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	<title>Hernán Ouviña &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Tue, 26 May 2020 01:43:12 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Hernán Ouviña &#8211; Marcha</title>
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		<title>Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política</title>
		<link>https://marcha.org.ar/rosa-luxemburgo-y-la-reinvencion-de-la-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ignacio Marchini]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 May 2020 19:07:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[Nueva edición de "Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina", con prólogo de Silvia Federici.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Mañana se presenta la nueva edición de “Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina”, de Hernán Ouviña, con la incorporación del prólogo de la intelectual feminista italiana Silvia Federici.</em></p>



<p><strong>Por </strong><strong>Ignacio Marchini&nbsp;| Foto Julieta Lopresto Palermo</strong><em></em></p>



<p>El año pasado, al cumplirse 100 años del asesinato de Rosa Luxemburgo, la Fundación que lleva su nombre, junto con las editoriales El Colectivo (Argentina) y Quimantú (Chile), presentaron el libro Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina, de Hernán Ouviña. Mañana sale su segunda versión en una presentación online, con la incorporación de las editoriales La Fogata y Bajo Tierra y el agregado imprescindible del prólogo de la intelectual marxista y feminista, Silvia Federici.</p>



<p>“El homenaje de Hernán Ouviña a Rosa Luxemburgo es un ejemplo poderoso de cómo nuestra lectura del pasado se torna viva cuando está motivada por preguntas, luchas y preocupaciones del presente”, destaca al principio del prólogo Federici y remarca fuertemente que “la principal contribución del libro es la atención que Ouviña le otorga a los intereses de Luxemburgo en torno a temas que la ortodoxia marxista ignoró o marginalizó, pero que ahora están a la cabeza del pensamiento y la acción radicales”.</p>



<p>Rosa Luxemburgo es una figura ineludible de las revoluciones de principio del Siglo XX. Una referente izquierdista, que abogaba por el protagonismo popular en las calles, que criticaba sin medias tintas a la vieja guardia social demócrata alemana. “Mocosa, cómo me decís eso, podría ser tu padre o tu abuelo”, le dijeron en más de una discusión con sus colegas, cuando apenas tenía veinti tantos años.</p>



<p>Hoy parece natural, producto del protagonismo cada vez mayor del movimiento de mujeres y disidencias sexuales, pero a finales del siglo XIX, en una Polonia ocupada (de la cual escapa fugándose de la policía zarista), el significado de una mujer judía, polaca y migrante que luchaba contra todas esas opresiones era mayúsculo. Tuvo que casarse con el hijo de una familia amiga para poder obtener la nacionalidad alemana. No para ella, sino para poder militar más tranquila sin ser expulsada.</p>



<p>Algo de la contradicción que representaba el accionar feminista de Rosa y su percepción clasista de la historia, y no desde el lugar de mujer, se deja entrever en las palabras de la filósofa marxista: “Como Ouviña reconoce, es materia de debate si Luxemburgo puede ser considerada una feminista en el sentido contemporáneo del término, ya que ella nunca miró al capitalismo y a la actividad revolucionaria desde una “perspectiva de la mujer”, y siempre priorizó el punto de vista de la clase como perspectiva totalizadora y no afectada por cuestiones de género y raza. Al mismo tiempo, Ouviña muestra que su vida era un feminismo en acción, que rechazaba las formas y las normas de conducta –vigentes también en círculos radicales– que podrían exigirle que, como mujer, guardara su lugar y se inclinara ante sus camaradas varones, una regla que ella permanentemente violaba, en política tanto como en el amor”.</p>



<p>El educador popular y politólogo, Hernán Ouviña, y el ilustrador, Óscar González “Guache”, trabajaron en conjunto con las editoriales y la Fundación Rosa Luxemburgo para darle vida a este libro.</p>



<p>La vigencia del pensamiento luxemburguista es notable. El debate de reforma o revolución sigue siendo actual. No de manera dogmática. Si pensamos en momentos políticos actuales, y comparamos con, por ejemplo, la polémica que ella sostiene con la socialdemocracia alemana, en pleno auge en ese entonces, Rosa advierte que el oportunismo abre camino al fascismo. El oportunismo de la social democracia lleva a un acuerdo con la derecha nacionalista, promotores de la guerra, que abrió el camino al fascismo en Europa. ¿No será posible extrapolar esa conclusión al momento actual latinoamericano?</p>



<h3><strong>“Que florezcan nuevas Rosas es más urgente que nunca”</strong></h3>



<p>Cuando el libro se presentó por primera vez, Ouviña explicó qué lo llevó a encarar esta tarea: “Nos acercamos a Rosa por una sospecha, sobre todo después del 2001. ¿Por qué no hay aún, en la debida medida, pueblos, organizaciones, movimientos que se autoproclamen luxemburguistas? ¿Por qué Rosa no aparece en el crisol de tradiciones? A Rosa hay que traerla al presente desde su integralidad. Muchas veces se la disocia de sus aristas más incomodas. Se habla de cómo amaba a los animales pero se disocia esa perspectiva de la lucha anticapitalista. Hay que pensar desde una categoría que era clave para ella que era la totalidad”.</p>



<p>¿Cómo pensamos desde la totalidad para romper con el androcentrismo, para romper con la lógica del despojo? ¿Cómo pensamos la relación centro-periferia? Rosa trata de desmontar el eurocentrismo. Es una de las primeras que tiene la osadía de criticar al propio Marx y decir “este esquema, inconcluso en&nbsp;<em>El Capital</em>, es un esquema que sólo concibe capitalistas y obreros”. Pero, ¿qué pasa con los pueblos indígenas, con el campesinado, con las economías naturales, con las opresiones específicas de las mujeres y las disidencias sexuales? ¿Qué pasa con el grueso del planeta que está siendo subyugado, no simplemente en la clave de la acumulación originaria, sino a partir de la acumulación por despojo que es un proceso permanente que padecen los pueblos del sur global?</p>



<p>Rosa nos invita a pensar un marxismo distante de todo dogmatismo. Una de las tantas referencias que nos permite entender que sólo se es un buen marxista o una buena marxista si no se es sólo marxista. Si podemos nutrirnos de otras tradiciones, otras cosmovisiones. No es algo residual, es algo que hace pensar la Revolución desde la vida cotidiana, como proponía ella.</p>



<p>Un eje transversal al libro es el del socialismo como alternativa civilizatoria. Una opción que atreviese todo el globo es más urgente que nunca. Hoy que resurgen los nacionalismos, las lógicas xenófobas, la violencia patriarcal. Según Ouviña, “revitalizar a Rosa implica pensarnos desde la plurinacionalidad, algo también olvidado pero que en ella es muy importante. Si queremos pensar en una sociedad pos extractivista, que luche contra el Patriarcado, en contra de la guerra contra las mujeres y los jóvenes, es necesario un socialismo donde quepan muchos socialismos. Un socialismo ecoambiental, un socialismo despatriarcalizado, antiburocrático, libertario. Un socialismo del buen vivir”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/rosa-luxemburgo-y-la-reinvencion-de-la-politica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>A propósito de Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política</title>
		<link>https://marcha.org.ar/proposito-de-rosa-luxemburgo-y-la-reinvencion-de-la-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Mar 2019 14:58:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial El Colectivo]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial Quimantú]]></category>
		<category><![CDATA[Fundación Rosa Luxemburgo]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Mazzeo]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Luxemburgo]]></category>
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					<description><![CDATA[Una reseña de Miguel Mazzeo del libro "Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina", de Hernán Ouviña. Editado por Quimantú, de Chile, y Editorial El Colectivo, de Argentina, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>A comienzos del año 2019, al tiempo que se cumplían 100 años del asesinato (femicidio) de Rosa Luxemburgo, las editoriales <span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/editorialquimantu/?eid=ARBsEN-ZUUgr94RLtLis6OFg6k1WGT-VvKU5DwLFI6AJF_tVRp0hKANL4bZt0ZafhEagt6sQLxI3SXsC">Quimantú</a></strong></span> de Chile y <span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/EditorialElColectivo/?eid=ARBzkPWpzz1pbcZ-7X-klpcuXo3YDckLX_cvRXP99Ps7853tpm9y_n3JT-Bssz6H2VhMujSHt8lkZE_S">Editorial El Colectivo</a></strong></span> de Argentina, con el apoyo de la <span style="color: #000000;">Fundación Rosa Luxemburgo &#8211; Oficina Buenos Aires</span>, lanzaban el libro Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina, de <span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/profile.php?id=100007563079157&amp;eid=ARDFzOPOBXJnVc7c8QAWbEBE3G1rCLrtoQqaDDU_nJw3JXIqrhWFOcN1KD4957D5Xx_gvjhsMAsy5p8B">Hernán Ouviña</a></strong></span>.</em></p>
<p><strong><span class="_4yxo _4yxp">Por</span> <span style="color: #00ccff;"><span class="_4yxo _4yxp" style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/miguel-mazzeo/">Miguel Mazzeo</a> <span style="color: #000000;">para</span> <a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/EditorialElColectivo/?eid=ARBqiTRLiC7e4Uwuwas406lu2T-xB-0qrKvnHvBuUJ521EUfZ04qa5BMDkVQFIZS2lJXT_EptnDCCTpS">Editorial El Colectivo</a> <span style="color: #000000;">| Foto de Antonella Alvarez</span></span></span></strong></p>
<p>Desatado de los convencionalismos de las ciencias sociales y de los dogmatismos y/o las vulgarizaciones de algunas organizaciones de izquierda, Hernán nos propone una clave de lectura original de la vida/obra de esta revolucionaria singular. Una clave que persigue la adecuación de esa vida/obra a nuestro tiempo y a nuestra condición. Una prolongación situada de Rosa. Un redescubrimiento de Rosa. Una reconstrucción que logra su objetivo: la revitalización de Rosa. Todo esto con un plus: el libro es, en buena medida, el resultado de una experiencia de reflexión colectiva.</p>
<p>El proceso de la escritura está conectado con el asunto del libro. Lo mismo se puede decir de su particular formato, nacido del diálogo, pero además con la evidente vocación de producir nuevos diálogos. Por eso resulta inmejorable el recurso a los recuadros intercalados en el texto principal, que incluyen pasajes de la obra de Rosa y de autores y autoras como György Lukács, Lelio Basso o Clara Zetkin; junto a notas breves del autor que brindan información básica sobre personajes y circunstancias vinculadas al trayecto vital de Rosa. El libro suma las ilustraciones del artista visual colombiano <span style="color: #00ccff;"><strong><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/guachestreetart?eid=ARC_zHcn33_wLhjSWDgOlBN2bAbaA5ybT8blKOEmVteb8wngC1QVDQGbtAHCwBVRdbws5Fju_WPyNOYl">Oscar González</a></strong></span> (Guache), una mixtura de muralismo, graffiti y otras técnicas. La escritura militante de Hernán no es precisamente un rito de silencio y soledad.</p>
<p>Hernán compone una formidable “introducción a Rosa Luxemburgo”. En primer lugar porque la repiensa desde realidades que, más allá de sus particularidades, están reciamente entrelazadas por líneas de resistencia y lucha contra el colonialismo, el imperialismo, el capitalismo y el patriarcado. En este libro Rosa emerge repentinamente en cualquier barrio periférico de la Argentina, aparece en medio de las comunidades indígenas campesinas del sur de México, con los y las sin tierra y los y las sin techo del Brasil, con los comuneros y las comuneras de Venezuela, con las mujeres de todo el mundo, etc. La Rosa de Hernán acompaña a los pueblos y a los colectivos que luchan y que resisten la explotación, la discriminación, la dominación, el saqueo de los bienes comunes y la acumulación por despojo. Ella está junto a los movimientos sociales y a las organizaciones populares que apuestan por el autogobierno, la autogestión y la acción directa. Y se la ve a gusto en esos entornos. Luego, la lectura de este libro genera un interés inmediato en la lectura o la relectura de los textos de Rosa. Finalmente, porque su condición de pedagogo popular, le permite a Hernán producir una narración que, además de profunda, facilita el primer acceso a la vida/obra de Rosa o, en todo caso, ordena su relectura y le propone nuevas coordenadas. Nuevas y políticamente significativas.</p>
<p>El ejercicio crítico-militante de Hernán resalta la actualidad de Rosa de cara al desarrollo de una teoría crítica para el siglo XXI y en función de una estrategia política emancipatoria. Esta vigencia de Rosa se pone de manifiesto en múltiples planos, entre otros:</p>
<ul>
<li>En la predisposición antidogmática de Rosa, que le permitió enriquecer al marxismo desde la elaboración teórica, desde la estrategia política (aunque esto último todavía no sea suficientemente reconocido) y, también, desde su propia praxis como militante revolucionaria. En todos los órdenes, Rosa enriqueció al marxismo desde la perspectiva de la lucha de clases y de las clases en lucha. Al leer este libro nos queda la sensación de que, tal vez, el “luxemburguismo” esté cifrado en la centralidad analítica, ética y política de la categoría “lucha de clases”.</li>
<li>En su marxismo deslastrado de la carga euro-céntrica, iluminista, positivista, economicista, racista y sexista. En el marco de la tradición marxista, Rosa se destaca como una crítica temprana de la idea de progreso. Hernán no deja de subrayarlo: antes que en las leyes de la Historia, el marxismo de Rosa prefirió afincarse en la praxis y en la historicidad.</li>
<li>En su visión totalizadora que le aporta al marxismo la profundización de sus perspectivas globales originales, dando cuenta del peso del mundo periférico en el proceso de acumulación del capital. Sus contribuciones a la teoría del imperialismo ayudan a comprender el vínculo orgánico entre el colonialismo, el imperialismo, el capitalismo y el patriarcado. A los fundamentos teóricos y empíricos Rosa le añade una extrema sensibilidad. Hernán no pasa por alto esta calidad, por el contrario, se detiene especialmente en ella. Porque Rosa reconoce a los espacios del no-ser como la contra-cara del ser del capital. No es casual que Rosa recurra al ejemplo de las mujeres del desierto africano o al de las indígenas sudamericanas, y no es casual que Hernán repare en ello. Porque además Rosa reconoce la dignidad ontológica y la potencialidad de estos espacios del no-ser como soportes de políticas emancipatorias. En esta línea, Hernán presenta a Rosa como precursora del ecologismo socialista y de la cuestión ambiental en el marxismo; apela a un conjunto de argumentos sólidos que incluyen una serie de posicionamientos de Rosa, tanto teóricos como prácticos, abiertamente críticos del productivismo y del antropocentrismo. Nosotros no podemos dejar de pensar en el vínculo con Franz Fanon.</li>
<li>En sus críticas al revisionismo reformista y a la idea de un capitalismo humanizado y gradualmente reformado como garante de un transito sosegado al socialismo. Rosa refuta con fundamentos sólidos (ni economicistas, ni idealistas, ni voluntaristas) a quienes se oponían a las soluciones revolucionarias porque temían “pisar el césped” o porque creían que el socialismo caería como una fruta madura y que, por lo tanto, había que sentarse a esperarlo cómodamente, apoltronados en el Parlamento, en un sindicato o en alguna institución integrada al sistema.</li>
<li>En sus críticas a algunos aspectos de la “teoría de la praxis” de V.I Lenin, al ultra-centralismo, al dirigismo y a toda forma de organización revolucionaria mecánica tendiente a favorecer la sustitución de las masas y no su protagonismo directo y consciente, y en sus cuestionamientos al partido que pretende fundar su accionar en las verdades prefabricadas. De algún modo Rosa también anticipó las críticas a lo que coagularía años después de su muerte en la fórmula del “marxismo-leninismo”. No por adherir fervorosamente a la Revolución Rusa dejó de retomar algunos tópicos de aquellas críticas a la hora de analizarla y trazar sus posibles perspectivas. Rosa pensó la emancipación en términos de auto-emancipación y rechazó la idea de la neutralidad (el carácter puramente instrumental) de los modelos organizacionales, las tecnologías y el Estado.</li>
<li>En sus principales sugerencias estratégicas, verbigracia la que impulsa la articulación de: reforma y revolución, los procesos y los saltos, lo inmediato y el objetivo final, la inmanencia y la trascendencia, todo en el marco condicionante del antagonismo anticapitalista y en pos del horizonte de los objetivos finales. Rosa convocó a dejar de pensar la acción revolucionaria con los criterios del siglo XIX, sean los jacobinos y blanquistas, sean los más apacibles de la “Belle époque”. El supuesto “espontaneísmo” de Rosa, no es otra cosa que una defensa de las iniciativas autónomas de las masas, jamás una postura negadora de la importancia de la organización. Hernán destaca la dimensión pedagógica de las sugerencias estratégicas de Rosa. En este, como en otros aspectos, Rosa asume otra de las consecuencias del punto de vista de la totalidad que le permite detectar la dialéctica entre acción y estructura, entre sujeto y estructura, entre movimiento e institución. Por lo tanto reconoce el peso de la experiencia de lucha colectiva en el proceso de formación de la conciencia y de autoaprendizaje de las masas (una idea que, años más tarde, será muy influyente en Edward P. Thompson), pero también las intervenciones de las organizaciones políticas destinadas a favorecer los comportamientos clasistas de las clases subalternas.</li>
