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	<title>Felipe Polanía &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Thu, 31 May 2018 12:30:51 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Felipe Polanía &#8211; Marcha</title>
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		<title>Elecciones en Colombia: entre el deseo y la frustración</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 May 2018 03:03:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Polanía]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Petro]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
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					<description><![CDATA[Felipe Polanía responde los comentarios a su artículo “Bombas de humo en la izquierda colombiana”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-la-izquierda-colombiana-segunda-parte/">Felipe Polanía*</a></strong></p>
<p>Después de leer y escuchar varias opiniones y reacciones acerca del artículo “<a href="http://www.marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-izquierda-colombiana-mucha-ambicion-de-gobierno-poca-vocacion-de-pueblo/">Bombas de humo en la izquierda colombiana</a>”, quiero precisar algunos planteamientos antes de la primera ronda electoral del próximo domingo 27 de mayo.</p>
<p>Es cierto que después de más de 20 años en el exilio mi conocimiento de la situación actual en Colombia no esté atravesado por una praxis política en el país mismo en medio de las comunidades. Mi análisis se basa en los discursos de Gustavo Petro, en las entrevistas y los debates que se puedan ver en Internet y en algunos artículos de prensa. En ese sentido, es cierto que no tengo una perspectiva desde las movilizaciones que han acompañado la gira presidencial de Petro.</p>
<p>Algunas de los comentarios al artículo plantean que el análisis es incompleto, que no he revisado los textos a profundidad y solo he señalado algunos comentarios editorializados. Otras personas afirman que el discurso de Petro es popular y que lo que se escucha en los medios solo es un discurso electoral y mediático. Es cierto, desconozco el grado de imbricación de los movimientos sociales en la campaña de Petro. Es más, partiendo de comentarios de amigos y de las mismas reacciones al artículo anterior sospecho que muchos sectores políticos ven en la candidatura de Petro una posibilidad para el campo popular. Incluso hay quienes retomando la ya conocida forma mesiánica argumentan que tenemos derecho a la esperanza y a vivir esa esperanza. La primera conclusión: al parecer hay un movimiento popular que se está alzando en torno a las movilizaciones y el trabajo de campaña para Petro.</p>
<p>Una segunda conclusión que rastreo es mucho más subjetiva; tiene que ver con el estado de ánimo que leo en este debate y algo de los medios. Me da la sensación que Colombia es una náufraga que busca aferrarse a algo que flote. Después de más de un siglo de guerra cualquier sociedad comienza a agotar su capacidad de autoinventarse. No hablo de la realidad en las regiones y en las comunidades, sino del imaginario de la supuesta nación. La gente está harta de la represión, de la corrupción, de la desvergüenza, de la injusticia. Sin embargo, el hartazgo se queda encerrado en las ficciones de la nación, desde la democracia hasta los discursos de la colombianidad.</p>
<p>En el tráfico mediático de las redes sociales encuentro a menudo alusiones al sino trágico del magnicidio. Se tiende a meter en un mismo costal las muertes del general Rafael Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro e incluso Alvaro Gómez Hurtado. El mismo Petro hacía ilusión en su cierre de campaña al asesinato a hachazos contra el general Rafael Uribe. La composición de este martirologio se puede discutir, sin embargo, lo que quiero resaltar es la forma que toma el deseo de transformación y cambio. El decálogo de mártires pareciera anunciar el final trágico, como en el caso de Santiago Nasar. Las últimas denuncias sobre la posibilidad del fraude que se vienen realizando desde la campaña de Petro parecieran confirmar ese sino fatídico. Quién no sabe que el fraude electoral es inherente a la democracia en Colombia. Solo basta recordar a Gaitán cuando decía que el pueblo votaba hasta las cuatro de la tarde y que después votaba la Registraduría.</p>
<p>Estanislao Zuleta escribía en su Elogio a la Dificultad: “Puede decirse que nuestro problema no consiste sola ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal”. La campaña de Petro, en tanto aspiración institucional es a mi parecer, la forma de desear mal. El deseo mismo de cambiar la situación de desesperanza, el reino del engaño y de la injusticia, sale a las movilizaciones de la campaña, llena plazas, inunda las estadísticas y las redes sociales. Sin embargo, pareciera que ese deseo estuviera condenado a la frustración. Apostar por la vía electoral pareciera ser apostar por la frustración. El Estado es la frustración.</p>
<p>Petro ha llamado a la movilización popular para defender el pase a la segunda vuelta. En mi opinión si Petro llegara a la segunda vuelta se podría generar una tensión social y política que en un momento haría la situación incontrolable para la oligarquía. Despachar a Petro en la primera vuelta ahorraría una situación incómoda para las élites que controlan el país. El fraude puede legitimarse mejor en la primera vuelta. Lo que algunas personas desde Colombia me decían hace unas semanas como pronóstico atrevido, parece ser ahora vox populi: contra todos los pronósticos Vargas Lleras puede pasar a la segunda vuelta con el puntero de la narcopolítica Iván Duque.</p>
