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	<title>Cabro &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Cabro &#8211; Marcha</title>
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		<title>Entrevista al demonio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Jul 2017 03:14:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[El tiempo que nos toca]]></category>
		<category><![CDATA[Ema Cutrin]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; &#160; Texto : Ema Cutrin / Dibujo: Cabro &#160; -Te vi filmado; tomando…. -¿Ese vídeo de allá? ¿De la oficina de la calle Alem? Sí. Yo tomo merca. Yo tomé cocaína entre los treinta y los cuarenta años. Consumía ocho gramos de cocaína por día. &#8211; ¿Y esta bueno? -Sí, te deja re puesto. Imagínate la que [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Texto : Ema Cutrin / Dibujo: Cabro</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Te vi filmado; tomando….</p>
<p>-¿Ese vídeo de allá? ¿De la oficina de la calle Alem? Sí. Yo tomo merca. Yo tomé cocaína entre los treinta y los cuarenta años. Consumía ocho gramos de cocaína por día.</p>
<p>&#8211; ¿Y esta bueno?</p>
<p>-Sí, te deja re puesto. Imagínate la que tomaba yo. Yo tomaba la merca menemista. Te hacía sentir que eras un emperador romano, te comías el mundo. Algunas personas somos más débiles para soportar el mundo, nos cuesta más, nos duele más y lo acolchamos con sustancias que nos permiten salirnos de él.</p>
<p>-¿Y qué haces después de tomar? ¿Salís a robar?</p>
<p>-Y si, si alguien se pone a la pesca…</p>
<p>-¿Qué es a la pesca?<br />
-Al primero que se regala, lo achuro. Les pido a mis empleados que se pongan a laburar. Qué investiguen, que muevan contactos, que hablen con la policía, que encuentren el dato y ahí le montamos denuncias falsas, empezamos con nuestra persecución mediática, construimos y proyectamos en el imaginario social una imagen negativa, lo tildamos de drogadicto, de chorro o de puto y listo, lo demás se hace solo. Como hice la última vez con La Morsa.<br />
A los 26 años ya tenía un Pagina 12, un re diario. Y una vez me cagaron, se pasaron todos a Clarín, y yo me fui, porque esos me habían dejado afuera de una plata.</p>
<p>¿Y de qué era la plata?</p>
<p>-Se habían robado Papel Prensa.</p>
<p>-¿Y a vos te tocaba una parte?<br />
-Y a mí me tenían que dar mi parte.</p>
<p>-¿Y qué hicieron con Papel Prensa?<br />
-Secuestraron y torturaron a los herederos. Los obligaron a punta de terror a firmar la venta.</p>
<p>-¿Y a vos ahí que te dieron?<br />
&#8211; Nada. Yo estaba haciendo negocios, ahí, con un chabón. Fundamos Página 12, hasta que me traicionaron y se vendieron a Clarín. Ahí yo me fui. Al pedo, porque ahora soy el empleado estrella del Grupo.</p>
<p>-¿Y porqué robas?</p>
<p>-Y… porque quiero tener mis cosas yo también, mi cuotita de poder. Me gustó…me gustó la plata fácil. Los poderosos se la pasan choreando, así tienen lo que tienen. Mira a mi jefe sino…yo antes denunciaba lo de Papel Prensa, pero después, cuando empecé a tener mis reuniones privadas con Héctor Magnetto, estimadísimo jefe, empecé a entender mejor las cosas, no qué ahí mismo empecé a chorear eh, yo ya robaba desde antes, pero empecé a vislumbrar la manera mejor de moverse en este río de bosta, empecé a transar de forma más, digamos…profesional. Y bueno ahí empecé a chorear con noticias falsas y montadas por nuestra propia productora, es mucho más simple y lucrativo que andar denunciando los crímenes de los poderosos, y, en consecuencia, quedarse sin tajada del pastel.</p>
<p>-¿Y mataste alguna vez?</p>
<p>-¿Eh, ustedes qué me están preguntando si yo maté a alguno?</p>
<p>-Si.</p>
<p>-¿En qué medios va a salir esta nota?</p>
<p>&#8211; En ninguno. Vos y tu jefe son los dueños de todos<br />
los medios de comunicación.</p>
<p>&#8211; Ah. Cierto. ¿Y para que me preguntan?</p>
<p>-Para saber…porque sos el periodista más influyente del país y nos parecía que no era posible que hayas matado a alguien…</p>
<p>-Qué no va a ser posible, no me hacen la denuncia porque estoy avalado por el poder judicial. No hemos perdido ningún juicio hasta ahora. Averigüen. Yo matar, no mate a nadie. Fui cómplice y encubridor mediático desde mi diario de varios ataques que resultaron en una suma importante de muertos, como lo de La Tablada. Qué algunas de mis notas no están escritas con tinta sino con sangre, sí, eso es cierto, pero matar, yo nunca mate a nadie. Dios me libre.</p>
<p>-¿Y no tenes miedo de caer preso?</p>
<p>-Já. Si esos negritos de mierda que yo intento criminalizar para desviar la atención de la sociedad de las noticias que realmente les incumbe y regalarles un miedo injustificado que los llevará a aceptar la ley que mi jefe me pidió imponer, la baja de edad de imputabilidad, decía, si esos negros de mierda entran y salen de las cárceles, imagínate lo que pasa conmigo. Yo ni siquiera entro. Este país es una mierda, pero en ese sentido funciona igual que los del primer mundo. Los ricos no vamos presos.</p>
<p>-Gracias por la nota Jorge.</p>
<p>-De nada. Váyanse a la mierda. Adiós.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-36447 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/07/moño8-912x1024.jpg" alt="" width="680" height="764" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/07/moño8-912x1024.jpg 912w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/07/moño8-365x410.jpg 365w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/07/moño8-541x607.jpg 541w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/entrevista-al-demonio/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Piquetero</title>
		<link>https://marcha.org.ar/piquetero/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Apr 2017 03:16:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Quimey Figueroa]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Quimey Figueroa / Ilustración: Cabro &#160; 1 Piquetero Pobre Sucio Irrumpe el paso Dice que tiene hambre Dice que tiene hambre ¿Por qué no trabaja? Que limpie vidrios Que corte el pasto Que junte basura ¿Cuántos hijos tuvo? ¿Cuánto vino compro en la semana? Y encima desea zapatillas nuevas! Piquetero Pobre Sucio Su primer [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por: Quimey Figueroa / Ilustración: Cabro</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1</p>
<p>Piquetero<br />
Pobre<br />
Sucio<br />
Irrumpe el paso<br />
Dice que tiene hambre<br />
Dice que tiene hambre<br />
¿Por qué no trabaja?<br />
Que limpie vidrios<br />
Que corte el pasto<br />
Que junte basura<br />
¿Cuántos hijos tuvo?<br />
¿Cuánto vino compro en la semana?<br />
Y encima desea zapatillas nuevas!<br />
Piquetero<br />
Pobre<br />
Sucio<br />
Su primer hijo roba<br />
Su segundo hijo, droga<br />
Su tercera hija trola<br />
Y la moral ¡Dios Mio! ¿dónde?<br />
¿y mis derechos dónde?</p>
<p>2</p>
<p>Piqueterx<br />
Pobre<br />
Digno<br />
Sueño<br />
Me cuesta porque tengo hambre<br />
Pero sueño<br />
No tengo trabajo entonces lucho<br />
Corto<br />
Incendio<br />
El vuelto de lxs demás ya no me alcanza<br />
Mi primer hijo robó<br />
porque tenia hambre<br />
Mi segundo hijo drogó<br />
poque tenia hambre<br />
Mi tercera hija trola<br />
porque tenia hambre<br />
¿cuántas veces tuviste vos<br />
en la panza un vacio<br />
y en las manos nada?</p>
<p>Y el amor ¿dónde?<br />
¿Y mis deseos dónde?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-35374 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/04/fliapiquetera-1-1024x811.jpg" alt="" width="680" height="539" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/04/fliapiquetera-1-1024x811.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/04/fliapiquetera-1-518x410.jpg 518w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/04/fliapiquetera-1-767x607.jpg 767w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2017/04/fliapiquetera-1.jpg 1600w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">

<p><a href="https://marcha.org.ar/piquetero/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Otra economía posible: contra el ajuste, la esperanza</title>
		<link>https://marcha.org.ar/otra-economia-posible-contra-el-ajuste-la-esperanza/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2016 03:04:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[economia social]]></category>
		<category><![CDATA[Freire]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andujar* / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Durante ocho encuentros, recorrimos la economía política desde una mirada diferente, que nos aleja del puro mercantilismo y nos acerca a la de a pie, la cotidiana, la que llevamos adelante todas y todos. En esta última entrega, una mirada esperanzadora sobre otra economía posible.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>El fin de año huele a compras,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>enhorabuenas y postales</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>con votos de renovación;</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y yo que sé del otro mundo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que pide vida en los portales,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me doy a hacer una canción.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>La gente luce estar de acuerdo,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>maravillosamente todo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>parece afín al celebrar.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Unos festejan sus millones,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>otros la camisita limpia</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y hay quien no sabe qué es brindar.</em></p>
<p>Hace cuatro meses comenzamos a recorrer un camino que intentó, no sin dificultades, descolonizar la mirada sobre la economía política. Si hemos tenido algún grado de éxito, nuestros lectores y lectoras, es decir, ustedes, deberían haber acumulado nuevas preguntas y algunas, muy pocas, certezas.</p>
<p>Entre ellas pretendimos dejar en claro que cuando hablamos de economía lo hacemos siempre en referencia a la reproducción de la vida, es decir al ser humano vivo, necesitado y comunitario, que produce mediante el trabajo junto a otro ser humano lo que necesita para su existencia.</p>
<p>El problema central de la economía política no es nunca la escasez de bienes (que fue un invento teórico para legitimar las injusticias), sino las formas en que se produce, disputa y legitima la apropiación del excedente económico.</p>
<p>Nuestro intento fue dar la batalla cultural a algunas legitimaciones que sostienen y reproducen las injusticias más flagrantes, historizando lo que nos muestran como natural y humanizando los complejos modelos matemáticos a través de los cuales pretenden explicar la realidad.</p>
<p>En este sentido vimos cómo se nutren el machismo y las desigualdades de género invisibilizando y desvalorizando las actividades del cuidado y cómo nos enseñan desde chicos y chicas que los precios son el fruto del “libre juego” de la oferta y la demanda y que, por lo tanto, solo podemos adaptarnos a ellos. Pensamos al Estado como violador y a la vez garante de derechos y, por lo tanto, como espacio de disputa en sí mismo. En un mundo en el que el derrame sucede si se quiere derramar y el dinero no es sólo el facilitador del intercambio, sino principalmente fuente de acumulación y especulación, el desarrollo y el subdesarrollo se volvieron a encontrar no ya como caminos independientes sino, como diría Galeano, como derrotas que siempre estuvieron implícitas en victorias ajenas.</p>
