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	<title>Diez &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>¿Por qué queremos tanto al Diego si somos feministas?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Oct 2020 17:04:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy Diego Armando Maradona cumple 60 años y, en este humilde homenaje, lo saludamos desde nuestros feminismos populares y maradonianos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><i><span style="font-weight: 400;">Hoy Diego Armando Maradona cumple 60 años y, en este humilde homenaje, lo saludamos desde nuestros feminismos populares y maradonianos.</span></i></p>
<p><b>Por Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta será la primera -y última- nota en la que daremos explicaciones sobre nuestros sentimientos y elecciones. Para nosotras, el feminismo es mucho más que una causa por la lucha de derechos específicos. Para nosotras, el feminismo es un modo de mirar, amar, disfrutar y habitar nuestras vidas. Y nuestras vidas no son más que permanentes contradicciones, por eso, en las siguientes palabras, dedicamos unas reflexiones a esos sentimientos, elecciones y contradicciones para reforzar lo que somos: feministas, populares y maradonianas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tenemos memoria y no olvidamos la violencia que ha ejercido contra muchas mujeres, lo tenemos claro y sabemos que es parte de la sociedad y el futuro por el que luchamos: que ser macho no signifique tener privilegios ni ejercer violencia alguna contra el cuerpo de las mujeres. Que ser macho no sea cuestión de poderes ni de fuerzas físicas. Pero en medio de tanto ruido ahogando la voz de las y los pobres, no nos olvidamos de que el Diego y su fútbol siempre apuntaron hacia el sur.  Desde su nacimiento estuvo marcado con esta estrella y siempre supo bien de dónde vino y  hacia dónde quería apuntar: salió del barro y nunca olvidó su origen, la conciencia de clase la forjó en los lugares donde perfeccionó su arte con la pelota y con los más olvidados convirtió al fútbol en el escenario para hacer visible lo invisible. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Si hablamos de Diego, hablamos de pueblo, ese que siempre lo acompañó, no solo por sus jugadas, sino porque los barrios humildes se sentían representados en su rebeldía y en sus decisiones. Fue, también, capaz de darle la espalda a ese fútbol de maquila, como en el momento en el que se  fue de Barcelona para darle la gloria a un equipo del sur de Italia, al enorme Nápoli, y quitarle la hegemonía a los ricos del norte, a la poderosa Juventus de Platini, al poderoso Milan de Berlusconi; el Diego le plantó cara a los más poderosos y proyectó su voz desde lo colectivo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se reveló contra la maquinaria y la multinacional de la FIFA y la Conmebol porque no aceptaba el juego de los poderosos y prefirió poner su posición política por delante. El costo fue alto: fueron esos mismos poderosos quienes le cortaron las piernas en el Mundial del ´94, y sufrimos todas y todos. Sin embargo, el Diego no aprendió la lección y su desobediencia fue plantarse ante el bloqueo contra Cuba, apoyar la revolución Bolivariana en Venezuela, jugar fútbol con Evo y apoyar la paz en Colombia, siempre cuando las voces sonaban tibias. Desde hace unos años a esta parte, además, para los jugadores multimillonarios participar de la Selección muchas veces no es una prioridad. Hay demasiados intereses en juegos para abandonar partidos en sus clubes. Y ahí vuelve el Diego en una imagen de Italia 90: llorando ante las cámaras la derrota de un Mundial que jugó aun físicamente a medias. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero las autoras de esta nota no somos las únicas que salimos del clóset en nuestro amor por Maradona. Por eso sumamos otras voces que nos ayudan a mirar, a poner las contradicciones sobre la mesa, a no borrar nuestro pasado, nuestra crianza, y nuestras pasiones, que poco caben en un puñado de palabras. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><b>Me es inconcebible pensar el mundo sin Maradona como me es inconcebible pensar al mundo sin el feminismo </b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mónica Santino es ex jugadora de fútbol, parte de La Nuestra, de la Villa 31. Y nos dice:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“No sé por qué hay que explicar permanentemente por qué se ama a alguien. Se ama a alguien por lo que hace, por lo que significa. Y todo lo que significa trascendió la cancha de fútbol y el campo de juego porque fue una persona capaz de transmitir un nivel de emoción pocas veces visto. El fútbol genera eso, hace eso, logra que te abraces con alguien que no conocés cuando tu equipo hace un gol. El fútbol hace que llores profundamente, que tengas una alegría a veces inconcebible o desmesurada. Y Maradona es fútbol y Maradona es todo eso. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Maradona es una persona que nunca se olvida de dónde viene, cuál es su origen y del que está orgulloso. Eso es un punto de cercanía con un movimiento social como el feminismo, que desea transformar el mundo. Y Maradona, a su manera, y algunas veces machista, también, intenta transformar al mundo. Entonces, tenemos más puntos en común que desuniones y después, claro que están las contradicciones pero hacen parte de la vida y el juego mismo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me es inconcebible  pensar el mundo sin Maradona como me es inconcebible pensar al mundo sin el feminismo. Entonces poner en contradicción una cosa con la otra, como que si sos feminista no podés querer a Maradona, no es el feminismo que me gusta ni del que quiero participar. Tampoco es el feminismo como herramienta que utilizo para transformar la vida propia y de quienes me rodean: simplemente, un mundo más justo donde no haya oprimidos ni oprimidas. Y Maradona tiene mucho de eso. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy maradoniana, soy feminista, soy lesbiana, soy porteña y amo al país entero. Soy peronista y detesté los 10 años de menemismo. Soy todo eso como nos pasa a la mayoría de nosotres: un mar de contradicciones que nos hace estar vivas, nunca para comer, dormir y mirar la tele, sino para arder y cambiarlo todo como Diego lo hizo en todos sus años de jugador y hoy lo hace cumpliendo 60 años”.</span></p>
<p><b>¿Ser feminista es tener que borrar nuestras historias, los recorridos, eso que alguna vez nos hizo vibrar de emoción? </b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ro Ferrer es comunicadora, ilustradora e historietista y suma su mirada:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Quién sería yo sin el puño en alto del Diego, el llanto desconsolado, la construcción de una mística de equipo y pueblo&#8230; sin el corazón acelerado cuando los músculos de sus gambas se tensaban en ese instante en el que su pie tocaba la redonda y empezaban a bailar&#8230;</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy feminista y convivo con muchas contradicciones, también reconociendo errores, propios y ajenos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hizo que yo amara el fútbol. Y no es Dios, es un hombre que además de gloria, tuvo y tiene miserias; que nació parte de esta cultura de mierda que te levanta y aplasta con la misma fuerza, que le enseña a los varones que nosotras somos su &#8220;propiedad privada&#8221;, que tienen todos los privilegios y escasas responsabilidades más que las pautadas desde los espacios de poder.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Soy feminista y maradoniana, porque cuando lo veo, viene mi niñez a abrazarme”.</span></p>
<p><b>Es oro, y también es barro</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ayelén Pujol es periodista deportiva y juega a la pelota. Desde ahí nos dice: </span><b>“</b><span style="font-weight: 400;">A mí me interpela su fútbol, obviamente, y que siempre está del lado de los oprimidos. Cuando lo veía jugar y hablar, soñaba ser como él: romperla en la cancha, ilusionarme con pegarle así de zurda, y después salir y decir las cosas que decía. Es un creador, nos invitaba a pensar mundos nuevos y más justos posibles a través del fútbol. Es oro y también barro, claro”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y en este recorrido encontramos un escrito que nos interpeló y que nos disparó las ganas de seguir pensando. Por eso la sumamos a Maia Moreira, del departamento de Género del Club Lanús (del que es hincha) con su nota </span><a href="http://siemprelapelotaal10.blogspot.com/2020/10/maradoneana-y-feminista-el-orden-de-los.html"><b>Maradoneana y feminista: el orden de los factores no altera el producto</b></a><span style="font-weight: 400;">, en el portal &#8220;La pelota siempre al Diez&#8221;, donde nos dice, entre otras cosas: “Hay tantos feminismos como feministas, por eso a mí me gusta definir el feminismo que habito desde algunas cuestiones que considero fundamentales. Una de ellas es derribar ese axioma que marca absurdamente la antinomia de ser feminista y maradoneana.