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	<title>Bielsa &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Bielsa &#8211; Marcha</title>
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		<title>Bielsa, así en el fútbol como en la vida: estamos locas, y somos un montón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2020 15:02:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El ascenso del Leeds a la Premier League nos lleva a un repaso de la ideología bielsista. Porque hoy es triunfo, pero no siempre lo es. Sumamos las voces de Mónica Santino, Ayelén Pujol y Miguela La Cruz a esta locura colectiva. Por Nadia Fink y Lisbeth Montaña El viernes pasado, el Leeds United logró [...]]]></description>
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<p><em>El ascenso del Leeds a la Premier League nos lleva a un repaso de la ideología bielsista. Porque hoy es triunfo, pero no siempre lo es. Sumamos las voces de Mónica Santino, Ayelén Pujol y Miguela La Cruz a esta locura colectiva.</em></p>



<p><strong>Por Nadia Fink y Lisbeth Montaña</strong></p>



<p>El viernes pasado, el Leeds United logró el ascenso a la Premier League después de 16 años. La ciudad celebra y ama a quien logró posicionarse como uno de los pocos Directores Técnicos que tiene fans propios, el rosarino Marcelo Bielsa.</p>



<p>Vayamos a los números: el Leeds tuvo nuevo récord de 87 puntos en su campaña. Si se suman las dos temporadas, el equipo estuvo apenas tres veces afuera de las tres primeras ubicaciones. Fue líder en 35 fechas, segundo en otras 35 y tercero en 17. Sin embargo, más allá de los números, Bielsa genera pasiones y rechazos; en idéntica proporción al lugar de poder que ocupa quien habla de él.</p>



<p>Haber recorrido las campañas de sus equipos, escuchar cada conferencia de prensa para saber qué tenía para decir, tomar sus frases y replicarlas en situaciones cotidianas, estar seguras de que el fracaso es otra cosa y que los resultados llegan “con la nobleza de los recursos utilizados”; es a lo que nos estuvimos dedicando desde hace años. Y somos un montón.</p>



<p><strong>“El bielsismo es una corriente ideológica-político-futbolera contracultural”</strong></p>



<p>Al momento de hablar de Bielsa, las voces coinciden: no se trata sólo de una manera de ver el fútbol, sino la vida. Y hacia allá vamos en cada uno de los recorridos, recuerdos y actualidades.</p>



<p>Ayelén Pujol es periodista deportiva. Marca su fanatismo por Bielsa desde la adolescencia: “Coleccionaba todos los recortes de diarios que salían de él. De hecho, una vez le mandé una carta escrita de puño y letra cuando asumió en la Selección, donde, incluso, le discutía algunos pensamientos teóricos”.</p>



<p>Lo siente como alguien “raro” en el mundillo deportivo, pero también en lo cotidiano de las sociedades actuales: “Él tiene una forma de ver el fútbol que, para mí, habla también de una forma de mirar el mundo, la sociedad, y la forma en la que vivimos. Propone valores que, en general, no son los que triunfan”. Pero la clave está en que, muchas veces, llega al triunfo y deja una escuela inolvidable para quienes supieron compartir tiempo con él. “En general, pareciera que el sistema nos dice que con esos valores no ganás, que para ganar hay que hacer trampa, hay que pensar en el resultado, hay que pasar al otro por arriba”. Por eso, afirma Pujol: “Me parece, incluso, una corriente ideológica-político-futbolera contracultural, completamente contracultural”.</p>



<p>Mónica Santino es ex jugadora de fútbol y actual directora técnica. Su génesis bielsista empieza en 1998, cuando llegó a dirigir a Vélez, equipo del que ella es hincha: “Vélez venía de una estructura muy Bianchi, luego con Piazza, y con una manera y un elenco estable de jugadores muy formateados a lo Bianchi. Entonces, la llegada de Bielsa al principio fue muy resistida, pero ese Vélez ganó el campeonato y jugaba muy bien al fútbol. Y también empecé a escucharlo porque decía cosas muy interesantes. Y en el tiempo me fue enamorando, creo que no sólo por la manera de jugar de sus equipos, sino por todo lo que representa y por cómo se para”.</p>



<p>Que Mónica utilice el término “como se para” no es azaroso. En el equipo “La Nuestra”, que ella dirige en la Villa 31, tienen un lema: “me paro en la cancha como en la vida”, y rastrea lo que significa un partido y las repercusiones de plantarse en lo cotidiano de otras manera, a partir de trasladar ciertas características del juego: levantar la cabeza, jugar colectivamente, distribuir la pelota, asistir a una compañera, construir jugadas de a muchas para llegar al gol y, por supuesto, lo lúdico siempre.</p>



<p>Por eso siente que el “Loco” es un fiel reflejo de esa frase: “Me llena de orgullo que levante las banderas del fútbol que levanta, pero por sobre todas las cosas las banderas de la vida. Y lo que significa el fútbol como herramienta transformadora y entender un juego que tiene que ver con la vida misma”.</p>



<p>Miguela La Cruz es periodista deportiva. Y santafecina. Cuando se refiere a Bielsa no deja de sorprenderse de que sea un DT, y tenga fans propios: “eso es una locura en el mundo en que acostumbramos amar jugadores; el tipo es DT y somos sus fans. Y nos levantamos para verlo, no importa la hora en la que juegue”.</p>



<p>Claro que coincide en esto de que el bielsismo es una forma de mirar la vida y de llevarlo a la acción. Y que resulta una rareza, aun más, en el mundillo deportivo actual: “es una bocanada de aire en un mundo del fútbol donde es todo mercado marketing, estrellas, colores, luces, campeonatos y victorias. Y él atenta contra todos esos valores hegemónicos que son horribles, que solamente destruyen y que hacen que el fútbol sea una cuestión de dinero y poder y de millonarios corriendo atrás de una pelota. Bielsa hace que todo eso parezca ridículo”.</p>



