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	<title>Maradona &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Tue, 01 Dec 2020 00:32:29 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Maradona &#8211; Marcha</title>
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		<title>Yo me muero como viví: crónica de la agitada despedida a Maradona</title>
		<link>https://marcha.org.ar/yo-me-muero-como-vivi-cronica-de-la-agitada-despedida-a-maradona/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Nov 2020 23:14:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[En medio del llanto colectivo y la represión de las fuerzas de seguridad, el último adiós a Maradona fue un corto sobre su vida: desorden, pasión, amor colectivo y llanto a mares. Todo con el telón de fondo del poder acechando sobre el pueblo. Por Iván Barrera / Foto: Hernán Vitenberg ¿Cuándo comienza un adiós?, [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>En medio del llanto colectivo y la represión de las fuerzas de seguridad, el último adiós a Maradona fue un corto sobre su vida: desorden, pasión, amor colectivo y llanto a mares. Todo con el telón de fondo del poder acechando sobre el pueblo.</em></p>
<p><strong>Por Iván Barrera / Foto: Hernán Vitenberg</strong></p>
<p>¿Cuándo comienza un adiós?, ¿y cuándo termina? ¿Empieza con la primera lágrima o con la última sonrisa?, ¿termina en el abrazo o en el aceptar que una parte nuestra se acaba de ir?</p>
<p>El jueves, cuando el cielo celeste se tiñó del blanco de los gases lacrimógenos arrojados por la Policía Federal, pensé en los adioses pendientes, en la cantidad de almas que se quedaron con las ganas de despedir al pibe de Fiorito, de darle el último adiós a esa parte de su vida tan singular y tan particular que solo une conoce. Quienes lo vieron jugar, quienes escucharon hablar de él, quienes gritaron sus goles con la oreja bien pegada a la radio, quienes lloraron, quienes aprendieron, quienes lo odiaron en todas y cada una de sus actitudes destructivas para con él y para con el resto, quienes lo vieron en video, quienes escucharon sus historias de sus madres, padres, abueles.</p>
<p>¿Qué significa Diego para vos? Una pregunta con 40 millones de respuestas. Pero una pregunta, también, que a persona alguna deja exenta de respuesta. Y de respuesta efervescente, pasional… la indiferencia nunca fue una palabra asociada a su figura.</p>
<p>Maradona nació de las entrañas del pueblo, vivió en el pueblo, llevó el pueblo en cada una de sus camisetas y fue enterrado por el pueblo. Maradona logró lo que ningún gobierno, ningún mundial, ningún slogan ni ninguna publicidad berreta pudo: juntar a cientos de miles de personas en las calles, luciendo sus camisetas, sus gorros, sus pilusos, sus cadenitas y sus banderas, de todos los equipos, de acá, de afuera, de selecciones. Un pueblo futbolero unido, abrazado, que derramó las mismas lágrimas, lució las mismas sonrisas, compartió anécdotas nuevas o las que escuchamos mil quinientas veces; todo mientras cantaba canciones de cancha. Y eso sí, canciones que mostraban el amor por el Diego, porque las camisetas quedaron de lado por un rato y los cantos de cuadro propio, también.</p>
<p>Se respiraba una interminable caravana del pueblo futbolero que solo fue interrumpida por un cordón policial, un “acá no pasa nadie más” De cualquier forma la fiesta siguió, las canciones brotaron, las anécdotas siguieron girando, alguna que otra entrevista y el que no salta es un inglés y el que no salta es un botón, expresión que bien supo acuñar el homenajeado.</p>
<p>Ni el paso del tiempo, ni el sol que arremetía sin piedad contra las cabezas, ni la incertidumbre de qué estaba pasando pudo siquiera pausar el fervor popular. Fue tal vez por eso mismo que la policía intentó, probó apagar a bastonazos tanto fuego. De arremetida, entre canción y canción, el cordón policial comenzó a empujar con sus escudos y luego de que la gente los calmara, comenzaron a llegar motos y motos, con policías que hacían posturas circenses y se paraban amenazantes y haciendo equilibrio, aún lejos de llegar al cordón. Y ahí, también, el comienzo del adiós.</p>
<p>Tirar gases lacrimógenos hacia un grupo de gente que ya estaba llorando desde antes, desde mucho antes, me parece poéticamente estúpido. Esa poesía que sólo pueden escribir las fuerzas represivas. Mira si voy a llorar por tus gases, lloro porque se me da la gana, lloro porque una parte de mí se está muriendo, lloro porque no puedo despedir esa parte de mi infancia que está encerrada en un cajón, que está contenida en este llanto, en este grito de gol que me anularon. Lloro porque nos están mandando a la B con un equipazo. Lloro porque vos, que no entendés nada, me apuntás con un arma y yo, que sí entiendo, no tengo más que un corazón que se parte. Lloro porque se me parte el alma de ver a mi alrededor tanta gente llorar. Tirá todos los gases que quieras, yo lloro porque no tengo más que una camiseta pegada al corazón y una angustia que va de Fiorito a Nápoli ida y vuelta.</p>
<p>En el tumulto, en las corridas, vi a un tipo tirado en el suelo. Pienso que le dieron, que lo alcanzaron las balas de goma o los gases no lo dejaron respirar, pero no. A él le cortaron las piernas de la peor manera. El tipo llora desconsolado, abrazado a una foto suya con el Diego. Llora y no puede siquiera abrir los ojos para ver a la policía que acecha con sus escudos y sus motos cada vez más cerca.</p>
<p><em>-Vamos, guacho, levantate. Cuando se calme todo entramos</em></p>
<p><em>-No puedo</em></p>
<p><em>-Dale, dale que ahora se va la yuta y entramos</em></p>
<p><em>-No puedo, hermano, no puedo</em></p>
<p>Era todo lo que repetía, “<em>no puedo</em>”. ¿Con qué piernas se iba a levantar?. Lloraba y se hundía en la foto, abrazado a la foto, abrazado a Diego, abrazado a su infancia, abrazado a todo lo que significaba para él despedirse del Pelusa. Abrazado a ese adiós.</p>
<p>Nos cortaron las piernas, nos cortaron la despedida, pero no pudieron apagar el fuego. Los abrazos que se replicaban en la dulce espera se multiplicaron en medio de la represión. Maradona se despidió del pueblo haciéndose pueblo, así, contradictorio, revoltoso, desprolijo, bochinchero, así, volviéndose canción, abrazo de gol y abrazo de llanto, transformándose en mil banderas de mil equipos distintos, siendo insulto a la autoridad, como la que enfrentó a lo largo de toda su vida.</p>
<p>Chau, Dieguito, nos vamos de la plaza con las zapatillas desatadas, las medias bajas y la cabeza en alto. Nos vamos con el corazón hecho pelota de trapo, con el barro en las rodillas y la mirada en el cielo. Nos vamos con ganas de hacer jueguito con una pelota o con una naranja, con las ganas de tirarle un caño a la yuta ida y vuelta, porque a este pueblo no se le escapa la tortuga. Chau mostro, mandale un beso a doña Tota, de parte nuestra y de la redonda.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/yo-me-muero-como-vivi-cronica-de-la-agitada-despedida-a-maradona/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Por qué queremos tanto al Diego si somos feministas?</title>
		<link>https://marcha.org.ar/por-que-queremos-tanto-al-diego-si-somos-feministas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Oct 2020 17:04:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[10 del 10]]></category>
		<category><![CDATA[Ayelén Pujol]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Armando Maradona]]></category>
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		<category><![CDATA[fútbol argentino]]></category>
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		<category><![CDATA[Mónica Santino]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy Diego Armando Maradona cumple 60 años y, en este humilde homenaje, lo saludamos desde nuestros feminismos populares y maradonianos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><i><span style="font-weight: 400;">Hoy Diego Armando Maradona cumple 60 años y, en este humilde homenaje, lo saludamos desde nuestros feminismos populares y maradonianos.</span></i></p>
<p><b>Por Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta será la primera -y última- nota en la que daremos explicaciones sobre nuestros sentimientos y elecciones. Para nosotras, el feminismo es mucho más que una causa por la lucha de derechos específicos. Para nosotras, el feminismo es un modo de mirar, amar, disfrutar y habitar nuestras vidas. Y nuestras vidas no son más que permanentes contradicciones, por eso, en las siguientes palabras, dedicamos unas reflexiones a esos sentimientos, elecciones y contradicciones para reforzar lo que somos: feministas, populares y maradonianas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tenemos memoria y no olvidamos la violencia que ha ejercido contra muchas mujeres, lo tenemos claro y sabemos que es parte de la sociedad y el futuro por el que luchamos: que ser macho no signifique tener privilegios ni ejercer violencia alguna contra el cuerpo de las mujeres. Que ser macho no sea cuestión de poderes ni de fuerzas físicas. Pero en medio de tanto ruido ahogando la voz de las y los pobres, no nos olvidamos de que el Diego y su fútbol siempre apuntaron hacia el sur.  Desde su nacimiento estuvo marcado con esta estrella y siempre supo bien de dónde vino y  hacia dónde quería apuntar: salió del barro y nunca olvidó su origen, la conciencia de clase la forjó en los lugares donde perfeccionó su arte con la pelota y con los más olvidados convirtió al fútbol en el escenario para hacer visible lo invisible. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Si hablamos de Diego, hablamos de pueblo, ese que siempre lo acompañó, no solo por sus jugadas, sino porque los barrios humildes se sentían representados en su rebeldía y en sus decisiones. Fue, también, capaz de darle la espalda a ese fútbol de maquila, como en el momento en el que se  fue de Barcelona para darle la gloria a un equipo del sur de Italia, al enorme Nápoli, y quitarle la hegemonía a los ricos del norte, a la poderosa Juventus de Platini, al poderoso Milan de Berlusconi; el Diego le plantó cara a los más poderosos y proyectó su voz desde lo colectivo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se reveló contra la maquinaria y la multinacional de la FIFA y la Conmebol porque no aceptaba el juego de los poderosos y prefirió poner su posición política por delante. El costo fue alto: fueron esos mismos poderosos quienes le cortaron las piernas en el Mundial del ´94, y sufrimos todas y todos. Sin embargo, el Diego no aprendió la lección y su desobediencia fue plantarse ante el bloqueo contra Cuba, apoyar la revolución Bolivariana en Venezuela, jugar fútbol con Evo y apoyar la paz en Colombia, siempre cuando las voces sonaban tibias. Desde hace unos años a esta parte, además, para los jugadores multimillonarios participar de la Selección muchas veces no es una prioridad. Hay demasiados intereses en juegos para abandonar partidos en sus clubes. Y ahí vuelve el Diego en una imagen de Italia 90: llorando ante las cámaras la derrota de un Mundial que jugó aun físicamente a medias. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero las autoras de esta nota no somos las únicas que salimos del clóset en nuestro amor por Maradona. Por eso sumamos otras voces que nos ayudan a mirar, a poner las contradicciones sobre la mesa, a no borrar nuestro pasado, nuestra crianza, y nuestras pasiones, que poco caben en un puñado de palabras. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><b>Me es inconcebible pensar el mundo sin Maradona como me es inconcebible pensar al mundo sin el feminismo </b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mónica Santino es ex jugadora de fútbol, parte de La Nuestra, de la Villa 31. Y nos dice:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“No sé por qué hay que explicar permanentemente por qué se ama a alguien. Se ama a alguien por lo que hace, por lo que significa. Y todo lo que significa trascendió la cancha de fútbol y el campo de juego porque fue una persona capaz de transmitir un nivel de emoción pocas veces visto. El fútbol genera eso, hace eso, logra que te abraces con alguien que no conocés cuando tu equipo hace un gol. El fútbol hace que llores profundamente, que tengas una alegría a veces inconcebible o desmesurada. Y Maradona es fútbol y Maradona es todo eso. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Maradona es una persona que nunca se olvida de dónde viene, cuál es su origen y del que está orgulloso. Eso es un punto de cercanía con un movimiento social como el feminismo, que desea transformar el mundo. Y Maradona, a su manera, y algunas veces machista, también, intenta transformar al mundo. Entonces, tenemos más puntos en común que desuniones y después, claro que están las contradicciones pero hacen parte de la vida y el juego mismo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me es inconcebible  pensar el mundo sin Maradona como me es inconcebible pensar al mundo sin el feminismo. Entonces poner en contradicción una cosa con la otra, como que si sos feminista no podés querer a Maradona, no es el feminismo que me gusta ni del que quiero participar. Tampoco es el feminismo como herramienta que utilizo para transformar la vida propia y de quienes me rodean: simplemente, un mundo más justo donde no haya oprimidos ni oprimidas. Y Maradona tiene mucho de eso. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy maradoniana, soy feminista, soy lesbiana, soy porteña y amo al país entero. Soy peronista y detesté los 10 años de menemismo. Soy todo eso como nos pasa a la mayoría de nosotres: un mar de contradicciones que nos hace estar vivas, nunca para comer, dormir y mirar la tele, sino para arder y cambiarlo todo como Diego lo hizo en todos sus años de jugador y hoy lo hace cumpliendo 60 años”.</span></p>
<p><b>¿Ser feminista es tener que borrar nuestras historias, los recorridos, eso que alguna vez nos hizo vibrar de emoción? </b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ro Ferrer es comunicadora, ilustradora e historietista y suma su mirada:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Quién sería yo sin el puño en alto del Diego, el llanto desconsolado, la construcción de una mística de equipo y pueblo&#8230; sin el corazón acelerado cuando los músculos de sus gambas se tensaban en ese instante en el que su pie tocaba la redonda y empezaban a bailar&#8230;</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy feminista y convivo con muchas contradicciones, también reconociendo errores, propios y ajenos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hizo que yo amara el fútbol. Y no es Dios, es un hombre que además de gloria, tuvo y tiene miserias; que nació parte de esta cultura de mierda que te levanta y aplasta con la misma fuerza, que le enseña a los varones que nosotras somos su &#8220;propiedad privada&#8221;, que tienen todos los privilegios y escasas responsabilidades más que las pautadas desde los espacios de poder.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy feminista y maradoniana, porque cuando lo veo, viene mi niñez a abrazarme”.</span></p>
<p><b>Es oro, y también es barro</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ayelén Pujol es periodista deportiva y juega a la pelota. Desde ahí nos dice: </span><b>“</b><span style="font-weight: 400;">A mí me interpela su fútbol, obviamente, y que siempre está del lado de los oprimidos. Cuando lo veía jugar y hablar, soñaba ser como él: romperla en la cancha, ilusionarme con pegarle así de zurda, y después salir y decir las cosas que decía. Es un creador, nos invitaba a pensar mundos nuevos y más justos posibles a través del fútbol. Es oro y también barro, claro”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y en este recorrido encontramos un escrito que nos interpeló y que nos disparó las ganas de seguir pensando. Por eso la sumamos a Maia Moreira, del departamento de Género del Club Lanús (del que es hincha) con su nota </span><a href="http://siemprelapelotaal10.blogspot.com/2020/10/maradoneana-y-feminista-el-orden-de-los.html"><b>Maradoneana y feminista: el orden de los factores no altera el producto</b></a><span style="font-weight: 400;">, en el portal &#8220;La pelota siempre al Diez&#8221;, donde nos dice, entre otras cosas: “Hay tantos feminismos como feministas, por eso a mí me gusta definir el feminismo que habito desde algunas cuestiones que considero fundamentales. Una de ellas es derribar ese axioma que marca absurdamente la antinomia de ser feminista y maradoneana.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">(&#8230;) Como tantas otras construyo mi vida en torno a mis gustos. Me encanta ser feliz pensando que &#8211; como aprendí de El Diego y el feminismo &#8211; esa existencia se cruza con los sentires de miles de compañeras que también desean una realidad mejor y más justa: un mundo más igualitario</span><b>. </b><span style="font-weight: 400;">Para mí, la militancia feminista tiene muchísimo que ver con ese espíritu de equipo que yo veo en Diego siempre latente, aún con el paso del tiempo. Creo que Maradona está siempre presente en esa mezcla que amalgama lo popular y lo académico y que, no casualmente, a muchas nos encontró con la excusa perfecta: el fútbol. Excusa que también usamos como herramienta para hacer que ese mundo, donde tengamos igualdad de derechos, llegue a ser realidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No quiero como feminista que nos olvidemos de dónde venimos, quiero que nos sepamos y aceptemos diferentes, que nos duela lo injusto, que juguemos en equipo. Y siento desde lo más genuino que Diego es, aún con sus fallas &#8211; como yo lo soy con todas las mías -, un poco eso. Pelusa habla desde su origen de barro, aceptó su nuevo mundo pero nunca jamás dejó de cuestionarlo cuando lo creyó injusto. Y siempre &#8211; ojalá eternamente &#8211; arma equipo y nos regala alegrías. Diego es encuentro, es la nada y la gloria que nos cantó Patricio Rey, es pueblo”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y nos vamos, sin dejar de desearle feliz cumpleaños al tipo por el que rezamos o prendimos velas o cumplimos nuestros rituales cuando su vida se esfumaba y miles de personas lloraban y esperaban en todos lados. Nos vamos y nos seguimos pensando y cuestionando: nos equivocamos, y a veces pagamos y a veces no. Un poco como él mismo, que se hace cargo de los errores. Y compartimos estas ideas porque nuestro feminismo se construye en el barro y en la contradicción; en la colectividad y en la celebración; en el llanto y en el dolor cotidiano por la injusticia. Lo queremos cambiar todos los días y, mientras tanto, gritamos gol y nos abrazamos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/por-que-queremos-tanto-al-diego-si-somos-feministas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El último recital de Los Piojos: sos enganche, ya no hay goleador</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-ultimo-recital-de-los-piojos-sos-enganche-ya-no-hay-goleador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2020 10:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Multitudes en cuarentena. Un 30 de mayo, hace 11 años, fue el último recital de Los Piojos. Un fulbito sin final. Los jugadores con los que pegaron onda a lo largo de su carrera y una crónica familiar. Envido y truco del tiempo para los amigos, hermanos del alma, compañeros de emoción. Por Lucas Jiménez* [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Multitudes en cuarentena. Un 30 de mayo, hace 11 años, fue el último recital de Los Piojos. Un fulbito sin final. Los jugadores con los que pegaron onda a lo largo de su carrera y una crónica familiar. Envido y truco del tiempo para los amigos, hermanos del alma, compañeros de emoción.</em></p>



