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	<title>Gallardo &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Gallardo &#8211; Marcha</title>
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		<title>Especial Fútbol de Primera: recordar a las pibas que fuimos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2020 10:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El especial 20 años de Fútbol de Primera, en Netflix, nos agarró en cuarentena. Y&#160; no sabemos si por eso mismo los recuerdos se nos vinieron al cuerpo y a las palabras. Dos adolescentes futboleras esperaban el domingo para ver los goles de su equipo y reviven esos tiempos donde la espera era parte de [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>El especial 20 años de </em>Fútbol de Primera<em>, en Netflix, nos agarró en cuarentena. Y&nbsp; no sabemos si por eso mismo los recuerdos se nos vinieron al cuerpo y a las palabras. Dos adolescentes futboleras esperaban el domingo para ver los goles de su equipo y reviven esos tiempos donde la espera era parte de la vida.</em></p>



<p><strong>Por Nadia Fink y Nadia Petrizzo</strong></p>



<p>Hay sensaciones que viven pegadas a los huesos, escondidas, latentes. &nbsp;Un mínimo estímulo las despierta y vuelven. No sé si es que reaparecen o es que nunca dejaron de estar. Eso, te reconocés ahí, como si nunca hubiese pasado el tiempo. Renacen. Salen solas, como esa canción que no escuchabas desde los 12, pero suena y automáticamente la boca descarga cada palabra, la cabeza baila la melodía hasta el final. Sensaciones agazapadas, que estuvieron esperando el momento de salir y &nbsp;gritar desde cada poro. &nbsp;</p>



<p>Así nos sentimos cuando vimos el especial <em>20 años de Fútbol de Primera</em>, en Netflix. Como esos recuerdos escondidos que salen todos juntos. Que se amontonan y que nos llevan a revivir tiempos idos y a mirar con la perspectiva de hoy. Con un par de años de diferencias, las dos volvimos a pasar las emociones por el cuerpo.</p>



<p>La una, hincha de River, dice: finales de los 90. Mirar fútbol, ser mujer, adolescente, vivir a 50 km del club de tus amores, no poder ir a la cancha. Entonces cada domingo la oreja pegada a la radio. En los relatos entraban los ojos, en los silencios el nudo en la panza. La mente dibujaba los pases,&nbsp; la cancha, las jugadas. Y, claro, los goles.&nbsp; Los mil escenarios posibles.&nbsp; Goles que gritaba a la ventana, como si la reja fuese el alambrado, como si el vecino fuese la tribuna contraria.</p>



<p>La otra, hincha de Newell´s, piensa: principios de los 90. Mirar fútbol, ser mujer, adolescente, vivir a 300 km del club de tus amores. Ir a la cancha más de visitante que de local. Y siempre la oreja pegada a la radio. Con partido principal y la cobertura de vestuarios posterior, que hacía que llegara el rumor de cómo había jugado tu equipo.</p>



<p>Eso sí, y en algo coincidimos: los goles sólo se veían los domingos&nbsp; a la noche. Los goles se veían sólo en <em>Fútbol de Primera. </em>No existía la inmediatez de twitter, ni había canales exclusivos de deportes; se usaba esperar para ver. Y esa espera sólo la entendemos quienes tenemos más 30, quienes vivimos cuando no existía internet, en tiempos sin celular. Se esperaba para todo. Esperar por los goles era &nbsp;como la espera de esa canción por la radio, que escuchabas el día entero hasta que sonaba y apretabas&nbsp; play/rec para grabarla en un cassette TDK. Tiempos sin Spotify. Tiempos que parecen prehistóricos.</p>



<p><strong>De televisores chiquitos y camisetas enormes</strong></p>



<p>Entonces, la espera del domingo a la noche era un ritual. Y en eso coincidimos, claro.</p>



<p>La una cuenta que el ritual se le extendía: era la lucha por el único televisor de casa. Sí, un solo televisor y la pelea. Éramos cuatro en la casa, y tres hermanas. Ser la del medio implica que nunca, pero nunca, lleves las de ganar, en nada, es ley por tu posición de origen. Elegir el canal los domingos era una estrategia que contemplaba ceder todo, lo que fuera.</p>



