquina, dobló y empezó a correr hacia la puerta del centro comunitario donde sonaban las chacareras de la peña que organizamos todos los meses con algunxs compañerxs. A unas cuadras del caos, la música anunciaba una forma del refugio.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Éramos cuatro en la puerta, también tratando de resguardarnos de la lluvia abajo del alero del local, tomando vino para calentar el cora. Pamela irrumpió la escena a los gritos y nosotrxs tardamos unos segundos en entender lo que pasaba porque ella apenas podía decir algo que no fuera “hay que ir a buscarlos, hay que ir ahora”. Finalmente entendimos y salimos disparadxs hacia la noche, guiados en el recorrido por Pamela que también nos explicaba cuál era la mejor forma de sacar a los pibes de esa situación: “Vos tenés que decir que sos familia de alguno, decí que sos la tía y que lo vas a llevar directo a la casa, a vos te van a creer que podés hablar bien y sos blanca”. Llegando al estruendoso show montado por los ratis, Pamela nos hizo señas con la cabeza para que avancemos hasta los pibes y se quedó atrás.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Le hice caso en todo. Tuve que rogarle a un policía y a otro, convencerlos de que Jaime era efectivamente mi sobrino y de que iba a llevar a todos a sus casas, dije muchas veces que eran menores de edad y prometí hablar con la madre de cada uno para que esto no vuelva a ocurrir. Lloré de la impotencia y estoy segura de que los policías se excitaron viendo a una mujer desesperada y completamente entregada a su voluntad. Y los largaron. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Pamela esperaba silenciosa y sabiamente en la otra cuadra. Se adelantó todavía un poco más para que no la reconozcan los miserables en su retirada, caminó hasta la puerta por la que se entra a sus habitaciones y se apoyó en la pared mientras nos veía llegar a paso lento. Teníamos el cuerpo duro del frío por la ropa ya toda mojada y en la calma de la liberación empezábamos a sentir el cansancio de la secuencia. Nadie hablaba, no teníamos palabras para contar lo que nos pasaba. Sólo nos abrazamos una vez al final de todo, una calidez del gesto con cada unx para despedirnos y asegurarnos de que estábamos ahí y habíamos sobrevivido. En el enjambre de brazos Pamela me dijo, bajito, “te voy a llamar para que hagas de mi tía en la escuela cuando llegue el boletín, que es un desastre”. Sonrió y entró a la casa, ya pensando en alguna nueva alquimia para subvertir el horror al que este sistema nos tiene acostumbradxs y del que ella se fuga fantásticamente una y otra vez. </span></p>
<p style="text-align: center;"><span style=" font-size: 14pt;"><b>***</b></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Natalia se puso de novia hace dos años. Conoció a Rodrigo en la plaza, una tarde que paseaba con sus amigas. Él jugaba al fútbol con los pibes de la casa tomada donde ella vive, y cuando terminó el partido se pusieron a charlar y esa misma noche se besaron paradxs en la reja ya cerrada de la plaza. Al mes ya era una relación oficial y merendaban juntxs casi todos los días, antes o después de pasear al perro de ella que ladra mucho pero es un buenazo. Se despedían cuando llegaba la noche, en general muy tarde, ya medio dormidxs y con ganas de seguir abrazadxs.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Cuando cumplieron un año juntxs no pudieron festejar porque él estaba internado en una granja, a la que su mamá lo había mandado después de la cuarta vez que lo agarrara la policía robando bicicletas en el barrio. Estaba por cumplir los 18 y si no abandonaba pronto el vicio de ser ladrón iba a caer preso enseguida, le dijo la vieja y lo mandó a guardar con los evangélicos.    </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">El día del aniversario Natalia lo llamó por teléfono, pero apenas pudieron conversar un rato porque él estaba empastillado y lento y a ella se le partía el corazón de sentirlo tan ido. Lo esperó estoicamente, sin apuros ni reproches y el día que Rodrigo volvió fueron juntxs hasta la pared de la fábrica de la vuelta y escribieron con un aerosol verde en letra inmensa “Nati y Rodri” y le dibujaron un corazón alrededor. Nada como romper las reglas para sentir la libertad en la piel.