<p>Se nos suele decir que el capitalismo es lo que hay y, más que correrlo un poco a la derecha o un poco a la izquierda, otra cosa no se puede hacer. Tal vez nos sea útil recurrir, como ya lo hemos hecho en otras oportunidades, a la historia. El neoliberalismo nos invita (nos empuja) a la inmediatez, a pensar una realidad sin historia y sin contexto. En rigor, el capitalismo como tal tiene, en el mejor de los casos, trescientos años. Escasos trescientos años de vida sobre diez mil de historia de la humanidad. Como dice Enrique Dussel, los burgueses, <em>todavía minoría</em> con respecto a la nobleza británica, hicieron la revolución inglesa a finales del siglo XVII, y <em>desde la regulación</em> del Estado implantaron el capitalismo como sistema económico hegemónico desde las <em>puntuales experiencias exitosas</em> anteriores.</p>
<p><strong>Un sector informal que puja</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Tener no es signo de malvado</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>y no tener tampoco es prueba</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>de que acompañe la virtud;</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>pero el que nace bien parado,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>en procurarse lo que anhela</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>no tiene que invertir salud.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Por eso canto a quien no escucha,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien no dejan escucharme,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien ya nunca me escuchó:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>al que su cotidiana lucha</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me da razones para amarle:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a aquel que nadie le cantó.</em></p>
<p>No serán las contradicciones del sistema capitalista, otrora inexistente y ahora hegemónico, las que produzcan su caída. Tampoco harán lo propio las luchas sociales de las y los que las sufren día a día. Serán <em>esas</em> luchas ancladas en <em>esas</em> contradicciones las que nos permitirán construir una sociedad, posible y concreta, basada en la vida, la solidaridad y la justicia como principios rectores.</p>
<p>Muchas experiencias productivas que se desarrollan en la actualidad <em>todavía en minoría</em> en relación al hegemónico sistema capitalista, algunas de las cuales tienen raíces precoloniales y precapitalistas, ponen en cuestión el consumismo, la competencia, el comercio desigual, la apropiación del trabajo ajeno, la propiedad privada liberal y la destrucción de la naturaleza. Movimientos sociales y campesinos, empresas recuperadas, formas cooperativas y comunitarias, prácticas de la llamada economía social y popular ancladas en el denominado “sector informal”, entre otras, demuestran, día a día, no desde un academicismo estéril, sino desde la práctica, que otra economía es posible.</p>
<p>Estas luchas contrahegemónicas por una economía no capitalista no pueden prescindir, dejando en manos de quien hoy está, <em>las regulaciones </em>provenientes del poder estatal.</p>
<p>Tal vez sea conveniente recordar que el poder político reside siempre en la comunidad y sólo su institucionalización es lo que denominamos burocracia estatal. El poder hacer o deshacer, proteger o desproteger, distribuir o concentrar, afectar o desafectar, que tiene la burocracia estatal es siempre derivado y nunca originario.</p>
<p>Siguiendo nuevamente a Dussel, precisamente la corrupción política, por fuera de las visiones neoliberales y mediáticas instaladas, nace cuando ese poder político olvida que es siempre obedencial (que obedece a la comunidad que se lo otorgó provisoriamente) y se cree sede del mismo, se fetichiza y se corrompe. Dicha corrupción es siempre doble, de los funcionarios que se creen sede del poder y de la comunidad que se lo permite.</p>
<p><strong>El final que es el comienzo</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Por eso canto a quien no escucha,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien no dejan escucharme,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a quien ya nunca me escuchó:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>al que su cotidiana lucha</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>me da razones para amarle:</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a aquel que nadie le cantó.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mi canción no es del cielo,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>las estrellas, la luna,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>porque a ti te la entrego,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que no tienes ninguna.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Mi canción no es tan sólo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>de quien pueda escucharla,</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>porque a veces el sordo</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>lleva más para amarla**</em></p>
<p>Parte de los procesos de legitimación del sistema capitalista consisten en fortalecer un proyecto permanente, sostenido y hegemónico de desesperanza. Los neoliberales son especialistas en presentar sus políticas de ajuste como inevitables, hay que ajustarse el cinturón, hay que aguantar, nos suelen decir. Como dice Freire, la desesperanza nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate recreador del mundo. Obviamente que la esperanza necesita anclarse en la práctica para volverse historia concreta. Sin un mínimo de esperanza, nos decía el gran pedagogo brasileño, no podemos ni siquiera comenzar el embate, pero sin el embate la esperanza, como necesidad ontológica, se desordena, se tuerce y se convierte en desesperanza que a veces se alarga en trágica desesperación.</p>
<p>No queremos ser esperanzados por pura terquedad, queremos serlo, como Paulo lo fue, por imperativo existencial e histórico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-33704 size-full" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa.jpg" alt="la-esperanzaa" width="4326" height="2706" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa.jpg 4326w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-630x394.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-1024x641.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/la-esperanzaa-810x507.jpg 810w" sizes="(max-width: 4326px) 100vw, 4326px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU) Contacto: <a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></p>
<p>** Las estrofas pertenecen a “Canción de Navidad”, de Silvio Rodríguez</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/otra-economia-posible-contra-el-ajuste-la-esperanza/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>El derrame</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-derrame/</link>
					<comments>https://marcha.org.ar/el-derrame/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Dec 2016 03:00:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[Derrame]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andújar / Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Séptima entrega del especial “Descolonizar la mirada para repensar la economía política”. En esta oportunidad, el mito del derrame.</em></p>
<p>“No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelamos a su humanitarismo, sino a su amor propio (…) En este caso, como en tantos otros, es guiado por una mano invisible para la consecución de un fin que no entraba en sus intenciones (…) Jamás he sabido que hagan mucho bien aquellos que simulan el propósito de comerciar por el bien común. Por cierto que no se trata de una pretensión muy común entre los mercaderes, y no hace falta emplear muchas palabras para disuadirlos de ella.” (Smith, Adam. 1776)</p>
<p>En la metáfora más famosa de la historia de la economía, la famosa “mano invisible” se encuentran resumidos los principios en torno a los cuales se estructuran un sin número de teorías económicas y de políticas públicas liberales y neoliberales.</p>
<p>Adam Smith, filósofo y economista escoses, inaugura en 1776 la tradición liberal de los economistas clásicos y abre un camino por el que transitarán y transitan hoy, aún con sus diferencias, las y los más acérrimos defensores del individualismo, la competencia, la meritocracia, el libre comercio y la no injerencia del Estado en los en los asuntos económicos individuales.</p>
<p>Adam Smith le habla a un público, a una tribuna que estaba esperando que le hablen de ese modo. Un sinnúmero de incipientes comerciantes e industriales ingleses reciben, en pleno comienzo de la revolución industrial un apoyo ético y económico a sus acciones. Se les dice, sin pelos en la lengua, que su egoísmo e individualismo y la acumulación de ingresos y riqueza derivada de ellos, no sólo es éticamente aprobable sino que es el camino por el cual se llega al bien común. No es apelando a nuestra solidaridad que ayudamos a los pobres y desamparados. Es a través de nuestras ganas de progresar, de nuestro amor propio en palabras de Smith, que, aunque no tengamos esa intención, ayudamos a los demás. Si un panadero ve a unos pobres y se deja llevar por su sentimiento de benevolencia (hoy le diríamos solidaridad) y les regala el pan, en unos meses de repetir esta actitud, se funde, despide a sus trabajadores y deja en la sociedad más pobres de los que había. En cambio si se deja conducir por su egoísmo y sus ganas de tener cada vez más y le va bien, no tardará en abrir una nueva panadería por la que tendrá que contratar nuevos trabajadores y trabajadoras. ¿Se imaginan quienes podrán trabajar allí? Esa es la mano invisible, la que traduce los egoísmos e individualismos, por medio de mercado, en el bienestar general.</p>
<p>En la actualidad se suele hablar de la teoría del derrame que si bien no es una teoría en sí, es la forma en que se quiere justificar la acumulación de riquezas e ingresos de parte de algunos, argumentando que de dicha acumulación provendrá, tarde o temprano, el derrame hacia las capas más bajas. Dicho derrame se traduciría concretamente en forma de nuevos trabajos derivados de las nuevas inversiones que fueron motivadas por el éxito de las anteriores, por lo tanto, se generarán nuevas oportunidades de ingresos que, de otro modo (por ejemplo mediante la intervención estatal) no hubiesen existido.</p>
<p>En principio parece bastante razonable el argumento y de hecho podríamos decir que funcionaría si se cumplen ciertos supuestos que, la teoría liberal, se especializa en invisibilizar.</p>
<p>Entre ellos podríamos destacar dos.</p>
<p>El primero ya fue discutido hace mucho tiempo pero en estos momentos hace falta recordarlo.</p>
<p>Un economista alemán Friedrich List escribía en 1841 que la famosa mano invisible de Smith suponía una economía cosmopolita. Es decir, una sociedad sin naciones. List le “recordaba” a Smith que lo que hoy llamamos derrame no se da a todos por igual sino que se realiza en el marco de una sociedad dividida en naciones en la que, a través de las relaciones no neutrales del comercio internacional, unas se benefician a costa de otras. De este modo el egoísmo del fabricante de telares ingleses beneficiará al desocupado inglés siempre y cuando pueda hacer que otras naciones compren sus telares y no los fabriquen por sí mismas. Al parecer la mano invisible, para que funcione (para algunos) debe permanecer invisible.</p>
<p>El segundo de los argumentos es que para que exista derrame, aunque parezca obvio decirlo, tiene que haberlo. Es decir, las ganancias deben traducirse en inversiones productivas nuevas, estas en nuevos puestos de trabajo y estos en ingresos suficientes, por medio de buenos salarios, que mejoren sustancialmente la situación anterior de la comunidad. Cabe recordar, en referencia a esta última relación causal, que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) viene remarcando hace tiempo que debido a los bajos salarios la disminución de la desocupación no implica necesariamente la reducción de la pobreza.</p>
