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	<title>Inglaterra &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Inglaterra &#8211; Marcha</title>
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		<title>Gran Bretaña: Brexit y después&#8230;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Dec 2019 12:38:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Boris johnson]]></category>
		<category><![CDATA[Brexit]]></category>
		<category><![CDATA[Inglaterra]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[union europea]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Cómo sigue Gran Bretaña después del Brexit?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Tras la campaña de Boris Johnson seguida de  su asunción como primer ministro de Reino Unido, el tan discutido &#8220;Brexit&#8221; fue consolidado como discurso y proyecto político, ¿Y ahora?.</em></p>
<p><strong>Por Michael Roberts</strong></p>
<p>¡Brexit ya! fue el lema de campaña del actual gobierno conservador del primer ministro Boris Johnson. Y fue el mensaje que ganó para los conservadores a un número suficiente de votantes laboristas que votaron abandonar la UE en 2016. Un tercio de los votantes laboristas en las elecciones de 2017 querían abandonar la UE, principalmente de la región central y norte de Inglaterra, y en las pequeñas ciudades y comunidades que tienen pocos inmigrantes. Han aceptado la afirmación de que sus peores condiciones de vida y servicios públicos se deben a la UE, la inmigración y la “élite” de Londres y el sur de Inglaterra.</p>
<p>Gran Bretaña es el estado más dividido geográficamente en Europa. Las elecciones confirmaron esta “geografía del descontento”, en la que las tasas de mortalidad varían más dentro de Gran Bretaña que en la mayoría de las naciones desarrolladas. La diferencia del ingreso disponible es mayor que la de cualquier país similar y ha aumentado en los últimos 10 años. La brecha en productividad también es mayor que la de cualquier país comparable.</p>
<p>La propuesta pro-Brexit fue más fuerte entre aquellos que tienen la edad suficiente para imaginar los “buenos viejos tiempos” de la “supremacía” inglesa, cuando “teníamos el control” antes de ingresar en la UE en la década de 1970. Una vez en la UE, tuvimos la volátil década de 1970 y la destrucción de las comunidades industriales y manufactureras en la década de 1980. La ola de inmigrantes de Europa del Este (en realidad a las grandes ciudades) en la década de 2000 fue la gota que colmó el vaso.</p>
<p>En la “capital” de Inglaterra, Londres, el voto laborista se mantuvo, mientras que el partido “pro permanencia en la UE”, los demócratas liberales, fueron aplastados. Los DL tuvieron malos resultados, pero a pesar de ello obtuvieron una mayor participación del voto (11%) que en 2017. La proporción conservadora del voto aumentó solo ligeramente desde 2017 (del 42.3% al 43.6%), pero los laboristas cayeron del 40% en 2017 al 32 %. Por lo tanto, las encuestas de opinión y las encuestas a pie de urna fueron muy precisas. De hecho, la participación general cayó del 69% en 2017 al 67%, particularmente en las áreas pro-Brexit. Una vez más, el “partido de la abstención” fue el mayor.</p>
<p>Esta fueron claramente unas elecciones pro-Brexit. El partido laborista tenía el programa de izquierda más radical desde 1945. El manifiesto social y económico de la dirección de la izquierda laborista fue en realidad bastante popular. La campaña laborista fue excelente y la participación de los activistas en ella y en la movilización del voto fue excelente. Pero al final sirvió de poco. La ola pro-Brexit fue dominante y el voto laborista cayó. No todos los votantes querían “Brexit ya”, pero claramente una mayoría de los votantes “pro-Brexit” de 2016 estaban hartos de retrasos y dilaciones por parte de la ex primera ministra May y el parlamento y querían acabar con el asunto del Brexit de una vez por todas.</p>