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Volvieron a la plaza y a los paseos del perro. Y volvió también la policía. Cada vez que salían lxs paraban, lxs reconocían desde la otra cuadra y lxs iban a buscar. Qué mierda hacés acá pendejo, te vamos a hacer cagar pibe, vas a terminar violado en el penal de Ezeiza, te lo decimos para cuidarte, yo tengo un hijo de tu edad y me da pena, te tengo reservada una bala, no te hagas el gil con nosotros que no te conviene, entrá al patrullero porque te mato, volvete ya para tu casa que no te quiero ver en la calle. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Hasta que una noche las amenazas se convirtieron en trompadas. Rodrigo cayó al suelo sin demasiada resistencia. Su delgadez de pibito que corre lo hizo doblar enseguida y exhalar un quejido doliente mientras se apoyaba en el piso a toda velocidad. Le dieron un rato a patada limpia e insulto potente. Porque él era un ladrón, porque les faltaba el respeto cada vez que lo paraban, porque no lo querían ver más en el barrio. Y porque sí, porque podían. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Natalia salió corriendo al primer golpe y los policías ni se preocuparon por seguirla. Qué iba a hacer esa flaquita tan pobre, que no llegaba ni a terminar la escuela y que se moría de miedo cada vez que los veía llegar por el asfalto. La dejaron ir sin mirarla, casi como prueba de la impunidad que ronda su accionar de yuta, esa tranquilidad que les otorga la tarea de cuidarle la riqueza a los ricos a cambio de un sueldo miserable, un poco de cocaína mala y una pistola. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Natalia fue hasta su casa, buscó a su mamá y a su tía, cargó su celular unos minutos y salió de vuelta a la escena del abuso encarnado en uniformes reglamentarios. Tenía fuego en los ojos, pero sus gestos se mantenían serenos al andar, al contrario de las dos señoras, que iban vociferando desaforadas que esos malditos policías la iban a pagar y que no podía ser tanta injusticia en este mundo. Llegaron a la esquina y la intensidad aumentó en la cuadra, crecieron los gritos de un lado y del otro, las mujeres insultaban y los ratis les ordenaban que se calmen, que ellos estaban haciendo su trabajo y que no se metan porque el pendejo no valía la pena.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Entonces ellas agarraron el teléfono de Natalia y le dieron play a todo volumen. La secuencia completa de esa noche empezó a escucharse por el parlante del aparato con un sonido que no era especialmente limpio, pero que alcanzaba para distinguir las voces amenazantes de esos hombres y la feroz caída de Rodrigo al piso después de osar preguntarle a uno “Por qué nos dicen esas cosas si no estamos haciendo nada”. Todxs hicieron silencio durante unos segundos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">No es que los policías tuvieran miedo de recibir sanciones o de perder privilegios por ese audio. Su impunidad está profundamente extendida en todos los engranajes del sistema, es maciza, dura, sin grietas por donde entrarle. Nadie iba a molestarlos por una apretada a un pibe con antecedentes.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">El problema para ellos era que esa pibita los había desafiado, grabándolos a escondidas cada vez que se les habían acercado a insultarlxs. Esa pibita calladita, a la que habían considerado casi inexistente, inútil, desechable. Ella les había tendido una trampa, una pequeña, algo casero e improvisado, con el celular en el bolsillo, apretando los botones a ciegas, tratando de que el micrófono registre todas las palabras porque sabía que un día iba a necesitar esas pruebas para que a Rodrigo no lo maten. O no lo encierren, que es parecido. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;  font-size: 14pt;">Natalia le salvaba la cabeza a Rodrigo dejando a la policía desorientada, no sólo por la emboscada, sino porque en ese acto ella confirmaba que a Rodrigo alguien lo quiere mucho y es esa alianza contra la que no pueden las balas. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><strong><span style=" font-size: 14pt;">(*) A.C.A.B: &#8220;All Cops Are Bastards&#8221; (Todos los policías son unos bastardos)</span></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/cronicas-antifa-las-pibas-a-c-a-b/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>&#8220;Votar juntxs&#8221;: Crónicas de la Democracia joven</title>
		<link>https://marcha.org.ar/votar-juntxs-cronicas-de-la-democracia-joven/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Sep 2021 17:40:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Niñez]]></category>
		<category><![CDATA[Protagonismo]]></category>
