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	<title>Hernán Apaza &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Hernán Apaza &#8211; Marcha</title>
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		<title>Bolivia en su Historia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Oct 2019 03:19:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Algunas referencias bibliográficas para el estudio de la historia del país hermano.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Finalizado el proceso electoral en Bolivia, algunas referencias bibliográficas para el estudio de la historia del país hermano.</em></p>
<p><strong>Por Hernán Apaza</strong></p>
<p>Existen una serie de imágenes recurrentes que relampaguean cuando se hace referencia a la historia de Bolivia. Algunas más lejanas, referidas a los levantamientos y rebeliones indígenas decimonónicas; otras, ya entrado el siglo XX, se condensan en torno a la Revolución del ’52 o a la presencia del Che en aquellas tierras. Más cercanas y cruentas por la proximidad y los potentes registros, sacuden las que aluden a la Guerra del Agua y por el Gas. Ciertamente, también es fuerte el cuadro de un aymara presidente o de más de una chola como representante en el Congreso Nacional en un país históricamente dominado por la minoría “blanca” o criolla. Estas imágenes y poco más, porque como suele ocurrir, más allá del efecto impresionista -muchas veces atravesado por cierto centralismo rioplatense-, poco se conoce de los procesos históricos de los pueblos de Nuestramérica. O, en todo caso, estamos hábidos de un relato mayor que enhebre estos acontecimientos que los contenga y otorgue un sentido general.</p>
<p align="JUSTIFY">El recorte bibliográfico es caprichoso y lejos está de nuestra voluntad sostener el presunto monopolio que quieren ejercer historiadores académicos sobre el pasado. Este breve artículo no pretende más que presentar una serie de producciones referidas a la historia de este país publicados y editados en su gran mayoría en tierra boliviana, y producidos por investigadores/as nativos/as. Desde ya, lo que sigue a continuación no agota el panorama sino que simplemente ponemos a consideración de quienes se interesen por el pasado del país algunas contribuciones que consideramos relevantes.</p>
<p align="JUSTIFY">Inicialmente, podemos organizar los estudios sobre el pasado boliviano de dos maneras: a partir de cierta periodización o atendiendo a los temas y/o problemáticas que los motivan. De toda la bibliografía producida en los últimos 15 años por lo menos, destacan dos preocupaciones: el Estado boliviano y los movimientos sociales, ambos atravesados por la ‘cuestión indígena’ y, en menor medida, por problemáticas referidas al regionalismo boliviano, tal y como desarrollaremos más adelante. Asimismo, dos acontecimientos resultan trágicos en la memoria histórica popular: la derrota frente a Chile y la pérdida de salida al mar y la guerra contra el Paraguay, en torno a los cuáles se construyó históricamente el nacionalismo boliviano. Finalmente, otro de los interrogantes más sostenidos refiere al -nunca alcanzado- desarrollo de la economía.</p>
<p align="JUSTIFY">En cuanto a la periodización, la operación historiográfica coincide en destacar cuatro grandes períodos, atendiendo a las transformaciones político-institucionales: aquel que centra su atención en las culturas originarias del actual territorio boliviano (del 10.000 a.C. al 1540 d.C., aproximadamente); el período colonial, con el triunfo español y el sometimiento de los pueblos originarios (siglos XVI y XVII) y un período de reformas, rebeliones y crisis del orden colonial (1700 a 1825); la independencia y el régimen republicano (1825 a 1952), en el que la periodización encuentra alteraciones, conforme se tenga en cuenta la consolidación del régimen oligárquico, la emergencia del nacionalismo y el estallido revolucionario de 1952. La Bolivia posrevolucionaria, a su vez, pendula entre el militarismo y la democracia.</p>
<p align="JUSTIFY">Entre los trabajos de síntesis histórica, hasta hace unos años sólo se contaba con las sucesivas reediciones del clásico estudio de Herbert Klein (cuya primera edición es de 1982) y a la también reconocida “Historia de Bolivia” de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos Mesa Gisbert (cuya primera edición es de 1997 y fue sucesivamente actualizada y reeditada). A ellos, se sumó un importante aporte: en 2015 se publicó una colección compuesta por seis tomos, producto de años de investigación historiográfica académica, facturada por un colectivo de investigadorxs provenientes de diversas disciplinas, nucleadxs en la <i>“Coordinadora de Historia”</i>. Tanto la “Historia de Bolivia” de Mesa, Gisbert y Mesa Gisbert como el de la Coordinadora se destacan por extender su estudio a la historia reciente de Bolivia, llegando a tematizar la primera mitad del siglo XXI. Ambos coinciden también en construir una periodización clásica, asentada en los cambios político-institucionales, aunque sus declinaciones interpretativas sean diferentes.</p>
<p align="JUSTIFY">Si la periodización es segmentación del tiempo y construcción de unidades históricas constitutivas de un proceso histórico determinado, consideramos que puede encontrarse una veta potente, en términos de política de la Historia, intervenir y desestabilizar las continuidades expresadas por las periodizaciones tradicionales -estadocéntricas, patriarcales y en muchos casos reaccionarias al protagonismo de las clases populares- a partir de diferentes investigaciones históricas que refieren a los nudos problemáticos anteriormente mencionados. En particular, teniendo en consideración que la historia de las clases populares y de los grupos dominados -sean indios o afrodescendientes, mujeres o identidades disidentes- es la historia de lo discontinuo, debido a que todos los intentos emancipatorios, hasta el momento por lo menos, fueron derrotados, quedaron truncos. Aquí, sólo vamos a detenernos tan sólo en dos o tres vectores populares en la Historia boliviana.</p>
<h3 align="JUSTIFY"><strong>Indianismo</strong></h3>
<p align="JUSTIFY">En la introducción a un valioso libro editado en 2007, “Bolivia: memoria, insurgencia y movimientos sociales”, Maristella Svampa decía que “tal como afirman investigadores como Silvia Rivera, Raúl Prada y Luis Tapia, la Bolivia actual es el resultado del cruce y yuxtaposición entre elementos que provienen de la memoria larga (la colonización), la memoria mediana (el Estado nacional-popular de los cincuenta) y la memoria corta (las luchas antineoliberales, a partir de 2000).” Se trata de otro modo de organizar la materialidad histórica, esta vez apelando a un fuerte componente subjetivo como es la “memoria” popular.</p>
<p align="JUSTIFY">De la obra citada, recuperamos justamente dos artículos dedicados a la “memoria larga”, escrito por Álvaro García Linera <i>(“Indianismo y Marxismo. El desencuentro de dos razones revolucionarias”</i>) y Luis Tapia <i>(“Bolivia: ciclos y estructuras de la rebelión”</i>). Pueden ser conjugados para tratar de comprender los avatares del marxismo boliviano y sus encuentros y desencuentros con la tradición indianista o indianismo (el texto de García Linera) como así también el papel de los sindicatos en las luchas obreras e indígenas, abordando también la cuestión nacional-popular, desestimada por el actual vicepresidente de Bolivia. Este mismo debate entre las tradiciones político ideológicas, muy particularmente el indianismo, está profundamente analizado por la propia Svampa en su libro “Debates latinoamericanos” de 2016.</p>
