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	<title>Choele Choel &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Choele Choel &#8211; Marcha</title>
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		<title>Diez años sin Daniel Solano: si la justicia tarda, ¿es justicia?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 20:35:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Policiales]]></category>
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					<description><![CDATA[El 5 de noviembre de 2011, Daniel Solano, trabajador temporario de Salta, fue secuestrado, asesinado y desaparecido por al menos siete policías en Choele Choel, Río Negro. A pesar de que fueron condenados, siguen libres. La causa está a la espera del dictamen de la Corte Suprema de Justicia. Unas palabras para que no lo [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El 5 de noviembre de 2011, Daniel Solano, trabajador temporario de Salta, fue secuestrado, asesinado y desaparecido por al menos siete policías en Choele Choel, Río Negro. A pesar de que fueron condenados, siguen libres. La causa está a la espera del dictamen de la Corte Suprema de Justicia. Unas palabras para que no lo olvidemos, para que sea justicia.</em></p>
<p><strong>Por Nadia Fink</strong></p>
<p>Daniel Solano era un pibe joven, un laburante, que había llegado desde su Tartagal natal a Río Negro para trabajar en la cosecha de manzanas. Allí padeció desde adentro la explotación extrema, la discriminación, las condiciones de hacinamiento, las políticas de las grandes empresas fruteras que no se cansan de estafar a los trabajadores golondrinas. Pero Daniel sí se cansó, protestó, habló con sus compañeros, intentó organizar el reclamo. Le tendieron una trampa, se lo llevaron una noche y nunca más apareció. Un complejo entramado compuesto por compañías sin escrúpulos, empresarios de la noche, fuerzas policiales de élite y jueces a sueldo, es la punta del ovillo de una desaparición más en democracia. En Choele Choel sigue el acampe (antes de familiares, ahora de personas que se solidarizaron con la causa), los policías siguen sueltos (y portando armas), los trabajadores siguen padeciendo las condiciones en cada cosecha, los empresarios siguen contanto billetes. Pero falta Daniel. Y, también, Gualberto, su papá.</p>
<p>“He recalcado en todo este tiempo el pedido de mi tío Gualberto. Cuando él decía: ‘Dónde está mi chango?’, ‘¿Dónde habrán dejado mi chango?’, ‘¿Dónde está Daniel?’, ‘¿Dónde está el<em> Nene</em>?’, como le sabíamos decir todos”. Quien habla es Romina, prima de Daniel y vocera de la familia desde Tartagal. Y su simple pedido apunta a la pregunta del título: la justicia que se demora diez años, ¿es justicia? Gualberto llegó a Choele unos días después del 5 y se quedó a vivir allí durante años. La última vez que lo vimos fue en mayo de 2016: en ese entonces el frío empezaba a sentirse y el calentaba la pava para unos mates en la piecita destinada a las donaciones de Cáritas donde estaba alojado en la parroquia a cargo del cura Cristian Bonin. Gualberto falleció el 3 de abril de 2018 esperando llevarse el cuerpo de su hijo. Cristian dejó los hábitos y se fue a vivir a Viedma. Al padre de Daniel, la justicia no le llegó.</p>
<p><strong>Hecha la ley, hecha la trampa</strong></p>
<p>Si bien la causa tuvo sus idas y vueltas de la justicia Federal a la provincial, es importante destacar que los siete policías estuvieron detenidos y que posteriormente fueron excarcelados, pero aún siguen procesados: Sandro Gabriel Berthe, Pablo Federico Bender y Juan Francisco Barrera por considerarlos autores de los delitos de vejaciones, privación ilegal de la libertad y desaparición forzada de personas. Pablo Andrés Albarrán Arcamo, Pablo Roberto Quidel y Diego Vicente Cuell, como partícipes necesarios de los delitos de vejaciones, privación ilegal de la libertad y desaparición forzada de personas. Héctor César Martínez como partícipe secundario en los mismo delitos pero se le suma el de “abuso de autoridad”, por haber sido Jefe de la Comisión Investigadora al inicio de la causa y que desvirtuó elementos de prueba ocultando, informando falsas hipótesis (por ejemplo, un viaje de Solano a otra provincia porque era “un picaflor”) y obstaculizando la investigación.</p>
<p>El querellante de la causa era Gualberto, por lo tanto, con su muerte empezaron a jugarse las trampas que el poder judicial podía utilizar. Así nos cuenta Cristian: “Las contrapartes, los abogados de los policías asesinos, trataron de disolver la presencia de la querella en el juicio. Porque la querella es la familia, es Gualberto Solano, con los abogados particulares. Al morir se logró hacer que se constituyera como querellante el abuelo de Daniel, Manuel Solano, como familiar en línea directa. Y, por supuesto, siguen acompañando Sergio y Leandro [Heredia y Aparicio, respectivamente, abogados de la familias desde fines de 2011 hasta la fecha]”.</p>
<p>Así el juicio siguió adelante y ell 1 de agosto de 2018, la Cámara Segunda de Roca condenó a los policías. El 23 de diciembre del 2018, el Superior Tribunal de Justicia –el máximo órgano judicial de la provincia de Río Negro– ratificó el fallo de la Cámara Segunda. Pero fue entonces que los abogados de la policía interpusieron un recurso de queja a ese fallo del Superior Tribunal de Justicia, que fue denegado por el Superior Tribunal de Justicia. Por eso sólo les quedó la instancia de la Corte Suprema. Una causa con tantas pruebas y tantas instancias condenatorias, ¿puede seguir siendo rechazada por los culpables? ¿Acaso es justicia?</p>
<p><strong>Migrar para buscar laburo</strong></p>
<p>“No solo son estos siete policías los responsables del asesinato y la desaparición de Daniel, sino que hay más actores, cómplices. Como, también, la misma empresa, los dueños de la empresa, que son responsables de lo que le pasó”, denuncia Romina.</p>
