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	<title>Eduardo Galeano &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Mon, 26 Oct 2020 03:04:24 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Eduardo Galeano &#8211; Marcha</title>
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		<title>Gallina ciega: Relato sobre la violencia política en Guatemala</title>
		<link>https://marcha.org.ar/gallina-ciega-violencia-politica-guatemala/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Oct 2020 03:01:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Barrios Carrillo]]></category>
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		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[Un joven Eduardo Galeano entrevista a un represor guatemalteco para el que sería su primer libro. En la entrevista nota su nerviosismo. Un relato sobre la violencia política en Guatemala, sobre desapariciones, algo que años antes, en su libro El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias retrataría, quizás como premonición o como relato de una época. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Un joven Eduardo Galeano entrevista a un represor guatemalteco para el que sería su primer libro. En la entrevista nota su nerviosismo. Un relato sobre la violencia política en Guatemala, sobre desapariciones, algo que años antes, en su libro El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias retrataría, quizás como premonición o como relato de una época. </em></p>
<p><strong>Por Jaime Barrios Carrillo; Foto/Museo Rabinal</strong></p>
<p>Alguna vez entre abril y mayo de 1967, el exmilitar Ruano Pinzón se reunió en la ciudad de Guatemala con un joven periodista uruguayo llamado Eduardo Galeano para una entrevista realizada en condiciones secretas y dramáticas. Ruano Pinzón había desertado del Ejército y era de los hombres más buscados en el país. ¿Por qué?</p>
<p>Ruano Pinzón huía para no correr la suerte de sus excompañeros, los soldados Carlos Leonardo, Lisandro Chacón y Elías Dubón. Galeano publicaría ese año uno de sus primeros libros de reportajes: Guatemala país ocupado e incluyó la entrevista. La volvió a retomar en Días y noches de amor y de guerra. De los compañeros de armas de Ruano Pinzón consigna lo siguiente:</p>
<p>“Uno había amanecido con un puñal en el pecho en una cama de la pensión La Posada. Otro recibió un tiro en la espalda, en una cantina de Zacapa, y al otro lo habían acribillado en un bar de atrás de la estación central”.</p>
<p>Ruano Pinzón sabía por qué habían matado a sus compañeros y no quería correr la misma suerte. Galeano lo percibió desesperado: “los nervios le hacían bailar los ojos”. Ruano Pinzón sabía que era el Ejército de Guatemala el responsable de los homicidios. Galeano transcribió el testimonio que le dio aquel desertor fugitivo luchando por conservar la vida:</p>
<p>“Éramos cuatro los inferiores que andábamos con los oficiales, como pistoleros, aquella noche; andábamos con el tercer jefe, el Coronel Máximo Zepeda. Yo estaba de guardia en la puerta cuando llegó una camionetilla Ford, la placa no la vi, modelo 58, color verde. Parece que eran los últimos presos que traían. Yo le pregunté a un policía que estaba parado y me dijo: No sé; adentro hay muchos más. Estaban en el almacén de guerra. Cuando quise entrar, encontré a los oficiales y me dijeron que me fuera. El Coronel Zepeda me miró entonces y me dijo: mirá, hay que dormir en el cuarto de emergencia, pues parece que vamos a salir de noche. A mí y a mis tres compañeros de tropa nos dijo eso”.</p>
<p>El 2 de marzo de 1966, un día antes de las elecciones en que triunfaría el candidato de la oposición Julio Méndez Montenegro, el Ejército ejecutó la “Operación Limpieza” que dio como resultado la captura de 35 dirigentes del Partido Comunista PGT y de las guerrillas de las FAR y el MR-13 de Noviembre. El gobierno militar encabezado por Enrique Peralta Azurdia dio el visto bueno para dar muerte a los capturados. Se coordinaron con gran eficacia las fuerzas policiales con otras de aire y tierra del Ejército para tirar los cuerpos al océano Pacífico. Y transportar los cuerpos, metidos en bolsas de plástico, del cuartel de Matamoros a la base aérea de La Aurora fue la tarea que el coronel Zepeda dio a Ruano Pinzón y compañeros.</p>
<p>Ruano Pinzón se lo contó a Eduardo Galeano con detalles, vio como la sangre de los cadáveres escurría de las bolsas. También había visto llegar vivos a los capturados al cuartel aunque “reventados por los golpes”, y al mismo ministro de la Defensa, coronel Rafael Arriaga Bosque, comandando la operación con el jefe de la Policía coronel Máximo Zepeda. Los mandos contrainsurgentes del Ejército no querían dejar huellas ni pistas que pudieran implicarlos en la masacre de aquellos ciudadanos comunistas y otros alzados. Un crimen perfecto. No tuvieron juicio ni posibilidad de defensa y ni siquiera se admitió que habían sido capturados, ni mucho menos torturados y asesinados por el Ejército. Había nacido uno de los más macabros e inhumanos métodos represivos de la historia, aplicado después de una ejecución extrajudicial: la desaparición forzada.</p>
<p>Años después, en la década de los setenta, el coronel Máximo Zepeda sería premiado por el gobierno del coronel Carlos Arana Osorio enviándolo como agregado militar a España. En Madrid Zepeda se encontró con José López Rega, expolicía argentino cercano a Perón y a la esposa de este Isabel Martínez. Zepeda le daría a conocer los exitosos métodos de represión de comunistas en Guatemala que incluían los desaparecidos.</p>
<p>López Rega organizó poco después, ya como ministro en el gabinete de los Perón, la llamada Triple A Argentina, escuadrón de la muerte dedicado a liquidar marxistas. También brindó Zepeda inspiración para las operaciones contrainsurgentes más allá de las fronteras; así se había liquidado a comunistas, guerrilleros y otros opositores guatemaltecos, con la colaboración de los servicios de inteligencia y los ejércitos de países cercanos como México, El Salvador, Honduras, Nicaragua y desde luego la CIA y militares norteamericanos. Como afirma Eduardo Galeano, Guatemala fue el primer laboratorio latinoamericano de la guerra sucia donde se aplicó la desaparición forzada. En el cono sur las dictaduras militares desarrollarían, siguiendo este esquema, el llamado Plan Cóndor.</p>
<p>45 mil personas desaparecidas en Guatemala durante el conflicto armado resultan demasiadas. Las familias afectadas las siguen buscando. Quieren una explicación, una respuesta concreta a sus dudas e incertidumbres. La desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad, es decir no prescribe en el tiempo. Es por lo tanto injustificable. Los desaparecidos de marzo de 1966 cuyos cuerpos Ruano Pinzón y compañeros transportaron del cuartel de Matamoros a los aviones militares fue el primer caso de desaparición masiva en el continente.</p>
<p>Pero 20 años antes Miguel Ángel Asturias había presentado en su magistral novela El Señor Presidente el primer caso en la literatura. La desaparición del personaje Miguel Cara de Ángel es una premonición. En el penúltimo capítulo Gallina ciega la protagonista Camila Canales sufre una gran angustia por la desaparición de su esposo Cara de Ángel, secuestrado y luego asesinado y desaparecido por el mayor Farfán, un militar al que Cara de Ángel había salvado la vida pero que por conveniencia con la dictadura vilmente lo traiciona. Las horas pasan, las semanas y los meses pasan y Cara de Ángel no aparece. El episodio resalta el malestar de Camila, “se sentía un poco cachivache, un poco tinaja, un poco basura”, es decir el gran sufrimiento del familiar de un desaparecido. Embarazada deja la ciudad para siempre y su hijo Miguel nace en el campo. Es el viaje a las raíces campesinas, la vuelta a la naturaleza proclamada por Rousseau. Y el hijo de la pareja se llamará Miguel como el autor. Asturias retrata la fuerza transformadora del amor que logra humanizar a Cara de Ángel.</p>
<p>¿Por qué escogió Asturias Gallina ciega como título del capítulo que sintetiza su famosa novela? Es un juego infantil de origen español, Goya lo ilustró en una de sus obras. Consiste en vendar los ojos a un participante y después de darle vueltas se le exhorta a que busque y toque al resto del grupo. Todos lo esquivan y se goza con la situación. El vendado es un ciego temporal que estirando los brazos busca en la tiniebla. Asturias ha creado una impactante metáfora y usamos sus palabras para asegurar que pese a que los tiren al mar “los cadáveres flotan”. No debe volver a pasar. Nunca más.</p>
<p>Summa summarum: López Rega fue condenado a cadena perpetua por desaparición forzada. Los coroneles Arriaga Bosque y Zepeda, ya retirados, fueron acribillados por comandos del partido comunista PGT. Galeano llegó a ser una cúspide del periodismo. Méndez Montenegro terminó como un títere de los militares, y alcohólico. Asturias recibió el Premio Nobel en 1967, año en que Galeano estuvo en Guatemala. Ahora la RAE en Madrid reedita El Señor Presidente dentro de la colección de grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos. De acuerdo al diccionario de la misma RAE la palabra “arana” significa embuste, trampa o estafa. Arana Osorio cumplía con el significado de su apellido. En 1996 el presidente Clinton desclasificó archivos de la CIA que confirman la intervención en 1954 y los métodos estatales de desaparición. Ese año se firmó la paz. El coronel Peralta Azurdia durante su mandato retornó los restos del dictador Ubico al país. Fue una de sus obras. Falleció olvidado en Miami, un mes después de la firma de los acuerdos. ¿Qué habrá sido de Ruano Pinzón?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Originalmente publicado en <a href="https://elperiodico.com.gt/domingo/2020/10/11/gallina-ciega/">El Periódico Guatemala</a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/gallina-ciega-violencia-politica-guatemala/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Reseña de &#8220;Las derrotas del silencio&#8221;, de Román Cortázar</title>
		<link>https://marcha.org.ar/resena-de-las-derrotas-del-silencio-de-roman-cortazar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[César Saravia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jul 2020 03:00:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[César Saravia]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía latinoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>
		<category><![CDATA[Román Cortázar Aranda]]></category>
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					<description><![CDATA[Reseña de Las derrotas del silencio, el segundo libro publicado por el autor mexicano Román Cortázar, y el primero de poesía, editado por Vaso Roto (2019).  El libro es un recorrido por los silencios que se esconden tras las ausencias y añoranzas, de instantes que se habitan para siempre.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Reseña de <em>Las derrotas del silencio, el segundo libro publicado por el autor mexicano Román Cortázar, y el primero de poesía, editado por Vaso Roto (2019).&nbsp; El libro es un recorrido por los silencios que se esconden tras las ausencias y añoranzas, de instantes que se habitan para siempre.</em></p>



<p><strong>Por César Saravia</strong> / <strong>Foto: Éclaircies de </strong><a href="https://www.instagram.com/noemieboullier/?hl=es-la">Noemie Boullier</a></p>



