<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Marcelo Gallardo &#8211; Marcha</title>
	<atom:link href="https://marcha.org.ar/tag/marcelo-gallardo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://marcha.org.ar</link>
	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Wed, 03 Jun 2020 02:12:50 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-AR</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.13</generator>

<image>
	<url>https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2022/05/cropped-FAV_ICON-1-32x32.png</url>
	<title>Marcelo Gallardo &#8211; Marcha</title>
	<link>https://marcha.org.ar</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Superclásico: lo contrario a “vivir por el fútbol”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/superclasico-lo-contrario-a-vivir-por-el-futbol-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 May 2020 10:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Boca Juniors]]></category>
		<category><![CDATA[Conmebol]]></category>
		<category><![CDATA[el panadero]]></category>
		<category><![CDATA[gas pimienta]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Gallardo]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Rafa Di Zeo]]></category>
		<category><![CDATA[River]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Berni]]></category>
		<category><![CDATA[superclásico]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.marcha.org.ar/?p=49574</guid>

					<description><![CDATA[Hace unos días se cumplieron cinco años del Superclásico recordado como &#8220;del gas pimienta&#8221;. Ese mismo día murió Emanuel Ortega, el jugador de San Martín de Burzaco que había chocado contra un muro de la cancha once días atrás. En #Somos Multitud traemos la nota que publicamos aquella noche. Por Nadia Fink Que este partido [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Hace unos días se cumplieron cinco años del Superclásico recordado como &#8220;del gas pimienta&#8221;. Ese mismo día murió Emanuel Ortega, el jugador de San Martín de Burzaco que había chocado contra un muro de la cancha once días atrás. En #Somos Multitud traemos la nota que publicamos aquella noche.</em></p>



<p><strong>Por Nadia Fink</strong></p>



<p>Que este partido internacional se jugara en ese contexto, el día del jugador de fútbol, era ya una incomodidad difícil. Estaba el deseo imposible de que surgiera la mirada atinada, el freno que supiera a justicia, al “sentido común” tan mentado por estos días.</p>



<p>Pero no llegó. Y el partido se jugó igual. El tercero de unos superclásicos horribles, trabados, con mucha pierna fuerte y mucha actuación. La última: la amarilla que se ligó Gago por pasarle de largo a un “volador”.</p>



<p>La crónica del partido de hoy hubiera sido un gol de último momento, un partido mediocre, jugadores abocados a la falta fácil y a la caída más fácil aún; en el marco de un pibe que se moría en la cama de un hospital, que había escrito en su muro “vivir por el fútbol” y que sufrió un empujón a destiempo, en una cancha corta, con muros demasiados cercanos al campo de juego. Una cancha de ascenso, pero también una cancha como la de Argentinos Juniors –donde los jugadores deben hacer los laterales en puntas de pie para no pisar la línea–.</p>



<p><strong>El show debe continuar</strong></p>



<p>Pero el show debe continuar y, suspensión de próxima fecha del campeonato argentino mediante, el partido de vuelta por la Copa Libertadores entre Boca y River se jugó igual.</p>



<p>El inicio fue a todas luces, con un sinfín de bengalas desde adentro del estadio. Naturalizado a esta altura de los partidos que las bengalas sean parte del espectáculo deportivo, olvidados los 194 pibes muertos en Cromañón. En la previa, el secretario de Seguridad (y precandidato a gobernador de Buenos Aires), Sergio Berni, daba muestras de una política errante y negadora ante el crecimiento de los barrabravas: esperaba (deseaba, verbos asociados a lo pasivo, al “no se puede hacer nada”) que los reconocidos barras de la 12, Rafa Di Zeo y Mauro Martín, no asistieran al partido. Además, elogió las virtudes del despliegue de su operativo policial: desde la cantidad (1200 policías), y el secuestro previo de bengalas y trapos…</p>



<p>Después de un primer tiempo previsible, un entretiempo que mostró un dron con una tela que simulaba al fantasma de la B volando entre público local (todos socios, recordemos, sin visitantes para prevenir la violencia), los jugadores de River caminaban por el túnel para llegar al campo de juego y, según pudieron tomar las cámaras desde varios ángulos, desde la tribuna de Boca, abrían la manga para tirarles, supuestamente, gas pimienta a los del equipo contrario.</p>



<p>El desconcierto de los jugadores visitantes, el ardor en el cuerpo, en los ojos (ese mismo sentido por tantas y tantos militantes en marchas o en desalojos, ante represiones policiales, y corridas en las mismas tribunas cuando las fuerzas de seguridad acosan y hay un brazo amigo que alcanza una remera mojada para cubrirse la nariz, los ojos; pero esos no se ven, no se filman, no indignan a nadie), y un partido demorado. El agua cortada en los vestuarios, para no dar ventajas deportivas (como en las bailantas en las que el agua del baño sólo era caliente para alentar el consumo de bebida en las barras), los jugadores sacándose camisetas manchadas de naranja (la policía secuestrándolas como pruebas para investigación, como corresponde) tirándose agua en botellas traídas al trote por médico y cuerpo técnico riverplatense… y los jugadores y cuerpo técnico de Boca en la cancha, los primeros moviéndose para no enfriar los músculos, los segundos esperando que la pelota rodara otra vez.</p>



