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	<title>Catedra Libre de Soberanía Alimentaria &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Catedra Libre de Soberanía Alimentaria &#8211; Marcha</title>
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		<title>¿Es posible una Argentina sin hambre?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Oct 2019 17:58:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Paula Marangoni]]></category>
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					<description><![CDATA[En el marco de la inauguración de la nueva casa de la oficina regional Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, referentes de la agricultura popular, campesina e indígena, de la política y del pensamiento, debatieron en el Centro Cultural Torquato Tasso acerca de la alimentación como política.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>En el marco de la inauguración de la nueva casa de la oficina regional Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo, referentes de la agricultura popular, campesina e indígena, de la política y del pensamiento, debatieron en el Centro Cultural Torquato Tasso acerca de la alimentación como política, como modelo alternativo de producción, y esencialmente, como un modo distinto de vivir y acceder a una necesidad básica dignamente. </em></p>
<p><strong>Por Ana Paula Marangoni | Fotos de Oscar De la Vega y Nadia Petrizzo</strong></p>
<p>Promediando las seis y media todas las mesas del Centro Cultural Torquato Tasso estaban llenas. Los y las allí presentes esperaban con expectativa el inicio del debate, integrado por la antropóloga feminista Rita Segato, la legisladora platense Victoria Tolosa Paz del Frente de Todos, Nahuel Levaggi de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT), Diego Montón del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) &#8211; Vía Campesina y el abogado y miembro de la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria Marcos Filardi, que estuvo a cargo de la coordinación del panel.</p>
<p>El eje de la cita fue un tema que suele abordarse periférica o parcialmente, pero nunca centralmente. Es que la alimentación, según las y los expositores, no solo es un problema de quienes producen, sino también de toda la sociedad. Es un derecho básico que afecta transversalmente lo social, lo económico, lo demográfico y las políticas de Estado.</p>
<p><img class="alignnone size-medium wp-image-46171" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-Nahuel-ODLV-616x410.jpg" alt="" width="616" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-Nahuel-ODLV-616x410.jpg 616w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-Nahuel-ODLV-1024x682.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-Nahuel-ODLV-640x426.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-Nahuel-ODLV.jpg 1080w" sizes="(max-width: 616px) 100vw, 616px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nahuel Levaggi, referente de la UTT, inició la conferencia hablando de las y sujetos históricos que a partir del enorme trabajo de las organizaciones comenzó a visibilizarse: las y los productores. En un país con un porcentaje del casi 90% de población urbana, la sociedad se ocupa mayormente del consumo, sin preguntarse quiénes producen, en qué lugares y en qué condiciones, quiénes se ocupan de la distribución de alimentos y quiénes se llevan las ganancias del valor agregado. En ese sentido, agregó que “hay modelos alternativos que generarían alimentos sanos y accesibles para el pueblo y esto depende de todos y todas nosotras. Tenemos que dar la discusión para que suceda, no alcanza con votar cada 4 años. Seamos protagonistas activos de la historia&#8221;.</p>
<p>Esto conduce a uno de los problemas más importantes de la Argentina. Tenemos un modelo agro exportador con una enorme concentración de la tierra, basado en el uso intensivo de la tierra y el uso extensivo de agrotóxicos, en manos de un grupo minoritario de empresas que son las dueñas de todas las marcas que llegan a las góndolas.</p>
<p>Levaggi insistió en los problemas que conlleva nuestra matriz de producción y comercialización de alimentos, que es la que conduce al hambre. En definitiva, consumimos alimentos de mala calidad, contaminados y a precios altísimos. No faltan productores, falta democratizar la venta. En principio, se trata de disputar sentidos en la sociedad para crear la convicción de que otro modelo productivo agroecológico es posible. Las experiencias, como la de la UTT, ya existen y son posibles de multiplicarse.</p>
<p>En la misma línea discursiva, Diego Montón, referente del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) &#8211; Vía Campesina, también hizo énfasis en lo perjudicial del actual modelo productivo, al cual nominó como el &#8220;Agronegocio&#8221;. Además, mencionó las dificultades de la agricultura campesina para generar valor agregado, lo cual necesita del acompañamiento para implementar infraestructuras mínimas.</p>
