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	<title>Carlos Andújar &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Carlos Andújar &#8211; Marcha</title>
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		<title>Otra economía posible: contra el ajuste, la esperanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2016 03:04:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[economia social]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andujar* / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Durante ocho encuentros, recorrimos la economía política desde una mirada diferente, que nos aleja del puro mercantilismo y nos acerca a la de a pie, la cotidiana, la que llevamos adelante todas y todos. En esta última entrega, una mirada esperanzadora sobre otra economía posible.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>El fin de año huele a compras,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>enhorabuenas y postales</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>con votos de renovación;</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y yo que sé del otro mundo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que pide vida en los portales,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me doy a hacer una canción.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>La gente luce estar de acuerdo,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>maravillosamente todo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>parece afín al celebrar.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Unos festejan sus millones,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>otros la camisita limpia</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y hay quien no sabe qué es brindar.</em></p>
<p>Hace cuatro meses comenzamos a recorrer un camino que intentó, no sin dificultades, descolonizar la mirada sobre la economía política. Si hemos tenido algún grado de éxito, nuestros lectores y lectoras, es decir, ustedes, deberían haber acumulado nuevas preguntas y algunas, muy pocas, certezas.</p>
<p>Entre ellas pretendimos dejar en claro que cuando hablamos de economía lo hacemos siempre en referencia a la reproducción de la vida, es decir al ser humano vivo, necesitado y comunitario, que produce mediante el trabajo junto a otro ser humano lo que necesita para su existencia.</p>
<p>El problema central de la economía política no es nunca la escasez de bienes (que fue un invento teórico para legitimar las injusticias), sino las formas en que se produce, disputa y legitima la apropiación del excedente económico.</p>
<p>Nuestro intento fue dar la batalla cultural a algunas legitimaciones que sostienen y reproducen las injusticias más flagrantes, historizando lo que nos muestran como natural y humanizando los complejos modelos matemáticos a través de los cuales pretenden explicar la realidad.</p>
<p>En este sentido vimos cómo se nutren el machismo y las desigualdades de género invisibilizando y desvalorizando las actividades del cuidado y cómo nos enseñan desde chicos y chicas que los precios son el fruto del “libre juego” de la oferta y la demanda y que, por lo tanto, solo podemos adaptarnos a ellos. Pensamos al Estado como violador y a la vez garante de derechos y, por lo tanto, como espacio de disputa en sí mismo. En un mundo en el que el derrame sucede si se quiere derramar y el dinero no es sólo el facilitador del intercambio, sino principalmente fuente de acumulación y especulación, el desarrollo y el subdesarrollo se volvieron a encontrar no ya como caminos independientes sino, como diría Galeano, como derrotas que siempre estuvieron implícitas en victorias ajenas.</p>
<p>Se nos suele decir que el capitalismo es lo que hay y, más que correrlo un poco a la derecha o un poco a la izquierda, otra cosa no se puede hacer. Tal vez nos sea útil recurrir, como ya lo hemos hecho en otras oportunidades, a la historia. El neoliberalismo nos invita (nos empuja) a la inmediatez, a pensar una realidad sin historia y sin contexto. En rigor, el capitalismo como tal tiene, en el mejor de los casos, trescientos años. Escasos trescientos años de vida sobre diez mil de historia de la humanidad. Como dice Enrique Dussel, los burgueses, <em>todavía minoría</em> con respecto a la nobleza británica, hicieron la revolución inglesa a finales del siglo XVII, y <em>desde la regulación</em> del Estado implantaron el capitalismo como sistema económico hegemónico desde las <em>puntuales experiencias exitosas</em> anteriores.</p>
<p><strong>Un sector informal que puja</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Tener no es signo de malvado</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y no tener tampoco es prueba</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>de que acompañe la virtud;</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>pero el que nace bien parado,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>en procurarse lo que anhela</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>no tiene que invertir salud.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Por eso canto a quien no escucha,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien no dejan escucharme,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien ya nunca me escuchó:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>al que su cotidiana lucha</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me da razones para amarle:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a aquel que nadie le cantó.</em></p>
<p>No serán las contradicciones del sistema capitalista, otrora inexistente y ahora hegemónico, las que produzcan su caída. Tampoco harán lo propio las luchas sociales de las y los que las sufren día a día. Serán <em>esas</em> luchas ancladas en <em>esas</em> contradicciones las que nos permitirán construir una sociedad, posible y concreta, basada en la vida, la solidaridad y la justicia como principios rectores.</p>
<p>Muchas experiencias productivas que se desarrollan en la actualidad <em>todavía en minoría</em> en relación al hegemónico sistema capitalista, algunas de las cuales tienen raíces precoloniales y precapitalistas, ponen en cuestión el consumismo, la competencia, el comercio desigual, la apropiación del trabajo ajeno, la propiedad privada liberal y la destrucción de la naturaleza. Movimientos sociales y campesinos, empresas recuperadas, formas cooperativas y comunitarias, prácticas de la llamada economía social y popular ancladas en el denominado “sector informal”, entre otras, demuestran, día a día, no desde un academicismo estéril, sino desde la práctica, que otra economía es posible.</p>
<p>Estas luchas contrahegemónicas por una economía no capitalista no pueden prescindir, dejando en manos de quien hoy está, <em>las regulaciones </em>provenientes del poder estatal.</p>
<p>Tal vez sea conveniente recordar que el poder político reside siempre en la comunidad y sólo su institucionalización es lo que denominamos burocracia estatal. El poder hacer o deshacer, proteger o desproteger, distribuir o concentrar, afectar o desafectar, que tiene la burocracia estatal es siempre derivado y nunca originario.</p>
<p>Siguiendo nuevamente a Dussel, precisamente la corrupción política, por fuera de las visiones neoliberales y mediáticas instaladas, nace cuando ese poder político olvida que es siempre obedencial (que obedece a la comunidad que se lo otorgó provisoriamente) y se cree sede del mismo, se fetichiza y se corrompe. Dicha corrupción es siempre doble, de los funcionarios que se creen sede del poder y de la comunidad que se lo permite.</p>
<p><strong>El final que es el comienzo</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Por eso canto a quien no escucha,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien no dejan escucharme,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien ya nunca me escuchó:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>al que su cotidiana lucha</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me da razones para amarle:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a aquel que nadie le cantó.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mi canción no es del cielo,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>las estrellas, la luna,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>porque a ti te la entrego,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que no tienes ninguna.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mi canción no es tan sólo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>de quien pueda escucharla,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>porque a veces el sordo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>lleva más para amarla**</em></p>
<p>Parte de los procesos de legitimación del sistema capitalista consisten en fortalecer un proyecto permanente, sostenido y hegemónico de desesperanza. Los neoliberales son especialistas en presentar sus políticas de ajuste como inevitables, hay que ajustarse el cinturón, hay que aguantar, nos suelen decir. Como dice Freire, la desesperanza nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate recreador del mundo. Obviamente que la esperanza necesita anclarse en la práctica para volverse historia concreta. Sin un mínimo de esperanza, nos decía el gran pedagogo brasileño, no podemos ni siquiera comenzar el embate, pero sin el embate la esperanza, como necesidad ontológica, se desordena, se tuerce y se convierte en desesperanza que a veces se alarga en trágica desesperación.</p>
<p>No queremos ser esperanzados por pura terquedad, queremos serlo, como Paulo lo fue, por imperativo existencial e histórico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img class="alignnone wp-image-33704 size-full" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa.jpg" alt="la-esperanzaa" width="4326" height="2706" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa.jpg 4326w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-630x394.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-1024x641.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-810x507.jpg 810w" sizes="(max-width: 4326px) 100vw, 4326px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU) Contacto: <a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></p>
