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	<title>Jérémy Rubenstein &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Jérémy Rubenstein &#8211; Marcha</title>
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		<title>Francia Fluorescente: El mayo de los chalecos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jul 2019 11:55:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<category><![CDATA[Macron]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuarta entrega del Especial “Francia Fluorescente”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y3 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws1">
<p style="text-align: right;"><em>Foto: &#8220;En 50 años este graffiti será legítimo&#8221;</em></p>
<p><em>Cuarta entrega del Especial “Francia Fluorescente”, un libro que se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macrón en Francia durante el año pasado con la manifestación de los “chalecos amarillos”. En esta entrega, Mayo reaccionario.</em></p>
<p><strong>Por Jérémy Rubenstein desde Francia / Foto: @pitinome/Collectif OEIL</strong></p>
<p>Quizás en el resto del mundo a mucha gente le hizo ruido ver a la figura icónica del 68, Daniel Cohn-Bendit, abrazarse con Macron como si fuera su hijo pródigo. Cohn-Bendit es tan sólo el caso más ilustrativo de toda una camada de líderes del mayo francés que giraron a la derecha, y eso no es nada nuevo. Ya en los años 80, Guy Hocquenghem denunciaba a todos esos “que pasaron del cuello Mao al Rotary Club”, explicando que en pocos años todo en contra de lo que se habían levantado en el 68 y los 70 (la explotación, el militarismo, el orden, el poder del dinero, etc.) era aplaudido por los mismos Serge July (director de <span class="pg-109ff5 pg-109wse">Li</span>bération<span class="pg-109ff3 pg-109ws2">), Cohn-Bendit, Romain Goupil (cineasta) al </span>llegar a lugares de poder como directores de periódicos, empresarios, ministros.</p>
</div>
<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y3 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws1">
<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y13 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws10"></div>
<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y13 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws10">De hecho, en los años 70, tanto la principal organización del feminismo -Movimiento de Liberación de las</div>
<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y15 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws12">Mujeres –MLF- como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria -FHAR, del que el mismo</div>
<div class="t pg-109m0 pg-109x0 pg-109h4 pg-109y15 pg-109ff3 pg-109fs2 pg-109fc0 pg-109sc0 pg-109ls0 pg-109ws12">
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y4 pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws2">Hocquenghem era fundador- se habían construido básicamente en contra de las normas dominantes –</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y6 pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws4">machistas- dentro del izquierdismo que reivindicaba el liberalismo sexual, ya que esa famosa “revolución</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y8 pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws6">sexual” más bien reforzaba el poder de los “machos alfa”, sea a través su captación de la atención por la</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110ya pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws8">vehemencia de sus palabras, sea por el enfrentamiento “viril” con la policía o la extrema derecha.</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110ya pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws8"></div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110yc pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws9">Es decir que si se mira del lado de esos líderes o figuras del ´68, reunidas en un libro que escribe la historia oficial de esos ganadores de la <span class="pg-110ff4 pg-110ws0">Gene</span>ración encontramos una historia que oculta otro ´68 de las bases y que no se ve tanto una “revolución” como una estrategia grupal para alcanzar más rápido los lugares de poder: son hijos de familias pudientes que, en vez de esperar llegar a los 45-50 años para ser directores -de lo que sea- como lo hacían sus padres, llegaron a serlo a los 25-30. Siempre presentándose como izquierdistas, no hicieron más que agudizar la brutalidad del capitalismo agregándole una dosis de subversión “libertaria”.</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110yc pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws9"></div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y19 pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws14">Y con el tiempo, se volvieron cada vez más reaccionarios al punto de que Goupil ha sido uno de los muy</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y1b pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws16">pocos franceses que ha apoyado la invasión estadounidense en Irak en el 2003. Ahora aparece este mismo Goupil</div>
<div class="t pg-110m0 pg-110x0 pg-110h4 pg-110y1c pg-110ff3 pg-110fs2 pg-110fc0 pg-110sc0 pg-110ls0 pg-110ws17">
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y3 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws1">en la televisión gritando sobre un Chaleco: <em>“Pero vos, ¿de dónde sales? ¿quién te eligió?”</em> sobre-entendiendo que la única legitimidad que reconoce es la electoral. El grito como símbolo frente a una polémica es casi un código generacional del ´68 que usan sistemáticamente sus veteranos. Esa marca identificadora de los ex líderes del ´68 quizás se deba a la posición socio-política que tuvieron: hijos de la burguesía buscando dirigir una revolución proletaria. Es probable que los gritos y el malhablado tan típico –inmediatamente reconocible- de la generación es lo que esos líderes consideraban como el idioma –rudo, directo y vulgar- de las “masas”. Por otro lado, había una lógica de “revolución cultural” al estilo chino que incitaba a escupir sobre todas las convenciones tachadas de “burguesas”, por lo que aparentar una mala educación podía pasar por una marca de subversión.</div>