<p>El estilo y carácter de Petro son materia de debate público. Yo particularmente sigo viendo una personalidad megalómana, arrogante y narcisista, sin embargo, creo que la personalidad de Petro no es tanto el problema, como sí la vocación caudillista de mucha gente en Colombia. Por mi parte prefiero dejar el tema como excusa para leer “El miedo a la libertad”, de Erich Fromm. Sin embargo, de tantas cosas que dice Petro, el llamado a salir a las calles para denunciar el fraude electoral, por muy acertado pareciera ser un grito de ahogado. La gran expectativa de estas elecciones radica en que, de salir Vargas Lleras a la segunda vuelta, se confirmará que el sistema electoral esta corrupto. El problema es que muchas personas piensan que será así y el ahogado está ahí, en saber que la corrupción ganará. ¿Piensa entonces Petro convocar a una acción de desobediencia civil? De ser así podríamos estar frente a un desafío en la lucha política colombiana, pues en caso de que Petro deje de ser candidato al no pasar a la segunda vuelta, podría hacerse el dirigente de un movimiento, como diría él mismo, ciudadano, que exija en las plazas un cambio político.</p>
<p>La pregunta que de esto me surge es, ¿qué tanto puede aguantar Petro la presión? Un movimiento ciudadano como el que se puede desatar con los ánimos de la campaña será represaliado y por parte del país mediático y las élites permanentemente deslegitimado. Una cosa es una campaña electoral y otra cosa es ponerse al frente de un movimiento de desobediencia. Será entonces necesario establecer compromisos claros en un movimiento de ese tipo, y la voz cantante tendrá que ser colectiva y consensuada, ojalá menos primera persona del singular en los discursos de Petro.</p>
<p>Pero si el resultado de las elecciones del 27 no fuera arreglado por la corrupción, entonces se confirmaría la tendencia en las estadísticas y Petro pasaría a la segunda vuelta. En ese caso sería necesario que el movimiento social y ciudadano que respalda a Petro se estableciera como interlocutor directo de la campaña y hablara de sus deseos y de la forma de realizar esos deseos. Que el diálogo con los movimientos sociales y ciudadanos se haga más visible como parte actuante y que la campaña sea menos personalizada.</p>
<p>En uno o en otro caso pienso que, de ser como varias personas de Colombia me han dicho, y alrededor de la campaña de Petro se viene aglutinando el movimiento popular y de izquierda, entonces Petro tendrá que ceder parte del protagonismo a estos movimientos. Mientras tanto esperemos que el domingo en la noche Petro llame a la desobediencia civil y las plazas de las ciudades se llenen de campamentos ciudadanos. Amanecerá y veremos dijo el ciego.</p>
<p>&#8212;</p>
<p>*Felipe Polanía es educador artístico y exiliado colombiano en Suiza desde hace dos décadas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/elecciones-en-colombia-entre-el-deseo-y-la-frustracion/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Bombas de humo en la izquierda colombiana (segunda parte)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 May 2018 03:03:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia #Elecciones2018]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Polanía]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Petro]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
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					<description><![CDATA[La candidatura de Gustavo Petro plantea algunas contradicciones que merecen ser puestas sobre la mesa para una propuesta más amplia de país. Un artículo polémico para un debate necesario. (Segunda parte)]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="title"><strong>Por <a href="https://www.facebook.com/felipe.polania.1612" target="_blank" rel="nofollow noopener noreferrer">Felipe Polanía*</a></strong></div>
<div class="post">
<p class="western" align="justify"><em>Todas las candidaturas presidenciales arrojan luces y sombras, esperanzas y dudas. La del colombiano Gustavo Petro no es la excepción y el autor de este artículo plantea algunas de las contradicciones que merecen ser puestas sobre la mesa para una propuesta más amplia de país. Un artículo polémico para un debate necesario. (Segunda parte)</em></p>
<p class="western" align="justify"><a href="http://www.marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-izquierda-colombiana-mucha-ambicion-de-gobierno-poca-vocacion-de-pueblo/">Click para leer la primera parte</a></p>
</div>
<h3>La diferencia colonial y el castro-chavismo</h3>
<p>Probablemente, aconsejado por sus asesores de imagen y campaña, Petro parece haber determinado como primer objetivo en sus debates públicos deshacerse del mote de “castro-chavista”, pues eso supone la quiebra política de cualquier candidato. Entonces, ha desarrollado una estrategia argumentativa inversa: los “castro-chavistas” son Iván Duque y Germán Vargas Lleras (y también Uribe y Santos, y ahora Trump).</p>