		<category><![CDATA[AulaVereda]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión post-PASO]]></category>
		<category><![CDATA[PASO]]></category>
		<category><![CDATA[paula shabel]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Voto joven]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Qué lugar real tienen las juventudes en las elecciones? En esta crónica, una experiencia que hace del voto "secreto, universal y obligatorio", un acto de construcción colectiva de ciudadanía.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="font-size: 18.6667px;">Mucho se dijo del &#8220;voto joven&#8221; durante las últimas semanas. Mientras las y los candidatos se centraron en campañas &#8220;creativas&#8221; para atraer a sus votantes más jóvenes, los principales análisis les subestimaron y responsabilizaron de los posibles escenarios de crisis política. Pero, ¿Qué lugar real tienen las juventudes en las elecciones? En esta crónica, una experiencia que hace del voto &#8220;secreto, universal y obligatorio&#8221;, un acto de construcción colectiva de ciudadanía.</span></em></p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">Por Paula Shabel (*) | Foto: Marcelo Aguilar</span></strong></p>
<p><span style="font-weight: 400; font-size: 14pt;">Nadie estaba realmente entusiasmadx por ir a votar. Nos movilizaba el espanto, la sensación de que a cada paso se nos privatiza la existencia, la tristeza de una ciudad exclusiva para seres de plástico que no se manchan, no se agitan ni enojan ni sueñan demasiado. Las encuestas ensombrecían nuestras fantasías de plaza, de picnic nocturno al lado de algún árbol. Nos dolía la piel de tanta gente sin techo y nos ardían las ideas de tanta policía en la calle. Nuestro propio suelo porteño cada vez más enemigo. Ningún voto podría paliar tanta mierda. </span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-weight: 400;">Pero el día estaba espectacular. El sol calentaba los cuerpos y daba ganas de estar ahí afuera haciendo algo. Salir a dar una vuelta, pedirse una medialuna barata en un bar y admirar la misa democrática que se engrosaba en cada escuela del barrio. Miles de personas saliendo a hacer una fila para decir algo, para plantarse en el idioma que nos presta la estatalidad, que no es el nuestro pero que hace falta. Nosotrxs preferimos los cantos del tumulto que marcha de Congreso a Plaza de Mayo, preferimos la masa, la marea que se para en la puerta de algún ministerio, perdernos en esa horizontalidad amorfa de la heterogeneidad pueblo cuando grita </span><i><span style="font-weight: 400;">aparición con vida</span></i><span style="font-weight: 400;"> o cuando celebra algo que pasó. El poder prefiere hablar en votos, pero suele escuchar más cuando hacemos sonar los bombos en multitud. Así que procuramos hacer las dos cosas, para encarar por todos los frentes y hacernos de las mejores trincheras en cada lado. No pasarán. O eso intentaremos.</span></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-weight: 400;">Así que era domingo y había que ir a votar unas internas abiertas en las que nadie pidió participar. El ritual complejizado por las medidas sanitarias y la confusión generalizada que nos dejó el año y medio de encierro. Ya no sabemos qué hacer cuando vemos mucha gente junta, nos olvidamos y ahora nos da ansiedad. Respiramos hondo y repetimos en mantra </span><i><span style="font-weight: 400;">menos mal que estuvieron las vacunas</span></i><span style="font-weight: 400;">. Entonces nos vibra un entusiasmo electoral, vamos que esto se podría poner peor. Armamos el plan con la familia porque nos toca en la misma escuela, o con quien sea que hayamos pasado la noche anterior, hacemos el mate y salimos. Nos juntamos después con las amigas, esperando que se termine la ridícula veda alcohólica para compartir unas birras. </span></span></p>
<p><span style="font-weight: 400; font-size: 14pt;">Yo me encontré con lxs pibxs en el barrio. Con ellxs, que nunca habían votado y que nunca se habían sentido realmente invitadxs a hacerlo, que no sabían ni dónde buscarse en los padrones y que se animaban a decir en voz alta que no entendían bien qué estaban eligiendo. La cita era a las cuatro. La mitad no bajó porque había ido a votar más temprano y le dio fiaca volver a salir. La otra mitad no tenía ni idea de qué boleta elegiría una vez adentro del cuarto oscuro. </span></p>
<p><em><span style="font-weight: 400; font-size: 14pt;">&#8220;¿Saben que en realidad no es oscuro el cuarto, no? &#8220;</span></em></p>
