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	<title>Mauricio Castro &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Mon, 19 Aug 2019 04:38:13 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Mauricio Castro &#8211; Marcha</title>
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		<title>Las encuestadoras y el arte de las adivinanzas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/las-encuestadoras-y-el-arte-de-las-adivinanzas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Aug 2019 03:01:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
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		<category><![CDATA[Macri]]></category>
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		<category><![CDATA[PASO 2019]]></category>
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					<description><![CDATA[Los cálculos tan imprecisos sobre los resultados de los comicios, ¿son operaciones o impericias?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>La falta de una perspectiva clasista puede arruinar al mejor de los análisis. Y las ¿bienintencionadas? encuestadoras lo saben mejor que nadie. Los cálculos tan imprecisos sobre los resultados de los comicios, ¿son operaciones o impericias?</em><strong> </strong></p>
<p><strong>Por Mauricio Castro | Foto: Urgente24</strong></p>
<p>La debacle de la economía argentina se explica, en parte, por componentes que llevan al menos medio siglo: la dolarización, la desindustrialización que presiona a que se importen bienes que no se producen con moneda local, la extranjerización de ramas productivas claves. Hubo, a su vez, medidas adoptadas violentamente apenas asumió Cambiemos. Liberalizaron la liquidación de exportaciones y desregularon el flujo de capitales especulativos. Ambas medidas respondieron a favorecer a los aliados estratégicos del gobierno: el capital agroexportador y capital financiero local y transnacional.</p>
<p>La astrología se encarga de mencionar algunas condiciones de partida para luego sostener su descripción del comportamiento. Casi siempre son justificaciones a posteriori:</p>
<p>&#8211; ¿Sos de Sagitario?</p>
<p>&#8211; No, Acuario.</p>
<p>&#8211; Con razón.</p>
<p>Desde luego que es problemático esquematizar en axiomas doce identidades, además de pasar por alto las condiciones sociales e históricas, por no mencionar lo incomprobable de que la posición de Júpiter o el mes de nacimiento puedan influir en que se prefiera a las artes por sobre las ciencias duras a la hora de elegir una carrera.</p>
<p>Muchos análisis de discurso demuestran que el arte de la adivinanza consiste en vociferar de modo ambiguo aquello que quien escucha, más o menos supone que puede sucederle. No es casual que el sociólogo Pierre Bourdieu tomara al discurso astrológico como objeto de análisis para estudiar el poder que la sugestión tiene, en condiciones de desesperación, en sujetos con escaso capital político y sociológico. Tal vez por eso, él mismo supo criticar a las tecnologías con que se recababan los sondeos de opinión.</p>
<p>A partir de una compleja forma de estudiar la opinión pública en cruce con las condiciones económicas, ya en la década de 1980, Pierre Bourdieu y Patrick Champagne cuestionaron la validez científica del método de los sondeos de opinión.</p>
<p>Sin ser exactamente lo mismo que los sondeos electorales, las críticas tienen equivalencias. “La probabilidad de tener una opinión está desigualmente repartida. Por no tomar en serio este dato de hecho, en más de un caso <strong>los institutos de sondeo, lejos de limitarse a recibir opiniones preexistentes, producen, hasta el último detalle, una ‘opinión pública’ que es en realidad un puro artefacto”</strong>, analiza el sociólogo francés en su ensayo <em>Intervenciones políticas</em>.</p>
<p>¡Cuánto periodista repitiendo la frase “es la economía, estúpido”! El marketing no es la única variable en las elecciones y hacer encuestas por teléfono a mil personas no es representativo. Son muchas las variables sociológicas influyentes y, como dijo allí Bourdieu, al igual que el capital económico, la posibilidad de tener una opinión se encuentra desigualmente repartida. Con eso Bourdieu muestra bastante porqué fallan las encuestas que, reconociendo los límites de preguntar demasiado directamente, apelan a dobles sentidos asociables para conocer las preferencias de quien responde.</p>
<p>Al revisar la ficha completa que se publica de las encuestadoras, se entienden mejor los errores que denunciaba Bourdieu. En <em>El horno está para bollos,</em> programa radial de Radio Con Vos, Marcelo Zlotogwiazda frecuentemente leyó resultados de encuestas y, en ocasiones, señaló detalles sobre los modos de medición. No es necesario nombrarlas (en <span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="http://www.pjn.gov.ar">www.pjn.gov.ar</a></span> puede accederse a las decenas registradas); fueron muchas a las que el periodista recurrió y a cuyos directivos entrevistó. Hasta el más grande banco brasilero realizó sus encuestas, también con errores de cálculo que hacen pensar que más que otra cosa querían influenciar la opinión pública, con la consecuente pérdida de confianza de sus clientes en relación a cómo administra los ahorros en sus cuentas.</p>