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y3 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws1"></div>
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y3 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws1">En todo caso es muy específico de esta generación. Los militantes apenas mayores que lucharon en contra de la guerra de Argelia suelen usar un idioma mucho más prolijo. Para él los Chalecos son ilegítimos por levantarse en contra del orden establecido, sin embargo, no por eso Goupil abandona su amor a la subversión, ya que ahora considera que es Macron quien es “un rebelde en contra del sistema”. De ahí que a veces hay un malentendido entre franceses y el resto del mundo que aún idealiza el mayo del ´68 parisino. En Francia, la referencia al 68 es ambivalente.</div>
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y3 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws1"></div>
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y3 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws1">Por un lado, se encuentra esa historia oficial con sus clichés que ocupan el espacio público y que</div>
<div class="t pg-111m0 pg-111x0 pg-111h4 pg-111y14 pg-111ff3 pg-111fs2 pg-111fc0 pg-111sc0 pg-111ls0 pg-111ws10">es profundamente desmovilizadora, con sus veteranos que van criticando cualquier movimiento contestatario, diciendo: “<em>Ja! Pero eso no es nada, si en el 68 nosotros…” </em> y jóvenes que idealizan un momento épico y se frustran al no ver lo mismo en sus movilizaciones. Un grafiti de esos últimos meses resume el cansancio que provoca esta historia oficial: “En 50 años, este grafitti será legítimo”. Por el otro, se transmite otra historia mucho más amplia y diversa, con miles de empresas bloqueadas, una huelga general única, trabajadores que desbordaron por completo los sindicatos al punto de renegar del propio concepto de trabajo. En este otro 68, que también toma en cuenta un fenómeno mundial, se encuentran muchas referencias inspiradoras para las luchas actuales. Y muchas de las personas de más de los años ´60 años que se ven con el chaleco amarillo puesto son de este otro 68 popular y más oculto, el de los perdedores.</div>
</div>
</div>
</div>

<p><a href="https://marcha.org.ar/francia-fluorescente-el-mayo-de-los-chalecos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Francia Flourescente: Las vías inciertas de la democracia</title>
		<link>https://marcha.org.ar/francia-flourescente-las-vias-inciertas-de-la-democracia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Jul 2019 13:47:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[#Francia2019]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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					<description><![CDATA[“Francia Fluorescente”, un libro que se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macrón en Francia durante el año pasado con la manifestación de los “chalecos amarillos”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Tercer entrega del Especial “Francia Fluorescente”, un libro que se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macrón en Francia durante el año pasado con la manifestación de los “chalecos amarillos”. En esta entrega, Las vías inciertas de la democracia fluorescente El gobierno de cualquiera.</em></p>
<p><strong>Por Jérémy Rubenstein desde Francia / Foto: @pitinome/Collectif OEIL</strong></p>
<p>Desde el principio de esta larga “crisis de representación” en la cual los Chalecos son tan solo un episodio más surge una vieja pregunta institucional: ¿cómo organizarnos para que seamos políticamente iguales? En el fondo, se critican todas las representaciones (políticas, judiciales periodísticas, culturales) porque rompen con el ideal de una igualdad entre las voces que se encuentran en el corazón del paradigma democrático. Por eso todos los cuestionamientos –los síntomas de crisis, es decir las rebeliones- se combinan de un momento a otro con la idea de “horizontalidad”, a veces se vuelve casi obsesivo el temor a que alguien dentro del “nosotros” acapare nuestra voz colectiva. Obviamente se habla acá de los movimientos interesados en la cuestión de la “horizontalidad” o, mejor dicho, de la igualdad. Entre la derecha es un no-tema, y más bien se buscan –o se incrementan- formas institucionales que ratifiquen las desigualdades sociales y/o raciales.</p>
<p>En Europa, esa pregunta se convierte a menudo en discusión sobre las formas o procedimientos para prohibir o limitar esa acumulación de poder que conlleva la representación. No es una cuestión nueva, es la que plantea entre otras Aristóteles cuando describe los sistemas políticos de cada polis griega. El autor clásico explica que el sistema de Atenas se llama “democracia” pero se trata más bien de un sistema híbrido entre un procedimiento aristocrático –el voto- para elegir los diez estrategas (que vendrían a ser un equivalente de nuestros “poderes ejecutivos”) y un procedimiento democrático que es la elección por sorteo de los miembros de la Boulé (la asamblea, equivalente de diputados).</p>
<p>El sorteo es entonces considerado como el procedimiento de elección democrática por excelencia ya que permite el gobierno de cualquiera. Ese “cualquiera” obviamente es limitado a los miembros de la polis, es decir que excluye las mujeres, los extranjeros y los esclavos. Sin embargo así es el procedimiento democrático: una elección por sorteo dentro de un “nosotros” predefinido, mientras que el procedimiento del voto es identificado con la parte aristocrática del sistema ateneo, ya que se supone que se vote por los mejores (el sentido etimológico de “aristocracia” es “el gobierno de los mejores”). Se entendía entonces que los “mejores” eran los que mejor hablaban, lo que explica que la aristocracia ya sea identificada en aquella época con un estatus social: se habla mejor porque se pudo recibir la mejor educación.</p>
<p>Esa educación dispensada por los sofistas era muy cara, es así que, paradójicamente, el personaje más identificado con la democracia atenea, Pericles, sea también un aristócrata proveniente de una de las familias más prominentes (y pudientes) de la polis.</p>