<p><strong>Por Lucas Jiménez</strong>*</p>



<p><em>“Y la champaña que descorchan hoy, guarden los corchos para un bote hacer que viene el río del hambre y la sed, y ya no hay goles que den de morfar”- Los Piojos-Maradó</em></p>



<p>“Media caña en el colchón, pata dura y corazón”. Así amanecí un 30 de mayo de 2009. Me levanté como un día más de ritual, había visto muchos en distintas ciudades. Todavía no lograba entender ese aroma a despedida. La música es el enganche del fútbol. Las melodías pueden sonar en tu cabeza sin necesidad de imágenes. Así los sonidos y las letras trascienden la vida de sus autores. Lo mismo pasa con los números 10. Siguen jugando en la imaginación de la gente; es como si nunca se retiraran. Lo opuesto pasa con los goleadores. Necesitan del vivo y de la imagen para confirmar su vigencia. Los recitales en vivo son un goleador. Su esencia es difícil de explicar sin mostrar cómo eran, y así y todo a veces ni alcanza. El goleador es el brazo ejecutor de la imaginación del 10, así como el recital en vivo es la extensión del sonido grabado.</p>



<p>Ese 30 de mayo de 2009, era el partido despedida de Los Piojos como banda goleadora de estadios. Debe ser la banda argentina que tocó en más canchas de fútbol. Acá va la lista: General Paz Juniors, Ferro, Atlanta, Andes Talleres, All Boys, Vélez, River, Boca, Huracán y el Único de La Plata. También podemos sumar los microestadios de clubes: Argentino de Quilmes, Racing, Newell´s y Gimnasia de La Plata.</p>



<p>Cuando se cumplieron 6 años de ese final de mayo frío y cruel, escribí una publicación de Facebook donde contaba que mi primer recital de Los Piojos y el último fueron en el mismo lugar: la cancha de River (2003 y 2009). El querido Fede Coguzza me firmó que mi inicio fue su despedida. “Yo los vi por primera vez en Obras, apenas salido Tercer Arco. Y el último que vi fue un River feo&#8230; creo que el de <em>Máquina de Sangre,</em> del que hablás. Me quedo con los Obras que pude ver y sobre todo con la presentación de <em>Azul</em> en All Boys&#8230; impresionante”, fueron sus palabras.</p>



<p>Eso me hizo entender, en plan periodístico de categorizar al público de Los Piojos, que ese 2003-2009 engloba una etapa. Que ese River fue un click. La etapa anterior a la mía, la que disfrutó Coguzza, es la que va del 96, que empezó con la presentación en Obras de <em>Tercer Arco</em>, al 2002, que a su vez es precedida por la inicial del 88 al 95, marcada por los shows en el Teatro Arpegios. Esto a grandes rasgos entre el público piojoso, hay gente que cruzó las tres o 2 etapas y otra no entrará en ninguna categoría.</p>



<p><strong>Vals inicial</strong></p>



<p>Empecé a escuchar la banda en 1999. Tenía 11 años. Los sábados a la mañana mi mamá limpiaba la casa y la música iba subiendo a medida que avanzaba su disco de cabecera: <em>Ay Ay Ay</em>. Con “Arco, despacio tiro” empezaba la barrida. Ya para la parte de encerar íbamos por “Fumigator” y se olvidaba que yo dormía. Su mente se iba a otro lado y ponía el volumen al taco.</p>



<p>“Muy Despacito” era mi tema de inicio del día. Con las cucarachas bailando abría los ojos y me terminaba de levantar de la cama con los “jardines de calma feroz”. En 8° grado una profesora del secundario pidió que llevemos la letra de una canción para analizar y llevé esa. Cuando me compré una armónica para intentar aprender a tocar fue la primera que probé sacar.</p>



<p>Además de ese disco de Los Piojos, en casa estaba <em>Tercer Arco</em>, <em>Azul</em> y <em>Ritual</em> (todos originales). En mayo de 2001 me gasté mis ahorros y le regalé a mi mamá para su cumpleaños <em>Verde Paisaje del Infierno</em>. “Tomá Ma, el que te faltaba”. Por aquellos años previos a internet, desconocía la existencia de <em>Chac Tu Chac</em>. De hecho, me gustaba “Cruel”, que escuchaba en <em>Ritual</em> porque pensaba que era un tema inédito. Toda la ternura y agradecimiento a mi madre por inculcarme el gusto por Los Piojos se desvaneció en el momento en que me fui de casa para convivir y me llevé casi todos los discos originales de la banda, incluido el que le había regalado para su cumpleaños. Digo casi porque le dejé <em>Ay Ay Ay</em>. Imagino que en la República de Laprida y Boquerón en Lomas de Zamora sigue sonando a toda mostaza los sábados a la mañana.</p>



