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	<title>debates &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>Sin categorías analíticas, el sentir. Los pueblos no olvidan a quien los amó</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Aug 2024 15:17:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Nuestros aportes sobre la democracia, la representación, las elecciones y los movimientos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Durante años aletargamos la búsqueda de palabras para definir, de forma popular, lo que sucede en el territorio donde se condensa la máxima disputa geopolítica a nivel mundial. Sobre Venezuela, por estas horas, nuestros aportes sobre la democracia, la representación, las elecciones y los movimientos tras años de escucha y aprendizajes regionales.</em></p>



<p><strong>Por Redacción Marcha</strong> / <strong>Fotos: Zoe Alexandra Pepper desde Caracas, Venezuela</strong></p>



<p>Hace (ya) décadas que la Revolución Bolivariana en Venezuela nos obliga a mover las cabezas y sacudir los preconceptos a la hora de analizar la política de ese país que lejos de ser individual y local, surgió colectiva y regional. Desde el momento en que un liderazgo retórico y argumentativo como el de Hugo Chávez emergió en la escena pública, con su carisma y sus contradicciones, todo cambió. Difícil olvidar a quien encendió corazones en nombre del socialismo en varios pueblos. Pero es ingenuo dejarse llevar por la rebeldía o exigir obediencias sin dar lugar a las críticas y a más y más transformaciones.</p>



<p>Las elecciones presidenciales en el país con la mayor reserva de petróleo no se definen en la cuna de la racionalidad –o del fin de los conflictos complejos-&nbsp; que quieren ser hoy “las urnas”. Tampoco en la disputa callejera numérica que consagra quién gana: si las pasiones o si los odios. Empezó antes del 28 de julio de 2024 y es obvio, terminarán mucho después. Por eso, cada vez que narramos elecciones hablamos de “procesos electorales”.</p>



<p>Lo cierto es que durante años aletargamos la búsqueda de palabras sensoriales y categorías analíticas para definir, de forma popular, lo que sucede en el territorio donde se condensa la máxima disputa geopolítica que involucra a los suprapoderes del mundo. Una contienda por el saqueo de los recursos comunes y por el control hegemónico del tiempo y las cabezas de quienes conforman los “movimientos sociales” en América Latina y Caribe.</p>



<p>Hoy nos vemos en el encierro de cajitas cognitivas a la hora de pensar y de escribir. Que sí, son también consensos básicos de convivencia y entendimiento. Pero que no, a veces no alcanzan porque deben renovarse, pactarse y contarse de nuevo. Por eso preguntamos:</p>



<p>¿Es posible entender lo que pasó la noche del domingo en Venezuela sin evocar toda explicación a la dicotomía tan vaciada de sentido democracia- dictadura? ¿Es posible leer estas palabras sin pensar que se defiende dogmáticamente alguna de las posiciones en danza? Aún más, ¿qué otras formas encontramos para entender y explicar -en tiempos del periodismo de “Corta” y del clickbait- un proceso social de larga data que involucra la descomposición de la política y el conservadurismo de una revolución? ¿Acaso pensamos que las actas o los números convierten a “unos u otros” en “buenos o malos”?</p>



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<figcaption class="blocks-gallery-caption">Caracas, 31 de julio de 2024</figcaption></figure>



<p>Sabemos que llegamos de atrás a esta discusión material y simbólica pero queremos aportar nuestros aprendizajes, escuchas y experiencia en el oficio con algunos ejes:</p>



<p>1. El poco favor que nos hace la <strong>cancelación</strong> de las voces del chavismo. Una maniobra de múltiples actores que deteriora el debate público, estigmatiza y vuelve invisible una representación y una visión de poder comunal que -sigue siendo- popular en Venezuela.</p>



<p>2. La falta de mención a la <strong>crisis de legitimidad</strong> política, que no escapa al país y que alcanza al desgastado y conflictivo gobierno de Nicolás Maduro y a María Corina Machado, quien lleva adelante un proyecto que no tiene propuestas, sino un objetivo destituyente.</p>



<p>3. El <strong>enunciamiento enojado</strong> de las deudas del gobierno de Nicolás Maduro, pendientes de todos los gobiernos en la región: universalidad en la distribución de la riqueza, combate a los privilegios patriarcales y recambio y profundización de la revolución socialista.&nbsp;</p>



<p>4. La <strong>espectacularización y romantización </strong>de las elecciones y los levantamientos ciudadanos. Además de las noticias falsas y los videos sin contexto, debemos alejarnos de la idea de que toda expresión rebelde puede ser representada cabalmente “en las urnas”.</p>



<p>5. La falta de profundización en el análisis periodístico de las consecuencias sobre el pueblo venezolano -dentro y fuera del país- de las <strong>medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo económico </strong>ejercido por Estados Unidos, la Unión Europea y otros organismos. </p>



<h2><strong>Una jornada electoral que parece no terminar</strong></h2>



<p>Si nos hubiesen preguntado qué escenario queríamos ver el domingo 28, posiblemente no sería éste. Pero si nos hubiesen preguntado cuál era el más imaginable sí lo sería. Desde la muerte de Hugo Chávez hacia acá, las narrativas en Venezuela se sostienen alrededor de clivajes firmes que invisibilizan y procuran borrar matices.</p>



<p>La elección, de todas maneras, transcurrió en completa paz, salvo algunos incidentes que no se salen de lo normal en cualquier proceso latinoamericano. Si algo ya venía anticipando el pueblo venezolano es que la violencia es un camino al que no quieren volver más. De ahí que el liderazgo opositor y oficialista no tuvo otro remedio que acordar volver, o al menos intentar, a una normalidad donde los conflictos se dirimen en el terreno de la política. El estado de agresión permanente no es negocio para nadie. Menos para el pueblo.</p>



<p>La participación fue de un 59%, según los datos del CNE y de la oposición, es el único número en el que aparentemente hay consenso. Mucho antes del cierre de urnas, ya las voces de la derecha regional anunciaban que se venía un “fraude”. Discurso armado, acciones consensuadas. Nada nuevo. A este concierto se sumaron también sectores de la izquierda, claro, sin entrar en el juego del zurdómetro. Gabriel Boric, un habilidoso en dar titulares a los medios de derecha, arrancó advirtiendo al&nbsp; “régimen” que no reconocería los resultados si no eran verificables. Le acompañaron en esa línea una serie de intelectuales y periodistas progresistas, bajo la consigna, “democracia ante todo”. Parecían coincidir en algo: la elección solo era democrática si la perdía Maduro.</p>



<p>La demora en la publicación de resultados no ayudó. Desde el oficialismo señalaron un ataque en el sistema electrónico de transmisión para la totalización de los votos. Algo que a priori parecía sospechosamente oportuno pero que en la Venezuela asediada invita a dar el beneficio de la duda. De ahí en más, la historia fue la de los últimos años. Machado aseguró tener pruebas de que habían ganado y llamó a <a href="https://misionverdad.com/venezuela/los-comanditos-hasta-el-final-de-la-guarimba-postelectoral">los “comanditos”</a> a defender la victoria.</p>