<p>Y cierra con una idea contundente: “Para mí Bielsa es una manera de reconciliarme con el mundo del deporte”.</p>



<p><strong>El camino ascendente</strong></p>



<p>Cuando &nbsp;el Leeds estaba a punto de lograr el ascenso en la temporada 2018-2019, cuando ya había pasado el famoso empate que Bielsa pidió a sus jugadores porque el gol que le habían cobrado no era lícito, cuando ya había sido acusado por espiar entrenamientos de equipos rivales (una obsesión que le queda desde siempre, aunque antes fuera ver horas y horas de partidos de rivales próximos en VHS), esbozamos unas líneas de una nota que nunca publicamos. Vaya a saber si que no se consiguiera el ascenso o las derrotas consecutivas de los últimos partidos no nos amainaron el ánimo a nosotras. Tal vez caímos en el dilema éxito-fracaso. Tal vez no queríamos enfrentarnos al: “habla muy lindo pero no logró los resultados”. Por eso este ascenso nos da la posibilidad de hablar y de pensar como lo hicimos siempre respecto de Bielsa, pero con el resultado a la vista, también permite que nos escuchen. Que para quienes van por el mundo haciendo cuentas, sea momento de cerrar la boca un ratito.</p>



<p>En ese entonces, hacíamos el recorrido corto de su llegada al Leeds, proveniente de Francia. Y es una historia que vale la pena traer, porque también lo pinta de cuerpo entero. No había sido fácil el arribo al fútbol inglés, al que llegó después de haber pasado cuatro temporadas en el fútbol francés, tres de ellas con el Olympique de Marsella, equipo donde despertó amores infinitos por parte de la hinchada y en donde también marcó una impronta importante&nbsp; al convertirse en uno de los técnicos más ganadores, además de imprimirle su estilo de ir al frente, salir jugando y de potenciar el mayor esfuerzo físico de los jugadores en cada partido.</p>



<p>Luego pasó al Lille en la&nbsp; temporada 2017, equipo donde generó una revolución futbolística en términos de relevos generacionales y donde obtuvo grandes resultado al principio de su era. Pero no todo es fútbol y recibió una terrible noticia: Luis María Bonini se estaba muriendo. Se trataba de su cómplice y compañero de batallas en Newell&#8217;s, Vélez, el Atlas, el América de México, la selección Argentina, la selección de Chile y en el Athletic de Bilbao. Bielsa decidió viajar a Chile para despedirse de su gran amigo, sin embargo los directivos del club no le dieron permiso. Por supuesto, desobedeció, y así sentenció su despido del club francés.</p>



<p>Así, llegó la posibilidad de poder dirigir en el fútbol inglés: recibió ofertas del Everton, del Chelsea&nbsp; y también de la selección mexicana. Ninguna de ellas lo convenció, porque no le garantizaban que su proyecto futbolístico pudiera implementarse; es decir, poder tomar el manejo total del equipo y su cantera para transformar las divisiones menores, juveniles, y así conformar un proyecto futbolístico que le permita tener el mejor equipo titular a futuro.</p>



<p>El único equipo que ofreció darle esas garantías fue uno de la segunda división inglesa de larga tradición, el Leeds United Association Football Club, un equipo en el que había salido campeón el gran Eric Cantona en la temporada 1991-1992 y donde se formaron futbolistas de la talla del defensor Rio Ferdinand y el delantero irlandés Robbie Keane .</p>



<p>Ya lo sabemos, la última vez que el Leeds había estado en la Premier fue hace 16 años atrás, luego descendió a la tercera división, y llegó su debacle económica donde por poco desaparece como club.&nbsp;</p>



<p>A ese equipo llegó Bielsa. En los primeros partidos de prueba se encontró con un equipo físicamente quedado, sin muchas fuerzas para asumir el reto de los 42 partidos, con un estadio vacío y una hinchada enojada con el equipo.</p>



<p>Por estos días, los hinchas de la ciudad nombraron una calle con el nombre de Marcelo Bielsa, hicieron monumentos improvisados y gritan: “Vamos, Leeds, carajo” en un español atravesado que emula aquella frase de Bielsa cuando salió campeón por primera vez con Newell’s en 1990.</p>