<p>Lo que se encuentra, además de lo limitadísimo del número y el canal que adoptan para el muestreo, es que a ese error de enfoque se le pueden trazar paralelos con todos los otros análisis que permanentemente hacen: sobre los motivos de la inflación y las recetas paliativas, sobre las oscilaciones del dólar, sobre cómo se produce la ganancia.</p>
<h3><strong>¿Errores u operaciones discursivas?</strong></h3>
<p>En esa desigualdad para el análisis, también el periodismo sicofante mostró hoy sus limitaciones para entender los movimientos económicos del lunes pos-electoral. Aquí no achacamos en igual medida a Zloto: en algunas pocas voces, por fin, se escuchó que nombraron a la fuerza ejercida por el gran capital financiero (los mal llamados “grandes inversores”), amigo íntimo de las medidas de política económica adoptadas por la gestión Macri.</p>
<p>Por mucho que les pese a Espert y a Milei, las medidas de Macri fueron liberalismo. Dirán que fue mal aplicado y así salvarán la bandera y de paso evitarán mencionar lo que provoca liberalizar el flujo del capital financiero en una región de mercados dependientes (con insumos dolarizados).</p>
<p>No fueron los “pequeños ahorristas” quienes el lunes compraron millones y millones de dólares, retiraron sus activos en dólares, liquidaron sus bonos públicos. Los mismos millones que prestó el FMI y con los que se financió por más de un año la fuga de capitales. No fue “la desconfianza de los mercados”, tampoco tormentas o la impersonal “crisis” causando una nueva suba, ni mucho menos “la gente”; es la alianza de clase entre la gestión Macri (más integrada por nativos de clase del negocio dinerario, que del negocio del capital productivo) con el sector agroexportador, hidrocarburífero y el capital financiero transnacional.</p>
<p>De enero de 2018, cuando el dólar estaba a $16,50, a la fecha, que cerró la jornada de ayer a un valor de $62, sí es correcto decir que una cantidad importante está integrada por compras inferiores a los ciento cincuenta mil pesos. Pero cada vez que se duplicó el precio de la divisa en unas pocas jornadas, la composición de la alta demanda de dólares estuvo a cargo del gran capital financiero y los grupos empresarios locales.</p>
<p>Lo que aquí se dice es de tan simple fundamentación que parece perogrullo. Pero dado que la mayor parte de los análisis no hacen más que decir obviedades del tipo “sube el dólar porque hay más demanda” y “hay más demanda porque no hay confianza en el peso”, es necesario un enfoque que considere los intereses de clase. Buena parte de los economistas prefieren invocar a una “profecía autocumplida”. Dicen: “la derrota de Macri provocó la suba del dólar”, repitiendo la bizquera cortoplacista del aún presidente.</p>
<p>Hay fondos comunes de inversión, se sientan a la mesa entre partes y con representantes del Gobierno, sí y sí a todo eso, pero en el horóscopo de la clase financiera, cuando el cosmos financiero está liberalizado, prima la gravedad de otros dos planetas: <em>easy money</em>, ante todo, y entrar tarde/temprano o salir tarde/temprano, según lo que crean que hará el capitalista de al lado. Máxime cuando un capitalista es un mega-fondo de España, el otro es de Estados Unidos, otro un amontonamiento entre Sudáfrica, Australia, Israel, etcétera –es decir: <em>holdouts</em>, capitales golondrina, fondos buitres y todas esas denominaciones aladas–. Sí, los capitales financieros son votantes de Macri, pero no hacen más que obedecer a la lógica que los fondos especulativos tienen casi siempre y en todos lados.</p>
<p>Desde luego que no ayudó la campaña de hacer creer que Fernández es Maduro, democracia o autoritarismo, pero conviene no hacer como las encuestadoras: mejor primero comprender el sistema en que se articula la lógica de los actores.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/las-encuestadoras-y-el-arte-de-las-adivinanzas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Javier Milei, el ¿nuevo? intelectual orgánico de las corporaciones – Segunda parte (II)</title>
		<link>https://marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones-segunda-parte-ii/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Dec 2018 15:21:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Castro]]></category>
