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	<title>fin de ciclo &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>fin de ciclo &#8211; Marcha</title>
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		<title>América Latina 2016: el año en que la balanza se inclinó a la derecha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2016 03:05:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[América Latína]]></category>
		<category><![CDATA[fin de ciclo]]></category>
		<category><![CDATA[Gerardo Szalkowicz]]></category>
		<category><![CDATA[Nuestra América]]></category>
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					<description><![CDATA[Análisis sobre lo que deja el año que se va para la región latinoamericana]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gerardo Szalkowicz</strong></p>
<p>El sombrío 2016 se despide dejando su huella como el año en que las fuerzas conservadoras finalmente recuperaron la hegemonía en la disputa de proyectos en América Latina, consolidando una tendencia que inició en 2014 marcada por el retroceso de los gobiernos progresistas y populares y una nueva reconfiguración del escenario regional después de al menos una década.</p>
<p>Poco suma sumergirse en debates superfluos sobre la gastada muletilla del “fin de ciclo”, tan sabrosa para la intelectualidad del establishment que suele decretar el ocaso de todo lo que aborrece (primero fue el “fin de las ideologías”, luego el “fin de la historia”). El juego sigue abierto. Pero lo cierto es que el paulatino -y ahora consolidado- cambio en la correlación de fuerzas abre un nuevo tiempo en el continente que obliga a reformular estrategias, buscar nuevas preguntas y, sobre todo, entrarle de una vez y sin anestesia a la postergada autocrítica sobre los errores cometidos y los límites alcanzados.</p>
<p><strong>La tristeza no es sólo brasileña</strong></p>
<p>El hecho político más destacado de 2016 fue lo que terminó por torcer la balanza regional. La conspiración político-judicial-mediática de la élite brasileña, devenida en un sainete parlamentario vergonzosamente fraudulento, demostró cómo la derecha sigue utilizando “la combinación de todas las formas de lucha”, incluidas las antidemocráticas. El golpe institucional logró reinstaurar el proyecto neoliberal derrotado en las últimas cuatro elecciones.</p>
<p>Un golpe de alto impacto para toda América Latina. Y no sólo por la descomunal influencia del gigante del Sur como primera economía regional; su giro en política exterior trastocó el tablero en el escenario diplomático y abonó el terreno para la letal ofensiva contra Venezuela en el Mercosur.</p>
<p>El organismo suramericano se erigió en el segundo semestre en el principal teatro de operaciones de la batalla continental y en el más nítido reflejo de esta reconfiguración geopolítica. La suspensión a Venezuela busca sacarse de encima al socio incómodo (y acorralar a la revolución bolivariana como parte de una estrategia más amplia) para poder “flexibilizar” el bloque y avanzar con los TLC y la convergencia con la Alianza del Pacífico. En síntesis, restaurar el paradigma del “libre comercio”, revivir el espíritu del ALCA.</p>
<p>El culebrón del Mercosur, protagonizado por la triada conservadora (Argentina, Brasil y Paraguay) y un actor de reparto (Uruguay) que terminó cediendo a las presiones y soltándole la mano a Venezuela, marcó también el síntoma más preocupante de la época: el desbande del proceso de integración parido en este siglo. Una parálisis que también envuelve a los demás organismos: el ALBA, la Celac y, en menor medida, la Unasur.</p>
<p><strong>Crónica de una debacle ¿anunciada?</strong></p>
<p>Al margen de los golpes en Honduras en 2009 y Paraguay en 2012, fue en febrero de 2014 cuando se sintió el primer indicio de reflujo para los gobiernos posneoliberales. Las municipales en Ecuador significaron la primera caída en las urnas del oficialista Alianza PAIS luego de nueve victorias electorales. La derecha conquistó las alcaldías de Quito y Cuenca y retuvo la de Guayaquil, las tres principales ciudades.</p>
<p>Luego vinieron, en el último tramo de 2015, las derrotas del kirchnerismo en Argentina y del gobierno venezolano en las legislativas. Poco después, en febrero de 2016, Evo Morales perdía el referendo para reformar la Constitución y poder repostularse a un cuarto mandato. El derrotero electoral tuvo otra parada en Perú, donde si bien la gestión de Ollanta Humala había seguido los lineamientos neoliberales, el arribo de Pedro Pablo Kuczynski sumó un nuevo jugador al club de los presidentes-empresarios.</p>
