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	<title>Copa América Centenario &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Copa América Centenario &#8211; Marcha</title>
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		<title>El fracaso del fracaso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jul 2016 03:01:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Después de la derrota de la Selección Argentina]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ariel Scher / Fotos internas por Gustavo Pantano</strong></p>
<p><em>Hay diferentes formas de abordar las derrotas. El narrador, mirando por una agujerito las reuniones del Bar de los Sábados, regresa a la idea del fracaso. Ante tanta cosa dicha estos días, revalorizar el juego y sacarle el peso del resultado, es un ejercicio que vale la pena realizar.</em></p>
<p>Pocos saben que la histórica Batalla contra la Idea del Fracaso surgió como una iniciativa tenaz de los miembros del Bar de los Sábados. El promotor fue El Gordo, un entusiasta infaltable en las deliberaciones de cada semana sobre el sentido profundo de los pelotazos, alguien que tragaba café con la misma avidez con la que abría su corazón para entender la condición humana. “Estoy harto de que la Idea del Fracaso se haya apoderado de este juego: ya no se gana o se empata o se pierde, como dice el reglamento; ahora se gana o se fracasa”, exclamó en una tarde de dolores, agobiado porque un amigo lloraba entre desmesuras los años sin ser campeón de su equipo y porque el hijo de otro parroquiano del lugar se miraba con desprecio los tobillos a causa de que jamás había hecho un gran gol. El Gordo no era un hombre al que le gustara quedarse en la quietud de la queja. Y había decidido que era hora de pelear.</p>
<p><img class="alignnone wp-image-29168 size-medium" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-615x410.jpg" alt="Copa América - GPantano" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-1024x683.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-810x540.jpg 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano.jpg 1200w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<p>Fue por eso que, junto con los discutidores más expertos del Bar de los Sábados, empezó a utilizar parte de los mismos sábados para sentarse en otros bares y romper con la comprensión dominante. Acaso la Batalla contra la Idea del Fracaso haya quedado inaugurada el mediodía en el que un entrenador les proclamó: “Si mi equipo pierde dos partidos seguidos, desde la tribuna me gritan ‘fracasado&#8217;”. El Gordo lo miró, manso, y le replicó: “Ya convenceremos algún día a las tribunas. Pero cuando le queden ganas, conteste que usted no es fracasado: fracasar es conversar con uno mismo y no tener nada para decirse”.</p>
<p>Hubo bares en los que les devolvieron rechazos agrios y otros en los que debieron apelar mil veces a su argumento de cabecera: “Fracasar es no tener la posibilidad de ganar, empatar o perder, o sea que fracasar es no querer”. Sin embargo, para El Gordo el mayor desafío fue enfrentar a La Dama, una discontinua participante del Bar de los Sábados de la que estaba enamorado en silencio. “Se vive fracasando en demasiadas cosas —explicó ella— y por eso es insoportable perder también en el fútbol”. A las fuerzas que guardaba en lo más hondo de su panza tuvo que apelar El Gordo para refutarla: “Habrá que aprender, entonces, que en el resto de las cosas no estamos perdiendo, sino nada más que viviendo”.</p>
<p>Hubo quienes dijeron que la Batalla contra la Idea del Fracaso era exactamente un fracaso porque no lograba alterar las lógicas imperantes sobre el juego y sobre la vida. En la mesa del Bar de los Sábados, El Gordo debió argumentar que se trataba de un nuevo error. “Fracasar no es no tener éxito mediato o inmediato, fracasar es no intentar”, dijo, con una enorme medialuna estancada en el labio. Enseguida, se la devoró gustoso mientras pensaba en que ya llegará el día en que fracase el fracaso y que tal vez ese día La Dama, esa dulzura, también se enamore de él.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-29170 size-medium" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-2-615x410.jpg" alt="Copa América - GPantano 2" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-2-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-2-1024x683.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-2-810x540.jpg 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/07/Copa-América-GPantano-2.jpg 1200w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fracaso-del-fracaso/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Messi se cansó, pero de nosotros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2016 03:00:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Ochoa]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
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		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Después de renuncia a la Selección]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Lucas Ochoa</strong></p>
