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	<title>Juan Stanisci &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Thu, 03 Aug 2023 23:27:55 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Juan Stanisci &#8211; Marcha</title>
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		<title>A imagen y semejanza</title>
		<link>https://marcha.org.ar/a-imagen-y-semejanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Aug 2023 16:18:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[estefania banini]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial Femenino de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Es difícil imaginar futuros, visualizar destinos, inventar potenciales o simplemente crear sin nada en que reflejarse. Imposible no, difícil.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Es difícil imaginar futuros, visualizar destinos, inventar potenciales o simplemente crear sin nada en que reflejarse. Imposible no, difícil. Algo que realizan por lo general locos o locas capaces de ver agua en el desierto. Cuando ese camino ya fue clareado habrá muchas más que se acerquen a transitarlo. Un sendero desmalezado a base de guadañazos que costaron mucho. </em><br><br><strong>Escribe Juan Stanisci | Cobertura colaborativa junto a <a href="https://lastimaanadiemaestro.com/">Lastima a Nadie, Maestro</a></strong></p>



<p>“Mucha lucha, nos hemos enfrentado a muchas discriminaciones, abuso de poder, etc. Esa lucha de la mujer argentina es el legado que tratamos de dejar”, le dijo Estefanía Banini a Natu Maderna después del partido contra Suecia.</p>



<p>Banini no es la única en despedirse que les dio a las pibas argentinas alguien en quien reflejarse. También está Marta. Crack mundial indiscutida, máxima goleadora en la historia de los mundiales (no, no es Klose) y varias veces ganadora del balón de oro. Le tocó quedarse afuera en primera ronda por primera vez con Brasil, pero antes dijo: “¿Saben que está bueno? Cuando empecé a jugar yo no tenía una ídola femenina. ¿Cómo voy a entender que yo podría jugar en la selección y convertirme en una referencia? Hoy las personas en la calle me paran para decirme: ‘mi hija te adora, quiere ser como vos’. Hoy tenemos nuestras propias referencias y eso no hubiera pasado si hubiera frenado ante los primeros obstáculos”.</p>



<p>Marta y Banini entienden, pero sobre todo expresan, algo simple que se nos suele escapar: nadie se salva solo o sola. Todos los caminos son colectivos o no son. El don solo es bien utilizado si funciona para inspirar a otros y a otras y acompañarlos. “Somos conscientes que estamos creando una identidad en la selección argentina –le dijo Estefanía Banini a la periodista Agustina Vidal-, que permanecer en este tipo de competencias hace que crezca la liga local, que crezca el torneo. Que crezcan los sueños de cada niña que se atreva a seguir por este camino”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/a-imagen-y-semejanza/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Fútbol y disidencias: cuando ya no sea noticia</title>
		<link>https://marcha.org.ar/futbol-y-disidencias-cuando-ya-no-sea-noticia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Feb 2023 22:13:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Jakub Jancto]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Lastima a nadie]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Qué lleva a que la identidad sexual de una persona sea noticia?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>¿Qué<em> lleva a que la identidad sexual de una persona sea noticia? ¿Por qué nos alegramos las pocas veces que un futbolista decide hablar sobre su homosexualidad? Las respuestas, claro, están a la vista.</em></p>



<p><strong>Por Juan Stanisci</strong></p>



<p>No hará falta la cámara encendida frente a un fondo negro ni un mensaje pensado de manera milimétrica. Tampoco que el club dueño del pase publique emojis con aplausos ni que otros equipos tengan que salir a bancar. No hará falta que un campeón del mundo como Jorge Valdano salga a mostrar su apoyo diciendo: “Qué esto sea un acto de valentía en esos días me parece denigrante para el fútbol. Nos tendría que avergonzar a todos los que estamos adentro del fútbol”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p>¿Qué lleva a que la identidad sexual de una persona sea noticia? ¿Por qué nos alegramos las pocas veces que un futbolista decide hablar sobre su homosexualidad? Las respuestas, claro, están a la vista.</p></blockquote>



<p>Pocos futbolistas en actividad se han animado a contar. Las historias no terminaron bien. Justin Fashanu se suicidó tras ser perseguido por el ambiente del fútbol. Wilson Oliver llegó a la conclusión de que “fútbol y homosexualidad no se puede”. Robbie Rodgers anunció dos cosas en conferencia de prensa: que era homosexual y que se retiraba, tenía 26 años. En nuestro país el arquero Nicolás Fernández de la Liga Cultural de La Pampa es el único que ha hablado abiertamente del tema. El australiano Josh Cavallo, el año pasado, también habló sobre su identidad sexual pero, a diferencia de los casos previos, sin alejarse del fútbol.<strong> Es quizás el indicio de que algo está cambiando. </strong>Algo que tal vez marque el camino para que estas declaraciones dejen de ser noticia.</p>



<p>Jakub Jancto publicó un video en sus redes sociales el lunes pasado. “Soy homosexual y no quiero esconderme más”, dice. Jancto busca vivir su vida, sus amores y sus decisiones en libertad. <strong>Que nadie tenga que andar preguntando sobre la elección sexual de otra persona. Que querer a otra persona no deba ser un acto de valentía, salvo por el amor en sí mismo.</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/futbol-y-disidencias-cuando-ya-no-sea-noticia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Moonage Daydream, o el ser de las mil caras</title>
		<link>https://marcha.org.ar/moonage-daydream-o-el-ser-de-las-mil-caras/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Oct 2022 01:29:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[David Bowie]]></category>
		<category><![CDATA[destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Documentales]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Moonage Daydream]]></category>
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					<description><![CDATA[Reseña del documental “Moonage Daydream”, de Brett Morgen, sobre la vida del cantante británico David Bowie.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Reseña del documental &#8220;Moonage Daydream&#8221;, de Brett Morgen, sobre la vida del cantante británico David Bowie</em>. </p>



<p><strong>Por Juan Stanisci</strong></p>



<p>Leer es un engaño.<br>Alguien habla en otra habitación. Suena el teléfono. Un pájaro pasa volando por la ventana. El viento mueve las ramas de un árbol. Un auto transita la calle tocando bocina. La escritura tiene la incapacidad de lograr que estos eventos sucedan a la vez. Todo siempre se vuelve lineal, cronológico. William Burroughs intentó destruir la linealidad en la literatura a través del <em>cut-up –</em>luego de escribir cortaba cada oración en un papel, las mezclaba y volvía a juntarlas-. “<em>Así, cuando se mira la ventana alrededor del cuarto, cuando se anda por la calle, la conciencia es entrecortada por hechos aleatorios. La vida es un Cut up. Cut ups están más cerca de los hechos de la percepción humana&nbsp;de lo que, digamos, la narrativa. La narrativa directa, algo lineal”</em>, creía Burroughs. David Bowie llevó esa técnica a la música, varios de sus discos están hechos a través del <em>cut-up.</em> Concebía la realidad como una serie de eventos aleatorios y desordenados. </p>



<p>Eso refleja el documental de Brett Morgen <em>Moonage Daydream.</em>&nbsp;La película no busca hacer una biografía de Bowie. No tiene fechas, tapas de discos, opiniones, anécdotas ni referencias claras a cuando sucede cada cosa. Es una concatenación de imágenes del cantante inglés, entrevistas, fragmentos de recitales, mezclada con pedazos de películas, que pueden haber influenciado al músico, escenas que representan el universo o caras de personas que aparecen en mayor o menor medida en su discografía. Sucede todo junto y al mismo tiempo. Son dos horas y veinte de frenesí. Ciento cuarenta minutos al palo, cabalgando sobre las múltiples personalidades de David Bowie.</p>



<figure class="wp-block-image"><img src="https://hips.hearstapps.com/hmg-prod.s3.amazonaws.com/images/moonage-daydream-david-bowie-2-1664491585.jpg" alt="Moonage Daydream': uno de los mejores documentales del año"/></figure>



<p><strong>¿Te gustan los chicos o las chicas? Es confuso en estos días</strong>.</p>



<ul><li><em>Esta fue una de las mejores giras de nuestra vida. Quiero agradecer a la banda. Quiero agradecer a nuestro equipo de gira. De todos los recitales en esta gira, este en particular lo recordaremos por mucho tiempo. Porque no es solo el último recital de la gira. Es el último recital que vamos a hacer.</em></li></ul>



<p>El tres de julio de 1973 David Bowie llevó al engaño en la música a uno de sus puntos más altos. Sobre el final del último recital de la gira anunció que no tocarían más. Los gritos del público después del anuncio se parecieron más a una súplica que a una ovación. Al día siguiente los diarios hablaron del retiro de Bowie. Tenía 26 años.Lo que no sabían el público ni la prensa, es que Bowie no se refería a su retiro. Estaba matando, frente a miles, a su personaje más celebre: Ziggy Stardust.<br></p>



<p>Un año y un día antes, Bowie había golpeado las estructuras de la cultura inglesa. Su presentación en el programa <em>Top of the pops</em> fue vista por un cuarto de la población de Inglaterra. El pelo naranja como una señora de cincuenta años, una guitarra azul y vestido con un mono, verde naranja y azul y unas botas rojas hasta la mitad de la pierna. En el coro abrazaba sensualmente a Mick Ronson, el guitarrista de la banda. Fue la presentación en público de ese tal Ziggy Stardust. <em>“Las preguntas aparecen ¿Qué es él? ¿De dónde vino? ¿Es una criatura de un poder externo? ¿Es un raro? ¿Es peligroso? ¿Es inteligente? ¿Tonto? ¿Bueno con sus padres? ¿Es real? ¿Está loco? ¿Hombre? ¿Mujer? ¿Robot? ¿Qué es esto?”</em>, se pregunta un periodista de la época en el comienzo de <em>Moonage Daydream.</em></p>



<p><em><br></em>Bowie se declaraba abiertamente bisexual en una época que no estaba preparada para eso. Eran los años que forjaron el ascenso de Margaret Thatcher. Cuando hablaba de sus relaciones personales, nunca hacía referencia al género de la otra persona. Incluso antes de la explosión popular de Ziggy, Bowie aparecía en sus videos o en las tapas de sus discos vestido de mujer. No vestido <em>como</em> una mujer. Vestido <em>de </em>mujer. Sus rasgos le permitían jugar con la androginia. Y así romper con la heteronorma de su época. No solo mostró que los hombres podían usar plataformas o maquillarse. Le hablaba a un sector de la juventud que no era escuchado. Los raros. Cincuenta años después se puede caer en el error de creer que su música está destinada a un público culto e intelectual. Pero a principios de los setenta era profundamente popular. Sus discos eran comprados por los hijos e hijas de la clase trabajadora. <em>“Millones de mini-Hamlets retraídos que vivían su propio infierno sin amor en todo tipo de aldeas, pueblos y ciudades oyeron esas palabras y quedaron atónitos”</em>, escribió el filósofo Simon Critchley en su libro <em>Bowie. </em>Critchley fue uno de esos adolescentes descontentos con el mundo que los rodeaba, que sintió como Bowie le hablaba a él.<br></p>



<p>“Bowie/Ziggy recalibró la sexualidad de un modo disoluto pero destilado, decididamente atrevido, pero lleno de refinamiento”, describe Critchley. No solo acompañaba a quienes sentían que nadie los miraba, sino también mostraba un mundo no binario. Una forma de ser por fuera de las etiquetas y los rótulos que la sociedad inglesa tenía listo para pegar en la frente de las personas. La mayoría de las entrevistas de la época tocaban el tema de su bisexualidad. Lo acusaban incluso de pedante por declarar que le gustaban hombres y mujeres. Hay una de ellas donde el entrevistador intentó llevarlo hacia ese lugar durante todo el reportaje. “Those are men shoes or women shoes? (¿Esos son zapatos de hombre o zapatos de mujer?)”, pregunta el periodista en un momento. Bowie le sonríe y mira hacia abajo. “<em>They are shoe shoes, silly (son zapatos de pies, bobo)”,</em> responde con una sonrisa juguetona.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="David Bowie - Hallo Spaceboy (Official Music Video) [HD Upgrade]" width="854" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/91efm5G8OVk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
</div><figcaption>David Bowie, Hallo Space Boy, 1195</figcaption></figure>



<p><strong>Bienvenido a la realidad</strong></p>



<p>Brett Morgan plasmó en <em>Moonage Daydream</em> el pensamiento de David Bowie. A través de las entrevistas logró captar las mutaciones que fue a experimentando con el correr del tiempo -normalmente de manera frenética, año tras año-, en sus ideas sobre el arte, la espiritualidad, el rock, la música o la relación con su público.&nbsp; Su percepción del mundo varía, incluso hasta la contradicción, a medida que el documental transcurre. Pero Morgan no buscó la linealidad, ya que esto iría contra la propia concepción de Bowie del arte. O de la realidad. O de las dos cosas. Morgan rompe canciones, fragmenta entrevistas, juega con la idea alienígena que orbita alrededor de Bowie.</p>



