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	<title>juan manuel santos &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>juan manuel santos &#8211; Marcha</title>
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		<title>Víctor Hugo entrevista a Timochenko: “Chávez fue determinante, fundamental para arrancar este proceso de paz”</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2016 04:53:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Uribe]]></category>
		<category><![CDATA[américa latina y el caribe]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista exclusiva de Víctor Hugo Morales a Timochenko, líder de las FARC-EP]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Por Víctor Hugo Morales &#8211; @VHMok</b></p>
<p>En una entrevista exclusiva, Víctor Hugo Morales conversó con Rodrigo Londoño, más conocido como Timochenko. El líder de las FARC-EP se refirió al proceso de paz y los desafíos que se abren en un nuevo escenario como movimiento político. El rol de Chávez y Fidel Castro y sus respectivas responsabilidades en el inicio de los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos, su participación en el escenario democrático de Colombia, disputas al interior de la organización y de cara a toda América Latina, algunas de las ideas estructuradoras de la charla.</p>
<p><b>-Don Rodrigo es un honor poder establecer este contacto. Me gustaría una primera evaluación de lo que ha ocurrido ayer en la entrega del premio Nobel, lo manifestado por Santos, el reconocimiento que ustedes también tuvieron de la academia, lo que allí se dijo, ¿qué sentimientos les disparó?</b></p>
<p>&#8211; Bueno hombre, inicialmente pues agradecer a la vicepresidenta del premio Nobel, la señora Berit Reis, el reconocimiento que hace en mi persona a nuestra organización, a las FARC-EP. Eso nos satisface. Y de todas maneras nosotros celebramos el premio, no al presidente como persona, sino en él a las millones de víctimas que han quedado a lo largo de este conflicto. Yo creo que ese reconocimiento a esas víctimas es válido y es un aliento para continuar con fuerza en lo que nos falta que es lo más importante.</p>
<p><b>&#8211; Ha sido muy ilustrativo de lo que se ha ido conociendo de la historia del acuerdo de paz, que las cosas hayan empezado por Chávez, a partir del pedido del propio presidente Santos. Esto creo que no ha trascendido demasiado y es muy interesante que lo desarrolle Rodrigo.</b></p>
<p>&#8211; Cuando ha habido la posibilidad, he hecho el reconocimiento de la persona del presidente Chávez. Siempre hemos dicho que fue determinante, que fue fundamental para arrancar este proceso, porque cuando estábamos comenzando, siempre deben recordar que fue asesinado el comandante nuestro Alfonso Cano, que fue con quien se iniciaron estos primeros contactos y que una situación de estas genera mucha desconfianza, genera muchas prevenciones y creo que así lo entendió el presidente Santos, frente al error que cometió y le pide al presidente Chávez que converse.</p>
<p>Yo tuve una larga conversación con él, que fue desde las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana, intercambiando alrededor de esto, del inicio del proceso pero fundamentalmente asegurándonos que iba a estar siempre al lado nuestro y lo primero que uno tiene que garantizar es la vida para poder darle continuidad a las cosas que se inician y él siempre nos garantizó que estaría ahí pendiente de nuestra seguridad y facilitando todos los movimientos que se hicieron en aquella etapa fueron con el esfuerzo del presidente Chávez. Él puso a disposición la logística, puso a disposición todo un equipo de hombres muy profesionales que siempre nos acompañaron en los distintos movimientos que hubo que hacer para las reuniones iniciales, para comenzar este proceso.</p>
<p><b>&#8211; Rodrigo, acceden ustedes a la democracia convencional, a la democracia de los partidos, cuando la misma tiene menos intensidad: cuando las corporaciones hacen abuso del dominio sobre esa democracia y pueden efectivamente -a través de potentes medios de comunicación- adulterar sus efectos. ¿En algún momento teme que pueda ser contradictorio este esfuerzo que ustedes hacen de ir hacia la democracia, cuando la democracia se aleja de lo que como valor tiene para mejorar la vida de los pueblos?</b></p>
<p>&#8211; Mire, primero que todo esto es una lucha y una lucha es porque hay contrarios. Nosotros somos muy optimistas, llevamos más de 50 años enfrentándonos al régimen que cerró las puertas de la democracia para la expresión del movimiento popular y pues se ha presentado esa oportunidad. Hemos logrado un acuerdo que de pronto no se ha valorado la potencialidad transformadora que implícitamente tiene ese acuerdo, en la media de que lo logremos implementar tal cual fue acordado. Ese es el reto que tenemos en este momento y frente al cual estamos llamando a todas las fuerzas de nuestro país que quieren la paz, pero también estamos llamando a la comunidad internacional que está interesada en la paz, a todos los movimientos populares, en especial de América Latina, a que nos acompañen en este reto que tenemos, que yo creo que a todos nos va a servir.</p>
<p><b>&#8211; ¿Qué diría su padre, tan influyente en su vida; y que dirá Timochenko que ha sido su vida la mayor parte del transcurso de la misma, frente a un fracaso, un rebote contra este afán democrático que ahora les anima en caso de observar desde adentro de la democracia -del juego de los votos y de los partidos políticos- es muy difícil acercarle felicidad a la gente más vulnerable?</b></p>
<p>&#8211; Esta lucha que hemos venido desarrollando durante tantos años, me ha enseñado muchas cosas. Y lo primero es ese sentir que debe tener uno como revolucionario de ser optimista. A lo largo de esta lucha hemos vivido momentos sumamente difíciles y complejos. Incluso en la misma historia de nuestra organización, en sus años iniciales por un error militar se perdió el 70% de los hombres y del armamento. Y de ese fracaso nos volvimos a parar y como toda lucha, es un flujo y un reflujo, y nosotros creemos que en este momento en Colombia estamos en un flujo de la lucha popular, de la lucha revolucionaria y estamos convencidos que el pueblo colombiano quiere la paz, y eso es lo más importante, eso es lo determinante. El pueblo colombiano está hastiado de la guerra, de las masacres, de la represión y mientras haya acompañamiento de las grandes masas y de las mayorías, mantendremos el optimismo Víctor Hugo.</p>
<p><b>&#8211; ¿Usted puede garantizar, don Rodrigo, que la guerrilla desaparece por lo menos entre quienes integraron las FARC? ¿No habrá disidentes en el futuro? Y si los hubiera, que situación tan contradictoria se plantearía para usted, ahora afincado en los valores de la democracia, aun si fuese de baja intensidad, teniendo que confrontar con quienes fueron sus compañeros y no obedecen este paso gigantesco que ustedes han dado hacia la paz.</b></p>
<p>-Lo primero que todo es que uno está seguro de lo que se ha hecho. El trabajo fundamental en la guerrilla es la formación ideológica y política de los hombres que la componen. Yo tengo confianza, mucha confianza en la gran mayoría. Claro, esto es una lucha ideológica y lo hemos sentido, hay un pequeño grupo que decidió abrirse, influenciado por toda esa cultura mafiosa que está inmersa en nuestra sociedad y a pesar de eso, sabemos que la gran mayoría de combatientes, de hombres y mujeres que integran las FARC nos están acompañando.</p>
<p>Y la lucha va a continuar, de seguro que va a haber gente que se cansará y van a haber deserciones, pero también nos va a llegar a las filas del nuevo movimiento político que surge de este proceso, sabemos que nos van a llegar miles y miles de colombianos a acompañarnos de los objetivos que nos hemos propuesto.</p>
<p><b>&#8211; Ustedes aportan a la vida política de Colombia un conocimiento del campo como quizá nadie lo tenga no solo en Colombia sino en América Latina. Ustedes han vivido en el campo, han estado cerca de las vicisitudes, de las injusticias, pero también de lo que se desaprovecha de la vida campesina, en Colombia como en otros sitios en función de los regímenes feudales que prosperan siempre en América Latina ¿Cree que ese puede ser su gran aporte al futuro en democracia de lo que fueron las FARC?</b></p>
<p>&#8211; Estamos convencidos que el acuerdo en la parte agraria que se logró, va a sentar las bases para una gran transformación del campo colombiano. Nosotros tenemos un potencial de más de 14 millones de hectáreas aptas para la agricultura, de las cuales solamente se están aprovechando 4. Tenemos una cultura campesina que debemos de rescatar e impedir que esa cultura mafiosa la destruya; y estamos siendo acompañados por el movimiento campesino en todas las zonas de Colombia. Eso a nosotros nos llena de optimismo y estamos convencidos de que iremos a lograr esos objetivos que nos propusimos inicialmente que es el de la soberanía alimentaria, porque en este momento el 50% de la comida se trae del exterior, debemos de ser autosuficientes y estamos convencidos, repito una vez más, que eso lo vamos a lograr.</p>
<p><b>&#8211; ¿En materia alimentaria Colombia fue alguna vez autosuficiente?</b></p>
<p>&#8211; Si, en los años 80. En los años 80 Colombia no necesitaba importar nada. Pero hoy en día con todas estas políticas de los agronegocios, de los monocultivos y el cultivo de la coca ha ido acabando esa posibilidad de autoalimentarnos. La concentración misma de la tierra latifundista, ese uso de la tierra… todo esto va sincronizado, porque el mismo acuerdo en la parte política nos permite entrar a abrir los cauces de la democracia real donde se tenga en cuenta la opinión de los campesinos, que sean los campesinos los que determinen si en una región se va a explotar o no se va a explotar la minería, cuales son los productos que mejor se dan allí, etcétera.</p>