<p>Más grave es aún cuando podemos constatar que el egoísmo y el ánimo de lucro puede traducir las ganancias no en inversiones productivas sino en inversiones financiero especulativas o, lo que es peor, solo resguardase y esconderse en lo que hoy llamamos “Paraísos fiscales”. Por ejemplo, en nuestro país, durante el proyecto neoliberal anterior (1976-2002) los capitalistas acrecentaron sus ganancias y su participación en la riqueza. Muy por el contrario de lo descripto por la teoría, no solo no aumentó la inversión en dicho período sino que se redujo. Rara manera de derramar ¿no?</p>
<p>Basados siempre estas premisas falsas, los liberales de antaño y los neoliberales de ahora, rechazan cualquier política pública tributaria que cobre más impuestos a quién más gana o a quien más tiene. En el debate actual sobre el impuesto a las ganancias pueden verse estas posiciones.</p>
<p>En una <a href="http://www.infobae.com/opinion/2016/11/23/contra-el-impuesto-progresivo-a-las-ganancias">nota reciente</a>, cuya lectura recomiendo para comprender más acabadamente esta perspectiva, se escribe argumentando que el impuesto a las ganancias es una penalización a la iniciativa y al progreso individual. Se cuenta el caso de Juan, un joven que consigue un ascenso que implica un aumento de salario del 29%y de cómo el Estado, a través del impuesto progresivo a las ganancias, se queda con gran parte del mismo (sólo le depositan un 20%) “desmotivando” (las comillas son mías no del autor de a nota) a este joven para ampliar su casa (supuesto destino de los nuevos ingresos).</p>
<p>Desde las ciencias sociales, entre las que se incluye a la economía, se ha demostrado una y otra vez las nefastas consecuencias de la exclusión, que produce, conserva y reproduce el sistema capitalista, no sólo son éticamente reprobables en términos de los derechos que asisten a todas las personas por el solo hecho de serlo, sino que atentan contra los procesos de desarrollo sostenidos y sustentables. Diversos son los intentos de frenar la creciente desigualdad. Por ejemplo la mayoría de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y los europeos tienen marcados sistemas tributarios progresivos. Es decir recaudan mucho más con impuestos progresivos, como el impuesto a las ganancias o la riqueza, que con impuestos regresivos, como son los impuestos al consumo, en nuestro país representado por el IVA. Si nos focalizamos en los tan elogiados países nórdicos, la progresividad aumenta mucho más. Resulta extraño que las economías más desarrolladas del mundo “castiguen” el progreso que sus logros desmienten.</p>
<p>El caso de Juan, perfectamente real en la Argentina, puede repetirse, en el mejor de los casos sólo en el 15% (hace un año era el 11%) de las y los trabajadores asalariados por una sencilla razón. El 85% restante no está alcanzado por dicho impuesto, lo que en principio parece bueno pero una mirada un poco más atenta nos alertaría sobre lo reducido que son los ingresos para la gran mayoría de las y los trabajadores. Asimismo téngase en cuenta que no estamos incluyendo al 9% de desocupados que según el INDEC hay en la actualidad para quienes las discusiones en torno al impuesto a las ganancias resultan, a todas luces, ajenas.</p>
<p>La lotería genética, (es decir dónde nacemos) afirma el filósofo liberal Rawls, determina en gran parte y de modo caprichoso nuestras posibilidades futuras que no están asociadas solamente a nuestro esfuerzo sino principalmente a nuestra suerte. En un sentido similar Paul Krugman menciona que probablemente terminemos mirando con nostalgia los inicios de siglo XXI, cuando pretendíamos que los ricos se ganaran su propia riqueza. Para el 2030, sentencia, todo será heredado, vamos a hacia una sociedad oligárquica de riquezas heredadas.</p>
<p>Ni Juan y mucho menos su empleador deben sorprenderse con la existencia de un impuesto progresivo que existía antes de tomar la decisión del aumento de salario. El aumento con el que el empleador quiso “premiar” el “esfuerzo” de Juan nunca fue del 29% sino que siempre fue del 20% libre de impuestos. Si hubiese querido valorar dicho esfuerzo con un 29% de aumento, debió haber hecho un simple cálculo y otorgar una suba un tanto mayor.</p>
<p>La imposición y profundización de sistemas tributarios cada vez más progresivos, tanto en ingresos como en riqueza, es una necesidad ética y política, si pretendemos tener alguna chance de construir una sociedad con mayores dosis de justicia social.</p>
<p>A decir verdad, para que exista derrame, hay que tener la intención de derramar…</p>
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<p><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-33431" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png" alt="derrame-circ" width="630" height="315" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-630x315.png 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-1024x512.png 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ-810x405.png 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/derrame-circ.png 1200w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-derrame/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El dinero, mucho más que moneda de cambio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[abontempo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Nov 2016 03:03:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" lang="es-AR"><b>Por Carlos Javier Andujar* /Ilustración por Cabro</b></p>
<p class="western" lang="es-AR"><i>En esta sexta entrega de nuestra introducción en términos cercanos a la Economía (que se fuerzan por alejar), revisamos la historia y surgimiento del dinero como moneda de cambio y acumulación, asumiendo que hubo y puede haber mejores horizontes.</i></p>
<p class="western" lang="es-AR">Hace mucho tuve un sueño. No sé cómo ni de qué modo quedaba a cargo del Banco Central de la República Argentina. Ustedes saben que los Bancos Centrales de los distintos países tienen a su cargo el monopolio de la emisión monetaria, es decir, que son los únicos que pueden tomar la decisión de emitir dinero. Todo pasaba por mí y nadie cuestionaría mis decisiones. Viendo los sacrificios que hacen miles y miles de familias para obtener los ingresos necesarios para la mera subsistencia (y aún así gran parte de ellas no lo logran) me propuse solucionar todos sus problemas. Teniendo el Banco Central a mi disposición, la dificultad del cómo solucionar sus problemas ya estaba resuelta, ahora me quedaba preguntarme por el cuánto. Hice muchos cálculos. Pensé una canasta básica de bienes y servicios, su costo anual, la cantidad de familias. Primero pensé en otorgarle a cada familia ese monto multiplicado por 80 años así podrían vivir sin preocupaciones (ya bastante han sufrido) por una generación. Después me pregunté porque tan solo una generación y me propuse hacer lo mismo con las futuras diez generaciones. Total, solía decirme cuando estaba solo en el Banco Central, sólo tengo que poner en circulación nuevos billetes. ¿Qué problema va a haber? Así me la pasé armando los paquetes de dinero que iría entregando a cada familia. Como se imaginarán a esta altura, me desperté mucho antes de poder recibir el agradecimiento de toda la humanidad por semejante obra de altruismo.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>¿De dónde viene el dinero?</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">El mejor modo de entender el dinero es recurrir a su historia y buscar en ella algo de su verdadera esencia.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La necesidad de inventar el dinero se debió probablemente a todas las dificultades que representaba el trueque como modo de intercambio. Se imaginan ustedes una comunidad que quiere intercambiar los tres chanchos que le sobran con otra que tiene pieles de animales. ¿Cuántas pieles equivaldrán a un chancho? Si el acuerdo es diez pieles por chancho pero solo necesito cinco ¿Le damos la mitad del chancho? ¿Qué hacemos con la otra mitad? Y si la otra comunidad no tiene pieles y sólo tiene trigo y necesita los chanchos, ¿Se los cambiamos por trigo aunque no lo necesitemos? A lo largo de la historia no es raro imaginar que algunos bienes por su durabilidad, divisibilidad, aceptación, movilidad, entre otras características empezaron a usarse como medios de intercambio y no directamente para el consumo. De este modo en los Estados Unidos, por ejemplo, las hojas de tabaco fueron dinero por doscientos años y en América del sur lo fueron los granos de café y de cacao. Ya más conocidos, el oro, la sal, la plata y otras especias y metales cumplieron perfectamente su papel de ser dinero en distintos momentos y, algunos de ellos, siguen siéndolo en la actualidad. Nótese estimada y estimado lector que todos ellos, sin excepción, tenían alguna utilidad o satisfacían una necesidad concreta. Los metales para el arte del orfebrería, los alimentos, las especias para su conservación y gusto, etc. Al mismo tiempo y en función de cada época y lugar poseían otra característica: su escasez relativa. Nadie en su sano juicio puede imaginar que entre cuatro pueblos costeros pueda funcionar la arena o el agua salada como medio de intercambio dado que cualquier pueblo podría acceder a ellos cuando quisiese sin ningún tipo de limitación.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Acumulando</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">Una vez incorporado su uso como medio de cambio, el dinero, sea cual fuere este, empezó a mostrar su otra cara, la posibilidad de funcionar como medio de acumulación. De este modo el excedente de una buena cosecha o una buena criada de animales, que antes tarde o temprano se perdía, podía acumularse en alguno de los bienes que eran utilizados como dinero. Nuevamente no es difícil imaginar por qué los metales fueron ganando lugar como dinero a otras formas que por sus características particulares poseían menos duración o divisibilidad o bien, el aumento de su producción había socavado su escasez relativa.</p>
<p class="western" lang="es-AR">El genocidio de los pueblos originarios de Nuestra América tuvo como su contracara económica en el saqueo de plata y el oro que, precisamente en esos momentos eran dinero en Europa.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La necesidad de acuñar esos metales, es decir, transformarlos en moneda, estuvo ligada al surgimiento de las sociedades estatales y al cobro de impuestos para su manutención entre otras razones. El sello de la acuñación aseguraba peso y calidad del metal que, de lo contrario, quedaba en disputa entre el “feliz” contribuyente del imperio Romano y la pericia del cobrador de impuestos. Algunos Estados aprendieron rápidamente a financiar sus guerras por el territorio adulterando la calidad de las monedas pero otorgándoles el mismo valor. El surgimiento del papel moneda, es decir de los billetes, se remonta para algunos autores al siglo VII antes de la era cristiana en Asia, lo que no es muy raro dado que, a partir de lo que se dio en llamar la ruta de la seda, representó el centro del comercio y desarrollo mundial.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Un lugar seguro</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">El desarrollo tardío de la figura del comerciante europeo, las largas rutas comerciales que duraban meses, las dificultades del transporte del oro y la plata, los riesgos de ser robados entre otras razones crearon la necesidad de que estos, los exitosos comerciantes, buscasen resguardar el oro y la plata acumulada durante sus viajes. Lo hicieron en los lugares donde existían cajas fuertes, los talleres de los orfebres. Por ello pagaban un costo por el cuidado y un papel que representaba sus tenencias. A lo largo del tiempo, la habitualidad del comercio y las prácticas hicieron que muchos comerciantes no llevasen más oro ni plata para comerciar sino solo papeles o letras de cambio que entregaban a sus proveedores como pago por sus productos. Esa letra de cambio podía ser cambiada por oro o plata yendo hasta el negocio del orfebre o se podía trasladar a otra persona como medio de pago.</p>