<p align="JUSTIFY">Desde otra perspectiva, original y potente, Silvia Rivera Cusicanqui ha producido un corpus investigativo que merece ser considerado con atención. Aquí, si bien resulta importante, más que destacar su clásico <i>“Oprimidos pero no vencidos. Luchas del campesinado aymara y qhechwa, 1900-1980”</i>, de 1984 consideramos necesario estimular la lectura de sus más recientes obras, ya que allí se encuentran lecturas únicas del proceso histórico de los pueblos originarios de su país a través de lo que ella ha denominado <i>“sociología de la imagen”</i> (2015), como praxis descolonizadora. En este movimiento de fuerte reivindicación del mundo indígena, destaca también su <i>“Ch’ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores” </i>(2010).</p>
<p align="JUSTIFY">Menos conocida -en Argentina, por lo menos- es la obra de José Teijeiro, cuyo <i>“La rebelión permanente. Crisis de identidad y persistencia étnico-cultural aymara en Bolivia”</i> (2007) es un aporte fundamental para comprender la centralidad que la dominación colonial tuvo desde el siglo XVI en adelante, y cuyas consecuencias aún son visibles y padecidas por las grandes mayorías de la población. Pero sobre todo, permite explicar las razones de la consecuente reafirmación de la identidad aymara, a pesar de la violencia secular a la que fue sometido el indio.</p>
<p align="JUSTIFY">Otras producciones, ya clásicas y dignas de atención, son las que se encuentran contenidas en la <i>“Biblioteca del Bicentenario de Bolivia”</i> (<span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="http://www.bbb.gob.bo/">http://www.bbb.gob.bo</a></span>), promovidas por el Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia de la Nación, entre las que se pueden encontrar textos como <i>“La revolución india”</i>, de Fausto Reinaga, <i>“La cara india y campesina de nuestra historia”</i>, de Xavier Albó y Josep Barnadas, <i>“Historia de la Rebelión de Túpac Catari”</i>, de María Eugenia del Valle o <i>“Cuando sólo reinasen los indios. La política aymara en la era de la insurgencia”</i>, de Sinclair Thompson y <i>“El Katarismo”</i>, de Javier Hurtado Mercado.</p>
<h3 align="JUSTIFY"><b>Los movimientos sociales</b></h3>
<p align="JUSTIFY">En lo que respecta a los movimientos sociales, para la historiografía en general el actor fundamental a lo largo del siglo XX fue la clase obrera y sus organizaciones y centrales sindicales. De allí que existe bibliografía dedicada a ella, no sólo en la academia sino también producidas por las organizaciones partidarias de izquierda (por ejemplo, la “Historia del movimiento obrero boliviano”, de Guillermo Lora).</p>
<p align="JUSTIFY">Otra puerta de acceso al pasado del pueblo boliviano es hacerlo considerando la historia de sus organizaciones, aquellas que fue construyendo al calor de la lucha y de los conflictos sociales, económicos y políticos. Como bien afirma García Linera “si algo hubo de derechos ciudadanos durante el siglo XX, en buena parte se debió al ímpetu organizado de los sindicatos.” Esta frase pertenece a la Introducción de <i>“Sociología de los movimientos sociales en Bolivia. Estructura de movilización, repertorios culturales y acción política”</i> (primera edición en 2004), coordinado por García Linera en coautoría con Marxa Chávez León y Patricia Costas Monje. Se trata de un mapa riquísimo de las organizaciones populares: “bajo distintas formas, comunitaria, gremial, sindical de gran empresa, barrial o étnica, si algo caracteriza a la sociedad boliviana es su recurrente capacidad de construir tejidos de adhesión y movilización colectiva con efecto estatal.” Se trata de la sistematización de la historia de doce centrales o coordinadoras de organizaciones de base, analizadas desde la teoría de los movimientos sociales. Más allá de que aborde las que existían al momento de la elaboración de la investigación, la obra permite retroceder en el tiempo, identificando antecedentes y genealogías.</p>
<p align="JUSTIFY">Particularmente, en relación a la historia de la estructura partidaria bajo la que se presentó Evo Morales, <i>“MAS IPSP. Instrumento político que surge de los movimientos sociales” (2008)</i>, presenta la investigación de Marta Harnecker y Federico Fuentes sobre esta organización. Estructurada en dos partes, la primera bucea en los antecedentes y el contexto histórico de surgimiento del partido en 1995, mientras que la narración de la segunda parte está sostenida por testimonios recogidos a partir de entrevistas a informantes clave.</p>
<p align="JUSTIFY">Otra producción relevante es la de Gustavo Rodriguez Ostria (2014) <i>“Capitalismo, modernización y resistencia popular, 1825-1952”</i>. En su investigación analiza históricamente la confrontación entre las tendencias modernizantes desde arriba a las formas tradicionales indígenas, desde abajo, atendiendo al proceso de producción minero, agrario y gomero. Así, indica Raúl Reyes Zárate en el Prólogo, <i>“trata de entender las respuestas laborales anticapitalistas no en la manera del proletariado industrial como las huelgas y las protestas, sino como modalidades de acción preindustriales con la persistencia de rituales y códigos de conducta sumados a tradiciones agrarias propias del mundo andino.”</i> Además, refiere a los sindicatos (entre 1936 a 1952), así como también a la presencia de las mujeres en los movimientos obreros mineros; a las comunidades y pequeños campesinos y sus organizaciones durante la primera mitad del siglo XX hasta la Revolución. Entre sus cualidades, esta investigación es sensible a la perspectiva regional, algo que no puede decirse de muchas obras.</p>
<p align="JUSTIFY">Finalmente, pueden considerarse relevantes para quienes se interesen por la historia reciente de Bolivia, atender a las publicaciones patrocinadas por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, (en particular el OSAL), así como también aquellas editadas por el Centro de Investigaciones sociales (<span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="http://www.cis.gob.bo/">http://www.cis.gob.bo</a></span>), entre las que encontrarán investigaciones serias y con rigor teórico metodológico referidas a la participación de los movimientos sociales campesino, indígena, de mujeres y obrero en el actual proceso boliviano.</p>
<h3 align="JUSTIFY"><b>La cuestión del Estado (plurinacional)</b></h3>
<p align="JUSTIFY">Referir a la teorización del Estado en Bolivia es aludir directamente a René Zavaleta Mercado, uno de los más originales exponentes teóricos de izquierdas nuestramericano. Pero más que abrevar en su obra -relativamente conocida y de reciente reedición- existe un conjunto de estudios que durante las últimas dos décadas se ha dedicado al estudio de la naturaleza del Estado-nación y de la sociedad boliviana, contraponiendo el proyecto liberal no ya al nacional-popular, sino a las formas estatales construidas por las comunidades originarias como uno de los nudos problemáticos más fuertes de Bolivia.</p>
<p align="JUSTIFY">Una de las obras que elegimos destacar es la de Luis Tapia (2016) <i>“El momento constitutivo del Estado moderno capitalista en Bolivia”</i> que si bien se presenta como analítico y teórico antes que historiográfico, no puede evitar trabajar con la materialidad histórica para dar cuenta de la etapa de constitución del Estado boliviano durante el siglo XIX para concentrarse luego en el proceso que se abre a mediados de la década de 1930 y culmina con la Revolución de 1952, que a juicio del autor, es el momento en el que se constituye el estado capitalista en Bolivia.</p>