<p>** Las estrofas pertenecen a “Canción de Navidad”, de Silvio Rodríguez</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/otra-economia-posible-contra-el-ajuste-la-esperanza/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El derrame</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-derrame/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Dec 2016 03:00:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[Derrame]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
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					<description><![CDATA[Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andújar / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. En esta oportunidad, el mito del derrame.</em></p>
<p>“No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelamos a su humanitarismo, sino a su amor propio (…) En este caso, como en tantos otros, es guiado por una mano invisible para la consecución de un fin que no entraba en sus intenciones (…) Jamás he sabido que hagan mucho bien aquellos que simulan el propósito de comerciar por el bien común. Por cierto que no se trata de una pretensión muy común entre los mercaderes, y no hace falta emplear muchas palabras para disuadirlos de ella.” (Smith, Adam. 1776)</p>
<p>En la metáfora más famosa de la historia de la economía, la famosa “mano invisible” se encuentran resumidos los principios en torno a los cuales se estructuran un sin número de teorías económicas y de políticas públicas liberales y neoliberales.</p>
<p>Adam Smith, filósofo y economista escoses, inaugura en 1776 la tradición liberal de los economistas clásicos y abre un camino por el que transitarán y transitan hoy, aún con sus diferencias, las y los más acérrimos defensores del individualismo, la competencia, la meritocracia, el libre comercio y la no injerencia del Estado en los en los asuntos económicos individuales.</p>
<p>Adam Smith le habla a un público, a una tribuna que estaba esperando que le hablen de ese modo. Un sinnúmero de incipientes comerciantes e industriales ingleses reciben, en pleno comienzo de la revolución industrial un apoyo ético y económico a sus acciones. Se les dice, sin pelos en la lengua, que su egoísmo e individualismo y la acumulación de ingresos y riqueza derivada de ellos, no sólo es éticamente aprobable sino que es el camino por el cual se llega al bien común. No es apelando a nuestra solidaridad que ayudamos a los pobres y desamparados. Es a través de nuestras ganas de progresar, de nuestro amor propio en palabras de Smith, que, aunque no tengamos esa intención, ayudamos a los demás. Si un panadero ve a unos pobres y se deja llevar por su sentimiento de benevolencia (hoy le diríamos solidaridad) y les regala el pan, en unos meses de repetir esta actitud, se funde, despide a sus trabajadores y deja en la sociedad más pobres de los que había. En cambio si se deja conducir por su egoísmo y sus ganas de tener cada vez más y le va bien, no tardará en abrir una nueva panadería por la que tendrá que contratar nuevos trabajadores y trabajadoras. ¿Se imaginan quienes podrán trabajar allí? Esa es la mano invisible, la que traduce los egoísmos e individualismos, por medio de mercado, en el bienestar general.</p>
<p>En la actualidad se suele hablar de la teoría del derrame que si bien no es una teoría en sí, es la forma en que se quiere justificar la acumulación de riquezas e ingresos de parte de algunos, argumentando que de dicha acumulación provendrá, tarde o temprano, el derrame hacia las capas más bajas. Dicho derrame se traduciría concretamente en forma de nuevos trabajos derivados de las nuevas inversiones que fueron motivadas por el éxito de las anteriores, por lo tanto, se generarán nuevas oportunidades de ingresos que, de otro modo (por ejemplo mediante la intervención estatal) no hubiesen existido.</p>
<p>En principio parece bastante razonable el argumento y de hecho podríamos decir que funcionaría si se cumplen ciertos supuestos que, la teoría liberal, se especializa en invisibilizar.</p>
<p>Entre ellos podríamos destacar dos.</p>
<p>El primero ya fue discutido hace mucho tiempo pero en estos momentos hace falta recordarlo.</p>
<p>Un economista alemán Friedrich List escribía en 1841 que la famosa mano invisible de Smith suponía una economía cosmopolita. Es decir, una sociedad sin naciones. List le “recordaba” a Smith que lo que hoy llamamos derrame no se da a todos por igual sino que se realiza en el marco de una sociedad dividida en naciones en la que, a través de las relaciones no neutrales del comercio internacional, unas se benefician a costa de otras. De este modo el egoísmo del fabricante de telares ingleses beneficiará al desocupado inglés siempre y cuando pueda hacer que otras naciones compren sus telares y no los fabriquen por sí mismas. Al parecer la mano invisible, para que funcione (para algunos) debe permanecer invisible.</p>
<p>El segundo de los argumentos es que para que exista derrame, aunque parezca obvio decirlo, tiene que haberlo. Es decir, las ganancias deben traducirse en inversiones productivas nuevas, estas en nuevos puestos de trabajo y estos en ingresos suficientes, por medio de buenos salarios, que mejoren sustancialmente la situación anterior de la comunidad. Cabe recordar, en referencia a esta última relación causal, que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) viene remarcando hace tiempo que debido a los bajos salarios la disminución de la desocupación no implica necesariamente la reducción de la pobreza.</p>
<p>Más grave es aún cuando podemos constatar que el egoísmo y el ánimo de lucro puede traducir las ganancias no en inversiones productivas sino en inversiones financiero especulativas o, lo que es peor, solo resguardase y esconderse en lo que hoy llamamos “Paraísos fiscales”. Por ejemplo, en nuestro país, durante el proyecto neoliberal anterior (1976-2002) los capitalistas acrecentaron sus ganancias y su participación en la riqueza. Muy por el contrario de lo descripto por la teoría, no solo no aumentó la inversión en dicho período sino que se redujo. Rara manera de derramar ¿no?</p>
<p>Basados siempre estas premisas falsas, los liberales de antaño y los neoliberales de ahora, rechazan cualquier política pública tributaria que cobre más impuestos a quién más gana o a quien más tiene. En el debate actual sobre el impuesto a las ganancias pueden verse estas posiciones.</p>
<p>En una <a href="http://www.infobae.com/opinion/2016/11/23/contra-el-impuesto-progresivo-a-las-ganancias">nota reciente</a>, cuya lectura recomiendo para comprender más acabadamente esta perspectiva, se escribe argumentando que el impuesto a las ganancias es una penalización a la iniciativa y al progreso individual. Se cuenta el caso de Juan, un joven que consigue un ascenso que implica un aumento de salario del 29%y de cómo el Estado, a través del impuesto progresivo a las ganancias, se queda con gran parte del mismo (sólo le depositan un 20%) “desmotivando” (las comillas son mías no del autor de a nota) a este joven para ampliar su casa (supuesto destino de los nuevos ingresos).</p>
<p>Desde las ciencias sociales, entre las que se incluye a la economía, se ha demostrado una y otra vez las nefastas consecuencias de la exclusión, que produce, conserva y reproduce el sistema capitalista, no sólo son éticamente reprobables en términos de los derechos que asisten a todas las personas por el solo hecho de serlo, sino que atentan contra los procesos de desarrollo sostenidos y sustentables. Diversos son los intentos de frenar la creciente desigualdad. Por ejemplo la mayoría de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y los europeos tienen marcados sistemas tributarios progresivos. Es decir recaudan mucho más con impuestos progresivos, como el impuesto a las ganancias o la riqueza, que con impuestos regresivos, como son los impuestos al consumo, en nuestro país representado por el IVA. Si nos focalizamos en los tan elogiados países nórdicos, la progresividad aumenta mucho más. Resulta extraño que las economías más desarrolladas del mundo “castiguen” el progreso que sus logros desmienten.</p>
<p>El caso de Juan, perfectamente real en la Argentina, puede repetirse, en el mejor de los casos sólo en el 15% (hace un año era el 11%) de las y los trabajadores asalariados por una sencilla razón. El 85% restante no está alcanzado por dicho impuesto, lo que en principio parece bueno pero una mirada un poco más atenta nos alertaría sobre lo reducido que son los ingresos para la gran mayoría de las y los trabajadores. Asimismo téngase en cuenta que no estamos incluyendo al 9% de desocupados que según el INDEC hay en la actualidad para quienes las discusiones en torno al impuesto a las ganancias resultan, a todas luces, ajenas.</p>
<p>La lotería genética, (es decir dónde nacemos) afirma el filósofo liberal Rawls, determina en gran parte y de modo caprichoso nuestras posibilidades futuras que no están asociadas solamente a nuestro esfuerzo sino principalmente a nuestra suerte. En un sentido similar Paul Krugman menciona que probablemente terminemos mirando con nostalgia los inicios de siglo XXI, cuando pretendíamos que los ricos se ganaran su propia riqueza. Para el 2030, sentencia, todo será heredado, vamos a hacia una sociedad oligárquica de riquezas heredadas.</p>
<p>Ni Juan y mucho menos su empleador deben sorprenderse con la existencia de un impuesto progresivo que existía antes de tomar la decisión del aumento de salario. El aumento con el que el empleador quiso “premiar” el “esfuerzo” de Juan nunca fue del 29% sino que siempre fue del 20% libre de impuestos. Si hubiese querido valorar dicho esfuerzo con un 29% de aumento, debió haber hecho un simple cálculo y otorgar una suba un tanto mayor.</p>
