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	<title>Godoy Cruz &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Godoy Cruz &#8211; Marcha</title>
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		<title>Ángel Cappa: &#8220;el jugador en actividad vive rodeado de un ambiente que no encontrará después en ninguna otra parte&#8221;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Feb 2021 17:46:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel Cappa]]></category>
		<category><![CDATA[depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol masculino]]></category>
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					<description><![CDATA[En otra charla con el ex DT Ángel Cappa, la charla indaga el ambiente del fútbol masculino profesional y sus altas exigencias, ante la triste noticia del suicidio del Morro García. También plantea el futuro incierto que vive la mayoría de los futbolistas ante un retiro donde la edad es aún temprana. No es un [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>En otra charla con el ex DT Ángel Cappa, la charla indaga el ambiente del fútbol masculino profesional y sus altas exigencias, ante la triste noticia del suicidio del Morro García. También plantea el futuro incierto que vive la mayoría de los futbolistas ante un retiro donde la edad es aún temprana. No es un hecho aislado, es una espectáculo que devora.</em></p>
<p><strong>Por Gabriel Casas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Hola, Ángel.</strong></p>
<p>Esta vez quiero ir directamente al grano sin detenerme en escribir sobre la pandemia. El suicidio del Morro García, ex jugador de Godoy Cruz, no sólo me golpeó mucho a mí, sino en general al ambiente futbolístico y a cualquiera que tenga un poco de sensibilidad y empatía.</p>
<p>A mí me hizo remover ciertas cosas. Como vos sabés, yo pasé tres veces por una profunda depresión. Recién a los 40 años tuve la primera. Y es muy difícil porque uno no entiende qué le pasa. Es como un equilibrista del circo que cae desde lo alto y sin red. Sin embargo, pude salir de esas situaciones, descubrir los motivos con psicólogos y psiquiatras, y ahora hace más de un año que no tengo ninguna recaída.</p>
<p>La depresión es una enfermedad traicionera y elitista. Traicionera porque siempre está agazapada ante cualquier traspié. Y elitista porque creo que sólo la entienden en profundidad las y los que la sufren.</p>
<p>Una enfermedad mental no es lo mismo que una corporal. La mente no te deja en paz las 24 horas. Y es tu peor enemiga. No se puede disfrutar de nada. De tu familia, de tus amigos y amigas, de ver partidos de fútbol, de ver películas o series, de escuchar buena música. Todo pasa a un segundo plano. Porque la depresión es como si tuvieras un pájaro carpintero dentro de tu cabeza. Y como pude salir varias veces de ella, con un tratamiento adecuado y con la fuerza de no rendirme, puedo contar todo esto y ayudar a las y los demás que sufren.</p>
<p>No sé qué pudo haber pasado por la mente del Morro García para suicidarse. Quizás hizo gestos de pedir ayuda y no lo entendieron con la seriedad que se merece algo tan sensible. Sé que estaba con tratamiento psiquiátrico y sin jugar en la primera de Godoy Cruz. Pero hay muchas cosas en la vida que te empujan a una decisión extrema. El fútbol, su ambiente complicado, puede haber influido pero para nada determinantes.</p>
<p>Lo que me preocupa es que esto pase como una noticia más. Como una simple tragedia. Como un hecho aislado al deporte.</p>
<p>¿En el fútbol hay personas en los clubes que se ocupan exclusivamente a la estabilidad emocional de los jugadores? ¿Hay una idea y profesionales indicados para contener a las personas con problemas de depresión? ¿El futbolista es una cosa en la consideración cuando rinde bien y otra cuando lo hace mal? ¿Hay una burbuja y cuando los éxitos y la fama se van quedan al menos protegidos? Lo dudo mucho.</p>
<p>Quizás por tus expectativas me podrías contar cómo se manejaban por adentro con situaciones de este tipo.</p>
<p>Y ojalá lo que le hizo tirar la toalla al Morro García sea una excepción a la regla. Pero ya hubo otros casos antes.</p>
<p>Y entonces, es necesario que lo del Morro rompa con ciertas estructuras de pensamientos arcaicos. Y de usar a los futbolistas como moneda de cambio.</p>
<p>El abrazo de siempre,</p>
<p>Gabriel</p>
<p>&#8212;&#8211;</p>
<p><strong>Hola, Gabriel. </strong></p>
<p>Sí que es un tema muy delicado el asunto de la depresión. Todos tenemos momentos depresivos más o menos intensos, de los cuales salimos a veces fortalecidos y otras veces debilitados. Hablo de situaciones, digamos, normales. En cambio, si hablamos de la depresión patológica, tenemos que ser muy prudentes porque no sabemos de qué se trata realmente. Como vos decís, solo quienes la padecieron o padecen están autorizados para referirse a ese tema, que por lo tanto es un tema para los psicólogos y psiquiatras, un tema médico.</p>