<li>En sus cuestionamientos a la burocracia sindical y política, con sus lógicas de aparato y sus tendencias a la integración, la colaboración de clases y su corolario: la obediencia y la pasividad de las masas.</li>
<li>En su opción por la democracia socialista, radical, masiva, de base, comunitaria, con desarrollo de formatos consejistas y otras instancias prefigurativas. Una posición ajena a cualquier filtración liberal.</li>
<li>En su concepción del socialismo como consecuencia de la experiencia colectiva y de actos creativos, como sistema imposible de deducir de las leyes del capitalismo o de las experiencias modelizadas, jamás como el fruto de una serie de decretos de un “gobierno revolucionario”. En fin, como se puede deducir de la lectura de este libro, Rosa mostraba una inusual predisposición al escándalo teórico de las revoluciones reales.</li>
<li>En su internacionalismo puesto de manifiesto en innumerables situaciones, especialmente ante la guerra interimperialista (Primera Guerra Mundial). Un internacionalismo consecuente como pocos y que le valió el odio de los sectores chauvinistas (incluso de algunos que se decían socialistas), varios arrestos y largas temporadas en la cárcel. El internacionalismo de Rosa, que no pecó de abstracto y que supo dar cuenta de las particularidades, no puede escindirse de la centralidad que ella le asignada a la lucha de clases. Hernán no soslaya el tema de la cuestión nacional en Rosa. Con rigurosidad y precisión la presenta como la “cuestión (pluri)nacional”; y rastrea en sus posiciones los antecedentes de la idea del Estado plurinacional.</li>
<li>En su feminismo que, por cierto, fue más ejercido que teorizado, aunque no por eso menos fue menos esclarecedor y orientador. Rosa luchó toda su vida contra el patriarcado, contra la misoginia de la burguesía, especialmente con la que reproducía el movimiento obrero y la izquierda de su tiempo. En varias circunstancias de su vida, por el hecho de ser mujer, fue descalificada por machos obtusos que no reparaban en las verdades que sustentaba. Además, Rosa dispuso de su ser con absoluta libertad. Fue una mujer independiente, apasionada, ingeniosa, irónica, de una “inmensa cultura” y una “fecunda vida interior” según el retrato de su amiga Clara Zetkin que Hernán rescata. Rosa repudió a los mentores. Rosa fue auténtica en todos los órdenes y luchó contra los estereotipos en todos los órdenes. Hasta su mismo cuerpo era una oposición al modelo femenino dominante. En estos aspectos, junto a Clara Zetkin y Alexandra Kollantai constituyeron un trío excepcional y fundacional del feminismo socialista y popular. Las tres, como bien nos recuerda Hernán, identificaron el carácter co-constitutivo del capitalismo y el patriarcado. Nuevamente, el punto de vista de la totalidad le permite a Rosa detectar otro vínculo orgánico.</li>
</ul>
<p>Sin dudas Rosa es una de las figuras más importantes del marxismo después del propio Marx. Algo que se puede percibir en la calidad de sus aportes, tanto en sus desarrollos y lecturas críticas de Marx, como en sus polémicas con August Bebel, Karl Kautsky o Eduardo Bernstein, o con V.I Lenin o León Trotsky. La posición de Rosa en el instante de la crítica o de la polémica no varía: siempre es revolucionaria y nunca se aparta del eje anticapitalista y radicalmente democrático y de la centralidad de la lucha de clases. Como teórica marxista se la puede parangonar a Antonio Gramsci. Rosa, además, fue un cuadro político revolucionario<strong><span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/EditorialElColectivo/#_ftn1">[1]</a></span></strong>excepcional, de la talla de Lenin, Trostky y el Che; en términos gramscianos, fue una intelectual orgánica completa: investigadora, educadora, organizadora de la hegemonía.</p>
<p>Hernán Ouviña transparenta los costados traducibles de Rosa a nuestras realidades subalternas y periféricas. Y sugiere pasos concretos para esa traducción que, de seguro, será una obra colectiva. De este modo nos ofrece una Rosa que es insumo indispensable para pensar la transición al socialismo y que convoca a la tarea de elaborar, con todes, entre todes, un programa económico, social, político, cultural y amoroso.</p>
<p><em>Lanús Oeste, 20 de marzo de 2019. </em></p>
<p><strong><span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://www.facebook.com/EditorialElColectivo/#_ftnref1">[1]</a></span></strong> No se nos ocurre como feminizar la expresión sin estropear el lenguaje.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/proposito-de-rosa-luxemburgo-y-la-reinvencion-de-la-politica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Rosa Luxemburgo: ¡fui, soy y seré!</title>
		<link>https://marcha.org.ar/rosa-luxemburgo-fui-soy-y-sere/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Feb 2019 03:00:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[claudia korol]]></category>
		<category><![CDATA[CONICET]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
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		<category><![CDATA[Laura Salomé Canteros]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Luxemburgo]]></category>
		<category><![CDATA[Verónica Gago]]></category>
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					<description><![CDATA[Taller propiciado por la Fundación Rosa Luxemburgo. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/ignacio-marchini/">Ignacio Marchini</a></span> | Fotos de <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/laura-salome-canteros/">Laura Salomé Canteros</a></span> *<br />
</strong></p>
<p><em>Se lanzó el primero de los talleres sobre la emblemática figura de Rosa Luxemburgo, una de las marxistas revolucionarias más importantes del Siglo XX </em><em>a</em><em> 100 años de su asesinato, propiciado por la Fundación Rosa Luxemburgo. La vigencia de su pensamiento, su compromiso férreo a la causa revolucionaria y la agudeza de su análisis se vuelven imprescindibles en tiempos de oscurantismo neoliberal en América Latina y el mundo.</em></p>
<p>El primero de los talleres se desarrolló en la sede que la Fundación Rosa Luxemburgo tiene en la Ciudad de Buenos Aires. La apertura estuvo a cargo de Elis Soldatelli, quien comentó que éste forma parte de una serie de talleres que la Fundación tiene planificado brindar en otras provincias de la Argentina y en los países vecinos de Chile y Uruguay. También recordó la presentación realizada una semana antes del libro <em>Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina </em>-escrito por Hernán Ouviña, uno de los expositores del taller-, producto de un trabajo conjunto de la Fundación, la editorial argentina El Colectivo y la editorial chilena Quimantú.</p>
<p><strong>Su forma de ver el mundo</strong></p>
<p>“Rosa Luxemburgo vivió un tiempo de guerras y revoluciones. Quizás las dos perspectivas que marcaron su forma de ver el mundo”, introdujo la periodista feminista y educadora popular Claudia Korol, quien junto a Hernán Ouviña, educador popular y politólogo, y Verónica Gago, investigadora del CONICET, estuvieron al frente del taller “Rosa en los debates socialistas y feministas”, el primero de varios encuentros que buscan recuperar y revalorizar su pensamiento, en vista a los desafíos actuales que plantea la avanzada conservadora en América Latina.</p>
<p>Para comprender su línea política, vale la pena recorrer algunos de los hitos de la vida de quien terminaría siendo una figura clave del marxismo alemán. Rosa Luxemburgo nació en Zamość, en la Polonia ocupada por el Imperio Ruso, el 5 de marzo de 1871, a días de la Comuna de París, ese breve experimento socialista. Un dato que siempre le llamó particularmente la atención a Claudia Korol, ya que “un día antes de ser asesinada, ella vuelve a pensar en la Comuna de París. Hay algo que siempre la llevó a reflexionar sobre las revoluciones y sobre la derrota”.</p>
<p>En ese texto Rosa reflexiona principalmente sobre la derrota de la Revolución Alemana, pero se refiere al movimiento insurreccional parisino: “¿Cómo no pensar aquí en la borrachera de victoria de la jauría que impuso el orden en París, en la bacanal de la burguesía sobre los cadáveres de los luchadores de la Comuna?”. Completamente actual, si pensamos en las ofensivas del fascismo de estos días: cobardes en la derrota, valientes en la violencia contra sus pueblos.</p>
<p>La actitud frente a la derrota es clave en el pensamiento de Rosa. Apenas vencidos, reflexiona sobre las causas que frustraron el proyecto revolucionario. ¿Un error de la dirigencia? ¿Mal timing político? Un ejercicio difícil para las izquierdas: poder leer y asumir la derrota, no para buscar las culpas, sino para reformular las estrategias y las tácticas y revivir la llama del impulso revolucionario.</p>
<p><strong>Una mujer que tomaba partido</strong></p>
<p>Rosa vivió y participó de procesos históricos de enorme relevancia política: la Primera Guerra Mundial, las dos Revoluciones Rusas (1905 y 1917), la Revolución Alemana. Una vivencia que lejos estuvo de lo testimonial, sino que participó activamente de todos esos procesos. Una “mujer de partidos” como definió Korol, lejos de esa idea de “teórica del espontaneísmo” que se le suele adjudicar, generalmente con connotaciones despectivas. Participó de la Social Democracia del Reino de Polonia y Lituania, del Partido Obrero Social Demócrata Ruso dirigido por Lenin, del Partido Social Demócrata Alemán, de la Liga Espartaquista y fundó el Partido Comunista Alemán con sus compañeros y compañeras de siempre.</p>
<p>Nació y creció en la Polonia ocupada por Rusia. No le dejaban hablar su idioma natal, a lo que ella se negaba. Ejercía su rebeldía a temprana edad desde su lenguaje, desde su identidad. Algo que viven cotidianamente los pueblos originarios de nuestro continente. No sólo fue perseguida por el zarismo por su nacionalidad, sino que como judía, mujer, incluso coja, las múltiples opresiones del Capitalismo brutal atravesaron todas sus vivencias. Conoció los pogromos en la cuadra misma donde vivía en Varsovia, las persecuciones a judíos y polacos. Haber experimentado en carne propia la xenofobia y la misoginia forma parte indisoluble de su postura contestataria contra las violencias del fascismo.</p>
<p>Para Claudia Korol, es clave también reflexionar sobre la organización de las mujeres al interior del partido. Hay un debate sobre si Rosa era feminista o no. ¿Por qué no había un espacio diferenciado de mujeres dentro del partido? “Rosa desconfiaba de sus compañeros del Partido Alemán. Temía que buscaran ponerla en un lugarcito del cual no pudiera salir. Pero, al mismo tiempo, colaboró siempre con Clara Zetkin en todas las actividades que ella le propuso en relación a la organización de las mujeres. En sus cartas se puede ver que son una pareja política, una lucha conjunta sobre las reivindicaciones de las mujeres”, ejemplificó la periodista. Algo que evidencia esta diferencia de la visión de las mujeres es su oposición férrea a la guerra y al creciente militarismo, a diferencia de los compañeros varones de la social democracia alemana.</p>
<p>Otro de los expositores fue Hernán Ouviña, politólogo y docente de la UBA, y autor del libro sobre Rosa Luxemburgo, quien dijo: “Me alegro de que podamos juntarnos a rememorar no su asesinato, sino la vida de Rosa, con la convicción de que estos espacios son fundamentales”.</p>
<p>El eje de la exposición de Ouviña estuvo centrado en desmontar los lugares comunes sobre la trayectoria política de Rosa. “Todavía se sigue diciendo que Rosa era espontaneísta, en clave de que no creía en ningún tipo de organización. Como ya dijo Claudia, nada más lejos de eso. Más que mujer de partido, era una mujer que tomaba partido. La dinámica pluriorganizativa no era incompatible para Rosa. Se podía militar en un sindicato y en un espacio de mujeres. Se podía abogar por el internacionalismo y a la vez generar un reagrupamiento desde abajo a partir de los consejos de obreros y los soviets en Rusia. No creía en formatos unívocos, sino que la propia experiencia gestaba las formas de organización”.</p>
<p><img class="alignnone size-medium wp-image-43397" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-2-615x410.jpg" alt="" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-2-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-2.jpg 640w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<p>El luxemburguismo sigue siendo en varios espacios un epíteto peyorativo: anti organizativo, centrado únicamente en los y las obreras. Poco acorde al planteo de Rosa. Ella se abocaba a encontrar las dinámicas posibles que articulen el espontaneísmo de las masas y la gestación de espacios organizativos, ni sectarios ni pragmáticos. “La cuestión organizativa es clave en el pensamiento de Rosa. Retomar los formatos de organización alemana durante la revolución no como fracasos, sino como modelos derrotados o eclipsados”, puntualizó el politólogo.</p>
<p>La propuesta del formato organizativo de Rosa fue alternativo al formato marxista-leninista, esquematizado claramente en <em>¿Qué hacer?</em>, uno de los tratados políticos más importantes de Lenin. La revolucionaria polaca, incomodando a las izquierdas, propuso salidas alternativas a la forma de articular los partidos, en escritos como <em>Problemas organizativos de la socialdemocracia rusa</em>. “Ese texto es clave para pensar lo que pasa en América Latina. Primero porque plantea que la organización no es anterior a las luchas populares, sino que es producto genuino de ellas”, desarrolló Ouviña.</p>
<p>El esquema organizativo de Rosa tiene varias aristas. Para empezar, pensarla como un proceso y no como algo esquemático  y rígido. Debe ser cambiante y en permanente movimiento, en intrínseca relación con la coyuntura y la correlación de fuerzas. Cada realidad específica genera formas específicas de organización. Otro punto importante es que el protagonismo es popular y el partido debe ser democrático y participativo. No debe ser el comité central quien elabora la estrategia y manda a ejecutar a las bases. “Prefiero equivocarme con las masas y con su espontaneidad que acertar con el comité central más infalible”, recordó el docente de la UBA como una frase ejemplificadora del pensamiento de Rosa.</p>
<p>La repartición de tareas y roles es otro aspecto importante de su esquema. “¿En qué medida replicamos la división del trabajo capitalista en nuestras organizaciones?”, trajo a colación Ouviña, una vieja pregunta de la teórica marxista. “Es la diferencia central entre concepción y ejecución, un formato clásico de la fábrica burguesa. Muchas veces hemos replicado ese formato en organizaciones de izquierda. Es una polémica fraterna, sí, pero ardua, que mantiene con Lenin y con la socialdemocracia alemana, donde el nivel de burocratización era mayúsculo”, desarrolló el intelectual.</p>
<p><strong>La revolución en el horizonte</strong></p>
<p>El cierre de la parte expositiva del taller estuvo a cargo de Verónica Gago, investigadora feminista del CONICET. Para ella, hay tres ejes del método de Rosa que es necesario resaltar: “En primer lugar, relacionado a su forma de exposición, es la educación popular sumada a la agitación. Es una perspectiva que es a la vez analítica e insubordinada. El segundo punto es su análisis internacionalista de todos los fenómenos mundiales. Pensando en el movimiento feminista moderno, este es un aspecto clave. ¿Qué quiere decir un feminismo internacionalista hoy en día? Por último, algo que ya rescataron Claudia y Hernán, es el papel de la autorreflexión sobre errores y derrotas. Una dinámica que tensa entre la praxis y los hallazgos teóricos”.</p>
<p>“Cada huelga contiene un pensamiento político”, fue la frase talismán de Rosa que sirvió como disparador para la investigadora para pensar la función de la huelga, tanto a nivel del movimiento obrero en general como de los feminismos en particular. “Ella diciendo eso explica que a cada quien en su época le toca desplegar el pensamiento político que tiene una huelga. Esto la aleja de un tecnicismo y a la vez denuncia el materialismo policial de los sindicatos, los encargados de decir quien tiene la prerrogativa de convocarla”. La huelga se vuelve así ni automática ni fija, sino a ser reinventada en cada momento histórico.</p>
<p>La huelga es un proceso político, no un acontecimiento de un día, un impasse para negociar las condiciones de retorno a la dinámica laboral. “La huelga siempre es un cuerpo vivo” decía Rosa, no una ecuación matemática. Son múltiples los factores a detectar y cómo se entrelazan: económicos, políticos, materiales, incluso psíquicos. Para Gago, “es necesario pensarla hoy en día en clave feminista. ¿Qué significa para nosotras parar en nuestros espacios laborales? No es lo mismo si trabajás <em>freelance</em>, si sos ama de casa, si estás desocupada. No es un mero tecnicismo”.</p>
<p>La crítica a la guerra fue central en la vida política de Rosa. Pensándolo en relación a los movimientos sociales y la guerra contra las mujeres y los cuerpos feminizados, la investigadora se planteó: “¿En relación a qué tipo de insubordinación y autonomía de esos cuerpos-territorios se plantea la ofensiva de la guerra? Eso nos permite poner otra lógica histórica a por qué la guerra se hace presente en ciertos momentos de la ofensiva del Capitalismo”.</p>