<p>Por lo general, se ganan elecciones según el estado de la economía. Estas elecciones fueron diferentes. Pero aun así, el índice de “bienestar económico” (basada en una combinación del cambio en el ingreso real disponible y la tasa de desempleo) sugiere una mejora desde que la ex PM May perdió su mayoría en 2017. La economía a nivel de inversión y producción puede haberse estancado, pero el hogar medio del Reino Unido se sentía un poco mejor desde 2017, con pleno empleo y una ligera mejora en los ingresos reales. Eso ayudó al gobierno Johnson.</p>
<p>¿Ahora qué? El gobierno Johnson se moverá rápidamente para aprobar en el parlamento la legislación necesaria para que el Reino Unido abandone la UE a fines de enero a más tardar. Y entonces comenzará el tortuoso proceso de firmar un acuerdo comercial con la UE. Se supone que se completará en junio de 2020, a menos que el Reino Unido solicite una extensión. Johnson tratará de evitarlo y ahora puede hacer todo tipo de concesiones a la UE para llegar a un acuerdo sin temor a una reacción violenta de los “pro-Brexit sin acuerdo” de su partido, ya que tiene una mayoría lo suficientemente grande como para echarles si es necesario.</p>
<p>Dado que es probable que el tema del Brexit esté solucionado el año que viene, la economía británica, que ha estado de rodillas (estancamiento del PIB y la inversión), es probable que tenga una recuperación breve. Con el fin de la “incertidumbre”, la inversión extranjera puede regresar, los precios de la vivienda recuperarse y con el mercado laboral cerca del pleno empleo, los salarios pueden incluso recuperarse. El gobierno Johnson puede hasta apropiarse de algunas de las propuestas laboristas y aumentar el gasto público por un corto período de tiempo.</p>
<p>A largo plazo, el futuro de la economía británica es pésimo. Todos los estudios muestran que una vez fuera de la UE, la economía británica crecerá más lentamente en términos reales que si hubiera permanecido en ella. El grado de pérdida relativa se estima entre 4-10% del PIB en los próximos diez años, dependiendo de los términos del acuerdo comercial y laboral con la UE. Además, todavía no está claro cuánto afectará al sector de servicios financieros de la ciudad de Londres. Pero todo esto es relativo; implica solo el 0.4-1% menos en la tasa de crecimiento anual proyectada. Si, por ejemplo, el Reino Unido hubiera crecido el 2% anual en la UE, ahora crecería aproximadamente el 1.5% anual.</p>
<p>Y luego está el comodín: la economía global. Las principales economías capitalistas están creciendo al ritmo más lento desde la Gran Recesión. Puede haber una tregua temporal en la guerra comercial en curso entre los Estados Unidos y China, pero estallará nuevamente. Y la rentabilidad empresarial en los Estados Unidos, Europa y Japón está disminuyendo, mientras aumenta la deuda corporativa. El riesgo de una nueva recesión económica mundial está en su punto más alto desde 2008. Si se produce una nueva depresión mundial, el estado de ánimo del electorado británico puede cambiar bruscamente; y la burbuja pro-Brexit del gobierno Johnson estallar.</p>
<p>Fuente: <a href="http://www.sinpermiso.info/">Sin Permiso</a>,</p>
<ol>
<li>Traducción de Gustavo Buster y Lucas Antón</li>
</ol>

<p><a href="https://marcha.org.ar/gran-bretana-brexit-y-despues/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El día en que nos perdimos el gol de Maradona a los ingleses</title>
		<link>https://marcha.org.ar/dia-nos-perdimos-gol-maradona-los-ingleses/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jun 2016 03:20:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Inglaterra]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[Maruricio Polchi]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial 86]]></category>
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					<description><![CDATA[Relato de un día agitado]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Mauricio Polchi</strong></p>
<p><em>Relato, recuerdo, cuento&#8230; el cronista, ahora devenido en narrador, se metió de lleno en el Mundial 86 y en el partido de Argentina contra Inglaterra. Desempolvó la memoria y armó el rompecabezas de aquel día memorable junto a sus amigos de Isidro Casanova. En las líneas que siguen, el resultado y las memorias de un niño de 6 años.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>A los pibes del Rayo Verde Pujol&#8230;</em></p>