<p>Ahora bien, hay muchos deportistas que cuando deben abandonar la actividad se ven sometidos a depresiones que, en muchos casos, tienen un desenlace fatal. Y sin llegar a ese extremo, la mayoría se encuentra vacía, desamparada, sin saber qué hacer con sus vidas.</p>
<p>El deporte ha cambiado mucho en los últimos 40 o 50 años y poco a poco las exigencias aumentaron al punto de que únicamente vale ganar. Es decir, un peso tremendo que genera un stress insoportable y continuo. No se valoran los merecimientos, sino el resultado exclusivamente.</p>
<p>Es una exigencia que impuso el capitalismo hasta llevarla al límite entre el éxito, que solo es ganar, o el fracaso que es todo lo demás.</p>
<p>Por otro lado, y ahora hablo de fútbol en particular, el jugador en actividad vive rodeado de un ambiente que no encontrará después en ninguna otra parte. El que lo reconozcan, que de alguna manera lo hacen sentir protegido, el formar parte de un colectivo, el placer de estar haciendo lo que le gusta aun con todas las dificultades que encuentra, la adrenalina que produce la competencia, etc. Y también la posibilidad de escapar de la pobreza, de acceder a lugares y cosas que de otro modo estarían fuera de su alcance.</p>
<p>De alguna manera poco a poco se va alejando, lo van alejando, de la realidad. De su realidad. Lo van desclasando. Vive la fantasía del ascenso social. Como demostró Fanon, entre otros, el oprimido siente, al mismo tiempo, odio hacia el opresor y el deseo de ser como él. En otras palabras, se instala en esa nube que le fabrican y no piensa ni un momento en que todo eso tiene un fin. Entre los 20 y los 30 años es difícil pensar que llegará el momento en que, por razones biológicas (si no es por algún imprevisto), tendrá que dejar de jugar, tendrá que abandonar su profesión. Tendrá que dejar de hacer lo que mejor sabe hacer y lo que más le gusta.</p>
<p>Es bien sabido que nadie se ocupa del jugador de fútbol como persona. Nadie (o casi nadie), quiero decir ni dentro del club donde juega ni fuera del club, lo ayuda a entender lo que le pasa. A tener conciencia de la realidad y de su realidad. A prepararse para el futuro. La vida del futbolista es muy breve en comparación con toda su vida. Por lo tanto, no solo tiene que soportar la ausencia brusca e &#8220;inesperada&#8221; de la vida privilegiada que vivía, sino que, además, generalmente no tiene conocimiento alguno para alguna otra actividad.</p>
<p>El club, el medio, lo atosiga de exigencias permanentes y cuando ya no les sirve lo abandona sin más. Por supuesto tampoco cuenta, cuando se retira, con aquella &#8220;fama&#8221; o reconocimiento popular que sentía como un amparo, como si estuviera rodeado de afecto.</p>
<p>Este es, muy brevemente reseñado, el panorama del futbolista de élite. Los otros, que son mayoría, le suman la necesidad de tener algún trabajo para, en algunos casos, mantener el nivel económico de vida y en otros muchos para subsistir, como la mayoría de la clase trabajadora, pero con una gran desventaja: no sabe hacer otra cosa que jugar al fútbol.</p>
<p>Son muy pocos los deportistas que van preparando su futuro durante su actividad. Y eso es al margen del dinero que tengan, aunque es cierto que las penas con pan son menos dolorosas.</p>
<p>Este es el panorama que me tocó vivir dentro del fútbol y me parece que es más o menos igual actualmente.</p>
<p>Por eso me pareció muy acertada una expresión de Sebastián Domínguez (ahora comentarista). &#8220;Métanse las exigencias en el culo&#8221;, dijo refiriéndose a este asunto a raíz del suicidio del &#8220;Morro&#8221; García. Y yo me uno y comparto lo que dijo.</p>
<p>Un abrazo, Gabriel. Y la seguimos.</p>
<p>Ángel.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/angel-cappa-el-jugador-en-actividad-vive-rodeado-de-un-ambiente-que-no-encontrara-despues-en-ninguna-otra-parte/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La historia del Loco Julio: con el Tomba me casé</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-historia-del-loco-julio-con-el-tomba-me-case/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2020 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#SomosMultitud]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel Feller]]></category>
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					<description><![CDATA[La historia del Loco Julio, el hincha más famoso de Godoy Cruz. Ese que hoy tiene una estatua, banderas y canciones es parte de una leyenda.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>La historia del Loco Julio, el hincha más famoso de Godoy Cruz. Ese que hoy tiene una estatua, banderas y canciones es parte de una leyenda y de un equipo que mueve multitudes.</em></p>