<p>Y es que el entramado es mucho mayor si entran en juego las empresas que intervinieron en el traslado de Daniel y sus 69 compañeros que subieron al micro para trabajar en la cosecha de manzanas. El reclutamiento se hizo desde Agrocosecha SRL (una empresa que falsamente se hace llamar &#8220;cooperativa&#8221;), que a su vez terceriza el servicio para la multinacional Univeg Expofrut SA, ubicada en Lamarque. La estadía de los trabajadores sucedería en las “gamelas”, una especie de carpas donde dormían apiñados. Allí llegan cada año 400 trabajadores golondrina de comunidades indígenas de Salta y de barrios humildes de Tucumán y de Santiago del Estero. Allí, muy cerca de la casa natal del periodista Rodolfo Walsh.</p>
<p>El cobro del primer sueldo resulta el momento más crítico: los descuentos son excesivos y muchos no pueden girar el dinero a sus casas; el ciclo es inevitable: trabajan, no les pagan, son discriminados, son maltratados, muchos optan por el alcohol ante una situación sin salida. El grupo BORA (Brigada de Operaciones, Rescate y Antitumulto), entonces, tiene su accionar justificado. La tropa de élite es tristemente conocida en Río Negro por su intervención en las matanzas durante las represiones de Bariloche, que derivaron del asesinato de Diego Bonefoi en 2010. El grupo que, como detentan sus siglas, es entrenado para estar en eventos multitudinarios y en manifestaciones, se encarga de custodiar a los trabajadores de las gamelas.</p>
<p>De esas complicidades habla Romina, de esa connivencia entre el poder económico, político y judicial. También, de la estafa que cada mes y cada año aplicaban a esos mismos trabajadores cuando cobraban su primer sueldo: descuentos por montones hacían que cobraran un cuarto del sueldo acordado. Esa fue la osadía que cometió Daniel: no callarse, amenazar con una huelga el lunes siguiente aquel viernes 4 de noviembre. Y los capos de la empresa Agrocosecha ya lo conocían: a Solano lo querían todos. Por eso, veinte minutos después de que entrara al boliche “Macuba” lo nombraron y lo señalaron desde la cabina. Así, las fuerzas policiales (sí, que también eran custodia en el boliche Macuba) lo empujaron hasta la vereda y lo llevaron hacia la esquina. En el fondo de la calle lateral lo subieron a un patrullero. Desde ese momento está desaparecido.</p>
<p><strong>“Mi abuelo sigue esperando que entreguen el cuerpo de su nieto”</strong></p>
<p>Esta historia que aún espera un fallo favorable de la Corte Suprema, cuenta desde el principio con una red enorme de solidaridades para romper la complicidad y el silencio de un lugar pequeño y tan lleno de poderes; en principio de quienes dieron sus testimonios para reconstruir los detalles luego de la desaparición de Daniel. Así lo cuenta Bonin: “ Cada pedacito de verdad observada es sustancial, porque eso arma el cuadro del evento. Hay personas que vieron momentitos, instantes y hay otras que pudieron ver el caudal de violencia de los siete esbirros de Daniel y que tuvieron el valor, el coraje, la audacia de no secuestrar –y menos desaparecer– ese pedacito de verdad que les tocó ver. Sino que, por el contrario, lo comprometieron con la causa, asumiendo los riesgos que se inauguran cuando uno tiene para compartir verdades que chocan de frente con los intereses corruptos de la Policía, del Poder Judicial y de otros sectores que suelen ser favorecedores de la impunidad”.</p>
<p>Pero también está la red que conformaron personas de la zona y que se comprometieron con Gualberto, con su familia, con la memoria de Daniel, con la justicia que nace del barro y no de los pedestales. De esa red es parte Cristian, y quiere nombrarles: “Algo interesante es el equipito que se fue conformando de personas muy distintas. Está Euge Rosi que, actualmente, está viviendo en Río Colorado. Jessica Visoqui, en Bahía Blanca; Nadia París, desde la zona de Neuquén; Marce Torres y Pablo desde Choele, con otros compañeros y compañeras; Olga Uso, también, desde acá, desde Viedma”.  Y menciona el término “nueva forma de ser querella” cuando las distancias son tantas y cuando las personas van quedando en el camino: “Son las personas que, desde distintos puntos, nos mantuvimos muy unidos para fortalecer denuncias, para amplificar la voz de la familia Solano, para pensar juntos estrategias y recursos orientados por los abogados, en conversación con ellos y con la familia”.</p>
<p>¿Y qué pasa con los tiempos de la justicia? Insistimos porque, claro, ya hemos hablado tanto durante estos diez años que lo repetimos porque no sabemos si nos escuchan, si nos entienden, si cada palabra rebota contra un muro imposible de traspasar. Romina habla de esos tiempos: “Lamentablemente, como digo y como decimos todos, la Justicia es muy tardía. Muchas veces se llevan por delante a otras personas también, porque las fuerzas se agotan. Las fuerzas se ve muy débil, la salud ya no es la misma cuando sos joven. Por ejemplo, lo que pasó con mi tío Gualberto, que esa fortaleza se fue debilitando por el dolor que sentía, por ese dolor que él tenía. Aunque muchas veces nos demostró, a cada uno de nosotros como familia, sentirse fuerte. Pero en la soledad, en el silencio, en la habitación, cuando se encontraba él solo, no se daba cuenta de cuánto dolor tenía él”. Ahora el que espera es Manuel. Que la justicia actúe (por fin), que los policías sean condenados, que se responsabilice a los cómplices (porque siguen viajando, cada años, trabajadores temporarios), que los asesinos hablen, que la familia pueda llevarse el cuerpo de Daniel a Tartagal para “tener un lugar donde ponerle una flor”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/diez-anos-sin-daniel-solano-si-la-justicia-tarda-es-justicia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Seis años de una pregunta: ¿Dónde está Daniel Solano?</title>