<p>“Acepten la injusticia que todo se equilibra al final”, le dijo a sus dirigidos en el Olympique de Marsella, pero vale para hoy. Paciencia y trabajo constante parecen ser la clave si lo dejan hacer con tiempo y respetan sus ideas. Pero esta nota no pretende ser, a todas luces, una mirada exitista y porque no queremos faltar a la premisa Bielsista, cerramos recordándoles, recordándonos, una de las frases más contundentes del DT: “Como primera medida yo creo que éxito y felicidad no funcionan como sinónimos. Hay gente exitosa que no es feliz y hay gente feliz que no necesita del éxito. Y la obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones para ser feliz. Entonces nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción, no es un continuo. Los seres humanos de vez en cuando triunfan, pero habitualmente se desarrollan, combaten, se esfuerzan&#8230; y ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/bielsa-asi-en-el-futbol-como-en-la-vida-estamos-locas-y-somos-un-monton/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mis mundiales: un recorte de la historia cada cuatro años</title>
		<link>https://marcha.org.ar/mis-mundiales-un-recorte-de-la-historia-cada-cuatro-anos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Jun 2018 12:48:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[#40AñosMundial78]]></category>
		<category><![CDATA[#AbortoLegal]]></category>
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		<category><![CDATA[Simón Klemperer]]></category>
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					<description><![CDATA[#Rusia2018]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Simón Klemperer.</strong></p>
<p><em>El cronista repasa los mundiales de su vida y, después de la media sanción en la Argentina, piensa en la situación del aborto legal en cada país. Una analogía posible; un cronista desilusionado que vislumbra una lucecita en la goleada de las pibas.</em></p>
<p>En el Mundial Argentina 1978 yo no estaba. Faltaban 5 meses para mi concepción, 7 para el secuestro de mi tío, 8 para su rescate, 9 para que mi viejo dejara de fumar, 10 para que internaran a mi vieja, 11 para que mi viejo pasara a la clandestinidad, 12 para mi flamante aparición, 14 para mi salida de la incubadora, 15 para nuestra huida a Paraguay, 22 para el arribo a la Ciudad de México, 60 para el fin de la Dictadura, 468 para que Argentina lograra dar el primer paso hacia la legalización del derecho al aborto.</p>
<p>Para el Mundial de España 1982 estaba en México, tenía 3 años y no recuerdo nada. Nada es nada. Tampoco tengo recuerdos inventados o reconstruidos, ni fotos de la época animadas inconscientemente y convertidas en recuerdos borrosos. Ni siquiera tengo relatos ajenos para apropiarme sin querer. Ni siquiera hubo un Naranjito pegado en la heladera o en el vidrio de la ventana del escarabajo. Nada. Como si no hubiera pasado. En España llevaban 6 de años de democracia formal tras los 40 de gobierno de Franco y faltaban 28 años para que se legalizara el aborto.</p>
<p>Para México 86 ya tenía 7 años, una edad apropiada para vivir la experiencia de un Mundial. Tenía un papa argentino, uno que sigo teniendo y vivía a muy pocas cuadras del Estadio Azteca. Sin embargo, debo confesar, tampoco me  acuerdo de nada. Solo que en mi habitación había un cuadro del Mundial donde la sombra de un indígena, asumo que un mexicano cualquiera disfrazado con fines publicitarios, se proyectaba pisando un pelota sobre una columna de piedra con dientes y rasgos precolombinos. Una especie de suvenir de un mundo marginado convertido en falsa añoranza.</p>
<p>El día en que Maradona le metió el gol a los ingleses, a diez cuadras de mi casa, yo habré estado mirando los Pitufos o escuchando Menudo, Parchís o Timbiriche. Nunca se lo reproché a mi viejo pero, ahora que lo pienso, debería hacerlo. Mañana le mando un <em>wasap</em> y le digo que es un boludo. En esa ocasión sí había un Pique pegado en la ventana de mi habitación. El PRI ya era un partido casi tan horrible como lo es hoy. Faltaban 8 años para el levantamiento zapatista y 21 para la legalización del aborto.</p>
<p>En el Mundial de Italia 1990 ya era grande. Ese sí que lo viví. Lo más apasionante fue, obviamente, llenar el álbum de figuritas. Recuerdo que tenía a Caniggia repetido como mil veces. Todavía sueño a veces con abrir el sobrecito en la mañana, de camino al colegio, y ver salir una y otra vez al Pájaro Caniggia. Una vez salió dos veces en el mismo sobre. Me acuerdo como si fuera hoy el día en que completé el álbum. Recuerdo que la última figurita que me faltaba, y no pude conseguir durante días que parecieron años, era Ruggeri. Inolvidable el día en que a la salida de la escuela se lo vi a uno de los chicos de sexto año, un grandulón de 12. Yo no tenía ninguna figurita que a él le faltara así que me la vendió. Supongo que mi viejo, amarrete profesional, prefirió pagar antes que seguir gastando en figuritas cada mañana y maldecir cada vez que veía salir del sobre al Pájaro Caniggia. En ese entonces yo no tenía ni idea que el mentado Ruggeri era un boludo a cuadros, paradigma del futbolero machote, canchero y fanfarrón, de ese país del sur del cual yo lo único que conocía de cerca era mi padre. De haberlo sabido dejaba el álbum sin completar. Ese Mundial hinché por Argentina y sufrí cuando Camerún nos ganó el primer partido porque mis compañeritos mexicanos se cagaron de risa de mí hasta que los fueron a buscar sus padres.  Ese año, la figurita que tantas veces tenía repetida dejó fuera a Brasil y le metió el gol a Italia que los llevó a los penales que hicieron héroe al Goyco. En Italia, hacía 12 años que se había aprobado la ley del aborto, y eso que si algo sobra en ese país son conservadores, y de los buenos.</p>