<p>A la medianoche, el CNE finalmente dio los resultados: Maduro 51,2% y González Urrutia 45%. Un resultado que además organizó la geopolítica de una forma clara. Por un lado, los gobiernos no alineados occidentales (China, Rusia e Irán) felicitaron el triunfo del gobierno. Lo mismo hicieron los gobiernos del bloque ALBA (Bolivia, Honduras y Cuba). La derecha, con Javier Milei al frente, rechazó inmediatamente. El resto de gobiernos de izquierda (México, Colombia y Brasil) decidieron esperar, tener más claridad en los datos. Un paisaje claro que pone en evidencia que el conflicto en Venezuela no se condensa a una mera discusión de mecanismos electorales. ¿La sorpresa? Un Estados Unidos más moderado que otras veces, mirando con un ojo su propia interna y con el otro la guerra en Ucrania.</p>



<p>Al día siguiente, la violencia volvió y se fue profundizando hacia el martes. Estas nuevas guarimbas, con menos fuerza en la calle que en años anteriores, pero con la misma intensidad mediática de siempre, situaron el relato de un pueblo que busca “derrocar” al “dictador”. Los enfrentamientos entre opositores y policías dejaron al menos 3 muertos, 6 según diversas fuentes. En este número tampoco hay acuerdo.</p>



<p>En las redes sociales, la idea de fraude se instaló como un desafío de Tik Tok. La cancelación del chavismo como sujeto político y la deshistorización y desideologización del conflicto llevaron rápido a un sector del progresismo a refugiarse bajo las consignas de la ultraderecha venezolana, en la misma orilla que Milei.</p>



<p>El chavismo también convocó a los propios, mostrando músculo, deseo de defender la victoria. Pero sin dar respuesta a lo que se viene convirtiendo en una condición necesaria para respaldar el triunfo: la publicación de los resultados. Desde ahí se posicionaron tanto Lula como Petro. En Argentina, el kirchnerismo y organizaciones de izquierda tomaron una postura similar.</p>



<p>Además de las actas, la demanda viene siendo hacia los veedores. El informe del Centro Cárter complicó el asunto. “Las elecciones no pueden ser consideradas democráticas”, una punzada que la oposición celebró como un gol. Esa misma oposición que pasó del “Estado paralelo” al “CNE paralelo”, anunciando resultados que dan como ganador a Edmundo González Urrutia, ¿o deberíamos decir a María Corina Machado? A la noche de este miércoles, los datos revelados por la derecha le dan el triunfo por un 67%, un número que parece darle respaldo a sus seguidores pero que, al menos por ahora, es inchequeable.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Pero frente a los golpes, el chavismo también hizo lo propio en la jornada del miércoles. Convocó a una concentración en el Palacio de Miraflores; introdujo un recurso de amparo ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para que la Sala Electoral convoque a todos los partidos a que presenten sus actas; y en paralelo desmovilizó y procesó a los grupos de choque. También obtuvo algunas victorias internacionales. En la OEA no se lograron los votos para emitir una resolución que exija la publicación de las actas; mientras tanto, la Misión de Observadores Electorales calificó al proceso como “limpio y en paz”.&nbsp;</p>



<p>Las 72 horas posteriores a la elección fueron una aceleración de acontecimientos difíciles de seguir. Como si los actores hubieran planificado de antemano sus acciones. Algo que en Venezuela pareciera ser lo normal, pero que afuera aporta a esa dificultad por comprenderla. Lo cierto es que <strong>a 4 días de realizados los comicios nadie puede decir con certeza que hubo fraude. El resultado pasó a ser más que una cuestión de votos, una cuestión de sentidos.</strong> <strong>Una elección que lejos de dirimir el conflicto, pareciera haber inaugurado una nueva etapa.</strong></p>



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<figcaption class="blocks-gallery-caption">Caracas, 31 de julio de 2024</figcaption></figure>



<h2><strong>Venezuela en el centro: ¿otro logro de la Revolución Bolivariana?</strong></h2>



<p>Hoy, el país sudamericano vuelve al centro de la escena geopolítica para evidenciar la continuidad de un mundo que -todavía- se lee en clave bipolar, que no habilita los colores, que castiga o celebra pero no quiere preguntar. ¿Vamos a permitir que esa manera de leer los conflictos ciegue nuestras intuiciones? No. No vamos a anular las contradicciones que habitamos durante los últimos años, mucho menos todas esas tensiones que nos atraviesan y estrujan en este día, y cada día. No vamos a negar las voces de afectos y amistades que nos insisten en contar su “otra” verdad, la de un pueblo que defiende la paz.</p>



<p>“Otra” porque gran parte del periodismo sigue obnubilado. Mirando a la extrema derecha, asumiendo su narrativa como el único discurso válido para contar esta historia. <strong>¿Desde cuándo las derechas marcan los horizontes de las democracias y sus derechos?</strong> ¿Por qué ya no se cuestionan los armados mediáticos, las violencias financiadas y los saqueos orquestados? ¿En qué momento los grupos de personas contratadas comenzaron a encabezar nuestras rebeliones? Durante los últimos días, no todo fue protesta y corte de calles como agitan las principales empresas de comunicación. También hubo solidaridad de pueblo, resistencias a la cancelación de sus corazones, respeto y gestos de apoyo ante un mundo que insiste en criminalizar su elección. ¿Y eso, dónde lo vemos o decidimos que no hay que contarlo?</p>



<p>La Revolución Bolivariana viene acumulando un proceso de desgaste que no se centra, únicamente, en la dirigencia. Sí, los caudillismos y los liderazgos son una parte importante del problema, porque destruyen nuestras endebles democracias y nos exponen al despojo que proponen las derechas extremas. Pero también, y con sinceridad, no todo es responsabilidad de las izquierdas y los progresismos. También hay bloqueos y embargos que ahogan la vida cotidiana y pretenden hacer desaparecer: violencias económicas que castigan y disciplinan a quienes se atreven a vivir por fuera de las reglas del gran capital.</p>



<p>La situación económica no dió tregua y obtuvieron como respuesta un proceso de migración masiva, uno de los puntos más conflictivos de la actualidad: millones de personas dejaron sus afectos, hogares y territorios. Lo hicieron en búsqueda de una mínima seguridad y a cambio de largas horas de trabajos precarizados. Personas que, por su partida urgente y poco planificada, son desconocidas por el propio Estado, ese que les prometió acompañamiento eterno. Para votar, como en cualquier país, quienes migraron deben realizar su trámite de residencia en el exterior, sí. Pero también, y sobre todo en este caso,<strong> un gobierno que se dice revolucionario debería garantizar la ciudadanía a ese tercio de población que eligió migrar buscando otras formas de vida digna</strong>.</p>