<p><b>&#8211; Este es un discurso político, seguramente usted lo padece muchas veces escuchando la radio en el monte habrá oído expresiones que le hacían pensar lo equivocados que estaban en el análisis y en la visión que tenían. Ese discurso político ¿cuánto terreno puede ganar en usted Rodrigo, cuánto se prepara para enfrentar la vieja lucha con el nuevo discurso?</b></p>
<p>&#8211; Personalmente nunca me he creído que estaba equivocado. Nosotros hemos trazado una línea que ha sido elaborada colectivamente, hemos estado siempre a partir de analizar las realidades del país, y es a partir de esas realidades del país que determinamos el quehacer diario, el quehacer permanente. Entonces, estamos viviendo una nueva situación en Colombia, siempre buscamos la posibilidad de alcanzar la paz, esta vez se dieron elementos mínimos y lo hemos logrado, por lo menos hemos logrado el acuerdo, viene ahora lo duro: viene ahora su implementación y somos optimistas como lo hemos sido también en el desarrollo de la confrontación armada.</p>
<p><b>&#8211; ¿Que hará Rodrigo con la nostalgia que alguna vez vendrá del hombre que dormía sobre las ramas con un fusil gatillado como compañero de cama, frente a esta nueva etapa de su vida?</b></p>
<p>&#8211; El arma es un aditamento del cual uno no está enamorado. El arma, la utilizamos, la usamos en función de defender nuestras vidas pero nunca hemos sido enamorados de las armas. Para nosotros no es un fetiche el arma, y yo creo que en ese sentido no tendré nostalgia alguna. Estoy seguro que la gran mayoría de los combatientes tampoco la tendrán, creo que el poder vincularnos de manera abierta con las masas populares, de llevarle la orientación sin el temor de que lo asesinen esa es la mayor satisfacción que vamos a tener.</p>
<p><b>&#8211; Exige mucha convicción el nuevo lugar que ustedes ocupan, que será atacado desde la derecha y desde la izquierda. La derecha ya sabemos de qué manera, pero también la izquierda que entenderá como un retroceso -algunos por lo menos lo entenderán como un retroceso en la lucha que durante tantos años establecieron ustedes y en la cual creyeron-. ¿Están bien plantados Don Rodrigo para ese doble frente que tiene que confrontar?</b></p>
<p>&#8211; Sí, yo creo que esa es la lucha. Aquí lo importante es que esas contradicciones las limamos a través del debate, del debate franco, del debate sincero; de que no se siga utilizando la violencia como una herramienta para dirimir las contradicciones. Si logramos crear esas condiciones es una ganancia muy grande, y es el debate válido. Además, es en el debate colectivo donde se va encontrando la verdad y el camino. Y sí, sabemos que desde posiciones de extrema izquierda se hacen señalamientos que no tienen un basamento real, ni convencen mucho. De todas maneras, en todo proceso lo ha habido y este no va a ser la excepción.</p>
<p><b>&#8211; ¿Cómo ha sido la comparación del perfume de la selva con el perfume de la ciudad? Cómo ha sido para ustedes en lo humano el cambio?</b></p>
<p>&#8211; Pues sabes que si se siente. Uno, prácticamente 40 años, con dos o máximo tres mudas de ropa, con la casa encima. Y este cambio es bastante extraño. Eso si, se siente un poco de añoranza, no tanto de nostalgia. Pero claro, es un cambio profundo. Estamos inmersos en esta lucha donde uno como revolucionario está dispuesto a trabajar en el escenario que sigue. Además la idea es mantener este espíritu fundamentalmente colectivo que se crea durante tantos largos años de confrontación, donde se crean lazos internos sumamente fuertes, de amistad, de camaradería, donde estás poniendo la vida. Yo creo que todo eso debe darnos fuerzas para los retos que tenemos.</p>
<p><b>&#8211; ¿Cómo son los reportajes y las opiniones del periodismo colombiano, con respecto a ustedes? ¿Hay ataques persistentes o hay mucho deseo de comprender y escucharlos por encima de acusarlos?</b></p>
<p>&#8211; Si, de todas maneras, en el medio del desarrollo de la confrontación, el Estado colocó toda su capacidad mediática en función de la guerra. Y en función de esa guerra se trataba de estigmatizar a las fuerzas revolucionarias, como si eran monstruos que era necesario eliminarlos y había que sacarlos del medio. Eso ha cambiado un poco. Y es una de las cosas que nosotros estamos peleando. Si vamos a construir la paz, debemos elaborar una estrategia comunicacional para la paz. La guerra ya la hemos superado. Es un proceso que no se da de un día para el otro, pero hay avances importantes, comienzan a haber cambios en unos medios. Pero claro, se mantiene esa doctrina que incide en la formación de muchos periodistas importantes. Eso es parte de la batalla.</p>
<p><b>&#8211; El techo político que ustedes pueden aspirar de momento, ¿les permitiría llegar a qué representación de la vida política en el congreso en Colombia?</b></p>
<p>&#8211; Desde lo personal y de la dirección nuestra, estamos en este momento trabajando en la implementación de los acuerdos. Nosotros y en el caso particular mío, tenemos una responsabilidad muy grande hasta con el último y la última guerrillera, de ver sus condiciones, de que va a desarrollar la lucha, los proyectos productivos que vamos a desarrollar, la formación ideológica que no se puede parar. Tenemos un trabajo al interno bastante grande para ponernos a pensar si vamos a ir al congreso.</p>
<p>Hay una serie de fuerzas sociales que nos están acompañando. En este momento estamos integrando una figura que se llama la organización política, para que comience a crear las condiciones en nuestra formación como partido político. Y se va a crear con ciudadanos que no tengan ningún problema legal y para estos días creemos que tendrá mucho público. Además, le estamos haciendo un propuesta política al país, que es de un gobierno de transición. Nosotros creemos que en el año 2018 que se vienen las elecciones a la presidencia, queremos que haya un presidente que le dé continuidad a este proceso, que haya un presidente que garantice la paz, que asegure la implementación de los acuerdos. Es una idea que hemos lanzado a la opinión, a los movimientos políticos, a los movimientos sociales para garantizar que Colombia alcance la paz.</p>
<p><b>&#8211; Eso implicaría confrontar con Uribe, que no me parece que sea el mejor garante posible para los acuerdos de paz. Políticamente, ¿creen que lo tendrán como un adversario muy fervoroso?</b></p>
<p>&#8211; Si, a lo largo de este proceso se ha visto que hay un sector de la clase dirigente que no quiere apostar a la paz. Que han vivido de la guerra, viven de la guerra y quieren seguir viviendo de la guerra, de la confrontación para a través de ella mantener aplazado el movimiento popular, las reivindicaciones de los sectores populares. Pero cada vez están más en minoría. Cada vez se va imponiendo la linea de la paz. Yo creo que eso da optimismo. Y estamos seguros que esa confrontación va a llegar y es más, lo he dicho, debemos prepararnos porque ellos se están preparando. El señor Uribe se encuentra en EEUU haciendo lobby contra el proceso de paz, y haciendo recorrido por todo el mundo e incluso en Colombia tratando de alentar la guerra. Pero bueno, somos más los que queremos la paz. Lo importante es lograr la unidad de los sectores que quieren la paz. Que no es fácil, pero si hay voluntad estoy seguro que lo vamos a alcanzar.</p>
<p><b>&#8211; Usted ha estado, las FARC, en un extremo de la ideología y han querido el gobierno a través de las armas. ¿Cómo definiría, ahora, esa ideología política en el marco de lo que llamamos la democracia?</b></p>
<p>&#8211; Mira Víctor Hugo. Siempre nos ha inspirado el mismo proyecto político. Si tomamos las armas no es porque quisimos. La lucha la impone la clase dirigente. Fueron ellos quienes pusieron la resistencia armada. Y bueno, se crearon las condiciones para continuar el mismo proyecto político. Esa misma visión de país que queremos, la vamos a continuar con otros métodos, con otras formas de lucha. Y esperamos que esta clase dirigente haya aprendido la lección. Porque han sido más de 50 años tratando de destruir el movimiento popular a través de la represión y no han podido hacerlo.</p>
<p><b>&#8211; Si pudiéramos hacer una estadística, más bien imaginaria, de la situación de Colombia. Si hubiese elecciones, ¿con cuánto creen que cuentan, considerando que muchos millones de campesinos han sido también sus aliados, sus protegidos y los han visto también en la lucha y seguramente les tienen mucha admiración, qué porcentaje cree usted que será fiel a más de 50 años de lucha?</b></p>
<p>&#8211; Desafortunadamente en Colombia, desde que surge la vida republicana ha estado signada por la violencia y por eso ha habido diversos procesos de paz. Pero ninguno ha ocasionado cambios profundos. Nosotros no podemos repetir esa experiencia y para lograr cambios se necesita el apoyo de grandes mayorías. Pero entonces también es necesario hacer transformaciones profundas en la formación de la gente, hay que cambiar la partida social que se ve en distintos eventos sociales, donde el 70 por ciento de la gente no participa. Tenemos que cambiar eso, y para eso nos estamos preparando. Hay que producir transformaciones grandes en los valores de la sociedad. Si logramos ampliar el campo democrático para el ejercicio de la política con las suficientes garantías, seguro lo vamos a alcanzar. Ya especular cifras, yo digo, que las grandes mayorías pueden garantizar el hacer realidad un proyecto como este.</p>