<p>¿Cómo define el “castro-chavismo”? Como un modelo político dictatorial y una economía extractivista. Apartarse de ambos modelos lo constituirían en la alternativa. ¡Como si la democracia liberal fuera la única alternativa y la infraestructura petrolera venezolana hubiera sido construida en los últimos diez años!</p>
<p>En términos políticos, habla del Estado Social de Derecho, es decir, del liberalismo socialdemócrata. En términos económicos, habla del cambio estructural de la matriz productiva: de la economía extractiva minero-energética (fracking incluido) a la economía agroindustrial con biotecnología a bordo. En su esfuerzo por librarse del “castro-chavismo” termina aproximándose al proyecto de Al Gore. Eso no es una postura popular ni de izquierdas. En sus consideraciones se olvida que el Estado Social de Derecho europeo ha sido posible gracias a la expropiación y transferencia de recursos y riquezas del sur global al norte colonialista europeo y estadounidense.</p>
<p>Petro se mira en el espejo del colonizado, que le hace verse como un liberal socialdemócrata europeo, de esa izquierda parlamentaria que tampoco simpatiza con el azadón. Sus promesas de desarrollo productivo desde cooperativas agrarias y hasta hacer de Colombia el nuevo tigre suramericano de la economía mundial, se desvanecen si le aplicamos la diferencia colonial. Esto le impide a Petro ver que el cooperativismo agrícola canadiense o alemán sólo es posible por la regulación de los mercados internos, con parámetros propios que no se aplican en las relaciones comerciales con el sur global. El norte blanco, que saquea los recursos del resto del mundo, tiene uno de sus pilares económicos en la producción y venta de armas que alimentan las guerras y la represión en el Sur Global. Otro de sus pilares económicos es el secreto bancario y el paraíso fiscal que ocultan el dinero de tiranos y mafiosos, conseguidos por medio del genocidio de los pueblos del sur. El modelo capitalista mundial está diseñado para que el norte blanco se enriquezca con la miseria del sur.</p>
<p>¿En verdad cree Petro que va a cambiar el modelo extractivista, dejando sin el carbón del Cerrejón para la calefacción de Alemania, Holanda e Israel y que le va a parar el chorro de petróleo a las multinacionales sin que nada suceda? Acierta que el modelo extractivo destruye comunidades y territorios en el país, pero olvida que esto constituye uno de los pilares del empuje económico y político europeo, que además producen y controlan la producción de armas que alimentan las guerras en el sur Global, donde pertenece Colombia. Por otra parte, en el Congreso colombiano quienes gozan de mayorías son las derechas tradicional y paramilitar, y en los territorios nacionales son las fuerzas armadas quienes tienen el control, de quienes se sabe su estructura criminal.</p>
<p>Un nuevo modelo político-económico basado en la soberanía y la autodeterminación deberá enfrentarse al Orden mundial: cerrar el Cerrejón, modificar la matriz productiva minero-energética, expropiar las transnacionales y el latifundio, enfrentarse a la destrucción medioambiental y de los tejidos socio-comunitarios. Esto exige asumir un compromiso y obediencia a los movimientos sociales, las organizaciones populares y las comunidades organizadas, quienes, con las movilizaciones y sus agendas, enfrentan cotidianamente el modelo político-económico de la dictadura liberal del capitalismo globalizado. Desde hace muchas décadas, el campesinado colombiano y las comunidades ancestrales han construido formas de producción colectiva y comunitaria, verdaderos experimentos político-económicos que han sufrido los embates de la represión estatal y paramilitar: cosechas arrasadas, instalaciones quemadas, líderes y lideresas asesinadas. ¿Cómo se garantizarán la supervivencia de las personas y los proyectos?</p>
<p>Sin embargo, Petro no quiere ir más allá de la explicación crítica del “cambio climático”, muchas veces con una rapidez argumental que provoca pena ajena en aquellas personas que nos consideramos latinoamericanistas y soberanistas. En sus cálculos no se prevé el fortalecimiento de los tejidos comunitarios si no el fortalecimiento de la ley. La ley fabricada en un Congreso de derecha y defendida por las fuerzas armadas criminales. ¿Acaso el fetichismo leguleyo no nos ha llevado a la masacre y al despojo? Por eso, frente a la detención de Jesús Santrich, líder de las desmovilizadas FARC, Petro ha afirmado que, si la Fiscalía demuestra hechos delictivos, él, como presidente, no dudará en extraditarlo. Petro no es soberanista.</p>
<h3>La seguridad democrática reencauchada o el nuevo paradigma contrainsurgente</h3>
<p>En esta misma dirección, desarrolla un concepto de seguridad democrática que incluye la pedagogía ciudadana, lo cual no es ninguna novedad. Desde los tiempos de la Alianza para el Progreso se hablaba de las campañas cívico-militares, y terminaron desatando la barbarie militar y paramilitar, la guerra sucia y la guerra psicológica a lo largo del continente. ¿Se supone que Petro civilizará el concepto de seguridad con su pedagogía ciudadana?, ¿acaso los educadores y educadoras populares se volverán policías para proteger la propiedad?</p>
