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	<title>Padre Mugica &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Padre Mugica &#8211; Marcha</title>
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		<title>Villa 31, símbolo de la resistencia villera contra la Dictadura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 03:30:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[40 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Dossier]]></category>
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		<category><![CDATA[Villa 31]]></category>
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					<description><![CDATA[Dossier: a 40 años del Golpe]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Agustín Bontempo / @agusbontempo</strong></p>
<p><em>Mañana se cumplen 40 años del golpe cívico-militar-eclesiástico más sangriento y destructivo de nuestra historia reciente. Como parte del dossier realizado entre Marcha y Contrahegemonía, repasamos la lucha y la resistencia de las y los villeros, con el Barrio Padre Mugica como abanderado de aquellos años. </em></p>
<p>Sabemos, ninguna historia es lineal. Diversos avatares inundan de contenido todo tipo de procesos, con sus particularidades, contradicciones, causas y consecuencias. El caso de las villas en la Argentina, más específicamente en las grandes capitales y especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, no es la excepción a esta regla.</p>
<p>Próximas a cumplir su primer centenario, los barrios marginales comenzaron a surgir por la década de 1920, producto de la crisis europea de guerra y post guerra y que culminaría con la primer crisis capitalista contemporánea, en 1929. Para los adalides de la xenofobia latinoamericana, aquellos que llegaron en la gran inmigración de la Argentina agroexportadora 30 años antes y que colonizaron nuestra cultura legítima allá por el siglo XV, fueron los mismos que ocuparon las primeras tierras para luchar por el genuino derecho a la vivienda digna.</p>
<p><strong>Los años sombríos</strong></p>
<p>La problemática villera tal como la conocemos hoy no nació ni tuvo su desenlace en el año bisagra de 1976. Al contrario, luego del primer peronismo y de los años de desarrollismo (democráticos y de facto), donde abundaron el desinterés o tibios intentos por afrontar la problemática de vivienda, devino un nuevo golpe de Estado que colocó al frente de la nación primero a Juan Carlos Onganía (1966-1970), luego a Roberto Marcelo Levingston (1970-1971) y finalmente a Alejandro Lanusse (1971-1973). A partir de aquella época se acentuó la exclusión de las y los villeros así como también los niveles de combatividad en todas las esferas de la política.</p>
<p>El proceso de erradicación compulsiva empezó a escalar abruptamente con el retorno del peronismo y, específicamente, con el ascenso del <em>brujo</em> José López Rega a cargo del Ministerio de Bienestar Social, que cuenta, entre sus medallas, con la creación de la Asociación Anticomunista Argentina (Triple A), y es responsable, entre otros crímenes, de asesinar al histórico y emblemático <a href="http://www.marcha.org.ar/memoria-viva-del-padre-mugica/">Padre Carlos Mugica</a>, el 11 de mayo de 1974.</p>
<p>En aquellos años donde el ala derecha del peronismo conducía los hilos del país, se destacó la potencia militante del Movimiento Villero Peronista (MVP), organización cercana o incluso integrada a Montoneros y del Frente Villero de Liberación Nacional (FVLN). Ambos movimientos contaban con presencia nacional y con un activismo destacado en la Ciudad de Buenos Aires y más precisamente la Villa 31 de Retiro.</p>
<p>Durante la gestión de López Rega, se impulsó el Plan Alborada, que tenía la intención de erradicar las villas sin soluciones habitacionales para sus vecinos y vecinas. Esta proyección se mantuvo con el golpe del 24 de marzo de 1976 y fue la gestión de Osvaldo Cacciatore, mediante la Comisión Municipal de Vivienda (CMV), presidida por Guillermo del Cioppo y el Comisario Salvador Lotito, la que profundizó estos procedimientos con el triste antecedente de las topadoras en los barrios.</p>
