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	<title>Derrame &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Derrame &#8211; Marcha</title>
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		<title>Barrick Gold: cuando la tercera no es la vencida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Mar 2017 15:36:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Barrick Gold]]></category>
		<category><![CDATA[Derrame]]></category>
		<category><![CDATA[Florencia Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Glaciares]]></category>
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					<description><![CDATA[Sobre el derrame en San Juan]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Florencia Fernández* y Juan Carlos Travela**</strong></p>
<p><em>El tercer derrame producido por Barrick Gold en San Juan junto a la violación de la ley de glaciares debe ser el impulso para llevar la discusión de la minería a un plano mayor.</em></p>
<p>Durante el mes de enero, Barrick comunicó un nuevo derrame en San Juan, nada más ni nada menos que el tercero en menos de un año y medio. Esto debería demandarnos serias acciones en pos de terminar con los severos daños que se le está ocasionando al ambiente debido a la actividad minera. Sin embargo, pareciera que las grandes masas urbanas solo nos mantenemos tímidamente expectantes, gracias al pequeño e insuficiente lugar que los medios hegemónicos le dan a este tema.</p>
<p>A este nuevo derrame debemos sumarle la solución cianurada previamente dispersada en el ambiente, que se estima de al menos un millón de litros en cada uno de los anteriores eventos que tuvieron lugar en septiembre de 2015 y 2016.</p>
<p>Frente a estos hechos hay quienes creemos insuficientes las medidas tomadas por el Estado argentino, entre los que podemos mencionar la multa por 9 millones de dólares tras el primer derrame, o la denuncia presentada en la justicia de la provincia. Por este motivo, acompañamos las exigencias de las asambleas locales, la Asociación de Abogados Ambientalistas, Greenpeace, entre otras organizaciones, que reclaman el cierre definitivo de las operaciones de la Barrick en la zona, que no significa otra cosa que la simple aplicación de la ya sancionada ley de glaciares.</p>
<p>Además, estas actividades son ilícitas ya que se encuentran en ambiente periglaciar, por lo tanto, protegidos por esta ley. La misma, en su artículo dos, permite a las autoridades ordenar el cese de la actividad y llevar adelante las medidas de protección, limpieza y restauración que corresponda.</p>
<p>Sin embargo, la situación amerita llevar la discusión a un plano mayor.</p>
<p><strong>¿Cuáles son los beneficios de continuar sosteniendo la actividad minera? </strong></p>
<p>La minería no genera trabajo, ya que es una actividad capital intensiva que genera entre 0,5 y 2 empleos por cada millón de dólares invertidos. Esto explica como en 2014 solo el 1% del empleo en San Juan era producto de la minería. Además, como bien explican Maristella Svampa y Enrique Viale, importantes referentes a nivel nacional en esta temática, la promesa de la minería como el motor del desarrollo y el puente de las poblaciones locales hacia una mejor calidad de vida no se ha cumplido en ninguna de las provincias que desarrollaron esta actividad. Por el contrario, luego de muchos años los índices de pobreza e indigencia siguen siendo más altos que la media nacional, a lo que debe sumarse los pasivos ambientales generados.</p>
<p>Entonces, se arruina el espacio en donde vivimos simplemente por desarrollar una actividad que no genera empleo, que genera un 3% de ingresos para el Estado (de lo declarado por la misma empresa a boca de mina) y que solo beneficia en términos económicos a un reducido número de personas.</p>
<p><strong>¿Qué sucede con el Estado?</strong></p>
<p>Las señales que emite el Estado argentino no son esperanzadoras ya que, a contraposición de lo que refleja la realidad, se manifiesta que el sector minero puede ser una solución al desempleo y el progreso. Esto se ve reflejado en sus declaraciones, cuando promete a los gobernadores de empresas mineras trabajar para generar más proyectos, pero también cuando decide eliminar las retenciones a esta actividad, siendo ésta una de las primeras decisiones de la actual gestión.</p>
<p>Si bien se ha cobrado una multa a la empresa Barrick y se ha presentado una denuncia ante la justicia, la seriedad con la que se toma el tema en el gobierno no parece ser suficiente, o al menos así se puede entender mientras, <em>selfie</em> de por medio, el presidente Macri se reúne con el primer ministro de Canadá y se acepta una insignificante muestra de preocupación por parte del ministro sobre lo que está provocando la empresa canadiense en nuestro país.</p>