<p>Montón insistió en restaurar una alianza entre el campo y la ciudad. Es prioritario generar políticas públicas que limiten la concentración de la tierra, que creció de un modo alarmante, arrasando todo tipo de suelos para destinarlos casi exclusivamente al monocultivo. Un diálogo entre el campo y la ciudad podría reparar la asimetría demográfica, ya que la falta de condiciones para vivir en sectores rurales obliga a campesinos e indígenas al desarraigo y a subsistir precariamente en los conglomerados urbanos. Para Montón, “hemos sufrido muchas derrotas como organizaciones del campo por estar aislados. ¿Cómo logramos entender, como pueblo, que los problemas del campo no son solo del campo?&#8221;.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-46172" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-615x410.jpg" alt="" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-1024x683.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-640x427.jpg 640w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<p>La antropóloga y pensadora feminista Rita Segato introdujo el caso de Brasilia para dar cuenta de los límites estructurales que tuvieron los gobiernos progresistas de Latinoamérica. En cuanto a formas de producción, ella planteó tres: la primera consiste en ponerle tope a la concentración de la riqueza; la segunda, que ocurrió durante la primera etapa del Partido de los Trabajadores (PT), se trata de evitar la pérdida de recursos; y la tercera, que terminó siendo en muchos casos la principal estrategia, consiste en la colocación de las commodities en el mercado global.</p>
<p>El uso predominante de esta última estrategia condujo a un cuello de botella, ya que las lógicas de los mercados tienden a atacar otras formas de producción alternativas, no tanto porque representen una amenaza en términos económicos, sino porque proponen un camino diferente. Y el Capital se encarga de descabezar todo proyecto o modelo que pueda llegar a cuestionar su hegemonía, así estén en un estado embrionario.</p>
<p>En relación con esto, Segato señaló la importancia de aquellas prácticas locales y comunitarias que escapan a las lógicas del Capital y que presentan un modelo de arraigo. En sus palabras, “ese arraigo local en un territorio irreductible donde no es posible convertir algunos bienes o formas de producción en beneficio del Capital&#8221;. En algunos sectores aún pervive la lógica de la conmutabilidad, aquello que tiene un valor más allá de lo mercantil y que no puede ser reducido a un bien o servicio. Esta lógica persiste en gran medida por las mujeres, que son quienes se ocupan en las huertas de elegir las semillas manualmente, por ejemplo, o de sostener los valores comunitarios en sus territorios.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-46174" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-2-615x410.jpg" alt="" width="615" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-2-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-2-1024x683.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2019/10/Nota-Tasso-N-Petrizzo-2-640x427.jpg 640w" sizes="(max-width: 615px) 100vw, 615px" /></p>
<h3><strong>El rol del Estado</strong></h3>
<p>Además de evaluar la problemática alimentaria en relación directa con el hambre, también se instaló el debate acerca de cuál debería ser el rol del Estado y qué rumbo podrá tomar el gobierno entrante, conducido por la fórmula Fernández-Fernández, para reemplazar un modelo que genera desigualdad, mala alimentación, contaminación de la tierra y de los cuerpos, inequidad social y hambre.</p>
<p>Para Victoria Tolosa Paz, legisladora platense del Frente de Todos y co-autora del Plan “Argentina contra el hambre”, la alimentación debe ser tratada como un derecho, ya que la mayor parte de la población en barrios populares padece de déficit nutricional, ya que estos sectores no acceden a alimentos de calidad. El Estado debe garantizar el consumo interno de alimentos y trabajar también desde la comunicación y la educación para contribuir con nuevos hábitos alimenticios. Además, señaló la importancia de que el Estado provea alimentos de calidad nutricional en las escuelas y hospitales públicos, lo cual actualmente no sucede.</p>
<p>El mayor punto de discusión se dio a partir de la posición de Rita Segato en relación al Estado: &#8220;El Estado no es confiable porque se mantiene exterior a la vida de las personas. Las personas lo saben y construyen pliegues, refugios. Un ejemplo de esto es la agroecología, otra forma de producción&#8221;.  En relación a este punto, que se dio cerca del cierre de la charla y que terminó volviéndose central, Victoria Tolosa Paz sostuvo que esos “pliegues” que mencionó Rita a veces son atacados antes por el Capital que por el Estado. Este último, entonces, no debería ser otro enemigo, sino que debería “regular las asimetrías y asegurar los pliegues y refugios que mencionaba Rita”.</p>
<p>Quienes también se mostraron en desacuerdo con el postulado inicial fueron Diego Montón y Nahuel Levaggi. Para ellos dos, al ser el Estado quien debe garantizar el pleno acceso de los y las ciudadanas a sus derechos, es el primer lugar donde acudir pero esto no implica delegarle la capacidad de acción política, sino que “es solo una de las tantas batallas a dar”. Ante estas observaciones, Segato aclaró que no criticó el acudir al Estado para que garantice los derechos, sino que la “fe estatal para la que fuimos programados” a veces puede generar que deleguemos la agencia política en él: “La gente tiene que tejer comunidades y la agencia tiene que estar siempre en ellas porque el Estado no consigue defenderlas&#8221;.</p>
<p>Más allá de las distintas posturas acerca de la función estatal, todos los expositores y las expositoras coincidieron en que es necesario avanzar en una transición para lograr a futuro una Argentina soberana, saludable y equitativa en este aspecto central para nuestras vidas. Resolver, en primera instancia, las urgencias del hambre. Y, mientras tanto, proteger a las agriculturas familiares, cooperativas, campesinas e indígenas, para que puedan acceder a la tierra y competir con sus productos. Brindarles herramientas, infraestructura y oportunidades para que puedan elaborar alimentos con lo cosechado de la tierra.</p>