<p>La violencia no tuvo límites. Destrucción de hogares, camiones que depositaban a personas al otro lado de la General Paz, represión, asesinatos y desapariciones. La ferocidad de estos métodos fue tal que en el caso de Villa 31, donde se concentraba la resistencia más acérrima, se logró en aquellos años disminuir la cantidad de habitantes de 50 mil a 40 familias.</p>
<p>Teófilo Tapia, referente histórico del barrio y uno de quienes resistieron en aquella época, <a href="http://www.marcha.org.ar/dia-de-la-memoria-la-dignidad-villera/">recuerda</a> que “ya habían matado a Mugica y quedamos prácticamente solos frente a las topadoras. Esto se replicó en todas las villas. Era muy duro ver cómo cargaban los camiones con familias y las tiraban del otro lado de la General Paz.”</p>
<p><strong>La fuerza de la organización</strong></p>
<p>Estos métodos se replicaron en prácticamente todas las villas de la ciudad, con algunos íconos emblemáticos como la <a href="http://para-todostodo.blogspot.com.ar/2013/07/la-ciudad-la-historia-y-la-villa-20-de.html">Villa 20</a> de Lugano y la <a href="http://para-todostodo.blogspot.com.ar/2013/09/el-otro-elefante-blanco.html">Villa 15</a>, conocida como Ciudad Oculta, nombre ganado por la construcción de un muro de cara al mundial de 1978.</p>
<p>En el año 1979 un grupo de 33 personas que habitaban el barrio de Retiro decidieron, a pesar de la adversidad, enfrentar a la dictadura para contrarrestar los desalojos. Así fue que este grupo se acercó a la Asamblea de Derechos Humanos, encabezada por Eduardo Pimentel, para pensar una estrategia conjunta. Ese mismo año, Pimentel junto con la Asociación de Abogados y por medio de la doctora Victoria Novelino y el doctor Horacio Rebón –ambos con vínculos con el Partido Comunista (PC)– presentaron un amparo para detener los desalojos. La astucia de los letrados estuvo en que la normativa vigente durante la dictadura establecía que frente a un desalojo, había que garantizar las condiciones de habitabilidad de las personas. Por este motivo, el argumento fue la “no innovación”, es decir, no cambiar lo que ya estaba establecido.</p>
<p>La Villa 31, que hoy es una abanderada en la organización y la lucha contra los malos gobiernos, daba su ejemplo y, desde aquel amparo, el resto de los barrios de la Ciudad de Buenos Aires llevó adelante medidas similares para frenar la impunidad de los dictadores.</p>
<p>Fátima Cabrera, otra gran militante de aquellos años, nos recordaba: “Los que sobrevivimos a tanto terror y tanta represión, que no solo fue para el pueblo argentino sino en toda América Latina, pensamos que esa memoria tiene que seguir siendo activa para ver las luchas de hoy. Son los mismos ideales de soberanía y de emancipación de los pueblos”.</p>
<p><strong>Rompiendo mitos</strong></p>
<p>Una de las grandes victorias de la última dictadura fue la cultural. El individualismo, el egoísmo, el apuntalamiento de una sociedad de consumo y desigual y, sobre todo, la división de clases o, mejor dicho, la división dentro de la clase trabajadora, han sido los resultados con los que hoy convivimos.</p>
<p>El negro villero, el pibe chorro, el joven sin solución es aquel que, en términos lacanianos, no permite constituir las identidades de la gente de bien, el trabajador, el que se rompe el lomo. Y peor que ese malo malísimo está la mala malísima que tiene hijos solo para cobrar planes, robarse la plata del Estado, coartar el crecimiento de la Nación. El hecho de que todos y todas somos personas y debemos gozar de los mismos derechos pasa a un segundo plano.</p>
<p>Ese imaginario social es el gran triunfo del liberalismo nacido al calor de Videla, Martínez de Hoz y compañía. El <a href="http://para-todostodo.blogspot.com.ar/2014/03/linchamientos-marginales.html">chivo expiatorio</a> siempre es el mismo y frente a él no hay prudencia ni respeto. El <a href="http://www.marcha.org.ar/frente-al-narcotrafico-el-estigma-villero/">estigma</a> de las y los villeros es un hecho <a href="http://www.marcha.org.ar/el-mundo-fue-una-porqueria/">consumado</a>. Son quienes más padecen este sistema con la pobreza, las y los mismos excluidos de los beneficios del mundo pero incluidos en nuestras prisiones, sin contemplar que son la consecuencia de la desigualdad social.</p>
