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	<title>Mariano Dublin &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>Con la pluma -y el facón- entre los dedos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 03:02:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[“Parte de Guerra. Indios, gauchos y villeros: ficciones del origen”, compuesta por una serie de ensayos de Mariano Dublin]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hernán Apaza</strong></p>
<p><em>Una mirada sobre “Parte de Guerra. Indios, gauchos y villeros: ficciones del origen”, compuesta por una serie de ensayos del escritor Mariano Dublin.</em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tiempos aciagos. Balean murgas, privatizan plazas y espacios comunes, arman “protocolos” para desarmar la protesta social, cierran centros culturales, detienen a portadores de sospechosos rostros </span><i><span style="font-weight: 400;">cobrizos</span></i><span style="font-weight: 400;"> (elegante forma de referirse a los </span><i><span style="font-weight: 400;">negros).</span></i><span style="font-weight: 400;"> Y sigue avanzando el desierto de la soja que hoy produce lo que parece un interminable éxodo campesino y originario que empezó hace siglos&#8230; del desierto del monocultivo al desierto de la ciudad. ¿Dónde quedó la vida? Y aunque </span><i><span style="font-weight: 400;">siempre</span></i><span style="font-weight: 400;"> se podía rascar algo del fondo de la olla, o por qué no también, alguna vez, refrescar los pies cansados en una fuente y por fin darle un noble fin al líquido elemento, hoy ni siquiera la tapera permiten levantar en el claro que encontraste y te desalojan a puro </span><i><span style="font-weight: 400;">corchazo</span></i><span style="font-weight: 400;">, en ciudades pensadas para que sus luces alumbren siempre a unos pocos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Siempre es hoy, entonces? No podemos abandonarnos al aparente </span><i><span style="font-weight: 400;">sin</span></i><span style="font-weight: 400;">sentido -de sentido puramente conservador- del “la historia se repite”, “esto no es nuevo” “siempre fue así” y convertir al modo en el que hombres y mujeres de las clases explotadas se hicieron a pura lucha de un pedacito del fasto universo de bienes materiales y simbólicos mundanos, de belleza y de pan, un triste continuado de derrotas populares a manos de la clase dominante y sus administradores de turno. No. No todo tiempo pasado </span><i><span style="font-weight: 400;">es</span></i><span style="font-weight: 400;"> igual, la historia no es un eterno conflicto entre buenos y abnegados perdedores versus irremediablemente malos ganadores, entre quienes viven de lo que producen y quienes viven del fruto del trabajo de otras y otros. Es más compleja la cosa. No es real esa historia maniquea… ¿o sí?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin compadrear, Mariano Dubin toma la palabra con su </span><b>Partes de Guerra</b><span style="font-weight: 400;"> y no propone rodeos para pensar y entender la cuestión del sometimiento -culturalmente fundado, materialmente saldado- de diferentes grupos, pueblos, vecinos, que </span><i><span style="font-weight: 400;">a priori</span></i><span style="font-weight: 400;">, podríamos decir que comparten inscripción territorial y de clase. Contra todo onanismo intelectual, el poeta de Berisso quiere ponerle los puntos al tema de los </span><b><i>gauchos, indios y villeros</i></b><span style="font-weight: 400;">, al inscribir la cultura represiva actual en un largo relato que nunca dejó de tener como enemigo a los desbancados </span><i><span style="font-weight: 400;">de siempre</span></i><span style="font-weight: 400;">. Un relato de sangrientos verbos conjugados por quienes se hicieron de una justificación -como a ellos gustaría decir- </span><i><span style="font-weight: 400;">prêt-à-porter</span></i><span style="font-weight: 400;">, lista para llevar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Manifiesto contra el academicismo y contra toda pretenciosa autoproclamada autoridad que se quiera hacer del poder de </span><i><span style="font-weight: 400;">hablar-en-nombre-de</span></i><span style="font-weight: 400;">, contra todo sustituismo, en estas páginas no se encontrará ningún parlamento por delegación. Se habla en primera persona, porque no se necesita a nadie que venga “a explicar”. Se habla porque </span><i><span style="font-weight: 400;">se sabe</span></i><span style="font-weight: 400;">, porque se ha vivido, </span><i><span style="font-weight: 400;">porque se es parte. </span></i><span style="font-weight: 400;">Con justicia, Dubin advierte -en el primero de los cuatro ensayos que componen su nueva obra- que debemos cuidarnos de quienes </span><i><span style="font-weight: 400;">“hacen de las historias de los pueblos problemas de sabios; de la pobreza, un recorrido turístico; y de la violencia números de un pizarrón.” </span></i><span style="font-weight: 400;">¿Para qué insistir en la expropiación de las clases populares, por otros medios? Sin la iniciativa de Dubin y otras que no abundan, quedaría sólo vigente aquel sordo relato a través del cual se </span><i><span style="font-weight: 400;">“conoce cualquier presidente o reyezuelo europeo y no, en cambio, las vicisitudes políticas y culturales de Calfucurá que gobernó cuarenta años una zona mayor a cualquier país de ese continente muerto”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 89).