<p>Será tarea de todas y todos recuperar un debate que articula en definitiva a la economía y el acceso a derechos fundamentales en todo el país. Es posible recuperar nuestra tierra y producir tanto como consumir alimentos sanos, a un precio razonable y libres de agrotóxicos. Y estos derechos deben ser para todos los sectores sociales.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/es-posible-una-argentina-sin-hambre/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sembrar libertad desde la educación: más tizas y menos balas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/sembrar-libertad-mas-tizas-y-menos-balas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Aug 2019 03:03:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Agroecología]]></category>
		<category><![CDATA[CaLiSa-FAUBA]]></category>
		<category><![CDATA[Cárceles]]></category>
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					<description><![CDATA[El proyecto Reverdecer de la FAUBA, Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, capacita a personas privadas de su libertad en huerta y jardinería agroecológicas para que puedan insertarse laboralmente y sanar vínculos. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El proyecto Reverdecer de la FAUBA, Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, capacita a personas privadas de su libertad en huerta y jardinería agroecológicas para que puedan insertarse laboralmente y sanar vínculos. Educar para la libertad. La experiencia cooperativa como herramienta de trabajo para  quienes estuvieron privadxs de su libertad.  </em></p>
<p><strong>Por M<a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Melisa-Letemendía">elisa Letemendía</a> Foto: <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Reverdecer-coope">Reverdecer coope</a></strong></p>
<p>Un domingo por mes se realiza la ya tradicional Feria del Productor al Consumidor en Agronomía.  Allí llama la atención un puesto que, en medio  de cactus y huertas portátiles, sostiene un cartel que proclama: “Más tizas, menos balas”. Para contarnos de que se trata hablamos con María Marta Bunge, Coordinadora del Taller Reverdecer, que nos dio detalles sobre esta interesante experiencia.</p>
<p><strong>Educación popular para la libertad</strong></p>
<p>El proyecto comenzó con un grupo de docentes y estudiantes de la Carrera de Jardinería de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) que estaban dando clases de Jardinería en la comunidad de Villa Soldati. María Marta Bunge recuerda que “no encontrábamos bien nuestro lugar en ese momento hasta que un día una persona del INTA nos planteó la necesidad de llevar adelante una huerta en el penal” y agrega que “la idea me gustó y fui a conocer el lugar, una vez que entré a la cárcel, no salí más”. La iniciativa contó con un apoyo inmediato de la Facultad, y así se inicio el trabajo en el 2012. Al año siguiente desde la Catedra Libre de Soberanía Alimentaria de esa Facultad (CaLiSA-FAUBA)  alojaron esta formación.</p>
<p>La tarea se inició como un gran desafío para quienes la llevaban adelante. Las y los talleristas de Reverdecer, con formación académica tuvieron que adaptarse y transformar los contenidos para que pudieran ser comprendidos por las personas que habitan los contextos de encierro de la cárcel, que en su mayoría no habían finalizado ni la escuela secundaria y en más de la mitad de los casos ni la escuela primaria. Al comienzo relata Bunge “empezamos dando una capacitación resumida similar a la que se dictaba en la Universidad, con materias como fisiología y botánica, que si bien era útil a los chicos y chicas no les llegaba”. Así parece que también las y los talleristas comenzaron a transitar un camino de aprendizaje que fue mutuo,  “también nos fuimos dando cuenta que había un montón de cuestiones relacionadas con la vida carcelaria, fuerzas potentes del sistema que van devastando a la persona: podés no salir del pabellón si dijiste una palabra de más, o una de menos”, nos comparte Bunge.</p>
<p>Con ideas forjadas por fuera del contexto de encierro, explica la coordinadora, “comenzamos pensando que la jardinería sería una salida piola para los pibes que estaban adentro, porque requiere poco capital para empezar y es fácil, pero con el tiempo nos dimos cuenta que los pibes ni siquiera entendían, y nosotros no entendíamos a los pibes. Había un abismo cultural”. Bunge explica que se dieron cuenta que “necesitábamos nosotros formarnos en educación popular primero”. Así fue como comenzaron a leer y formarse con los textos de Paulo Freire que aborda la educación desde la participación, el diálogo y la valorización de los saberes que poseen sectores históricamente oprimidos y que a partir de ello  permite crear lazos de comunidad y confianza a través de los cuales el aprendizaje es un proceso de interdependencia. Señala que “nos resultó muy difícil empezar a entender esa trama perversa, que sitúa en la cárcel una mayoría de gente que viene de barrios vulnerados, o  por qué cuando los países empobrecen y aumentan todos los delitos -tanto de pobres como de ricos-, sólo son condenados por ellos las personas pobres”.</p>
<p><strong>La mirada agroecológica en un sistema contaminado</strong></p>
<p><strong>¿Qué relación hay entre la agroecología, la soberanía alimentaria y la cárcel?</strong></p>