<p>Sin embargo aquella tradición villera de solidaridad y hermandad nacida hace casi un siglo, sumado al sentimiento de clase y convicción militante, de lucha y organización, son banderas que los sectores populares hoy levantan para no repetir la historia, para alcanzar el legítimo derecho de vivir dignamente.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/villa-31-simbolo-la-resistencia-villera/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El mundo fue una porquería</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2015 03:01:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[ciudad de buenos aires]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Agustín Bontempo El pasado fin de semana un hombre murió luego de recibir un balazo en Villa 31, después de una supuesta riña vecinal. A continuación, dejamos algunas reflexiones sobre una situación cotidiana que cruza todas las problemáticas sociales. Corría el sábado por la mañana, una jornada tranquila como cualquiera. En el barrio Padre [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Por Agustín Bontempo</strong></em></p>
<p><em>El pasado fin de semana un hombre murió luego de recibir un balazo en Villa 31, después de una supuesta riña vecinal. A continuación, dejamos algunas reflexiones sobre una situación cotidiana que cruza todas las problemáticas sociales.</em></p>
<p>Corría el sábado por la mañana, una jornada tranquila como cualquiera. En el barrio Padre Mugica, popularmente conocido como Villa 31, la feria vecinal se desplegaba bajo el sol, hombres y mujeres hacían sus mandados, trabajaban o simplemente disfrutaban del inicio del fin de semana.</p>
<p>Alrededor de las 10 de la mañana, en el Barrio San Martín en la zona de la 31 Bis, un hombre que no mostraba estar en todos sus cabales, discutía y maltrataba a su mujer en una escena que, lamentablemente, nos acostumbramos a ver en los barrios marginales.</p>
<p>Según los <em>relatos oficiales</em>, a las 10.07 un hombre que se había levantado siete minutos antes, observó, entre dormido, la pelea de la pareja sin ningún tipo de intervención. Cuando el sujeto que estaba peleando con su mujer notó eso, sin mediación, se abalanzó sobre el observador que se metió a su casa, apartó a su familia hacia un costado y sin llegar a decir algo, recibió un balazo que atravesó su cabeza de un extremo al otro.</p>
<p>Mientras el <em>criminal</em> escapaba, el barrio se conmovía. La mujer y algunos amigos cargaron al herido en un auto particular y fueron hacia el hospital Rivadavia, donde recibieron la triste noticia de que el daño era irreversible. Muerte cerebral a la espera de que sus órganos dejaran de funcionar o fueran donados.</p>
<p>Para ese entonces, se supo, el <em>fusilador</em> había salido de prisión quince días antes luego de dos años encarcelado y, aparentemente, golpeaba a su mujer, robaba e incluso vendía droga.</p>
<p><strong>Un análisis no convencional</strong></p>
<p>El hecho es una excusa. No interesan los detalles. Tal vez los protagonistas eran buenos vecinos pasando un mal momento, tal vez eran personas que integraban una cadena mafiosa y se estaban disputando terreno. Incluso podría ser una simple ficción. Lo importante es la reflexión posterior a partir de hechos comunes.</p>
<p>El relato puede sonar angustiante. Vivirlo, mucho más. Pero tratemos de deconstruir discursos vulgares sobre este tipo de hechos, que no forman parte de los grandes noticieros ni siquiera bajo el título de “crímenes pasionales” o “conflicto vecinal”. Con suerte, aparecería en el reallity show llamado “Policías en acción”.</p>
<p>¿Se puede pensar que este tipo de hechos ocurre porque es propio de la (in)cultura de los y las villeras? ¿No será, tal vez, que el contexto en el que se vive tiende a tener actitudes de este tipo? La persona que ejecutó el disparo estuvo más de dos años en prisión. ¿No deberíamos cuestionarnos por qué motivo, al salir, tiene la necesidad de delinquir, violentar a su mujer e incluso asesinar a un vecino? La respuesta “Ese tipo de <em>gente</em> no cambia más” aquí no vale.</p>
