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	<title>Pablo Solana &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Mon, 22 Jan 2018 19:53:14 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Pablo Solana &#8211; Marcha</title>
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		<title>De militancias, canciones y poesía: Darío Santillán y el Tata Cedrón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jan 2018 03:01:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Cuarteto Cedrón]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Nadia Fink y Pablo Solana Una foto bien guardada, un recuerdo que aparece, el Cuarteto Cedrón que toca y el Tata que desea tener esa foto. Un encuentro que reconstruye puentes entre generaciones,  caminos que vuelven a juntarse. El calor de la tarde no impidió que la juntada fuera con mate. Con mate y [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink y Pablo Solana</strong></p>
<p><em>Una foto bien guardada, un recuerdo que aparece, el Cuarteto Cedrón que toca y el Tata que desea tener esa foto. Un encuentro que reconstruye puentes entre generaciones,  caminos que vuelven a juntarse.</em></p>
<p>El calor de la tarde no impidió que la juntada fuera con mate. Con mate y facturas. Una charla compañera en la que el padre y el hermano de Darío Santillán –asesinado junto a Maxi Kosteki en la represión de Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002–, Alberto y Leonardo, le acercaron a Juan Tata Cedrón una foto que Darío guardaba como un tesoro entre sus pertenencias. Así, el recuerdo, el pasado y el presente, las militancias, la poesía y las “canciones de protesta” fueron un hilo que trazó la mateada.</p>
<p>“La camisa roja, el estuche azul y el saco marrón que todavía lo tengo. Ya me queda chico, pero lo guardo porque está buenísimo”, dice el Tata mirando la foto. “Uno guarda las cosas que le quedan chicas esperando adelgazar, pero sigue ganando en masa muscular nada más”, retruca Alberto y la carcajada general nace sola.</p>
<p>A la ronda de mate le falta un integrante: Mariano Pacheco, quien se recupera de una lesión en su ojo por una bala de goma ligada en la represión frente al Congreso cuando se trataba la Reforma Previsional. No estaba él pero llegó su libro, <em>Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo</em>, escrito a seis manos con Ariel Hendler y Juan Rey. De allí la referencia por el gusto de Darío por el Cuarteto Cedrón, una recomendación de su profesora de Literatura Andrea:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>“‘Porque era así esa época: no teníamos un mango’, cuenta Andrea. Sin embargo –recuerda– nunca faltaban los mates sobre la mesa, que acompañaran las extensas charlas, que a veces llegaban a durar horas, en las cuales los temas iban variando, pasando por la música (‘yo le recomendé Cedrón y él a mí a Hermética’). Es que Andrea había militado, siendo más joven, y Darío no lo hacía aún, pero se interesaba mucho ya por las cosas que pasaban en el país, en el continente y en el mundo”</em>.</p>
<p>Leo recuerda que la foto era de 1999 o de 2000, esa época en la que Darío descubría la militancia en los setenta, su música, y empezaba a nutrirse de lo viejo/nuevo para sumarle al rock de Hermética y Malón que le corría en su sangre joven.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-38034 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/01/dario1-566x410.jpg" alt="" width="566" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/01/dario1-566x410.jpg 566w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/01/dario1-1024x741.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/01/dario1-810x586.jpg 810w" sizes="(max-width: 566px) 100vw, 566px" /></p>
<p>–<strong><em>En esa foto Darío tendría 18 años, te había ido a ver a un concierto… ¿Qué sensaciones te generan los pibes y pibas que escuchan al Cuarteto Cedrón, que van a verte? </em></strong></p>
<p>–Me interesa que el público que nos ve, joven o no joven, sepa que lo que hacemos es poesía. Que puede ser una poesía de denuncia… Incluso cuando Gardel cantaba canciones, por ejemplo, sobre la prostitución, o que una piba se vaya del barrio porque quiere tener un poco de guita y se prostituye, eso es un problema social. Después hay un problema con la música, con el arte, hay un problema de emoción cuando vos hacés las cosas, que ese público que te viene a ver porque sabe que vos sos o zurdito o peronista o lo que quieras, pero viene porque tiene que ver con vos, se emocione también. La emoción no te la pueden sacar.</p>
<p>Entonces, yo pienso eso cuando veo a los pibes jóvenes. Eso que dicen en el libro de Darío, que cuando él escuchaba al Cuarteto buscaba una mirada más allá del panfleto de la militancia.</p>
<p>Cuando yo hablo de panfleto… yo hice la <em>Cantata del Gallo Cantor</em>, hice Balada del hombre que se calló la boca… Milité, pero eso no lo hubiera querido cantar, eh. <em>La Cantata</em>, después de lo de Trelew [el fusilamiento de presos políticos, en 1972]. Me la pasé ocho años llorando, sigo llorando, me vuelvo loco. ¿Por qué los tuvieron que matar? Yo no pienso en ganar, que maten gente y voy a hacer una canción. La hice porque me dolió el alma.</p>
<p>–<strong><em>Así como la profe Andrea le recomendó a Darío que escuchara al Cuarteto Cedrón para entender los setenta, ¿hay hoy una banda que se pueda recomendar para interpretar la época actual? Que te sorprenda, que te conmueva…</em></strong></p>
<p>Yo no sé si hay que entender la época por la canción… la canción forma parte de la época, si vos contás cosas de la época. Pero yo te estoy diciendo un poco lo contrario: las rosas hace siglos que salen, y ahora también. Yo hablo de la rosa… Después si vienen estos hijos de puta y te lo matan a Maldonado&#8230; Hay que ganarles a estos hijos de puta. Y de ahí la cantata que hicimos con Gelman sobre los combatientes, dice eso, “Afuera sigue la lucha de clases” &#8230; Y yo creo en eso. Gelman fue un militante, escribió eso, pero también muchas otras cosas&#8230;</p>
<p>Tuñón me dijo –porque en el disco ese colorado le hice un reportaje [<em>Cuarteto Cedrón canta a Raúl González Tuñón</em>]– “detesto las teorías absolutas”. Que lo que haga un artista, un músico, aparte de lo imaginativo –que es lo más importante– tenga que ver con la realidad&#8230; Hay una cosa de imaginación, que inventás vos, que es una cosa que está en el aire y vos la ligás con las cosas de la realidad. Tuñón dice eso. Un hombre, un artista, un pintor, un músico, tiene que serlo en la vida y en la obra; si no, algo anda mal. Tenés que tener coherencia. Está en ese disco.</p>
<p>La referencia a Tuñón sigue tejiendo los hilos de la charla. El Tata le pregunta a Leo: “¿Vos conocés el poema o conocés la cantata, <em>Chances</em>?”.</p>
<p>–<em>Sí, la tenía Darío en un caset.</em></p>
<p>–<strong><em>¿Tenía el caset Darío? ¡Lo grabé en el 76!</em></strong></p>
<p>Y El Tata recita, de memoria:</p>
<p style="padding-left: 30px;">Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba<br />
en defensa del desorden constituido del régimen<br />
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro<br />
entre una piedra y un fulgor de otoño</p>
<p style="padding-left: 30px;">puso el dedo en la palabra inicial<br />
apretó</p>
<p style="padding-left: 30px;">la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata<br />
salió el endecasilabazo<br />
siguió el discurso siguió<br />
la lucha de clases<br />
el capitalismo brutal<br />
el duro trabajo<br />
la estupidez<br />
la represión<br />
la muerte<br />
las sirenas policiales cortando la noche</p>
<p style="padding-left: 30px;">este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora<br />
a ningún dictador o burócrata aunque<br />
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata<br />
y también explica que<br />
un verso puede nacer del encuentro entre</p>
<p style="padding-left: 30px;">la lluvia y la piedra</p>
<p>Y la realidad le cae, al Tata, como una gota, o una piedra cuando exclama: “¡Faaaa! ¡Lo hice en el 76, ya me había tenido que ir!</p>
<p><strong>El tango, el rock y la penetración cultura</strong></p>
<p>Darío y el Cuarteto Cedrón vuelven a cruzarse en otro pasaje del libro:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>“La Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que dirigía Osvaldo Bayer, había llevado a militantes de Almirante Brown y Lanús a contar allí las experiencias del MTD y, como contraparte, algunos docentes iban a esos pequeños encuentros de formación que, por lo general, se llevaban a cabo en casa de la familia Santillán. Allí, antes o después de la clase, invariablemente sonaba el Tata Cedrón cantando ‘La calle del agujero en la media’, el poema de Raúl González Tuñón. Darío estaba fascinado con ese hallazgo que le había hecho conocer Mariano</em>”.</p>
<p>Y otro de los amigos que merodea la charla es Vicente Zito Lima: abogado, periodista, autor teatral y dramaturgo que, cuenta Alberto, “hizo varios poemas y una obra de teatro dedicada a Darío. Es tanto el amor que Vicente le tiene y es tanto el dolor que donde está siempre lo trae. Incluso en la obra <em>Eva Resucitada</em> es increíble cómo él, hablando de Evita, lo nombra a Darío. Si bien son años totalmente diferentes, él lo trae”. Y el Tata cuenta que a Zito lo conoció en 1962, cuando hacían recitales de poesía con Juan Gelman y Paco Urondo. También cuenta que fueron junto a un grupo de artistas a la prisión de Trelew después de la Masacre y que no pudieron actuar por los controles que había: “No nos dejaron entrar, entrábamos desnudos si querían”, cuenta, todavía enojado.</p>