		<link>https://marcha.org.ar/seis-anos-de-una-pregunta-donde-esta-daniel-solano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Nov 2017 23:20:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Choele Choel]]></category>
		<category><![CDATA[daniel solano]]></category>
		<category><![CDATA[Desaparición Forzada]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago Maldonado]]></category>
		<category><![CDATA[trabajador golondrina]]></category>
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					<description><![CDATA[De Tartagal a Choele Choel]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink</strong></p>
<p><em>Hoy,  5 de noviembre se cumplen seis años de la desaparición de Daniel Solano, el trabajador que había llegado desde Salta a trabajar en Río Negro. La palabra de su familia, el impacto que les generó la desaparición de Santiago Maldonado y la necesidad de que aparezca el cuerpo de Daniel en las líneas que siguen.</em></p>
<p>Si pudiéramos pensar un calendario en el que Gualberto, padre de Daniel Solano, tacha los días hasta encontrar a su hijo y llevarlo a su tierra natal para darle sepultura, los palitos serían infinitos y, cada uno, doloroso. Gualberto está de nuevo en Choele Choel porque el 15 de noviembre próximo se autorizó la búsqueda de Daniel en el jagüel ubicado a 25 km., en el campo “La Manuela” según resolvió el juez de garantías, Roberto Gaviña. Ese campo fue señalado por un testigo de identidad reservada en 2014 como el lugar donde arrojaron el cuerpo sin vida de Daniel. ¿Por qué allí? El cura párroco Cristian Bonin, que aloja a Gualberto en sus estadías en Choele y que está comprometido con la investigación, detalló: “Este campo está arrendado por la familia Segatori, y el que le sigue le pertenece al Dr. Vaira, médico de la policía rionegrina en Choele Choel. De acuerdo, a informes solían reunirse algunos policías a probar armas, practicar tiro y compartir mesa”.</p>
<p>Romina Solano, prima de Daniel, nos cuenta desde Tartagal: “Estamos a la espera de poder encontrar el cuerpo de Daniel en el jagüel. Es difícil para nosotros no saber dónde llorar a Daniel, donde encenderle una vela”.</p>
<p>El cuerpo de Daniel, además, colaboraría en profundizar la investigación por la que aún siguen procesados siete policías. Respecto de eso, Romina afirma: “Mi primo se encontró en el camino con personas que dañan la vida del otro queriendo ser más que un simple obrero”.</p>
<p>Es que Daniel había llegado en septiembre de 2011 desde Tartagal a Valle medio, en Río Negro, para trabajar en  la temporada de raleo y cosecha de manzanas, casi 2300 km hacia el sur. Además, pertenecía a la comunidad indígena Misión Cherenta. El reclutamiento de los trabajadores golondrina fue de para Agrocosecha SRL, que a su vez terceriza el servicio para la multinacional Univeg Expofrut SA, ubicada en Lamarque. A los galpones con mínimas condiciones  llegan cada año 400 trabajadores golondrina de comunidades indígenas de Salta y de barrios humildes de Tucumán y de Santiago del Estero. Cuando los trabajadores cobraron sólo 800 de los 1800 pesos prometidos en la partida, Daniel Solano alzó la voz. Y por eso mismo está desaparecido desde el 5 de noviembre de 2011, cuando fue sacado por la policía de Macuba, el boliche de Choele Choel, a las tres de la mañana. Entramados de complicidades entre las empresas frutícolas que explotan el trabajo golondrina, empresarios de la noche, fuerzas policiales de élite y jueces que hacen la vista gorda tiene la historia de Daniel.</p>
<p><strong>Policías en acción</strong></p>
<p>Si bien la causa tuvo sus idas y vueltas de la justicia Federal a la provincial, es importante destacar que siete policías estuvieron detenidos y que posteriormente fueron excarcelados, pero que aún siguen procesados: Sandro Gabriel Berthe, Pablo Federico Bender y Juan Francisco Barrera por considerarlos autores de los delitos de vejaciones, privación ilegal de la libertad y desaparición forzada de personas. Pablo Andrés Albarrán Arcamo, Pablo Roberto Quidel y Diego Vicente Cuell, como partícipes necesarios de los delitos de vejaciones, privación ilegal de la libertad y desaparición forzada de personas. Héctor César Martínez como partícipe secundario en los mismo delitos pero se le suma el de “abuso de autoridad”, por haber sido Jefe de la Comisión Investigadora al inicio de la causa, y que como tal desvirtuara elementos de prueba ocultando, informando falsas hipótesis (por ejemplo, un viaje de Solano a otra provincia porque era “un picaflor”) y obstaculizando la investigación.</p>
<p>Aún así, “los siete policías están en funciones y van todos los días a trabajar con pistolas en la cintura”, nos informa Sergio Heredia, abogado de la familia Solano. Y afirma: “Esto es una aberración en la Argentina”.</p>
<p>Es inevitable pensar en las similitudes con el caso más reciente de desaparición forzada de personas seguida de muerte: Santiago Maldonado. El joven que participaba de una protesta del pueblo Mapuche en Pu Lof de Cushamen, en Chubut, desapareció tras una feroz represión de Gendarmería. La diferencia es que su cuerpo apareció después de casi 80 días. Sin embargo, previamente hicieron creer a su familia que no había estado allí; a Gualberto lo tuvieron sentado horas sin descanso frente a las grabaciones de las cámaras de la terminal de ómnibus de Choele: afirmaban que Daniel se había dio tras una “noviecita”; con Maldonado intentaron ensuciar su pasado, de Daniel dijeron barbaridades a pesar de que su familia, amigos y compañeros hablaban de lo  buen pibe que era; las empresas de comunicación  defendieron el accionar de policías y empresarios en ambos casos, los medios alternativos y populares trataron siempre de acercarse a la verdad.</p>
<p>Romina cuenta de lo que representó para ellas y ellos todo lo que sucedió esos casi tres meses con Maldonado: “Nos solidarizamos con su familia porque entendemos su dolor. Le ha pasado algo parecido a Daniel, la desaparición de una persona, y su muerte”. Por eso su fuerza está hoy en que aparezca el cuerpo: “Una esperanza aún en el dolor”, lo define Romina.</p>