<p>Lo que nos permitió la agroecología fue un abordaje para entendernos como sistema, incluyendo la justicia social y los derechos. Haciendo una analogía, cuando estás haciendo una producción hortícola y encontrás bichos que comen tus plantas, el sistema convencional tira veneno y mata todo: lo bueno y lo malo. No ves la causa de fondo ¿Hay monocultivo? ¿Cómo está el suelo? Acá pasa lo mismo; se trata de personas a las cuales se les vulneraron sus derechos desde la infancia y el sistema los expulsó. Con una mirada agroecológica se intenta ver su contexto, cuáles fueron las condiciones que te llevaron a que actúes así y cómo la persona se fue perdiendo en el camino. Por supuesto que en un contexto de encierro una planta no es nada -hay muchísimas otras cosas que atender-, pero sí es una herramienta que nos permite producir un rescate en esa vida, y aprender de eso. El enfoque como sistema nos permitió también abordar el vínculo personal para interpelar al estudiante, para que aprendiera no solo a hacer su huerta y producir sus alimentos, sino para que encontrara en eso un espacio que resignificara la vida, y la vida propia”.</p>
<blockquote>
<h3>La alta densidad poblacional en las ciudades disminuye las posibilidades de integración de un gran número de jóvenes, que quedan por fuera del sistema, excluidos y con pocas posibilidades de insertarse y más aún si no hay políticas públicas de contención.</h3>
</blockquote>
<p>La entrevistada contó respecto a las personas con las que les tocó interactuar que “varios que son hijos, hijas o nietos y nietas de campesinos que migraron a la ciudad buscando un futuro mejor. Pero al llegar, se encontraron con la dificultad de insertarse en el conurbano, donde ya hay mucha gente, más de la que se puede emplear. Hay madres y padres que migraron con el objetivo de mejorar la calidad de vida de su familia, y terminaron con todos sus hijos o hijas presas”.</p>
<p>A partir de este trabajo reflexiona que “la cárcel también es una medida de desigualdad en una sociedad que no da oportunidades y que no ha podido encontrar otra solución que encerrar a los pibes. El encierro no resuelve nada, sólo votos de aquellos que piden más cárcel sin conocerla por adentro. La cárcel es un campo de concentración”.</p>
<p><strong>El modelo de exclusión</strong></p>
<p>Este escenario de carencias y vulnerabilidad está relacionado con el modelo de producción intensiva imperante,  caracterizado por el monocultivo, el agronegocio y la especulación financiera en la producción de alimentos, con ausencia de  políticas a favor de la Soberanía Alimentaria y del derecho humano a la alimentación.</p>
<blockquote>
<h3>Una dimensión de este complejo panorama basta con observar las cifras oficiales que indican que Argentina produce calorías que podrían alimentar a 440 millones de personas, sin embargo, estas se destinan en su mayoría a la exportación para engorde de ganado y generación de biodiésel. Según los últimos datos de la UCA, el 35% de las y los niños en el país sufre riesgo alimentario, es decir, no tiene asegurado el acceso a alimentos suficientes. Considerando que actualmente la pobreza infantil alcanza al 51%, se puede asegurar que el Estado además de no poder garantizar la alimentación de niñas, niños y adolescentes tampoco cumple con otros derechos básicos como la educación, la vivienda digna, la salud, que acentúan cada vez más la desigualdad y la deuda histórica con esos niños &#8211; pronto jóvenes, pronto adultos-, que son y serán condenados a la exclusión por el mismo sistema que luego los castiga.</h3>
</blockquote>
<p><strong>De taller a cooperativa</strong></p>
<p>El proyecto que comenzó con la participación exclusiva de estudiantes universitarios de la FAUBA fue ganando reconocimiento al participar de la Feria de Agronomía, donde comercializan las plantas, cuyas ganancias se depositan en la cuentas de los presos. Pronto la iniciativa se abrió a toda la comunidad y contó con el interés de sociólogos, una arquitecta que donó la construcción de una escuela de oficios en el penal. Además se interesaron personas de todas las disciplinas,   con o sin estudios, lo que enriqueció la mirada, explica la coordinadora.</p>
<blockquote>
<h4>Uno de los objetivos es “la inserción laboral para evitar la reincidencia; por eso la Facultad siempre emitió los certificados de las capacitaciones sin mencionar que fueron realizadas en contexto de encierro”.</h4>
</blockquote>
<p>Los obstáculos con los que se encuentran quienes recuperan su libertad llevaron al taller a dar un paso más, porque “para ellos, conseguir trabajo era difícil ya que en muchos lugares les pedían antecedentes penales para entrar. Entonces surgió la idea de la cooperativa, para que pudieran trabajar cuando salieran”, explica Bunge. Desde el comienzo del gobierno de Cambiemos se modificaron los planes y   el proyecto Reverdecer fue expulsado de los penales por no alinearse con las políticas neoliberales de la nueva gestión y por visibilizar el hacinamiento y las torturas que sufren los reclusos.</p>
<blockquote>
<h3>Las políticas penitenciarias nacionales de la actual gestión Cambiemos fortalecieron otro tipo de educación como la relacionada con prácticas de rugby.</h3>
</blockquote>
<p>“Estábamos en las Unidades carcelarias N° 47 (Anexos femenino, masculino y Régimen Abierto) y N° 48 de San Martín. Los cursos eran anuales y participaban unos 25 detenidos y/o detenidas por unidad. Ahora estamos sólo en el Instituto de Menores San Martín, de CABA, adonde van 4 personas externas, y en el Centro de Contención Moreno, donde vamos 2 personas. Las y los chicos alojados allí son pocos, y eso dificulta que haya un recambio de estudiantes que puedan participar de la experiencia”.</p>
<p>La Cooperativa que se creó para cumplir con una función social como el trabajo  y  la continuación del vínculo con los ex detenidos aún no se han podido concretar porque “al no estar trabajando dentro de la cárcel es difícil tener personas que se hayan formado con nosotros y vayan saliendo para incorporarse a la cooperativa”, nos cuenta la docente. Sin embargo y a pesar de los obstáculos continúan trabajando; recientemente la FAUBA decidió alojar al proyecto en su Incubadora de Emprendimientos, y le asignó un espacio en el predio de Agronomía por el término de 2 años. Allí están construyendo un invernáculo con ayuda voluntaria y afianzando las bases de la flamante asociación.</p>