<p>Vieja discusión entonces, de la cual los términos fueron desvirtuados hasta decir lo contrario de lo que decían. Es así que el término “democracia” perdió su sentido inicial para convertirse en un sinónimo peyorativo de anarquía durante la primera parte del siglo XIX y, después, en un supuesto gobierno de la mayoría a través del voto –el procedimiento aristocrático por excelencia. En este contexto de confusión –y por lo tanto de contradicciones evidentes- sobre los sentidos de las palabras que designan nuestros gobiernos, es bastante lógico que estas cuestiones emerjan a menudo cuando se reúnen personas que cuestionan la distancia entre el ideal que les enseñaron desde chicos (el gobierno del pueblo para el pueblo) y la realidad: un entramados de élites que gobiernan para mantenerse, sea distribuyendo riquezas a ciertas partes del pueblo, sea fortaleciéndose en contra de otras partes del pueblo. Esa crítica de corte institucional del régimen llamado democrático aparece en Jacques Rancière, quién  explica muy claramente que lo democrático sería precisamente el gobierno de cualquiera o de quien sea.</p>
<p>Pero el filósofo no es muy conocido fuera de los ámbitos universitarios y de izquierda. Actualmente en Francia este tipo de crítica se asocia a un personaje mucho más confuso y ambiguo: el bloguero Etienne Chouard. Este se hizo conocer a raíz de la campaña del referéndum del 2005 convocado para ratificar la “Constitución europea” (las comillas son para subrayar que aquel largo y técnico texto no era una constitución –que suelen ser cortas y suficientemente claras en sus principios para que todos puedan entenderlas. De hecho, su intitulado oficial no es “Constitución” sino “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa”, lo que dice mucho de la confusión organizada por las élites que lo escribieron). Bastante antes de las redes sociales, los textos del bloguero Chouard, también docente de escuela técnica, son difundidos por millones de personas y participan en la victoria del No a la “Constitución” (que juntó a los electores que suelen votar a la izquierda de la izquierda –es decir no por el Partido Socialista- y a los que votan a la extrema derecha nacionalista). El tratado termina por ser firmado sin embargo (con ciertos cambios al margen) por el gobierno de Sarkozy, de manera que es un momento fundador del rechazo masivo al sistema actual ya que es una prueba contundente de que votar no sirve de nada.</p>
<p>Desde entonces Chouard sostiene su crítica al régimen, esencialmente llamando a escribir desde abajo una nueva constitución ya que, según él, el pecado original de todo texto fundacional es que sea escrito por la misma gente que gobierna. De manera que hay una suerte de conflicto de intereses que piensa resolver si son los gobernados (y no los gobernantes) los que escriben las reglas. Pero Chouard también desarrolla la idea de Referéndum de Iniciativa Ciudadanía (RIC) –que es hoy la principal reivindicación constitucional de los Chalecos-, y que está constituido por preguntas que surgen desde abajo, siempre y cuando los peticionen cierto número de personas (un poco como en Suiza), sea para revocar un gobernante o para que se vote una nueva ley.</p>
<p>El RIC es visto con gran sospecha desde los ámbitos politizados, especialmente desde la izquierda. Y es que hay una larga tradición francesa en la cual tanto los referéndums como el sufragio universal directo juegan en contra de lo democrático y a favor del autoritarismo, o del bonapartismo: la primera experiencia de voto directo para un presidente remonta a 1848 cuando Napoleón III se impone (no dejaría el poder hasta 1870 y durante esos 22 años usaría varias veces el referéndum para fortalecer su poder). Es por eso que, un siglo después, cuando De Gaulle quiso restablecer el sufragio directo para presidente, toda la izquierda lo consideró como 119 Crónica viva de los Chalecos Amarillos antidemocrático –un “golpe permanente”-. En realidad, en Francia siempre se entendió el referéndum como un plebiscito.</p>
<p><span id="more-44426"></span></p>
<ul>
<li><a href="https://www.marcha.org.ar/francia-flourescente-cronica-viva-de-los-chalecos-amarillos/">Crónica viva de los chalecos amarillos</a></li>
<li><a href="https://www.marcha.org.ar/francia-fluorescente-naranja-vs-amarillo/">Naranja vs</a><a href="https://www.marcha.org.ar/francia-fluorescente-naranja-vs-amarillo/"> Amarillo</a></li>
</ul>

<p><a href="https://marcha.org.ar/francia-flourescente-las-vias-inciertas-de-la-democracia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Francia Fluorescente: naranja vs amarillo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/francia-fluorescente-naranja-vs-amarillo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 May 2019 03:04:21 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Especial “Francia Fluorescente”. En esta entrega, La Naranja Mecánica]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="t pg-39m0 pg-39x0 pg-39h1 pg-39y0 pg-39ff1 pg-39fs0 pg-39fc0 pg-39sc0 pg-39ls0 pg-39ws0"><em>Especial “Francia Fluorescente”, un libro que se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macron en Francia durante el año pasado con la manifestación de los “chalecos amarillos”. En esta entrega, La Naranja Mecánica.</em></div>
<div class="t pg-39m0 pg-39x5 pg-39h5 pg-39y10 pg-39ff3 pg-39fs3 pg-39fc0 pg-39sc0 pg-39ls3 pg-39ws0" style="text-align: left;">
<p><strong>Por Jérémy Rubenstein desde Francia / Foto: @pitinome/Collectif OEIL</strong></p>
<p><em>Somos nosotros, la institución, quienes dejamos el nivel inicial de violencia. Entre más alta sea la nuestra, más alta llega a ser la violencia de los manifestantes. Responsable policial en entrevista con el sociólogo Laurent Bonelli, “Pourquoi maintenant?” Le Monde Diplomatique (edición francesa), enero del 2019.</em></p>
<p>Cero muertos. Desde el principio de la rebelión fluorescente, la represión mató a una sola persona, una señora de Marsella que recibió una bomba lacrimógena en el rostro cuando estaba cerrado la ventana de su apartamento. La naturaleza no-letal de la represión nos hace creer en su baja intensidad, pero se trata de una percepción falsa si se entiende la ecuación política con la cual se maneja la gestión represiva de las manifestaciones en Francia.</p>