		<category><![CDATA[opinión nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[perfil]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Segunda entrega del perfil del economista archienemigo de la emisión monetaria y el déficit fiscal.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/mauricio-castro/">Mauricio Castro</a></span></strong></p>
<p><em>Si bien el hecho de que buena parte de la audiencia siga a Javier Milei en las pantallas y el éter (el economista que más minutos sumó en medios durante 2018) se explica por su apariencia estridente, su frecuente vociferar desencajado y sus máximas absolutas, también cabe desconfiar del motivo por el que sus recetas están todos los días resonando en los horarios principales. Aquí, <strong><span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones/">la segunda entrega del perfil</a></span></strong> del archienemigo de la emisión monetaria.</em></p>
<p><strong>A pesar de todo, argumentos</strong></p>
<p>Las fórmulas de Milei tienen poco de nuevo pero no puede dejar de señalarse cómo, a veces, para decir algo viejo es necesario aggiornar la apariencia. Ya en la primera entrega del perfil de este economista destacamos cómo tras sus columnas, que en tono estrambótico se autoproclaman novedosas, se reiteran argumentos nada originales para la historia (muchos, incluso, llevan casi trescientos años). Por eso, la propuesta esta vez es sopesar sus presupuestos con el mundo económico concreto.</p>
<p>Es fácil señalar a Milei como liberal. No sería una acusación, porque él mismo se autoproclama “liberal libertario” –interesante oxímoron, como decir “conservador revolucionario”, “estúpido sabio” o “tramposo del <em>fair play</em>”–. Tampoco es tan complejo demostrar que buena parte de la imaginería liberal se sostiene sobre falacias y premisas equivocadas.</p>
<p>Lo que sí es más complejo para entender es que los medios del <em>mainstream</em> se interesen por ese tipo de desarrollos explicativos; por no decir el poco lugar que se da en la pantalla a esas labores críticas. Ahí es donde Javier Milei ajusta las tuercas tal como están colocadas.</p>
<p>Si se traduce en palabras librecambistas, Milei diría que su propuesta es la “no intervención del Estado en el Mercado”. La siempre sobrada de ingenio, Rosa Luxemburgo, en cambio, dejó dicho que “el libremercado es la zorra libre en el gallinero libre”.</p>
<p>Es por lo menos dudosa la presencia mediática de alguien que repite efusivamente que el Estado no debe tomar decisiones políticas que alteren la economía. De por sí, es ingenuo creer que los Mercados globalizados existirían y los capitales concentrados habrían acumulado sus exorbitantes ganancias sin que los Gobiernos hubieran provisto el marco de leyes, tierras, tecnologías y brazos necesarios.</p>
<p><strong>¿Qué cuestión se instala en agenda?</strong></p>
<p>Los Estados sí intervinieron siempre en los mercados, es falsa esa oposición. Siempre han intervenido para conceder licencias a los monopolios o para regularlos en alguna medida, para favorecer a pequeños capitales o productores directos, para buscar desarrollar la industria con aranceles a productos extranjeros o abrir las importaciones, etcétera.</p>
<p>Tanto cuando se apropian de los recursos, como cuando se desguazan las empresas estatales en un remate, hay intervención en el Mercado. Desde luego que eso no quiere decir que Liberalismo y Proteccionismo sean lo mismo; da para sospechar si tanto Milei insistiendo en el anti-estatalismo con la falsa oposición entre lo estatal y lo privado, no es otra cosa que la apuesta para instalar su receta &#8220;hay que bajarle impuesto a las empresas&#8221; en la opinión pública.</p>
<p>No sería la primera vez que la estrategia es conducir el malestar por la situación de crisis generada en contra de los recursos del Estado. En varios momentos en Argentina, desde 1976 hasta acá, economistas contribuyeron a que el hartazgo lleve a las mayorías despolitizadas (o, al menos poco adeptas a discutir sobre economía política) a aceptar como legítimo que se venda lo estatal para usufructo privado.</p>
<p>Si a principios de 2017 Aerolíneas Argentinas recibía menciones internacionales por el cumplimiento de sus rutas, algún otro motivo existe para que el propio Gobierno prometa una compensación salarial gatillo y no la cumpla, con el posterior escarnio mediático que propina contra quienes la reclaman.</p>
<p>Y es claro que una aerolínea de bandera existe para garantizar rutas locales que, por no ser redituables, una privada no volaría. Por eso no son creíbles las palabas de un funcionario que diga que “la aerolínea no es rentable”; menos aun cuando ese mismísimo tiene una empresa de vuelos low-cost y acaba de auto-favorecerse con la decisión política de que el Estado ceda terrenos para que despeguen las aerolíneas low-cost.</p>