<p>El riesgo de la pedagogía ciudadana de la seguridad es su militarización. En su concepto de Seguridad Democrática Integral, la fuerza pública debe tener el control territorial. Pero, ¿no ha sido el deseo de ese control por parte de la fuerza pública el motor de los conflictos sociales y políticos en las regiones? ¿No es la presencia del ejército y la policía y su alianza con grupos paramilitares la que ha generado conflictos con las comunidades que quieren ejercer su derecho a la gestión y a la vida comunitaria? Es inevitable que mientras no haya una reforma integral de las fuerzas armadas que remueva sus cimientos, estas seguirán siendo las portadoras de la guerra contra las comunidades. Petro ve la pedagogía ciudadana como un asunto de acuerdos multitudinarios. La ciudadanía se entiende como un fenómeno masivo que enaltece mediáticamente los favores del sistema que representa, pero que, sin embargo, no representa la realidad de las comunidades.</p>
<p>El problema real es la doctrina de la seguridad nacional, que sigue intacta en Colombia desde las épocas de Marquetalia. Sin embargo, Petro que no piensa en tocar las estructuras de las fuerzas armadas ni su doctrina, ofrece llevar a las universidades a policías y soldados. En ese contexto sólo puedo ver dos cosas: una militarización disfrazada de las universidades y la promesa para la juventud colombiana, de que para estudiar tienen que volverse soldados y policías. Sospecho que el Estado policivo se hará más fuerte en Colombia.</p>
<p>En su discurso, Petro parece convencido del fin de la guerra y el tránsito a la democracia en Colombia. Así sigue el libreto de la paz establecido desde las esferas del poder, un libreto del que hace parte el premio Nobel de la paz para Santos y los estudios que afirman que Colombia es uno de los países más felices del mundo.</p>
<h3>El Estado Nación, la democracia y lo político</h3>
<p>La izquierda colombiana ha estrechado lentamente su horizonte utópico, al punto de reducirlo a la concepción que sólo se puede generar un cambio político por la vía electoral. La modernidad capitalista impuso el mandato del Estado-Nación y quienes no comparten la barbarie, el asesinato, la masacre y el genocidio como forma del ejercicio político, siguen viendo en ese Estado la posibilidad de una vida en paz. La modernidad capitalista ha colonizado fuertemente el pensamiento crítico colombiano y las organizaciones de izquierda, instaurando la noción eurocéntrica de democracia (liberal-burguesa) como centro de lo político y al estado como espacio natural de la disputa política. Entonces, la izquierda colombiana se ha adentrado lentamente en la ambición de gobierno mientras va perdiendo su contacto con la realidad de las comunidades. Esta ambición la mantiene dividida brincando alrededor de la cuota electoral, necesitando de las estadísticas para confirmar su existencia.</p>
<p>La idea del Estado liberal democrático, sin embargo, difiere en su condicionalidad histórica. Una cosa es el norte blanco colonialista y otra el mundo colonizado. La idea liberal europea del Estado transmuta en el colonialismo hacia la versión más rancia del Estado policivo. El Estado colombiano nunca ha perdido su alineamiento imperial con los Estado Unidos y Europa. Incluso, en décadas anteriores, cuando candidaturas progresistas con apoyo de la izquierda llegaron al gobierno en varios países latinoamericanos, en Colombia se consolidó un gobierno de la derecha reaccionaria, rancia y vomitiva. El Estado colombiano es un estado servicial al imperialismo y al capital internacional.</p>
<p>No creo que sea la participación electoral la que pueda remover algo al interior del Estado colombiano, sino el respaldo que desde los movimientos sociales pueda tener una candidatura. Por el momento las comunidades y movimientos sociales están siendo asesinadas, garroteadas, amenazadas, vilipendiadas por las fuerzas armadas y su contubernio con las bandas criminales paramilitares. Una candidatura popular estaría denunciando esa violencia y exigiría la reforma estructural de las fuerzas armadas. Mientras no se de esta reforma, los ejercicios político democráticos no podrán germinar en beneficio de las mayorías del país. El problema central de Colombia, es a mi parecer, la condición de propiedad que las castas dominantes de nuevos ricos y las oligarquías tradicionales ejercen sobre la estructura militar y represiva del Estado. El problema no consiste tanto en desarmar a las guerrillas, si no en desarmar a las clases dominantes y eso significa, desarmar al Estado.</p>
<p>Existen otras perspectivas de entender lo político, como nos lo muestran las experiencias del Kurdistán, el zapatismo mexicano y la minga indígena y campesina. En la región kurda de Rojava, en el norte de Siria, el movimiento de liberación kurdo aprovechó un momento en medio del conflicto sirio entre 2012 y 2013, para ocupar la institucionalidad abandonada. Entonces, estableció un sistema de gobierno, participación y autodefensa que involucraban y representaban a todas las comunidades e identidades étnicas, religiosas, sociales e igualmente se planteó la obligada representación paritaria de hombres y mujeres en los espacios de gobierno, participación y autodefensa. El lineamiento político-ideológico es el Confederalismo Democrático de Abdullah Öcalan, que reivindica la organización y autodeterminación comunitaria y desechan la idea de un Estado-Nación como ente regulador de lo político, pues éste reproduciría los mecanismos de opresión de los que queremos liberarnos.</p>