<p>En Estados Unidos 1994 ya habíamos vuelto al sur, pero no a Argentina sino a Chile, la tierra de mi madre y, para ser sincero, todo era una mierda. La sociedad era clasista, fascista, arribista, represora y conservadora, y yo, un niño extranjero con ganas de irme bien al carajo. Ese Mundial hinché por México fervorosamente. Pocas veces hinché por algo tanto como esa vez. México jugaba con Italia el tercer partido de la primera fase. Si perdía quedaba afuera y si empataba pasaba a octavos. Yo tenía un examen de inglés a la misma hora y a todos los chilenos les chupaba bastante un huevo el partido así que nadie lo iba a ver. Mis viejos no me dejaron faltar al examen pero me dejaron llevar a la escuela una pequeñísima televisión que cabía en el bolsillo y que habíamos comprado en Estados Unidos cuando ese maldito país limitaba con el nuestro. Yo nunca supe inglés. Ni hoy ni entonces (antes no lo estudiaba por vago, pero lo disfrazaba de antiimperialismo, hoy no lo puedo disfrazar de nada). Así que ahí estaba yo, en mitad del examen de inglés con la hoja en blanco sobre la mesa y la tele a color escondida debajo. México perdía uno cero, quedaban veinte minutos, el silencio era total y nadie sospechaba nada, hasta que, sí, señoras y señores, un mexicano de nombre Bernal, Marcelino Bernal, le pegó de afuera del área y empató el partido. Yo grité el gol como si fuera el último día de la vida. <em>T</em><em>he test flew through the air</em>, la <em>miss</em> me expulsó de la sala, yo asumí el castigo con una inmensa sonrisa y me fui a mi casa sacando pecho. Ese año Estados Unidos firmaba el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. México nunca más sería lo mismo. El aborto era legal hacía 21 años.</p>
<p>En Francia 1998 comenzó el extraño proceso de bipolaridad y autoexclusión. Con mis amigos chilenos hinchaba por Chile, con mi papá por Argentina, pero la verdad de la milanesa es que había entrado hacía poco a la universidad y no recuerdo nada porque con mis compañeros no estuvimos sobrios ni un solo segundo de ninguno de los partidos. Punto y aparte. En Francia hacía 24 años que se había aprobado el aborto, sin embargo, la premisa de la Revolución había sido alterada inconstitucionalmente por “desigualdad, ilegalidad y xenofobia”. En Chile faltaban casi 30 años para que la discusión llegara al Parlamento. Hasta entrado 2018, era ilegal sin excepción. Incluidos los casos de violación y de riesgo de vida para la madre. Hoy es legal únicamente bajo las tres causales.</p>
<p>Para el Mundial 2002, Japón y Corea, vivía en Madrid. Me había ido porque sí, y la verdad, el Mundial me importó un carajo. No sabía en ese entonces que pocos años después me convertiría en uno de los bielsistas más fundamentalistas de la era moderna. Yo estaba más preocupado por los conflictos sociales, de las casas okupas y, supongo, de alguna compleja historia amorosa. No eran tiempos de fútbol. Recuerdo, eso sí, que el día de Argentina-Suecia tenía, para variar, un examen de Estructura Social Contemporánea o alguna cuestión sin importancia por el estilo y decidí hacerlo y no ver el partido. Creía que ese equipazo le ganaría a los suecos. No imaginaba que al salir del examen me encontraría con la catástrofe más grande de la historia del fútbol. El partido más triste de todos, ese que cada día duele más. En Japón no sé qué pasaba, pero el aborto era legal desde hacía más de 50 años. En Corea del Sur, sigue sin serlo.</p>
<p>En Alemania 2006 hinché por Argentina. Román, Román, Román y Román. Así, sin más. Grité a los gritos el gol de cabeza de Ayala y creí en algo, no sé en qué, pero en algo. O creí que creía, al menos, hasta que Pekerman, en un gesto inolvidablemente cobarde, decidió arruinarnos la vida y sacar a Román para meter a Cambiasso y aguantar un resultado que no aguantó. No solo sacó a Román de la cancha, sino que no metió a ese pibe que estaba sentadito en el banco: un tal Lionel Messi. Eso sí, lo metió a Cruz, uno de los delanteros más olvidables de todos. Esa fue, no está de más decirlo, la última buena selección argentina que hubo hasta la fecha. Ese día se terminó el fútbol argentino. En Alemania hace un año había asumido la eterna Canciller o Cancillera, Ángela Merkel y llevaban ya 16 años con la posibilidad legal de interrumpir el embarazo.</p>
<p>Sudáfrica 2010 me agarró de regreso en Argentina. Yo ya me había convertido al bielsismo. Mi amigo Sallato, un vago chileno que había conocido en Madrid, me convidó a colaborar en la producción del documental <em>Ojos Rojos</em>, una joya si las hay, y el fútbol se volvió más lindo que nunca. Bielsa le dio a las cosas un sentido que antes no tenían. A partir de ahí lo recuerdo todo: cada pase, cada gol, cada fallo, cada victoria, cada derrota, cada movimiento. Chile jugaba muy bien. Era una maquinita con ganas de meter goles, y pasó a segunda ronda. Le tocó Brasil porque a Chile siempre le toca Brasil en octavos: le tocó en el 98, en el 2010 y en el 2014. Jugó, perdió y a llorar a la iglesia. En Sudáfrica hace 20 años había finalizado el <em>apartheid </em>y hace 13 que se había legalizado el aborto. Faltaban tres años para la muerte de Nelson Mandela.</p>