<p>“Supongo que hasta que termine esta gestión no vamos a poder volver a las cárceles”, se lamenta María Marta que, junto con quienes asumen el compromiso de llevar adelante este taller, lucha porque prevalezca una mirada social sobre la delincuencia, sabiendo que todos somos semilla. Y entendiendo que podemos brotar de nuevo, si tenemos un ambiente favorable.</p>
<blockquote>
<h3><strong>Contacto: <a href="https://www.facebook.com/Reverdecer.coope/">Reverdecer coope</a></strong></h3>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/sembrar-libertad-mas-tizas-y-menos-balas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La soberanía alimentaria es un deber del Estado</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-soberania-alimentaria-es-un-deber-del-estado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Apr 2019 19:24:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Catedra Libre de Soberanía Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Gualeguaychú]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Rovere]]></category>
		<category><![CDATA[Miryam Gorbam]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[UTT]]></category>
		<category><![CDATA[Vivian Palmbaum]]></category>
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					<description><![CDATA[Se realizó el pasado 5 de abril la VI Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA, organizada por la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Se realizó el pasado 5 de abril la VI Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA, organizada por la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria.</em></p>
<p><strong>Por <span style="color: #00ccff;"><a style="color: #00ccff;" href="http://www,marcha.org.ar/tag/Vivian-Palmbaum">Vivian Palmbaum</a></span> | Foto: CALISA</strong></p>
<p>En vísperas del Día Mundial de la Soberanía Alimentaria, y a escasos días de conmemorarse el Día Mundial de la Salud, se realizó la VI Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA. Una actividad en la que se compartieron saberes y actividades dentro y fuera de la universidad. En este marco, se realizaron distintas actividades: charlas académicas, una feria agroecológica y saludable en la calle, radio abierta, el lanzamiento del curso de huerta agroecológica y hasta donación voluntaria de sangre.</p>
<p>Como cierre de una jornada intensa de trabajo, debate e intercambio se presentó el panel: “Sin organización social y políticas públicas no hay soberanía alimentaria”, fue la introducción sobre las articulaciones necesarias entre soberanía alimentaria, salud pública y organización social.</p>
<p>La Lic. Miryam Gorban, directora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria<em> (</em>CALISA) y reconocida por su histórica lucha por la soberanía alimentaria, dio apertura a la mesa afirmando que “es posible hacer políticas públicas con la soberanía alimentaria”. Así fue como se presentaron las temáticas salud pública, producción de alimentos y políticas públicas a cargo del Dr. Mario Róvere, reconocido médico sanitarista y director de la maestría de Salud Pública de la Universidad de Rosario, Rosalía Pellegrini, referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y el Dr. Jorge Maradei, viceintendente de Gauleguaychú.</p>
<p><strong>¿Qué es la salud?</strong></p>
<p>Eso se preguntaba Mario Róvere y, citando al médico sanitarista Floreal Ferrara, sentenciaba: “La lucha es salud”. Esta afirmación cuestiona el paradigma de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual &#8220;la salud es el estado de completo bienestar bio-psico-social, cercano a un modelo de adaptación al sistema&#8221;. Róvere continuó con la interrogación para mostrar que es posible llegar al mismo lugar por otro camino: “El Dr. Halfdan Mahler -uno de los históricos directores generales de la OMS- , explicaba que la definición de la OMS de &#8216;completo estado de bienestar bio-psico-social&#8217;, fue hecha por un militante de la resistencia francesa que pensó que en algunos momentos de su vida había alcanzado este completo estado de bienestar porque en esas luchas encontró la máxima coherencia entre pensar y hacer.</p>
<p>La meta &#8220;Salud Para Todos&#8221; (y todas), propuesta en el año 2000 por el Dr. Mahler en la Declaración de Alma Ata,  movilizó una enorme cantidad de recursos en todo el mundo para que la tres cuartas partes del planeta tuvieran acceso a la salud. Mahler se paró en la meta del año 2000 para expresar que &#8220;Salud para Todos&#8221; no va a existir jamás sólo por la decisión de los gobiernos. El domingo es el Día Mundial de la Salud en homenaje a la creación de la OMS, pero Mahler redefine el Día Mundial de la Salud y dice que es el Día Mundial Por La Salud de los Pueblos. La salud no se trata de un acuerdo intergubernamental de las naciones sino que necesita de la participación de los pueblos. La pregunta es: ¿cómo se da la relación entre pueblos y gobiernos? Un ejemplo es la experiencia en Gualeguaychú, donde a partir de la participación comunitaria y popular en las luchas ambientales se transformó el sentido común que hizo que el órgano local de gobierno legisle contra las fumigaciones.</p>
<p>Para finalizar, Róvere no pudo dejar de mencionar: “Uno de los primeros determinantes de la salud es el derecho a la alimentación que hoy se haya en jaque. Que haya hambre en un país productor de alimentos es una infamia”.</p>
<p><strong>Políticas públicas hacia la soberanía alimentaria</strong></p>