<p><strong>¿Qué más deja el 2016?</strong></p>
<p>Sin dudas, otra marca imborrable es el viaje de Fidel Castro hacia la inmortalidad. Los múltiples homenajes en cada rincón de la región (y de todo el mundo) ratificaron que la historia no sólo lo absolvió sino que lo consolidó como uno de los líderes de mayor influencia global, condensando en su figura todas las resistencias contra la dominación capitalista.</p>
<p>Por abajo y a la izquierda, se destaca la reactivación de la movilización de calle en Argentina y Brasil, obligada por las circunstancias. Papel digno jugó el movimiento popular brasileño, que debió “competir” con las grandes marchas pro-golpe y todo su aparato mediático, aunque sin lograr revertir el avance conservador ni mantenerse activo en el tiempo. Argentina tuvo un año de protestas casi cotidianas, muchas de ellas masivas, contra la brutal arremetida del gobierno macrista en todos los campos. Sin embargo, todavía se impone una lógica de fragmentación y autoconstrucción que limita las ilusiones para la edificación de un proyecto popular.</p>
<p>Otro aporte novedoso en este año llegó desde el zapatismo, que luego de 22 años de una construcción reticente a toda disputa institucional anunció su apoyo a la candidatura de una mujer indígena para las elecciones de 2018, aunque aclararon que no será una integrante del EZLN sino que “el Congreso Nacional Indígena es quien va a decidir si participa o no con una delegada propia, y, dado el caso, contará con el apoyo del zapatismo”.</p>
<p>Pero sin duda la vanguardia de la resistencia continental ha sido el movimiento de mujeres, que impulsó multitudinarias acciones contra la violencia machista en toda Latinoamérica. Con altas dosis de coraje, creatividad y, sobre todo, capacidad para caminar en unidad, el movimiento feminista logró interpelar a las mayorías e instalar la problemática en la agenda pública de la región.</p>
<p>También queda como saldo positivo el avance hacia el fin del conflicto armado en Colombia después de más de medio siglo. A pesar del traspié en el plebiscito, que demostró la permanencia del poder uribista, el acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc logró reencarrilarse y camina a su implementación. Aún resta que se destrabe la mesa con el ELN y que el cambio de escenario también abra las puertas a la participación política con garantías para la izquierda colombiana, lo que implicará, entre otras cosas, el desmonte del paramilitarismo que sólo en 2016 asesinó a más de 100 líderes sociales.</p>
<p><strong>El juego sigue abierto</strong></p>
<p>La próxima gran batalla será en febrero en Ecuador, cuando el oficialismo afronte su primer desafío presidencial sin Rafael Correa. Su candidato Lenin Moreno tendrá un casi seguro mano a mano con el empresario y banquero Guillermo Lasso, ex funcionario en los gobiernos de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.</p>
<p>Y Venezuela, obviamente, seguirá siendo en todo el 2017 el principal terreno de disputa. Como mayor bastión de impulso para el sueño de la Patria Grande, será clave para el futuro de la región, entonces, la capacidad que muestre la revolución bolivariana para seguir resistiendo al asedio permanente, reconfigurar su esquema económico-productivo y no quedar atrapada en sus propias contradicciones.</p>
<p>Como sea, el devenir de Nuestra América se dirimirá en las calles. En palabras del sociólogo y ex ministro venezolano Reinaldo Iturriza, “la principal incógnita que hay que despejar en América Latina hoy es la siguiente: ¿cuánto tiempo, y a qué precio, lograrán las oligarquías contener la fuerza popular movilizada contra las medidas anti-populares que, inevitable e invariablemente, ya ejecutan allí donde han recuperado el poder, y ejecutarán en aquellos países donde logren formar gobierno?”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/33979-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Zibechi: “Ahora la agenda vuelve a estar en la calle y en los sectores populares”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Dec 2015 03:04:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin Fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[América Latína]]></category>