<p class="western" lang="es-AR">A medida que su uso se extendía los muchos orfebres fueron dejando su viejo oficio y se transformaron en prolíficos Bancos que no solo custodiaban el oro sino que también podían ahora prestarlo sin sacarlo. Simplemente tenían que emitir nuevas letras de cambio.</p>
<p class="western" lang="es-AR">El surgimiento de los Estados Nación a fines del siglo XIX trajo consigo muchas diputas por la estatización de espacios privados. Desde la educación hasta el registro de los nacimientos y defunciones, antes potestad de la Iglesia Católica. En este contexto era necesario tomar el monopolio de la emisión monetaria y no dejar que unos cuantos Bancos privados decidiesen cuánto dinero debía haber en la economía. Esto se dio de distintas formas. Por ejemplo el Sistema de Reserva Federal (el Banco Central de los Estados Unidos) es un aglomerado de Bancos privados con limitada injerencia Estatal). En la Argentina el Banco Central nació con capitales mixtos británicos y argentinos y fue nacionalizado durante el gobierno de Perón. En la China actual, es un ministerio más del poder político.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Me gustaría destacar de esta pequeña historia algunas primeras ideas. Las otras se las dejo a ustedes.</p>
<ol>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Hubo economía antes del dinero y la habrá después de él.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">El dinero tiene doble cara. Al tiempo que facilita el intercambio permite la acumulación. Esta segunda función, en un sistema capitalista ávido por ganancias, empieza a ser cada vez más preponderante. El dinero se transforma en un fin en sí mismo, se aleja de la producción y del intercambio, y genera el capitalismo financiero y especulativo que hoy destruye nuestro mundo.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Todos los bienes producidos (peras, vestidos, casas, autos) si no se usan con el tiempo pierden valor. En cambio, el dinero que no se usa no sólo no lo pierde sino que lo gana a través de los intereses. Algunos autores como Silvio Gessel escribieron ya hace más de cien años que esto es antinatural. Su teoría del dinero con fecha de vencimiento solucionaría el problema. Se las dejo como inquietud.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Lo verdaderamente importante es la producción. Sin alimentos el dinero es solo papel.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">El único y verdadero respaldo del dinero son los bienes y servicios, es decir el PIB de cada país. Los dólares no respaldan a nuestros pesos a pesar de que nos quisieron convencer hasta con leyes. Los dólares los necesitamos, en una economía internacional en dónde un país logró imponer su moneda local como moneda de cambio, para comprar lo que no producimos y necesitamos… hasta que lo produzcamos.</p>
</li>
<li>
<p class="western" lang="es-AR">Los neoliberales nos dicen que no se puede financiar el déficit fiscal con emisión y por eso proponen el ajuste permanente. Con ello desconocen años de políticas monetarias que en el corto plazo pueden ayudar a reactivar una economía.</p>
</li>
</ol>
<p class="western" lang="es-AR">Mejor que yo lo decía el economista keynesiano Galbraith. “Solamente estudiando las cuestiones en el curso del tiempo, se puede ver que aquellos que sufren la inflación anhelan una moneda estable y que aquellos que aceptan la disciplina y el costo de la estabilidad llegan a aceptar los riesgos de la inflación. Este ciclo nos enseña que nada, ni siquiera la inflación, es permanente. También aprendemos que el miedo a la inflación puede ser tan perjudicial como la propia inflación”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Sin miedo, no cedemos derechos y luchamos por más.</p>
<p class="western" lang="es-AR">*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU). <span style="color: #0000ff;"><u><a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></u></span></p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-33080 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-1024x1024.jpg" alt="dinero-marcha-2" width="680" height="680" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-1024x1024.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-180x180.jpg 180w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-119x120.jpg 119w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-55x55.jpg 55w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-70x70.jpg 70w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-114x114.jpg 114w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2-607x607.jpg 607w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/dinero-marcha-2.jpg 1200w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>

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		<title>COSMO BAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Nov 2016 03:00:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Cabro/ Ilustraciones por Gustavo Ramos &#160; &#160; Caete por las escaleras rodá por el piso escribí lo más rápido que puedas. Se subió al columpio pero no se columpiaba. Abrió la noche como una boca negra, negra, estrellada. Y las estrellas eran dientes y la boca no hablaba. Subió a la noche (pero no [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Por Cabro/ Ilustraciones por Gustavo Ramos</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caete por las escaleras</p>
<p>rodá por el piso<br />
escribí lo más rápido que puedas.</p>
<p>Se subió al columpio<br />
pero no se columpiaba.<br />
Abrió la noche como una boca<br />
negra, negra, estrellada.<br />
Y las estrellas eran dientes<br />
y la boca no hablaba.</p>
<p>Subió a la noche (pero no se anochecía)<br />
Le dolía la muela<br />
de agujero negro<br />
o de mina explotada a cielo abierto.</p>
<p>Bostezo la noche<br />
expulsando microbios, gérmenes y cometas<br />
<em>“&#8230;escribí lo más rápido que puedas si vivís en la Vía Láctea&#8230;”</em><br />
Decía la cumbia.</p>
<p>Quisiera decir que <em>&#8220;en el lúgubre bar había luces de neón&#8221;</em><br />
Pero no había.<br />
El aroma a pizza de cebolla inundó el lugar<br />
dejando una estela cósmica a su paso.<br />
El cenit lunar daba justo en el ombligo desnudo de una morocha flequillo eston<br />
que bailaba, bailaba. Y esa era toda su existencia.<br />
Paso un pibe,<br />
me dio una estampita de San Pantaleón<br />
yo le dí una figu de Astroboy</p>
<p>Dijo un borracho:<br />
<em>“la 844 es un flipper</em><br />
<em>y nuestra deambular -existencia bolas plateadas,</em><br />
<em>alucinadas. Chocando y rebotando</em><br />
<em>entre las calles y la música sonidera</em><br />
<em> como los astros del universo</em><br />
<em> o del espacio sideral.</em><br />
<em>Como los astros del universo en el espacio sideral.”</em></p>
<p><em>“Rodando, desorientados, mareados”</em><br />
Y dijo de nuevo:<br />
<em>“He venido hasta aquí</em><br />
<em>con el corazón destrozado</em><br />
<em>a bailar cumbia.”</em></p>
<p>Movimiento de caderas intergalácticos.<br />
A San la Muerte lo conocen en Corrientes y en Plutón.<br />
Yo volví la mirada a tus ojos pintados, colgados<br />
suspendidos en el universo.<br />
Y sentí la verdadera tristeza de la cumbia<br />
que sonaba alegre.<br />
Y mi corazón fue de cometa Halley<br />
y también fue un astro solitario, suspendido.<br />
No sé,<br />
después te fuiste, tus ojos y tu minifalda.<br />
Fue una relación fugaz, fugazzeta.</p>
<p>En la fracción atroz de año luz que duró<br />
me sentí solo.<br />
En medio de la nada.<br />
Mientras el universo seguía girando al compás de la cumbia.</p>
<p>Volvió a bostezar la desolada boca de la noche.</p>
<p style="text-align: right;">
<p style="text-align: right;"><em>San Francisco Solano, Septiembre 2007</em></p>
<p style="text-align: right;"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-32991 size-large" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/cosmo-bar-v-1024x512.jpg" alt="cosmo-bar-v" width="680" height="340" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/cosmo-bar-v-1024x512.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/cosmo-bar-v-630x315.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/cosmo-bar-v-810x405.jpg 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/cosmo-bar-v.jpg 1200w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>

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			</item>
		<item>
		<title>El mito de la sana competencia en la economía liberal</title>
		<link>https://marcha.org.ar/capitulo-5-la-sana-competencia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 03:00:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Marcha 10 años]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[competencia]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[economía liberal]]></category>
		<category><![CDATA[Economía política]]></category>
		<category><![CDATA[Marx]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Carlos Javier Andújar / Ilustración por Cabro</p>
<p><em>En esta quinta entrega de nuestra introducción en términos cercanos a la Economía (que se fuerzan por alejar), revisamos el mito de la &#8220;sana&#8221; competencia para aumentar la comercialización de productos. ¿Qué pasa cuando la teoría se aplica a otras instancias de las y los representantes del capital? Varias preguntas y muchas respuestas para desandar la economía desde cerca.</em></p>
<p>“Agustín Pichot, ex capitán de los Pumas, explicó que nunca hubiéramos podido ganarle a Sudáfrica si no hubiéramos tenido la oportunidad de jugar una y otra vez, con rivales del nivel de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelandia. Lo mismo ocurre con las empresas: es imposible que triunfen en el mercado global si se las protege de la competencia. Una industria protegida es tan pobre como un rugby local sin competencia internacional”, afirma Gloria Álvarez en el video número cinco de una serie denominada “Aprender Volando” de la fundación Libertad y Progreso. La serie completa, un verdadero curso sobre liberalismo económico adaptado a las nuevas tecnologías y subjetividades, puede consultarse en <a href="http://www.libertadyprogresonline.org/aprender-volando-con-gloria-alvarez/">http://www.libertadyprogresonline.org/aprender-volando-con-gloria-alvarez/</a> (Si pueden vean el video antes de continuar leyendo, son sólo cinco minutos. Adelante, las y los espero).</p>
<p>Gloria se pregunta: “¿Por qué cerramos el comercio exterior?, ¿por qué le ponemos trabas a todo lo que viene de afuera?”. Gloria se responde. “La respuesta se basa en dos mitos altamente difundidos pero igual de falsos. El primero –afirma con certeza positivista– es que es necesario proteger a la industria naciente para que aprenda cómo producir y que los que debemos pagar el costo ‘somos’ (las comillas son mías) los consumidores. Lo que no entienden es que, al igual que en el deporte, es imposible alcanzar un nivel alto de competitividad sin competir. Antes nos decían que éramos incapaces de competir con industrias más antiguas como las de Estados Unidos o Europa, que viene desarrollándose desde hace tiempo; pero ahora tampoco podemos competir con industrias que son más nuevas como los Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwan y Singapur). ¿Cuál será la excusa después?”, se pregunta Gloria con cierta indignación y suficiencia. “El resultado es que los industriales siguen manteniendo sus altas ganancias mientras que los consumidores pagan precios altísimos por una baja calidad en los productos”, completa su afirmación.</p>