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">(&#8230;) Como tantas otras construyo mi vida en torno a mis gustos. Me encanta ser feliz pensando que &#8211; como aprendí de El Diego y el feminismo &#8211; esa existencia se cruza con los sentires de miles de compañeras que también desean una realidad mejor y más justa: un mundo más igualitario</span><b>. </b><span style="font-weight: 400;">Para mí, la militancia feminista tiene muchísimo que ver con ese espíritu de equipo que yo veo en Diego siempre latente, aún con el paso del tiempo. Creo que Maradona está siempre presente en esa mezcla que amalgama lo popular y lo académico y que, no casualmente, a muchas nos encontró con la excusa perfecta: el fútbol. Excusa que también usamos como herramienta para hacer que ese mundo, donde tengamos igualdad de derechos, llegue a ser realidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No quiero como feminista que nos olvidemos de dónde venimos, quiero que nos sepamos y aceptemos diferentes, que nos duela lo injusto, que juguemos en equipo. Y siento desde lo más genuino que Diego es, aún con sus fallas &#8211; como yo lo soy con todas las mías -, un poco eso. Pelusa habla desde su origen de barro, aceptó su nuevo mundo pero nunca jamás dejó de cuestionarlo cuando lo creyó injusto. Y siempre &#8211; ojalá eternamente &#8211; arma equipo y nos regala alegrías. Diego es encuentro, es la nada y la gloria que nos cantó Patricio Rey, es pueblo”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y nos vamos, sin dejar de desearle feliz cumpleaños al tipo por el que rezamos o prendimos velas o cumplimos nuestros rituales cuando su vida se esfumaba y miles de personas lloraban y esperaban en todos lados. Nos vamos y nos seguimos pensando y cuestionando: nos equivocamos, y a veces pagamos y a veces no. Un poco como él mismo, que se hace cargo de los errores. Y compartimos estas ideas porque nuestro feminismo se construye en el barro y en la contradicción; en la colectividad y en la celebración; en el llanto y en el dolor cotidiano por la injusticia. Lo queremos cambiar todos los días y, mientras tanto, gritamos gol y nos abrazamos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/por-que-queremos-tanto-al-diego-si-somos-feministas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Garrafa Sánchez: cuando los atorrantes son los héroes</title>
		<link>https://marcha.org.ar/garrafa-sanchez-cuando-los-atorrantes-son-los-heroes/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Jan 2017 12:55:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Recuerdo en un nuevo aniversario de su muerte]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Matías Izaguirre</strong></p>
<p><em>Esta es la historia de un jugador que vivió así, muy rápido. Un hombre forjado en el ascenso al que apasionaban tanto las motos como los lujos del fútbol bien jugado. Usaba la número 10. Le decían Garrafa. </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>&#8220;Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver&#8221;</em></p>
<p style="text-align: right;">James Dean</p>
<p>Todavía lo recuerdo bien. Un calor agobiante calentaba las calles de Buenos Aires. La sensación térmica superaba los treinta y cinco grados. Viernes 6 de enero de 2006. La noticia cayó como una bomba en medio de las vacaciones. Los medios hablaban de un accidente frente a la puerta de su casa. Agregaban que se había caído mientras realizaba una pirueta con su moto y que no llevaba casco. Su estado, decían, era gravísimo. El domingo, que irónicamente es el día de misas y partidos, falleció luego de agonizar dos días. Una muerte absurda que lloraron hinchas de casi todos los clubes. Porque por sobre todo era un tipo querido, un atorrante que sin haber jugado en los mejores clubes había logrado que todos hablaran de él, de su personalidad, de su forma de sentir el juego.</p>
<p>Todavía lo recuerdo bien. Usaba la número 10. Le decían <em>Garrafa</em>. Un apodo que, si se quiere, parece poco apropiado para un futbolista. No destaca ninguna virtud en particular y menos aún una característica física. Hubo un tiempo en que los apodos de los jugadores cumplían exactamente esa función, individualizar a uno entre muchos. Y a veces, con suerte, lo siguen haciendo. Sin embargo a él, José Luis Sánchez, <em>Garrafa</em> le sentaba bien. Había allí una cuestión de orgullo, una marca de pertenencia. Esa fue una de las pocas que no quiso sacarse de encima. Ése apodo era también el de su padre, Francisco, al que llamaban así por repartir gas comprimido.</p>
<p><em>Garrafa</em>, como muchos jugadores del llamado tercer mundo, nació en un barrio carenciado, en la villa La Jabonera, de las afueras de Buenos Aires. Allí vivió el tiempo necesario para aprender que la vida se trataba de sobrevivir. Sus padres recién lograron mudarse a una modesta casa en Laferrere justo cuando <em>Garrafa</em> ingresaba a la adolescencia. Con el tiempo él creyó que esa mudanza fue en cierta medida providencial, porque muchos de sus amigos de la villa terminaron mal. No todos encontraron la manera de evadirse de los violentos caminos que se tejen en las villas. Si él pudo fue gracias a su familia, pero también al fútbol.</p>