<p>El Dr. Jorge Maradei, viceintendente de Gualeguaychu y presidente del Consejo Deliberante, historizó acerca de la génesis de las políticas del municipio donde se legisló una ordenanza para la prohibición de las fumigaciones en el tejido urbano y se hallan impulsando políticas públicas de soberanía alimentaria.</p>
<p>La historia más reciente de Gualeguaychú en cuanto a las luchas ambientales tiene su origen en el conflicto con las pasteras. “Una noticia que llega de la mano de las mujeres de Frai Bentos, en el año 2003”, relató Maradei. “Así se comienzan a organizar los primeros colectivos de vecinos autoconvocados para luchar contra la instalación de este foco de contaminación ambiental&#8221;. En 2012, docentes de la provincia también comenzaron a reunirse para poner freno a las fumigaciones. Se comunicaron con su gremio, AGMER, y con la Asamblea Ciudadana de Concepción del Uruguay. Así se gestó la campaña &#8220;Paren de Fumigar las Escuelas&#8221;. En esa misma época nació la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, que movilizó mucha gente. Estas experiencias también se conectaron con otras como Madres de Ituzaingó, Asambleas Ciudadanas de todo el país, Ciencia Digna, la investigación de los pueblos fumigados de Córdoba. &#8220;Todas estas organizaciones nos han ayudado a gestar estas políticas hoy en día. Fabian Tomasi es quizás el más triste y difundido ejemplo del envenenamiento que ocurre&#8221;, agregó Maradei.</p>
<p>“No es en soledad que ocurren estas políticas que se llevan adelante en el municipio. El Concejo deliberante propició un debate y un diálogo con distintos actores de la sociedad para impulsar esta ordenanza que defiende la salud, el ambiente y, sobre todo, los derechos humanos, la vida”, enfatizó el vice intendente.</p>
<p>La reacción de los intereses afectados no se hizo esperar y, en plena feria judicial de enero, se interpuso una cautelar por parte de un juez federal. Ahora se plantea una cuestión acerca de la competencia con un juez local, que debe resolver la Corte Suprema de Justicia.  El presidente Mauricio Macri, en Gualeguaychú, criticó el fallo que limitaba las fumigaciones a las escuelas rurales en Gualeguaychú.</p>
<p><strong>Organización social: trabajadoras de la Tierra  </strong></p>
<p>Rosalía Pellegrini habló en nombre de la organización de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT). “Es un desafío que estas consignas, que están acá, de cómo producir una propuesta de alimentación sana, sea accesible para el pueblo, para los sectores populares&#8221;, comenzó Rosalía. “¿Cómo escapamos a la idea, como decía el entonces ministro Echevehre, de que la agroecología es algo para una élite de la sociedad y que a lo sumo el proyecto de producir agroecológicamente es para la exportación? Y que nosotros como pueblo comamos la porquería porque es más barato”.</p>
<p>En la articulación entre organización social y políticas públicas, las y los trabajadores de la tierra vienen tejiendo estrategias en distintos sentidos. Por un lado con el <strong>Verdurazo</strong>, que mostró que “detrás de lo que comemos hay campesinos y campesinas que producen lo que tenemos en el plato. Aca nomás, muy pobres, sin acceso a la tierra y que viven precariamente en casillas de madera y trabajan doce horas por día junto a su familia en algo que es una fabrica de verdura. Además producen con un modelo de alimentación industrial, basado en el consumo de agro tóxicos porque se instaló en el sentido común de las y los pequeños productores que es necesario producir usando estos venenos, que además los enferman”.</p>
<p>Acceso a la tierra hoy aparece como la mayor necesidad para que se sostenga la soberanía alimentaria, porque permitiría otro modo de producción de los alimentos que consumimos.</p>
<p>“La UTT lucha principalmente por políticas públicas porque no hay soberanía alimentaria sin políticas públicas de acceso a la tierra y sin políticas públicas no podemos cambiar el modelo de producción y generar un modelo de vida más justo. Porque los que no tenemos, las y los que producimos, terminamos comiendo la peor porquería del sistema, bajo la esclavitud de las grandes corporaciones que son quienes deciden qué vamos a producir, cómo lo vamos a producir y cómo lo vamos a comercializar”, agregó Pellegrini.</p>
<p><strong>“No hay soberanía alimentaria sin perspectiva de género”</strong></p>
<p>Otro punto de la exposición de Rosalía Pellegrini, a cargo de la Secretaría de Género de la UTT, es que están trabajando fuertemente en el sector para instalar la perspectiva de género, porque la cultura patriarcal también es parte de un sentido común que es necesario deconstruir.</p>
<p>“En este sistema de producción, las mujeres no sólo trabajamos en las casas sino que también trabajamos en la quinta. Sin embargo, se sigue viendo que el hombre es el que decide y en esa cultura patriarcal es donde se asentó la política de las grandes corporaciones con la producción con agroquímicos. No es casual que las decisiones de producción estén en manos de los varones de la familia, no es casual que sean los varones quienes apliquen el veneno, que sean los varones quienes compren. No es casual que estas corporaciones de la muerte, que se basan en gastar gastar, gastar, pierden el sentido de que la alimentación es vida&#8221;.</p>
<p>&#8220;Nosotras como mujeres veíamos que había repetidos embarazos, que el día que se curaba los chicos se sentían mal, que esa verdura tenía sabor feo. Pero el hombre decía: el agrónomo me dijo que es lo que tengo que poner&#8221;.</p>
<p>&#8220;Cuando empezamos a trabajar de manera agroecológica y pensamos en volver a nuestras raíces, empezaron a surgir otras relaciones con la tierra, relaciones de amor, uso del tiempo libre, un montón de cuestiones que como mujeres veníamos diciendo que son importantes&#8221;.</p>