<p>El segundo mito se los dejo para que lo vean ustedes, pero les anticipo que, de una manera bastante particular, llega a la conclusión de que los países periféricos (los exportadores de materias primas) se benefician de los centrales (exportadores de manufacturas) por el comercio libre, dado que el precio de las materias primas (petróleo, alimentos, etc.) es relativamente estable y el precio de las manufacturas, debido a las mejoras tecnológicas y de productividad, no para de descender.</p>
<p>Ya habrá tiempo para que en el minuto 4 afirme que la apertura de la economía no genera desempleo por la destrucción de la industria local y que sólo sucedería si lo hiciera rápidamente y no, como recomiendan los tratados de “libre comercio”, si la apertura comercial se hace de “modo más ordenado” (ambas comillas son mías y serán las últimas).</p>
<p>“Debe quedar claro que cuando uno protege a los empresarios siempre lo hace a costa de los consumidores… y consumidores somos todos. Si queremos beneficiar a la gran mayoría –termina Gloria–, es mejor que seamos los consumidores quienes nos beneficiemos de un libre comercio a precios accesibles y con productos de mejor calidad”.</p>
<p>Es interesante ver cómo las distintas afirmaciones van entretejiendo un armando discursivo que intenta hacernos establecer vínculos con la cotidianeidad y el sentido común partiendo de medias verdades que dicen más por lo que no dicen que por lo que afirman.</p>
<p><strong>Partido chivo</strong></p>
<p>Competir con equipos mejores que uno en cualquier deporte durante un tiempo largo puede ser muy provechoso para el equipo más débil si lo único que pierde son partidos. Es decir, en una competencia deportiva, el que gana sólo gana “la gloria” (que no es la conductora) y el que pierde sólo pierde el partido pero puede llevarse, como dice Gloria (ahora sí la conductora), valiosos aprendizajes para su propia formación.</p>
<p>Ahora bien, en las relaciones comerciales internacionales del mundo capitalista lo que unos ganan está directamente vinculado con lo que otros pierden. Si nuestro país vende lana cruda (recién esquilada), lo único que deja en el territorio son unos pocos puestos de trabajo mal pagos, rentas concentradas en unos pocos terratenientes y algo por el transporte hasta el puerto. En el otro país, las actividades productivas de la industria textil (hilado, lavado, secado, teñido, diseño, confección) producen y dejan riqueza allá de modo directo (puestos de trabajo, rentas y ganancias) y de modo indirecto (producción de maquinarias, servicios, investigación, vinculada a la actividad textil y a las necesidades crecientes de una población también creciente). No está de más recordar que parte de esa riqueza se realiza cuando dicho país exporta la vestimenta al otro que, por la zoncera de lo que algunos llaman “división internacional del trabajo” diría el viejo Jauretche, “ha decidido” especializarse en materias primas. El problema no son (aunque podrían serlo) los precios en que unos venden y otros compran (términos de intercambio) los bienes, sino principalmente lo que sucede cuando los producimos.</p>
<p>A Gloria en particular y a los liberales en general les encanta hacernos pensar que la sociedad está formada por consumidores y productores, y que la competencia entre productores y consumidores es lo mejor que nos puede pasar. Habría que recordar que, como bien explicó Marx hace ya casi 150 años, el fetiche de la mercancía implica mostrar una parte como el todo. Fetiche es, entonces, pensarnos sólo como consumidores y consumidoras y no como trabajadores y trabajadoras. ¿Por qué insistirán los liberales en esconder las relaciones sociales que se dan en los procesos productivos? ¿Será porque si entramos en ellas nos encontraremos con explotación, alienación y desigualdad? ¿Será que la “sana competencia” que se da para conseguir un puesto de trabajo genera en los que pierden algo más que un aprendizaje?</p>
<p>Por alguna razón similar, el liberalismo económico piensa un mundo sin clases sociales, en donde todos y todas somos hermanos y hermanas o consumidores y consumidores que, a partir de sus marcos referenciales, son más o menos lo mismo; y nos presentan, como en el video, ideas universales sin historia.</p>
<p>Como ya he afirmado anteriormente, la economía política es historia y en ella tenemos que agudizar nuestra mirada si queremos comprender por qué en el desarrollo de algunos países se encuentra implícito el subdesarrollo de otros. El saqueo y el genocidio de Nuestra América impulsaron, permitieron y consolidaron el desarrollo del capitalismo europeo. El proteccionismo inglés (y no el libre cambio) le permitió industrializarse. Lo mismo sucedió en Alemania y Estados Unidos, que crecieron al amparo del proteccionismo mientras que los ingleses, ya desarrollados, levantaban las banderas del libre cambio (al igual que hoy hacen Alemania y Estados Unidos). A liberales de antaño como a los de ahora les gusta nombrar países pero poco nos dicen de ellos. Gloria prefiere obviar la historia de Hong Kong y tampoco nos dice que su “apertura económica”, como la de Singapur, radica en que ambos son países muy pequeños, ubicados estratégicamente y que se dedican a reexportar. Es decir, a importar para después exportar. ¿Podremos todos los países hacer lo mismo? También “olvida” que Taiwán y Japón restringieron severamente toda inversión extranjera hasta que sus industrias estuvieron desarrolladas o la contundente presencia Estatal en el proceso industrialización de Corea.</p>
<p>Tal vez podamos, para finalizar, ser más liberales que los liberales por un ratito. Si como dice Gloria, la apertura económica y el libre cambio no provoca desocupación y sólo trae beneficios y desarrollo para todos los países, estará de acuerdo conmigo en que, en nombre de la libertad y el progreso, podamos globalizar no sólo las mercancías sino también a las personas y permitir libremente las migraciones en búsqueda de un porvenir mejor… ¿No era sana la competencia?</p>
<p>Tal vez, sólo tal vez, la competencia sea sana y buena&#8230; cuando gane yo.</p>
<p>* Docente. Integrante del Colectivo  Educativo Manuel Ugarte (CEMU) / <a href="mailto:fliaandujar@gmail.com">fliaandujar@gmail.com</a></p>
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		<title>Ya esta pasando (segunda parte)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Oct 2016 03:00:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Catz]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Por Fernando Catz/ Ilustraciones por Cabro &#160; &#8211; I I &#8211; Es raro cómo funciona la cabeza. Al acercarme al primer objetivo, mi mente estaba tan desierta como la calle húmeda esa madrugada. Mientras rompía el candado no pensaba en lo que iba a hacer. Lo había repasado una y otra vez los días [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Por Fernando Catz/ Ilustraciones por Cabro</em></strong></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; I I &#8211;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Es raro cómo funciona la cabeza. Al acercarme al primer objetivo, mi mente estaba tan desierta como la calle húmeda esa madrugada. Mientras rompía el candado no pensaba en lo que iba a hacer. Lo había repasado una y otra vez los días anteriores. Cuando conseguí abrir la puerta oxidada, aparecieron las palabras de Mariano. Yo avanzaba por las alcantarillas (o debería decir cloacas, al fin y al cabo no soy una tortuga ninja) y la conversación se fue filtrando entre los olores de las aguas servidas.</p>
<p style="text-align: left;">-Vos sí que te tomás al pie de la letra lo escatológico… Escatología viene de escathos, que en griego significa lo último. En la teología se llama así a la doctrina de que la historia tiene un sentido, y un punto de llegada. Unos marxistas críticos se arrepentían de haber tenido una versión atea, en la que la humanidad se dirigía a un paraíso terrenal. Walter Benjamin también cuestionaba esa visión optimista de la historia, decía que la tragedia se derrumbaba sobre nosotros todo el tiempo. Pero él rescataba la cosa mesiánica. Vos sos como ese ángel de la historia, que quiere detenerla y no sabe cómo…</p>
<p style="text-align: left;">-Qué interesante lo que decís. Mirá, anotámelo acá en esta servilleta, la verdad que ahora no puedo entender nada de eso. La cabeza me da vueltas.</p>
<p style="text-align: left;">Tenía que replantearme los caminos que me había trazado. No podía avanzar. Los caños estaban taponados, clausurados o simplemente no coincidían con los planos viejos que le había comprado a un empleado en edad de jubilarse. Mientras tanteaba en lo oscuro y me resbalaba en el musgo o quién sabe qué, no me preocupaba por nada de lo que vendría después: las explosiones, la podredumbre invadiendo todo, las epidemias, el caos y la necesidad de unirse para sobrevivir.</p>
<p style="text-align: left;">Entre los reflejos de la linterna y el susurro de las corrientes fue apareciendo en detalle aquel momento sentados en la barra. Una conversación de borrachos no se sabe cómo empieza ni dónde termina, a veces ni siquiera cómo salta de una cosa a la otra. Sin embargo, tiene un sentido, que va más allá de la confusión de los participantes. Es la charla ideal, el summum del arte de la conversación. La esfericidad de la charla alcohólica hace que se pueda subir por cualquier lado, en cualquier momento, como una calesita que no para. Pero esa no era cualquier charla con cualquier borracho. De hablar generalidades pasé a increparlo y suplicarle ayuda, a medida que me dí cuenta de que lo conocía de antes.</p>
<p style="text-align: left;">-Yo ya no sé qué hacer. Intenté todo. Primero pensé que no podía ser el único, busqué gente que se hubiera dado cuenta, que estuviera más preparada que yo. Intenté con gnósticos, metafísicos, investigadores de complots, alquimistas, cabalistas. Algunos eran locos, otros estafadores, a lo sumo hacían negocios new age con sus creencias superficiales. Vos me tenés que ayudar. Yo no sé hablar, convencer. Alguien tiene que hacer algo. Yo tardé en darme cuenta, nos pasa enfrente de las narices a todos… Pensé que ustedes lo entendían, con sus anuncios del derrumbe del capitalismo…</p>
<p style="text-align: left;">-Pará, ¿ustedes quiénes? A quiénes le estás hablando, si acá estoy yo solo…<br />
-Bueno, me entendés, los zurdos, los comunistas.</p>
<p style="text-align: left;">Estaba cambiado, parecía quince años más viejo. Estaba vestido igual de desprolijo. Era la cara lo que era diferente, los ojos se le habían apagado. La lengua se le fue soltando, regada por el vino de oferta, hasta volver a ese estilo entre una clase y una arenga. Hablaba como haciendo una larga broma filosófica que yo no entendía, y en esos momentos la cara se le iluminaba. Ahí reconocí al jovencito altanero que me había cruzado unos meses antes. Fue después de la revelación, cuando yo estaba hiperactivo. Iba a tientas pero la desesperación me movía. Me había pasado ese día leyendo en la biblioteca de la universidad desde su horario de apertura. Se me acercó un tipo y me dijo que tenía que irme, que iban a cerrar. La universidad estaba con huelgas por unos recortes presupuestarios. Salí embotado, perdido en mis pensamientos. Sin darme cuenta terminé en medio de un torrente de jóvenes. Era una asamblea estudiantil. Algunos sentados, otros parados, formaban un gran círculo en torno a un megáfono sobreexigido. Se acumuló un ambiente de pasión y ansiedad donde descifraban atentos las proclamas y denuncias. Se atacaban unos a otros, competían en la radicalidad de sus propuestas, desnudaban los síntomas de la crisis mundial. Insistían en echarse mutuamente culpas, el clima se iba enardeciendo. Descubrí que cualquiera podía anotarse para hablar y lo hice, quedé en el lugar cuarenta y seis. Reescribía en mi mente el discurso que iba a dar frente a cada nueva intervención. Temí perder mi turno cuando explotó una rencilla, mociones de orden cruzadas, cánticos y amagos de trompadas.</p>