<p>Con mi vieja y con mi prima fui a ver a Los Piojos una vez nada más: Vélez 2004. El recital del martes 25 mayo que iba a ser el domingo 23 pero se suspendió por una “pesada lluvia de invierno”. Recuerdo que apenas entré al campo y vi las tribunas con mucha gente lo primero que pensé fue: “qué presión deben sentir los futbolistas”. Al otro día fui al colegio y le conté eso a mis compañeros acompañado de un “no me gustaría ser Jonás Gutiérrez”, jugador de Vélez de esos años.</p>



<p>Ese recital conocí “Los Mocosos”. Me acuerdo de que le dije: “Ma, este tema no lo tenemos en casa”. Ya sin un peso para comprar discos originales, un compañero de laburo de ella nos grabó <em>Chac Tu Chac</em>, <em>Huracanes en Luna Plateada</em>, <em>Máquina de sangre</em>, y recitales en Obras y Arpegios. De Vélez tengo la imagen de la retirada por pensar que el show había terminado. Estar cruzando el puente para salir del estadio, que arranque “Vete bobo, vete bobo” y las “miles de almas en un ritual sin calma” nos metan de nuevo adentro. Cuando hoy en día mi vieja mi dice que le tiene pánico a las multitudes, lo primero que pienso es en ese momento.</p>



<p><strong>Tercer arco</strong></p>



<p>Los Piojos no solo fueron música y recitales para mí. No solo fueron enganche y goleador en mi vida. También me acercaron al periodismo y me enseñaron la figura de Maradona. &nbsp;Por ejemplo, escuché primero la voz de Diego regándole a Ciro los últimos botines que usó como futbolista antes de Maradó en <em>Ritual</em>, antes de haber visto el gol a los ingleses. Por esa canción pregunté por el Diez y me grabaron en VHS la película <em>Héroes</em> sobre el Mundial 86. En aquel Vélez de 2004 esperaba que se desplegara una bandera grande de &#8220;Fiorito&#8221; con la cara de Diego y el logo de Los Piojos, era la única manera de poder llegar adelante por mi altura y contextura.</p>



<p>Lo del periodismo viene por el lado de que en septiembre de 2000 mi vieja compró la <em>Rolling Stone</em> porque la nota de tapa eran Los Piojos. Ahí leí una crónica fabulosa titulada “El planeta de Los Piojos” que jugaba con frases de El Eternauta. Entonces me topé con el texto escrito contando historias. Yo ya era un apasionado del fútbol y resultaba ser que descubría que la única banda que escuchaba a mis 12 años también.</p>



<p>El bajista Micky Rodríguez había jugado en Ferro y Chacarita y hablaba del sueño cumplido de conocer a Diego Armando Maradona. “Cuando lo abracé se me vino la imagen de mi viejo y no lo podía soltar&#8230; Se me caían las lágrimas. Fue una de las cosas más grosas que me pasaron en la vida, conocer a ese tipo”. Casi 10 años después Micky compartiría cancha con Diego en un partido a beneficio de la Fundación PUPI en cancha de Boca. De hecho, el músico entró por Messi en lo que era la única vez que había jugado en la Bombonera hasta el partido con Perú en 2017 por las Eliminatorias.</p>



<p>En la entrevista de la <em>Rolling Stone</em>, Tavo cuenta que fue al Mundial 98 a ver los partidos de Argentina y que se coló en la final Francia-Brasil. “Chamuyé a un negro que estaba en la puerta y, después de casi dos horas de dar vueltas y esperar, me dejó pasar. Fue increíble. Cuando terminó el partido, salí de la cancha corriendo y desde un teléfono público llamé a mi casa para contarlo. Nadie me quería creer”.</p>



<p>Después de esa nota fui a leer los libritos de los CD que tenía en casa. Ahí entendí todo. La descripción de <em>Tercer Arco</em> hace referencia a que encontraron en la música una pasión paralela a su locura por el fútbol. “Un día llovió y la cancha se tapó y volvimos a los instrumentos y dijimos: ‘esto suena’, así que nos agrandamos, concentramos y pusimos en cada tema todo lo que teníamos para dar: Sangre, sudor lágrimas y rocanrol. Fue así como descubrimos que existía un 3er Arco”, reza el texto acompañado al costado por una foto de Micky pateando una pelota.</p>



<p>Seguí investigando los discos y vi que en los agradecimientos de <em>Azul</em> aparecía el Rifle Pandolfi por haber hecho los coros en “El rey del blues”. Pero la relación entre Los Piojos y Vélez arrancó por otro futbolista: Marcelo Gómez. “El manager Pocho Rocca era hincha de Vélez y un día saliendo de un partido, el Negro Gómez lo vio con una remera de Los Piojos y empezaron a hablar. La onda se dio rápido. Vinieron a vernos jugar y nosotros fuimos a la sala de ensayo”, contó el Lobo Cordone en <em>Mavirock</em>.</p>



<p>El rubio delantero solía festejar sus goles mostrando remeras de bandas, ritual que arrancó con una de Los Piojos después de un gol a River en Liniers. En el programa “Tocala” de TyC Sports contó el trasfondo de ese festejo. “Justo los habíamos invitado a los chicos de Los Piojos y tres son de River (Tavo, Micky y Piti). Le habíamos dado platea. Les había dicho que les iba a hacer un gol y se los iba a gritar para ellos.” (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=_Yv375g7WW4">https://www.youtube.com/watch?v=_Yv375g7WW4</a>).</p>



<p>El Negro Gómez en <em>Somos Vélez</em> blanqueó una canción de la banda que nació por él. “En <em>El Gráfico</em> hicieron una serie de notas entre futbolistas y músicos y la que me hicieron a mí fue con Los Piojos. Durante la nota empezaron a zapar un ritmo, una melodía y Andrés cantaba de fondo: Go Negro Go, con el tiempo esa melodía se transformó en la canción que salió en el disco <em>Azul</em>”, recordó el ex volante central.</p>



<p>Por su parte, el Rifle no solo iba a los ensayos a boludear sino que Tavo lo llamaba para que fuera a guiarlos con las voces cuando no podía ir Ciro. En 2002, cansado del ambiente del fútbol, dio una nota al diario <em>Olé</em> donde anunciaba su retiro. Al otro día se subió al escenario del Luna Park invitado por Los Piojos para tocar la guitarra en el clásico de Chuck Berry, “Around &amp; Around”.</p>



<p>Pero no sería el único futbolista en grabar con la banda de El Palomar porque en agosto de 2003, tras ganar la Copa Libertadores con Boca, Nicolás Burdisso hizo los coros en “No pares” del disco <em>Máquina de Sangre</em>. Un reciente campeón entonaba: “Los que ganan te la cuentan como la única verdad pero vos nunca te olvides que hay otra campana atrás. Una campana más rica y que tiene otro color”.</p>



<p>Burdisso y Ciro también coincidirían en el mundial Alemania 2006. El defensor llevó la guitarra a la concentración argentina para hacer sonar temas de Los Piojos y el cantante fue como comentarista de partidos para la Rock and Pop. De esa experiencia surgió la canción “Unbekannt”, desconocido en alemán, por sus caminatas por las calles sin que lo reconozcan (“heavy faso en Sankt Pauli”). En un Luna Park los pibes de Lugano Piojoso le regalaron una remera de Alemania con la 87 y el Unbekannt atrás.</p>



<p>En una entrevista a un medio de Misiones, en 2009, Tavo Kupinski (quien falleció en 2011) habló de fútbol. Contó que era muy fanático y socio de River pero que la actualidad lo encontraba siendo más hincha del Inter por su amistad con el Pupi Zanetti. Le pidieron que armara su selección y formó una defensa con todos futbolistas piojosos: Zanetti, Burdisso, Demichelis y Placente. Demichelis, en 2014, le regaló entradas a Ciro para que fuera con Los Persas y el resto del staff a ver la final del mundo con Brasil. El puente conector de Placente con la banda es Pablito Aimar, que solía ir a los ensayos antes de irse a jugar al Valencia.</p>



<p>Todos los futbolistas nombrados y algunos más, como Hernán Crespo, el Turu Flores o el Gallego Méndez, son los que les entregaron las camisetas del fútbol europeo a los músicos de la banda que exhibieron en distintos recitales. Remeras del Newcastle, Chelsea, Bayern Munich, La Coruña, Valencia, Inter, Celta de Vigo y varias de la selección con la 8 de Zanetti.</p>



<p>Hoy parecen normales ciertos signos patrióticos como la camiseta de la selección o el himno. Pero no era tan así cuando Ciro lo empezó a hacer. En una nota en la <em>Rolling Stone</em>, en 2007, le preguntaron sobre los signos a los que apelaron que antes estaban pegados a los militares. Su pensamiento era “¿por qué tiene que pertenecer esto a los militares, si el país es nuestro? No es de los militares genocidas, esto es de la gente”. El tarareo del himno, que es un hit argentino en los mundiales, nació primero en los recitales de Los Piojos con el himno tocado en armónica por Andrés Ciro Martínez.</p>



<p><strong>Una noche cruel</strong></p>



<p>Hace 11 años me juntaba en Constitución con mis amigos, alguna que otra puteada con el público de La Renga que se tomaba el tren a La Plata, en el recital que Chizzo agigantó la grieta que tanto hizo por achicar en aquel show en Atlanta 98. Hace 11 años llovía y hacía mucho frío. Tengo el recuerdo de un fernet tirado en el ingreso al subte por pedido de un policía y una previa larga en Libertador.</p>



<p>Aproveché para recordar mi anécdota futbolera de cabecera en recitales. En la previa de un Quilmes Rock que cerraban Los Piojos, me encontré con el por entonces arquero de Arsenal Cristian Campestrini. Bajo los efectos del Vin-Up le pegué un abrazo y le dije: “te sigo desde Almirante, sos un arquerazo, te tengo en el Gran Dt, cambien a los defensores porque me sumas siempre negativo”. A eso le siguieron risas, apretón de vamos y un “vamos Los Piojos” de su lado.</p>



<p>Del recital rescato unas palabras de mi compañera de facultad, Micaela Giacona: “El frío, las pies mojados, la confusión”. Ya estaba todo muy podrido en la banda, venían de un parate hacía muy poquito. La salida de Piti Fernández había sido un golpe demoledor. En una entrevista a <em>Soy</em> meses después del show contó que lo llamaron para que fuera a tocar a las 7 de la tarde del mismo sábado. Lo tomó como una falta de respeto y se quedó en su casa de Caseros viendo Lanús-San Lorenzo.</p>



<p>Más allá del clima y de la emotividad, esa noche en River hubo dos bandas en una, ni se miraban entre ellos. Un amigo que estuvo adelante me dijo que Ciro se quebró en “Pacífico”. Un piojoso leyó una emocionante carta y tituló en tono ricotero “las despedidas son esos dolores dulces”. El recital fue muy largo. La banda estaba cerrando en la Gira <em>Civilización</em> con “Buenos Días Palomar” en vez de “Finale”. El 30 de mayo de 2009 tocaron ambas, leyeron las banderas y después tocaron cuatro temas más. El último fue “Muévelo”.</p>



<p>Salí del estadio y solo recuerdo los largos silencios que marcaron la vuelta. Fuimos hasta Ciudad Universitaria a tomar el 160. Cuando ya estaba arriba del bondi, me acordé de que mi vieja y mi prima habían ido por su cuenta. Hoy, que hace más de 2 meses que no las veo, me doy cuenta de que encontrar a alguien entre 70 mil personas es casi como una cuarentena de distancia. Pero ese día las vi. Yo ya estaba arriba del bondi y ellas recién llegaban para armar una nueva fila porque el mío estaba arrancando ultra lleno.</p>