<p><em>Me siento incómodo. Molesto. Yo quería que ganara Messi. Yo quería que Lio, de una vez por todas, levantara una copa con la selección. Se lo merece, hizo méritos y además, le hace falta. A él, no a nosotros. Al resto del grupo también, obvio. Pero la Pulga mucho más.</em></p>
<p>Y fue demasiado para mí verlo yerrar un penal, sufrir el resto de la serie, y luego masticar y tragar una derrota más. Apagué la tele. Sabía que no iba a poder soportar ver nuevamente a esta generación colgarse una medalla de plata. ¡Una más!</p>
<p>Refugiarme en <em>Twitter</em> o leer los portales de los principales diarios tampoco ayudaba. Algo me dolía, algo me molestaba y no sabía qué, ni por qué. Que Messi es un pecho frío, que Martino esto, que &#8220;el burro&#8221; de Higuaín lo otro. De golpe me encontré, nuevamente, con miles de opinólogos y especialistas en casi todo. Y me terminó de caer de la ficha: así somos los argentinos. Criticamos por criticar, exigimos por exigir, señalamos por señalar. Somos todo o nada. Antas de las 21 del domingo, eran todos cracks. Del lunes para adelante pasaron a ser un rejunte de muertos y fracasados que no saben cómo carajo ganar una final.</p>
<p>Me fui a dormir con una mezcla de enojo y tristeza. Una sensación rara, que hacía tiempo no sentía por un partido de la selección. Y levantarme al otro día y leer que Messi había renunciado no hizo más que agudizar esa tristeza. Tuve que escuchar las declaraciones en boca del propio jugador para creer que no era un mero intento amarillista de obtener más clics.</p>
<p>Las fichas me seguían cayendo. Messi no se cansó de perder finales. Messi se cansó de nosotros, de las y los argentinos. Se cansó de que haga lo que haga siempre se le pide más, como si tuviese la obligación de hacerlo. Messi se cansó de que si canta el himno porque canta el himno, y de que si no canta el himno porque no canta el himno. Creo que se cansó de que el 98% de los que a lo máximo que llegaron fue a jugar un torneo intercolegial lo llamen pecho frío y fracasado.</p>
<p>De algo estoy seguro: Messi no quiere renunciar a la selección. Ama la camiseta. Ama los colores. Pero, claro, para algunos no es líder. ¿No fue lo sufrientemente líder como para encarar solo los micrófonos luego del partido y decir que no iba a seguir? ¿No fue lo suficientemente líder para gambetear hasta a la prensa y ponerse él de esa forma en boca de todos para intentar amortiguar los golpes al grupo por una derrota más? ¿No fue lo suficientemente líder como para reconocer sus propios errores y hacerse cargo de las circunstancias?</p>
<p><strong>El fracaso como límite</strong></p>
<p>Así somos como sociedad aunque muchos no relacionen al fútbol con la vida. Pero el fútbol, y otros deportes pasionales, nos reflejan, nos proyectan, desnudan nuestras virtudes y falencias como sociedad. Es por eso que nos marcan como cultura y moldean nuestra cosmovisión. Y así somos, o al menos en gran parte. De esa forma incorporamos a nivel inconsciente que un resultado puede más que un proceso; que un individuo debe poder más que un equipo; que sólo la victoria es sinónimo de éxito; que es ganar o morir; que si no ganan que ni vuelvan; que del segundo para abajo pierden todos. No hay lugar para el fracaso.</p>
<p>Y ahí lo tenemos a Messi. &#8220;Un fracasado más&#8221;. &#8220;Un tipo que bue, con la selección no ganó nada&#8221;. &#8220;¡Qué me importa lo que haya hecho en España!&#8221;. Messi es tan fracasado que se cayó varias veces y siempre se levantó. Messi es tan fracasado que desde chiquito viene salteando obstáculos. Messi es tan, pero tan fracasado, que se anima a fracasar una y otra vez. Pero no vemos eso. Nos quedamos con el resultado. Messi tiene todo: rompió todos los récords posibles. Pero no se conforma y quiere más. Cuanto más tiene, más quiere. Y si no lo logra, sigue luchando por eso. ¿Qué otra cualidad de un líder es tan pura y fuerte como esa? No hay que confundir: Messi no tiene ni debe ser líder de nadie, solo de sí mismo. Y creo que tan mal no le fue. Él encuentra en sus fracasos su fuerza interior para ir por más, para intentarlo de nuevo.</p>
<p>Mientras tanto, la AFA es un caos y se hunde en su propia corrupción, pero el fracasado es Messi. Los clubes del fútbol argentino están cada vez más pobres, pero el fracasado es Messi. Nuestros dirigentes del fútbol no saben organizar siquiera una elección, pero el fracasado es Messi. El Fútbol Para Todos fue una estafa estatal, pero el fracasado es Messi. Llueven los procesamientos por malversación de fondos públicos en el manejo del fútbol, pero el fracasado es Messi. Son 22 más los que juegan junto a él en la selección, pero el fracasado es sólo Messi. Hace 23 años que la AFA no logra un campeonato, pero el único culpable es Messi. Y si ahora la FIFA decide desafiliarla, el culpable también será Messi. Como sociedad en vez de reprochar lo anterior, sacrificamos a Messi. ¿No será que estamos fracasando nosotros? En vez de disfrutarlo, le seguimos cargando peso a su mochila. No importa la corrupción, no importa la decadencia institucional, no importa que jugadores pasen medio año sin cobrar en nuestro fútbol local y no puedan darle de comer a sus familias, no importa que la violencia y los barras sigan manejando todo y matando impunemente, no importa que en los estadios ingresemos como ganado en pleno siglo XXI. No importa. Es muchísimo más grave que Messi no haya ganado una copa. Lo demás es circunstancial, puede pasar. Condenamos lo micro al mismo tiempo que naturalizamos lo macro.</p>