<p>Por su parte, en México, el movimiento zapatista lanzó una candidatura presidencial encabezada por una mujer indígena. Al zapatismo no le interesaba la presidencia, pues saben que en México las castas dominantes no van a dejar llegar un gobierno de interés popular, pero la campaña permitía movilizar el discurso, visibilizar unas prácticas concretas de las comunidades y generar situaciones de encuentro de comunidades para discutir lo político. La perspectiva era construir poder desde lo local, desde el ejercicio de autodeterminación, de reafirmación y autogestión.</p>
<p>Finalmente, la Minga Indígena y Campesina, como otra experiencia de construir lo político, también ha apuntado al protagonismo popular y al empoderamiento de “abajo hacia arriba”, con más vocación de poder (popular) que de Estado-Nación (liberal-burgués).</p>
<p>Mientras escuchaba algunas entrevistas, pensaba que Gustavo Petro vive en una burbuja, suponiendo que el Estado es un problema de hacer cuentas alegres. Tanto que habla del problema de los saberes debería mirar primero los saberes populares y ancestrales, y ponerlo en diálogo –en pie de igualdad–  con los universitarios. Escuchar a los indígenas que luchan contra el monocultivo, a las comunidades desplazadas por el Cerrejón o por los proyectos hidroeléctricos como “El Quimbo” en lugar de fantasear con la biotecnología y la inserción en el mercado internacional. Escuchar y aprender del pueblo es una manera de entender la política, que no está determinada por el valor de los votos. Se trata de construir poder comunal y popular, porque sin este no puede haber transformaciones estatales reales, se trata de fortalecer a las comunidades, de protegerlas de la violencia narco-paramilitar de las oligarquías colombianas y del Estado. Es necesario ir más allá de los lugares comunes y del mundo de las apariencias.</p>
<p>Salir de la prisión epistemológico-existencial de la modernidad eurocéntrica, del fetichismo de las mercancías y de las leyes. Ir “más allá” de recitar la mitología moderna, de hablar de economía clásica y presumir de biotecnología. Tenemos que alterar los pilares del poder de la casta bárbara que gobierna Colombia, afectar la esencia del Estado colombiano expresado en la Santísima Trinidad que el gobierno de Santos impuso para las negociaciones con las guerrillas: el modelo económico, la institucionalidad política y la doctrina militar. Afectar el fetichismo y la esencia contrainsurgente del Estado colombiano, sería la función de una candidatura de izquierda y popular y no aventar bombas de humo cubriendo la esencia de los problemas del país.<br />
El problema de la violencia en Colombia no es un problema que se resuelva con desarmar a las organizaciones guerrilleras. La guerra en Colombia va más allá del conflicto con las FARC y el ELN. Y cualquier análisis serio de la situación de violencia va a demostrar que hay una agresión violenta contra las comunidades por despojarlas de sus territorios, por la apropiación de sus tierras, del agua, de los bosques, de las montañas, de los barrios, de los cuerpos y las mentes. Una candidatura popular estaría enfrentando esta guerra contra las comunidades y no jugando al ninja con bombas de humo.</p>
<p>Mientras Petro y la izquierda no enfrenten estos problemas de frente, sin miedos, sin dogmatismos, pero sin ambigüedades, no habrá horizonte de cambio en el país. Mientras esto no ocurra, Petro seguirá pareciéndose cada vez más a un culebrero que quiere explicar el mundo hablando de cuarenta mil cosas al mismo tiempo, muchas de ellas sin coherencia lógica y valiéndose de argumentos semi-ilustrados y universalistas. Petro, me atrevo a decir, es un “bocón” que a final de cuentas puede ser más funcional al proyecto neoliberal burgués que al campo popular. Por su parte la izquierda colombiana oficial, que no el campo popular, sigue encerrada en su ambición de gobierno y su poca vocación de pueblo. Nada nuevo en el país del sagrado corazón.</p>
<p>&#8212;</p>
<p lang="de-DE" align="justify">*Felipe Polanía es educador artístico y exiliado colombiano en Suiza desde hace dos décadas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-la-izquierda-colombiana-segunda-parte/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Bombas de humo en izquierda colombiana. Mucha ambición de gobierno, poca vocación de pueblo (I)</title>
		<link>https://marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-izquierda-colombiana-mucha-ambicion-de-gobierno-poca-vocacion-de-pueblo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 May 2018 18:47:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia #Elecciones2018]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Polanía]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.marcha.org.ar/?p=39685</guid>

					<description><![CDATA[La candidatura presidencial de Petro en Colombia plantea algunas contradicciones que merecen ser puestas sobre la mesa. Un artículo polémico para un debate necesario.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" align="justify"><strong>Por <a href="https://www.facebook.com/felipe.polania.1612">Felipe Polanía*</a></strong></p>