<p align="JUSTIFY">“<i>Configuración y horizontes del Estado plurinacional”, </i>de 2014 y compilado por Jorge Viaña, es una obra colectiva que tiene como objetivo la problematización de la constitución del Estado Plurinacional en Bolivia. Partiendo de premisas elaboradas por Zavaleta Mercado, los autores plantean que sólo conociendo las sucesivas crisis orgánicas que atravesó el Estado en Bolivia, puede comprenderse cabalmente los límites y posibilidades que se abren en el presente para la consolidación de un verdadero Estado plurinacional. Para ello, recorren la historia del Estado boliviano desde 1935 (momento al que caracterizan como de “crisis orgánica del Estado oligárquico” hasta la crisis del Estado neoliberal (2000-2003) y consolidación de un nuevo sistema hegemónico.</p>
<p align="JUSTIFY">Finalmente, consideramos el trabajo de Omar Guzmán Boutier (2014), “<i>Modelo político andino en Bolivia”</i>, como un aporte fundamental para pensar la vitalidad del mundo indígena y constatar de qué manera, en Bolivia, no puede haber un estado verdaderamente plurinacional si no permite que las instituciones y autoridades propias de las comunidades puedan ejercer sus funciones, tal y como los propios ayllus lo entienden. Basado en la etnohistoria y en la sociología política, Guzmán Boutier realiza un meticuloso estudio de los principios, valores y organización política y social de los ayllus, a lo largo de diferentes períodos históricos, bajo la dominación colonial, republicana y contemporánea. Lo que el autor propone es que, ante la crisis del sistema de representación democrática occidental, la salida es un sistema mixto que incorpore la democracia directa, tal y como es ejercida hoy en los ayllus andinos.</p>
<p align="JUSTIFY">Hasta aquí, algunas pocas de una ingente cantidad de producciones históricas que se han venido produciendo en Bolivia, en particular a lo largo de los últimos 20 años, sostenidos por el ciclo de crecimiento económico del país. Investigaciones que encuentran cobijo en universidades nacionales y centros de investigación, en las páginas de revistas como <i>“Estudios Bolivianos”</i>, <i>“Tinkazos”</i> e <i>“Historia y Cultura”</i>, entre otras; y bajo sellos editoriales pujantes, algunos de los cuáles cuentan con el patrocinio del Estado –puntualmente, de la Vicepresidencia. Lecturas historiográficas que posiblemente encuentren su contrapunto en revistas como <i>Willka </i>y <i>Pukara</i>, en portales como <i>Jichha</i>, en las producciones e intervenciones de <i>Mujeres Creando</i> o en las vinculadas al indigenismo que aún encarnan dirigentes como Felipe Quispe. Todo ello no habla sino de la vitalidad y diversidad de un pueblo intérprete de su Historia, de la acontecida y de la que están deseosos por protagonizar, en un futuro abierto y en el que <i>sólo</i> tienen todo por ganar.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/bolivia-en-su-historia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Un país atendido por sus propios dueños (segunda parte)</title>
		<link>https://marcha.org.ar/36481-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Aug 2017 03:53:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[Ezequiel Adamovsky]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Hernán Apaza “Está en juego el ‘nosotros’”. Segunda parte del análisis a propósito de “El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO”, de Ezequiel Adamovsky. Límites (y conservadurismo) kirchneristas… La hipótesis de Adamovsky es que, compartiendo un objetivo concreto (la reconstrucción de la autoridad del Estado y de las condiciones [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Hernán Apaza</em></strong></p>
<p><i>“Está en juego el ‘</i>nosotros’<i>”. Segunda parte del análisis a</i> propósito de <i>“El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO</i>”, de Ezequiel Adamovsky.</p>
<p><b><i>Límites (y conservadurismo) kirchneristas… </i></b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La hipótesis de Adamovsky es que, compartiendo un objetivo concreto (la reconstrucción de la autoridad del Estado y de las condiciones mínimas para la acumulación capitalista), tanto la suerte del kirchnerismo como la del PRO estuvo en su capacidad relativa de proponer tal reconstrucción, pero sin dejar de conectarse, al mismo tiempo, con los anhelos de cambio que alimentaron la rebelión. De allí que la victoria de Macri en 2015 estuvo directamente relacionada con las limitaciones de la transformación impulsada durante más de una década kirchnerista, tanto como con la propia habilidad PRO para identificarse con la ilusión de una nueva política (p. 173).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esquemáticamente, podría decirse que los momentos político-electorales y sus resultados pueden interpretarse a partir de una función simple: cuanta más cercanía existía entre los ‘anhelos’ político-culturales del “momento 2001”, mayor será la capacidad de atracción de simpatías populares y votos. A su vez, esta dinámica vendría a estar reforzada -aunque no siempre- por la situación económica de las clases populares. En este esquema podría interpretarse la derrota de 2009 (producto del alejamiento de la transversalidad y con la consecuente renuncia a la ilusión de representar a una nueva política), como así también la gran victoria de 2011, en la que se capitalizaron toda una serie de transformaciones muy importantes durante los años previos: la asignación universal por hijo, la recuperación del control estatal sobre Aerolíneas Argentinas e YPF, la Ley de Matrimonio Igualitario, el fin de las AFJP, entre las más importantes. Todo esto último, organizado a partir de un discurso setentista, que reinstalaba cierta retórica (contra la oligarquía, antiimperialista), que lejos estaba de ser la expresión real de la línea política y económica del momento (basada en un modelo extractivista, con multinacionales como grandes actores), aunque servía para conectarse con los nervios más sensibles de 2001 y una memoria histórica y emotiva de más largo aliento. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Porque no era un discurso coherente con la realidad, fue perdiendo su eficacia con el paso del tiempo; también, debido a los cada vez más numerosos casos de corrupción y, desde ya, por las dificultades de la economía luego de 2012. El kirchnerismo llega a las elecciones de 2015 en un momento de franca declinación y debilidad, en la que había perdido la iniciativa política. Adamovsky lo sintetiza así: </span><i><span style="font-weight: 400;">“el ensimismamiento de Cristina Kirchner en sus últimos tres años, la negación de las dificultades económicas, la repetición machacona de diagnósticos francamente absurdos (como el del ‘5% de pobreza’), la imposibilidad de construir una candidatura propia, fueron síntomas del agotamiento del neocamporismo”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 181). De ser un movimiento a favor del cambio progresivo, su campaña electoral giraba en torno a un candidato desgastado garante de la conservación de logros pasados, antes que un agente de cambio. En la vereda de enfrente, la derecha, ya desde el nombre de su coalición, despertaba una ilusión de cara al futuro. </span></p>
