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	<title>Masacre de Budge &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Masacre de Budge &#8211; Marcha</title>
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		<title>Gatillo fácil en Hurlingham: continuidades de ayer y hoy</title>
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		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 May 2017 13:00:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[2x1]]></category>
		<category><![CDATA[criminalización de la juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Sticotti]]></category>
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					<description><![CDATA[El pasado viernes 12 de mayo, Iago Ávalos un pibe de 17 años de la localidad de Hurlingam fue asesinado por el subcomisario de la Federal José Pérez Buscarol. Una nueva historia de gatillo fácil que no debe quedar en el olvido, y eso se proponen los familiares, amigos y organizaciones sociales de la zona.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="c pg-1x0 pg-1y0 pg-1w0 pg-1h1">
<p><strong>Por Daniel Sticotti (*) </strong></p>
<p><em>El pasado viernes, Iago Ávalos un pibe de 17 años de la localidad de Hurlingam fue asesinado por un subcomisario de la Federal. Se trata de una nueva historia de gatillo fácil que no debe quedar en el olvido, y eso se proponen los familiares, amigos y organizaciones sociales de la zona.</em></p>
<p>&#8220;Iago era un pibe común de barrio, estudiaba en la Echeverria y trabajaba como mecánico de motos y de autos, aunque en verdad sabía hacer de todo porque también hacía trabajos de mantenimiento y arreglos en general&#8221; nos cuenta Irina, la hermana de jóven asesinado el viernes pasado en manos del Subcomisario José Péres Buscarolo de la Federal. &#8220;Le gustaba su trabajo -agrega- estaba todo el día haciendo algo, siempre lo ibas a ver engrasado o ayudando a quien lo necesite&#8221;, es su intención revalorizar la vida de su hermano que tan rápido le arrancaron. Irina sabe que este hecho no es azaroso sino que es parte de un plan sistemático y por eso se propone visibilizarlo contando la verdadera historia de su hermano que no es más que la historia de cualquier pibe de barrio. Se trata de un procedimiento casi lineal: un pibe cualquiera, bajo el accionar de un policía cualquiera, en un barrio popular cualquiera puede ser víctima de gatillo fácil.<em><br />
</em></p>
<p>Iago Avalos, tenía 17 de años vivía junto a su familia en la localidad de Hurlingham del conurbano oeste de la Provincia de Buenos Aires, ese viernes junto a otro joven habían sacado las tazas de las ruedas de un auto que pertenecia al subcomisario. Al percatarse del hurto, dado que pudo observar el hecho desde una ventana de su casa, Buscarolo agarró su arma reglamentaria, salió a la calle y comenzó a perseguir a los jóvenes que escaparon en un Renault Sandero. Luego de una persecusión que duró diez cuadras, en la esquina de Cura Navarro y Republica de Siria en la localidad de Villa Tesei, Hurlingham, donde Buscarolo sacó su pistola reglamentaria y efectuó varios disparos a quemarropa de los cuales uno, según determinaron las pericias realizadas por Gendarmeria Nacional, entró por la ventana trasera del auto y acabó con la vida de Iago, quien se encontraba en el asiento del acompañante.</p>
<p>Por el hecho ya se encuentra detenido el subcomisario de la Policia Federal, José Pérez Buscarolo, quien a sangre fría disparo por la espalda contra el jóven. Pero el accionar violento de la policía no terminó allí. Al efectuarse los disparos, Nicolás, el amigo de Iago que estaba al volante frena el auto y le devuelve las tazas de las ruedas diciéndole “Disculpa, era una picarda” &#8211; cuentan asombrados las y los vecinos que allí se encontraban- a lo cuál le pide que lo lleve a Iago a un hospital ya que no estaba pudiendo respirar, recibiendo solo insultos por parte del uniformado. Cuando llegó la asistencia médica el joven ya había fallecido a causa del desangramiento que le había generado la bala en el pecho. Luego, en la Comisaria N°2 de Villa Tesei, a Nicolás lo tuvieron bajo amenazas e insultos durante doce horas en donde le llegaron a decir que “tendría que haberlos matado a los dos”. El joven quedó en libertad al comprobarse que no portaba armas y no poseía antecedentes penales dado que la clasificación del delito que se lo acusa es “hurto tentado con participación de un menor”.</p>