<p>En la historia sudamericana, si las empresas estatales son compradas por inmensos privados, no es sólo porque las consiguen a precios de oferta, es también porque sí que es posible que generen ganancia, sobre todo cuando esta es facilitada por el negocio con los mismos Estados. Eso ya bastaría para demostrar que Milei, sino es que selecciona cínicamente, alucina cuando se pinta la cara color librecambio.</p>
<p><strong>Dígale liberal, que le gusta</strong></p>
<p>Si cabe decir que Milei es liberal ortodoxo es porque sigue pegado a postulados monetaristas, como las recetas que atacan a la inflación no a través del crecimiento de la oferta y la garantía de la demanda, sino por la disminución de moneda circulante (que es igual a ajustar la demanda; algo que se lleva bárbaro con los salarios a la baja).</p>
<p>Quien haya dedicado algo de tiempo a la lectura de los conceptos de economía de Smith y Ricardo, sabe que aquello que planteaban sobre un mercado de competencia perfecta, condición indispensable para llegar a su tan ansiado librecambio, nunca fue un contexto que se dio sobre el planeta ni era un punto de partida. Si no hay mercado de competencia perfecta, sino monopolios transnacionales cada vez más concentrados, ¿cómo van a poder aplicarse las políticas liberales?</p>
<p>No puede desconocerse que toda la teoría neoliberal de los Chicago Boys, Milton Friedman, Von Hayek, Thatcher, tanto como Martínez de Hoz o Cavallo, siguió sosteniendo sus justificaciones librecambistas en un fantasioso mercado de competencia con igualdad de posibilidades. Esas medidas favorecían las libertades de mercado, sí, sobre todo las de los grandes monopolios. Tampoco es errado poner en esa línea a Milei.</p>
<p>Junto con el vetusto juego de abrirse a la libre extracción de materias primas y el libre ingreso de bienes terminados, persiste el cuento de hadas del librecambio que a menudo pasa por alto reflexionar sobre si todas las personas tienen igual posibilidad de acceso a salud, vivienda, títulos, trabajo calificado, padre multimillonario que regale una concesionaria de autos para el cumple de 18 y la reproducción de los hábitos y apariencias que el mercado demanda.</p>
<p>Al permanecer el cuento, más profundiza la brecha económica el hecho de que los capitales transnacionales tercerizan prácticamente todo el proceso de producción en distintas partes del mundo, con el solo criterio de poner a producir el eslabón de la cadena en el territorio donde más barato se pueda explotar fuerza de trabajo.</p>
<p>Además de insistir en que es el individualismo lo que hace avanzar al mercado, como si de una esencia atemporal se tratara, y que “es falso que el capitalismo es desigual” (como afirmó en su Conferencia titulada <em>La superioridad aplastante del capitalismo</em>), Milei persiste en argumentar a partir de una contradicción entre el mercado y el Estado (que con notar que los CEOs de las empresas dirigen los ministerios, parece suficiente para demostrar que es un curro de análisis).</p>
<p>Sin decirlo, emparenta al Mercado con los empresarios y a los empresarios con quienes “se esforzaron”, son exitosos, producen y “dan trabajo” (ojo, no es que trabajan para ellos y pagan salarios). Adelantando las cosas, en última instancia, lo que hace es presentar al público como algo de su conveniencia, como interés general, lo que en realidad es interés corporativo, de nada más que un sector.</p>
<p><strong>Propuestas animadas de ayer y hoy</strong></p>
<p>Por la inmensa cantidad de horas que argumentos como los de Milei llevan en la televisión (algo así como cuatro décadas, sino más), todavía es necesario aclarar que, sin el Estado argentino, el empresariado local no podría hacer sus negocios.</p>
<p>No hace falta referirse al saqueo de la Campaña del Desierto, la Dictadura Militar o la Patria Contratista. Todavía hoy, todos los días, sucede la estatización de la deuda de las empresas privadas, la inversión en las autopistas cuyos peajes luego facturan empresas privadas, etcétera, etcétera.</p>
<p>De forma maniquea, Milei dice sin tapujos que para él no hay más que dos sistemas: “Capitalismo y Socialismo” (en la misma Conferencia citada). En una sólida demostración empírica de que no ha leído El capital, o que nunca ha entendido qué quiere decir que “el socialismo es la gestión de la producción en manos de quienes la producen”, Milei deja del lado de Socialismo todo lo que sea igual a intervención estatal, que en su fantasía económica es igual a todo lo que obstaculizó que el Mercado condujera al paraíso.</p>
<p>Por otro lado, apoya sus explicaciones sobre qué es Capitalismo no en la explotación de trabajo ajeno mediante el salario, ni en la apropiación, por parte de unos pocos de los medios de producción –en connivencia con los Estados, que eran los que ponían a los ejércitos–, sino en un imaginario de igualdad de oportunidades, que evita dar nombres propios y hace pensar en PyMEs familiares, más que en corporaciones que hacen lobby político para que el Estado interfiera y garantice las ganancias y las leyes para contratar mano de obra barata.</p>