<p><strong>La esperanza aún en el dolor</strong></p>
<p>Heredia recuerda que “la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica y  la OEA emitieron un pronunciamiento negativo hacia la Argentina por el incumplimiento de los derechos humanos”. Lo dice y lo repite por esto de “los desaparecidos en democracia” y la búsqueda incansable de justicia desde hace tantos años; seis más precisamente.</p>
<p>Esa esperanza de encontrar el cuerpo de Daniel cuenta, sin embargo, con una nueva traba. Así lo cuenta Bonin: “Hay decisión judicial que autoriza buscar, poniendo como fecha el 15 de noviembre el arranque de operaciones. Pero falta la decisión política de colaborar con la economía de la materialización de la búsqueda”.</p>
<p>La cifra que implicaría vaciar el jagüel es de más de 3.000.000 de pesos, de acuerdo al presupuesto de empresa PETERSER (una petrolera de Salta). El problema, según cuenta Heredia es que “debe pagarlo la querella; es decir no obstante que estamos hablando de conductas delictivas que hizo el Estado, debe pagarlo la querella”.</p>
<p>Desde Río Negro todos los legisladores, por fallo unánime, elevaron una carta al gobernador peticionando fondos para tal fin. Aún no hay respuesta. Desde Salta, se manifestó que se colaboraría, pero en concreto no hay nada definido.</p>
<p>Por eso, cierra Bonin, “casi en tono imploratorio, se pide que los gobiernos se hablen, se complementen y se presenten ante el poder judicial como los financiadores de la tarea”.</p>
<p>Hace un año y medio, en mayo de 2016, escribíamos desde este portal que “la persistencia de Gualberto es una grieta en el sistema que no contaba con esa paciencia ancestral de pueblo originario”. Hoy esa sensación parece cada vez más firme. Y por eso no dejaremos de preguntar desde el frío lejano de Río Negro y desde el sol furioso de su Tartagal natal, ¿Dónde está Daniel Solano?</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/seis-anos-de-una-pregunta-donde-esta-daniel-solano/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Cinco años sin Daniel Solano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Nov 2016 15:57:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
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		<category><![CDATA[Choele Choel]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergio Heredia]]></category>
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					<description><![CDATA[Complicidades entre Policía, empresarios y poderes político y judicial]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink</strong></p>
<p><em>El 5 de noviembre de 2011 desaparecía Daniel Solano en Choele Choel. Una crónica a seis meses de su desaparición y las notas que fuimos realizando ante cada novedad. Nuestra manera de mantener presente esta historia y apoyar el reclamo de Gualberto, su padre, y sus familiares.</em></p>
<p>Con la reciente novedad en la causa de que la Dra. María Cecilia Constanzo “fue cesanteada por resolución en el sumario administrativo que se tramitaba en la junta disciplinaria y que se inició por una denuncia nuestra ante la Secretaría de Trabajo”, según palabras del abogado de la familia, Sergio Heredia; luego de que la causa fuera rechazada por la justicia Federal y volviera al fuero provincial y charláramos en Choele Choel con Gualberto Solano, después de que rechazaran el descenso al Jagüel (donde se afirma podría estar el cuerpo de Daniel) y en apoyo a la marcha y festival que se realizará hoy en Choele; desandamos el largo pedido de justicia por Daniel. La crónica realizada a los seis meses desde el lugar y todas las notas que fuimos sumando en estos años.</p>
<p><strong>¿Dónde está?</strong></p>
<p>Pareciera que la historia resulta circular, que se repite en tiempos y espacios similares. Y si es circular, si se permite volver a suceder, no es por un destino inexorable de círculos concéntricos, sino porque los perpetuadores del poder, las fuerzas de choque estatales aliadas con el empresariado y la explotación laboral siguen tan vigentes y tan impunes como hace siglos.</p>
<p>Por esas circularidades, esas perpetuaciones, Daniel Solano, un indígena perteneciente a la comunidad Misión Cherenta, de Tartagal, Salta, recorrió 2.300 kilómetros en plan de trabajo y fue secuestrado y desaparecido a manos de la fuerza represora del Estado, muy cerca del monumento a Roca que se erige entre las localidades de Choele Choel y Darwin, en la Patagonia argentina. Ahí, sí, en manos de las fuerzas herederas de los que llevaron adelante la &#8220;Campaña del Desierto&#8221;. Ahí, bajo la mirada del que todavía se venera en un monumento inmenso y en el billete de mayor valor de nuestra moneda.</p>
<p>Daniel Solano está desaparecido desde el 5 de noviembre de 2011, cuando fue sacado por la policía de Macuba, el boliche de Choele Choel, a las tres de la mañana. Entramados de complicidades entre las empresas frutícolas que explotan el trabajo golondrina, empresarios de la noche, fuerzas policiales de élite y jueces que hacen la vista gorda tiene la historia de Daniel. Y también, la de un pibe de 26 años que reclamó por un sueldo pagado a medias, que viajó en búsqueda de un trabajo digno y que intentó ser solidario hasta el final…</p>
<p><img class="size-full wp-image-32769 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Marcha-6-meses.jpg" alt="marcha-6-meses" width="600" height="300" /></p>
<p><strong>La manzana prohibida</strong></p>
<p>Era la tercera vez que Daniel se subía al colectivo para viajar hacia Río Negro a la temporada de raleo y cosecha de manzanas.</p>
<p>En Tartagal significaba un acontecimiento ir a despedir a los que partían por cuatro meses hacia la lejana Patagonia.</p>