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Son cuatro los ensayos que componen esta nueva obra de Mariano Dubin, prologados delicadamente por María Pia López. Sus títulos son de por sí expresivos: </span><i><span style="font-weight: 400;">“De la gauchesca a la cumbia villerra, de los piquetes a los malones”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (que obtuvo una mención especial del Premio Pensar a Contracorriente de la Casa de las Américas de La Habana de 2013); </span><i><span style="font-weight: 400;">“Lunfardo: una arqueología del mal hablar”</span></i><span style="font-weight: 400;">; </span><i><span style="font-weight: 400;">“El último día sin Colón”</span></i><span style="font-weight: 400;">; y </span><i><span style="font-weight: 400;">“Hasta sacarle Carhué al huinca”</span></i><span style="font-weight: 400;">. Y aunque ya fueron publicados alguna vez, la maceración produjo una reescritura general que enfatizó una trama común. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuatro ensayos. Diferentes preguntas. Un mismo desvelo: el desafío de encontrar en la escritura el signo de nuestra independencia: </span><i><span style="font-weight: 400;">la conciencia de ser nosotros</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 16). Y para ello, es necesario recuperar obstinadamente la palabra. La palabra que convierta al presente de gauchos e indios en el pasado de los villeros. La palabra que conjura pasados, conjuga identidades y produce la alquimia: “</span><i><span style="font-weight: 400;">la Revolución de Mayo, Castelli y Monteagudo, el 17 de Octubre, las milongas, los genocidios, Bartolomé Hidalgo y los letristas de cumbia villera son una misma historia (aunque sea entrelazada, confusa, interrumpida)” </span></i><span style="font-weight: 400;">(p. 26).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿De qué va la cosa, entonces? Hacer de lo pasado una experiencia popular, colectiva, arma empuñada, horizonte emancipado. Palabras… y una pregunta</span><i><span style="font-weight: 400;">: “¿Dónde comienza la Argentina? ¿Cuál es el sujeto, el tiempo, el espacio argentino?”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 25). La operación es la de la persistencia. La obstinación. Acumulación y saturación de voces y relatos. Buscar el hilo rojo que recorre la Historia, elaborar el adobe trabajado con manos hábiles que por fin levante una casa en la que no sobre nadie, donde nadie sea considerado </span><i><span style="font-weight: 400;">vago ni malentretenido</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">“desde la esquina, desde el rancho abierto en una picada, desde el monte, el salitral. Desde la villa. El barrio, el cruce, el rancherío. La orilla. El pasado cruza las fronteras cotidianas en malones nocturnos.” </span></i><span style="font-weight: 400;">Cielitos</span><i><span style="font-weight: 400;">, </span></i><span style="font-weight: 400;">gauchesca, tango, floklore, cumbia villera: voces que delinean un camino de oralidad que sólo ha encontrado espacio en la tradicional cultura letrada en el rincón de la abyección. Intuye, huele el poeta: miedo, paranoia, odio… ¿una obsesión? de las clases altas: </span><i><span style="font-weight: 400;">“La paranoia es el gran tema de la literatura argentina porque expresa la imposibilidad de una civilización: la ficción encauza el temor a lo no nombrado, a lo ominoso, al otro”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 50).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con su escritura, el ensayista funda un </span><i><span style="font-weight: 400;">lugar</span></i><span style="font-weight: 400;"> de enunciación: </span><i><span style="font-weight: 400;">“Se escribe desde la frontera. Desde su violencia, desde su salvajismo. Hoy mismo, mientras escribo esto, otras familias mapuches serán desalojadas. La frontera agrícola desmontará otros bosques. Acá no terminó nada. Se sigue escribiendo desde la frontera, desde su salvajismo, desde su violencia”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 96). Funda también, una lengua, o mejor una política de la lengua: </span><i><span style="font-weight: 400;">“Hacer de la voz popular una escritura es para la norma social una modalidad delictiva; un delito a la norma lingüística que prescribe qué clase social habla bien</span></i><span style="font-weight: 400;"> [agregamos aquí: qué clase habla… y cuál debe callar]; </span><i><span style="font-weight: 400;">pero, también, un delito a la norma política por inscribir en la propiedad de la escritura a las clases subalternas</span></i><span style="font-weight: 400;">” (p. 70). Lugar y lenguas proscriptos ya en su origen, como se ve. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Obsesión por la lengua. Pero no una cualquiera, sino una propia, que hable al -y sea hablado por el- sujeto de la Historia, que conjugue un Nosotros. Fragua de una poética, que siempre trabaja sobre los materiales con los que se cuenta, cualesquiera sean sus barrosos orígenes. Al autor de </span><i><span style="font-weight: 400;">La razón de mi lima</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">Bardo</span></i><span style="font-weight: 400;"> le interesa la escritura, pero no cualquiera. Le importa aquella que </span><i><span style="font-weight: 400;">“nombra en primera persona todo lo que el poder calla: el hambre, la revolución, los genocidios…”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p.53)</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al final, como quien que se la sabe lunga, muestra las cartas: a través de un último ensayo “metabibliográfico” enseña su juego. Y apreciamos una saludable promiscuidad de fuentes: académicos consagrados, discografía de cumbia villera, revisionistas históricos, narrativa y poesía Nuestroamericana y europea también; desde escritos de los colonizadores al último </span><i><span style="font-weight: 400;">paper</span></i><span style="font-weight: 400;"> que se muestra propicio para ser conjugado. No hay nada vedado a la lectura, aunque pueda reconocerse cierto sesgo, el afecto por una tradición (que, para quien guste de etiquetas, encontrará que arriman al autor a lo nacional-popular). Lo saludable de este recurso (despojar al cuerpo del texto de tanto aparato </span><i><span style="font-weight: 400;">erudito</span></i><span style="font-weight: 400;">), produce como efecto deseado la narrativa ágil y desprejuiciada de los ensayos, provocadora en alguna hipótesis, audaz. Así, el autor comparte su arte, sus herramientas y su método. Y presenta un inventario generoso de los materiales trabajados para que, quien sienta el impulso, los aborde sin mediaciones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El tono de la escritura de Dubin hace justicia al género elegido. Las diferentes tesis que vertebran su texto encuentran fundamentos en el corpus laboriosamente modelado. Los diferentes movimientos y expresiones de resistencia populares se iluminan en cada ensayo a través de una renovada mirada. No se puede dejar de sentir la abrumadora presencia masculina, de varones heterosexuales… otro signo de la bárbara civilización patriarcal. Y a propósito de este nada inocente juego de palabras, puede que alguien objete cierta mirada </span><i><span style="font-weight: 400;">benevolente</span></i><span style="font-weight: 400;">: ¿es que entre criollos e indios nunca hubieron tensiones…? ¿No ha corrido más de una vez sangre obrera inmigrante en manos </span><i><span style="font-weight: 400;">gauchas</span></i><span style="font-weight: 400;">? ¿Qué hay de la violencia entre villeros…? ¿Es que civilización y barbarie expresa sólo una dicotomía entre dos sectores (¿clases?) sociales antagónicos o encontramos, </span><i><span style="font-weight: 400;">mal que nos pese</span></i><span style="font-weight: 400;">, expresiones de una y otra en las relaciones </span><i><span style="font-weight: 400;">intra </span></i><span style="font-weight: 400;">clases populares? Preguntas que, nos gusta pensar, quien se interne en este corcoveante río de palabras e ideas, puede encontrar junto a remansos de certezas empuñadas como tacuara.</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Partes de Guerra</span></i><span style="font-weight: 400;"> se constituye en mojón, en una tierra liberada, recuperada, un Carhué que nos permite pensar abstraídas de la visión dominante. En la batalla cultural, gana con las armas de la crítica, con sus mismos </span><i><span style="font-weight: 400;">ilustrados</span></i><span style="font-weight: 400;"> recursos, un pucara desde el que poder otear, con ojos subalternos, la realidad, </span><i><span style="font-weight: 400;">nuestra </span></i><span style="font-weight: 400;">realidad. Y sin embargo, insiste a lo largo de todo el libro que </span><i><span style="font-weight: 400;">no hay un origen, no existe el documento que pueda verificar un solo pasado</span></i><span style="font-weight: 400;">. Pero los hay. Y no hay uno sólo de ellos que no sea en realidad un documento de barbarie. No hay documento… pero lo hay. Y Dubin los atrapa justo en el instante de peligro, para dar cuenta de qué manera, literalmente, ni siquiera nuestros ancestros, nuestras huacas, están a salvo. Cada página se transforma entonces en una invitación a tomar partido: el </span><i><span style="font-weight: 400;">Parte de Guerra</span></i><span style="font-weight: 400;"> revela un balance descarnado mas auspicioso. El tizón aguarda la brisa que lo avive, la mano que lo alimente, los cuerpos que lo rodeen y lo hagan arder… hasta que todo sea como ya fue soñado. Ficciones de un origen, sueños de un despertar.</span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-pluma-facon-los-dedos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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