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	<title>Luis Caputo &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>La otra ola verde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jun 2018 03:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[dolar]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Sturzenegger]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
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					<description><![CDATA[Dolar imparable]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/ivan-barrera/">Ivan Martín Barrera</a></strong></p>
<p><em>Mientras los pañuelos inundaban las ciudades argentinas, otra incontrolable ola verde sucedía en el corazón de la city porteña. El dólar derrumba todo techo y en su envión se llevó puesto al presidente del Banco Central. Nuevo rol para Luis Caputo, nuevos poderes para el superministro Nicolás Dujovne.</em></p>
<p>El dólar sube y es cada vez menos noticia. Lo que sí es noticia es el elevado número que alcanza, y cómo en su envión es capaz de derribar toda primicia oficialista en cada vez menos tiempo. La divisa aumenta su valor al ritmo que cae la confianza de los mercados en los encargados de llevar adelante la política económica y financiera.<br />
Una nueva historia se escribe en este capítulo de la argentina devaluada. Una historia con muchos personajes: El dólar, Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Nicolás Dujovne y el pueblo.</p>
<p><strong>El dólar</strong></p>
<p>Este viernes el dólar toco un nuevo techo. Llegó a venderse a 28,8 pesos, sumando una devaluación del 78% en lo que va del año. La vertiginosa Argentina cambiemita en dos años y medio logró devaluar la moneda por el monto que el kirchenirsmo en 11 años de gobierno: 200%.</p>
<p>El acuerdo con el FMI prometía ser un tanque de oxígeno para la credibilidad del equipo económico, pero la praxis derrumbó rápidamente a esta teoría. Los mercados locales e internacionales no confían en que la política económica y financiera que está llevando a cabo el gobierno sea sostenible en el corto plazo y lo demuestran con todas sus fuerzas con el ritmo devaluatorio del dólar.</p>
<p>Lejos queda aquel 7 de junio donde Federico Sturzenegger junto a Nicolás Dujovne anunciaban de forma triunfal el acuerdo con el FMI, como una señal de confianza del mundo para con la economía argentina. Desde aquel momento, el dólar se derrumbó un 11%.</p>
<p>¿Cómo se explica este cimbronazo? El mismísimo ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger había admitido en mayo que el dólar a $25 era insostenible. Luego del supuesto shock de confianza que el FMI habría dado a los mercados sobre la economía argentina y ante el expreso pedido por parte del organismo de sincerar el mercado, se anunció un proceso donde el BCRA dejaría de intervenir la moneda y dejaría que ésta flote libremente. Sin embargo, luego de dejar flotar el dólar y observarse una inminente suba, el BCRA intervino el mercado, para luego volver a dejarlo flotar, para luego intervenirlo nuevamente. En un mensaje de descontrol total y falta de criterios, los mercados perdieron la pizca de confianza que les quedaba y esto se tradujo en un desplome de bonos soberanos y de acciones en Wall Street.</p>
<p><strong>Federico Sturzenegger</strong></p>
<p>El mejor equipo de los últimos 50 años sufre una nueva baja. A los entrañables Alfonso Prat Gay y Carlos Melconian se le suma la de Federico Sturzenegger. El jueves, entre aborto legal y Rusia 2018, dejó de ser el presidente del BCRA. Luego del cimbronazo verde demostró no contar con la cintura necesaria para controlar el dólar y, en un intento desesperado de recuperar confianza en los inversionistas, le anunciaron que debía dejar su lugar.</p>
<p>Quien supo ser secretario de política económica de Cavallo entre marzo y noviembre de 2001 y mano derecha de Mauricio Macri desde 2008, pasando por el sillón del Banco Ciudad y por una banca de diputados entre 2013 y 2015, se aleja, al menos temporalmente, del equipo económico. Atrás queda la foto con Nicolás Dujovne anunciando el acuerdo con el FMI y el rumbo exitoso que tomaría la economía argentina.</p>
<p><strong>Luis Caputo</strong></p>