<p>Él no es &#8220;D10s&#8221;, ni se la cree. Él hace lo que más le gusta y mejor le sale: jugar al fútbol. Lo ponemos siempre en un nivel suprahumano, una especie de verdadero superhombre al estilo nietzchiano que todo lo puede, evolucionado. Pero cuando &#8220;fracasa&#8221; lo maltratamos como al peor de los seres vivos. Messi no es ni bueno, ni malo. No es ni dios ni un fracasado. Messi es Messi. Somos nosotros los que lo vivimos poniendo en lugares que no les corresponden. Messi es Messi, no un dios perfecto. Messi es humano, y se equivoca. Y algo que muchos pasan por alto: Messi es futbolista; juega a un deporte que no es más que un juego en el que como tal siempre va a haber un perdedor o un ganador. Pero pretendemos que siempre gane. ¿No pensaron tal vez que sería todo muy aburrido si ganáramos siempre? ¿No se volvería todo carente de sentido? Apuesto que si Argentina ganaba el domingo la Copa América muchos hubiesen dicho &#8220;y bue, tampoco era un mundial&#8221;. Es exitismo inconformista nos hace retroceder, nunca es mucho. Pero lo peor que tiene es que tiende a la perfección, y que al no existir como tal confunde la esencia misma del hombre.</p>
<p>Messi de esa forma se convierte en ese chivo expiatorio en el cual depositamos todos nuestros fracasos. Por eso pretendemos que agarre la pelota, se pase a todos y meta un gol. Y ya lo hizo. Decenas de veces. Pero cuando no lo hace es pecho frío, un muerto.</p>
<p>Por suerte son muchos los que salieron a defenderlo con cartas, videos, carteles, monólogos. Debemos abrir los ojos de una vez. ¿Hacía falta que Messi amague con irse para que nos caiga la ficha de que sin él ya nada será lo mismo? Por lo visto sí ya que también, como buenos argentinos, somos hijos del rigor. Tiene que pasar algo fuerte, que haga ruido, que mueva ciertas estructuras para recién tomar dimensión de los hechos y recapacitar para cambiar algo que sabíamos que estaba mal, pero si total no pasa nada (hasta que pasa).</p>
<p>No sabíamos que hacer con Messi. Ahora no sabemos que hacer sin Messi. De un extremo a otro. Mientras que lo que único que importe sea ganar, ser perfectos, jamás vamos a poder disfrutar del camino que lleva a la gloria, que es igual o más que importante que alcanzar la gloria misma (fuese lo que fuese).</p>
<p>Me quedo con una frase final de Sergio &#8220;Cachito&#8221; Vigil a modo de cierre que resume un poco la antítesis del ser argentino, de ese ser resultadista, que exige pero no hace, que señala para afuera y nunca para adentro, que cree que un resultado es todo y que no ganar no sirva para nada: &#8220;Un equipo ganador no es el que más gana, sino el que tiene más ganas&#8221;.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/messi-se-canso/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Messi, no vengas más</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2016 03:00:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Luego de la derrota en la final de la Copa América Centenario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ramiro Bringas</strong></p>
<p><em>Otra derrota más. Otra final perdida. Tres, en sólo dos años. Pero ésta vez, la historia pareciera tener el peor final. El resultado hasta puede considerarse anecdótico. Porque su renuncia se lleva todos los flashes. La de Messi, claro. ¿Y saben qué? Hace bien en irse. En no volver. Acá, en este país lleno de tipos que le exigen más a un futbolista que a un político, no merecemos tenerlo. Buena suerte, Lionel. No vengas más. </em></p>
<p>Seguramente, ni el más pesimista hubiese podido escribir un guión con tantos maleficios. A nadie se le hubiese ocurrido que un tipo al que Dios le dio todas las artimañas y habilidades posibles para jugar al fútbol, pudiese sufrir tantas desgracias profesionales con la camiseta de su Selección. Esa camiseta que, a pesar de que algunos quieren hacer creer que no siente, que no quiere o que no defiende como lo han hecho otros, él ama con locura.</p>
<p>Nadie merece sufrir así. ¿Qué habrá hecho Lionel en otra vida para ser acreedor de tanto dolor?</p>
<p>Lo cierto es que, como pocos, Messi tuvo cuatro chances de coronarse campeón con Argentina, pero el destino le ha dado tanto con el Barcelona, que parece haberle quitado cualquier posibilidad de lograr alegrías con los colores de su país y conquistar los corazones de aquellos que solo ven el amor y el éxito en las victorias, pero que además, se encargan de crucificar a quien es, nada más y nada menos, que el máximo goleador de la Selección Nacional. Si hasta lo han insultado por no cantar el himno, como si eso fuese un signo vital para demostrar el amor al país. Madre mía, cuánto nos falta.</p>