<p><b>&#8211; La muerte de Fidel Castro, coincide, convive en los tiempos con este acuerdo de Paz. Cuba, que ha sido tan importante para el mismo, y seguramente tan importante en la fuente ideológica en que todos los sectores luchadores, desde el lugar que lo ha hecho las FARC en América Latina en particular, tiene que tener seguramente algún golpe muy duro en el corazón de ustedes los revolucionarios. ¿Qué podría decir de la muerte de Fidel, coincidente con este momento de paz?</b></p>
<p>&#8211; Hombre, realmente es duro hablar del tema. Porque se fue un hombre para todos nosotros, y en el caso particular, un referente para la historia desde que tengo uso de la razón. Y su muerte nos golpea desde el punto de vista humano. Me queda la satisfacción de que logramos darle la noticia de que habíamos logrado la noticia, porque Fidel ayudó mucho. Siempre en su estilo, cuidado, el facilitó mucho este proceso que logramos concretar en Colombia y para el tenemos agradecimientos inmensos en ese sentido. Pero bueno, ese es el ciclo vital en el cual estamos signados todos.</p>
<p><b>&#8211; Timochenko, Rodrigo Londoño. Le agradezco enormemente. Entendemos que ha sido muy valioso, como no podía ser de otra manera, conversar con usted. Esperamos poder reemprender este diálogo no demasiado lejos en el tiempo.</b></p>
<p>&#8211; Víctor Hugo, para mi también es un gusto. Espero que podamos compartir con más amplitud y en un escenario donde podamos hablar de los resultados de todo este esfuerzo, donde yo estoy seguro que todos los revolucionarios y los luchadores de América Latina nos están acompañando. Saludos al pueblo argentino, que sabemos que están inmersos en grandes batallas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/victor-hugo-entrevista-timochenko-chavez-fue-determinante-fue-fundamental-para-arrancar-este-proceso-de-paz/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Colombia: fuerte repudio a los asesinatos y atentados contra líderes sociales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Nov 2016 13:16:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
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					<description><![CDATA[En la última semana fueron asesinados cuatro líderes campesinos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Laura Capote</strong></p>
<p><em>En la última semana fueron asesinados de forma gradual cuatro líderes del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica, a su vez, otros dos han sufrido atentados con arma de fuego. Voceros del movimiento confirman que la lista de muertos asciende a 124 en los últimos cuatro años, en plenos diálogos de paz, donde uno de los compromisos es justamente la actuación del Estado para desmantelar el paramilitarismo, enemigo de la solución política al conflicto armado.</em></p>
<p>Ha avanzado la mesa de negociación entre la insurgencia de las FARC-EP y el gobierno colombiano. La firma definitiva del Nuevo Acuerdo para la Terminación del conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, lograda el pasado 12 de noviembre, exige caminar hacia la inmediata implementación. Aún así, la ofensiva militar y paramilitar de 2016 hacia el movimiento social se ha acrecentado de manera alarmante, dejando como saldo cientos de líderes y lideresas sociales que, por su ejercicio político y su militancia social orientada a respaldar el fin del conflicto armado, han sido perseguidos, amenazados y asesinados de manera sistemática.</p>
<p>Los escenarios políticos tradicionales, los medios masivos de comunicación y diferentes instituciones del Estado, son cómplices de que la opinión pública no conozca ni condene las acciones de diferentes estructuras paramilitares que siguen actuando con la connivencia de la Fuerza Pública.</p>
<p>La estigmatización social y persecución política para quienes pertenecen a organizaciones políticas y sociales que luchan por la paz, es un fenómeno transversal en la histórica política de exclusión y exterminio que el Estado colombiano que ha ejercido sobre la movilización popular en el país. El genocidio político cometido durante la década de 1980 contra el partido de izquierda Unión Patriótica (UP), donde el Estado colombiano y las estructuras narcoparamilitares enconadas en su interior, asesinaron a más de 5.000 militantes. En la misma época aniquilaron al movimiento A Luchar!. El movimiento social actual interpreta los asesinatos de los últimos días como el desarrollo de un nuevo genocidio donde las fuerzas políticas de derecha y ultraderecha renuncian a dejar de utilizar el mecanismo de la violencia para detener el avance de la organización de los movimientos populares y su trabajo por la consecución de una paz con justicia social.</p>
<p>A pesar de que el gobierno de Juan Manuel Santos anunció el ‘cese bilateral de fuegos y hostilidades’ el pasado 29 de agosto, la cifra alarmante de líderes y lideresas sociales asesinadas desde entonces, demuestra que las hostilidades por parte del Estado y sus estructuras paramilitares contra el movimiento social nunca se han detenido, por el contrario, se han incrementado. También violaron el cese de fuegos, asesinando a dos guerrilleros días después de la firma del Nuevo Acuerdo dado en La Habana (Cuba).</p>
<p>En 48 horas hubo cuatro homicidios y dos atentados contra la vida de integrantes de los procesos regionales del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica , uno tras otro, territorios donde hay fuerte presencia del Ejército Nacional. Los asesinatos perpetrados contra miembros de asociaciones campesinas y personas reclamantes de tierras, ocurre después de que han sido frecuentemente amenazados y hostigados. Los grupos paramilitares tienen presencia en las regiones rurales donde dichas asociaciones adelantan trabajos en el marco de defender las Zonas de Reserva Campesina.</p>
<p>Autodefensas Gaitanistas, Urabeños, Rastrojos, Ejército Anti Restitución de Tierras, Águilas Negras, Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las principales estructuras paramilitares victimarias.</p>
<p>La difusión de panfletos amenazantes, en los que se imponen toques de queda, se anuncian asesinatos selectivos, desplazamientos forzados, torturas, desapariciones, entre otras prácticas realizadas por estos grupos, demuestra la impunidad de la que gozan en regiones del país como San Vicente del Caguán, región históricamente afectada por el conflicto armado. Humberto Sánchez, alcalde de esta región y perteneciente al parapolítico partido Centro Democrático, hizo declaraciones justificando dichos acciones del paramilitarismo contra el movimiento social, homogenizando a todos con la frase “eran guerrilleros”. Cabe recordar que Sánchez prohibió en esta región usar mochila y decir la palabra “compañero”, rechazando con infantilismo y peligrosidad cualquier expresión que pueda oler a izquierda, justo en la región que fue sede de los fallidos diálogos de paz dutante el gobierno de Andrés Pastrana.</p>
<p>El Ejército Nacional busca presentar estos asesinatos como ‘guerrilleros dados de baja durante operaciones realizadas contra la guerrilla ELN’, respondiendo nuevamente al mecanismo de las ejecuciones extrajudiciales que caracteriza a la fuerzas militares colombianas.</p>
<p>Erley Monroy en San Vicente del Caguán, departamento del Caquetá, Didier Losada Barreto Platanillo en La Macarena, departamento del Meta, José Antonio Velásquez y Jhon Rodríguez en Caloto, departamento del Cauca, Rodrigo Cabrera en Policarpa, departamento de Nariño, Argemiro Lara en Ovejas, departamento de Sucre, los atentados contra Danilo Bolaños Díaz en Nariño y Hugo Cuellar en Caquetá (quién salía del velorio de su compañero Erley Monroy), la desaparición Hannier Hurtado en el Valle del Cauca, se suma a la cifra de más de 124 militantes de este movimiento, en su mayoría campesinos comprometidos con aportar al fin de la guerra</p>
<p>El Estado ya empezó a incumplir los acuerdos al no proteger la vida y los derechos de las comunidades y sus territorios como una verdadera garantía para la participación política. La existencia de pluralidad de pensamiento en un país que camina sobre el sendero de la reconciliación necesita de acciones concretas por parte del Estado: acciones jurídicas y voluntad política que garantice el desmonte efectivo del paramilitarismo, brindando plenas garantías para que el movimiento social colombiano en su conjunto pueda participar en política sin que lo sigan exterminando.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/colombia-continuan-asesinatos-y-atentados-contra-lideres-sociales/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Colombia: la voz de las mujeres en los diálogos por la paz</title>
		<link>https://marcha.org.ar/32726-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 03:03:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<category><![CDATA[Uribe]]></category>
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					<description><![CDATA[Las claves del conflicto colombiano relatadas por las mujeres del ELN en la mesa de diálogos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carina López Monja desde Quito</strong></p>
<p><em>Colombia vive un hervidero. En pocas semanas ganó el NO en el plebiscito para refrendar los acuerdos entre el gobierno y las FARC, se dieron movilizaciones multitudinarias, le otorgaron el Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos y se anunciaron los diálogos con el ELN, que finalmente no comenzaron. Las claves de un conflicto armado que atraviesa a toda la sociedad en la voz de las mujeres que integran la delegación de paz en Ecuador.</em></p>
<p>La definición del plebiscito generó incertidumbre para todos los sectores. Aunque con un escaso margen, la decisión popular, con un nivel de abstención importante, tuvo como primera pregunta qué pasaría con el conflicto armado. La respuesta transversal fue el deseo de paz. Votantes del NO y del SI, políticos, sindicalistas, movimientos sociales y la población entera reafirmó la voluntad de paz y la necesidad de dar pasos hacia ella. Desde entonces, y en tiempos vertiginosos, Santos recibió el premio Nobel, Uribe manifestó su vocación de diálogo y millones de colombianos y colombianas salieron a las calles.</p>