<p>Para entenderlo hay que remontar a 1986, al asesinato de un joven estudiante –Malik Oussekine- en manos de policías motorizados al margen de las protestas en contra de una ley que hubiera privatizado parcialmente la universidad, y fue abandonada precisamente por el escándalo provocado por esa muerte. Desde entonces, la doctrina represiva tiene una ecuación política simple: un manifestante muerto implica un retroceso gubernamental. A partir de ahí se desarrollaron muchas técnicas represivas que pueden dejar víctimas parapléjicas, sin ojos, sin manos, etc. La policía se conforma con matar no durante manifestaciones sociales, sino en el cuadro de la gestión cotidiana de la violencia institucional en los barrios populares.</p>
<p>Mi madre, que es poco atenta a la moda, me cuenta que un sábado se encontraba en la marcha cuando vio a un joven tratando de romper la vidriera de una tienda. Enojada, se le acerca y le va gritando que si quiere romper comercios se ataque a Carrefour o cualquier banco, ya que es lo que se decidió en asamblea: &#8220;se prohíbe degradar los pequeños comercios pero se puede hacer lo que se quiera con las franquicias de multinacionales&#8221;. El joven, zapatillas de marca, jean Levi’s, casco oscuro y bastón, duda por un instante pero decide no pegarle a la mujer de más de 60 años y menos de 1 metro 55. Al instante, otros manifestantes vienen a rescatarla y le preguntan cómo se le ocurre gritarle a un policía de la BAC. Mi madre queda perpleja, ¿cómo se dieron cuenta de que era un policía? Para ella debía ser uno de esos famosos “backbok” (-“mamá, se dice black block…”). Y es que, como dije, no distingue muy  bien las modas, y confunde la vestimenta negra que usa una parte de los manifestantes con el desprolijo pseudouniforme que viste una parte de la policía.</p>
<p>Más precisamente los integrantes de la BAC. La “Brigada Anti-Criminal” (BAC), fundada a mitad de los 90, esos ultra-violentos de la Policía que se generalizaron a principio de los 2000 en los barrios populares. Su vestimenta no se inspira entonces en los black block, como lo cree mi vieja, sino en la pequeña delincuencia. Estas brigadas han sido concebidas como fuerzas de choque destinadas a garantizar el orden en los barrios populares –es decir barrios esencialmente negros y árabes- exactamente como se solía mantener el orden colonial en el imperio francés. Durante la rebelión de las banlieues del 2005 (famosa por las fotos de autos quemados que dieron la vuelta del mundo) eran esas tropas policiales que estaban al frente de la represión. Los blancos se sorprendieron sobremanera cuando algunos meses después vieron a la misma BAC atacando a los manifestantes en las revueltas estudiantiles de la primavera del 2006: se suponía que solo se ocupaba de los negros.</p>
<p>Pero había sido tan solo un globo de ensayo, diez años después se han vuelto una segura inevitable e inmediatamente reconocible –salvo por mi madre- en toda marcha un tanto contundente. No solo sirven para romper vidrios con el objeto de degradar la atmósfera de la marcha, cuando están en banda también atacan los manifestantes por atrás o linchan a quién se aísla. En medio de la masa de manifestantes, tratan de crear un ambiente de tensión para elevar el grado de violencia.</p>
<p>También son ellos los que van creando casos judiciales dando testimonios anónimos que sirven a los jueces para condenar a los manifestantes por “violencia”. Los policías antimotines (de Gendarmería y CRS) los odian porque se les da rienda suelta –que ellos tienen más apretada- y saben que a menudo los proyectiles que reciben en la cabeza han sido lanzados por instigación de sus camaradas de la BAC. Si gustaran de Beethoven se les podría comparar a la banda de Alex DeLarge en La Naranja Mecánica, pero carecen de preocupaciones estéticas, de ahí que se vistan con un conformismo bastante aburrido.</p>
</div>

<p><a href="https://marcha.org.ar/francia-fluorescente-naranja-vs-amarillo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Francia Fluorescente: crónica viva de los chalecos amarillos</title>
		<link>https://marcha.org.ar/francia-flourescente-cronica-viva-de-los-chalecos-amarillos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 May 2019 03:03:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA["Francia Fluorescente" se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macrón en Francia durante el año pasado con la manifestación de los "chalecos amarillos".]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Primer entrega del Especial &#8220;Francia Fluorescente&#8221;, un libro que se propone ampliar la mirada y problematizar las dicotomías surgidas en el gobierno de Macrón en Francia durante el año pasado con la manifestación de los &#8220;chalecos amarillos&#8221;.</em></p>
<p><strong>Por Jérémy Rubenstein desde Francia / Foto: @pitinome/Collectif OEIL</strong></p>
<p>Surgido a mitad del mes de noviembre en contra de un aumento del precio de la gasolina, el movimiento de los Chalecos Amarillos atravesó el invierno europeo para convertirse en pocos meses en un actor central de la política francesa y una fuente de inspiración para movimientos populares en el resto del mundo.</p>
<p>Varias características convierten este movimiento en un hito inédito en la historia francesa, tanto por su geografía como por su temporalidad: desde la Revolución de 1789 hasta el mayo del 68, las grandes revueltas francesas han sido esencialmente parisinas y han ocurrido entre la primavera y el verano. Sin embargo, esta vez París es tan solo un punto de convergencia ya que el movimiento acontece esencialmente en el resto del país y, además, se desarrolló en pleno invierno.</p>
<p>Rompe con las tradiciones militantes de izquierda, rompe con las referencias de derecha: rompe con lo establecido. Analistas, politólogos, sociólogos y demás especialistas quedaron desconcertados, diciendo todo y su contrario frente a la urgencia de pronunciarse antes de entender aquello que contradecía el hábito político de una París revolucionaria rodeada de provincias conservadores, una suerte de brújula que ha regido siempre las escuelas de donde salen todos esos expertos.</p>
