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	<title>Franco &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>El olvido franquista a los ojos de la pandemia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 May 2020 04:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin Fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[Chato Galante]]></category>
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					<description><![CDATA[José María “el Chato” Galante, sobreviviente de la dictadura de Franco y militante por los derechos humanos falleció por COVID-19; seis semanas después, su torturador Antonio González Pacheco, que no pasó ni un sólo día en cárcel, también. La Memoria Histórica de España permanece confinada en 2.600 fosas comunes y sus 140 mil desaparecidos.]]></description>
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<p><em>José María “el Chato” Galante, sobreviviente de la dictadura de Franco y militante por los derechos humanos falleció por COVID-19; seis semanas después, su torturador Antonio González Pacheco, que no pasó ni un sólo día en cárcel, también. La Memoria Histórica de España permanece confinada en 2.600 fosas comunes y sus 140 mil desaparecidos.</em></p>



<p><strong><em>Por Emannuel Lorenzo</em></strong>/ <em><strong>Foto Kaosenlared</strong></em></p>



<p>La muerte no iguala, no tiene ese principio de redención que alguna vez le quisieron atribuir. José María “el Chato” Galante murió de coronavirus el 28 de marzo, apenas seis semanas antes que su torturador, Antonio González Pacheco, mejor conocido como “Billy el Niño”. El primero fue detenido cuatro veces por grupos de tareas de la Brigada Política Social durante la dictadura y sometido a un largo reservorio de vejaciones en manos adictas al fascismo de la posguerra. El segundo, uno de los oficiales que maniobraba la picana, sobrevivió a la transición democrática, fue condecorado y hasta aceptó un cargo de prestigio en el departamento de seguridad privada de Renault. No, la muerte no iguala. Sólo desnuda la impunidad que atraviesa a España: más de cuarenta años sin juicio y castigo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante el franquismo.</p>



<p>En el país la cifra de muertes por Covid-19 asciende a 27.650 mientras que ya se cuentan en 231.350 los contagios (actualizados al 17 de mayo). Nadie conoce su nombre, las pantallas reproducen una y otra vez la cifra oscura, invisibilizan su identidad, quizás ésta es la pandemia de la que hablan. Morir anónimo es pandemia. Ese mismo síntoma que marca la Memoria Histórica del país: la identidad de los 140 mil desaparecidos que fueron asesinados durante la guerra civil y el franquismo y todavía yacen bajo tierra. Una ley de Amnistía de 1977 prohíbe a los españoles juzgar a sus torturadores. </p>



<p>Algunos buscan tribunales extranjeros para iniciar improbables causas amparadas en el carácter de la Justicia Universal. Reclaman el enjuiciamiento de los represores, la apertura de las 2.600 fosas comunes diseminas a lo largo y ancho del país. Cuarenta años de dictadura han dejado demasiadas deudas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Aquí la historia oficial es una sola: en el ´77 el Pacto de la Moncloa dio lugar a la democracia. Sólo unos pocos nombran al tiempo anterior como lo que fue: un régimen fascista de cuarenta años fundado en el golpe de Estado del 17 de julio del ´36. Casi nadie nombra en los bares de tapas las palabas prohibidas. El franquismo genera grietas. Otra vez esa palabra que tanto conocemos en Argentina. La dictadura ahogó al anhelo republicano durante la guerra y gobernó desde 1939 hasta 1975, año en que Franco murió y fue sepultado con los honores de un prócer. La connivencia del rey Juan Carlos I -a quien el propio dictador había señalado como su sucesor- hizo el resto. Amnistía, transición y foja cero, ya estaban firmadas las garantías para el olvido. La sociedad se consuela en ese espacio de excepción que crean las grietas.</p>



<p>La España posfranquista se asemeja a una tregua -en el sentido que Primo Levi le imprime a la palabra-, los horrores parecen escampar en el cielo pero una espesa niebla de desmemoria y prohibición todavía se cuela en colegios, oficinas e instituciones públicas. Dicen que la guerra ha terminado, pero cómo explicárselo a los que todavía la sufren en carne viva. La Ley de Memoria Histórica de 2007 llegó como un consuelo. </p>



<p>Pero los republicanos españoles, que nunca aprendieron a reír sin llorar, desconfiaban del futuro. Sólo un puñado de años después los financiamientos se paralizaron. A tapar otra vez las fosas, a olvidar a los desaparecidos, a cerrar otra vez los ojos. El pasado es un privilegio que algunos sectores no prefieren darse. Como presidente de España (2011-2018), Mariano Rajoy (Partido Popular) recortaría progresivamente las partidas presupuestarias de la ley hasta reducirlas a cero por cinco años consecutivos, suspendiendo de plano los programas de exhumación e identificación de las víctimas. En aquel histórico 31 de octubre de 2007, el PP intentaría bloquear el proyecto y el líder de la centroderecha adelantaba de qué lado de la memoria elegía ser recordado:</p>