<p>Lo concreto es que el sistema penitenciario, que suele estar abarrotado de ladrones de motos y asesinos de a pie, pero que no tiene lugar para ladrones de guante blanco, economistas y genocidas financieros, suele ser un castigo que carga de odio a las personas. Odio contra los demás, las calles, la ciudad y el mundo.</p>
<p>Al salir de prisión, conseguir trabajo es difícil. Si vivís en una villa, conseguir trabajo, también lo es. Si salís de prisión y encima vivís en una villa, conseguir trabajo es imposible.</p>
<p>Además de ser un asesino vecinal y, aparentemente, un ladrón, antes de pegarle un balazo a otro hombre, este sujeto estaba ejerciendo lo que deberíamos catalogar como violencia de género, en todo su esplendor. En la calle, ante todos sus vecinos y vecinas, gritaba, insultaba, sometía y golpeaba a su mujer. Es decir, que a esta persona no sólo hay que juzgarla por intento de homicidio sino también por el hecho que relatamos. </p>
<p>Ahora bien, lejos de justificar a este hombre en este hecho puntual, ¿no deberíamos debatir por qué en los barrios marginales la violencia de género se replica como en ningún otro lado? ¿Por qué motivo el aborto legal se rechaza como norma, pero mientras la clase media y alta pagan por ese derecho, son las jóvenes villeras quienes mueren en la clandestinidad? Podríamos decir que es propio de la cultura villera, donde las casas son patriarcales, con la mujer en la cocina y los hijos y los hombres bebiendo y saliendo, pero ¿es correcto que así sea?  ¿No será, tal vez, que las mujeres son, además, extranjeras, o morochas o simplemente villeras? Tal vez, ¿será que el hombre, frustrado, sostiene su hombría a fuerza de esta violencia de género? Sin dudas, estos temas y esta manera de pensarlos no circula en la agenda de los medios masivos, pero es importante iniciar un debate al respecto.</p>
<p>La sensación de qué la única justicia que debe llegar es para meter presos a los <em>pibes chorros</em>, sin pensar en todas estas causas y mucho menos pedir que la legalidad alcance a los responsables de estas desigualdades, presentan un desafío para el conjunto de la sociedad. Estos interrogantes no tienen una respuesta simple y clara, pero son debates que ante estas situaciones tenemos la responsabilidad de pensar.</p>
<p><strong>Un Estado que brilla por su ausencia</strong></p>
<p>Como ya dijimos, este tipo de hechos se repiten casi a diario. Las desigualdades sociales se ven como en ningún otro lado. A veces uno piensa que sí, que viviendo en esas condiciones, todo lo que circula en la sociedad bajo la cultura capitalista y patriarcal, en una villa se siente y se sufre el doble.</p>
<p>Parece que no es suficiente que la Constitución garantice la vivienda digna. Tampoco que haya leyes de urbanización. Mucho menos, incluso, pensar que simplemente por ser personas, todos y todas debemos gozar de los mismos derechos. El Estado porteño promete urbanizar, pero impone obras de maquillaje. El PRO asegura trabajo, pero se sostiene con la lógica punteril de planes y cooperativas. Mauricio Macri se molesta por la usurpación de terrenos, pero la Policía Metropolitana no recorre los barrios cerrando talleres clandestinos o enfrentando a los <em>narcos</em>.</p>
<p>Nobleza obliga, esta reflexión surgió de una situación en un barrio porteño, pero las condiciones de hacinamiento, las políticas de Estado orientadas a las villas, las dificultades para alcanzar legítimos derechos, se repite en varios puntos del país.</p>
<p>Sumado a esto, el Estado Nacional, que en octubre de 2014 creó la Secretaría de Acceso al Hábitat con el compromiso de urbanizar, en un primer tramo, cien villas, jamás de los jamases se los vio afrontando está problemática.</p>