<p>Reseñar poesía nunca es una tarea que me resulte sencilla. Y es que hay tantos sentidos posibles que pueden esconderse detrás de un poema, que siempre queda la sensación de que no se le está haciendo justicia. El libro de Román Cortázar, mexicano de nacimiento, pero con el espíritu de “una pulga de circo”, como el propio autor describe, llegó a mí en un momento en que la poesía estaba alejada de mis lecturas. Pero ésta, se sabe, siempre se las arregla para aparecer y quizás sea ahí el punto desde donde deban partir mis comentarios sobre “las derrotas del silencio”.</p>



<p>Y es que el libro es el resultado de una búsqueda en que el tiempo transita entre la poesía y el silencio. En que las palabras se expresan, a veces como silencio, a veces como poema, y en ocasiones, van de la mano.</p>


<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>&#8220;no solamente eres</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>muchacha</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>tus besos</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>esparciéndose en mis venas</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>o el oro de tus muslos</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>que ansían mis muslos</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>eres la rosa disidente</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>la fragancia fugitiva</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>la siempre pura</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>y el silencio de los pájaros</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt;"><em>te está nombrando&#8221;</em></span></p>
</blockquote>


<p>Algunas ciudades nos marcan para siempre y es como si nunca dejáramos de habitarlas. Es el caso de Montevideo en la obra de Román, a la cual nos traslada como quien toma un poco de arena de una playa y la lleva consigo a todos lados. Lo unen a esta ciudad dos de sus referentes, Tomás Segovia y Eduardo Galeano, cuya amistad será clave en el nacimiento de este libro.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default">
<p><span style="font-size: 12pt;"><em><em>&nbsp;“A veces, Tomás, sonríes, me ves ver fuentes que conoces. A veces, por mis tristezas despiertas se asoman tus tristezas galopando dormidas en Montevideo. Aquí me encontré contigo, bajo estas nubes de mármol, junto al río Uruguay, fumando en el silencio sonámbulo.”</em></em></span></p>
</blockquote>



<p>Los silencios son para el autor no la soledad, sino el lugar donde se encuentra con la gente que se queda para siempre, un amor, una amistad o el sueño de una revolución. En cuatro poemas que recorren, como un año, las cuatro estaciones, Román dibuja su amistad con Galeano, nos relata un Eduardo cercano, y la ausencia como el silencio más duro.</p>



<blockquote class="wp-block-quote">
<p><span style="font-size: 12pt;"><em>“me fui a Uruguay / con el alma por una sombra arrastrada / por melancolía / por las tardes tristísimas del tango / o del amor / interminable mar / tantas cosas te dije / pero lo cierto en verdad / es que quién sabe por qué me busco en Galeano todavía / ahora se dice que no has muerto / como el Che Zapata / como Sandino / ¿pero qué es este gran silencio / Eduardo? / mejor dicho / ¿dónde a qué hora nos veremos? / ¿Montevideo? / ¿Malvín a las 6 de la tarde el Brasilero? / ¿en el miedo ante la página en blanco / en las palabras mejores que el silencio? “</em></span></p>
</blockquote>



<p>El libro transita distintos estilos, lenguajes, en algunos momentos Román apela a un poema corto donde “canta la justa”, y en otros transita la prosa poética. Por ejemplo, en el poema “la plata quemada”, dibuja una escena que recuerda quizás a “Chau Papa” de Juan Damonte, y en donde el relato se vuelve sorpresivo hasta para el propio narrador. <em>“El narrador, que no atina qué decir, nos dice que Dorda pone su oreja en los labios del Nene. Nadie sabe lo que éste le dijo. Seguramente fueron palabras de amor.”</em></p>



<p>Al hablar de su libro, Román cita a Eduardo Galeano, <em>“uno escribe para evitar que las personas y las cosas que ha amado se le escapen, se le mueran en las manos, se olviden”.</em> De ahí que el libro sea lo más parecido a un álbum de fotografías en donde las temporalidades no son lineales, sino que se configuran como nuevas formas de ver pasar el tiempo. Quizás ese transitar entre el silencio y la palabra, sea lo más parecido a ese tránsito entre el sueño y el despertar. &nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote">
<p><span style="font-size: 12pt;"><em>viaja conmigo / como una palabra roja / calzándose el aire / pregúntame por los secretos del poema / y aparécete / quiero unir la voz y el eco / quemarme en tu mirar de agua</em></span></p>
</blockquote>



<p>Derrotar al silencio puede venir también de la mano del amor y las pasiones que nos desbordan. El autor habla de éstas con la intensidad de un Rimbaud, consciente de que hay que vivirlas como si no hubiera mañana.</p>



<blockquote class="wp-block-quote">
<p><span style="font-size: 12pt;"><em>aquella tarde inventé tu rostro / cayéndose en mis ojos / te besé sin probar tus labios / y mi corazón supo tu nombre / más aún te amé / tu inacabable cuerpo que amé como la flor al rocío / aunque eras bellísima sombra todavía / así que una vez en ti / como si ya no fuera a haber mañana / debí decir te amo</em></span></p>
</blockquote>



<p>¿Qué mejor forma de derrotar al silencio que la memoria? Cuando las voces que intentaron transformar su tiempo buscan ser silenciadas, ya sea por la violencia del Estado, ya sea por la violencia de la narrativa oficial que busca borrarles de los libros, traerlos es de alguna manera derrotar el olvido. Este olvido no es solo ya un silencio individual, sino uno colectivo al que intentan someternos, pero que siempre termina rompiéndose con un grito  también colectivo, y que suena como a revolución. De ahí que no pueda faltar Rodolfo Walsh, en esa memoria.</p>



<blockquote class="wp-block-quote">
<p><span style="font-size: 12pt;"><em>Rodolfo se iba por el río / por donde pasará la Revolución susurrando su fuego / por eso querían cortarle las manos / como al Che / dejar a los pájaros sin ramas / y es inútil y no sé por qué carajo / «da un poco de vergüenza estar aquí sentado frente a la máquina de escribir» / pero volviendo al después de todo / Rodolfo no se marchó porque el mar no se marcha / porque siguen esperando hasta cuándo los barrios / volar con sus raíces / así que otra vez / otra vez me pregunto / si la revolución puede ser / agua que restaña las piedras / con gotitas de fracasos con humedad hembra /</em></span></p>
</blockquote>



<p>Este diálogo que Román mantiene con el pasado y el presente, con personajes que dejaron su huella en la literatura latinoamericana, pero también en el imaginario de las militancias sociales, permiten ver a un autor que entiende a la escritura como algo que no ocurre en soledad. Así, la poesía es en esta obra concebida como una construcción colectiva y comunitaria. &nbsp;</p>



<p>Quedará pendiente que, fin de la pandemia por medio, podamos comentar el libro con Román, quizás en estos lares del conosur, o de vuelta en tierras mesoamericanas. Nunca se sabe, así andamos las pulgas de circo, sin muchas certezas, pero siempre inquietas.  &nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p>Un silencio quiere ser nombre / riega en el comienzo el recomienzo / el fondo de todo como un dios / convertido en ceniza / ocupando mis pensamientos como sillas vacías / acude lleno de viento tapándome los ojos / y pelea oscuro / y estalla en la tarde como el encuentro en la espera. / El destino atraca en sus orígenes / hechos de desembarcos</p></blockquote>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/07/image-1-694x1024.png" alt="" class="wp-image-50618" width="353" height="519"/></figure></div>



<p><strong>Leer además </strong></p>



<p><a href="https://www.marcha.org.ar/operativo-mataderos-la-nueva-novela-negra-de-demian-konfino/"></a><a href="https://www.marcha.org.ar/operativo-mataderos-la-nueva-novela-negra-de-demian-konfino/">Operativo Mataderos: La nueva novela negra de Demian Konfino</a></p>



<p><a href="https://www.marcha.org.ar/resena-venezuela-vortice-de-la-guerra-del-siglo-xxi/">Reseña: Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI</a></p>
<p> </p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/resena-de-las-derrotas-del-silencio-de-roman-cortazar/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>&#8220;La memoria es una especie en vías de extinción&#8221;</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-memoria-es-una-especie-en-vias-de-extincion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2020 21:49:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Latinoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Primera parte de la entrevista realizada a Eduardo Galeano en noviembre de 2012, en Montevideo. Se trata una de las últimas largas entrevistas que dio antes de su fallecimiento, el 13 de abril de 2015, hace cinco años atrás. Por Nadia Fink / Fotos de Mariana Berger Para conversar con Eduardo Galeano hay que encontrarse [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Primera parte de la entrevista realizada a Eduardo Galeano en noviembre de 2012, en Montevideo. Se trata una de las últimas largas entrevistas que dio antes de su fallecimiento, el 13 de abril de 2015, hace cinco años atrás.</em></p>



<p><em><strong>P</strong></em><strong><em>or</em> <em>Nadia Fink / Fotos de Mariana Berger</em></strong></p>



<p>Para conversar con Eduardo Galeano hay que encontrarse en el Café Brasilero, en la ciudad vieja de Montevideo. Y ese lugar no es una elección casual. Para este escritor que no vive en el pasado pero sí que añora la época de los cafés &#8220;donde había tiempo para perder el tiempo&#8221;, ese es el sitio elegido en el cual dejarse llevar durante horas en una charla distendida.</p>



<p>La excusa de esta nueva entrevista, realizada a fines de noviembre de 2012, es conversar sobre su último libro, <em>Los hijos de los días</em>; un mosaico de la Historia con mayúsculas, en el que, a modo de calendario, cada día cuenta una historia, con las palabras mínimas a las que ya nos tiene acostumbrados Galeano desde hace años. Fechas inoxidables, personajes que perduran -de los buenos y de los malos-, episodios que cambiaron el mundo para siempre, injusticias de todos los colores, batallas perdidas, pequeños triunfos, grandes esperanzas; todo va y viene en la línea del tiempo y reconstruye lo que somos y lo que hicieron de nosotros.</p>



<p>Por eso Eduardo llega con una ejemplar del libro debajo del brazo, para regalarnos, al mejor estilo de los cuentacuentos, algunos escritos que relaciona con los temas que van surgiendo a lo largo de la charla.</p>



<p>Pero también hay un tiempo de mirar hacia atrás, de recordar a esos amigos que ya no están, los proyectos que forjaron la juventud del periodista de entonces; hablar del presente en Uruguay y tomarse un rato para analizar lo que sucede con el pueblo de Palestina; y mirar hacia adelante: a los chicos, esos pequeños portadores de verdades y libertades que después nos cercenan los adultos, a la maquinización que avanza y nos pone en la mira de los objetos que creamos para que nos faciliten la existencia, a esas palabras que le siguen brotando mientras escribe y tacha y simplifica y limpia.</p>



<p><strong><em>-¿De dónde proviene esa idea de que somos hijos de los días?</em></strong></p>