<p>Por las torpezas dirigenciales, así como por el ahogo económico y la migración desenfrenada, el proceso bolivariano se reconstruye  desde hace más de una década y lo hace a pesar del partido y de sus estructuras de Estado. Y es que, aunque parezca una obviedad decirlo, la Revolución Bolivariana no es solamente el PSUV que lo representa, así como Maduro no es Chávez. Y no nos referimos únicamente a una cuestión de carisma, el gobierno de Nicolás Maduro se reafirmó en la negociación empresarial y la burocracia estatal en detrimento de los procesos populares de emancipación. Un clima de época y una decisión política. Una desilusión de quienes sí esperábamos. Y mucho.</p>



<p>Sin embargo, no olvidamos. Y por eso volvemos al resonar de las palabras de Hugo Chávez. Porque, lejos de una nostalgia barata y abstracta, su legado es empírico y palpable: “Comuna o nada”, aseguraba luego de comprender los límites del laberinto capitalista. Hoy, esta forma de organización comunitaria resiste -tal vez incluso a pesar del gobierno- y se erige ante la hostilidad del <em>sálvese quien pueda</em>. Es un hecho, en Venezuela existen más de tres mil comunas que se encienden como un faro para quienes no aceptamos al individualismo como la única lógica de organización de nuestras vidas. Entonces, si esas comunas -con sus procesos populares y discusiones feministas- hoy se paran en la vereda del gobierno bolivariano, ese es un lugar de enunciación y acá estamos para contarlo.</p>



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<figcaption class="blocks-gallery-caption">Caracas, 31 de julio de 2024</figcaption></figure>



<p>Es probable que la resolución a este entramado de disputas complejas que contiene la definición de quién es el próximo presidente de Venezuela, no se dé en los tiempos en los que el periodismo exige una tapa o un titular para cambiar de tema. También que no deje a todo mundo contento. Mientras, podemos sentir y reflexionar. Y escribir. Alejándonos de narrativas simplistas que borren la riqueza de una época y el protagonismo de un movimiento que dio voz y poder a quienes colocaron en los márgenes de la historia.</p>