<p style="text-align: left;">Ahí me llamaron para tomar la palabra. Mi aspecto desentonaba, me miraron con sospechas y se hizo poco a poco silencio. “Todos tienen razón. La crisis económica, el hambre, la desocupación, la represión, las guerras, la corrupción, son expresiones de un mismo mal”. Un comienzo de aplausos me envalentonó. “El desafío que se nos presenta es demasiado grande si no somos capaces de unirnos”. Esa mayoría silenciosa y dispersa entre los convencidos, se agitó aprobando mi muestra de sentido común. “Estamos en la última etapa de lo que conocemos. Estamos frente al fin, el fin del mundo.”</p>
<p style="text-align: left;">La asamblea estalló en aplausos. No eran de aprobación sino una ovación de burla. Risas, chiflidos y gritos irónicos de festejo. Conseguí unir a la masa, aunque fue para despreciarme. No era un servicio de inteligencia como alguno pensó al principio sino nada más un loco. Salí rápido por un costado, confundido. En mi cabeza se amontonaban los pensamientos: “Está bien, ahora son felices, pueden aprobar su huelga estudiantil. Qué se les puede pedir, son jóvenes, son ingenuos. Yo, mientras tanto, ¿qué puedo hacer frente a la terrible nueva que llevo?”.</p>
<p style="text-align: left;">-Vos tenés experiencia, tenés que ayudarme a sumar a los que son como vos, saben organizarse, estudiaron&#8230; ¿Cómo no se dan cuenta de que el problema es otro? A la gente no le importa que denuncies el capitalismo porque eso es lo que les gusta. Pero nadie quiere que todo se acabe. Yo siempre fui un tipo normal, o sea, nunca me metí en nada raro, me dediqué a laburar, tener mi pareja, mejorar en la medida de lo posible…</p>
<p style="text-align: left;">-¡Vos sí que pasaste de integrado a apocalíptico!</p>
<p style="text-align: left;">-No entiendo de qué te reís…</p>
<p style="text-align: left;">-No importa, era una broma por el título de un libro.</p>
<p style="text-align: left;">Después de esa asamblea, por primera vez me atrapó la desesperación. Saber que el mundo acababa me puso frente a la urgencia, sin embargo, siempre pensé que alguien podría conseguir pararlo. Ahora sentía que no podía quedarme de brazos cruzados pero ya no sabía qué hacer. Empecé a vagar por las calles. Me hice habitué de los bares de borrachines, tenía un circuito que estaba cerca de las estaciones de trenes. La plata empezó a irse cada vez más rápido, nada más en escabio, el que tomaba y el que convidaba.</p>
<p style="text-align: left;">No me asombró cuando un tipo se sentó al lado mío en uno de esos bolichitos sucios y siempre abiertos. Tampoco que en seguida estuviéramos compartiendo las bebidas que pedíamos alternadamente. De a poco noté que el que me tiraba la lengua era el pibe que conducía esa asamblea.</p>
<p>-Ves, vos sabés de libros, yo nada más leí cosas de internet, qué sé yo, las cosas pasan enfrente de todos, hay que conectar un poco, hacer dos más dos… ¡Aunque sea que se den cuenta! ¿Vos te creés que yo quiero hacer esto? ¿Que me siento bien? Si pudiera ser parte de algún tipo de congregación… Estoy desesperado, ¡hagamos algo!</p>
<p>-Bajá un cambio, amigo, que porque me apures o nos inmolemos ahora mismo no va a cambiar nada. Si en el fondo, ¿qué somos? Dos fisuras, mirá alrededor. ¿Le llamamos la atención a alguien acá? No, porque somos dos perdidos más. Así que tranquilizate, acá estamos en pedo charlando, con estas botellas vacías- agarró una en cada mano y las movió como si estuvieran bailando.</p>
<p>-Bueno, dale, ok, somos intrascendentes.</p>
<p>-Despreciables, esa es la palabra. Matemáticamente hablando, ¿no?</p>
<p>La risa de Mariano me daba bronca, pero al mismo tiempo le tenía respeto. Por lo menos el que uno tiene cuando necesita aferrarse a alguien como la única salvación posible. Me puse a mirar el televisor para sacarle la vista de encima y tragar la bronca. Después me distraje con los borrachines del bar que gritaban las jugadas del partido y se hacían burlas que a veces yo no entendía. Ahí escuché un sollozo. Mariano estaba masticando el llanto adentro de su brazo doblado.</p>
<p>-En el fondo tenés razón, viejo. No creo nada de esas cosas religiosas. Igual es verdad, no hay salida, es el fin, el fin. Yo intenté tirar a mi grupo a algo más práctico, empecé a hacer propuestas que se salían del cotillón tradicional. La gente prefiere mantener su identidad, sus banderitas, eslogan, a jugársela. Cuando propuse otra cosa, me echaron. ¿Cómo te hacés militante? Conocés a alguien donde estudiás o laburás. Empezás a participar de alguna actividad, te sumás a un colectivo. Construís una imagen de vos, una cultura común, compartís lugares, música, maneras de vestirte. Le dedicás cada vez más, tus amigos, pareja, tiempo libre, todo pasa por eso. En un momento, ahí es donde estás vivo. El resto es como dormir, algo necesario pero afuera de lo vivido. La realidad es en lo nuevo. Ahí te sentís despierto, el resto es sueño. Y un día eso se acaba. Se siente como la muerte en vida. ¿Quién va a poder entenderte?</p>
<p>Cuando armaba la primer carga, no prestaba atención, nada más lo hacía, mecánicamente. Sí aparecía esa charla como si fuera una película proyectada desde adentro de mi nuca. Rociaba los catalizadores sobre los cartuchos, les insertaba los detonadores e imaginaba a mi lado a Mariano, como ese día en el bar, divagando borracho, dándole vueltas al tema, mientras yo asentía de vez en cuando y mi cabeza iba por otros caminos.</p>
<p>-Pueden ser verdad tus profecías, no tengo manera de saberlo. Da igual. Una vez que estás adentro de eso, que lo sentís, cosas como la plata, el tiempo, el cálculo de interés o por lo menos de supervivencia, conveniencia digámosle, parecen chiquitaje. Si ese vivir verdadero se evaporó, no queda otra que resignarse, reconstruirse de algún modo, como si nada hubiera pasado. Pero hay algo que no se va, la sensación de que esto, lo que queda, no es real, sigue siendo ensueño, engaño, que no estoy acá para vivirlo. Entiendo entonces a los que quieren inmolarse, es una forma que te hace creer que sos menos cobarde al suicidarte.</p>
<p>No era casual que pensara en esa conversación. Capaz los momentos clave de la vida de un hombre no son cosas como su graduación o su matrimonio; esas son el resultado de otro momento anterior, perdido entre sus cosas cotidianas. Encontrar el punnto donde cambió de rumbo nuestra vida es como cuando estás de resaca y querés saber cuándo te tomaste la copa de más. No importa que la conversación que se aparecía en mi cabeza no fuera exactamente como fue ese día con Mariano. Capaz era una reconstrucción mía, una manera de racionalizar, acostumbrado a mis diálogos solitarios… No, no es locura, es una forma diferente de entender, cosas que exceden la mente humana y aparecen así, como una iluminación, una noche en un bar de Constitución.</p>
<p>Y entonces, ahí estaba, poniendo la tercera carga. Sin elucubrar. Aunque estuviera agitado, empapado. En un caño me había encontrado con un montón de basuras que me obstruía el paso. Cuando lo pisé, noté que era alguien durmiendo. Los golpes chapotearon en la oscuridad. El linyera tampoco debía sentir ya los olores ni los pensamientos. No sé si respiraba cuando lo dejé.</p>
<p>En la antigüedad, cuando llegaba un mensajero con un mal presagio, se lo sacrificaba. Hoy nos llegan juntas todas las noticias posibles, las buenas, las malas, las falsas. Cada uno elige, a la verdad se la mata ignorándola. Me sentía como un vidente del presente. ¿Cómo diferenciar a un devoto sin iglesia de un psicótico? Una persona que alucina es un loco, miles son una religión. No me pregunto qué los diferencia, sino cómo hacer para pasar de una a otra. Fracasé en el camino “hazlo tu mismo” del movimiento milenarista. No me daba para profeta, menos para mesías.</p>
<p>Y sí, no quedaba otra. Intenté la mística, la concientización, la militancia. Ningún camino era suficiente. Había que abrir uno nuevo en la montaña. Y había que hacerlo con explosivos. Nada es demasiado cuando el fin del mundo se avecina. ¿Cómo podía conmover a la gente, abrirles los ojos? Si estábamos tan hundidos en la mierda que ya no le sentíamos el olor… Así tuve la idea. Volar a la mierda la propia mierda, hundirnos en ella, hasta que nos tape, hasta que no podamos mirar a otro lado. Investigué las redes cloacales. Me infiltré, soborné para conseguir los planos. Indagué cómo fabricar explosivos, planifiqué cada detalle.</p>
<p>Cuando estaba a doscientos metros, activé los detonadores. No fue nada del otro mundo. Llegué a escuchar un eco y ver que salpicó polvo y porquería. Al otro día los diarios se estarían preguntando quién había puesto bombas en puntos clave de los desagües cloacales de la ciudad. Dos días después los excrementos empezarían a inundar la ciudad. A la semana se reportarían las primeras plagas, y al mes, como un castigo divino, las epidemias iban a diezmar a la población. Si para ese entonces encontraban alguna pista, ya les habría perdido el rastro. Rocié con nafta los libros, los dvds, el colchón. Armé la torre del yenga y apenas la vi prendida fuego. Me fui del departamento en llamas para no mirar más atrás.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; I I I &#8211;</strong></p>
<p>Miro los rastros del fuego en el parquet. No se extendió mucho. Creía que nunca iba a poder volver. Pasé varias semanas cambiando de lugar, escondiéndome. Esperé en vano las noticias del atentado. Tampoco hablaron de los desbordes de las cloacas, menos de muertos o epidemias. Pensé que mantenían todo en secreto para no perjudicar la investigación, o que evitaban alarmar a la población. Pasó el tiempo y empecé a relajar la clandestinidad. Nada indicaba que me estuvieran buscando. Tal vez fue porque el fin estaba tan cerca que tuvieron preocupaciones mayores. Tal vez, tenía que hacerme cargo. Era un inútil para eso.</p>
<p>Los planos que tenía estaban desactualizados, puede que algún explosivo fallara. No creo que las cosas salieron muy distintas de cómo las había planeado, pero los efectos no se notaron. No hubo mucha diferencia con respecto al descontrol anterior.</p>
<p>Con el diario del lunes es fácil ver mis equivocaciones. El terrorismo busca desestabilizar, cansar. Yo buscaba concientizar, racionalizar. El camino del conocimiento, del agrupamiento, de la comunión. Con compromiso o torpeza, llevé la acción a fondo. En vez de iluminar, le dí oxígeno al encandilamiento, legitimidad a los que mantienen la normalidad. O sea, a los que aceleran el desenlace. Crear desorden no sirve dentro del desorden. No hay nada más estable que el caos.</p>
<p>Ya no espero el fin. No el fin del mundo. Se transformó en rutina. No hablaría de eso ni en el ascensor. Aún si hubiera ascensores, y alguien tuviera ese tipo de charlas. Tal vez espero algún final para mí. Si todavía me moviera la desesperación, me suicidaría. Pero ni siquiera eso. Capaz si alguien me mata, o por accidente se derrumba el piso y me traga la tierra, se acabe lo peor, el tedio.</p>