<p>-De una frase que escuché en una comunidad maya hace muchos años: &#8220;Nosotros somos hijos de los días&#8221;, que me impresionó muchísimo porque es la única cultura de las américas en la que el tiempo funda el espacio. Me quedó zumbando en la cabeza durante años. Si es así esa idea, entonces cada día debe tener alguna historia que contar. Estamos hechos de átomos pero también de historias. Este libro son 366 historias. Después Albert Einstein le dio categoría científica a esto del tiempo, pero era maya sin saberlo&#8230; me encantó la idea del tiempo generando y generándonos a nosotros, los humanitos, y a su vez nosotros con historias para contar.</p>



<p><strong><em>-Y en este libro volviste a los dibujos&#8230;</em></strong></p>



<p>-Sí. En realidad son collages, son pegotes. Yo no soy un artista: agarro tijeras, engrudo, revistas, diarios y almanaques. Son miniaturas sin ningún valor artístico pero que a mí me entretienen. Y además vendría a ser un contrapunto de los textos: cuando yo era chico me encantaba leer los libros ilustrados, con figuritas. Cuando venían sin figuritas era espantoso. Entonces hago así los libros, como a mí me gustaban de chico.</p>



<p>Algo similar me pasa con la fotografía, que me encanta, pero yo soy un pésimo fotógrafo. Tampoco hay que confundir el violín con la música&#8230; es un instrumento. Yo soy muy amigo del brasileño Sebastião Salgado y si ves las camaritas con las que él trabaja, pensás: &#8220;esto no da ni para un cumpleaños infantil&#8221;, y sin embargo hace unas fotografías increíbles. Salgado era economista y nunca se le había ocurrido estudiar fotografía ni nada, y le prestaron una cámara y fotografió el desierto de Salhen. Y a partir de ahí se convirtió en quien es ahora. Hace diez años que está con una nueva investigación: cómo empezó el mundo, y tiene un trabajo excelente: registra sólo las escenas de amor, desde los distintos puntos de vista, incluso con animales, en todas partes del mundo.</p>



<p><strong><em>-Por la brevedad de los textos y la cantidad de personajes presentados, tus libros vendrían a funcionar como disparadores, para que los lectores sigan profundizando por su cuenta&#8230;</em></strong></p>



<p>-Esa es la idea, la de escribir de tal manera que lo que uno escribe se multiplique dentro de quien lo recibe con sus palabras y sus silencios; que sea un vaivén creativo, no un acto de consumo. Que se genere un diálogo de verdad.</p>



<p>Por ejemplo, en este libro vuelvo a traer a Simón Rodríguez. Un oculto de la historia; ahora se va a editar un libro en Uruguay sobre él y creo que hice mucho para que se visibilice. Con estos grandes personajes uno descubre no sólo las estatuas que sobran sino, sobre todo, las que faltan.</p>



<p>Una de las cosas que más me interesan es cómo Simón Rodríguez planteó el uso de las manos: la enseñanza manual mezclada con la intelectual estaba prohibida por la tradición colonial. En el siglo XVII, un rey Borbón decide en España que el hecho de usar las manos en el trabajo no te degrada, es decir que no se pierde el título de hidalguía ni el derecho a ser llamado &#8220;don&#8221; por usar las manos. Pero antes era denigrante. Hay decretos anteriores a ese que hablan claramente de los oficios viles; eran todos los que usaban las manos: carpintería, albañilería, trabajo de la tierra, alfarería, que eran los que pagaban impuestos; en cambio, los curas holgazanes y los milicos no pagaban.</p>



<p>Y don Simón pregonaba que fueran juntos: estaba en contra de esa división del trabajo, que en definitiva es una división de clase: él desafiaba la estructura de clase establecida, que provenía de la colonia, que generó una sociedad de zánganos, donde el que valía era el que vivía sin hacer nada&#8230; y eso después se transmitió en los tangos. Todavía pesa mucho el desprecio por el trabajo manual y la relación a veces absurda con lo que se llama trabajo intelectual, que habría que ver hasta dónde se puede separar uno del otro. El hecho es que esas eran máscaras que enmascaraban -y todavía lo hacen- una estructura de clases muy injusta que expulsa a la mayoría de la población, y también el racismo, porque los oscuritos eran los que trabajaban con las manos, en cambio los blanquitos eran superiores que los miraban trabajar: eran doctores. Y contra eso se levanta don Simón.</p>



<p><strong><em>-Las mujeres adquieren un protagonismo notorio en este nuevo libro&#8230;</em></strong></p>



<p>-Porque voy escribiendo a medida que voy descubriendo mujeres que valen la pena: no por el hecho de ser mujeres, sino por ser personas que hicieron o dijeron cosas que vale la pena recordar o restablecer.</p>



<p><strong><em>-En ese ir y venir en el tiempo y el espacio, ¿tu libro podría leerse como una suerte de </em>Rayuela<em> de la Historia?</em></strong></p>



<p>-Me gusta andar saltando, yo sé que es irreverente… y a Julio [por Cortázar] le hubiera encantado, porque además él era un raro caso en la literatura. Porque los escritores, en el zoológico humano, estamos todos en la jaula de los raros, terribles, insoportables. Y es raro encontrar a un escritor que se alegre de la alegría de otro. Cuando te pregunta un colega “cómo andás”, hay que decirle “más o menos” porque si le decís “me va bárbaro” vos ves que va cambiando el color, se pone verde… llamá a la emergencia móvil urgente porque se te muere del disgusto espantoso que le diste. Una patada al hígado. Entonces la excepción de Julio es sobresaliente.</p>



<p>Aparte, su obra enorme nunca recibió ningún premio. Ahora es muy común, todos los días llueven premios. Además los escritores se premian entre sí, y entre sí se elogian. Y Julio no recibió nunca ni siquiera un humilde premio de un club de barrio e hizo una gran obra. Pero además era un hombre generoso, y te preguntaba: “¿Qué estás haciendo? ¿en qué andás?”. “Ando en mis cositas… nada”. “Contame”, decía. Y se entusiasmaba: “Qué buena idea, ¿y tenés algo para hablar de eso?”. Y te decía “Seguí, está bárbaro”. Compartía la alegría creadora de otros, lo que es insólito porque esa alegría creadora pone en peligro tu monopolio de la verdad y de la belleza.</p>



<p>Mario Benedetti también era así. Es un oficio muy egoísta, donde el éxito del otro es un fracaso propio, como en el fútbol… lo que le gusta al hincha de River no es que gane River, sino que pierda Boca.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="1024" height="683" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-48594" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-1024x683.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-1536x1024.jpg 1536w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-2048x1365.jpg 2048w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7602-640x427.jpg 640w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong><em>-¿Y a qué otro amigo extrañás?</em></strong></p>



<p>-A Fontanarrosa. Era muy amigo. Tengo un dibujo, hecho por él, colgado en la pared. Está dibujado en la parte de atrás de un cartel de una propaganda de una ferretería de Rosario porque no tenía plata para comprar cartulina.</p>



<p>Hicimos una experiencia lindísima pero, lamentablemente, al poco tiempo falleció. Los dos sentados en un teatro grande de Rosario. Lleno de gente. Una tarima con una mesa y dos sillas. Nosotros ahí sentados hacíamos un diálogo sin guión, que saliera lo que saliera. La idea era que yo leyera unos cuentitos cortitos, no más de cinco o seis, para romper el hielo, y a partir de ahí él empezaba a hablar. Yo lo miraba y él tenía que hablar.</p>



<p>Dijo: “Yo, Eduardo, te admiro muchísimo”. Hizo una larga pausa y remató: “Leés sin lentes”. Y a partir de ahí ya estaba asegurado.</p>



<p>Era muy gracioso, le salía muy naturalmente. Rescato mucho el gesto de Crist de ocupar el lugar de él dibujando a su manera. Para que él siguiera vivo. Me pareció muy lindo.</p>



<p>Me recuerda al caso de Pancho Villa, que no se llamaba así, pero cuando mataron a su mejor amigo se puso ese nombre para mantenerlo vivo.</p>



<p><strong><u>Los tiempos idos</u></strong></p>



<p>Siempre a cita es en el Café Brasilero. Un periodista alemán está sentado en una mesa cercana. Una parejita que lleva la camiseta del Pincha está unas mesas más allá. No están ahí de casualidad. Saben que si quieren cruzarse con Galeano la posibilidad más grande se encuentra en ese lugar.</p>



<p>Da curiosidad preguntarle por qué siempre ahí. Y entonces toma el libro y lee el primero de los relatos de la tarde:</p>



<p>Agosto, 30. “Día de los desaparecidos”</p>



<p><em>Desaparecidos: los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre.</em></p>



<p><em>Y también:</em></p>



<p><em>los bosques nativos,</em></p>



<p><em>las estrellas en la noche de las ciudades,</em></p>



<p><em>el aroma de las flores,</em></p>



<p><em>el sabor de las frutas,</em></p>



<p><em>las cartas escritas a mano,</em></p>



<p><em>los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,</em></p>



<p><em>el fútbol de la calle,</em></p>



<p><em>el derecho a caminar,</em></p>



<p><em>el derecho a respirar,</em></p>



<p><em>los empleos seguros,</em></p>



<p><em>las jubilaciones seguras,</em></p>



<p><em>las casas sin rejas,</em></p>



<p><em>las puertas sin cerradura,</em></p>



<p><em>el sentido comunitario</em></p>



<p><em>y el sentido común.</em></p>



<p>-Elijo este bar porque me gusta. Lo siento mío, me da refugio. Es el más antiguo, de 1877, y a mí me gustan las cosas viejas. Debe ser que tengo ahí mi costado reaccionario, porque me gusta volver al pasado y disfrutarlo. Y entonces los bares ultramodernos me parecen muy frígidos, no me hacen sentirme acompañado. Y en este sí lo siento, es un lugar de encuentro.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/IMG_7685-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-48592" width="438" height="613"/></figure>



<p>Este bar estaba lleno de cuadros, pero se perdieron muchos en una de las tres veces en que este café fue asesinado. Fue desvalijado en tiempos de la dictadura en una operación fraudulenta de los milicos. Aparecieron dos camiones a la noche y lo vaciaron completamente. Se llevaron hasta el suelo.</p>



<p>Pero es el que queda… porque Montevideo era la capital de los cafés. No tuve educación formal: seis años de escuela y medio de secundario y nada más. Cuando vuelvo a un café como este hay algo de eso, de gratitud… Me formé escuchando porque me colaba donde hubiera gente discutiendo. Escuchaba a los grandes narradores orales que me formaron y que no sé quiénes eran, pero que me contaban historias de tal manera que lo que narraban volvía a ocurrir cuando era contado. Y lo que había sido, gracias a la magia de las palabras, resucitaba. Y en aquella época había también mesas de exiliados españoles, que habían venido acá vencidos. También eso me formó a mí, porque era gente de mucha dignidad, y se peleaban, discutían, parecía que la guerra españolaba continuaba, y después de noche cantaban abrazados en las vinerías que había en aquella época. Me enseñaron a escuchar.</p>