<p>No vimos el gol de Maradona a los ingleses. Lo gritamos, pero no lo pudimos ver. Y eso que desde muy temprano nos habíamos preparado para ese momento mágico. En Isidro Casanova el ambiente anticipaba una sorpresa, y nadie quería perderse lo que vendría después…</p>
<p>Estábamos listos para ser testigos de esa historia, y lo fuimos a nuestra manera, aunque no vimos el gol de Maradona a los ingleses.</p>
<p>Esa mañana del 22 de junio de 1986 el barrio amaneció distinto, con otro ritmo, con otro color. Estaba adornado como en uno de esos días de feriado patrio, que traen con ellos esa costumbre de colgar una bandera en el frente de una casa, en el portón de entrada, o en el tanque de agua, allá en lo más alto de la terraza.</p>
<p>Don Tomás nos cosió unas cintas de papel crepe celeste en las remeras blancas, y Enzi, mi vieja, convirtió unas sábanas añejas en un trapo inmenso que no paraba de flamear. En los colectivos que pasaban por la Ruta 3 podíamos ver la alegría de los pasajeros que nos saludaban desde las ventanas, como celebrando por adelantado. Y los chicos de la calle Pujol también intuíamos que algo extraordinario iba a suceder; entonces, para observar ese fenómeno, nos habíamos ubicado delante del televisor.</p>
<p>Hay quienes empiezan a reunirse de más grandes, cuando ya son adolescentes y pintan las primeras birras, las picadas. Pero nosotros, los de la calle Pujol, ya habíamos empezado las reuniones para mirar juntos los partidos del Mundial contra Uruguay, por los octavos y después de la fase de grupos. El primer encuentro lo armamos en la casa de Ignacio y Leandro, los dos hermanos que vivían al lado de la canchita de La Porota. También estaban, acompañados por el papá de los anfitriones, Tolo, Carlitos y Manu. Conocíamos a todos los jugadores de memoria: titulares y suplentes. Lo que más nos entretenía eran los números de las camisetas, asignados por orden alfabético. Aquel día nos sentamos en el piso, le bajamos el volumen a la tele y pusimos la radio. Argentina ganó y entendimos que en el siguiente partido deberíamos repetir el ritual. Siendo criaturas, ya apelábamos al misterioso recurso de las cábalas. El cruce sería con Inglaterra.</p>
<p>Ese día, el 22 de junio de 1986, vimos la previa, tomamos gaseosa y conectamos el grabador gris, grandote, que había comprado el papá de Manu para el cumpleaños de su hijo en el mes de marzo. La radio parecía más grande y brillante que la pequeña tevé Hitachi de 14 pulgadas que reproducía las imágenes que llegaban desde el lejano Estadio Azteca. Estábamos nerviosos, ansiosos, y puteábamos a los ingleses. No sabíamos bien el motivo, pero les teníamos bronca, mucha más bronca que a otros equipos.</p>
<p>Cuando llegó el gol de Maradona, el primero, fuimos para afuera a abrazarnos con los otros vecinos. Estábamos convencidos de que había sido de cabeza (y lo hubiéramos festejado igual si era con la mano, cuántas veces lo habremos hecho en los picaditos de la calle Pujol). Por supuesto, volvimos corriendo a sentarnos cada uno en el mismo lugar. Nada de andar rotando posiciones o intercambiando las sillas. Los nervios nos comían, no queríamos que nadie hablara.</p>
<p>Y después llegó el segundo, ese que no vimos, y todo ya fue una locura. Salimos corriendo de nuevo; si ahora que me acuerdo hasta La Ema, mamá de Tolo, estaba maldiciendo a los británicos.</p>
<p>Volvimos a los mismos lugares, tratando de hacer silencio, mientras el relator seguía contando cómo había sido todo. Y lo escuchábamos atentos porque no vimos el gol de Maradona a los ingleses. Pero todos nosotros no: Ignacio sí lo había visto. Por mi parte, recuerdo haberlo festejado mientras Diego, con la camiseta azul, perfilaba hacia el banderín del córner después de convertir. Y hasta tengo la imagen de su figura cruzando la mitad de la cancha, avanzando con la pelota a toda velocidad, con ese galope de jinete indomable, con su cuerpo esquivando y saltando piernas. Todo eso me lo acuerdo, menos la definición.</p>