		<category><![CDATA[fin de ciclo]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Farina]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Zibechi]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Luxemburgo]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[Fin de ciclo y panorama latinoamericano]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Francisco Farina</strong></p>
<p><em>En el marco del seminario “Derechos Humanos, ayer y hoy</em><em>” que organizó la Fundación Rosa Luxemburgo en Buenos Aires, </em>Marcha<em> conversó con el investigador uruguayo Raúz Zibechi sobre el futuro político de la Argentina y América Latina.</em></p>
<p>Por la inauguración de su oficina en Buenos Aires, la Fundación Rosa Luxemburgo organizó el pasado 1 y 2 de diciembre en el hotel Castelar el seminario &#8220;Derechos Humanos, ayer y hoy”. Uno de los invitados fue Raúz Zibechi, investigador y periodista uruguayo, quien ha seguido de cerca los distintos procesos políticos de los movimientos sociales de la región.</p>
<p><strong>&#8211; Venimos de una elección presidencial que se definió a favor de Mauricio Macri, de un perfil ideológico de derecha neoliberal. ¿Cómo pensás que se vienen estos años para la Argentina?</strong></p>
<p>Va a haber continuidades y cambios. En el escenario internacional, Macri va a implicar un alineamiento con Estados Unidos, con la Alianza del Pacífico, contra el Mercosur y contra la integración regional, va a abrirse a los tratados de libre comercio que firma Estados Unidos con países del Pacífico. En el escenario nacional tengo la impresión de que va a ser más cauto. Va a mantener las políticas sociales, va a intentar no repetir el escenario menemista, de descargar la represión y la crisis sobre los sectores populares. Pero no sé si tendrá margen para eso. Y creo que no será más cauto porque le guste ser más cauto, sino porque la sociedad que recibe hoy Macri es una sociedad organizada, que vivió un ciclo de luchas piqueteras del 97 al 2002, porque vivieron años en que parte importante de la sociedad estaba organizada y no van a permitir un retroceso así no más. No se puede extrapolar la ideología de Macri a lo que va a hacer. En el escenario internacional está claro, pero en el nacional va a tener que contar con otros actores. Y ya lo mostró en la campaña, va a hacer guiños permanentes hacia el peronismo, quizás algunos pactos. No tengo dudas de que puede pactar con el PJ y con el kirchnerismo. Y aunque va a descargar crisis y represión sobre los sectores populares, creo que lo va a hacer por etapas, más que directamente.</p>
<p><strong>&#8211; Mencionabas la resistencia que puede encontrar el gobierno, por el proceso de organización popular que arranca con las luchas piqueteras y que de alguna forma tiene correlato en los últimos años. Pero en ese sentido, ¿cómo podemos entender y explicar la victoria de Macri?</strong></p>
<p>Hay que tener en cuenta que una parte importante de la sociedad argentina, un 30% aproximadamente, es de derecha, es conservadora y es macrista. Y otra parte está muy desencantada con los gobiernos kirchneristas. En los sectores populares hubo un voto muy dividido, en algunas villas ha triunfado Macri. Y yo creo que eso se debe a lo que no hizo y lo que hizo mal el kirchnerismo. Una política que si uno va a lo micro de todos los días en un barrio, reproduce aspectos nefastos de la cultura puntera. Creo que no se le puede echar la culpa de que ganó Macri solamente a la derecha, a los medios, al imperialismo, sino que también hay algo que el kirchnerismo hizo mal.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Cuál creés que es el desafío que tiene el campo popular en el país en esta nueva etapa?</strong></p>
<p>Un desafío es recuperar la capacidad de organización y luchas autónomas, para empoderar de nuevo a una camada de gestores que inevitablemente le van a dar la espalda al campo popular. Un aprendizaje de esta etapa es que se ha abandonado la calle, se ha abandonado la plaza, entonces en la nueva etapa no vale solo decir &#8220;vamos a pelear&#8221;. Es vamos a pelear, pero además vamos a sacar cuentas de lo que no se hizo, lo que se hizo mal o lo que se hizo en contra del campo popular.</p>
<p><strong>&#8211; En el escenario latinoamericano, ¿cómo creés que pueden afectar las elecciones en la Argentina a nivel geopolítico? ¿Dará paso a nuevos gobiernos de derecha?</strong></p>