<p>La apertura de la fase pública de las negociaciones con el ELN y la reanudación de los diálogos con las FARC fueron pasos concretos de cómo avanzar, sumando la participación de la sociedad civil. Sin embargo, la decisión unilateral tomada por el gobierno de Santos de suspender el inicio de la mesa de negociaciones en Quito hasta que fuera liberado uno de los retenidos por el ELN, el excongresista Odín Sánchez, enturbió el inicio del diálogo.</p>
<p>A diferencia de la delegación del gobierno de Santos, la del ELN cuenta con varias mujeres que son parte de la organización y que aportarán su mirada. Entre ellas, Consuelo Tapias, explicó: &#8220;La mesa debía instalarse el 27, pero hubo dificultades y hasta entonces permanecemos en Quito, esperando que se superen los malos entendidos y que podamos instalar la fase pública de los diálogos. Para instalar la mesa, el acuerdo entre ambas partes era realizar gestos humanitarios, que tienen que ver con liberaciones tanto de miembros del  ELN que están en las cárceles del régimen y liberaciones de personas que están en poder del ELN. En ese proceso nos encontramos hoy, con la expectativa de que se inicien los diálogos&#8221;.</p>
<p><strong>Crónica de una apertura de diálogos frustrada </strong></p>
<p>Cientos de referentes de movimientos sociales, cancilleres de los países garantes, periodistas colombianos y ecuatorianos estaban prestos a participar de la instalación de la fase pública de las negociaciones en Quito. La decisión de Santos de aplazarla por el supuesto incumplimiento del ELN de la liberación de Odín Sánchez tuvo como respuesta de la delegación de la insurgencia el detalle de los acuerdos, en donde eso no estaba pactado.</p>
<p>Si bien a una semana del aplazamiento de la mesa la delegación del ELN, delegados del gobierno y miembros de los países garantes continúan en conversaciones para poder iniciar los diálogos, el 27 se habían movilizado hasta Quito más de 200 referentes de movimientos sociales para poder expresar su voz en la instalación de la fase pública de las negociaciones y que ya regresaron a sus territorios.</p>
<p>La participación de la sociedad civil es el primer punto de la agenda de negociaciones de Quito. Desde numerosos sectores sociales ayer se lanzó en Colombia la Mesa Social por la Paz, justamente para plantear la importancia de que en los diálogos haya una voz protagónica y vinculante de los movimientos. En ese sentido, otra de las mujeres que es parte de la delegación del ELN, Silvana Guerrero, se refirió a la importancia de motivar un gran diálogo nacional de cara al proceso de paz: &#8220;Lo central de este proceso es que la sociedad civil participe, a través de sus organizaciones sociales, de los gremios económicos, de los sectores excluidos, los que nunca han tenido posibilidad de ser escuchados y mucho menos ser tenidas en cuenta sus propuestas. Sólo con la participación de toda la sociedad colombiana se podrán buscar transformaciones por la paz en Colombia, con los problemas concretos que afectan a los territorios y las personas y buscando salidas reales a las causas que originaron el conflicto armado en sus inicios&#8221;.</p>
<p><strong>Diálogos con los votantes del SI, del NO y las FARC</strong></p>
<p>Luego de los resultados del plebiscito son incontables las acciones e iniciativas que se han impulsado en Colombia para fomentar la paz: desde la Mesa Social el día de ayer, carpas y vigilias por la paz que llevan más de una semana, conversatorios, los diálogos del presidente Santos con los distintos espacios políticos y el nuevo encuentro con la delegación de las FARC en la Habana, entre muchos otros.</p>
<p>La preocupación de muchos sectores sociales se vincula a la &#8220;campaña sucia&#8221; que ha hecho el ex presidente Uribe en el marco del plebiscito, la confesión por parte de sus integrantes de esta campaña y el escenario de criminalización a los movimientos sociales que se mantiene en el país, en donde se ha dictado un código de policía de &#8220;mano dura&#8221; y en donde, en sólo la última semana, se han detenido dirigentes sindicales y asesinado a un líder campesino del Cauca de Marcha Patriótica.</p>
<p>En ese sentido, María Helena Buitrago, parte de la delegación de paz del Ejército de Liberación Nacional, aseguro: &#8220;El plebiscito le ha dejado una enseñanza a todo el pueblo colombiano. La paz no tiene color, ni bandos, por eso desde la mesa decimos que es necesaria la confluencia de todos los sectores. La paz  se debe construir entre todos y todas, depende de una voluntad real del estado, las guerrillas y el pueblo colombiano&#8221;.</p>
<p>Las tres mujeres, integrantes activas del ELN y de la delegación de paz, concluyeron con la importancia del rol de las mujeres, no sólo dentro de su organización sino para pensar el proceso de cambios en el país: &#8220;Lo que nosotras planteamos como mujeres elenas, pero además como colombianas, es que las mujeres debemos jugar un papel importante como sujeto político y de derecho, de posicionamiento político para ver si entre todas logramos cambiar esto, que es la realidad de nuestro país y del sistema patriarcal&#8221;.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/32726-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Colombia: la movilización ciudadana que parió la derrota en el plebiscito</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2016 03:03:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Miles de colombianas y colombianos en las calles en un grito unido por la paz]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Laura Capote</strong></p>
<p><em>Mientras se redefinen los acuerdos entre el gobierno colombiano y las FARC, y se busca destrabar el inicio de la mesa con el ELN, emerge una novedosa movilización social que inunda cotidianamente las calles colombianas en un grito unido por la paz.</em></p>
<p>A pesar de la derrota del “Sí” en el plebiscito del 2 de octubre, en el que se le consultó al pueblo colombiano si apoyaba el acuerdo final para terminar la guerra y alcanzar una paz estable y duradera, la posibilidad de construir nuevas esperanzas de transformación social no cesan de florecer y siguen surgiendo y acumulando voluntades, pasos y puños levantados dispuestos a defender la vida y la dignidad de un país que no tolera más la guerra, exigiéndole al Estado que implemente los acuerdos alcanzados en La Habana con la insurgencia de las FARC–EP y que instale de una vez la fase pública de la mesa de negociaciones con el ELN.</p>
<p>El nuevo escenario que vive el país, y el curso que han tenido las diferentes iniciativas ciudadanas, nos ha permitido reflexionar sobre el sentimiento inicial que invadió las horas y días siguientes a los resultados que dieron al No en el plebiscito la victoria: una votación con el 63% de abstención y un 50% que se había inclinado por el No se presentaba entonces como el correlato de un país desinteresado, despolitizado, despreocupado por la suerte de la guerra y la paz en la Colombia rural.</p>
<p>Sin embargo, del rencor y el sinsabor protagonistas durante la semana posterior al 2 de octubre, fuimos transitando a una oleada de convocatorias espontáneas en las principales ciudades del país. Muchas de estas personas, efectivamente, no acudieron a las urnas, incluso muchas votaron por la opción del No, pero se sintieron convocadas a construir desde escenarios callejeros y asamblearios propuestas de paz en las que se sintieran incluidas las diversas lecturas políticas presentes en la coyuntura política.</p>
<p>La urgencia para proponer nuevas formas de hacer política y para debatir sobre el contexto de incertidumbre que atravesamos se hizo presente en las principales plazas de las ciudades, en las universidades, también en los barrios, donde muchos y muchas sintieron por primera vez la responsabilidad de aportar frente al rumbo que está por tomar el país a favor de la paz y la transformación de la realidad que se vive en Colombia a causa del conflicto político, social y armado hace más de medio siglo.</p>
<p>El resultado adverso del plebiscito ha generado espacios de participación política a donde se lleva la preocupación por la paz, más allá del resultado mismo. Las expresiones artísticas y culturales han sido diarias desde entonces; progresivamente, la agenda política de nuestro país ha copado las universidades con charlas, debates y bailes por la paz; muchos barrios están haciendo pedagogías de paz y en otros persisten campamentos donde se exige que inicie la implementación de los acuerdos firmados.</p>
<p>Movilizaciones masivas en las principales plazas urbanas del país recibieron con alegría, respeto y reconocimiento a comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes y de víctimas del conflicto que viajaron desde las regiones rurales a la capital para exigirle al Estado el cumplimiento de los acuerdos y su implementación inmediata, generando actividades y espacios en defensa del cese bilateral de fuegos y hostilidades, proponiendo espacios como las Vigilias por la Paz, iniciativas que han pasado a ser parte de la agenda política de prisioneros y prisioneras políticas e inclusive de la guerrilla en varios de los campamentos, demostrando que el clamor por la paz y la reconciliación requiere de la armonía entre la Colombia urbana y la rural, diferencias evidenciadas en el plebiscito y que deben desaparecer si queremos una nueva Colombia erigida sobre las bases inamovibles de la unidad y la paz con justicia social.</p>