<p>El caso quedo en manos de la UFI N°6 de Morón a cargo de María Silvana Bonini y Segio Di Leo quienes resolvieron la detención del subcomisario José Perez Buscarolo bajo la caratula de “homicidio agravado por su condición de miembro de seguridad”. El sábado el uniformado fue indagado por los fiscales, en dicha declaración Buscarolo se contradice con los hechos que pudieron reconstruirse de lo ocurrido al día anterior. Según el subcomisario al llegar a la esquina de Cura Navarro y República de Siria logro cruzarle el auto a los jóvenes y les dio voz de alto a ambos, a lo cual uno de los pibes le hace un ademán como de apuntarle con un revolver razón por la cuál efectúa los disparos. Esto se contradice con las primeras pericias que indican que el disparo entró por la luneta trasera del auto y le dio en la espalda a Iago, así como también quedó comprobado que no había ningún arma en el auto que manejaban los jóvenes, dejando entrever la estrategia de los abogados defensores de Bucarolo quienes intentarán enmarcar el suceso bajo un “homicidio simple en legítima defensa”.</p>
<p>Con el objetivo de que esta historia no quede impune, los familiares y amigos de Iago junto a las organizaciones sociales de la zona rápidamente comenzaron a comunicar la verdadera historia, se proponen realizar distintas acciones que contrarresten los discursos del sentido común que ya empezaron a circular por los diversos ámbitos. Por eso este jueves realizaran la primer reunión junto a otros familiares de víctimas con el objetivo de que esta historia no quede en el olvido.  En pocas palabras Irina, la hermana de Iago, lo sabe sintetizar: &#8220;de lo único que estamos seguros es de que es una lucha larga que nos tiene que encontrar unidos&#8221;.</p>
</div>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-35622" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago.jpg" alt="" width="879" height="879" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago.jpg 879w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-114x114.jpg 114w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/05/iago-607x607.jpg 607w" sizes="(max-width: 879px) 100vw, 879px" /></p>
<div class="c pg-1x0 pg-1y0 pg-1w0 pg-1h1">
<p><strong>Los jóvenes no son peligrosos, están en peligro.</strong></p>
<p>A pocos días de haber ocupado las calles contra el fallo, concedido por la Corte Suprema de Justicia, que pretende volver a dejar en las calles a los autores de uno de los episodios más trágicos de nuestra historia. Como así también el de haberse cumplido treinta años de “La masacre de Budge” el pasado lunes 8 de mayo, donde fueron asesinados Willy, el Negro y Oscar por parte de la policia bonaerense, hecho que paso a la historia como un emblema para la lucha contra la violencia institucional y el gatillo fácil. Nos encontramos con la rabia y la tristeza de tener que despedir otra vida arrebatada por las fuerzas represivas del estado.</p>
<p>Mientras que desde los medios hegemónicos de comunicación siguen aterrorizando a la población sobre el supuesto peligro que conllevan los pibes, la realidad nos vuelve a mostrar que quienes realmente están en peligro son los pibes y las pibas de las barriadas populares. Desde la vuelta de la democracia hasta la fecha son más de 5000 los casos de gatillo fácil registrados en nuestro país (sin considerar la cantidad de casos que las fuerzas represivas junto a los medios de desinformación han logrado tapar), de los cuales, según el informe presentado por CORREPI a fines del 2016, el 50% de estos hechos corresponden a jóvenes menores de 25 años.</p>
<p>Es desde esta realidad cotidiana que las organizaciones de niñez continuamos denunciando que los pibes y las pibas de nuestros barrios son los cuerpos sacrificables de este sistema perverso que busca ejercer el control social en la juventud a través de las torturas, las detenciones selectivas, las desapariciones y los casos de gatillo fácil a los que son sometidos sistemáticamente nuestros pibes y nuestras pibas.</p>
<p>En ese sentido no es casual entender entonces el lugar de la juventud a lo largo de nuestra historia, sólo la memoria colectiva que supimos construir puede acabar con la impunidad. Ya que no se trata de hechos aislados, es la juventud el primer eslabón al que sistema apunta, por eso no es casual que los genocidas de la sangrienta dictadura hayan avanzado contra esa misma juventud que en aquel momento era el motor de sueños y construcciones de otras realidades. Se trata de un plan sistemático que se propone, desde el abuso institucional de las fuerzas represivas,accionar contra nuestros pibes y nuestras pibas, ya que así ser pibe y pobre es -gracias también a los grandes formadores de la opinión pública- ser un cuerpo que puede sacrificarse en pos de imponer un orden socia<span class="pg-2ff1">l.</span></p>