<p>&#8220;No hay soberanía alimentaria si no se incluye una perspectiva de genero, si las mujeres no formamos parte de la toma de decisiones de qué modelo de producción queremos, porque no es decisión puramente de los varones”, concluyó Pellegrini.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-soberania-alimentaria-es-un-deber-del-estado/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Histórico debate en FAUBA: soberanía alimentaria o negocios</title>
		<link>https://marcha.org.ar/historico-debate-en-fauba-soberania-alimentaria-o-negocios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Oct 2018 12:00:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[agronegocio]]></category>
		<category><![CDATA[Catedra Libre de Soberanía Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[FAUBA]]></category>
		<category><![CDATA[glifosato]]></category>
		<category><![CDATA[Grobocopatel]]></category>
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		<category><![CDATA[modelo productivo]]></category>
		<category><![CDATA[Pino Solanas]]></category>
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		<category><![CDATA[soberanía alimentaria]]></category>
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					<description><![CDATA[A la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, FAUBA,  llegó el debate acerca del modelo de producción agrícola con la presencia de Grobocopatel, Pino Solanas y María Marta Bunge. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://www.marcha.org.ar/tag/Melisa-Letemendía">Melisa Letemendia</a> <a href="https://www.facebook.com/melisa.letemendia">@Melisa Sg</a> Foto QUE Digital</strong></p>
<p style="text-align: right;">“<em>No es la prueba científica la que cierra esta discusión. De ninguna manera. Es la realidad la que cierra la discusión”, Dr. Andrés Carrasco, en el año 2010, en la Cámara de Diputados mientras exponía su investigación sobre los efectos de los agrotóxicos en la salud humana</em>.</p>
<p><em>En la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, FAUBA, a partir de la proyección de la película “Viaje a los Pueblos Fumigados” se propuso un debate acerca del modelo de producción.Con la participación de Gustavo Grobocopatel, Ingeniero Agrónomo, fundador del Grupo Los Grobo, impulsor y desarrollador del modelo sojero; María Marta Bunge, Técnica en Jardinería, Comunidades Ecológicas y Especialista en Planificación del Paisaje, docente e integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria en la Facultad de Agronomía (Calisa-FAUBA),y Fernando “Pino” Solanas; cineasta y actual Senador por la Ciudad de Buenos Aires.</em></p>
<p>A pesar de la fina lluvia y el mal tiempo, unas 400 personas colmaron y excedieron con su presencia el aula Magna del Pabellón de Bioquímica de la Facultad de Agronomía (UBA) el pasado 27 de septiembre. Pocas veces en la Facultad de Agronomía se propone un debate entre modelos de producción contrapuestos. A partir de la proyección de la película de Pino Solanas“Viaje a los Pueblos Fumigados” se propuso un diálogo acerca del modelo de producción agrícola.</p>
<p><strong>El modelo de las corporaciones y sus argumentos</strong></p>
<p>En medio de un ambiente candente, mezclado de abucheos, gritos y aplausos del público, comenzó el intercambio. Grobocopatel, autodenominado “El Rey de la Soja”, procedió a explicar su modo de ver la evolución del modelo agrícola: desde la década de 1980, cuando se recibió en esta casa de estudios, la agricultura pasó de ser una actividad sin futuro, a ser un sector de crecimiento vertiginoso, gracias a la adopción del sistema de siembra directa –sin labranza del suelo-, que permitió conservar y recuperar la fertilidad de la tierra. La erosión, principal preocupación del momento, y el avance de la denominada “plaga nacional de la agricultura” (malezas como el Sorgo de Alepo) fueron solucionadas gracias a la combinación de la siembra directa con los agrotóxicos.</p>
<p>En cuanto a sus efectos negativos admitió culpar al Estado que no legisla ni controla bien y a la falta de conocimientos en general. Es así como de forma anárquica- según su definición- se extendió el “modelo pampeano”, basado en un paquete tecnológico de semillas transgénicas -principalmente soja, maíz y trigo- y pesticidas, a zonas de bosques nativos y humedales, difíciles de recuperar e incluso poco productivas.</p>
<p>Entre sus argumentaciones sostuvo que este modelo agroindustrial <em>“democratizó el acceso a la tierra”</em>, y que las expulsiones del campo a la ciudad no fueron tales: simplemente se trató de gente que ya no quería vivir en el campo. También ayudó a mejorar el tipo de agrotóxicos utilizados, “subiendo la vara” cada vez más, mejorando el ambiente, con el objetivo que en un futuro sólo se utilicen compuestos biológicos.</p>
<p>Cuando fue interpelado respecto a la Antología Toxicológica del Glifosato y la resolución del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer​ (IARC, por sus siglas en inglés), que declaró al glifosato como probablemente cancerígeno, tildó las investigaciones como “miradas parciales”, ya que la categoría asignada, Clase II, es la misma que tienen el mate y el café caliente.</p>
<p>A pesar de los silbidos y rechazos generales, el disertante continuó abogando por la convivencia de muchos modelos agrícolas, bajo cierta institucionalidad, donde cada productor elija el método según su conveniencia, porque “Hay gente que murió en Alemania por comer productos orgánicos, y no por eso se prohíben”.</p>