<p>Esa mezcla de deseos y gustos intergeneracionales que portaba Darío aparece en la charla. Alberto recuerda que también iba a ver a José Larralde, y que llegaba cada vez que podía a presenciar el programa de Alejandro Dolina después de las 12 de la noche: “Me acuerdo de que hacía la cola, entraba; siempre andaba muerto y lo que pedía era un vaso de agua”. La pregunta surge inevitable:</p>
<p>–<strong><em>Él escuchaba el Cuarteto Cedrón, escuchaba música clásica y escuchaba Hermética, los Redondos… ¿Qué apreciación tiene de esa cultura rock juvenil, que para Darío no era incompatible?</em></strong></p>
<p>–Yo fui amigo de La Cofradía de la Flor Solar, de donde después salieron los Redonditos. Nosotros pensábamos que el rock era una continuidad del tango, por ejemplo, Almendra&#8230; El único disco de esos que tengo es ese que tiene “Muchacha ojos de papel”, ¡ese me gusta! Pero después nos dimos cuenta de que había una política de penetración. Se destruyeron discos que se hacían acá, no se escuchó más música nacional, se sacó todo lo nacional. Por ejemplo, eso de que el 50% de música que se pasaba tenía que ser nacional, como en Francia, que era como había hecho Perón acá, la pasaban entre dos y las cuatro de la mañana, cuando no escuchaba nadie. Igual que lo que están haciendo ahora con Radio Nacional.</p>
<p>Entonces, hubo una penetración&#8230; Mirá, hoy fui a hacer una gimnasia, toco el timbre y me responden “qué tal, Tata, ¿estás <em>heavy?</em>”. “<em>On line</em>”, “<em>delivery</em>”… yo leo poco las noticias, pero veo publicidad de zapatos, 29 dólares, 50 dólares, todo en dólares. Vos decís: ¿cómo hago para comprar este zapato? Toco ahí y está todo en inglés… Entonces, a nosotros nos doblegaron en eso. El Che decía: “El que ve un papel en el suelo y no lo levanta es un hijo de puta”. A esta altura del partido, ¿le tenemos que enseñar a la gente que si hay un papel en el suelo hay que levantarlo?  ¿A la gente le tiene que doler el bolsillo para que sé de cuenta que están vendiendo el país? El rock es penetración, flaco&#8230;</p>
<p>–<strong><em>¿También el rock en castellano?</em></strong></p>
<p>–Se penetra culturalmente y se saca la identidad. El otro día vi a un pibe tocando el bandoneón en la calle, lo felicité y le dije que viniera a verme. 32 años. Me cuenta que está haciendo cosas de Blomberg. “Ah, Blomberg es el que hizo ‘La pulpera de Santa Lucía’, ¿conocés?”. No, no la conocía. No conocía a Manzi. Eso es el rock.</p>
<p>Con Acho Estol, de La Chicana, nos queremos mucho. Son los primeros que nos cantaron. Y él me contó: yo cuando era pibe veía en la televisión el galán, los pibes con moñitos, engominados con esmoquin en “Grandes valores del tango”. Y el Acho me dice: yo vi eso y me fui al rock. Yo no, yo fui a un bandoneón. Yo vi eso también, pero nosotros teníamos otra estética, otro discurso poético. No el de mierda que nos mete la televisión. ¿Viste lo que es la televisión? No se puede ver nada. Y el rock tiene que ver con todo eso. Todo rock pasan. En castellano… ¿y qué tiene que ver el castellano con el rock? ¿Qué quiere decir <em>rock and roll</em>? Si nosotros teníamos chacarera, folklore, zamba, gato, lo que quieras, perro, conejo [risas]. ¿Por qué no hacen una vidalita, un triste pampeano?</p>
<p>Otros temas siguen surgiendo: la actualidad, los proyectos presentes y futuros (“Estamos constantemente haciendo, produciendo. Hicimos 5 espectáculos sin un mango. <em>Arrabal Salvaje </em>con 12 bailarines, <em>El Puchero Misterioso</em> que son como 20, villeros… con La Musaranga ahora vamos a hacer <em>El Riachuelo</em>. Hice la <em>Cantanta del Gallo Cantor</em> con La Lija, ¡y sin un puto mango! Ahora vamos a hacer una obra de títeres con Antonia, mi mujer”).</p>
<p>Pasaron tres horas y es tiempo de cierres. Están las fotos, las que se toma con Alberto y con Leo, y también en la que está Darío. El Tata besa la foto y la apoya en su piano; una instantánea que brilla.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-full wp-image-38035 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/01/Tata-y-Darío-piano-chica.jpg" alt="" width="600" height="300" /></p>
<p>Los abraza, se emociona, se ríe y no deja de contar anécdotas. Nos indica qué colectivo tiene que tomar cada uno según nuestro destino. Está en todos los detalles. Nos vamos un poco en silencio, contentos, también con nostalgia. “Yo creo que Darío estuvo acá, con nosotros”, dice Alberto. Y entonces vuelven <a href="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F237990821&amp;amp%3Bcolor=ff5500">esos versos de Juan Gelman que el Tata acaba de recitar</a>:</p>
<p style="padding-left: 30px;">Así como el cuerpo es uno y tiene<br />
muchos miembros<br />
pero todos los miembros del cuerpo siendo<br />
muchos<br />
son<br />
un sólo cuerpo<br />
si el pie dijera &#8220;porque no soy mano<br />
no soy del cuerpo&#8221;<br />
o la oreja como no soy ojo no soy del cuerpo&#8221;</p>
<p style="padding-left: 30px;">o la flor &#8220;porque no soy rostro no soy el pueblo&#8221;<br />
o el pueblo<br />
&#8220;como no soy flor no soy del pájaro&#8221;<br />
o el pájaro &#8220;porque<br />
no soy árbol no soy del combatiente&#8221;<br />
o el combatiente en su<br />
tumba &#8221; como no soy flor no soy pueblo&#8221;</p>
<p style="padding-left: 30px;">y el pie</p>
<p style="padding-left: 30px;">no mano ¿por eso no será del cuerpo?<br />
y la oreja no ojo<br />
¿por eso no será del cuerpo?<br />
y la flor no rostro ¿por eso<br />
no será del pueblo?<br />
y el pueblo no flor ¿por eso no será<br />
del pájaro?<br />
y el pájaro no árbol ¿no será del combatiente por eso?</p>
<p style="padding-left: 30px;">y el combatiente no flor ¿no será del pueblo por eso? ¿y<br />
el pueblo de él? ¿y de él la flor que brilla bajo la pura mañana<br />
en su sepulcro?<br />
¿la flor que una mano en su tumba puso? ¿mano que<br />
ni pie ni ojo ni árbol es<br />
y pueblo es y cuerpo y combatiente?</p>
<p style="padding-left: 30px;">¿mano que necesita pie y ojo y también flor? ¿pueblo<br />
que necesita al combatiente? ¿gracia del día bajada sobre él<br />
como flor como pueblo? ¿él sobre el pueblo<br />
como gracia del día como flor?</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/de-militancias-canciones-y-poesia-dario-santillan-y-el-tata-cedron/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Un libro para fogonear el reimpulso</title>
		<link>https://marcha.org.ar/35427-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 May 2017 03:03:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Nuestra América]]></category>
		<category><![CDATA[Gerardo Szalkowicz]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Solana]]></category>
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					<description><![CDATA[Se publica en Argentina el libro "América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista", compilado por los periodistas Pablo Solana y Gerardo Szalkowicz. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Solana / Gerardo Szalkowicz</strong><img loading="lazy" class="size-full wp-image-35428 alignright" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala.jpg" alt="" width="400" height="400" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala.jpg 400w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/ala-114x114.jpg 114w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></p>
<p><em>La editorial Sudestada acaba de publicar en Argentina el libro &#8220;América L</em><em>atina. Huellas y retos del ciclo progresista&#8221;, compilado por los periodistas Pablo Solana y Gerardo Szalkowicz. El artículo presentado a continuación integra dicha compilación, dando un balance de la región de los últimos años y proponiendo 10 reflexiones que se amplían dentro del libro que pueden ser derroteros de los tiempos que están por venir.<br />
</em></p>
<p>Nuestra América atraviesa, desde hace al menos dos décadas, un álgido tiempo de cambios. El denominado ciclo progresista definió un momento inédito de logros y oportunidades, tal vez el de mayores avances de conjunto en la región desde las esperanzas abiertas por la Revolución Cubana en 1959 y seguidas por los movimientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo xx. A mediados de 2009, en su momento de mayor despliegue, diversas propuestas políticas con arraigo popular gobernaban en siete de los doce países de América del Sur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela) y en tres de los siete centroamericanos (El Salvador, Honduras y Nicaragua). Sumando a Cuba, esos gobiernos abarcaban más de 300 millones de personas.</p>
<p>Las experiencias en cada caso fueron disímiles; tuvieron factores en común y diferencias importantes de señalar.<br />
En los últimos años hubo claras derrotas y el ciclo acusa una fatiga determinante, de consecuencias aún poco concluyentes. El destino de América Latina y el Caribe vuelve a ser una incógnita. Pero más allá del retroceso evidente, el ideario y los anhelos de emancipación que se proyectaron durante la última década y media no están derrotados. Eso sí: desde las fuerzas populares y revolucionarias urge reactualizar debates, recalcular y corregir, si se pretende recobrar impulso para volver a avanzar.</p>
<p>Este artículo expresa, ya desde el título, una intención clara: es nuestro deseo (para ello militamos y a ello dedicamos este trabajo) que los pueblos de Nuestra América logren dar un reimpulso decisivo a sus anhelos de transformación social, justicia e igualdad; que las conquistas del período que aquí analizamos sean punto de referencia para ajustar estrategias, corregir errores, incorporar nuevas miradas e ir por más. En ese sentido, el análisis de “lo que fue” tiene por objetivo alumbrar lo que será.</p>