<p><br>Durante el éxito de Ziggy Stardust en 1972, Bowie pensó en llevar la historia al teatro. La realización tenía ciertos problemas, como el hecho de tener que representar “agujeros negros” o “infinitos”. Pero además, la búsqueda narrativa de Bowie complejizaba más su realización. “Estaría bien que los personajes y los actores aprendieran todas las escenas y las barajáramos en un sombrero en el momento de la actuación y las interpretáramos como el azar decidiera ese día”, comentó en una entrevista junto a William Burroughs en esos años.</p>



<p><br>Después del asesinato público de Ziggy Stardust, Bowie siguió creando personajes. Algunos trascendieron las canciones y se apoderaron del escenario, como Aladdin Sane o el Duque blanco. Otros habitaban algunos temas para no volver a aparecer. Quizás el personaje más extraño creado por Bowie fue uno que no tenía nombre. Incluso fue el que más se confundió con el propio músico: el Bowie modelo ochentas. Rubio, impecable y con ganas de simplificar sus canciones. Optimista y simpático en las entrevistas. Cansado seguramente de tanta búsqueda. Tratando de buscar un lugar donde acomodarse, hacer recitales para cientos de miles de personas y giras mundiales. El Bowie más antibowie de todos. Al que, años más tarde, también se encargaría de asesinar.</p>



<p><br>Cinco años tardó Morgen en realizar el documental. Con un infarto en el medio. Su objetivo, creo que cumplido, no fue abarcar la vida entera de Bowie, sino realizar su propio recorte. Fragmentar y destruir la realidad mundana a través del músico. Intentar meter, aun con las limitaciones que el cine tiene en este sentido, todo junto y al mismo tiempo. Y que eso tenga una idea narrativa detrás. Agarrarse a trompadas con Cronos. Mostrar al ser de las mil caras de la forma más directa posible.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="MOONAGE DAYDREAM –Teaser Tráiler Oficial (Universal Pictures) HD" width="854" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/XDGh5GVUlN8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
</div><figcaption>Moonage DayDream, Trailer </figcaption></figure>