<p><strong>El chavismo no perdió.</strong> <strong>Y encarna un sueño de emancipación y dignidad que sigue vivo en las luchas de América Latina y el Caribe.</strong> Y a quien no le gusta, ¡se seca! En tiempos de incertidumbre y precariedad, incluso analítica, gratifica recordar lo que sienta nos guía: las verdaderas transformaciones nacen de los pueblos y se sostienen en su capacidad de organizarse, resistir y reinventarse. Porque los pueblos no olvidan a quienes los amaron.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/sin-categorias-analiticas-el-sentir-los-pueblos-no-olvidan-a-quien-los-amo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Feminismos y neoliberalismo: debates necesarios</title>
		<link>https://marcha.org.ar/feminismos-y-neoliberalismo-debates-necesarios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Nov 2018 03:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[#AbortoLegalYa]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Paula Marangoni]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[debates]]></category>
		<category><![CDATA[feminismos]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Cómo conquistar lugar en la política sin diluir nuestras luchas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ana Paula Marangoni / Foto: Analía Cid </strong></p>
<p><em>Si bien los movimientos feministas veníamos dando un paso a la masividad desde la primera marcha &#8220;Ni una menos&#8221;, el 3 de junio de 2015, la llegada del debate por la legalización del aborto al Congreso marcó un significativo salto cualitativo. Cómo hacer de nuestra fuerza una avanzada de derechos. </em></p>
<p>Lo que las mujeres, lesbianas, travestis y trans vivimos en apenas unos años fue sin duda una revolución que abarcó desde marchas desbordantes de vida hasta debates que no pararon de crecer: entre amigas, en la mesa familiar, con relaciones afectivas, de pareja, chongxs o amores free lance, hasta programas de televisión marquetineros y faranduleros como Intrusos. Las redes sociales supieron arder con ping pong de opiniones, escraches e interpelaciones directas a formas culturales de vivir, relacionarnos y trabajar, totalmente naturalizadas. Se dejaron de escuchar bandas, se cuestionó el abuso y el machismo en el rock, se escrachó a militantes estrella con prontuarios secretos de violencia y/o abuso. Se habló de la romantización del machismo en los vínculos, del trabajo doméstico y de cuidado no pago, y entendido por muches como “amor”. Salieron aguerridas las antiprincesas y el reclamo por infancias libres de estereotipos. El lenguaje inclusivo puso en jaque a los fanáticos de Reales Academias extranjeras. Se habló de desigualdades económicas y de representación en todos los ámbitos, especialmente en los cargos jerárquicos económicos y políticos. Con menos fuerza, lamentablemente, se visibilizaron los travesticidios y se sigue la lucha por el cupo laboral trans.</p>
<p>En cuatro años, básicamente, se cuestionaron mandatos naturalizados que encubrían una y otra vez una estructura machista para la que hay sujetos de primera y otres de segunda.</p>
<p>Las luchas feministas de larga trayectoria pudieron diseminarse y generar debates para toda la sociedad.</p>
<p>2018 nos encontró con el suceso histórico de que se debatiera por primera vez la legalización del aborto en Argentina, que una vez más conjugaba una nueva sensibilidad social con el esfuerzo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito surgida en 2005 en un Encuentro Nacional de Mujeres.</p>
<p>Frente a la reacción de sectores ultra conservadores, que defienden un modelo de familia único y que no pretenden ahondar en la cruda realidad de las mujeres que año a año optan por el aborto clandestino, se intentó desviar un problema de salud pública, producto en muchos casos de la vulneración que sufre la mujer por parte del Estado y de la sociedad en ámbitos públicos y privados, hacia un dilema de falsa moral, en el que aparentemente lo que estaba en juego era “la vida”. Pero con la convicción de no dar respuesta a la problemática en ningún aspecto, lo que sin duda es el abandono de cada vida a su propia suerte.</p>
<p>Así surgieron los pañuelos celestes, en respuesta al éxito de un emblema creado por la Campaña por la legalización del aborto en Argentina y que en poco tiempo copó todas las calles. El pañuelo celeste fue un intento desesperado de sectores conservadores, especialmente de iglesias católicas y evangélicas (vale decir que hacia el interior de esas iglesias hay opiniones diferentes, por eso es necesario resaltar que hay sectores en particular que sostienen la clandestinidad del aborto), por transformar un debate en un combate entre posturas contrarias y respetables. Falsa dicotomía la de oponer la negación de un derecho a su tratamiento, y dar la espalda a una problemática de mortalidad, que abarca también otras esferas como la salud, la paternidad ausente, la crianza deseada y responsable, etc. Falsa dicotomía la de creer que una ley pueda vulnerar las opciones religiosas de cada ser humano. El Estado es un marco de derechos, mientras que cada persona tiene libertad para ejercer su credo. Una ley no obliga, solo garantiza el acceso en condiciones apropiadas.</p>
<p>Las multitudes que se acumularon en las inmediaciones del Congreso para la votación en ambas cámaras, demostraron una vez más la vitalidad de los feminismos y un consenso general sobre el tema. <strong>Solo el feminismo logró demostrar que una lucha puede ser una fiesta</strong>, una reunión de amigas, un ritual, y un evento multitudinario sin micros ni aparato de partidos políticos. En definitiva, puso en orsay formas tradicionales de movilizarse. Supo ser mates o birras, festival, música en escenarios, abrazos y encuentros, feria, performance artística y también columna. Un desborde de heterogeneidad y pluralidad en todo sentido.</p>
<p>Sin embargo, toda esa fuerza no alcanzó para que la ley saliera, especialmente en el Senado, la cámara que más distante se encuentra de la expresión ciudadana, más ligada al machismo conservador de provincias con índices altísimos de embarazo adolescente y abuso. La cámara de privilegios donde una senadora votó en contra confesando no habiendo leído la ley y otro senador defendió lisa y llanamente la violación.</p>
<p>La contradicción se hizo presente una vez más en nuestros cuerpos, calados por la lluvia y el frío. Logramos lo impensado, y, aun así, no pudimos ganar la pulseada más rígida del poder. Lo entendimos rápido, aunque no sin dolor: la lucha continúa.</p>
<p>No es de extrañar que nuestro protagonismo en la cuarta ola del Feminismo hiciera cortocircuitos con los armados políticos previos al año próximo. En 2015 CFK terminaba su mandato de dos gobiernos y nunca tuvo que dar demasiadas explicaciones sobre su negativa a tratar la ley de aborto. La misma persona votó este año a favor de la ley. Acaso impulsada por una ágil lectura de cambio de escenario.</p>
<p>Pero pasaron cuatro años de revolución, y discursos como la disertación reciente de CFK en un foro de pensamiento crítico de Clacso, ya no pasan desapercibidos. Mucho menos<strong> cuando lo que se está debatiendo es el armado de un frente político que pueda hacer frente al neoliberalismo.</strong></p>
<p>Si los feminismos pudieron ser una transformación de la sensibilidad y un cuestionamiento que va desde la subjetividad patriarcal hasta las estructuras políticas neoliberales, ¿cómo es posible plantear un frente anti neoliberal que ponga en el mismo escalafón, no ya la libertad de credo, sino el emblema de sectores que buscan negar derechos de miles de mujeres amparados en argumentos religiosos? Si lo que hay que enfrentar es una sensibilidad neoliberal, ¿cómo se la enfrenta esgrimiendo al consumo como el principal dador de igualdades?, ¿aun cuando el aumento del consumo sin la transformación de subjetividades creó silenciosamente el suelo electoral del macrismo?</p>
<p>Tal vez haya quienes planteen que una disertación en Clacso puede ser utilizada como un prematuro discurso de campaña, y que como tal, no hay que darle importancia porque solo busca “conquistar votos” antes de debatir posicionamientos. Pero si aún en un foro de pensamiento crítico, los debates se sustituyen por discursos de campaña, ¿en qué momento se debate con la figura que representa en mayor medida a tal oposición? ¿Se le perdona la mención de pañuelos celestes y verdes como banderines de equipos de fútbol? ¿Se la obvia indulgentemente, esquivando lo que implica la construcción de un frente neoliberal? ¿Armamos el anti argumento de “primero hay que ganar”, para luego debatir, en un futuro imaginario, como se construye un frente de tal índole en un panorama latinoamericano y mundial fuertemente complejo? ¿Ubicamos las demandas del movimiento más vital de estos últimos años en un orden de igualdades: “ustedes van a estar, y los antiderechos también”?</p>