<p>Y se decía “parar” en esa época. Preguntaban tu nombre y en qué café parabas. Era un rasgo de identidad. Y yo paro en este café desde siempre.</p>



<p><strong><em>-¿El tiempo de los cafés era el mismo en el que eras director del diario </em>Época<em>?</em></strong></p>



<p>-Sí. Esa fue mi experiencia editorial juvenil, donde nadie cobraba. Todos teníamos otros trabajos. Y yo era el director. Y cuando terminábamos, a las dos de la mañana, corríamos los escritorios y nos cagábamos a patadas jugando al fútbol. Y nos íbamos al amanecer a la rambla, que quedaba a dos cuadras. Y no dormíamos nunca. A veces teníamos la dicha profunda de que el gobierno nos clausurara y nos venía bien porque no teníamos plata ni para comprar el papel. Lo sosteníamos con la venta y unos pocos avisos y con el aporte de mucha gente solidaria.</p>



<p>Ahí hacía el horóscopo con la diabólica intención de empujar al pecado, a la perdición: “Anímese”, “basta de dudas”. Compensaba lo duro de los editoriales en los que tenía que leer sobre economía, política internacional… tenía un equipo muy bueno que me ayudaba, pero el problema era que en la redacción a veces éramos quinientos y otras, cinco. A veces ni sabíamos que hacer, porque había tanta gente dispuesta a trabajar y siete u ocho máquinas de escribir nada más. Al principio recopilábamos las noticias con ayuda de las agencias, después nos fueron sacando los teletipos porque no pagábamos, y entonces ya después nos asomábamos a la calle a ver qué pasaba. Y eso mezclado con las discusiones infinitas de la izquierda, porque era el órgano de la izquierda independiente. Los comunistas tenían su diario, que se llamaba <em>El Popular</em> y era muy aburrido. Teníamos la redacción partida a la mitad, ellos de un lado y nosotros del otro. Y por un agujerito que habían cortado en el cartón, miraban cómo jugábamos al fútbol y nos reventábamos entre nosotros y, claro, éramos el colmo de la depravación para esos viejos balandranes, solemnes, que repetían consignas espantosas del Comité Central. Era una época muy especial, con una explosión juvenil que nos hizo capaces de lindas locuras. Yo, como Comandante del Ejército ese, el mando supremo, tenía que dar cuenta ante las asambleas de accionistas. Eran asambleas infinitas y siempre con el mismo tema de discusión: “Hasta cuándo seguirán desperdiciándose páginas de fútbol cuando esos espacios pertenecen a la clase obrera”. No lo aceptaban porque eran puritanos. Y sin sentido del humor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>A veces el problema de la izquierda hasta hoy es que terminás mirándote al espejo, termina siendo un eco masturbatorio digno de aplausos; pero hacer el amor es mejor porque se conoce gente.</p>



<p><strong><u>Los pensamientos de hoy</u></strong></p>



<p>En su incansable ajetreo, hace un tiempo estuvo en México. Además de recibir el premio “Amalia Solórzano”, clausuró el congreso del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) con el tema del trabajo (de la pérdida de derechos en el trabajo) como eje central. Y nos cuenta su experiencia en tierra mexicana:</p>



<p>“Fui por varios motivos: por un lado me dieron el premio ‘Amalia’, que era la mujer de Lázaro Cárdenas y la madre de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Fue una mujer muy valiosa, lo que ahora se llamaría ‘feminista’, muy preocupada por la dignidad de otras mujeres. Pero además, una gran militante, que ayudó muchísimo a la consolidación de los sindicatos independientes y fue la que formó toda una estructura de apoyo para los exiliados de la república española, que venían con un brazo atrás y otro adelante. El hijo creó el premio en nombre de la madre. Entonces valió la pena”.</p>



<p><strong><em>-En el cierre del congreso de CLACSO dijiste que “los derechos de los trabajadores son un tema para arqueólogos”.</em></strong></p>



<p>-Es que ahora el trabajo vale menos que la basura. Nunca hubo tanto desprecio por el trabajo. Es un tema que me duele, me angustia, y armé la charla hilvanando textos anteriores. La pérdida de derechos, que antes parecían sagrados, intocables y ahora como es larga la cola de gente que quiere trabajo al precio que sea, entonces hay un sistema que está arrojando a la basura dos siglos de conquistas laborales. Están los sindicatos corruptos, en varios países hay una democracia muy enquistada en el poder sindical; pero esa no es toda la verdad, hay muchos que expresan la voluntad de los excluidos, esa masa inmensa de millones de trabajadores condenados a vender sus brazos a cambio de nada. Creo que lo que mejor expresa esa relación entre el trabajo y los excluidos es una historia que incluí en El libro de los abrazos, que se llama “El origen del mundo”.</p>



<p>[Galeano no tiene el libro encima pero nos cuenta, como de memoria]:</p>



<p><em>Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República.</em></p>



<p><em>Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.</em></p>



<p><em>Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó.</em></p>



<p><em>Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio.</em></p>



<p><em>Me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.</em></p>



<p><em>-Pero papá &#8211; le dijo Josep, llorando -. Si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?</em></p>



<p><em>Y el obrero, cabizbajo, casi en secreto, dijo:</em></p>



<p><em>-Tonto.</em></p>



<p><em>Dijo:</em></p>



<p><em>-Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.</em></p>



<p><strong><em>-¿Esa idea de cerrar un congreso tan importante con tus relatos es una forma de acercarte a la gente, fuera de pretensiones intelectuales de complicar el lenguaje?</em></strong></p>



<p>-Así como Simón tenía la obsesión de no separar el trabajo intelectual del trabajo manual, yo tengo algunas parecidas, y hago todo lo posible por evitar ese divorcio de la reflexión intelectual separada del cuerpo. Esta separación del alma y el cuerpo y del sexo y la cabeza, todo lo que te separan a través de una educación fracturadora de la condición humana. La esencial unidad de nuestra diversidad integrada en una unidad de contradicciones que es tan linda y tan dinámica y tan hermosa de vivirla, pero negada por una educación que te encuadró y te dijo “esto es esto, y vos usás tal cosa y no tal otra”. El daño que me hizo a mí mi educación católica, separando el alma del cuerpo… Yo fui amaestrado para creer que son la bella y la bestia, y que el cuerpo es una fuente de pecado, no de placer. Me costó mucho superar esto, vivir con alegría que el cuerpo es una fiesta.</p>