<p>Y es que sucedió en un segundo: en ese instante en que el capitán de la Selección entra al área, después de eludir a Shilton… Después vimos en todas las repeticiones, de ese día y de todos estos años, que se cae por un patadón del defensor inglés, y que antes la patea justo, para que entre al arco. Pero ese día no lo vimos, y festejamos ese gol igual. Ignacio sí lo vio. Él fue quien se paró delante de la minúscula tele y nos tapó, a todos nosotros, la definición. Fueron unos segundos que resultaron interminables. Fuimos testigos de la corrida memorable y sin embargo, no del gol.</p>
<p>Pero ese día dio igual haberlo visto o no. Y apenas el árbitro dio el pitazo final, salimos expulsados a la calle. Y entre gritos y cantos y tiritas de papel crepe que se nos caían y que algunas remeras blancas ya no tenían de tanto roce y de tanto abrazo, nos gustó verlo a Pocho con una sonrisa. Lucho, su hijo, nuestro amigo, se nos había ido al cielo algunos días antes. Pocho tenía el camión afuera y no dijo que nos subiéramos en la parte trasera. Fuimos a dar unas vueltas. Aprendimos algunas canciones y otras las inventamos. La que más sonaba era una que decía &#8220;La Tacher, la Tacher, la Tacher donde está, la busca Maradona para cogérsela&#8221;. No sabíamos bien que significaba, pero sabíamos que no queríamos a esa señora. Ese festejo duro un montón, y cómo no iba a durar, si estábamos todos tirando para el mismo lado…</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/dia-nos-perdimos-gol-maradona-los-ingleses/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>“Argentina- Inglaterra debe ser el partido al que más se vuelve en la historia”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/argentina-inglaterra-partido-al-mas-se-vuelve-la-historia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jun 2016 03:05:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Andrés Burgo]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Inglaterra]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial 86]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista con Andrés Burgo]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink &#8211; @nadia_fink<br />
</strong></p>
<p><em>Autor de </em>El partido<em>, el periodista deportivo Andrés Burgo investigó durante cuatro años para relatar ese encuentro del que se cumplieron 30 ayer. En esta charla, nos cuenta de la génesis del libro, su recuerdo del Mundial y el rompecabezas que armó a partir de una pregunta.</em></p>
<p><em>“En un párrafo perdido de un diario amarillento, conservado en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, hiberna una frase del personaje más secundario de la selección argentina de fútbol que ganó el Mundial de México en 1986. ‘Nos contó Mariani, el ayudante de Carlos Bilardo, que Maradona ese día, el domingo 22, se levantó más temprano que nunca y que su buen humor lo desparramó por todos los rincones de la habitación’”.</em></p>
<p>Así empieza el libro <em>El partido</em>, con el rescate de un personaje poco visitado de esta historia. Encontrar a Mariani fue el primer disparador para que Andrés Burgo empezara a investigar y a tejer palabras, declaraciones y situaciones que lo llevaron a pensar en un libro dividido en tres partes: “Antes, durante y después”. Y también fue la primera pregunta que le hicimos: ¿Por qué elegir comenzar el libro hablando de Mariani, casi el antihéroe de la historia?  ¿Por qué elegir contar desde pequeños lugares?</p>
<p>-Una respuesta es porque soy tímido y no tengo acceso a los protagonistas. En el caso de Maradona, yo sabía que iba a hacer su propio libro (<em>Mi mundial, mi verdad</em>), entonces tenía que encontrarle otra vuelta de tuerca. Y me parece bueno hacerlo con personajes secundarios, me parece que es darle voz a los que eventualmente no la tienen: en el fútbol siempre está esta cuestión de los héroes y es como una exageración, hay un montón de tipos atrás. Mi aporte al periodismo es desde ese lado: buscar relatos que en general no están y que me generan, además, más empatía: yo nunca voy a poder ser como Maradona, a lo que puedo aspirar es a ser el utilero, el hincha que estaba ahí, el periodista…</p>
<p><strong>-¿Sos un poco el Fontanarrosa del periodismo?               </strong></p>
<p>Fontanarrosa tiene cuentos que son maravillosos, pero para mí no me gusta la ficcionalización en el fútbol. Si a este partido lo hicieras ficción te dirían: “No, lo re inventaste”. Porque es demasiado para ser ficción. Me parece que el fútbol y el deporte en general te dan demasiados elementos inverosímiles como para encima inventar.</p>
