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	<title>Croacia &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Croacia &#8211; Marcha</title>
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		<title>Un Mundial acorde a la realidad mundial no futbolística</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Jul 2018 13:19:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[#Mundial2018]]></category>
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					<description><![CDATA[Mundial #Rusia2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gabriel Casas</strong></p>
<p><em>Mañana se juega la final del Mundial #Rusia2018. A esta altura, la expectativa está en ver si el agotado Croacia (con tres alargues encima) puede romper la lógica y ser campeón del mundo. El cronista ya lo analiza antes de que se conozca el ganador porque lo que importa en estas líneas es el fútbol que ya se jugó </em></p>
<p>El relator oficial de la televisión pública, Sebastián Vignolo, suele decir unas veinte veces por partido “qué lindo es el Mundial”. Y en el colmo de la exageración agrega que “estamos viendo un partidazo” a eso de los diez minutos de encuentros que después hacían difícil escaparle a la siesta. Se puede entender la emoción que Vignolo irradia desde Rusia (¿a qué periodista no nos emociona cubrir una copa del mundo?), aunque ya tiene varios en su haber y más que un relator de fútbol se parece a uno de esos vendedores de electrodomésticos, que cuando uno entra a un local, te ofrece en cinco minutos una gama de maravillas que todavía ni siquiera alcanzaste a pispear. Lo del “Pollo” –apodo de Vignolo– no viene a cuento.</p>
<p>¿Es tan lindo el Mundial para quienes lo vemos por la televisión y no pudimos ir al evento? ¿Se está jugando un fútbol tan excelso como lo augura al inicio de cada partido? Para quien esto escribe, no. Lamentablemente, no puedo sentir la emoción de cubrirlo en vivo, entonces ni siquiera tengo ese plus. ¿Envidia? Sí. ¿Sana? No. ¿Cómo la envidia puede ser sana? Tampoco es cuestión de maldad. Muchos periodistas gráficos, a los que sigo en las redes sociales, están haciendo un trabajo formidable.</p>
<p>Sin embargo, en lo puramente futbolístico, nadie me va a convencer de que estamos ante un torneo inolvidable, ni mucho menos. En un mundial donde no rindieron como se esperaba Messi, Neymar, Iniesta, Kroos, y Cristiano Ronaldo sólo salvó la ropa en el debut ante España, es inevitable que le haya faltado brillo.</p>
<p>Afuera muy pronto Alemania (¿Cómo? ¿No era que el fútbol es un juego de once contra once donde siempre ganan los alemanes?), luego España y Argentina, y cuando todavía no nos reponíamos de esos golpes, a los belgas se les ocurrió eliminar a Brasil.  Los grandes candidatos y nuestra esperanza ni siquiera llegaron hasta las semifinales. Vaya Mundial. “Raro”, como se encargaron los periodistas televisivos en repetirlo hasta el cansancio. No sea cosa de señalar que es un Mundial mediocre.</p>
<p>Entonces, caídos los máximos candidatos de la cátedra, este domingo Francia y Croacia juegan la final. Debe ser la final menos ansiada (exceptuando en esos países, claro) y convocante de los últimos diez mundiales. Ni los franceses, ni los croatas tienen la culpa. Ellos hicieron su trabajo. El problema, a mi parecer, es que el fútbol además de un deporte, de un juego, es un espectáculo. Y ahí es donde a mí no me convencieron.</p>
<p>Francia es un justo finalista, un buen equipo, pero avaro hasta de su propio potencial. Tiene mucho más para dar si se lo propusiera, pero se conforma con manejar demasiado los tiempos de cada partido. Cuando va ganando, hasta sus delanteros son su primera línea defensiva.</p>