<p>La imposición y profundización de sistemas tributarios cada vez más progresivos, tanto en ingresos como en riqueza, es una necesidad ética y política, si pretendemos tener alguna chance de construir una sociedad con mayores dosis de justicia social.</p>
<p>A decir verdad, para que exista derrame, hay que tener la intención de derramar…</p>
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<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-33431" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png" alt="derrame-circ" width="630" height="315" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-1024x512.png 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-810x405.png 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ.png 1200w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-derrame/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
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		<title>El dinero, mucho más que moneda de cambio</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-dinero-mucho-mas-que-moneda-de-cambio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Nov 2016 03:03:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" lang="es-AR"><b>Por Carlos Javier Andujar* /Ilustración por Cabro</b></p>
<p class="western" lang="es-AR"><i>En esta sexta entrega de nuestra introducción en términos cercanos a la Economía (que se fuerzan por alejar), revisamos la historia y surgimiento del dinero como moneda de cambio y acumulación, asumiendo que hubo y puede haber mejores horizontes.</i></p>
<p class="western" lang="es-AR">Hace mucho tuve un sueño. No sé cómo ni de qué modo quedaba a cargo del Banco Central de la República Argentina. Ustedes saben que los Bancos Centrales de los distintos países tienen a su cargo el monopolio de la emisión monetaria, es decir, que son los únicos que pueden tomar la decisión de emitir dinero. Todo pasaba por mí y nadie cuestionaría mis decisiones. Viendo los sacrificios que hacen miles y miles de familias para obtener los ingresos necesarios para la mera subsistencia (y aún así gran parte de ellas no lo logran) me propuse solucionar todos sus problemas. Teniendo el Banco Central a mi disposición, la dificultad del cómo solucionar sus problemas ya estaba resuelta, ahora me quedaba preguntarme por el cuánto. Hice muchos cálculos. Pensé una canasta básica de bienes y servicios, su costo anual, la cantidad de familias. Primero pensé en otorgarle a cada familia ese monto multiplicado por 80 años así podrían vivir sin preocupaciones (ya bastante han sufrido) por una generación. Después me pregunté porque tan solo una generación y me propuse hacer lo mismo con las futuras diez generaciones. Total, solía decirme cuando estaba solo en el Banco Central, sólo tengo que poner en circulación nuevos billetes. ¿Qué problema va a haber? Así me la pasé armando los paquetes de dinero que iría entregando a cada familia. Como se imaginarán a esta altura, me desperté mucho antes de poder recibir el agradecimiento de toda la humanidad por semejante obra de altruismo.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>¿De dónde viene el dinero?</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">El mejor modo de entender el dinero es recurrir a su historia y buscar en ella algo de su verdadera esencia.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La necesidad de inventar el dinero se debió probablemente a todas las dificultades que representaba el trueque como modo de intercambio. Se imaginan ustedes una comunidad que quiere intercambiar los tres chanchos que le sobran con otra que tiene pieles de animales. ¿Cuántas pieles equivaldrán a un chancho? Si el acuerdo es diez pieles por chancho pero solo necesito cinco ¿Le damos la mitad del chancho? ¿Qué hacemos con la otra mitad? Y si la otra comunidad no tiene pieles y sólo tiene trigo y necesita los chanchos, ¿Se los cambiamos por trigo aunque no lo necesitemos? A lo largo de la historia no es raro imaginar que algunos bienes por su durabilidad, divisibilidad, aceptación, movilidad, entre otras características empezaron a usarse como medios de intercambio y no directamente para el consumo. De este modo en los Estados Unidos, por ejemplo, las hojas de tabaco fueron dinero por doscientos años y en América del sur lo fueron los granos de café y de cacao. Ya más conocidos, el oro, la sal, la plata y otras especias y metales cumplieron perfectamente su papel de ser dinero en distintos momentos y, algunos de ellos, siguen siéndolo en la actualidad. Nótese estimada y estimado lector que todos ellos, sin excepción, tenían alguna utilidad o satisfacían una necesidad concreta. Los metales para el arte del orfebrería, los alimentos, las especias para su conservación y gusto, etc. Al mismo tiempo y en función de cada época y lugar poseían otra característica: su escasez relativa. Nadie en su sano juicio puede imaginar que entre cuatro pueblos costeros pueda funcionar la arena o el agua salada como medio de intercambio dado que cualquier pueblo podría acceder a ellos cuando quisiese sin ningún tipo de limitación.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Acumulando</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">Una vez incorporado su uso como medio de cambio, el dinero, sea cual fuere este, empezó a mostrar su otra cara, la posibilidad de funcionar como medio de acumulación. De este modo el excedente de una buena cosecha o una buena criada de animales, que antes tarde o temprano se perdía, podía acumularse en alguno de los bienes que eran utilizados como dinero. Nuevamente no es difícil imaginar por qué los metales fueron ganando lugar como dinero a otras formas que por sus características particulares poseían menos duración o divisibilidad o bien, el aumento de su producción había socavado su escasez relativa.</p>
<p class="western" lang="es-AR">El genocidio de los pueblos originarios de Nuestra América tuvo como su contracara económica en el saqueo de plata y el oro que, precisamente en esos momentos eran dinero en Europa.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La necesidad de acuñar esos metales, es decir, transformarlos en moneda, estuvo ligada al surgimiento de las sociedades estatales y al cobro de impuestos para su manutención entre otras razones. El sello de la acuñación aseguraba peso y calidad del metal que, de lo contrario, quedaba en disputa entre el “feliz” contribuyente del imperio Romano y la pericia del cobrador de impuestos. Algunos Estados aprendieron rápidamente a financiar sus guerras por el territorio adulterando la calidad de las monedas pero otorgándoles el mismo valor. El surgimiento del papel moneda, es decir de los billetes, se remonta para algunos autores al siglo VII antes de la era cristiana en Asia, lo que no es muy raro dado que, a partir de lo que se dio en llamar la ruta de la seda, representó el centro del comercio y desarrollo mundial.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Un lugar seguro</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">El desarrollo tardío de la figura del comerciante europeo, las largas rutas comerciales que duraban meses, las dificultades del transporte del oro y la plata, los riesgos de ser robados entre otras razones crearon la necesidad de que estos, los exitosos comerciantes, buscasen resguardar el oro y la plata acumulada durante sus viajes. Lo hicieron en los lugares donde existían cajas fuertes, los talleres de los orfebres. Por ello pagaban un costo por el cuidado y un papel que representaba sus tenencias. A lo largo del tiempo, la habitualidad del comercio y las prácticas hicieron que muchos comerciantes no llevasen más oro ni plata para comerciar sino solo papeles o letras de cambio que entregaban a sus proveedores como pago por sus productos. Esa letra de cambio podía ser cambiada por oro o plata yendo hasta el negocio del orfebre o se podía trasladar a otra persona como medio de pago.</p>
<p class="western" lang="es-AR">A medida que su uso se extendía los muchos orfebres fueron dejando su viejo oficio y se transformaron en prolíficos Bancos que no solo custodiaban el oro sino que también podían ahora prestarlo sin sacarlo. Simplemente tenían que emitir nuevas letras de cambio.</p>
<p class="western" lang="es-AR">El surgimiento de los Estados Nación a fines del siglo XIX trajo consigo muchas diputas por la estatización de espacios privados. Desde la educación hasta el registro de los nacimientos y defunciones, antes potestad de la Iglesia Católica. En este contexto era necesario tomar el monopolio de la emisión monetaria y no dejar que unos cuantos Bancos privados decidiesen cuánto dinero debía haber en la economía. Esto se dio de distintas formas. Por ejemplo el Sistema de Reserva Federal (el Banco Central de los Estados Unidos) es un aglomerado de Bancos privados con limitada injerencia Estatal). En la Argentina el Banco Central nació con capitales mixtos británicos y argentinos y fue nacionalizado durante el gobierno de Perón. En la China actual, es un ministerio más del poder político.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Me gustaría destacar de esta pequeña historia algunas primeras ideas. Las otras se las dejo a ustedes.</p>
<ol>
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<p class="western" lang="es-AR">Hubo economía antes del dinero y la habrá después de él.</p>
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<li>