<p>¿Ejemplos? En noviembre de 2018 en Argentina, el Estado acordó con Autopistas del Sol que aquel le cubriría a la empresa la disminución de ganancias que estaba teniendo por la menor cantidad de autos que transitaban por la autopista desde que aumentó sus peajes para incrementar sus beneficios. Meses atrás, el Estado había compensado a empresas privadas de gas que incrementaron las facturas menos de lo que luego aumentó el dólar, en una demostración de que las privatizadas de servicios gozan de paritarias permanentes <em>a </em>gusto y piacere.</p>
<p>Resulta por lo menos dudoso que el economista de cabello frondoso y ojos de CEO desconozca que la mayor cantidad de subsidios los reciben las empresas más grandes: desde cadenas de supermercados que tienen licencia de una década para no pagar impuestos, hasta quita de retenciones o licencia para que exportadoras liquiden las divisas donde quieran, desde Panamá a Suiza, sin entrarlas a nuestro país.</p>
<p>Su tan repetida solución mágica de quitar impuestos a las empresas se efectúa día a día en Argentina para las grandes corporaciones (que son las que pueden comprar las privatizadas estatales), y ello no viene repercutiendo (como no lo hizo nunca en la historia en ningún país) en crecimiento de las inversiones, caída del desempleo y disminución del déficit, sino en el traspaso de las tarifas a las PyMEs, los sectores trabajadores, jubilados y de trabajo reproductivo.</p>
<p>Claro que esto último son sólo mostraciones, y la presencia mediática, como la fascinación del auditorio, no se trata de eso. En cualquier caso, siempre Javier Milei podría agarrar el micrófono y, con el glamour que otorga el nombre adquirido, a los gritos decir que lo que dijimos es una burrada.</p>
<p><em><strong>Notas relacionadas</strong></em></p>
<p class="title p-single entry-title"><strong><a href="http://www.marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones/">Javier Milei, el ¿nuevo? intelectual orgánico de las corporaciones – Primera parte (I)</a></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones-segunda-parte-ii/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Javier Milei, el ¿nuevo? intelectual orgánico de las corporaciones &#8211; Primera parte (I)</title>
		<link>https://marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Dec 2018 20:42:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
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					<description><![CDATA[Un breve perfil del economista obsesionado con el “déficit fiscal”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/mauricio-castro/">Mauricio Castro</a></span></strong></p>
<p><em>Con un peinado que remite más a una estrella pop de los años 80s que a la estética de experto que en décadas anteriores parecía indispensable para la presencia televisiva, Milei es el economista (¿o economicista?) que más entrevistas y tiempo al aire tuvo durante 2018. ¿Por qué la compulsiva presencia de esta figura mediática? ¿Sus argumentos benefician a sectores que mueven hilos en la opinión pública? En esta primera entrega, un breve perfil del economista obsesionado con el “déficit fiscal”.</em></p>
<p>Sin necesariamente cerrar sentencia sobre que Javier Milei es un títere de las empresas, igual de ingenuo resulta verlo como un “librepensador” que muestra una neutral verdad matemática y la receta universal con la que resolver los desequilibrios contables de la balanza comercial. Por eso, mejor aguzar los sentidos críticos y hacer el trabajo analítico de devolver al funcionamiento del sistema económico los argumentos de este mediático, que casi no hay columna en la que no afirme que “el Estado es un curro” (dixit).</p>
<p><strong>¿Quién juega para quién?</strong></p>
<p>En algunos círculos entendidos sobre economía alcanzaría con etiquetarlo como ortodoxo. En otros, entenderían perfectamente todo lo que ya dijo y qué va a decir si se lo presenta como “sicofante del Capital”. A otros espacios les interesa más que haya atajado en las inferiores de Chacarita, que diga practicar sexo tántrico y que haya rechazado bailar en el programa de Marcelo Tinelli. Por aquí y por allá no deja de llamar la atención que Milei encuentre tanta pregnancia en el aire televisivo, en una nube de comunicación donde es difícil distinguir si convocan sus argumentos, el hecho de que sean dichos a los gritos, el rating ya acumulado, o el peinado cuidado que todavía conserva de su época de cantar covers de los Stones (aunque diga que no se peina sino que es la mano invisible).</p>