<p><strong>¿Dónde ver? </strong></p>



<p>El documental puede ser visto en CineMark Palermo, y de forma rotativa puede aparecer en otros cines. Todavía no hay fecha para su estreno en plataformas streamings. Recomendación: Este finde largo, incluilo en los planes </p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/moonage-daydream-o-el-ser-de-las-mil-caras/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Okupas y Polosecki: el otro lado de los años menemistas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/okupas-y-polosecki-el-otro-lado-de-los-anos-menemistas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Aug 2021 11:25:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine, TV y Streaming]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Okupas]]></category>
		<category><![CDATA[Polosecki]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[Como un retrato de época, Okupas vuelve a la pantalla da través de la plataforma de Netflix. Una tradición televisiva que inició unos años antes, con la serie Otro Lado, de Fabián Polosecki. Dos historias que representan una forma de retratar los negativos de los años menemistas y que sobreviven al tiempo.  Por Juan Stanisci [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Como un retrato de época, Okupas vuelve a la pantalla da través de la plataforma de Netflix. Una tradición televisiva que inició unos años antes, con la serie Otro Lado, de Fabián Polosecki. Dos historias que representan una forma de retratar los negativos de los años menemistas y que sobreviven al tiempo. </em></p>
<p><strong>Por Juan Stanisci</strong></p>
<p>Todo empezó con una deuda. Aunque en realidad, si vamos al verdadero comienzo, todo empezó con una historia. Bruno Stagnaro estaba en una parada de ruta en Chaco cuando un hombre le contó una anécdota. Stagnaro por las dudas encendió su grabador. La historia fue el puntapié inicial de <em>Pizza, Birra, Faso</em>.</p>
<p>A partir del éxito de la película Claudio Villarruel, por entonces Gerente de Contenidos de Ideas del Sur, lo contactó. Quería una miniserie en sintonía con la historia narrada en el <em>film</em>. Stagnaro tomó algunas ideas que le andaban rondando por la cabeza y las escribió en una carilla. Un pibe a quién le encargan cuidar un caserón abandonado viajó por fax hasta la oficina de Villarruel. Y empezó todo.</p>
<p>La deuda fue el siguiente paso. La productora Ideas del Sur le debía plata al Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), por entonces dirigido por Darío Lopérfido. Fue gracias a esto que Canal 7, hoy Televisión Pública, puso al aire dos programas que marcarían la cultura popular: <em>Okupas</em> y <em>Todo por dos pesos.</em></p>
<p><strong>La TV ataca</strong></p>
<p>En la televisión argentina del año 2000 podía verse: <em>Chiquititas</em>, <em>Buenos</em> <em>Vecinos</em>, <em>Cabecita</em>, <em>Verano del ’98</em> o <em>Campeones de la Vida</em>. En ese contexto se estrena <em>Okupas</em>. El 18 de octubre del 2000 pudo verse el primer capítulo. Mientras semana a semana aparecían las entregas, se filmaban las que estaban por venir. La idea original era hacer una miniserie de 5 capítulos, pero el éxito de audiencia generó que terminaran siendo 11.</p>
<p>La serie no solo logró buenos números de televidentes. Al año siguiente ganó tres de los cuatro Martín Fierro a los que estaba nominada. <em>Okupas</em> demostró que no todo en la televisión tenían que ser historias edulcoradas, con buenos y malos bien definidos y finales felices. La realidad podía infiltrarse en la ficción con altos números de <em>rating</em>. Rompía así con el mito de que lo que se produce para los grandes consumos televisivos tiene baja calidad porque así lo demanda el televidente.</p>
<p>Pero <em>Okupas </em>no fue el primer programa que ponía el foco en los márgenes sociales y con buenos resultados, como suele repetirse.</p>
<p>Siete años antes, por ATC, que después fue Canal 7, aparecía el programa de investigación periodística <em>El otro lado</em>. Conducido y producido por Fabián Polosecki; con guiones de Pablo de Santis; y periodistas encargados de las investigaciones como Marcelo Birmajer o Ricardo Ragendorfer, entre otrxs. <em>El otro lado</em> le daba voz a personajes e historias tan reales como las de taxistas, maquinistas de tren, guardias de cárceles para mujeres, futbolistas que no llegaron a primera división, vendedores ambulantes, prostitutas, corredores de bolsa, boxeadores amateurs, avistadores de ovnis, buscadores de oro en las alcantarillas, coleccionistas, fotógrafos o colectividades marginales como los gitanos.</p>
<p>La diferencia entre <em>El otro lado</em> y otros programas de investigación que vinieron después fue el foco que se hacía en las personas y en las historias. Polosecki, personaje y narrador de los capítulos, se internaba en las entrañas de aquello que buscaba contar. No miraba desde arriba ni desde afuera. “Creo que todos tenemos algo de todos. No estoy ajeno al sentimiento de las personas que entrevisto”, dijo Polo alguna vez. El foco estaba puesto adentro.</p>
<p>“La cámara impone una autoridad, un “deber hacer”. Me parece que en nuestra experiencia tratamos de romper eso”, explicó Polosecki en el Festival Latinoamericano de Video en Rosario en 1994. En esa exposición dijo unas palabras que describían <em>El otro lado</em>, pero podrían adaptarse a <em>Okupas</em>: “mostrar lo extraordinario de la cotidianeidad”.</p>
<p>Al igual que la serie de Stagnaro, <em>El otro lado</em> ganó dos Martín Fierro. Uno en el rubro de la investigación periodística y el otro para Fabián Polosecki como revelación del año, donde compartió terna con Inés Estévez y Soledad Villamil.</p>
<p><strong>Conocer gente</strong></p>
<p>“Durante algunos años trabajé de periodista, un día, no sé cómo, todos los jefes de redacción se dieron cuenta al mismo tiempo que podían arreglarse sin mí. Ahora escribo historietas absurdas sobre historias verdaderas. No me va mucho mejor, pero se conoce gente”, decía la voz en off de Polosecki al comienzo de cada programa. Quizás la historia de <em>Okupas </em>también sea esa. Ricardo conociendo gente. A excepción de Clara, su prima lejana y dueña de la casa, y su familia, todos los personajes que aparecen en la serie, lo hacen gracias a que Ricardo abrió la puerta del caserón del Pasaje Rivarola.</p>
<p>Es en ese punto donde vive una de las grandes potencias de <em>Okupas.</em> Los personajes que no son centrales también tienen una historia que contar. No hace falta que sea explícita. Con guiños, vestuarios, gestos o acciones, dicen mucho. Por ejemplo, la vieja que fuma y toma cerveza en el departamento de Dock Sud mientras Ricardo espera al Pollo tomando vino con el Negro Pablo. O Morales, el Sancho Panza de Peralta. Cada uno y cada una logra una identificación con quién mira la serie, aunque sea dos décadas después de su estreno.</p>
<p><strong>Negativos neoliberales</strong></p>
<p><em>Okupas </em>y <em>El otro lado</em> son también postales de época. Lograron transformarse en el negativo de las fotografías de los años menemistas. En ambos, la marginalidad está presente sin caer en los estereotipos o la mirada grotesca respecto de esos sectores. Tienen voz propia, son reales y palpables.</p>
<p>En <em>Okupas,</em> gracias al trabajo en los guiones y al espacio que se les dio a los actores para intervenir en él. Dante Mastropierro, el Negro Pablo, conocía el lenguaje de quienes habitan Dock Sud y le permitieron cambiar las palabras o los diálogos para que su personaje fuera más fiel a la realidad; lo mismo sucedió con Augusto Brítez, quien encarna a Peralta. Hijo de formoseños, se había criado con inmigrantes paraguayos. Esa experiencia le permitió reformular y mejorar a su personaje, además, claro, de ser un grandísimo actor.</p>
<p>En <em>El otro lado</em> sucede lo mismo gracias a la capacidad de escuchar de Polosecki en las entrevistas. “Yo como entrevistador soy como una especie de monosilábico balbuceante que a veces ni siquiera termina de hacer una pregunta, simplemente trata de mantener un canal de comunicación para que sea el otro el que hable”, explicó en aquella conferencia en Rosario. “Comunicarse es sentarse a hablar con el corazón en la mano”, sintetizó en una entrevista.</p>
<p><strong>Lo que asusta del otro</strong></p>
<p>Cuando el elenco se estaba conformando, Bruno Stagnaro eligió una escena para probar a los actores que se postularon para hacer de Ricardo. El diálogo no formaba parte del guión original. Es el momento donde Ricardo va a buscar al Pollo a Dock Sud. Cuentan Dante Mastropierro y Bruno Stagnaro que uno de los actores terminó llorando al finalizar la escena. No quedó, claro.</p>
<p>El Ricardo que ingresa al departamento del Negro Pablo y su banda no es el mismo que termina la serie. Un viaje iniciático se suele llamar a este tipo de experiencias en la literatura. Un personaje arranca la historia siendo una persona y sale de la misma siendo otra diferente. En el caso de Ricardo, su cambio estuvo ligado a acercarse al Negro Pablo. No en el sentido amistoso,  sino transformarse un poco en él. “Dejar de ser un pancho”, como le grita Miguel en otro capítulo.</p>
<p>En su búsqueda personal, plagada de errores, Ricardo prueba diferentes modos de vida. Se cruza con albañiles e intenta ir a trabajar a la obra. Se junta con el Pollo, Chiqui y Walter y quiere ir a comprar droga a la zona sur. Al encontrarse con Miguel, busca convertirse en criminal. Siempre mantiene una pata en su vida rutinaria, es cierto. Es un ir y venir entre la marginalidad desconocida y la vida acomodada de la clase media. Es un meterse en la piel del otro para volver a ser uno mismo.</p>
<p>Polosecki lo sintetiza mejor. A pesar de haber terminado con su vida cuatro años antes del estreno de <em>Okupas</em> muchas de sus frases la describen a la perfección. “Hasta de un criminal llevamos algo. No somos totalmente distintas las personas. Vivimos las pasiones de forma distinta. Lo que asusta del otro es lo que uno tiene de él”.</p>
<p><img src="https://perio.unlp.edu.ar/wp-content/uploads/2020/06/Polo-en-su-programa-de-ATC.jpg" alt="Visitando el otro lado: homenaje a Fabián Polosecki en El Mes del Periodismo - Facultad de Periodismo y Comunicación Social - UNLP" /></p>
<p><strong>Silencio</strong></p>
<p>“El silencio es la palabra más linda que existe. El silencio… Él nos dijo todo. Así que hagamos silencio. Esa energía que van a poner aplaudiendo, vayan… y planten un árbol”. La frase pertenece al bailarín Jorge Donn. La dijo en el Programa <em>Cordialmente</em> de Juan Carlos Mareco en 1985, luego de que El Polaco Goyeneche cantara el tango “Naranjo en flor”<em>.</em></p>
<p>El silencio es un tabú en televisión. El silencio en la pantalla da miedo. Siempre debe haber algún sonido, aunque sea una cortina. Sin embargo, el silencio es uno de los protagonistas que cruza toda la obra de Polosecki. En sus entrevistas hay tres personajes: Polo, el entrevistado o la entrevistada y el silencio de fondo. La ausencia de ruidos le permite a quién habla tomarse el tiempo para contar. Para decir.</p>
<p>También está presente en <em>Okupas</em>. Largos viajes en tren. Caminatas que no acaban. El Chiqui y sus comentarios sobre el flipper, los huevos Kinder o los panaderos. El personaje de Franco Tirri logra adueñarse del silencio. Lo mismo hace Diego Alonso interpretando al Pollo. Incorpora el silencio en sus diálogos para decir con la mirada o un gesto.</p>
<p>Ambos programas tomaron temas y formas de contar que no estaban presentes en la televisión argentina. Suplieron el bajo presupuesto de sus producciones con buenas ideas. En tiempos de privatizaciones masivas, los dos salieron por la televisión abierta y pública.</p>
<p>Hoy que <em>Okupas </em>volvió a nuestras vidas, aunque muchas y muchos dirán que nunca se fue, gracias a la remasterización llevada adelante por Stagnaro, retornan los paisajes, el lenguaje y los personajes que vivían aquella Argentina al borde del abismo. No estaría mal hacer el mismo trabajo con las producciones de Polosecki. No solo por las temáticas que trata o las personas que transitan los capítulos, sino para recordar que el buen periodismo necesita más de silencios que de gritos y que las producciones televisivas no tienes que ser necesariamente estériles. Todo lo contrario, pueden hacerse con el corazón en la mano. Buscando los pocos panaderos que vuelan por la ciudad.</p>
<p><strong>También podés leer.</strong></p>
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="3qvMC1JsQ3"><p><a href="https://www.marcha.org.ar/entrevista-con-bruno-stagnaro-a-20-anos-de-okupas-la-serie-es-un-viaje-hacia-al-afecto-independientemente-de-toda-la-oscuridad-que-rodea-ese-viaje/">Entrevista con Bruno Stagnaro a 20 años de Okupas: “La serie es un viaje hacia al afecto, independientemente de toda la oscuridad que rodea ese viaje”</a></p></blockquote>
<p><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" title="&#8220;Entrevista con Bruno Stagnaro a 20 años de Okupas: “La serie es un viaje hacia al afecto, independientemente de toda la oscuridad que rodea ese viaje”&#8221; &#8212; Marcha" src="https://www.marcha.org.ar/entrevista-con-bruno-stagnaro-a-20-anos-de-okupas-la-serie-es-un-viaje-hacia-al-afecto-independientemente-de-toda-la-oscuridad-que-rodea-ese-viaje/embed/#?secret=XeExvnwyUw#?secret=3qvMC1JsQ3" data-secret="3qvMC1JsQ3" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe></p>
<p><strong>Y si querés ver la serie </strong></p>
<p><iframe loading="lazy" title="Taxi - El Otro Lado, 1994 - Fabián Polosecki" width="854" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/vESgsCbdOy0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/okupas-y-polosecki-el-otro-lado-de-los-anos-menemistas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Stud Free Pub, una buena historia</title>
		<link>https://marcha.org.ar/stud-free-pub-una-buena-historia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Feb 2021 04:26:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine, TV y Streaming]]></category>
		<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Charly Garcia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Los Redondos]]></category>
		<category><![CDATA[luca prodan]]></category>
		<category><![CDATA[Rock Argentino]]></category>
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					<description><![CDATA[. A través de testimonios de los músicos que pasaron por el mítico bar porteño de la década los 80, material de archivo y los recuerdos de los que fueran sus tres dueños, el documental reconstruye el paisaje de la escena del Rock Nacional post dictadura]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>E<em>sta noche, a las 22hs, se podrá ver Stud Free Pub, una buena historia. A través de testimonios de los músicos que pasaron por el mítico bar porteño de la década los 80, material de archivo y los recuerdos de los que fueran sus tres dueños, el documental reconstruye el paisaje de la escena del Rock Nacional post dictadura. Se podrá ver de manera gratuita por la plataforma.</em><em> <a href="http://www.comunidadcinefila.org">www.comunidadcinefila.org </a></em></p>
<h4>Por Juan Stanisci</h4>
<h3><strong>El túnel del tiempo</strong></h3>
<p>Hagamos un doble viaje. Recorramos de manera ascendente la Avenida Libertador. Mientras la altura va subiendo, retrocedamos en el tiempo. Nuestro destino es Avenida del Libertador 5665 y el año 1982. Cuando atravesemos el túnel que está llegando a la calle La Pampa, en vez de grandes edificios, nos vamos a encontrar con los vestigios de una vieja villa, algún descampado y varios <em>studs</em> donde descansan caballos de carrera.</p>
<p>Sobre el final de la dictadura militar, el Bajo Belgrano era un barrio diferente al que es hoy en día. Existían algunos edificios, pero todavía se mezclaban la clase alta con los antiguos habitantes de la villa barrida antes del Mundial 78, aquella donde naciera René Houseman. En uno de aquellos viejos <em>studs</em> para caballos, se abrió un bar. El <em>Stud Free Pub. </em>Mantuvieron la vieja estructura donde descansaban los equinos. Los <em>boxes</em> donde la gente se sentaba eran los antiguos lugares donde se ubicaban los caballos. La idea original era que fuera un bar para ir a tomar algo, pero en pocos años se convertiría en uno los principales lugares del rock y pop de la post dictadura.</p>
<p>Al principio tocaban algunas bandas chicas. Sonaban como música de fondo de las charlas. Las ofertas para poder tocar no eran muchas. Entre las bandas que se acercaban, había una que hacía sus primeras experiencias en la Ciudad de Buenos Aires: Patricio Rey y sus redonditos de ricota.</p>
<p>La guerra de Malvinas trajo involuntariamente un gran cambio en la escena de rock y pop porteña. Estaba prohibido pasar música en inglés en las radios. Rápidamente, esas bandas que estaban confinadas a algunos antros de la ciudad y los alrededores, empezaron a ser codiciadas por las discográficas. “Los productores venían con una red mediomundo para llevarse músicos”, recuerda en el documental Richard Coleman.</p>
<p>Los dueños del Stud, Carlos Del Río, Claudio Izsak y Raúl Romeo, entendieron el contexto. El bar dejó de ser un lugar para ir a tomar algo y se transformó en un espacio para ir a escuchar algo. La bola se empezó a correr. Los músicos se acercaban, les daban una prueba y si la banda gustaba les daban una fecha.</p>
<p>Un sábado la banda que tenía que tocar se cayó a último momento. Tres amigos estaban festejando en Núñez que la noche anterior habían dado su primer recital. Golpearon la puerta. Alguien les propuso ir a tocar en lugar de la banda que no podía. Se subieron al auto, juntaron los instrumentos y fueron al bar. Era el segundo recital de Soda Stereo. A los dueños del Stud les gustó la propuesta y les ofrecieron una fecha al mes siguiente. Cerati, Bossio y Alberti aceptaron. A su tercer show fue a verlos un representante de la discográfica CBS. Cuando bajaron del escenario les ofreció su primer contrato.</p>
<p>Así como Soda, por el Stud pasaron: Sumo, Viudas e Hijas de Roque Enroll, Charly García, Sueter, Los encargados, Fricción, Fito Páez, Miguel Mateos, David Lebón, Los enanitos verdes, Horacio Fontova, Claudia Puyó, Celeste Carballo, Madre Atómica (la formación de Vadalá, Morelli, Fontana y Epúmer), Melingo, Ruben Rada o Pippo Cipolatti. Y bandas que no quedaron en el recuerdo popular pero dieron origen a otras que sí: Los pillos y Cadillacs 57, se transformaron en Los Fabulosos Cadillacs; Camouflage estaba compuesta por varios integrantes que luego formarían Los Pericos; Clap se dividiría en La Zimbabwe y La Portuaria. También otras menos recordadas como Autobus, Metrópoli, Los Casanovas, Alphonso S’entrega, Besos de neón, Art Noveau o Trixie y los maníacos.</p>
<p>El <em>Stud Free Pub</em> lograba reunir rock, pop, <em>new wave</em> y los inicios del <em>punk</em>. Los jueves presentaban propuestas ligadas al teatro vanguardista. Los viernes era el lugar de los o las solistas. Los sábados estaban reservados para el plato fuerte del fin de semana. Los domingos para las bandas que recién comenzaban. Los músicos eran habitúes arriba de los escenarios o abajo. Todos coinciden en que no importaba quién tocara, iban igual.</p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/141092008_874371210018520_978267142990376640_n.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-52660" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/141092008_874371210018520_978267142990376640_n.jpg" alt="" width="382" height="764" /></a></p>
<h3><strong>Lo artesanal</strong></h3>
<p>El calor es inaguantable pero Pippo Cipolatti y Melingo lo soportan. Están recreando la serie “El túnel del tiempo”. Detrás de ellos hay un gran espiral que hacen girar antes de cada canción. Delante un celofán que, según adonde apuntan las luces, los deja ver o no. Al frente del celofán Hilda Lizarazu junto con otros músicos interpretan a los personajes de la serie mientras acompañan al dúo.</p>
<p>Las bandas buscaban darle su estilo al escenario. Cada una, con lo que tenían a mano, decoraban las paredes o el techo. Como Cipolatti y Melingo, Coleman tomó prestada una red de pescador de la habitación de su novia y la colgaron para darle un tono <em>dark. </em>Otra banda agarró los televisores de sus casas para ponerlos en la pared. De manera artesanal decoraban el escenario y promocionaban los recitales.</p>
<p>A finales del 83, con la salida de la dictadura y la llegada de la primavera alfonsinista, las calles de Buenos Aires se llenaron de afiches y <em>graffitis</em>. Los hacían y pegaban los músicos. Sobre una hoja en blanco iban pegando papeles con dibujos, el nombre de la banda y la fecha y hora del concierto. Después los fotocopiaban y repartían por las paredes o los postes de la ciudad. A Juanchi Baleiron, por entonces integrante de Camouflage, le dijeron que un adhesivo efectivo y económico era la soda cáustica. La desparramaban sobre el afiche y luego usaban las manos para distribuirla. Baleiron se quemó los dedos y terminó tocando al fin de semana siguiente con la mano vendada.</p>
<p>Muchas bandas estaban integradas por laburantes. Ni los dueños del Stud ni los músicos imaginaban un futuro con estadios llenos. Tito Fargo, guitarrista de los Redondos, repartía pan. Usaba la camioneta del reparto para transportar los instrumentos. A veces también subía a los integrantes de la <em>Hurlingham Reggae Band</em>. Quienes luego formarían Sumo, le comían todo el pan en el trayecto. Los integrantes de Autobus, también cargaban los instrumentos en la camioneta con la que trabajaban. Al llegar al Stud se sacaban los mamelucos y se vestían para tocar. Al terminar, volvían a cambiarse, se subían a la camioneta y enfilaban hacia Moreno para seguir laburando.</p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-52659" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n.jpg" alt="" width="321" height="401" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n.jpg 1440w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n-328x410.jpg 328w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n-819x1024.jpg 819w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n-1228x1536.jpg 1228w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/142348668_1091393061365074_5964592353357620017_n-640x800.jpg 640w" sizes="(max-width: 321px) 100vw, 321px" /></a></p>
<h3><strong>Un pedazo de historia</strong></h3>
<p>“¡Las Malvinas son italianas!”, gritaba Luca Prodan. En el público no sabían si reírse del pelado ese con un colador para fideos en la cabeza o si tirarle algo. Todavía estaba fresca la guerra. Para la visión de Luca del mundo, nada estaba exento de ser tomado para la joda.</p>
<p>El escenario del Stud fue testigo de los primeros recitales de Sumo. En los camarines también se dio la primera entrevista televisiva de la banda. Tom Lupo convenció a los productores del programa que conducía para llevar unas cámaras y entrevistar al grupo. El primero en aparecer en la entrevista es Roberto Petinatto. El saxofonista devenido en conductor televisivo no quería hablar. Su respuesta a la pregunta del conductor fue un zumbido. El segundo fue Ricardo Mollo. El guitarrista se había sumado poco tiempo antes a la banda. Si bien era del mismo barrio que varios integrantes, se terminó sumando por ir a verlos al Stud. Cuando Lupo le pregunta su nombre responde Alberto Troglio. Daffunchio también se cambia el nombre: “Ricardo Mollo”, responde. Finalmente aparece Luca con una peluca negra. Cuando se la quita, Lupo presenta “la brillante cabeza” del cantante. El conductor quería describir la calva del cantante, pero sin darse cuenta dio una gran descripción de la inteligencia de Luca.</p>
<p>Fricción tenía diez canciones compuestas y pocos ensayos encima. Una tarde Fernando Samalea llegó con una propuesta: había conseguido un lugar para tocar. Richard Coleman le dijo que estaba loco, que no tenían repertorio para poder tocar. Decidieron hacerlo igual. En la búsqueda por ampliar el repertorio, Coleman recordó una canción de David Bowie. Había traducido <em>Heroes</em> para seducir a una compañera de colegio. Le dio el disco y una hoja con la letra traducida. La chica le devolvió el disco y la letra. Preparando el recital en el Stud, Coleman buscó la hoja con la traducción. Le mostró a Cerati y a Christian Basso los tres acordes de la canción y se largaron a ensayarla. Una noche de 1985 la cantó en castellano por primera vez en su carrera. Más de tres décadas después la sigue tocando en sus recitales.</p>
<p>Además de obras de teatro y recitales, en el Stud se organizaban fiestas o casamientos. Uno de esos eventos permitió tener imágenes que serían clave para el documental: el casamiento de Pipo Lernoud. Uno de los pioneros del rock nacional festejó su casamiento en el <em>Stud Free Pub</em>. “En esa época se usaba casarse vía Paraguay”, recuerda en el documental. Se trataba de firmarles un poder a dos personas que, a nombre de otras dos que se quedaban en Buenos Aires, firmaban los papeles del casamiento en Paraguay. Los festejos le permitieron tachar dos figuritas difíciles que le faltaban al Stud: Spinetta y Miguel Abuelo. En las filmaciones de la fiesta se puede ver al Flaco dedicarle unas palabras como un presentador de televisión a los novios, a Charly García bailando como Mick Jagger, cantando con Nito Mestre en una reunión improvisada de Sui Generis o a Miguel Abuelo leyéndoles un poema a Pipo Lernoud y su esposa.</p>
<p>Michel Peyronel había dejado Riff para irse a tocar a España. Pappo llegó al Stud buscando un baterista que lo reemplace. “Estábamos tocando y lo vimos a Pappo con una Gibson SG”, cuenta Jota Morelli, ex baterista de Madre Atómica. Pappo se acercó al escenario y le preguntó a la banda si podía zapar con ellos. Difícil decirle que no al Carpo. Terminaron de tocar un blues y Pappo le dijo a Morelli. “¿Pibe querés tocar en Riff?”. Morelli dudó. “Pibe si no me decís que sí te cago a trompadas”. Pocos días después los medios especializados en rock anunciaban el nuevo baterista de Riff: Jota Morelli.</p>
<h3><strong>“Sin el Stud, capaz el rock era otra cosa”</strong></h3>
<p>Damián Originario es el único que se animó a soñar con un documental sobre el <em>Stud Free Pub</em>. A los 18 años empezó a trabajar con Claudio Izsak, uno de los tres dueños del Stud. Años más tarde fue testigo de la primera reunión en décadas de los tres socios y se le prendió una idea. Había que recordar al Stud.</p>
<p>Primero pensó en un recital. Fueron al Konex a llevar la propuesta. Al salir entendieron que era imposible juntar a Soda Stereo, Los Redondos o los integrantes de Sumo. Entonces se le ocurrió un segundo plan. Llamó a Ariel El Topo Raiman, baterista de Los Pericos y director de cine. Le propuso filmar un documental. El Topo le dijo que estaba loco. Lo mismo opinaban los tres ex socios.</p>
<p>Damián se encargó de contactar a los músicos. Empezó por Clap. “Cuando mencionaba al Stud, al menos se daban vuelta para saber de qué iba la mano”, me cuenta Damián. “Cuando llego a Charly, al Indio, a Zeta (Bossio) dije ‘para para’, acá hay un material importante.”</p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/143096195_458334191863191_3222607585449470780_n.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-52658" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2021/02/143096195_458334191863191_3222607585449470780_n.jpg" alt="" width="400" height="331" /></a></p>
<p>“Con la película vi que el gran problema argentino es el archivo.” Así todo, en el documental se pueden ver fragmentos de recitales de: Sumo (con un tema inédito), Fricción o Clap; escuchar del mítico recital pirata de los Redondos; o asistir al ya mencionado casamiento de Lernoud. Originario no se quedó en lo fílmico. Fue al archivo gráfico. “Tuve que irme a los diarios, conseguir revistas Pelo, que hoy en día está <em>online </em>pero en ese momento no. Tuve que comerme tres años de la revista.” Querer evocar los recuerdos que le habían contado, llevo a Damián a vestirse de entrevistador, productor, periodista y hasta historiador.</p>
<p>“Capaz peco un poco de exagerado, pero para mí sin el Stud, capaz el rock era otra cosa”, es su respuesta cuando le pregunto que lo llevó a contar la historia del Stud. Exagerado o no, el objetivo está cumplido. Solo queda sentarse esta noche para ver <em>Stud Free Pub, una buena historia.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/stud-free-pub-una-buena-historia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Peronismo, chori y un santo negro. Cuando Muhammad Alí cruzó el Puente Alsina</title>
		<link>https://marcha.org.ar/peronismo-chori-y-un-santo-negro-cuando-muhammad-ali-cruzo-el-puente-alsina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jun 2020 11:00:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[CGT]]></category>
		<category><![CDATA[José Ignacio Rucci]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[Lanús]]></category>
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		<category><![CDATA[Lorenzo Spadone]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Muhammad Alí]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[UOM]]></category>
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					<description><![CDATA[A cuatro años de la partida de Muhammad Alí recordamos la noche en la que comió un asado en Lanús. A mediados de noviembre de 1971, el boxeador había llegado al país para una exhibición, contratado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9. Los anfitriones de esa noche fueron con José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>A cuatro años de la partida de Muhammad Alí recordamos la noche en la que comió un asado en Lanús. A mediados de noviembre de 1971, el boxeador había llegado al país para una exhibición, contratado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9. Los anfitriones de esa noche fueron con José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel.</em></p>