<p>En Laferrere todos sabían que el chico estaba destinado a llegar a la primera de algún club. Era puro talento. Su estilo vistoso, efectivo e incluso a veces sobrador (al menos así lo interpretaban sus rivales cuando no paraba de tirar caños, poco importaba el resultado) lo hicieron sobresalir en esos campeonatos de barrio, en los que se juega fuerte, por plata y donde siempre se sabe cómo se empieza pero nunca cómo se termina. En esos torneos donde los árbitros no logran imponer el reglamento y a veces, saben, mejor es ni intentarlo. Sobran los jugadores borrachos y hasta alguno que puede jugar armado. Alguna vez, el padre de Riquelme contó que su hijo había jugado en este tipo de torneos y que, en más de una oportunidad, lo habían marcado &#8220;jugadores&#8221; que portaban armas en la cintura.</p>
<p>Por eso, cuando debutó con diecinueve años en la primera de Deportivo Laferrere (1993-1997), luego de haber hecho todas las inferiores, estaba curtido como un veterano. De esta época es quizá una de las historias más conocidas y contadas de su vida. En 1996 Boca (dirigido en ese entonces por Bilardo) y Laferrere jugaron dos amistosos en Ezeiza, en el predio donde entrenaba Boca. Y <em>Garrafa</em> que jugaba igual contra cualquier rival, pero mejor aún contra los equipos grandes o en las instancias decisivas de los torneos, se destacó tanto como para que le propusieran entrenar con Boca.</p>
<p>Cuando le tocó volver a Ezeiza para la práctica con Boca no tenía con qué ir, salvo su Honda CBR 600. Y no se lo pensó dos veces. Sabía de la cláusula que en Boca prohibía a los jugadores andar en moto, pero él no tenía otra forma de llegar. No tenía opción. Quizá lo mejor era ir temprano, antes de que llegaran todos, incluso Bilardo, famoso -entre otras cosas- por su obsesión por tener todo supervisado y bajo control. La mala suerte quiso que el DT lo viera por la autopista, andando a toda velocidad, arriba de su moto. Inmediatamente Boca dio por terminada su oportunidad. No se quejó. Ya había aprendido a convivir con situaciones que consideraba injustas.</p>
<p>Luego se fue a El Porvenir (1997-199) donde fue uno de los principales artífices del ascenso al Nacional B. Y además del título logró que los hinchas lo amen, como ya había pasado en Laferrere. En el 1999-2000 jugó para el Bella Vista de Montevideo, donde con su equipo alcanzó incluso a clasificar para la Copa Libertadores. Pero él ya no la jugaría. Por aquellos días volvía cada lunes a Buenos Aires para ver a su padre, enfermo de cáncer en los pulmones. Y un día regresó a la Argentina para quedarse. Decidió que lo verdaderamente importante era otra cosa. Dejó el fútbol para acompañar y cuidar a su padre en sus últimos meses. No pensó en su carrera, ni en las consecuencias. Durante diez meses estuvo ausente de las canchas. Incluso triste sintió la satisfacción personal de haber hecho lo correcto.</p>
<p>Y cuando volvió lo hizo con todo, en Banfield (2000-2005) donde consiguió el ascenso a Primera en 2001, convirtiéndose en ídolo indiscutido y emblema de ese equipo. Era lo que él siempre había querido, jugar en Primera y ser alguien dentro del plantel, un referente. Sabía que tenía calidad y por eso jugaba tranquilo, sin presión. Se divertía y hacía pasar rivales con amagues y pisadas de otras épocas.</p>
<p>Y en 2005 volvió a Laferrere, club del que era hincha y en el que pensaba retirarse cuando cumpliera 35 años. Alguna vez había dicho que ahí hubiera jugado gratis, que esa era su vida, su gente. Ese retorno era seguir alimentando la leyenda. Ahí siempre había sido ídolo, pero ahora era el hijo pródigo que había llegado a la Primera con Banfield y del que todos hablaban maravillas.</p>
<p>El día del entierro los hinchas de Laferrere hicieron que el cortejo fúnebre pasara por el estadio (que ahora lleva su nombre) para despedirse en ese lugar. Era conmovedor ver a la gente llorándolo. Los rostros curtidos, trabajadores, gente pobre echándole flores al ataúd y aplaudiendo. Parecía el entierro de un héroe. Y en verdad lo era. Tenía apenas 31 años.</p>
<p>Todavía lo recuerdo bien. Usaba la número 10. Le decían <em>Garrafa</em>&#8230;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/garrafa-sanchez-cuando-los-atorrantes-son-los-heroes/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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