<p>El domingo, cerca de la medianoche de nuestro país, la Selección Argentina, dirigida por Gerardo Martino, volvía a caer en una final. A menos de dos años de aquella dolorosa derrota en tiempo suplementario en manos de Alemania por la final del Mundial, y sólo doce meses después de la caída por penales ante el mismísimo Chile por Copa América también, sufría otro golpe más. Otro puñetazo al mentón que agiganta la herida. El de <strong>knock out,</strong> no sólo para Messi, sino también para varios integrantes de una generación que mereció ganar mucho más de lo que ganó. Que devolvió a Argentina a la elite del fútbol mundial. Que sufrió más que ninguna otra, de manera inversamente proporcional a la que merecía.</p>
<p>Esta herida parece ser mortal. Te duele a vos, le duele a Mascherano, pero también, e incluso en mayor medida, le duele a Messi. Al mejor jugador del mundo. A ese que viven comparando con el más grande de todos los tiempos. Sí, con Maradona, como si el rosarino quisiera ser como él. ¿O acaso creen que Messi quiere eso? ¿Cuándo nos daremos cuenta que Messi no fue, no es ni será Maradona? ¿Tanto cuesta entenderlo?</p>
<p>Resulta insoportable, a esta altura, que se lo siga criticando con tanta vehemencia. No sólo desde el lugar de hincha, sino que también, y esto es aun peor, desde quienes tienen el poder de decir las barbaridades que dicen frente a un micrófono. Y cabe preguntarse: ¿Qué hubiera pasado si aquella tarde en Brasil, Higuaín no fallaba aquel inolvidable mano a mano con Neuer? ¿Qué hubieran dicho si hacía ese gol que insólitamente falló en el minuto 90 en la pasada final con Chile? ¿Qué sería de ellos si, por primera vez, e mismísimo Higuaín no hubiese malogrado la inmejorable chance que tuvo mano a mano con Bravo el domingo?</p>
<p>Cuando brilla en España, en ese país que lo adora, lo respeta y lo trata como realmente se merece, se hacen eco de su brillantez e inflan el pecho diciendo que es argentino. Cuando las cosas le salen bien, dicen que hay que cuidarlo, que disfrutarlo, que mimarlo. Pero cuando falla, ahí están, de nuevo en primera fila, pero para pegarle. Para decir que debe dar más. O peor aún, que no debe venir más. Que acá no juega como allá. Que eso pasa porque no quiere venir, porque no siente la camiseta. Que en las finales arruga. Que no tiene personalidad. Y bla bla bla.</p>
<p>Messi, como el resto de sus compañeros, escucha. Escucha y siente. Siente y sufre. Sufre y piensa. Porque es un ser humano. Como vos, como yo. Y como es humano, un día dirá basta. Perdón. Un día dijo BASTA. Porque ese día llegó. Y ante esa declaración que fue tan impactante como meditada, todo se movió. El país se paralizó. El lunes, tras su renuncia a la Selección, en los medios, en la calle, en el taxi, en la oficina o donde fuera, sólo se habló de él. De su decisión de no venir más.</p>
<p>Messi se cansó. Claro que su decisión no pasa por una cuestión de críticas principalmente, sino que se da porque su frustración llegó a un límite. Cuatro finales perdidas es mucho. La presión lo mató. Lo aniquiló. A él y a sus compañeros. Y mucho tiene que ver el hincha y, en mayor medida, el periodismo, que sólo ve en el triunfo, lo bueno de un jugador no terrenal.</p>
<p>Pero, ¿Sabes qué? Haces bien, nene, en no venir más. Acá no te merecemos. Vos necesitas otra cosa. Otro trato. Que te valoren. Que entiendan lo que sos; un pibe que busca divertirse con una pelota. Que quiso más que ninguno darle una alegría a su pueblo. A ese que pueblo que lo vio nacer pero que no pudo disfrutarlo porque, acá, los mismos dirigentes que hoy no saben qué hacer ante semejante decisión, le dieron la espalda.</p>
<p>Quedate allá. Es lo mejor que podes hacer. Disfruta. Sé feliz, aunque te quede ésta espina clavada. Quedate allá. Ya no quiero verte sufrir. Ya no quiero verte llorar. Nosotros, los que vemos más allá de un resultado, te estaremos agradecidos eternamente por cada gol, cada gambeta, cada lujo, cada artimaña. Gracias por tanto, Pulga. Hacenos el favor. Y hacetelo vos también. <strong>No vengas más.</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/no-vengas-mas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Lo que nos deja la derrota contra Chile: todos solos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2016 03:00:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Bielsa]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
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		<category><![CDATA[Messi]]></category>
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		<category><![CDATA[Simón Klemperer]]></category>
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					<description><![CDATA[Después de la final de la Copa América Centenario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>por Simon Klemperer</strong></p>
<p><em>El cronista dice retirarse,pero siempre está volviendo. Las manos le queman y los dedos golpean las teclas. Una nueva derrota, el público argentino exaltado, Messi que sufre y quiere irse, y está solo. Todos los jugadores un poco solos, entre tanto juego colectivo que no aparece.</em></p>