<p>A un equipo que tiene jugadores de la talla de Mbapee, Pogba, Griezmann, Giroud, Kanté, Varane, se le puede exigir más por el espectáculo. Incluso, Tolisso (habitual suplente) es un volante más dotado técnicamente que Matuidi. Cuando se vio complicado en el resultado ante Argentina, se liberó y en 15 minutos hizo tres goles. Ahí se vio de lo que son capaces cuando les mojan la oreja.</p>
<p>En el resto del torneo, Francia no se apartó de su libreto. Hizo lo justo y necesario para ganar. No despliega el fútbol champagne que les vi a las camadas de Platini y Zidane. Y no creo que sea por falta de intérpretes a la medida.</p>
<p>Para los que sólo le interesan el resultado final, esto que escribo puede sonar a una herejía sobre un equipo que está a un paso de ganar el Mundial. Para mí, sin embargo, lo más hermoso del fútbol pasa por otro lado. Y Francia me resulta egoísta en ese sentido. Tiene material para, además de ganar, intentar brillar, pero prefiere enamorarse de su propio pragmatismo.</p>
<p>Hay palabras que se usan como un mantra en el ambiente del fútbol. Una archi usada en los últimos tiempos es &#8220;proyecto&#8221;. Se utiliza para graficar a los equipos con cierto éxito. Ahora le llegó el turno a Croacia. Sin embargo, ¿Croacia tuvo un proyecto que se consolida con llegar por primera vez en su historia a una final mundialista?</p>
<p>Veamos, el actual entrenador, Zlatko Dalic, asumió una fecha antes del final de las eliminatorias. Davor Suker (el mandamás del fútbol croata) despidió al anterior técnico porque quedó segundo del grupo (de Islandia) y hasta peligraba su participación en el repechaje. Se clasificó con Dalic como DT interino y lo mantuvieron en el cargo.</p>
<p>Ya en el Mundial, ¿se puede afirmar con certeza cuál es el estilo de juego de Croacia como sintonía de un proyecto? Fue de mayor a menor. Clasificó ganando cómodamente su grupo, con el pico máximo de nivel en el 3-0 a Argentina. Ayudado, también, por el blooper de Wilfredo Caballero que abrió el partido y el desmadre que después de eso fue nuestra Selección.</p>
<p>En octavos y cuartos sufrieron hasta los penales con equipos de medio pelo como lo son Dinamarca y Rusia. En la semifinal, hasta los 60 minutos, creo que Croacia había jugado su peor partido en el torneo. Inglaterra se retrasó demasiado, le perdonó la vida en los contragolpes y con el empate, recién ahí aparecíó, más con garra y corazón, que con buen fútbol.</p>
<p>No se trata de desmerecer en sí a Croacia. Es una camada de buenos jugadores (Rakitic, Perisic, Mandzukic) y con un notable director de orquesta como Modric. Por algo están en clubes tan importantes de Europa. Al ganar su grupo fue a la llave más aliviada. En el último mundial, a la Argentina muchos le ningunearon los rivales camino a la final para quitarle méritos. Creo que Suiza, Bélgica y Holanda eran mucho más de los que sorteó Croacia para estar en la gran cita del domingo.</p>
<p>A lo que se refiere, es que a veces se utiliza la palabra proyecto como algo mágico, para evitar analizar a fondo. Proyecto de varios años tuvieron en su momento España y Alemania, los dos últimos campeones. Un estilo de juego que los llevó a esos títulos. Y también contaron con su dosis de azar necesaria en un certamen tan corto como es un mundial. Croacia, en cambio, aun siendo muy meritoria esta actuación, se muestra como un buen equipo aliado bastante con el azar, pero lejos de denominar este camino en Rusia como la consolidación de un proyecto.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/un-mundial-acorde-la-realidad-mundial-no-futbolistica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Ver un partido de la selección entre croatas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/ver-un-partido-de-la-seleccion-entre-croatas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Jun 2018 22:00:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[#40AñosMundial78]]></category>
		<category><![CDATA[#Rusia2018]]></category>