<p>Cada movimiento y cada figura tiene responsabilidades por lo que dice. El diálogo con CFK es inevitable. Y si su palabra no se ajusta al cambio de época en necesario señalarlo. Y si los líderes políticos no están a la altura de los debates, hay que producirlos, una vez más, como desborde.</p>
<p>Los feminismos, por otra parte, nos enfrentamos a largos y necesarios debates. <strong>Cómo hacer de nuestra fuerza una avanzada de derechos</strong>. Cómo lograrlo en un contexto que vuelve, como un viejo hit, a darle centralidad a la Iglesia no solo como amigo inseparable del Estado sino como aliado político imprescindible. <strong>Cómo conquistar lugar en la política sin diluir nuestras luchas, que son urgentes porque están directamente unidas a la pobreza, a la exclusión y la desigualdad</strong>. Cómo no perdernos en un diálogo entre convencidas. <strong>Cómo no ser utilizadas por figuras para las que aportamos un plus de corrección política y nada más.</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/feminismos-y-neoliberalismo-debates-necesarios/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Aníbal D´Auria: “No hay nada más realista que el anarquismo”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/no-hay-vision-mas-realista-que-el-anarquismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jun 2017 03:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[debates]]></category>
		<category><![CDATA[derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Petruzela]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
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					<description><![CDATA[El Derecho y en Anarquismo. Entrevista a Aníbal D´Auria]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Manuel Petruzela</strong></p>
<p><em>Aníbal D´Auria es abogado, politólogo y filósofo. Profesor de Teoría del Estado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, sostiene que “el derecho es un mundo de ficciones”.<br />
</em></p>
<p>Hablar del anarquismo en un lugar tan coqueto como la zona de la Recoleta en Capital es un tanto extraño. Pero resulta que Aníbal D´Auria es profesor titular de la materia Teoría del Estado en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y por ahí se dio el encuentro. Tiene 53 años, dice que leyó ¿Qué es la propiedad? de Proudhon a los 18 o 20 años y quedó fascinado. Su currículum es extenso, se recibió de abogado en 1987 en la UBA, pero nunca ejerció, realizó una diplomatura en la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (FLACSO) en 1992 en Ciencia Política, y se recibió de Licenciado en Filosofía en 2004 también en la UBA. Se dedica de tiempo completo a la docencia y a la investigación, en el Instituto Gioja de la misma faculta.</p>
<p>Su relación con el derecho es puramente teórica: “me recibí de abogado y dejé el diploma hecho un rollito”, asegura. Sin embargo, ha escrito libros como <em>Contra los Jueces (El discurso anarquista en sede judicial) </em>y ha participado en la producción <em>de El Anarquismo frente al derecho (lecturas sobre Propiedad, Familia, Estado y Justicia), </em>entre otras publicaciones que aúnan temas que a priori parecen no tener punto de encuentro. Llega a sostener que “el derecho es un mundo de ficciones como la teología, y si uno no cree no funciona”.</p>
<p>Su amor por el anarquismo tuvo su primavera, que rápidamente se transformo en otoño y luego en un gélido invierno. Y el frío para las concepciones revolucionarias llegó con la vuelta de la democracia y el radicalismo, lugar en el que “hacía política” y dejaba de lado las ideas “nobles pero poco realistas”, como las llegó a considerar en tiempos post-dictadura. Pero apareció el neoliberalismo en los noventa de la mano del patilludo infame de La Rioja, y hubo un resurgir en su interés sobre las teorías que supieron concebir Proudhon, Bakunin, Kropotkin, y Malatesta. Entonces la duda parece casi obvia. Qué fue lo que cambió, lo que vio, qué lo hizo cambiar de opinión. Las ideas eran las mismas (al menos en su base) en el ´83 y no cambiaron en el 2017:</p>
<p>&#8211; <strong>¿Puede considerarse al anarquismo como una utopía?</strong></p>
<p>Me fastidia cuando me acusan de utópico gente que cree, por ejemplo, que 240 personas en Callao y Corrientes representan a 40 millones, o gente que cree que una mujer pudo haber dado a luz virgen en el siglo primero, que esos sean los que le digan utópico a una persona que cree en una sociedad libre de todo autoritarismo. En el anarquismo se puede distinguir la parte diagnóstica, el análisis que hace de la sociedad, de la política, del capitalismo, y creo que no hay nada más realista que el anarquismo. La objeción de utopía surge cuando se habla del proyecto, del sueño. En el anarquismo uno puede distinguir tres niveles: por un lado está el lado más divulgado que es el lado de soñar una sociedad a futuro, libre de explotación, de discriminación, y de gobierno del hombre sobre el hombre. Pero también el anarquismo es considerado como dos cosas más, primero como una filosofía de la existencia, esto es Max Stirner, el derecho de cada uno a realizarse sobre su propia individualidad, una especie de emancipación del propio individuo respecto de sus propios prejuicios, de sus propios preconceptos, del autoritario que uno tiene dentro. Y también, en segundo lugar, el anarquismo como una ética. Si a mí me demostraran, cosa que no hay forma de saber porque hasta que no se hace un camino no hay forma de saber cómo va a ser el mundo, pero si se llegara a demostrar que es imposible, no sería una objeción para dejar de ser anarquista. Porque el anarquismo como una ética, como una moral implica esto, uno lo puede tomar como una pauta de comportamiento ético. Por más que siempre vaya a haber hijos de yuta, o explotadores, eso no quiere decir que yo deba serlo. Es una falacia habitual como sostener que “siempre hubo pobres y siempre va a haberlos”. No hay forma de saberlo. Durante mucho tiempo se pensó que era imposible una sociedad sin esclavitud o sin derechos individuales. La humanidad no ha sido siempre la misma.</p>
<p>&#8211; <strong>¿Tendrá que ver esa postura con la finitud del hombre? ¿Esta cuestión de pensar sólo a partir de la realidad que le toca vivir a cada uno en un momento histórico determinado?</strong></p>
<p>Reproducís, cuando aceptas la realidad como está, la reproducís. Si vos partís de la idea, por ejemplo, de que una sociedad mejor es posible, a lo mejor no se logra eso, pero se va a mejorar algo seguramente. Lo que hoy me parece bastante difícil de aceptar es esa idea, que no sólo tenía el anarquismo sino todo el movimiento revolucionario español, de la revolución redentora, que un hombre nuevo emerge casi mágicamente. En el fondo es una idea religiosa secularizada.</p>
<p>&#8211; <strong>Desde el comunismo se critica al anarquismo muchas veces esa falta de “plan” en cuanto a cómo pasar de una sociedad determinada a esta otra. En los fines terminan coincidiendo…</strong></p>
<p>Ese es otro punto interesante porque si bien el anarquismo pudo caer en ese error de la revolución redentora, de la idea espontánea, también el marxismo del tiempo de Rosa Luxemburgo compartía las mismas ideas: la revolución no se puede planificar, se tiene que dar urgente. Si eso es ingenuo, y probablemente lo fuera, me parece que más ingenua y utópica es la idea de la revolución que lleva a un gobierno de la clase obrera. Para el anarquismo es una contradicción en los términos, desde el momento que sos gobernante ya no sos obrero. Es algo obvio, es algo de ficciones religiosas, creo que es el gran acierto del anarquismo teóricamente.</p>
<p><strong>-¿La historia de las revoluciones socialistas demuestran eso? ¿Lo que terminan pasando cuando el obrero llega al poder?</strong></p>