<p>Sin embargo, no me propongo que la palabra llegue tan simple. Si dijera: “voy a hablar un lenguaje sencillo para que todos me entiendan”, eso sería una cosa un poco inauténtica, no verdadera. Como algo impuesto desde arriba porque me conviene, y eso no es legítimo. Simplemente, el placer de comunicarme con los demás hizo que con el paso de los años fuera puliendo un lenguaje que va y viene, que viaja, de uno al otro, de otro a uno, que va y vuelve, y vuelve multiplicado. Yo aprendí a hablar y a escribir, escuchando. Me enseñaron que se puede resucitar lo que parece muerto, y es necesario usar una cierta magia del lenguaje porque esa magia no se genera en la complicación gratuita sino que, por el contrario, persigue lo que podríamos llamar la desnudez de la belleza. La belleza desnuda, desvestir el lenguaje, tirar a la mierda todo el ropaje que te impide ver esos cuerpos bellos y luminosos que tenemos, y que albergan tanta maravilla escondida por culpa de los prejuicios. Esa diferenciación del cuerpo y el alma cuando la verdad de la vida está en la “corpalma”, en la integración, no en la desintegración.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-memoria-es-una-especie-en-vias-de-extincion/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Fin del partido de Eduardo Galeano</title>
		<link>https://marcha.org.ar/fin-del-partido-de-eduardo-galeano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Sep 2019 03:01:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[El fútbol a sol y a sombra]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Lastima a nadie]]></category>
		<category><![CDATA[maestro]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Ayer nuestro querido Eduardo Galeano hubiera cumplido 79 años. Rescatamos el último golazo de su fútbol a sol y a sombra. Un texto que busca la magia de jugar a la pelota a través de la ternura y la poesía, sin olvidar la oscura nube que cubre este maravilloso deporte.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ayer nuestro querido Eduardo Galeano hubiera cumplido 79 años. Rescatamos el último golazo de su fútbol a sol y a sombra. Un texto que busca la magia de jugar a la pelota a través de la ternura y la poesía, sin olvidar la oscura nube que cubre este maravilloso deporte.</em><span id="more-1122"></span></p>
<p><strong>Por Eduardo Galeano*</strong></p>
<p>Rueda la pelota, el mundo rueda. Se sospecha que el sol es una pelota encendida, que durante el día trabaja y en la noche brinca allá en el cielo, mientras trabaja la luna, aunque la ciencia tiene sus dudas al respecto. En cambio, está probado, y está probado con toda certeza, que el mundo gira en torno a la pelota que gira: la final del mundial 94 fue contemplada por más de dos millones de personas, el público más numeroso de cuantos se han reunido a lo largo de la historia de este planeta. La pasión más compartida: muchos adoradores de la pelota juegan con ella en las canchas y en los potreros, y muchísimos más integran la tele platea que asiste, comiéndose las uñas, al espectáculo brindado por veintidós señores en calzoncillos que persiguen la pelota y pateándola le demuestran su amor.</p>
<p>Al final del Mundial del 94, todos los niños que nacieron en Brasil se llamaron Romario, y el césped del estadio de Los Ángeles se vendió en pedazos, como una pizza, a veinte dólares la porción. ¿Una locura digna de mejor causa? ¿Un negocio vulgar y silvestre? ¿Una fabrica de trucos manejada por sus dueños? Yo soy de los que creen que el fútbol puede ser eso, pero es también mucho más que eso, como fiesta de los ojos que lo miran y como alegría del cuerpo que lo juega. Un periodista pregunto a la teóloga alemana Dorothee Solle: –¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad? — No se lo explicaría — respondió — le tiraría una pelota para que jugara.</p>
<p>El fútbol profesional hace todo lo posible para castrar esa energía de felicidad, pero ella sobrevive a pesar de todos los pesares. Y quizás por eso ocurre que el fútbol no puede dejar de ser asombroso. Como dice mi amigo Angel Ruocco, eso es lo mejor que tiene: su porfiada capacidad de sorpresa. Por más que los tecnócratas lo programen hasta el mínimo detalle, por mucho que los poderosos lo manipulen, el fútbol continua queriendo ser el arte de lo imprevisto. Donde menos se espera salta lo imposible, el enano propina una lección al gigante y un negro esmirriado y chueco deja bobo al atleta esculpido en Grecia.</p>
<p>Un vacío asombroso: la historia oficial ignora al fútbol. Los textos de historia contemporánea no lo mencionan, ni de paso, en países donde el fútbol ha sido y sigue siendo un signo primordial de identidad colectiva. Juego, luego soy: el estilo de jugar es un modo de ser, que revela el perfil propio de cada comunidad y afirma su derecho a la diferencia. Dime cómo juegas y te diré quien eres: hace ya muchos años que se juega al fútbol de diversas maneras, expresiones diversas de la personalidad de cada pueblo, y el rescate de esa diversidad me parece, hoy día, más necesario que nunca. Estos son tiempos de uniformización obligatoria, en el fútbol y en todo lo demás. Nunca el mundo ha sido tan desigual en las oportunidades que ofrece y tan igualador en las costumbres que impone: es este mundo de fin de siglo, quien no muere de hambre, muere de aburrimiento.</p>
<p>Desde hace años, yo me he sentido desafiado por el tema, memoria y realidad del fútbol, y he tenido la intención de escribir algo que fuera digno de esta gran misa pagana, que tantos distintos lenguajes es capaz de hablar y tan universales pasiones pueden desatar. Escribiendo, iba a hacer con las manos lo que nunca había sido capaz de hacer con los pies: chambón irremediable, vergüenza de las canchas, yo no tenia mas remedio que pedir las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado.</p>
<p>De ese desafío, y de esa necesidad de expiación, nacieron estos textos. Homenaje al fútbol, celebración de sus luces, denuncia de sus sombras. Yo no sé si ellos son lo que han querido ser, pero han crecido dentro de mí y han llegado ya a su último minuto y ahora, ya nacidos, se ofrecen a ustedes. Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al final del partido.</p>
<p><strong>*Publicado originalmente en <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/2019/09/03/fin-del-partido-de-eduardo-galeano/">Lástima a nadie, maestro</a></span>. Último texto de <em>El fútbol a sol y a sombra</em>, editado por Siglo XXI. Montevideo, verano de 1995.</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fin-del-partido-de-eduardo-galeano/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>No te tomes en serio nada que no te haga reír, decía Galeano</title>
		<link>https://marcha.org.ar/no-te-tomes-en-serio-nada-que-no-te-haga-reir-decia-galeano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Apr 2018 22:58:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[efemérides]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Román Cortázar Aranda]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Román Cortázar   Para Helena Villagra, aire en el viento.     El cuentacuentos   Cuando visité a Eduardo Galeano en el hotel Condesa, me propuso ir a caminar al Parque España. No sé cuántas horas dimos vueltas, bajo los árboles cantores, proclamando que el mundo es mágico. Con paso lento, hablamos de García [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="cp1gc-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="cp1gc-0-0"><strong>Por Román Cortázar</strong></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="2akrb-0-0"><span data-offset-key="2akrb-0-0"> </span></div>
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<div class="_1mf _1mj" style="text-align: right;" data-offset-key="5qj5j-0-0"><span data-offset-key="5qj5j-0-0">Para Helena Villagra,</span></div>
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<div class="_1mf _1mj" style="text-align: right;" data-offset-key="38c5s-0-0"><span data-offset-key="38c5s-0-0">aire en el viento.</span></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="130bk-0-0"><span data-offset-key="130bk-0-0"> </span></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="53to4-0-0"><strong> </strong></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="5cnam-0-0"><strong>El cuentacuentos</strong></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="5e27c-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="5e27c-0-0"><span data-offset-key="5e27c-0-0">Cuando visité a Eduardo Galeano en el hotel Condesa, me propuso ir a caminar al Parque España. No sé cuántas horas dimos vueltas, bajo los árboles cantores, proclamando que el mundo es mágico. Con paso lento, hablamos de García Lorca y me contó que en un teatro de Asís, en Italia, había aplaudido con Helena hasta despellejarse las manos y las suelas de los zapatos, porque los actores, más numerosos que el público de dos únicos espectadores, se habían entregado enteros. Me preguntó por el fraude electoral contra López Obrador y terminamos hablando, con lujo de detalles, de revistas y del Che Guevara.</span></div>
</div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="b4605-0-0"><span data-offset-key="b4605-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="3dbqv-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="3dbqv-0-0"><span data-offset-key="3dbqv-0-0">La noche bajaba balanceándose entre las casonas y los faroles.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="ckm2i-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="ckm2i-0-0"><span data-offset-key="ckm2i-0-0">Galeano me miró con sus ojos azulísimos.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="5isvr-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="5isvr-0-0"><span data-offset-key="5isvr-0-0">–Te quiero presentar a un amigo.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="958bj-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="958bj-0-0"><span data-offset-key="958bj-0-0">–¿Cuándo?</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="82in3-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="82in3-0-0"><span data-offset-key="82in3-0-0">–Ahorita, como dicen ustedes.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="fhr23-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="fhr23-0-0"><span data-offset-key="fhr23-0-0">Nos paramos junto a un auto clásico estacionado casi en la entrada del hotel y entonces decidió confesarme que su amigo era muy parlanchín. Y así fue que me presentó a su amigo.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="5qimk-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="5qimk-0-0"><span data-offset-key="5qimk-0-0">–Hoy anda un poco serio.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="b9jgf-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="b9jgf-0-0"><span data-offset-key="b9jgf-0-0">–¿Quién?, ¿dónde? –le dije.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="6rpq4-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="6rpq4-0-0"><span data-offset-key="6rpq4-0-0">–Ah –dijo Eduardo–, adentro del coche.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="erkch-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="erkch-0-0"><span data-offset-key="erkch-0-0">Y adentro no había nadie. Sólo un maniquí.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="8n3t5-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="8n3t5-0-0"><strong> </strong></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="39vf8-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="39vf8-0-0"><strong>Una ventana</strong></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="99oea-0-0"><span data-offset-key="99oea-0-0">Estamos ante un hombre que desde muy temprano aprendió a escribir dándose entero. Esta sinceridad es ejemplar porque se pone al alcance de todos y nos abre las puertas de su mirada implacable, examinando el mundo desde afuera, porque supo vivirlo, en sus hondas contradicciones, desde adentro. Pero eso no es todo: al abolir el palabreo, Galeano suprimió su solemnidad. Su obra se asume como capaz de desvestir la realidad, corriendo el riesgo de la sencillez, acompañándose a veces de la ironía, cuando de literatura se trata, y del humor, al hacer periodismo. </span></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="dragb-0-0"><span data-offset-key="dragb-0-0"> </span></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="9dtne-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="9dtne-0-0"><span data-offset-key="9dtne-0-0">Con esa misma “divertida seriedad” que encontró luego en el Gordo Soriano, en el número 1283 de Marcha (diciembre de 1965) se burla de la dictadura brasileña, que lo expulsó del país. Armando Mascarenhas, secretario general adjunto de la Conferencia de la OEA, lo acusó: “Usted ha escrito artículos extremadamente injuriosos contra el Brasil en general y sus mujeres en particular”. “Me reí”, escribió Galeano en su nota especial. En ella se pregunta: “¿Qué tiene que ver el excelentísimo Presidente Mariscal Castelo Branco, a quien mucho respeto, con las muchachas de Ipanema, a las que mucho admiro?”. Y piensa en voz alta: “Confundir mi hostilidad al mariscal con mi devoción por las mujeres cariocas creadas por Jehová en su día de más alta inspiración es claramente absurdo: en Río de Janeiro las mujeres feas han sido, como se sabe, exterminadas”. Razonamientos aparte, la risa es la llave de la crítica. “Eso de que yo me llamara Eduardo Hughes Galeano, les pareció más bien una conspiración china”. Y es incisivo: “Por razones que me son ajenas, no nací con el nombre de Lyndon Baines Johnson, que, sin duda, hubiera sido más del agrado de la OEA”.</span></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="7qpu4-0-0"><span data-offset-key="7qpu4-0-0"> </span></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="3r9ev-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="3r9ev-0-0"><strong>El ojo de la cerradura visto por el universo</strong></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="d8lav-0-0"><span data-offset-key="d8lav-0-0"> </span></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="1d70c-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="1d70c-0-0"><span data-offset-key="1d70c-0-0">Guillermo Chifflet, El Flaco, conoció a Galeano en los días de la Juventud Socialista, en 1955. En la Casa del Pueblo tomaban el Curso de Formación Socialista, que derivaba, entre otros, en los cursillos La Teoría Socialista, que impartía Enrique Broquen, y El problema del imperialismo, con Vivián Trías y Germán D’Elía, cursillos que continuaban porfiadamente en La Telita, un bodegón que de día vendía verduras y de noche se volvía boliche. No hace mucho, en Montevideo, le pregunté por Galeano, su compañero y hermano en las redacciones de El Sol y Marcha, en la aventura de Época, en la Gaceta de la Universidad y la fundación de Brecha. “Un compañero excepcional, con gran imaginación, además, y humor, buen humor, siempre estaba alegre”.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="a52kp-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="a52kp-0-0"><span data-offset-key="a52kp-0-0"> </span></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="a8q78-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="a8q78-0-0"><span data-offset-key="a8q78-0-0">Y esa alegría pasaba lista en Época, limpiando diariamente la palabra justicia. Y no faltaba tampoco a su cita con la rebeldía.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="1g6vk-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="1g6vk-0-0"><span data-offset-key="1g6vk-0-0"> </span></div>
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<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="2m36h-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="2m36h-0-0"><strong>Otra ventana</strong></div>
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<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="43p31-0-0"><span data-offset-key="43p31-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="agjqg-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="agjqg-0-0"><span data-offset-key="agjqg-0-0">En el número 285 de El Sol (también de diciembre de 1965) se publicó una pequeña historia. Por entonces, la represión encarceló a más de mil obreros sindicales y el binomio Moratorio-Tejera decretó la clausura de Época, El Popular, El Sol y dos diarios salteños. Aquello espantaba pero los locos de Época resolvieron convertir en papel sus pizarrones y, desde los balcones, difundir las noticias más importantes de la jornada. Se les prohibió el periodismo de pizarrón. Anunciaron en ellos su clausura. También se les prohibió. Y entonces en los pizarrones aparecieron frases de la literatura española. Para peor, recogidas con aplausos por circunstanciales lectores de la calle. Ante esto, un policía decidió consultar telefónicamente con el comisario:</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="4p3n-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="4p3n-0-0"><span data-offset-key="4p3n-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="8f0a1-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="8f0a1-0-0"><span data-offset-key="8f0a1-0-0">–Sí, ahora pusieron una frase que dicen es de un clásico español.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="e4k5g-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="e4k5g-0-0"><span data-offset-key="e4k5g-0-0">–¿……?</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="ds6r5-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="ds6r5-0-0"><span data-offset-key="ds6r5-0-0">–Del Quijote de la Mancha, dicen.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="472qc-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="472qc-0-0"><span data-offset-key="472qc-0-0">–¿……?</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="5r7ii-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="5r7ii-0-0"><span data-offset-key="5r7ii-0-0">–Mire, no lo tengo muy presente, pero es algo así como que están ladrando los perros porque viene mucha gente, o algo así, no sé.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="aqo15-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="aqo15-0-0"><span data-offset-key="aqo15-0-0">–¡……!</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="bplb-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="bplb-0-0"><span data-offset-key="bplb-0-0">–Ta bien, comisario.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="140vi-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="140vi-0-0"><span data-offset-key="140vi-0-0">Y comunicó la decisión: ¡hay que sacarlo!</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="8ng40-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="8ng40-0-0"><span data-offset-key="8ng40-0-0">En el pizarrón se leía: “Ladran, Sancho; señal que cabalgamos”. – Miguel de Cervantes (anterior a Tejera).</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="9m99q-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="9m99q-0-0"><span data-offset-key="9m99q-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="bo73q-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="bo73q-0-0"><strong>Encuentros</strong></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="bskuu-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="bskuu-0-0"><span data-offset-key="bskuu-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="14cb9-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="14cb9-0-0"><span data-offset-key="14cb9-0-0">No por casualidad, ante la ola reaccionaria que arde con el neoliberalismo y al son de una izquierda que para transformar el mundo propone dejarlo igual, sus textos siguen siendo miradas para lavar el mundo al revés.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="61rcp-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="61rcp-0-0"><span data-offset-key="61rcp-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="7urb8-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="7urb8-0-0"><span data-offset-key="7urb8-0-0">Y contando cantando la verdad de nosotros mismos, seguirán siendo.</span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="4f33v-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="4f33v-0-0"><span data-offset-key="4f33v-0-0"> </span></div>
</div>
<div class="" data-block="true" data-editor="ethj9" data-offset-key="at5q6-0-0">
<div class="_1mf _1mj" data-offset-key="at5q6-0-0"><span data-offset-key="at5q6-0-0">Por eso será que lo escuchamos como si estuviera vivo.</span></div>
</div>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-te-tomes-en-serio-nada-que-no-te-haga-reir-decia-galeano/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>José Gervasio Artigas: El Adiós de Eduardo Galeano + Biografía</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-adios-de-eduardo-galeano-biografia-de-jose-gervasio-artigas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Jul 2016 03:00:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Dossier Bicentario Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[José Gervasio Artigas]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.marcha.org.ar/?p=29398</guid>