<p>Chile juega de memoria y Argentina carece de ella. Chile juega bien y a veces gana. Argentina juega normal y a veces, también gana. Chile, para tener poder ofensivo tiene que atacar mínimo con seis jugadores. A Argentina le basta simplemente con tener afilado y puesto a punto a Messi y Di María. A Chile tuvo que llegar un argentino llamado Marcelo Bielsa para poder armar una máquina aceitada y con buen funcionamiento colectivo, mismo argentino que en su país es más cuestionado que en ningún lugar del mundo. Mientras tanto, en la Argentina, tierra de egos, el fútbol se ha convertido en una máquina de autodestrucción. Chile, esa maquinita, juega de memoria. Cada jugador sabe, sin mirar, dónde están sus compañeros. Necesitan ubicarse porque tienen que darse la pelota para seguir siendo un organismo vivo. Necesitan saberse de memoria porque cada uno depende del resto. En la Argentina no tienen memoria y todos dependen de Messi. Dependen de él, pero sobran quienes lo hacen pedazos. Yo creo que lo destrozan porque no es canchero, y el porteño necesita que el ejemplar de cara al mundo, lo sea. En la Argentina últimamente nos amamos antes del partido y nos odiamos al final. La derrota saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Sin embargo, no es la victoria lo que saca al ser humano de su lado oscuro; es el fútbol. Y no el fútbol a secas, sino el que además de ganar quiere jugar. Si Argentina, ese equipo con un enorme ego individual y poco juego colectivo, hubiera ganado este invento empresarial organizado por los dirigentes que están casi presos, llamada Copa Centenario, o la Copa América anterior, o incluso el Mundial, seguiría siendo ese equipo con mucho ego individual y poco juego colectivo. Y haber salido campeón no los habría sacado del lado oscuro sino que, por el contrario, los hubiera ayudado a guardar la mierda bajo la alfombra, y hubieran seguido pensando que son los mejores del mundo porque tienen a Messi, olvidándose de que no tenían equipo, sino solo un salvador. Aquí nadie habla de fútbol, aquí hablan de personalidades. Es un mundo de chimentos y calenturas. Aquí la gente habla de Messi. Que lo aman y lo odian; que dependen de él y lo crucifican.</p>
<p>Christian Rémoli, realizador audiovisual y futbolero argentino, dijo antes del partido que “la importancia y la manija que le dan a esta Carrera de Embolsados camuflada de copa importante, es directamente proporcional al peso con el que le van a caer al equipo, en particular a Messi y a Martino, si no gana hoy a la noche”, y así fue.</p>
<p>Es hermosa esa maquinaria autodestructiva. Es tremendamente explicativa de los funcionamientos nacionales. En todos los países funciona igual. Es la inequívoca consecuencia del chauvinismo. Es la inevitable consecuencia del exaltamiento de las naciones y de las comunidades mal imaginadas. En Chile funcionaba exactamente igual antes de Bielsa y lo va a volver a hacer cuando, algún día, vuelva a extinguirse el juego que ahora hay. El fútbol hace felices a los chilenos y a veces, incluso, los hace ganar. No es un pueblo que se ame a sí mismo; es un pueblo que históricamente también se ha autodestruido ante la derrota. Salvo durante el bielsismo y post-bielsismo, donde algunas veces aceptó algunas derrotas por haber jugado bien. Pequeños gestos de madurez que desaparecerán cuando desaparezca el fútbol bien jugado y vuelva el ganemos como sea. O empatemos como sea, que tampoco es tan malo. El fútbol es todo. Lo demás es exitismo, chauvinismo, falso amor propio, necesidad de satisfacer frágiles vidas y endebles historias. El fútbol como juego es lo único que hay. El fútbol como fenómeno social es el caldo de cultivo de los peores sentimientos y las peores actitudes. El juego nos hace libres, no las victorias.</p>
<p><strong>De individualidades y sujetos colectivos…</strong></p>
<p>Sobran quienes dicen que Messi no tiene la personalidad de Maradona. Incluso lo dice el Diego, o lo que queda del Diego. Y por qué lo dicen. Porque creen que el mundo funciona según individuos llenos de carisma y personalidad, y no de grupos humanos. El sujeto colectivo brilla por su ausencia. Otra vez el culto a la persona, otra vez el recuerdo de ese hombre canchero y fanfarrón. Otra vez el amor a las figuritas difíciles. Otra vez la sumisión al caudillismo. Otra vez el personalismo y otra vez y otra vez. Y de fútbol… de fútbol ni hablar. Y entonces a Messi lo critican por su falta de personalidad, porque se enorgullecen de ese exceso de personalidad que tantos creen tener y no tienen. Otra vez esa falta de humildad tan emparentada con la prepotencia. Y Messi… Messi solo. Solo buscando compañeros en la cancha, y el Tata Martino que le saca a Di María de al lado y le pone a Kraneviter. ¡Mamita! El granero del mundo y le pone a Kraneviter. Algo de cobardía hay en todo esto. Algo de miedo al vacío de lo no construido. El primer tiempo Argentina fue mejor porque presionó en campo contrario, después ya no. Después esperó en campo propio y volvió a depender de Messi. Nuevamente volvió esa triste, amarreta y cobarde actitud, tan abundante en las épocas de Batista, Maradona y Sabella, de no jugar.</p>