<p>Mirar el especial fue volver a esa adolescente, &nbsp;tener 14 años, estar enfundada en mi primera camiseta original en la que entraban 4 cuerpos míos.&nbsp; Encerrarme en la habitación, sintonizar la radio. Volvieron a caer como fichas las formaciones, como si el partido estuviese por empezar en 5 minutos. &nbsp;Ver en imágenes esas fotos que empapelaban mis carpetas del secundario y las paredes de mi habitación.</p>



<p>Para la otra la imagen es similar: volver a la adolescencia y a esa camiseta regalada que quedaba gigante, claro, en esa época no había “marketing” para mujeres futboleras y las camisetas eran las de la marca original, pensada para jugadores varones. Son los pósters pegados en la pieza con el televisor chiquito y mi viejo mirando juntxs <em>Fútbol de Primera</em> (porque el televisor grande estaba reservado para <em>Ritmo de la noche</em> que, desde mi pieza, despreciábamos).</p>



<p>Y aparecen los recuerdos grabados de cada una; los del club propio, claro. Para la una: El gol de Aimar a Boca de 1999 en el Monumental, festejo que tengo tatuado en&nbsp; el cerebro.&nbsp; El debut del conejito Saviola. Los cuatro fantásticos, el Clausura con las cabezas de colores en Rosario. Reírme con el telebeam, en ese momento tan tecnológico y hoy tan de la era mesozoica.</p>



<p>Para la otra son los campeonatos de los noventa, los años de Bielsa… La espera por el campeonato 1990, el “Newell’s, carajo” de Marcelo en hombros de los hinchas; los penales del 91 en la cancha de Boca y el barro por todos lados; Maradona con nuestra camiseta, la rabona en la cancha de Independiente; el campeonato de 2004, cuando aún existía el programa.</p>



<p>Pero, claro, también nos toca revivir esos recuerdos colectivos: Bilardo y su descarga por brindar en la cancha: “es Gatorade señorita, es Gatorade”; la vuelta de Maradona al fútbol argentino; el Topo Gigio de Riquelme a Macri; Racing campeón después de 35 años, mientras el país estallaba; el gol de Medero arrancando desde mitad de cancha y Araujo que dice: “si lo hace, me voy”, y deja solo a un Macaya siempre tibio. “Lo que viene, lo que viene” antes de cada corte. “Esto no es fubol, esto es fubol de primera”, decía cada jugador a quienes hacían actuar cuando no existían las redes sociales. La apertura de cada programa, donde el fanatismo por la hinchada era casi absurdo (esas hinchadas endiosadas al inicio y quienes eran “los mismos inadaptados de siempre que generan disturbios” unos minutos después).</p>