		<category><![CDATA[Croacia]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Lufrano]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
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					<description><![CDATA[Especial #Rusia2018 #40AñosMundial78]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Lucas Lufrano / @lufrann</strong></p>
<p><em>¿Cuántas posibilidades hay de que un argentino o argentina mire un partido mundialista de la Selección ante Croacia entre camisetas a cuadros rojiblancos? Aunque la deficitaria balanza turística del país podría arrojar una cifra no despreciable, las chances de ver al equipo de Lionel Messi atravesar una catástrofe futbolística y quedar al borde de la eliminación de Rusia 2018 en plenas tierras dálmatas no parecían significativas. Aún así, nueve de ellos y ellas vivieron la experiencia en el país balcánico, que ya piensa en el rival de octavos de final.</em></p>
<p>Nicolás, de Mendoza, llevaba cuatro días en Dubrovnik. Enclave turístico separado del resto del territorio nacional croata por una franja de unos pocos kilómetros ideada para que Bosnia cuente con salida al Mar Adriático (teléfono, compañeros chilenos y chilenas). La ciudad se puso de moda en los últimos años gracias al fenómeno ¿televisivo? global Game of Thrones. La serie estadounidense, que está terminando de rodar su última temporada, utiliza varios escenarios de la ciudad vieja donde nació Marco Polo como exteriores de King’s Landing, la capital de Westeros. De hecho, en una de las fortalezas construidas sobre una montaña están en este mismo momento los equipos de luces y grabación para ambientar la Red Keep, la residencia de la realeza.</p>
<p><strong>El mundial en la piel</strong></p>
<p>Así como en Buenos Aires se multiplican los autos que portan las banderas albicelestes repartidas históricamente por Radio 10, las ciudades croatas están pintadas de insignias relativas al Mundial. El cuadriculado rojiblanco se hace presente en el ploteado de colectivos, en banderas colgadas por las calles, en cobertores para los espejos laterales de los automóviles, en las remeras de turistas orientales y hasta en las papas Pringles. En las paredes no faltan grafitis dedicados a Luka Modric.</p>
<p>Con su camiseta argentina, Nicolás atravesó las murallas de piedra y buscó un pub para ver el partido. Solamente había otra persona vestida igual: un austríaco fan de la figura del Barcelona, Lio Messi. El resto eran croatas o simpatizantes de ellos, entre los cuales asomaban chilenos y mexicanos. A unos metros, Mariano y Gonzalo, hermanos nacidos en Buenos Aires pero viviendo en San Pablo y Valencia, respectivamente, se sentaron en otro bar. Los locales los recibieron amablemente, respondiendo al afecto del país balcánico por la Argentina, que fue destino de muchos de quienes escaparon de la guerra posterior a la disolución de Yugoslavia. Antes de que comenzara el partido, la casa invitó cervezas Karlovàck y hasta hubo fotos con sombreros cuadriculados.</p>
<p>Del otro lado del mar, en la italiana Bari, Manuela y Milagros, de Buenos Aires, llegaron más de una hora antes del pitido inicial al puerto para embarcarse en un ferry de la compañía croata Jadrolinija hacia Dubrovnik, que zarparía durante el entretiempo. “¿Podremos ver el partido?”, se preguntaban. En la entrada reconocieron a quien escribe, otro argentino que llevaba puesta la camiseta de Boca y, atado a una de sus dos mochilas, un pañuelo verde de la campaña por la legalización del aborto. Lucas había contactado una semana antes a la empresa para preguntar si en el barco había televisión para ver el encuentro: la respuesta fue afirmativa y con recomendación de hacer el check in temprano.</p>