					<description><![CDATA[Semblanza de José Gervasio Artigas, parte del Dossier “Bicentenario: la Independencia en debate”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Semblanza de José Gervasio Artigas, parte del Dossier “Bicentenario: la Independencia en debate”, producido conjuntamente por Marcha y Contrahegemonía. </em></p>
<p><strong>El Adiós</strong></p>
<p><em>Por Eduardo Galeano</em></p>
<p>Usted. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.</p>
<p>Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.</p>
<p>Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento. ¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen?</p>
<p>Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿Se harán dignos de tristeza tan honda?</p>
<p>Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Memorias del fuego II</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Las caras y las máscaras</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>* * *</strong></p>
<p style="text-align: left;"><b>Biografía</b></p>
<p>José Gervasio Artigas nació en Montevideo el 19 de junio de 1764. Fueron sus padres Don Martín José Artigas y Doña Francisca Antonia Arnal. Después de estudiar en el colegio franciscano de San Bernardino, se dedicó a las tareas rurales en las estancias de su padre. En determinado momento desea independizarse de su familia, abandona las estancias de su familia y se dedica a arriar ganado a tierras portuguesas por lo que obtenía mercancías que contrabandeaba en las estancias orientales, práctica habitual de la época para combatir el monopolio comercial español. En esa etapa conoce profundamente a la campaña oriental y sus clases populares, estableciendo vínculos que serán decisivos en el futuro.</p>
<p>En 1797 ingresó en el regimiento de Blandengues, creado para combatir el robo de ganado, el contrabando en la Banda Oriental, y proteger la frontera con el Brasil. Sin duda se trataba de un intento de retorno a su clase social y de volver a formar parte de la gente “decente” pero ese proyecto personal chocaría con la profundización de las contradicciones sociales en la Banda Oriental, que lo llevaría a su ruptura definitiva con la estructura de dominación colonial. Al parecer formó parte de la expedición dirigida por el militar español Félix de Azara que intentó armar colonias fronterizas para frenar la expansión portuguesa para lo que se entregaron tierras a pobladores. El proyecto fracasó rápidamente pero influiría fuertemente en su decisión posterior de distribuir las tierras entre los más pobres. En 1805, siendo ya oficial del Cuerpo, debió retirarse del ejército por razones de salud y se casó con su prima Rafaela Villagrán. Con ella tendrá tres hijos: José María, Francisca y Petronila. Pero lamentablemente, las dos niñas morirán a los pocos meses de su nacimiento, lo que deprimió tanto a Rafaela que terminó por enloquecer. Artigas debió retornar al servicio activo y en 1806, durante las invasiones inglesas participó en la reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo a las órdenes de Liniers.</p>
<p>En febrero de 1811, el antiguo Gobernador español de Montevideo, Javier de Elío, nombrado ahora Virrey del Río de la Plata, le declaró la guerra a la Junta revolucionaria creada en Buenos Aires en mayo de 1810. El entonces capitán Artigas desertó y se puso a disposición del gobierno porteño, que le dio el grado de teniente coronel, 150 hombres y 200 pesos para iniciar el levantamiento de la Banda Oriental contra el poder español. El 28 de febrero de 1811, dos campesinos, Pedro José Viera y Venancio Benavídez, con el apoyo del sublevado comandante militar de la región, Ramón Fernández, daban en Asencio (Soriano) el grito de libertad del pueblo oriental y se disponían a luchar junto a Artigas.</p>
<p>Artigas fue reclutando un verdadero ejército popular formado por los gauchos orientales, los peones rurales, arrieros, negros esclavos y libres, mestizos, indígenas, ocupantes de tierra sin títulos, las mujeres no “decentes”: el amplio mundo de las clases populares que quería poner fin a la sociedad colonial que los empobrecía. Al mismo tiempo convocaba a miembros de las clases propietarias de la sociedad oriental incluyendo terratenientes, comerciantes, oficiales militares y sacerdotes pero que desde el inicio verían con preocupación el carácter predominantemente plebeyo de ese movimiento social heterogéneo que denominamos artiguismo. Con estas fuerzas, el 18 de mayo de 1811 derrotó a los realistas en el combate de Las Piedras y puso sitio a Montevideo hasta que sorpresivamente y sin consultarlo, el Primer Triunvirato firmó el 20 de octubre un armisticio con Elío por el cual se comprometía a retirar las tropas patriotas. El acuerdo entregaba a los españoles el poder sobre toda la Banda Oriental y gran parte de la provincia de Entre Ríos.</p>
<p>Disgustado con este desenlace, seguido por sus milicianos y la mayoría de la población oriental, Artigas se retiró hacia Entre Ríos para reorganizar la lucha. De todos lados llegaban familias huyendo de la persecución española a colocarse bajo su protección y a ofrecerse para luchar contra los españoles y los portugueses, que habían comenzado a penetrar desde el norte de la Banda Oriental por pedido de Elío. Mil carretas y más de 10 mil personas (hombres, mujeres y niños) con sus pocos ganados y pertenencias, cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayuí, cerca de la actual Concordia (Entre Ríos) en un recorrido que llevaría largos meses. Era el famoso éxodo del pueblo oriental donde los que se sumaban prendían fuego a sus ranchos y campos, envenenaban los pozos de agua y destruían todo lo que no pudieran llevarse para dejar tierra arrasada al enemigo. El Primer Triunvirato envió a Manuel de Sarratea para reemplazar a Artigas en el mando de las tropas orientales. El líder de las fuerzas porteñas conspiró secretamente contra el jefe oriental y tramó su muerte, por lo que intentó comprar la voluntad de su primo, Fernando Otorgués. La lealtad de éste puso al descubierto la conspiración, y ya quedaba muy claro que para la elite criolla que dirigía la revolución desde Buenos Aires Artigas representaba un peligro que había que eliminar. Sólo cuando a fines de 1812, tras la caída del Primer Triunvirato, Sarratea fue reemplazado por Rondeau, y se le devolvió su mando a Artigas, los orientales aceptaron unirse a las tropas porteñas para poner nuevamente sitio a Montevideo.</p>
<p>Al inaugurarse la Asamblea del Año XIII, la Banda Oriental eligió sus representantes en el Congreso de Tres Cruces y por inspiración de Artigas, les dio precisas instrucciones de contenido federalista y revolucionario: inmediata declaración de Independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos, gobierno central con respeto a las autonomías provinciales y el establecimiento de la capital fuera de Buenos Aires. Argumentando pretextos formales, la Asamblea rechazó los diplomas de los diputados orientales. Rondeau convocó otro Congreso para elegir nuevos diputados, fieles al predominio porteño y Artigas rompió entonces abiertamente con Buenos Aires. El Director Supremo Gervasio Posadas lo declaró &#8220;traidor&#8221; y puso precio de 6.000 pesos a su cabeza.</p>
<p>La Asamblea del Año XIII, presidida por Carlos María de Alvear, temía que la incorporación de los artiguistas produjera una virtual alianza entre el caudillo oriental y San Martín para apurar una declaración de independencia, que el grupo alvearista, en consonancia con los intereses de Gran Bretaña, ahora aliada de España, pretendía retrasar lo más posible.</p>
<p>José Artigas fue el primero en plantear claramente en el Río de la Plata las ideas del federalismo. Así se lo contó él mismo al general Paz: &#8220;Tomando por modelo a los Estados Unidos yo quería la autonomía de las provincias, dándole a cada estado un gobierno propio, su constitución, su bandera y el derecho de elegir a sus representantes, a sus jueces y a sus gobernadores entre los ciudadanos naturales de cada estado. Esto es lo que yo había pretendido para mi provincia y para las que me habían proclamado su protector. Hacerlo así habría sido darle a cada uno lo suyo&#8221;.</p>
<p>Para 1814, la popularidad de Artigas se había extendido a varias de las actuales provincias argentinas, afectadas, al igual que la Banda Oriental, por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires, que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unieron a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga, Artigas luchó junto con los jefes litoraleños contra el centralismo del Directorio. La liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores locales, unificando los aranceles aduaneros de sus miembros a la vez que se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros y las medicinas. Los comerciantes ingleses sólo se podían establecer en los puertos de la Liga pero el comercio interior quedaba en manos de los actores locales. Un elemento clave que atraía a las provincias del interior, incluidas fracciones de sus clases propietarias, es que el artiguismo ofrecía como alternativa al predominio del puerto de Buenos Aires, los puertos de Montevideo, Colonia y Maldonado.</p>
<p>En 1815 el movimiento revolucionario oriental recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas, y se convocó en Concepción del Uruguay el 29 de Junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres. Allí estaban los diputados por la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la bandera tricolor (igual a la de Belgrano pero atravesada por una franja roja, símbolo del federalismo) y la resolución de no concurrir al Congreso de Tucumán convocado por el Directorio, en protesta por la actitud del gobierno porteño de ser cómplice de la anunciada invasión portuguesa a la Banda Oriental, que se concretaría en agosto de 1816 para terminar con Artigas.</p>
<p>Sin duda la medida más relevante tomada durante el apogeo del artiguismo fue la elaboración del Reglamento Provisorio para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados, impulsado en 1815, que establecía el reparto de tierras y ganado entre los más pobres de la campaña. Se atacaba de esa manera el latifundio y el artiguismo se erigía en el único caso de una revolución independentista sudamericana que pretendía transformar el punto central de la estructura colonial: la concentración de la propiedad de la tierra. La puesta en marcha del Reglamento generó enormes expectativas de las clases populares, que en muchos departamentos se lanzaron directamente a repartir tierras de connotados terratenientes, así como el terror de las clases propietarias orientales, en particular de aquellas que manejaban el Cabildo de Montevideo. Éstas hicieron todo lo posible por trabar la aplicación del reparto de tierras y ganado. Cuando descubrieron que no había marcha atrás en la decisión y que Artigas avalaba las ocupaciones realizadas por los gauchos pobres de la campaña conspiraron activamente a favor de la invasión portuguesa y recibieron alborozados la toma de Montevideo por los invasores en enero de 1817.</p>
