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	<title>Pablo Potenza &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Pablo Potenza &#8211; Marcha</title>
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		<title>Quiroga. Archivos de la lengua</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jun 2016 03:00:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[Pablo Potenza]]></category>
		<category><![CDATA[Quiroga]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pablo Potenza Reseña del libro &#8220;Quiroga&#8221;, último trabajo del escritor argentino Alejandro García Schnetzer.  Quiroga, la última novela de Alejandro García Schnetzer, parece completar una trilogía iniciada con Requena (2008) y Andrade (2012). La decisión de titular con el apellido de los personajes principales y la elección de los años treinta como marco para [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Pablo Potenza</em></strong></p>
<p><em>Reseña del libro &#8220;Quiroga&#8221;, último trabajo del escritor argentino Alejandro García Schnetzer. </em></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Quiroga</span></i><span style="font-weight: 400;">, la última novela de Alejandro García Schnetzer, parece completar una trilogía iniciada con </span><i><span style="font-weight: 400;">Requena</span></i><span style="font-weight: 400;"> (2008) y </span><i><span style="font-weight: 400;">Andrade</span></i><span style="font-weight: 400;"> (2012). La decisión de titular con el apellido de los personajes principales y la elección de los años treinta como marco para las historias ya dan un principio de sentido conjunto. A esa unidad hay que sumar una sintaxis particular y un estilo atiborrado de palabras y frases propias de una época reconocible en la lengua rioplatense. Para “progresar en el arte de la novela” –se recomendaba en </span><i><span style="font-weight: 400;">Andrade</span></i><span style="font-weight: 400;">–, habría que tener “capacidad para distinguir los detalles principales” y “lucidez para notar lo que carece de importancia”. Esta teoría de la escritura que, en su afán selectivo, limpia y borra sucesos y elementos, permite explicar por qué las tres novelas de García Schnetzer son precisas hasta llegar a comprimirse sin superar ninguna las noventa páginas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La opción filológica, entonces, tanto apunta al registro de la variedad lingüística como al contexto en el que los personajes se mueven. Juan Quiroga –opuesto a ese otro que resuena en el nombre que le falta: </span><i><span style="font-weight: 400;">Facundo</span></i><span style="font-weight: 400;">– es un ave solitaria que escribe cartas a una amada perdida (¿un nuevo Adán Buenosayres?) y pensamientos ensayísticos (</span><i><span style="font-weight: 400;">Contribución a las Odas de don Leopoldo Lugones)</span></i><span style="font-weight: 400;">, hundido en los fondos del archivo de una biblioteca. Su anacrónico decadentismo es tal que su propio jefe le recomienda trocar el mundo de las letras por la circulación del contrabando: de bibliotecario a “mula”, se dedica a cruzar el Río de la Plata ida y vuelta entre Buenos Aires y Montevideo, en épocas donde los artículos importados eran rarezas de colección y el viaje en barco nunca menor a seis horas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Novela en tres movimientos –el primero en Buenos Aires, el segundo sobre el río, el último en Montevideo–, es la parte central la que concentra los sentidos. Treinta veces ya unió ambos puertos Quiroga cuando volvemos a encontrarlo sobre el barco, sufriendo su existencia de hombre en tránsito; ni desterrado, ni afincado, sino víctima anfibia en estado de lamento: “De nuevo la amansadora de aquel leviatán de lata, la misma anodina existencia fluvial, de regusto atávico. Qué vida”. El río es la frontera entre las dos ciudades. Inmóvil en su incapacidad para hacer pasar el tiempo, despierta el “esplín” que conecta a Quiroga con la cofradía de los veteranos Fonseca, Maure y Suárez. Los cuatro “bagayeros” no solo comparten el código de los que están del otro lado de la ley, también se dedican a observar y evaluar el resto del pasaje, mientras sus propias miserias los empujan a extremos tales como un intento de suicidio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero la verdadera hermandad está en la lengua. Es allí donde el hombre desterritorializado puede encontrar una posible identidad. Estos eruditos de café recrean y asisten a varios registros en distintos niveles, desde los espacios codificados –el relato de una carrera de caballos, el anuncio de una película en el cine– hasta la alternancia entre tonos clásicos y canyengues (“debemos digerir nuestro pasado, cargar con el error monumental que levantamos, llevarlo a pulso hasta el día que reventemos”), mientras descartan el voseo, mantienen la distancia formal en el trato y, como francos coleccionistas, reponen en escena las exactas palabras que necesitan (“Me explica por qué dio la nota como un desinserto”). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Novela hecha de fragmentos, el ritmo que los combina es lo que sostiene su estructura. Los concisos párrafos que, en su mayoría, no superan la mitad de una página, permiten que las cesuras que los separan vayan armando constelaciones de anécdotas, sentimientos, ideas, encuentros y desencuentros, rutinas, costumbres, diálogos, consejos, pequeños dramas, breves heroísmos y amores latentes.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Desde dónde se hace la reconstrucción filológica? ¿Dónde queda el registro, el archivo de una lengua? Seguramente en los medios de comunicación –en este caso, periódicos, programas radiales, el cine– y, por supuesto, en la literatura. </span><i><span style="font-weight: 400;">Quiroga</span></i><span style="font-weight: 400;"> se debate entre dos sustratos: el preciosismo que inunda al narrador y el habla popular que circunda a los personajes. El primero se expresa con estilo lugoniano, de acuerdo con la referencia literaria del protagonista; el resto, como en las películas de los años treinta y cuarenta. Ambos registros son rígidos, estrictos y perfectos en su artificialidad: las palabras necesarias son esas y no otras. “Qué son las palabras sin nuestro asombro”, reza una sentencia que parece aplicarse al propio autor: Schnetzer busca palabras, las encuentra, las toma, se asombra, las toca, las saborea y las deposita sobre el texto como mariposas en exhibición. Solo resta leer, escuchar, evocar, reconocer y admirar. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quiroga, perdido entre círculos de gente de los que se apropia para luego separarse, encuentra en Montevideo el final del viaje. La fiesta popular en la que desemboca, como un carnaval a la vera del río, entre pseudo-filósofos y aludidos círculos del infierno, completa su paisaje de soledad hasta ofrecerle la posibilidad de elegir su destino, el único que le puede hacer honor a su linaje literario.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Alejandro García Schnetzer, </span></i><span style="font-weight: 400;">Quiroga</span><i><span style="font-weight: 400;">, Entropía, 2015, 84 págs. </span></i></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/quieroga-a/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>En contra del ritual</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2016 03:00:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Divididos]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Potenza]]></category>
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					<description><![CDATA[Una reflexión sobre la música en los tiempos que corren]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Pablo Potenza</em></strong></p>
<p><em>Los formatos cambian, la música sigue. Divididos, los cambios y la posibilidad de rockearla donde sea. Una reflexión sobre la música en los tiempos que corren. </em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Lo avisa la publicidad que promociona el show. Lo refrenda el programa repartido en mano. Lo ratifica Ricardo Mollo en un hueco entre dos canciones. Como si existiera una molestia. Como si hubiera que expurgar culpas. Se trata, por lo menos, de una decisión incómoda, algo que se corre y cae fuera de lugar: Divididos deja “su” Teatro de Flores, descarta algún posible mini estadio, y se presenta el 11 y 12 de mayo en el Teatro Coliseo. La elección les provoca un problema, eso que desata la advertencia al público: en el Coliseo hay butacas y, en principio, habría que permanecer sentado.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No se trata de un show acústico, sino del mismo “formato eléctrico” que le permite mantener vigente su otro nombre –“La Aplanadora del Rock”–, esto es, el power trío: esa combinación de sonidos bajos que golpean el pecho y de estruendos agudos que hacen flamear la membrana auditiva. Divididos todavía “aplana” porque la ola de volumen que envuelve y arrolla los cuerpos sigue siendo, casi treinta años después, su marca registrada. En este caso, la novedad de la propuesta no pasa por la música –no hay nuevos temas, ni nuevo disco, ni nuevos integrantes– sino por el espacio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ese vacío delante de los escenarios que algunos teatros y grandes bares optaron, ya hace bastante tiempo, por ofrecer –y que por traslación desde los estadios de fútbol quedó fijado en la palabra “campo”–, parece apelar a la masa: el “campo” es el lugar de la amplitud y el horizonte que se mueve en el límite borroso; allí la multitud se hace un bloque homogéneo que permite la expresión de lo colectivo. En contraposición, la butaca pareciera todavía mantener un poder de fragmentación que individualiza los cuerpos dificultando la acción del conjunto. Con la butaca los cuerpos pierden igualdad y adquieren diferencia.