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	<title>Lucas Abbruzzese &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Lucas Abbruzzese &#8211; Marcha</title>
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		<title>No gustar es una elección</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Apr 2016 03:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Atlético Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Abbruzzese]]></category>
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					<description><![CDATA[Reflexiones sobre los estilos de juego]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b><span lang="es-ES">Por Lucas Abbruzzese</span></b></p>
<p><i><span lang="es-ES">Algunas reflexiones acerca de lo que provoca Diego Simeone como DT y la ebullición de fanáticos como consecuencia de conseguir resultados sin importar las formas.</span></i></p>
<p>“<span lang="es-ES">El resultado a veces es impostor. Jugar bien no garantiza el éxito, pero casi siempre. Mirar el resultado es quedarse con la parte superficial. No vale ganar y sólo ganar, hay que jugar bien”, </span><span lang="es-ES">afirmó alguna vez </span><span lang="es-ES">Xavi Hernández.</span></p>
<p><span lang="es-ES">El Barcelona quedará en la historia de la vida no por todo lo que ganó y seguirá ganando, sino por las formas. Desempolvó el fútbol de antes, es de La Máquina, del Santos, de la Naranja Mecánica. Fue todos en uno. Remó contra la corriente y le demostró al mundo que las formas sí importan, que no da lo mismo cómo conseguirlo, sino que se juega para gustar, para el público, para quedar en la memoria de la gente. Y para permanecer allí, el goce lúdico será eterno. Si no, la alegría será momentánea por un resultado.</span></p>
<p><span lang="es-ES">Atlético Madrid deforma este juego precioso. Su prioridad es defender –ante Barcelona, Bayer o Getafe- para luego atacar –de vez en cuando, claro-. No son pocos los que lo justifican a través de que posee presupuestos mucho menores que los grandes de Europa. Con esa lógica habría que pensar que jugar bien depende sólo de la plata, cuando en realidad es un saber. Es el conocimiento del juego, sus secretos, conceptos, lo que va a causar que un elenco funcione. </span></p>
<p><span lang="es-ES">Desde ese punto, no gustar es una elección. Defensa y Justicia, por poner un ejemplo de los algunos que hay en Argentina, como no cobra fortuna entonces debería revolear todas las bochas. Pero no. La cuida, la tira para atrás, triangula, toca. Se anima a dar otro espectáculo, a brindarle a la gente la posibilidad de ver buenas yerbas. También se puede mencionar al Rayo Vallecano, ese equipo español que con un presupuesto infinitamente menor al de los poderosos, sale jugando todos los tiros, se anima en el Camp Nou y es reconocido por su estilo. Ya ganó. No le hace falta salir campeón.</span></p>
<p><span lang="es-ES">El fútbol, ya lo había denunciado Dante Panzeri, pasó de importarle la técnica a sacar a flote, a través de sus voceros, a cuestiones como el esfuerzo, correr, el sacrificio, la lucha, las pretemporadas que exterminaban jugadores más que los formaban y más y más. En la actualidad, el gran ícono de este estilo es Simeone y su Atlético Madrid, equipo al que le importa poco y nada la pelota y la tenencia. No gusta porque no le interesa ni quiere. Su misión es el marcador, no formar ni enseñar ni gozar. Gana y con eso basta para algunos. Porque ganar, e</span><span lang="es-ES">n</span><span lang="es-ES"> una sociedad exitista y resultadista, lo es todo.</span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-gustar-una-eleccion/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El mote copero, las obligaciones y las mentiras</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-mote-copero-las-obligaciones-y-las-mentiras/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Feb 2016 03:00:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
		<category><![CDATA[Copa Libertadores]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Abbruzzese]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[River]]></category>
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					<description><![CDATA[El cronista desmiente la veracidad del mote copero que se le endilga a algunos equipos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Lucas Abbruzzese </strong></p>
<p><em>No existen los equipos coperos, sí alineaciones que quedaron para la historia por destacarse en el plano internacional. Sin embargo, desde la prensa catalogan erróneamente a ciertos clubes.</em></p>
<p>Jugar para ganar es una de las tantas frases hechas que se han repetido en torno al fútbol. Han hecho del deporte una maquinaria del “como sea” y una cuestión de obligaciones que lo han destrozado. Que angustian al futbolista. “Queda en la memoria quien gana”, recitan contentos aquellos resultadistas que corren detrás del marcador. De lo que se olvidan es de la esencia, del por qué, del cómo: las personas juegan para ser felices, para disfrutar del juego. No hay nada mejor que quedar en la memoria, algo que sólo se logra con buen fútbol, asociado, de pase y alejado de las tensiones cotidianas.</p>
<p>Dentro de esas obligaciones del “como sea” está la de los supuestos equipos coperos. Un mote devastador para algunos clubes. Boca e Independiente, por citar dos casos, han gozado cada uno en un tramo de su historia de inolvidables elencos que triunfaron a nivel internacional. Como consecuencia quedó instalada la obligación de ganar cada copa que juegan, como si fuesen los únicos participantes. La mochila que le queda a las siguientes formaciones es tremenda, o al menos así lo hace saber gran parte de la prensa. No pueden perder, es pecado. Le faltan el respeto a la historia, como si la misma no estuviese hecha de infinitas más caídas que triunfos.</p>