<p>Un Estado ausente en todo su esplendor. No es que los villeros sean narcos, sucede que los narcos se refugian en las villas, donde gozan de la impunidad y la protección. No es que a los y las villeras les gusta vivir en un constante clima de violencia de género, de desigualdades, de falta de trabajo y vivienda digna, de acceso a la salud; sucede que el Estado no está allí para garantizar esos derechos. Sin embrago, sí podemos hacer referencia a un Estado presente, cuando las mismas fuerzas de seguridad que liberan zonas para enfrentamientos entre bandas, aparecen cuando hay que hostigar y reprimir a la clase trabajadora.</p>
<p>Las ambulancias no entran, la policía libera zonas. Las cloacas no existen o no funcionan, el tendido eléctrico es precario, el gas tampoco llega. Eso sí, tal como manifestó Cristina Fernández de Kirchner cuando se inauguró la Casa de la Cultura en la Villa 21-24 de Barracas en el año 2013, se vive mejor ya que hay Direct TV y todos y todas, seguro, envidiamos eso.</p>
<p>Este tipo de hechos debe ponernos a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos. En las villas, damos fe, se respira la solidaridad como en ningún lado. Se ayuda a construir la vivienda del vecino, se organizan para instalar su propio sistema de cloacas, tendido eléctrico, se consolidan cooperativas de trabajo comprometidas con el barrio e incluso se junta dinero para poder ofrecer un velorio digno a quienes fallecen. La diversidad cultural abre mentes, genera unidad. Las obligaciones son como en cualquier otro lugar. Pero los problemas cotidianos son cada vez más graves.</p>
<p>Cuando pensamos en la reiteración de estos hechos, debemos cuestionarnos si este sistema puede, no incluirnos, sino igualarnos a todos y todas. O será mejor pensar que el mundo, hasta hoy, fue una porquería y que el futuro está en nuestras manos. Vayamos hacia allí a transformarlo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-mundo-fue-una-porqueria/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Memoria viva del Padre Mugica</title>
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		<pubDate>Tue, 12 May 2015 03:01:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Bontempo]]></category>
		<category><![CDATA[Lopez Rega]]></category>
		<category><![CDATA[otras noticias]]></category>
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		<category><![CDATA[Villa 31]]></category>
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					<description><![CDATA[A 41 años de su asesinato]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><i><b>Por Agustín Bontempo</b></i></p>
<p><i>En los últimos años se ha puesto sobre la agenda, incluso de los medios masivos, un problema que acarrea un largo recorrido histórico: las villas y la falta de vivienda digna. Pensar en este flagelo nos lleva, directamente, a la imagen del Padre Carlos Mugica, referente de la luchas villeras entre fines de los 60 y principio de los 70, asesinado un 11 de mayo como </i><i>ayer</i><i> a manos de la Triple A.</i></p>
<p>Durante su infancia y adolescencia, Carlos Mugica fue criado en una familia conservadora y altamente religiosa. Posiblemente, gozaba de una formación que lo depositaría en las altas capas de la sociedad, cercano a la oligarquía y las patronales explotadoras. Sin embargo, su vida fue cambiando de rumbo.</p>
<p>Él siempre recordaba que los primeros años del peronismo fueron vividos, pensaba, como un mal considerable para el pueblo argentino. Y más allá de la posición que podamos adoptar frente a Perón y al movimiento peronista, la representación que la población humilde y trabajadora tenía para con su líder, le presentaron a Mugica una serie de cuestionamientos. La caída del General en manos de la <i>Revolución Libertadora</i> (Fusiladora para nosotros) por medio de un Golpe de Estado, la tristeza popular, comenzó a modificar su posicionamiento político e ideológico.</p>
<p>Con los años, las experiencias de la Revolución Cubana y especialmente el Che Guevara, también la Revolución Cultural China y Mao Tse Tung, las escaladas socialistas de varios países europeos y más acá en el tiempo, el Cordobazo y el Mayo Frances, terminaron por encuadrarlo de un lado específico: el de los humildes, los y las trabajadoras, el de las clases populares, el de los villeros y villeras.</p>