<p>En cuanto al nivel de la represión también hay que remontar bastante lejos en la historia para encontrar tal despliegue de violencia física y psicológica y tal desconocimiento del Estado de derecho por parte del gobierno francés. Éste ha recibido vanas advertencias de la ONU y de la Comunidad Europea sin que tengan ningún efecto sobre su voluntad de aplastar a toda costa un movimiento con reivindicaciones sociales y políticas manifiestamente moderadas, ya que no se pide otra cosa que más igualdad social y más derechos cívicos.</p>
<p>Esas reacciones en contra del derecho de manifestar, en contra de la libertad de expresarse, en contra de la prensa independiente, en contra de la independencia del sistema judicial, y otros tantos etcéteras que forman el conjunto llamado “democracia liberal” permite entender mejor este régimen que pretende la hegemonía mundial. Es un buen caso de análisis ya que no se trata del “malvado”o “lunático” Trump,del “autoritario” Putin, del “reaccionario” Erdogan, del “iliberal” Orban o cualquier presidente de un país latinoamericano considerado demasiado pobre o corrupto como para ser tomado como una “democracia en serio”.</p>
<p>Esta vez se trata de Emmanuel Macron, presidente de la quinta potencia mundial (“un país en serio”, como diría un lector de La Nación) que ha sido presentado como el campeón de la “democracia liberal”. Es por esto que la escalada de violencia del régimen francés –el presidente prácticamente llamó al asesinato de manifestantes es especialmente interesante, ya que nos permite entender qué es lo que llaman “democracia liberal” en este preciso momento de la historia, que no corresponde con el sentido que le daban los gobernantes a ese mismo concepto hace tan solo 20 años atrás.</p>
<p>A su vez, esta “deriva autoritaria” como tibiamente describen su gobierno algunos comentaristas franceses nos lleva a cuestionarnos sobre el poder. Y no en cuanto a la complejidad del entramado de poderes con el cual se constituyen las formas de gobernabilidad, sino en su sentido más arcaico y simple. Por ejemplo, con tal de conservar este poder, Macron abandonó sin reparo alguno todas las etiquetas políticas que representaba. Para él, el aplastamiento del movimiento es una cuestión de vida o muerte. Se encuentra en el lugar de Margaret Tatcher frente a la huelga de los mineros  (1984-1985): si lo logra quedará en cargo –y/o de modelo- durante más de diez años; si cede se termina su carrera y será reemplazado (esta vez sí por el entramado de poderes más profundos y más complejos).</p>
<p>Para el gobierno, los Chalecos tienen que aparecer como burdos rednecks a la francesa. Necesitan de esa imagen para legitimar a Macron como un detentor mesurado y amable del poder. Funciona como contrapunto: los Chalecos Amarillos deben decir o pensar (la intención adjudicada es uno de los ejes de esa retórica) que Macron es un maricón a sueldo de la banca judía quien gusta de los negros hiphoperos. El problema es que esa imagen caricatural es doblemente desmentida tanto por la composición sociológica mucho más compleja del movimiento como por las acciones -mucho menos amables- del gobierno.</p>
<p>El objetivo de este libro, y por ende de las entregas publicadas en <em><strong>Marcha</strong></em>, es mostrar punto por punto como esas dos imágenes –la del gobierno y la de los Chalecos- se invierten y difuminan hasta dejar entrever una realidad más compleja pero también más abierta. Incluso abierta a la posibilidad de que los Chalecos se transformen progresivamente hasta encajar en la imagen deseada por el gobierno –es decir, que se vuelvan fascistas. Desde el gesto propiamente genial de ponerse el chaleco de dotación obligatoria para automovilistas con el objetivo de visibilizar a los invisibles usando una simple señalización de emergencia hasta hoy han pasado miles de cosas. Se abrió un tiempo histórico, un tiempo vertiginoso en el que los acontecimientos se sustituyen uno tras otro a una velocidad acelerada sin dejar claro qué quedará como acontecimiento y qué no será más que espuma pasajera de estos días.</p>
<p><strong>Continuará &#8230;</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/francia-flourescente-cronica-viva-de-los-chalecos-amarillos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>&#8220;El riesgo es perder de vista el ideal que defendemos, y en nombre de qué luchamos&#8221;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jul 2017 03:47:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[En casa]]></category>
		<category><![CDATA[feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[francia]]></category>
		<category><![CDATA[Jérémy Rubenstein]]></category>
		<category><![CDATA[Mona Chollet]]></category>
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					<description><![CDATA[Mona Chollet: lo personal y doméstico es político ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Jérémy Rubenstein / Traducción Martín Londoño </strong></p>
<p><em>Mona Chollet es una periodista feminista francesa que escribe en Le Monde Diplomatique y que escribió en Charlie Hebdo. Cultora de un estilo panfletario y sarcástico, en su último libro, &#8220;En casa&#8221;, se permitió la escritura delicada y hogareña sin caer en lo consensual o diplomático.<br />
</em></p>
<p><span class="_4n-j _fbReactionComponent__eventDetailsContentTags fsl" data-testid="event-permalink-details">Su feminismo es políticamente incorrecto y su escritura realiza una crítica general de la sociedad en la cuál la idea de utopía está siempre subyacente. Mona Chollet es periodista y escritora y su libro &#8220;En casa&#8221;, editado por primera vez al castellano por Hekht, llega a Buenos Aires para </span>ser presentado hoy a las 19:30 en La Libre, Bolívar 438, San Telmo (CABA). A propósito, un diálogo reflexivo y amigable, un ida y vuelta que contiene mucho más que lo que las palabras dicen.</p>
<p><strong>-¿Cuál es la importancia de recordar constantemente desde qué lugar escribe, es decir, desde su situación particular?</strong></p>