<p><em>(*) Integrante del Equipo de Niñez de El Transformador en Niñez y Territorio.</em></p>
</div>

<p><a href="https://marcha.org.ar/gatillo-facil-en-hurlingam-continuidades-de-ayer-y-hoy/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>A 28 años de la Masacre de Budge: lo que sabemos y lo que no</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 May 2015 03:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[el país]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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		<category><![CDATA[nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[policía bonaerense]]></category>
		<category><![CDATA[Repo Bandini]]></category>
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					<description><![CDATA[Tres jóvenes asesinados por la policía bonaerense y una crónica para sostener la memoria.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Repo Bandini<br />
</strong></p>
<p><em>El 8 de mayo de 1987, Willy, el Negro y Oscar fueron asesinados a manos de la policía bonaerense en la localidad de Ingeniero Budge. Cuando se cumplen 28 años, lo que debemos saber para seguir conservando encendida la memoria.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que sabemos es que eran ya casi las siete de la tarde de un viernes; el viernes 8 de mayo de 1987 para ser precisos. Lo que no sabemos es si ese día el sol se había hecho notar, inesperado quizás para esos días en los que el otoño suele estar entretenido con el caer continuo de las hojas secas que el viento empuja y acumula en los zanjones de la calle. Lo que intuimos es que sí, que el sol pegaba inusualmente, sobre todo porque en una de las tantas esquinas que configuran Ingeniero Budge, Willy y el Negro habían empezado a tomar cerveza desde temprano. Lo que no sabemos es cuántas o si estaban lo suficientemente frías, si las destapaban con el encendedor o contra alguna irregularidad en el revoque de aquella ochava con rejita de herrería, en la esquina de Figueredo y Guaminí.</p>
<p>Sabemos que se cruzaron con el Dani Mortés, que estaba por irse a laburar y caminaron por la calle Mosotti hasta el bar La Angiulina, en Mosotti y Campoamor. No sabemos por qué, pero hubo una discusión, y la dueña finalmente no los atendió. Uno de los tres pateó la puerta del negocio, no sabemos quién. Se rompió un vidrio que, no cuesta suponer, cayó al suelo hecho pedazos.</p>
<p>No pasó mucho tiempo hasta que llegara el hijo de la dueña, quien después de escuchar el relato de su madre fue hasta la Comisaría 10°, ubicada al lado del Puente La Noria. Lo que nunca sabremos es qué favores les debía la policía. Lo que sí sabemos es que tanto el suboficial mayor Juan Ramón Balmaceda como los cabos primero Isidro Romero y Jorge Miño de la Policía Bonaerense no escatimaron atención y que, por las descripciones del denunciante, no tardaron en saber quiénes eran los revoltosos. Se dividieron entre un Fiat 125 color amarillo y a una Ford F100 y encararon para el bar. Sabemos que era casi un deporte para ellos acosar y molestar a los pibes de la zona a diario. Hubieran roto un vidrio o no.</p>
<p>En el camino levantaron a Mortés, que para ese entonces ya había vuelto a su trabajo, en un antiguo depósito ubicado en la rivera del Riachuelo. Llegaron todos juntos a La Angiulina: los policías, el hijo de la dueña y Daniel Mortés, detenido. Pero no estaban conformes. Faltaban más.</p>
<p>Desde el bar salieron a buscar a los demás. Sabemos que la F100 clavó los frenos en Figueredo y Guaminí,  y que allí estaban el Negro, Willy y Oscar tomando una cerveza. Balmaceda bajó al grito de: “¡Al suelo, señores!”. Pero casi en el instante en que esas palabras terminaban de esbozarse, el policía se tropezó y gatilló su arma reglamentaria. Detrás de ese primer disparo, que nunca sabremos si fue realmente producto de un accidente, llegó la masacre. Sabemos que Isidro Romero descargó una ametralladora y que Miño lo asistió con su 9 mm.</p>
<p>Cuando la lluvia de balas les cayó encima, el Negro Olivera y Willy Argañaraz estaban recostados contra la pared. No llegaron ni a moverse. Oscar intentó gritar algo. No sabemos qué quiso decir porque le pegaron un culatazo y le dispararon cuando ya estaba en el suelo. Varios testigos aseguraron haber visto a dos de los policías que lo levantaron y lo tiraron malherido adentro de la camioneta. Sabemos bien que no lo mataron sino hasta horas más tarde. Sabemos, porque nos consta, que tenía 18 balazos.</p>