<p>Indudablemente, algún porcentaje de ese 63% inicial se encuentra hoy movilizado, tomándose las calles y los campos, llorando y abrazándose, siendo creativo a través de herramientas como la música y el teatro como elementos generadores de conciencia para el futuro, por la construcción de una Colombia que supere la guerra y genere por fin escenarios de participación democrática reales donde las clases populares tengan la posibilidad de ser artífices de su propio destino.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/32711-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿No a la paz en Colombia?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Oct 2016 03:03:27 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Tomás Astelarra]]></category>
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					<description><![CDATA[Las causas históricas que llevaron al triunfo del NO en el plebiscito y las similitudes entre Santos y Uribe]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Tomás Astelarra</strong></p>
<p><em>Una mirada al trasfondo de las causas históricas que determinaron el triunfo del NO en el plebiscito refrendatorio de los acuerdos entre el gobierno colombiano y las FARC. Las similitudes de los proyectos encarnados en Santos y Uribe.</em></p>
<p>La frase “Colombia votó NO a la paz” es temeraria. En primer lugar, votó solo el 37% del padrón electoral. Se sabe: el voto no es obligatorio. No se sabe tanto: la historia del país descree de las instituciones democráticas, de un Estado que, como bien reconoció el presidente Juan Manuel Santos poco antes del plebiscito, fue cómplice del extermino sistemático de la Unión Patriótica (UP), un partido político surgido del acuerdo de paz entre diversos grupos insurgentes y el gobierno de Belisario Betancur en la década de 1980. Más de cuatro mil militantes, incluyendo dos candidatos a presidente (Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa), ocho congresistas, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes fueron asesinados por grupos paramilitares. Ante la evidencia de semejante arremetida del poder político y empresarial amenazado por el voto popular, muchos ex combatientes volvieron al monte, entre ellos el mítico fundador de las FARC, Jacobo Arenas.</p>
<p>Es también sabida y documentada la incidencia del dominio territorial de los grupos paramilitares (las Autodefensas Unidas de Colombia) en la elección de Álvaro Uribe como presidente en 2002. La mayoría del entorno político del actual paladín del NO fue juzgado durante el escándalo de la “parapolítica”, donde se demostró el financiamiento y apoyo a través de la coerción de estos grupos en las elecciones, y su correspondiente “devolución de favores”, a través de la facilitación de las herramientas del Estado (incluyendo el organismo de inteligencia, el DAS) para que las AUC llevaran adelante un plan militar que fue responsable de uno de los mayores genocidios y desplazamientos masivos de la historia reciente de América Latina.</p>
<p>Estos grupos, surgidos de las ideas anticomunistas de los Estados Unidos y una alianza entre grupos terratenientes locales y el narcotráfico -también está demostrado- fueron financiados por empresas multinacionales que usaron su servicio para del despeje de territorios estratégicos para negocios que van del petróleo a la palma africana (usada para biodiesel y diversos usos industriales), además de los megaproyectos de infraestructura dentro del Plan IIRSA.</p>
<p>Uribe fue el máximo exponente de esta alianza, terrateniente, ladero de Pablo Escobar y el hombre número 82 de los hombres más buscados por la DEA en los ´80. Uno de sus principales socios, representante de las burguesías urbanas y miembro de la familia dueña del diario El Tiempo, fue Juan Manuel Santos, ministro de Defensa durante su gobierno. Haciendo un paralelo un poco abrupto, pero no tanto, votar entre el SI y el NO, entre Santos y Uribe, es casi la misma trampa democrática que se vivió en Argentina el año pasado teniendo que decidir entre Mauricio Macri y Daniel Scioli, dos representantes del empresariado local, con aceitadas relaciones con el capital internacional, y que tienen a Uribe como su principal asesor en “seguridad democrática”.</p>
<p><strong>No tan distintos</strong></p>
<p>Con sus matices, el plan es el mismo: el avance de los grandes grupos económicos legales e ilegales empoderados en el Estado para el saqueo de los recursos naturales. Frente a eso, no hay otra opción que la organización popular. No hay Estado que nos salve. Si uno que nos reprima bajo la falsa bandera de la democracia y la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, actividades que ellos mismos encarnan y son la excusa para la judicialización, criminalización, genocidio y desplazamiento de los pueblos.</p>
<p>“No se firma la paz. Se firma un acuerdo de cese al fuego entre las FARC y el Estado colombiano. La paz no se puede firmar, la paz no cabe en un acuerdo, la paz hay que construirla”, explicaba meses atrás Manuel Rozental en una charla con FM La Tribu. Creador del Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte de Cauca (ACIN), exiliado en México y parte del colectivo Pueblos en Camino, el médico y militante aclaraba: “En todos los países el capital utiliza terror, propaganda, ocupación territorial y del imaginario, y las políticas para favorecer los intereses del capital y la acumulación. En Colombia el terror ha sido la fundamental maquinaria de control social. En Cuba se sientan dos actores armados que han intentado involucrar a toda la población en su guerra, que han excluido a la mayor parte de la población”.</p>
<p>El mismo día en que se firmaba “la paz” en Cuba, el Estado reprimía a los comuneros del norte de Cauca y su proceso de “Liberación de la Madre Tierra”. Los comuneros del Cauca reclaman por el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que obligó al Estado colombiano a una indemnización de 14 mil hectáreas y 20 mil millones de pesos por su responsabilidad en la masacre del Nilo en 1991. La operación paramilitar que causó 21 muertes y cientos de desplazados, habría sido orquestada desde la finca La Emperatriz, propiedad de Ardille Lulle, empresario azucarero dueño de la marca de gaseosa Postobon y el canal de noticias RCN.</p>
<p>Es esta misma finca donde hoy los comuneros indígenas, afros y campesinos han construido viviendas, plantaciones y altares en torno a los antiguos cementerios indígenas que todavía ahí se encuentran. Son los mismos desplazados de los llanos orientales, campesinos expulsados por la guerra que dura más de un siglo, ahí, precisamente ahí, donde a través de la intervención de la canciller Susana Malcorra, el zar de la soja Gustavo Grobocopatel firmó en Cuba, dentro de los acuerdos de “paz”, un plan para explotar 3 millones de hectáreas de soja y otros granos.</p>
<p><strong>El mismo que te vende la guerra te vende la paz </strong></p>
<p>Quizás el inconsciente colombiano sepa que el SI o el NO no determinan la PAZ sino apenas las posiciones dentro del complicado tablero de ajedrez de esta pseudo democracia narcocriminal de las dos posiciones en pugna: los terratenientes campesinos representados por Uribe y los empresarios urbanos representados por Santos. Al capital transnacional le da lo mismo. Afila sus plumas contables, hace bajar la bolsa y las calificaciones de riesgo para presionar el ajuste fiscal, los Tratados de Libre Comercio, los megaproyectos económicos y de infraestructura. El mismo que te vende la guerra te vende la paz. Sin haber podido mostrar una fuerza política de inserción en las instituciones que hace años poco saben de “paz” o “democracia”, los guerrilleros vuelven al monte.</p>
<p>Esta vez ni siquiera pudieron intentarlo. Diezmados por años de persecusión, del asesinato sistemático de su líderes, del deterioro en el apoyo de las organizaciones sociales y la opinión pública frente al sistemático ejercicio de la violencia.</p>
<p>Una violencia solitaria frente a la complicidad de los sicarios de la comunicación que se indignan por los crímenes de las FARC pero nada dicen de esos señores paramilitares que jugaban al fútbol con las cabezas de campesinas cortadas a motosierra y que fueron indultados por la Ley de Justicia y Paz de Álvaro Uribe. De esa impunidad con la que hoy cuenta el ex presidente que viaja por el mundo vendiendo su “seguridad democrática” y es votado por History Channel como el colombiano del siglo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-a-la-paz-en-colombia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Prontuario de guerra del Nobel de paz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Oct 2016 03:03:25 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un recorrido por la trayectoria belicista del presidente colombiano Juan Manuel Santos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Solana* desde Colombia</strong></p>
<p><em>Un recorrido por la trayectoria belicista del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, a quien le acaban de otorgar el Nobel de la Paz. Acusado internacionalmente por ordenar el bombardeo de un país hermano, tuvo responsabilidad política en ejecuciones de jóvenes inocentes y abanderó la política de &#8220;Seguridad Democrática&#8221; que aterrorizó al pueblo colombiano hace apenas una década. Pero desde Noruega, parece, sólo se ven las más recientes camisas blancas.</em></p>
<p>Un animal político. “Un <em>cyborg</em> programado desde chiquito para ser presidente”, afirma la periodista Juanita León. Hijo de una de las familias dueñas del país, niño mimado de la oligarquía cachaca, con pregrados y maestrías en EEUU e Inglaterra, sobrino nieto de presidente, primo de vicepresidente, ministro de Hacienda, de Defensa, y finalmente presidente promotor de acuerdos de paz. “Si algo quiere Juan Manuel Santos es pasar a la historia”; la caracterización de Juanita León es de 2010, cuando aún debía ganar las presidenciales. Véanlo ahora, recibiendo el Nobel: pasó a la historia, nomás. Bien programado, después de todo, el <em>cyborg</em>.</p>