<p>Sin embargo, el puerto de Bari distaba de la organización y la claridad informativa que ostentan otros medios de transporte italianos, como los trenes. La oficina de Jadrolinija estaba vacía. Con poco humor, el empleado del servicio de información encomendaba a los viajeros a “esperar un bus para hacer el check in”. Los tres argentinos así lo hicieron: el shuttle los llevó hasta la otra punta del puerto, retiraron sus tickets y volvieron al lugar inicial una hora después, mientras ya sonaba el himno y todavía restaba sortear Migraciones.</p>
<p><strong>Un final anunciado</strong></p>
<p>Milagros, con ciudadanía europea, demoró poco menos de diez minutos y encontró un lugar en el bar del ferry donde varios televisores sintonizaban el partido a pantalla partida con un grupo de panelistas italianos que comentaban las incidencias y hacían chistes. Veinte minutos después llegaron Manuela y Lucas junto con Sebastián, un chileno que alentaba por la Argentina y al que conocieron en la fila. Afortunadamente, pensaron, el partido estaba 0 a 0: no se habían perdido de nada. Milagros admitía haber gritado el no gol de Enzo Pérez.</p>
<p>Sentados mitad en el suelo, mitad en unos banquitos, estaban rodeados por croatas e italianos que degustaban cervezas y las comidas del bar. Tras el entretiempo donde aprovecharon para comer los paninis que habían cargado en las mochilas, llegó el mal bocado. Wilfredo Caballero y festejos de gol croatas. Luego, con Modric e Ivan Rakitic, el mediocampo al que la Argentina no supo hacerle frente, arribaron la vergüenza y las cargadas. “Arrivederci, Leo”, saludaba un croata al televisor mientras saboreaba su segunda cerveza de la noche. El barco había zarpado hacía algunos minutos y la señal televisiva satelital se interrumpía, iba y volvía: de todas formas, ya no había remontada posible. “Mejor, así no sufrimos más”, concluyó Manuela.</p>
<p>En tierra, mientras se apagaban los últimos minutos, a Nicolás le cantaron Don’t cry for me Argentina. A unos metros, rodeando algunos pasillos, podría haber imitado a Cersei atravesando la escalera jesuita al ritmo de campanadas e infinitos “Shame, shame, shame”. No pudo regresar caminando al hostel sin esquivar las burlas que salían al paso. Cuando se levantó al día siguiente, en la recepción sonaba el mismo tema. La canción también la sufrieron las bonaerenses Lucía, Martina, Nicole y otros argentinos en la isla de Hvar, apenas concluyó el partido. En cambio, Mariano y Gonzalo no pasaron mayores sobresaltos.</p>
<p>Milagros, Manuela y Lucas dormitaron unas horas acostados en el piso del ferry. Cuando despertaron, la tripulación ya había izado la bandera croata en popa y en proa. Los italianos preguntaban qué había pasado con Messi. Unos mates con agua hervida que facilitó el bar amenizaron el desembarco. En el mismo hostel de Nicolás, la recepcionista sonrió al ver el pasaporte argentino de Lucas, quien cerró con un “Por favor, no hablemos de ayer”. Aún con la azul y oro, lo reconocieron y sufrió las letras de Madonna mientras paseaba por la ciudad vieja. Los festejos continuaron tras la noche. De hecho, había feriado nacional por el Día de Lucha contra el Fascismo, que todos los 22 de junio conmemora el inicio de la resistencia partisana croata contra la ocupación nazi e italiana en 1941. Una portuguesa, más hincha de Messi que de Cristiano Ronaldo, le deseó suerte para el próximo partido. También para Nigeria vs Islandia. Lucas ya había hecho fuerza por Palmeiras hace unos meses y ahora volvía a depender de otro equipo de camiseta verde, a tono con su pañuelo pro-choice. El país africano cumplió y le dio vida a su esperanza de llegar a Rusia para semifinales. Igualmente, una brasilera se rió de la situación.</p>