<p>−Ahora todo el mundo va a empezar a sacar sus fosas, sus muertos y sus cosas.</p>



<p>−−−</p>



<p>El Chato no se guardó nada. Formó parte del Sindicato Democrático de Estudiantes y la Liga Comunista Revolucionaria, escupió rabioso la Ley de Amnistía del ´77 que facilitó el <em>pacto del olvido</em>, otorgándoles indulto y punto final a los asesinos del Generalísimo, reclamó por la apertura de los juicios en las cortes españolas y vio caer al juez Baltazar Garzón ante la justicia neofranquista de la Audiencia Nacional. El Chato hasta montó aviones transatlánticos para atestiguar en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Número 1 de Buenos Aires, de la jueza Servini de Cubría, en la única causa vigente en contra de criminales franquistas: <em>la Querella Argentina</em>.&nbsp; Al Chato todavía se lo puede ver en el documental <em>El silencio de otros, </em>obra multipremiada por la crudeza con que refleja el abandonismo del Estado español a los sobrevivientes de la dictadura. Al Chato se lo enterró de pie pero sin justicia. Su primer verdugo, el que intentó doblegarlo en un galpón de la Dirección General de Seguridad (DGS), murió libre de cargos el 7 de mayo, también en la ciudad de Madrid. Ciertas oscuras ironías los encontraron conviviendo a pocas cuadras.</p>



<p>“Una vez, me tenía esposado al radiador en un despacho de la DGS, llegó, me dio un culatazo y me dijo: ‘Has tenido el honor de que te pegue un culatazo Billy el Niño´. Era muy peligroso porque no tenía muchas luces y sí una impunidad absoluta. Era bastante alfeñique, poca cosa. Se ponía delante de ti a hacer gestos de kárate, te daba una patada y te decía: ‘Eres un gran saco de golpes’. No era un funcionario que torturaba, era un torturador compulsivo, disfrutaba haciéndolo. Decía: ‘Te puedo destruir´”, recordaría en declaraciones a El País.</p>



<p>Pero el Chato no es el último. Toda una generación de sobrevivientes al franquismo compone el grupo de mayor riesgo infeccioso de la pandemia, como si el virus se aliara involuntariamente a los mercenarios de la amnesia. “No tenemos ninguna excusa, así como debemos luchar contra la pandemia que acelera las muertes, debemos luchar con más fuerzas aún por esa justicia que para algunos llegará demasiado tarde”, reconoció Ana Messuti, una de las abogadas de la Querella Argentina. “Todo en un mismo tiempo, todo aquí y ahora”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El proyecto por la creación de una Comisión por la Verdad, que finalmente promovería la creación de un Archivo de Desaparecidos (similar a la CONADEP argentina) y de un Banco de Datos Genético, estaba en puertas de ser tratado. La emergencia sanitaria y la reinversión de partidas hacia efectos de disipación epidemiológica vuelven ahora a dejarlo en un segundo plano. −Están esperando que nos muramos –le confesó días atrás el presidente de la Asociación por la Memoria Histórica de Aragón, Enrique Gómez, a este cronista−. Te dan la mano, se toman la foto y nada más.</p>