<p>Hoy fue la excepción, hubo algo que me descolocó. Intenté abrir mi juego preferido. El servidor estaba fuera de línea. Nunca más va a hacer caer caramelos infinitos sobre los tableros de nadie. Consiguió sacarme una puteada. No más que eso. Me enojé un poco conmigo mismo por no haber bajado una versión para instalar en la computadora cuando todavía era posible. No me duró mucho, supe que era señal de que las cosas iban a terminar muy pronto, en particular, la energía eléctrica. ¿Pero cómo iba a aguantar este tiempo que quedaba?</p>
<p>Me asomé a la ventana y disparé unos tiros a los que pasaban. No notaron la diferencia. Creo que no le acerté a ninguno, no era fácil darle con el revólver a las personas que corrían a lo lejos. Más bien sirvió como termómetro del estado de las cosas.</p>
<p>Me senté en el sillón, con el arma colgando de mis dedos. La balanceaba mientras pensaba qué podía hacer. Escuchaba ruidos de afuera. Gritos, sirenas, vidrios rotos. Sólo uno me importaba. Me taladraba la cabeza el ladrido del perro. Me asomé de nuevo y le emboqué al primer tiro. Volví al sillón pensando que tal vez fue un acto de caridad.</p>
<p>Las estructuras cedían a su propio peso y la gente corría como hormiguero pateado. A mí no me importaba. Nunca pensé que el apocalipsis iba a ser así: aburrido.</p>
<p>Había intentado avisar. Fue un fracaso. No servía de nada aunque me hubieran escuchado. Todo es inútil, hace mucho lo era. Tal vez desde el principio lo sabía. ¿Pero cómo iba a quedarme de brazos cruzados? ¿Y sobre todo, cómo todos iban a quedarse sin hacer nada?</p>
<p>Pensé que hacía falta un verdadero Iniciado, un Mago Rey, un Alquimista con la capacidad de sintetizar el Oro, La Vida, una Realidad nueva, consistente. Yo no quise hacerlo, sabía que no contaba con las condiciones. Igual tuve que probar, alguien tenía que intentarlo, muchos tal vez. Ojalá al menos muchos hubieran fracasado. La caída es el camino al aprendizaje, en la búsqueda aprendemos que somos un escalón para que un día algún otro llegue a la sabiduría.</p>
<p>Una vez encontré a uno. Alguien con poderes verdaderos. Estafaba a la gente. Les hacía creer que era un ilusionista, les vendía su magia en la calle. Eran trucos falsos. La gente compraba el secreto para reproducir la ilusión. Nunca funcionaban, porque no había truco. Él realizaba milagros reales. Lo esperé aparte, me acerqué ansioso. Con entusiasmo le hablé:</p>
<p>-¡Sos un mago verdadero! ¿Por qué no usas tu magia para enfrentar al derrumbe?</p>
<p>-Yo no creo en nada verdadero. El Verdadero Amor, el Verdadero Bien… Nada de eso existe. Lo único verdadero, sin mentira, cierto y verísimo, es la transmutación. Las cosas de arriba son como las de abajo, con ingenio querés separar lo sutil de lo grosero, subís y bajás, y al final lo etéreo es vencido y penetrado lo sólido.</p>
<p>Está pasando. ¿Cómo vivir así? Aceptarlo tal vez es dejar de sostenerlo.</p>
<p>Sólo me queda escribir. De entre todas las cosas inútiles que se pone a hacer la gente frente al fin de la humanidad, yo elijo tal vez la más idiota. Aún así, para mí funciona. Está claro que no es para dejar un mensaje ni una huella, porque nada ni nadie va a sobrevivir. No va a haber lectores. Tampoco críticos. Nada de éxito o fracaso. Ni siquiera hace falta terminar algo. No hay utilidad ni verdad ni belleza. ¿Un gesto de libertad? ¿De humanidad? ¿El último? ¿Es una manera de expulsar los sentimientos, procesarlos? Nadie más da razones de lo que hace, simplemente es tarde para que algo tenga sentido. Escribo porque ya no me sale hacer ninguna otra cosa. Porque es lo último que sale de mí. Hacer tiempo hasta el desenlace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-32470" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapass.jpg" alt="yastapass" width="2993" height="2744" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapass.jpg 2983w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapass-447x410.jpg 447w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapass-1024x939.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapass-662x607.jpg 662w" sizes="(max-width: 2993px) 100vw, 2993px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podes leer mas del autor en  <a href="https://www.facebook.com/yaestariapasando/?fref=ts" target="_blank">Ya esta pasando</a></p>

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		<title>El Estado como arena de lucha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Oct 2016 03:01:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Andújar]]></category>
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					<description><![CDATA[Descolonizar la mirada para repensar la economía política]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Javier Andujar*/ Ilustración por Cabro</strong></p>
<p><em>Cuarta</em><em> entrega de la serie de miradas cercanas sobre lo mitos de la Economía (con mayúsculas) para acercarnos a su terminología tanto como lo estamos de las consecuencias de sus decisiones.</em></p>
<p>Llueve. Por la ventana del viejo bar se ve la plaza inundada. Sólo algunas palomas aprovechan los charcos para bañarse. Algún vecino, que se cansó de esperar que le toquen el timbre para preguntarle qué opina sobre la gestión del gobierno, desafía la lluvia y atraviesa la plaza en busca de la verdulería que se encuentra en frente. En el bar, tres viejos amigos discuten mientras esperan que les traigan las tostadas con mermelada y manteca que pidieron. “El Estado no debe intervenir en la economía”, dice Federico, “cuanto menos Estado mejor, lo único que puede aportar es ineficiencia y corrupción”. “El Estado, como dice el presidente”, sentencia con fuerza de ley física, “tiene que marcar la cancha y poner las reglas, los jugadores somos nosotros, tenemos que hacernos cargo de nuestra libertad y de las consecuencias de nuestras decisiones”. “Para un poco”, le retruca Luis, que no deja ocultar su enojo y su barba incipiente. “Los Estados nacionales nacieron junto al sistema capitalista y lo único que hacen es sostenerlo y reproducirlo. Esa cancha de la que habla tu presidente está inclinada para un lado. Asegura y conserva privilegios para unos, los menos, gracias a las penurias de la mayoría. No me vengan con cuentos a esta hora de la mañana”. “Paren un poquito”, interrumpe Domingo, “siempre tan extremistas ustedes. Yo conozco Estados que otorgaron derechos a los débiles buscando la justicia social, el tema es que otros no los dejaron. Muchas veces los sacaron por las armas y otras por la urnas, lo que… “¿Yo extremista?” Interrumpe Luis, “en el mejor de los casos, vos sos un ingenuo…” La llegada de las tostadas, la mermelada y la manteca, permiten poner paños fríos a la discusión. Pedro, el mozo, con voz cansada pero firme, dice: “señores, déjense de discutir, al fin de cuentas, “el Estado somos todos” y, con andar cansino, se retira.</p>
<p>Recorro la historia reciente de nuestra Argentina y pienso en voz alta. El Estado Argentino mató, desapareció, robó niños y niñas, en forma sistemática durante la última dictadura militar. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En los noventa, privatizó empresas públicas, desreguló la economía, quitó derechos laborales. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En los últimos años el Estado volvió a estatizar empresas, otorgó subsidios a las y los más pobres, levantó la bandera de los Derechos Humanos con hechos concretos, aumentó significativamente el presupuesto de educación, en definitiva, restituyó derechos. Pero también mantuvo los privilegios de las empresas mineras y de los Bancos, siguió recaudando impuestos de modo regresivo (es decir a través de los más pobres) y, si bien discursivamente la enfrentó, siguió violando derechos a través de la violencia institucional. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. En la actualidad el Estado disminuye el presupuesto de ciencia y técnica y los fondos a las universidades, aumenta las tarifas de los servicios públicos a las familias al tiempo que baja los impuestos a las grandes exportadoras, devalúa la moneda y toma deuda externa “en nombre de todos y todas”. ¿Es eso el Estado? Sí lo es. Entonces ¿Qué es el Estado?</p>
<p>El Estado no es una cosa. No lo podemos tocar. Es una relación social de dominación que puede ejercerse gracias al control de ciertos recursos.</p>
<p>El primero de los recursos es el control sobre los medios de coerción física. Normas, jueces, policías, fuerzas armadas, cárceles, etc., integran, entre otras instituciones, el monopolio del uso de la coerción física por parte del Estado. El segundo es el control de los recursos económicos. Si bien claramente en la actualidad existen múltiples actores que poseen mayor poder económico que ciertos Estados (el patrimonio de ciertas empresas duplican y triplican el PIB de muchos países), la facultad de establecer impuestos y realizar gastos, es un rasgo distintivo de los Estados modernos. En tercer lugar, una relación de dominación puede basarse en el control de recursos de información en sentido amplio, incluyendo los conocimientos científicos tecnológicos. En este aspecto, al igual que en el anterior, los Estados “compiten” con las empresas. Negar la capacidad que en la actualidad tiene Google, u otras empresas tecnológicas en el dominio de la producción y circulación del conocimiento y la información, sería necio. A pesar de ello, la existencia y control sobre los sistemas escolares y las Universidades públicas, el control sobre la energía nuclear, los institutos científicos tecnológicos estatales entre otras instituciones, resisten, con resultados diversos, lugares de privilegio en la producción y circulación del conocimiento conseguidos, en otros momentos históricos. Épocas que, tras la revolución tecnológica del último cuarto del siglo pasado, nunca volverán a ser iguales. El último aspecto de una relación de dominación es el control ideológico, mediante el cual los dominados perciben como natural la relación de dominación y no la cuestionan, es más, al no verla como dominación ni se preguntan por ella. Habría que agregar que la amplia mayoría de los Estados en la actualidad tienen sesgo capitalista, es decir que, a través de dicha relación de dominación, defienden y naturalizan la relación capital-trabajo (la mayoría de las personas no tiene otra alternativa que vender “voluntariamente” su fuerza de trabajo a otras que tiene la capacidad para comprarla) como la única forma posible de organización social.</p>
<p>El Estado no es una cosa pero su materialización se concreta a través de la burocracia estatal, que no es otra cosa que el conjunto diferenciado de instituciones y marcos normativos que condicionan las prácticas de los funcionarios a través de procedimientos y la definición formal de competencias y roles. Son Estado, la Ley Nacional de Educación, las Escuelas, y las y los maestros. Son Estado, la Constitucional Nacional, el Congreso y las y los diputados y senadores.</p>
<p>Lo dicho hasta aquí tendría sólo un sentido descriptivo si no incorporamos a la política. Lo que es Estado, lo que no lo es y lo que debería ser, es siempre una lucha política e histórica. Esa lucha se centra en definir qué es, en cada momento y lugar, es decir, de modo situado, el bien común que el Estado dice encarnar. En la disputa por el significado del bien común y su materialización en las políticas públicas que lo concreten, puede verse (aunque algunos prefieren esconderse) como los distintos actores sociales intentan movilizar recursos materiales y simbólicos para que sus intereses sectoriales sean considerados “parte” de ese bien común. Lo hace la Iglesia Católica pretendiendo que su forma de entender lo que es la vida sea la de todos, lo hacen los agroexportadores reteniendo granos para forzar una devaluación, lo hace un gobierno nacionalizando los fondos de jubilaciones y pensiones que otro proyecto político había privatizado previamente. Lo hicieron en 1995 los petroleros despedidos que, en Cutral-Co, cortaron una ruta o las y los estudiantes que recientemente tomaron las escuelas. Una sociedad productora y reproductora de desigualdades como lo es la sociedad capitalista construye también desiguales relaciones de poder en torno a la disputa por el bien común pero, de ninguna manera, dicha asimetría escribe la historia de una vez y para siempre. El Estado como el capitalismo son producto de la historia de la humanidad y esa historia es una historia de luchas.</p>