<p>Para ello nos proponemos una mirada global, ya que comprender los alcances y límites de este ciclo implica indagar en sus factores de origen, su proyección más allá de las fronteras y sus decisiones de desarrollo. Pero, a la vez, una mirada que sepa diferenciar procesos al interior del bloque de gobiernos en cuestión: la generalización como ciclo progresista, si bien válida y necesaria a los fines de referencia sintética que defina al conjunto, suele ser injusta –e incluso contraproducente– a la hora de hacer valoraciones y extraer conclusiones cuando se pretende homogeneizarlo.</p>
<p>Buscaremos desarrollar ideas que ayuden a responder las preguntas: ¿Qué concluye con las crisis y los reveses del último tiempo, qué se proyecta como continuidad y qué es necesario descartar de ese bagaje para, por el contrario, “inventar” hacia adelante con la intención de no volver a “errar”? ¿Cuáles podrían ser los tópicos de un paradigma renovado para la izquierda continental que permita recrear un horizonte emancipatorio?</p>
<p><strong>Ciclo</strong></p>
<p>Coincidimos con el análisis, expresado en algunos de los artículos de este libro, de que una nueva etapa política en América Latina se inauguró a partir de las luchas sociales de resistencia al neoliberalismo antes que con la emergencia de los gobiernos pos-neoliberales (1). La relación entre esas luchas (que en algunos casos tomaron forma de verdaderas insurrecciones populares, más o menos organizadas) y los gobiernos que emergieron en sus nombres, no es sin embargo una relación lineal o mecánica.<br />
En algunos países, unos y otros eventos (luchas sociales / gobiernos pos-neoliberales) siguieron la misma dinámica que marcó el chavismo en Venezuela, que se propuso como alternativa al desgobierno neoliberal diez años después del Caracazo de 1989; lógicas similares se dieron tras los levantamientos en Bolivia, Argentina o Ecuador. Otros gobiernos se sumaron al ciclo de cambios tras procesos más pacientes y menos coyunturales de gestación: sucedió en Uruguay con el Frente Amplio (fundado en 1971), en Brasil con el PT (surgido en 1980) y, a su modo, con el sandinismo en Nicaragua y el FMLN en El Salvador.<br />
Como se ve, aunque son distintas las formas de arribo al gobierno, el factor previo de acumulación de fuerzas a la hora de entender esta nueva etapa es un dato que no se puede soslayar.</p>
<p>Pero las condiciones que favorecieron el desarrollo de las experiencias de gobierno aquí analizadas cambiaron, para peor, en al menos en dos aspectos determinantes:</p>
<p>1. En 2011 comenzó a agotarse el ciclo extraordinario de ingresos por commodities que financió en gran medida las políticas distributivas y gestó la base de estabilidad y consensos sobre los que se apoyaron los avances políticos y soberanos.</p>
<p>2. Esa realidad económica, sumada a la fatiga de los gobiernos por los años acumulados al frente del Estado, durante los cuales se subestimaron limitaciones y crisis endógenas, favoreció que las derechas aprovecharan la ocasión y capitalizaran el tiempo fuera del ejercicio de gobierno para reconstituir sus estrategias. Las fuerzas conservadoras desplegaron toda su artillería basada en su poderío económico, mediático y judicial, disfrazaron con nuevo ropaje sus viejas recetas y sacaron máximo provecho de los errores no forzados de los gobiernos alternativos. Se propusieron recuperar, por las buenas o por las malas, la hegemonía perdida, y lograron avances parciales, pero considerables, a nivel regional.</p>
<p><strong>¿Progresista?</strong></p>
<p>Más allá del rótulo, son diversas las caracterizaciones sobre el ciclo histórico que nos ocupa. ¿Posneoliberal? ¿Gobiernos populares y revolucionarios? ¿Socialismo del siglo xxi? ¿Populismos? Antes de adentrarnos en las particularidades de los distintos procesos, destaquemos los elementos comunes:</p>
<p>–Las luchas que precedieron a estos gobiernos se complementaron con un discurso oficial fuertemente anti-neoliberal y de ruptura con el Consenso de Washington; esos lineamientos se proyectaron en programas de gobierno alternativos, en algunos países más audaces y en otros más tímidos, lo que no impide caracterizar a todo el proceso como “pos-neoliberal”.</p>
<p>–Estos proyectos relegitimaron la “vía electoral”: en todos los casos llegaron al gobierno por elecciones transparentes y lo ejercieron con considerable apoyo popular, que renovaron en las urnas en sucesivas elecciones durante más de una década.</p>
<p>–Contaron con una coyuntura económica favorable para la región, caracterizada por el auge de los precios internacionales de las materias primas (productos agrícolas, hidrocarburos, minerales). Sobre el beneficio del denominado “superciclo” de los commodities, asentaron evidentes mejoras, como una disminución notoria de la pobreza entre 2001 y 2011, o la ampliación de derechos fuertemente reclamados durante la etapa previa. Hubo un repunte general de todos los indicadores económicos y sociales, hecho que reconocen hasta los analistas más críticos (2).</p>
<p>–Luego de lo que había sido la impronta privatizadora neoliberal, buscaron reponer al Estado un rol activo. En Venezuela y Bolivia las políticas sociales se complementaron con la nacionalización de resortes básicos de la economía. Eso favoreció la recaudación fiscal (aun en el marco de un sistema tributario regresivo) y fortaleció el aparato estatal, permitiendo recursos para distribuir y alentando una épica de soberanía.</p>
<p>–Estos gobiernos alteraron el tablero geopolítico regional, y su relación con el resto del mundo, al protagonizar lo que tal vez pueda considerarse el proceso de integración continental más importante desde el siglo xix. El liderazgo de Hugo Chávez –promotor de casi todas las iniciativas integradoras– fue crucial, la inclusión de Cuba en el ALBA y en la Celac resultó un aporte cualitativo determinante y, en general, hubo un desafío a la hegemonía norteamericana que tuvo momentos álgidos como el rechazo al ALCA en 2005.</p>
<p>Hecha esta valoración del ciclo como tal, consideramos imprescindible abordar las diferencias al interior del conjunto.<br />
Un análisis habitual entre los movimientos populares latinoamericanos da cuenta, durante el período que analizamos, de tres bloques de gobiernos. Por un lado, un bloque neoliberal integrado por gobiernos aliados de Estados Unidos y opuestos a cualquier mejora social (centralmente Colombia, México, Perú y Chile). Entre los que se propusieron quebrar esa continuidad se pueden definir dos tipos de proyectos, que el economista Claudio Katz caracteriza como “los centroizquierdistas, que mantienen una relación ambigua con Estados Unidos, arbitran entre el empresariado y toleran las conquistas democráticas (…); y los nacionalistas radicales, que son más estatistas, chocan con el imperialismo y la burguesía local, pero oscilan entre el neodesarrollismo y la redistribución del ingreso”. João Pedro Stedile, dirigente del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil y referente continental de los movimientos sociales del ALBA, en la entrevista que acompaña este trabajo comparte esa delimitación y la ejemplifica mencionando entre los centroizquierdistas o neodesarrollistas a los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil; y entre los nacionalistas radicales (que llama “proyecto ALBA”) a los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba (3).</p>
<p>Esta primera delimitación, aun siendo básica, suele ser esquiva cuando los propios referentes de los procesos en cuestión se refieren al ciclo en su conjunto. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia y reconocido intelectual de la izquierda latinoamericana, aunque suele expresar reflexiones críticas (4), describe el proceso regional de forma indiscriminada, incluso adoptando descalificaciones hacia quienes critican el énfasis extractivista de los gobiernos que más se acomodaron a la matriz neodesarrollista (“izquierdistas de cafetín”, los llama). El propio Chávez solía presentar a sus presidentes amigos, en el caso de Néstor Kirchner, Lula o Cristina Fernández, como mandatarios revolucionarios identificados con el proceso bolivariano. Eso, tal vez justificable en nombre de la diplomacia y de la voluntad unitaria que condicionaría a líderes con responsabilidad de Estado a la hora de esgrimir matices o diferenciaciones que pudieran entenderse como grietas al interior del bloque regional, se convirtió sin embargo en la línea política que hegemonizó el discurso de militancias y medios oficiales. En función de los desafíos que vienen y de los necesarios balances y aprendizajes, creemos fundamental evitar caer en esa falsa homogeneización.</p>
<p><strong>Diez reflexiones para fogonear el reimpulso</strong></p>
<p>Aun sin abonar las hipótesis de fin de ciclo, y entendiendo que la prioridad inmediata pasa por derrotar la ofensiva neoliberal actual, proponemos diez conclusiones en función de lo que entendemos deberá ser un reimpulso de los procesos de cambio en Nuestra América. Superar las debilidades y límites endógenos que manifestaron estos proyectos debe ser un objetivo central si pretendemos hacer los necesarios aprendizajes de la experiencia reciente, y reactualizar el trazo de un nuevo proyecto emancipador:</p>