<p><strong>Por Ariel Feller*</strong></p>



<p>No la pegué en eso de ligar apodos. Nunca pasé la triste barrera del diminutivo de mi nombre o de lo estrictamente relacionado con mí físico. Así fui siempre Arielito, enano o cabezón. Muy poca cosa. Por eso siempre quise tener un sobrenombre más imponente y no uno que haya surgido desde la humillante obviedad. Siempre soñé con uno que naciera de mis acciones si éstas fueran nobles y honrosas. En esa onírica visión pica en punta en preferencias el apodo “loco”. Será porque me atraen esos tipos que gambetean a la anormalidad de lo establecido como normal. En este momento tanto usted como yo estamos repasando mentalmente un montón de apellidos de locos divinos que nos llevarían a jugar un Tutti Frutti eterno. Además seamos sinceros, todos sabemos qué historia nos sentaríamos a escuchar entre una que empiece con “Arielito entró a la cancha….” y otra que lo haga con&nbsp; “El loco entró a la cancha”.</p>



<p>Intuyendo &nbsp;que usted elige al igual que yo la segunda opción trataré de contar de la mejor manera la historia de Julio Roque Pérez. Nada de Houseman, nada de Gatti. Esta vez la locura va por otro lado. Hablar de Julio es inevitable asociarlo a la frase: “en el fútbol lo único insustituible son los hinchas”, que alguna vez tiró Marcelo Bielsa. Es inevitable también asociar al Loco Julio con Godoy Cruz, y con una de las historias de amor y lealtad por los colores más significativas de la redonda.</p>



<p>Ya desde pequeño Julio tenía la idea de empezar a moverse solo por la vida,&nbsp; buscar rumbos en solitario como esos personajes de novelas juveniles. Al morir su abuelo sintió el empujoncito necesario para largarse a andar. Así fue como tan solo con doce años dejó el distrito de Ingeniero Giagnoni &nbsp;para instalarse en el departamento mendocino de Godoy Cruz donde conoció a su gran amor. El club de la zona fue su latir de ahí en más. “Con el Tomba me casé” dijo una vez. En esas calles que seguramente sintió propias antes de empezar a pisarlas, empezó a cartonear.</p>



<p>En ese contexto un cartón pudo haberlo acomodado económicamente. No me refiero a uno de esos que recolectaba al revisar la basura sino a uno de lotería ya que a sus quince años gana el premio de la sanjuanina. Al no saber &nbsp;leer ni escribir la policía lo acompaña a la vecina provincia de San Juan a cobrar el premio&nbsp; que al volver, y para sorpresa de todos, decide donarlo íntegramente para que Godoy Cruz pueda levantar una tribuna y colocar las luminarias en su estadio, “el&nbsp; Feliciano Gambarte”.&nbsp;</p>



<p>Sé que usted está por decir que ahí además del premio ganó su apodo. Es entendible que piense así porque a todo aquello que no podemos explicarnos lo tildamos de locura. Pero permítame seguir con el relato.</p>



<p>El Loco Julio siguió así toda su vida. Dándolo todo, por el club y por la gente. Algún amigo mendocino me comentó&nbsp; que en más de una oportunidad se ha sacado su propia campera para regalársela a quien necesitara un abrigo. No le sobraba nada pero daba. Así eligió recorrer su vida. Con el corazón azul y blanco en sus manos. Esas mismas manos que un día de 1964 moldearon&nbsp; para siempre su sobrenombre.</p>



<p>En un partido, de los denominados&nbsp; amistosos, con el Santos de Pelé el árbitro Coresa expulsa a un jugador del equipo bodeguero. Acto seguido Julio salta a la cancha para fajarlo. Desde ese día, creo que con justa razón, el referí no quiso volver a dirigir a Godoy Cruz. Varios cantos de la barra recuerdan esa acción. Melodías populares&nbsp; entonadas por ambas facciones de la hinchada del club. Cosa que sólo Julio podía lograr. Unir al hincha. Será porque su amor, el que desbordaba, limpiaba la pavada del fútbol y sembraba pureza en el sentimiento.</p>



<p>En el último tiempo el querido loco tuvo &nbsp;su merecido homenaje institucional &nbsp;al colocarse una estatua de su figura señalando el horizonte en la entrada del club, y al rebautizar con su nombre al boulevard que desemboca en el estadio. Hace años que el reconocimiento popular le había llegado. Su cara nunca dejó de flamear en banderas, &nbsp;de transpirarse en remeras y de pintarse en paredes.</p>