<p class="western" align="justify"><em>Todas las candidaturas presidenciales arrojan luces y sombras, esperanzas y dudas. La del colombiano Gustavo Petro no es la excepción y el autor de este artículo plantea algunas de las contradicciones que merecen ser puestas sobre la mesa para una propuesta más amplia de país. Un artículo polémico para un debate necesario. (Primera parte)</em></p>
<p class="western" align="justify"><a href="http://www.marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-izquierda-colombiana-mucha-ambicion-de-gobierno-poca-vocacion-de-pueblo/">Haga click para leer la segunda parte</a></p>
<p align="justify">Después de veinte años de estricto exilio europeo, he vuelto a interesarme y seguir algunas discusiones políticas en Colombia. El punto de partida fue una certera frase que escuché en la película brasilera Tatoo (2013) del director Hilton Lacerda: “El símbolo de la democracia es el culo, porque todxs tenemos uno”.</p>
<p align="justify">Entonces, he pensado las elecciones presidenciales y en la democracia colombiana, donde se ha desatado una gran parafernalia en torno a la supuesta confrontación entre la ultra-derecha de Iván Duque y la ultra-izquierda de Gustavo Petro.</p>
<h3 align="justify">Uribe no es el sistema</h3>
<p align="justify">Se ha planteado que Iván Duque es sólo un títere de Álvaro Uribe Vélez, quien sería el que movería los hilos del poder y quien fácticamnete gobernaría si se concretara su triunfo. Incluso podría acudirse al psicoanálisis para ver sus intenciones cuando, luego de los resultados electorales de la consulta interna de la derecha, manifestara su felicitación a Duque por ser elegido “candidato a vice-presidente”.</p>
<p align="justify">El uribismo representa las ideas de la derecha ultramontana que ve al país como una gran finca controlada por gamonales que se valen de todo lo que tienen a su alcance para mantener el poder, desde la vulgar amenaza hasta la masacre. Se trataría, según parece en el debate mediático actual, de la encarnación del mal, aparentemente una excepcionalidad histórica con atributos o condiciones particulares.</p>
<p align="justify">Sin embargo, creer tal entuerto deja por fuera un análisis de clase, pues olvida que el uribismo representa sólo un factor de poder de las oligarquías y, por tanto, su destino no está ligado al boicot o desarrollo de la democratización del país. Baste señalar las relaciones “carnales” establecidas entre Uribe Vélez y los liberales Humberto De La Calle y Germán Vargas Lleras. El primero, le asesoró la reforma constitucional que favoreció su primera reelección, y el segundo, ofició como senador defensor de la “Política de Seguridad Democrática” de Uribe en las filas del partido Cambio Radical.</p>
<p align="justify">Es decir que, aunque para los intereses de la recalcitrante derecha mundial encabezada por Donald Trump, el uribismo sea funcional en la promoción del odio contra cualquier política de soberanía y autodeterminación latinoamericana –sea la Venezuela bolivariana o la Cuba socialista–, no puede perderse de vista que sólo representa una ficha en el ajedrez de la geopolítica imperial y, cuando resulte inútil, terminará desechado, como el nicaragüense Anastasio Somoza, el panameño Manuel Antonio Noriega, el chileno Augusto Pinochet o el peruano Alberto Fujimori. Así, su destino puede oscilar entre la limitación a su movilidad internacional, el encarcelamiento o la colaboración con los norteamericanos. Incluso, puede terminar como Álvaro Gómez Hurtado: de jeta contra el pavimento de su propia nación narco-terrorista-paramilitar.</p>
<p align="justify">La violencia recia y cruda que pueda representar el uribismo no es una excepción en la historia colombiana. Las oligarquías colombianas se han constituido históricamente en clase dominante acudiendo a los mismos métodos de Uribe que hoy parecen escandalizarnos: la difamación, el silencio obligado, la cárcel, el desplazamiento forzado y el exilio, la garrotera, la gritadera y los llantos desesperados, la puñalada a traición, el asesinato político, la desaparición forzada, los cortes “franela” y “corbata”, los desmembramientos, la tortura y la violencia sexual.</p>
<p align="justify">Desde la Guerra de los Mil Días (1899-1902) y la separación de Panamá (1903), pasando por la masacre de las bananeras (1928), la época de La Violencia (1948-1953), y la represión iniciada en la década de 1960 hasta el paramilitarismo y la reingeniería paramilitar con sus “casas de pique” y sus “falsos positivos” de las últimas cuatro décadas, las oligarquías han consolidado un estado moderno contrainsurgente, una máquina de muerte, que permite el control político territorial y gubernamental en las regiones y en el centro, y el desarrollo de un modelo económico de expropiación y usufructo de las tierras, la preservación de la propiedad, la profundización de impunidad y corrupción y el modelo de desigualdad. La violencia contra la población pobre es constitutiva del Estado colombiano.</p>
<p align="justify">El antagonista del pueblo colombiano, de la gente trabajadora y empobrecida, de las comunidades negras e indígenas, de las mujeres y las comunidades LGTBI es el Estado mismo construido por las clases oligárquicas. Este modelo, servil al capitalismo internacional europeo-norteamericano, puede ser definido como “orangutanes con sacoleva”, como decía Darío Echandía, o “democracia genocida” como lo llama el Padre Javier Giraldo. Cualquier persona que intente modificar las reglas de juego, por regla general termina asesinada o exiliada.</p>