<p>Y ahora. Ahora todos buscan explicaciones como locos, desesperados, y nadie habla de fútbol, porque nadie quiere aceptar que fútbol no hay, y todos quieren volver a ser Maradonas y meter goles con la mano, porque son más pillos y astutos que nadie en el mundo. La mala noticia es que la vida se construye de personas y no de Maradonas. Maradona ya fue. Ya pasó. Ahora hay que armar equipos y eliminar deidades. Deberíamos darnos cuenta de que cuando hay un relámpago no es Dios sacándonos fotos, sino simplemente un relámpago. La final estaba ganada de antemano, porque así somos, cheroncas. Y la perdimos. Éramos el mejor equipo de la Copa porque… ¿Bolivia, Panamá, Venezuela, Estados Unidos? ¿En serio?</p>
<p>Maradona, ese futbolista que fuera el mejor del mundo, ahora está más solo que nadie. Todos los aman pero nadie lo quiere. Todos le profesan un amor incomparable pero nadie está a su lado. Al Diego se lo come la figura que los argentinos hicieron del él, y a los argentinos se los come la figura que el Diego hizo de ellos. Y Messi, ese que dicen que no tiene la personalidad que los que hablan tampoco tienen, se aburrió y se fue. Y así, poco a poco, todos se van yendo y se van quedando solos.</p>
<p>En la final de la Copa, Chile simplemente tuvo calma y jugó. Adueñándose de los tiempos y tocando la pelota. Chile hizo una cosa de la que aquí no nos damos cuenta porque pensamos demasiado: tocó la pelota. Hizo una cosa rara llamada dar pases. Chile administra el correr de la pelota mientras los argentinos no podemos administrar el exceso de personalidad. Y Caparrós <em>twitea</em> una cosa tan básica como la siguiente: “Hermanos chilenos agrandados: qué bueno que hayan vuelto a empatarnos. Felicitaciones por el partido!” Sin palabras. Sólo resta decir que a veces es mejor no hablar en caliente porque se demuestra todo lo peor que hay en uno y es mejor tener guardado. Ni el pueblo argentino ni el pueblo chileno se merece la felicitación de nadie, ninguno ha ganado ningún premio como pueblo y ninguno lo ganará, pero Martín, de verdad, a veces es mejor mirar para adentro y hacer silencio.</p>
<p>Deberíamos bajar un poco el telón y suspender este gran teatro de lo que no se es. Deberíamos dejar de gritar tanto para escuchar el silencio del vacío que hiela la sangre. Ese vacío que creemos llenar y no llenamos. El silencio del espacio donde creemos estar y no estamos.</p>

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		<title>El gol que no fue dos veces</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2016 03:00:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Frascara]]></category>
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					<description><![CDATA[La historia de un déjà vu]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong><strong>Por Ricardo Frascara</strong></p>
<p><em>El fútbol es un juego, nada más. Nosotros, los pequeños hombres –y también, y cada vez más, mujeres–, lo digerimos dramático, conmovedor, grotesco, arrollador, de acuerdo con nuestro sentimiento pasional. Pero si lo tratáramos realmente como lo que es, hasta podríamos transformarlo en un entretenimiento, una diversión. Van a ver que con el tiempo, se puede lograr.</em></p>
<p>Ahora se me mezcla el tiempo; es lo que suele suceder cuando se cruza la barrera de los 80. Lo veo al Pipa Higuaín robando una pelota y corriendo completamente solo hacia el arco de Neuer, el alemán. Empiezo a ponerme en puntas de pie para dar el salto de festejo por el golazo. Cuando el 9 está cerca del arquero, ya no lo reconozco, me parece el chileno Bravo. Es un <em>déjà vu</em>, me digo, como aprendí por el cine francés. ¡Ah! París, como recordaba mi viejo… Danielle Darrieux, Jean Moreau…</p>
<p>De pronto pestañeo: Higuaín seguía corriendo solo hacia el arco y yo pensaba, ¡pero por qué carajo no patea! Y como acababa de distraerme con el perfume francés, lo veo sentado a mi lado al gran jefe Camus, Albert, un capo de la pelotita. Era zurdo para patear, creo, pero atajaba y escribía con las dos manos y, sobre todo, con la cabeza. Luego, al costado del autor de <em>El Extranjero</em>, estaba un gordito medio pelado, que con su francés aporteñado me dice: “¡Ricardó, aujourd’hui matamos!”, y me señalaba con su dedo, mocho de escribir huevadas divertidísimas, a Higuaín a punto de hacer el gol; sólo falta que patée, me gritó Osvaldo (Soriano, como aquel refamoso arquero de River de los años 40). Patea y es gol, me dicen a dúo dos de los mejores escritores futboleros que he leído. Y yo pienso ¿me lo dicen con la creatividad de los que iluminan páginas en blanco? O se trata de sus almas de potrero.</p>
<p>Yo me reí por ese grito doble, pero lo estaba viendo, en cuanto Higuaín pateara ni Neuer ni Bravo podrían detenarla. La pelotita entraría como un rayo. “¡Pateá!”, grité con todas mis ganas, empujando la pelota con mi vista. Mientras, Higuaín seguía corriendo. Yo hice una vez un gol así. Yo era maleta, pero la pelota era mía. Jugábamos con el equipo del barrio en una canchita por Retiro. ¡Bah!, jugaban los otros, yo corría de un lado para otro y no la pescaba, apenas sentía el olor del cuero cuando la redonda pasaba cerca de mis ansias. De pronto, como le pasó a Higuaín, la tenía en mis pies… estaba asombrosamente solo y corrí, corrí arrastrándola con toda mi ignorancia, llegué frente al arquero, amagué para un lado y se la metí hasta la manija por el otro palo. “¡Qué lo parió, Ricardo!”, me gritó el capo del equipo, al que llamábamos Lángara, porque siempre hacía goles, hasta con el culo lo vi anotar una vez.</p>