<p>Mientras escribo estas líneas el pueblo tombino lo despide en un llanto que se vuelve la última caricia hacia el hincha más respetado por todos. El último gesto de reconocimiento a ese tipo que eligió la locura de dar todo lo que se tiene, y lo que no también. </p>



<p><strong>* Publicada originalmente en <a href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><span style="color:#0693e3" class="tadv-color">Lástima a nadie, maestro</span></a></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-historia-del-loco-julio-con-el-tomba-me-case/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Violencia es mentir: de barrabravas e hinchas comunes</title>
		<link>https://marcha.org.ar/violencia-es-mentir-de-barrabravas-e-hinchas-comunes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Sep 2019 03:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Vidal]]></category>
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					<description><![CDATA[Barrabravas y su connivencia con dirigencia y policía. Una líneas para que la hipocresía no gane las canchas ni las letras.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El apresamiento de barras de River junto a la detención de hinchas comunes y el allanamiento de ayer ponen sobre la mesa el tema que nunca se termina: los barrabravas y su connivencia con dirigencia y policía. Una líneas para que la hipocresía no gane las canchas ni las letras.</em></p>
<p><strong>Por Gabriel Casas / Foto por Gustavo Garello</strong></p>
<p>“Esto es herencia, herencia y herencia. Por más que me saquen a mí de la tribuna, otro va a ocupar mi lugar. Así no van a solucionar la violencia en el fútbol”, decía hace años el sociólogo barrabravista Rafael Di Zeo, jefe de La Doce de Boca. Y hay que darle la razón a alguien que conoce bien de adentro el entramado del armado de las barras bravas que ahora tienen en vilo al gobierno de la provincia de Buenos Aires y al de CABA con la interna feroz y salvaje en la vereda de enfrente: la de River.</p>
<p>Es que las barras nunca se fueron. Siempre estuvieron adentro de la cancha o desde afuera manejando su negocio por sus jefes. El gobierno de María Eugenia Vidal pone en su publicidad de la campaña electoral la lucha contra los barrabravas como uno de sus logros de gestión. Eso de la aplicación del derecho de admisión para dejar afuera de los estadios a los integrantes más conspicuos. Son los que tienen causas judiciales. Una engaña pichanga. Esconder la basura debajo de la alfombra.</p>
<p>Por más que los jefes no puedan ingresar, siguen manejando todo desde afuera. Recaudan con los puestos de comida en los alrededores (algunos directamente son suyos o reciben el canon que les “corresponde”), los estacionamientos de los autos en las calles linderas, la reventa de entradas que le bajan desde el propio club e incluso sus incursiones en el narcotráfico. Todo en connivencia con la policía de cada jurisdicción.</p>
<p>Pero ahora que están asustados por la repercusión (en la previa de dos River-Boca por la Copa Libertadores que conmocionan no solamente al ambiente futbolero) salen a cazar barras y también aplican la represión policial en el ingreso o el egreso de los estadios. Cualquiera que vaya a un estadio en la provincia de Buenos Aires sabe del trato inhumano a los hinchas “comunes”. Siempre salen a la luz en videos que registran los propios simpatizantes. En especial en la zona sur. Entonces, como un involucrado es el primo del ex futbolista millonario Jonathan Maidana, al que lamentablemente le destrozaron la pierna de un disparo, los medios se hacen eco de la brutalidad policíaca.</p>
<p>Y, por otro lado, están los relatos: tomamos con normalidad que se hable con tanta liviandad de “barra oficial” o de “barra disidente” en todos los medios hegemónicos.  Si hay una barra “oficial” es porque los dirigentes de ese club (por medio de un allegado para tal cuestión) deciden a dedo a quién darle el dinero y las entradas para la reventa. Y la “disidente” es la que quedó afuera del negocio y lo quiere recuperar. ¿Y cómo se dirime entre ellos? En emboscadas y a los tiros con un arsenal a disposición.</p>
<p><strong>Los borrachos del tablón y la jarra rota</strong></p>