<p class="western" lang="es-AR">El dinero tiene doble cara. Al tiempo que facilita el intercambio permite la acumulación. Esta segunda función, en un sistema capitalista ávido por ganancias, empieza a ser cada vez más preponderante. El dinero se transforma en un fin en sí mismo, se aleja de la producción y del intercambio, y genera el capitalismo financiero y especulativo que hoy destruye nuestro mundo.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Todos los bienes producidos (peras, vestidos, casas, autos) si no se usan con el tiempo pierden valor. En cambio, el dinero que no se usa no sólo no lo pierde sino que lo gana a través de los intereses. Algunos autores como Silvio Gessel escribieron ya hace más de cien años que esto es antinatural. Su teoría del dinero con fecha de vencimiento solucionaría el problema. Se las dejo como inquietud.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Lo verdaderamente importante es la producción. Sin alimentos el dinero es solo papel.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">El único y verdadero respaldo del dinero son los bienes y servicios, es decir el PIB de cada país. Los dólares no respaldan a nuestros pesos a pesar de que nos quisieron convencer hasta con leyes. Los dólares los necesitamos, en una economía internacional en dónde un país logró imponer su moneda local como moneda de cambio, para comprar lo que no producimos y necesitamos… hasta que lo produzcamos.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Los neoliberales nos dicen que no se puede financiar el déficit fiscal con emisión y por eso proponen el ajuste permanente. Con ello desconocen años de políticas monetarias que en el corto plazo pueden ayudar a reactivar una economía.</p>
</li>
</ol>
<p class="western" lang="es-AR">Mejor que yo lo decía el economista keynesiano Galbraith. “Solamente estudiando las cuestiones en el curso del tiempo, se puede ver que aquellos que sufren la inflación anhelan una moneda estable y que aquellos que aceptan la disciplina y el costo de la estabilidad llegan a aceptar los riesgos de la inflación. Este ciclo nos enseña que nada, ni siquiera la inflación, es permanente. También aprendemos que el miedo a la inflación puede ser tan perjudicial como la propia inflación”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Sin miedo, no cedemos derechos y luchamos por más.</p>
<p class="western" lang="es-AR">*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU). <span style="color: #0000ff;"><u><a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></u></span></p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-33080 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-1024x1024.jpg" alt="dinero-marcha-2" width="680" height="680" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-1024x1024.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-114x114.jpg 114w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-607x607.jpg 607w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2.jpg 1200w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-dinero-mucho-mas-que-moneda-de-cambio/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El mito de la sana competencia en la economía liberal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 03:00:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
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		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Carlos Javier Andújar / Ilustración por Cabro</p>
<p><em>En esta quinta entrega de nuestra introducción en términos cercanos a la Economía (que se fuerzan por alejar), revisamos el mito de la &#8220;sana&#8221; competencia para aumentar la comercialización de productos. ¿Qué pasa cuando la teoría se aplica a otras instancias de las y los representantes del capital? Varias preguntas y muchas respuestas para desandar la economía desde cerca.</em></p>
<p>“Agustín Pichot, ex capitán de los Pumas, explicó que nunca hubiéramos podido ganarle a Sudáfrica si no hubiéramos tenido la oportunidad de jugar una y otra vez, con rivales del nivel de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelandia. Lo mismo ocurre con las empresas: es imposible que triunfen en el mercado global si se las protege de la competencia. Una industria protegida es tan pobre como un rugby local sin competencia internacional”, afirma Gloria Álvarez en el video número cinco de una serie denominada “Aprender Volando” de la fundación Libertad y Progreso. La serie completa, un verdadero curso sobre liberalismo económico adaptado a las nuevas tecnologías y subjetividades, puede consultarse en <a href="http://www.libertadyprogresonline.org/aprender-volando-con-gloria-alvarez/">http://www.libertadyprogresonline.org/aprender-volando-con-gloria-alvarez/</a> (Si pueden vean el video antes de continuar leyendo, son sólo cinco minutos. Adelante, las y los espero).</p>
<p>Gloria se pregunta: “¿Por qué cerramos el comercio exterior?, ¿por qué le ponemos trabas a todo lo que viene de afuera?”. Gloria se responde. “La respuesta se basa en dos mitos altamente difundidos pero igual de falsos. El primero –afirma con certeza positivista– es que es necesario proteger a la industria naciente para que aprenda cómo producir y que los que debemos pagar el costo ‘somos’ (las comillas son mías) los consumidores. Lo que no entienden es que, al igual que en el deporte, es imposible alcanzar un nivel alto de competitividad sin competir. Antes nos decían que éramos incapaces de competir con industrias más antiguas como las de Estados Unidos o Europa, que viene desarrollándose desde hace tiempo; pero ahora tampoco podemos competir con industrias que son más nuevas como los Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwan y Singapur). ¿Cuál será la excusa después?”, se pregunta Gloria con cierta indignación y suficiencia. “El resultado es que los industriales siguen manteniendo sus altas ganancias mientras que los consumidores pagan precios altísimos por una baja calidad en los productos”, completa su afirmación.</p>
<p>El segundo mito se los dejo para que lo vean ustedes, pero les anticipo que, de una manera bastante particular, llega a la conclusión de que los países periféricos (los exportadores de materias primas) se benefician de los centrales (exportadores de manufacturas) por el comercio libre, dado que el precio de las materias primas (petróleo, alimentos, etc.) es relativamente estable y el precio de las manufacturas, debido a las mejoras tecnológicas y de productividad, no para de descender.</p>
<p>Ya habrá tiempo para que en el minuto 4 afirme que la apertura de la economía no genera desempleo por la destrucción de la industria local y que sólo sucedería si lo hiciera rápidamente y no, como recomiendan los tratados de “libre comercio”, si la apertura comercial se hace de “modo más ordenado” (ambas comillas son mías y serán las últimas).</p>
<p>“Debe quedar claro que cuando uno protege a los empresarios siempre lo hace a costa de los consumidores… y consumidores somos todos. Si queremos beneficiar a la gran mayoría –termina Gloria–, es mejor que seamos los consumidores quienes nos beneficiemos de un libre comercio a precios accesibles y con productos de mejor calidad”.</p>
<p>Es interesante ver cómo las distintas afirmaciones van entretejiendo un armando discursivo que intenta hacernos establecer vínculos con la cotidianeidad y el sentido común partiendo de medias verdades que dicen más por lo que no dicen que por lo que afirman.</p>
<p><strong>Partido chivo</strong></p>
<p>Competir con equipos mejores que uno en cualquier deporte durante un tiempo largo puede ser muy provechoso para el equipo más débil si lo único que pierde son partidos. Es decir, en una competencia deportiva, el que gana sólo gana “la gloria” (que no es la conductora) y el que pierde sólo pierde el partido pero puede llevarse, como dice Gloria (ahora sí la conductora), valiosos aprendizajes para su propia formación.</p>
<p>Ahora bien, en las relaciones comerciales internacionales del mundo capitalista lo que unos ganan está directamente vinculado con lo que otros pierden. Si nuestro país vende lana cruda (recién esquilada), lo único que deja en el territorio son unos pocos puestos de trabajo mal pagos, rentas concentradas en unos pocos terratenientes y algo por el transporte hasta el puerto. En el otro país, las actividades productivas de la industria textil (hilado, lavado, secado, teñido, diseño, confección) producen y dejan riqueza allá de modo directo (puestos de trabajo, rentas y ganancias) y de modo indirecto (producción de maquinarias, servicios, investigación, vinculada a la actividad textil y a las necesidades crecientes de una población también creciente). No está de más recordar que parte de esa riqueza se realiza cuando dicho país exporta la vestimenta al otro que, por la zoncera de lo que algunos llaman “división internacional del trabajo” diría el viejo Jauretche, “ha decidido” especializarse en materias primas. El problema no son (aunque podrían serlo) los precios en que unos venden y otros compran (términos de intercambio) los bienes, sino principalmente lo que sucede cuando los producimos.</p>
<p>A Gloria en particular y a los liberales en general les encanta hacernos pensar que la sociedad está formada por consumidores y productores, y que la competencia entre productores y consumidores es lo mejor que nos puede pasar. Habría que recordar que, como bien explicó Marx hace ya casi 150 años, el fetiche de la mercancía implica mostrar una parte como el todo. Fetiche es, entonces, pensarnos sólo como consumidores y consumidoras y no como trabajadores y trabajadoras. ¿Por qué insistirán los liberales en esconder las relaciones sociales que se dan en los procesos productivos? ¿Será porque si entramos en ellas nos encontraremos con explotación, alienación y desigualdad? ¿Será que la “sana competencia” que se da para conseguir un puesto de trabajo genera en los que pierden algo más que un aprendizaje?</p>
<p>Por alguna razón similar, el liberalismo económico piensa un mundo sin clases sociales, en donde todos y todas somos hermanos y hermanas o consumidores y consumidores que, a partir de sus marcos referenciales, son más o menos lo mismo; y nos presentan, como en el video, ideas universales sin historia.</p>