<p>2014 fue un placer inigualable hasta que dejó de serlo y se convirtió en todo lo contrario. El Chile de Sampaoli, que jugaba mejor que el de Bielsa, le ganó a la España campeona del mundo… y Ramos se merece la cárcel por querer romper a Salah. La dejó fuera del Mundial y yo, que no estaba habituado a alegrías tan inmensas, ni sabía cómo gestionarlas, rompí a patadas la puerta de mi casa con el primer gol. Después, en octavos, les tocó contra Brasil porque así nomás son las cosas. El mejor equipo de la historia de Chile le tocaba el local, y el local era Brasil. Agua y ajo. Ese día Alexis fue inmenso. Los brasucas no entendían nada pero empataron, no sin antes el tiro de Pinilla en el palo en el minuto 90. “A cinco centímetros de la gloria”, se tatuó el demente en su frente, que no por demente equivocado. Cuestión, que Chile perdió por penales y yo me quedé para siempre mirando la puerta rota, con un dolor desconocido, inaguantable, insoportable, que duró por meses, años, siglos y un poquito más también, pero no mucho más. Brasil había construido gigantescos estadios de fútbol que no serían utilizados nunca más, uno de ellos fue proyectado para ser convertido en cárcel. El Parlamento, en post de “la seguridad del evento”, modificó las leyes y aumentó la cantidad de policía, militares y armamento, y en post de la apreciación de barrios cercanos a zonas turísticas, fueron desalojados miles de habitantes de las favelas. Odebrecht fue el gran ganador de la Copa. Es lo que tienen algunos progresismos. Faltaban dos años para que Brasil legalizara el aborto.</p>
<p>Este 2018 se juega en Rusia. Chile no va. México se va a ir en octavos porque siempre se va en octavos. Argentina va a perder, también en octavos, dos a uno contra Francia. Uno de Messi, uno de Pogba y uno de Griezmann. Rusia fue el primer país en el mundo en legalizar el aborto. Era, decía Lenin, “un derecho democrático básico de las mujeres ciudadanas&#8221;. Hoy, con Putin, es legal bajo una amplia serie de restricciones. En Argentina, después de que el Congreso diera media sanción al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (EVI) estamos cada vez más cerca. No sabemos cuando será, pero será.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/mis-mundiales-un-recorte-de-la-historia-cada-cuatro-anos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>“Si fuese Messi, me haría catalán”</title>
		<link>https://marcha.org.ar/si-fuese-messi-haria-catalan/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 May 2018 03:00:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Entrevista a Simón Klemperer]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Sebastián Kohan</strong></p>
<p><em>Tras rumores de que nuestro cronista Simón Klemperer está terminando un documental sobre el periodista Dante Panzeri, decidimos contactarlo. El Mundial, Messi, Maradona y Sampaoli, sólo algunos de los temas de la charla que mantuvimos.</em></p>
<p><strong><em>–¿Estás terminando un documental sobre la vida del periodista Dante Panzeri?</em></strong></p>
<p>–No puedo hacer declaraciones el respecto.</p>
<p>–<strong><em>Bue, en fin, entonces, ¿nos podés contar por qué dejaste de escribir?</em></strong></p>
<p>–Dejé de escribir porque el fútbol me activaba zonas muy gruñonas de mi cerebro que prefería desactivar.</p>
<p>–<strong><em>Ah, mirá vos. ¿Vas a ver el Mundial?</em></strong></p>
<p>–¿Qué Mundial?</p>
<p>–<strong><em>No estás ayudando nada a que fluya la entrevista eh. ¿Sos hincha de algún equipo o qué es lo que te pasa?</em></strong></p>
<p>–No, no tengo equipo. Fui de un equipo mexicano cuando era chico, fui de Boca antes de nacer porque mi viejo era de River y desde entonces era bueno para llevar la contraria. Fui de Huracán cuando comencé a estar extraviado, fui del Villarreal cuando llegó Román, fui de Chile cuando Bielsa armó esa hermosa y veloz locomotora rumbo al precipicio, y así las cosas. Y siempre, pero siempre, hinché en contra del Real Madrid.</p>
<p><strong><em>–¿Podrías definirte en un par de frases?</em></strong></p>
<p>– Un tipo abandonado a la suerte del desarraigo más solitario, que vive de detestar los colores, las banderas y todas las pasiones que excedan el correr del balón sobre el pastito de la cancha.</p>
<p>–<strong><em>¿Qué significa el fútbol para vos?</em></strong></p>
<p>–Todo o nada. Depende el día. Un juego inventado para divertirse y meter goles, pero convertido en terreno de ruines afanes y arteras artimañas para conseguir algo llamado &#8220;triunfo&#8221;.</p>
<p>–<strong><em>¿Y el triunfo?</em></strong></p>
<p>–Un objeto del deseo que todos anhelan, que nadie sabe para qué sirve, pero cuya búsqueda empobrece el alma de cada una de las personas del mundo.</p>
<p>–<strong><em>¿Qué opinás de Maradona?</em></strong></p>
<p>–Maradona fue y será el mejor jugador de la historia.</p>
<p>–<strong><em>Muy pobre respuesta. ¿Algo más?</em></strong></p>
<p>–Es un muy mal entrenador que armó una pésima selección argentina y que cuando lo criticaron les dijo que la tenían adentro.</p>
<p>–<strong><em>¿Qué representa Messi?</em></strong></p>
<p>–Messi es, después de Iniesta, el mejor jugador de la actualidad. Es el que, junto a Xavi e Iniesta, armó el mejor equipo de la historia de la televisión a color. Es también el que hace todo lo que la selección argentina no puede, o sea, jugar al fútbol. Es el que tiene que aguantar a miles de pelotudos diciéndole que no es como Maradona y que no se pone el equipo al hombro. Esos mismos que no dicen nada cuando mete los goles necesarios para no quedar afuera de todo. Si yo fuera él, me haría español. Aunque la selección española representa algo muy fascista en el Estado Español, así que no. Me haría catalán. Aunque los catalanistas son muy fundamentalistas de las Naciones. Así que no, mejor no. Me haría… No, no me haría nada. Cada país que pienso es peor que el anterior.</p>
<p>–<strong><em>¿Y Sampaoli?</em></strong></p>
<p>–¿Sampaoli qué?</p>
<p>–<strong><em>Pues, no sé. ¿Sampaoli qué?</em></strong></p>
<p>–No sé, vos sos el entrevistador. ¿Podrías ser un poco más específico?</p>
<p>–<strong><em>No. </em></strong></p>
