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	<title>Cristian Ferreyra &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Cristian Ferreyra &#8211; Marcha</title>
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		<title>La imagen y la palabra del Monte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Aug 2018 21:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[agronegocio]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Ferreyra]]></category>
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					<description><![CDATA[A propósito del documental Toda esta sangre en el Monte, de Martín Céspedes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Hernán-Ouviña">Hernán Ouviña</a> </strong></p>
<p><em>A propósito del documental &#8220;Toda esta sangre en el Monte&#8221;, de Martín Céspedes. </em><em>Esta película es un viaje hacia el interior de la vida campesina para sentir los motivos de una muerte violenta, las alternativas de un juicio con suspenso, y la naturaleza de una fuerza vital que no se rinde. Desde que el agronegocio hizo foco en el monte, los territorios rurales se tornaron un escenario minado de tensiones. </em></p>
<p>Hace casi un siglo atrás, en las páginas de la revista <em>Amauta </em>-dirigida por el joven José Carlos Mariátegui-, la pionera en crítica de cine María Wiesse reflexionaba acerca de la dialéctica entre la imagen y la palabra: “El ritmo precipitado, y quizás un poco inarmónico, de la vida moderna, concuerda perfectamente con el ritmo intenso y nervioso del cinema. Esta época es la época de la imagen, que triunfa sobre la palabra. Más que un diálogo nos emociona y nos seduce una actitud, una expresión, un gesto o una mirada”, escribía en diciembre de 1926. Ríos de tinta han corrido desde ese entonces, en torno a este dilema centrado en la tensión y complementariedad entre ambas dimensiones en términos estéticos.</p>
<p>Una de las grandes virtudes de <em>Toda esta sangre en el Monte</em> es, precisamente, su capacidad de cautivar tanto desde la imagen como a partir de la palabra, aunque sin apelar a representaciones sensibleras ni a la victimización de sus protagonistas, y omitiendo la trillada voz en off o las placas para orientar el sentido del audiovisual. Tal vez como desafío a aquel ritmo precipitado que supo inaugurar el cine con su artificialidad técnica que trastoca nuestra percepción, la película decide poner el foco en el Monte y en la belleza de una naturaleza que nos ofrenda sus contornos, tonalidades y múltiples sonidos, componiendo una temporalidad estacional que cuestiona las manecillas del reloj y la velocidad extrema de las grandes ciudades, activando el “inconsciente óptico” tan atrofiado por el cemento, la contaminación y la urbanidad capitalista. Esta particularidad se ve reforzada con la apelación recurrente que Céspedes hace a la puesta del sol y a las variaciones de un cielo siempre imponente, que en cada cierre de pliego visual nos maravilla e interpela.</p>
<p>La sangre en el Monte se nos presenta como violencia en carne viva y sin mediación alguna: se impregna en las manos campesinas al acompañar el parto de un cabrito, pero también al degollar lo que luego deviene alimento familiar. Es sangre que salpica el hocico de los perros, lamida por ellos en la tierra, y que nutre también a gallinas picoteando el suelo. Vida y muerte se combinan en estos parajes desde un linaje común. Sangre que no se muestra, pero se intuye en el juicio que sienta en el banquillo de los acusados a sicarios y empresarios asesinos de Cristian Ferreyra, integrante del MOCASE. Sangre que late en las venas de brazos campesinos, que sacuden sin cesar un árbol añejo a hachazo limpio, hasta hacerlo sangrar. Sangre-miel que despunta de un panal de abejas que es defendido por el enjambre, tanto como el metro de tierra por quien deglute el néctar, mientras reflexiona acerca de este momento sublime que ofrece el entorno rural.</p>
<p>Desde el título mismo, la película denota una toma de partido y una denuncia, a pesar de lo cual no hay bajada de línea ni entrevistas guionadas que induzcan al espectador. La única pedagogía que se deja traslucir es la que ejercita el MOCASE en su vida cotidiana, sin grandes académicos ni educadoras con delantal: aquella que se vivencia y resignifica en la cría de cabritos, en la paciente cosecha del suelo sin agrotóxicos y en la búsqueda de aves escopeta en mano, la que circula en las rondas de mate y en la asamblea realizada debajo de un tinglado o a cielo abierto, la que se aprende y convida de manera colectiva en las movilizaciones, flameando whipalas para exigir justicia por Cristian al grito de “¡Ni un metro más!”. Una verdadera pedagogía de la tierra que sabe que es preciso convencer, para lograr vencer. Es <em>toda</em> esta sangre en el Monte, exuberancia y diversidad de sentidos en la disputa por la tierra, y a la vez toda <em>esta </em>sangre, porque siempre somos las y los de abajo quienes ponemos los muertos en cada conflicto.</p>