<p>Quizás la confusión de la que habla Micaela me impidió bajar. Me hubiera gustado compartir el silencio con ellas. Quizás romper el hielo bardeando las vueltas que da el 160. Un bondi que es como un wing gambeteador que nunca termina de tirar el centro. Cruzar Pompeya. “Mirar el paisaje y seguir”. Igual qué fácil que es volver de Núñez a Lomas de Zamora con este bondi. Ahora “¿alguna de las 2 se acuerda cómo hicimos para volver de la cancha de Vélez un miércoles a la 1 de la madrugada?”.</p>



<p><em>“Salimos por fin del estadio. Casi todos, quien más, quien menos, miramos hacia atrás. Hacia las altas tribunas. Durante horas interminables aquellas moles de cemento nos habían protegido del ataque de los lanzarrayos: abandonarlas producía en todos una curiosa sensación de desnudez”</em></p>



<p><em>El Eternauta- Héctor G. Oesterheld y Francis Solano López</em></p>



<ul><li>Nota publicada en <a href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/">Lástima a nadie, maestro </a></li></ul>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-ultimo-recital-de-los-piojos-sos-enganche-ya-no-hay-goleador/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El invierno sin Riquelme empezó un 11 de mayo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2020 10:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable. Por Juan Stanisci / Foto &#160;Bernardino Avila Cumplir años un domingo resuelve [...]]]></description>
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<p><em>Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable.</em></p>



<p><strong>Por Juan Stanisci / Foto &nbsp;Bernardino Avila</strong></p>



<p>Cumplir años un domingo resuelve muchas cosas. El problema es al día siguiente. Más que nada si ese día siguiente llueve. Y hace frío. Cumplir años es un hecho al que uno se va a acostumbrando. Lo que es imposible de tomar con naturalidad es que el día de tu cumpleaños sea el último de Riquelme con la camiseta de Boca.</p>



<p>El domingo 11 de mayo de 2014 amaneció nublado y amenazando. Se notaba que el invierno estaba cada vez más cerca. Lo que no sabía era qué tipo de invierno era el que se acercaba. No uno normal con viento, bajas temperaturas, calefactores prendidos y algunas lluvias. Ese no es tan grave. El invierno que se nos venía encima era el de Boca post Riquelme.</p>



<p>Por esos años vivía en Caseros. A 45 minutos de tren y 15 o 20 de colectivo de la Bombonera. Y eso es mucho para alguien que siempre duda antes de salir a la calle. Confieso no ser el mejor de los hinchas. Mucho menos que eso. Confieso no ser siquiera uno aceptable. Porque el hincha, el de verdad, no duda a la hora salir a la lluvia, al frío, a los viajes largos, a la hora de ver a su equipo. Yo siempre dudo. Pero esa tarde era diferente.</p>



<p><strong>Para verte gambetear</strong></p>



<p>A medida que las gotas caían por el cuadro del vidrio del San Martín, me llegaban imágenes del pasado. El 10 de noviembre en el que Román debutó contra Unión, mi viejo me había llevado a la cancha. En ese momento la distancia era de dos cuadras. Tenía 4 años. ¿Cómo puede ser que no me acuerde nada de esa tarde? ¿Habré aplaudido a Riquelme, gritado su nombre o estaría jugando con los autitos en una platea vacía? Algunos viajes mentales sirven para acordar distancias largas en tren. Mientras volaba hacia el inicio de todo, ya asomaba Retiro de fondo como el final del recorrido.</p>



<p>Llegué tarde como nunca a la Bombonera. No importa el partido, siempre trato de llegar por lo menos una hora antes a la cancha, cosa de elegir lugar. No tuve en cuenta que el posible último partido de Riquelme en Boca convocaría a mucha más gente. Tampoco los operativos que se realizaban por aquellos años: estaban destinados a terminar con la paciencia de los y las hinchas para que la policía pudiera mostrar la dureza de sus palos y la efectividad de sus golpes.</p>



<p>La fila daba la vuelta a la manzana. Caminé pero no encontré a nadie conocido. Y claro, faltaban menos de cuarenta minutos para el arranque del partido. Empecé a hacerme a la idea de que lo iba a ver por televisión. La fila avanzaba tan rápido como las gotas que caían sin ganas de una nube de domingo. Primero se escuchó la ovación de la gente con la salida del arquero. Después la voz del estadio que nombraba a los once muchachos que vivirían, algunos sin merecerlo, una noche histórica.</p>



<p>Llegamos despacito a Brandsen, la calle del ingreso. Todavía faltaban un embudo, un cacheo y dos controles para poder pisar el primer escalón. De la cancha llegaba el ruido de un partido que comenzaba. La gente se levantaba de las plateas, en la popular saltaban pechando a la lluvia y en los palcos hacían lo que hace la gente en los palcos. Nosotros y nosotras en la fila esperábamos que al policía de turno se le ocurriera dar la orden para que avanzáramos, mientras un tipo con la 10 en la espalda daba su última arenga antes de subir las escaleras que lo llevaran al patio de su casa.</p>



<p>“Dale que arranca, che.” A una cuadra del embudo policial, la paciencia de quienes queríamos entrar estaba al borde de romperse. De La Bombonera llegaban los cantos que indicaban que el equipo ya estaba en la cancha. Pero seguimos ahí, detenidos en el tiempo, el frío y la lluvia. A pesar de los esfuerzos de La Doce, se escuchaban con claridad dos gritos coordinados entre los privilegiados y las privilegiadas que ya habían entrado: “Riqueeelme, riqueeeelme”, “Ole le, ola la / Riquelme es de Boca / de Boca no se va”. Nos movíamos de a poco. Y en eso, de la cancha llegó un grito de gol. Gritamos por inercia, pero alguien dijo que no, que el partido seguía cero a cero.</p>



<p>Por fin la fila avanzaba. Parecíamos agua cayendo de una canilla mal cerrada. Llegaba el embudo. Nadie miró los carnets. El cacheo se pareció más a una caricia. Primer control. Éramos cientos que trotábamos hasta el segundo lugar dónde debíamos mostrar el carnet, pero no lo hicimos, para luego apoyarlo por última vez antes de empezar el trote de las escaleras a lo Rocky.</p>



<p><strong>El preludio del invierno</strong></p>



<p>Más de una vez me acalambré trotando en las escaleras de La Bombonera. Pero esa tarde transformada en noche no sentía las piernas.</p>



<p>El frío, la lluvia, las pocas horas dormidas, la fila, el viaje, valieron la pena cuando Román aguantó la pelota de espalda contra el marciano Ortiz, mientras el mediocampista de Lanús lo agarraba tratando de moverlo. El árbitro cobró <em>faul</em> y Román hizo algo que nunca había hecho. No sería la única acción realizada por primera vez en la Bombonera por Riquelme esa noche. Quizás eran los nervios. Los gigantes como él también deben sentir cosas en un partido así. Cuando el árbitro marcó la falta, Riquelme se agachó, agarró la pelota y se la ofreció al jugador de Lanús que lo había camiseteado. Como diciendo: “Tomá, ¿la querés? Es redonda, fijate”. Riquelme pudo tener muchas características, vender humo no es una de ellas.</p>



<p>Un millón doscientos mil cartelitos, banderas grandes y banderas chicas se mojaron aquella noche mientras presenciaban las últimas pinceladas de Román en el patio de su casa. No faltaron pisadas, amagues, gambetas, asistencias y hasta un caño sin tocar la pelota al Cali Izquierdoz. A cada jugada toda la cancha, menos La Doce, repetía: “Riquelme es de Boca, de Boca no se va.”</p>



<p>Román salió faltando pocos minutos. Un mimo de parte de Carlos Bianchi. Cuando terminó el partido, se vio otra imagen inédita de parte de su parte. Como sabiendo que ya no habría otro partido, que la todavía posible renovación del contrato iba a terminar en nada, se dedicó a recorrer la cancha revoleando la remera como un ventilador. Ni en las noches de campeonatos ganados, Román había hecho algo así.</p>



<p>Habían pasado casi dieciocho años. No debe haber muchos jugadores que debuten en primera con una ovación y se vayan de esa misma cancha 206 partidos después con la misma hinchada rendida a sus pies. La tarde de su debut contra Unión, Román mostró todo su repertorio. Jugó como si lo hubiera hecho desde hacía muchos años en primera. Habilitó al Negro Cáseres, la pisó, la guardó y llevó los hilos del partido. Durante todo el partido La Bombonera gritó su nombre. Cuando Riquelme debutó en la primera de Boca el 10 de noviembre de 1996, el dólar valía lo mismo que el peso, Boca tenía tres copas libertadores, Maradona era jugador profesional, hacía un día que Mike Tyson había mordido la oreja de Evander Holyfield y faltaban cinco días para el estreno mundial de <em>Space Jam</em>. Dieciocho años más tarde, ni Tyson, ni Maradona, ni Boca, ni Buggs Bunny, ni Jordan, ni el peso argentino eran los mismos, pero Riquelme volvió a ser figura del partido y a irse del estadio con su nombre tronando y retumbando contra las tribunas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Avellaneda: Maradona, Darío y Maxi, y el primer campeonato de mi hija</title>
		<link>https://marcha.org.ar/avellaneda-maradona-dario-y-maxi-y-el-primer-campeonato-de-mi-hija/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Apr 2020 03:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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		<category><![CDATA[Recordar la multitud en tiempos de aislamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[Una crónica de los recorridos por Avellaneda. Estación, cancha de Independiente y recuerdos que aparecen en medio de la cuarentena. Y como siempre, la excusa del fútbol para hablar de los temas importantes de la vida. Por Nadia Fink  1993. El 10 de octubre de 1993 tomé por primera vez el Roca para ir hasta [...]]]></description>
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<p><strong><em>Una crónica de los recorridos por Avellaneda. Estación, cancha de Independiente y recuerdos que aparecen en medio de la cuarentena. Y como siempre, la excusa del fútbol para hablar de los temas importantes de la vida.</em></strong></p>



<p><strong>Por Nadia Fink</strong> </p>



<p><strong>1993.</strong> El 10 de octubre de 1993 tomé por primera vez el Roca para ir hasta Avellaneda. Tenía 16 años y la ilusión de ver el debut oficial de Diego Armando Maradona con la camiseta de Newell’s. El Diego volvía al fútbol argentino después de casi 9 años y con el repechaje para el Mundial 1994 por delante. Era la quinta fecha del Apertura 1993 y una tarde de sol que prometía. En ese entonces contaba con una sola camiseta, que me habían regalado mi vieja y mi viejo cuando cumplí los 15. Eran caras y no era tan común vestirse así para andar por la calle. Y estaban los cuidados: ostentar camiseta de cuadro ajeno era una “provocación”. Así que me calcé la camiseta (la que nos dio tantas alegrías con el Loco Bielsa como DT) y una remera negra arriba, y me fui.</p>



<p>La estación era aún “Avellaneda” y las cuadras que la separaban de la cancha eran varias. Todavía había una amistad que parecía inquebrantable con las y los hinchas de Independiente, así que todo parecía ser una fiesta. El partido fue malísimo para la lepra, perdimos 3 a 1 y entendimos que el Diablo, como tantos años después, era especialista en intentar aguarnos la fiesta. Pero no nos importó. Ya en la tribuna, con amigos rosarinos, cantamos hasta quedarnos sin voz. Sentíamos que Dios jugaba para nuestro equipo y entonamos mil veces una canción que no volvimos a cantar con el paso del tiempo: “Yo te daré, te daré, niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con ‘D’, Diegó” (así, con acento en la “o”).</p>