<p><span style="font-weight: 400; font-size: 14pt;">Lxs pibxs me miran con condescendencia por el chiste malo, pero aceptan que busquemos desde el celular una página en internet con las 14 listas que se presentan en CABA. Para saber quiénes son por lo menos, qué piensa cada unx. De algunas personas no teníamos ni idea, no pudimos encontrar un solo dato sobre sus propuestas para la ciudad. Las descartamos con resignación. Vimos una por una las listas rojas, después dijimos liberalismo y al final peronismo. ¿Qué nos espera con cada candidatx?, ¿Qué dicen de la vivienda, de las casas tomadas?, ¿Qué chances tienen de llegar al congreso y proponerse u oponerse? Un embudo del pensamiento pragmático que termina casi siempre en el mismo lugar (que no es el fascismo libertario, no fueron por ahí todxs lxs jóvenes del mundo, no simplifiquemos las edades de la vida en fórmulas estandarizadas). Discutimos un toque, nada demasiado profundo, que ya son más de las cuatro y hay que pasar por varios colegios para que todxs emitan su voto.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400; font-size: 14pt;">No sé cómo lo logramos en ese tiempo escaso y con el malestar en el aire de tanta gente que no se aguanta cuarenta minutos en un permanecer que produce ciudadanía, pero al final del día todxs habían estrenado su derecho. Más acostumbradxs que nadie a esperar que el Estado responda, no se hicieron ni un segundo de problema por las filas. Charlaron, entraron y eligieron alguna lista. Después nos fuimos a tomar un helado y discutir un rato más. De repente ir a votar era el mejor plan de día posible.  </span></p>
<hr />
<p><span style="font-size: 14pt;">(*) Educadora de AulaVereda</span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/votar-juntxs-cronicas-de-la-democracia-joven/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>No es lo mismo: debates sobre el trabajo infantil en perspectiva niña</title>
		<link>https://marcha.org.ar/no-es-lo-mismo-debates-sobre-el-trabajo-infantil-en-perspectiva-nina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Jun 2019 03:00:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Estefanía Ruffa]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<category><![CDATA[paula shabel]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo Infantil]]></category>
		<category><![CDATA[Virginia Nessi]]></category>
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					<description><![CDATA[El rol de los medios masivos y los debates sobre el trabajo infantil.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Virginia Nessi y Paula Shabel* (Nurit Shabel) / Foto por Estefanía Ruffa</strong></p>
<p>El 12 de junio, día internacional contra el trabajo infantil, nos han bombardeado con lecturas laxas sobre esta problemática. Celebramos el repentino interés de las y los políticos y medios de comunicación en poner a pibes y pibas en agenda, pero creemos necesario que se alejen de miradas cargadas de sentido común, donde se etiqueta abiertamente un “está mal” sin medir responsabilidades. Mucho más, como lo hace La Nación, retractándose un poco de la nota basura que sacó hace pocos días.</p>
<p>En esta nota, <em>La Nazzion</em> hace foco en el trabajo infantil, pero en el rubro televisivo y deportivo. Empieza mal, afirmando que las y los pibes de clases altas trabajan en estos sectores y comenta lo extenuantes y perjudiciales que son estos trabajos para niños y niñas. El problema es que nos quiere hacer creer que solo son las y los pibes ricos quienes laburan ahí para sacar el trabajo infantil de la cuestión de clase. Sin embargo, quienes laburamos estos temas sabemos que son personas bien de barrio las que se van a probar 1, 2, 100 veces al club para poder entrar a las inferiores, yendo de un club a otro para quedar y cumplir el sueño del pibe. Ni hablar si es el sueño de la piba, que encima lo tiene que hacer gratis. Son las y los pibes pobres quienes van a los castings de tele, a toparse con un mundo exagerado de mandatos y estereotipos.</p>
<p>Es que la nota la escribe desde su vivencia personal un ex gerente de la cultura y felicidad (increíble pero cierto) de Paez (las alpargatas lindas), con un cúmulo de lugares comunes y un moralismo que huele a podrido. El ex-gerente quiere demostrar que las problemáticas en torno al trabajo infantil nos afectan a todas las personas por igual, que incluso él, como padre, sufre porque le resulta inhumano que haya pibes y pibas que laburen o familias que les permitan laburar porque les hace perder la INFANCIA.</p>