<p><em><strong>Por Juan Stanisci</strong></em></p>



<p>La multitud se tira encima del ex campeón mundial como una bandada de palomas sobre un pedazo de pan. Los tipos de seguridad arman un dique humano para subirlo al auto. El estadio de Atlanta ruge como el Madison Square Garden para acercarse al Hombre. Como si quisieran devorarlo. Guardarlo para siempre.</p>



<p>Argentina en 1971 es una soga apunto de cortarse, para formar dos nuevas sogas que quedarán colgando: una a la izquierda y la otra a la derecha. Esa tensión parece descargarse sobre Muhammad Alí mientras intentan sacarlo de la cancha donde acaba de ganarle a Miguel Ángel Páez. La organización vence a la locura del público sediento de un pedazo de Alí y logran meterlo en el vehículo.</p>



<p>En el auto que acaba de salir de la cancha van: un chofer, el ex campeón del mundo, un traductor y un delegado de la Unión Obrera Metalúrgica, elegido a dedo por Lorenzo Miguel y aprobado por José Ignacio Rucci y Lorenzo Spadone. El auto encara para el sudeste, no para el Alvear Palace donde se hospeda Alí. El boxeador está a punto de entrar a la Argentina. La de verdad.</p>



<p>El silencio se rompe por el sonido de un encendedor al que le dan mecha. <em>Alí mira para el lugar de donde viene el sonido.&nbsp;</em><em>“Excuse me, Do you</em><em> have a cigarette?”</em>,pregunta el ex campeón mundial. El Hombre de la UOM mira al intérprete. “Si le das un cigarrillo” traduce. Vuelve a sacar el paquete de la campera, lo golpea contra la palma izquierda de su mano y le alcanza el atado con un pucho que asoma hasta la altura del filtro. Alí lo agarra. El Hombre de la UOM retira el paquete para ofrecerle fuego.</p>



<p>El paisaje cambia sutilmente. De la Avenida Corrientes al cinco mil a Medrano no hay mucha diferencia. Edificios, árboles y muchos autos. Las calles se van pelando de vehículos a medida que avanzan directo al riachuelo por la avenida que ya no es Medrano sino Castro Barro. Sigue siendo clase media. La ventana atrae a Muhammad Alí cuando ya están cruzando Pompeya. El chófer habla con el hombre de la UOM. Alí presiente que están hablando de él. “Grandote el grone”, suelta el chofer. “¿Cómo grone pedazo de animal? Decí que no te entiende, sino seguro que te baja todos los dientes”, advierte el sindicalista. El boxeador mira por la ventanilla la noche de Pompeya,&nbsp;<em>“looks like home”</em>, dice. Como si alguien fuera a entenderlo.</p>



<p>Cruzan el Puente Alsina. “Bienvenido a la Argentina, papito” le avisa el chofer. Alí sale del paisaje y se tira para adelante en el asiento: “<em>What did you say</em>?” pregunta clavando la vista en el espejo retrovisor. Todos callan. El silencio sería total de no ser por la respiración de Alí. El sindicalista rompe la ausencia de sonido: “dale pelotudo, traducí”. El intérprete parece salir del grogi y traduce para el boxeador. Alí se sonroja. No esperaba una bienvenida. Está acostumbrado a que los hombres blancos se burlen de él, sin importar quién sea.</p>



<p>“<em>This really looks like home</em>”, repite el peso pesado. El sindicalista vuelve a mirar al intérprete: “¿Qué dice, che? Dale traducilo así charlamos un rato”. El intérprete mira a Alí, esperando un gesto, no sabe si la frase fue un pensamiento en voz alta o algo para sacar tema. Muhammad asiente. O al menos eso parece. “Dice que parece su casa” explica. “Qué bueno que se sienta en casa, che. Decile que se llama Valentín Alsina”. El intérprete traduce. “Es un barrio obrero. Todo lo que vamos a atravesar a partir de ahora son barrios llenos de fábricas y gente trabajadora.” Alí escucha, después asiente y sonríe. “Y todos te conocen acá.” Cuando escucha la frase pasada al inglés, el boxeador levanta la cabeza. Mira al intérprete y luego al sindicalista. “<em>Really?</em>”. El sindicalista no espera la traducción: “Sí, de la pelea con Ringo. Aunque muchos ya te conocían de antes. Nos gusta mucho el boxeo.” Alí no necesita traducción. Ringo. El intérprete cuenta que uno de los motivos por los que Alí quería venir a la Argentina era por las cosas que se enteró después de la pelea con Bonavena. “Está contento de estar en un lugar donde no hay discriminación ni problemas raciales”. “Quédese tranquilo, Muhammad, acá somos todos compañeros”. El auto frena. Llegaron.</p>



<p>El lugar es una fábrica de virulanas en Lanús, propiedad del empresario peronista Lorenzo Spadone. En ella hay aproximadamente cien tipos que esperan la llegada del gran boxeador musulmán. Todos ligados en mayor o menor medida al sindicalismo. Hay dos que sobresalen: José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT, uno de los nexos de Perón en el país; el otro es Lorenzo Miguel, Secretario General de la UOM.</p>



<p>Los cuatro tipos bajan del auto. El sindicalista los guía. Entran a la fábrica. Normalmente a esa hora están trabajando, pero esa noche es especial y los empleados tuvieron franco. Si estuviera a oscuras, la sensación no sería la misma. Alí mira el tamaño del galpón y se lo imagina lleno de gente que corea su nombre. Negros musulmanes gritando por sus derechos. Casi choca contra una máquina. El sindicalista le dice que tenga cuidado, no vaya a ser cosa que se lesione justo ahí. El intérprete traduce. Todos ríen.</p>



<p>Llegan al quincho ubicado al fondo de la fábrica. El olor a carne asada los recibe como un abrazo. Cuando Alí cruza la puerta se le viene encima un aplauso cerrado. Son varios minutos así. Sonríe y agradece. No imaginaba que en un país perdido lo pudieran respetar tanto. Terminan los aplausos y empiezan a cantar una canción. Primero una mesa. Después otra. Al llegar al estribillo, todo el quincho canta como si el mundo dependiera de eso. Alí los relaciona con sus compañeros, por la forma de cantar casi desesperada pero alegre. “Es la marcha peronista”, le susurra en inglés el intérprete.</p>



<p>Lo llevan a la mesa que está en el medio. A medida que avanza lo palmean, le dan la mano, le sonríen; alguno lo abraza. Un tipo de bigote se pone de pie y le da la mano, es Rucci. Lorenzo Miguel hace lo mismo. Les sacan una foto. Alí sonríe. Su dentadura parece la de un actor de Hollywood, no la de un boxeador. Le hacen seña para que se siente. El intérprete tiene un lugar privilegiado. Es, sin duda, el hombre más envidiado del quincho.</p>



<p><em>“How do you call this?”</em>, pregunta Alí como un niño ante una comida nueva. “Chorizo”, contesta el intérprete.&nbsp;<em>“Is it made out of pork?”</em>. El intérprete tiene el lugar privilegiado, pero a la vez el más peligroso: la velada depende de sus respuestas. “Discúlpeme, José, pero Alí pregunta si el chori tiene chancho”. Rucci interrumpe su charla con Lorenzo Miguel y Carlos Spadone. Lo mira como si le hubiera hablado un perro. “Me parece que su religión no le permite comer cerdo”, intercede Spadone. “Decile que está hecho con lo que él quiera”. El intérprete se vuelve hacia Alí para decirle que coma tranquilo, que tuvieron en cuenta su religión para armar la cena. Alí sonríe y le entra al chori. Lo miran comer, vuelve a parecer un niño, pero ahora hambriento. El intérprete traduce, dice que las peleas lo dejan con mucha hambre, que lo disculpen si come medio a lo bruto. “Decile que no pasa nada, que coma tranquilo, que hay comida para un batallón”. Al intérprete no le parece la mejor metáfora para decirle a un tipo que casi va preso por negarse a ir a la guerra.</p>