<p>No se debe olvidar que esto se da en el marco de la gestión de un ministro de ambiente y desarrollo, Sergio Bergman, que nulos antecedentes posee en el tema, lo que no deja de ser un indicio de la importancia que se le da a este Ministerio. Entre las primeras declaraciones que se recuerdan del ministro, podemos mencionar la siguiente: “No tengo demasiado conociendo técnico en el área del medio ambiente; es más sentido común”.</p>
<p><strong>¿Cuánto falta para lograr una ciudadanía sostenible en la Argentina?</strong></p>
<p>Hablando de sentidos comunes, el debate sobre la minería y la insostenibilidad ambiental de nuestras producciones y formas de consumo todavía se mantiene postergado.</p>
<p>Aun manteniendo grandes deudas sociales, durante el siglo XXI se han generado avances positivos en términos de derechos en nuestro país, no sin haber provocado grandes debates y disputas de sentidos. Lamentablemente la insostenibilidad ambiental de ciertas actividades productivas y, sobre todo del estilo de vida occidental que se ha adoptado como sinónimo de progreso, no ha tenido el lugar necesario en la agenda pública urbana.</p>
<p>Esto no es algo menor, ya que entre los responsables de esta situación debemos mencionar al gobierno anterior, que ha alimentado la proliferación de ciudadanos consumidores que mediante sus prácticas y proyectos están muy lejos todavía de acercarse a las problemáticas ambientales.</p>
<p>En términos de minería basta con mencionar al ex gobernador de San Juan, Jose Luis Gioja, actual presidente del partido justicialista, quien tiene la misma concepción que el presidente Macri sobre la minería: “hay que promover la minería, que da más plata que la soja”, &#8220;soy un fervoroso defensor de la minería&#8221; o “No hay ninguna actividad humana, para tener las cosas mínimas que necesitamos, que no produzca algún efecto o que a algunos les guste más que otros”.</p>
<p>Estas declaraciones no solo están erradas, sino que tampoco son menores ni circunstanciales, ya que el actual presidente del partido justicialista las ha mantenido durante toda su trayectoria política, desde que fue electo legislador hasta sus tres gobernaciones. Esto nos permite pensar que hoy en día esta postura tiene un gran peso en el peronismo, en parte porque el debate aún se mantiene alejado de los sectores populares del movimiento peronista.</p>
<p>Sin embargo, más allá de que no todas las actividades económicas generan los mismos impactos ambientales, la insostenibilidad ambiental de nuestro estilo de vida no se acota solo al sector minero y cruza de lleno los valores y principios que se han instalado en la sociedad actual. El acceso al consumo, desde un libro a una cerveza en un bingo, sin discriminación, se ha tomado como un avance en la inclusión, y sobre esta premisa se ha avanzado. El consumismo se enraizó en nuestra sociedad, reflejo de la cultura occidental, y ha creado ciudadanos que solo conciben la prosperidad o el progreso como el consumo de bienes materiales alimentando un modelo de desarrollo económico insostenible. En este punto el anterior gobierno tuvo como objetivo crear nuevas clases medias a partir del consumo, sin tener en cuenta, como explica Álvaro García Linera, la necesidad de volverlo consciente. Por el contrario, solo se crea una nueva clase media con capacidad de consumir, pero portadora del viejo sentido común conservador, y en este caso, economicista e insostenible.</p>
<p>Mientras solo se pretenda hacer responsable a una firma y no a la actividad, los problemas serán los mismos, y continuarán sucediendo los desastres ambientales como el actual derrame.</p>
<p>Desde las ciencias económicas la respuesta solo puede venir desde la economía ecológica, que hace de la discusión de la equidad, la distribución, la ética y los procesos culturales, un elemento central para la comprensión del problema de la sustentabilidad. De aquí que debe comenzar a darse la discusión y el debate por disputar, en el sentido común de los argentinos, el modelo de país y de actividades económicas alternativas a la minería. Esto debe lograr involucrar a las grandes masas urbanas en la lucha política que acompañe a las admirables puebladas en el interior, y que siente las bases para que esta vez efectivamente <em>la tercera sea la vencida.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>* Tesista de Lic. En Cs. Ambientales &#8211; UBA</em></p>
<p><em>** Lic. En Comercio Internacional y Doctorando en Desarrollo Económico – Investigador UNQ</em></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/barrick-gold-cuando-la-tercera-no-es-la-vencida/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El derrame</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Dec 2016 03:00:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[Derrame]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andújar / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. En esta oportunidad, el mito del derrame.</em></p>