<p>1. Superar la matriz productiva que impuso en Nuestra América el capitalismo dependiente. Resignarse al lugar de proveedores de bienes primarios al que condena a nuestros pueblos la división mundial del trabajo constituye un límite insoslayable para las economías latinoamericanas. La justificación del extractivismo como sostén casi excluyente de los modelos de desarrollo reforzó la centralidad de las multinacionales y sus megaproyectos en las economías de la región, provocando fuertes tensiones con movimientos ambientalistas y pueblos que habitan los territorios en conflicto (caso emblemático, Ecuador). Consideramos que esa ha sido una gran falencia de los gobiernos que, en algunos casos no sin cierto cinismo, enmascararon sus decisiones contrarias a las comunidades con una retórica “pachamámica”. La reelaboración de un paradigma emancipador deberá modificar la relación sociedad-naturaleza en clave ecosocialista; promocionar un modo de producción y reproducción de la vida que desafíe los roles globales de subordinación dependiente y opte decididamente por el respeto a la naturaleza y a los pueblos que habitan y defienden territorios ansiados por la voracidad del gran capital.</p>
<p>2. Mandar obedeciendo, construir poder popular. Un paradigma que sirva de reimpulso a las izquierdas y movimientos populares en Nuestra América debe tener su anclaje esencial en las construcciones de base y adoptar formas de democracia directa que garanticen un verdadero ejercicio del poder por parte del pueblo. En sus discursos, los gobiernos progresistas han abusado de nociones como “empoderamiento” o “gobierno popular”, al punto de vaciarlas de contenido. Concebir al pueblo y sus instancias de participación como meros apoyos a determinada gestión es una limitante que traiciona cualquier intención emancipadora. Retomamos una noción de poder popular como “medio y camino para la liberación, como fin último, deseo y proyecto” (5). Los gobiernos que desalentaron la defensa de las conquistas en las calles, que neutralizaron la capacidad de lucha, generaron una realidad social y política aquietada, en algunos casos abiertamente desmovilizada, lo que les restó fuerza en sus momentos más delicados. Como contrapunto, quienes incentivaron a los sectores populares a demostrar constantemente su fuerza en el espacio público, han logrado derrotar así varios intentos desestabilizadores. Movilización, autoorganización, dinámicas del mandar obedeciendo y protagonismo popular en todos los planos, constituyen una clave imprescindible para un proyecto de reimpulso.</p>
<p>3. Enfrentar decididamente al patriarcado. Los movimientos de mujeres en el mundo, y en particular en muchos países de Latinoamérica, están marcando época. Aun en momentos de relativo reflujo para el campo popular, vienen alumbrando el camino con multitudinarias movilizaciones, gran capacidad para generar amplios marcos de unidad y una envidiable eficacia para instalar agendas e interpelar al conjunto de las sociedades. Las luchas contra la violencia de género, pero también contra toda la cultura machista patriarcal, impulsadas por los feminismos populares nuestroamericanos, se van erigiendo en vanguardia para la militancia del continente. Sin embargo, a pesar de ciertas aperturas y avances legislativos, algunos gobiernos progresistas no mostraron su mejor disposición ante estas luchas. En algunos casos, como Ecuador o Nicaragua, fueron abiertamente reticentes a incorporar las demandas de los colectivos feministas, como describe Claudia Korol en las páginas de este libro (6). La recreación de un paradigma emancipador para Nuestra América no pude consentir, bajo ningún concepto, políticas retrógradas que confronten con el potente caudal histórico que impone el movimiento de mujeres. El feminismo debe ser elemento constitutivo e indiscutible del reimpulso popular que permita retomar la iniciativa continental.</p>
<p>4. Impulsar una verdadera “revolución cultural”. La disputa ideológica y del sentido común de la época quedó en un segundo plano. En la mayoría de los casos, las y los beneficiados de las políticas sociales fueron concebidos como ciudadanos-clientes, con mayor capacidad de consumo pero sin buscar poner en cuestión el ideario capitalista. En palabras del propio García Linera, hubo una “redistribución de riqueza sin politización social”. Tomar nota de esa limitación implicará proponer fuertes lineamientos de formación política y concientización, desde los estados cuando se llegue a ocupar su gestión y más aún desde las propias organizaciones populares. Habrá que pensar los procesos que se vienen más en la línea de los incentivos morales que supo plantear el Che Guevara que en los parámetros de consumo que, está visto, generan consumidores pero no empoderan sujetos de cambio.</p>
<p>5. Apelar al pueblo, también para librar la batalla comunicacional. Los medios que estuvieron en manos de los gobiernos progresistas no se han corrido del lugar de propagandistas del discurso oficial, exagerando los aciertos y ocultando las críticas, aún las provenientes del campo popular. El conformismo triunfalista y, como correlato, el acallamiento de los movimientos sociales que no se mostraron alineados, fue el centro de la estrategia comunicacional oficial. Otra lógica de gestión de la comunicación habrá que implementar si de lo que se trata es de lograr formas eficaces de combatir el terrorismo mediático de las grandes corporaciones que atentan y atentarán contra todo proceso de cambio, y concientizar a los pueblos sobre los desafíos y caminos posibles para superarlos. Allí donde se implementaron leyes para desconcentrar la propiedad de los medios, esos avances en la legislación no tuvieron un correlato real en empoderamiento en el sentido de cambiar el paradigma de la disputa comunicativa “por arriba” en favor de una lógica popular, descentralizada y masiva “por abajo” (idea que profundiza Natalia Vinelli (7)). De la misma forma que la movilización y el protagonismo del pueblo son claves a la hora de medir correlaciones de fuerzas en lo político, lo mismo hay que concebir a la hora de pensar en cómo librar la batalla comunicacional.</p>
<p>6. Cultivar una ética política antagónica a la de la partidocracia tradicional. De la mano de la naturalización de las reglas de juego de las instituciones burguesas, los gobiernos progresistas justificaron o pretendieron disimular notorios hechos de corrupción, que continuaron como un mal endémico de las democracias formateadas en función del gran capital. Es cierto que los medios hegemónicos manipulan, operan, crean campañas y sobreactúan, pero los niveles de corrupción estatal que se mantuvieron han tenido un peso determinante en la pérdida de aceptación popular. El cambio en este plano debe ser radical. Será necesario apostar a una ética política que no tolere la deshonestidad en la gestión pública, que haga pedagogía del combate a la corrupción que abundó en los gobiernos en cuestión.</p>
<p>7. Desbordar los límites de la democracia liberal. En aquellos países donde no se impulsaron reformas al andamiaje institucional vía procesos constituyentes, las gestiones de gobierno terminaron atrapadas en las lógicas del sistema democrático burgués. De la mano de esto, quedó al desnudo el fracaso de la fórmula de “conciliación de clases” (“cogobernar con los adversarios”, señala Isabel Rauber). La política de alianzas con sectores ideológicamente contrarios resultó un salvavidas de plomo. Brasil, y antes Paraguay, son los ejemplos más claros: Michel Temer pasó de principal aliado del PT a artífice de la conspiración; lo mismo hizo Federico Franco, vicepresidente de Fernando Lugo. En Argentina, el kirchnerismo decidió recostarse centralmente en el aparato del Partido Justicialista (PJ), con su estructura de gobernadores e intendentes conservadores, lo que le quitó sustento al relato de la “nueva política”. Toda proyección a futuro deberá desafiar la esencia representativa formal naturalizada por buena parte de los gobiernos del ciclo progresista. La democracia “participativa y protagónica”, plasmada en la Constitución chavista y materializada en el proceso comunal, da cuenta de que es viable intentarlo. A fuego lento –y no sin tensiones con parte de la propia burocracia oficial–, ahí hay un legado concreto para irradiar al resto del continente.</p>
<p>8. Combinar las diversas formas de lucha. Si bien la vía electoral se legitimó a fuerza de resultados favorables, también encontró sus claros límites. El golpe militar en Honduras y los golpes institucionales en Paraguay y Brasil demuestran que la derecha no tiene empacho en violentar sus propias reglas de juego. En los últimos años se extendió el asesinato de líderes sociales chavistas a manos de sicarios y paramilitares, que replican métodos contrainsurgentes extendidos en México o Colombia donde, por décadas, surgieron guerrillas en las zonas campesinas como autodefensas para repeler la violencia contra las comunidades. Si bien la lucha armada como vía de acceso al poder cedió terreno ante los procesos electorales, a futuro no está tan claro que alcance con la mera disputa institucional (necesaria, en la que se acumuló valiosa experiencia en los últimos años) para que proyectos populares se sostengan o puedan profundizar un programa anticapitalista. La movilización en las calles es imprescindible pero no siempre suficiente ante la violencia abierta o selectiva. Aprender de los reveses recientes implica tomar nota de la necesidad de desarrollar diversas formas de lucha, apelando a la autoorganización y previendo mecanismos de autodefensa.</p>