<p>Eso lleva a pensar la dimensión del Imperialismo, en vínculo con la guerra y, teniendo en cuenta el libro de Rosa <em>La acumulación del Capital</em>, cómo se territorializa la teoría del valor. “Ella explica que el Capital tiene que correr constantemente los límites y las fronteras, valorizando nuevos espacios de colonialización”, desarrolló Gago. “No puede haber teoría del valor en abstracto: qué cuerpos, qué recursos, qué territorios son necesarios para que el Capital efectivamente pueda desplazar los límites de la globalización”, puntualizó.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-43398" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-3-615x410.jpg" alt="" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-3-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/02/La-Rosa-3.jpg 640w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<p>Lo último que destacó la investigadora feminista fue la “realpolitik revolucionaria”. Dos términos que suelen aparecer disociados: la lectura de lo posible, la agudeza para moverse en la coyuntura, para el pragmatismo, separado de la filosofía política. Rosa los aúna. “Ella en un momento pasa de su célebre frase ‘Reforma o Revolución’ a ‘Reforma y Revolución’”, explicó Gago. Así lo formula en 1903, en el 20 aniversario de la muerte de Marx: “sólo después de Marx, y por él, hay una política socialista de los trabajadores que al mismo tiempo, y en el pleno sentido de las palabras, es realpolitik revolucionaria”.</p>
<p>La última hora del taller estuvo destinada al trabajo en grupos, donde se debatieron algunas de las ideas que surgieron de las exposiciones. ¿Cómo se construye un feminismo marxista y clasista? ¿Cómo pensar la derrota, aún mientras se experimenta, para reformular las prácticas y no volverlo un regodeo auto inculpatorio? Los y las participantes también reflexionaron sobre la autocrítica de las izquierdas, la multiplicidad de formas organizativas y la transformación en los barrios populares.</p>
<p>Quizás lo más relevante, en el contexto actual de retroceso y derrota política de los gobiernos populares, es preguntarse, como decía Gago, qué significa que la determinación de la situación de crisis depende de prácticas concretas. ¿Cómo pensar la Revolución no como objetivo final, allá a lo lejos, sino como un esquema operativo, el aquí y ahora, teniendo siempre presente el horizonte de la Revolución?</p>
<p><strong>* Nota publicada originalmente en <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://rosaluxspba.org/es/rosa-luxemburgo-fui-soy-y-sere/">Fundación Rosa Luxemburgo.</a></span></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/rosa-luxemburgo-fui-soy-y-sere/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>“Lo que nos acercó a Rosa fue una sospecha”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/lo-que-nos-acerco-rosa-fue-una-sospecha/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Jan 2019 12:43:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[claudia korol]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial El Colectivo]]></category>
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					<description><![CDATA[Presentación de libro sobre Rosa Luxemburgo]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www.marcha.org.ar/tag/ignacio-marchini/">Ignacio Marchini</a></span> | Fotos: Julieta Lopresto Palermo</strong></p>
<p><em>A 100 años del asesinato de Rosa Luxemburgo, la Fundación Rosa Luxemburgo, junto con las editoriales El Colectivo (Argentina) y Quimantú (Chile), presentaron el libro “Rosa Luxemburgo y la reinvención de la política. Una lectura desde América Latina”. El autor Hernán Ouviña, politólogo y docente de la UBA, y Claudia Korol, periodista y educadora popular, estuvieron presentes para hablar sobre el libro y rememorar a una de las más importantes revolucionarias marxistas del siglo XX.</em></p>
<p>Rosa Luxemburgo es una figura ineludible de las revoluciones de principio del Siglo XX. Una referente izquierdista, que abogaba por el protagonismo popular en las calles, que criticaba sin medias tintas a la vieja guardia social demócrata alemana. “Mocosa, cómo me decís eso, podría ser tu padre o tu abuelo”, le dijeron más de una discusión con sus colegas, cuando apenas tenía veinti tantos años.</p>
<p>Hoy parece natural, producto del protagonismo cada vez mayor del movimiento de mujeres y disidencias sexuales, pero a finales del siglo XIX, en una Polonia ocupada (de la cual escapa fugándose de la policía zarista), el significado de una mujer judía, polaca y migrante que luchaba contra todas esas opresiones era mayúsculo. Tuvo que casarse con el hijo de una familia amiga para poder obtener la nacionalidad alemana. No para ella, sino para poder militar más tranquila sin ser expulsada.</p>
<p>Es por eso que a 100 años del femicidio de Rosa Luxemburgo (que hoy es posible caracterizar así debido al ensañamiento brutal y la misoginia con que fue asesinada por esos soldados de ultraderecha), las editoriales El Colectivo y Quimantú trabajaron con el educador popular y politólogo Hernán Ouviña y el ilustrador Óscar González “Guache” para darle vida a este libro. Además, la Fundación Rosa Luxemburgo decidió apoyar la publicación para &#8220;recuperar su pensamiento y su acción&#8221;. O como dijo Elisangela Soldatelli, directora de la oficina en Buenos Aires, en la apertura de la actividad, &#8220;nos valemos de su confianza en la construcción de una opción socialista que no abandone el internacionalismo&#8221;, con el objetivo de &#8220;ampliar el conocimiento sobre Rosa Luxemburgo en el Cono Sur para fortalecer espacios de formación y reflexión&#8221;.</p>
<p>En esta búsqueda de apropiación colectiva de la figura y los saberes de Rosa, las voces de intercambio iban y volvían en Comuna Cero, el espacio donde se realizó la presentación del libro. Para Blanca Fernández, integrante de la editorial El Colectivo, el motivo que los y las llevo a editarlo fueque “el pensamiento político y praxis militante de esta luchadora social no han sido suficientemente difundidos, no sólo en espacios académicos y políticos, sino incluso dentro de la militancia social. Forma parte del proyecto que asumimos como editorial la publicación de materiales de divulgación que se atrevan a abordar debates profundos que atraviesan nuestras izquierdas”.</p>
<p>Otra de las allí presentes para reivindicar la figura de Rosa fue Claudia Korol, educadora popular del colectivo Pañuelos en Rebeldía y periodista. Para Korol, la obra de Rosa no pierde vigencia y, en esta época de franco retroceso en materia de derechos y de avance del neoliberalismo en toda la región, es necesario “recuperarla, conocerla, discutirla, pensarla críticamente como lo hace Hernán. Desde este tiempo, este continente, desde nuestras luchas y desafíos”.</p>
<p>La vigencia del pensamiento luxemburguista es notable. El debate de reforma o revolución sigue siendo actual. No de manera dogmática. Para la educadora “tiene que ser a la luz de las revoluciones que hemos conocido y ver qué funcionó y qué no, con todo lo duro que eso puede ser. Viendo hoy en día la crisis de tantos proyectos, como lo que pasa en Nicaragua, nos habla en términos de derrota del proyecto revolucionario. Esa idea que hemos amado de la revolución sandinista se ha quedado en el camino”. Si pensamos en momentos políticos actuales, en la polémica que ella sostiene con la socialdemocracia alemana, en pleno auge en ese entonces, Rosa advierte que el oportunismo abre camino al fascismo. El oportunismo de la social democracia lleva a un acuerdo con la derecha nacionalista, promotores de la guerra, que abrió el camino al fascismo en Europa. ¿No será posible extrapolar esa conclusión al momento actual latinoamericano?</p>
<p>En relación al libro, para la periodista “es muy importante la lectura que hace Hernán de Rosa desde tres miradas, más allá de la mirada anticapitalista y marxista: la mirada desde los pueblos colonizados, esa Rosa polaca que tenía que hablar en la lengua que le imponía el Imperio Ruso y no en su lengua natal; la mirada anti patriarcal y el vínculo que tuvo con sus compañeras Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, ese grupo de mujeres referentas que organizaron al grupo de mujeres socialistas e internacionalistas contra la guerra, mientras los hombres votaban los presupuestos de guerra en el Congreso; y una tercera mirada que es su amor a la naturaleza. Ella tenía un vínculo con las plantas, los pájaros, que era muy profundo, como se ve en muchas de sus cartas. Tres miradas que cuando son radicales cuestionan profundamente el conjunto de opresiones del Capitalismo”.</p>
<p>&#8220;Apostamos a que esta publicación nos inspire a profundizar los debates en espacios de promoción de justicia social y de reivindicación de derechos, así como a superar los procesos de criminalización y de exclusión de las y los explotados&#8221;, agregó Soldatelli. Es que el pensamiento crítico es el que contribuye a reflexionar y gestar estrategias frente al fortalecimiento de los fundamentalismos políticos y religiosos que están promoviendo acciones para restringir el ejercicio de derechos conquistados en países de América Latina en los últimos años desde los movimientos populares.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-43120 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/01/DSC_2228-2-618x410.jpg" alt="" width="618" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/01/DSC_2228-2-618x410.jpg 618w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/01/DSC_2228-2-1024x680.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/01/DSC_2228-2-640x425.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/01/DSC_2228-2.jpg 1476w" sizes="(max-width: 618px) 100vw, 618px" /></p>
<p><strong>&#8220;Que florezcan nuevas Rosas es más urgente que nunca&#8221;</strong></p>
<p>El cierre del panel estuvo a cargo del propio autor Hernán Ouviña, politólogo, educador popular y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su primera intervención tuvo que ver con los motivos que lo llevaron a aceptar el desafío de escribir un libro sobre una figura tan emblemática. “Nos acercamos a Rosa por una sospecha, sobre todo después del 2001. ¿Por qué no hay aún, en la debida medida, pueblos, organizaciones, movimientos que se autoproclamen luxemburguistas? ¿Por qué Rosa no aparece en el crisol de tradiciones?”.</p>
<p>Si pensamos en tres grandes ciclos de lucha revolucionaria, en Latinoamérica pero también en Europa, el primero de ellos la tiene a la propia Rosa como protagonista de la Revolución Alemana que, para el autor, “no fracasó, sino que fue cruentamente derrotada porque era un proceso infinitamente más complejo lograrla en esa Alemania donde la clase trabajadora estaba mucho más integrada al Estado”. Por eso ella apelaba a la espontaneidad, para romper con el quietismo y la lógica burocrática de la socialdemocracia alemana y de los propios sindicatos.</p>
<p>El segundo ciclo, clave particularmente en nuestro continente, es la Revolución global de 1968. Es ese contexto que habilita una recuperación crítica de la propia Rosa. Hay infinidad de intelectuales, movimientos y organizaciones que a partir de los años 60 y 70, e incluso los 80, revitalizan la obra de Rosa. En el caso argentino, es a partir de 1969 que se empieza a difundir, a traducir, a publicar, infinidad de textos de Rosa y no es casual. Así lo explicó Ouviña: “hay un hito que es el Cordobazo. Una rebelión espontánea en la clave luxemburguista que implica una huelga política de masas en contra de un régimen profundamente autoritario que desconcierta hasta a los más experimentados dirigentes políticos y sindicales. La productividad de Rosa en ese contexto es mayúscula para discutir con las viejas burocracias sindicales de aquel entonces”. Si pensamos en el resto de Latinoamérica, están los casos de la rebelión popular juvenil en México y un personaje como José Revueltas que piensa el espartaquismo como estrategia política o Mario Pedrosa en Brasil.</p>
<p>En relación el tercer ciclo, el autor puntualizó que “muchos y muchas de las que estamos acá somos parte de ese tercer ciclo que revitaliza a Rosa. El ciclo de resistencias contra el neoliberalismo pero también contra el Patriarcado, el colonialismo y el Capitalismo que se inicia en los años 90, también con una rebelión espontánea en clave luxemburguista como es el Caracazo en 1989. Pero también las tomas de tierras del Movimiento Sin Tierra en Brasil (MST), los zapatistas en México, los pueblos indígenas en la región andina. Y por supuesto, diciembre de 2001 en Argentina”.</p>
<p>A Rosa hay que traerla al presente desde esa integralidad. Muchas veces se la disocia de sus aristas más incomodas. Se habla de cómo amaba a los animales pero se disocia esa perspectiva de la lucha anticapitalista. Hay que pensar desde una categoría que era clave para ella que era la totalidad. ¿Cómo pensamos desde la totalidad para romper con el androcentrismo, para romper con la lógica del despojo? ¿Cómo pensamos la relación centro-periferia? Rosa trata de desmontar el eurocentrismo. Es una de las primeras que tiene la osadía de criticar al propio Marx y decir “este esquema, inconcluso en <em>El Capital</em>, es un esquema que sólo concibe capitalistas y obreros”. Pero, ¿qué pasa con los pueblos indígenas, con el campesinado, con las economías naturales? ¿Qué pasa con el grueso del planeta que está siendo subyugado, no simplemente en la clave de la acumulación originaria, sino a partir de la acumulación por despojo que es un proceso permanente que padecen los pueblos del sur global?</p>
<p>Rosa nos invita a pensar un marxismo distante de todo dogmatismo. Una de las tantas referencias que nos permite entender que sólo se es un buen marxista o una buena marxista si no se es sólo marxista. Si podemos nutrirnos de otras tradiciones, otras cosmovisiones. No es algo residual, es algo que hace pensar la Revolución desde la vida cotidiana, como proponía ella.</p>
<p>Un eje transversal al libro es el del socialismo como alternativa civilizatoria. Una opción que atreviese todo el globo es más urgente que nunca. Hoy que resurgen los nacionalismos, las lógicas xenófobas, la violencia patriarcal. Según Ouviña, “revitalizar a Rosa implica pensarnos desde la plurinacionalidad, algo también olvidado pero que en ella es muy importante. Si queremos pensar en una sociedad pos extractivista, que luche contra el Patriarcado, en contra de la guerra contra las mujeres y los jóvenes, es necesario un socialismo donde quepan muchos socialismos. Un socialismo ecoambiental, un socialismo despatriarcalizado, antiburocrático, libertario. Un socialismo del buen vivir”.</p>
<p>En una de sus cartas a una de sus compañeras y amigas, ella plantea el problema de la muerte que para ella se avecinaba. El autor retomó algunas de esas líneas para concluir su exposición: “En esa carta le dice a Matilde, &#8216;en mi tumba, como en mi vida, no habrá nunca frases rimbombantes. Sobre mi lápida, habrá solamente dos sílabas: zvi, zvi. Este es el canto del herrerillo que yo sé imitar con tanta perfección que logro que acudan inmediatamente. En ese zvi, zvi se oye, desde hace unos días, un pequeño trino, una minúscula voz de pecho. ¿Saben lo que eso significa? Es la primera manifestación de la primavera. A pesar de la nieve, de las heladas y la soledad, los herrerillos y yo creemos en la próxima primavera&#8217;. Quizás tarde un poco más pero la primavera y la apuesta por esa necesidad de que florezcan nuevas Rosas es más urgente que nunca”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/lo-que-nos-acerco-rosa-fue-una-sospecha/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El Che: pedagogo de la revolución</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-che-pedagogo-de-la-revolucion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Oct 2018 13:56:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Che Guevara]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
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		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La vida del Che, cargada de pedagogía al servicio de los pueblos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hernán Ouviña*</strong></p>
<p><em>A la memoria de Fernando Martínez Heredia, entrañable guevarista cubano</em></p>
<p>Una de las figuras más descollantes del marxismo latinoamericano es sin duda la de Ernesto “Che” Guevara, nacido casualmente un 14 de junio, en el mismo día y año en que José Carlos Mariátegui celebra su cumpleaños número 33 y son paridos los <em>Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana</em>. No son éstas, por cierto, las únicas coincidencias y afinidades que tiene con el Amauta. Entre ellas, quizás una de las más notables es la centralidad que ambos le otorgan a los procesos educativos y a la formación política en el marco de sus respectivos proyectos emancipatorios, algo que los sitúa entre los revolucionarios más sugerentes y originales de Nuestra América.</p>