<p>Alí se suelta a medida que los cortes de carne pasan. El intérprete también. Sabe qué traducir y a quién, sin necesidad de que Alí le indique. Se acerca Carlos Spadone con una estampita en la mano. La apoya al lado del plato. El boxeador deja los cubiertos, bebe un sorbo de vino y la agarra. Pasan varios segundos sin que deje de observarla. El intérprete espera que el empresario sepa lo que hace, sino el que la va a pasar mal es él. Muhammad Alí sé para de golpe y tira la silla. En el quincho se hace un silencio parecido al del auto. Si bien todos lo respetan, tienen temor a hacer algo que no le guste. Es como acariciar un tigre. Alí abraza a Spadone.&nbsp;<em>“I didn’t know you’ve got black saints”.</em>&nbsp;Dice que no sabía que tenemos santos negros. “Decile que es San Benito de Palermo.” Alí se emociona. Vuelve a abrazar y a agradecer. Dice que va a buscar sobre su vida, traduce el intérprete, que aunque sea musulmán lo va a llevar siempre con él.</p>



<p>“Spadone me lo vas a hacer llorar. Dale che, que acá estamos para celebrar. Cuchame una cosa, decile que le juego una pulseada.” El intérprete mira a Rucci, no sabe si esta borracho o si es boludo. Alí acepta. Corren los platos para hacer lugar. Se acerca el fotógrafo para tomar la instantánea que nunca en su vida pensó que iba a sacar: Muhammad Alí y José Ignacio Rucci jugando una pulseada. Se toman las manos. Alí pone cara de estar haciendo mucha fuerza, Rucci sonríe. El fotógrafo dispara. “Dale, che”, grita alguien desde una mesa. Alí deja que Rucci tome la iniciativa. El hombre fuerte de la CGT transpira para torcerle la mano al ex campeón del mundo. Logra inclinar la negra muñeca de Alí. Muhammad sonríe. Respira hondo. La mano de Rucci toca la madera. El quincho se une en un aplauso cerrado.</p>



<p>“Estamos armando un sindicato de boxeadores”, le cuenta Rucci a Alí. El intérprete traduce. Alí se emociona&nbsp;<em>“that doesn’t exist in any part of the world”.&nbsp;</em>Dice que eso no existe en ningún lugar del mundo. “Como el peronismo”, remata Rucci sonriendo.</p>



<p>Le cuentan sobre el posible retorno de Perón. Sobre los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción. Alí escucha concentrado sobre la resistencia peronista. Sonríe cuando le cuentan que una de las formas de llamar a los peronistas es “cabecitas negras”.&nbsp;<em>“I’m a black head”</em>, dice y muestra los dientes blancos. Todos celebran la ocurrencia y vuelven a cantar la marcha. Lorenzo Miguel le explica que ahora están en dictadura. El intérprete traduce que en su país nadie habla de eso, pero que en cambio cuentan que Perón era un dictador. “Yanquis hijos de puta”, se le escapa a Spadone.&nbsp;<em>“What did he say?”</em>, pregunta Alí. Que los blancos estadounidenses oprimen a los negros y latinoamericanos por igual, le responde el intérprete ya canchero en su función.</p>



<p>Los pocos privilegiados que quedan se llevan servilletas con la firma de Alí. El boxeador dice emocionado que espera volver pronto y poder conocer a ese tal Perón. “Él espera lo mismo”, contesta Rucci.</p>



<p>Rucci, Lorenzo Miguel, Carlos y Lorenzo Spadone acompañan hasta la puerta al boxeador, el intérprete, el sindicalista y el chofer. Se despiden como grandes amigos. Cuando el auto arranca, Rucci aplasta aplasta una colilla y dice: “piola el negrito, ojalá nos haga buena prensa”.</p>



<p>El auto atraviesa la Avenida Pavón con la misma libertad que Alí baila sobre el ring. Alí fuma y mira por la ventana. “Preguntale cómo la pasó” dice el sindicalista, otra vez sentado en el asiento de adelante. Dice que está muy agradecido, que no esperaba tanto afecto. “Así somos los argentinos, gente buena con los que son buenos que nosotros” responde el sindicalista.&nbsp;<em>“I hope i can come back soon and stay longer”.</em>&nbsp;“Dice que espera volver pronto y quedarse más tiempo”. “Contale que la próxima lo llevamos a Mar del Plata”.</p>



<p>Cruzan el puente Pueyrredón. La avenida 9 de Julio está desierta. El intérprete le cuenta a Muhammad Alí que en ese edificio que aparece en el medio de la avenida, Evita dio un discurso histórico. Rodean el Obelisco. Alí ya no mira por la ventana.&nbsp;<em>“It doesn’t feel like home anymore. It looks like any other big city in América”</em>&nbsp;dice el boxeador. “Dice que ya no se siente en casa, que parece cualquier ciudad grande yanqui”, traduce el intérprete, aunque ya nadie responde.</p>



<p>El auto frena en la entrada del Alvear Palace. “Ta luego, papito”, dice el chofer cuando baja Alí. El boxeador da la vuelta al auto. Le golpea la ventanilla. El chofer la baja y se dan la mano. Alí saluda al intérprete y le agradece. Se acerca al sindicalista y le estruja la mano. El sindicalista se sorprende ante lo insignificante de su mano cuando aprieta la del otro. Alí se aleja rumbo a la puerta, pero antes de entrar, frena.&nbsp;<em>“How is that thing that you say about Perón?”,</em>&nbsp;pregunta. El intérprete traduce sin entender. Mira al sindicalista esperando respuesta. El hombre piensa. “Ah, ya sé, ¡Viva Perón!”. El boxeador sonríe.&nbsp;<em>“¡Viva Perón!”,</em>&nbsp;grita en un pésimo castellano Muhammad Alí, ante el espanto de una pareja que entraba al hotel de la mano.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/peronismo-chori-y-un-santo-negro-cuando-muhammad-ali-cruzo-el-puente-alsina/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Mike es la cultura</title>
		<link>https://marcha.org.ar/mike-es-la-cultura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 May 2020 22:43:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Barak Obama]]></category>
		<category><![CDATA[Chicago Bulls]]></category>
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		<category><![CDATA[Indio Solari]]></category>
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					<description><![CDATA[Jordan fue el mejor basquetbolista de la historia y también el mayor ícono de la cultura globalizada y de marcas en la post Guerra Fría. Era el embajador de la cultura estadounidense en el mundo. Dialogan en el texto Naomi Klein, Barack Obama y el Indio Solari. Por Juan Stanisci* &#8220;Mientras Michael se retira, en [...]]]></description>
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<p><em>Jordan fue el mejor basquetbolista de la historia y también el mayor ícono de la cultura globalizada y de marcas en la post Guerra Fría. Era el embajador de la cultura estadounidense en el mundo. Dialogan en el texto Naomi Klein, Barack Obama y el Indio Solari. </em></p>



<p><strong>Por Juan Stanisci</strong>*</p>



<p class="has-text-align-right">&#8220;<em>Mientras Michael se retira, en la cadena ESPN”</em></p>



<p class="has-text-align-right"><em>Carlos Solari – Nike es la cultura</em></p>



<p>A principios de la década de 1990 el orden geopolítico cambió. En solo dos años el mundo dividido en dos polos dejó de existir. En noviembre de 1989 la imagen del Muro de Berlín derrumbándose llegó a todos los televisores del planeta. Dos años más tarde, la inoperancia económica y fiscal de Gorbachov daba el golpe final de una URSS que ya acariciaba la lona hacía varios años. De esta manera Estados Unidos emergía como la única superpotencia mundial. La globalización crecía a pasos agigantados.&nbsp;<em>McDonald’s</em>,&nbsp;<em>Coca</em>&nbsp;<em>Cola</em>,&nbsp;<em>Nike</em>&nbsp;y otras decenas de empresas estadounidenses moldeaban un nuevo modo de vida de Buenos Aires a Hong Kong: las marcas como signo cultural.</p>



<p>En ese contexto un muchacho nacido en Carolina del Norte aparece como el mayor ícono del momento. Michael Jordan es entre finales de los 80 y principios de los 90 una referencia de su país en todo el mundo.</p>



<p>El número 23 de los&nbsp;<em>Chicago Bulls</em>&nbsp;fue la primera superestrella de la era Post Guerra Fría. Michael Jordan era un modelo a seguir dentro y fuera de las canchas. El basquetbolista batía todos los records, empezaba a llegar a cada rincón del mundo con la NBA y su cara estaba relacionada con las principales marcas de su país. Había roto los límites de los aros y las pelotas naranjas para transformarse en un pedazo de cultura. La cultura de las marcas en una sola persona.</p>



<p><strong>To beef or not to beef</strong></p>



<p><em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=b0AGiq9j_Ak">Be like Mike</a></em>. Se como Mike. La publicidad de Gatorade mezclaba imágenes espectaculares de Jordan encestando y jugando con niños y niñas. En una cancha de barrio un muchacho intentaba pasarse la pelota naranja por atrás de la espalda pero no podía. Segundos más tarde el propio Jordan se enredaba con la pelota y terminaba golpeándose la cabeza. No era tan difícil ser como Michael, solo tenías que tomar <em>Gatorade</em>.</p>



<p><em>Be like Mike</em>&nbsp;no era solo una publicidad de bebidas para deportistas, sino una premisa de un país entero. Michael Jordan representaba, en 1992, todo lo que estaba bien en los Estados Unidos: un deportista que no opina sobre política, que gana en su equipo y para su país, individualmente batía todos los records y para completar usaba&nbsp;<em>Nike</em>, comía en&nbsp;<em>McDonald’s</em>&nbsp;y cereales&nbsp;<em>Wheaties</em>, bebía&nbsp;<em>Gatorade</em>&nbsp;y usaba ropa interior&nbsp;<em>Hanes</em>. Michael Jordan no era solo un basquetbolista, sino una especie de caballo de troya moderno: junto a su número 23 y sus volcadas, venían montones de productos.</p>



<p>Naomi Klein en su libro No Logo, donde analiza el poder de las marcas, hace un interesante análisis sobre este fenómeno:</p>



<p>“La creación más moderna de las marcas es poner a la cultura anfitriona en un segundo plano y hacer que la marca sea la estrella. No se trata de patrocinar la cultura, sino de ser la cultura. ¿Y por qué no? Si las marcas no son productos sino ideas, actitudes, valores y experiencias, ¿por qué no pueden ser también cultura?”</p>



<p>En el caso de Jordan, ya no es un basquetbolista sino una marca en sí misma. Jordan es la cultura.</p>



<p>El ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama fue más explícito en el final de&nbsp;<em>The last dance</em>:</p>



<p>“Hay grandes jugadores que no tienen influencia fuera de su deporte. Y hay ciertas figuras deportivas que se vuelven una influencia cultural. Michael Jordan ayudó a crear una forma diferente de ver al atleta afroamericano, una forma diferente de ver los deportes como parte de la industria del entretenimiento. Se volvió un embajador extraordinario, no solo del básquetbol, sino de los Estados Unidos en el mundo y parte de la cultura estadounidense en el mundo. Michael Jordan y los Bulls cambiaron la cultura.”</p>



<p>Cómo canta Solari: “Mike es la cultura. Mike es tu cultura.”</p>



<p><strong>Había una vez… un Dream Team</strong></p>



<p>En 1992 se formó el famoso <em>Dream Team</em> de la selección de básquet estadounidense para los Juegos Olímpicos de Barcelona. Luego de la derrota ante la Unión Soviética en Seúl 88, que luego sería campeona en lo que fue su última participación, Estados Unidos decidió que el equipo este conformado por los mejores jugadores de la NBA, mientras que en los años anteriores los equipos se formaban con amateurs de las universidades. El <em>Dream Team</em> incluyó a: Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pippen, Charles Barkley, Karl Malone y Patrick Ewing. Ganaron los ocho partidos que disputaron. En la final contra Croacia tuvieron la peor diferencia: nada más que 32 puntos.</p>



<p>Menos de un año antes la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas llegaba a su fin. El contrapeso político de los Estados Unidos desaparecía y con él, el mundo polarizado. Estados Unidos quedaba establecido como el líder mundial. El <em>Dream Team </em>de Barcelona 92 ayudó a agrandar el mito de la grandeza estadounidense: un equipo de mega estrellas que llevaba un deporte de equipo a una superioridad pocas veces vista. Aquellos Juegos Olímpicos fueron la carta de presentación de la NBA hacia el mundo globalizado. Pero el equipo de los sueños no podría haber sido formado sin la presencia de Jordan. Cuando MJ dio el sí, ninguno de los otros jugadores pudo negarse.</p>



<p>Michael conquistaba la NBA y los Juegos Olímpicos. Las empresas de publicidad se peleaban por su figura. Y por si fuera poco, en tiempos donde <em>MTV</em> se desplegaba sobre el mapa como el mejor jugador de TEG, dos MJ se juntaban: Jordan y Jackson. Doce días antes del debut del <em>Dream Team</em> en Barcelona 92, se estrenaba el video de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JbHI1yI1Ndk">Jam</a>. En él se podía ver a Jackson bailando en una cancha de básquet abandonada. En el edificio de al lado Jordan jugaba a embocarle al aro. Con el correr de los minutos los MJ se encuentran, Jordan le enseña a encestar a Jackson y el músico intenta que el basquetbolista baile. Jackson era un abonado de <em>MTV</em> pero no podía jugar en la NBA. Jordan podía salir en <em>MTV</em>, ser la estrella de la NBA y ganar la medalla de oro.</p>