<p>9. Más debate, más autocrítica. El pensamiento crítico, el libre ejercicio de la autocrítica a la hora de evaluar errores e intentar rectificar, se vuelven prácticas imprescindibles para cualquier proceso de cambios que debe crear y recrear en medio de permanentes escenarios de confrontación. También en eso Chávez predicó con el ejemplo, al proponer críticas sin medias tintas a su propio gobierno, “golpes de timón” y frecuentes replanteos sobre el curso de la Revolución Bolivariana. “De la autocrítica surge siempre la fuerza para el reimpulso”, expresó alguna vez. García Linera se atrevió, en el último tiempo, a exponer conceptos críticos hacia el ciclo progresista, como los que recoge este libro. Pero esas dos menciones resultan, sin embargo, excepcionales en un panorama en el que predominaron discursos oficiales soberbios, descalificaciones a la menor disidencia y escasos sinceramientos de los pasos en falso. Lo que es pertinente señalar en los líderes de estos procesos, se vuelve imperdonable cuando es la propia militancia popular la que se muestra dispuesta a justificar lo injustificable o mirar para otro lado cuando desde los gobiernos se pacta con sectores conservadores o se confronta a comunidades en resistencia.</p>
<p>10. Potenciar la integración económica continental. Durante el ciclo progresista que analizamos, la novedosa arquitectura del regionalismo latinoamericano no tuvo su correlato en la coordinación de políticas macroeconómicas. Aun en los mejores años, el comercio intrarregional nunca superó el 15 por ciento del total de las exportaciones (en la Unión Europea alcanza el 63 por ciento). El Banco del Sur, que fue anunciado en 2007 y nunca terminó de tomar cuerpo, es la más clara evidencia. La tan mentada “nueva arquitectura financiera” no avanzó mucho más que en los discursos. Creemos que sólo desde una decidida integración económica América Latina podrá tener peso para alterar la relación de sumisión al mercado mundial.<br />
* * *<br />
Más allá de la deriva futura de este ciclo, entendemos como principal conclusión que el reflujo de los progresismos evidencia el fracaso del capitalismo “bien administrado”, “serio” o “con rostro humano”. Esas precisiones se montan sobre otra certeza cada vez más irrebatible: el fracaso del capitalismo en sí, más allá de cualquier apellido o adjetivación. Los proyectos tibios, moderados, que no se animaron a profundizar o al menos esbozar intentos poscapitalistas, terminaron abonando el terreno para el retorno de los dueños de todas las cosas.</p>
<p>Como contrapartida, la izquierda latinoamericana recuperó, en el marco del ciclo progresista, un paradigma de acumulación de fuerzas y ejercicio del control del Estado que resultó compatible con el empoderamiento popular y las perspectivas de cambio estructural. Ese paradigma, más que en los gobiernos pos-neoliberales de conjunto, se hizo carne en la experiencia más avanzada en la región, la transición venezolana a lo que Chávez definió como Socialismo del siglo xxi: una combinación de disputa de las instituciones del Estado, desafío a los intereses de los sectores concentrados de la economía, proyección continental, impulso a la organización popular e intento de puesta en práctica de dinámicas sociales y económicas no capitalistas, como es la construcción del Estado Comunal y sus espacios de autogobierno. Más allá de la pervivencia de una matriz productiva que sigue siendo capitalista, de las fortísimas dificultades que atraviesa la Revolución Bolivariana desde hace varios años y del peligro latente de que se impongan en el tiempo las corrientes del chavismo más conservadoras, ese paradigma fue el vector más claro de incidencia en la disputa de proyectos continentales y que la memoria larga de la lucha de clases en Nuestra América deberá preservar. “Comuna o nada” fue el último legado de Chávez. Convertirlo en dogma, pretendiendo que los reveses recientes son meras circunstancias a remontar, sería tan grave como desconocer que, aún necesitado de retroalimentación, balances e imprescindibles complementos que lo enriquezcan, ese paradigma de prefigurar una nueva institucionalidad es una referencia simbólica irreversible y resulta válido por lo que es, pero además como piso de construcción futura.</p>
<p>El juego sigue abierto. El futuro de la Patria Grande se percibe incierto pero necesariamente combativo. La clave, el factor neurálgico, será siempre partir desde abajo y a la izquierda, anclar los procesos en el protagonismo popular, en el empoderamiento real y colectivo como esencia de cualquier búsqueda transformadora. Nuevos insumos deberán crearse o recrearse a la hora de reelaborar paradigmas que, en la medida en que las experiencias concretas de lucha de los pueblos los alienten y sostengan, se podrán proyectar para reajustar el rumbo hacia un horizonte emancipador, libertario y socialista para Nuestra América.</p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p>1- Referencias a las luchas populares que precedieron a los gobiernos del ciclo progresista pueden encontrarse en los artículos de este libro de Hernán Vargas, “Aportes para el balance y perspectivas del movimiento popular en el período actual”, pág. 79; Isabel Rauber, “Latinoamérica: ¿fin de ciclo o nuevo tiempo político?”, pág. 25; y Sebastián Quiroga, “Los progresismos en América Latina: parte de un ciclo largo de lucha que excede a los gobiernos (y a los países)”, pág. 91.<br />
2- Menciones a los indicadores económicos favorables en la región durante el ciclo progresista pueden leerse en análisis críticos que integran este libro, como el de Maristella Svampa, “Crítica a los progresismos realmente existentes”, pág. 59; y Jorge Viaña, “Las dos fases de una década y el desafío de reconducir el proceso”, pág. 147.<br />
3- “Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía”. Entrevista a João Pedro Stedile, dirigente del Movimiento Sin Tierra de Brasil, en pág. 73<br />
4- García Linera, Álvaro. “Límites y contradicciones de una década virtuosa continental”, en pág. 53<br />
5- Mazzeo, Miguel. El sueño de una cosa (introducción al poder popular), editorial El Colectivo, Buenos Aires, 2007.<br />
6- Korol, Claudia. “Cuerpos y territorios en el Abya Yala”, en pág. 97.<br />
7- Vinelli, Natalia. “La batalla comunicacional: entre las oportunidades perdidas y la construcción de nuevas condiciones”, en pág. 109.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/35427-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Ecuador (y Nuestra América) ante una elección decisiva</title>
		<link>https://marcha.org.ar/ecuador-y-nuestra-america-ante-una-eleccion-decisiva/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Mar 2017 03:03:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
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		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Ecuador se juega una pulseada continental: si Lenín Moreno gana las elecciones, los gobiernos pos-neoliberales en América Latina podrán recobrar un vital impulso; si pierde, la derecha regional insistirá con dar por cerrado el ciclo inaugurado por Hugo Chávez en 1998.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" lang="es-US"><b>Por Pablo Solana*</b></p>
<p class="western" lang="es-US"><i>El próximo domingo en Ecuador se juega una pulseada continental: si Lenín Moreno gana, los gobiernos pos-neoliberales en América Latina podrán recobrar un vital impulso; si pierde, la derecha regional insistirá con dar por cerrado el ciclo inaugurado por Hugo Chávez en 1998 y acelerará su ofensiva contra los gobiernos alternativos que aún quedan en pie. El enfrentamiento de Rafael Correa con el movimiento indígena y sectores de izquierda, y la reticencia de éstos a apoyar al candidato oficialista, podría ser determinante frente a una segunda vuelta reñida. Aprendizajes para lo que viene.</i></p>
<p class="western" lang="es-US">En esta segunda vuelta el oficialista Lenín Moreno enfrentará al banquero neoliberal Guillermo Lasso, quien aglutina a distintos sectores conservadores tras su promesa de destronar al “régimen” de Alianza País. En primera vuelta, Moreno no logró –por muy poco– el 40 por ciento necesario para imponerse sin balotaje. Lasso obtuvo el 28 por ciento, seguido por Cynthia Viteri (16 por ciento); otro candidato con programa conservador, Abdalá Bucaram (hijo del expresidente) obtuvo cerca del 5 por ciento. Esos tres candidatos congregaron un voto opositor por derecha que, si se mantiene ahora concentrado en el principal contrincante de Alianza País, podría garantizarle un piso cercano al triunfo (la suma de los tres guarismos da 49 por ciento). Por su parte, las encuestas… las encuestas suelen fallar –así sucedió en la primera vuelta–, por intencionalidad manifiesta o por desacople de la realidad más profunda, así que sigamos el análisis con base en elementos más verificables.</p>
<p class="western" lang="es-US">En medio de los dos contendientes principales quedó la candidatura de Paco Moncayo con 6,7 por ciento. Con fuerte apoyo de organizaciones indígenas y sectores populares opuestos al correísmo, Moncayo recogió el descontento con el gobierno pretendiendo desmarcarse de las propuestas neoliberales. Siguiendo con el análisis de los resultados de primera vuelta, cabe señalar que, con apenas un 0,7 por ciento más de los votos a su favor, Lenín Moreno hubiera ganado la presidencia sin balotaje. ¿Es legítimo especular con que parte de los votos que fueron al centroizquierdista Moncayo, al ser de origen de izquierda o popular, bien podrían haber reforzado la candidatura oficialista con la intención de bloquear definitivamente el acceso al gobierno a la derecha neoliberal?</p>
<p class="western" lang="es-US">Lo que en las matemáticas electorales resulta evidente en política no lo es tanto. Entre el correísmo y los sectores populares que apoyaron a Moncayo hay un antagonismo alimentado por diez años de conflicto que, a esta altura, parece insalvable. El caso resulta emblemático porque esa escena, que podríamos simplificar con la imagen de un progresismo en el gobierno enfrentado con expresiones del movimiento popular que se afirman en posiciones de izquierda, no es exclusiva de Ecuador: en general, los gobiernos que protagonizan o protagonizaron el “ciclo progresista” (Argentina, Brasil, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Nicaragua, El Salvador), han tenido –o incuban– similar contradicción.</p>