<p>Como ya he afirmado anteriormente, la economía política es historia y en ella tenemos que agudizar nuestra mirada si queremos comprender por qué en el desarrollo de algunos países se encuentra implícito el subdesarrollo de otros. El saqueo y el genocidio de Nuestra América impulsaron, permitieron y consolidaron el desarrollo del capitalismo europeo. El proteccionismo inglés (y no el libre cambio) le permitió industrializarse. Lo mismo sucedió en Alemania y Estados Unidos, que crecieron al amparo del proteccionismo mientras que los ingleses, ya desarrollados, levantaban las banderas del libre cambio (al igual que hoy hacen Alemania y Estados Unidos). A liberales de antaño como a los de ahora les gusta nombrar países pero poco nos dicen de ellos. Gloria prefiere obviar la historia de Hong Kong y tampoco nos dice que su “apertura económica”, como la de Singapur, radica en que ambos son países muy pequeños, ubicados estratégicamente y que se dedican a reexportar. Es decir, a importar para después exportar. ¿Podremos todos los países hacer lo mismo? También “olvida” que Taiwán y Japón restringieron severamente toda inversión extranjera hasta que sus industrias estuvieron desarrolladas o la contundente presencia Estatal en el proceso industrialización de Corea.</p>
<p>Tal vez podamos, para finalizar, ser más liberales que los liberales por un ratito. Si como dice Gloria, la apertura económica y el libre cambio no provoca desocupación y sólo trae beneficios y desarrollo para todos los países, estará de acuerdo conmigo en que, en nombre de la libertad y el progreso, podamos globalizar no sólo las mercancías sino también a las personas y permitir libremente las migraciones en búsqueda de un porvenir mejor… ¿No era sana la competencia?</p>
<p>Tal vez, sólo tal vez, la competencia sea sana y buena&#8230; cuando gane yo.</p>
<p>* Docente. Integrante del Colectivo  Educativo Manuel Ugarte (CEMU) / <a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></p>
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<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-32745 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-1024x1024.jpg" alt="sana-competencia2" width="680" height="680" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-1024x1024.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-114x114.jpg 114w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2-607x607.jpg 607w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sana-competencia2.jpg 2000w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>
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<p><a href="https://marcha.org.ar/capitulo-5-la-sana-competencia/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El Estado como arena de lucha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Oct 2016 03:01:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[estado]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andujar*/ Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Cuarta</em><em> entrega de la serie de miradas cercanas sobre lo mitos de la Economía (con mayúsculas) para acercarnos a su terminología tanto como lo estamos de las consecuencias de sus decisiones.</em></p>
<p>Llueve. Por la ventana del viejo bar se ve la plaza inundada. Sólo algunas palomas aprovechan los charcos para bañarse. Algún vecino, que se cansó de esperar que le toquen el timbre para preguntarle qué opina sobre la gestión del gobierno, desafía la lluvia y atraviesa la plaza en busca de la verdulería que se encuentra en frente. En el bar, tres viejos amigos discuten mientras esperan que les traigan las tostadas con mermelada y manteca que pidieron. “El Estado no debe intervenir en la economía”, dice Federico, “cuanto menos Estado mejor, lo único que puede aportar es ineficiencia y corrupción”. “El Estado, como dice el presidente”, sentencia con fuerza de ley física, “tiene que marcar la cancha y poner las reglas, los jugadores somos nosotros, tenemos que hacernos cargo de nuestra libertad y de las consecuencias de nuestras decisiones”. “Para un poco”, le retruca Luis, que no deja ocultar su enojo y su barba incipiente. “Los Estados nacionales nacieron junto al sistema capitalista y lo único que hacen es sostenerlo y reproducirlo. Esa cancha de la que habla tu presidente está inclinada para un lado. Asegura y conserva privilegios para unos, los menos, gracias a las penurias de la mayoría. No me vengan con cuentos a esta hora de la mañana”. “Paren un poquito”, interrumpe Domingo, “siempre tan extremistas ustedes. Yo conozco Estados que otorgaron derechos a los débiles buscando la justicia social, el tema es que otros no los dejaron. Muchas veces los sacaron por las armas y otras por la urnas, lo que… “¿Yo extremista?” Interrumpe Luis, “en el mejor de los casos, vos sos un ingenuo…” La llegada de las tostadas, la mermelada y la manteca, permiten poner paños fríos a la discusión. Pedro, el mozo, con voz cansada pero firme, dice: “señores, déjense de discutir, al fin de cuentas, “el Estado somos todos” y, con andar cansino, se retira.</p>
<p>Recorro la historia reciente de nuestra Argentina y pienso en voz alta. El Estado Argentino mató, desapareció, robó niños y niñas, en forma sistemática durante la última dictadura militar. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En los noventa, privatizó empresas públicas, desreguló la economía, quitó derechos laborales. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En los últimos años el Estado volvió a estatizar empresas, otorgó subsidios a las y los más pobres, levantó la bandera de los Derechos Humanos con hechos concretos, aumentó significativamente el presupuesto de educación, en definitiva, restituyó derechos. Pero también mantuvo los privilegios de las empresas mineras y de los Bancos, siguió recaudando impuestos de modo regresivo (es decir a través de los más pobres) y, si bien discursivamente la enfrentó, siguió violando derechos a través de la violencia institucional. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En la actualidad el Estado disminuye el presupuesto de ciencia y técnica y los fondos a las universidades, aumenta las tarifas de los servicios públicos a las familias al tiempo que baja los impuestos a las grandes exportadoras, devalúa la moneda y toma deuda externa “en nombre de todos y todas”. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. Entonces ¿Qué es el Estado?</p>
<p>El Estado no es una cosa. No lo podemos tocar. Es una relación social de dominación que puede ejercerse gracias al control de ciertos recursos.</p>
<p>El primero de los recursos es el control sobre los medios de coerción física. Normas, jueces, policías, fuerzas armadas, cárceles, etc., integran, entre otras instituciones, el monopolio del uso de la coerción física por parte del Estado. El segundo es el control de los recursos económicos. Si bien claramente en la actualidad existen múltiples actores que poseen mayor poder económico que ciertos Estados (el patrimonio de ciertas empresas duplican y triplican el PIB de muchos países), la facultad de establecer impuestos y realizar gastos, es un rasgo distintivo de los Estados modernos. En tercer lugar, una relación de dominación puede basarse en el control de recursos de información en sentido amplio, incluyendo los conocimientos científicos tecnológicos. En este aspecto, al igual que en el anterior, los Estados “compiten” con las empresas. Negar la capacidad que en la actualidad tiene Google, u otras empresas tecnológicas en el dominio de la producción y circulación del conocimiento y la información, sería necio. A pesar de ello, la existencia y control sobre los sistemas escolares y las Universidades públicas, el control sobre la energía nuclear, los institutos científicos tecnológicos estatales entre otras instituciones, resisten, con resultados diversos, lugares de privilegio en la producción y circulación del conocimiento conseguidos, en otros momentos históricos. Épocas que, tras la revolución tecnológica del último cuarto del siglo pasado, nunca volverán a ser iguales. El último aspecto de una relación de dominación es el control ideológico, mediante el cual los dominados perciben como natural la relación de dominación y no la cuestionan, es más, al no verla como dominación ni se preguntan por ella. Habría que agregar que la amplia mayoría de los Estados en la actualidad tienen sesgo capitalista, es decir que, a través de dicha relación de dominación, defienden y naturalizan la relación capital-trabajo (la mayoría de las personas no tiene otra alternativa que vender “voluntariamente” su fuerza de trabajo a otras que tiene la capacidad para comprarla) como la única forma posible de organización social.</p>
<p>El Estado no es una cosa pero su materialización se concreta a través de la burocracia estatal, que no es otra cosa que el conjunto diferenciado de instituciones y marcos normativos que condicionan las prácticas de los funcionarios a través de procedimientos y la definición formal de competencias y roles. Son Estado, la Ley Nacional de Educación, las Escuelas, y las y los maestros. Son Estado, la Constitucional Nacional, el Congreso y las y los diputados y senadores.</p>
<p>Lo dicho hasta aquí tendría sólo un sentido descriptivo si no incorporamos a la política. Lo que es Estado, lo que no lo es y lo que debería ser, es siempre una lucha política e histórica. Esa lucha se centra en definir qué es, en cada momento y lugar, es decir, de modo situado, el bien común que el Estado dice encarnar. En la disputa por el significado del bien común y su materialización en las políticas públicas que lo concreten, puede verse (aunque algunos prefieren esconderse) como los distintos actores sociales intentan movilizar recursos materiales y simbólicos para que sus intereses sectoriales sean considerados “parte” de ese bien común. Lo hace la Iglesia Católica pretendiendo que su forma de entender lo que es la vida sea la de todos, lo hacen los agroexportadores reteniendo granos para forzar una devaluación, lo hace un gobierno nacionalizando los fondos de jubilaciones y pensiones que otro proyecto político había privatizado previamente. Lo hicieron en 1995 los petroleros despedidos que, en Cutral-Co, cortaron una ruta o las y los estudiantes que recientemente tomaron las escuelas. Una sociedad productora y reproductora de desigualdades como lo es la sociedad capitalista construye también desiguales relaciones de poder en torno a la disputa por el bien común pero, de ninguna manera, dicha asimetría escribe la historia de una vez y para siempre. El Estado como el capitalismo son producto de la historia de la humanidad y esa historia es una historia de luchas.</p>