<p>–Ok. Sampaoli es un entrenador que logró mejorar el equipo de Bielsa, cosa que parecía imposible. Y ya. No sabemos nada más de él porque para saber hace falta tiempo. Si con Argentina logra algo será un genio porque no ha tenido tiempo para trabajar, y si no logra nada, será comprensible porque recibió un equipo horrendo sin mecanismos ensayados de fútbol ofensivo y con mecanismos muy fortalecidos de fútbol conservador. Una mochila llena de mediocridad y poco amor por el juego. Una mochila de angustia a la que Batista le metió las primeras piedras, Maradona unas cuantas más, Martino intentó sacar algunas pero le faltó coraje y sin querer le metió otras tantas. Después Sabella le metió una tonelada de rocas y finalmente, como cereza de la torta, llegó el Patón Bauza y la tiró al fondo del mar cual ancla de crucero. Toda una secuencia muy larga y desagradable que duró más de diez años. Ojalá que Sampaoli logré hacer un fútbol ofensivo y nos dé un poco de alegría. Mientras no vea algo más lindo de lo que vengo viendo, hincharé a muerte por Islandia, Croacia y Nigeria. En ese orden.</p>
<p>–<strong><em>¿Cómo le irá a la Argentina?</em></strong></p>
<p>–Espero que mal, así dejamos de vivir este fútbol tan aburrido y hacemos lo que hizo Brasil, que con los mismos jugadores pasó del infumable equipo de Dunga, sabelista por donde se lo mire, al hermoso juego de Tité. Mientras Messi meta los goles y Argentina pase de ronda, será pan para hoy y hambre para mañana.</p>
<p>–<strong><em>¿Qué entrenador te gusta?</em></strong></p>
<p>–Recuerdo perfectamente el día en que aprendí que la cordura es un mecanismo de dominación muy despreciable y me uní a la locura con la sonrisa más grande. Estábamos en Brasilia grabando el partido Brasil-Chile por las Eliminatorias del Mundial 2010 para el documental <em>Ojos Rojos</em>. Estábamos al costado de la cancha, yo era asistente de producción y mi única labor era fumar y estar atento a que no nos robaran los bolsos de las cámaras. Corría el minuto 70 del partido y Chile perdía dos a cero. En cinco minutos Chile lo empató a dos y Bielsa hizo el movimiento que cambiaría mi vida para siempre. En vez de aguantar el resultado e irse con un valioso empate, decidió mandar a todo el equipo para arriba. Chile jugaba hermoso y por abajo. Todos se movían, todos se desmarcaban. El movimiento de un jugador implicaba automáticamente el movimiento de los otros diez. Defendían en mitad de cancha y cualquier error de la ultima línea era un posible gol brasilero. La ultima línea era de tres jugadores. El vértigo era tan feroz como la adrenalina. El equipo era un engranaje maravilloso de niños jugando a la pelota. Quedaban diez minutos y la ilusión era inmensa. Los roles se habían invertido, los brasileros estaban desconcertados. Sin embargo, Brasil metió dos goles y ganó 4 a 2. Tras un intenso dolor que duró muy pocos segundos, arremetió la felicidad de haber sido parte de esa experiencia y haber tenido la esperanza de ganar jugando a la pelota. Nadie se arrepiente de haber sido valiente. Ese día volví a saber que el fútbol es lo mas lindo que hay cuando los que juegan, juegan.</p>
<p>–<strong><em>No debe ser fácil ser vos</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>
<p>–¿Es una pregunta?</p>
<p>–<strong><em>No, para nada.</em></strong></p>
<p>–¿Entonces?</p>
<p>–<strong><em>¿Es una pregunta?</em></strong></p>
<p>–Sí.</p>
<p>–<strong><em>Entonces nada. Muchas gracias Simón</em></strong>.</p>
<p>–No hay de queso, nomás de papa.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/si-fuese-messi-haria-catalan/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Newell&#8217;s 1991: Scoponi y la hazaña de David</title>
		<link>https://marcha.org.ar/nuls-1991-scoponi-y-la-hazana-de-david/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jan 2018 03:00:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Pinceladas]]></category>
		<category><![CDATA[Batistuta]]></category>
		<category><![CDATA[Bielsa]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
		<category><![CDATA[Bombonera]]></category>
		<category><![CDATA[Campeonato 1991]]></category>
		<category><![CDATA[Lamolina]]></category>
		<category><![CDATA[Latorre]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Fink]]></category>
		<category><![CDATA[Ñuls]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Scoponi]]></category>
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					<description><![CDATA[#ElPartidoDeMiVida]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Nadia Fink</strong></p>
<p><em>En la segunda entrega de la sección #ElPartidoDeMiVida, el triunfo de Newell&#8217;s Old Boys de Rosario en el Campeonato 1990/1991 en la Bombonera. Una victoria que causó sorpresa y generó movimientos a partir del triunfo inesperado de quien menos poder ostentaba.</em></p>
<p>En casi todas las historias ganan quienes deben. Y ya nos acostumbramos, no hay sorpresas. Pero cuando la historia genera una sorpresa, la victoria se hace épica y, casi siempre, hay que cambiar las reglas por la vergüenza de la derrota.</p>
<p>Era una tarde fría y nublada, y los días de lluvia previos mostraban una cancha embarrada en la que hasta último momento no se sabía si se disputaría el encuentro. Era, además, una fecha patria.</p>
<p>Una adolescente escuchaba la radio encerrada en su pieza de un departamento de Buenos Aires con nervios y cábalas poco ortodoxas, como toda cábala. Del otro lado de la casa, su padre escuchaba la misma previa, confiado.</p>
<p>Era un 9 de julio de 1991 y se definía el primer (y único) campeonato donde el ganador de los respectivos Apertura y Clausura definían al máximo campeón.</p>
<p>Mi viejo, de Boca, sufría las consecuencias de las decisiones prematuras de la nena, que se había hecho hincha de Newell&#8217;s en 1986, justo cuando se conseguía un subcampeonato debajo de los eternos rivales, los canallas, que ostentaban el campeonato. Eso definiría no sólo el amor por la camiseta rojinegra, sino también el cristal del que miraría siempre a los vencidos.</p>