<p>Notar la transformación de los cuerpos de los jugadores, la llegada del fútbol atlético y de los jugadores modelos, las camisetas y shorts que se mantenían por temporadas. Sentir la transformación de nosotras mismas. Tener todos esos recuerdos en la piel y viajar 20 años atrás para reconocer hoy todas esas diferencias tan visibles. Porque el especial focaliza, como todo <em>Fútbol de Primera</em>, en los equipos denominados “grandes”. Boca o River ocupan casi toda la transmisión y, salvo campeonar, los demás equipos quedan afuera. Así sucedía también en aquellos años: cuarenta minutos al principio y cuarenta al final de River o Boca y los goles de los demás. El riesgo de ir al baño era grande: en esos minutos te perdías los goles de tu equipo para siempre. Pero, mientras recordamos formaciones que creíamos olvidadas, mientras pensamos a cuántos que hoy son técnicos vimos jugar, dejamos ese lugar para que el recuerdo genuino se cuele; ese que nos encontró pibas futboleras esperando el domingo como los tangueros esperaban los ravioles en familia.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/especial-futbol-de-primera-recordar-a-las-pibas-que-fuimos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>River 2016: Corazón y pases cortos</title>
		<link>https://marcha.org.ar/river-2016-corazon-y-pases-cortos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Oct 2016 03:01:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Campeonato 2016]]></category>
		<category><![CDATA[Gallardo]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Reartes]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[River]]></category>
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					<description><![CDATA[Un equipo que renueva las esperanzas en sus hinchas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gonzalo Reartes</strong></p>
<p><em>El renovado River 2016 tiene retazos de aquel que en el segundo semestre de 2014 hizo delirar a hinchas millonarios y deslumbrar al mundo del fútbol con su buen trato del balón y, sobre todo, verticalidad.</em></p>
<p>Pero claro que este equipo es distinto. Sólo quedan Maidana, Ponzio, Driussi y Mora de aquel plantel, con la salvedad de que Batalla no había aún debutado en primera.</p>
<p>A grandes trazos, el arranque de este River, con sus vaivenes y tumbos, emociona. Por supuesto que nadie puede predecir el futuro: la apuesta del técnico puede o no generar resultados y posteriores títulos. Sin embargo, lo saludable está en la propuesta y lo novedoso en la táctica. Una idea de fútbol que se lleva a cabo en todas las canchas y ante todos los rivales.</p>
<p>Basta con repasar el inicio del campeonato local. La primera fecha, contra Banfield, que a priori suponía un duro escollo, resultó en un  4 a 1 contundente, pese a sufrir con el empate transitorio del Taladro. En la segunda, en un durísimo partido, se impuso por 1 a 0 frente a Talleres en Córdoba, que arrastraba un invicto de 40 partidos y planteó un partido de igual intensidad y presión, el cual sólo comenzó a dejar espacios en el segundo tiempo. En la tercera aparece su partido más deslucido (mucho más aún que la derrota en Paraná), frente a San Martín de San Juan, que, haciendo un planteo táctico interesante, se metió bien atrás y supo cerrarse en bloque, aprovechando alguna contra para inquietar el arco de Batalla. Lo cierto es que, más allá de lo inteligente en el planteo de Lavallén, River no supo preocupar en profundidad al equipo sanjuanino, recayendo varias veces en el inofensivo toqueteo de la pelota del centro hacia los costados. En la cuarta se da uno de los mejores (sino el mejor) partidos del torneo hasta ahora. En un encuentro que fue palo y palo, empató 3 a 3 frente a Defensa y Justicia, que lleva la impronta de su técnico, Ariel Holan (ex integrante del cuerpo técnico de Matías Almeyda en River). Toque, tenencia y buscar provocar el error en las defensas rivales.</p>
<p>Sin embargo, el gran déficit del equipo Gallardo en la depresión futbolística post obtención de la Copa Libertadores 2015 fue la falta de dinámica, de capacidad de romper líneas. El excesivo toque, asegurando la pelota (o fulbito) devino en falta de sorpresa, previsibilidad. Si algo tenía el River campeón de la Copa Sudamericana de 2014 era agresividad y sorpresa. Presión y, a la hora de tener la pelota, jugar a un toque. Es decir, no tanto traslado, no tanta posesión, sino más bien presión alta para provocar el error del rival y, allí mismo, rápida resolución de la jugada.</p>
<p><strong>Herencias y proyeccciones</strong></p>