<p><strong>El tesoro de los inocentes</strong></p>



<p>La cama de Bugs Bunny rebota y rebota. Decide tomar cartas en el asunto e ir a ver qué pasa. Bugs hace un agujero que lo conduce a una cancha de básquet. Su aparición no es muy bien recibida por cuatro muchachos que andaban jugando. Lo agarran de sus largas orejas para hacerlo volar por toda la cancha, hasta terminar adentro de uno de los aros. Los cuatro bravucones ríen. “Esto significa guerra” dice el conejo con el índice en el aire. Bugs se pone unas zapatillas <em>hare Jordan</em> desafiando a los cuatro muchachos que lo habían revoleado. El cuarteto se burla de él, pero deja de hacerlo cuando aparece el hombre de las <em>air Jordan</em>. Michael hace una volcada, Bugs le cambia la pelota por un yunque a uno de los cuatro muchachos, cada uno con su estilo aportan para ganar el partido. El final de la publicidad de <em>Nike</em> termina con Bugs Bunny diciendo: “Esto puede ser el comienzo de una hermosa amistad.” <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Sc61UtYUgbs">La publicidad de <em>Nike</em></a> de 1992 fue la precuela de lo que luego sería una película de éxito mundial.</p>



<p>Los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>&nbsp;habían nacido en la década del 30, pero su explosión a nivel mundial se dio después de la Segunda Guerra Mundial. Son, junto a&nbsp;<em>Disney</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Hollywood</em>, una de las principales industrias culturales internas y de exportación de los Estados Unidos.</p>



<p>En 1995 Jordan volvía al básquet luego de una breve experiencia en el béisbol. Durante el verano de ese año en los estudios de la&nbsp;<em>Warner Bros</em>&nbsp;se instaló una cancha de básquet para que Jordan pudiera ponerse a punto jugando con los mejores jugadores de la NBA. Aquellos a quienes un grupo de minúsculos extraterrestres les robarían el talento en&nbsp;<em>Space Jam</em>.</p>



<p>La película sucede durante el retiro de Jordan y su paso por el béisbol. Durante su primer partido como beisbolista, luego de tres intentos fallidos de conectar un&nbsp;<em>home run</em>, una nave extraterrestre atraviesa el estadio. Bugs Bunny está escapando como siempre de Elmer Gruñón cuando la nave aterriza y la puerta se abre cayendo sobre la cabeza del pelado cazador. “Un pequeño paso para la Montaña Tontolandia” dicen unos pequeños extraterrestres de colores al bajar de la nave.</p>



<p>Los pigmeos interplanetarios quieren raptar a los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>, pero estos los desafían a un partido de básquet para salvar su libertad. Los extraterrestres aceptan y para ganar roban el talento de los mejores jugadores de la NBA, como se repite varias veces en la película. Frente a esta nueva circunstancia los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>&nbsp;deciden pedir ayuda a un viejo amigo de Bugs: Michael Jordan.</p>



<p>Michael llegaba a la tierra de los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>&nbsp;con el objetivo de evitar que fueran esclavizados: Bugs Bunny, El Pato Lucas, Porky, Silvestre, Tweety, El demonio de Tazmania, etcétera. Con todo lo que significa la idea de la libertad para la cultura estadounidense. Y con todo lo que significan los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>, Jordan debía salvar a una de las usinas culturales más importantes, pero sobre todo, a los niños y niñas. Su misión en el fondo era salvar la inocencia de los Estados Unidos.</p>



<p>Los pequeños extraterrestres devenidos en&nbsp;<em>Monstars</em>, un juego de palabras entre monstruos y estrella, y los&nbsp;<em>Looney Tunes</em>&nbsp;reforzados con Jordan disputaban El Juego del Siglo. A la mitad del partido, con los&nbsp;<em>Monstars</em>&nbsp;ganando, Stan Podolak, el hombre que debía encargarse de que a Michael no le falte nada como jugador de beisbol, descubre que los pequeños extraterrestres dejaron de serlo cuando le robaron el talento, sí a los mejores de la NBA. Entonces Jordan decide hacer una patriada mayor aún. No conforme con salvar a los Tunes y todo lo que eso conlleva, también decide salvar a la NBA. Apuesta con el líder de los extraterrestres, el dueño de Montaña Tontolandia, su propia libertad a cambio de, si ganaban, devolverles el talento a “sus amigos”. Vale la pena detenernos en esta estación.</p>



<p>En primer lugar, no hacía mucho tiempo que Jordan había sido acusado de ludópata. Se había llegado a decir que la muerte de su padre estaba relacionada con sus apuestas. En este sentido no es inocente que apueste. Pero ahora lo que está en juego no son grandes sumas de dinero, sino una acción totalmente noble de Michael: su libertad a cambio de la de los dibujos animados que hacen felices a las familias estadounidenses (y del mundo) y el talento de los jugadores de la NBA que también entretienen a esas mismas familias.</p>



<p>Por otro lado, lo que le tocaría al Dueño de Montaña Tontolandia en caso de que su equipo gane parece de otra época. La secuencia comienza con una estrella amarilla sobre un fondo rojo, el extraterrestre amenaza a Michael: le va a tocar firmar autógrafos todo el tiempo y jugar 21 con los clientes para siempre perder. La perdida de la libertad para los estadounidenses está asociada al comunismo. Lo mismo que la estrella amarilla sobre el fondo rojo.  Por ese carril va ese Jordan encadenado perdiendo contra rivales que necesitan ayuda para ganar. Todas estas ideas están ligadas a una forma de narrar en Hollywood que ya había caducado: la de la Guerra Fría. El ambiente dónde se desarrolla lo que piensa el dueño de Montaña Tontolandia es sórdido, monótono y carente de colores, todo esto estuvo durante años vinculado a la URSS desde los ojos, o mejor dicho las cámaras, estadounidenses. Y de la misma manera se puede leer el robo de talento por parte de los pequeños extraterrestres, una cuestión también abordada en distintas películas donde se presenta a un villano soviético intentando sustraer información tecnológica estadounidense para perfeccionarla. En este caso lo que es robado no es un elemento, sino el talento de sus basquetbolistas.  </p>



<p><em>Space Jam</em>&nbsp;fue una película de un éxito indudable, al tal punto que hoy en día, sus derechos fueron adquiridos por&nbsp;<em>Netflix</em>&nbsp;para poder transmitirla. Logró tener contenido como para entretener a los niños y niñas con los dibujos animados y a los adultos con las figuras de la NBA. Además contiene varios guiños programas de televisión estadounidenses de aquellos años: el actor que interpreta a Stan Podolak, era parte del elenco de una de las series más vistas de la década:&nbsp;<em>Seinfeld</em>; cuando los extraterrestres se infiltran en el estadio se sientan al lado de Patricia Heaton, actriz de “Todos quieren a Raymond” otra serie de gran éxito en su época, y de Dan Castellaneta, el encargado de ponerle voz a Homero Simpson.</p>



<p>Pero a la vez Space Jam es un perfecto artefacto publicitario. En la versión doblada al español no queda tan explícito, salvo por la cantidad de veces que las <em>Air Jordan</em> son tomadas en primer plano o el momento en el que el Pato Lucas se besa el logo de la <em>Warner Bros</em> que tiene estampado en la cola. Pero si vamos a la versión sin doblajes hay una escena que debe tener el record de publicidades metidas en una película. Michael Jordan está mirando la noticia de que algo estaba pasando con los jugadores de la NBA, al lado de la televisión hay un cartón de papas fritas de <em>McDonald’s.</em> Stan Podolak entra a la habitación para llevarlo a jugar al golf, en la versión doblada dice: “Deprisa Michael al parque. Alista todo no olvides nada. Si te portas bien pasaremos por una hamburguesa doble.” Pero si la escuchamos en inglés: “Vamos Michael, es hora del partido. Ponete tus <em>Hanes</em>, atate tus <em>Nikes</em>, agarra tus <em>Wheaties</em> y tu <em>Gatorade. </em>Compraremos un <em>BigMac</em> de camino al parque.” Casualidad, todas estas marcas patrocinaban a Jordan. Más adelante, durante el partido, uno de los <em>Monstars</em> hecha fuego por la boca quemando al Gallo Claudio. Cuando este es rostizado hace referencia, esto tampoco se ve en la versión doblada, a uno de los menús de KFC. Al final de la película, cuando Jordan lleva la pelota para devolver el talento a los jugadores de la NBA, Charles Barkley dice “oigan, son un asco.” A lo que Larry Johnson responde “sí, mi abuela puede jugar mejor que yo.” Johnson había grabado una publicidad para Converse en la que interpretaba a su abuela jugando al básquet.</p>



<p>El 15 de noviembre de 1996 todas las salas de cine de Estados Unidos y Canadá estrenaban Space Jam. Habían pasado cinco meses del campeonato ganado por los <em>Chicago Bulls</em>, el primero desde la vuelta de Jordan al básquet y el que abriría el segundo <em>threepeat</em>. Un mes después, el 25 de diciembre, aparecía en los cines en América Latina. En el resto del mundo se iría estrenando entre enero y febrero de 1997. De esta manera Jordan llegaba, ya no solo a los amantes del deporte a nivel mundial o a quienes veían MTV, sino a los niños y las niñas. Millones de familias en todo el mundo, vieron a MJ estirar su brazo desde la mitad de la cancha hasta el aro para ganar el partido. No importa qué idioma hablaras, que religión profesaras o cual sea la idea política de tu gobierno, Jordan estaba ahí. Como <em>Nike, McDonald’s </em>o <em>Gatorade</em>. En algunos casos, esas marcas se hacían conocidas gracias al número 23 de los Chicago Bulls. Que hacía tiempo había dejado de ser solo un basquetbolista para transformarse en un hecho cultural.</p>



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<p><a href="https://marcha.org.ar/mike-es-la-cultura/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El invierno sin Riquelme empezó un 11 de mayo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2020 10:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable. Por Juan Stanisci / Foto &#160;Bernardino Avila Cumplir años un domingo resuelve [...]]]></description>
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<p><em>Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable.</em></p>



<p><strong>Por Juan Stanisci / Foto &nbsp;Bernardino Avila</strong></p>



<p>Cumplir años un domingo resuelve muchas cosas. El problema es al día siguiente. Más que nada si ese día siguiente llueve. Y hace frío. Cumplir años es un hecho al que uno se va a acostumbrando. Lo que es imposible de tomar con naturalidad es que el día de tu cumpleaños sea el último de Riquelme con la camiseta de Boca.</p>



<p>El domingo 11 de mayo de 2014 amaneció nublado y amenazando. Se notaba que el invierno estaba cada vez más cerca. Lo que no sabía era qué tipo de invierno era el que se acercaba. No uno normal con viento, bajas temperaturas, calefactores prendidos y algunas lluvias. Ese no es tan grave. El invierno que se nos venía encima era el de Boca post Riquelme.</p>



<p>Por esos años vivía en Caseros. A 45 minutos de tren y 15 o 20 de colectivo de la Bombonera. Y eso es mucho para alguien que siempre duda antes de salir a la calle. Confieso no ser el mejor de los hinchas. Mucho menos que eso. Confieso no ser siquiera uno aceptable. Porque el hincha, el de verdad, no duda a la hora salir a la lluvia, al frío, a los viajes largos, a la hora de ver a su equipo. Yo siempre dudo. Pero esa tarde era diferente.</p>



<p><strong>Para verte gambetear</strong></p>



<p>A medida que las gotas caían por el cuadro del vidrio del San Martín, me llegaban imágenes del pasado. El 10 de noviembre en el que Román debutó contra Unión, mi viejo me había llevado a la cancha. En ese momento la distancia era de dos cuadras. Tenía 4 años. ¿Cómo puede ser que no me acuerde nada de esa tarde? ¿Habré aplaudido a Riquelme, gritado su nombre o estaría jugando con los autitos en una platea vacía? Algunos viajes mentales sirven para acordar distancias largas en tren. Mientras volaba hacia el inicio de todo, ya asomaba Retiro de fondo como el final del recorrido.</p>



<p>Llegué tarde como nunca a la Bombonera. No importa el partido, siempre trato de llegar por lo menos una hora antes a la cancha, cosa de elegir lugar. No tuve en cuenta que el posible último partido de Riquelme en Boca convocaría a mucha más gente. Tampoco los operativos que se realizaban por aquellos años: estaban destinados a terminar con la paciencia de los y las hinchas para que la policía pudiera mostrar la dureza de sus palos y la efectividad de sus golpes.</p>



<p>La fila daba la vuelta a la manzana. Caminé pero no encontré a nadie conocido. Y claro, faltaban menos de cuarenta minutos para el arranque del partido. Empecé a hacerme a la idea de que lo iba a ver por televisión. La fila avanzaba tan rápido como las gotas que caían sin ganas de una nube de domingo. Primero se escuchó la ovación de la gente con la salida del arquero. Después la voz del estadio que nombraba a los once muchachos que vivirían, algunos sin merecerlo, una noche histórica.</p>