<p>Esa es la pregunta, ¿son obreros los que llegaron al poder? Los anarquistas dicen ´<em>no´</em>, los obreros fueron carne de cañón en esas revoluciones e inmediatamente fueron reprimidos. Por ejemplo, con la Revolución Soviética, que fue un sueño maravilloso para muchos, incluso para los anarquistas. Después Kropotkin termina preso en tiempos de Lenin, en prisión domiciliaria. Le escribe un par de cartas a Lenin comunicándole de las tendencias autoritarias que estaba tomando la revolución y la represión a los campesinos y obreros anarquistas. Y Lenin le decía que no tenía noticias y que iba a hacer algo. Ya en la segunda o tercera carta Kropotkin le escribe como diciendo ´me parece que vos sabés bastante de esto  y te estás haciendo el boludo´.</p>
<p>Pero en realidad estos obreros y campesinos fueron inmediatamente reprimidos por estos revolucionarios de escuela que hablan de que el gobierno se funda en la representación, esos se consideran más obreros que los obreros reales. Me parece que es un defecto que está en casi todos los intelectuales, en los intelectuales de izquierda es más peligroso, arrogarse una especie de representación mágica porque creés que pensás más claro. Si pensás más claro eso se discute, y se convence o no. Esa sería la vanguardia revolucionaria del partido como intelecto del proletariado.</p>
<p><strong>-¿Esa es una diferencia entre comunistas y anarquistas en cuanto a la existencia de esa vanguardia iluminada que va a llevar a la revolución? El anarquismo habla de una organización asamblearia de base, de abajo hacia arriba.</strong></p>
<p>La idea de Soviets los anarquistas la compartían, eran soviets reales, consejos de obreros y campesinos. Las diferencias del marxismo y el anarquismo son varias, igual que los puntos de contacto, son como primos hermanos. Los partidos comunistas, no digamos marxistas porque pobre Marx está muerto, se dedicaron a matar más anarquistas que fascistas, en la Guerra Civil Española, en la Revolución Rusa, mataron tanos anarquistas como zaristas con el verso de que los anarquistas eran burgueses.</p>
<p><strong>-Ya en lo que respecta al derecho y el anarquismo, teniendo en cuenta que la ley proviene de la autoridad y sirve para mantenerla, ¿cuál es la caracterización del anarquismo respecto al derecho?</strong></p>
<p>Te digo una idea que comparto que leí en Kropotkin: ´toda conquista jurídica no es otra cosa que la derogación de instituciones jurídicas previas´. Todo lo que se llama avance de derechos son derogaciones de instituciones jurídicas previas. Los derechos del hombre son derogación de instituciones jurídicas represivas como la tortura, el juicio inquisitorial. Ahora vos me decís en lo pragmático, ¿qué opinaría un anarquista de una reforma legislativa, como por ejemplo la de matrimonio igualitario? Y en principio un anarquista está en contra del matrimonio, ahora, siempre es preferible la igualdad, en esa desigualdad de mierda incluso. Lo mismo con el voto de la mujer. Uno está en contra del voto, pero si votan los hombres que también voten las mujeres.</p>
<p><strong>-Teniendo en cuenta las últimas críticas que bajan desde el gobierno nacional hacia los abogados y las leyes laborales. Más allá de la visión del anarquismo frente al derecho, pareciera que a una parte del poder le molestan algunas leyes y su aplicación. ¿Cómo se explica esto?</strong></p>
<p>Y me parece que una actitud anarquista inteligente sería ver al derecho como un arma más, pero no perder de vista a qué se apunta. Incluso electoralmente para los anarquistas es un tabú votar, pero en determinadas circunstancias, en legítima defensa, si hay que elegir entre un nazi y un liberal demócrata, creo que en una situación así hay que ir y votar para impedir que llegue un nazi al gobierno. Hay que analizar el contexto y ver la gravedad de la situación. El anarquismo no es una ortodoxia, entonces hay que analizar si se está formando parte de lo que se critica o si se está votando para evitar algo mucho peor. Incluso en el contexto de la Guerra Civil Española los anarquistas aceptaron formar parte del gobierno republicano, porque por más que eso era una patada en los riñones para sus ideas, era preferible una república que el gobierno fascista. Los anarquistas tienen que tener una visión realista respecto de los medios, sin perder de vista los fines. Nunca pasar el papel de opresor, ni de gobernante. Lo de formar parte del gobierno, tal vez se explique en el contexto de la Guerra Civil en España. Después no hay que desechar ningún instrumento, en la medida que sea para abrir islas de libertad y de solidaridad.</p>
<p><strong>-¿El anarquismo rechaza todo tipo de derecho o el derecho positivo que proviene del Estado? ¿Plantea alguna alternativa?</strong></p>
<p>Si uno por derecho entiende el concepto Kelseniano de derecho como una norma respaldada en la amenaza de coacción, habría que decir dos cosas: los anarquistas creen en un orden normativo, obviamente no fundado en presiones y castigos. Los anarquistas hablan de un contractualismo libre donde el momento de rescindir el contrato se daría en cualquier momento. Ahora bien, imaginando una sociedad libre, ¿se puede prescindir de todo tipo de sanción? Y no hablo de coacción sino de sanción. Si por sanción entendemos que vos no cumplís con tu palabra y entonces yo no hago más tratos con vos, entonces no se puede prescindir de la sanción. Si por sanción entendemos eso, el anarquismo no puede prescindir de un orden jurídico sancionatorio en alguna medida. Pero si por sanción entendemos cárceles y jueces el anarquismo lo rechaza. Sin embargo, los anarquistas han aceptado históricamente lo que se llama justicia vindicativa, ir y pegarle un tiro a un dictador o a un torturador. En ningún caso esta justicia se entendía como un sistema donde hay un verdugo y un criminal y la justicia la tiene que hacer otro.</p>
<p><strong>-¿Por qué creés que la violencia vindicativa recibió y recibe más rechazo que la violencia institucional que de forma solapada puede llegar a generar mucho más daño? ¿No es violencia la quita de pensiones por discapacidad?</strong></p>
<p>Como antiguamente los gobernantes reclamaban su legitimidad invocando instancias divinas, la forma moderna de ejecutar la violencia política es el <em>contrato</em>. Es decir, ´<em>represento a todos´</em>. Y esto no es patrimonio de ningún gobierno, cuando un tipo dice que representa a 40 millones de argentinos, lo dice tanto el de derecha como el de izquierda con la legitimidad que le da la creencia en las ficciones legales. Para mí creer que 250 tipos representan la voluntad de 40 millones es un disparate total. Que también es falso que sean 250. Porque, pensando en la cámara de diputados, esos 250 a su vez responden a los caudillos de bloque, responden a las indicaciones del partido.</p>
<p>&#8211;<strong>Si ese contrato se apoya en las teorías contractualistas, ¿cuál es la diferencia entre el planteado por el anarquismo y el planteado por los filósofos como Hobbes, Locke o Rousseau?</strong></p>
<p>Lo que se critica de esos filósofos es su base en hipótesis metafísicas, en la ficción. Ningún Estado ha surgido de un acuerdo, esto es una gran mentira. Los anarquistas creen en contratos reales, no en la ficción metafísica que hay un contrato imaginario que no existe. Es una ficción para justificar políticas contrarias a la voluntad de las personas que supuestamente están asociadas. Rousseau merece un párrafo aparte, porque Kropotkin lo ve como un tipo con ideas precursoras del anarquismo. Pero se han hecho lecturas opuestas en donde allí se ha visto el origen del totalitarismo de izquierda. En el contrato de Rousseau hay una entrega total del individuo a la ley que va a ser igual para todos, en el anarquismo como lo presenta Proudhon, uno siempre se reserva más de lo que da. Cuando te dicen que es una utopía la anarquía es porque están pensando cómo hacemos 40 millones de habitantes, y acá está la trampa, ¿por qué tenemos que reunirnos 40 millones? Hay un efecto más que produce la historiografía y es hacernos creer que un argentino de Gualeguaychú tiene más cosas en común con un argentino de Ushuaia o Jujuy que con un uruguayo de Fray Bentos. Esto está todo orientado por la historiografía argentina, ´los uruguayos tienen que ser una provincia nuestra, los chilenos nos quieren robar la Patagonia´, y estas mismas boludeces las enseñan en todos los países.</p>
<p><strong>-Una de las críticas que llega al anarquismo es justamente que no presenta formas prácticas de funcionamiento de la sociedad, una alternativa fáctica. ¿Es una crítica fundada?</strong></p>