<p><strong>Un partido y un amor</strong></p>
<p>Y así se va armando el relato. A partir de los detalles, de la simpleza del que quizá fue “el último Mundial romántico”, donde los viáticos eran bajos, los jugadores no dudaban en dejar todo por ir a la Selección, o las camisetas eran compradas en una casa de deportes (porque las originales eran calurosas) y los números, cosidos a mano. Allí aparece otra vez Mariani, que cuenta: <em>“En un momento, Diego dijo: ‘tengo unas ganas de comerme un sánguche de mortadela’”</em>. El que por la tarde haría el mejor gol de todos los tiempos, deseaba un sánguche de mortadela en la víspera.</p>
<p>Un Mundial que encontraba a la Selección Argentina como punto, con un gobierno que resistía a Bilardo, con un líder que pasó de ser el correcto Passarella al ruidoso Maradona (así había dicho el técnico antes de que tomaran el avión hacia México: “Muchachos, en la valija pongan un traje y una sábana. El traje lo usamos cuando bajemos del avión con la Copa. La sábana por si perdemos y tenemos que ir a vivir a Arabia”), ese partido y el campeonato subieron a la cima a Maradona, al equipo, y al mismo Bilardo.</p>
<p><em>“Si hubiera que rescatar de un naufragio a un puñado de partidos de la historia universal –tres, cuatro, cinco partidos de cualquier época del deporte más popular del planeta–, el 2 a 1 contra los ingleses debería quedar a salvo. Es el paraíso del fútbol argentino. Hubo cientos, miles de tardes y noches con más goles y con mayor belleza colectiva, pero ninguna con esa carga simbólica. Ese partido es un aleph del fútbol que lo tuvo todo, y todo lo que tuvo nos favoreció. El macho alfa de los goles y el más ilegítimo, la deificación de un futbolista en un puñado de minutos, el trasfondo de las llagas de una guerra todavía abiertas, y el contexto deportivo perfecto: los cuartos de final de una Copa del Mundo”</em>, se puede leer en un pasaje. Pero Burgo también tuvo su partido: “El Mundial de México 1986, el mío, aún no terminó: lo sigo jugando en la memoria”, escribió.</p>
<p><strong>-¿Escribir este libro parte de ese partido en la historia pero también de tu propio partido, el del pibe Andrés?</strong></p>
<p>Era un partido al que siempre volvía, no sólo yo, sino todos los argentinos… Por los goles, la cuestión de las Malvinas… deber ser el partido al que más se vuelve en la historia. Y yo en el fondo elegí un poco escribir este libro porque me obligaba a mí a volver a algo que había olvidado. Este partido lo tenía borrado: me acuerdo de un montón de cosas del 86 pero no de este partido en particular: sólo que mi viejo volvió de comprar una pizza a la noche. Un poco especulé con eso. También ya había escrito un libro de River (club del que soy hincha) y me había gustado escribirlo en primera persona, que contara algo de mí también. Y no porque me sienta importante, sino porque yo sé que si cuento algo de mí, voy a estar contando un montón de cosas de gente de mi generación. El periodismo deportivo suele darle mucha bola a la opinión de los protagonistas, para mí los hinchas también son protagonistas. Desde ese punto de vista, me permití interpelar a la generación.</p>
<p>La cuestión Malvinas es inevitable en la charla. Burgo detalla lo que sucedió en los días previos al partido: Algunos diputados pidieron a Julio Grondona (el omnipresente presidente de la AFA) que se hiciera un minuto de silencio antes del partido, otros querían que jugaran con el dibujo de las Islas Malvinas sobre el pecho en la camiseta, e incluso ocho senadores del Partido Justicialista pidieron que la Selección no se presente a jugar.</p>
<p><strong>-¿Qué pudiste ver como influencia de la cuestión de Malvinas concretamente en tu investigación?</strong></p>