<p>Bueno, la de Higuaín era más fácil que aquella corrida mía de la niñez. Higuaín corría, Camus y Soriano empezaban a hacer el ademán de taparse los ojos; yo no, yo estaba tan absorto en mis pensamientos que me perdí el detalle de cómo hizo Higuaín para no meterla. Neuer estaba arrodillado agradeciéndole a las margaritas del campo; Bravo estaba tirado en el césped, había alcanzado a ver la pelota cruzándolo por arriba rumbo a la eternidad, hacia el espacio infinito, como un satélite al pedo, que no transmite nada, ni hace sombra en el suelo. Todas las gargantas enmudecieron… el grito quedó pendiente, danzando en el aire como el último acorde de un bandoneón.</p>
<p>El domingo, frente a Chile, ahí mismo, mientras lo atendían a Medel que casi se suicida contra el palo, con el irónico riesgo de corregir el derrotero de la pelota y meterla en su arco, yo fui a la cocina, metí en el hornito eléctrico un par de empanadas, cacé del cogote una botella de Malbec, y me senté tranquilamente a mirar el televisor sin ver nada. Y no vi nada más, lo juro. A mi edad hay cosas que no se pueden soportar. Después de la primera empanada y de la primera copa, fui a la biblioteca y busqué el libro del gordo Soriano donde cuenta el penal más largo de la historia. Acaricié el libro, deslicé el dedo sobre las palabras de Osvaldo (¡qué pedazo de tipo! ¡Qué escritor de acá a la vuelta!, tan nuestro), y me dije: mañana, si todavía me acuerdo de esto, voy a escribir “El gol que no fue dos veces”. Te lo regalo.</p>

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		<title>Argentina en la final, o cómo mandar a casa a los Estados Unidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jun 2016 08:20:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
		<category><![CDATA[estados unidos]]></category>
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		<category><![CDATA[Messi]]></category>
		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Copa América Centenario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Tano</strong></p>
<p><em>Argentina jugó el partido ideal y pasó a la final luego de eliminar a Estados Unidos por 4 a 0. El cronista se ilusiona y sueña, luego del mejor encuentro de la Selección en muchos años.<br />
</em><br />
Cortita y al pie. Una delicia. Una pincelada cuasi artística ofreció la Selección Argentina al golear por 4 a 0 a Estados Unidos y así acceder, por tercera vez consecutiva en dos años,<br />
a la final de un torneo. Este parece ser el momento. Este parece ser el instante justo. La hora señalada. Parece… Todo parece tan lindo, tan bello. Y hoy parece más que nunca que una postergada y merecida consagración está, ahora sí, más cerca que hace… ¡23 años en Guayaquil! Ojalá que en esta ocasión pueda serlo…</p>
<p>Hay una canción popular evangélica que reza en su estribillo algo así como “cada cosa en la vida tiene su justo lugar, cada cosa tiene un tiempo para hacerse realidad”. Y encaja justo con esta generación de futbolistas que desde 2014 viene logrando y captando elogios y merecimientos para alcanzar la tan ansiada gloria deportiva. Porque <em>evangelizan </em>con fútbol. Predican el buen juego. Pero siempre falta un paso, el decisivo, el más trascendente, porque, de lo contrario, será un nuevo fracaso, principalmente para la prensa. Y creo que a esta altura ya también lo será para la mayoría de la gente.</p>
<p>Es que contemplar a la Selección dirigida por <em>Tata</em> Martino como lo hizo anoche en Houston, en un estadio imponente, con aire acondicionado y techo rebatible, donde cerca de 70 mil personas fueron testigos de otra función sublime de Lionel Messi y compañía, la obra de arte se lució en su máxima expresión. Con ese poema de tiro libre que se coló en el ángulo superior izquierdo del arco americano, justo ahí, con esa precisión quirúrgica que sólo los iluminados como el rosarino pueden concretarlo. El arquero no dio más que un paso hacia su derecha cuando el crack argentino advirtió ese quiebre y tomó la determinación de impactar la pelota hacia ese lado. La parábola que dibujó el balón fue tan repentino y fugaz que pareció teledirigida.</p>
<p>Una producción colectiva sin fisuras. Alto rendimiento en la presión, en la elaboración y en la ejecución. Una efectividad implacable. El ideal que pretende el entrenador. Las tres líneas jugaron su partido ideal, con grandes despliegues, tanto colectivos como individuales, y una capacidad para manejar los tiempos y el desgaste que resultaron imponentes: marcaban los ritmos, aceleraban cuando había que hacerlo, tocaban (si hubiera sido una cancha argentina, el “ole” no se hubiera hecho esperar. Una celebración con récords incluidos: el delantero del Barcelona se convirtió, con 55 goles, en el histórico artillero de la Albiceleste al superar a Gabriel Batistuta (54). La ecuación cierra perfecto: el mejor del mundo hace años se transformó en el mayor artillero.</p>