<p>Las previas de radio eran insoportables, eternas… los comentaristas sumaban la conjetura número cien cuando el partido empezaba, por fin. Un 1 a 0 de local (con gol del “Toto” Berizzo) no era demasiado tranquilizador para enfrentar al poderoso Boca de los 91 y, encima, en la Bombonera. Las quejas de la parcialidad local venían por el lado de las ausencias: Latorre y Batistuta habían sido cedidos a la Selección (en épocas donde no se discutía cederlos para que representaran a la Argentina); sin embargo, Reinoso y Gaucho llegaron prontamente “alquilados”. Newell&#8217;s, en oposición, cubrió las ausencias de Gamboa y Franco con lo que tenía a mano, con pibes del club y a lo Bielsa: reorganizando puestos, metiendo a los suplentes. Las desventajas seguían siendo notorias.</p>
<p>La cancha embarrada (y no es metáfora) ayudó a que el partido fuera bastante deslucido. Patadas, lucha y poca pelota que corría limpia hicieron que los 90 minutos fueran un sufrimiento para los oídos.</p>
<p>Newell&#8217;s aguantaba y aguantaba, con el “Patrulla” Llop más funcional que nunca. Parecía que el empate no llegaría jamás. Sin embargo, a pocos minutos del final, el gol de Reinoso le daba algún mérito a las deslucidas actuaciones de los “alquilados”. Llegaba el alargue y, con él, se acentuaba la adrenalina y el nerviosismo.</p>
<p>Mientras, sólo quedaba dar vueltas en la pieza, no querer enfrentarse con la otra realidad de la casa, saber que era difícil, casi imposible: que a Moya no lo habían echado a pesar del patadón a Martino (que lo sacó de la cancha temprano), que Pochettino había quedado con su camiseta hecha jirones en el área y que “Siga, siga” Lamolina no había cobrado el claro penal. Que si llegaban los penales el fantasma de la liguilla estaba muy cercano aún…</p>
<p>Pero Newell&#8217;s lo ganó nomás… a pura garra y corazón. El Gringo Scoponi se transformó en el héroe de la jornada al atajar dos penales (de Graciani y Rodríguez). Lo imposible estaba ahí, al alcance de la mano. David, con una pequeña gomera, venció al Goliat de los 90. El chapoteo en el barro duró unos cuántos minutos, mientras la Bombonera enmudecía y en la bandeja visitante los gritos y el llanto eran imparables.</p>
<p>En la casa se sentía un clima distinto: la victoria y el fracaso convivían en cuatro paredes. Los festejos y las penas fueron solitarios. Pero esa es otra historia, que duró días y meses y años. Así como la historia hizo que, a partir de ese año y ante nuevas derrotas inesperadas para los poderosos, el Apertura y el Clausura fueran campeonatos válidos. Así fue que la lepra sumó una estrella más en la era Bielsista. Y que quien escribe supiera que los más desfavorecidos también pueden saborear victorias. Un aprendizaje que no se olvida jamás, a pesar de las derrotas del camino.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/nuls-1991-scoponi-y-la-hazana-de-david/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Lo que nos deja la derrota contra Chile: todos solos</title>
		<link>https://marcha.org.ar/lo-nos-deja-la-derrota-chile-todos-solos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2016 03:00:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Bielsa]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Copa América Centenario]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
		<category><![CDATA[otras]]></category>
		<category><![CDATA[Simón Klemperer]]></category>
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					<description><![CDATA[Después de la final de la Copa América Centenario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>por Simon Klemperer</strong></p>
<p><em>El cronista dice retirarse,pero siempre está volviendo. Las manos le queman y los dedos golpean las teclas. Una nueva derrota, el público argentino exaltado, Messi que sufre y quiere irse, y está solo. Todos los jugadores un poco solos, entre tanto juego colectivo que no aparece.</em></p>
<p>Chile juega de memoria y Argentina carece de ella. Chile juega bien y a veces gana. Argentina juega normal y a veces, también gana. Chile, para tener poder ofensivo tiene que atacar mínimo con seis jugadores. A Argentina le basta simplemente con tener afilado y puesto a punto a Messi y Di María. A Chile tuvo que llegar un argentino llamado Marcelo Bielsa para poder armar una máquina aceitada y con buen funcionamiento colectivo, mismo argentino que en su país es más cuestionado que en ningún lugar del mundo. Mientras tanto, en la Argentina, tierra de egos, el fútbol se ha convertido en una máquina de autodestrucción. Chile, esa maquinita, juega de memoria. Cada jugador sabe, sin mirar, dónde están sus compañeros. Necesitan ubicarse porque tienen que darse la pelota para seguir siendo un organismo vivo. Necesitan saberse de memoria porque cada uno depende del resto. En la Argentina no tienen memoria y todos dependen de Messi. Dependen de él, pero sobran quienes lo hacen pedazos. Yo creo que lo destrozan porque no es canchero, y el porteño necesita que el ejemplar de cara al mundo, lo sea. En la Argentina últimamente nos amamos antes del partido y nos odiamos al final. La derrota saca lo peor de cada uno.</p>
<p>Sin embargo, no es la victoria lo que saca al ser humano de su lado oscuro; es el fútbol. Y no el fútbol a secas, sino el que además de ganar quiere jugar. Si Argentina, ese equipo con un enorme ego individual y poco juego colectivo, hubiera ganado este invento empresarial organizado por los dirigentes que están casi presos, llamada Copa Centenario, o la Copa América anterior, o incluso el Mundial, seguiría siendo ese equipo con mucho ego individual y poco juego colectivo. Y haber salido campeón no los habría sacado del lado oscuro sino que, por el contrario, los hubiera ayudado a guardar la mierda bajo la alfombra, y hubieran seguido pensando que son los mejores del mundo porque tienen a Messi, olvidándose de que no tenían equipo, sino solo un salvador. Aquí nadie habla de fútbol, aquí hablan de personalidades. Es un mundo de chimentos y calenturas. Aquí la gente habla de Messi. Que lo aman y lo odian; que dependen de él y lo crucifican.</p>