<p>En cuanto empecé a vislumbrar que era una historia para llevar a un libro, una de las cosas era Malvinas. Me parecía que siempre aparecían los goles, los jugadores, e imágenes fundidas de soldados, obviamente anónimos, cagados de hambre, cagados de frío, en la guerra. Y fundían imágenes de la guerra con la de los jugadores. Entonces me pregunté quiénes son estos pibes, y vinculándolo al fútbol pensé: voy a tratar de encontrar todos los futbolistas que hayan estado allá. Y muchos me dijeron que no, que había sido un partido más, que les tenían más bronca a los militares argentinos, que a los ingleses, y otros que sí, que había sido como una revancha, como me dijo el ex combatiente Héctor Rebasti, que había sido como oxígeno, que se permitió mirar a los ojos a un montón de gente.</p>
<p>Un libro para devorarse: mezcla de película en partes con novela en tomos, Burgo sabe contarnos la historia de un partido y, sobre todo, dos goles que vimos un millón de veces. Sabe rescatar a los personajes secundarios que construyen en silencio las grandes historias, y nos recuperó el niño o la niña que éramos ese 1986 las y los de su generación. Más o menos, como él mismo dice:</p>
<p><em>“Esta es la crónica de aquel partido, protagonizado por un solo jugador, pero es también la crónica de una tesis colectiva: por su propia cuenta, en solitario y sin un tejido deportivo y social que lo rodeara –si hubiera sido tenista, si hubiera sido apátrida–, Maradona no habría construido su leyenda en ese partido contra Inglaterra. Esta es, también, la crónica de los actores secundarios que confluyeron para edificar la mitología de ese partido”.</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/argentina-inglaterra-partido-al-mas-se-vuelve-la-historia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
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		<title>Ex combatientes de Malvinas: “El partido contra Inglaterra fue una pequeña revancha”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Jun 2016 03:05:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Inglaterra]]></category>
		<category><![CDATA[Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[mano de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial 86]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
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					<description><![CDATA[22 de junio de 1986]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/nadia-fink/">Nadia Fink</a> &#8211; <a class="ProfileHeaderCard-screennameLink u-linkComplex js-nav" href="https://twitter.com/nadia_fink">@<span class="u-linkComplex-target">nadia_fink</span></a> (Desde Río Grande, Tierra del Fuego)</strong></p>
<p><em>A un día de cumplirse los 30 años del partido Argentina-Inglaterra por el Mundial 86, conversamos con ex veteranos de guerra sobre lo que significó en sus vidas y en la sociedad el triunfo contra los ingleses y, en particular, el gol con la mano de Diego Maradona.</em></p>
<p>Quienes viven en Río Grande, Tierra del Fuego, comentan que el clima y el paisaje son lo más parecido a las Islas Malvinas. Quienes combatieron en las islas y hoy formaron el Centro de ex Combatientes, no lo dicen en voz alta, pero muchos de ellos soñaron con retornar a las Islas. Y, si bien hay motivos laborales bien palpables, un puñado de ellos llegó desde Buenos Aires, Corrientes o Jujuy a instalarse y construir desde allí.</p>
<p>El Centro está en una esquina, frente a un boulevard y un abandera argentina que agita permanentemente el viento, y fue construido por ellos, “desde los cimientos hasta el techo”, aclaran. “Es nuestro cable a tierra”, cuentan quienes tenían no más de 20 años ese crudo invierno de 1982 que los encontró defendiendo unas islas (ya no) tan lejanas. Y allí fueron armando un museo con fotos, trajes, armas, carpas, redes, un pequeño altar para evocar a los compañeros que no pudieron regresar de las Malvinas, y cientos de dibujos que les dejan las chicas y los chicos de los colegios que vienen a conocer su historia. Y es que Río Grande toda está atravesado por un conflicto que vivieron de cerca: época de cerrar puertas, apagar luces, escuchar el vuelo rasante de los aviones o los bombardeos frecuentes. Por eso la          vigilia que realizan cada año, previo al 2 de abril, cuenta con apoyo de toda la población: “Montamos una carpa, hacemos la semana de Malvinas y damos mensaje a las generaciones que vienen”. Y los viernes, sagrado, se hace el asadito para compartir, y charlar fraternalmente.</p>