<p><b><i>…frente a las ambiciones del PRO</i></b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Conviene destacar algo que muchas veces se olvida y Adamovsky hace bien en recordar: estamos frente a una fuerza política que con tan sólo una década de vida, sorprendentemente, logró hacerse de la presidencia. Y sin ánimos de provocar, puede decirse que haya sido el kirchnerismo quien construyó las condiciones de posibilidad para que esta fuerza política lograra aglutinar simpatías en torno a la figura de un desangelado y pacato empresario. Más allá de ello, los méritos del PRO están en haber sabido leer la coyuntura y construir a partir de condiciones que parecerían que le eran siempre adversas. Al decir de Adamovsky, </span><i><span style="font-weight: 400;">“su éxito estuvo relacionado con su capacidad de ‘leer’ el 2001 y adaptarse a sus demandas… ha comprendido que debe lidiar con una sociedad que no desea regresar al pasado neoliberal y que rechaza el individualismo extremo, la desigualdad y la idea de un Estado mínimo”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 183). Es por ello que el macrismo se ha dado a la tarea de </span><i><span style="font-weight: 400;">“restaurar el dominio total del empresariado sobre la política proveyéndola de un partido propio, pero tomando debida nota de que es preciso generar las condiciones políticas, culturales e ideológicas para dotarlo de legitimidad y para hacerlo sustentable en el tiempo”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 183). Desde ya, si bien pueden ser predominantes los rasgos igualitaristas de la sociedad, debe considerarse que la dictadura genocida primero y la imposición de reformas estructurales del noventa después, produjeron una gran fragmentación social con la consecuente afectación de la solidaridad inter e intraclases.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El mérito del libro es justamente el de haber identificado la profundidad del proyecto del PRO: su </span><i><span style="font-weight: 400;">“cambio cultural”</span></i><span style="font-weight: 400;"> resulta del aprendizaje de los límites y resistencias que proyectos como el que hoy están imponiendo, encontraron en el pasado. El autor recurre a diversas intervenciones públicas (entrevistas y libros) de funcionarios e intelectuales orgánicos del PRO para dar cuenta de este programa. Buscan una </span><i><span style="font-weight: 400;">“necesaria redefinición de las relaciones entre los individuos, la sociedad y el Estado”</span></i><span style="font-weight: 400;"> a partir de la alteración del sistema de valores dominante. No es casual que, para disputar sentidos en torno a estas cuestiones, hayan tenido la capacidad de inocular ciertos términos en el debate público o de redefinir algunos ya utilizados: “la cultura del trabajo” (entendida con un compromiso con la productividad), “igualismo” (despectivo neologismo acuñado para atacar al igualitarismo); y el “pobrismo” (término que funciona como puente entre la visión del emprendedorismo y la crítica al populismo). En lo que Alejandro Rozitchner llama “mutación psicológica de la Argentina” se desprende la necesidad empresarial de transformar los valores a través de la imposición de una nueva visión de “lo colectivo”, sobre la base de un desplazamiento: el compromiso debe estar con la ‘igualdad de oportunidades’ (lo que, por cierto y como destaca Adamosvky, no implica vivir en una sociedad de iguales). Sintéticamente, se trata de un neoliberalismo que no es culturalmente conservador ni darwinista sino que se quiere ‘progresista’ y con sensibilidad social. A diferencia del neoliberalismo, proponen un Estado “presente”, orientado al desarrollo individual de cada persona, lo que puede implicar políticas para la eliminación de la pobreza extrema (no de la igualdad), ecologismo, pinkwashing, entre otras propuestas progresistas (p. 192).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este marco, cada quien puede -y debería- transformarse en un ‘emprendedor’. Sin estructuras que vinculen y protejan colectivamente a las personas, sin mecanismos que las incluyan o las aten y, sobre todo, sin rasgos distintivos políticos o culturales y con la vocación de ser parte del mercado como organizador de la vida en conjunto. En ese mercado, el emprendedor tiene iniciativas, responsabilidad y capacidad de trabajo en equipo; coopera con los demás, “arma equipo”, abanderado de las innovaciones que prometen llevarnos a todos a una vida mejor. Sin ser invento macrista, el “emprendedorismo” se ha transformado en el corazón de la utopía PRO. Y aunque no parecieran estar conectadas, Adamovsky muestra los hilos invisibles que lo vinculan con algunos emergentes del 2001, en particular con las iniciativas de la economía popular y solidaria (pp. 192-200).</span></p>
<p><b><i>Romper la falsa dicotomía, construir un proyecto popular autónomo</i></b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Muchas veces las organizaciones de izquierdas -fundamentalmente quienes provenimos de la llamada izquierda independiente/autónoma-, debatimos en torno a las lecciones de 2001. En un punto, las derivas de las diferentes organizaciones tienen mucho que ver con las conclusiones que fueron extrayendo de aquella rebelión. El PRO también ha sabido sacar sus conclusiones. Y eso es lo que viene a decirnos con gran claridad Ezequiel Adamovsky. En sus palabras, </span><i><span style="font-weight: 400;">“la derecha PRO ha aprendido que no alcanza con reformar la economía y redefinir el papel del Estado”</span></i><span style="font-weight: 400;"> sino que debe </span><i><span style="font-weight: 400;">“operar pacientemente sobre el sistema de valores que predomina en la sociedad hasta acercarlo al ethos más ‘emprendedor’, anticolectivo y pro mercado que predomina en el resto del mundo capitalista. Las falsedades de la campaña electoral, la insistencia en presentarse como una fuerza ‘de izquierda’, la gradualidad con la que encararon la reforma de algunas de las áreas de la economía, la fingida austeridad, la atención puesta en el papel del Estado en la contención social, la filosofía positiva del enprendedorismo, el ataque a las universidades y al pensamiento crítico: todas son muestras del modo en que esta nueva encarnación de la derecha argentina ha sabido adaptarse a los imperativos de la hora. La marca del 2001 se nota tanto en sus imposturas como en sus visiones políticas de cara al futuro. ‘Cambiemos’ el nombre-eslogan con el que Macri llegó al poder encapsula todos los sentidos de lo nuevo que se pusieron en juego en la elección: la expectativa de una ‘nueva política’ de 2001, la demanda de un cambio ante el hastío por el kirchnerismo y el horizonte del ‘cambio cultural’ que esta nueva derecha argentina se propone operar y por el que está dispuesta a trabajar pacientemente”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (pp. 205-206). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este escrito pretender ser una invitación a que el libro sea leído, debatido y sus conclusiones puestas en tensión con las indefectibles divergencias de quienes constituyen el campo popular, no sólo para marcar las saludables diferencias, sino para reconocernos en las interpretaciones convergentes y compartidas. No hubo intención de extenderme sobre cada uno de los contenidos del libro, sino llamar la atención sobre un punto que considero urgente, tal y como lo expresa Adamovsky: </span><i><span style="font-weight: 400;">“Si el macrismo consigue ocupar el poder durante el tiempo suficiente, tiene chances de conseguir el ‘cambio cultural’ al que aspira: que se diluyan los rasgos progresivos e igualitaristas que la cultura argentina aún atesora. Este punto debe tomarse con la mayor seriedad. Nosotros ya no seremos nosotros si ese proyecto triunfa”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 231).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuán macizo es este frente político cultural, cuán homogéneas y empapadas de esta ideología y por, tanto, la eficacia que tendrán sus políticas en la transformación que se proponen, todavía no lo sabemos, aunque su horizonte político es claro. Entre tantos otros aciertos, creo que el valor de este trabajo se funda </span><i><span style="font-weight: 400;">principalmente</span></i><span style="font-weight: 400;"> en una cabal interpretación de la identidad cultural de la derecha que hoy gobierna. Esto conlleva asumir los riesgos que entraña para las clases populares, fundamentalmente claro, pero para la sociedad toda; y por ello, de la necesidad de una izquierda lúcida que logre articular no sólo una resistencia eficaz sino una verdadera opción política y cultural para el conjunto de la sociedad, en el camino de luchas con las que sembramos nuestra esperanza.</span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/36481-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Un país atendido por sus propios dueños</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 Jul 2017 03:40:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Ezequiel Adamovsky]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Apaza]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Hernán Apaza “Está en juego el ‘nosotros’”. Primera parte del análisis a propósito de “El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO”, de Ezequiel Adamovsky. Un país atendido por sus propios dueños, solemos decir a partir de la llegada de Macri y sus CEO’s a la presidencia de la [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Hernán Apaza</em></strong></p>
<p><i>“Está en juego el ‘</i>nosotros’<i>”. Primera parte del análisis a</i> propósito de <i>“El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusión PRO</i>”, de Ezequiel Adamovsky.</p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Un país atendido por sus propios dueños</span></i><span style="font-weight: 400;">, solemos decir a partir de la llegada de Macri y sus CEO’s a la presidencia de la Nación. Ahora bien: ¿conocemos con precisión cuáles son sus objetivos y cómo pretenden alcanzarlos?, ¿comprendemos qué cambios proponen respecto de la sociedad argentina no sólo económica sino política y culturalmente? Las respuestas que ensayemos para estas preguntas se encontrarán, seguramente, íntimamente relacionadas a las razones por las que la coalición encabezada por el PRO logró hacerse de la presidencia. Ezequiel Adamovsky se da a la tarea de responder a estas y otras significativas preguntas en su último ensayo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Además de debatir, profundizar y comprender el estado de situación de las organizaciones de la izquierda (o del campo popular, como se prefiera), de tácticas y estrategias, de análisis de coyunturas y tantos ejercicios críticos tan válidos como necesarios, lo cierto es que no abundan los intentos por precisar la naturaleza de la dominación de clase que ejerce la nueva coalición gobernante. Una discusión en este sentido se dio al momento de fundamentar, desde diferentes posiciones, la actitud que debían asumir las organizaciones y partidos políticos de izquierdas ante el balotage. La prescindencia, el voto en blanco o el llamado a votar a Scioli demandaron de una justificación minuciosa ante una disyuntiva cuya significación, con sus divergentes interpretaciones, no escapó a nadie. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Transcurridos sin grandes sobresaltos más de un año y medio de gobierno, la gestión PRO / Cambiemos, avanza decidida. A las puertas de las elecciones de medio término, estas elecciones son presentadas como un plebiscito: entre el pasado -representado por el kirchnerismo- y la profundización de la apuesta por un cambio hacia delante. De acuerdo a simpatías y aversiones, lo negativo está en uno u otro lado. En este esquema, las diversas opciones de izquierdas intentan hacerse un lugar que desmonte la dicotomía, siendo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) quien más referencia pública a nivel nacional ha ganado en los últimos años.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Dentro de este cuadro o más precisamente cuestionando el marco interpretativo político-cultural e ideológico dominante, Adamovsky interviene lúcidamente, desplegando con destreza su oficio de historiador para reconsiderar el último proceso electoral con todas sus aristas, perentoria y pretendidamente explicadas a partir de categorías e imágenes que, tal y como el autor se encarga de precisar, merecen ellas mismas ser reconsideradas. En sus palabras, este libro es </span><i><span style="font-weight: 400;">“una reflexión sobre las dinámicas culturales, mediáticas e ideológicas que condicionaron las elecciones de 2015 y que afectaron tanto las demandas de la sociedad como las decisiones políticas de Macri una vez en el poder.”</span></i><span style="font-weight: 400;"> Se trata de </span><i><span style="font-weight: 400;">“entender exactamente cómo se configuraron los deseos de la ciudadanía y las propuestas políticas en aquella coyuntura, las características específicas de las ideologías que se pusieron en juego, sus imágenes y sus palabras clave, sus imposturas y operaciones político-culturales y los cambios históricos de más largo aliento que explican el ascenso del macrismo y permiten aventurar cuál será su futuro”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 13).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En seis capítulos sólidamente elaborados, con un aparato referencial concreto y preciso, el notable intelectual de izquierdas despliega con sutil destreza argumental y ágil prosa, diferentes núcleos problemáticos que iluminan las disyuntivas propias de esta etapa. El republicanismo (capítulo 1); el populismo y su némesis liberal materializada en el antiperonismo (capítulo 2); Nisman como “caso testigo” de una dinámica mediática y de los usos políticos de su muerte y del caso AMIA (capítulo 3); la consolidación de una estructura oligopólica de medios de comunicación y su impacto profundamente regresivo en la vida democrática (capítulo 4) van confeccionando un cuadro de situación harto complejo para las izquierdas (y la cultura democrática en general). Sin permitirse la comodidad de lugares comunes, desarma falsas dicotomías a través del recurso a su oficio con maestría: historizando términos y conceptos, contextos de emergencia y cambios de modulaciones entre uno y otros. No se permite caer en abstracciones más allá de las necesarias para explicarse y permitir comprender las bases de su argumento; encuentra además en las prácticas concretas de actores políticos, sociales y mediáticos ejemplos que autorizan al autor a fundadas conclusiones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El capítulo 5, pensamos, condensa las líneas interpretativas que se desplegaron hasta allí, como resultado de considerar que tanto el kirchnerismo como el macrismo son dos intentos de responder y clausurar, cada uno a su manera, las demandas ciudadanas abiertas por la rebelión popular de 2001/2002. Porque todo lo anteriormente desplegado (imposturas de diversa naturaleza y operaciones mediáticas) no basta para explicar la derrota del kirchnerismo a manos de Macri, Adamovsky desarrolla a partir de este capítulo los propios límites de la estrategia kirchnerista y los aciertos de su oposición, que la llevaron a la victoria. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero a su vez, este capítulo se transforma en una importante caracterización del horizonte del “cambio” propuesto por el PRO, que hace sistema y da basamento más concreto a la interpretación propuesta. Y si compartimos las conclusiones a las que arriba el autor, resulta imposible no preocuparse por las serias consecuencias que tendría para la cultura política argentina, de alcanzar el partido gobernante sus objetivos. El “ataque a la memoria” popular (capítulo 6), no es casual, sino que se constituye en una condición de posibilidad para el éxito de este proyecto. Lo precisa así: </span><i><span style="font-weight: 400;">“está en juego el nosotros. Está en juego aquello que somos, la memoria de nuestros ancestros, nuestros valores y lo que deseamos ser en el futuro”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 228).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Lo que sigue no pretende ser un desarrollo exhaustivo de lo abordado en el libro sino más bien la presentación sumaria de algunos elementos centrales de la explicación desplegada por el autor, a fin de considerar lo que merece estar entre las prioridades políticas de las izquierdas: a qué derecha nos enfrentamos. </span></p>
<p><b><i>El Caballo de Troya para el “cambio cultural”: la República (liberal) asediada por el populismo</i></b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A modo de espejo invertido, los capítulos 1 y 2 están dedicados a analizar dos términos que dieron (y aún hoy dan) sustento a una </span><i><span style="font-weight: 400;">“retórica exaltada y fuertemente maniquea”</span></i><span style="font-weight: 400;">: republicanismo y populismo. Cierto es que puede imputársele al kirchnerismo haber operado decididamente en la construcción de un campo político bipolar en el que “a la izquierda está la pared” y sólo hay lugar para kirchneristas y una oposición de centro-derecha, cuando no definitivamente de derechas. Pero lejos de intentar desarmar esa operación, las fuerzas opositoras se montaron sobre ese esquema, lo reafirmaron y sólo procedieron a invertir los términos de los valores encarnados por uno y otro polo. Con ambos términos, Adamovsky procede del mismo modo: rastreando sus orígenes, contextos de emergencia y los sentidos que fueron adquiriendo a lo largo del tiempo, para luego considerar qué es lo que cada uno de ellos significa hoy en el contexto político, social y cultural argentino de acuerdo a los usos que hacen unos y otros.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Contrasta la flema retórica con lo que llama </span><i><span style="font-weight: 400;">“indignación moral selectiva”</span></i><span style="font-weight: 400;">, a la luz del cambio de gestión presidencial. Las decisiones de gobierno de Macri evidencian la diferente valoración de quienes, por situaciones no muy diferentes, consideraban a la República en peligro producto del populismo. Los ejemplos son múltiples: corrupción, transparencia (o la falta de ella), la justicia independiente versus el partido judicial, el congreso como escribanía o la soberanía popular, entre otras disyuntivas. Concluye, elocuentemente, que el recurso del “republicanismo” opera como un ‘discurso ideológico’, </span><i><span style="font-weight: 400;">“vehículo de voluntades políticas que no se presentan como tales y que contribuyen a reforzar determinadas relaciones de poder”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 62).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El populismo tiene también su historia. Luego de recorrerla, alega que -más allá de los intentos de algunos teóricos- hoy </span><i><span style="font-weight: 400;">“parece más un latiguillo que busca dar credibilidad conceptual a nociones más antiguas y menos sofisticadas como ‘demagogia’, autoritarismo’, ‘nacionalismo’ o ‘vulgaridad’”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 76); y que </span><i><span style="font-weight: 400;">“es un término de combate profundamente ideologizado. Su valor como concepto para entender la realidad, si alguna vez lo tuvo, se ha extinguido”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 77). La operación ideológica queda desmontada al demostrarse que el recurso al término ‘populismo’, pretende convertirse en una invitación a </span><i><span style="font-weight: 400;">“cerrar filas alrededor de la democracia liberal (es decir, una democracia de alcances limitados, tal como gusta a los liberales)”</span></i><span style="font-weight: 400;">. ¿Qué valor tiene esto y qué necesidad tienen las izquierdas de comprender esto? En sus palabras: </span><i><span style="font-weight: 400;">“dentro de esa masa de elementos ‘populistas’ hay… también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 79). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con ello, Adamovsky identifica la concepción que está operando bajo el manto del republicanismo: la perspectiva liberal de la política y de la sociedad. Recorre la historia del liberalismo para establecer concretamente el carácter excluyente y hostil a la democracia que ha tenido desde sus orígenes, no sólo en Argentina, con lo que desmonta las bases sobre las que se fundan las encendidas defensas republicanas frente al populismo (materializado a partir de la segunda mitad del siglo XX en un ferviente antiperonismo). De esto se desprenden conclusiones claras… y una lección: </span><i><span style="font-weight: 400;">“el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corroen las democracias actuales”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 79); </span><i><span style="font-weight: 400;">“es legítima la sospecha de que sus pedidos de ‘diálogo’, ‘tolerancia’, y ‘pluralismo’ llevan implícita una lista de invitados que excluye a buena parte de la población y a sus expresiones políticas preferidas (…). El reverso de ese ‘pluralismo’ se revela, así, curiosamente unanimista, intolerante y presto a promover o permitir el autoritarismo y la violencia”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 99). Y por ello, la lección: </span><i><span style="font-weight: 400;">“la necesidad imperiosa, para los intelectuales que pretendan situarse a la izquierda, de plantear las críticas al peronismo sin caer en las chocheras del antiperonismo. Porque éstas -queda probado-, inevitablemente terminan alimentando las alternativas de derecha”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 104). </span></p>

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		<title>Con la pluma -y el facón- entre los dedos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 03:02:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Apaza]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[Mariano Dublin]]></category>