<p>Yo creo que ya gobierna la derecha en países donde ha gobernado la izquierda. Brasil, por ejemplo. El gobierno de Dilma es de derecha, más allá de que sea el PT el que está en el gobierno. El de Tabaré Vásquez es mucho más de derecha que el que había con Mujica. Creo que el péndulo de la historia en este momento se está moviendo hacia la derecha. Correa no se presenta, muy probablemente en Venezuela gane la oposición. Lo que pienso es que el ciclo progresista se ha terminado y entramos en un ciclo distinto. Estos son los coletazos de la crisis del 2008 y de la nueva actitud de Estados Unidos en el mundo, mucho más beligerante, a caballo de las políticas más conservadoras de los gobiernos latinoamericanos. Hay una nueva agenda en la que la integración regional ya fue. Aquel impulso que vimos del Unasur y las dificultades con se frena, al igual que el Mercosur y el Alba. Estamos en ese otro período en el que geopolíticamente la disputa principal en América Latina va a ser chinos y yanquis. Ya está siendo y se va a profundizar. Y los chinos trabajan con gobiernos conservadores, progresistas, lo que sea, ya lo están haciendo en Perú, Colombia, etc. En esa disputa, en este momento el péndulo favorece a Estados Unidos.</p>
<p><strong>&#8211; En este giro conservador, ¿considerás  que los movimientos sociales pueden encontrar alguna fisura donde puedan empoderarse o buscar construir alternativas?</strong></p>
<p>Si miramos porqué fueron posibles los gobiernos progresistas, fueron progresistas porque hubo un período de levantamientos y de luchas populares muy fuertes. El Caracazo del 89 abre el período, en el que también está el 19 y 20 del sector piquetero, el ciclo boliviano y un montón de levantamientos y caídas de presidentes. Ahora me parece que vuelve a estar la agenda en la calle y en los sectores populares. No creo que se vaya a repetir lo mismo ni que la lucha popular a futuro sea para empoderar a los mismos gobiernos que ahora salen. Va a ser otro período y otros actores. En primer lugar porque hay una nueva generación de movimientos que se vienen juntando, en Brasil después de 2013 es muy claro. En segundo lugar, porque el progresismo que pierde los gobiernos -y en Brasil también es claro- se va a dividir. Una parte de ese progresismo va a negociar con las nuevas derechas y se va incrustar y seguir en sus cargos, en sus blackberrys, como me gusta decir con un poco de ironía. Y creo que un sector del campo popular reconfigurará nuevas formas de lucha, nuevas formas de hacer, de salir. Ahí está la posibilidad, 10-15 años para adelante, no va a ser pasado mañana, de que se reconstruya un escenario de ofensiva de los sectores populares. Hoy es de defensiva, de cooptación, esperemos que sea de resistencia en el futuro y de ofensiva más adelante. ¿Cómo va a ser eso? No lo puedo saber, yo puedo decir lo que me gustaría. Lo que me gustaría es no que no repitamos la historia de los 90, en los que la gente luchó, puso la sangre, puso los muertos y otros se subieron encima. Ese es un tema de debate futuro y la Fundación puede jugar un papel interesante en apoyar las reflexiones, que nos digan qué hicimos bien, qué hicimos mal y cómo segur adelante en el nuevo escenario, para evitar que nos pase lo mismo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/zibechi-ahora-la-agenda-vuelve-a-estar-en-la-calle-y-en-los-sectores-populares/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>A 10 años del NO al ALCA: ¿fin de ciclo, continuidad o retroceso?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Nov 2015 03:02:50 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[10 años]]></category>
		<category><![CDATA[alca]]></category>
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		<category><![CDATA[Chávez]]></category>
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					<description><![CDATA[La etapa que atraviesa la región, a una década del “entierro” al ALCA]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gerardo Szalkowicz*</strong></p>