<p>Es cierto que las productoras de medios masivos no invitan a todas las voces por igual para hablar sobre economía, crisis financiera y rumbos posibles para los mercados, pero no todo se explica por la propiedad de los medios y la propaganda que se da a las ideas: ¿la adhesión a los argumentos de Milei se explica por las 235 entrevistas y los 3.225 minutos que tuvo en el aire? ¿O algo de esa convocatoria se sostiene por el suelo fértil que encuentran sus explicaciones determinantes, su look y su modo histriónico?</p>
<p>Buena parte de las y los denominados <em>millenials</em> (la noción es simplista, pero aplica) sienten atracción por las máximas <em>mileianas</em>, aun cuando entienden los conceptos fundamentales de Marx, de Keynes y cuando recuerdan los números de antes y después de las aplicaciones de medidas neoliberales. Esa adhesión a una figura que dice traer todas las soluciones, tanto como esa gimnasia para mantener a la vez discursos opuestos, quizás se explique mejor con el psicoanálisis y por las historias de los consumos mediáticos personales que por la epistemología de las teorías económicas.</p>
<p>Es costumbre de algunas personalidades facilitarle a su persona entrevistada un halo de objetividad divina, con preguntas que son casi una súplica de elucidación para clarificar lo indescifrable, como si ese ser pudiese decodificar un enigma sólo accesible a mentes iluminadas. Javier Milei es de esos economistas que para nada se incomodan en montarse al juego de hacer creer que existe una economía trascendental. Por el contrario, gusta de presentarse a sí mismo como el mesías, el que denuncia la incorrecta aplicación del libro sagrado, el que trae los mandamientos divinos para sortear el déficit fiscal y el desbarajuste monetario (dos pilares sin los que su modelo económico no encontraría justificación, no tendría problema al que proponer solución). Pero cuando se le presentan contra-argumentos, contesta que esa es una postura subjetiva, que cada cual opina lo que quiere o, directamente, le grita “burra” a una periodista que le incomoda con una pregunta (como hiciera a mediados de este año). Sobre el contenido de esa respuesta, nota aparte merecería señalarle a Milei que es obvio que Roosevelt no aplicó medidas de un libro que aún no se había escrito, sino que recibió asesoramiento por quien luego escribió ese libro.</p>
<p><strong>Oportuncrisis para tecnicistas</strong></p>
<p>Un refrán dice que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Como buena alegoría, no se la pronuncia para explicar el arte de la pesca; hasta el cansancio y con todas las metáforas posibles los economistas críticos lo denuncian: la crisis, si no es que fue generada por, al menos es negocio para los poderes financieros transnacionales –capitales golondrinas, buitres y toda fauna de divisas voladoras con facilidad para cruzar fronteras en los mercados y desplazar, en un par de clics y llamadas a mandatarios, inmensas acumulaciones de crédito/deuda–. Buena parte de la crisis es espectáculo en dos sentidos: por un lado, lo mucho de autoprovocada que tiene (desde la apertura de las importaciones, hasta liberar el plazo y el lugar para la liquidación de divisas por exportación); por otro, la oferta de explicaciones técnicas que vociferan en el <em>mainstream</em>. También para los economistas parece este un clima propicio para la presencia mediática.</p>
<p>En el caso del esplendoroso Milei, si bien sus recetas no se oponen a los intereses de los inmensos grupos de capital global, sus proposiciones reiteradamente conducen a pensar en cómo seducir a que las empresas hagan inversiones, haciendo imaginar todavía una economía productiva que genera puestos de trabajo, con los que activa la demanda que consumirá los bienes que son producidos. Sin embargo, esa sería toda la vuelta del círculo virtuoso, que apenas se diferenciaría del keynesianismo en el punto de partida: no es nada nuevo, el programa de Keynes colocó en el origen de la reactivación económica capitalista a las inversiones estatales, que tras la Gran Depresión tuvieron el lugar salvador que las privadas no querían correr el riesgo de ocupar.</p>
<p>Sin aludir manifiestamente a qué sucedió en los mercados periféricos las veces que se dijo impulsar el libremercado, casi sin meterse en la primerización en las condiciones del sistema económico agroexportador y sin mencionar las causas que llevaron a la eclosión económica, social y política en 2001, Milei insiste en que el Estado no debe intervenir en el mercado y que deben quitarse impuestos a los negocios empresarios. En un ataque de sinceridad y pocas palabras, es de suponer que Milei diría que “la solución es privatizar” y tal vez nos confesaría su amor por Milton Friedman, pero hay épocas en las que algunas palabras están implícitamente censuradas, o al menos seducen poco y, como buen mediático, el hombre llamado a dar la voz económica en la mesa de machos de Polémica en el Bar sabe poner ejemplos imaginarios para proponer algo sin nombrarlo.</p>