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					<description><![CDATA[“Parte de Guerra. Indios, gauchos y villeros: ficciones del origen”, compuesta por una serie de ensayos de Mariano Dublin]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hernán Apaza</strong></p>
<p><em>Una mirada sobre “Parte de Guerra. Indios, gauchos y villeros: ficciones del origen”, compuesta por una serie de ensayos del escritor Mariano Dublin.</em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tiempos aciagos. Balean murgas, privatizan plazas y espacios comunes, arman “protocolos” para desarmar la protesta social, cierran centros culturales, detienen a portadores de sospechosos rostros </span><i><span style="font-weight: 400;">cobrizos</span></i><span style="font-weight: 400;"> (elegante forma de referirse a los </span><i><span style="font-weight: 400;">negros).</span></i><span style="font-weight: 400;"> Y sigue avanzando el desierto de la soja que hoy produce lo que parece un interminable éxodo campesino y originario que empezó hace siglos&#8230; del desierto del monocultivo al desierto de la ciudad. ¿Dónde quedó la vida? Y aunque </span><i><span style="font-weight: 400;">siempre</span></i><span style="font-weight: 400;"> se podía rascar algo del fondo de la olla, o por qué no también, alguna vez, refrescar los pies cansados en una fuente y por fin darle un noble fin al líquido elemento, hoy ni siquiera la tapera permiten levantar en el claro que encontraste y te desalojan a puro </span><i><span style="font-weight: 400;">corchazo</span></i><span style="font-weight: 400;">, en ciudades pensadas para que sus luces alumbren siempre a unos pocos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Siempre es hoy, entonces? No podemos abandonarnos al aparente </span><i><span style="font-weight: 400;">sin</span></i><span style="font-weight: 400;">sentido -de sentido puramente conservador- del “la historia se repite”, “esto no es nuevo” “siempre fue así” y convertir al modo en el que hombres y mujeres de las clases explotadas se hicieron a pura lucha de un pedacito del fasto universo de bienes materiales y simbólicos mundanos, de belleza y de pan, un triste continuado de derrotas populares a manos de la clase dominante y sus administradores de turno. No. No todo tiempo pasado </span><i><span style="font-weight: 400;">es</span></i><span style="font-weight: 400;"> igual, la historia no es un eterno conflicto entre buenos y abnegados perdedores versus irremediablemente malos ganadores, entre quienes viven de lo que producen y quienes viven del fruto del trabajo de otras y otros. Es más compleja la cosa. No es real esa historia maniquea… ¿o sí?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin compadrear, Mariano Dubin toma la palabra con su </span><b>Partes de Guerra</b><span style="font-weight: 400;"> y no propone rodeos para pensar y entender la cuestión del sometimiento -culturalmente fundado, materialmente saldado- de diferentes grupos, pueblos, vecinos, que </span><i><span style="font-weight: 400;">a priori</span></i><span style="font-weight: 400;">, podríamos decir que comparten inscripción territorial y de clase. Contra todo onanismo intelectual, el poeta de Berisso quiere ponerle los puntos al tema de los </span><b><i>gauchos, indios y villeros</i></b><span style="font-weight: 400;">, al inscribir la cultura represiva actual en un largo relato que nunca dejó de tener como enemigo a los desbancados </span><i><span style="font-weight: 400;">de siempre</span></i><span style="font-weight: 400;">. Un relato de sangrientos verbos conjugados por quienes se hicieron de una justificación -como a ellos gustaría decir- </span><i><span style="font-weight: 400;">prêt-à-porter</span></i><span style="font-weight: 400;">, lista para llevar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Manifiesto contra el academicismo y contra toda pretenciosa autoproclamada autoridad que se quiera hacer del poder de </span><i><span style="font-weight: 400;">hablar-en-nombre-de</span></i><span style="font-weight: 400;">, contra todo sustituismo, en estas páginas no se encontrará ningún parlamento por delegación. Se habla en primera persona, porque no se necesita a nadie que venga “a explicar”. Se habla porque </span><i><span style="font-weight: 400;">se sabe</span></i><span style="font-weight: 400;">, porque se ha vivido, </span><i><span style="font-weight: 400;">porque se es parte. </span></i><span style="font-weight: 400;">Con justicia, Dubin advierte -en el primero de los cuatro ensayos que componen su nueva obra- que debemos cuidarnos de quienes </span><i><span style="font-weight: 400;">“hacen de las historias de los pueblos problemas de sabios; de la pobreza, un recorrido turístico; y de la violencia números de un pizarrón.” </span></i><span style="font-weight: 400;">¿Para qué insistir en la expropiación de las clases populares, por otros medios? Sin la iniciativa de Dubin y otras que no abundan, quedaría sólo vigente aquel sordo relato a través del cual se </span><i><span style="font-weight: 400;">“conoce cualquier presidente o reyezuelo europeo y no, en cambio, las vicisitudes políticas y culturales de Calfucurá que gobernó cuarenta años una zona mayor a cualquier país de ese continente muerto”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 89).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Son cuatro los ensayos que componen esta nueva obra de Mariano Dubin, prologados delicadamente por María Pia López. Sus títulos son de por sí expresivos: </span><i><span style="font-weight: 400;">“De la gauchesca a la cumbia villerra, de los piquetes a los malones”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (que obtuvo una mención especial del Premio Pensar a Contracorriente de la Casa de las Américas de La Habana de 2013); </span><i><span style="font-weight: 400;">“Lunfardo: una arqueología del mal hablar”</span></i><span style="font-weight: 400;">; </span><i><span style="font-weight: 400;">“El último día sin Colón”</span></i><span style="font-weight: 400;">; y </span><i><span style="font-weight: 400;">“Hasta sacarle Carhué al huinca”</span></i><span style="font-weight: 400;">. Y aunque ya fueron publicados alguna vez, la maceración produjo una reescritura general que enfatizó una trama común. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuatro ensayos. Diferentes preguntas. Un mismo desvelo: el desafío de encontrar en la escritura el signo de nuestra independencia: </span><i><span style="font-weight: 400;">la conciencia de ser nosotros</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 16). Y para ello, es necesario recuperar obstinadamente la palabra. La palabra que convierta al presente de gauchos e indios en el pasado de los villeros. La palabra que conjura pasados, conjuga identidades y produce la alquimia: “</span><i><span style="font-weight: 400;">la Revolución de Mayo, Castelli y Monteagudo, el 17 de Octubre, las milongas, los genocidios, Bartolomé Hidalgo y los letristas de cumbia villera son una misma historia (aunque sea entrelazada, confusa, interrumpida)” </span></i><span style="font-weight: 400;">(p. 26).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿De qué va la cosa, entonces? Hacer de lo pasado una experiencia popular, colectiva, arma empuñada, horizonte emancipado. Palabras… y una pregunta</span><i><span style="font-weight: 400;">: “¿Dónde comienza la Argentina? ¿Cuál es el sujeto, el tiempo, el espacio argentino?”