<p>Es decir, Boca o Independiente o ahora River no son equipos o instituciones coperas. Los que sí lo fueron sus jugadores en determinado momento, la cabeza de su entrenador y la fortuna necesaria para campeonar. Bochini fue copero, no Independiente; Riquelme lo fue, no Boca; el pasado River lo demostró, no su historia; el Real Madrid de Di Stéfano, no los que le siguieron. Casos excepcionales.</p>
<p>Así como se crean ídolos tan rápidamente, los apodos a las instituciones aparecen como un relámpago y quedan instalados, no se sabe bien por qué; si para justificar una derrota, si porque no se piensa qué lugar ocupa cada uno en el tiempo; u otro motivo. El hincha compra, consume y cree en la necesidad impostergable de alzar cada trofeo continental. Esta semana empezó la participación de todos los argentinos en la fase de grupos de la Libertadores y se escucharon cosas tales como “River la debe ganar porque es el último campeón” o “Boca no puede fallar porque así lo asigna su historia”. No se analiza el juego, las circunstancias, los imprevistos y decenas de factores que también son el fútbol, algo que está lejos de las palabras y los apodos que solo contribuyen a la locura, la inmediatez y el resultadismo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-mote-copero-las-obligaciones-y-las-mentiras/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fútbol y violencia: de culpas y responsabilidades</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Feb 2016 03:00:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Estudiantes de La Plata]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol y violencia]]></category>
		<category><![CDATA[Gimnasia y Esgrima]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Abbruzzese]]></category>
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					<description><![CDATA[Coletazos de la pelea platense]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Lucas Abbruzzese </strong></p>
<p><em>Algunas reflexiones acerca de la locura que en el fútbol argentino acrecienta cada año, una mera consecuencia de lo contaminado que está el deporte más popular del mundo, desde las inferiores hasta primera división, pasando por los periodistas, los hinchas y los familiares</em>.</p>
<p>Cada vez se enseña menos el juego. Quienes se apoderaron de este enorme negocio rentable llamado fútbol, al menos en Argentina, giraron el show en torno a lo que sucede afuera del rectángulo donde se llevan a cabo las acciones. La parafernalia gira en los estudios televisivos, las tribunas y un entorno contaminado que luego se traslada al verde césped. Es el mensaje del ganar como sea, de que el segundo no existe, de que el rival es enemigo y no una competencia en un juego, el más hermoso de todos. Es la idea del sálvese quien pueda y a cualquier precio (cualquier similitud con el capitalismo salvaje en el que vivimos no es pura coincidencia).</p>
<p>Los futbolistas son, paradójicamente, la última pieza de este show. La mueven como a los popes de la organización les conviene. No tienen voz ni voto en todo esto. ¿Se imaginan si se organizaran por un fútbol mejor, educativo, inclusivo y decidiendo frenar todo al observar cómo está todo? El negocio sufriría un impacto y obligaría a repensar toda esta maquinaria que factura para unos pocos. El 2016 aún no consumió dos meses y ya se notaron los excesos de patadas en el verano, la gresca platense en Mar del Plata, que se ponga en discusión a un entrenador por una derrota, que se analice operando y no haciendo pensar.</p>
<p>Ya desde chiquitos, en edad de infantiles y posteriormente de inferiores, a los pibes se les enseña la importancia de la victoria, del resultado, los logros. Los padres son cómplices y también protagonistas de ese discurso. Entonces, ese chico, futuro jugador, se cría en un ambiente súper competitivo, que no acepta la derrota como aprendizaje sino como fracaso, que odia al rival en vez de disfrutar del juego y que es víctima de todo.</p>
<p>A todo eso se le suma que a temprana edad aparecen los representantes, esos personajes instalados en el fútbol que se llenan de plata a costa de los otros. Que entre comisiones, porcentajes y arreglos se quedan con una interesante porción de la torta. El jugador ya toma como natural todo esto porque está inmerso en la locura. La consecuencia, ni más ni menos, es lo que se ve cada fin de semana en el fútbol argentino: patadas, fricción, nulo interés por el conocimiento del juego, un medio que predomina el resultado por sobre las formas, que no para de definir como duro al fútbol argentino (los mejores están afuera), que la intensidad le gana a la pelota, que la inmediatez derrota por goleada a la paciencia.</p>
<p>Que Pedro Troglio, entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata, haya definido como “son cosas del fútbol” lo que ocurrió entre su equipo y el vecino de la ciudad de las diagonales en el Minella es una consecuencia de todos los factores que rodean al deporte. Es aceptar cada bochorno como normal. Es continuar con la lógica del “Todo Pasa” del ya fallecido Julio Grondona. Es, también, no querer frenar la bocha, pensar qué se quiere, para dónde se desea ir y cómo.</p>
<p>Y en medio de todo esto, se dan el lujo de bajar el mensaje de ¡poner en discusión a Lionel Messi! Y de decir que “Barcelona no podría jugar en el fútbol argentino”. Son más voceros que periodistas. Porque en muchas oportunidades cuesta tildar de periodismo a todo esto. Porque, como siempre, Dante Panzeri está allí para recordar que “el periodista era un tipo que veía, pensaba y opinaba. Ahora es un negociante que oye y repite”. Son formadores de opinión que avalan en el día a día las locuras que supuestamente venden y que supuestamente la gente quiere consumir. Y que consume para luego esbozar en una charla. Y así gira constantemente esta rueda en la que la culpa es de todos.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/violencia-en-el-futbol-de-culpas-y-responsabilidades/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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