<p>No hay que engañarse: Milei se pronuncia en contra del Estado, pero no es lo mismo criticar por derecha que por izquierda. Él no es ningún anarquista (o, en todo caso, es anarco-capitalista, al estilo del banquero de Pessoa y de los <em>Libertarians</em> del Parlamento estadounidense). Una contrastación con los principios del consenso de Washington, incluso con las propuestas que aún hoy hace Domingo Cavallo, muestran a las claras que los planteos de Milei en contra del Estado, aunque se articulen ingeniosamente con un toque canchero, no son novedosos y casi nada agregan al monetarismo y al eslogan “achicar el Estado es agrandar la nación” que, Martínez de Hoz primero y Alsogaray después, utilizaron como caballito de batalla en la arena de la ideología contra el Proteccionismo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/javier-milei-el-nuevo-intelectual-organico-de-las-corporaciones/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Un Manifiesto: el teatro de la historia humana</title>
		<link>https://marcha.org.ar/un-manifiesto-el-teatro-de-la-historia-humana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Jun 2018 03:30:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Castro]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Un Manifiesto]]></category>
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					<description><![CDATA[Un manifiesto llega al Galpón de Guevara durante todos los domingos de junio.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Mauricio Castro / Foto <a href="https://www.facebook.com/Variaciones.sobre.el.tiempo.el.amor.y.las.cosas/">Un Manifiesto Facebook</a>*</strong></p>
<p><em>Después de haberse presentado en el Centro Cultural Roseti, el Espacio Sísmico y funciones especiales en el ex-centro de detención Olimpo, Un manifiesto llega al Galpón de Guevara durante todos los domingos de junio, donde encuentra una nueva espacialidad que recrea toda la puesta en escena. Aquí, reflexiones algo atravesadas por los espasmos de esta obra casi inclasificable. </em></p>
<p>Ardua labor la de trazar fronteras.</p>
<p>El dramaturgo Bertolt Brecht dijo alguna vez que él, cuando escribía sus obras, imaginaba a Marx sentado en la tercera fila. Desde ahí, una pregunta-frontera siempre podría ser cuál es ese fantasma de la dramaturgia que hace de espectador/a desde la tercera fila. No tendría demasiada efectividad hacer/se la pregunta explícitamente: pocas veces en verdad se sabe para quién se actúa la cotidianidad que somos; y muchas, si se iluminara la tercera fila, miráramos lo que estábamos haciendo y descubriésemos para quién estábamos actuando, nuestra fisionomía perdería toda libertad y se volvería de piedra.</p>
<p>Por eso algo nos salva: no se descubre toda la verdad; es la historia.</p>
<p>Pero como tantas veces hacemos, por ardua que sea la labor y por más que sepamos que la respuesta dolerá, preguntamos igual. Dolería a la humanidad entera si alguna vez existiese la obra que lograse, no digamos preguntarle por el espectro para el que actúa, sino revelárselo. Esa obra no podría escribirse jamás: convulsionarían sus actores y actrices apenas pusiesen un pie en el escenario, quien estuviese a cargo de presentarla enmudecería de inmediato o se desbocaría en una carcajada desenfrenada, la historia podría volver a empezar justo donde se cierra el telón. Lo que es seguro es que esa obra acerca de las variaciones sobre el amor, el tiempo y las cosas, sólo podría llamarse de una manera: <em>Un manifiesto</em>. La directora contaría: “todo partió de una improvisación con la idea de sistema, de cómo la grupalidad genera un sistema y cómo, siempre dentro de las leyes de la improvisación, tiene la oportunidad de quebrar un sistema”. Su obra mostraría todo el devenir de la carne humana, carne del mundo hecha escena ahí, de manifiesto. Y nos advertiría, sólo para permitirnos que la veamos sin convulsionar y desbocarnos, que, aunque no hay un más allá, no se puede descubrir toda su verdad: es la historia.</p>
<p>Tal vez, más que arduo, sería suicida preguntar por la tercera fila a <em>Un manifiesto</em>; conduciría a la máxima locura psiquiátrica (el corte de todo vínculo real): “¿Falta esa butaca? ¿Se prendió fuego? ¿Qué pasa que un espectador se paró y se hizo escena a la indicación de una actriz? ¿Será que también Yo me pondré de pie sin saberlo? ¿Olvidé el guion de esta obra o no sabía que estaba actuando? ¿Nadie me lo dijo? ¿Habré incendiado yo la butaca? ¡Un momento! Esos ojos que ven desde la tercera fila, ¿no son lo míos?”. Es entonces que los juegos de las artes nos revelarían que estábamos en un laberinto de espejos. Que cada vez que miramos y que tocamos: vemos y palpamos; pero a la par, nos miramos, nos tocamos. Ahí es que la pregunta por las fronteras, por dónde empiezo y dónde termino, no tiene respuesta, pero informa que no se va a descubrir toda la verdad, porque apenas está, escrita a borbotones, la historia de donde empecé.</p>