<p>Tal vez sea necesario recordar para finalizar que, como dice Enrique Dussel, el poder político reside siempre en la comunidad y no en la institucionalización de ese poder que es el Estado. Es la comunidad quien se lo otorga de modo provisorio y temporal para que lo utilice en pos del mandato recibido. Esto es lo que dice el Subcomandante Marcos cuando proclama, con palabras y hechos, “Acá se manda obedeciendo”. El poder político institucionalizado debe ser obediencial, es decir, debe obedecer el mandato de la comunidad que se lo otorgó. De lo contrario es corrupto y la corrupción es doble, tanto del mandatario que se cree sede del poder como de la comunidad que se lo permite.</p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-32419" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-503x410.jpg" alt="mambito-2" width="601" height="490" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-503x410.jpg 503w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-1024x834.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/mambito-2-745x607.jpg 745w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" /></p>
<p><strong>*Docente. Integrante del Colectivo Educativo Manuel Ugarte (CEMU)</strong></p>

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		<title>Ya esta pasando (primera parte)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Oct 2016 03:00:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Cabro]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Catz]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fernando Catz /Ilustraciones por Cabro &#8211; I &#8211; Recién me pongo a pensar en cómo fue que me di cuenta. Ahora que no queda nada por hacer. Algo andaba mal. Lo sentía. Al principio no me daban bola, ni siquiera yo mismo. Claro, en ese momento nadie estaba bien. El país caía en la [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong>Por Fernando Catz /Ilustraciones por Cabro</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; I &#8211;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Recién me pongo a pensar en cómo fue que me di cuenta. Ahora que no queda nada por hacer. Algo andaba mal. Lo sentía. Al principio no me daban bola, ni siquiera yo mismo. Claro, en ese momento nadie estaba bien. El país caía en la crisis como un ladrillo que se hunde en el mar hasta que se pierde en lo turbio. Pero no era eso. Estábamos acostumbrados. Había algo más. Tardé mucho en entender qué era.</p>
<p style="text-align: left;">Empecé yendo a médicos. Los estudios no reportaron nada. Los psicólogos y psiquiatras no conseguían aislar el problema. No era depresión, ni locura, ni obsesión. Nada que me preocupara, ningún trauma. Fui a todos los especialistas hasta terminar la cartilla de la prepaga. Tenía la esperanza de que alguno encontrara algo, me dijera: tiene este mal, tome esta pastilla. O: es incurable, le queda un año de vida. Cualquier cosa, saber qué era, qué me iba a pasar. Algo para echarle la culpa, alguien al que delegarle las decisiones sobre mi vida.</p>
<p style="text-align: left;">-¿Qué te pasa? – insistía mi esposa.<br />
-Nada.<br />
-Algo te pasa.<br />
-Puede ser. Pero no sé.<br />
-Algo te pasa y no me decís. Me cansé de que estés catatónico, no me contás.<br />
Al final se fue. Y bien que hizo. Nada más quedaron en el suelo las marcas de tierra y pelusa que había abajo de los muebles, y las maderitas del yenga. Así como cayeron de la caja quedaron tiradas varios días. Capaz prefería todo así, vacío.</p>
<p style="text-align: left;">Después fue el laburo.</p>
<p style="text-align: left;">-No, baja productividad no tenés, pero actitud, te falta actitud. Ponele un poco de onda, hacé de cuenta que te interesa por lo menos, afecta a tu equipo de trabajo, nadie tiene ganas de laburar con vos- me dijo el jefe. No pasó mucho tiempo más hasta que me echaron, y tampoco me importó.<br />
Me dediqué un poco a buscar trabajo, sin mucha suerte ni esfuerzo. Visité conocidos que no veía hacía mucho, algún familiar. Fui al cine, al parque. Igual me sobraba demasiado tiempo.</p>
<p style="text-align: left;">La indemnización me servía para tirar varios meses; soltero y sin mucha actividad, no tenía casi gastos. Me la pasaba mirando informativos y programas políticos. Veía las noticias de las exigencias de organismos financieros a países quebrados, guerras que se desplegaban para apropiarse de recursos de territorios devastados, refugiados que preferían ahogarse con sus familias antes de lo que dejaban atrás, y se contentaban con ser explotados en la ilegalidad y apaleados por nazis. Quería indignarme. Encontrar a un culpable y agarrármela con él. Intentaban convencerme y yo hice todos mis esfuerzos. No lo conseguí. Al contrario, fui descreyendo cada vez más.<br />
Mi vida había sido reinada sabiamente por lo chato: quince años de trabajo en la misma oficina, diez años de matrimonio, una salud controlada… Estaba perdiendo cada cosa que me hizo sentir satisfecho, y lo único que me preocupaba era estar aburrido. ¿Por qué me incomodaba lo que antes me tranquilizaba?</p>
<p style="text-align: left;">Empecé a consumir compulsivamente todo lo que me transportara a otro lugar. Alternaba lectura, películas y series, o jugaba al yenga contra mí mismo. Necesitaba que el tiempo se moviera sin sentirlo. Fui perdiendo la noción del día y la noche, en qué momento de la semana estaba. Nada más me quedaban los dvds y libros tirados, el colchón y un tacho de pintura dado vuelta con la notebook arriba. El wi fi era lo único que no estaba por el suelo.</p>
<p style="text-align: left;">Por una referencia al pasar en un best seller me enteré de los gnósticos. En esa época me pasaba mucho, un artículo de Wikipedia me llevó a otro y de ahí a manuscritos desconocidos, videos de youtube de investigadores alterados, sitios de distintos lugares del mundo con teorías conspirativas en html básico. Yo no sabía nada de temas filosóficos ni religiosos, menos aún si eran antiguos y marginales. Durante mucho tiempo pensé que se llamaban los Ñósticos, capaz eso me llamó la atención. Después descubrí que no se pronunciaba como ñoquis, venía del griego antiguo, había que remontarse a los orígenes de la cristiandad. Me fasciné con ellos. Los gnósticos eran cristianos bastantes diferentes a los que conocemos.</p>
<p style="text-align: left;">Decían que el mundo, lo que vivimos, vemos, tocamos, chupamos, sentimos, todo es falso. La única verdad está más allá de la realidad. No hay que esperar a la muerte para que nuestra alma se separe del cuerpo y Dios nos salve. Nada peor que la fe. Ese Dios vengativo y controlador que conocemos de la Biblia, es el que inventó esta estafa. Toda la maldad, la fealdad, la falta de sentido es porque estamos en un calco mal hecho por un dios infantil que juega a hacernos sufrir como bichos. La película que vemos es una copia trucha que le compramos al demiurgo de la esquina, y los gnósticos nos chillan: ¿no te das cuenta de que está filmada en un cine, se va de foco, se escuchan las toses?</p>
<p style="text-align: left;">Nunca había creído en nada. Bueno, en nada místico. Siempre entendí a la religión como un espacio de calma, una mentira agradable para no pensar. Tal vez lo que me atrapó no fueron sus creencias, sino su desconfianza. Me dejé llevar por un torbellino de pasión en el descrédito. Leía a místicos, esotéricos y alquímicos. En la paranoia encontré revelación. Decían que si Dios está en todas partes, entonces también está en nosotros: conócete a ti mismo y descubrirás la verdad. Yo sólo conseguía correr por lo que me quedaba de cordura como por un puente que se derrumba, y no sabía lo que iba a encontrar del otro lado.</p>
<p>Un día estaba con el yenga. Sacaba las fichas alternando dos versiones de mí mismo. De fondo sonaban los coros medievales de Santa Hildegarda. Me fanaticé leyendo sus visiones. Hasta me hice imprimir uno de sus dibujos que pegué con cinta scotch en la pared del living. Era uno que ilustraba sus profecías del apocalipsis, había un demonio saliendo de la entrepierna de una mujer que representaba a la Iglesia. Me tomaba muy en serio el juego porque me había apostado. Hacía bromas pesadas, me provocaba. Siempre fui muy competitivo, me pongo fuera de mí.<br />
-Ves boludo, siempre igual vos. Sacás de abajo para poner arriba, pateás la pelota para adelante porque querés llegar alto pero cuidado, que se te termina la cancha.</p>
<p>-Callate pedazo de cornudo, qué sabés, andá a llorarle a tu ex. Vos te creés que podés quedarte revolviendo las piezas hasta que un día todo encaja y ahí quedarte mirándolo ordenadito para siempre, pero la vida no es como un rompecabezas, es como el yenga. Vos sos un cagón. Ahí tenés. Cerrá el orto y jugá que es tu turno.</p>
<p>La cosa estaba realmente difícil. De tanto jugar me había vuelto un maestro. Igual siempre llegaba un punto crítico donde no se podía evitar el colapso. Y yo era implacable, para quedarme con el triunfo elegía estratégicamente la ficha que sacaba para que el próximo movimiento fuera un callejón sin salida. La concentración me hizo callar. La jugada era decisiva. Apoyé la ficha en la cima. La música se terminó. La torre osciló. Las maderas vibraron y se detuvieron. Mis pupilas se dilataron. Una imagen se formó en mi cabeza, quieta, completa. ¿Y si el problema no era yo, sino el mundo? ¿Si lo que sentía era un síntoma, no de una enfermedad mía, sino de la realidad?</p>
<p>Dentro mío algo se rompía, pero era un cascarón, una venda. Tal vez yo no había estado escuchando. Quebré el silencio pegándole un manotazo a la torre. Ví la constelación entre las señales. Entendí lo que pasaba: el mundo estaba llegando a su fin.</p>
<p>La mente se me había enfermado. La percepción se me fue endureciendo como un callo. Ahora me estaba curando. A veces la sanación es dolorosa. Fui tirando ácido sobre esa verruga. Al principio no parecía hacer nada, pero de a poco fue penetrando, quemando capas de piel vieja. Estaba llegando a la carne viva, regenerada.</p>
<p>¿Qué hace uno frente a eso? Cuando se murió mi viejo una tía lejana me dijo: no se sabe cómo uno puede reaccionar frente a ciertas cosas. Mi mamá estaba borracha vomitando en las macetas del jardín. Hay unas teorías, que hay etapas de asimilación frente a la muerte, la negación, resignación, qué se yo. Pero esto no era la muerte, era el final. The End. Nadie iba a quedar para ver los créditos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>Continuara&#8230;</strong></em></p>
<p style="text-align: right;"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-32172" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapa-march-716x1024.jpg" alt="yastapa-march" width="642" height="918" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapa-march-716x1024.jpg 716w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapa-march-287x410.jpg 287w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/10/yastapa-march-425x607.jpg 425w" sizes="(max-width: 642px) 100vw, 642px" /></p>
<p style="text-align: left;">Podes leer otros cuentos del autor en   <a href="https://www.facebook.com/yaestariapasando/?fref=ts" target="_blank">Ya esta pasando</a></p>
<p style="text-align: left;">

<p><a href="https://marcha.org.ar/ya-esta-pasando/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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