<p class="western" lang="es-US"><b>Progresismos e izquierdas</b></p>
<p class="western" lang="es-US">En un análisis que excede a Ecuador, el investigador uruguayo Eduardo Gudynas marca “una divergencia cada vez mayor de los progresismos con las posiciones de las izquierdas que les dieron origen”. Caracteriza que los progresismos en el gobierno resignaron la necesidad de debatir las concepciones de desarrollo desde posiciones anticapitalistas, como sí proponía la izquierda que alentó las luchas que precedieron a los gobiernos pos-neoliberales; que la concepción de justicia social de aquellas izquierdas excedía el asistencialismo en el que recayó la gestión de los gobiernos en cuestión, y que la agenda de derechos humanos, pilar de la resistencia a las dictaduras primero y al neoliberalismo después, fue abandonada “poco a poco” desde los gobiernos (1).</p>
<p class="western" lang="es-US">La crítica resulta válida, aunque tal vez injusta si se aplica a todos los gobiernos como si fueran un sólo bloque (en esa fórmula suelen caer los críticos por izquierda al “ciclo progresista”, haciendo énfasis en las limitaciones o claudicaciones de los gobiernos más moderados y englobando en ello a procesos más complejos y coherentes en sus intenciones de cambio). La diferenciación más habitual que suele hacerse desde la izquierda es entre gobiernos “neodesarrollistas” moderados (Argentina, Brasil, Uruguay) y otros que el economista Claudio Katz denominó como “nacionalistas-radicales” (Venezuela, Bolivia). Puede resultar válido señalar que la idea de justicia social con la que surge el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil o que se reclamó en las calles argentinas a fines de 1990 dista mucho del asistencialismo del plan <i>Fome Cero</i> o del manejo clientelar de los subsidios que hizo el kirchnerismo; sin embargo, resulta claramente desacertado calificar como “asistencialismo” o “clientelismo” a las experiencias de autogestión comunal en la Venezuela bolivariana o las conquistas notorias de derechos históricamente negados a los pueblos originarios en Bolivia.</p>
<p class="western" lang="es-US">Siguiendo con ese análisis, ¿en cuál categoría entra Ecuador?</p>
<p class="western" lang="es-US"><b>¿Revolución? Ciudadana</b></p>
<p class="western" lang="es-US" align="right">“<i>El modelo de acumulación no lo hemos podido cambiar drásticamente. Básicamente, estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa.” </i><b>(Rafael Correa en entrevista a </b><i><b>El Telégrafo</b></i><b>, enero de 2012)</b></p>
<p class="western" lang="es-US">
La brecha creciente que, en términos genéricos, marca Gudynas entre el progresismo y la izquierda tiene expresiones particulares en cada realidad concreta. En Argentina, el kirchnerismo y la izquierda (la trotskista vinculada a luchas obreras y con presencia parlamentaria, o la independiente con anclaje en el movimiento barrial y estudiantil) no han congeniado en 12 años; en Ecuador ese desacuerdo tomó forma de confrontación entre el gobierno de Alianza País y los movimientos indígenas, ambientalistas, feministas y sindicales. La imagen de un caudal determinante de votos provenientes de sectores populares contrarios al correísmo en las últimas elecciones grafica un conflicto que tiene raíces de fondo en el modelo económico y político por el que optó Alianza País.</p>
<p class="western" lang="es-US">Durante los primeros años el gobierno de Correa promovió cambios sustanciales, en sintonía con las demandas populares que habían puesto en crisis el paradigma neoliberal: el fin del convenio militar con Estados Unidos que impidió la continuidad de su base militar en territorio ecuatoriano; la caducidad del contrato con la petrolera norteamericana Oxy; la suspensión del TLC con Estados Unidos y la declaración de ilegitimidad de un tramo de la deuda externa; la incautación de bienes de banqueros implicados en la quiebra del sistema financiero en 2000 y la creación de una Comisión de la Verdad para investigar casos de violación a los derechos humanos, entre otros. La Constituyente de 2008 incluyó definiciones de avanzada, como el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado y el robustecimiento de mecanismos de democracia “directa, participativa y deliberativa”. A la vez, Ecuador acompañó los indicadores de crecimiento que tuvieron otros gobiernos: en toda la región la pobreza global disminuyó de 44 a 31,4 por ciento promedio entre 2001 y 2011, y la pobreza extrema de 19,4 a 12.3 por ciento. Tras esos indicadores favorables hubo incrementos salariales y políticas asistenciales que mejoraron la situación objetiva de los sectores excluidos (2). En ese contexto, y durante el primer impulso de gobierno con el grueso del movimiento popular organizado de su lado, Correa logró de entrada altos porcentajes de popularidad, por ejemplo el 63 por ciento con el que se ratificó la nueva Carta Magna en 2008.</p>
<p class="western" lang="es-US"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-34977 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/03/grafico1ecuador.jpg" alt="" width="545" height="698" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/03/grafico1ecuador.jpg 545w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/03/grafico1ecuador-320x410.jpg 320w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/03/grafico1ecuador-474x607.jpg 474w" sizes="(max-width: 545px) 100vw, 545px" />En aquella coyuntura inicial, Alianza País mantuvo alianzas con el movimiento indígena y diversos sectores sociales. Pero con los años, “el movimiento gobernante tendió a subestimar el aporte de las organizaciones sociales mientras éstas exigían real participación” (3). De ahí en más (2011-2012), la Revolución Ciudadana sumó a la confrontación que ya tenía por derecha, la enemistad de una parte importante del movimiento indígena, sectores sindicales, organizaciones feministas, movimientos ambientalistas y pequeñas fuerzas de izquierda.</p>
<p class="western" lang="es-US">El movimiento indígena, expresado centralmente en la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE), le reclamó al gobierno la Ley de Recursos Hídricos (2014), y chocó con el gobierno en luchas por la defensa del territorio ante proyectos extractivistas; los gremios de maestros confrontaron las reformas regresivas en materia de educación; los colectivos feministas resistieron una política de agresión discursiva y estigmatización promovida desde la propia voz presidencial… Así el correísmo fue desgastando en parte su adhesión popular.</p>
<p class="western" lang="es-US">El hecho de que la Revolución Ciudadana haya contado durante toda su primera etapa (2007-2014) con un ciclo económico internacional favorable por los precios de los <i>commodities</i>, no aminoró la conflictividad con sectores populares organizados, sino al contrario. En un rapto de sinceridad que no volvió a repetir después de la entrevista de 2012 con el diario <i>El Telégrafo</i>, Correa reconoció no haber cambiado el modelo de acumulación (“no es nuestro deseo perjudicar a los ricos”, justificó) aunque, siendo estrictos, deberíamos decir que el modelo, entendido en términos de su matriz extractivista, no sólo no se cambió sino que se profundizó en perjuicio de las comunidades y a favor de las multinacionales que hicieron sus grandes negocios con la Revolución Ciudadana. Los proyectos extractivos se multiplicaron con los años y, de la mano de eso, el correísmo definió un modelo político burocrático-estatal, aséptico a los sectores movilizados y refractario a cualquier voz popular disidente.</p>
<p class="western" lang="es-US">La primera vuelta electoral graficó las consecuencias de este enfrentamiento: el partido gobernante perdió votos decisivos en la mitad del país campesino e indígena, principalmente en las regiones donde hubo mayor conflictividad social por cuestiones ambientales y extractivistas (ver gráfico). Por supuesto que hay otros factores de incidencia electoral más complejos, como la pérdida de apoyo de sectores medios beneficiados por el consumismo fruto del crecimiento económico que entró en crisis durante los últimos años, o el poderío económico y propagandístico de la oposición de derecha que logra mostrarse como cordero ante un electorado receptivo a propuestas de cambio. También hay un cuestionamiento genuino sobre posiciones que adoptaron algunos referentes indígenas en clara alianza con sectores de la derecha; aunque minoritarias, esas expresiones resultaron funcionales a los sectores conservadores sobre los que se apoyaron y también a quienes, desde el oficialismo, se regodearon en estigmatizar al movimiento indígena en su conjunto. Como fuera, unos y otros factores no son el objeto de este análisis. A los fines de un balance útil al campo popular, mantengamos el foco en analizar el costo que debió pagar el correísmo (y que, esperemos que no pero aún puede pagar, de cara a la segunda vuelta electoral) al subestimar y enfrentar a sectores dinámicos del campo popular en nombre de un modelo económico que, a la larga, también terminó quitándole base social.</p>
<p class="western" lang="es-US"><b>Espejos</b></p>