<p>Mientras tanto, los croatas seguían de parabienes y disfrutaron de cómo Xhaka y Shaqiri, partidarios de la Gran Albania jugando para Suiza, dieron vuelta el marcador ante Serbia y festejaron con el símbolo del águila albanesa. A dos días del encuentro clave contra Nigeria, un croata reconoció a Lucas con el buzo de la Argentina en la playa Bačvice de la ciudad de Split. “Riquelme es el mejor jugador que vi en mi vida. ¿En Boca es más importante que Maradona?”, deleitó sus oídos. También le comentó sobre la hinchada de San Lorenzo y le mostró un video de la Bombonera de 2011, uno del Caño a Yepes y fotos de la torcida del Hajduk Split. Para cerrar, le deseó suerte contra los verdes: “No sólo creo que le ganarán a Nigeria sino que también vencerán a Francia en octavos. Por lo menos llegarán hasta semifinales. Si hay revancha en la final, será otro 3 a 0”. ¿Estará la Argentina a la altura?</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/ver-un-partido-de-la-seleccion-entre-croatas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>La derrota de la Selección: cuando el hecho lúdico ya no importa</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-derrota-de-la-seleccion-cuando-el-hecho-ludico-ya-no-importa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Jun 2018 12:18:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#Rusia2018]]></category>
		<category><![CDATA[Croacia]]></category>
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		<category><![CDATA[Macaya Márquez]]></category>
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		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Mundial #Rusia2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Lucas Abbruzzese</strong></p>
<p><strong><em>Tras la caída de la Selección Argentina con Croacia, y la posibilidad de quedar afuera del Mundial #Rusia2018 en la primera ronda, el cronista analiza los motivos de la derrota, que vienen desde mucho antes del pitazo inicial.</em></strong></p>
<p>Corría la Copa Confederaciones 2013. España, vigente campeón mundial y europeo, se enfrentaba a Italia. Enrique Macaya Márquez, quien comentaba el partido por TV, se animó a deslizar: “Bueno, hay que decirlo, Argentina jugaba así en los cuarenta”. El periodista, claramente, se refería al seleccionado español que, al ritmo del toque, la tenencia, la posesión para mover al rival y penetrarlo, hacía un culto de amar a la pelota. En Argentina se dejó de amar a la pelota. Y cuando la redonda es cosa secundaria, la cosa parece juzgada.</p>
<p>Despojarse de, quizás, uno de los objetos más hermosos que se hayan construido (la pelota, claro) no es solamente ser mezquino con el juego, sino que es olvidarse las raíces, darle la espalda a la identidad y entregarse a lo peor: el hecho lúdico ya no importa. Hoy, el seleccionado argentino no solo cayó 3-0 contra Croacia, también escribió otro capítulo de lo paupérrimo que es no entender el fútbol como un enorme hecho cultural y con un fabuloso poder inclusivo.</p>
<p>¿Saben lo triste que es que en inferiores no se formen personas y jugadores, sino niños obligados a ganar? ¿Nos imaginamos la tristeza interna que genera que disfrutar pareciera algo “amateur”? El capitalismo necesita de gente que no piense y que no se valore por ser, sino por lo que tenés. Bueno, plasmemos esta aberrante forma de vivir hacia el deporte más popular del mundo: <em>sos si ganás, sino sos un fracasado</em>. Y en esa línea vivimos, nos formamos, prejuzgamos, viralizamos memes (¿alguien puede explicar quién carajo nos creemos como para exigir renuncias, chusmear vidas privadas? ¿Por qué los memes son noticias en las empresas comunicativas?).</p>
<p><strong>La angustia como método</strong></p>
<p>¿Se acuerdan de la expresión de Macaya Márquez? Dante Panzeri publicó y pronunció en su <em>Dinámica de lo impensado</em>, allá por 1967, lo siguiente: “Al compás de la angustia que se incremente en el ánimo viviente del hombre llamado `actual´, el futbolista paralelo a ese hombre angustiado ha ido jugando de menos en menos, para durar de más en más como rentado. El fútbol siguió siendo uno solo: bien o mal jugado”.</p>