<p>El ministro offshore, lejos de ser cuestionado por mantener sus activos en el extranjero, aparecer en los Panamá Papers por tener cuentas en paraísos fiscales y ser accionista de fondos buitre. Dejó el ministerio de Finanzas para incorporarse como el reemplazante de Sturzenegger en el BCRA.</p>
<p>En su primer día en el sillón grande del banco central, luego de una conferencia de prensa brindada por Nicolás Dujovne donde básicamente no se anunció ninguna medida innovadora para contener el shock del dólar, demostró que nada cambió. El dólar continuó con su ritmo alcista hasta alcanzar el techo de 28.8 pesos por dólar.</p>
<p><strong>Nicolás Dujovne</strong></p>
<p>Del mejor equipo económico en 50 años a un superministro en solo dos meses. El tristemente célebre Nicolás Dujovne, a quien se le conoció esta semana que pasa el invierno en un pobre terreno baldío, reafirmó esta semana su rol de superministro.</p>
<p>Hace solo un mes, luego de esquivar con relativo éxito el megavencimiento de LEBACs, fue designado con poderes para suplantar las decisiones económicas que llevaban a cabo el jefe de gabinete Marcos Peña y sus vicejefes. En ese plazo tuvo el privilegio de llevar a cabo todas las negociaciones con el fondo.</p>
<p>Desde el jueves pasado, a sus superpoderes, debemos sumarle la absorción del ministerio de Finanzas que Caputo dejó vacante. El último superministro con el que contó la economía argentina fue Domingo Cavallo, allá por los faustos años 2000.</p>
<p>En un capítulo no tan aparte, esta semana el superministro deberá enfrentar un nuevo reto. El martes vencen LEBACs por un monto de 530 mil millones de pesos. Mientras espera por el tanque de oxigeno del FMI, el tesoro emitió una flamante deuda por 4 mil millones de dólares y licitó nuevos LEBACs por una tasa que llegó a ofrecerse al 50%</p>
<p><strong>El pueblo</strong></p>
<p>Entre cimbronazos, cambios, superpoderes y deuda con el 50% de ganancia, los trabajadores y las trabajadoras vemos pasar por fuera cómo se esfuma nuestro poder de compra. El salario, las jubilaciones y los planes sociales, medidos en dólares, rinden hoy 3 veces menos que a niveles del inicio de la gestión cambiemita. La inflación, que acumula 100% durante el gobierno actual y lleva acumulado 12% este año, llegaría a niveles superiores al 30% a partir de esta devaluación constante. Las tarifas, lejos de aquella ley de contingencia vetada que las devolvía a niveles de 2017, seguirían un ritmo similar, dado que se continúa importando gas natural.</p>
<p>La devaluación, que se presenta como un problema, tiene su cara positiva para quienes están del otro lado de la reja que divide la casa rosada de la plaza de mayo. Al devaluarse la moneda y caer el monto de los salarios, las jubilaciones y los planes sociales medidos en dólares, cada vez que el gobierno toma deuda externa, ésta rinde más para pagarlos.</p>
<p>Los y las trabajadoras, activas o desocupadas, los y las jubiladas y todo aquel que llega a fin de mes con un plato de comida gracias a algún plan social, somos la variable directa de ajuste. La que soporta sobre sus espaldas la devaluación, la inflación y el aumento de tarifas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-otra-ola-verde/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Deuda externa: un mal que dure cien años</title>
		<link>https://marcha.org.ar/deuda-externa-un-mal-que-dure-cien-anos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jun 2017 12:21:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Cien años]]></category>
		<category><![CDATA[Club de París]]></category>
		<category><![CDATA[deuda externa]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
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		<category><![CDATA[Iván Barrera]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Quiénes ganan con este modelo de endeudamiento?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Iván Barrera</strong></p>
<p><em>El gobierno nacional vuelve a los grandes titulares con un nuevo récord. Alabado por los medios y especialistas conservadores como un estratega, el ministro de finanzas, Luis Caputo, comenzó la semana emitiendo bonos de deuda a 100 años. ¿Qué significa esto? Que pasarán 25 presidentes antes de que se pague el total de la deuda contraída en unas pocas horas.</em></p>