<p>El documental retrata la simultaneidad de realidades y tiempos que se contrastan: la de un poder judicial tan precario e improvisado en su estructura mobiliaria como insensible al clamor de las clases populares, y la de comunidades campesinas que enfrentan al desarraigo poniendo el cuerpo, la cabeza y el corazón en una lucha profundamente desigual. Estos actores que libran una relación de fuerzas tan asimétrica, quedan “fuera del encuadre” de las películas de ficción, que tienden a acontecer casi sin excepciones en locaciones urbanas, donde si aparece, la violencia social y política es atravesada más por motivaciones psicológicas o amorosas que sistémicas. Y si bien el cine documentalista argentino y latinoamericano ha abordado en mayor medida este tipo de conflictividades, suele predominar en él una mirada empática y de idealización de los procesos de resistencia campesinos e indígenas, que restan complejidad al análisis y obturan la reflexión crítica en torno a las dinámicas contradictorias que los condicionan.</p>
<p>El decidir colocar al “campo” profundo dentro del campo visual y sonoro (si cabe el juego de palabras), resulta un excelente disparador para debatir y problematizar las transformaciones que se vivieron durante todos estos años en los ámbitos rurales. ¿Quiénes fueron los verdaderos ganadores y quiénes los que perdieron? ¿En qué medida sufrieron una invisibilización las múltiples formas de violencia inherentes al modelo de los agronegocios, a partir de la bonanza relativa y transitoria extraída precisamente del excedente generado en esos territorios? ¿Hasta qué punto esa inyección dineraria que abonó a un consumo acrítico, no operó adormeciendo la sensibilidad en las grandes ciudades, configurando un silencio cómplice frente a estos atropellos distantes geográficamente? ¿No hay, acaso, una especie de daltonismo constitutivo de la mirada citadina, que impide ponderar a estos asesinatos de manera análoga al de otros caídos en la lucha popular?</p>
<p>Más allá de las posibles respuestas y de una polémica que queda abierta, el documental deja en evidencia que el extractivismo no respeta ni siquiera a quien lo gestiona, y deglute comunidades enteras y cosmovisiones de largo aliento en pos de consolidarse hasta en el último rincón donde puedan germinar esos brotes verdes que, por paradójico que parezca, son la maldición de la abundancia para quienes pretenden defender un modo de vida antagónico al del monocultivo de la soja transgénica.</p>
<p>En tiempos de ajuste y creciente criminalización de la protesta, la película de Martín Céspedes se adentra en el Monte santiagueño cámara en mano, para desmenuzar la compleja y ardua trama que se teje, desde abajo y a pulmón, en la digna lucha en defensa de la tierra y contra el despojo. La pantalla es al mismo tiempo un espejo donde mirarnos y confrontar la supuesta “bonanza” del extractivismo en las megalópolis, desde su contracara necesaria en los territorios rurales, sin romantizar la resistencia campesina e indígena, pero tampoco negar la potencia plebeya de lo popular-comunitario, que nos incita a con-movernos a partir de lo sentí-pensante.</p>
<p>Si buena parte del documental es un duelo entre la imagen y la palabra, el cierre del film, con la fuerza telúrica de la “Deo” -militante campesina que, a pesar de la adversidad del poder judicial y represivo del Estado, arenga a sus compas a grito pelado para no bajar la guardia y redoblar la lucha, en un escenario circular donde la carga dramática alcanza su máxima expresión-, parece definir la partida no por uno de aquellos polos en tensión, sino por su abigarrada y cautivante conjunción.</p>
<p>En su imprescindible libro <em>Zapata y la revolución mexicana</em>, John Womack inicia su obra con una provocativa frase, que bien puede ser la puntada para enhebrar el doble relato que, a cara y cruz, se hilvana en <em>Toda esta sangre en el Monte</em>: “esta es la historia de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución”. Luego de ver la película, no quedan dudas de que -a su modo- las y los integrantes del MOCASE también la están haciendo.</p>
<p><strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=PHBvdlRCaig">Trailer</a></strong></p>
<p>PRÓXIMO ESTRENO<br />
Rosario &#8211; Cine El Cairo &#8211; Unicas funciones 16 y 18 de Agosto, 20:30hs</p>
<p>EN CARTELERA<br />
CABA &#8211; Cine Gaumont &#8211; Todos los días 15hs y 20hs<br />
La Plata &#8211; Cine Select &#8211; Todos los dias 19:30hs</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-imagen-y-la-palabra-del-monte/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Apelaciones en el juicio del campesino Cristian Ferreyra</title>
		<link>https://marcha.org.ar/apelaciones-en-el-juicio-del-campesino-cristian-ferreyra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2015 03:04:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[antirrepresivo]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Ferreyra]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho a la tierra]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[MoCASe VC]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Ferreyra fue asesinado en 2011 por defender las tierras de su comunidad contra el agronegocio. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Maria Lorena Salazar</em></strong></p>