<p>A esa sobremesa llegamos, con la idea de que nos compartan, en primera persona, las sensaciones sobre el partido Inglaterra-Argentina del 22 de junio de 1986, tan sólo cuatro años después de la guerra (“arrebato”, como le llaman) por las islas Malvinas. La mayoría coincide en que tuvo su trascendencia ese partido, no como una “venganza”, porque tal vez quede grande la palabra si se compara una guerra desigual con un partido de fútbol, pero sí hablaron de “revancha”, “desahogo”, “festejo”… pero, mejor, que lo cuenten ellos, atravesados aún, por esos días desolados y fríos, de agua, hielo y trincheras húmedas.</p>
<p><strong>“Si Argentina no ganaba el mundial para mí estaba bien, porque les ganamos a los ingleses…”</strong></p>
<p><strong>Martín Vargas</strong>: Para mí ese partido fue muy especial, porque a partir de ahí pasa a ser un clásico más, así como Argentina-Brasil, y yo lo viví de tal forma que si Argentina no ganaba el mundial para mí estaba bien, porque les ganamos a los ingleses. Más allá de ese gol de la picardía y de la gran jugada del segundo, aún hoy se sigue hablando de la mano de dios. Para mí es lo máximo, lo siento así. El fútbol en sí tiene esas picardías, pero ese momento me llenó de alegría y salí a festejar ese partido, fui al obelisco, a gritar con toda la alegría, igual que cuando salimos campeones. No siento que si ganamos otro mundial salga a festejarlo tanto como ese, fueron dos motivos especiales, donde a mí me tocó vivir muy de cerca la guerra de Malvinas, y de pronto puede abrir el corazón y explotar. Mi hijos –hoy de 12 y 17 años–, dicen desde que son chiquitos “la manito de Dios”, no la mano, como algo familiar…</p>
<p><strong>Bernardo Ferreiro</strong>: Yo creo que en ese momento relacionaron el partido con la historia, entonces a partir de ahí empezaron a surgir los argumentos. Y se empezaron a tejer ciertas historias que son completamente, para mí, erróneas. Porque algunos hasta llegaron a decir que Maradona lo hizo en venganza, y eso para mí es una picardía futbolera, como el <em>foull</em>, como cualquier otro artilugio, el tirar la camiseta del contrario, y ese tipo de cosas que se hacen permanentemente en todos los partidos. Hoy en día, si agarramos un clásico argentino, Boca-River, y uno puede meter un gol con la mano como lo hizo Maradona en su momento y poder ganar un campeonato, lo va a hacer. Y no hay ninguna trascendencia histórica en esa acción. Entonces creo que por ahí pasa la leyenda urbana con respecto al partido. Yo, personalmente, opino que fue una jugada como cualquier otra, en un partido de fútbol que juntaba dos datos muy importantes: por un lado, que era un partido del Mundial, muy definitorio, y por otro lado era el contrario: era Inglaterra, que 4 años atrás nos acababa, otra vez, de arrebatarnos Las Islas. Entonces, yo como ciudadano común, más allá de que ya era veterano de guerra en 1986… lo único que recuerdo especial, que no sucedió en ningún mundial anterior ni posterior es que era Inglaterra, y que mi alegría, y más como veterano de guerra, estaba basada en eso: que le ganábamos a un país que se había ganado todo nuestro odio, y que ese odio en ese momento estaba muy fresco todavía. Entonces el gozo era mayor, los festejos fueron más que si hubiéramos ganado un mundial.</p>
<p><strong>Roma Arancay</strong>: Fue un Mundial especial para todos los argentinos y más cuando tuvo que enfrentar a Inglaterra. Lo he festejado en Buenos Aires, con familiares, con los amigos, pero hasta hoy de ese gol, la mano de Dios, siempre se va a hablar… así como estamos hoy permanentemente hablando de la causa de Malvinas, ese gol quedó en la historia. Sabemos que Inglaterra es hasta hoy algo que siempre tenemos como enemigo, y creo que a lo largo de los años se va a seguir hablando. Va a seguir en la memoria de todos los argentinos tanto el gol, como las islas Malvinas.</p>
<p><strong>Juan Finck</strong>: Nos soy muy futbolero pero sí los partidos de Argentina me interesa verlos y en especial ese… Disfruté mucho haberle ganado a Inglaterra porque, como decían mis compañeros, estaba muy fresquito el tema de la guerra. Para mí fue como una pequeña venganza, o mejor; fue un aliciente, una pequeña revancha.</p>

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