<p>El partido tuvo a Independiente dominando desde el arranque. Y no cambió nada durante todo el encuentro. La Lepra venía de una pretemporada floja y de un inicio de campeonato poco prometedor. Lo sabemos, Dios no hace milagros colectivos. Y así fue. Pero no nos importó. Cantamos todo el partido y vimos algunos destellos maradonianos, como cuando eludió a Cagna y a Rotchen para asistir a Morales Santos en el único gol leproso a los 37 minutos del segundo tiempo. Y la foto indeleble: una rabona en el área, que no fue gol porque el arquero Islas mandó la pelota al córner. Esos son los recuerdos de aquella tarde. Y las lágrimas. Y nuestra felicidad.</p>



<p>A la vuelta sumé un par de nuevos amigos que se volvían a Capital, y una cerveza con un mendocino que insistió en que prolongáramos alegría y festejos.</p>



<p><strong>2004. </strong>Era 12 de diciembre. Lara había cumplido diez años cuatro días antes y nos subíamos al tren para ir a la (todavía) estación Avellaneda. No era la primera vez que Lara iba a la cancha, pero sí podía verlo campeón al equipo del que era desde el nacimiento. El apertura 2004 podía ser de Newell´s.</p>



<p>Era difícil conseguir entradas y se preveía una caravana increíble de hinchas desde Rosario. Un amigo de allá traía las entradas. Nadie tenía teléfono móvil (al menos, ningunx de nosotrxs), así que ya no recuerdo cómo pudimos encontrarnos con tres directivas que habíamos coordinado unos días antes por teléfono fijo y el mar de gente que eran las inmediaciones del estadio. Pero eso fue un rato después.</p>



<p><strong>2002. </strong>El 26 de junio de 2002 atravesó la realidad como un rayo. O al menos la de las personas que sufríamos las injusticias, militáramos o no. Darío Santillán y Maximiliano Kosteki eran fusilados por policías en la estación Avellaneda y, a pesar de que intentaron mostrarlo como un “se mataron entre ellos” (según las palabras de Aníbal Fernández, entonces secretario de la presidencia), las fotos de Pepe Mateos o el Ruso Sergio Kowalewski contaron la verdad. También generaron un sacudón a los medios hegemónicos, que intentaron ocultar los hechos y soslayar las responsabilidades de los entonces Presidente y Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde y Felipe Solá. Darío y Maxi fueron muertos de todas y de todos. Esos pibes nos marcaron. Porque se coordinó una cacería con fuerzas de seguridad nacional y provincial, porque se atacó directamente a gente que reclamaba comida y vivir con dignidad (eran apenas unos meses después de diciembre de 2001, y los sectores más postergados la estaban pasando fiero), porque se atacó a los jóvenes, blanco fácil, blanco buscado, de oficiales y gendarmes, y porque se fusiló por la espalda a quien se agachó para asistir a un compañero. Nos quisieron, también, matar los sueños de un mundo mejor y más solidario.</p>



<p>La memoria insiste y esa estación hoy se llama “Darío y Maxi”, y los autores materiales están presos. Y volvimos a esa estación cada 26 de junio a recordarlos vivos y a pedir, todavía, que se juzgue a los autores intelectuales, a los políticos que dieron la orden de disparar.  Pero eso fue un poco después, porque aún se llamaba estación “Avellaneda”.</p>



<p><strong>Otra vez 2004. </strong>Le pregunté a Lara sobre los recuerdos que le quedaron de ese día. “Tengo algunos”, me cuenta. “En principio, que sólo iba a ver a Newell’s campeón, pero me tocó unas cuadras reponerme de la sensación y de lo que me contaste en la estación Avellaneda”. Ese día mi hija salió campeona, pero, también, conoció la injusticia con su mirada más fuerte. Había pintadas, flores, intervenciones, placas con los nombres de los pibes en los lugares en los que habían sido asesinados. Y charlamos sobre eso. Tal vez era la primera vez que oía sobre asesinatos por fuera de una peli, o al menos que estuviera tan a la vista el abuso por parte de las fuerzas policiales. A ella también la atravesó esa historia, y los nombres y las vidas de Darío y Maxi. También volvió tantas veces conmigo o con otra gente, y también viajó a otros lados donde la injusticia se hacía bala contra los más pibes, los más pobres.</p>



<p>“Me acuerdo de que era la primera vez que veía tanta gente con la camiseta de Newell´s. Miles de personas en las calles, cantando. Lo recuerdo como un mar de gente y que entramos por una especie de túnel”. Ese mar de gente eran 40.000 hinchas que no paraban de moverse. Elegimos el codo de la tribuna, donde se veía medio chanfleado pero había menos amontonamiento y se podía estar bien.</p>



<p>No parecía haber tribuna local porque todo era una marea rojinegra por donde se mirara. Una vez más, el rojo casi nos amarga la fiesta; en cierta medida, otro full del infierno. Un Newell’s con jugadores como Justo Villar, Fernando Belluschi, Guillermo Marino, “El Burrito” Ortega y un Nacho Sccoco que venía pidiendo pista no pudo dar vuelta el resultado.  Pero a pesar de la derrota por dos a cero había que esperar el final del partido que jugaba Vélez.</p>



<p>“¿Puede ser que recuerdo a un viejo con una radiecita atrás nuestra? Tengo la imagen de que todas y todos decían ‘shhhh’ porque él nos avisaba cómo iba Vélez”. Así era. Vélez Sarsfield estaba  segundo a tres puntos, jugaba contra Arsenal y la derrota propia nos dejaba en manos de resultados ajenos. Nuestra tristeza o nuestra felicidad dependían de esa radiecito, de que esas dos pilas chiquitas fueran medio nuevas, de que el “vejo” (que no lo debe haber sido tanto, pero eran ojos de niña de 10 años) escuchara bien para así poder avisarnos enseguida. Se nos jugaba el festejo o la derrota en esos segundos.</p>



<p>“¡Terminó! ¡Empató Vélez!”, gritó “el viejo” con todos sus pulmones y las lágrimas salieron solas. Las lágrimas, los gritos, nuestro abrazo. Abrazadas, y sin importar lo que pasaba en la cancha ya, lloramos y nos reímos. Todavía hoy nos dura ese abrazo, el del primer campeonato de ella. (Cuando escuchamos esa canción que dice “Soy leproso de pendejo… lo que me enseñó mi viejo…”, nos preguntamos cuándo cantaremos canciones donde estas historias tengan lugar).</p>