<p>En el caso específico del Che, es conocida su afición constante por el conocimiento y la investigación de la realidad latinoamericana, en aras de su radical transformación, desde sus tempranos años de joven estudiante de medicina. Será durante ese trashumante periplo -realizado entre 1951 y 1955- que se irá politizando a partir de la experiencia concreta y el contacto directo con territorios y vivencias de lo más diversas, signadas en la mayoría de los casos por la pobreza y la opresión extrema. De ellas deja un minucioso registro en sucesivos diarios de viaje, donde las reflexiones filosóficas y políticas se conjugan con poemas y cartas intimistas, así como en artículos periodísticos que publica en Centroamérica y en apuntes de lecturas o anotaciones bibliográficas, que llegan a involucrar como propuesta la futura elaboración de un libro, sobre la función social del médico en los lugares más postergados de nuestro continente. Este prolongado e intenso período iniciático marca a fuego a Ernesto Guevara, como atento estudiante de esa frondosa y compleja escuela a cielo abierto que constituye para él América Latina, a tal punto que en las hojas donde brinda testimonio de su primer viaje escribe: <em>“este vagar sin rumbo por nuestra ‘Mayúscula América’ me ha cambiado más de lo que creí”</em>, y en vísperas de su cumpleaños número 24 sentencia de manera premonitoria que <em>“aunque lo exiguo de nuestras personalidades nos impidan ser vocero de su causa, creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es complemente ficticia”</em>.</p>
<p>Tras una breve estancia en la Guatemala de Jacobo Arbenz, para cuyo gobierno pone a disposición sus conocimientos médicos y su compromiso militante en defensa de los intereses populares frente a la arremetida golpista liderada por Castillo Armas, recala en México, donde conoce al núcleo de exiliados cubanos que darán origen al Movimiento 26 de Julio, y se embarca en el proyecto de liberar definitivamente a la isla caribeña del yugo que la oprimía. La Sierra Maestra será su segunda escuela sin tinglado. En ella alterna en un comienzo su rol de médico y combatiente, e impulsa ya como guerrillero -luego de abandonar su botiquín y resolver <em>“el dilema de elegir entre la medicina y mi deber de soldado revolucionario”</em>– espacios de alfabetización y educación popular junto con el campesinado. Asimismo, en 1957 crea Radio Rebelde y el periódico <em>El cubano libre</em>, con similares fines formativos y de concientización de las y los guajiros.</p>
<p>Sin duda que tanto el Che como Camilo Cienfuegos -y más aún el propio Fidel- cumplieron no solamente un papel descollante, sino incluso único, en el proceso revolucionario cubano. El Che llegó a plantear como hipótesis provocativa que sin Fidel la revolución no hubiese sido siquiera posible (al respecto, vale la pena leer su maravilloso y formativo texto titulado <em>“Cuba: ¿excepción histórica o vanguardia de la lucha anti-colonista?”</em>).<em> </em>Sin embargo, es importante incluir y ponderar sus aportes y su rol dirigente, en el marco de un proceso sumamente complejo y multifacético, de sujetos, organizaciones, geografías y variadas relaciones de fuerzas, así como temporalidades y ritmos históricos diversos. En particular, revalorizar en ese marco el papel del campesinado como sujeto político y educador colectivo, pero también el del movimiento obrero y el de la juventud, así como el protagonismo estudiantil y el de las mujeres, que en muchos casos quedan opacados o directamente se omiten en el relato épico militante (¿o acaso fueron sólo “barbudos” quienes entraron triunfantes a La Habana?). Un interesante y pedagógico escrito del Che que apela a una lectura de este tipo es <em>“Lo que aprendimos y lo que enseñamos”</em>. Publicado significativamente el 1 de enero de 1959 en el periódico <em>Patria</em>, en él aparece el mutuo aprendizaje y la reciprocidad de saberes (es decir, no la dicotomía saber/no saber, sino la diferencia y complementariedad de saberes) que circulan entre el núcleo inicial del Movimiento 26 de Julio y las masas campesinas de la Sierra Maestra, durante ese conocerse y re-conocerse como partes fundantes de un mismo proyecto revolucionario.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-41933" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-farola-2-310x410.jpg" alt="" width="310" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-farola-2-310x410.jpg 310w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-farola-2.jpg 312w" sizes="(max-width: 310px) 100vw, 310px" /></p>
<p>El año 1959 oficia de parteaguas en Cuba e incluso a escala continental y mundial. Para el Che, es el cierre de un período de lucha encarnizada y a la vez el inicio de un proceso de sistematización -de “teorizar lo hecho”, de acuerdo a sus propias palabras- y de enorme aprendizaje colectivo, pero también de apuesta estratégica por sentar las bases de la nueva sociedad en gestación, es decir, de la autodeterminación del pueblo cubano sin copiar modelos ni implantar receta alguna. En este contexto convulsionado -donde de lo que se trataba era de <em>incendiar el Océano</em>, según la emotiva anécdota relatada por Fernando Martínez Heredia-, el papel del Che es clave en la batalla de ideas y en la disputa cultural en favor de un socialismo anti-burocrático y participativo, cuya columna vertebral debía ser la creación del hombre y la mujer nuevos, desde una perspectiva integral. De ahí en más, durante los años sucesivos, abogará por no perder jamás la iniciativa ni estancarse, ya que la urgencia y las necesidades que deparaba el proceso revolucionario en curso obligaba al pueblo cubano a forjar su propio destino sin recetas pero con la firme convicción de formarse en ese mismo andar colectivo. <em>“Hemos aprendido la gran lección de la Reforma Agraria: primera hay que empezar a hacer y después pensar cómo seguir haciendo. No vamos a sentarnos y hacer un alto en el camino para pensar cuáles serán nuestros próximos pasos. Vamos a pensar caminando, vamos a aprender creando y también, por qué no decirlo, equivocándonos”</em>, confiesa.</p>
<p>En cada una de estas apuestas pedagógico-políticas, al Che lo obsesiona aportar a la creación de las condiciones subjetivas que fortalezcan el proyecto emancipatorio en curso, y dentro de él <em>aprender y enseñar a analizar con cabeza propia</em>, ya que como supo afirmar ese magistral educador popular que fue Fidel Castro, durante los convulsionados primeros años de la revolución cubana, no se trataba <em>“de adoctrinar, de inculcarle de ‘a porque sí’ algo a la gente, sino de enseñar a analizar, de enseñar a pensar, a darles elementos de juicio para que comprendan”</em> por sí mismos. A la vez, este planteo se combinaba con la necesidad de que la formación política fomente la organización revolucionaria, en la medida en que, al decir del Che, <em>“si no existe organización, las ideas, después del primer impulso, van perdiendo eficacia, van cayendo en la rutina, en el conformismo y acaban por ser simplemente un recuerdo”.</em></p>
<p>Es interesante también recordar que la manía de llevar cuadernos de viaje o diarios de campaña, no es un rasgo sólo de su momento juvenil, sino que esta presente en el Che hasta sus últimos días de vida, en tanto compromiso personal de asumir al registro y la transcripción en apuntes, de lo sentido, reflexionado y vivido, como parte ineludible de los procesos de lucha y construcción política colectiva. Este conjunto de borradores debe concebirse una dimensión central de la obra militante del Che, ya que en ellos el pensamiento autónomo y la “teorización de lo hecho” darán vida a textos emblemáticos para el estudio riguroso de -y la intervención activa en- los procesos emancipatorios de Cuba y de Nuestra América, entre los que se destacan <em>Pasajes de la guerra revolucionaria </em>y <em>La guerra de guerrillas</em>. Sin embargo, este tipo de materiales no constituyen una cantera de tácticas y estrategias correctas para todo tiempo y lugar. Antes bien, ofician de estímulo -o brújula amautica- para la reflexión y la acción distantes de todo dogmatismo, ya que el estudio específico de cada realidad concreta es uno de los principios básicos del marxismo, por lo que tal como llega a expresar de manera lapidaria en una de sus cartas el Che, los manuales tienden a desvirtuar los fundamentos del marxismo o a reducirlos a un dogma, en particular los <em>“ladrillos”</em> elaborados por la URSS, debido a que <em>“tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos”.</em></p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-41934" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-escuchando-3-472x410.jpg" alt="" width="472" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-escuchando-3-472x410.jpg 472w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-escuchando-3.jpg 543w" sizes="(max-width: 472px) 100vw, 472px" /></p>
<p>No obstante, sería injusto reducir la concepción de la formación política en el Che, a la lectura y al estudio colectivo del marxismo, o incluso de otras tradiciones revolucionarias ajenas a él, pero imprescindibles para todo/a militante crítico, salvo que se pretenda desvirtuar toda cultura emancipatoria y convertirla en mero <em>“seguidismo ideológico”</em>, tal como denuncia en aquella misma epístola. De acuerdo a Guevara, la emulación, el trabajo voluntario y el ejemplo cotidiano son enormes formadores de conciencia, la arcilla o base sobre la cual prefigurar una subjetividad contraria a la que nos impone el capitalismo como sistema de dominación múltiple.</p>
<p>En efecto, la escritura y difusión de textos como <em>El socialismo y el hombre nuevo en Cuba </em>-donde afirma que durante la edificación del socialismo <em>“la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela” </em>-, tiene como presupuesto a las numerosas jornadas de trabajo voluntario en las que participa tanto en el campo como en la ciudad, al igual que la enconada polémica en torno a la importancia de los estímulos morales (y como contra-cara, la furibunda crítica a la pretensión de querer <em>“construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo”</em>), resulta impensable sin las batallas diarias que libra como presidente del Banco Nacional o en tanto Ministro de Industrias (donde fomenta, además, seminarios de lectura detallada de <em>El Capital</em> entre sus empleados e incluso junto a otros activistas), o en todo su itinerario global como internacionalista activo y solidario en Africa, Asia y América Latina. Estas y otras iniciativas desplegadas dentro y fuera de Cuba, en conjunto, constituyen el ejemplo más cabal de esa amalgama y unidad indisoluble entre formación teórica y aprendizaje práctico, entre pensamiento crítico y acción transformadora, como faro estratégico a lo largo de su ajetreada vida.</p>
<p>Así como advierte contra la creación de <em>“asalariados dóciles al pensamiento oficial”</em> y <em>“‘becarios’ que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”</em>, reconoce públicamente ante la juventud cubana que <em>“todos somos convalecientes de ese mal, llamado sectarismo”</em>. A contrapelo de estas tendencias, la formación y el estudio anti-dogmático, al igual que la praxis colectiva solidaria, deben de acuerdo al Che despojar las viejas taras y ataduras inscriptas en las conciencias y acciones de las clases populares. En franca polémica con aquellos sectores más conservadores o pragmáticos del proceso en Cuba, afirma: <em>“Nosotros no concebimos el comunismo como la suma mecánica de bienes de consumo en una sociedad dada, sino como el resultado de un acto consciente; de allí la importancia de la educación y, por ende, del trabajo sobre la conciencia de los individuos en el marco de una sociedad en pleno desarrollo material”</em>. Se trata, por tanto, de potenciar el <em>“desarrollo al máximo de la sensibilidad ante cualquier injusticia”</em>, <em>“ir con afán investigativo y con espíritu humilde a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo”</em>, practicar <em>“constantemente la discusión de los problemas a todos los niveles”</em>, la <em>“autocrítica como una tarea constante”</em>, y <em>“hacer hincapié en los errores, descubrirlos y mostrarlos a la luz pública para corregirlos lo más rápidamente posible”. </em>Cada una de estas máximas son para el Che anticuerpos certeros contra la burocratización y el estancamiento del pensamiento crítico, y en tanto y cuanto se ejerciten a diario, aceleran la creación de esa <em>subjetividad </em>irreverente, nutrida por grandes sentimientos de amor y que torna irreversible el tránsito hacia el socialismo, ya que la construcción de la mujer y el hombre nuevos no pueden, según él, forjarse a partir de la imposición: <em>“no se puede directamente por decreto </em>-dirá- <em>cambiar la manera de pensar de la gente, la gente tiene que cambiar su manera de pensar por convencimiento propio”</em>. En última instancia, de lo que se trata para el Che es de convencer para vencer.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-41935" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-convencer-4-301x410.jpg" alt="" width="301" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-convencer-4-301x410.jpg 301w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/10/che-convencer-4.jpg 338w" sizes="(max-width: 301px) 100vw, 301px" /></p>
<p>En esta titánica tarea de construcción del socialismo, la juventud cumple un papel fundamental, y uno de sus deberes es <em>“empujar, dirigir con el ejemplo la creación del hombre del mañana. Y en esta creación, en esta dirección está comprendida la propia creación”.</em> Ruptura de la enajenación y ejercicio de la creatividad colectiva son procesos simétricos, que incluyen la lucha frontal contra todo tipo de conformismo y también la necesidad del <em>relevo generacional</em> de cara a un futuro que se prefigura en el presente. Aquí, nuevamente, la labor formativa de aquellos/as más jóvenes y el despojarse de cualquier privilegio o cargo burocrático, es algo prioritario y saludable para el Che: <em>“Creo que hemos desempeñado con cierta dignidad un rol importante”</em>, les confiesa con suma humildad,<em> “pero este rol no sería completo si no supiéramos retirarnos a tiempo. Otra tarea de ustedes es crear gente que nos reemplace, de modo que el hecho de que seamos olvidados como cosas del pasado, sea una de las señales del rol de toda la juventud y de todo el pueblo”</em>.</p>
<p>Resulta emblemático que hasta en el momento de su caída en combate en la selva boliviana, el Che lleva encima un gran morral de cuero con diversos libros y con su infaltable cuaderno de apuntes. Lo antiguerrillero por definición: un enorme peso a cuestas para garantizar la autoformación y el registro cotidiano, en una coyuntura de movilidad constante y huida, asediado por cientos de soldados. Ya herido, incluso el tramo final de su vida lo transita en una escuela, y es una maestra la única que lo auxilia y le acerca un plato de guiso. Frente a eso, como supo recordar magistralmente Ricardo Piglia, las últimas palabras del Che son pedagógicas al extremo, porque corrige lo que hay escrito en la pizarra de la escuelita de La Higuera. Con su manía formativa hasta la muerte, le comenta a la mujer que le falta un tilde a la frase “Yo se leer” (¡sí, <em>saber</em> era el verbo conjugado en ella!). Esta escena militante hasta el último soplo de su agonía, como proceso dialógico y de enseñanza también, curiosamente con una maestra, dice mucho respecto de aquella invariante vocación de estudio y formación permanente en el Che.</p>
<p>Hace algunas décadas, Pablo González Casanova escribía desde La Habana que América Latina es uno de los continentes en que más y mejor se piensa. Pero también se lamentaba de que no sabemos hacer eco de las transformaciones e interpretaciones del mundo, que con la vida hacen nuestros mejores hombres y mujeres, recreando las ideas y prácticas pasadas. Es muy probable que tuviera en mente, en aquel primer territorio libre de América, al Che, nuestro pedagogo de la revolución.</p>
<p>*Publicada originalmente en <a href="https://gramscilatinoamerica.wordpress.com/">Gramsci en América Latina</a>.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-che-pedagogo-de-la-revolucion/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La imagen y la palabra del Monte</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-imagen-y-la-palabra-del-monte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Aug 2018 21:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[agronegocio]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Ferreyra]]></category>
		<category><![CDATA[documental]]></category>
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		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Céspedez]]></category>
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		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[A propósito del documental Toda esta sangre en el Monte, de Martín Céspedes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Hernán-Ouviña">Hernán Ouviña</a> </strong></p>
<p><em>A propósito del documental &#8220;Toda esta sangre en el Monte&#8221;, de Martín Céspedes. </em><em>Esta película es un viaje hacia el interior de la vida campesina para sentir los motivos de una muerte violenta, las alternativas de un juicio con suspenso, y la naturaleza de una fuerza vital que no se rinde. Desde que el agronegocio hizo foco en el monte, los territorios rurales se tornaron un escenario minado de tensiones. </em></p>
<p>Hace casi un siglo atrás, en las páginas de la revista <em>Amauta </em>-dirigida por el joven José Carlos Mariátegui-, la pionera en crítica de cine María Wiesse reflexionaba acerca de la dialéctica entre la imagen y la palabra: “El ritmo precipitado, y quizás un poco inarmónico, de la vida moderna, concuerda perfectamente con el ritmo intenso y nervioso del cinema. Esta época es la época de la imagen, que triunfa sobre la palabra. Más que un diálogo nos emociona y nos seduce una actitud, una expresión, un gesto o una mirada”, escribía en diciembre de 1926. Ríos de tinta han corrido desde ese entonces, en torno a este dilema centrado en la tensión y complementariedad entre ambas dimensiones en términos estéticos.</p>