<p>El actual River sigue manteniendo la idea de la salida limpia (abrir los centrales Maidana y Mina a los costados para que el 5, Ponzio sobre todo,  se meta al medio y comience a distribuir), pero cuando no se puede salir tocando, juega al pase largo: bochazo para Alario, aguantarla y resolver en toques rápidos desde el pie de D´Alessandro, Nacho Fernández y Andrade. Otra novedad está en el rol de los laterales. Claro está que Moreira no es Mercado, el paraguayo tiene la vocación de proyectarse por la banda y no siente la marca ni el juego aéreo como el Gaby. Pero por el lado izquierdo, no puede decirse que Casco y Vangioni sean tan distintos, al menos, claro está, en sus ejes básicos. Sin embargo, Gallardo le pide a Casco no hacer tanto la banda (como sí lo hacía Piri) sino ofrecerse como opción de pase cuando presiona el rival para limpiar la jugada. Entonces, a la salida Mina se abre, Casco se tira al medio y el Pity Martínez o Andrade aparecen bien abiertos sobre la banda para darle más toque que traslado en aras de pulcritud del juego. Precisión y combinaciones rápidas, parecen ser el paradigma de este nuevo River.</p>
<p>Para cada acción hay una reacción, y toda moneda tiene dos caras. River no es la excepción: a su aceitado medio campo ofensivo y lúcida delantera, se le contraponen las dudas en el fondo. Así, cuando Maidana no tiene un buen partido (por ejemplo, contra Defensa y Justicia, uno de los más flojos rendimientos en todo su ciclo riverplatense), sufre todo el equipo. Porque Mina es pura confianza, sí, pero no posee ni los aspectos, si se quiere, más técnicos que sí tenía Funes Mori, ni es un tiempista como el propio Maidana. Es sólido arriba y a la hora de sorprender desde el traslado de la pelota para romper líneas rivales. Pero, al errar un anticipo, la defensa queda muy expuesta. Los centrales sufren el juego aéreo, algo de por sí insólito ya que ambos tienen buena altura y van bien de arriba, pero pierden la marca con facilidad, tal como ocurrió frente a Patronato en la última visita a Paraná, donde se perdió por dos goles de cabeza con centros que agarraron a los centrales lejos de los ejecutores.</p>
<p>La mayor falencia de este renovado River se halla en los aspectos defensivos. Al proponer desequilibrio constante desde la posesión, ya que ni Andrade (o el Pity Martínez), ni D´Alessandro, ni Nacho Fernández sienten la marca, sumado a que Moreira pasa y pasa, al igual (aunque no con tan constante proyección) que Casco; Ponzio, Maidana y Mina se las tienen que arreglar muchas veces mano a mano con delanteros que los doblan en velocidad y técnica. A River suelen complicarlo los delanteros veloces, más que los nueve de área. A eso se le suma que genera muchas situaciones arriba, pero no puede cerrar los partidos, algo que le ocurrió contra Patronato, Defensa y Justicia y San Martín de San Juan. Muchas situaciones, no tantos goles, y poca capacidad de aprovechar la ventaja desde la tenencia, hacer correr los minutos.</p>
<p>Gallardo ha demostrado ser un técnico obsesionado por la táctica. El equipo debe tener una identidad, una idea, y luego, los intérpretes adaptarse a ella. El equipo, también, debe salir a jugar igual en todas las canchas. A los Caruso Lombardi y Simeone les corresponderá adaptar la idea al rival contrario, al contexto, a la cancha, etc. Gallardo va un poquito más allá: la idea no se sacrifica y sobrepasa los nombres propios. Entonces, mandar al banco al ídolo Cavenaghi, sacar a D’Alessandro por bajo rendimiento o decirle a Mora que si no se pone las pilas va a ser suplido, se vuelven acciones coherentes con la teoría.</p>
<p>Si bien desde algunos medios se quiere plantear que el rumbo de este nuevo River es aquel de las dudas y el sufrimiento, lo cierto es que desde su saludable (y ambiciosa) propuesta, la dualidad que genera la verticalidad y la posterior endeble defensa está en la sintonía de lo que su técnico propone. Naturalmente, esta nueva propuesta contiene riesgos importantes, detalles que pueden costar partidos. Todo equipo que pretenda ser dominador y no dominado se enfrenta a estos peligros. Si se encuentra con su mejor versión, peleará el campeonato y la copa argentina hasta sus últimas instancias. De lo contrario, las dudas provocarán murmullos y horas enteras en los programas de televisión de los profesionales de la opinión berreta, leve e infundada.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/river-2016-corazon-y-pases-cortos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Gallardo y la tarea de mantener a River en la cima: desarma y sangra&#8230;</title>