<p>La mayoría de los ecos de Avellaneda resuenan en nuestras vidas hasta hoy. Mi hija sigue pensando que Diego es el mejor jugador del mundo aunque no lo haya visto jugar; Darío y Maxi siguen siendo esos pibes a los que vamos a homenajear cada junio, con antorchas, con música y con el abrazo a la familia. A la cancha vamos, claro, ahora a Rosario porque Lara me invitó a sumarme a esas combis que son fraternidad, alegría y cantos. Campeonato también festejamos algunos años después, cuando ella era más grande y ya pudimos tomar una cerveza para prolongar, esta vez madre e hija, alegría y festejos.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/avellaneda-maradona-dario-y-maxi-y-el-primer-campeonato-de-mi-hija/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Yo quiero seguir jugando a lo perdido</title>
		<link>https://marcha.org.ar/yo-quiero-seguir-jugando-a-lo-perdido/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Sep 2019 16:03:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[10 del 10]]></category>
		<category><![CDATA[Gimnasia y Esgrima de La Plata]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Lastima a nadie]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Diego llegó a La Plata y dio vuelta todo. Venta de camisetas a lo pavote, socios que pagan seis meses de deuda y gente que hace fila desde la madrugada para asociarse por primera vez, siendo o no hincha del club.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Diego llegó a La Plata y dio vuelta todo. Venta de camisetas a lo pavote, socios que pagan seis meses de deuda y gente que hace fila desde la madrugada para asociarse por primera vez, siendo o no hincha del club. No es la primera vez que Diego se pone a la par de causas aparentemente perdidas. Un repaso por las jugadas del diez afuera de la cancha.</em><span id="more-1135"></span></p>
<p><strong>Por Juan Stanisci*</strong></p>
<p>El tipo es de esos pocos que camine por donde camine lo van a reconocer. Es también de esos pocos que podría hacer la plancha el resto de su vida y siempre tendría un plato de comida en la mesa. El tipo no necesita arriesgarse, jugarse por nada ni por nadie o andar metiéndose en quilombos que no son suyos.</p>
<p>Así y todo, un frío jueves de noviembre, allá por el año 2005, el tipo llegó a la estación Constitución. Esa misma que años atrás lo llevaba a la estación Lanús para tomarse el 283 o el 405 que lo acercaba a sus pagos de Villa Fiorito. Llegó a la estación de Constitución esa fría noche de jueves. Un jueves tres de noviembre del año 2005. Como siempre lo esperaban flashes como luciérnagas mutantes y un millón de micrófonos esperando captar alguna frase o palabra que llene los noticieros del día siguiente. La frase de Diego fue esta: “Hoy el tipo llegó y saludó con la mano… ¡y no había nadie! Bush es el hombre que saluda a la nada”.</p>
<p><span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/58860-19451-2005-11-05.html">El tren del ALBA</a></strong></span> fue idea de Miguel Bonasso. El objetivo era llenar los vagones de <em>El Marplatense</em> de artistas, políticos, dirigentes sociales y periodistas, para ir a la contra cumbre que se iba a desarrollar a la par de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. El invitado de honor en la cumbre fue Bush, que como dijo Diego no fue recibido por nadie. Lo único que genero George W. fue la paralización total de Mar del Plata durante una semana. Y además una derrota histórica que quedará en el recuerdo de las relaciones internacionales entre Estados Unidos y América Latina.</p>
<p>Pero volvamos al tren. Cuando Bonasso pensó en los vagones llenos de gente nunca imaginó un deportista. O un ex futbolista. Y menos aun que aquella persona que antes se dedicaba a patear pelotas fuera a ser la principal atracción del tren del ALBA. O que el ex futbolista trajera a un reconocido <span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.youtube.com/watch?v=fTB8lGP4piM&amp;t=1217s">cineasta balcánico</a></strong></span> con él. Muchas cosas se deben haber escapado de la imaginación de Bonasso, pero quizás la más significativa es que el tren saldría con retraso porque Diego Armando Maradona estaba por subir en él, pero los periodistas no podían organizarse para una improvisada conferencia de prensa en el hall de Constitución. Cuando más o menos se ordenaron el eterno Diez clavó al angulo estas otras palabras: “Nos desprecia. Es una basura humana. Estoy acá para defender la dignidad argentina. Que sepa que no lo necesitamos, que no le damos la bienvenida, que no lo queremos&#8221;.</p>
<p>Cuando Diego decidió subirse al tren junto Juanse, Teresa Parodí, Luís D’Elia y Evo Morales, entre muchos otros, la unidad latinoamericana era todavía una utopía. Diego se subía al tren de la esperanza, nunca de la victoria asegurada. Esa esperanza se concretaría pocos años después con los triunfos de Evo y Rafael Correa en sus respectivos países.</p>
<p>18 años antes Maradona fue a conocer a quien sería uno de sus mejores amigos por el resto de los días: Fidel Castro. Los últimos años de la década del &#8217;80 no venían siendo fáciles para Cuba ya que los problemas internos que la Unión Soviética estaba teniendo, y que terminarían con ella pocos años después, repercutían fuertemente en la Isla. No eran días fáciles para ir a visitar (y mostrarse apoyando) un país que era foco de las peores críticas en Occidente desde hacía treinta años. Como bien sabemos, los medios de comunicación hegemónicos, de todo Occidente, no perdonan las crisis económicas que sufren los gobiernos populares y por lo tanto sus pueblos. Es el momento que aprovechan para golpear a más no poder. Ese momento elige Diego para fotografiarse y comenzar su relación con Fidel. Como dijo el periodista Alejandro Wall, “es como si Diego siempre quisiera empezar desde Fiorito&#8221;.</p>
<p>Diego necesita pararse del lado de los débiles y humildes. Eso es lo que lo hace Diego. Pudiendo disfrutar lo que le dio el fútbol en un rincón de Emiratos Árabes, él vuelve una y otra vez a pararse al lado de los más necesitados. Ya en un plano futbolístico, ¿quién está más necesitado hoy en el fútbol masculino de primera división en Argentina que Gimnasia y Esgrima de La Plata?</p>
<p>Último en la tabla de los promedios. Último en la tabla del campeonato recién comenzado. Un plantel con nombres poco atractivos desde lo futbolístico. Todo para perder y poco para ganar. Diego vuelve a la dirección técnica en Argentina haciéndose cargo del peor equipo en términos numéricos. Como si esto fuera poco, como destacó nuestro compañero Lucas Jiménez, en plena crisis económica, donde todos los clubes sufren grandes mermas en entradas y socios, el primer día de la llegada de Diego a Gimnasia la sede social del club no dio abasto con la cantidad de gente que fue a asociarse. Así como en el tren marplatense en 2005 o en Cuba en 1987: una verdadera revolución maradoniana en el bosque platense.</p>
<p><em><strong>*Publicado originalmente en <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/2019/09/09/yo-quiero-seguir-jugando-a-lo-perdido/">Lástima a nadie, maestro</a></span></strong></em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/yo-quiero-seguir-jugando-a-lo-perdido/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Si yo fuera Maradona</title>
		<link>https://marcha.org.ar/si-yo-fuera-maradona/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Sep 2019 03:01:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[10 del 10]]></category>
		<category><![CDATA[Diego]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Casas]]></category>
		<category><![CDATA[Gimnasia y Esgrima de La Plata]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde que se anunció oficialmente (y antes) que Diego es el nuevo entrenador de Gimnasia y Esgrima de La Plata, una gran parte del país es como si fuera Maradona.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Manu Chao dice en una hermosa canción: “si yo fuera Maradona, viviría como él. La vida es una tómbola de noche y de día. Y arriba…” Desde que se anunció oficialmente (y antes) que Diego es el nuevo entrenador de Gimnasia y Esgrima de La Plata, una gran parte del país es como si fuera Maradona.</em></p>
<p><strong>Por Gabriel Casas | Fotos de Paula Avila y Agencia Reuters</strong></p>
<p>En todos lados se escucha hablar sobre el tema. Sin distinciones. A favor y en contra. Como solemos ser las y los argentinos en general. No andamos con términos medios: a Diego se lo ama o se lo odia. Por lo futbolístico y por su vida privada que debe ser la más pública del planeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El profesor Fernando Signorini, una especie de revolucionario en su profesión y quien trabajó muchos años con él directamente, decía algo así como que el fútbol argentino todavía no le agradeció ni un diez por ciento de todas las alegrías que Diego le dio. Las y los hinchas, no ya solamente quienes están enloqueciendo por él en Gimnasia, creo que le harán un homenaje en cada cancha que visite. De hecho, hasta ayer, por las redes sociales le dieron la bienvenida casi todos los clubes de Primera (y otros). Hasta ahora, los únicos que no se expresaron por esa vía fueron Boca y River. Vaya qué casualidad.</p>
<p>Sin embargo, también están las y los que aseguran que será “otro fracaso” como entrenador, sin todavía haber dirigido su primera práctica. Y no le cuentan su buena experiencia en México con el Dorados porque era la segunda división de un país menor en lo futbolístico. Algo que no sucede con otros de renombre y más experiencias en esas lides. Como sucede con Marcelo Bielsa, de quien es admirable su idea ofensiva de juego y su ética como profesional, pero que con un equipo candidato unánime a ganar el Mundial 2002, se volvió en primera ronda. Quizás injustamente.</p>
<p>Creo que en la Selección Argentina fue en el único lugar, como técnico, donde Maradona dispuso de un plantel elegido por él mismo. En las eliminatorias para Sudáfrica 2010 ese equipo empezó jugando bien y terminó muy mal, pese a la clasificación.</p>
<p>En el Mundial, la Selección jugó bien y de manera ofensiva. Recuerdo que antes del partido con Alemania le llovían elogios y se lo veía casi como un campeón del mundo. Messi hizo una gran primera rueda y un muy buen partido ante México (tuvo mucha mala suerte para no convertir ni un gol en ese lapso), y dónde descolló Tévez. Más allá de que se le marcó al Diego un error grave como poner a Otamendi de cuatro, en ese partido, antes de los cinco minutos, Romero se come el gol de Müller. Eso te cambia cualquier esquema o idea. Y se mantuvo el 1-0 hasta faltando 20 minutos. Ahí sí llegó la andanada de goles alemanes y el equipo quedó nocaut.</p>
<p>Los mismos que alababan a Maradona y al equipo, lo asesinaron con el resultado puesto. Creo que Diego en su paso por la Selección Argentina dio la talla. En ese mundial terminó en el quinto puesto. Algo muy típico nuestro, opinar con el resultado puesto. Ahí somos todos invictos.</p>
<p>En clubes, quizás en Racing tuvo algunos jugadores interesantes y no le fue bien, pero todavía se sentía futbolista. Diego sabe mucho de fútbol y se equivoca también, como cualquier entrenador. Con su presencia o designación, es el único que puede motivar a los futbolistas de tal manera. Imagino que a los jugadores de Gimnasia les costó dormir el sábado y eso que sólo fue la presentación y un entrenamiento. Ojalá le vaya bien. Se lo merece por lo que le dio al fútbol argentino. Y por algo eligió al Gallego Méndez para que lo acompañe. Va a hacer lo que él no pueda en los entrenamientos y en el día a día, por sus problemas físicos.</p>
<p>La Plata ya debe ser la pequeña Chicago argentina desplazando a Rosario. Encima hay un cóctel explosivo. Maradona de un lado y Juan Sebastián Verón y Carlos Bilardo del otro. Imagino cierto dilema en los hinchas de Estudiantes, pero su pasión pincharrata está por encima de todo. Ya hubo chicanas en videos y en las redes sociales al respecto de los dos primeros. Como es habitual, Diego lo manifestó casi sin eufemismo. Se dice que La Brujita fue el cerebro detrás de un video con una imagen lamentable de Maradona. La amistad entre ambos nació en el Boca que Bilardo dirigía en el ‘96. La pelea fue una década después, cuando Diego decidió sacarlo del equipo titular en pleno mundial sudafricano. Una “ofensa” que Verón no pudo asimilar.</p>
<p><figure id="attachment_45496" aria-describedby="caption-attachment-45496" style="width: 630px" class="wp-caption alignnone"><img class="size-medium wp-image-45496" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/09/Presentacion-Diego-Maradona-DT-Gimnasia-y-Esgrima-de-La-Plata-9-630x354.jpg" alt="" width="630" height="354" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/09/Presentacion-Diego-Maradona-DT-Gimnasia-y-Esgrima-de-La-Plata-9-630x354.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/09/Presentacion-Diego-Maradona-DT-Gimnasia-y-Esgrima-de-La-Plata-9-1024x575.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/09/Presentacion-Diego-Maradona-DT-Gimnasia-y-Esgrima-de-La-Plata-9-640x360.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/09/Presentacion-Diego-Maradona-DT-Gimnasia-y-Esgrima-de-La-Plata-9.jpg 1920w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /><figcaption id="caption-attachment-45496" class="wp-caption-text">(Paula Avila)</figcaption></figure></p>