<p>Una de las grandes virtudes de <em>Toda esta sangre en el Monte</em> es, precisamente, su capacidad de cautivar tanto desde la imagen como a partir de la palabra, aunque sin apelar a representaciones sensibleras ni a la victimización de sus protagonistas, y omitiendo la trillada voz en off o las placas para orientar el sentido del audiovisual. Tal vez como desafío a aquel ritmo precipitado que supo inaugurar el cine con su artificialidad técnica que trastoca nuestra percepción, la película decide poner el foco en el Monte y en la belleza de una naturaleza que nos ofrenda sus contornos, tonalidades y múltiples sonidos, componiendo una temporalidad estacional que cuestiona las manecillas del reloj y la velocidad extrema de las grandes ciudades, activando el “inconsciente óptico” tan atrofiado por el cemento, la contaminación y la urbanidad capitalista. Esta particularidad se ve reforzada con la apelación recurrente que Céspedes hace a la puesta del sol y a las variaciones de un cielo siempre imponente, que en cada cierre de pliego visual nos maravilla e interpela.</p>
<p>La sangre en el Monte se nos presenta como violencia en carne viva y sin mediación alguna: se impregna en las manos campesinas al acompañar el parto de un cabrito, pero también al degollar lo que luego deviene alimento familiar. Es sangre que salpica el hocico de los perros, lamida por ellos en la tierra, y que nutre también a gallinas picoteando el suelo. Vida y muerte se combinan en estos parajes desde un linaje común. Sangre que no se muestra, pero se intuye en el juicio que sienta en el banquillo de los acusados a sicarios y empresarios asesinos de Cristian Ferreyra, integrante del MOCASE. Sangre que late en las venas de brazos campesinos, que sacuden sin cesar un árbol añejo a hachazo limpio, hasta hacerlo sangrar. Sangre-miel que despunta de un panal de abejas que es defendido por el enjambre, tanto como el metro de tierra por quien deglute el néctar, mientras reflexiona acerca de este momento sublime que ofrece el entorno rural.</p>
<p>Desde el título mismo, la película denota una toma de partido y una denuncia, a pesar de lo cual no hay bajada de línea ni entrevistas guionadas que induzcan al espectador. La única pedagogía que se deja traslucir es la que ejercita el MOCASE en su vida cotidiana, sin grandes académicos ni educadoras con delantal: aquella que se vivencia y resignifica en la cría de cabritos, en la paciente cosecha del suelo sin agrotóxicos y en la búsqueda de aves escopeta en mano, la que circula en las rondas de mate y en la asamblea realizada debajo de un tinglado o a cielo abierto, la que se aprende y convida de manera colectiva en las movilizaciones, flameando whipalas para exigir justicia por Cristian al grito de “¡Ni un metro más!”. Una verdadera pedagogía de la tierra que sabe que es preciso convencer, para lograr vencer. Es <em>toda</em> esta sangre en el Monte, exuberancia y diversidad de sentidos en la disputa por la tierra, y a la vez toda <em>esta </em>sangre, porque siempre somos las y los de abajo quienes ponemos los muertos en cada conflicto.</p>
<p>El documental retrata la simultaneidad de realidades y tiempos que se contrastan: la de un poder judicial tan precario e improvisado en su estructura mobiliaria como insensible al clamor de las clases populares, y la de comunidades campesinas que enfrentan al desarraigo poniendo el cuerpo, la cabeza y el corazón en una lucha profundamente desigual. Estos actores que libran una relación de fuerzas tan asimétrica, quedan “fuera del encuadre” de las películas de ficción, que tienden a acontecer casi sin excepciones en locaciones urbanas, donde si aparece, la violencia social y política es atravesada más por motivaciones psicológicas o amorosas que sistémicas. Y si bien el cine documentalista argentino y latinoamericano ha abordado en mayor medida este tipo de conflictividades, suele predominar en él una mirada empática y de idealización de los procesos de resistencia campesinos e indígenas, que restan complejidad al análisis y obturan la reflexión crítica en torno a las dinámicas contradictorias que los condicionan.</p>
<p>El decidir colocar al “campo” profundo dentro del campo visual y sonoro (si cabe el juego de palabras), resulta un excelente disparador para debatir y problematizar las transformaciones que se vivieron durante todos estos años en los ámbitos rurales. ¿Quiénes fueron los verdaderos ganadores y quiénes los que perdieron? ¿En qué medida sufrieron una invisibilización las múltiples formas de violencia inherentes al modelo de los agronegocios, a partir de la bonanza relativa y transitoria extraída precisamente del excedente generado en esos territorios? ¿Hasta qué punto esa inyección dineraria que abonó a un consumo acrítico, no operó adormeciendo la sensibilidad en las grandes ciudades, configurando un silencio cómplice frente a estos atropellos distantes geográficamente? ¿No hay, acaso, una especie de daltonismo constitutivo de la mirada citadina, que impide ponderar a estos asesinatos de manera análoga al de otros caídos en la lucha popular?</p>
<p>Más allá de las posibles respuestas y de una polémica que queda abierta, el documental deja en evidencia que el extractivismo no respeta ni siquiera a quien lo gestiona, y deglute comunidades enteras y cosmovisiones de largo aliento en pos de consolidarse hasta en el último rincón donde puedan germinar esos brotes verdes que, por paradójico que parezca, son la maldición de la abundancia para quienes pretenden defender un modo de vida antagónico al del monocultivo de la soja transgénica.</p>
<p>En tiempos de ajuste y creciente criminalización de la protesta, la película de Martín Céspedes se adentra en el Monte santiagueño cámara en mano, para desmenuzar la compleja y ardua trama que se teje, desde abajo y a pulmón, en la digna lucha en defensa de la tierra y contra el despojo. La pantalla es al mismo tiempo un espejo donde mirarnos y confrontar la supuesta “bonanza” del extractivismo en las megalópolis, desde su contracara necesaria en los territorios rurales, sin romantizar la resistencia campesina e indígena, pero tampoco negar la potencia plebeya de lo popular-comunitario, que nos incita a con-movernos a partir de lo sentí-pensante.</p>
<p>Si buena parte del documental es un duelo entre la imagen y la palabra, el cierre del film, con la fuerza telúrica de la “Deo” -militante campesina que, a pesar de la adversidad del poder judicial y represivo del Estado, arenga a sus compas a grito pelado para no bajar la guardia y redoblar la lucha, en un escenario circular donde la carga dramática alcanza su máxima expresión-, parece definir la partida no por uno de aquellos polos en tensión, sino por su abigarrada y cautivante conjunción.</p>
<p>En su imprescindible libro <em>Zapata y la revolución mexicana</em>, John Womack inicia su obra con una provocativa frase, que bien puede ser la puntada para enhebrar el doble relato que, a cara y cruz, se hilvana en <em>Toda esta sangre en el Monte</em>: “esta es la historia de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución”. Luego de ver la película, no quedan dudas de que -a su modo- las y los integrantes del MOCASE también la están haciendo.</p>
<p><strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=PHBvdlRCaig">Trailer</a></strong></p>
<p>PRÓXIMO ESTRENO<br />
Rosario &#8211; Cine El Cairo &#8211; Unicas funciones 16 y 18 de Agosto, 20:30hs</p>
<p>EN CARTELERA<br />
CABA &#8211; Cine Gaumont &#8211; Todos los días 15hs y 20hs<br />
La Plata &#8211; Cine Select &#8211; Todos los dias 19:30hs</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-imagen-y-la-palabra-del-monte/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Ana Tijoux: “La lucha feminista en Argentina es fuente de inspiración para toda América Latina”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/ana-tijoux-la-lucha-feminista-en-argentina-es-fuente-de-inspiracion-para-toda-america-latina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Aug 2018 21:59:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Derecho a Decidir]]></category>
		<category><![CDATA[#AbortoLegalYa]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Tijoux]]></category>
		<category><![CDATA[Antonella Alvarez]]></category>
		<category><![CDATA[derecho a decidir]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[géneros]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[La cantante y compositora chilena estuvo presente este 8 de agosto en las calles de Buenos Aires, para acompañar la lucha en favor del derecho al aborto junto a más de un millón de personas, que se congregaron en los alrededores del Congreso.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;"><strong>Por Antonella Alvarez y <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/hernan-ouvina/">Hernán Ouviña</a>*</strong></p>
<p style="font-weight: 400;"><i><span lang="ES-CO">La cantante y compositora chilena estuvo presente este 8 de agosto en las calles de Buenos Aires, para acompañar la lucha en favor del derecho al aborto junto a más de un millón de personas, que se congregaron en los alrededores del Congreso. Luego de convidar sus canciones en el escenario Dora Coledesky, dialogamos con ella acerca de esta jornada histórica protagonizada por el movimiento de mujeres.</span></i></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Por qué te parece importante estar acá participando?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Porque este es un proceso que, si bien se está generando en Argentina, es una antesala para el resto de América Latina. Estamos todos y todas muy pendientes de lo que está pasando acá, y definitivamente es un empuje para nosotros en el resto de los otros países. Es innegable la fuerza que ha tenido Argentina como fuente de inspiración. Es difícil articular con palabras…es pura emoción. Quizás hay que quitarle un poco la academia y la palubria. Es un tema de emocionalidades. Ese es el contexto: la emoción nos hace estar acá.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Cuál es la situación actual en Chile de la lucha en favor del derecho al aborto?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Esta complicado porque también el Estado y la Iglesia son muy fuertes. Por eso las compas están muy atentas de lo que está pasando acá. Hoy en día ha habido marchas multitudinarias. Hay una nueva generación de recambio, que viene sin miedo, y eso está muy interesante. Son muy jóvenes, muy politizadas y no tienen miedo de decirlo. Verbalizan de otra manera políticamente. Yo tengo 41 años y veo cabras de 13 que vienen con otro discurso, y creo que eso ya es una fuerza política que viene distinta, que viene articulándose y armándose. A una le hace preguntarse: “¡porque no nací ahora!”.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Por qué la cultura y el arte resultan fundamentales en América Latina para acompañar e incluso impulsar este tipo de luchas?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Porque la cultura y el arte somos acompañantes históricos. Siempre hemos sido acompañantes de procesos políticos y sociales. Creo que ese ha sido el rol del arte en general, no del arte publicitario por supuesto. Digo nosotros porque somos muchos, y de distintas plataformas. Finalmente, en este proceso de acompañamiento, testimonial y con distintas perspectivas, vamos a la par de los procesos, contando de forma natural lo que va pasando.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Qué es el feminismo para vos y cómo te atraviesa?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Les voy ser muy honesta: no puedo pensar en un feminismo sin un anticapitalismo y sin una lucha de clases. Son luchas muy cruzadas. Tiene que ver con libertad, buen vivir y emancipación. Tiro palabras al aire, pero para mí son luchas entrecruzadas, luchas de liberación de un cuerpo político que ha sido vejado y colonizado por tantos siglos. Por eso sería a la vez una descolonización.</p>
<p style="font-weight: 400;"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-41059" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/08/Anita-cantado-379x410.jpg" alt="" width="379" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/08/Anita-cantado-379x410.jpg 379w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/08/Anita-cantado-947x1024.jpg 947w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/08/Anita-cantado-640x692.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2018/08/Anita-cantado.jpg 1480w" sizes="(max-width: 379px) 100vw, 379px" /></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>En Chile, Brasil y Argentina nos gobierna la derecha, y en América Latina también se vive una derechización muy grande. ¿Crees que el feminismo puede ser una punta de lanza frente a este contexto?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Totalmente. Creo que es una punta de lanza y una ventana a la apertura de muchos cuestionamientos que están ahí, metidos en el inconsciente social. Si bien hay una derecha muy fuerte, es una antesala de muchas cosas que se van a abrir y expandir. Estamos en un supercapitalismo, algo superior, donde la velocidad del mercado está muy violenta, pero también la respuesta está siendo veloz y eso está interesante. Hay una contra repuesta y una polarización política muy fuerte, que no está en los parlamentos, sino que se siente y está en las calles.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Cómo te sentiste aquí en las calles de Argentina? ¿Cómo viviste este encuentro con miles de mujeres, sobre todo jóvenes, poniendo el cuerpo?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Muy bonito. Es muy difícil articular palabras sin que sea desde la emoción. La emoción es política, el cuerpo es político. Mi cuerpo se sintió como en un orgasmo infernal y hermoso. Es una cosa muy sublime lo que está pasando. Cuando me dijeron que estaba la actividad, me embalé y me vine. Me parecía importante venir, más allá de cantar o, aunque no hubiera cantado, venir a oler y “cachar”, como decimos en Chile, de respirar un poco la lucha que se está viviendo acá.</p>
<p style="font-weight: 400;"><em><strong>*Publicada originalmente en <a href="http://www.fmlacaterva.com.ar/2018/08/ana-tijoux-la-lucha-feminista-en.html?m=1">FM La Caterva</a></strong></em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/ana-tijoux-la-lucha-feminista-en-argentina-es-fuente-de-inspiracion-para-toda-america-latina/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>A 100 años de la rebelión estudiantil en Córdoba: seis hipótesis deodorianas en torno a la Universidad</title>
		<link>https://marcha.org.ar/a-100-anos-de-la-rebelion-estudiantil-en-cordoba-seis-hipotesis-deodorianas-en-torno-a-la-universidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Jun 2018 08:00:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[1918]]></category>
		<category><![CDATA[Deodoro Roca]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[reforma universitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Pública]]></category>
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					<description><![CDATA[A 100 años de la Reforma Universitaria, muchos de sus planteos cobran plena vigencia en la actualidad. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/hernan-ouvina/">Hernán Ouviña</a></strong></p>
<p><em>A 100 años de aquellos históricos sucesos, y sin desmerecer las notables distancias que nos obligan a repensar sobre nuevas bases nuestra praxis pedagógico-política, consideramos que hoy estamos en presencia de lo que quien fuera el autor del Manifiesto Liminar de la Reforma caracterizó como “un mundo preñado de acontecimientos”, por lo cual muchos de sus planteos cobran plena vigencia en la actualidad. </em></p>
<p>Es conocido que el 15 de junio de 1918 el estudiantado de Córdoba decide la ocupación de la Universidad y declara la huelga general, para impedir la votación de un nuevo rector que, de triunfar, consolidaría a la casta profesoral y a los sectores más retrógrados en el gobierno, que no eran sino “academias vitalicias en perpetua gestación de ancianidad” según el Manifiesto que ese mismo día difunden. No obstante, si bien esta jornada funge de momento bisagra, sería erróneo concebirla como el grado cero o el punto de inicio del movimiento en favor de una reforma integral de las Universidades. La lucha estudiantil comienza por supuesto muchísimo antes, y su devenir contempla no sólo a los sucesivos meses de aquel convulsionado 1918, sino incluso a los años venideros tanto en Argentina como en el resto de América Latina.</p>
<p>Pero más allá del carácter complejo y procesual de este emblemático aniversario, qué mejor que revitalizar algunas reflexiones lanzadas durante esta rebelión estudiantil que, a poco de andar, cobró proyección continental al calor de las luchas revolucionarias y anti-imperialistas que proliferaron como hongos en ese entonces. Lo que siguen serán, por tanto, un conjunto de simples balbuceos teóricos ordenados bajo la forma de hipótesis, que rescatan del olvido ciertas frases lanzadas de manera provocativa por el joven iconoclasta Deodoro Roca (1890-1942) en varios de sus escritos. A 100 años de aquellos históricos sucesos, y sin desmerecer las notables distancias que nos obligan a repensar sobre nuevas bases nuestra praxis pedagógico-política, consideramos que hoy estamos en presencia de lo que quien fuera el autor del <em>Manifiesto Liminar</em> de la Reforma caracterizó como “un mundo preñado de acontecimientos”, por lo cual muchos de sus planteos cobran plena vigencia en la actualidad. Tamaña oportunidad ésta, entonces, para ofrendar sus ideas a modo de apuntes sueltos, en pos de sacudir la modorra intelectual y militante en estos tiempos también revueltos. He aquí el convite:<strong> </strong></p>