<p>Había que completar el micro con sesenta trabajadores. El puntero de la zona (algo así como un caporal) fue el encargado de hacer el reclutamiento para Agrocosecha SRL (una empresa que falsamente se hace llamar &#8220;cooperativa&#8221;), que a su vez terceriza el servicio para la multinacional Univeg Expofrut SA, ubicada en Lamarque, hacia donde iban a llegar en unos días los salteños.</p>
<p>Además de la esperanza de un empleo estable por un tiempo, los trabajadores partieron cargando su colchón y sus sábanas: los esperan cuatro meses en unos galpones llamados &#8220;gamelas&#8221;, con capacidad para apiñar a 200 personas en camas cuchetas, pegadas unas a otras, con un pequeño lugar de duchas y tres inodoros. Allí llegan cada año 400 trabajadores golondrina de comunidades indígenas de Salta y de barrios humildes de Tucumán y de Santiago del Estero.</p>
<p>Firmaron el contrato durante el viaje por unos mil ochocientos pesos mensuales y con una cláusula para rescindir el contrato en caso de generar disturbios o de tener problemas con la policía. Ante cada frontera provincial, debieron simular ser turistas en vez de obreros frente a los controles. Llegaron, entonces, a la localidad de Lamarque, en el Valle Medio, después de días de viaje con su ropa, sus sábanas y su colchón, pero de dinero, nada. Lo que habían conseguido juntar laburando en changas en sus provincias se había quedado allá, para sus familias. Por eso los cincuenta pesos semanales que les da la patronal son una miseria. No alcanzan para nada y deben pedir fiado en las despensas “habilitadas”; incluso algunos trabajadores sobreviven pescando carpas (peces que son una plaga, duros y desagradables por alimentarse de cualquier cosa).</p>
<p>El cobro del primer sueldo resulta el momento más crítico: los descuentos son excesivos y muchos no pueden girar el dinero a sus casas; el ciclo es inevitable: trabajan, no les pagan, son discriminados, son maltratados, muchos optan por el alcohol ante una situación sin salida. El grupo BORA (Brigada de Operaciones, Rescate y Antitumulto), entonces, tiene su accionar justificado. La tropa de élite es tristemente conocida en Río Negro por su intervención en las matanzas durante las represiones de Bariloche, que derivaron del asesinato de Diego Bonefoi en 2010. El grupo que, como detentan sus siglas, es entrenado para estar en eventos multitudinarios y en manifestaciones, se encarga de custodiar a los trabajadores de las gamelas. Habitantes de Valle Medio cuentan que para entrenarlos deben pasar por situaciones de tortura dispuestas para “endurecerlos”, que los forman en pozos con excrementos, en los que les tiran cosas. La custodia incluye amenazas, que ingresen a cualquier hora en las gamelas, que peguen, pateen y roben libremente. En esas mismas gamelas que están cerca, muy cerca, de la casa natal de Rodolfo Walsh.</p>
<p>Daniel ya había estado allí otras dos veces. Había terminado el secundario y en su ciudad le decían que por qué no se quedaba, que por qué no estudiaba, que por qué no aprovechaba esa posibilidad de haber terminado los estudios. Pero Daniel viajaba, le gustaba cosechar manzanas, conocer otros lugares, estar en contacto con la tierra, ganarse el mango dignamente.</p>
<p>Se subió al colectivo ese septiembre de 2011 y dejaba para su vuelta la titularidad en el arco del Club deportivo Guaraní con el que habían logrado entrar al Torneo del Interior 2012 (Argentino C) y que era el primer equipo indígena en jugar un torneo de la AFA.</p>
<p>Dejaba a su novia María Luisa con la promesa de comunicación constante, lo que confirman los casi 50 mensajitos que se mandaban por día. A sus amigos de toda la vida, Germán y Sara, que no habían podido llegar ese día a llevarle la bolsa de golosinas de su kiosquito; a su padre Guillermo, a su abuela y sus hermanas, sus tíos.</p>
<p>Dejaba sus discos de cuarteto y su comida preferida, las empanadas de su abuela, para su regreso.</p>
<p>Pero el 22 de enero de 2012, el Guaraní debutó ante Coronel Cornejo de Tartagal, en el Torneo del Interior, y Daniel no estuvo en el arco.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-32771 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Mural.jpg" alt="mural" width="600" height="300" /></p>
<p><strong>Nueva noche fría</strong></p>
<p>El viernes 4 de noviembre de 2011, Agrocosecha pagaba sus primeros sueldos de la temporada. La fila de trabajadores transmitía entusiasmo y expectativa. Pero a medida que regresaban con el dinero en la mano, las caras y los ánimos eran otros. 800 pesos eran lo que recibían en vez de los 1.800 acordados (una estafa redonda si se la piensa en grande: 1.000 pesos por trabajador en un total de 400 serían unos 400.000 de excedente para repartir en una estructura mafiosa).</p>
<p>La tristeza era también silencio, y era miedo. Pero Daniel no se calló. Se enojó, gritó, y amenazó con una huelga para el lunes siguiente. Los capos de la empresa Agrocosecha ya lo conocían: A Solano lo querían todos. Tenía capacidad para captar la atención de sus compañeros y una alegría contagiosa. Lo conocían, y por eso le habían propuesto ser puntero. Le sería fácil. Pero Daniel no había aceptado. No quería saber nada: “No, los vagos después te miran mal porque saben que estás por arriba de ellos. No quiero ser más que nadie”, decía. No. Nada de altos mandos, él quería trabajar nomás.</p>
<p>Sabían que el lunes la huelga se iba a realizar si el reclamo estaba por Daniel Solano. Y Solano sabía quién era su patronal. Y conocía a la custodia. Por eso se quedó el viernes adentro, por eso prefería no salir de las gamelas y exponerse. Pero no sólo el poder es el que traiciona. Algunos compañeros de Daniel lo convencieron de salir a bailar el sábado a la noche, entre ellos el puntero y otro al que varios testigos señalan como el “entregador”.</p>