<p>A eso nos entregamos: a la seriedad como forma de vida, a la angustia como método. Y nos olvidamos del cómo. Cómo ganar nos dejó de importar. Y esa es la peor goleada mundial que nos comimos. Ya quienes sabían y conocían fueron dejados de lados y la palabra <em>trabajo</em> invadió a la de <em>juego</em>, lo <em>atleta </em>goleó al <em>fútbol </em>y los miserables se hicieron dueños de un circo asqueroso. Siempre recalca el preparador físico Fernando Signorini que “un gramo de tejido cerebral pesa más que 80 kilos de músculo”.</p>
<p>El error se pena. El error es castigado. El error se hace meme. El error es juzgado como cosa del mal. El error, en este contexto, paraliza. Y si paraliza es porque genera miedo. Y con miedo no se puede jugar al fútbol. Con miedo no se puede formar, sí destruir. Con miedo no hay salida posible a pensar un fútbol integral.</p>
<p>¿Cuándo nos vamos a sentar decididamente a pensar qué fútbol queremos de acá a 20 años? ¿En qué momento se juntarán, desde los altos lugares del poder, con quienes saben realmente del juego para reorganizar el desorden? ¿En qué momento el Estado y cada Ministerio se pondrá a tomar decisiones fuertes para que el fútbol vuelva a ser un lugar de formación, educación, goce y disfrute? ¿Por qué el periodismo levanta el dedo acusador y hace un rito del griterío y no ayuda a construir un mundo deportivo emancipador? ¿Acaso porque no le conviene?</p>
<p>Cuatro entrenadores en un proceso mundialista, elecciones para elegir presidente de la AFA en las que votaron 75 personas y salieron 38 a 38, destrozo de las juveniles, fútbol sin visitantes por no poder organizar ni la entrada ni la salida de 10 mil personas, dirigentes corruptos y así podemos continuar. En medio de todo este quilombo, ¿saben qué? No exigimos seriedad (afuera de la cancha), sino que le imploramos a Lionel Messi que nos saque campeones del mundo. Pensamos que correr es más importante que entender el juego. Entonces, cada día nos enfocamos más en cuánto miden los rivales que en destrabar y desglosar el juego.</p>
<p>Messi, quien pasó dos tercios de su vida en Barcelona, se crio distinto. Entendió desde chico que este juego es algo colectivo, que hay espacio para el goce y disfrute del juego, que la pelota hay que cuidarla y no rifarla… Acá no pensamos un fútbol alrededor de él, sino que nos subimos al carro de quienes inventan y venden sangre: que la Selección no le importa, que no canta el himno, que allá es feliz y acá no, que se siente español, que arma los equipos, que se pelea con su mujer, que arma las listas, que elige entrenadores y no sé cuánto invento más. El negocio de negociar con la mentira. <em>“Messi no me representa porque con Argentina no ganó nada”</em>, dicen una y otra vez, antes y después de este Mundial, los voceros que venden mierda.</p>
<p>El periodismo, en su gran mayoría, se vendió al juego de los negocios y de parecer más que ser. Se olvidó de educar para montar un show asqueroso que más que preguntas lo que genera es un griterío y un colaboramiento enorme y explícito a la confusión que hay. El periodismo dominante celebró el bidón que se le dio de tomar a Branco durante el Mundial de Italia 1990, impuso que no importa cómo ganar porque para ser exitoso sólo sirve ganar, puso en un pedestal a Carlos Bilardo (el mismo del bidón que sirvió para dopar un rival). ¿Hace falta seguir?</p>
<p>Hace falta reconstruir estos hechos para entender el 0-3 con Croacia. Quedar afuera o no de la primera ronda, ganar o no el Mundial serán anécdotas en un contexto de pérdida de identidad. Durante los 90 minutos pasaron cosas, sí, pero este partido se comenzó a perder cuando nos olvidamos de ser para darle paso a no saber quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos.</p>

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