<p>Después de que cayó en desgracia Caverna Godoy, en la previa a la final del superclásico que nunca se jugó en el Monumental (por eso mismo), hubo una especie de vacío de referencia en la barra de River. La fracción de “Los del Oeste” y que nuclea también a bravos de otros lugares, que fueron los que manejaron la barra en los noventa, ingresaron dos horas antes a la popular del estadio de Lanús con su cotillón y pusieron la bandera que dice: “Nosotros somos la historia”. Sus rivales de la oficial (de la localidad de Budge) sabían de la movida –lo sabemos, entre ellos todo se sabe– y fueron armados hasta los dientes para impedirlo. Ahí los detuvo la policía y salió la noticia que repercutió en todos los medios periodísticos. Después, sobre la hora del inicio del partido (recordemos que fue un miércoles, día laborable) se desató la agresión descontrolada con los hinchas “comunes” que querían ingresar,  que las fuerzas de seguridad (como siempre) no supieron cómo manejar y lo hicieron (como siempre) cumpliendo órdenes de violencia y cometiendo excesos. Por cierto, el partido se jugó igual. Porque, ante todo, &#8220;el show debe continuar&#8221;. Y después, el titular del Aprevide, Juan Manuel Lugones (designado por Vidal y el ministro de seguridad Cristian Ritondo), tiene la máscara o el tupé de salir a declarar que el operativo de seguridad fue “exitoso”. Diez hinchas “normales”, con sus entradas, todavía están detenidos hasta el martes, muchos de ellos, incomunicados, lo que es totalmente ilegal.  Los acusan de resistencia a la autoridad. Mientras que 49 de los 51 barrabravas apresados de la fracción de Budge salieron en libertad el día siguiente.</p>
<p>En otro rapto de “lucidez”, Lugones declaró que el operativo había sido “exitoso” y que “se evitó una tragedia mayor”. Respecto del accionar policial y los heridos graves el funcionario optó por pensar en policías “desmadrados”, tal como se acostumbra en las represiones y prometió: “La auditoría de asuntos internos está trabajando y no quedará impune si algún policía manchó el uniforme. El policía que manche el uniforme queda afuera”. No sabemos aún qué será manchar el uniforme en una fuerza de seguridad que nos tiene acostumbrados al gatillo fácil y a la represión.</p>
<p>Pero eso no es todo, con amenazas de “concretar lo que no habían podido” en la Copa Argentina, la idea de un enfrentamiento en el Monumental estaba latente. De eso se agarró el fiscal Jorge Griego para realizar 28 allanamientos el domingo por la mañana en la previa del partido contra Vélez. El resultado: detenidos (los mismos liberados el jueves anterior), armas, drogas y trapos por doquier.</p>
<p>¿Dónde se ubican las y los hinchas en esta situación? ¿Las y los hinchas de verdad, es decir, la mayoría? Ayer, por temor a un posible enfrentamiento de barras, el Monumental no lució ni de cerca la cantidad de público que puede convocar para un partido tan atractivo como lo era River-Vélez. Ellas y ellos son quienes tienen que compartir tribuna y desde hace muchos años la cancha de River es un lugar hostil para muchas y muchos hinchas, incluso cuando la cancha propia era lugar seguro para locales.</p>
<p>Es cierto que, también, para algunos hinchas (en su mayoría, varones) hay cierta fascinación por los capos bravos. Se sacan fotos con ellos (como si fueran futbolistas o entrenadores) y las suben a sus redes sociales. Cuando van de visitante (en especial al exterior del país), esos hinchas se sienten más protegidos cuando ven a su lado a los bravos. Porque, también es cierto, saben que ellos son los primeros que van a responder ante presuntas agresiones de hinchas rivales o de la policía de otros países.</p>
<p>Esto es un problema sin solución sin una verdadera voluntad política desde el poder para terminarlo. No le conviene a nadie. No lo hizo el kirchnerismo tampoco. Es más, avaló la organización de Hinchadas Unidas Argentinas (HUA) y los jefes de varias barras fueron premiados con el viaje al Mundial de Sudáfrica 2010. Y hasta Cristina trató de “buenos muchachos” a los que se subían a los paravalanchas.</p>
<p>“El poder es tener los teléfonos del poder”, filosofaba también Di Zeo por aquel tiempo en el que estuvo preso o prófugo. No le atendían en su momento los teléfonos, pero recuperó la conexión con Daniel Angelici y Mauricio Macri. Como también en su momento lo usaría Caverna Godoy con Rodolfo D’Onofrio o sus allegados. Ellos se aprovechan de la hipocresía de los dirigentes de los clubes (también a algunos los tienen como rehenes porque amenazan a sus familias) y de los partidos políticos. Y después surge la indignación cuando queda todo expuesto en los medios. Y también usan la hipocresía la gran mayoría de las y los periodistas deportivos porque los conocen a todos y nunca hicieron nada para denunciarlos. Ya que también “violencia es mentir”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/violencia-es-mentir-de-barrabravas-e-hinchas-comunes/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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