<ol>
<li><strong><em>Ir a nuestras Universidades a vivir, no a pasar por ellas</em></strong> (“La nueva generación americana”, julio de 1918)</li>
</ol>
<p>Para Deodoro, habitar la Universidad implica desentenderse de este espacio simbólico-material como mera instancia de tránsito. Ambas dinámicas son inversamente proporcionales: dejar de concebirla como <em>lugar de paso</em> es la condición de posibilidad para vivenciarla en tanto territorio conflictivo pero propio, constituido menos por un conjunto de descascarados muros y vetustos pizarrones, que por vínculos humanos específicos (muchos de ellos, por cierto, jerárquicos y autoritarios, aunque en tensión y disputa permanente con iniciativas democráticas y disruptivas que pugnan por desbordarlos). Quizás pueda leerse como síntoma de este obtuso capricho despolitizador, que para un sector importante de la militancia universitaria los pasillos (lugar cada vez más de pura peregrinación) sean la instancia prioritaria y casi exclusiva de activación estudiantil. Habitar la Universidad resulta sin duda un ejercicio esquizofrénico, en la medida en que nuestra lucha es al mismo tiempo dentro, contra y más allá de ella misma. Pero se sabe: solo se trans-forma aquello que se conoce, y solo se conoce aquello de lo que se es protagonista (con)vivencial y no meras víctimas ni espectadores circunstanciales.</p>
<ol start="2">
<li><strong><em>El mal de las Universidades es un mero episodio del mal colectivo. La institución guarda una correspondencia lógica con las demás instituciones sociales</em></strong> (“La Universidad y el espíritu libre”, enero de 1920)</li>
</ol>
<p>No es posible, nos dice Deodoro, imaginar a las Universidades como islas ensimismadas. Frente a la tentación de “encapsular” la problemática educativa dentro del estrecho horizonte que delinean cuatro paredes o un sin fin de monótonos contenidos curriculares, es preciso entender que su núcleo traumático se encuentra a la vez dentro <em>y fuera</em> de ella. Es la totalidad social (el “sistema capitalista, patriarcal y colonial”, para denominar a las cosas por su nombre y dejar de apelar a eufemismos genuflexos) quien le da sentido y fundamento último a esta parte maldita que habitamos. De ahí que sea una tarea acuciante visibilizar las interconexiones que ligan y condicionan no solamente a las Facultades e instituciones educativas entre sí, sino también y sobre todo a éstas con el resto de la sociedad. A ello apunta la conocida consigna del mayo francés “de la crítica de la Universidad a la de la sociedad de clases”, aunque no como derrotero lineal e inevitable, sino en tanto devenir contradictorio y desnaturalizante, en donde el proceso mismo de lucha funda nuevos vínculos e imaginarios de significación rupturistas.</p>
<ol start="3">
<li><strong><em>Es necesario ponerse en contacto con el dolor y la esperanza del pueblo, ya sea abriéndole las puertas de la Universidad o desbordándola sobre él. Que de la acción recíproca entre la Universidad y el pueblo surja nuestra real grandeza </em></strong>(“La nueva generación americana”, julio de 1918).</li>
</ol>
<p>En consonancia con la tesis anterior, y varias décadas antes de que el Che pregone que la Universidad debe “pintarse de pueblo”, Deodoro postula la necesidad de una dinámica bilateral entre la praxis universitaria y el pensar-sentir-hacer de las y los de abajo. No hay, como pretenden muchos militantes ortodoxos, una acción unidireccional, sea ésta desde la Universidad, <em>arremangándose los pantalones</em> para sumergirse en el subsuelo de la patria, o bien partiendo unívocamente de los sectores y clases subalternas, que <em>asomarían su nariz</em> en el armazón institucional facultativo, gracias a la utilización de una “escalera” construida a base de huesos de políticos traidores, como reza el clásico cántico estudiantil (que dicho sea de paso, omite cuestionar el <em>hiato</em> de la Universidad burguesa como “alta” casa de estudios, la cual por supuesto se encuentra por encima de nuestras cabezas y subalterniza o incluso ningunea a aquellos saberes y prácticas que existen por fuera de ella). Más bien lo que acontece es una relación dialéctica, de mutua contaminación, metamorfosis y enriquecimiento, en pos de una transformación radical (léase: de raíz) de las relaciones que configuran esa misma totalidad social, ya que tal como afirma Antonio Gramsci, se debe ir del sentir al saber y de éste a aquel; o mejor aún: realizar un convite sentí-pensante que aúne conocimientos teórico-prácticos con experiencias diversas y complementarias, en un ida y vuelta donde la relación pedagógica se extiende a toda la sociedad, tendiendo a disolver progresivamente toda arbitraria distinción entre ambas esferas.</p>
<ol start="4">
<li><strong><em>Hacer estallar una revolución en las conciencias</em> </strong>(“La revolución de las conciencias”, octubre de 1918)</li>
</ol>
<p>Este ejercicio cotidiano requiere gestar, en palabras deodorianas, una “nueva sensibilidad”, que debe tener como punto de partida “la conquista de la cultura”. Nuevamente, es asombroso el paralelo con las tesis de Gramsci -en ese entonces, también un joven militante socialista y anti-positivista- quien apela a la transformación del sentido común y a la construcción de una nueva cultura política, que presuponga una crítica civilizatoria de lo existente y, en paralelo, la gestación de lo que Paulo Freire caracteriza como <em>inédito viable</em>. Esto es algo olvidado por muchas organizaciones de izquierda, que hoy parecen restringir la lucha universitaria a la disputa por una cantidad X de ladrillos o a la puja mezquina de puestos de poder institucional, recluyendo y cosificando las relaciones sociales en un conjunto de paredes a revocar o de lugares físicos a ocupar, sin cuestionar un mínimo las reglas de juego, el orden jerárquico y las lógicas de extractivismo académico que nos impone el sistema educativo y la sociedad capitalista. Aun cuando no desmerecemos este tipo de demandas (como puede ser la del edificio único en el caso de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, que todavía resulta una exigencia por la que luchar, así como el salario para las y los docentes “ad honorem”, otro eufemismo que avala la precariedad laboral), cabe reflexionar en torno a esta operación que transfigura lo que debería constituir el piso desde donde pararnos para (re)pensar la actual Universidad en crisis, en techo infranqueable de nuestros deseos y utopías en tanto comunidad educativa. Asimismo, esta hipótesis es complementaria de las dos anteriores, que pueden leerse como llamados de atención tanto para ciertas agrupaciones “independientes” (que restringen su disputa a juntas de carrera y consejos directivos, abstrayéndose en forma total de lo que acontece por “fuera”, y haciendo caso omiso del precepto de Deodoro Roca que expresa que “el universitario ‘puro’ es una cosa monstruosa”), como para no pocos de los movimientos y agrupaciones de izquierda (que reducen a la Universidad a un aséptico espacio de donde <em>extraer</em> militantes, e instrumentalizan cualquier actividad o proyecto que vaya a encararse en el seno de las Facultades, como un mero medio para un fin externo y corporativo: el suyo en tanto “orga”).</p>
<ol start="5">
<li><strong><em>Estar siempre dispuesto -cualquiera sea la edad y la circunstancia de la vida- a volver a ser estudiante</em></strong> (“La nueva generación americana”, julio de 1918)</li>
</ol>
<p>La humildad y apertura, la escucha y el diálogo, conforman de acuerdo a Deodoro el acicate constante del aprendizaje como precepto general de toda práctica pedagógico-política, cualquiera sea el territorio en disputa. Y esto incluye, en primer lugar, a la propia Universidad, que se pretende ajena a lo que el trovador cubano Santiago Feliú llama la sabiduría de desaprender. El “no lo sé” debe ser una brújula a la cual acudir sin miedo como estudiante de la vida misma, toda vez que se reconozca que no hay itinerario preconcebido, en la medida en que -mal que les pese a los “alquimistas de la revolución”- carecemos de modelos. La verdadera educación, según Deodoro, “debe ser siempre abierta. Y no debe fomentar la fe, sino la duda; no la credulidad, sino la oportuna y desnuda pregunta”. Y es que debemos convencernos de que, <em>por definición la revolución es anti-definicional</em>. Por ello hay que desconfiar de aquellos que se pretenden iluminados-poseedores de la verdad (obrera o universitaria, poco importa), más que de quienes recurriendo al método (auto)crítico asumen que la aplicación de axiomas es siempre dogmatización. De ahí que el tener como motor militante la pregunta inquieta, sin “calco ni copia”, lejos de equivaler a pasividad, tiende a operar como un filoso aguijón para perezosos y perezosas.</p>
<ol start="6">
<li><strong><em>Naturalmente, la Universidad con que soñamos no podrá estar en las ciudades. Sin embargo, acaso todas las ciudades del futuro sean universitarias</em></strong> (“La nueva generación americana”, julio de 1918)</li>
</ol>
<p>Podemos arriesgar que lo que está planteando Deodoro aquí es una crítica civilizatoria, que nos obliga a (re)pensar no solo a la Universidad, sino incluso a ésta <em>vis a vis</em> la relación campo-ciudad, sobre bases totalmente nuevas y opuestas a las vigentes. Si resulta “natural” considerar que la Universidad con que soñamos no podrá radicarse en las ciudades, será entonces necesario cepillar a contrapelo a esa urbanidad moderna e inhumana, en donde hoy se enquistan nuestras atareadas “casas de estudio”. Una nueva realidad espacio-temporal, oficiará de arcilla sobre la cual se amalgamen esas ciudades en ciernes, no ya compuestas por cemento, vorágine, racionalidad instrumental y alienación extrema, sino por un cúmulo de prácticas popular-comunitarias, geo-pedagogías, formas de sentir y saberes insumisos múltiples, que irradien una subjetividad “muy otra”, cuya noción del tiempo quizás haya que rastrear más en ámbitos rurales que en urbanos. ¿Se generalizará acaso ese tipo de dinámica dialógica de enseñanza-aprendizaje mutuo y producción colectiva del conocimiento, que tiende a impugnar y prefigurar la superación de la escisión entre dirigentes y dirigidos/as, deviniendo las ciudades del futuro universidades a cielo abierto, al punto de disolverse toda distinción entre unas y otras en la topografía de la sociedad “autorregulada” de la que nos habla Gramsci? No lo sabemos. Para conocer la respuesta no queda otra que comprometer a diario nuestra praxis crítico-transformadora con la realidad, y continuar exigiendo lo imposible. Porque como dice un poeta cubano, de lo posible ya sabemos demasiado.</p>
<p><strong>Nota relacionada: <a href="http://www.marcha.org.ar/un-recorrido-por-la-historia-de-la-universidad-publica-de-la-reforma-universitaria-a-los-dichos-de-vidal/">De la Reforma Universitaria a los dichos de Vidal: un recorrido por la Universidad Pública</a></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/a-100-anos-de-la-rebelion-estudiantil-en-cordoba-seis-hipotesis-deodorianas-en-torno-a-la-universidad/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Represión o revuelta: dos momentos constitutivos en disputa</title>
		<link>https://marcha.org.ar/represion-o-revuelta-dos-momentos-constitutivos-en-disputa/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 May 2018 11:21:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[2001]]></category>
		<category><![CDATA[colonizacion]]></category>
		<category><![CDATA[Conquista del desierto]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Ouviña]]></category>
		<category><![CDATA[historia fundante]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[represión]]></category>
		<category><![CDATA[resistencia popular]]></category>
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					<description><![CDATA[La actualidad interpretada desde nuestra historia permite darle sentido al avance del poder concentrado de la mano de las politicas represivas para seguir entregando nuestros territorios y recursos. La resistencia popular hoy esta activa en las calles para defender derechos conmodalidades de protesta basadas en el antagonismo, la rebeldía y la acción directa, que evidencian una situación de profundo dinamismo en el campo social y político.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <strong><a href="http://www.marcha.org.ar/tag/hernan-ouvina">Hernán Ouviña</a> / Foto por Ayelén Rodriguez </strong></p>
<p>En uno de sus textos más lúcidos, el marxista boliviano René Zavaleta supo expresar que “hay un momento en que las cosas comienzan a ser lo que son y es a eso a lo que llamamos el <em>momento constitutivo</em> ancestral o arcano, o sea su causa remota”. Si bien no lo explicita del todo, resulta evidente que está aludiendo a situaciones como el proceso de acumulación originaria descrito por Marx en <em>El Capital</em>, pero también a aquellos más recientes que, al decir de Gramsci, se identifican con las crisis orgánicas en el seno de un bloque histórico: ciertas coyunturas críticas de una sociedad donde la hegemonía, hasta ese entonces arraigada en las masas, se resquebraja y deja de operar como concepción predominante del mundo para ellas, permitiendo que emerjan otras propuestas y horizontes de sentido, ya sea con potencialidad emancipatoria o profundamente regresivos.</p>
<p><strong>Dos momentos constitutivos</strong></p>
<p>Siguiendo este planteo, consideramos que en Argentina hoy se encuentran en juego dos formas de interpretar a -y sobre todo incidir en- la actual coyuntura, que nos reenvían a momentos constitutivos de nuestro país. La hipótesis que queremos compartir es la siguiente: si <em>1880</em> funge de parteaguas fundante, porque condensa la culminación de la mal llamada “Conquista del Desierto” (eufemismo para aludir al casi total exterminio de los pueblos indígenas, en particular el mapuche, y a la privatización de sus territorios ancestrales, considerados “espacios vacíos”), que sienta las bases materiales del “orden” capitalista y de una hegemonía de carácter duradero para las siguientes décadas, esto es, de la matriz productiva agro-exportadora terrateniente y del monopolio coercitivo del Estado burgués; <em>diciembre de 2001</em> constituye, como reverso relacional, otro momento constitutivo, en tanto contexto anómalo y de crisis aguda, que en palabras de Zavaleta “exige la caducidad de la capacidad de dominación por parte de la clase a la que sirve el Estado y a la vez cierta incapacidad coetánea por parte de los oprimidos en cuanto a la construcción de su propio poder, incapacidad siquiera momentánea”.</p>
<p>A riesgo de resultar simplistas, ambos resultan ser parte de una historia que -cual tizón encendido y a pesar del tiempo transcurrido o de los pretendidos “cierres”- aún no es plenamente Historia, ni un pasado desvinculado sin más de nuestra memoria colectiva y de este presente de lucha. En el primer caso (1880), porque sintetiza la consolidación de un poder económico y político que se entrelaza y confluye para apuntalar las relaciones mercantiles y defender los intereses capitalistas, desde una perspectiva de racialidad colonial, que casi 150 años después hace revivir la consigna de “Orden y Progreso” -verdadero eslogan de la élite roquista y de la burguesía <em>triunfalista</em>&#8211; para justificar en pleno siglo XXI el desalojo de un corte de ruta o de territorios ancestrales, hoy devenidos estancias de empresarios transnacionales, espacios sumidos en el engranaje de los agronegocios o bien parques nacionales bajo potestad exclusiva del Estado. En el otro (2001), debido a que puso en crisis la hegemonía de las clases dominantes e hizo visible nuevas formas de pensar-hacer política más allá de las instituciones estatales, a través de la acción directa en las calles, el ejercicio de la horizontalidad y la construcción de poder popular, la emergencia de asambleas barriales, la autogestión obrera de empresas quebradas por la patronal y la configuración de movimientos piqueteros o de base territorial, al calor del <em>que se vayan todos</em> como consigna aglutinadora y de experimentación militante.</p>
<p>Dos momentos constitutivos, por tanto, traídos al presente y crudamente enfrentados. De un lado, el que se recrea desde <em>arriba</em>, del que se valen y al que apelan la burguesía y el Estado para quebrar la resistencia popular y garantizar el disciplinamiento de las clases y grupos subalternos, y que tuvo hitos trágicos como el 24 de marzo de 1976. Al respecto, no resulta casual que la dictadura cívico-militar que se instaura en esa fecha, haya decidido autodenominarse “Proceso de Reorganización Nacional”, en clara alusión y continuidad de aquel período fundante acontecido un siglo atrás. La <em>coerción brutal</em> emerge como hecho en común, verdadera y oculta génesis del poder dominante, ejercido -al decir de David Viñas- contra “los principales componentes que perturban, impiden y postergan que la Argentina se convierta definitivamente en un país capitalista”. Gauchos e indios salvajes en un caso (los primeros “desaparecidos” en estas tierras), subversivos y terroristas apátridas en el otro. Según Viñas, un hilo rojo conecta a estas alteridades: “el universo de los sometidos, en la Argentina de 1879 a 1976, se ha ido superponiendo hasta mezclarse y confundirse con el nivel de lo censurado”.</p>