<p><em>Se cumplen 10 años de un hecho que marcó a fuego el cambio de época en la región: el “entierro” al ALCA que promovía Estados Unidos. Desde aquella postal triunfal de Lula, Chávez y Kirchner en Mar del Plata -que coronaba una extendida resistencia popular a ese proyecto neocolonial-, mucha agua corrió bajo el puente. Y la corriente en el río suramericano parece ahora ir en contra. Tras una década de profundas mutaciones, ¿comenzó, como mucho opinólogo vaticina, el “fin de ciclo” de los gobiernos progresistas? ¿Le espera el mismo destino a los procesos más radicales? ¿Cómo están paradas las mayorías populares para enfrentar una etapa de políticas más conservadoras?</em></p>
<p>Año 2005. Noviembre daba sus primeros pasos y Mar del Plata era el epicentro de la batalla continental. Cinco de los 34 gobiernos (Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay y Paraguay) rechazaban en la IV Cumbre de las Américas el intento estadounidense de crear un área de libre comercio hemisférico. El zarpazo imperial quedaba abortado y la superpotencia del Norte recibía tremendo cachetazo en su patio trasero.</p>
<p>Al día siguiente, en la cumbre paralela, la de los pueblos, uno de esos cinco presidentes se burlaba de mister Bush y regalaba la frase que inmortalizaría ese hito: <em>“ALCA, ALCA, ¡al carajo!”.</em> Junto a Hugo Chávez, el entonces candidato Evo Morales, Diego Maradona y miles de militantes populares eran testigos y protagonistas de un punto de inflexión en la historia latinoamericana.</p>
<p><strong>10 años después…</strong></p>
<p>Tras una década de aquel mojón, el proceso regional atraviesa una etapa de profundas turbulencias, que tuvo en la primera vuelta electoral argentina el último botón de muestra. Los gobiernos progresistas empiezan a ver peligrar seriamente sus futuros y como única respuesta apelan a moderar sus proyectos. Los organismos de integración (ALBA, Unasur, Celac) padecen un prolongado estancamiento. El ALCA murió, pero también se reconvirtió en Tratados de Libre Comercio bilaterales, en el Acuerdo Transpacífico (TTP) y en el TISA. En tanto, los movimientos populares de la región, en general, cierran una etapa de reflujo y desmovilización, empantanados aún en lógicas de fragmentación, autoconstrucción o institucionalización. Así, las derechas vernáculas, empujadas por los monopolios mediáticos, encuentran un terreno cada vez más fértil para recuperar el timón.</p>
<p>En este marco, en el último tiempo se instaló en los análisis sobre el devenir suramericano la idea-fuerza de un eventual fin de ciclo, en referencia a la etapa que empezó a germinar a principios de siglo con la eyección del paradigma neoliberal en buena parte de la región y la irrupción de esta oleada de gobiernos de corte progresista o popular.</p>
<p>Pero el debate, en muchos de los casos, parte de al menos dos matrices desacertadas que desorientan el diagnóstico y reducen la compleja óptica de los procesos.</p>
<p>El primer traspié analítico consiste en poner el foco casi exclusivamente en lo que emana desde las esferas gubernamentales, en explicar los ciclos políticos sólo a partir de las administraciones públicas o, en el mejor de los casos, de las pugnas entre bloques de la clase dominante. Esta visión sólo entiende la política “desde arriba”. Ningunea así, y menosprecia, los procesos sociales que atraviesan al campo popular, los avances y retrocesos en niveles de conciencia y organización que protagonizan los pueblos.</p>
<p>El segundo enfoque errático es la tendencia a uniformar todos los procesos posneoliberales. Ya sea por pragmatismo, superficialidad o conveniencia política, se esconden bajo la alfombra sus notorias diferencias metiendo en la misma bolsa a proyectos con raíces, improntas y horizontes estratégicos muy disímiles.</p>
<p><strong>Poder popular: ¿estrategia o decorado?</strong></p>
<p>La forma de examinar el escenario actual sólo a partir de la agenda pública o mediática tiene en la misma escuela a quienes pregonan que el freno al neoliberalismo fue obra exclusiva de los nuevos gobiernos del Cono Sur; que el entierro al ALCA fue una proeza de un puñado de presidentes quijotescos. Desde esas lecturas, se subestiman las guerras del agua y del gas en Bolivia, los levantamientos indígenas en Ecuador, el auge de luchas populares en la Argentina de 2001 y 2002, el Caracazo venezolano, el alzamiento zapatista en México y varios etcéteras. Se recuerda aquella foto de Lula, Kirchner y Chávez en Mar del Plata pero no la gigantesca campaña continental contra el ALCA desplegada por múltiples movimientos sociales de la región mucho tiempo antes de aquella cumbre. Pareciera, desde esa óptica, que los gobiernos progresistas surgieron de un repollo y no como productos de –o condicionados por- la fabulosa resistencia popular desplegada en las calles nuestroamericanas a principios de siglo.</p>