<p>Tal vez sea necesario recordar para finalizar que, como dice Enrique Dussel, el poder político reside siempre en la comunidad y no en la institucionalización de ese poder que es el Estado. Es la comunidad quien se lo otorga de modo provisorio y temporal para que lo utilice en pos del mandato recibido. Esto es lo que dice el Subcomandante Marcos cuando proclama, con palabras y hechos, “Acá se manda obedeciendo”. El poder político institucionalizado debe ser obediencial, es decir, debe obedecer el mandato de la comunidad que se lo otorgó. De lo contrario es corrupto y la corrupción es doble, tanto del mandatario que se cree sede del poder como de la comunidad que se lo permite.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-32419" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-503x410.jpg" alt="mambito-2" width="601" height="490" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-503x410.jpg 503w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-1024x834.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-745x607.jpg 745w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" /></p>
<p><strong>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU)</strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-estado-como-arena-de-lucha/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Los precios y el mito de la oferta y la demanda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Oct 2016 03:04:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
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		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[Marx]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" lang="es-AR"><b>Por Carlos Javier Andujar* / Ilustración por Cabro</b></p>
<p class="western" lang="es-AR"><em>Tercera</em><em> entrega de la serie de miradas cercanas sobre lo mitos de la Economía (con mayúsculas) para acercarnos a su terminología tanto como lo estamos de las consecuencias de sus decisiones.</em></p>
<p class="western" lang="es-AR">Seguramente ustedes como yo habremos escuchado en la calle, en la fila de algún Banco, en la verdulería o en la plaza, alguna frase similar a “estábamos pagando muy baja la tarifa del servicio eléctrico”, “vivíamos en una ficción”, “al valor de los ‘precios cuidados’ no vas a encontrar ninguna leche”, “el tipo de cambio (precio del dólar) estaba atrasado, no quedaba otra que devaluar”, entre tantas otras posibles.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Difícilmente esas mismas personas hayan hecho un curso de economía neoclásica y sepan graficar y analizar el comportamiento de las funciones que representan a la oferta y la demanda, los costos y utilidades marginales, las curvas de indiferencia y la recta de presupuesto, los equilibrios y desequilibrios de los distintos mercados o realizar complejos modelos matemáticos&#8230; pero, de una cosa estoy seguro, captaron su esencia más profunda, que podríamos resumir en tres puntos. Primero. Los precios son una característica esencial de los bienes y servicios, es decir no existen bienes o servicios que no tenga precio. Segundo. Los precios se determinan en el mercado a través de la oferta y la demanda, es decir, si abundan los bienes (mucha oferta o poca demanda) baja el precio y si escasean el precio sube. Tercero. Cualquier intento de parte del Estado o de cualquier actor colectivo de querer regularlos genera ineficiencias y a la larga está destinado al fracaso.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Cuando nos referimos en ciencias sociales a que un pensamiento es hegemónico lo decimos en el referencia a que satura a nuestras conciencias, naturaliza relaciones sociales e históricas, crea consensos aún entre las personas que son perjudicadas por el mismo e inhibe la acción colectiva por concebirla inútil e incapaz.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Si prestan atención, mañana cuando caminen en la búsqueda de algún bien para comprar, sea cual fuere este, sólo verán lo que la hegemonía capitalista en general y, la neoclásica y neoliberal en particular, les permite ver: precios, que inmediatamente compararán con sus ingresos disponibles. Es decir, parafraseando a Marx, verán sólo lo aparente. Pero, me animo a decir, ninguno de ustedes (y quien escribe esta nota no escapa a ello) verán lo que sí es una característica esencial de los bienes y servicios, que son fruto del trabajo humano y, mucho menos, que ese trabajo, bajo su forma capitalista, implica la explotación de unos sobre otros.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Si aceptamos con naturalidad que hay que subir las tarifas de los servicios públicos esenciales (transporte, electricidad, gas, agua) que posibilitan el efectivo ejercicio de ciertos derechos humanos, simplemente porque aumentaron sus costos, me pregunto, ¿cuánto tardaremos en aceptar que, porque subieron los costos, debemos arancelar la educación superior, el uso de los hospitales o el disfrute de un domingo en una plaza?</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Mercado de utilidades</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">Es difícil encontrar en economía un pensamiento más arraigado al sentido común que el de que los precios de los bienes y servicios se determinan por el libre juego de la oferta y la demanda. Dicho mecanismo, al que la mayoría de los economistas no duda en llamarlo ley, despreciando años de avances epistemológicos en las ciencias sociales, presupone un mercado sin Estado, consumidores y empresas con idéntico e ínfimo poder de negociación individual (lo que provoca que se comporten como precios aceptantes y no haya competencia) e individuos cuyo comportamiento no sólo es previsible sino estrictamente racional y motivado por la búsqueda incansable de la maximización de la utilidad.</p>
<p class="western" lang="es-AR">El surgimiento del capitalismo y de los Estados-Nación es parte de un único proceso histórico y social que se consolida hacia finales del siglo XIX. Si bien en distintos lugares pudo haber llegado primero el capitalismo y luego los Estados-Nación y en otros los cambios políticos precedieron a los económicos, lo cierto es que ambos se construyen dialécticamente. El capitalismo necesita de seres que libremente puedan vender su fuerza de trabajo y los Estados-Nación de ciudadanos que libremente ejerzan sus derechos y cumplan con sus obligaciones. No existen, por lo tanto, economías de mercado sin Estados que establezcan regulaciones de todo tipo (salarios mínimos, retenciones, precios máximos, transferencias, impuestos, subsidios, créditos), que influyen, ya sea por acción u omisión, de modo determinante, la mayoría de las veces, en la determinación de los precios de una economía.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Por otro lado, como había anticipado Marx, un capitalista mata a muchos otros, provocando que el número de empresarios por rubro sea cada vez más reducido y su poder, por ende, cada vez mayor. Los monopolios y los oligopolios no son un caso particular aislado de la ley general que rige los mercados, como pretenden los economistas ortodoxos, sino su característica esencial. Si se analiza cualquier actividad económica, tanto a nivel local, regional o mundial, se descubrirá cuántas empresas dominan ese mercado. La concentración económica otorga a las corporaciones un poder decisivo en la determinación de los precios, a partir de mecanismos de traslación de costos a los consumidores, manipulación de la información, manejo de los stocks y realización de acuerdos implícitos entre los grupos.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Asimismo, la sociología, la psicología y la antropología, entre otras ciencias sociales, enseñan que los seres humanos son mucho más complejos, profundos y contradictorios que las caricaturas racionales y utilitaristas que dibujan las teorías neoclásicas en sus modelos de equilibrio. Las relaciones sociales en general y las económicas en particular, son relaciones marcadas por la historia, la política y las relaciones de poder que en cada época prevalezcan. La determinación de los precios no escapan a tal encuadre, por lo tanto su análisis debe incluir estás perspectivas.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Los precios en una economía capitalista son el resultado de la puja distributiva, es decir, de la lucha histórica y política, por la apropiación del excedente económico. Esta puja distributiva se materializa en cuatro luchas. La primera, que el capitalismo muestra pero de forma distorsionada, es la lucha entre vendedores y consumidores. La segunda, que el capitalismo oculta (Marx diría fetichizando la mercancía), es la lucha entre capitalistas y trabajadores, ganancias y salarios, al momento de producir los bienes y servicios. La tercera lucha es la que se da en el seno del Estado, como materialización de “lo público”, lo que es de todos y todas, y determina, en cada momento histórico, hasta dónde se quiere avanzar sobre los precios de una economía. Por último, y no por ello menos importante, es la lucha que se da entre las distintas economías nacionales en donde a través de relaciones históricas imperiales y de dependencia, unas buscan trasladar sus costos a los precios de las otras. Todas estas luchas se sintetizan, día a día, en los distintos precios de los bienes y servicios.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Sin embargo, el mito del llamado libre juego de la oferta y la demanda, obliga a pensarlas a todas ellas, en caso de que podamos verlas, como relaciones objetivas, inevitables, neutrales, ahistóricas, en definitiva, naturales.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Toda esta discusión sería sólo académica si no fuese que, por la ceguera provocada por este mito, los precios de equilibrio de mercado violan los derechos humanos matando, día a día, a miles de personas que no pueden satisfacer sus necesidades más básicas.</p>