<h3 align="justify">Petro no es de izquierdas</h3>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-AR">Entre 1989 y 1992, cuando el M-19 negoció la paz y la constituyente, yo estudiaba en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá. En ese entonces se había establecido el reino del dogma del anti-dogma, que llamábamos la “dictadura de la negociación”: quien no apoyaba el paradigma del final de la lucha armada era un dinosaurio anclado en la época de la guerra fría y el bloque soviético. La caída del bloque socialista y del muro de Berlín evidenciaba el final del comunismo y </span><span lang="es-ES">argumentar desde el análisis de clase y la alternativa del socialismo se convirtió en prueba irrefutable de un “dinosaurismo” político agudo.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-AR">Se decía que era un tiempo de renovación (y “fin de la historia”, según Fukuyama) y el desarme del M-19 vino a fortalecer ese dogma. Hubo actitudes hostiles de quienes proclamaban los nuevos tiempos, como la vez que Carlos Pizarro, otrora comandante guerrillero, se enfrentó en la “Plaza Che” de la Universidad Nacional, piedra en mano, con estudiantes que habían salido a protestar contra su visita en la calle 26. En aquella ocasión, escoltas del M-19 desenfundaron sus armas y hubo disparos. De ese nuevo furor, supuestamente antidogmático, surgió también una figura política como Angelino Garzón (ex-vicepresidente de Juan Manuel Santos y adherente a la campaña de Iván Duque).</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-AR">Sin embargo, aunque esa época se mostrara arrogante, en el M-19 hubo siempre un entendimiento del antagonismo de clase que se recogía en torno a las figuras y ejemplos de Jaime Bateman Cayón, el “turco” Álvaro Fayad, Gustavo Arias Londoño (“Boris”), Carmenza Cardona Londoño (“La chiqui”), Iván Marino Ospina, Carlos Toledo Plata o Afranio Parra. A excepción de “La chiqui” todos murieron delatados. No pocas veces se escuchó, tras bambalinas, de una supuesta infiltración estratégica en el M-19 que desarmó la perspectiva radical antes de las negociaciones con el entonces presidente Virgilio Barco y que, probablemente, hubiese terminado con el asesinato de Carlos Pizarro. Valga la pena recordar una persona del M-19 que salió sin un rasguño de esa época: Everth Bustamante.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-AR">Gustavo Petro viene tratando de salirse de cualquier referencia que permita ubicarlo en la “izquierda” y para ello, en nombre del M-19 y como su heredero, ha desplegado una operación de reingeniería de la memoria colectiva y de la historia del </span><em><span lang="es-AR">eme</span></em><span lang="es-AR"> que niega el discurso radical de clase que en un momento representó esa organización, adjudicándole un rol liberal-demócrata cuyo mayor logro y ambición fue la constitución de 1991. </span></p>
<h3>El proyecto de Petro</h3>
<p lang="es-ES" align="justify">Creo que el entusiasmo desatado por Petro radica fundamentalmente en ser una voz que acusa públicamente al uribismo. La gente valora que haya alguien que levante el dedo acusador contra la dictadura del terror, la mordaza y el asesinato. Otras personas, promueven la campaña con la convicción que, al final, se demostrará una vez más el carácter excluyente y corrupto del Estado colombiano; quizás el fraude electoral o el magnicidio político podrían llevar a un levantamiento popular.</p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">He pensado, ¿qué pasaría en Colombia si ganara Gustavo Petro? Considero que el proyecto político de Petro no es de transformación social en beneficio de las mayorías populares, sino un proyecto liberal-populista que ve en las leyes del capitalismo la verdad suprema a seguir. En medio de la maquinaria del llamado “Posconflicto”, una presidencia de Petro puede contribuir a sellar la derrota estratégica del proyecto revolucionario colombiano. Un presidente supuestamente de izquierda, pero liberal y capitalista, desarrollista, que reforzaría el show del posconflicto al señalar que en Colombia ya no hay conflicto armado sino “facciones armadas que negocian con drogas” y advierte al Ejército de Liberación Nacional (ELN) que lo combatirá como una banda narcotraficante si no se desarma por su cuenta. Un presidente supuestamente de izquierdas que mantendrá intactas a las fuerzas armadas y ayudará a seguir despojando a las comunidades campesinas e indígenas de sus territorios.</span></p>
<h3 lang="es-ES" align="justify">¿La tierra para quien la trabaja?</h3>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Petro asegura que su interés es utilizar las tierras incautadas al narcotráfico, los terrenos baldíos y las haciendas improductivas para producir tanta comida que, incluso, Colombia se insertará en el mercado mundial como potencia agrícola. Quiero referirme a tres problemas: el de la propiedad, el de la producción y el de la biotecnología.