<p>Así, desde su lugar, se encarga de menospreciar a madres y padres que se ven empujados a llevar a sus hijos e hijas a laburar porque no tienen donde dejarlos o porque necesitan que las y los ayuden. Se encarga de menospreciar a todas las familias que toman al trabajo como una instancia de aprendizaje, de transmitir aquello que saben hacer. Se encarga de menospreciar a todos los y las pibas que eligen laburar, porque, queramos o no, hay quienes quieren hacerlo, porque sienten una responsabilidad, porque sienten un interés, porque les gusta.</p>
<p>Pero al gerente, desde un medio hegemónico, no se le ocurre correr la mirada y preguntarse dónde está el Estado cuando hay menores laburando. Habla de un “Argentina” como responsable sin especificar que este gobierno ha empujado a más pibes y pibas a la pobreza, dejándolos por fuera de todo canal de contención. Él no problematiza qué proyectos tienen para que niños y niñas no deban trabajar y qué posibilidades tienen de no hacerlo cuando ven que en su casa no hay para comer. A él no se le ocurre pensar que si hay un pibe laburando es porque hay lugares que los contratan. A él no le resulta inhumano que un empresario gane millones a costa del laburo de menores, citemos a la primera dama Awada, por ejemplo. A él no se le ocurre pensar que la industria de la moda y la televisión necesitan de esos niños y niñas modelando, apareciendo, figurando para aleccionarnos.</p>
<p>Todos los medios de comunicación pusieron en agenda a las y los pibes, pero otra vez, sin escucharlos, sin hablar con ellos y ellas, sin preguntarles qué es lo que piensan sobre el trabajo. Reproducen normativas que poco ayudan a evitar aquello que prohíben, que solo invisibilizan y estigmatiza. Y con ello, también reproducen la desprotección de menores, en vez de alejarlos del trabajo. Reproducen un mensaje de No Al Trabajo Infantil sin brindar alternativas fehacientes. Reproducen una lectura que no toma en cuenta el aprendizaje que significa para algunas comunidades el trabajo de sus jóvenes.</p>
<p>Claro que hay trabajos que las y los pibe no tienen que hacer (tampoco adultos en la mayoría de los casos), que es inadmisible la explotación, la inserción de menores en tareas peligrosas o que atenten contra su salud. Por supuesto que deberían estar en la escuela, pero ¿Cómo lo van a hacer si hay escuelas que cierran, no tienen clases porque no hay agua, no hay vacantes ni transportes que los lleven hasta allí? ¿Cómo elegir lo que hacer con el tiempo si el gobierno no destina dinero para actividades de recreación y formación extraescolar?</p>
<p>Entonces, le decimos a La Nación que no. No es lo mismo el pibe rico que labura, que el pibe pobre que lo hace porque su familia no tiene para comer. No es lo mismo la que labura en un espacio de contención comunitario que la que lo hace sola, desprotegida y en riesgo. No es lo mismo el pibe o la piba que elige laburar que aquel que lo hace obligado por una situación. No es lo mismo que los empresarios hagan caso omiso a una reglamentación y tengan menores trabajando ilegalmente a que un pibe labure junto a su familia, aprendiendo mientras hace. No es lo mismo echarle la culpa a la familia que echarla al Estado, que hace 4 años está ausente para esta juventud.</p>
<p>Por eso, aprovechamos que un día toda la clase política se puso de acuerdo para hablar de los y las pibas (todavía les falta para hablar directamente con ellos y ellas) y que marcaron una problemática que los atraviesa, para preguntarles: ¿Qué proyectos tienen? ¿Qué propuestas concretas tienen para mejorar su calidad de vida, sus posibilidades, sus elecciones? ¿Qué planes tienen para evitar que se metan a laburar por necesidad? ¿Cómo pretenden garantizarles sus derechos? ¿Conocen cuáles son? Estamos a disposición para escuchar.</p>
<p><em>*Educadoras de AulaVereda</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-es-lo-mismo-debates-sobre-el-trabajo-infantil-en-perspectiva-nina/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>&#8220;Macri te odio por siempre&#8221;: Análisis del discurso presidencial desde una perspectiva niña</title>
		<link>https://marcha.org.ar/macri-te-odio-por-siempre-analisis-del-discurso-presidencial-desde-una-perspectiva-nina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Mar 2019 03:30:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Protagonismo]]></category>
		<category><![CDATA[Apertura de sesiones]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[niñez]]></category>
		<category><![CDATA[paula shabel]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Virginia Nessi]]></category>