<p>La primera vez que Santos habló de un acuerdo de paz con comandantes de las FARC fue durante el gobierno de Samper, en los 90; habló también con Carlos Castaño de las Autodefensas Unidas de Colombia, y tanto a guerrilleros como a paramilitares les hizo una propuesta de paz, con una preacuerdo explícito: solicitar la renuncia del entonces presidente, que le había negado la embajada en Washington, escalón que él consideraba fundamental para su incipiente carrera. Después fue crítico inflexible del gobierno de Pastrana, hasta que en el año 2000 éste le ofreció el ministerio de Hacienda. En 2006 pidió a Uribe el ministerio de Defensa, el cargo de mayor exposición para catapultar su carrera a la presidencia.</p>
<p>“Algunos le recomendaban a Santos que no fuera ministro porque Uribe sólo tenía viceministros”, relata Juanita León en<em> La Silla Vacía</em>, pero, analiza, “quizás sea el único ministro de defensa que ha logrado un verdadero poder sobre los militares; entró a mandar”. Con esa impronta que nadie pone en duda, es difícil que Santos pudiera esquivar su responsabilidad en los crímenes de la doctrina de Seguridad Democrática que por años enlutaron al país.</p>
<p>Su gestión signó el período de mayor ofensiva bélica y violaciones de los Derechos Humanos de las Fuerzas Militares a su mando. Fue la época de injerencia más directa de los EEUU en los asuntos internos de un país latinoamericano “democrático”, por medio del Plan Colombia primero (que ya se había iniciado bajo la gestión Pastrana) y el Plan Patriota después; el mando estratégico de la “guerra contra el narcoterrorismo” durante la doctrina de la Seguridad Democrática recayó en manos de las criminales Agencias de Seguridad de los gobiernos norteamericano e israelí.</p>
<p><strong>Que lo capture Interpol</strong></p>
<p>De todas las atrocidades cometidas durante la Seguridad Democrática del gobierno de Uribe y de la gestión de Santos al frente de las Fuerzas Militares, el hecho que causó mayor conmoción internacional fue el bombardeo de territorio ecuatoriano. En 2008, el Ejército, unidades de operaciones especiales de Infantería de Marina y de la Fuerza Aérea colombianas atacaron el país vecino produciendo numerosas muertes, entre ellas un ciudadano ecuatoriano, cuatro mexicanos y varios colombianos. La operación se denominó Fénix; tuvo como excusa atacar a un campamento de las FARC y dar muerte a uno de sus comandantes, Raúl Reyes. A raíz de tamaño atropello a la soberanía de un país hermano, un juez ecuatoriano solicitó orden de captura contra Santos y otros miembros de la cúpula militar colombiana; el presidente Rafael Correa, por su parte, defendió el pedido de captura y solicitó a la Interpol el arresto del ministro colombiano, hoy Nobel de paz (El hecho quedó impune, después de todo).</p>
<p>El bombardeo sobre el campamento de Reyes fue la ofensiva bélica más notoria, pero otras tantas acciones de tierra arrasada se desarrollaron en los años de Santos al frente del ministerio de Defensa contra numerosos frentes guerrilleros de las FARC; centenares de miembros de la guerrilla fueron aniquilados por la acción coordinada de Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía, provocando un clima de guerra en las comunidades del país complementado por ataques y asesinatos a líderes sociales, masacres de las fuerzas militares regulares o paramilitares, bajo una estrategia común de aniquilamiento de la insurgencia. Santos dejó el ministerio en 2009, sólo para lanzar su candidatura presidencial.</p>
<p><strong>Falso, todo falso</strong></p>
<p>Durante su gestión al frente de una de las etapas más terribles de la guerra en Colombia, se destapó el doloroso escándalo de los “falsos positivos”: jóvenes campesinos o de extracción popular ejecutados por el ejército y presentados después como guerrilleros abatidos.</p>
<p>El caso más emblemático fue el de Soacha, en las afueras de Bogotá. Un grupo de jóvenes fue llevado al otro extremo del país, donde fueron asesinados y después de eso vestidos como guerrilleros. Cuando Santos asumió el ministerio en 2006 la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ya había alertado sobre esas ejecuciones extrajudiciales de las tropas bajo su conducción política, pero durante los primeros años dejó hacer.</p>
<p>En septiembre de 2008 el Fiscal de Ocaña afirmó que los 9 jóvenes aparecidos en esa ciudad norteña habían caído en combate, y lo mismo dijo el de Cimitarra, refiriéndose a otros dos cuerpos encontrados allí. Pero eran los jóvenes de Soacha; con esa información, el director de la Oficina de Derechos Humanos de la Vicepresidencia llamó al ministro, y la situación ya no se pudo disimular. Cuando se conoció el escándalo, dos años después de estar al frente de un ejército que tuvo como práctica habitual la presentación de “falsos positivos”, recién entonces Santos creó una unidad especial de fiscales para investigar.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-399 size-full" src="http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3.jpg" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" srcset="http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3.jpg 660w, http://lanzasyletras.org/1/wp-content/uploads/2016/10/san3-300x182.jpg 300w" alt="san3" width="660" height="400" /></p>
<p>Hace nada, tres días apenas, las Madres de Soacha se instalaron una vez más a reclamar justicia en los tribunales. “No vamos a esperar más, estamos cansadas, nos tienen hasta la coronilla. A nosotros nos están viendo la cara de qué, ¿de pendejas?”, expresó ofuscada Carmenza Gómez, madre de Víctor Fernando, uno de los jóvenes que apareció fusilado en Ocaña, Norte de Santander.</p>
<p>Carmenza no faltó a ninguna de las audiencias desde 2008; ella y las otras madres deberán seguir reclamando contra la impunidad que reina en Colombia ante la infinidad de crímenes cometidos por el Estado… pero ahora posando la mirada en un premio Nobel de la Paz.</p>
<p><em><strong>* Pablo Solana</strong></em> <em>es miembro del Equipo Editor de Lanzas y Letras, integrante del Instituto José Martí de Bogotá – Escuela Nacional Orlando Fals Borda – Colombia.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/31978-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Colombia: la sociedad contrainsurgente y el triunfo del NO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Oct 2016 03:03:38 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¿Cuál es el trasfondo del triunfo del NO en el plebiscito por la paz?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Sandra Hincapié Jiménez*</strong></p>
<p><em>¿Cuál es el trasfondo del triunfo del NO en el plebiscito por la paz en Colombia? ¿Qué mecanismos operan desde hace décadas para haber impedido, una vez más, encontrar una solución política al conflicto armado más antiguo del continente?</em></p>
<p>Ya son bien conocidos los resultados del plebiscito realizado en Colombia el domingo pasado donde se rechazó, por un estrecho margen, el Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC. Las opiniones y balances señalan de manera insistente a Álvaro Uribe, para bien y para mal, como el gran protagonista y artífice del triunfo del NO. Sin embargo, más allá de la obnubilación que produce el expresidente en buena parte de la opinión pública nacional e internacional, los números de la votación -50,21% del NO frente al 49,78% del SI, con un 62,52% de abstención- son reveladores de las dinámicas del conflicto armado en las últimas décadas.</p>
<p>Empecemos por considerar aspectos fundamentales de la realidad del conflicto colombiano, frente al cual se siguen guardando silencios cómplices. En buena parte del territorio nacional hacen presencia ejércitos paramilitares, que defienden y preservan un orden conseguido a sangre y fuego en los últimos 30 años, a través del terror, muertes aleccionadoras, tierras arrasadas, que provocan millones de desplazados despojados de sus tierras y permiten una alta concentración de la riqueza, dejando a Colombia como una de las sociedades más desiguales del mundo (*1).</p>
<p>El proceso sangriento por medio del cual se han configurado estas estructuras terminó por sedimentar las prácticas de exclusión, segregación y movilización del odio como fuente de identidad, recurso de movilización y construcción social, frente a cualquier proyecto alternativo y contestatario del orden establecido (*2). Como resultado, una parte de la sociedad justifica la “acumulación por desposesión” (*3), se opone a la diversidad sexual, asocia el sindicalismo y la defensa de los derechos humanos con intereses insurgentes indeseables y proclives al “castro-chavismo”, exponiendo a los activistas a un riesgo inminente, presente y constante (*4).</p>
<p>Es precisamente este sector de la sociedad el que representa el 50,21% de los votos, el que se opuso desde el inicio mismo de las negociaciones a cualquier tipo de acuerdo privilegiando la vía militar. Aquellos que apoyaron el recibir entre aplausos a los jefes paramilitares en el Congreso, acogieron con beneplácito los constantes hostigamientos a los integrantes de los equipos negociadores de La Habana y se constituyeron en férreos oponentes del gobierno del presidente Santos.</p>
<p>Mientras tanto, un amplio sector social, que representa el 62,52% que se abstuvo de votar, ha visto con indolencia y cinismo el transcurrir de la guerra fratricida, su degradación y prolongación, no se ha condolido por atroces crímenes contra la humanidad que se han llevado a cabo tanto en el campo como en la ciudad (recordemos muy bien que fueron jóvenes de Soacha conurbada con la capital del país donde se desató el escándalo de los “falsos positivos”).</p>