<p class="western" lang="es-US">Días pasados, organizaciones de Argentina y Brasil difundieron una carta abierta titulada “Pueblo del Ecuador: ¡No elijas a un representante de la derecha financiera!”. El texto lleva las firmas de importantes sectores populares como el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), Patria Grande o el Movimiento Evita de Argentina, y la Central Única de Trabajadores (CUT) y el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Allí ponen como ejemplo los casos de ambos países en los que la reacción conservadora logró hacerse con el control del Estado después de más de una década de gobiernos progresistas. El caso que podría ser más similar a Ecuador es el de Argentina, ya que allí el cambio de gobierno se produjo por medio de una contienda electoral. La carta advierte: “Hace poco más de un año, Argentina vivió un momento similar. El 22 de noviembre de 2015, en el balotaje, triunfó por un margen muy pequeño (2,7 por ciento) el candidato Mauricio Macri (…) A partir de su asunción, las políticas de su gobierno no dejaron lugar a dudas: gobierna sólo para los ricos. Las tarifas de agua, luz y gas aumentaron inmediatamente: en los primeros meses de 2016 el tarifazo alcanzó entre el 100 y el 400 por ciento. Y a principios de 2017 volvió a aumentar. El precio del transporte se duplicó hace un año y ahora pretenden aumentarlo otro 60 por ciento más”.</p>
<p class="western" lang="es-US">La voz de alerta es justa y necesaria; los perfiles de los candidatos de derecha en uno y otro caso son similares y, más allá de los aspectos personales de cada cual, el programa de la restauración conservadora es continental, lo que puede variar son los niveles de ilegitimidad (Brasil) o violencia (Venezuela) a los que estén dispuestos a acudir para lograr sus objetivos.</p>
<p class="western" lang="es-US">Pero hay otra imagen del espejo argentino que se replica en Ecuador, que suele ser más incómoda para quienes defienden de manera acrítica a los gobiernos progresistas. Tanto en un país como en otro, desde el gobierno se dieron dinámicas de exclusión, desmovilización y en algunos casos persecución a expresiones del movimiento popular. Esto, además de ser contradictorio con la retórica popular y hasta revolucionaria que sin excepción estos gobiernos esgrimieron, a la larga les restó un apoyo vital. Esas actitudes erradas desde los gobiernos por lo general fueron y son acompañadas por una notoria falta de sentido crítico entre quienes se constituyen en bases de sustento y defensores de lo que, de hecho, es un gran proceso de cambios digno de ser defendido. Pero el silencio acrítico suele ser una mala receta, más en momentos en los que toca rectificar.</p>
<p class="western" lang="es-US">¿Medidas económicas y políticas contra el movimiento popular deben entenderse como hechos “menores” respecto al factor geopolítico? ¿Señalarlas es hacerle el juego a la derecha? ¿Hay que callar los aspectos antipopulares de los gobiernos progresistas “más allá de la justicia o no del reclamo, más allá de la mayor o menor importancia del tema”, como propuso el sociólogo Emir Sader antes de la primera vuelta electoral, mientras el pueblo Shuar era reprimido en favor de la incursión minera de capitales chinos? No habían pasado 48 horas de la elección de primer término cuando Enrique Tiwiram, vocero del pueblo Shuar, fue detenido como parte de un largo proceso de criminalización de la protesta social. Si bien ya fue liberado, su proceso penal es parte de los más de 700 casos de persecución judicial documentados durante los 10 años de Revolución Ciudadana (4). Peor suerte corren el líder indígena Agustín Wachapá (5) y el sindicalista Stalin Robles (6), ambos en prisión, uno por “incitación a la discordia” y el otro por haber apoyado el levantamiento indígena de 2015.</p>
<p class="western" lang="es-US">La exigencia de libertad a los militantes populares perseguidos por luchar es una bandera de la izquierda continental que suele defenderse con generosidad más allá de mayores o menores afinidades políticas. Sin embargo, es estridente el silencio en torno a los presos políticos en Ecuador. ¿Los líderes populares encarcelados durante el gobierno de Rafael Correa no merecen ser defendidos, política y públicamente, más allá de las fronteras? Hay una cuestión de principios que debería motivar a alzar la voz. Desde una ética guevarista, si se quiere, por aquello de “sentir cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”. Y si no, en el caso de los gobiernos, tal vez por mero pragmatismo, ya que es evidente que cierta pérdida de apoyo social tiene que ver con las decisiones económicas y políticas que contradicen los intereses de sectores populares, los que deberían ser considerados base y esencia de un proyecto de transformación social y no contrincantes a los cuales someter y disciplinar.</p>
<p class="western" lang="es-US" align="center"><b>* * *</b></p>
<p class="western" lang="es-US">Ahora bien, volvamos al principio: el próximo domingo se juega una partida de importancia continental para los progresismos, los movimientos populares, las izquierdas y las personas de bien en general: nada bueno podrá esperarse si el candidato de Alianza País es derrotado. Ojalá Lenín Moreno se imponga y que quienes se lamenten de la derrota sean los grandes dueños de todas las cosas que esperan readueñarse del aparato del Estado ecuatoriano con el triunfo del banquero Lasso.</p>
<p class="western" lang="es-US">Ya que estamos con expresiones de deseos: sería bueno que Alianza País, una vez que gane, tienda puentes y reconvoque al conjunto del movimiento popular, desarrolle una gestión de gobierno que profundice reformas estructurales, revea esa limitación reconocida por el propio Correa y sí se decida por “cambiar el modelo de acumulación” sin miedo a “perjudicar a los ricos”.</p>
<p class="western" lang="es-US">Por último, más allá y más acá del resultado electoral: es deseable también que, tanto para defender los avances logrados allí donde los hubo como para resistir el embate neoconservador y preparar un reimpulso de los proyectos populares a nivel continental, nos animemos a balances críticos sin temor a debilitar por ello procesos que, aun con sus contradicciones, defendemos y valoramos. A fuerza de algunos reveses vamos dándonos cuenta que las debilidades no están en la crítica y autocrítica necesaria desde el campo popular sino en las flaquezas y claudicaciones que se manifestaron, desde esos procesos, en favor de la derecha y el gran capital; ante ello, la capacidad de cuestionar para rectificar, sumado a la reafirmación del principio de que “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, tenemos una base posible donde hacer pie para reacumular fuerzas e ir por más.</p>
<p class="western" lang="es-US">&#8211; &#8211; &#8211;</p>
<p class="western" lang="es-US">* Pablo Solana es editor de la editorial <i>La Fogata</i> y la revista <i>Lanzas y Letras</i> (Colombia). Coordinador, junto a Gerardo Szalkowicz, del libro <i>América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista</i> (en prensa).</p>
<p class="western" lang="es-US">&#8211;</p>
<p class="western" lang="es-US">(1) Gudynas, E. &#8220;Los progresismos sudamericanos: Ideas y prácticas, avances y límites&#8221;. En <i>Rescatar la esperanza. Más allá del neoliberalismo y el progresismo</i>. Entrepueblos, Barcelona, 2016.</p>
<p class="western" lang="es-US">(2) Datos de la CEPAL. Citado en Svampa, M. &#8220;Crítica a los progresismos realmente existentes&#8221;. En <i>América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista</i>. Sudestada, Buenos Aires, 2017 (en prensa).</p>
<p class="western" lang="es-US">(3) Ramírez Gallegos, F. y Stoessel, S. &#8220;Una década de Revolución Ciudadana: posneoliberalismo y conflictividad&#8221;. En <i>América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista</i>. Sudestada, Buenos Aires, 2017 (en prensa).</p>
<p class="western" lang="es-US">(4) Karla Calapaqui Tapia, K. <i>Criminalización de la protesta 2007-2017. </i>https://es.scribd.com/document/343034612/Ecuador-850-criminalizados-en-el-gobierno-de-Rafael-Correa</p>
<p class="western" lang="es-US">(5) &#8220;Agustín Wachapá fue pisoteado y humillado durante su detención&#8221;. En <i>Resistir es mi derecho</i>. http://resistiresmiderecho.org/?s=agust%C3%ADn+wachapa</p>
<p class="western" lang="es-US">(6) &#8220;Stalin Robles, uno de los 7 de Pastaza&#8221;. En <i>Resistir es mi derecho</i>. http://resistiresmiderecho.org/stalin-robles-uno-los-7-pastaza-conoce-historia/</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/ecuador-y-nuestra-america-ante-una-eleccion-decisiva/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>João Pedro Stedile: “Sólo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Mar 2017 11:05:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Gerardo Szalkowicz]]></category>
		<category><![CDATA[João Pedro Stedile]]></category>
		<category><![CDATA[mst]]></category>
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		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[El referente del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil analiza los desafíos de los movimientos populares en América Latina]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Solana y Gerardo Szalkowicz*</strong></p>
<p><em>La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”</em></p>
<p><strong>La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?</strong></p>
<p>En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.</p>
<p>Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.</p>
<p>En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.</p>
<p><strong>En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?</strong></p>
<p>Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.</p>
<p>Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.</p>