<p>“Pegarle de rabona no es un recurso técnico, ni una demostración de habilidad. Es simplemente gritar que tu otra pierna no sirve para nada”, afirmaba el jugador de fútbol Claudio “Bichi” Borghi, experto en ese arte. Si extrapolamos esta afirmación al plano económico, podemos afirmar que “tomar deuda externa es gritar a los cuatro vientos que tu administración no sirve para nada”.</p>
<p><strong>¿Por qué se emite deuda?</strong></p>
<p>Mientras sigue en la dulce espera por la lluvia de inversiones, el gobierno nacional continúa con la interminable gesta de solventar gasto corriente con deuda externa. En 18 meses de gestión PRO en el gobierno nacional, la deuda externa ascendió en 192 mil millones; es decir, un 23%, para convertirse en el mayor emisor de deuda a nivel mundial. La pregunta recurrente suele ser: ¿Cuál es la razón para tal aumento?</p>
<p>A nivel económico, la flamante gestión se planteó dos objetivos clave: disminuir el déficit fiscal heredado de la gestión anterior y los niveles de la inflación. Por parte del déficit fiscal, hay que aclarar que, a excepción de los primeros tiempos de la gestión de Néstor Kirchner, en los últimos 50 años el Estado gastó un monto mayor que los ingresos que tuvo. La administración de Macri se propuso, entonces, disminuir esta brecha entre lo que se gasta y lo que ingresa, cuyo monto en 2015 fue de 5,4 puntos del PBI.</p>
<p>En cualquier economía, desde la de un gobierno nacional hasta la familiar, la forma de equilibrar un presupuesto es aumentar los ingresos, disminuir los gastos o ambas simultáneamente. El paquete de medidas que se tomó no parece tan congruente con esta idea porque donde más foco se puso fue en el esfuerzo por disminuir los gastos: despidos masivos en la administración pública, quita de subsidios y aumento de tarifas en servicios públicos, paritarias por debajo del nivel esperado de inflación, cierre de programas sociales, disminución en la oferta de planes sociales, subsidios, jubilaciones y pensiones, entre otras.</p>
<p>Lamentablemente, este “esfuerzo que realizamos entre todos” no estuvo acompañado por una política de financiar el Estado. Del otro lado de la balanza, la de los ingresos, tuvo un comportamiento opuesto: quita de retenciones a mineras y al agro, pago de deuda externa a fondos buitre (aun por encima de sus demandas) y condonaciones de deuda a empresas deudoras con el Estado (algunas de ellas del clan Macri), así como también a evasores fiscales que mantenían sus ‘ahorros’ en el exterior. A este movimiento hay que sumarle el estancamiento económico, con una economía que no parece arrancar en 18 meses de gestión y donde ni siquiera dos mini Davos pudieron atraer inversiones que generen empleo formal y una supuesta puesta en marcha.</p>
<p>El resultado fue predecible. Si en una situación desequilibrada disminuyen los gastos pero con ese mismo ritmo disminuyen los ingresos, el desequilibrio se mantiene. Para fines de 2016, el déficit fiscal contempló 4,6 puntos del PBI.</p>
<p><strong>¿Qué hacemos con ese déficit?</strong></p>
<p>Hay dos formas sencillas de solventar los gastos que se encuentren por encima de nuestro presupuesto: emitir monedas o emitir deuda. La primera propuesta escapa de las ambiciones del gobierno nacional, dado que según la escuela monetarista, la emisión monetaria se traduce en mayor inflación, siendo esta una opción incongruente con el objetivo inflacionario del gobierno –que, por cierto, en 2016 cerró con el mayor nivel inflacionario desde la crisis del 2001–. Por lo tanto, la salida que eligió el gobierno fue la emisión de deuda externa e interna.</p>
<p>Tomar deuda es una señal ineludible de que estás administrando los recursos tan mal (volviendo a citar a Borghi) que la única forma de solventar el Estado es aumentando los niveles de dependencia económica. Es hipotecar el futuro por la ineficiencia del presente. Es gritar a los cuatro vientos que todo esfuerzo para atraer inversiones reales, para generar empleo digno, para solventar el Estado, para controlar las cuentas nacionales, no fueron más que un rotundo fracaso. Fracaso que no es de sorprender para una gestión que viene de triplicar el monto de la deuda externa durante su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, producto de un incesante incremento en el déficit fiscal presente en todos los años del gobierno macrista (a excepción de 2010), aun en épocas de bonanza tributaria y de crecimiento económico.</p>