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 25). La operación es la de la persistencia. La obstinación. Acumulación y saturación de voces y relatos. Buscar el hilo rojo que recorre la Historia, elaborar el adobe trabajado con manos hábiles que por fin levante una casa en la que no sobre nadie, donde nadie sea considerado </span><i><span style="font-weight: 400;">vago ni malentretenido</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">“desde la esquina, desde el rancho abierto en una picada, desde el monte, el salitral. Desde la villa. El barrio, el cruce, el rancherío. La orilla. El pasado cruza las fronteras cotidianas en malones nocturnos.” </span></i><span style="font-weight: 400;">Cielitos</span><i><span style="font-weight: 400;">, </span></i><span style="font-weight: 400;">gauchesca, tango, floklore, cumbia villera: voces que delinean un camino de oralidad que sólo ha encontrado espacio en la tradicional cultura letrada en el rincón de la abyección. Intuye, huele el poeta: miedo, paranoia, odio… ¿una obsesión? de las clases altas: </span><i><span style="font-weight: 400;">“La paranoia es el gran tema de la literatura argentina porque expresa la imposibilidad de una civilización: la ficción encauza el temor a lo no nombrado, a lo ominoso, al otro”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 50).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con su escritura, el ensayista funda un </span><i><span style="font-weight: 400;">lugar</span></i><span style="font-weight: 400;"> de enunciación: </span><i><span style="font-weight: 400;">“Se escribe desde la frontera. Desde su violencia, desde su salvajismo. Hoy mismo, mientras escribo esto, otras familias mapuches serán desalojadas. La frontera agrícola desmontará otros bosques. Acá no terminó nada. Se sigue escribiendo desde la frontera, desde su salvajismo, desde su violencia”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p. 96). Funda también, una lengua, o mejor una política de la lengua: </span><i><span style="font-weight: 400;">“Hacer de la voz popular una escritura es para la norma social una modalidad delictiva; un delito a la norma lingüística que prescribe qué clase social habla bien</span></i><span style="font-weight: 400;"> [agregamos aquí: qué clase habla… y cuál debe callar]; </span><i><span style="font-weight: 400;">pero, también, un delito a la norma política por inscribir en la propiedad de la escritura a las clases subalternas</span></i><span style="font-weight: 400;">” (p. 70). Lugar y lenguas proscriptos ya en su origen, como se ve. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Obsesión por la lengua. Pero no una cualquiera, sino una propia, que hable al -y sea hablado por el- sujeto de la Historia, que conjugue un Nosotros. Fragua de una poética, que siempre trabaja sobre los materiales con los que se cuenta, cualesquiera sean sus barrosos orígenes. Al autor de </span><i><span style="font-weight: 400;">La razón de mi lima</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">Bardo</span></i><span style="font-weight: 400;"> le interesa la escritura, pero no cualquiera. Le importa aquella que </span><i><span style="font-weight: 400;">“nombra en primera persona todo lo que el poder calla: el hambre, la revolución, los genocidios…”</span></i><span style="font-weight: 400;"> (p.53)</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al final, como quien que se la sabe lunga, muestra las cartas: a través de un último ensayo “metabibliográfico” enseña su juego. Y apreciamos una saludable promiscuidad de fuentes: académicos consagrados, discografía de cumbia villera, revisionistas históricos, narrativa y poesía Nuestroamericana y europea también; desde escritos de los colonizadores al último </span><i><span style="font-weight: 400;">paper</span></i><span style="font-weight: 400;"> que se muestra propicio para ser conjugado. No hay nada vedado a la lectura, aunque pueda reconocerse cierto sesgo, el afecto por una tradición (que, para quien guste de etiquetas, encontrará que arriman al autor a lo nacional-popular). Lo saludable de este recurso (despojar al cuerpo del texto de tanto aparato </span><i><span style="font-weight: 400;">erudito</span></i><span style="font-weight: 400;">), produce como efecto deseado la narrativa ágil y desprejuiciada de los ensayos, provocadora en alguna hipótesis, audaz. Así, el autor comparte su arte, sus herramientas y su método. Y presenta un inventario generoso de los materiales trabajados para que, quien sienta el impulso, los aborde sin mediaciones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El tono de la escritura de Dubin hace justicia al género elegido. Las diferentes tesis que vertebran su texto encuentran fundamentos en el corpus laboriosamente modelado. Los diferentes movimientos y expresiones de resistencia populares se iluminan en cada ensayo a través de una renovada mirada. No se puede dejar de sentir la abrumadora presencia masculina, de varones heterosexuales… otro signo de la bárbara civilización patriarcal. Y a propósito de este nada inocente juego de palabras, puede que alguien objete cierta mirada </span><i><span style="font-weight: 400;">benevolente</span></i><span style="font-weight: 400;">: ¿es que entre criollos e indios nunca hubieron tensiones…? ¿No ha corrido más de una vez sangre obrera inmigrante en manos </span><i><span style="font-weight: 400;">gauchas</span></i><span style="font-weight: 400;">? ¿Qué hay de la violencia entre villeros…? ¿Es que civilización y barbarie expresa sólo una dicotomía entre dos sectores (¿clases?) sociales antagónicos o encontramos, </span><i><span style="font-weight: 400;">mal que nos pese</span></i><span style="font-weight: 400;">, expresiones de una y otra en las relaciones </span><i><span style="font-weight: 400;">intra </span></i><span style="font-weight: 400;">clases populares? Preguntas que, nos gusta pensar, quien se interne en este corcoveante río de palabras e ideas, puede encontrar junto a remansos de certezas empuñadas como tacuara.</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Partes de Guerra</span></i><span style="font-weight: 400;"> se constituye en mojón, en una tierra liberada, recuperada, un Carhué que nos permite pensar abstraídas de la visión dominante. En la batalla cultural, gana con las armas de la crítica, con sus mismos </span><i><span style="font-weight: 400;">ilustrados</span></i><span style="font-weight: 400;"> recursos, un pucara desde el que poder otear, con ojos subalternos, la realidad, </span><i><span style="font-weight: 400;">nuestra </span></i><span style="font-weight: 400;">realidad. Y sin embargo, insiste a lo largo de todo el libro que </span><i><span style="font-weight: 400;">no hay un origen, no existe el documento que pueda verificar un solo pasado</span></i><span style="font-weight: 400;">. Pero los hay. Y no hay uno sólo de ellos que no sea en realidad un documento de barbarie. No hay documento… pero lo hay. Y Dubin los atrapa justo en el instante de peligro, para dar cuenta de qué manera, literalmente, ni siquiera nuestros ancestros, nuestras huacas, están a salvo. Cada página se transforma entonces en una invitación a tomar partido: el </span><i><span style="font-weight: 400;">Parte de Guerra</span></i><span style="font-weight: 400;"> revela un balance descarnado mas auspicioso. El tizón aguarda la brisa que lo avive, la mano que lo alimente, los cuerpos que lo rodeen y lo hagan arder… hasta que todo sea como ya fue soñado. Ficciones de un origen, sueños de un despertar.</span></p>

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