<p>Quizás, porque a decir verdad no tengo otra fuente de legitimidad que esa. Extraigo mi legitimidad de las investigaciones que he llevado a cabo, de mis lecturas y mis reflexiones. Pero no soy historiadora ni socióloga, no tengo ningún título específico que me autorice a hablar de los temas que trato. Soy periodista, tengo una formación generalista.</p>
<p>Más allá de esto, creo que tenía ganas de hacer algo un poco más personal, con idas y vueltas entre lo íntimo y temas más generales, políticos y colectivos. Lo que me interesaba era el proceso: mezclar lo personal con lo político, mostrar cómo ambos ámbitos están relacionados. También quería que el libro sea propositivo, creo que para el lector leerme a menudo en primera persona le permite identificarse, que sea para estar de acuerdo o no. Es un recurso que a mi parecer permite crear un diálogo imaginario.</p>
<p><strong>-¿No le parece que cuando los “especialistas” hablan también deben –o deberían- exponer y aceptar sus propias subjetividades? Tengo la impresión que el discurso dominante, catedrático, se ha derruido. La sola legitimidad del experto ya no basta…</strong></p>
<p>Si, de acuerdo, pero me imagino que de todas maneras en el medio universitario hay convenciones que respetar en relación a la comunidad académica y a los lectores acostumbrados a cierto tipo de discurso… Es curioso, me da la impresión que como lectores siempre logramos identificar muy bien desde dónde se escribe lo que leemos. Por ejemplo, estoy leyendo a una socióloga que pretende tener un punto de vista bastante neutro sobre el tema que está tratando. Sin embargo, al leerla advierto su sesgo en cada línea, y de manera bastante evidente. Esto no me escandaliza, digamos que en su caso lo tomo como una precaución tácita.</p>
<p>Es cierto que hay cierta pretensión de autoridad muy altiva. Pero creo que nadie puede dejarse realmente engañar. Quizás prefiero cuando se asume la subjetividad, cuando la socióloga dice de entrada “este es mi punto de vista sobre esta cuestión y es posible que permee este libro”. No creo que la subjetividad impida hacer trabajos muy rigurosos. Señalar su punto de vista no es una excusa para permitirse trabajar poco o carecer de rigor. Se pueden aliar ambos: asumir su punto de vista y al mismo tiempo proponer algo estructurado y serio… en lo ideal (risas).</p>
<p><strong>-Tiene un estilo de escritura amable y reconfortante, prácticamente libre de ofensivas. Sin embargo, muchos de los temas que aborda y de las sugerencias que expone implican afrentas directas con los poderes establecidos y los lugares comunes de la izquierda. En otras palabras, en el fondo, distribuye cachetadas a diestra y siniestra, pero en la forma se mantiene extrañamente amigable. ¿Qué debemos entender de este contraste?</strong></p>
<p>Su comentario es muy interesante. Es gracioso porque mi libro anterior, que glosaba sobre las mujeres y la belleza [Beauté fatale. Les nouveaux visages d’une aliénation féminine, éd. Zones, 2009] a menudo fue descrito como agresivo. Una joven periodista vino a entrevistarme a propósito del libro y una vez concluida la entrevista me dijo: “que extraño, si en la vida real usted es muy amable”… (risas). Quedé un poco desconcertada. Es verdad que había mucha rabia en ese libro, pienso que esto se sentía y me pregunto si eso desagradó a ciertos lectores. Me gusta el estilo panfletario y sarcástico cuando se presenta una real oportunidad de usarlo, pero no de manera gratuita, solamente cuando el tema me pone iracunda. Es un estilo que me gusta bastante.</p>
<p>Quizás con <em>En casa</em>, tuve la oportunidad de explorar otra aproximación, de ver como se puede ser muy crítico sin agredir a la gente. Es delicado, porque tampoco es correcto edulcorar innecesariamente los propósitos, no hay que caer en algo demasiado consensual o diplomático. Hay personas que se sienten agredidas muy fácilmente, entonces hay que evitar tener estándares demasiado bajos al respecto. Pero es verdad que me interesa intentar escribir de esta manera sin censurar por ende lo que tenemos por decir… y también intentar llevar un discurso un poco más afirmativo. Tengo la sensación que entre la izquierda es un problema recurrente y actual, al hallarse en una tónica muy defensiva. Es que en estos últimos años siempre estamos resistiéndonos a regresiones y derivas. El riesgo es perder de vista el ideal que defendemos, y en nombre de qué luchamos. (Nos interrumpe el ruido del camión la basura).</p>
<p><strong>-Es formidable en su libro el hecho de reconsiderarlo todo a partir del lugar que habitamos, incluida –a propósito- la recolección de las basuras. De alguna manera, ese era el sentido de mi primera pregunta: me da la impresión que para una escritora “militante”, “comprometida”, y en ocurrencia feminista, usted habla desde un lugar que muchos lectores reconocerán y encontrarán realmente familiar. Sin embargo, hablar desde ese lugar, y además desde una clase media para la cuál “las cosas van bien” según los estándares generales, me parece bastante difícil, por lo menos en Argentina.</strong></p>
<p>¿Pero por qué ?</p>
<p><strong>Y… la mayoría de autores, al igual que muchos militantes, tienden a hablar desde un lugar que no es el propio y/o que no corresponde a su público. La figura clásica es ver a autores de izquierda provenientes de la pequeña burguesía asociarse a los más desfavorecidos y, de alguna manera, expresarse en su lugar. De la misma manera, en cuanto al feminismo, tengo la impresión que hay una gran distancia entre ciertas autoras que escriben a partir de recorridos muy particulares, y a menudo extremos, y un lectorado mucho más burgués o de clase media sin sobresaltos existenciales. No lo sé, me parece que ciertos autores buscan que su lectorado se identifique a ellos a partir de situaciones muy alejadas de las que viven realmente. Y usted rompe abiertamente con esa postura, desvelando abiertamente su situación social.</strong></p>