<p>Esta formación le permitió rubricar una formación ideológica en la que convivía el cristianismo, el peronismo y el socialismo, como pudo dar cuenta en su obra “Peronismo y Cristianismo”, donde pone toda la fe teológica al servicio de los pobres.</p>
<p>Con todo este bagaje, llevó adelante la lucha junto a los villeros y villeras de la ciudad de Buenos Aires, especialmente en el emblemático barrio Villa 31 de Retiro, hoy llamado <i>Barrio Padre Mugica</i>. “Lo único que hay que erradicar de las villas es la miseria”, pregonaba en contra de los gobiernos militares y democráticos que se fueron sucediendo y que apuntalaban políticas más o menos similares, siempre expulsivas y en contra de los barrios marginales.</p>
<p>Quedará en el recuerdo de todos su angustia por no poder vivir en la villa, su compromiso incuestionable con los pobres estando a su lado y no por sobre ellos, sus diferencias con Montoneros y las organizaciones armadas, su decisión por seguir a Perón, incluso cuando el generalísimo volvió en su versión más reaccionaria, y sobre todo su frustrado paso por el Ministerio de Bienestar Social comandado por el <i>brujo</i> José Lopez Rega, quien en el año 1974 promovió el asesinato de Carlos a manos de la Asociación Anticomunista Argentina (Triple A).</p>
<p><b>La vigencia en las luchas actuales</b></p>
<p>Las villas porteñas más antiguas comienzan a recorrer sus últimos años, previo al centenario de sus respectivos nacimientos. Tal es el caso de la Villa 31, que comienza a poblarse en la década del 20 producto de la inmigración europea de la primera postguerra, siendo este un dato que contrasta el imaginario social de que en los barrios marginales han sido nuestros hermanos latinoamericanos y del norte argentino quienes vinieron a “usurpar” terrenos.</p>
<p>Decenas fueron las batallas por el reconocimiento, por la vivienda digna, por la igualación de derechos. Sin lugar a dudas, en esta cronología Mugica es el símbolo principal y esencial de la lucha de los y las villeras, sin descuidar a muchos militantes más que han dado su vida, como Galleta Alfaro, asesinado por la dictadura militar en 1977 o Alberto Chejolan, a manos de las fuerzas de seguridad del Estado en 1974. Dictadura y democracia.</p>
<p>Pero también está la lucha viva de hoy, con vecinos que se organizan y que pueden simbolizarse, también, en la figura de Teófilo Tapia, el villero ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>Es toda esa historia, esos referentes, los que empujan por el cumplimiento de la Constitución porteña que garantiza la vivienda digna, específicamente (y casualmente) en su Artículo 31. Es la Ley 148/98, que promueve un marco general para la urbanización de todas las villas de la Capital Federal. Y es también la lucha por la reglamentación de la ley 3343/09 que dictamina la urbanización de Villa 31 y que se alcanzó luego de la lucha organizada de los vecinos y vecinas del barrio de Retiro.</p>
<p>Hoy el Estado porteño no garantiza la vivienda digna, no solo para las personas que habitan en las villas, sino para el conjunto de los ciudadanos. Es la administración del Pro, que encabeza Mauricio Macri y que continuará Rodriguez Larreta, quienes encajonan leyes, avanzan con obras de maquillaje, acuerda sobreprecios, controla punteros y protege narcotraficantes. Son las alianzas que el macrismo teje con los partidos tradicionales del peronismo, el radicalismo y las fuerzas aliadas emergentes, para sancionar acuerdos como IRSA o el Plan Maestro de la Comuna 8.</p>
<p>Pero nada de eso importa. Porque el reclamo por la urbanización de Villa 31 y de todas las villas, la reivindicación del Padre Mugica como abanderado de los y las villeras, y de todos los mártires que dieron su vida, la lucha del pueblo por sus legítimos derechos, hoy, están más en pie que nunca.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/memoria-viva-del-padre-mugica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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