<p>Llegamos despacito a Brandsen, la calle del ingreso. Todavía faltaban un embudo, un cacheo y dos controles para poder pisar el primer escalón. De la cancha llegaba el ruido de un partido que comenzaba. La gente se levantaba de las plateas, en la popular saltaban pechando a la lluvia y en los palcos hacían lo que hace la gente en los palcos. Nosotros y nosotras en la fila esperábamos que al policía de turno se le ocurriera dar la orden para que avanzáramos, mientras un tipo con la 10 en la espalda daba su última arenga antes de subir las escaleras que lo llevaran al patio de su casa.</p>



<p>“Dale que arranca, che.” A una cuadra del embudo policial, la paciencia de quienes queríamos entrar estaba al borde de romperse. De La Bombonera llegaban los cantos que indicaban que el equipo ya estaba en la cancha. Pero seguimos ahí, detenidos en el tiempo, el frío y la lluvia. A pesar de los esfuerzos de La Doce, se escuchaban con claridad dos gritos coordinados entre los privilegiados y las privilegiadas que ya habían entrado: “Riqueeelme, riqueeeelme”, “Ole le, ola la / Riquelme es de Boca / de Boca no se va”. Nos movíamos de a poco. Y en eso, de la cancha llegó un grito de gol. Gritamos por inercia, pero alguien dijo que no, que el partido seguía cero a cero.</p>



<p>Por fin la fila avanzaba. Parecíamos agua cayendo de una canilla mal cerrada. Llegaba el embudo. Nadie miró los carnets. El cacheo se pareció más a una caricia. Primer control. Éramos cientos que trotábamos hasta el segundo lugar dónde debíamos mostrar el carnet, pero no lo hicimos, para luego apoyarlo por última vez antes de empezar el trote de las escaleras a lo Rocky.</p>



<p><strong>El preludio del invierno</strong></p>



<p>Más de una vez me acalambré trotando en las escaleras de La Bombonera. Pero esa tarde transformada en noche no sentía las piernas.</p>



<p>El frío, la lluvia, las pocas horas dormidas, la fila, el viaje, valieron la pena cuando Román aguantó la pelota de espalda contra el marciano Ortiz, mientras el mediocampista de Lanús lo agarraba tratando de moverlo. El árbitro cobró <em>faul</em> y Román hizo algo que nunca había hecho. No sería la única acción realizada por primera vez en la Bombonera por Riquelme esa noche. Quizás eran los nervios. Los gigantes como él también deben sentir cosas en un partido así. Cuando el árbitro marcó la falta, Riquelme se agachó, agarró la pelota y se la ofreció al jugador de Lanús que lo había camiseteado. Como diciendo: “Tomá, ¿la querés? Es redonda, fijate”. Riquelme pudo tener muchas características, vender humo no es una de ellas.</p>



<p>Un millón doscientos mil cartelitos, banderas grandes y banderas chicas se mojaron aquella noche mientras presenciaban las últimas pinceladas de Román en el patio de su casa. No faltaron pisadas, amagues, gambetas, asistencias y hasta un caño sin tocar la pelota al Cali Izquierdoz. A cada jugada toda la cancha, menos La Doce, repetía: “Riquelme es de Boca, de Boca no se va.”</p>



<p>Román salió faltando pocos minutos. Un mimo de parte de Carlos Bianchi. Cuando terminó el partido, se vio otra imagen inédita de parte de su parte. Como sabiendo que ya no habría otro partido, que la todavía posible renovación del contrato iba a terminar en nada, se dedicó a recorrer la cancha revoleando la remera como un ventilador. Ni en las noches de campeonatos ganados, Román había hecho algo así.</p>