<p>Pero se sabe: no hay sometimiento que sea total e inexorable, ni dominación que -por más descarnada que resulte- pueda excluir como polo relacional a la resistencia, por lo que a lo largo de nuestra historia también han existido momentos constitutivos enhebrados desde <em>abajo</em>, que nos remiten a poner el cuerpo en la lucha y a ejercitar la política desbordando los límites establecidos, a disputar el sentido de lo público desde lo popular-comunitario y a cuestionar lo instituido, en contra no sólo del mercado sino incluso del Estado, a evitar el encapsulamiento y las modalidades tradicionales de intervención militante, y que ha tenido en Argentina numerosos <em>destellos de insubordinación y de rebelión plebeya</em>, signados por la espontaneidad (que nunca se vivencia en estado puro por cierto), entre ellos el 17 de octubre de 1945, el 29 de mayo de 1969, y uno tan reciente y vivo -las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001- que aún no es enteramente Historia.</p>
<p>Ambos momentos (1880 y 2001) se confrontan, revisitan y disputan en la actualidad, a punto tal que nos permiten entender las raíces de lo acontecido en los últimos años, al tiempo que nos brindan pistas en torno a las intenciones y apuestas por las que transitan, de manera subterránea, las querellas y antagonismos que desgarran actualmente a nuestra sociedad.</p>
<p><strong>Actualidad de la historia</strong></p>
<p>En efecto, la desaparición y muerte del joven artesano Santiago Maldonado en de agosto de 2017, en medio de un mega-operativo que “liberó” a sangre y fuego una ruta del sur del país, donde unos pocos mapuches reclamaban por tierras ancestrales que hoy se encuentran en manos de Benetton (el mayor terrateniente de Argentina, con casi un millón de hectáreas en su poder), al igual que el fusilamiento por la espalda de Rafael Nahuel, joven integrante de ese mismo pueblo originario, que osó recuperar junto a un grupo de familias territorios apropiados por el Estado, y obtuvo como respuesta la muerte el 25 de noviembre pasado a manos de la prefectura naval (fuerza policial militarizada que junto con la gendarmería, en rigor, tienen por función la “custodia” de fronteras y no la represión de protestas), si bien no resultan hechos aislados, dan cuenta de la vigencia y reactualización de aquel momento constitutivo de acumulación originaria, a partir de un poder desaparecedor y expropiatorio a cargo del Estado, que opera al servicio de los (falsos) dueños de la tierra.</p>
<p>Este poder, inaugurado a escala nacional con las masacres indígenas a finales del siglo XIX, y replicado en coyunturas críticas como la de la Patagonia rebelde (donde cientos de obreros rurales fueron asesinados por exigir la vigencia de derechos laborales elementales) o la de la última dictadura cívico-militar (que dejó como saldo 30 mil detenidos/as-desaparecidos/as, a pesar de que el gobierno de Macri se esmere en cuestionar ese número), se solventa en un momento originario y candente, que continua marcando a fuego, como rasgo indeleble del bloque histórico argentino, la dinámica de la lucha de clases, el sistema de dominio racial, la opresión heteropatriarcal y la estructura socio-económica imperante en nuestro país.</p>
<p>Si en palabras de Freud “la civilización está construida sobre un crimen cometido en común”, en este caso ese exterminio tiene como puntapié el etnocidio de pueblos enteros y el despojo de sus territorios, en aras de su conversión en propiedad privada a ser explotada por las clases dominantes (las cuales, dicho sea de paso, no resultan pre-existentes a este momento constitutivo, sino que tienen su origen y fuente de poder en este mismo proceso de violencia y expropiación), pero también la planificación de la desaparición forzada de miles de activistas al compás del terrorismo estatal que se generaliza tras el 24 de marzo de 1976. Si bien ciertas lógicas represivas y desaparecedoras no estuvieron exentas en las últimas décadas en Argentina, a partir de diciembre de 2015, con un gobierno compuesto en su mayor parte por gerentes, apologistas de la “mano dura”, defensores de los responsables de aquel genocidio y empresarios cuyos apellidos, por cierto, en muchos casos nos reenvían a la vieja oligarquía que moldeó al Estado con sus propias manos, estas formas de violencia estructural cobran una intensidad inusitada.</p>
<p>Por ello no deberían leerse como un exabrupto las declaraciones públicas del presidente Mauricio Macri -nada menos que en el Foro Económico Mundial de Davos- asegurando que “en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”. Esta afirmación ha estado acompañada por una infinidad de discursos, comunicados y gestos mediáticos de quienes integran su gabinete, que con una similar apelación al “orden” blanco y occidental dejan traslucir un profundo revanchismo racista y odio de clase. Basta recordar la expresada por el entonces Ministro de Educación del gobierno de <em>Cambiemos</em>, Esteban Bullrich, quien a finales de 2016 manifestó en la provincia de Río Negro (territorio mapuche antes de que el ejército asesine, en 1879, a cerca de 1300 indígenas y encarcele o reduzca a servidumbre a más de 15 mil), que Macri encabeza “la nueva Campaña del Desierto, no con la espada, sino con la educación”. Más allá del lapsus (espadas utilizaron los españoles en sus primeras incursiones, no los soldados del ejército argentino, que se valieron de fusiles remington, lo cual no deja de evidenciar el <em>continuum colonialista</em> en la psiquis de las élites criollas), la alusión a aquel momento fundante no resulta un hecho excepcional. Consultado por sus libros preferidos, Bullrich confesó que <em>Soy Roca</em>, biografía del que fuera máximo artífice militar de este genocidio, es su texto de cabecera. No es para menos: uno de sus antepasados y tatarabuelo fundó, en 1867, la casa de remates <em>Adolfo Bullrich y Cía</em>, donde se venderían poco tiempo más tarde las tierras apropiadas a las comunidades indígenas, e incluso niños y mujeres mapuches a bajo precio.</p>
<p>Por su parte, la actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich (que debido a lo que André Bretón llamaba el “azar objetivo”, es pariente de su homónimo Esteban y tiene idénticas raíces oligárquicas), no ha dejado de ser la punta de lanza del discurso punitivista que valide la construcción del “enemigo interno” y legitime la escalada represiva que se vive en el país. Su desproporcionado nivel de exposición mediático desde el inicio del gobierno de Macri tampoco es casual. Teniendo como caballo de batalla a la “guerra” contra el narcotráfico y la inseguridad, se intenta interpelar al imaginario social autoritario y conectar con cierta necesidad de protección, respeto de la ley y deseo de restablecimiento del “orden”, que el sentido común dominante exige de parte del Estado.</p>
<p>La defensa enconada del accionar de las fuerzas represivas, incluso en situaciones de abierta flagrancia (realización de desalojos sin orden judicial, detenciones a periodistas en manifestaciones por intentar cubrir violaciones de derechos humanos, apología abierta de casos de “gatillo fácil”, como el cometido por el policía Luis Chocobar, que asesinó por la espalda a un menor de edad que huía tras cometer un robo, y fue recibido como “héroe” por el presidente Macri y la Ministra Bullrich en la Casa Rosada), se complementa con el reforzamiento mediático de prejuicios y estigmas que tienden a asociar juventud pobre o población villera <em>con</em> delincuencia, protesta social o paros activos <em>con </em>desestabilización e ilegalidad y pueblo mapuche <em>con</em> terrorismo, buscando así fortalecer una visión de mundo que avale -e incluso demande- una intensificación de la faceta coercitiva del poder estatal.</p>
<p>Cabe por lo tanto preguntarse si no estamos en presencia de un fenómeno que se asemeja a lo que René Zavaleta denominó <em>hegemonía negativa</em>, es decir, “una construcción autoritaria de las creencias”, asentada en este caso en una delicada combinación de apelación al miedo y a la autopreservación individual, con “tolerancia cero” y castigo ejemplificador de quienes azuzan el “caos”, cuestionan la propiedad privada o quebrantan la legalidad, que redundaría en una aceptación acrítica de la creciente militarización de la vida social. Quizás la novedad esté dada por la mixtura de ciertos dispositivos de despotismo estatal que cobran mayor relevancia para gestionar la inseguridad, con un “emprendedurismo” de raigambre societal, que incita a participar activamente en la garantía del orden (construcción vecinal de “mapas del delito”, grupos de wasap de “alertas barriales”, voluntarios dispuestos a suplir en las escuelas a maestras en huelga) desde lo que Esteban Rodríguez caracteriza como <em>vigilantismo </em>o giro policialista, enfocado a estigmatizar y combatir al <em>otro</em> que no comparte, o parece amenazar, sus formas de vida.</p>
<p>Pero si las clases dominantes tienen a 1880 como momento constitutivo y horizonte de sentido, a partir del cual actualizar su vínculo con el Estado y aspirar a validar en términos hegemónicos la matriz de acumulación capitalista y la gobernabilidad en Argentina, los sectores populares y las clases subalternas también ostentan momentos claves, que aún relampaguean como recuerdos y sedimentos activos en su memoria histórica, y fungen de núcleos de buen sentido de los que adueñarse para enfrentar, en instantes de peligro como el actual, la vulneración de derechos, los múltiples atropellos y las renovadas estrategias de explotación que la burguesía y el imperialismo buscan concretar, en el marco de un contexto de crisis global, desorientación teórica, reprimarización de la economía, intensificación del extractivismo e inestabilidad política en la región.</p>
<p>En este punto, resulta significativo entender que, si Macri no ha podido avanzar de manera más enconada en la implementación de su proyecto “refundacional”, no ha sido a raíz de las desavenencias al interior de la coalición gobernante (que las ha habido), sino ante todo por la correlación de fuerzas que en términos políticos -y a pesar de las urgencias- lo ha obligado a optar por una modalidad más de tipo “gradualista”. Y contra todos los pronósticos, el triunfo electoral de <em>Cambiemos </em>en la mayoría de los distritos en octubre de 2017, no significó un “cheque en blanco” para acelerar el ritmo de esas transformaciones de corte neoconservador. A pocos días de lanzar su propuesta de “reformismo permanente” y enviar al Parlamento un paquete de leyes profundamente regresivas, la realidad les mostró un panorama muy distinto al que suponían.</p>
<p><strong>Resistencia popular y plebeya</strong></p>
<p>Las jornadas de resistencia popular vividas el 14 y 18 de diciembre de 2017 en el centro porteño, vinieron a desmentir la caracterización que durante todos estos años se hizo de la crisis de 2001 como un proceso definitivamente clausurado. La multitudinaria concentración en Plaza Congreso, la capacidad de lucha y “aguante” de decenas de miles de personas de las más variadas tradiciones y orígenes, poniendo el cuerpo durante horas -en medio de gases y balas de goma- en sus calles aledañas y alrededores para rechazar el proyecto de (contra)reforma previsional impulsado por el macrismo, así como la posterior revitalización de la protesta en diversas esquinas de los barrios capitalinos, musicalizada por cacerolas y cánticos que nos reenviaban al <em>que se vayan todos</em>, e incluso la confluencia nocturna de miles de jóvenes nuevamente frente al Congreso para apoyar la protesta, dan cuenta de una memoria política en común, que no fue doblegada y se mantuvo en estado latente en infinidad de militantes, pero también como acerbo general y saber plebeyo sedimentado en la cultura popular de las clases subalternas.</p>
<p>De manera espontánea -aunque con un papel para nada desdeñable de activistas de base con cierta experiencia confrontativa y con la valiente retaguardia forjada por un espectro muy amplio de movimientos, colectivos, sindicatos, partidos y organizaciones populares- estas jornadas evidenciaron que un sector importante del pueblo tiene mayor osadía, combatividad y predisposición para la lucha, de la que suponían analistas de escritorio, burócratas timoratos y dirigentes de viejo cuño dentro de sus cálculos matemáticos. Y también demostraron que el entramado social y la acción directa mancomunada para poner un freno a los intentos de contraofensiva neoliberal, tal como ocurrió en diciembre de 2001, pueden ser recreados en las calles, lo que equivale a afirmar que aquello que se inauguró con estas jornadas hace 16 años, aún no ha sufrido un cierre pleno ni fue totalmente eclipsado en la subjetividad de las masas, ya sea producto de un aniquilamiento político o de un quiebre radical de la resistencia, como pudo haber ocurrido en 1976 o en 1989.</p>
<p>Como es sabido, tras la década explícitamente neoliberal de los años noventa, se abrió en América Latina una etapa de impugnación al Consenso de Washington, lo que no equivalió a su lisa y llana superación, pero sí implicó un cambió en las bases de sustentación para los proyectos políticos con pretensión hegemónica. Mientras las políticas pro-mercado y de despojo de derechos colectivos se erigieron sobre la tierra arrasada de la derrota del campo popular -infligida ya sea por la sangrienta dictadura cívico-militar; o bien por la hiperinflación, la construcción silenciosa de un “sentido de inevitabilidad” del ajuste y el avasallamiento represivo de toda forma de protesta en los primeros años del gobierno de Menem-, el proceso que surge a posteriori de la crisis del 2001 es hijo -por cierto, a destiempo- de las luchas populares en contra del neoliberalismo.</p>
<p>Este ciclo de auge de movilización y participación activa tuvo su declive y reabsorción por mediaciones institucionales, al compás de la recomposición hegemónica durante el ciclo kirchnerista, a pesar de lo cual logró materializarse en una serie de conquistas parciales, tanto sociales como políticas, que constituyen un piso fundamental en términos simbólico-materiales, muy distinto al momento de derrota defensiva de los años noventa. Además, los sectores populares acumularon experiencia y formatos organizativos en los que apoyarse para activar la rebeldía y la confrontación ante medidas regresivas que se intentaran en su contra, lo que conforma un escenario bastante diferente al inaugurado a finales de los años ochenta en Argentina. Claramente, la llegada de Macri al gobierno no es fruto de una derrota inapelable del campo popular y allí reside una diferencia fundamental con relación al ciclo menemista.</p>
<p>Tal vez por ser hijos bastardos del cimbronazo de 2001, tanto el macrismo como el grueso del kirchnerismo construyeron en torno al 19 y 20 de diciembre, un relato que leía retrospectivamente a estos acontecimientos en los términos de un momento “anti-político”, dejado atrás o superado gracias a la recuperación de la “confianza” en las instituciones estatales lograda en todos estos años. Sin embargo, a contrapelo de esta interpretación, creemos que esas jornadas -y lo que inauguraron o permitieron que aflore- fueron anti-política delegativa o anti-política liberal burguesa, pero estuvieron lejos de resultar contrarias a la política como intensidad militante con potencialidad emancipatoria.</p>
<p>Los espacios colectivos de solidaridad creados para paliar el hambre y el desempleo, las iniciativas y lazos comunitarios vertebrados en barrios, plazas, empresas recuperadas, escuelas o universidades, así como el crisol de organizaciones de base, medios alternativos de comunicación, asambleas vecinales, bachilleratos y proyectos de educación popular, cooperativas y emprendimientos autogestivos, colectivos feministas y movimientos territoriales que surgieron, o bien cobraron mayor visibilidad y fortaleza, luego de aquellas calurosas jornadas de insubordinación de masas, tuvieron en muchos casos una clara proyección anticapitalista, descolonizadora y prefigurativa, en la medida en que involucraron un enorme despliegue de potencias que, en conjunto, apuntaron a la recuperación del protagonismo de las y los de abajo, a través de formas exploratorias y autónomas de deliberación y acción profundamente democráticas, e incluso a la ampliación lo público más allá de lo estatal.</p>
<p><strong>Creatividad contra el neoliberalismo</strong></p>
<p>Hoy, el intento de parte de las clases dominantes y el Estado (que parece estar atendido por sus propios dueños) de quebrar esta capacidad de lucha y de disciplinar de manera plena a los sectores populares, como requisito imperioso para superar la crisis y relanzar un nuevo ciclo expansivo de inversión y acumulación capitalista, está encontrando un alto nivel de resistencia en las calles. Buena parte de esos proyectos, organizaciones, iniciativas, movimientos y sectores dinámicos, gestados muchos de ellos al calor del cataclismo de 2001, si bien han mutado o sufrido reconfiguraciones en todo este tiempo, lejos están de haber sido subsumidos o neutralizados por el poder estatal y mercantil, por lo que tienden a cumplir un papel de suma relevancia como <em>retaguardias activas</em> para defender derechos, reimpulsar procesos de auto-organización popular y amalgamar intereses comunes. De ahí que se pretenda instalar nuevamente la teoría del “enemigo interno” como factor desestabilizador, encarnado por terroristas mapuches, delincuentes juveniles, trotskistas destituyentes, maestras o metrodelegados huelguistas, feminazis abortistas o tirapiedras indignados (poco importa el epíteto con el que defina a esa <em>otredad</em>). No obstante, a pesar del panorama sombrío que se avizora en Argentina como consecuencia de un nuevo paquete de ajuste neoliberal que se busca imponer, no estamos en presencia de un pueblo trabajador derrotado en términos políticos.</p>