<p>Comunas libres propone el anarquismo, donde prevalezcan las relaciones cara a cara. Ahora, vos me decís cómo se logra eso y es otra cuestión. Como lo propuso el marxismo originario. Esas comunas pueden estar asociadas federativamente para fines comunes, federalismo en serio. Lo que tenemos acá en Argentina son 24 estados unitarios que multiplican todo el aparato burocrático, con sistemas judiciales autónomos. Si vos me decís que el país se organizara incluso en términos de federalismo político, no federalismo económico como proponen los anarquistas, a partir de una federación de comunas, sería mucho mejor. Podríamos tener un estado federal en serio. El tema es cómo se logra eso. Bueno, no se puede rechazar ningún instrumento, incluso la presión electoral. Yo creo mucho en el poder de las ideas. Pero no hay ideas, está todo reducido a slogans y a frases hechas, en Argentina y en el mundo.</p>
<p><strong>-¿Entonces por qué no se concibe una idea de organización, en la sociedad, sin la autoridad del Estado?</strong></p>
<p>La fantasmagoría religiosa es letal, y la fantasmagoría política es un derivado de la fantasmagoría religiosa. ¿Cuáles son los tres poderes del Estado? Legislativo, ejecutivo y judicial. Mirá que casualidad, son los tres modos que te enseñan a pensar a Dios en el catecismo. Como providencia, como creador legislador, y como juez. Tenía razón Schmitt  cuando decía que todos los conceptos jurídicos y políticos modernos son conceptos teológicos secularizados. La idea del Estado de excepción es la traducción política del concepto religioso de milagro. Un milagro qué es: la prerrogativa que se arroga Dios, en términos teológicos, de interrumpir las leyes del universo que él mismo creó. El estado de sitio qué es: es la interrupción de la legalidad que el mismo Estado establece, siempre con motivos de razones de Estado que son insondables. Son lo mismo que las razones de Dios, uno nunca las entiende. ¿Quién la entiende? El ministro. Mirá que casualidad, la misma palabra para el religioso y para el político, el tipo que sabe cuál es el bien común, cuál la necesidad de la patria.</p>
<p><strong>-La institución de la herencia también se apoya en la idea religiosa de la perpetuidad del alma. Bakunin sostiene que es la institución que funciona como pilar de todas las desigualdades e injusticias. ¿Por qué?</strong></p>
<p>Se habla de la voluntad del muerto. No es la voluntad del muerto. ¿Si está muerto qué voluntad tiene? La herencia económica es la base de la desigualdad. Ni siquiera es de origen capitalista, es de origen feudal. Se funda en una idea ficticia de la voluntad del muerto. ¿Cómo puedo sostener la voluntad del muerto?, sólo a través de la idea religiosa de la pervivencia del alma. Qué murió, el cuerpo, pero el tipo está en algún lado viendo si cumplís con su voluntad. El derecho es un mundo de ficciones, como la teología, y si uno no cree no funciona, y esa es la tarea que yo creo que es importante, generar descreimiento.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-hay-vision-mas-realista-que-el-anarquismo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Lo pos del porno, en clave popular</title>
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		<dc:creator><![CDATA[lsalome]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2015 03:04:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[debates]]></category>
		<category><![CDATA[fsoc]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[posporno]]></category>
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					<description><![CDATA[Transformar lo que quedó como provocación en cambio social que apueste a repensar las regulaciones de nuestras expresiones e identidades en la diversidad]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Andrea Sosa Alfonzo<br />
</em></strong></p>
<p><em>La circulación y movimiento de sentidos adormecidos que trajo un debate que nada tiene de pos, cuando lo político y lo popular están en el centro. “La sexualidad sigue siendo uno de los campos de mayor disputa de sentidos”, expresó Milano en diálogo con Marcha. Un análisis en el que el sujeto popular también es capaz de atravesar las fugas, fisuras y fronteras.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Debatir acerca de sexualidades, corporalidades, prácticas sexuales normativas, diversidad funcional, deseo y placer, espacio público, cultura de masas, pornografía y géneros, entre otros aspectos, nos convierte en una sociedad madura. Nos hace crecer y transformar nuestros vínculos tanto en lo público como en lo privado. Y en este sentido, pensar nuestra sexualidad en esos espacios. Pensarnos en nuestras alteridades, pensarnos como sujeto social y popular. Probablemente son debates que a pesar de que ya existen en múltiples espacios y abordados desde diferentes lugares, quedan en la superficie y en ese sentido, continúan siendo marginales. Es necesario ingresar desde lo político y lo ideológico e incluir en este análisis al sujeto popular.</p>
<p>Cuando los medios de comunicación difundieron las imágenes de la performance de Posporno realizada a comienzos de julio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y organizada por el Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades de la carrera de Ciencias de la Comunicación de esa casa de estudios, pusieron en las mesas de las cocinas, de los livings, de las habitaciones de los adolescentes, de las doñas en los barrios, del supermercado chino y de la peluquería de las señoras de Alvear, un relato recortado y condenatorio sobre sexualidades, cuerpos y diversidad. Entonces las lecturas se profundizaron aún más cuando quedaron encasilladas bajo títulos como “escándalo”, “show”, “polémico”, “sexo sadomasoquista”, “escena porno en vivo en una facultad”, entre otras.</p>
<p>Todo el repudio y el rechazo visceral que surgió desde diversos sectores sociales sin importar su pertenencia de clase, quedó ligado a que esas cosas no se hacen en una facultad, pero sobre todo, porque esas cosas se hacen en tú casa. Sin embargo, poco se habló del “debate político sobre el lugar del posporno en la crítica a la pornografía industrial, capitalista pero también a los sentidos comunes establecidos sobre las sexualidades”, según María Alicia Gutiérrez, docente, investigadora e integrante del Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades.</p>
<p>“El debate posterior –a la actividad– que duró como una hora y media, dio cuenta de los sentidos producidos por la performance y la importancia de reflexionar sobre distintas cuestiones: las formas diversas del placer, la crítica a los cuerpos como objetos y mercancías en una lógica capitalista, la distinción público/privado entre otras cosas”. Aun así, considera que “en la medida en que se viralizó (de manera fraccionada y amarillista) la actividad trascendió los muros universitarios”. Sin embargo, es necesario preguntarse que quedó de ese sentido político de la intervención.</p>
<p><strong>Mediatizándonos</strong></p>
<p>“La pornografía no puede existir sin mediatización, la potencia del medio y del soporte hace posible el efecto pornográfico”, publicó Gino Cingolani Trucco, integrante de la carrera de Comunicación de la UBA, en un post en su propio Facebook. La mediatización puede entenderse como esa relación de producción de sentidos entre medios, sujeto y expresión, pero yendo un poco más allá, es sobre todo el movimiento de un discurso, de un acontecimiento, de un texto a otro. Implica una transformación constante de los significados.</p>
<p>“Si el posporno causa incomodidad es porque nos pone frente a nuestras estructuras, a nuestros parámetros de lo normal en materia de sexualidad y corporalidades. Es decir, la incomodidad surge como efecto de las normas inscritas en nuestros cuerpos acerca de cómo debe ser el sexo, dónde, cuándo y para qué”, clarifica Laura Milano, comunicadora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, autora del libro “USINA POSPORNO: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía” que presentó el mismo día de la actividad, de la cual participó como una de las organizadoras y performer.</p>
<p>La inmediatez en la que nos dejaron los medios de comunicación, podríamos decir que es casi un estado natural en el que se nos presenta la realidad. Tal vez en este sentido es donde podríamos acusar de ingenuidad a los organizadores y perfomers de la acción de Posporno enmarcada en el ciclo <em>Miércoles de Placer</em>.</p>