<p><strong>¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?</strong></p>
<p>Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.</p>
<p><strong>El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un &#8220;Papa revolucionario&#8221;&#8230;</strong></p>
<p>El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.</p>
<p>Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual&#8230; y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.</p>
<p>Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.</p>
<p><strong> ¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?</strong></p>
<p>En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.</p>
<p>Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.</p>
<p>En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.</p>
<p><strong>¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?</strong></p>
<p>No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.</p>
<p><strong>Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?</strong></p>
<p>En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.</p>
<p>A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.</p>
<p>Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.</p>
<p>Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo… En fin, estamos avanzando.</p>
<p><em>*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y <a href="http://lanzasyletras.org/">Lanzas y Letras</a></em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/34381-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Prontuario de guerra del Nobel de paz</title>
		<link>https://marcha.org.ar/31978-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Oct 2016 03:03:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[farc]]></category>
		<category><![CDATA[juan manuel santos]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Solana]]></category>
		<category><![CDATA[paz]]></category>
		<category><![CDATA[Uribe]]></category>
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					<description><![CDATA[Un recorrido por la trayectoria belicista del presidente colombiano Juan Manuel Santos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Solana* desde Colombia</strong></p>
<p><em>Un recorrido por la trayectoria belicista del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, a quien le acaban de otorgar el Nobel de la Paz. Acusado internacionalmente por ordenar el bombardeo de un país hermano, tuvo responsabilidad política en ejecuciones de jóvenes inocentes y abanderó la política de &#8220;Seguridad Democrática&#8221; que aterrorizó al pueblo colombiano hace apenas una década. Pero desde Noruega, parece, sólo se ven las más recientes camisas blancas.</em></p>
<p>Un animal político. “Un <em>cyborg</em> programado desde chiquito para ser presidente”, afirma la periodista Juanita León. Hijo de una de las familias dueñas del país, niño mimado de la oligarquía cachaca, con pregrados y maestrías en EEUU e Inglaterra, sobrino nieto de presidente, primo de vicepresidente, ministro de Hacienda, de Defensa, y finalmente presidente promotor de acuerdos de paz. “Si algo quiere Juan Manuel Santos es pasar a la historia”; la caracterización de Juanita León es de 2010, cuando aún debía ganar las presidenciales. Véanlo ahora, recibiendo el Nobel: pasó a la historia, nomás. Bien programado, después de todo, el <em>cyborg</em>.</p>
<p>La primera vez que Santos habló de un acuerdo de paz con comandantes de las FARC fue durante el gobierno de Samper, en los 90; habló también con Carlos Castaño de las Autodefensas Unidas de Colombia, y tanto a guerrilleros como a paramilitares les hizo una propuesta de paz, con una preacuerdo explícito: solicitar la renuncia del entonces presidente, que le había negado la embajada en Washington, escalón que él consideraba fundamental para su incipiente carrera. Después fue crítico inflexible del gobierno de Pastrana, hasta que en el año 2000 éste le ofreció el ministerio de Hacienda. En 2006 pidió a Uribe el ministerio de Defensa, el cargo de mayor exposición para catapultar su carrera a la presidencia.</p>
<p>“Algunos le recomendaban a Santos que no fuera ministro porque Uribe sólo tenía viceministros”, relata Juanita León en<em> La Silla Vacía</em>, pero, analiza, “quizás sea el único ministro de defensa que ha logrado un verdadero poder sobre los militares; entró a mandar”. Con esa impronta que nadie pone en duda, es difícil que Santos pudiera esquivar su responsabilidad en los crímenes de la doctrina de Seguridad Democrática que por años enlutaron al país.</p>
<p>Su gestión signó el período de mayor ofensiva bélica y violaciones de los Derechos Humanos de las Fuerzas Militares a su mando. Fue la época de injerencia más directa de los EEUU en los asuntos internos de un país latinoamericano “democrático”, por medio del Plan Colombia primero (que ya se había iniciado bajo la gestión Pastrana) y el Plan Patriota después; el mando estratégico de la “guerra contra el narcoterrorismo” durante la doctrina de la Seguridad Democrática recayó en manos de las criminales Agencias de Seguridad de los gobiernos norteamericano e israelí.</p>
<p><strong>Que lo capture Interpol</strong></p>
<p>De todas las atrocidades cometidas durante la Seguridad Democrática del gobierno de Uribe y de la gestión de Santos al frente de las Fuerzas Militares, el hecho que causó mayor conmoción internacional fue el bombardeo de territorio ecuatoriano. En 2008, el Ejército, unidades de operaciones especiales de Infantería de Marina y de la Fuerza Aérea colombianas atacaron el país vecino produciendo numerosas muertes, entre ellas un ciudadano ecuatoriano, cuatro mexicanos y varios colombianos. La operación se denominó Fénix; tuvo como excusa atacar a un campamento de las FARC y dar muerte a uno de sus comandantes, Raúl Reyes. A raíz de tamaño atropello a la soberanía de un país hermano, un juez ecuatoriano solicitó orden de captura contra Santos y otros miembros de la cúpula militar colombiana; el presidente Rafael Correa, por su parte, defendió el pedido de captura y solicitó a la Interpol el arresto del ministro colombiano, hoy Nobel de paz (El hecho quedó impune, después de todo).</p>
<p>El bombardeo sobre el campamento de Reyes fue la ofensiva bélica más notoria, pero otras tantas acciones de tierra arrasada se desarrollaron en los años de Santos al frente del ministerio de Defensa contra numerosos frentes guerrilleros de las FARC; centenares de miembros de la guerrilla fueron aniquilados por la acción coordinada de Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía, provocando un clima de guerra en las comunidades del país complementado por ataques y asesinatos a líderes sociales, masacres de las fuerzas militares regulares o paramilitares, bajo una estrategia común de aniquilamiento de la insurgencia. Santos dejó el ministerio en 2009, sólo para lanzar su candidatura presidencial.</p>
<p><strong>Falso, todo falso</strong></p>
<p>Durante su gestión al frente de una de las etapas más terribles de la guerra en Colombia, se destapó el doloroso escándalo de los “falsos positivos”: jóvenes campesinos o de extracción popular ejecutados por el ejército y presentados después como guerrilleros abatidos.</p>
<p>El caso más emblemático fue el de Soacha, en las afueras de Bogotá. Un grupo de jóvenes fue llevado al otro extremo del país, donde fueron asesinados y después de eso vestidos como guerrilleros. Cuando Santos asumió el ministerio en 2006 la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ya había alertado sobre esas ejecuciones extrajudiciales de las tropas bajo su conducción política, pero durante los primeros años dejó hacer.</p>
<p>En septiembre de 2008 el Fiscal de Ocaña afirmó que los 9 jóvenes aparecidos en esa ciudad norteña habían caído en combate, y lo mismo dijo el de Cimitarra, refiriéndose a otros dos cuerpos encontrados allí. Pero eran los jóvenes de Soacha; con esa información, el director de la Oficina de Derechos Humanos de la Vicepresidencia llamó al ministro, y la situación ya no se pudo disimular. Cuando se conoció el escándalo, dos años después de estar al frente de un ejército que tuvo como práctica habitual la presentación de “falsos positivos”, recién entonces Santos creó una unidad especial de fiscales para investigar.</p>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-399 size-full" src="http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3.jpg" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" srcset="http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3.jpg 660w, http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3-300x182.jpg 300w" alt="san3" width="660" height="400" /></p>
<p>Hace nada, tres días apenas, las Madres de Soacha se instalaron una vez más a reclamar justicia en los tribunales. “No vamos a esperar más, estamos cansadas, nos tienen hasta la coronilla. A nosotros nos están viendo la cara de qué, ¿de pendejas?”, expresó ofuscada Carmenza Gómez, madre de Víctor Fernando, uno de los jóvenes que apareció fusilado en Ocaña, Norte de Santander.</p>
<p>Carmenza no faltó a ninguna de las audiencias desde 2008; ella y las otras madres deberán seguir reclamando contra la impunidad que reina en Colombia ante la infinidad de crímenes cometidos por el Estado… pero ahora posando la mirada en un premio Nobel de la Paz.</p>
<p><em><strong>* Pablo Solana</strong></em> <em>es miembro del Equipo Editor de Lanzas y Letras, integrante del Instituto José Martí de Bogotá – Escuela Nacional Orlando Fals Borda – Colombia.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/31978-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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