<p>Diego asume un desafío muy complicado. Gimnasia está último en la tabla de la Superliga y también en la de los promedios. Ahora, en lo inmediato, además se viene el clásico que ya no sólo hacer estallar a la ciudad platense y en el que el Lobo trae un derrotero importante desde hace años.</p>
<p>Maradona está por encima de Gimnasia y Estudiantes como sinónimo universal. Y Diego habla el “mismo idioma” con los futbolistas. Ese que nosotrxs, lxs que miramos y opinamos desde afuera, nunca podremos hablar.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/si-yo-fuera-maradona/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Cuando Diego, Lionel y yo no pudimos cambiar el mundo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/cuando-diego-lionel-y-yo-no-pudimos-cambiar-el-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Sep 2018 03:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[#ElPartidoDeMiVida]]></category>
		<category><![CDATA[Diego]]></category>
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		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Silvana Melo]]></category>
		<category><![CDATA[Sudafrica]]></category>
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					<description><![CDATA[#ElPartidoDeMiVida]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Silvana Melo</strong></p>
<p><em>Hay partidos que nos duran un rato y otros que nos cambian la vida. La cronista cuenta una de derrota: el día en que Diego y Lionel pasaron a ser, para siempre, sólo Maradona y Messi. Pero no siempre las derrotas se quedan en el corazón cuando la primavera sigue asomando.</em></p>
<p>Mi pasión por el fútbol empezó a languidecer ese día. Y junto con ella, en las deshilachadas maletas de lo simbólico, unos cuantos sueños.</p>
<p>Cuando Diego (que ahora es Maradona) se convirtió en técnico de la Selección, sentí que era el momento de que algo mágico sucediera. Él en el banco, Lionel en la cancha. El resto, de palo. El resto, alfajores. Como el Chino Garcé. El Diego campeón del mundo dos veces con esta camiseta, en tiempos en que los gobiernos populares la remaban en América Latina, en los 200 años de un mayo que nos vendieron revolucionario, pero que fue más o menos, cuando los monstruos rondaban amenazando las yugulares del populismo, era posible que fuéramos felices. Porque estaba Diego en el banco y Lionel en la cancha. Y no hacía falta más.</p>
<p>Yo estaba en las periferias de lo feliz. En los suburbios de una primavera lejanísima. Julio en Olavarría es cruel. Aplasta lo verde a golpes de escarcha. Y amanece con siete grados bajo cero como si nada. Se había muerto mi vieja hacía unos meses, única ancla que me sostenía en la ciudad que me hizo periodista de dientes apretados y encaprichada en abrir grietas en el cemento.</p>
<p>Fui xeneixe por sangre, herencia y linaje. Hasta que Macri me asqueó. Angelici y Tévez me asquearon. Hoy los veo pasar por mi costado. Y no les creo. Nada les creo. Sólo me conmueve Rocío, cuando con gambeta y sombrero la clava a la izquierda en la canchita de Pelota de Trapo.</p>
<p>Fui hincha emocionada y desesperante de la Selección con la misma intensidad con la que desprecio los nacionalismos. El oxímoron ya dejó de funcionar: Messi (que en 2010 era Lionel) terminó de desactivar este año la pasión, con esa mezcla de amor y padecimiento que la constituye.</p>
<p>Diego (que ahora es Maradona) fue para mí durante décadas un emblema de la insurgencia, la nave insignia de los barrios hundidos que se levantan para noquear al poder, el negrito insolente que se puso una estola de piel blanca y salió al mundo desde Fiorito sin darle la mano a nadie ni rasparse las rodillas ante ningún payaso con humos de autoridad. Le perdoné todo. Hasta su menemismo ocasional. Cerré los ojos y lo negué. Lloré tres días seguidos y creí que el sentido de la vida se iba por las cloacas cuando le cortaron las piernas en 1994.</p>
<p>Por eso Sudáfrica era una revancha. La de él y también la mía.</p>
<p>Había escrito tanto periodismo ficcional sobre la vecindad del fútbol con la política, con la marea de felicidad e infelicidad de los pueblos, que empezaba a creerme que esta vez Diego, Lionel y yo podíamos cambiar el mundo.</p>
<p>En mi caso, abrir la puerta a un colibrí en la casa vacía. Esperar la primavera con los membrilleros en flor. Recortar la esperanza y hacerla factible, viable, como para colgármela al cuello y salir a la vida. En pie.</p>
<p>Ese julio de 2010 el dólar cotizó a 3,95. Y la Argentina se convertía en el primer país en reconocer el derecho al matrimonio de personas del mismo género. Había un germen de cambio retorciéndose desde el pecho al estómago (míos, por supuesto) cuando me senté el 3 de julio a eso de las tres de la tarde a mirar el partido. Eran los cuartos de final y a mi lado había un par de amigos pero yo estaba sola. Era yo y Diego. En ese orden. Y Lionel en la cancha.</p>
<p>Antes había opinado Toti Pasman –él y sus secuaces, los mismos que hacen el mismo periodismo deportivo basura hoy, ocho años después– y la respuesta de Diego, “la tenés adentro” y “sigan chupando” viralizada en remeras y con un sexismo horroroso que hoy no estamos dispuestas a bancar a nadie.</p>
<p>Así me senté ese sábado a mirar el partido. Pensando en Codesal y en Diego con el tobillo hecho una pelota morada, los italianos abucheando y él llorando en aquel julio del 90, cuando el país entraba en un túnel de desamparo y perversidad, donde más de la mitad se quedaría fuera de todos los sueños. Y el subcampeonato era un des-consuelo, con las hilachas de lo que fue.</p>
<p>Así me senté.</p>
<p>Pensando en la revancha.</p>
<p>Cuando Arne Friedrich puso el tercero en el arco de Chiquito Romero me desarmé como un rompecabezas de papel. Apagué el televisor y me fui al patio. Me senté en el escaloncito que daba a los pinos y a las rosas dormidas. El pasto era marrón de tanta helada. El cielo estaba encapotado de frío. Y yo fumaba un cigarrillo abrazándome en una decisión que se volvió inapelable en un instante. En el mismo instante en que Friedrich ponía el tercero a los 74 minutos y sin enterarme de que Klose humillaba en el minuto 89. En ese minuto helado supe que me iba. Que dejaba la ciudad donde había vivido casi 49 años y no iba a regalarle 50.</p>
<p>En ese minuto supe que la vida podía cambiar de ruta y sentido. Que había un paquete de sueños que quedaría entre los membrilleros cuando me fuera. Diego, por ejemplo. Que había empezado, despacito, a ser Maradona. La ilusión de un sueño americano, de una patria grande –los gobiernos populares fueron también un espejismo que duró el tiempo que duran los espejismos en la sed de los desiertos–, la esperanza de una tierra igualitaria, de un mundo donde quepan todos los mundos.</p>
<p>Ese día me fui. Aunque me iría físicamente cinco meses después.</p>
<p>Nada volvió a ser igual. Miré Brasil 2014 desapasionadamente. Rusia me sorprendió incrédula y a la Selección, desangelada. Lionel ya es Messi para siempre. Y Diego, Maradona desde hace rato, pasea entre Dubai y Sinaloa.</p>
<p>Los sueños están detenidos en el freezer. Pero las calles están calientes. Y la primavera, magullada y terca, empieza a asomar por ahí. Con la rabona que nos anda faltando.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/cuando-diego-lionel-y-yo-no-pudimos-cambiar-el-mundo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ángel Cappa: &#8220;En el fútbol aprendimos que nadie es más que todos juntos&#8221;</title>
		<link>https://marcha.org.ar/angel-cappa-en-el-futbol-aprendimos-que-nadie-es-mas-que-todos-juntos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Aug 2018 03:05:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel Cappa]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Casas]]></category>
		<category><![CDATA[Liga Villera de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Riquelme]]></category>
		<category><![CDATA[Tévez]]></category>
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					<description><![CDATA[Sobre el proyecto de la Liga Villera de Fútbol]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Gabriel Casas.</p>
<p>Sigue el diálogo entre Buenos Aires y Madrid, entre el periodista y el ex Director Técnico, Ángel Cappa. Los sueños viajan hacia la posible creación de una Liga Villera de Fútbol que andan pergeñando algunas organizaciones sociales y el Profe Signorini. Sobre eso habla Cappa, y nos dice: &#8220;Los que mandan necesitan consumidores sumisos, por eso impusieron que solo vale ganar&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hola Ángel, ¿cómo va todo por Madrid?</p>
<p>Te escribo para contarte que estoy entusiasmado con lo que se está generando con el fútbol en las villas de Capital Federal y el Conurbano de Buenos Aires para tratar de armar una liga que englobe a todos esos barrios y llegar a que la AFA los reconozca como un eslabón más de la cadena. Me imagino que estás al tanto porque tu amigo, el profe Fernando Signorini, es uno de los impulsores del proyecto de crear una Liga Villera.</p>
<p>Uno no puede dejar de pensar en Maradona, Riquelme y Tévez como los exponentes más geniales y mediáticos que salieron de las villas y fueron ídolos en la Argentina y en el mundo. Aunque seríamos también injustos con el Loco Houseman y tantos otros que vienen de cuna villera sin tener tanta repercusión en los últimos tiempos. El fútbol (bah, el deporte en general) debe ser visto como un camino de progreso en estos barrios tan golpeados por la desigualdad social, para que los chicos y chicas tengan un futuro mejor. La educación siempre es la base, obvio, pero el fútbol puede llegar a ser el primer paso para insertarse rápidamente con ganas y cambiarles la dura realidad diaria.</p>
<p>El proyecto es muy ambicioso, pero cuenta con un escollo muy difícil de superar: ¿Cómo se convence a los dirigentes de la AFA de que se reconozca a la Liga Villera como una competencia, o que si promueve a jugadores a clubes de primera, éstos les reconozcan el derecho de formación a los clubes de las villas? Ese es uno de los objetivos de Signorini. Los reclutadores de las instituciones también se enteran de quienes la rompen jugando en las villas y enseguida, como primer paso (imagino que &#8220;seduciendo&#8221; con promesas a sus familias y dándoles un pequeño incentivo económico), lo llevan a un club de los reconocidos entre los amateurs o, incluso, hasta los llevan directo a probarlos en las inferiores de los de Primera. Por dar un ejemplo, entre los más conocidos, podría ser el club Parque (de donde salieron tantos futbolistas para Argentinos Juniors y después lo &#8220;copó&#8221; el Boca de Macri). Esos reclutadores tienen conexión con los representantes o con dirigentes de esos clubes, que ya ven a los pibes como a un negocio.</p>
<p>En mi época estaba el potrero entre las clases bajas y media donde jugábamos al fútbol. No se habían desarrollado, lamentablemente como hay ahora, tantas villas en Buenos Aires y con la densidad de población que las habita. Pero el potrero era un lugar para entretenernos jugando a la pelota y nada más. En las villas, en sus canchitas, sucede lo mismo. Y estaría bueno que, sin perder ese sentido lúdico por el fútbol, los que jueguen en sus clubes y den un salto grande después, la AFA se lo pueda devolver haciendo valer los derechos formativos. Eso mejoraría la situación, no sólo del que llega, sino de los que quedan en el camino y también de los lugares e instalaciones para jugar al fútbol en las villas.</p>
<p>Recuerdo que el año pasado, cuando viniste a Buenos Aires a presentar el libro que hicieron con tu hija María, cuando fuimos al Bajo Flores invitados por los compañeros de La Corriente Villera Independiente fue en uno de los lugares donde más cómodos nos sentimos y donde mejor nos recibieron. Los que menos tienen suelen ser los que más dan. Es hora de que la tortilla se revierta. Y más en estos tiempos tan aciagos, de tremendas desigualdades sociales que están atormentando tanto a las clases más vulnerables de nuestra querida Argentina.</p>
<p>El abrazo de siempre.</p>
<p>Gabriel.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>Hola Gabriel.</p>
<p>Como ya sabés, las clases dominantes, amparadas en la crisis que provocó el poder económico, apuraron la transferencia de los bienes comunes a sus patrimonios. Es decir, nos robaron lo que nos pertenece junto con los derechos sociales y laborales, para aumentar obscenamente sus beneficios.</p>
<p>Y, entre otras cosas, también el fútbol corrió esa suerte. Cuando este juego que nos da identidad y nos permite expresarnos con orgullo, con alegría y que contiene muchos de los valores que nos ayudan a vivir con dignidad, nos fue arrebatado por el negocio, se transformó en otro objeto de consumo.</p>
<p>Los que mandan necesitan consumidores sumisos, por eso impusieron que solo vale ganar, ya que dividen el mundo en ganadores y perdedores. Por supuesto los ganadores son ellos, el 1%, y los perdedores todos los demás y particularmente la clase trabajadora.</p>
<p>Si ganar es lo único, según el punto de vista empresarial que predomina, el juego pierde importancia. No interesa. El que gana tiene razón y recibe todos los elogios juegue como juegue.</p>
<p>Pero resulta que nosotros nos identificamos precisamente por el juego. Es el juego, o era, lo que nos da el orgullo y el respeto que difícilmente se consiguen en la calle.</p>
<p>Es el juego que nos permite el placer y nos acerca a la belleza y a ese sentimiento de plenitud que genera.</p>
<p>En otras palabras y sin pretensiones filosóficas, el juego nos permite ser en el sentido más profundo del término.</p>