		<link>https://marcha.org.ar/gallardo-y-la-tarea-de-mantener-a-river-en-la-cima-desarma-y-sangra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 03:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Jugadores que se van, ¿y llegan?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Gabriel Casas</h3>
<p><em>Después de un proceso exitoso -que incluyen un campeonato local y una Copa Libertadores-, el Muñeco Gallardo debe rearmar al equipo del que es hincha, éxodo mediante de jugadores hacia Europa. ¿Podrá? ¿Repetirá la fórmula que los llevó a la cima?</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bien no es titánica, al River de Gallardo se le viene una tarea que, según algunos a los que les encanta exagerar, es más complicada que la de ganar títulos: la de mantenerse en la cima. Digamos que el Muñeco es novel en esta misión. Con Nacional de Montevideo no llegó a escalar las cumbres que hizo recientemente con su club del que es hincha desde la cuna.</p>
<p>La dirigencia de River no dudó entre el huevo y la gallina. Primero se aseguró a Gallardo hasta diciembre de 2017. Y no pudo sostener lo que azota a los clubes argentinos exitosos: el éxodo. Así, Funes Mori ya está en Inglaterra, Cavenaghi en Chipre (una especie de jubilación anticipada), Kranevitter partirá en breve al Atlético Madrid y Mora se quedó solo porque priorizó lo deportivo y su enamoramiento temporal con la institución.</p>
<p>Si agregamos que antes ya había partido el mercenario de camisetas Teo Gutiérrez (dijo ser hincha y se fue corriendo antes de la definición del torneo más importante para los fanáticos de River) y la dirigencia sostiene a duras penas los embates con euros frescos que le llegan por Maidana, vemos cómo se va desarmando el equipo de Gallardo. “Desarma y sangra”… cantaba Charly García en los años ochenta.</p>
<p>En lo estrictamente futbolístico, River empezó a dar pequeñas muestras de que comienza a sentir el éxodo. Lo demuestran la eliminación de la Copa Argentina (cargo menor, diría Héctor Magneto, el capo del multimedios Clarín) y un par de derrotas consecutivas en el torneo local. Claro que el objetivo deseado y añorado llegará recién a fin de año, cuando tenga el desafío (o la tortura) de verse las caras con el Barcelona de Messi. Ahora, pareciera que se le vienen unos tres meses de transición (ya que no se le ve la nafta para intentar llevarse el torneo largo de 30 equipos), para recuperar cierta mística y aunar el concierto de solistas que muestra ahora, en una banda más afinada.</p>
<p>La motivación, y eso no es un verso, que Gallardo deberá mantener en vilo a sus dirigidos la tiene garantizada con los superclásicos ante Boca, que tendrán nuevamente pimienta, aunque no en forma de gas. En los otros partidos de acá a diciembre, tendrá que remarla en dulce de leche.</p>
<p>Fito Páez armó su disco más exitoso titulado <em>El amor después del amor</em>, y eso le costó perder su humildad (si es que la tenía) por someterse sin pruritos a la locura de sus fans (hasta llegó a escribir después un tema en el que los criticaba duramente). Cuando llenó dos estadios Vélez, se creyó Dios. River está ahora en el amor después del amor. Ese sentimiento se produce después de recuperar la siempre difícil Copa Libertadores (lo esquivó durante muchos de los años gloriosos en la historia millonaria) en sus vitrinas.</p>
<p>La cúpula dirigencial dice, por un lado, que quiere mantener el plantel aunque sabe que no maneja las reglas de este juego económico. Cuando se alistan las billeteras abultadas europeas, es difícil que los jugadores se resistan por más Barcelona que haya en la mira. Entonces, estamos ante el primer jaque verdadero para Gallardo. Ya saboreó las mieles del éxito con un equipo armado de antemano y al que le agregó solistas de su agrado.</p>
<p>El Muñeco lleva las blancas y apenas perdió algunos alfiles. El asunto es que no encuentro cuáles son la Dama y el Rey en este ajedrez con la banda roja. Veo demasiadas torres y caballos. Entonces, puede ser que Gallardo salga airoso del jaque y no llegue a ser mate.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/gallardo-y-la-tarea-de-mantener-a-river-en-la-cima-desarma-y-sangra/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Transfundiendo al enemigo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2015 03:00:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando River juega con el ADN de su rival de siempre...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Juan Manuel De Stefano.</strong></p>