<p><strong>Un fuego que no paró de crecer</strong></p>
<p>No estuvimos y, entonces, no sabemos de primera mano cuál era el ánimo de los vecinos del barrio por aquellos días. Aun así, tomando como precedente el nacimiento de la asamblea vecinal de la calle Baradero dos años antes del hecho, por el reclamo de desagües pluviales, agua potable y mejoras en la calle. Y, mejor aún, porque sabemos que un día antes, el 7 de mayo, esos vecinos y vecinas junto con docentes, padres, madres y estudiantes de la escuela 82 habían hecho una sentada en Camino Negro y Baradero para manifestar su indignación ante las inundaciones constantes y la falta de obras que sufría el establecimiento educativo. No es difícil intuir que, en ese contexto, Willy, el Negro y Oscar, se convirtieran, pocas horas después, en emblema de lucha y resistencia para los vecinos y vecinas de Budge.</p>
<p>Sabemos que corrió, rápidamente y de mano en mano, un petitorio que reclamaba juicio y castigo a los culpables y con él, de boca en boca, la hora y el lugar de la primer reunión de lo que más tarde sería la Comisión de Amigos y Vecinos. Hoy ya no conocemos  los nombres de todos los que estuvieron presentes, tampoco sabemos quiénes fueron los primeros que opinaron, las que más putearon o quienes prefirieron guardar silencio ante la huella inamovible de la muerte pobre. Pero sí que fueron, en principio, unas 150 personas que decidieron acompañar el cortejo fúnebre, hacer bajar a la gente en Puente la Noria y rodear la Comisaría para que los asesinos dieran la cara. Sabemos del temor a las represalias, pero más sabemos sobre el coraje y la rabia, sobre el amor a la vida.</p>
<p>La primera reunión de la CAV, en la esquina de la masacre, convocó a dos mil personas. Un vecino prestó un camión y  después de la asamblea se movilizaron nuevamente a la Comisaria, muchos con la intención de quemarla. Lo que no sabremos nunca es si aquel fuego, de materializarse, hubiera logrado dejar alguna lección. Sabemos, sin embargo y con total seguridad, que los otros fuegos, los que abrazaron la rabia, los que fueron alumbrando la lucha de los que siempre ponen los muertos, ayudaron a gestar y parir la organización entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos, familiares y vecinos que se prometieron ya nunca más olvidar ni perdonar a los responsables de la brutal masacre.</p>
<p><strong>28 años después, 28 años todavía </strong></p>
<p>Desde un comienzo la policía intentó hacer pasar el caso como un enfrentamiento con supuestos delincuentes llegando incluso a plantar armas alrededor de los cuerpos. Sabemos que fue la presión de los familiares en la calle y de los abogados León Zimerman y Ciro Anicciarico en los juzgados, lo que hizo posible dos juicios orales. El primero se concretó en mayo de 1990. En esa ocasión, Balmaceda y Miño fueron condenados a cinco años de prisión y Romero, a doce años. En los dos primeros casos se impuso la figura de “homicidio en riña”, más benigna que la de homicidio simple. El primer juicio fue anulado por la Corte Suprema y el segundo fallo, que figura en las actas del 24 de junio de 1994, terminó con penas de 11 años de prisión para los tres policías de la Bonaerense, que permanecieron prófugos por largo tiempo antes de que se pudiera hacer efectiva su condena. Sabemos que hoy Balmaceda goza de prisión domiciliaria. Por desgracia, aún no sabemos dónde vive.</p>
<p>Mientras, sabemos que hoy se cumplen 28 años de aquella tarde funesta que marcó para siempre la memoria colectiva de una población hasta entonces acallada y adormecida. Población que supo despertar y hacerle frente a las peores adversidades, claro. Pero sabemos también lo difícil que es mantener de pie y atenta esa memoria a la que a menudo, víctima de todo aquello de lo que poco o nada sabemos, el tiempo le juega malas pasadas.</p>
<p>Lo que sabemos, entonces y por fin, no es otra cosa más que aquello que esos padres, esas madres, maestros, maestras, amigos, amigas y vecinos de Ingeniero Budge pueden recordar para nosotros.</p>
<p>Incluido el fuego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/a-28-anos-de-la-masacre-de-budge-lo-que-sabemos-y-lo-que-no/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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