<p>A veinte minutos de haber entrado, por micrófono lo nombran y lo señalan desde la cabina. Él es Daniel Solano, es ése. Las fuerzas policiales (sí, que también son custodia en el boliche Macuba) lo empujan hasta la vereda y lo llevan hacia la esquina. Daniel se defiende, retrocede, tira piñas al aire.</p>
<p>En el fondo de la calle lateral espera un patrullero. A Daniel lo meten ahí. Fin de la historia.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-full wp-image-32773 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Pibis-carteles.jpg" alt="pibis-carteles" width="600" height="300" /></p>
<p><strong>El cuento de la buena pipa</strong></p>
<p>Siempre las historias circulares. Los moldes en serie de la acción paramilitar: un indio que molesta, patotas armadas, desaparición misteriosa; ensuciar a la víctima.</p>
<p>“Yo me entero allá en Tartagal el lunes 7 a las 11 de la noche. Me avisó la mujer del puntero que Daniel no aparecía. Siempre hablábamos por teléfono, yo lo llamaba seguido. Ahí me fui para Choele a ver qué pasaba”. La peregrinación de Gualberto empezó desde su llagada: Agrocosecha lo recibió con los brazos abiertos para explicarle que Daniel era un “picaflor” y que, seguro, se había escapado por ahí con una noviecita. A Neuquén, se fue para allá, a divertirse. Lo vieron sacando pasaje en la terminal, decían; y subiéndose a un colectivo, completaban, que partía rumbo a Neuquén. En una provincia con los prostíbulos prohibidos, quienes declararon estas afirmaciones fueron proxenetas, prostitutas y familiares de policías.</p>
<p>En enero, Sara contactó en Tartagal al que sería el nuevo abogado de la familia, Sergio Heredia. El 18 de ese mes presentó una denuncia contra 34 personas, entre ellos policías, la jueza Marisa Bosco y el fiscal interviniente Miguel Ángel Flores, empresarios y compañeros de trabajo de Daniel Solano. Una denuncia que parecía sorpresiva para la pequeña ciudad de Choele Choel en enero, pero que fue dando cuenta de la asociación ilícita que hubo entre todos los sectores para llevar a cabo la desaparición de Daniel.</p>
<p>Para esa época, a Gualberto ya lo habían echado de la empresa petrolera de Tartagal en la que había trabajado por más de quince años. Familia y amigos llegaban para dar apoyo y contención, pero todo seguía pareciendo confuso y los organismos estatales mostraban total indiferencia para dar respuestas. Por eso, a tres meses de la desaparición de Daniel, su familia decidió armar un campamento en la plaza que está frente al Juzgado N° 30 de Choele Choel. “Yo quiero que me den una respuesta y me voy. Ya perdí a mi hijo, perdí mi trabajo…”, explicaba Gualberto. Así, la comunidad de Choele empezó a visibilizar la lentitud de la justicia, pero también a solidarizarse y acompañar de diversas maneras: se formó la Comisión de Solidaridad y Apoyo a la Familia Solano, y también empezaron a llegar vecinos a saludar, a preguntar cómo andaba Gualberto, a llevar calabazas recogidas de sus huertas o kilos de pan para sopar en el guiso.</p>
<p>El 5 de mayo se cumplieron seis meses. Gualberto decidió encadenarse a la fiscalía, junto con su hermano Pablo y Julieta, la madre de Atahualpa Martínez Vinaya (<em>ver recuadro</em>), e iniciar una huelga de hambre para solicitar el avance de la causa. También se planeó una jornada cultural en la que <em>Chelo</em> Candia pintó un mural frente a la comisaría, con la colaboración de los vecinos. “Los canas se toparán todos los días, y por mucho tiempo, con esta acusadora mirada de Daniel”, cuenta Chelo sobre el mural que da cuenta de los trabajadores golondrina y las condiciones de explotación, la complicidad policial con los empresarios, y la lucha por la búsqueda de Daniel de familiares y vecinos. Se realizó una marcha, siempre con la fila de niños adelante, de la que también participó Mónica Alegre, la mamá de Luciano Arruga, quien engripada y todo arengaba desde el megáfono un emocionado “presente” ante el nombre de Daniel o de Luciano.</p>
<p>El rostro de Daniel estaba en las pancartas, en el mural, en el rumor que corría en Choele tras el paso de los caminantes, y también en las voces de sus familiares y amigos que querían contar, que insistían: “Daniel era un buen chico, nacido y crecido en Cherenta”. Mayra es una de las ocho hermanas de Gualberto. Por su edad, es bastante cercana a Daniel, pero por su crianza, y por ser mujer, nunca compartió salidas con su sobrino: “A mi madre, sobre todo, no le gusta que salgamos. Y Gualberto tampoco salió. Siempre adentro nomás, sólo salir a hacer algún trámite”.</p>
<p>Sobre Daniel recuerda que “siempre pasaba a ver a su abuela. Cuando le hacíamos el cumpleaños él estaba presente, en mayo, que estaba de regreso. Este cumpleaños ya no va a ser lo mismo. Cuando estábamos en Tartagal, quedamos asombrados de lo que decían acá: que era un borracho, que le pegaba al padre, cosas que no eran así. Como vivimos cerca de él, lo hubiéramos sabido si era cierto”.</p>
<p>Sara se instaló en Choele desde enero. En Tartagal quedaron su hija de 14 años y su esposo. Cuenta que él la apoya completamente y que siempre fueron muy independientes, “de no cargosearse”. A Daniel lo conoce desde chico porque andaban todo el día con su hermano Germán jugando a la bolita y a la pelota. Su casa era el segundo hogar. Siempre estaba en las fiestas familiares e incluso había llegado la noche del cumpleaños de su hija, el mayo anterior, para cenar con ellos. “Mi hija también pasó a ser amiga de él porque Daniel seguía siendo un adolescente”. Y, claro, con Germán compartían también la barra de amigos que jugaba a la pelota: “Pililo, Pichín, José, Cuchi, el Pintudo (al que llamaban así irónicamente porque era el más feo del grupo)”. A Daniel le decían “el Nene”, aunque contaba con un apodo extraoficial: “Mal panza”, que nunca quisieron explicar pero sobre el que todos decían “porque todo lo que come le hace mal” mientras se reían con complicidad de amigos.</p>