<p>Sin embargo, a este análisis aún se le está escapando una parte importante. Sumada a la gran porción de deuda que se destina a gasto corriente del Estado, otra tajada es destinada a solventar un precio de dólar estable dentro de los parámetros del gobierno. La devaluación del peso no se condice con la inflación sufrida durante 2016, en especial para el primer semestre del mismo. Esto llevó a que mes a mes se dilapidaran tajadas de reservas y de deuda externa en mantener la oferta y la demanda del dólar estable, en un escenario que quiere pretender ser libre tanto para el mercado cambiario como para el mercado internacional.</p>
<p>Ahora, sin lugar a dudas la pregunta que menos medios hegemónicos e intelectuales se suelen hacer a la hora de alabar la política de endeudamiento del gobierno:</p>
<p><strong>¿Quiénes son las y los ganadores de este modelo de endeudamiento?</strong></p>
<p>Por un lado, se encuentran los mismos acreedores del Estado. El país se endeuda para pagar deuda. Y luego se endeudará en mayor medida para pagar la anterior. ¿Quiénes son estas y estos acreedores? En su gran mayoría, tenedores de bonos y letras del Estado, así como también los conocidos FMI, Banco Mundial y BID. Dentro de los primeros, se encuentran los tristemente famosos fondos buitre.</p>
<p>Pero por otro lado, se está tomando deuda para solventar las ganancias de los grandes latifundistas sojeros y las mineras multinacionales que ya no pagan retenciones, para bancar la apertura indiscriminada de importaciones que pone en jaque a los sectores nacientes de la industria nacional, para aumentar las arcas de los bancos tenedores de bonos y letras del Estado, para aumentar las ganancias de quienes juegan a la timba financiera. En especial, a los capitales extranjeros que vienen a beneficiarse de una tasa alta de interés, para solventar las deudas de aquellos empresarios amigos del actual gobierno que estafaron al Estado nacional (Edenor, Edesur y la Correo Argentino que no avanzó por clamor popular) y, entre otros, para solventar el ultraje fiscal de aquellos evasores del gobierno nacional que se sumaron al blanqueo del año pasado, en los que se incluyeron familiares de funcionarios públicos, hecho que le costó una causa judicial al propio Presidente, al entonces ministro de Economía y al jefe de Gabinete.</p>
<p>La flamante deuda a 100 años, a una tasa de interés del 7,90% anual –una tasa menor a los últimos para la Argentin,a pero aun así muy alta respecto de la internacional–, establece que quien invierta hoy, recuperará la inversión en 13 años sólo en intereses y tendrá 87 años de ganancia, por encima del capital invertido; obtendrá así una rentabilidad de 8 veces la inversión inicial. Ganancia que saldrá del bolsillo de las trabajadoras y los trabajadores, que con este ritmo seguirán sufriendo ajustes con el objetivo de pagar esta cosecha de fondos buitre.</p>
<p>El modelo de endeudamiento sistemático es una parte más del programa de transferencias desde los sectores bajos hacia los grandes empresarios. Cada dólar de endeudamiento es un dólar más en el que Argentina pierde autonomía y soberanía económica, doblegándose a destinar recursos que deberían ser invertidos en provecho de todos y todas –y en especial de los sectores más necesitados–, a engordar las arcas de grandes tenedores de deuda. Y cuando la bicicleta financiera encuentre los palos autoimpuestos, será el momento en que aparecerán nuevos fondos buitre, cuando el FMI o el Club de París vuelvan a visitar nuestro país –como ya lo están haciendo–. Serán esos “gurúes” quienes vendrán para guiarnos hacia una política económica y fiscal que sea provechosa para las economías centrales y que forje, una vez más, la dominación y dependencia económica de nuestro país.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/deuda-externa-un-mal-que-dure-cien-anos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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