<p>Y es que esos derrames, esos límites, esos márgenes que exponen ciertas experiencias sobre repensarnos en la normatividad, son atravesados como una flecha cuando ingresan en el territorio de los massmedia. “El posporno se derrama por los márgenes y aparece ahí, en donde menos lo esperamos” agregó Trucco. ¿Pero dónde y de qué modo quedaron depositados esos residuos de la picadora de relatos? La inmediatez del acontecimiento fue a contrapelo de las intenciones de la performance que según Guitiérrez era “construir otras formas de existencia y otros mundos posibles, entre tanto otros mundos del placer”.</p>
<p><strong>La mentirosa libertad de elegir</strong></p>
<p>Y algo de lo que produjo repudio fue la cuestión de lo público y lo privado, esas fibras que se tocaron y datan de un debate tan antiguo como nuestra civilización misma. “No estamos hablando de cualquier forma de sexualizar el espacio público, sino de hacerlo desde corporalidades no hegemónicas y a través de prácticas sexuales no convencionales”, sostuvo Milano.</p>
<p>Qué elegimos. Qué se nos da como una imposición. Y cómo eso nos juega y nos significa sobre el espacio público. Estamos transitando un momento en clave de enfrentamiento entre lo que es lo impuesto versus la capacidad de elegir cuando se utiliza el espacio público. La libertad a transitar libremente ante un piquete o un corte de calle frente al derecho a un salario digno o a una vivienda o al acceso a la tierra o a no morir contaminado por glifosato. La puerta de salida de unos por sobre otros es el Código Civil o profundizar herramientas legales con tintes represivos. Todo dista de un serio debate cívico hacia nuestras representaciones legislativas para amplificar en escenarios de consensos qué queremos y cómo queremos vivir como sociedad.</p>
<p>También estos hechos son atravesados por la inmediatez de las lecturas que hacemos como sociedad, agravado por la espectacularización en la construcción noticiosa en los medios masivos y hegemónicos, tal como sucedió con la performance de posporno. Todos alguna vez fuimos ingenuas/os frente a esta capacidad. El recorte “descontextualizado y anclado en la búsqueda de lo escandaloso, dando como resultado un relato sesgado y cargado de valoraciones morales” se repitió nuevamente según Milano, pero en este caso “habla de que la sexualidad sigue siendo uno de los campos de mayor disputa de sentidos”.</p>
<p>También es significativo preguntarse por los debates sobre las sexualidades hegemónicas y no hegemónicas en el espacio público tras los muros de Sociales, que está ahí justito en el barrio de Constitución, tierra que por demás derrama sus márgenes. Es interesante preguntarse por lo político del debate: sobre el contenido en y para lo subversivo desde una mirada que trascienda el ámbito universitario como productor de conocimientos y sentidos sobre lo social.</p>
<p><strong>Lo político y más</strong></p>
<p>Subversivo del posporno, ¿subversión del sujeto? La construcción discursiva pornográfica, habita en unos espacios determinados que son aquellos mediatizados sobre todo por el cine y la televisión. También construyen sentido sobre qué porno tenemos, qué porno hacemos y qué cuerpos usamos. Si, el cuerpo como objeto. La incomodidad que generó este posporno reside en que lo político quedó fuera de escena y primó el cuerpo como objeto. Precisamente porque toda acción artística comunica, a muchos les pareció vacío de contenido ideológico quedarse con la “imagen”. Un marco sin texto ni contexto.</p>
<p>Según Trucco, “el posporno se puede interpretar, en el mejor de los casos, solo como algo incómodo o en el peor de los casos (…) en una versión un poco más hardcore de la pornografía tradicional”. El peligro entonces y aquí tal vez el abordaje marginal de un debate que como sociedad aún no hemos comenzado ni siquiera a transitar es que “el discurso pornográfico se puede comer al posporno de un bocado”.</p>
<p>Pero esto podría ocurrir no solamente porque esos límites entre pornografía y pospornografía pueden comenzar a desdibujarse, o porque desnormativizar y deconstruir las verdades asimiladas e instaladas en nuestras subjetividad social sobre lo que nos gusta o nos gusta, lo que nos da asco o preferimos están atravesados por construcciones de poder, sino porque el espacio público también es una construcción política.</p>
<p><strong>“Yo quiero un pibe bueno”</strong></p>
<p>Dice Josué Marcos Belmonte, más conocido como Ioshua, poeta, marica y artista plástico popular que falleció el 25 de junio a sus 37 años y vivió gran parte de su vida en la calle y en las villas. Y dice también: Yo quiero un pibe bueno que me ame / Yo quiero un pibe que cabalgue el barro y conozca el camino de su cama a la mía / Que no tenga miedo del ladrido de los perros a la noche / Que sepa encontrarme y reconocerme / Yo quiero un pibe bueno que se recueste suave / y abrace fuerte.*</p>
<p>Ese otro elemento que pone en juego lo político en contexto, es quienes fueron los sujetos interpelados. Este escritor gay y villero, activista por la visibilización de la disidencia sexual y de género, enfrentó la violencia y el desprecio pero también a una doble condena social –porque no hay peor que ser puto y villero–, desde la escena literaria y la música. Ioshua puso lo político en la escena del debate sobre sexualidad, junto a la corporalidad y los sentidos, pero además lo hizo desde una mirada popular, desde un lenguaje llano, con la clara convicción de mostrar crudamente lo que el patriarcado capitalista intenta negar, también hacia y en, las villas y barrios populares.</p>
<p>Cualquier expresión posmo se codifica desde lo marginal, ¿pero esto implica necesariamente dialogar con el sujeto marginalizado y oprimido por esa moral que es cuestionada? Algunas de las sensaciones que dejaron el pos de lo porno tornan complejo este debate y queda suspendida un abordaje que poco transita la constitución clasista hacia una transformación del sujeto en su constitución popular. Poner el cuerpo es un acto político y elegir dónde lo ponemos también. Que transgresión e incomodidad habrá calado hondo en el sujeto popular que vive en una villa, una casa tomada o un pensionado precario cuando vio el descontextualizado recorte que hizo un canal de TV hegemónico sobre lo que pasó en los pasillos de una facultad a la que sus hijos o los hijos de sus vecinos, les cuesta tanto acceder.</p>
<p>Que habrá sucedido en esos distintos territorios donde existe el desencuentro permanente entre la mujer y la liberación. El sujeto popular aun atraviesa, aun más precaria y peligrosamente, las discriminaciones de género y la feminización de la pobreza como elementos fundamentales de la opresión capitalista-patriarcal.</p>
<p>Este mundo globalizado en el que el posporno ingresa por la puerta de atrás y casi a escondidas, fue iluminado con un proyector potente en la acción que se llevó adelante en FSOC. Profundizar este debate en la era en la que vivimos, globalizada y atravesada por la alteridad de lo otro, nos da algunos permisos. Pero la alteridad es el resto: lo no occidental, lo no globalizado, lo que queda del mundo afuera. Esa identidad que se expresa en términos antagónicos porque vivimos en una sociedad clasista y esto nos atraviesa como sujetos históricos.</p>
<p>Decimos entonces que el sujeto popular también es capaz de atravesar las fugas, fisuras y fronteras mostrando rasgos subjetivos diferentes de la femineidad, de la sexualidad y los cuerpos, que también pueden construir relatos y con esto, deconstruir los rasgos sociales y culturales normativos de la sociedad globalizada. Y estos espacios de debates, estos territorios deben ser transitados y también deben contener acciones performáticas porque sino, no hablemos de lo pos ni de lo subversivo de lo pos.</p>
<p>Ahora queda transformar lo que quedó como provocación en potencial cambio social que apueste a repensar las regulaciones cotidianas de nuestras expresiones, gustos e identidades en la diversidad, pero sobre todo desde un abordaje popular. Redefinir lo público desde un abordaje nuevo del espacio público y del espacio privado. Besa mi fantasma / Anúdate a mi espectro / Bésame con tus labios de perro dice Ioshua en su poema “Ladra”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>*Los poemas de Ioshua integran el libro <a href="http://issuu.com/escrituras.indie/docs/ioshua-amor_al_barrio-difu2013/16">Amor al barrio</a></em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/lo-pos-del-porno-en-clave-popular/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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