<p>Las multitudinarias concentraciones y los paros activos convocados por sindicatos combativos, movimientos territoriales y organizaciones de izquierda, la perseverancia y el creciente protagonismo en los espacios públicos por parte del movimiento de mujeres, la importancia de los organismos de derechos humanos en un contexto de creciente criminalización de la protesta y pérdida de garantías elementales, la resistencia de comunidades y asambleas autoconvocadas contra las políticas de despojo y extractivismo tanto en el campo como en las ciudades, la irrupción de sectores de la economía popular y de franjas precarizadas de la clase trabajadora que no se resignan a ser carne de cañón de un proyecto que los segrega y excluye, y sobre todo las jornadas de insubordinación en diciembre de 2017 en la ciudad de Buenos Aires, han revitalizado modalidades de protesta basadas en el antagonismo, la rebeldía y la acción directa, que evidencian una situación de profundo dinamismo en el campo social y político de las clases subalternas, e incluso un cierto recambio generacional en la militancia de izquierda.</p>
<p>El escenario de simultánea recesión interna, aumento de precios, precarización de la vida, tarifazos, inflación, acuerdo con el FMI y caída de la imagen del presidente Mauricio Macri y de sus varios de sus ministros en las encuestas de opinión, articulado con una coyuntura mundial adversa que incluye una baja sustancial de los commodities en el mercado global, constituyen el contexto en el que se desenvolverá, sin duda de manera cada vez más aguda y dramática, la lucha de clases en el corto plazo.</p>
<p>Las crisis son momentos propicios para producir teoría crítica y al mismo tiempo resignificar las prácticas colectivas; de balancear lo vivido, enmendar errores y proyectar nuevos horizontes emancipatorios en función de los desafíos que nos depara un presente tan complejo de asir. Pero al margen de estas tareas impostergables, algo resulta claro: <em>el límite de todo ajuste no es otro que la reacción de las y los ajustados</em>. Al igual que en muchos momentos históricos similares -nunca idénticos, por cierto, salvo en clave de farsa o de tragedia, pero siempre presentes en la memoria popular de manera tal que nos evite recomenzar de cero- las clases subalternas demostrarán, en la praxis misma de su experiencia colectiva, cómo se resuelve en esta ocasión el apotegma. Una vez más, habrá que sopesar en clave gramsciana <em>el pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad</em>, para ejercitar de manera creativa el derecho a la rebelión en las calles.</p>
<p>Ahora es cuando.</p>

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		<title>Las enseñanzas de Marx: Educación popular y formación política</title>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2018 14:32:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Los aportes de Marx a doscientos años de su nacimiento ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hernán Ouviña.</strong> <em>A doscientos años del nacimento de Karl Marx en Alemania, un repaso por sus aportes para la reflexión y formación del campo popular.</em></p>
<p>Si bien puede parecer redundante o conocido, es importante recuperar cómo la larga tradición del marxismo revolucionario supo tener a lo formativo y a la educación popular como algo central en su derrotero militante. En especial porque aunque suene paradójico, en coyunturas adversas como la que vivimos en América Latina, o en momentos donde la movilización popular nos encuentra de manera constante en las calles, los procesos de formación, de análisis y estudio, de lectura e investigación de la propia realidad que se pretende transformar, se resienten o bien ostentan -salvo contadas excepciones- un lugar residual al interior de las organizaciones de izquierda. A contrapelo, y en sintonía con los planteamientos de buena parte del marxismo crítico, es precisamente en contextos como el actual donde más urgentes resultan este tipo de apuestas pedagógico-políticas.</p>
<p>Consideramos un ejercicio imprescindible revisitar desde este ángulo las propias biografías e itinerarios de quienes constituyeron una referencia fundamental en la conformación del marxismo revolucionario, comenzando por el propio Karl Marx, nacido el 5 de mayo de 1818 en la pequeña ciudad de Tréveris (Alemania). En general predomina -a nuestro modo de ver, no casualmente- una visión de Marx como un genio solitario, dedicado casi exclusivamente a escribir libros y artículos detrás de un escritorio, sumergido cual ratón de biblioteca en la sala de lectura del Museo Británico durante años para elaborarEl Capital. Sin embargo, se omite que desde su juventud hasta los últimos momentos de su vida, siempre produjo, intervino y reflexionó en diálogo constante con la realidad y las luchas que lo estimulaban a pensar y actuar como militante revolucionario, por lo que podemos definirlo como un verdadero intelectual orgánico de las clases populares.</p>
<p>Desde sus primeros artículos periodísticos de denuncia de las condiciones de miseria y explotación que padecían los campesinos de Mosela, pasando por el enorme aprendizaje político que resulta de sus diversos encuentros e intercambios en buena parte del continente con organizaciones clandestinas, sindicatos y asociaciones de exiliados, hasta la elaboración de sus incendiarios documentos y comunicados políticos al calor de la revolución de 1848 (entre los que se destaca el Manifiesto Comunista, escrito a pedido de la Liga en la que participaba junto con Engels, y cuyo antecedente había sido el Comité de Correspondencia Comunista), puede decirse que su formación estuvo signada por el vínculo estrecho con -y el aprendizaje a partir de la experiencia vital de- las organizaciones y movimientos en lucha en toda Europa.</p>
<p>Sería infructuoso reseñar en detalle su abultada producción teórico-política, pero vale la pena recordar algunos de sus principales materiales y momentos de intervención, para dar cuenta de la importancia que siempre tuvo el estudio y la formación para Marx. No podemos dejar de mencionar las Tesis sobre Feuerbach, temprano borrador de 1845 cuya extensión es inversamente proporcional a su densidad filosófica y política, en la medida en que condensa en unos pocos párrafos una caracterización profundamente revolucionaria respecto del conocimiento de la realidad, y postula como criterio de verdad a la praxis, la cual presupone una unidad indisoluble entre reflexión y acción, así como el papel activo y dinámico que tienen los sujetos tanto en la comprensión como -sobre todo- en la transformación del mundo. A su vez, textos pedagógicos y de amplia difusión popular bajo el formato de folletos, como Trabajo asalariado y capital oSalario, precio y ganancia, son en realidad conferencias que fueron pensadas para el esclarecimiento teórico y la batalla política, en el seno de las organizaciones de base de trabajadores y activistas que el propio Marx frecuentaba. Su obsesión por lograr que la clase obrera pudiese acceder a los sucesivos tomos de El Capital a través de su desdoblamiento en fascículos sueltos divulgados a precios populares -tal como deja traslucir en más de una carta intercambiada con Engels y con su editor- tiene la misma vocación formativa.</p>
<p>Asimismo, dentro de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), una de las propuestas que supo impulsar fue la de una investigación “de la situación de la clase obrera en todos los países, llevada a cabo por la clase obrera misma”, donde uno de los puntos más relevantes era la educación del proletariado en términos mentales, físicos y tecnológicos, es decir, desde una perspectiva integral. Sumamente entusiasmado por concretar esta propuesta redactada en 1866 (no casualmente, escasos meses antes de que salga a la calle la primera parte de El Capital), Marx expresará que “al iniciar tan gran obra, los obreros mostrarán que son capaces de tomar sus destinos en sus propias manos”.En efecto, poco tiempo atrás, en ocasión del nacimiento de la Asociación Internacional de los Trabajadores, ya había escrito en su Manifiesto Inaugural que “la clase obrera posee un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”.</p>
<p>No está de más recordar que otro texto imperecedero de Marx, publicado luego bajo el título de La guerra civil en Francia, fue en rigor un documento político redactado por él a pedido del Consejo General de la AIT (de hecho, sus integrantes fueron quienes firmaron como “autores” colectivos la primera edición de este material), con el propósito de brindar una lectura desde el punto de vista de la clase trabajadora, acerca de los sucesos ocurridos en París durante la instauración de la Comuna entre marzo y mayo de 1871, a tal punto que las diversas ediciones en inglés y en otras lenguas -por lo general como folleto- fueron vendidas entre los obreros a precios reducidos y se agotaron rápidamente. Es interesante destacar que el interrogante teórico-practico que obsesionó a Marx durante casi dos décadas (¿con qué sustituir al Estado burgués tras la conquista y destrucción del poder político a través de una revolución?), no pudo ser respondido por él en términos intelectuales o eruditos, sino que fueron las y los desposeídos parisinos que osaron “tomar el cielo por asalto”, quienes resolvieron este enigma y leenseñaron a Marx -a partir de su experiencia colectiva y sin receta alguna- la forma política “al fin descubierta” que debía asumir el autogobierno popular luego de la desarticulación del poder estatal y capitalista.</p>
<p>Ya en su última década de vida, además de insistir en la necesidad de entender y analizar a las sociedades a partir del principio epistemológico de la totalidad(que implica concebir al capitalismo como un sistema, no disociando por tanto, salvo en términos estrictamente analíticos, las diferentes y complementarias relaciones de opresión, dominio y resistencia que lo constituyen como tal), Marx confrontará con aquellas corrientes que, como la liderada por Lasalle en Alemania, pregonaban la posibilidad de construir el socialismo de manera gradualista y desdeel Estado. Conocido como “Crítica al Programa de Gotha”, este manuscrito póstumo redactado en 1875 cuestiona de manera radical los núcleos principales de un programa político que, elaborado en el marco de la unificación de las dos principales organizaciones obreras alemanas, se encontraba en las antípodas de su concepción revolucionaria. Frente a la sugerencia de los lasalleanos de subsumir toda propuesta de trabajo cooperativo y de educación popular a la lógica estatal, Marx responderá indignado: “Eso de ‘educación popular a cargo del Estado’ es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado (…) y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! (…) es, por el contrario, el Estado el que debe recibir del pueblo una educación muy severa”.</p>
<p>Unos años más tarde, retomará con mayor fuerza aquella vocación por la formación, el estudio y la investigación militante, a través del diseño y la difusión de una “encuesta obrera”, que tenía por propósito el indagar en la situación de explotación que padecía la clase trabajadora europea, pero también conocer sus condiciones de vida y reproducción más allá de la fábrica, así como sus formas organizativas y sus repertorios de lucha. Elaborada en 1880 para que sean los propios trabajadores quienes la implementen en sus ámbitos laborales, llegó a contemplar más de 100 preguntas, la mayoría de las cuales eran interrogantes “generadores”, que buscaban fomentar, a partir de su lectura y el debate colectivo que disparaban, un proceso de desnaturalización y cuestionamiento de la situación padecida, en paralelo a la autoconsciencia por parte de los obreros mismos, de su potencialidad como clase revolucionaria y con intereses antagónicos a los de la burguesía.</p>
<p>Este viejo Marx se encargará incluso de fustigar, junto con Engels, a la dirigencia socialdemócrata alemana que por aquel entonces ya dejaba traslucir su tendencia a la burocratización y comenzaba a denostar la capacidad de las y los trabajadores de liberarse del yugo capitalista sin tutela alguna. En una extensa y premonitoria carta, denunciarán a quienes consideran que “la clase obrera es incapaz de conquistar por sí misma su propia emancipación” y consideran que “para lograrla debe ponerse bajo la dirección del burgueses ‘cultos y pudientes’, los únicos que poseen el ‘tiempo y las oportunidades’ para informarse de lo que es bueno para los obreros”. A contrapelo de esta concepción paternalista y vertical, dirán: “Cuando se constituyó la Internacional, formulamos expresamente el grito de combate: el emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma. Por ello no podemos colaborar con personas que dicen que los obreros son demasiado incultos para emanciparse por su cuenta y que deben ser libertados de arriba por los burgueses y pequeños burgueses filántropos”</p>
<p>El 14 de marzo de 1883 su vida se apagará definitivamente. A partir de ese momento, las querellas e interpretaciones en torno a su legado y herencia serán una constante en el seno de las izquierdas (e incluso por fuera de ellas). Quizás previéndolo, el viejo Marx supo responder de manera irónica: “lo único que sé es que no soy marxista”. Sabias palabras éstas frente a quienes pretendían hacer de su pensamiento y su praxis revolucionaria un nuevo dogma al margen de todo tiempo y espacio.</p>
<p>Por ello lo fundamental es no vislumbrar a Marx ni al sin fin de grandes revolucionarios/as (desde Lenin y Gramsci a Rosa Luxemburgo, de Mariátegui y Amilcar Cabral al Che Guevara) como iluminados/as y sabelotodos/as que esclarecieron y guiaron a organizaciones y pueblos “ignorantes”, carentes de conciencia por sí mismos/as y meros/as ejecutantes de una estrategia que les era incorporada “desde afuera”. Si bien en todos los casos tuvieron un papel destacado en sus respectivos procesos revolucionarios, vale la pena recordar una de las tesis sobre Feuerbach escrita precisamente por el joven Marx, que criticaba aquellas lecturas unidireccionales que olvidan que “el educador a su vez debe ser educado”. De ahí que quizás sea más equilibrado afirmar que fue la praxis colectiva y el devenir histórico-político dentro del cual se situaron con creatividad y audacia en tanto aprendices-sistematizadores/as (o educadores-educandos), lo que les permitió destacarse como dirigentes e intelectuales revolucionarios/as a cada uno/a de ellos/as en los proyectos donde intervinieron.</p>
<p>A pesar de la indudable centralidad que han tenido estos/as referentes del marxismo en impulsar y sostener iniciativas de producción de conocimiento, investigación militante y educación popular liberadora, resulta imprescindible resituar -comenzando por el propio Marx- tanto sus liderazgos como los aportes teórico-prácticos que han generado, en el marco deprocesos y sujetos de carácter colectivo, así como en función de una constelación de luchas e iniciativas emancipatorias, que constituyeron las verdaderas escuelas en la que se forjaron como intelectuales orgánicos de los pueblos.</p>
<p>El estancamiento del pensamiento crítico y la dogmatización han sido un peligro constante en los diferentes proyectos revolucionarios encarados por las fuerzas de izquierda, y hoy cobra nuevos bríos como tendencia en la actual coyuntura que vivimos. Acudir nuevamente a autores, corrientes, matrices de análisis e itinerarios de trastocamiento del orden social y político, que en algún contexto u época diferente quizás prosperaron o resultaron viables para caracterizar y transformar otrarealidad, se torna una tentación difícil de escamotear y nos ahorra el ejercicio de pensar y actuar con cabeza propia, a partir del estudio riguroso y situado del propio territorio y desde el tiempo histórico que pretendemos revolucionar.</p>
<p>Como es sabido, la historia no se repite salvo como tragedia o como farsa. Por ello, frente al seductor recetario de manuales y esquemas abstractos en estos momentos sombríos donde prima el desconcierto y el desarme teórico, el planteo de Mariátegui de no calcar ni copiar constituye un faro estratégico, desde ya sin que esta consigna implique partir de cero, pero sí cepillando a contrapelo y asumiendo la necesaria actualización y revitalización crítica de los aportes de Marx.</p>
<p>Ludovico Silva, uno de los intelectuales venezolanos más potentes para formarnos de manera des-manualizada, solía decir que“si los loros fueran marxistas, serían marxistas ortodoxos”. Por cierto, es sobre la base del análisis concreto de nuestra realidad específica -en la que finalmente actuamos e intervenimos a diario- que podemos traducir y (re)elaborar conceptos e ideas, así como construir una estrategia revolucionaria acorde a los desafíos que nos depara nuestro presente. No se trata, en suma, de “aplicar” esquemas o categorías prefabricadas, ni de concebir a la obra de Marx como un sistema acabado o un conjunto de verdades irrefutables, sino de recrear sus presupuestos y basamentos, a partir de su confrontación con la cada vez más compleja realidad en la que estamos inmersos. Pero a no dudarlo: Marx tiene todavía mucho que enseñarnos como “maestro de vida”.</p>
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