<p>Conforme su mirada, si bien las nuevas tecnologías generaron más desigualdad, la pobreza en el mundo disminuyó, y su modelo a seguir es China que “Tenia mil millones de pobres, ahora tiene treinta mil pobres, y en breve tendrá cero”. Para cerrar, Grobocopatel resaltó la importancia de aceptar otras realidades “Mejor aprender que tener razón. Con la película aprendí y sentí”.</p>
<p><strong>Formación crítica, otro modelo posible</strong></p>
<p>En otra posición, María Marta Bunge comenzó explicando que la CaLiSa-FAUBA surge hace 7 años,como una respuesta a la falta de formación crítica de la universidad, que no reflexiona acerca del modelo económico, sus valores y consecuencias.Su principal consideración resaltó que el problema va más allá de la buena o mala aplicación de un producto: la falla es el sistema en sí, que aplica venenos a los alimentos. “El vigente es un modelo que produce cáncer y muertes, además de envenenamiento y hambre, ya que no tiene como eje la vida sino el negocio de exportación de nutrientes, con gran uso de tierra y agua. El desafío entonces no es aumentar la producción, sino democratizar el acceso a los alimentos. La cuestión tampoco puede definirse como una anarquía, sino como decisiones estratégicas por parte de los grupos de poder que concentran la tierra y los negocios”, expresó Bunge.</p>
<p>Mencionó varias experiencias que impulsan como el Bolsón Soberano, la Feria del Productor al Consumidor, el Sistema Participativo de Garantías de los procesos integrales de producción y el proyecto Reverdecer, dictado para la inserción laboral de la población carcelaria. Rescató también las actividades de investigación que lleva adelante la Cátedra de Genética sobre semillas sin patentes, para los pueblos y para la continuidad de la vida, no para el lucro.</p>
<p>Bunge concluyó que los conocimientos son diversos y necesitan ser divulgados por la universidad, para que el estudiante salga de la ignorancia y sea capaz de distinguir las opciones existentes, para luego elegir a qué modelo y qué país quiere aportar.</p>
<p><strong>Universidad a la medida de las corporaciones </strong></p>
<p>Incorporada a la Universidad de Buenos Aires en 1909, la FAUBA estuvo marcada desde sus inicios por el auge del modelo agroexportador, en el cual la economía se centraba en la exportación de materias primas e importación de productos elaborados -“el granero del mundo”-, y donde ya se visualizaba un aumento de la concentración de las tierras y la riqueza. Entre sus integrantes han pasado nombres que van desde la talla del fisiólogo y Premio Nobel Dr. Bernardo A. Houssay, desempeñándose como docente, hasta el controvertido Julio A. Roca, que fue miembro del Consejo Directivo.</p>
<p>Pasando por distintas etapas influidas por periodos de democracia y dictadura, a partir de los años 90 la Facultad centró su currícula en la profundización del modelo agroindustrial, basado en los avances tecnológicos y los procesos de globalización. En este sentido, junto con cátedras y planes de estudio ajustados al manejo químico del suelo y a la maximización de la producción y ganancia, en la FAUBA también han proliferado los acuerdos con empresas privadas de “carácter confidencial”: si bien son adscriptos por la Universidad Pública, su divulgación sólo puede ser hecha previa autorización de las corporaciones firmantes. Tal como lo señala una reciente investigación del periodista Dario Aranda, para la Revista Mu, los convenios realizados con empresas y organizaciones como Monsanto, Bayer, Syngenta, Don Mario, la Asociación Argentina de la Cadena de la Soja (Acsoja), Asociación Semilleros Argentinos (ASA), entre otras, incluyen desde programas de mejoramiento de semillas, estudios de campo hasta posgrados y seminarios,y si bien la UBA ofrece su prestigioso sello, los resultados obtenidos son cedidos en su totalidad a las empresas signatarias.</p>
<p><strong>Fantasía versus realidad</strong></p>
<p>Con un auditorio donde la mayoría estaba explícitamente en contra del modelo de producción actual, no dejaron de oírse gritos y reproches, durante todo el debate,a Gustavo Grobocopatel. Se pudieron citar unas frías cifras que se intensificaron coincidentemente desde 1996, año en que Felipe Solá aprobó el primer transgénico, con un trámite express que permitió a Monsanto comenzar a operar en nuestro país. Muchas preguntas quedaron sin responderse, y otras tantas sin formularse. Cuáles son sus vínculos con Monsanto. Qué valor tiene la vida de alguien que no conoce. Hasta qué punto la ambición puede justificarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El fundador de “Los Grobo” no es un improvisado: conoce más que nadie los impactos del modelo que pregona, y su presencia fue más simbólica que esclarecedora. Luego de recibir reclamos desde la platea, aclaró que no se considera un asesino y duerme tranquilo: si hizo daño, no es consciente de eso, y aunque la película lo impactó, considera que tiene una mirada parcial. Esa parece ser la clave para que el sistema se imponga: confiar en que la ciencia resolverá todos los problemas, evitando las discusiones en la calle “entre gente que tiene sólo creencias o ideas”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, a pesar de la esperable-y lamentable- ausencia de la Decana Dra. Marcela Edith Gally, el país debería celebrar que esta Universidad Pública, tan influyente a nivel nacional y latinoamericano, haya encarado por finen su propio seno esta discusión, tan postergada, que esperamos continúe. Una discusión que es posible gracias a las muchas voces, que de manera organizada, se elevan y construyen alternativas para oponerse a un modelo de muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/historico-debate-en-fauba-soberania-alimentaria-o-negocios/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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