<p>Sin embargo, este sistema en el que vivimos nos empuja a tener y a competir contra los demás.</p>
<p>En el fútbol, sin embargo, aprendimos que nadie es más que todos juntos.</p>
<p>De modo que con el juego, nos quitan también nuestra manera de ser.</p>
<p>Por eso, amigo Gabriel, este proyecto del que me hablás es alentador. Nos devuelve la esperanza de poder ir recuperando lo que nos pertenece y nos robaron.</p>
<p>Claro que no solo se trata de fútbol, sino de juntarnos para reclamar y exigir los derechos que quedaron por el camino: sanidad, educación, servicios sociales, una vida digna.</p>
<p>Ya que mencionaste nuestra visita al Bajo Flores con la Corriente Villera Independiente, lo tengo como un ejemplo de la lucha inteligente para recuperar todo lo que nos quitaron. Para aspirar a una vida entre iguales, justa y realmente libre y democrática.</p>
<p>No puede haber democracia con tanta desigualdad como la que estamos viviendo.</p>
<p>Como han dicho tantos luchadores sociales y políticos: democracia y capitalismo son incompatibles, como podemos comprobar.</p>
<p>Pronto estaré en Buenos Aires, y espero volver a ver a los compañeros de la Corriente Villera, para saludarlos y agradecerle todo lo que están haciendo junto con la gente de esa villa.</p>
<p>Son esas luchas sociales, que hay muchas en Argentina, ante tanta injusticias que están sufriendo las que alientan la esperanza de un porvenir mejor.</p>
<p>Un abrazo Gabriel. Hasta la próxima.</p>
<p>Ángel Cappa.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/angel-cappa-en-el-futbol-aprendimos-que-nadie-es-mas-que-todos-juntos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mis mundiales: un recorte de la historia cada cuatro años</title>
		<link>https://marcha.org.ar/mis-mundiales-un-recorte-de-la-historia-cada-cuatro-anos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Jun 2018 12:48:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[#Rusia2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Simón Klemperer.</strong></p>
<p><em>El cronista repasa los mundiales de su vida y, después de la media sanción en la Argentina, piensa en la situación del aborto legal en cada país. Una analogía posible; un cronista desilusionado que vislumbra una lucecita en la goleada de las pibas.</em></p>
<p>En el Mundial Argentina 1978 yo no estaba. Faltaban 5 meses para mi concepción, 7 para el secuestro de mi tío, 8 para su rescate, 9 para que mi viejo dejara de fumar, 10 para que internaran a mi vieja, 11 para que mi viejo pasara a la clandestinidad, 12 para mi flamante aparición, 14 para mi salida de la incubadora, 15 para nuestra huida a Paraguay, 22 para el arribo a la Ciudad de México, 60 para el fin de la Dictadura, 468 para que Argentina lograra dar el primer paso hacia la legalización del derecho al aborto.</p>
<p>Para el Mundial de España 1982 estaba en México, tenía 3 años y no recuerdo nada. Nada es nada. Tampoco tengo recuerdos inventados o reconstruidos, ni fotos de la época animadas inconscientemente y convertidas en recuerdos borrosos. Ni siquiera tengo relatos ajenos para apropiarme sin querer. Ni siquiera hubo un Naranjito pegado en la heladera o en el vidrio de la ventana del escarabajo. Nada. Como si no hubiera pasado. En España llevaban 6 de años de democracia formal tras los 40 de gobierno de Franco y faltaban 28 años para que se legalizara el aborto.</p>
<p>Para México 86 ya tenía 7 años, una edad apropiada para vivir la experiencia de un Mundial. Tenía un papa argentino, uno que sigo teniendo y vivía a muy pocas cuadras del Estadio Azteca. Sin embargo, debo confesar, tampoco me  acuerdo de nada. Solo que en mi habitación había un cuadro del Mundial donde la sombra de un indígena, asumo que un mexicano cualquiera disfrazado con fines publicitarios, se proyectaba pisando un pelota sobre una columna de piedra con dientes y rasgos precolombinos. Una especie de suvenir de un mundo marginado convertido en falsa añoranza.</p>
<p>El día en que Maradona le metió el gol a los ingleses, a diez cuadras de mi casa, yo habré estado mirando los Pitufos o escuchando Menudo, Parchís o Timbiriche. Nunca se lo reproché a mi viejo pero, ahora que lo pienso, debería hacerlo. Mañana le mando un <em>wasap</em> y le digo que es un boludo. En esa ocasión sí había un Pique pegado en la ventana de mi habitación. El PRI ya era un partido casi tan horrible como lo es hoy. Faltaban 8 años para el levantamiento zapatista y 21 para la legalización del aborto.</p>
<p>En el Mundial de Italia 1990 ya era grande. Ese sí que lo viví. Lo más apasionante fue, obviamente, llenar el álbum de figuritas. Recuerdo que tenía a Caniggia repetido como mil veces. Todavía sueño a veces con abrir el sobrecito en la mañana, de camino al colegio, y ver salir una y otra vez al Pájaro Caniggia. Una vez salió dos veces en el mismo sobre. Me acuerdo como si fuera hoy el día en que completé el álbum. Recuerdo que la última figurita que me faltaba, y no pude conseguir durante días que parecieron años, era Ruggeri. Inolvidable el día en que a la salida de la escuela se lo vi a uno de los chicos de sexto año, un grandulón de 12. Yo no tenía ninguna figurita que a él le faltara así que me la vendió. Supongo que mi viejo, amarrete profesional, prefirió pagar antes que seguir gastando en figuritas cada mañana y maldecir cada vez que veía salir del sobre al Pájaro Caniggia. En ese entonces yo no tenía ni idea que el mentado Ruggeri era un boludo a cuadros, paradigma del futbolero machote, canchero y fanfarrón, de ese país del sur del cual yo lo único que conocía de cerca era mi padre. De haberlo sabido dejaba el álbum sin completar. Ese Mundial hinché por Argentina y sufrí cuando Camerún nos ganó el primer partido porque mis compañeritos mexicanos se cagaron de risa de mí hasta que los fueron a buscar sus padres.  Ese año, la figurita que tantas veces tenía repetida dejó fuera a Brasil y le metió el gol a Italia que los llevó a los penales que hicieron héroe al Goyco. En Italia, hacía 12 años que se había aprobado la ley del aborto, y eso que si algo sobra en ese país son conservadores, y de los buenos.</p>
<p>En Estados Unidos 1994 ya habíamos vuelto al sur, pero no a Argentina sino a Chile, la tierra de mi madre y, para ser sincero, todo era una mierda. La sociedad era clasista, fascista, arribista, represora y conservadora, y yo, un niño extranjero con ganas de irme bien al carajo. Ese Mundial hinché por México fervorosamente. Pocas veces hinché por algo tanto como esa vez. México jugaba con Italia el tercer partido de la primera fase. Si perdía quedaba afuera y si empataba pasaba a octavos. Yo tenía un examen de inglés a la misma hora y a todos los chilenos les chupaba bastante un huevo el partido así que nadie lo iba a ver. Mis viejos no me dejaron faltar al examen pero me dejaron llevar a la escuela una pequeñísima televisión que cabía en el bolsillo y que habíamos comprado en Estados Unidos cuando ese maldito país limitaba con el nuestro. Yo nunca supe inglés. Ni hoy ni entonces (antes no lo estudiaba por vago, pero lo disfrazaba de antiimperialismo, hoy no lo puedo disfrazar de nada). Así que ahí estaba yo, en mitad del examen de inglés con la hoja en blanco sobre la mesa y la tele a color escondida debajo. México perdía uno cero, quedaban veinte minutos, el silencio era total y nadie sospechaba nada, hasta que, sí, señoras y señores, un mexicano de nombre Bernal, Marcelino Bernal, le pegó de afuera del área y empató el partido. Yo grité el gol como si fuera el último día de la vida. <em>T</em><em>he test flew through the air</em>, la <em>miss</em> me expulsó de la sala, yo asumí el castigo con una inmensa sonrisa y me fui a mi casa sacando pecho. Ese año Estados Unidos firmaba el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. México nunca más sería lo mismo. El aborto era legal hacía 21 años.</p>
<p>En Francia 1998 comenzó el extraño proceso de bipolaridad y autoexclusión. Con mis amigos chilenos hinchaba por Chile, con mi papá por Argentina, pero la verdad de la milanesa es que había entrado hacía poco a la universidad y no recuerdo nada porque con mis compañeros no estuvimos sobrios ni un solo segundo de ninguno de los partidos. Punto y aparte. En Francia hacía 24 años que se había aprobado el aborto, sin embargo, la premisa de la Revolución había sido alterada inconstitucionalmente por “desigualdad, ilegalidad y xenofobia”. En Chile faltaban casi 30 años para que la discusión llegara al Parlamento. Hasta entrado 2018, era ilegal sin excepción. Incluidos los casos de violación y de riesgo de vida para la madre. Hoy es legal únicamente bajo las tres causales.</p>
<p>Para el Mundial 2002, Japón y Corea, vivía en Madrid. Me había ido porque sí, y la verdad, el Mundial me importó un carajo. No sabía en ese entonces que pocos años después me convertiría en uno de los bielsistas más fundamentalistas de la era moderna. Yo estaba más preocupado por los conflictos sociales, de las casas okupas y, supongo, de alguna compleja historia amorosa. No eran tiempos de fútbol. Recuerdo, eso sí, que el día de Argentina-Suecia tenía, para variar, un examen de Estructura Social Contemporánea o alguna cuestión sin importancia por el estilo y decidí hacerlo y no ver el partido. Creía que ese equipazo le ganaría a los suecos. No imaginaba que al salir del examen me encontraría con la catástrofe más grande de la historia del fútbol. El partido más triste de todos, ese que cada día duele más. En Japón no sé qué pasaba, pero el aborto era legal desde hacía más de 50 años. En Corea del Sur, sigue sin serlo.</p>
<p>En Alemania 2006 hinché por Argentina. Román, Román, Román y Román. Así, sin más. Grité a los gritos el gol de cabeza de Ayala y creí en algo, no sé en qué, pero en algo. O creí que creía, al menos, hasta que Pekerman, en un gesto inolvidablemente cobarde, decidió arruinarnos la vida y sacar a Román para meter a Cambiasso y aguantar un resultado que no aguantó. No solo sacó a Román de la cancha, sino que no metió a ese pibe que estaba sentadito en el banco: un tal Lionel Messi. Eso sí, lo metió a Cruz, uno de los delanteros más olvidables de todos. Esa fue, no está de más decirlo, la última buena selección argentina que hubo hasta la fecha. Ese día se terminó el fútbol argentino. En Alemania hace un año había asumido la eterna Canciller o Cancillera, Ángela Merkel y llevaban ya 16 años con la posibilidad legal de interrumpir el embarazo.</p>
<p>Sudáfrica 2010 me agarró de regreso en Argentina. Yo ya me había convertido al bielsismo. Mi amigo Sallato, un vago chileno que había conocido en Madrid, me convidó a colaborar en la producción del documental <em>Ojos Rojos</em>, una joya si las hay, y el fútbol se volvió más lindo que nunca. Bielsa le dio a las cosas un sentido que antes no tenían. A partir de ahí lo recuerdo todo: cada pase, cada gol, cada fallo, cada victoria, cada derrota, cada movimiento. Chile jugaba muy bien. Era una maquinita con ganas de meter goles, y pasó a segunda ronda. Le tocó Brasil porque a Chile siempre le toca Brasil en octavos: le tocó en el 98, en el 2010 y en el 2014. Jugó, perdió y a llorar a la iglesia. En Sudáfrica hace 20 años había finalizado el <em>apartheid </em>y hace 13 que se había legalizado el aborto. Faltaban tres años para la muerte de Nelson Mandela.</p>
<p>2014 fue un placer inigualable hasta que dejó de serlo y se convirtió en todo lo contrario. El Chile de Sampaoli, que jugaba mejor que el de Bielsa, le ganó a la España campeona del mundo… y Ramos se merece la cárcel por querer romper a Salah. La dejó fuera del Mundial y yo, que no estaba habituado a alegrías tan inmensas, ni sabía cómo gestionarlas, rompí a patadas la puerta de mi casa con el primer gol. Después, en octavos, les tocó contra Brasil porque así nomás son las cosas. El mejor equipo de la historia de Chile le tocaba el local, y el local era Brasil. Agua y ajo. Ese día Alexis fue inmenso. Los brasucas no entendían nada pero empataron, no sin antes el tiro de Pinilla en el palo en el minuto 90. “A cinco centímetros de la gloria”, se tatuó el demente en su frente, que no por demente equivocado. Cuestión, que Chile perdió por penales y yo me quedé para siempre mirando la puerta rota, con un dolor desconocido, inaguantable, insoportable, que duró por meses, años, siglos y un poquito más también, pero no mucho más. Brasil había construido gigantescos estadios de fútbol que no serían utilizados nunca más, uno de ellos fue proyectado para ser convertido en cárcel. El Parlamento, en post de “la seguridad del evento”, modificó las leyes y aumentó la cantidad de policía, militares y armamento, y en post de la apreciación de barrios cercanos a zonas turísticas, fueron desalojados miles de habitantes de las favelas. Odebrecht fue el gran ganador de la Copa. Es lo que tienen algunos progresismos. Faltaban dos años para que Brasil legalizara el aborto.</p>
<p>Este 2018 se juega en Rusia. Chile no va. México se va a ir en octavos porque siempre se va en octavos. Argentina va a perder, también en octavos, dos a uno contra Francia. Uno de Messi, uno de Pogba y uno de Griezmann. Rusia fue el primer país en el mundo en legalizar el aborto. Era, decía Lenin, “un derecho democrático básico de las mujeres ciudadanas&#8221;. Hoy, con Putin, es legal bajo una amplia serie de restricciones. En Argentina, después de que el Congreso diera media sanción al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (EVI) estamos cada vez más cerca. No sabemos cuando será, pero será.</p>

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