<p><em>Parece un título de una de acción pero no lo es. River avanza en sus competiciones con otro ADN. Es otro River ¿y adivinen de dónde sacó muchas de sus virtudes actuales?</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vaya uno a saber en qué momento ocurrió la transformación. Así como en aquellos cuentos, novelas o películas en las que el actor principal se despierta y todo cambia; aparece en otro cuerpo, en otra vida o en situaciones insólitas. A River le ocurrió algo similar. De un día para el otro mutó, cambió, se reinventó. Y adoptó nada más y nada menos que un modelo que se asemeja a su rival de toda la vida. Porque el encuentro ante el Cruzeiro en Brasil demostró que el conjunto de Gallardo juega como le conviene, y que adquirió una enorme experiencia en partidos claves. Hoy hace pata ancha donde antes flaqueaba y quedaba eliminado en forma contundente. Ya había brindado muestras de un cambio al ganar la Copa Sudamericana, dejando afuera en semifinales al Boca de Arruabarrena.</p>
<p>Y en 2015, y luego de un comienzo pobre y al borde de la eliminación en la Copa Libertadores, apareció en su máxima expresión. Boca lo sufrió en el partido y medio que se jugó antes de la suspensión. Un equipo serio, bien parado, que no regala nada y que juega cada pelota como si fuera la última. Cualquier coincidencia con los preceptos fundamentales de la Historia boquense son pura casualidad. Este River se destaca por la garra, los dientes apretados, la solidez defensiva y una agresividad notable para presionar en todos los sectores de la cancha a su rival. Es cierto que cuando puede, y lo dejan –como ante el conjunto brasilero– juega mucho y bien. Y ahí forma un combo explosivo que da placer: la determinación para ganar y el buen fútbol. En ese terreno Teo marca la diferencia, Sánchez riega la banda derecha de dinámica, salida clara y llegadas al vacío; Vangioni acompaña y Mora mete goles importantes. Y el gran hacedor de todo esto es el entrenador. No sólo de decisiones futbolísticas hablamos, el Muñeco Gallardo se maneja con una sapiencia y una sabiduría que les deben envidiar varios entrenadores de experiencia. Capeó varios temporales y demostró su pragmatismo e inteligencia en partidos importantes. Mantuvo a Teo cuando todos pedían a Cavenaghi, sacó a Rojas y no se le cayó ningún anillo al momento de defender con uñas y dientes un resultado. El primer tiempo en Brasil es para guardar en un marco y pasarlo en todas las escuelas de fútbol del país. Se conjugó la determinación, la fiereza, la contundencia y el buen trato de balón en todo momento.</p>
<p>Pero este River saca diferencia desde lo mental. Hace jugar a los rivales el juego que menos saben. Es un equipo molesto, que traba los encuentros y gana por precisión y por demolición. Tal vez es menos lucido y lúcido que el equipo del comienzo de la era Gallardo, pero ganó en varios terrenos características dignas de un campeón. ¿Es casualidad la coherencia –en general– del técnico al momento de declarar? No lo es. ¿Gana partidos o campeonatos manejarse así? Negativo. Pero crea un clima interno saludable, un ambiente de trabajo que fortalece la paz del grupo e impone reglas de convivencia claras y convincentes. Para pasarlo en limpio: los jugadores ganan partidos y campeonatos importantes por las decisiones y procederes del Muñeco, eso es más que evidente. Aquellos que denostan o se mofan de la importancia que poseen los conductores, dirán que “los <em>players</em> ganan y pierden los partidos”. Y así es en lo fáctico. Pero el que los para en la cancha, los ordena, los motiva y “les da alas” es la cabeza de un grupo. Y la de Gallardo está clara, optimista y transmite en forma inmejorable sus postulados acerca de lo que quiere de un equipo de fútbol. Y las cosas que les inculcó a sus muchachos son las virtudes históricas de Boca.</p>
<p>Sí, aunque parezca mentira. River es Boca y Boca es River. Los de Nuñez haciendo historia en torneos internacionales, dejando la vida en cada encuentro, y los de enfrente protagonizando espectáculos lamentables desde lo ético, lo moral y –en algunos casos– desde lo futbolístico. Es cierto que River venía muy mal, que empezó el año sufriendo en varios aspectos, y así fue que entró por la ventana a los octavos de la Copa. La muñeca de Gallardo se notó más que nunca y derivó en el presente del equipo. ¿Qué dirán en la vereda de enfrente? Porque la cuestión es de fondo y de forma. Y la forma es inentendible para los de la Ribera. Jamás se explicarán cómo hicieron sus rivales para protagonizar una nueva y exitosa película: “Trasfundiendo al enemigo”.</p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/transfundiendo-al-enemigo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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