<p><strong>El gas en el ojo ajeno</strong></p>



<p>En el medio, ni un solo gesto (ni uno solo) de solidaridad entre jugadores. Entre el ajetreo y los susurros con mano en la boca (no vaya a ser que una cámara tomara esas palabras dichas pero que no tienen que saberse) de árbitros, jugadores, dirigentes de uno y otro equipo y las autoridades de la Conmebol, los más afectados en River: Kranevitter, Ponzio, Vangioni y Funes Mori penaban en el banco de suplentes sin que alguien se preocupara por una mínima atención. El único que se acercó fue Daniel Osvaldo, que intentó, aunque sea, charlar con Ponzio. “Andá a la puta que te parió”, le dijo Arruabarrena a Gallardo cuando el partido se suspendía y el técnico de Boca sabía que lo perjudicaba, que River llevaba la ventaja de un partido ganado y el empate los dejaba en mejor posición.</p>



<p>A las 23.16 anunciaron la suspensión desde la voz del estadio. Pasada la medianoche, los jugadores de River seguían en el campo de juego. Desde la platea llovían botellas, y la manga desplegada les quedaba lejos. ¿Qué pasaría si los jugadores de Boca fueran un poco solidarios y acompañaran a los otros, sus pares, hacia el vestuario o, al menos, hacia la manga?</p>



<p>Los intereses se cruzan: que la hinchada tomaría represalias contra ellos por ser solidarios con su eterno rival, que todo parece discutirse, pensarse. Nadie quiso hacerse cargo de suspender el partido. Como en otros encuentros en los que jugadores o árbitros eran agredidos antes del inicio de un partido (y el árbitro consultaba si empezar o no según la decisión personal del que había recibido el botellazo/cascotazo u “objeto contundente” a mano), la decisión quedaba a la vera del agredido. Desde la TV Pública se escucha aún: “Un partido suspendido por unos poquitos que arruinan el espectáculo”… y siguen siendo esos “poquitos” el chivo expiatorio de una estructura (el fútbol, las dirigencias, las barrabravas, el poder, el narcotráfico, la policía cómplice, el juego sucio) que no se siente amenazada porque el poder y la impunidad siguen estando de su lado. Un estadio que recibió bengalas, drones y gas pimienta. Una dirigencia que no supo poner paños fríos. Unos jugadores que no quisieron&nbsp;solidarizarse. Autoridades y árbitros que no se animaron a tomar decisiones a tiempo. Y en el medio de todo eso, el pibe Emanuel Ortega dejó escrito en su muro: “A diferencia de los profesionales cuando se me rompen los botines no los cambio, paso noches arreglándolo, pegándolo para poder seguir jugando, porque es lo que amo”. Lástima que nadie le haya hecho honor, hoy en su día, el día del futbolista.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/superclasico-lo-contrario-a-vivir-por-el-futbol-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Marcelo Gallardo: el hacedor</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-hacedor/</link>
					<comments>https://marcha.org.ar/el-hacedor/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Jul 2015 03:00:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Gallardo]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[River]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.marcha.org.ar/?p=16197</guid>