<p>Habían pasado casi dieciocho años. No debe haber muchos jugadores que debuten en primera con una ovación y se vayan de esa misma cancha 206 partidos después con la misma hinchada rendida a sus pies. La tarde de su debut contra Unión, Román mostró todo su repertorio. Jugó como si lo hubiera hecho desde hacía muchos años en primera. Habilitó al Negro Cáseres, la pisó, la guardó y llevó los hilos del partido. Durante todo el partido La Bombonera gritó su nombre. Cuando Riquelme debutó en la primera de Boca el 10 de noviembre de 1996, el dólar valía lo mismo que el peso, Boca tenía tres copas libertadores, Maradona era jugador profesional, hacía un día que Mike Tyson había mordido la oreja de Evander Holyfield y faltaban cinco días para el estreno mundial de <em>Space Jam</em>. Dieciocho años más tarde, ni Tyson, ni Maradona, ni Boca, ni Buggs Bunny, ni Jordan, ni el peso argentino eran los mismos, pero Riquelme volvió a ser figura del partido y a irse del estadio con su nombre tronando y retumbando contra las tribunas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Una bandera que diga Montoneros</title>
		<link>https://marcha.org.ar/una-bandera-que-diga-montoneros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2020 13:35:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[#24M]]></category>
		<category><![CDATA[24 de marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[montoneros]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Montoneros en las canchas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El 16 de mayo de 1976 dos banderas de Montoneros intentaron ser desplegadas en las tribunas del partido que disputaron Estudiantes de la Plata contra Huracán. Y una bala mató al hincha Gregorio Noya. La historia, en las líneas que siguen. </em></p>
<p><strong>Por Nadia Fink y Juan Stanisci </strong></p>
<p><em>“Se ha registrado un tiroteo entre elementos subversivos y personal policial en las inmediaciones del estadio de Estudiantes de La Plata. Se solicita a los  familiares de quienes hayan concurrido a presenciar el encuentro entre Estudiantes y Huracán, que se apersonen en 1 y 57, Ciudad de La Plata, con los documentos de identidad de quienes se encuentren dentro del estadio. Caso contrario el personal policial procederá a la demora o detención de quienes crea necesario”.</em></p>
<p>Cerca de las 20 hs del domingo 16 de mayo de 1976, más de una madre, un hermano, una novia o hijas e hijos se habrán asustado. “¿Sabés si Jorge fue a la cancha?”; “andá a preguntarle a Carlos si Pascual fue a ver a Huracán”; “Yo le dije que no fuera, que algún quilombo iba a haber, viste cómo está todo en la calle”. El partido había terminado hacía tres horas, pero el público todavía no podía salir. Se rumoreaba que podía haber problemas entre la barra de Huracán y Estudiantes. Hubo problemas. Pero no entre las barras.</p>
<p><strong>“Siga, siga” </strong></p>
<p>Huracán llegaba puntero en el grupo A del Metropolitano de 1976. Visitaba al Estudiantes de Bilardo, que el año anterior había terminado subcampeón del Nacional. Gregorio Noya, hincha de Huracán, tomó el tren Roca ese mismo día junto a su hijo, también llamado Gregorio, para ir hasta el estadio de 1 y 57. “Hoy vamos a la platea –le avisó a su hijo–. Así estamos más tranquilos,  por si llega a haber quilombo”.</p>
<p>Hacía cincuenta y tres días en todas las radios y en todos los televisores se había escuchado: “Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República”. Cincuenta y tres días de calles vacías y falcons verdes que surcaban la ciudad desparramando terror por todas las ochavas y esquinas.</p>
<p>Cincuenta y tres días de desapariciones y asesinatos. Dicen que para que las sociedades digan “siga siga” lo que no debe frenarse es el fútbol. Así fue como, en la noche del 24 de marzo de 1976, la selección Argentina jugó un amistoso contra Polonia. En el ámbito local, el Metropolitano del mismo año jugó la octava fecha en democracia y la novena en dictadura con solo una semana de diferencia.</p>
<p>No lo sabían Gregorio Noya ni su hijo. Tampoco la gran mayoría de los miles de hinchas que fueron a la cancha aquella tarde. Solo un puñado de hinchas de Huracán y otros pocos de Estudiantes estaban al tanto de que, durante el partido, se realizaría la primera manifestación contra la dictadura en un partido de fútbol. Hinchas de los dos clubes habían planeado desplegar banderas  alusivas a Montoneros durante el partido. Lo extraño fue que los de Huracán no estaban al tanto de los planes de los pincharatas, ni los de Estudiantes sabían lo que harían los hinchas del globito de Parque Patricios.</p>
<p>Lo cierto es que, por algún motivo, ambos grupos lo habían planeado en el entretiempo. Mientras fuera del estadio el grupo de Estudiantes de la Plata ataba los globos a la bandera, para que se elevaran; en la tribuna de Huracán un trapo se abría. Decía, en letras negras y mayúsculas, MONTONEROS.</p>
<p>“El objetivo era izar la bandera y retirarnos”, contó Alfredo Bergerot, hoy médico y ayer militante de la JUP en la ciudad de La Plata. La idea era aprovechar la localía de Estudiantes en ese partido. Le contó a la Comisión por la Memoria que “Surge la idea de usar la cancha por la concentración de gente que había y así hacer propaganda. Era una pancarta que decía Videla asesino. Montoneros. La idea era que subiera en el entretiempo del partido o en algún momento del partido, que subiera y así toda la gente, no se la cantidad de espectadores podía haber, la veía. Ese era el objetivo: subir la  bandera y retirarnos”. Alfredo no pudo ser parte del operativo por estar de viaje, pero eso no impidió que fuera detenido al día siguiente y así estar desaparecido por dos años.</p>
<p>La bandera saldría de atrás de la tribuna, atada con globos llenos de gas para que subiera. El problema fue que el trapo se enganchó entre los árboles. Pero, además, los disparos ya habían empezado a sonar unos minutos antes. Eran la reacción de las fuerzas de seguridad a la bandera que decía el nombre prohibido en la hinchada de Huracán: MONTONEROS.</p>
<p>Mientras los de Estudiantes intentaban desenganchar los globos trepados a los  árboleslos que hacían de campana vieron que algo raro pasaba. No atinaron a reaccionar cuando ya estaban llegando los patrulleros.</p>
<p><strong>En el diario no hablaban de ti </strong></p>
<p>La balacera empezó desde debajo de la tribuna. Las fuerzas desplegaron todo su arsenal represivo para que el mensaje no llegara. Gregorio Noya volvía del baño y se sentaba en la butaca para ver el segundo tiempo. “Me pegaron, que traigan una camilla”, alcanzó a decir antes de caer al suelo, puede leerse en el libro Muerte en la cancha, de Amilcar Romero, que reconstruye aquella tarde. La bala que tenía otro destino le había entrado por la espalda y atravesado el pulmón y la columna vertebral.</p>
<p>Los diarios hicieron su parte para desinformar. Aún lo hacen hoy, pero en épocas de dictaduras, lo sabemos, han sido todavía más funcionales. Tanto La Razón como Clarín hablan de tiroteo, disturbios y “un herido”, sin especificar el motivo por el cual Gregorio iba rumbo al hospital y sobreviviría 22 horas.</p>
<p>Clarín no hizo alusión a lo que provocó los “disturbios” y La Razón mencionó las demoras para salir del estadio (se instituyó que toda persona fuera cacheada y chequeados sus documentos antes de salir del predio) el centenar de demorados y menciona a la bandera como “de la organización declarada ilegal en último tiempo”. Una vez más, en algunas pupilas había quedado, a pesar de todo, el nombre en letras negras y mayúsculas: MONTONEROS.</p>
<p>Comisión Asesora de Antecedentes:“16 de mayo de 1976: <em>Fue detenido luego de un enfrentamiento con efectivos policiales luego de finalizar un partido de </em><em>fútbol en la cancha del Club Estudiantes de La Plata, lugar donde actuó como apoyo de</em><em> un grupo de Montoneros que procedió a desplegar en el interior del estadio</em><em> una bandera de la mencionada organización subversiva. Asimismo se tiene</em><em> conocimiento que el informado habría actuado en agitaciones </em><em>desarrolladas en el Centro de Estudiantes de Medicina de la UNLP”</em>. Los informes policiales de la época también mentían. Adolfo Vicente Bergerot no fue parte del grupo que intentó izar la bandera fuera del estadio. Sin embargo, fue detenido al día siguiente en la Facultad de Medicina de la UNLP y estuvo desaparecido dos años. Alguien tenía que caer.</p>
<p>Bergerot cuenta que les hicieron firmar las declaraciones después de estar cinco días presos y bajo tortura: “<em>Después de los interrogatorios me sacan, a mí y a otros compañeros, de a uno, y nos llevan, no lo vi, a una especie de oficina, donde yo escucho porque estaba vendado y atado, me toman una declaración policial y al final me la hacen firmar. Una declaración muy </em><em>armada. Parte de una inexactitud total el acta porque dice que yo participo del acto de la cancha de Estudiantes y a mí me detienen el día siguiente. No estuve en la cancha”.</em></p>
<p>Los diarios tampoco hablaron de la muerte de Gregorio Noya. Tampoco de Bergerot, su irregular detención y posterior desaparición. Claro que tampoco habían dicho nada sobre el secuestro y desaparición, doce días antes, el 4 de mayo de 1976, del escritor Haroldo Conti. Sí hablaron los diarios sobre el encuentro que Rafael Videla había tenido tres días antes con “destacadas personas de la cultura” entre quienes estaban Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato para poner sonrisas y mantos de piedad.</p>
<p>También  hablaron los diarios, un par de años después, del Mundial que en 1978 intentó ocultar bajo la alfombra las atrocidades de la dictadura. La copa quedó en casa, las calles se llenaron de festejos, Jorge Rafael Videla sonreía desde el palco. Mientras, los gritos y los cohetes artificiales tapaban los gritos de las personas torturadas en los centros de detención; ocultaban los ruidos de los motores de los aviones que realizaban los vuelos de la muerte. Gregorio Noya hijo dejaba de ir a la cancha por un buen tiempo y aún lloraba a su padre junto con su familia. Y un mensaje era inocultable, por más que lo hubieran querido silenciar para siempre: “Videla asesino. MONTONEROS”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/una-bandera-que-diga-montoneros/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La perdida de la identidad. Breve historia de la primera presidencia de Macri en Boca</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-perdida-de-la-identidad-breve-historia-de-la-primera-presidencia-de-macri-en-boca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Dec 2019 14:42:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Stanisci]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[A pocos días de las elecciones en Boca, repaso de los meses previos a las del 95. La llegada de Mauricio Macri al club, sus caprichos, sus promesas y sus negocios.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>A pocos días de las elecciones en Boca, repaso de los meses previos a las del 95. La llegada de Mauricio Macri al club, sus caprichos, sus promesas y sus negocios.</em></p>
<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Juan-Stanisci">Juan Stanisci</a></strong>*</p>
<p data-adtags-visited="true">Desde la segunda bandeja de la tribuna sur de la Bombonera una pintada sobrevive veinte años. Es una pared que ocupa todo un edificio ubicado a dos cuadras del estadio de Boca, por ese entonces llamado Camilo Cichero. La pintada enorme dice Macri 95’ y duraría hasta las elecciones del 2015 cuando sería reemplazada por un <em>banner</em> de Ameal – Pergolini.</p>
<p data-adtags-visited="true">Para entender la llegada de Macri a Boca es necesario retroceder al año 1984.</p>
<p data-adtags-visited="true">En 1984 Boca vivió la peor crisis institucional, económica y financiera de su historia. Éxodo masivo de jugadores, entre los que estuvieron Roberto Mouzo, Oscar Ruggeri, Ricardo Gareca, entre otros; un presidente llamado Corigliano que había sido el dueño de la empresa que prestó el dinero para que Boca pudiera comprar a Maradona y que tres años después, con él en el gobierno ejecutaba esa deuda que llevaba a Boca a la quiebra; la Bombonera a punto de ser rematada en septiembre de ese año; camisetas pintadas con aerosol en un partido jugado por juveniles a falta de los profesionales que estaban de paro. En este contexto emergen las figuras de Antonio Alegre y Carlos Heller, que en siete años acomodarían definitivamente las finanzas del club dejándolo libre de deudas.</p>
<p data-adtags-visited="true">En diciembre de 1994 Macri pide una reunión con Antonio Alegre, por entonces presidente de Boca. En la misma le plantea la idea de armar una lista única con él, Mauricio, como candidato a presidente. Su argumento era que el ciclo de Alegre y Heller estaba cumplido y que era necesaria una renovación. Como parte del acuerdo Macri le ofrecía a Alegre nombrarlo presidente honorario. Antonio Alegre se negó de manera rotunda al acuerdo. Carlos Heller recuerda a Macri en aquella reunión como “un niño caprichoso que consideraba que él tenía que ser presidente”. De esta manera quedaban armadas las dos listas: por un lado Mauricio Macri y Pedro Pompilio; por el otro Antonio Alegre y Carlos Heller.</p>
<p data-adtags-visited="true"><strong>La campaña del  95</strong></p>
<p data-adtags-visited="true">Los programas de televisión cambiaron mucho a lo largo de estos veinticuatro años. Ya no se ven las corbatas de colores estrambóticos, ni las tribunas plagadas de hinchas, ni el perfil acartonado de los conductores o panelistas. Macri lanza su campaña en el programa Tribuna Caliente conducido en aquel entonces por Antonio Carrizo, Julio Ricardo y Guillermo Nimo. Quiero detenerme en este reportaje.</p>
<p data-adtags-visited="true">En los veinte minutos que dura la entrevista Macri dice una verdad que luego borrara con el codo en todos sus mandatos como presidente del club de la rivera. Macri dice que desde el 91 Boca no tiene deudas, es decir que todo el relato posterior de que Macri sacó a Boca de la crisis económica es mentira. De la misma manera que años más tarde haría con su llegada a la presidencia de la nación, intentando construir el relato de la “pesada herencia”.</p>
<p data-adtags-visited="true"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-46758 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/12/hqdefault.jpg" alt="" width="480" height="360" /></p>
<p data-adtags-visited="true">En lo que no mintió Macri fue en su decisión de darle prioridad al “Boca fútbol” por sobre el “Boca social”. El entonces candidato a presidente Xeneize dice “Es evidente que Boca debido a las cosas que le pasaron y como se fue desarrollando, dejó paso al Boca fútbol y dejó de lado al Boca social, Boca hoy es un club de fútbol y la mayoría de los socios desarrollan sus actividades deportivas en otros clubes, la realidad es que hoy uno tiene que ocuparse primero del Boca fútbol y después preguntarle a los socios si quieren que se desarrolle la otra área.” “Boca merece un lustro, de ganar un campeonato todos los años”. A lo que entonces le repregunta Cherquis Bialo: Quienes puedan elegirlo a usted, sabrán que su prioridad es devolverle la identidad a Boca en el fútbol. “Absolutamente.” Es la respuesta de Macri. En esto cumplió, tras veinticuatro años, la vida social del club ha desaparecido. Pocos son los socios o socias que caminan los pasillos, toman un café en la confitería o realizan actividades dentro del Club.</p>
<p data-adtags-visited="true">Durante la campaña, Mauricio Macri prometió la llegada de Jorge Griffa a las inferiores. En aquella misma entrevista decía “Boca invirtió comprando jugadores, no dando prioridad a las inferiores”. Lo cierto es que, por tomar un caso, en la final de la Copa Libertadores del año 2000 solo dos jugadores surgidos de inferiores fueron titulares: Sebastián Battaglia y Rodolfo Arruabarrena.  Esto sería una constante de los gobiernos de Macri y sus sucesores, hablar de inferiores pero no darles lugar, salvo excepciones de jugadores que se imponían en sus posiciones.</p>
<p data-adtags-visited="true">El otro pilar de aquella campaña fue la alternancia. Mauricio Macri hablaba de un ciclo cumplido por parte de Alegre y Heller prometiendo lo siguiente: “Con la gente que me he comprometido, les he dicho que yo voy por tres años. Y bajo situaciones excepcionales seguiré tres años más. Creo que la renovación va a ser que la cosa cada vez, mejore más.” No solo se quedó doce años en la presidencia de Boca, sino que en su primer mandato reformó el estatuto para que la presidencia pasara de ser de tres años a cuatro.</p>
<p data-adtags-visited="true">Macri decía en su campaña que iba a llevar las actividades amateur a Casa Amarilla y ya estaba hecho, lo mismo con poner boleterías adicionales y construir un microestadio en casa amarilla. Varias de sus promesas como candidato, ya habían sido o estaban siendo llevadas a cabo por Alegre y Heller.</p>
<p data-adtags-visited="true"><strong>El primer mandato</strong></p>
<p data-adtags-visited="true">El 3 de diciembre de 1995 mientras Boca perdía 6 a 4 con Racing, Mauricio Macri era elegido presidente con más del 60% de los votos. Así recordaba Carlos Heller aquella elección: “no era una elección más, enfrentábamos a un grupo económico poderoso. Hoy creo que me quedé corto, a Macri lo apoyaron el Coti Nosiglia, Barrionuevo y Claudia Bello, toda una operatoria de políticos que movieron sus aparatos y nos jugaron en contra.” El hombre que durante toda su carrera como político, ya sea en el fútbol como a nivel ciudad o nación, llegaba anunciándose como la renovación o el cambio, había utilizado el aparato de la “vieja política” para poder llegar al poder. Como podemos ver, siempre se manejó igual. Quizás si Heller no lo hubiera subestimado por aquel entonces… Pero eso es otra historia.</p>
<p data-adtags-visited="true">Diez días más tarde asumía la presidencia. Las primeras medidas de Macri fueron: aumentar la cuota social un 25% (estamos hablando de un período donde hacía cuatro años no había inflación), reducir los salarios de empleados, empleadas y plantel profesional y recortar gastos en todas las actividades que no fueran fútbol y básquet. En esto último respetó sus promesas. También cumplió en la llegada de Griffa.</p>
<p data-adtags-visited="true"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-46759 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/12/0004424324-630x354.jpg" alt="" width="630" height="354" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/12/0004424324-630x354.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/12/0004424324.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/12/0004424324-640x360.jpg 640w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>
<p data-adtags-visited="true">“Maestro, pero usted no está muerto, expliquemé por favor se lo pido.” Le dice Maradona a Castrilli. “Pero estamos hablando como hombres, como seres humanos”. Sigue Diego. Ante el silencio de Castrilli, Navarro Montoya se acerca a Diego para sacarlo del lugar. “¡No te va a contestar!” le grita el arquero. “¿No me va a contestar? ¡Es un botón!” Le grita Maradona. Velez le ganaba 5 a 1 a Boca en el Amalfitani y el Xeneize tenía tres expulsados. Otra de las polémicas de la noche fue si en el primer gol de Vélez la pelota entró o no. Esa misma noche Macri fue de invitado al programa Fútbol de Primera, ícono de los noventa y dos mil, conducido por Macaya Márquez y Marcelo Araujo. En la grabación se puede ver un Macri indignado y amenazante: “El fútbol argentino gira alrededor de lo que Boca genera, entonces o acá nos damos cuenta o no va a haber plata para prender la luz, ni plata para pagar los referís, ni plata para nada. Porque el que llena la cancha es Boca y la gente de Boca se va a cansar, entonces yo tendría que proponerle hoy a la gente de Boca, que no vaya más de visitante (…) entonces vamos a ver qué pasa, se muere el fútbol argentino. Nosotros llenamos nuestra cancha y los demás que se mueran.” Macri estaba convencido, probablemente aún lo está, de que el que tiene el dinero es el que tiene razón. Por lo cual, si Boca movía la mayor cantidad de hinchas, entonces no podía ser perjudicado. El final de la frase es la desnaturalización total del juego, como si a la pelota se pudiera jugar solo, como si los otros y las otras no existieran. Al parecer la idea de eliminar al visitante no nació de un repollo.</p>
<p data-adtags-visited="true">En el año 96 Macri empezaba a hablar de la situación financiera que le habían legado Alegre y Heller. A pesar de haber formado parte de asambleas, Macri cambiaba su discurso para escudar sus políticas de ajuste dentro del club.</p>
<p data-adtags-visited="true">Luego vendría el cambio del estatuto donde la presidencia dejaría de ser por tres años para pasar a ser por cuatro. En el mismo año se remodelaron los palcos quitándole capacidad a las populares. El valor de la obra costó lo mismo que la construcción del Nuevo Gasómetro.</p>
<p data-adtags-visited="true">En 1997 creó un fondo de inversión para la compra de jugadores. La idea era que Boca pudiera incorporar sin pagar. Boca cotizaba a los jugadores, les pagaba primas, contratos, pero a la hora de vender compartía las ganancias con los aportantes. Seis años después se terminó esta “experiencia”, Boca tuvo que pagar el 50% de los jugadores adquiridos que no fueron vendidos y el 100% de Guillermo Barros Schelotto por no querer venderlo.</p>
<p data-adtags-visited="true">Los resultados no acompañaron a la presidencia de Macri hasta que Carlos Heller le acercó a Bianchi. En el año 1998 Mauricio Macri estaba decidido a traer como director técnico a Daniel Alberto Passarella, pero las gestiones del ex vicepresidente y el rechazo de los socios y las socias fueron más fuertes. De esta manera comenzaba la etapa con la que Macri abalaría toda su gestión. Al punto tal de recortar la historia de Boca, tanto en el museo como en la película estrenada en 2015, como si la misma hubiera comenzado en 1998.</p>
<p data-adtags-visited="true">Luego vinieron los éxitos futbolísticos y el uso de los mismos para avalar una administración basada en la perdida de la identidad, la corrupción y el negocio para unos pocos. Algo así como el prólogo de lo que vendría después en la carrera política de Macri.</p>
<blockquote>
<h4 data-adtags-visited="true">La foto de portada fue tomada por José Luís Cabezas en una nota que le hicieron a Macri en el año 95 para la revista Noticias.</h4>
</blockquote>
<p>*Nota publicada originalmente en <strong><a href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/2019/12/06/la-perdida-de-la-identidad-breve-historia-de-la-primera-presidencia-de-macri-en-boca/">Lástima a Nadie, Maestro</a></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-perdida-de-la-identidad-breve-historia-de-la-primera-presidencia-de-macri-en-boca/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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