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					<description><![CDATA[Ya han pasado unas semanas del discurso del presidente en la apertura de las sesiones legislativas, pero aún tenemos frescas algunas de sus cínicas afirmaciones en este año electoral que recién comienza. Mauricio Macri habló de diversas problemáticas, como la pobreza, la inflación, el desempleo, la justicia, la corrupción. En esta nota un análisis de [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ya han pasado unas semanas del discurso del presidente en la apertura de las sesiones legislativas, pero aún tenemos frescas algunas de sus cínicas afirmaciones en este año electoral que recién comienza. Mauricio Macri habló de diversas problemáticas, como la pobreza, la inflación, el desempleo, la justicia, la corrupción. En esta nota un análisis de su discurso desde una perspectiva niña.</em></p>
<p><strong>Por Virginia Nessi y Paula Shabel (*) / Foto: Hernán Nersesian </strong></p>
<p>Si bien resulta evidente la tergiversación y manipulación que ha hecho a lo largo de su discurso, en esta ocasión vamos a comparar las afirmaciones del presidente con la realidad que viven lxs niñxs en nuestro país. El presidente no sólo falsea información y brinda datos inconsistentes, sino que también deja en evidencia su mirada retrógrada y neoliberal sobre la niñez y adolescencia, principalmente cuando toca temas de educación, salud, economía y seguridad.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Educación</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Este primer tópico, el educativo, es retomado en distintos momentos del discurso del señor presidente, pero su primer acercamiento es cuando afirma que “Lanzamos programas para trabajar por la calidad educativa”. Si ahondamos un poco, podemos recordar que la partida destinada a la educación en el presupuesto nacional ha ido disminuyendo desde el año 2015. De este modo, el desfinanciamiento se siente en programas de Fortalecimiento Edilicio de los Jardines de Infantes y Plan Nacional de Educación Digital, que cayeron un 68% en términos reales. Otro tanto ocurre con las partidas para infraestructura y para formación docente, pilares clave para la educación.</p>
<p align="JUSTIFY">Sin tomar en cuenta estos datos, el discurso continúa tergiversante, volviendo al ruedo con la primera infancia: “más de 114 mil chicos son cuidados en 1.614 espacios de primera infancia construidos en todo el país”. Lo que no dice el presidente es que en su campaña prometió cientos de jardines y en cambio abrió algunos centros para niñxs dependientes de Desarrollo Social que no cumplen con los estándares educativos ni edilicios de una escuela, que no tienen concursos docentes ni rinden cuentas sobre su trabajo. Además del desfinanciamiento ya mencionado a la educación, esta política no toma en cuenta los miles de niñxs que son expulsadxs del nivel inicial porque ninguna provincia cuenta con las suficientes vacantes para salas de 4 y 5 años, obligatorias por ley. Tampoco toma en cuenta lo difícil que es asistir a un establecimiento educativo cuando este queda a kilómetros de distancia y no hay transporte público para movilizarse.</p>
<p align="JUSTIFY">Dejando de lado el cierre de espacios de formación docente (que merece un análisis aparte), al hacer el vínculo entre la educación y el trabajo, Macri sostuvo que es necesario conocer las evaluaciones globales que permiten brindar datos sobre la calidad de la educación argentina. Desconoce que esas evaluaciones tienen un carácter paupérrimo en materia pedagógica y han sido criticadas por muchos profesionales del área porque busca igualar a todxs lxs niñxs en sus diferentes situaciones sociales. Cuando dice “nuestros hijos” no distingue en lxs hijxs que asisten a escuelas privadas de doble escolaridad y una cuota de más de 30 mil pesos mensuales, de aquellxs que asisten a una escuela rural en un paraje provincial. No se les puede aplicar la misma evaluación porque los procesos de enseñanza y aprendizaje son distintos. La mejora de la calidad educativa tiene que saldarse en lo material a través de formación docente e infraestructura, y, el objetivo evaluativo, en estudios realizados por quienes investigan sobre la problemática educativa desde una mirada centrada en la niñez y desde el sur.</p>