<p>La respuesta de Artigas consistió en llevar la guerra al propio territorio portugués impulsando por medio de su compadre, el líder guaraní Andresito Artigas, el ataque directo de poblaciones de Brasil así como la unificación como pueblo de las tribus guaraníes independientemente que habitaran territorio brasileño, de las Provincias Unidas o del Paraguay. Al mismo tiempo intentaba que Buenos Aires le declarara la guerra a Brasil para lo que era necesario derribar el gobierno porteño del Directorio cuyas concepciones se asemejaban cada vez más a la de una monarquía.</p>
<p>A fines de 1819 Artigas concibió un plan militar. Él atacaría el campamento portugués en Río Grande mientras las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe atacaba Buenos Aires. Pero mientras el caudillo de Santa Fe, Estanislao López, y su aliado de Entre Ríos, Francisco Ramírez, invadían exitosamente Buenos Aires y triunfaban en Cepeda, Artigas era derrotado por los portugueses en Tacuarembó.</p>
<p>Aprovechando esta situación de debilidad de su antiguo jefe, los caudillos firmaron con Buenos Aires, a espaldas de Artigas, el Tratado del Pilar. El acuerdo no mencionaba para nada una declaración de guerra a Portugal, abandonando a su suerte al caudillo oriental y previendo entre sus cláusulas secretas su aniquilamiento. Ante la traición, Artigas decidió unir sus escasas fuerzas con las de Corrientes y Misiones por medio del Pacto de Abalos. Entró en Entre Ríos dispuesto a someter a Ramírez, pero fue derrotado sucesivamente en diversos enfrentamientos por lo que debió marchar hacia el exilio en el Paraguay. Allí fue recibido por el jefe de la revolución paraguaya Gaspar Rodríguez de Francia pero a su vez fue enviado a un pueblo instalado en lo profundo de la selva, la aldea de Curuguaty, lo que se asemejaba más a un confinamiento que a un asilo con plena libertad. Artigas vivió en una modesta chacra apenas acompañado por su ayudante, el negro Ansina y rodeado de indios que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú (Padre de los pobres). Después de tres décadas de exilio en el Paraguay murió a los 86 años, el 23 de setiembre de 1850. Sus restos fueron repatriados al Uruguay en 1855.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>* * *</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong><strong>Notas relacionadas: </strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-adios-de-eduardo-galeano-biografia-de-jose-gervasio-artigas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Osvaldo Bayer: “Yo creo que la solución es el socialismo en libertad”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/creo-la-solucion-socialismo-libertad/</link>
					<comments>https://marcha.org.ar/creo-la-solucion-socialismo-libertad/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 May 2016 03:10:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Gelman]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Hessel]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista a Osvaldo Bayer]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><b>Por Luis Hessel y Manuel Petruzela / Fotos Yanina González </b></p>
<p class="western"><i>Entrevista a Osvaldo Bayer. Un imprescindible de nuestro tiempo.</i></p>
<p class="western">Barrio de Belgrano. El Tugurio se lee en la puerta. Abre la puerta el dueño de casa para dejar pasar a los cronistas. Su presencia era gigante, y no hablando desde el punto de vista físico. Su persona era gigante. Ahí estaba él, a paso lento &#8211; 89 años no pasan sin dejar marcas-, los invitó a pasar. El ingreso por el pasillo estaba custodiado por pilas de cajas y carpetas que forman parte del archivo con el que escribió algunas de sus obras más recordadas. Al fondo una mesita dispuesta con cinco sillas. Tal vez quedaron en ese número desde la época en la que se daban las reuniones del mítico grupo de los cinco. Nos cuenta que es uno de los vecinos más antiguos del barrio al que llegó cuando apenas tenía 7 años de edad, que su casa fue bautizada El Tugurio por su amigo Osvaldo Soriano y que recientemente perdió a Marlies Joos su compañera de vida por más de 60 años.</p>
<p class="western">¿Cuántos vasos? ¿Toman todos no?- preguntó Osvaldo Bayer. No hacía falta adivinar cuál era el convite, se descontaba que fuera whisky. Y aunque ninguno de los invitados, a la sazón periodistas, sintieran gran simpatía por la bebida blanca, aceptaron sin mayores reparos. ¡Salú! Se apura el primer sorbo, pasa rápido, sin sentirse. La luz es tenue, la voz de Bayer carraspea con autoridad y comienza a explicar a sus interlocutores cómo fue que se inició en las ideas anarquistas. “Fue después de la lectura de tantas cosas, fue naciendo eso. Realmente, creo yo, que el socialismo en libertad tiene que ser el futuro de la humanidad. No es una utopía de ninguna manera, es algo verdadero, algo cierto y algo que tenemos que llevar adelante”. Pero este caso no se encuadra dentro de la típica rebeldía adolescente refractaria a las imposiciones paternas. “Mi padre nos influyó mucho a nosotros, fue socialista libertario”.</p>
<p class="western">La pasión de Bayer por la Patagonia y por el sur argentino es bien conocida. Y tal vez responda este encanto a recuerdos de su infancia. Por lo menos a los suyos, y no a los de toda su familia. “Mis padres estuvieron viviendo en la época de las huelgas en la Patagonia. Les marcó toda la vida a mis padres la injusticia tremenda que había sido eso. Mi padre juntó muchísimo material de aquel tiempo. Y la influencia vino de él. Se me dio por estudiar todo ese proceso: Y de ahí salieron los cuatro tomos de la Patagonia Rebelde”. Así le llegaría al joven descendiente de alemanes el relato de la masacre de 1.500 obreros en 1921, durante el gobierno del radical Hipólito Yrigoyen comandada por el teniente coronel Varela quien fuera ajusticiado por el anarquista Kurt Wilckens.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Usted escribió sobre el anarquismo y las luchas obreras. ¿Qué cree que pasó a nivel histórico que ahora las conquistas obreras anarquistas han sido descontextualizadas o minimizadas? ¿Por qué cree que pasa eso?</b></p>
<p class="western">&#8211; Porque realmente tuvo mucha influencia el comunismo, tuvo mucha influencia el capitalismo y realmente el movimiento anarquista se vino abajo, fue perdiendo fuerza, existe todavía pero ha perdido muchísima fuerza.</p>
<p class="western"><b>&#8211; El anarquismo siempre tuvo muy presente la importancia de la cultura y la difusión cultural de las ideas libertarias. En este sentido, usted hizo un aporte muy importante con la edición del disco “Los Anarquistas” que reúne relatos y canciones típicas de la cultura libertaria, ¿cómo surgió esa idea?</b></p>
<p class="western">&#8211; Se me ocurrió a mí, le hablé a Héctor Alterio y aceptó inmediatamente. Lo hicimos juntos. Yo no lo tengo, lo presté y no me lo devolvieron. Lo fui recogiendo del material que tenía antes y de discos viejos. Eran las canciones típicas de ellos. Se cantaban en peñas, actividades políticas. Siempre se cantaban antes de empezar las asambleas, muy lindas, me emocionan a mí.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Uno de sus proyectos actuales es la realización de una película sobre Severino Di Giovanni, junto al director Gustavo Gzain, de la que usted tiene a cargo el guión. ¿Cómo está el proceso?</b></p>
<p class="western">&#8211; Esta bastante avanzado. Está basado en el libro de mi autoría, la verdad histórica. Anteriormente lo iba a hacer Leonardo Favio. Estuvo 16 años con los poderes, 16 años tuvo el poder de filmar y no la filmó. Si habré discutido con él. El venía acá a las dos de la mañana y simulaba el fusilamiento de Severino. ´Vengo de escribir como es el fusilamiento de Severino´, y duraba dos horas el fusilamiento (risas, caras, gesticulación). Bueno ¡basta! decía yo. ¡Qué personaje que era! ¡Lindo personaje! Lástima que no la hizo, el hubiese hecho una gran película. Era muy buen director, estaba muy lleno de ideas ¡pero estuvo 16 años con la película! No fue capaz de hacerlo. Me llamaba todos los días a las tres de la mañana. ¡Ya tengo el fusilamiento de Severino! Bueno vení. ¡Qué personaje!</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Y este trabajo con el compañero Gustavo Gzain está avanzando?</b></p>
<p class="western">&#8211; Si, ya está hecho el guión pero falta todo lo demás de la producción. Es una película muy cara, todavía no empezó la filmación pero le tengo confianza. Una cosa de época es carísima: los asaltos en la calle y todo eso.</p>
<p class="western">En el libro Severino Di Giovanni (el idealista de la violencia) Bayer reconstruye la accidentada ceremonia que Luigi Aldrovandi Marescotti, embajador italiano en Buenos Aires en 1925, ofrecería en el Teatro Colón para agasajar al presidente Marcelo T. de Alvear y reafirmar la presencia política del régimen fascista de Mussolini en nuestro país. Un grupo de anarquistas escabullido entre los invitados provocó desmanes al grito de “¡evviva l´anarchia!”, mientras se trompeaban con los camisas negras que custodiaban la gala. Este sería el debut público de Severino.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Y la escena del Teatro Colón queda igual?</b></p>
<p class="western">&#8211; Sí tal cual, pero no nos van a dar el Teatro Colón porque son unos hijos de puta. Y ahora menos, lo vamos a hacer en otro teatro.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Una escena del libro describe la voladura de la embajada italiana, por parte de Severino, donde murió una nena. ¿Usted que se define como pacifista a ultranza considera que hay casos donde la violencia tiene lugar?</b></p>
<p class="western">&#8211; Bueno yo soy un pacifista pero también le doy la razón a los otros, a veces la violencia contra la violencia. A veces con el pacifismo no hacemos nada porque nos hacen de todo a los pacifistas, por eso Severino tenía razón en muchas cosas, en muchos aspectos. Y ahora estamos haciendo la película sobre Severino&#8230;.que increíble.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Usted como Secretario General del gremio de Prensa fue enviado a Cuba y tiene una entrevista con el Che, ¿qué es lo que charlaron? </b></p>