<p>“No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelamos a su humanitarismo, sino a su amor propio (…) En este caso, como en tantos otros, es guiado por una mano invisible para la consecución de un fin que no entraba en sus intenciones (…) Jamás he sabido que hagan mucho bien aquellos que simulan el propósito de comerciar por el bien común. Por cierto que no se trata de una pretensión muy común entre los mercaderes, y no hace falta emplear muchas palabras para disuadirlos de ella.” (Smith, Adam. 1776)</p>
<p>En la metáfora más famosa de la historia de la economía, la famosa “mano invisible” se encuentran resumidos los principios en torno a los cuales se estructuran un sin número de teorías económicas y de políticas públicas liberales y neoliberales.</p>
<p>Adam Smith, filósofo y economista escoses, inaugura en 1776 la tradición liberal de los economistas clásicos y abre un camino por el que transitarán y transitan hoy, aún con sus diferencias, las y los más acérrimos defensores del individualismo, la competencia, la meritocracia, el libre comercio y la no injerencia del Estado en los en los asuntos económicos individuales.</p>
<p>Adam Smith le habla a un público, a una tribuna que estaba esperando que le hablen de ese modo. Un sinnúmero de incipientes comerciantes e industriales ingleses reciben, en pleno comienzo de la revolución industrial un apoyo ético y económico a sus acciones. Se les dice, sin pelos en la lengua, que su egoísmo e individualismo y la acumulación de ingresos y riqueza derivada de ellos, no sólo es éticamente aprobable sino que es el camino por el cual se llega al bien común. No es apelando a nuestra solidaridad que ayudamos a los pobres y desamparados. Es a través de nuestras ganas de progresar, de nuestro amor propio en palabras de Smith, que, aunque no tengamos esa intención, ayudamos a los demás. Si un panadero ve a unos pobres y se deja llevar por su sentimiento de benevolencia (hoy le diríamos solidaridad) y les regala el pan, en unos meses de repetir esta actitud, se funde, despide a sus trabajadores y deja en la sociedad más pobres de los que había. En cambio si se deja conducir por su egoísmo y sus ganas de tener cada vez más y le va bien, no tardará en abrir una nueva panadería por la que tendrá que contratar nuevos trabajadores y trabajadoras. ¿Se imaginan quienes podrán trabajar allí? Esa es la mano invisible, la que traduce los egoísmos e individualismos, por medio de mercado, en el bienestar general.</p>
<p>En la actualidad se suele hablar de la teoría del derrame que si bien no es una teoría en sí, es la forma en que se quiere justificar la acumulación de riquezas e ingresos de parte de algunos, argumentando que de dicha acumulación provendrá, tarde o temprano, el derrame hacia las capas más bajas. Dicho derrame se traduciría concretamente en forma de nuevos trabajos derivados de las nuevas inversiones que fueron motivadas por el éxito de las anteriores, por lo tanto, se generarán nuevas oportunidades de ingresos que, de otro modo (por ejemplo mediante la intervención estatal) no hubiesen existido.</p>
<p>En principio parece bastante razonable el argumento y de hecho podríamos decir que funcionaría si se cumplen ciertos supuestos que, la teoría liberal, se especializa en invisibilizar.</p>
<p>Entre ellos podríamos destacar dos.</p>
<p>El primero ya fue discutido hace mucho tiempo pero en estos momentos hace falta recordarlo.</p>
<p>Un economista alemán Friedrich List escribía en 1841 que la famosa mano invisible de Smith suponía una economía cosmopolita. Es decir, una sociedad sin naciones. List le “recordaba” a Smith que lo que hoy llamamos derrame no se da a todos por igual sino que se realiza en el marco de una sociedad dividida en naciones en la que, a través de las relaciones no neutrales del comercio internacional, unas se benefician a costa de otras. De este modo el egoísmo del fabricante de telares ingleses beneficiará al desocupado inglés siempre y cuando pueda hacer que otras naciones compren sus telares y no los fabriquen por sí mismas. Al parecer la mano invisible, para que funcione (para algunos) debe permanecer invisible.</p>
<p>El segundo de los argumentos es que para que exista derrame, aunque parezca obvio decirlo, tiene que haberlo. Es decir, las ganancias deben traducirse en inversiones productivas nuevas, estas en nuevos puestos de trabajo y estos en ingresos suficientes, por medio de buenos salarios, que mejoren sustancialmente la situación anterior de la comunidad. Cabe recordar, en referencia a esta última relación causal, que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) viene remarcando hace tiempo que debido a los bajos salarios la disminución de la desocupación no implica necesariamente la reducción de la pobreza.</p>