<p align="JUSTIFY">Por otro lado, llegando al final de su discurso, Macri pregona sobre los avances en materia digital, para que docentes y niñxs se acerquen a la tecnología. Nuevamente, el presidente hace caso omiso a la falta de presupuesto y evita mencionar que su gestión cerró el Programa Conectar Igualdad, que significó una alfabetización tecnológica para millones de niñxs y docentes. En cambio, felicitó los logros del nuevo Programa Educación Digital que se implementó en las escuelas, que viene fracasando en sus intenciones dado que no toma en cuenta el hecho de que la alfabetización no es solo al interior de la escuela, sino es permitirle a lxs niñxs tener acceso desde sus hogares para la continuidad de la educación y también para la recreación.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Salud</strong></p>
<p align="JUSTIFY">En materia de salud, el primer punto en el discurso presidencial giró en torno al supuesto éxito de gobierno en impulsar “una mayor conciencia y un plan de acción para la prevención del embarazo adolescente”. Nuevamente, no hace referencia a programas específicos ni a sus presupuestos, todos recortados, y desconoce los datos publicados en 2018 por Naciones Unidas, donde afirman que la tasa de fecundidad adolescente es del 65 por mil, superior al promedio mundial. El presidente tampoco hizo referencia a su decisión de disolver el Ministerio de Salud, para empalmarlo al de Desarrollo Social, reduciéndole las partidas destinadas a todos los programas y demostrando en este gesto político la importancia que la gestión Cambiemos le da al sistema de salud público.</p>
<p align="JUSTIFY">En cuanto a la política en salud sexual y reproductiva, Macri apenas mencionó las aberraciones cometidas en hospitales públicos (de provincias aliadas al PRO) sobre los cuerpos de las niñas obligadas a parir y, en cambio, lamentó su condición de mujeres violadas afirmando que: “el Estado que no pudo protegerlas antes debe estar ahí para garantizarles sus derechos.”. Parece reírse de todas las mujeres que día a día luchan por la implementación de la ILE y de las docentes que día a día luchan por la implementación de la ESI, así como de las trabajadoras públicas que abordan estas problemáticas desde programas de protección integral a la mujer cada vez más desfinanciados. Mención aparte merece su lectura sobre la maternidad, cuando se jactó de valorizar el rol de las madres “porque todavía son ellas las que más se ocupan del cuidado de sus hijos”, dejándonos bien clarito que este gobierno no pretende generar ninguna política concreta para que esto se invierta.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Economía</strong></p>
<p align="JUSTIFY">En los aspectos de índole económico, un primer punto a remarcar es cuando sostiene que se ha bajado la pobreza. Segundos más tarde, afirmará resignado que “la pobreza ha vuelto a los niveles de antes”, quitándose responsabilidad y aludiendo a factores externos a su gobierno como los causantes de la misma. Lo que no dice el presidente es que en el primer año de su gobierno, casi 2 millones de personas cayeron en la pobreza, según datos de la UCA. Pero sí hay una verdad en su discurso: lxs más afectadxs son lxs niñxs pero, por supuesto, no se anima a dar números. En el primer trimestre de 2018, según datos de la EPH, en el grupo de 0 a 14 años, un 41% es pobre, para el segundo trimestre de 2017, un 39% lo era. Si se focaliza en los niveles de indigencia, para el primer trimestre del año 2018, un 8% de lxs niñxs es indigente, frente a un 7,6% del segundo trimestre del 2017. Es decir, casi un 10% de lxs niños de nuestro país no alcanza a los niveles mínimos de alimentos para reproducirse. Dos consideraciones deben retomarse en estos datos: los porcentajes para adultxs, se reducen drásticamente: un 23% es pobre en el 2018 contra un 21 en 2017; un 4% es indigente contra un 3,6% en 2017. Por otro lado, estos datos de la EPH son realizados en 31 conglomerados urbanos, que si bien buscan ponderar la situación de la totalidad del país, dejan de lado a una masa de población rural, que de haber sido tomados en cuenta, hubieran mostrado datos muchos más altos sobre la situación de pobreza e indigencia. Frente a esta situación, la única solución que propone el presidente es el aumento de la AUH del 46% es una medida irrisoria frente a la debacle que ha generado en materia de niñez a través del ajuste y la desfinanciación, sumado a que la inflación ha sido de casi 50% interanual. En esta línea, la AUH bajo un 17% interanual en términos reales, sumado a los intentos de quita por zona desfavorable en 2018.</p>