<p><em>El pasado lunes 15 de junio de 2015 se llevo a cabo en Santiago del Estero una audiencia ante la Cámara de Apelaciones del tribunal de esa provincia, por la causa fiscal abierta por el asesinato del campesino indígena Cristian Ferreyra el 16 de noviembre de 2011, quien fue ultimado por defender las tierras de su comunidad, Lule Vilela, del agronegocio sojero. </em></p>
<p>En diciembre de 2014 se realizó en un tribunal de Santiago del Estero el juicio de sentencia en el caso del asesinato de Ferreyra, en el cual se condenó a diez años de prisión por homicidio simple a Francisco Javier Juárez, autor material del homicidio; sin embargo, se absolvió de toda condena al empresario sojero Jorge Ciccioli, quien fue acusado de ser el autor intelectual del asesinato.</p>
<p>En ese entonces, los magistrados consideraron que no había ningún elemento de juicio “contundente” que demostrara una “cooperación intelectual” del empresario, a pesar de que existía una prueba importante que fue valorada por el tribunal en su momento: un mensaje de texto que envió Francisco Juárez a Ciccioli la misma tarde del suceso: “Mire Don yo le voy a contar puse un Achero y oy los mocacero me lo amenazaron y yo los fui a buscarlo en la casa me va a perdonar usted yo les di a dos de ellos en sus casa están en el hospital y yo estoy en el campo todavía”.</p>
<p>Asimismo, se esperaba que el pasado 2 de febrero se leyeran públicamente los fundamentos del fallo dictado a favor de Ciccioli por parte del tribunal en diciembre de 2014; no obstante, los jueces que llevan el caso Suárez de Bravo, María Angélica Peralta de Aguirre y Federico López Alsogaray esquivaron esta posibilidad y decidieron que los fundamentos a las partes fueran dados “por ventanilla”</p>
<p>Después de la absolución de toda pena del empresario agrario Jorge Ciccioli, los familiares de Cristian Ferreyra y el MOCASE VC continuó la lucha para exigir justicia completa, a través de la apelación del fallo a favor de Ciccioli. En este sentido, los abogados del MOCASE VC, Oscar Rodríguez, María José Benancio y Natalia Gramajo consideraron que se trataba de una sentencia “apelable”.</p>
<p>Por esta razón, el pasado 15 de junio se llevó a cabo la apelación en el caso en tribunal de Santiago del Estero, a través de una audiencia pequeña y sin público, como se había realizado en la anterior apelación. Conversamos con Margarita Gómez, representante del MOCASE VC, mientras esperan el resultado de la sentencia de apelación. Margarita detalla que, los abogados de Javier Juárez, el autor material, en la misma audiencia “apelaron para que lo dejaran libre. Nosotros, al contrario, apelamos de vuelta para que metan preso a Ciccioli como principal actor o culpable del asesinato de Cristian, y para que se le dieran más años a Juárez”.</p>
<p>La referente del MOCASE cuenta que pudieron vincular a Ciccioli como autor intelectual porque<strong> “</strong>las pruebas que teníamos en ese momento fue el testimonio de gente que lo ha visto en el territorio donde estaba Cristian. Siempre andaba armado en una camioneta, y los chicos escuchaban –porque el terreno estaba cerca de la escuela– que él ordenaba que controlaran el campo con armas. Y uno de los principales elementos que tomó la jueza es el mensaje de texto que Javier le mandó a Ciccioli, en el que decía que había asesinado a un campesino”.</p>
<p>Jorge Ciccioli es un empresario santafecino “con muchos bienes y muchos campos en otros lados y que “compró –supuestamente– el campo donde vivía una comunidad indígena. El Pueblo Lule Vilela está viviendo desde hace más de 100 años. Él llegó con su gente armada –y todavía la tiene–, bandas paramilitares, con armas de última generación, armas que tiene la policía o que tiene un delincuente. Él siempre se manejaba con la gente en el campo, los chicos todos los días lo veían, la gente lo veía, se cruzaban en el camino, amenazaba a la gente todo el tiempo. Siempre en la camioneta, con la banda esa que dirigía Javier, y que tenía una casilla donde estaban”, detalla Margarita.</p>
<p>Cuando le preguntamos por el futuro del caso y de las medidas que tomará la organización cuando se sepa la sentencia, la referente nos dice: “Todavía no se sabe con exactitud. Si cabe la apelación, ellos irían presos. Y en caso de que salga la negativa para la organización, nosotros vamos a seguir apelando: si tenemos que ir a la Nación vamos a ir; y si tenemos que ir a otros organismos latinoamericanos lo vamos a hacer, porque nosotros como organización y desde el MoCaSE no vamos a dejar un hecho aislado de lo que sucedió. Entonces vamos a seguir presionando a los gobiernos, al Estado y hasta los organismos de Derechos Humanos para que este empresario quede preso”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/apelaciones-en-el-juicio-del-campesino-cristian-ferreyra/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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