<p>Más grave es aún cuando podemos constatar que el egoísmo y el ánimo de lucro puede traducir las ganancias no en inversiones productivas sino en inversiones financiero especulativas o, lo que es peor, solo resguardase y esconderse en lo que hoy llamamos “Paraísos fiscales”. Por ejemplo, en nuestro país, durante el proyecto neoliberal anterior (1976-2002) los capitalistas acrecentaron sus ganancias y su participación en la riqueza. Muy por el contrario de lo descripto por la teoría, no solo no aumentó la inversión en dicho período sino que se redujo. Rara manera de derramar ¿no?</p>
<p>Basados siempre estas premisas falsas, los liberales de antaño y los neoliberales de ahora, rechazan cualquier política pública tributaria que cobre más impuestos a quién más gana o a quien más tiene. En el debate actual sobre el impuesto a las ganancias pueden verse estas posiciones.</p>
<p>En una <a href="http://www.infobae.com/opinion/2016/11/23/contra-el-impuesto-progresivo-a-las-ganancias">nota reciente</a>, cuya lectura recomiendo para comprender más acabadamente esta perspectiva, se escribe argumentando que el impuesto a las ganancias es una penalización a la iniciativa y al progreso individual. Se cuenta el caso de Juan, un joven que consigue un ascenso que implica un aumento de salario del 29%y de cómo el Estado, a través del impuesto progresivo a las ganancias, se queda con gran parte del mismo (sólo le depositan un 20%) “desmotivando” (las comillas son mías no del autor de a nota) a este joven para ampliar su casa (supuesto destino de los nuevos ingresos).</p>
<p>Desde las ciencias sociales, entre las que se incluye a la economía, se ha demostrado una y otra vez las nefastas consecuencias de la exclusión, que produce, conserva y reproduce el sistema capitalista, no sólo son éticamente reprobables en términos de los derechos que asisten a todas las personas por el solo hecho de serlo, sino que atentan contra los procesos de desarrollo sostenidos y sustentables. Diversos son los intentos de frenar la creciente desigualdad. Por ejemplo la mayoría de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y los europeos tienen marcados sistemas tributarios progresivos. Es decir recaudan mucho más con impuestos progresivos, como el impuesto a las ganancias o la riqueza, que con impuestos regresivos, como son los impuestos al consumo, en nuestro país representado por el IVA. Si nos focalizamos en los tan elogiados países nórdicos, la progresividad aumenta mucho más. Resulta extraño que las economías más desarrolladas del mundo “castiguen” el progreso que sus logros desmienten.</p>
<p>El caso de Juan, perfectamente real en la Argentina, puede repetirse, en el mejor de los casos sólo en el 15% (hace un año era el 11%) de las y los trabajadores asalariados por una sencilla razón. El 85% restante no está alcanzado por dicho impuesto, lo que en principio parece bueno pero una mirada un poco más atenta nos alertaría sobre lo reducido que son los ingresos para la gran mayoría de las y los trabajadores. Asimismo téngase en cuenta que no estamos incluyendo al 9% de desocupados que según el INDEC hay en la actualidad para quienes las discusiones en torno al impuesto a las ganancias resultan, a todas luces, ajenas.</p>
<p>La lotería genética, (es decir dónde nacemos) afirma el filósofo liberal Rawls, determina en gran parte y de modo caprichoso nuestras posibilidades futuras que no están asociadas solamente a nuestro esfuerzo sino principalmente a nuestra suerte. En un sentido similar Paul Krugman menciona que probablemente terminemos mirando con nostalgia los inicios de siglo XXI, cuando pretendíamos que los ricos se ganaran su propia riqueza. Para el 2030, sentencia, todo será heredado, vamos a hacia una sociedad oligárquica de riquezas heredadas.</p>
<p>Ni Juan y mucho menos su empleador deben sorprenderse con la existencia de un impuesto progresivo que existía antes de tomar la decisión del aumento de salario. El aumento con el que el empleador quiso “premiar” el “esfuerzo” de Juan nunca fue del 29% sino que siempre fue del 20% libre de impuestos. Si hubiese querido valorar dicho esfuerzo con un 29% de aumento, debió haber hecho un simple cálculo y otorgar una suba un tanto mayor.</p>
<p>La imposición y profundización de sistemas tributarios cada vez más progresivos, tanto en ingresos como en riqueza, es una necesidad ética y política, si pretendemos tener alguna chance de construir una sociedad con mayores dosis de justicia social.</p>
<p>A decir verdad, para que exista derrame, hay que tener la intención de derramar…</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><img class="alignnone size-medium wp-image-33431" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png" alt="derrame-circ" width="630" height="315" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-1024x512.png 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-810x405.png 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ.png 1200w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-derrame/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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