<p align="JUSTIFY">En otro plano económico, el presidente sostuvo en su discurso inaugural que frente a los problemas económicos no buscó salidas “que comprometiesen el largo plazo”, cuando en el año 2017, tomó un préstamo por 2750 millones de dólares con vencimiento a 100 años, comprometiendo a más de tres generaciones de argentinxs a su pago. Lxs niñxs que están naciendo en estos años, deberán hacerse cargo de los pagos de esa deuda. Pero además el nuevo préstamo solicitado al FMI compromete al país a aplicar políticas de ajuste a través de la baja del gasto público, el desfinanciamiento de la salud, la educación y la ciencia. Nuevamente, lxs niñxs quedan atrapadxs en una lógica de ajuste sobre sus derechos.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Seguridad</strong></p>
<p align="JUSTIFY">No podía faltar en su discurso el aspecto de la seguridad. Al igual que sucedió a principios de este año (y en una réplica de años anteriores) su discurso comenzó mencionando a la Reforma del Régimen Penal Juvenil. Como se sostiene desde distintos ámbitos, el cambio del Régimen es necesario, pero no de la manera en que la plantea este gobierno. Aquello que el presidente nombra como un detalle al sostener “que es mucho más que la baja de un año en la edad de imputabilidad para algunos delitos graves”, es en realidad su caballito de batalla para este año electoral, que es culpar a lxs pobres de su pobreza y buscar castigos ejemplares que calmen el descontento social. Específicamente, el argumento de la baja de edad de punibilidad está basado en la desinformación porque los delitos cometidos por menores de 16 años no supera el 5%, mientras que dentro de ese porcentaje, los delitos graves rondan en el 1,5%. Además de ello, tiene de trasfondo una perspectiva retrógrada respecto a la niñez y juventud, que no es solamente aterrador, sino también es una violación a la misma normativa del Estado argentino, que se sostiene en los principios de progresividad: no se puede realizar modificaciones legislativas que disminuyan los niveles de garantías y derechos ya obtenidos. Como ocurrió en otras oportunidades, el Presidente argumentó que el proyecto es “una respuesta del Estado a muchos chicos que van [en] camino de convertirse en delicuentes”, asumiendo que muchxs niñxs están predestinadxs a la delincuencia y que el Estado puede identificarlxs porque tendrían conductas predelictuales, dadas por naturaleza. Detrás de esto, hay una mirada estigmatizante de la niñez, que recae sobre lxs más vulnerables, lxs pibxs de familias más pobres. No conforme con esto, continuó el presidente diciendo “Y, hay que contenerlos, darles una oportunidad de hacerse responsables de sus actos” ¿Esa es la forma de contención? ¿No se podrá, en cambio, invertir en educación y en salud? ¿O garantizarle un trabajo digno a las familias donde viven esxs niñxs?</p>
<p align="JUSTIFY">Como punto extra, el discurso hizo referencia al ingreso de Gendarmería en las villas y en zonas vulnerables, y sostuvo que esta es una herramienta para frenar el narcotráfico, que ha dado buenos resultados. Lo que no cuenta el discurso son los casos de gatillo fácil que se han dado de mano de esta fuerza y a los que se le suman los de la Policía Federal, fogoneados desde el mismo gobierno nacional. La doctrina Chocobar recae sobre lxs más pobres y de ellxs, son lxs pibxs lxs más afectadxs.</p>
<p align="JUSTIFY">En suma, la tergiversación del discurso presidencial no sorprende y mucho menos en un año electoral. En todos los flancos a los que apuntó ha brindado información inexacta y en muchos casos, falsa, sobre la situación del país. Pero en otros, reproduce una lógica conservadora sobre el desarrollo de la sociedad, orientándose a mejorar la situación de lxs que más tienen en detrimento de lxs que menos. En materia de niñez y adolescencia, deja en claro su enfoque punitivista y culpabilizador de la pobreza. La falta de datos exactos a lo largo de su discurso, ocultan la situación de precarización a la que se enfrentan lxs niñxs de esta y próximas generaciones.</p>
<div id="sdfootnote1">
<p><strong>(*) Educadoras de AulaVereda</strong></p>
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<h4><strong>Notas relacionadas:</strong></h4>
<h4><strong><a href="http://www.marcha.org.ar/un-presupuesto-contra-la-infancia/">Un presupuesto contra la infancia</a></strong></h4>
</blockquote>
</div>

<p><a href="https://marcha.org.ar/macri-te-odio-por-siempre-analisis-del-discurso-presidencial-desde-una-perspectiva-nina/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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