<p>No había pensado tanto en eso. Es verdad que he visto a menudo a mi alrededor, entre la izquierda, cierta vergüenza, complejos y hasta odio de sí mismo por venir de un medio burgués. Pienso que yo también sentí lo mismo durante un tiempo, en fin… quizás cuando tenía 20 años. Pero al cabo de un rato, me pareció bastante estéril. No creo que odiándose a si mismo surja nada interesante. Eso es partir de una posición falseada, y no veo cómo se pueden decir cosas útiles desde este lugar. Le he restado dramatismo a ese tema, ya no creo que sea realmente un problema para mi. No me siento particularmente orgullosa de venir de ese medio, sé que tengo muchos privilegios. Simplemente, desde que me decidí a escribir, intento hacerlo de la manera más honesta y ver que puedo aportar desde mi experiencia, asumiéndola.</p>
<p><strong>-Intento hacer lo posible para que mi casa sea un lugar acogedor y ameno en el que cada uno pueda hacer lo que desea. Pero no deja de ser mi casa y sigue estando regida por mis reglas ¿Cómo enlazar lo político, lo colectivo, con reglas que soy el único en fijar?</strong></p>
<p>Pienso que es muy benéfico tener un espacio que responda a nuestras propias reglas. Pienso que lo necesitamos. Idealmente, deberíamos tenerlo. La vida sería agotadora sin ello, sin un lugar acomodado según nuestros gustos, con cosas que nos gusta comer en la despensa e imágenes que nos gustan en los muros. Me parece que es una necesidad fundamental. Efectivamente, pueden aparecer pequeñas tensiones cuando otras personas entran en ese espacio íntimo. Después, el tema es que la mayor parte del tiempo, muchas personas conviven y comparten ese espacio. Eso se traduce en compromisos, en puntos intermedios que corresponden a los deseos de cada uno. Es un entrenamiento a ser más tolerantes, a aceptar la manera de funcionar de las demás personas en ese espacio privado.</p>
<p>También está el tema de la hospitalidad. Pero creo que para las personas que admitimos en ese espacio hay efectivamente algunas obligaciones: en casa de algunos hay que quitarse los zapatos al llegar, son cosas que dependen de las tradiciones, de las manías de cada uno. Pero también hay una contraparte positiva para quienes llegan: descubrir el espacio ideal de una persona, que es de alguna manera el reflejo de su personalidad. A mí me gusta mucho ir a casa de la gente, siempre me parece muy interesante ver las diferencias, decirme “yo nunca podría vivir aquí” o al contrario “¡qué suerte!” o “vaya, que manera tan particular de organizar los libros”. Es muy estimulante descubrir cómo funcionan los demás, ver lo que corresponde a sus gustos y sus ideales. Eso compensa el hecho de deber quitarse los zapatos o de poner un portavasos bajo nuestra vaso para no marcar la mesa… En fin, pequeños detalles como esos (risas).</p>
<p><strong>-Como dice, este espacio es esencialmente un espacio compartido, ya sea con la pareja, la familia, los compañeros de piso… Generalmente vivimos nuestras casas entre varios.</strong></p>
<p>A propósito, en mi libro cito al arquitecto estadounidense Christopher Alexander que en los años 70’, junto con otros más, había hecho una antología dónde pensaban el espacio ideal. Había estudiado todas las posibilidades del espacio: tanto un espacio concebido para una persona sola, como para una pareja, una familia, una familia extendida, personas que trabajan juntas o amigos que cohabitan… En fin, realmente había intentado imaginar y cubrir todas las configuraciones posibles –también para el espacio público. Su idea era proceder por espacios delimitados y diferenciados. Aunque se trate de un espacio realmente pequeño, apenas un escritorio en una esquina, idealmente una habitación, lo importante es que sea exclusivo para cada persona, para que pueda retirarse sola en él.</p>
<p>En el caso de una familia, por ejemplo, se necesitarían espacios como este para cada individuo de la pareja y también de la progenitura, aunque se trate solamente de una cortina de la cuál tirar para encontrarse tranquilo un momento: un espacio para la pareja, separado de los niños; un espacio exclusivo para los niños; un espacio para toda la familia; e, idealmente, para seguir con la misma idea, un espacio para recibir a los amigos. Es un ideal, no algo que todo el mundo pueda realizar concretamente, pero me parece que ya está bien haber intentado consignar esta idea en papel y definir cómo deberían funcionar las cosas idealmente. Pienso que esto permite crear espacios que concilien a la vez la soledad y el placer de compartir con otras personas.</p>
<p><strong>-¿Que rol juega el internet con este espacio?</strong></p>
<p>Lo que digo a propósito no es muy original. Tengo la impresión que internet cambia el espacio privado por completo, porque permite una intrusión permanente de los demás en un ámbito que antes correspondía a un lugar de soledad y protección. En cuanto a las redes sociales, se tratan de espacios virtuales que pueden llegar a ser muy agresivos. No lo son todo el tiempo, obviamente, pero pueden llegar a serlo. Pienso particularmente en Twitter. Es un lugar tan indiscriminadamente abierto que a menudo nos confronta a gente de la que todo nos separa y con la que tenemos antagonismos muy marcados. Esto cambia la relación con el espacio privado, porque podemos ser agredidos encontrándonos solos en casa, y eso es nuevo.</p>
<p>Aún sin hablar de ese lado agresivo la presencia de otras personas siempre está ahí, de manera casi permanente: basta con mirar las notificaciones en nuestros aparatos, o responder a un comentario o un mensaje. Hay una comunicación permanente con el exterior que es bastante novedosa, y que probablemente plantea nuevos problemas de cohabitación en el hogar. Existe un gran riesgo que cada uno sea absorbido por su pantalla y que se comunique más con personas ausentes que con las que están al lado.</p>
<p>También tengo la impresión de ver un movimiento contrario, aunque sea menos evidente: como las pantallas tragan todo cuanto hay en casa para publicarlo en línea. Observé eso cuando empecé a frecuentar los sitios de publicación de imágenes como Instagram. Me di cuenta que lo que antes eran postales que adornaban los muros de mi casa y que yo era la sola en ver, de repente se encontraban publicadas en línea. Era como si las imágenes de los muros de mi casa se metieran en la pantalla y se convirtieran en algo compartido. Las pantallas aspiran la vida hacia un lugar virtual y por ende público.</p>