<p>Sara se enoja cuando vuelve al presente: “Me da pena ver a Gualberto. Me da bronca porque todo el tiempo tenés que verles las caras a los mismos que lastimaron a Daniel”.</p>
<p>Gualberto también habla de Daniel: “El único hijo varón, de seis. Su mamá murió cuando él tenía 13 años y mi hija menor, 8 meses; así que siempre trabajó para ayudarnos. Era un muchacho feliz, que siempre tuvo los pies sobre la tierra”.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-full wp-image-32774 aligncenter" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Gualberto.jpg" alt="gualberto" width="600" height="300" /></p>
<p><strong>¿Será justicia?</strong></p>
<p>Con Gualberto encadenado, algunas respuestas fueron llegando: aparecieron las pruebas telefónicas que demostraban que los policías sospechados tuvieron el teléfono luego de su desaparición, se imputó a 22 policías –de los cuales sólo diez fueron separados de sus funciones (y seis están cobrando el 50 por ciento de sueldo) – y se le otorgó una secretaría al juez para que le pueda dar dedicación exclusiva al caso.</p>
<p>Actualmente, la causa cuenta con más de 150 declaraciones testimoniales que avalan la hipótesis de que los responsables directos de la desaparición de Daniel fueron efectivos policiales, pero los tres citados en el mes de junio (Pablo Andrés Albarrán, Diego Vicente Cuello y Pablo Roberto Quidel) no se presentaron a declarar con certificados médicos por problemas psicológicos.</p>
<p>Corren rumores en Choele Choel. El aire está espeso y lleno de presagios. Cerca de la terminal hay un camión estacionado. Alguien cierra la puerta y adentro se ven, claramente, personas sentadas a los costados. La caja se cierra. El camión arranca.</p>
<p>Choele es la localidad más antigua de la Patagonia. Una de las siete localidades que conforman el Valle Medio, resultó el lugar elegido para organizar estratégicamente la “Campaña del desierto”. Un poco más adelante, empezó a poblarse por ser un lugar clave para entrar a la Patagonia y llegar a la pampa húmeda. Cada pueblo del Valle Medio se fue conformando con características bien particulares: algunos centrados en el trabajo rural, pero Choele, como cabecera del Valle Medio, permitió que se asentara y conformara una burguesía comercial conservadora y con trabajos estables y en blanco. Por eso en Choele Choel se compra en cuotas y los empresarios son prósperos. Por eso la idea es que nada cambie, porque así está bien, porque así se benefician siempre los mismos.</p>
<p>Pedro y Mercedes son parte de la Comisión de apoyo. Cada día llegan a dar una mano, a colaborar con la cocinada, a ver cómo está la salud de Gualberto. Habitantes de Choele Choel, involucrados en la lucha cotidiana contra una sociedad conservadora que los señala, nos cuentan el porqué de un apriete contra Daniel: “Esa era una apretada para todos, porque la situación venía rara con la empresa. Con el tema de cobrar la antigüedad, había muchas estafas, y también existen trabajadoras en conflicto por el tema de la salud. Las mujeres que trabajan en la cinta tienen que separar las manzanas para exportación, para el mercado nacional y para descarte. Entonces lo hacen con los brazos sin apoyar y a un ritmo constante; y a los diez años tienen terrible tendinitis y apenas pueden levantar los brazos hasta cierta altura. De esas chicas, la gran mayoría perdió los juicios, una hasta se volvió loca, y es un tema, porque quedan incapacitadas a los 30 años”.</p>
<p>En Choele se levantan los rumores, como la tierra de la Patagonia cuando se arremolina, “que hay un video de la jueza fulana practicándole sexo oral al comisario”, “que ese mismo comisario es el que sacó a Solano del boliche”, “que era el mismísimo comisario que encargado de llevar adelante la investigación por la desaparición de Solano en un principio”.</p>
<p>No es realismo mágico. Ya nos acostumbramos a las verdades que superan cualquier relato ficcionalizado. Sucede en un pueblo de la Patagonia y las mentiras y los secretos intentan cubrirlo. Sucede que la historia se repite y todo vuelve a desfilar ante nuestros ojos. Pasa que nos quieren creer eso de la historia para que pensemos que “así son las cosas” y que, de vez en cuando, a algún indígena le toca morir en nombre del progreso. Del progreso para unos pocos, del progreso para los de siempre, bah. Pero la historia de los que ganan puede ser fracturada, la pintura de la realidad puede saltar como las capas que cubren los entramados siempre que haya un sueño inconcluso, una vida silenciada y personas que luchan para que nada quede como está.</p>
<p>Notas relacionadas: <a href="http://www.marcha.org.ar/caso-solano-o-la-persistencia-contra-la-perversion-del-sistema/">http://www.marcha.org.ar/caso-solano-o-la-persistencia-contra-la-perversion-del-sistema/</a></p>
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<li><a href="http://www.marcha.org.ar/caso-solano-cuando-los-traidores-no-pueden-mas-que-unos-cuantos/">http://www.marcha.org.ar/caso-solano-cuando-los-traidores-no-pueden-mas-que-unos-cuantos/</a></li>
<li><a href="http://www.marcha.org.ar/donde-esta-daniel-solano-diario-de-una-causa/">http://www.marcha.org.ar/donde-esta-daniel-solano-diario-de-una-causa/</a></li>
<li><a href="http://www.marcha.org.ar/el-hambre-de-la-justicia-donde-esta-daniel-solano/">http://www.marcha.org.ar/el-hambre-de-la-justicia-donde-esta-daniel-solano/</a></li>
<li><a href="http://www.marcha.org.ar/un-ano-sin-daniel-solano/">http://www.marcha.org.ar/un-ano-sin-daniel-solano/</a></li>
<li>http://www.marcha.org.ar/solano-desaparicion-e-impunidad-en-rio-negro/</li>
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<p><a href="https://marcha.org.ar/cinco-anos-sin-daniel-solano/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Caso Solano, o la persistencia contra la perversión del sistema</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 May 2016 03:59:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La pregunta sigue: ¿Dónde está Daniel Solano?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink (desde Río Negro)</strong></p>