<p class="western" lang="es-AR">A decir verdad, el libre juego de la oferta y la demanda no es libre ni es un juego.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-31971 size-full" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4.jpg" alt="oferta-y-demanda-carte4" width="3562" height="3562" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4.jpg 3562w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-1024x1024.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-114x114.jpg 114w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/oferta-y-demanda-carte4-607x607.jpg 607w" sizes="(max-width: 3562px) 100vw, 3562px" /></p>
<p class="western" lang="es-AR"><i>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU). </i><span style="color: #0000ff;"><u><a href="mailto:fliaandujar@gmail.com"><i>fliaandujar@gmail.com</i></a></u></span><i> </i></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/los-precios-y-el-mito-de-la-oferta-y-la-demanda/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El trabajo del cuidado al servicio del trabajo con mayúsculas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-trabajo-del-cuidado-al-servicio-del-trabajo-con-mayusculas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Sep 2016 11:01:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[feminización del trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Andújar / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Segunda entrega de la serie de miradas cercanas sobre lo mitos de la Economía (con mayúsculas) para acercarnos a su terminología tanto como lo estamos de las consecuencias de sus decisiones.</em></p>
<p><strong>El trabajo reproductivo</strong></p>
<p>Estimadas lectoras y lectores, esta es una nota interactiva. Sí, leyeron bien, a la distancia o “fuera de línea”, como podríamos decir en estos tiempos de lenguaje informático, vamos a construirla juntos, ustedes y yo. Sólo hace falta tener a mano una hoja y un lápiz. Los espero, vayan a buscarlos.</p>
<p>Les propongo la siguiente actividad: tomen la hoja y hagan tres columnas. Piensen en diez familias cercanas a ustedes y anoten en la primera columna alguna referencia que les permita identificar a cada familia, como por ejemplo “la familia de Toto” (Utilicen una fila para cada familia). ¿Lo hicieron? Bien, en la segunda columna coloquen la cantidad de integrantes que componen cada grupo familiar y en la tercera la cantidad de ellos que trabajan y en el rubro que lo hacen. Por ejemplo, la primera fila podría ser: Columna 1: La familia de Toto; columna 2: Cinco integrantes; Columna 3: Trabaja uno de ellos en la construcción. Tómense su tiempo para hacerlo y de paso, unos mates; yo me estoy tomando los míos por la mañana mientras escribo esta nota.</p>
<p>¿Terminaron? No me engañen.  Si ahora no tienen tiempo, dejen de leer acá y retomen la nota en otro momento.</p>
<p>Seguimos. Teniendo en cuenta los datos de todos grupos familiares que ustedes escribieron en la hoja respondan las siguientes preguntas. ¿Cuántas personas en total suman las diez familias? ¿Cuántas de ellas trabaja? ¿Cuántas no trabajan? Anoten los resultados al final de cada columna.</p>
<p>La economía del cuidado se refiere a todas las actividades y prácticas necesarias para la supervivencia cotidiana de las personas en la sociedad en la que viven. Incluye tres grandes grupos de actividades. El primero se trata de las actividades del autocuidado, el cuidado directo de otras personas dependientes ya sea por su edad o capacidad (niños, ancianos, enfermos, etc.), y el cuidado de las personas que podrían autoproveérselo El segundo es la provisión de las precondiciones en que se realiza el cuidado, como la limpieza de la casa, el lavado y ordenado de la ropa y de las camas, la compra y la preparación de las comidas, etc. Y el tercero se refiere a la gestión del cuidado; es decir, tareas tales como la coordinación de horarios, la planificación de las actividades, los traslados a las escuelas y otras instituciones, entre otras. La lista de actividades del cuidado es larga y estoy seguro de que aquellas y aquellos que las realizan cotidianamente pueden completarla y ampliarla mucho más. ¡Cuánto trabajo! ¿No?</p>
<p>Vuelvan a su hoja con las tres columnas. Fíjense bien: ¿Incluyeron a las actividades de la economía del cuidado como trabajo? ¿Pensaron en las personas que las realizan como trabajadoras y trabajadores? No se aflijan, no sientan culpa. A todos y todas nos pasó lo mismo.</p>
<p>Según los datos preliminares de la encuesta sobre el trabajo no remunerativo y uso del tiempo del Indec del tercer trimestre de 2013, se dedican en promedio 5,3 horas diarias a las actividades domésticas. Las mujeres, informa la misma encuesta, dedican en promedio 3 horas diarias más que los hombres a estas actividades.</p>
<p>Dicho de otro modo, nos encontramos con una actividad (la actividad del cuidado) altamente feminizada, que a su vez no es visibilizada ni considerada por la sociedad como trabajo y, por lo tanto, a la que no se le otorga el valor, el estatus y muchos menos los derechos, que sí tienen aquellas actividades que consideramos como trabajo.</p>
<p>Su invisibilización como parte del trabajo socialmente necesario y la naturalización de las tareas del cuidado como preponderantemente femeninas se consigue a través del sostenimiento y construcción de un sentido común cotidiano inculcado durante los procesos socializadores primarios y secundarios. Dicho en criollo: la crianza de los padres, los medios de comunicación, los medios materiales y actividades (libros, cuentos, juguetes, juegos, deportes) y la escuela, sostienen estereotipos de género  que van construyendo roles diferenciados y aceptados como “normales” para los hombres y las mujeres. De este modo lo padres regalamos el “juego de la cocinita”, “el carrito de bebé” o el disfraz de “princesa” a nuestras hijas, y el “juego de química”, “los autos a control remoto” y “las armas” a nuestros hijos. Ya habrá tiempo para que la maestra le diga a Juancito “los chicos no lloran” y el profesor de Educación física le grite a Marcos en la cancha de vóley “¡Rematás como una nena!”, ante la silenciosa y naturalizante mirada de Julia y Josefina mientras esperan su turno para hacer gimnasia de “mujeres”.</p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/09/el-trabajo-del-cuidado-.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-34315" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/09/el-trabajo-del-cuidado--1024x877.jpg" alt="" width="634" height="520" /></a></p>
<p>No es necesario destacar, a esta altura del relato, los roles que las publicidades en particular y la televisión en general tienen reservado para el género femenino y el masculino, en donde la naturalización llega incluso  no sólo a una supuesta “condición natural para la crianza” de parte de las mujeres sino que también que la “naturaleza” las dotó mejor para realizar las tareas de limpieza del hogar.  De idéntico modo, el desprecio por  las actividades del cuidado puede verse también a través de instrumentos supuestamente técnicos o neutrales como son la contabilización del PIB (Producto Interno Bruto), es decir la riqueza (bienes y servicios) que se produce en un país durante un año, o en la medición del desempleo que realizan los institutos nacionales e internacionales de estadísticas. En la primera variable los trabajos de la economía del cuidado no son contabilizados y en el segundo, las personas que los realizan son tenidas en cuenta como población inactiva (al igual que los niños y los jubilados).</p>
<p>Cuando nombramos las cosas, esto es trabajo y esto no lo es, estamos realizando un acto de poder. Abrimos ciertas puertas al tiempo que cerramos otras. En los inicios del capitalismo, ante la irrupción de un nuevo actor social, los comerciantes, que llegaron para romper la “tranquilidad y el orden” de los terratenientes, se los llamó clase estéril mientras que los dueños de las tierras fueron denominados como clase productiva. Quien enuncia manda y quien manda enuncia.</p>
<p>Hace algunos años se viene incorporando en algunos países como cuenta satélite (por fuera del PIB) una valorización de los servicios prestados en las tareas de la economía del cuidado representando aproximadamente un 25% del Producto, es decir un cuarto de la riqueza generada en el año en cada país.</p>
<p>Más allá de dicha valoración monetaria, las tareas del cuidado tienen un vínculo funcional con los otros tres cuartos de riqueza. Imagínense ustedes que, por un día, todas las personas que se dedican a las actividades domesticas no remuneradas dejaran de hacerlo… ¿Qué sucedería? ¿Cuántos podrían ir a sus trabajos a producir riqueza si las que cuidasen de sus hijos e hijas no lo hiciesen? Y si en vez de un día, la ausencia de las personas que realizan las actividades del cuidado fuese de una semana o un mes… qué descalabro, ¿no?</p>
<p>Las tareas del cuidado no remuneradas cumplen una función esencial en el sistema capitalista: la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin este trabajo cotidiano que permite que el capital disponga todos los días de trabajadoras y trabajadores en condiciones de emplearse, el sistema simplemente no podría reproducirse. Al integrar el trabajo del cuidado no remunerado al análisis económico podemos ver como dichas actividades, realizadas preponderantemente por mujeres, constituye, como señala Corina Rodríguez Enriquez, un subsidio a la tasa de ganancia y a la acumulación del capital.</p>
<p>Las mujeres que en los últimos años han podido incorporarse al mercado de trabajo no lo hicieron en igualdad de condiciones que los varones. No ocupan puestos directivos en forma equitativa y no perciben los mismos salarios que los varones por el mismo trabajo. Incluso, como hemos visto, realizan un doble trabajo, siendo explotadas dentro y fuera del hogar.</p>