<p>Advierte Pierre Nora de los peligros de la manipulación ideológica de la historiografía, de confundirla con un trofeo de caza. Que la necesidad de Memoria es necesidad de Historia. Las organizaciones de Derechos Humanos dan un último adiós al Chato. Hay algo de infamia en estas muertes, eso deja el coronavirus, la flagrante sensación de impunidad. No se merecía esta muerte, dirán sobre el Chato, se merecía justicia. La larga cuarentena del olvido para los desaparecidos del franquismo lleva vigente más de cuarenta años. A España se le caen los muertos de la memoria y de sus tumbas florecen reclamos. En esta parte de Europa, fascistas y republicanos no miden fuerzas por el gobierno sino por el patrimonio de la historia.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-olvido-franquista-a-los-ojos-de-la-pandemia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Júpiter, el club catalán que resistió a la dictadura de Franco</title>
		<link>https://marcha.org.ar/jupiter-el-club-catalan-que-resistio-la-dictadura-de-franco/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Jan 2017 03:03:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Un club anarquista]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Gabriel Casas</p>
<p><em>La historia del </em><em>Club Esportiú Júpiter, hoy llamado Hércules, que en las décadas del veinte y del treinta fue foco de resistencia a las dictaduras de Primo Rivera y al golpe de Estado de Franco.</em></p>
<p>A cualquier buena historia de un club hay que agregarle el contexto de su época de fundación. Así, como en la Argentina, en principio Argentinos Juniors se llamó Mártires de Chicago (por la matanza de trabajadores que peleaban por sus derechos en esa ciudad estadounidense en 1886) o en Independiente se eligió ese nombre para diferenciarse de la patronal en donde trabajaban (la tienda “A la ciudad de Londres”), que habían formado el club Maipú Banfield y los empleados de menor rango pagaban una cuota social que les permitía presenciar los partidos, pero no participar de los mismos.  Disconformes, un grupo se abrió y formó su propio club. Con lógica decidieron denominarlo Independiente.</p>
<p>Sin embargo, la institución que nos motivó para esta nota está muy lejos de los clubes hoy afincados en La Paternal y Avellaneda. Se trata de Club Esportiú Júpiter, un club catalán que se fundó en 1909 en Barcelona. Sus fundadores fueron unos ingleses (¿cuándo no?): los hermanos Mauchan, que eran trabajadores fabriles en el barrio de Poblenou. Inmediatamente, el flamante club reflejó el espíritu obrero del barrio, el mayor exponente de la revolución industrial en Cataluña. Y también en toda España.</p>
<p>Los fundadores del Júpiter, y también sus jugadores, no se quedaron quietos con la simpatía barrial. Ya en la década del 20, cuando el club estaba federado y participaba de los campeonatos, se transformó en un equipo que desempeñó un papel militante en la época de la dictadura de Primo Rivera, en la Segunda República, la guerra civil y ya en la década del 30 durante la larga etapa de otro dictador militar español: Francisco Franco.</p>
<p>Es que la mayoría de los integrantes del Júpiter eran anarquistas, ya que el barrio Poblenou era el cuartel de los anarquistas en Barcelona. Ahí se estableció Buenaventura Durrutia, figura emblemática del anarquismo y el sindicalismo catalán. La etapa de esplendor del Júpiter en lo futbolístico (tenía unos 2000 socios, cifra importante para ese entonces) coincidió con una época tremenda de España en los años veinte. Sus aficionados, también anarquistas, con complicidad del club aprovechaban los viajes del equipo, para poner armas en los balones y así transportarlas por el país.</p>
<p>En esa época, las pelotas antiguas de fútbol no estaban cerradas herméticamente como las de la actualidad. Tenían cordones como una zapatilla. Los anarquistas las desataban, sacaban la cámara y ponían dentro las pistolas desmontadas. En 1925, el Júpiter tocó el cielo futbolístico con las manos: fue campeón del grupo B de España. Lo que hoy sería la segunda división.</p>
<p>El Júpiter fue pionero en Catalunya y al principio creció a la par del Barcelona. Después se originó un incidente con el club donde hace años brilla Leonel Messi. En ese 1925 que el Júpiter obtuvo el título de segunda división, el Barcelona salió campeón en la Copa de España.</p>
<p>Para celebrarlo en conjunto hicieron un partido en el antiguo coliseo azulgrana. La Marina Real Británica, que estaba anclada ese día en el puerto de Barcelona, asistió al encuentro e interpretó la Marcha Real, por entonces himno de España. El público reaccionó con abucheos y eso disgustó a las autoridades. Consecuencia,  cerraron el campo y el Júpiter fue suspendido por seis meses de participar en los torneos.</p>
<p>El Júpiter no sólo simpatizaba con el anarquismo, sino que contribuía económicamente dando al movimiento gran parte de sus ganancias. Entonces, el estadio se transformó también en una guarida para cobijar un arsenal de armas listas para la revolución.</p>
<p>Aunque no hay datos certeros de la veracidad de los hechos, se sitúa al campo del Júpiter como la resistencia anarquista al golpe de Estado del general Franco en 1936. Dice la leyenda que desde ahí salieron dos camiones repletos de armas para combatir la insurrección fascista. Ya sabemos que el golpe de Franco se concretó. Y como al régimen militar no le simpatizaba el nombre del club, se decidió cambiarlo por el de Hércules.</p>
<p>La dictadura de Franco intentó que el Júpiter se transformara en una filial del club Espanyol (el actual clásico del Barcelona en la ciudad) para terminar de diluir su nombre histórico. No tuvieron éxito en esa gestión.  Y ya en los años noventa, con Franco bajo tierra desde 1975, el Júpiter recuperó sus colores y escudo originales. Hoy milita en la tercera división española. Aunque, como sabemos, el anarquismo ya es cosa del pasado.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/jupiter-el-club-catalan-que-resistio-la-dictadura-de-franco/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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