<p><em>Luego de que la causa fuera rechazada por la justicia Federal y volviera al fuero provincial, conversamos con Gualberto Solano en Choele Choel. Además, el abogado de la familia, Sergio Heredia, actualiza las novedades de la causa.</em></p>
<p>Los días cálidos se terminan en Río Negro y el frío empieza a sentirse sin aviso y con intensidad. Gualberto Solano, el padre de Daniel, pone la pava en la piecita destinada a las donaciones de Cáritas que ocupa en la parroquia a cargo del joven Cristian Bonin. Gualberto se cuida del frío todo lo que puede, porque sólo un pulmón le funciona después de haber trabajado por años expuesto a la intemperie. Llegó hace más de cuatro años desde su Salta natal y se quedó: primero para encontrar a Daniel y, luego, con la certeza de que ya no aparecería con vida, a la espera de que aparezca su cuerpo y se juzgue definitivamente a los culpables de su asesinato y las redes de complicidades. Cada día va hacia al acampe que mantiene la familia Solano frente al juzgado N° 30, donde se lleva adelante la causa; y donde esa mañana sus sobrinas, Maira y Romina, cocinaban empanadas para vender el 1 de mayo, día de trabajador.</p>
<p>También hace algunas “changas” que lo ayudan económicamente un poco: corta el pasto en algunas casas, cuida las instalaciones de la iglesia por la noche o cuando Bonin está de viaje. La tozudez de Gualberto genera inquietud en un sistema que preferiría que todo quede como está y donde el caso de Daniel Solano generó un error en la Matriz. Como cuenta el abogado de la familia, Sergio Heredia: “El caso Solano resume lo que pasa en este país, donde el gran problema es la justicia, la explotación laboral, la discriminación, la trata de personas, la droga, la mediocridad y la ineficiencia judicial”.</p>
<p>Es que Daniel había llegado en septiembre de 2011 desde Tartagal a Valle medio, en Río Negro, para trabajar en  la temporada de raleo y cosecha de manzanas, casi 2300 km hacia el sur. Además, pertenecía a la comunidad indígena Misión Cherenta. El reclutamiento de los trabajadores golondrina fue de para Agrocosecha SRL, que a su vez terceriza el servicio para la multinacional Univeg Expofrut SA, ubicada en Lamarque. A los galpones con mínimas condiciones  llegan cada año 400 trabajadores golondrina de comunidades indígenas de Salta y de barrios humildes de Tucumán y de Santiago del Estero. Cuando los trabajadores cobraron sólo 800 de los 1800 pesos prometidos en la partida, Daniel Solano alzó la voz. Y por eso mismo está desaparecido desde el 5 de noviembre de 2011, cuando fue sacado por la policía de Macuba, el boliche de Choele Choel, a las tres de la mañana. Entramados de complicidades entre las empresas frutícolas que explotan el trabajo golondrina, empresarios de la noche, fuerzas policiales de élite y jueces que hacen la vista gorda tiene la historia de Daniel, eso de lo que habla Heredia.</p>
<p><strong>Un regreso que no es volver a empezar</strong></p>
<p>Hace un mes y medio la Justicia Federal rechazó su competencia para investigar el caso como “Desaparición forzada de persona”. Sobre el tema, nos explicó el abogado: “La causa Solano tiene una principal que es la del homicidio y vejaciones y privación ilegítima de la libertad, donde se procesó a los siete policías que estuvieron detenidos tres años [liberados luego con bajas fianzas], que son los autores materiales del crimen. Pero el fiscal Guillermo Brodato planteó la incompetencia de la causa, y dijo que nos encontramos en presencia del delito de desaparición forzada de persona, que es un delito más grave que el homicidio, de lesa humanidad. Nosotros nos opusimos porque consideramos que no era así, pero sobre todo porque ir a la Justicia Federal era prácticamente comenzar todo de nuevo, porque a los policías había que darles la defensa nueva por el nuevo delito planteado”.</p>
<p>“Creemos que esto fue una medida de encubrimiento de toda la justicia provincial para sacarse la causa de encima”, afirmó Heredia. Por eso, “cuando la causa pasó a la Justicia Federal no aceptaron el juez determinó que quien debe resolver esta cuestión (con pérdida de tiempo) será la Corte Suprema de Justicia de la Nación”.</p>
<p>Hoy siguen esperando que se autorice la excavación en el Jagüel cercano a Choele Choel, donde el abogado afirma que está escondido el cuerpo de Daniel, según afirmaron ya varios testigos. “El poder político y empresarial de Río Negro quería que nosotros lleguemos únicamente a los policías, que nos volviéramos y que ahí quedara el tema, que quedara todo olvidado con respecto a los empresarios, que son los que ordenaron la muerte. La causa siguió y sigue avanzando por más que la Justicia ha protegido a los autores ideológicos y a los encubridores. También hemos demostrado que las empresas que usaban a estos asesinos, como Agrocosecha Empresa Argentina, fueron declaradas en concurso en Córdoba para no pagar los 18 millones de la estafa a los obreros”, detalló Heredia.</p>
<p>Gualberto vuelve a calentar el agua y convida unos bizcochos que no se pueden comer de a uno. Mientras, muestra una foto de su nieto recién nacido, que le envió su hija desde Salta: lleva como segundo nombre Daniel. Esa foto es de las pocas pertenencias que lo representan en esa pieza sencilla. Los llamados familiares y esa foto enmarcada son ráfagas de un pasado que ya no será nunca más. Porque pasaron cuatro años. Porque falta Daniel. Sin embargo, la persistencia de Gualberto es una grieta en el sistema que no contaba con esa paciencia ancestral de pueblo originario. Tampoco con un abogado que parece dispuesto a no bajar los brazos, mientras afirma: “No vamos a dejar que esto quede impune porque es una promesa”.</p>

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