<p>Es hora de tomar la goma de borrar y reescribir los datos de esa tercera columna, ¿no les parece?</p>
<p>Los derechos se conquistan, se arrancan de quienes tienen privilegios porque justamente la existencia de privilegios implica la negación de un derecho.</p>
<p>La lucha por la equidad de género, lucha que es de todas y todos, se libra en las grandes batallas y en las cotidianas. Por más pequeño que sea el espacio de poder, debemos ocuparlo, porque de lo contrario, no queda vacío: lo ocupa el poder mayor.</p>
<p>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU). Contacto:<a href="mailto:fliaandujar@gmail.com"><strong>fliaandujar@gmail.com</strong></a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-trabajo-del-cuidado-al-servicio-del-trabajo-con-mayusculas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El mito de la escasez para justificar las políticas de ajuste</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-mito-de-la-escasez-para-justificar-las-politicas-de-ajuste/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Sep 2016 04:04:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[abundancia]]></category>
		<category><![CDATA[Ajuste]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[escasez]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andújar/Ilustración por Cabro </strong></p>
<p><em>¿Por qué nos resulta tan difícil entender la economía? ¿Es realmente tan inalcanzable o la cuentan así, para que nos sintamos lejos, como de quien viene a arreglarnos la heladera? ¿Por qué el ajuste es “tan necesario” para los Ministros de Economía? Iniciamos hoy una serie de miradas cercanas por lo mitos de la Economía (con mayúsculas) para acercarnos a su terminología tanto como lo estamos de las consecuencias de sus decisiones.</em></p>
<p><strong>La economía de la abundancia</strong></p>
<p>Imaginemos la primera clase de Economía en cualquier universidad de la Argentina. El profesor entra al aula con un gran manual bajo el brazo, saluda y luego de presentarse pregunta a las y los estudiantes ¿saben lo que es la economía? Ante el silencio, toma el manual, lo abre y lee en voz alta con una certeza similar a la de las ciencias naturales: La economía es la ciencia que se encarga de estudiar la asignación eficiente de los escasos recursos que posee la humanidad para satisfacer sus necesidades. Si todo fuese abundante y sobrase, continúa, ¿alguien estudiaría cómo producir y distribuir los bienes? Ahora sí, todas y todos responden al unísono: ¡Por supuesto que no!</p>
<p>Hemos sido testigos, quien lee este texto y quien lo está escribiendo, de un acto fundacional. Todo conocimiento económico posterior, sencillo o complejo, se estructurará a partir de allí. Muchas de las certezas que tendremos y, sobre todo, las preguntas que nunca nos llegaremos a formular, acaban de tener sentencia de muerte y, lo más cruel será, que nosotros seremos los propios sepultureros.</p>
<p>Pensemos juntos y juntas por un momento la “inocente” y “neutral” definición de economía que nuestro seguro profesor, provisto de su gran manual les leyó a las y los estudiantes. Escasez y eficiencia aparecen allí como ideas estrella.</p>
<p>Si el problema de la economía es la escasez de recursos y bienes, serán criterios “científicos y técnicos” los que dominen todas las miradas. Si existen pocos recursos para satisfacer las infinitas necesidades de muchas personas, lo mejor que nos puede pasar es que los especialistas en economía nos digan la forma más eficiente de administrar la escasez de bienes con la que cuenta la humanidad. Si el problema es la escasez se habrá encontrado, en última instancia, una justificación para las desigualdades sociales. La escasez tiene la fuerza de lo inevitable y la claridad de lo evidente y en ello fundamenta su poder de hegemonizar los discursos académicos y los que no lo son.</p>
<p>Eficiencia y escasez son los conceptos a partir de los cuales se construyó el universo neoclásico a fines del siglo XIX en respuesta al marxismo (y neoliberal en la actualidad en respuesta a los populismos), imponiendo como único Dios de la eficiencia al mercado capitalista y como límite de las posibilidades a la escasez. Pensar desde estas categorías el problema de la economía tuvo y tiene la intención de hacer de la economía una ciencia neutral y universal, donde los sujetos sociales, la historia, la política, la ética y la ideología no tengan lugar. Las ausencias a la cita no son casuales sino son precisamente aquellas categorías desde las cuales se puede pensar la economía desde otro lugar. Ciertamente es la historia a quien debemos recurrir para repensar a la economía política.</p>
<p>Desde la invención de la agricultura, hace ya más de diez mil años, la humanidad produce un excedente económico, es decir, produce más bienes de los que sus integrantes necesitan para reproducirse. Al hecho positivo de que cada persona haya aumentado la productividad de su trabajo debe sumársele su contracara, algunos grupos minoritarios dentro de las comunidades buscaron acaparar el excedente producido apropiándose, bajo distintas formas y modalidades, del trabajo ajeno. La vida de centenares de miles de personas que bajo el régimen esclavista entregaban el fruto de su trabajo a sus amos (en realidad entregaban sólo el excedente, es decir, todo el fruto de su trabajo menos los bienes necesarios para su supervivencia) no es muy diferente, en este sentido, de aquellos que trabajan bajo las formas asalariadas para otros quedándose sólo con un parte de la riqueza producida.</p>
<p>Cuando ciertas comunidades o, más precisamente, una parte pequeña de ellas, se apropia del excedente económico y lo administra de modo oligárquico, debe necesariamente construir paralelamente a la apropiación modos de legitimación. Es decir, debe crear y sostener formas para que quienes producen el excedente y no se apropian de él acepten pasivamente tal situación. Dichas formas de legitimación podrán ser según los tiempos más o menos violentas, coercitivas o consensuales, pero de una u otra manera deben existir.</p>
<p>Resumiendo, el mito de la escasez y la eficiencia económica del mercado capitalista es el modo actual que utilizan los sectores dominantes no sólo para naturalizar la apropiación oligárquica del excedente sino, principalmente, para ocultar su existencia.</p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/09/El-mito-de-la-escasez-para-justificar-las-políticas-de-ajuste.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-34307" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/09/El-mito-de-la-escasez-para-justificar-las-políticas-de-ajuste-1024x1024.jpg" alt="" width="535" height="485" /></a></p>
<p><strong>El yugo de la escasez, el lastre de la abundancia</strong></p>
<p>¿Cómo es posible que los pueblos soporten políticas de ajuste si no es bajo el manto de que no hay otra alternativa? ¿Cómo es posible que los pueblos resignen derechos adquiridos por años de lucha si no es por estar convencidos de que estaban viviendo “una ficción por encima de sus posibilidades”? ¿Cómo es posible que los desarrapados de este mundo soporten las cotidianas humillaciones de una vida de bestias de carga si no es porque están profundamente persuadidos de que son ellos los responsables de su propia pobreza?</p>
<p>Los resultados de la disputa por el excedente a nivel planetario pueden verse en el último informe anual de OXFAM denominado “Una economía al servicio del 1 por ciento”. En un extenso informe publicado en enero pasado (puede consultarse en <a href="http://https:/www.oxfam.org">https://www.oxfam.org</a>) esta prestigiosa organización detalla las escandalosas desigualdades y cómo el poder y los privilegios se utilizan para ampliar la brecha. Lo que sigue son algunas de sus conclusiones. En 2015, solo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas.</p>
<p>Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1 por ciento del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50 por ciento de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1 por ciento más rico.</p>
<p>Casi un tercio (30 por ciento) de la fortuna de los africanos más ricos, un total de 500.000 millones de dólares, se encuentra en paraísos fiscales. Se estima que esto supone para los países africanos una pérdida de 14.000 millones de dólares anuales en concepto de ingresos fiscales, una cantidad que permitiría financiar la atención sanitaria que podría salvar la vida de cuatro millones de niños y niñas, y contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.</p>
<p>Después de conocer estas cifras, ¿puede alguien decir y argumentar que el problema económico es la escasez? ¿Puede alguien decir que la distribución llegará cuando ese 1 por ciento derrame el excedente sobre los más pobres? ¿Puede alguien asegurar que los ajustes en contra de los sectores populares son inevitables fruto de variables macroeconómicas que estaban atrasadas?</p>
<p>La utopía neoliberal muestra una economía sin política ni historia. Una política sin lucha ni conflicto y una historia sin ideología. En definitiva, intenta imponer el pensamiento único como hegemónico, en el sentido de saturar conciencias y percepciones de la realidad. Como menciona Eduardo Galeano, “la derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin; la tranquilidad de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambriento (&#8230;) La historia (y la economía política) es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será”. Debemos acercarnos a la economía de modo intencionado, comprometido, de modo no neutral, porque en definitiva no existe nada neutral. Si pensamos a la economía desde la abundancia se abrirán nuevos interrogantes… por ellos vamos.</p>
<p>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU). Contacto: <a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></p>

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