<p>Así como no se puede comprender la última década sin dimensionar los procesos de lucha que la precedieron, tampoco se puede echar luz sobre el panorama actual sin evaluar cómo quedaron paradas las grandes mayorías.</p>
<p>A grandes rasgos, en los países que fueron parte de esta época de cambios hay una sensación de que nuestros pueblos no se dejarán arrebatar tan fácilmente los derechos ganados y los espacios conquistados. Ya sea frente a eventuales gobiernos de las nuevas derechas o frente a políticas conservadoras de los mismos gobiernos progresistas, la resistencia social haría muy difícil la aplicación de medidas abiertamente neoliberales. El vaticinio del “fin de ciclo” pregonado desde las usinas del poder reaccionario pareciera estar más manijeado por sus consorcios mediáticos que tener asidero real. Sin embargo, la capacidad de respuesta popular no será la misma en cada país, y ahí vamos al siguiente punto.</p>
<p><strong>Distinto ADN, diferente destino</strong></p>
<p>El otro “pecado original” que buscan visibilizar estas líneas es el sistemático intento por equiparar todos estos procesos progresistas o populares. Se torna necesario entonces desmontar esta idea para comprender por qué, seguramente, sus horizontes tiendan a distanciarse cada vez más.</p>
<p>Es cierto que hay puntos en común: la recuperación del rol del Estado, la implementación de políticas sociales activas, ciertas legislaciones progresivas, el distanciamiento de Estados Unidos y el acercamiento a China y el resto de los Brics. Se comparte una alianza táctica que a todos conviene (sobre todo a los procesos más radicales, para evitar el aislamiento), lo que también favorece a quienes tienden a englobar a todos estos gobiernos.</p>
<p>Pero mientras en Venezuela y Bolivia se nacionalizaron los principales resortes de la economía y se impulsaron transformaciones de fondo –camino allanado vía Asamblea Constituyente-, que apuestan a trascender la estructura capitalista, en el resto de los países se proyectaron una batería de reformas, en general parciales, que implicaron mayor inclusión social pero sin cuestionar las raíces sistémicas ni revertir las bondades otorgadas al capital transnacional.</p>
<p>En definitiva, suena desacertado describir el panorama actual como “fin de ciclo”. Pero la continuidad de estos proyectos progresistas empieza a mostrar su versión más moderada, con marcados puntos de retroceso como ya se está viviendo en Uruguay con las fuertes luchas por la educación o el -fallido- intento de ingresar al TISA, en Brasil con un rumbo económico claramente ortodoxo, en Ecuador con el agudo divorcio entre Rafael Correa y buena parte de los movimientos sociales, y en la Argentina con la designación del conservador Daniel Scioli como candidato presidencial. La frutilla del postre será la firma del TLC entre el Mercosur y la Unión Europea. Van quedando al desnudo, entonces, las limitaciones de las experiencias neodesarrollistas y el techo al que ha llegado la propuesta de un “capitalismo serio” o “con rostro humano”.</p>
<p>En cambio, los proyectos que apostaron a sostenerse en la movilización y la organización popular, al empoderamiento del pueblo y a cimentar democracias “participativas y protagónicas”, lograron generar un piso de conciencia transformadora mucho más alto, por lo que tendrán más chances de mantener lo conquistado. A pesar de la debacle económica, de las contradicciones internas y del desgaste en sus bases sociales, el acumulado en esta etapa se traduce en mayores reservas para sortear las dificultades y resistir lo que se viene.</p>
<p>Va quedando evidenciado entonces que a la “restauración conservadora” sólo se la evita profundizando los procesos y no pareciéndose a ella. Se va vislumbrando con mayor nitidez, también, que para salvar a la especia humana de su autodestrucción habrá que convencerse de que, como dijo Chávez frente a miles de militantes argentinos en 2011, “no hay tercera vía, hay sólo dos caminos: capitalismo o socialismo&#8221;.</p>
<p><em>*Artículo publicado originalmente en la edición de noviembre de la Revista Sudestada</em></p>

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