<p>Si queremos volver a compartimentar los espacios, creo que tendremos que hacer prueba de una fuerte voluntad, no será fácil…. También hay personas que detestan esto y por lo tanto están completamente a salvo de ese fenómeno. Para estas personas no es un problema, pero cuando nos sentimos atraídos por ello es muy difícil definir límites. Esta dificultad no es sorprendente porque estamos hablando de algo muy reciente. No tenemos suficiente perspectiva, entonces nos dejamos atropellar por estas nuevas experiencias. Creo que encontraremos mejores maneras de vivir con ello más adelante.</p>
<p><strong>-Tengo la impresión que este fenómeno es extremadamente nefasto para la lectura. Nunca </strong><strong>antes había leído tan poco como estos últimos años…</strong></p>
<p>Yo también… aunque en este momento estoy retomando la lectura, me fuerzo un poco. Quiero decir que retomo la lectura con placer, pero es verdad que la vida virtual parece nociva para la lectura.</p>
<p><strong>-Me hace pensar en un bullicio permanente que nos impide concentrarnos en el libro que </strong><strong>estamos leyendo.</strong></p>
<p>Si, estoy de acuerdo, es un bullicio. Y al mismo tiempo también veo puntos positivos, aprovecho mucho de cosas que otras personas han encontrado y compartido: lecturas, películas y anécdotas que después pueden servir para construir algo propio. También tengo la sensación de pasar mis días reuniendo cosas interesantes y organizarlas preguntándome si van a servir de algo más tarde. Evidentemente, tan sólo una ínfima parte de ellas logra convertirse en algo más elaborado y organizado, es un poco enloquecedor.</p>
<p><strong>-¿Qué piensa sobre el feminismo?</strong></p>
<p>Me cuesta mucho emitir un parecer sobre el feminismo en general. Trato temas que me interesan y que a menudo resultan tener una dimensión feminista, porque soy una mujer. Me estrello forzosamente con ciertas limitaciones o preocupaciones. Está claro que el feminismo me interesa, sí… pero me cuesta tener un punto de vista generalizado sobre él. No tengo una opinión sobre todo, ni he pensado en todas las consideraciones coherentes respecto al movimiento feminista, me cuesta bastante.</p>
<p>Pienso que podemos partir del principio que nunca somos completamente libres, no es el caso entre los varones, y aún menos entre las mujeres. Por lo tanto, criticar a una mujer porque quiere operarse las tetas (para aludir a un tema que ya he tratado) o porque decide quedarse en el hogar, pues me parece un poco superfluo. Creo que de todas maneras las escogencias que hacemos están tan determinadas que cada una se las arregla como puede frente a las imposiciones que le caen encima. Nadie debería permitirse pontificar al respecto, ni nadie escapa completamente de esos determinismos. Todo lo que se puede hacer es debatirse con algunas de ellas, y a veces, aceptar algunas otras. De todas maneras, se trata de negociar con una forma de dominación, por lo tanto cada uno negocia como puede, y no debe darse lección alguna sobre la manera de hacerlo de cada quien.</p>
<p>Señalar una conducta, por ejemplo una mujer que quiere operarse las tetas, y decir de ella que no corresponde a un acto de absoluta libertad, no me parece equivalente a criticar a la mujer que lo hace, sino a apuntar un sistema de dominación que nos concierne a todas. Es importante permitirse señalar estas cosas. Es mejor no borrar las relaciones de dominación ni impedir el análisis de un sistema. Debemos permitirnos identificar los determinismos contradictorios a los que estamos constantemente sometidas. Se trata de analizarlos y de denunciarlos, y al mismo tiempo lograr aclarar que no estamos aquí para aleccionar o imponer reglas a nadie. Criticar no equivale a eso.</p>
<p>Me parece que hay cierta hipersensibilidad respecto al tema, y que el simple hecho de analizarlo ya es demasiado, se considera abusivamente como una agresión, una traición o un ataque. Cuando escribí sobre la belleza [Beauté fatale estaba estupefacta de ver que cierta gente pensaba que estaba diciéndoles a las mujeres que no está bien maquillarse, o cosas por el estilo… Realmente, no se trata de eso… Yo también me siento completamente sometida a ese sistema, quizás un poco menos en relación a ciertos aspectos… Con ciertas cosas, creo ser vigilante y reactiva, y con otras, pues no logro zafar, como todas las mujeres. No me siento por fuera del caso que describo y al mismo tiempo pienso que está bien ser crítica, hagamos lo que hagamos después. Por ejemplo, me hizo bien estudiar el imperativo a ser delgada. No me liberó por lo tanto de todas las inseguridades sobre mi propio peso, que comparto con millones de mujeres, pero hacer ese trabajo me alivió. Ser crítica puede ayudar a mantener a distancia ciertos mecanismos, entonces me parece benéfico, pero tampoco quiere decir que esto nos haga salir milagrosamente del sistema que nos oprime y que denunciamos.</p>
<p><strong>-Vi afiches de una película cuya promoción anunciaba “el Jason Bourne </strong><strong>femenino” y muchos otros de la Mujer Maravilla ¿No le parece que algo en este ámbito está </strong><strong>cambiando estos últimos años? </strong></p>
<p>No había pensado las cosas de esa manera… Pero tengo la impresión que Buffy ya era interesante a ese nivel, que marcó un cambio. Su creador pensó que en todas las películas de vampiros la chica rubia muere en cinco segundos. Y se preguntó que pasaría si fuera esta chica rubia la que masacrara a los vampiros. Después, profundizando un poco, nos damos cuenta que los estereotipos siguen allí: las actrices deben ser extremadamente bellas y hacer seis meses de dieta para poder entrar en su disfraz ultra ceñido de superheroína… En cuanto a la Mujer Maravilla, no sé, no he visto la película.</p>
<p><strong>-Ha… yo tampoco la vi… quizás podamos armar un panel de expertos para la televisión.</strong></p>
<p>Si, absolutamente, como panelistas seria mejor no haber visto la película para comentarla, podría dificultar los comentarios (risas).</p>

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