<p class="western">&#8211; La discusión con el Che fue la siguiente; dijo cómo había que hacer la revolución en la Argentina. Un grupo de compañeros se juntan en Córdoba y ahí empieza la cosa. Él nos contó cómo se hacía la revolución directamente. Iban avanzando. Pero no nos habló de la represión. Y cuando termina su relato de cómo es la revolución perfecta, le digo: Si compañero Che pero no nos habló de la represión. Digo, porque cuando empieza un grupo de compañeros en Córdoba como usted dice a hacer la revolución, enseguida va a haber represión. Y él me miró desoladamente y me dijo: Son todos mercenarios. Si son todos mercenarios pero la puta madre que lo parió (risas). Y todos los presentes que estaban me miraban como diciendo claro, son todos mercenarios boludo. Y yo quedé como un tonto, y me expulsaron de Cuba porque le hice esa pregunta.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Y no volvió más a Cuba?</b></p>
<p class="western">&#8211; Sí volví 20 años después, me invitaron 20 años después, se habían dado cuenta que habían sido injustos. Pero me gustó, lo del Che me gustó porque posiblemente para hacer la revolución no hay que preguntarse por la oposición, hay que hacer la revolución, ¿entendés? Ahí me di cuenta que él tenía razón en eso porque si vos empezás a pensar cuánta oposición puede haber, y que sé yo, al final no vas a hacer nunca la revolución. Ahí me di cuenta que él tenía razón pero me expulsaron de Cuba. Vos tenés que ver cómo me expulsaron.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Los sacaron?</b></p>
<p class="western">&#8211; A patadas en el culo, pero me di cuenta que el Che tenía razón. Él tenía una visión muy optimista y para hacer una revolución hay que ser optimista, no hay nada que hacer, no hay que pensar en la represión. Tenía razón el Che. Que tipo genial.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Sin ir más lejos usted tuvo una polémica con Amanecer Fiorito (editor del periódico anarquista La Protesta) cuando reivindico la del Che. Amanecer lo criticó, ¿qué balance hace de esa discusión?</b></p>
<p class="western">&#8211; Y que yo tenía razón (risas), ¿qué voy a decir? Porque cuando yo contesté se calló la boca al final.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Qué representa para usted que es anarquista la figura del Che?</b></p>
<p class="western">&#8211; Un revolucionario, un tipo extraordinario, un tipo que daba todo por los demás, un tipo generoso que da la vida. Me di cuenta cuando nos habló a nosotros. Nos habló de cómo había que hacer la revolución, no había ningún peligro. Había que hacerla y nada menos que en Córdoba…</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿O sea que usted considera que más allá del socialismo en libertad pueden haber otras formas de construcción?</b></p>
<p class="western">&#8211; Claro, ellos hicieron la revolución cubana que yo no tengo nada en contra en lo absoluto. Yo creo en el socialismo en libertad pero hicieron la revolución en Cuba, ahí debajo de EEUU, ahí nomas hicieron la revolución invencible porque no la pudieron vencer nunca. Así que qué voy a decir yo que no hice un carajo (risas) ¡Salú queridos compañeros!</p>
<p class="western"><b>Exilio y dictadura</b></p>
<p class="western">En junio de 1976 Osvaldo Bayer es obligado a salir del país a través de un pedido de la embajada alemana ante el inminente peligro de muerte. En un vuelo de Lufhtansa emprendería su exilio a Berlín desde donde impulsaría diversos proyectos, entre estos, junto al poeta Juan Gelman escribirían el libro “El Exilio” del cual le recitamos a Bayer:</p>
<p class="western"><i>No debería arrancarse a la gente de su tierra o su país, no a la fuerza.</i></p>
<p class="western"><i>La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.</i></p>
<p class="western"><i>Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. </i></p>
<p class="western"><i>Nos destierran y nadie nos corta la memoria, la lengua, los calores. </i></p>
<p class="western"><i>Tenemos que aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.</i></p>
<p class="western"><i>Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano. </i></p>
<p class="western"><i>El sol me mira cuando ellas respiran en la noche, duelen de noche bajo el sol. </i></p>
<p class="western">&#8211; ¡Qué poeta! Fue mi mejor amigo, mirá vos él judío y yo de ascendencia alemana (bromea Bayer), era el mejor. Qué gran poeta, lo dice todo ahí.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Usted le propuso hacer este libro juntos?</b></p>
<p class="western">&#8211; Si. Porque sabía que era el mejor de todos, era mi mejor amigo y por eso le pedí que escriba conmigo el libro. El libro creo que vale la pena leerlo.</p>
<p class="western"><b>&#8211; A 40 años del Golpe se recuerdan muchas cosas. También en el exilio usted empezó su relación tan bella con las Madres de Plaza de Mayo. ¿Usted se enteró en Alemania de la existencia de estas mujeres que caminaban alrededor de la Plaza?</b></p>
<p class="western">&#8211; Si, vinieron muchas veces a visitarme a Alemania. Es genial, lo de las Madres es genial, ir a la plaza de Mayo poner la cara ahí. Imagínense, extraordinarias, tengo el más grande cariño mi, más grande admiración, un ejemplo para nosotros realmente. Qué valentía. Lástima Hebe de Bonafini con su persecución, si no todo lo demás es precioso.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Estuvo en la marcha con Nora Cortiñas el 24 de marzo.</b></p>
<p class="western">&#8211; Claro, qué te parece, qué gran mujer. Solita, ella está solita.</p>
<p class="western"><b>&#8211; A pesar del terror, a pesar de la censura de los libros que los milicos quemaron en las hogueras, hay hombres que vuelven con su obra, con su ejemplo. Uno que está cada vez más presente para los jóvenes parece ser Rodolfo Walsh, ¿cree que hoy se está apreciando en toda su dimensión su obra?</b></p>
<p class="western">&#8211; Si cada vez más, grandioso, un gran amigo.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Antes de que se vaya al exilio, cuando se encuentran en 9 de Julio y Corrientes sostienen una discusión sobre el peronismo…</b></p>
<p class="western">&#8211; ¿Sabés que dijo? No, yo me quedo. Y se quedó y lo mataron. Qué genio, qué personalidad. Sabía que lo iban a matar y se quedó con un revolvito. Me mostró el revolvito que tenía y con eso se enfrentó a las ametralladoras de la marina de guerra. Qué genio, era un hombre muy abierto muy generoso. Marxista él, no peronista. Marxista y yo libertario, ¡salú!</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Y por qué Walsh se quedó con los peronistas?</b></p>
<p class="western">&#8211; Él me decía que por ahí estaba la revolución, en el peronismo estaba la revolución, él lo vio por ahí y se equivocó. El peronismo no era revolucionario. Yo no quiero desprestigiarlo, era el mejor de todos. Qué pensamiento, qué revolucionario.</p>
<p class="western"><b>&#8211; También un grande que a todos nos emocionó mucho, un hombre que hizo conocer el sufrimiento de Latinoamérica en todo el mundo fue su amigo Eduardo Galeano.</b></p>
<p class="western">&#8211; Eduardo Galeano era el mejor de todos, que gran pensamiento y que generoso la mano abierta siempre. Tuve muchos encuentros con él, vino acá al Tugurio y conversamos largamente. Era un genio.</p>
<p class="western"><b>&#8211; ¿Hablaban de fútbol?</b></p>
<p class="western">&#8211; También sí, pero yo ahí le ganaba (risas).</p>
<p class="western">“<b>Siempre que exista el anarquismo”</b></p>
<p class="western">La charla se interrumpe de vez en cuando. Cada “¡Salú!” sigue acompañado del tintinear de los hielos en los vasos. Sorbo, y se sigue adelante. Suena el teléfono, Bayer atiende. Entra una pareja amiga. Osvaldo recibe felicitaciones por las cuatro páginas dedicadas a él en una nota hecha en la revista Viva de Clarín.</p>
<p class="western">&#8211; ¿Vos sabes que me echaron a patadas de Clarín?- pregunta Bayer a los cronistas.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Lo echaron de Clarín porque usted le hizo la primera huelga…</b></p>
<p class="western">&#8211; Sí. ¿Qué te parece? ¡Qué huelga! Fue por aumento de salario. Las condiciones de los trabajadores no eran malas pero tampoco eran buenas. Nos mantenían debajo de la generalidad de la gente y yo inicié el paro. Me echaron, sí.</p>
<p class="western"><b>&#8211; Ahora que asumió Macri, ¿qué lugar tiene el anarquismo en la lucha de las y los trabajadores?</b></p>
<p class="western">&#8211; El anarquismo va a existir siempre, no tiene mucha influencia actualmente pero seguiremos trabajando. Yo creo que la solución es el socialismo en libertad, el socialismo para todos. Seguiremos luchando aunque sea una pequeña ayuda al pensamiento general de la gente pero siempre que exista el anarquismo. Que exista, que sea una solución el socialismo para todos.</p>
<p class="western">Al marcharnos Osvaldo nos sigue saludando desde la puerta del Tugurio mientras se sumerge en un universo casi de realismo mágico; se queda con sus peones rurales, con los anarquistas del gremio de los panaderos, el vodka de Vladímirovich, los presos de Bragado, Bakunin, Durruti y el Che. De fondo retumba la garganta gigante de Agustín Tosco mientras Rodolfo Walsh se esconde tras los marcos gruesos de sus anteojos mientras redacta una nueva proclama de la CGT de los Argentinos. El teatro de Brecht, los goles de Rosario Central, los besos de Marlines y los versos de Hölderin, los paseos por Berlín, Puerto San Julián y la avenida Corrientes en busca de un boliche para bailar tango. Ahí queda Osvaldo Bayer, el poeta de la libertad.</p>
<p class="western"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-26528 size-full" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/05/bayer2.jpg" alt="Osvaldo Bayer: “Yo creo que la solución es el socialismo en libertad”" width="709" height="590" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/05/bayer2.jpg 709w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/05/bayer2-493x410.jpg 493w" sizes="(max-width: 709px) 100vw, 709px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/creo-la-solucion-socialismo-libertad/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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