<p>Ahora será el turno de esperar al ganador de Chile-Colombia que, según Martino en conferencia de prensa, “hay que ver si estamos a la altura, de pasar Chile, Selección a la que yo vengo elogiando hace ocho años, que presiona y elabora juego mejor que nosotros”. Frontal y generoso como siempre, el técnico rosarino a la hora de realizar un análisis de lo que vendrá.</p>
<p>Pinceladas de talento y clase desplegaron los artistas argentinos en el césped del NYG. Si hasta un fanático de <em>La Pulga</em> ingresó al campo de juego, durante el entretiempo, y le hizo una reverencia. Se rindió ante sus mágicos pies. Messi le acarició la cabeza casi en un gesto fraternal, tomó el fibrón que le dio el hincha y le firmó la camiseta. Ojalá que también haya firmado una vuelta olímpica que, con certeza, ellos anhelan más que ningún mortal. Y porque hambre les sobra. Aunque anoche todos terminamos pipones después de un banquete de alto vuelo.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/argentina-la-final-la-copa-america-mandar-casa-los-estados-unidos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Repercusiones de la eliminación de Brasil: Dunga es un “pie frío”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jun 2016 05:02:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Casas]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
		<category><![CDATA[Ruidíaz]]></category>
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					<description><![CDATA[Primera semana de la Copa América Centenario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gabriel Casas</strong></p>
<p><em>La sorpresa de la edición centenario de la Copa América, sin duda, es la eliminación de la selección brasileña. Repercusiones, pasos al costado y las broncas de la vuelta de “la mano de dios”.</em></p>
<p>De lo que va de esta Copa América del Centenario, la eliminación de Brasil en primera ronda es el gran sacudón a la monotonía futbolera. Si bien la de Uruguay tiene lo suyo y hasta la de Paraguay tiene su dosis de sorpresa, que Brasil se quede en el camino tan temprano es la noticia. Tuve la suerte de gozar recientemente de unas vacaciones en Río de Janeiro y ahí comprobar in situ de la importancia de la <em>verdeamarelha</em> o del <em>Scracht</em>, como le gusta llamarlo a los brasileños. Incluso en las mujeres, quienes juegan al vóley fútbol en las playas, a la par de los hombres.</p>
<p>En un pueblo futbolero como tal, el puesto que ocupa Dunga, el de director técnico de la mismísima selección, es importante para el debate casi como si fuera el de Michel Temer, el golpista vicepresidente de Dilma Rousseff. Y Dunga, como Temer y las escuchas de corrupción de sus funcionarios, estaban en la picota antes de esta Copa América por el flojo rendimiento en las eliminatorias sudamericanas.  Si ahora se disputara el Mundial de Rusia, el Scracht estaría ausente por primera vez en la historia. No está en el lote de los cuatro que clasifican de manera directa.</p>
<p>Sin Neymar, reservado para los Juegos Olímpicos en los que Brasil busca su primera medalla de oro en fútbol, la expectativa en la <em>ciudade maravilhosa</em> era menor a lo esperable. Es que Neymar, por más que sea del Santos y no del Flamengo, el Fluminense o el Vasco Da Gama (los grandes de Río) es el jugador distinto de su seleccionado. Su presente en el Barcelona, junto a Lionel Messi y Luis Suárez, en una delantera formidable, hace que la casaca 10 sea la que más se ve en las playas de Ipanema, Copacabana y Leblón.</p>
<p>Y como muestra de lo que genera la selección local, me llamó la atención que en el último amistoso previo al torneo de Estados Unidos –que disputó Brasil ante Panamá– no había gente en los bares de Ipanema para verlo. Es más: no se cambió el horario del partido por la novela de mayor éxito., sino que, de hecho, el horario central nocturno lo mantuvo la novela. Una muestra clara de desinterés por este equipo de Dunga.</p>
<p>No se puede dejar de soslayar que Brasil quedó en el camino ante Perú por un gol con la mano del delantero incaico Ruidíaz. No debería haber sido convalidado. Pero quedarse en la queja, válida claro, como hizo Dunga en la conferencia, es tapar el sol con las manos. En su paso por Estados Unidos, este Brasil apenas goleó 7-1 a Haití, un equipo casi de aficionados.</p>
<p>Otro dato destacable para resaltar de esta primera ronda es el triplete de Messi a Panamá en apenas media hora de juego en Chicago. Pero la Pulga, la gran atracción de este torneo, seguramente nos dará más para hablar en adelante. Ojalá sea en una hipotética final. Y ojalá sea por verlo figura y con la Copa que desde 1993 se le viene negando a la Argentina.</p>
<p>Mientras tanto, quedémonos con el lamento brasileño. Imagino a los cariocas, cervezas de por medio, en esos atardeceres hermosos y calurosos en los bares de Ipanema o Leblón, tratándolo de “pie frío” a Dunga. Es el latiguillo para desacreditarlo. Y pidiendo por su dimisión. Para que Brasil salga del actual <em>jogo feíto</em> y vuelva a intentar desplegar el histórico <em>jogo bonito</em>.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/repercusiones-eliminacion-brasil-dunga-pie-frio/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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