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Homogéneos o desiguales, entonces? Si lo que aplana elimina cualquier pliegue o detalle en beneficio de lo liso y semejante, esa uniformidad ¿está en la música de Divididos o en su efecto? Ahí hay un problema y por eso ellos mismos lo explicitan: el “formato eléctrico” que “aplana” los cuerpos de la multitud en el “campo” se encuentra ante la paradoja de no tener que “aplanar” los oídos de los individuos en la “platea”. Entonces Mollo dice que están allí para que la música “se escuche”, tal como se hacía en los tempranos años setenta, tal como él mismo dice haber “escuchado” en ese mismo teatro a grupos como Invisible, Aquelarre o El Reloj. El puente que establece con aquella época vuelve a poner en escena una discusión propia de esos años (basta recordar la calificación de “cirquero” para Charly García por su temprano despliegue en el escenario cuando fue el “Adiós Sui Generis”), mientras borra una historia de espectáculos de rock presentada en el mismo lugar jamás interrumpida. No se trata de un revival sino de volver a plantear un problema nunca resuelto: ¿de qué se trata un recital? ¿De escuchar música o de otra cosa? Si al Coliseo, como dice Mollo, se va “a escuchar música” es porque, implícitamente, se está diciendo que no es eso lo que se hace en el Teatro de Flores. ¿Será por esa tensión no resuelta que Divididos hace tiempo que no saca un disco nuevo? Para pensar desde el extremo: si The Beatles dejó de tocar en vivo para crear más música, Divididos dejó de crear música para solo tocar en vivo. Pero, entonces, ¿dónde está el valor? ¿En la creación o en el rito? </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Está claro que en los recitales de rock, desde hace ya bastante tiempo, existe un contraste entre la música que baja del escenario y la música que sube desde la tribuna. Se trata de un diálogo en tensión permanente y el rock argentino parece perdido en ese laberinto con distintos corredores sin salida: bandas completamente desconocidas que no pueden trascender, bandas populares abiertamente malas que solo aspiran a repetir fórmulas, bandas históricas que no pueden escapar del espacio abierto y gigantesco sin correr el riesgo de perder legitimidad por omisión del ritual. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En ese sentido, Divididos asume los riesgos y busca navegar por las dos orillas. Cuando toca en Flores “aplana” los oídos y permite que el espectáculo se desarrolle abajo: la multitud se conecta consigo misma y cumple uno por uno los ritos de cualquier ceremonia codificada. Cuando llega al Coliseo “aplana” los cuerpos y el espectáculo se desarrolla arriba: una propuesta musical equivalente de los citados años setenta, entre melodías agradables, letras inteligentes y destreza en la ejecución individual y grupal, aptas para el que espera escuchar. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La vigencia entonces pasa por esa combinación de los espacios. El ritual exige algunas aptitudes físicas: resistencia para aguantar el pogo, paciencia para tolerar horas de pie, templanza para no desesperar ante la compresión desbordada de cuerpos por metro cuadrado, es decir, virtudes que suelen convocar a la juventud. La butaca, en cambio, con su oferta de comodidad y habitáculo propio apunta a los viejos fans que pueden volver al lugar del que habían sido expulsados y, al mismo tiempo, extender el gusto a las nuevas generaciones: en el Coliseo están los mayores de cuarenta y los menores de quince. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sobre el final del show del Coliseo, Diego Arnedo dice, entre sorprendido y agradecido: “nos seguimos sorprendiendo con este público”. He ahí nuevamente el problema enunciado: ¿qué hacer? ¿Se le proponen novedades a ese público? ¿O se hace lo que el público espera porque no se lo puede defraudar? Por lo pronto, Divididos nunca escatima generosidad y entrega: tres horas de un espectáculo plagado de climas y secciones que solo termina porque la gente del teatro les baja el telón, y todavía les quedan ganas de correrlo para salir a abrazar a los que están en primera fila. Ni concesión ni conveniencia, más bien combinación de sentidos dentro de la riqueza divergente de una comunidad. </span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/encontradelritual/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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