					<description><![CDATA[El rol imprescindible del técnico de River]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><i><b>Por Juan Manuel De Stefano</b></i></p>
<p><i>Gallardo trasciende las fronteras de los entrenadores terrenales. Toma decisiones, hace cambios y mueve piezas con una tranquilidad y seguridad asombrosas. Es el único imprescindible de este River.</i></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crack. Fuera de serie. Estandarte. Piedra filosofal. Caudillo. En Italia le dirían <i>Fuoriclasse</i>. Lo cierto es que la magnitud del trabajo de Marcelo Gallardo en River lleva a que cualquier calificativo parezca insuficiente. Y no se trata de los resultados exclusivamente, hay que analizar el final de la historia. Al fin y al cabo llegó a un River que venía de salir campeón con Ramón Díaz y lo mejoró notoriamente jugando un fútbol de alto vuelo y sorprendiendo a propios y extraños.</p>
<p>Goleadas, fútbol ofensivo, toques, rotación, inclusive se ganó el mote de practicar el tan mentado “fútbol champagne”. Pero esos primeros meses de galera y bastón fueron mutando por varias razones: la cantidad de partidos, jugar Copa y campeonato con un plantel corto y porque los rivales fueron descubriendo cómo jugaba. Y ahí se vio lo mejor del entrenador. Cuando la causa no se descarrila y el andar es óptimo, el buen momento disimula errores, los maquilla o, inclusive, los hace desaparecer.</p>
<p>En las malas (así en el fútbol como en la vida) se ve la madera de cada protagonista, se aprende de los errores, se es más ingenioso, se busca la variante para torcer el rumbo. Gallardo le puso su sello a un club que no ganaba copas y que flaqueaba en los momentos clave de los torneos internacionales. Pasó la prueba con creces al dejar en el camino a Boca, lo que incluía una racha adversa que quebró aquel equipo. Ganó la Sudamericana y dejó de lado un karma que llevaba clavado en su larga vida deportiva.</p>
<p>En esta Copa Libertadores se repitió la historia: Boca pero esta vez en octavos, y el resultado fue el mismo. Pero habíamos asegurado que no íbamos a analizar con el resultado puesto. Gallardo está entrando a un club de notables, de elegidos, de entrenadores que superan la media. Ocurre que el Muñeco se está cansando de acertar en cambios, planteos y elección de los refuerzos. ¿Cuántos entrenadores se peleaban por el lungo Alario? Más aun: redobló la apuesta y lo eligió por sobre Cavenaghi para jugar la semifinal y el <i>Flaco</i> cumplió con creces.</p>
<p>La distinción entre un buen entrenador y uno que lo supera por uno o dos escalones se divide en varios ítems. Uno es el temperamento que le inculca en la semana, la preparación táctica y estratégica, la elección de los jugadores y el manejo del grupo. Pocos son tan determinantes y tienen la influencia necesaria para cambiar el rumbo de un partido. Podemos nombrar a Bianchi en Boca y Vélez, Veira en River y en San Lorenzo, el Simeone del Atlético Madrid, para ir a ejemplos contemporáneos. Hay orientadores que son importantes en el comienzo de un ciclo, en la conformación del grupo, en el día a día o en algún encuentro en particular. En el caso del Muñeco su dominio de la situación es inusual para alguien de su edad y por la importancia del lugar que ocupa.</p>
<p>La experiencia anterior de Gallardo fue en Nacional de Uruguay y resultó muy positiva. Igualmente el merito de Francescoli y la dirigencia de River es incuestionable. Tabaré Viudez resultaba un ignoto jugador para los argentinos, que el técnico se cansó de pedir para su equipo. No pudo incorporarlo en el libro de pases anterior y con la ida de Teo llegó a River. Ante Guaraní fue clave y con la confianza que le dio Gallardo puso 3 pases gol en 22 minutos y demostró una personalidad y categoría que pueden resultar claves para la final.</p>
<p>El manejo de la situación de Pablo Aimar fue claro, sin manoseos para el jugador y pensando en lo mejor para el plantel y para el propio <i>payaso</i>. Teófilo Gutiérrez se quiso ir y nadie se lo impidió. Lo importante es el club, no un jugador en particular, se llame como se llame. No hay dudas ni conflictos, las decisiones se toman y el grupo siempre se muestra unido.</p>
<p>Mora y Sánchez volvieron con una mano atrás y otra adelante, y hoy son figuras claves del equipo. Gallardo creció muchísimo en poco tiempo, supo capear los temporales que lo azotaron y salió airoso siempre. Le agrega cosas a los jugadores y al equipo en todo momento. Su tranquilidad y sentido común son casi una isla en el fútbol argentino. Su pragmatismo es clave para seguir superando obstáculos. Lo cierto es que se ajusta a una idea de juego pero puede variar para conseguir un resultado o jugar como más le conviene. No cambia radicalmente su filosofía de juego, la mejora y mantiene la base.</p>
<p>Es decir: River no va a ganar jugando con seis defensores y sacándola de punta para arriba. Las convicciones se mantienen a rajatabla. Para trazar una comparación en cuanto a juego y resultados, podríamos marcar las diferencias entre Arruabarrena y el <i>Muñeco</i>. La campaña del <i>Vasco</i> es muy buena en números y en rendimiento. Pero la diferencia radica en los encuentros trascendentales entre ambos equipos, que justamente, fueron más definitorios que nunca por encontrarse en copas internacionales. Salvo el 2 a 0 en la Bombonera por el torneo local previo a la serie por la Copa, el duelo terminó con un triunfo claro y abrumador.</p>
<p>Es un técnico que gana partidos y campeonatos con su proceder, sus formas y sus cambios. Con su capacidad y sus logros está llamado a ser uno de los grandes técnicos del fútbol argentino y en pocos años dirigir el seleccionado. Hay muchas razones y personas importantes en este proceso restaurador de River, pero el nombre de Marcelo Gallardo brilla bien arriba. Y no es casualidad, por eso le llaman: el hacedor.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-hacedor/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://marcha.org.ar/el-hacedor/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