<p>Es ardua la labor de trazar fronteras; tanto que suele hacerse sin tomar conciencia de que se está llevando a cabo. Sería imposible (además de indeseable, seguramente) tomar toda la conciencia, porque ya esa diminuta isla del intelecto sobrevive a flote en el océano de los afectos, del cual al parecer no es más que un recorte de tierra humana que muy frecuentemente se ve desbordada e inunda. Esa frontera del Yo (incluso la que no dice “Yo”, sino que HACE “Yo”: el cuerpo) que se encabalga en un Nosotrxs, que delimita un Ellxs, que se amplía a un Todo, queda casi inerme si pretende remontarse a los orígenes de las trazas de sus fronteras. No se va a descubrir toda la verdad: es la historia.</p>
<p>Sería ardua labor trazar fronteras a la obra que emprenda ese viaje a la génesis del vínculo humano, al problema de porqué en colectivos humanos aparecen liderazgos, cómo es que pueden sedimentarse esos roles de guía en una única persona que los acumula hasta embalsamarse, hacerse tótem como si fuera su figura la que da identidad al colectivo, y no el colectivo el que le pone allí, le desnuda y le da forma hasta llegar a convertirle en monstruosidad. Quizás todo colectivo se volvería piedra si, al mirar a los ojos de esa figura intocable, tomara conciencia de que ella es producto de todas las monstruosidades propias del colectivo, que fueron depositadas en esa figura. En esa inconsciencia sobrevive el género humano; es que, o no la hay del todo, o nunca se va a descubrir toda la verdad: es la historia.</p>
<p>Sería ardua labor escribir una crítica o reseña a esa obra, trazar la frontera entre la danza, el teatro, el diálogo, el recital en vivo, el contact, la iluminación hasta cinematográfica. Nuestra época deja sin el escudo de la fe en la pureza de los géneros artísticos; armas tan efectivas en el pasado para trazar fronteras, para proteger las identidades pretendidas esencias universales -no afectadas por los vínculos, que danzan alrededor y nos hacen bailar las melodías que no elegimos y sus contratiempos-. También otras épocas fueron tanto más florecientes en manifiestos: del comunista (1848), al surrealista (1924), pasando por el futurista (1909), suprematista (1915), De Stijl (1917), el dadaísta (1918), o tantos otros. Será que, por entonces, las fronteras humanas gozaban más de la ilusión de hallarse definidas por un material más firme que la ilusión humana. Pero <em>Un manifiesto</em> no renunciaría a ninguna época; desde allí se remontaría a su génesis y encontraría de qué está hecho el material de todo manifiesto: la ilusión, el vínculo, el colectivo humano anónimo, los excesos, los tabús, los excesos de nuevo y las intenciones de volver a empezar. Eso y los mundos inventados y por inventar, todo el <em>más acá</em> humano; pero no toda la verdad, apenas la historia.</p>
<p>Sería arduo, e innecesario, que mantenga las fronteras de la previsibilidad alguien que fuera a ver <em>Un manifiesto</em> creyendo que iba a encontrar la figura de Trotsky, de Frida o de Breton. No se puede decir que no estén, pero aparecen en otra sustancia: las trincheras y sus montañas de cuerpos en el medio; la sombra de la Medusa; la luz de un cuerpo distinto, que guiando el camino pone a su masa a girar en círculos y, al retirarse, la deja dando vueltas (tal como cuando sí estaba) hasta que alguien diga basta; el nuevo endiosamiento monstruoso para quien dijo basta; las búsquedas con nadie concreto como guía; los amontonamientos y las atomizaciones, de a uno al ritmo del colectivo, de a dos en una sinergia propia, con todo el grupo hasta fundirse como una nada, o un todo, y una vuelta a empezar. No se puede descubrir toda la verdad: es la historia.</p>
<p>Sin embargo, hay que decirlo, no sería necesario tener presente todo esto para <em>Un manifiesto</em>; ninguna frontera estuvo siempre ni se mantendrá tan duraderamente (basta con cambiar la escala del tiempo; las estrellas danzarían hasta provocar vértigo). Alcanzaría con entregarse con toda la percepción, con los sentidos que hacen de habitantes internos, con sus miedos fronterizos. Sería suficiente pero tristemente inevitable, sería asumirse contingente, finitx, que no se puede descubrir toda la verdad: es la historia.</p>
<p><strong><em>Un Manifiesto estará todos los domingos de junio a las 20hs en el Galpón de Guevara, Guevara 326. Reservá tus entradas <a href="http://publico.alternativateatral.com/localidades.asp?id=48278&amp;o=14">acá</a>.</em></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/un-manifiesto-el-teatro-de-la-historia-humana/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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