<p>Este gran sector de la sociedad ha presenciado impávido la llegada a las ciudades de miles de desplazados que engrosan los cinturones de miseria, mientras en el campo los intentos de construir iniciativas de paz y reparación de las víctimas del conflicto han sido sistemáticamente atacados por parte de los ejércitos paramilitares y los poderosos intereses económicos que defienden.</p>
<p>En este escenario, debe ser prioritario defender el cese de hostilidades y consolidar los acuerdos alcanzados hasta el momento. Además, la construcción de una paz real y sostenible en el tiempo implica la necesaria transformación de la sociedad, el desarme de los ejércitos paramilitares que controlan amplios territorios y el cuestionamiento a los intereses que representan, que también se expresan en el Congreso y cuentan con una amplia base social que se manifiesta en las urnas. Si no avanzamos en ese camino, tal vez condenaremos a quienes dejen sus armas a un exterminio seguro. ¿Vamos a repetir el genocidio de la Unión Patriótica? De seguir así, ¿qué tipo de “paz” nos espera?</p>
<p><em>* Investigadora colombiana, docente de la Unidad Académica de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas.</em></p>
<p><em>*1 CEPAL (2016) Panorama Social de América Latina 2015, Santiago: CEPAL, 68 p.</em></p>
<p><em>*2 Franco, Vilma Liliana (2009) Orden contrainsurgente y dominación Bogotá: Instituto Popular de Capacitación-Siglo del Hombre Editores, 567 p.</em></p>
<p><em>*3 Harvey, David (2004) El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión, Buenos Aires: CLACSO.</em></p>
<p><em>*4 Hincapié, Sandra y Jairo López (2015). “Rutinización, indiferencia y cinismo. Fallos, recomendaciones y acuerdos internacionales sobre derechos humanos en Colombia” En: Iberoamericana. América Latina-España-Portugal, Año XV, N°60, Instituto Ibero-Americano (Berlín), el GIGA Institute of Latin American Studies (Hamburgo) y la Editorial Iberoamericana/Vervuert (Frankfurt am Main/Madrid), pp. 7-26. ISSN 1577-3388/ISSN 2255-520X.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/colombia-la-sociedad-contrainsurgente-y-el-triunfo-del-no/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>ELN colombiano: “Tenemos intacta la decisión de sentarnos a la mesa con el gobierno”</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Sep 2016 03:04:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Entrevista exclusiva a Nicolás Rodríguez, primer comandante del Ejército de Liberación Nacional]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevista a Nicolás Rodríguez, alias &#8220;Gabino&#8221;, primer comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), realizada por <em>Colombia Informa, Marcha, Resumen Latinoamericano y Alba TV </em>. El líder guerrillero ratifica la voluntad de la insurgencia de iniciar la fase pública de la negociación con el gobierno y analiza los acuerdos de paz firmados entre el presidente Juan Manuel Santos y las Farc. Además, reflexiona sobre la etapa que atraviesa América Latina.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Entrevista exclusiva con &quot;Gabino&quot; ELN [Septiembre 2016]" width="854" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/3JZsJqRpwfY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>

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		<title>Colombia hacia la paz: la historia del conflicto armado más antiguo de la región</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Sep 2016 03:01:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un recorrido histórico por más de medio siglo de guerra en Colombia]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gerardo Leclercq @GeraLeclercq</strong></p>
<p><em>Un recorrido histórico por más de medio siglo de guerra en Colombia. Las causas y el contexto de los inicios, los intentos anteriores de una salida negociada y los desafíos que se abren tras la firma de la paz entre el gobierno y las Farc. </em></p>
<p>Es el conflicto interno más antiguo del hemisferio occidental y, en sus más de 50 años, no hay ningún colombiano ni colombiana cuya vida no haya afectado. Las cifras lo dicen todo: más de 260 mil muertos, decenas de miles de desaparecidos, casi siete millones de desplazados, violaciones, secuestros e incontables tragedias personales.</p>
<p>Durante el siglo XIX y hasta los primeros años del XX hubo unos niveles muy intensos de violencia que marcaron el futuro de Colombia, con decenas de miles de muertos. Era un enfrentamiento entre liberales y conservadores, una relación de fuerzas que alimentaría todos los conflictos del país a partir de entonces. La más profunda expresión del enfrentamiento conservador-liberal se desató a partir de 1948, con el asesinato del popular candidato liberal Jorge Eliécer Gaitán.</p>
<p>En todo el país comenzaron salvajes choques, en un primer momento con epicentro en Bogotá, aunque luego se fue convirtiendo en un conflicto principalmente rural. Este período, que se extendió hasta fines de la década de 1950, recibió el sencillo y explícito nombre de “La Violencia”.</p>
<p><strong>¿Cómo comenzó el conflicto con las FARC?</strong></p>
<p>Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no comenzaron como tales. Sus orígenes son los de un grupo de autodefensa integrado por campesinos desplazados durante el período de “La Violencia”.</p>
<p>Hacia 1964, se habían concentrado en una zona de la cordillera, en el centro del país. El lugar se llama Marquetalia, en el departamento del Tolima. Era una de las más de 100 bandas armadas que rechazaron la posibilidad de desmovilizarse tras ese conflicto y que tenían un razonable poder militar y político. A la cabeza de este grupo estaba Manuel Marulanda Vélez, alias &#8220;Tirofijo&#8221;, un combatiente formado en las guerrillas liberales de inicios de los ´50, quien se convertiría en el primer jefe de las FARC.</p>
<p>A mediados de 1964, las fuerzas del gobierno atacaron Marquetalia con centenares de hombres, forzando la huida de los campesinos armados. Tras ser derrotados y dispersarse, Marulanda, junto a Jacobo Arenas (otro de los líderes originales del grupo), fundan primero una guerrilla de nombre Bloque Sur, que en 1966 finalmente adopta el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Ese es generalmente considerado el origen de la  guerrilla de Colombia, con la que las fuerzas del Estado han venido combatiendo desde entonces.</p>
<p>Pero las FARC no fueron sólo un producto de la historia colombiana, sino también de lo que ocurría en el mundo: surgen en el marco de las luchas de liberación latinoamericanas, alimentadas por la tensión entre Estados Unidos y  la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Son una guerrilla comunista, de inspiración marxista-leninista.</p>
<p>Y no son la única organización guerrillera de corte comunista que nace a partir de esa época en el país. Casi en simultáneo se constituye el Ejército de Liberación Nacional (ELN), inspirado en la Revolución Cubana, que hoy espera a que el gobierno se decida a iniciar la fase pública de la negociación de paz. Más tarde surgen el Ejército Popular de Liberación (EPL, maoísta), el M-19 (más urbano) y otras guerrillas, que ya se han desmovilizado.</p>
<p>Recién a principios de la década de 1980, las FARC deciden que tendrán como objetivo explícito la toma del poder, cuando pasan a llamarse FARC-EP (por Ejército del Pueblo). A finales de esa década, el surgimiento de grupos paramilitares de derecha alentados por sectores de las Fuerzas Armadas y algunos terratenientes, empresarios y políticos, así como narcotraficantes, profundizaron la violencia del enfrentamiento armado.</p>
<p>Por esta misma época también comienza a tener más influencia el narcotráfico en el conflicto armado colombiano. Hacia el año 2000, Estados Unidos comienza a proveer asistencia técnica y económica a la lucha contrainsurgente, en el marco del Plan Colombia, inyectando en 15 años unos 10 mil millones de dólares en el país. Eso permitió la modernización de las fuerzas militares y la Policía, que hoy suman cerca de medio millón de efectivos. También hacia el año 2000, las FARC alcanzan su mayor capacidad militar.</p>
<p><strong>Intentos anteriores de alcanzar la paz</strong></p>
<p>En 1984, hubo un primer intento en el que las FARC se sumaron a un partido político, la Unión Patriótica, cuyos miembros fueron blanco de escuadrones de extrema derecha y unos cuatro militantes de la UP fueron asesinados.</p>
<p>Desde entonces, esta guerrilla ha tenido una profunda desconfianza en dejar las armas. Hubo un nuevo intento en 1991-92 y otro en 1998-2002 que por diversos motivos fracasaron. Durante los gobiernos del presidente Álvaro Uribe (2002-2010), se lanzó una profunda ofensiva contra las FARC, que incluyó bombardeos a campamentos rebeldes, y se extendió durante el gobierno de su sucesor y actual presidente, Juan Manuel Santos. En los ataques del gobierno se diezmaron las fuerzas guerrilleras y mataron a varios de sus máximos líderes.</p>
<p>Los acuerdos de La Habana con las FARC son un elemento esencial para alcanzar una paz estable y duradera en Colombia, pero no son suficientes. Por un lado, distintos grupos guerrilleros siguen activos y, aunque hubo avances hacia un proceso de paz, todavía no ha comenzado.</p>
<p>Y por otro, los grupos paramilitares que surgieron para combatir a las FARC y que se desmovilizaron oficialmente a mediados de la década pasada, no entregaron las armas por completo. Estos grupos se dedican a la extorsión, al narcotráfico, al tráfico de personas ya la minería ilegal, entre otras actividades, y representan una seria amenaza para la paz.</p>
<p>Pero no todos están conformes con el proceso llevado adelante, distintos grupos expresaron su total repudio al acuerdo. El ex presidente Álvaro Uribe es, junto al también ex presidente Andrés Pastrana, uno de los principales promotores del &#8220;No&#8221; en el plebiscito del próximo domingo que buscará refrendar los acuerdo de paz tras casi cuatro años de negociaciones en La Habana.</p>