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">En mi memoria retumban las ideas escuchadas en torno a la reforma agraria y la posesión de las tierras. Todas las historiografías respetadas ven en el problema agrario uno de los orígenes centrales del conflicto armado colombiano. Petro parece obviar la centralidad del problema del latifundio y la propiedad de la tierra, y los métodos violentos desatados para afianzarlos. En cambio, como si fuera un estudiante de primer semestre de la Universidad Externado de Colombia, pretende resolver la cuestión haciendo cuentas matemáticas entre hectáreas productivas, empleos generados y producción estimada. Aunque sus cuentas sean correctas, no creo que el problema de la tierra en Colombia se resuelva haciendo números imaginarios y creando locales comerciales que vendan mazorcas, panela o aguacates.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Un proceso para democratizar la producción agraria, que no de la tierra, como plantea Petro, puede contar de antemano con la violencia política de los gamonales y con la corrupción estatal como elementos constitutivos del proceso. No bastan las cuentas de trabajos generados por hectárea de tierra.</span></p>
<p lang="es-ES" align="justify">Por otra parte, dice que subirá los impuestos a los latifundios improductivos, lo que obligará a sus propietarios a dos posibilidades: poner a producir las tierras o sufrir la devaluación y venderlas al Estado. Cualquiera de las dos me parece bastante improbable en el país del Sagrado Corazón. ¿Será que los gamonales llamarán a los millones de campesinos y campesinas que expropiaron y desplazaron con la violencia a trabajar y producir en condiciones de dignidad en las tierras que antes les pertenecían?</p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Finalmente, ha afirmado que el problema de “la producción de comida no es de azadón sino de biotecnología”. ¿Qué quiere decir por biotecnología y cómo la vincula con la inserción (vía exportación) en el mercado mundial sin afectarla propiedad privada? En esta constelación, ¿quiénes tienen las mayores posibilidades de beneficiarse de esta política? </span><span lang="es-ES">Suponer que el problema de la tierra en Colombia es la industrialización, la producción de valor agregado y la inserción en el mercado internacional y no el azadón, es la ilusión del progreso capitalista y no es una postura nueva ni de interés popular. </span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Las fantasías de Petro son radicalmente opuestas a la postura agraria de las comunidades afrodescendientes e indígenas y sus luchas por la liberación de la Madre Tierra, que subordina la política agraria a la política comunitaria y territorial. Para ellas el problema es el monocultivo y el gran latifundio, y el territorio es el centro de la historia, de la memoria, de la identidad y de la vida comunitaria. Mientras que, para Petro, el problema es la producción industrial agrícola, igual si monocultivo, igual si latifundio. La Tierra es simplemente un bien productivo. </span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Un elemento interesante en su política pretende ser un giro de tuerca: las llamadas cooperativas agrarias. Supone que </span><span lang="es-ES">e</span><span lang="es-ES">stas van a generar empresarios por todo el país, y que hasta el perro y el gato montarán su mercado y la riqueza va a florecer en las manos del campesinado. Con esta política cada habitante del campo será un granjero gringo, promete Petro. La promesa del milagro liberal chauvinista fue más o menos lo que Trump prometió a sus granjeros en su campaña electoral. </span><em><span lang="es-ES">Make Colombia great again, vote for Petro</span><span lang="es-ES">.</span></em></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Desde hace mucho tiempo, en Cuba existe la política de cooperativas agrarias. En Venezuela también existe una política agraria que preveía un cambio gradual en la economía: del extractivismo dependiente del petróleo hacia la producción soberana de alimentos, tal como Petro promete que hará en Colombia.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Sin embargo, ni el agro cubano y ni el venezolano se volvieron una “mina de oro” de la economía mundial (como promete Petro que hará con Colombia) a causa de las agresiones económicas sufridas por parte del capitalismo internacional. La inserción en la economía capitalista mundial no se determina simplemente por el cálculo de bizcochos de achira que se puedan vender a miles de millones de personas en China, como prometía algún apóstol del neoliberalismo en los años 1995 y 1996 en Neiva. La inserción en la economía mundial de mercado neoliberal es una promesa vieja de la burguesía neoliberal. El rol de la tierra es definido por las instituciones y organismos multinacionales que rigen las reglas de la economía de mercado. Venezuela, por ejemplo, es importante para el mercado mundial por el petróleo y no por la venta de hallacas o arepas.</span></p>
<p lang="de-DE" align="justify"><span lang="es-ES">Contradecir esta jerarquía significa enfrentar una dinámica de agresiones del capitalismo internacional. Aunque a Petro no le guste, gran parte de la responsabilidad de la crisis económica que han vivido Cuba y Venezuela responde a la decisión política de favorecer los intereses de la gente trabajadora y empobrecida por encima de los intereses del capitalismo global. </span></p>
<p lang="de-DE" align="justify">&#8212;</p>
<p lang="de-DE" align="justify">*Felipe Polanía es educador artístico y exiliado colombiano en Suiza desde hace dos décadas.</p>

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