<p>La firma de la paz entre el gobierno y las Farc, que le pone fin a 52 años de conflicto armado, sin lugar a dudas es un motivo de celebración y representa un gran triunfo para la diplomacia latinoamericana.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/31770-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La importancia del SÍ tras la firma del acuerdo de paz en Colombia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Sep 2016 03:06:55 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Timochenko]]></category>
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					<description><![CDATA[De cara al plebiscito ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong><strong>Por Sergio Segura – @comunhc</strong></p>
<p><em>La firma del acuerdo definitivo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno colombiano, uno de los hechos políticos de mayor trascendencia para el país y parte del continente de los últimos años. El próximo domingo 2 de octubre el país decidirá mediante un plebiscito si está de acuerdo o no con la implementación de lo firmado.</em></p>
<p><strong>La firma y el perdón </strong></p>
<p>Rodrigo Londoño de las FARC (Timochenko) y el presidente Juan Manuel Santos firmaron este lunes 26 de septiembre el “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”, lo que significa el fin de una guerra fratricida iniciada hace 52 años y el compromiso de cumplir lo acordado en seis puntos contenidos en 297 páginas. Cada uno con un balígrafo (bolígrafo elaborado con un cartucho de proyectil de fusil) y seguido de un apretón de manos, cerraron en la costa colombiana este proceso iniciado formalmente en Cuba hace 4 años, que ha contado con un amplio respaldo diplomático internacional y tuvo como testigos a 2500 invitados en la ciudad de Cartagena.</p>
<p>La ceremonia tuvo la impronta de la paz institucional: camisas y palomas blancas, acompañamiento de varios jefes de Estado de la región, Ban Ki-Moon de la ONU como invitado de honor, el rey Juan Carlos de España y un representante del Fondo Monetario Internacional, entre otros.</p>
<p>“Nuestra única arma será la palabra”, aseveró el jefe del Estado Mayor de las FARC, quien pidió perdón en nombre de la guerrilla por el sufrimiento ocasionado en la guerra, con víctimas presentes. Del 17 al 23 de septiembre, durante la X Conferencia de las FARC con 200 delegados de la guerrilla, incluyendo algunos prisioneros de guerra a quienes se les permitió salir de la cárcel para participar del encuentro, concluyeron su tránsito hacia un “partido o movimiento político”, como anunció Timochenko en la declaración política, cerrando así el camino de la lucha armada.</p>
<p>Santos, aunque inició su discurso saludando a las víctimas, no pidió perdón por el terrorismo de Estado, un sinsabor para muchos. Mucho lino blanco y poco de paz por parte del Presidente, del que se esperaba que el día del acuerdo paz reconociera las raíces del conflicto social y armado, que en todo caso ya está escrito en el contexto de los acuerdos y fue sostenido por el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle.</p>
<p>“Señor Rodrigo Londoño y miembros de las Farc: hoy, cuando emprenden su camino de regreso a la sociedad; cuando <strong>comienzan su tránsito a convertirse en un movimiento político, sin armas; siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación contenidas en el Acuerdo, les doy la bienvenida a la democracia”</strong>. Las FARC dejarán las armas gradualmente durante los próximos 180 días en diferentes puntos acordados. Según Santos, después del plebiscito del próximo domingo, el mundo puede asegurarse de tener una guerra menos.</p>
<p><strong>El país decide: la importancia de votar por el SÍ</strong></p>
<p>La paz ha estado cargada de discursos variopintos y la polarización se recrudeció en las últimas semanas en vísperas a la votación. Según la Corte Constitucional, el SÍ necesita mínimo 4,4 millones de votos y superar el umbral del NO para que el acuerdo sea avalado.</p>
<p>En la política colombiana y sus dinámicas electorales hay juego sucio, propaganda engañosa y desinformación. Parte del país comparte y reproduce las ideas funestas de la extrema derecha y de un sector importante de la iglesia cristiana: “Colombia será otra Venezuela”, “se le entregó el país al diablo (o al comunismo castrochavista de Santos)”, “le van a entregar el país a las FARC para meterme a la cárcel: Uribe”, “EE.UU. no daría elegibilidad a Bin Laden”, entre un sinnúmero de ficciones que, si bien no tienen sentido dentro del debate, son aserciones de fácil aprehensión por la sociedad colombiana. Esa percepción sobre la paz se traduce en votos para el uribismo que, con corrupción y parapolítica incluida, sigue siendo una de las fuerzas políticas más grandes del país, por lo que no se puede subestimar su accionar o especular sobre su fin.</p>
<p>Parte del SÍ opina más con el deseo que por la factibilidad. Muchos creen que ciertamente se vivirá en paz luego de la implementación de los acuerdos o que desde ya estamos en un nuevo paradigma de la política, donde se dejará de perseguir y devastar a la oposición política. Hay bastante tela para cortar y la implementación de los acuerdos no será vertiginosa, por lo que habrá que ser paciente con los resultados y cautelosos con la expectativas. Los del SÍ coinciden en que la paz no es únicamente entre las FARC y el Gobierno, sino que es un bien supremo de la sociedad (aunque el presidente aspire al Premio Nobel). Apoyando este plebiscito se le da mayor sustento social y legitimidad a la solución política al conflicto armado, reconociendo la disimilitud entre los modelos de sociedad y la diversidad de proyectos políticos.</p>
<p>Para la línea más dura, “la paz es sólo una táctica”: sostiene que reconciliarse con el Estado es imposible, pues las condiciones que originaron el conflicto siguen intactas, y se resisten a sobredimensionar estos acontecimientos aunque los apoyen con críticas.</p>
<p>Según las últimas encuestas, ganaría el SÍ con un 66%. Hasta una encuesta de opinión nacional de Ivamer calcula que 69.6% de los colombianos y las colombianas quiere un acuerdo de paz con el ELN. El presidente invitó a esta guerrilla a iniciar la fase pública de diálogo la próxima semana y anunció a Chile como país garante de este proceso que se llevará a cabo en Ecuador. Por su parte, el ELN anunció que será respetuoso del plebiscito y suspendió acciones militares ofensivas del 30 de septiembre al 5 de octubre, pronunciamientos bilaterales que ratifican que la solución política al conflicto armado en Colombia va en serio.</p>
<p><strong>“Salvo el poder, todo es ilusión”</strong></p>
<p>El Gobierno y varios ministros han sido enfáticos en que la paz significará mayor inversión extranjera y el regreso o afianzamiento de multinacionales que por los asedios de la guerrilla se vieron afectadas económicamente. Igualmente, sectores de izquierda persisten en suponer que es un acuerdo importante, pero que no deja de ser entre dos ‘élites’; también se le reclama a las FARC prescindir de su histórica forma rígida y hegemonista de hacer política y así no eternizar diferencias para “construir justicia social junto a otros sectores sociales que llevan décadas tejiendo sociedad y apostándole a la paz”.</p>
<p>En efecto, las opiniones sobre la paz dejaron de ser temas de discusión únicamente de políticos, intelectuales, movimientos sociales o sujetos interpelados por la guerra. Hoy la solución política al conflicto armado vincula a toda la sociedad que aprecia si este domingo avala o no los acuerdos, si prefiere la militarización o apoya los diálogos para despuntar la guerra y cesar con las tragedias que fueron cotidianidad al menos durante los últimos 60 años.</p>
<p>Lo mejor que podría pasarle al país es que con la firma del acuerdo empiecen las dosis de verdad, se reparen integralmente a las víctimas como lo manifiesta la redacción y que, por fin, las FARC puedan hacer política sin que los espere un genocidio como el del movimiento A Luchar!, la Unión Patriótica o el Frente Popular en los años 80. Esas dosis de verdad son las que trasnochan a Uribe, porque pueden seguir derrumbándose sus argumentos demagogos y el capital político basado en el odio a la insurgencia. Uribe tendría que ir la cárcel o exiliarse, como lo está su hermano y sus ministros.</p>
<p>Pero así no funciona la vida real. Santos busca un equilibrio entre defenderse de Uribe y no salpicar lo suficiente al partido Centro Democrático, como se puede interpretar la designación del nuevo Fiscal General de la Nación, por ejemplo. En materia humanitaria y de garantías políticas, los desafíos son aún mayores. El paramilitarismo sigue activo en los territorios sembrando el miedo y manteniendo la violencia para controlar el narcotráfico. El Nuevo Código de Policía acaba de ser demandado por inconstitucionalidad y aceptado en la Corte por violar libertades públicas, cada inicio de semana hay denuncias del movimiento social por asesinatos de líderes comunitarios.</p>
<p>Este es el panorama general de la paz, lo que viene empezó a marcar el reloj desde el 26 de septiembre cuando Santos y Timochenko firmaron el acuerdo, un acuerdo que tiene que superar un plebiscito y una paz que debe tener justicia, cambios y equidad social para que sea completa. Incluso con el fanatismo fatalista y el optimismo obtuso, lo cierto es que se avecinan transformaciones en el país, cambios más de forma que de fondo, pero al fin y al cabo cambios que sienta las bases de senderos donde la sociedad será la principal veedora.</p>

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