<p>Christian Rémoli, realizador audiovisual y futbolero argentino, dijo antes del partido que “la importancia y la manija que le dan a esta Carrera de Embolsados camuflada de copa importante, es directamente proporcional al peso con el que le van a caer al equipo, en particular a Messi y a Martino, si no gana hoy a la noche”, y así fue.</p>
<p>Es hermosa esa maquinaria autodestructiva. Es tremendamente explicativa de los funcionamientos nacionales. En todos los países funciona igual. Es la inequívoca consecuencia del chauvinismo. Es la inevitable consecuencia del exaltamiento de las naciones y de las comunidades mal imaginadas. En Chile funcionaba exactamente igual antes de Bielsa y lo va a volver a hacer cuando, algún día, vuelva a extinguirse el juego que ahora hay. El fútbol hace felices a los chilenos y a veces, incluso, los hace ganar. No es un pueblo que se ame a sí mismo; es un pueblo que históricamente también se ha autodestruido ante la derrota. Salvo durante el bielsismo y post-bielsismo, donde algunas veces aceptó algunas derrotas por haber jugado bien. Pequeños gestos de madurez que desaparecerán cuando desaparezca el fútbol bien jugado y vuelva el ganemos como sea. O empatemos como sea, que tampoco es tan malo. El fútbol es todo. Lo demás es exitismo, chauvinismo, falso amor propio, necesidad de satisfacer frágiles vidas y endebles historias. El fútbol como juego es lo único que hay. El fútbol como fenómeno social es el caldo de cultivo de los peores sentimientos y las peores actitudes. El juego nos hace libres, no las victorias.</p>
<p><strong>De individualidades y sujetos colectivos…</strong></p>
<p>Sobran quienes dicen que Messi no tiene la personalidad de Maradona. Incluso lo dice el Diego, o lo que queda del Diego. Y por qué lo dicen. Porque creen que el mundo funciona según individuos llenos de carisma y personalidad, y no de grupos humanos. El sujeto colectivo brilla por su ausencia. Otra vez el culto a la persona, otra vez el recuerdo de ese hombre canchero y fanfarrón. Otra vez el amor a las figuritas difíciles. Otra vez la sumisión al caudillismo. Otra vez el personalismo y otra vez y otra vez. Y de fútbol… de fútbol ni hablar. Y entonces a Messi lo critican por su falta de personalidad, porque se enorgullecen de ese exceso de personalidad que tantos creen tener y no tienen. Otra vez esa falta de humildad tan emparentada con la prepotencia. Y Messi… Messi solo. Solo buscando compañeros en la cancha, y el Tata Martino que le saca a Di María de al lado y le pone a Kraneviter. ¡Mamita! El granero del mundo y le pone a Kraneviter. Algo de cobardía hay en todo esto. Algo de miedo al vacío de lo no construido. El primer tiempo Argentina fue mejor porque presionó en campo contrario, después ya no. Después esperó en campo propio y volvió a depender de Messi. Nuevamente volvió esa triste, amarreta y cobarde actitud, tan abundante en las épocas de Batista, Maradona y Sabella, de no jugar.</p>
<p>Y ahora. Ahora todos buscan explicaciones como locos, desesperados, y nadie habla de fútbol, porque nadie quiere aceptar que fútbol no hay, y todos quieren volver a ser Maradonas y meter goles con la mano, porque son más pillos y astutos que nadie en el mundo. La mala noticia es que la vida se construye de personas y no de Maradonas. Maradona ya fue. Ya pasó. Ahora hay que armar equipos y eliminar deidades. Deberíamos darnos cuenta de que cuando hay un relámpago no es Dios sacándonos fotos, sino simplemente un relámpago. La final estaba ganada de antemano, porque así somos, cheroncas. Y la perdimos. Éramos el mejor equipo de la Copa porque… ¿Bolivia, Panamá, Venezuela, Estados Unidos? ¿En serio?</p>
<p>Maradona, ese futbolista que fuera el mejor del mundo, ahora está más solo que nadie. Todos los aman pero nadie lo quiere. Todos le profesan un amor incomparable pero nadie está a su lado. Al Diego se lo come la figura que los argentinos hicieron del él, y a los argentinos se los come la figura que el Diego hizo de ellos. Y Messi, ese que dicen que no tiene la personalidad que los que hablan tampoco tienen, se aburrió y se fue. Y así, poco a poco, todos se van yendo y se van quedando solos.</p>
<p>En la final de la Copa, Chile simplemente tuvo calma y jugó. Adueñándose de los tiempos y tocando la pelota. Chile hizo una cosa de la que aquí no nos damos cuenta porque pensamos demasiado: tocó la pelota. Hizo una cosa rara llamada dar pases. Chile administra el correr de la pelota mientras los argentinos no podemos administrar el exceso de personalidad. Y Caparrós <em>twitea</em> una cosa tan básica como la siguiente: “Hermanos chilenos agrandados: qué bueno que hayan vuelto a empatarnos. Felicitaciones por el partido!” Sin palabras. Sólo resta decir que a veces es mejor no hablar en caliente porque se demuestra todo lo peor que hay en uno y es mejor tener guardado. Ni el pueblo argentino ni el pueblo chileno se merece la felicitación de nadie, ninguno ha ganado ningún premio como pueblo y ninguno lo ganará, pero Martín, de verdad, a veces es mejor mirar para adentro y hacer silencio.</p>
<p>Deberíamos bajar un poco el telón y suspender este gran teatro de lo que no se es. Deberíamos dejar de gritar tanto para escuchar el silencio del vacío que hiela la sangre. Ese vacío que creemos llenar y no llenamos. El silencio del espacio donde creemos estar y no estamos.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/lo-nos-deja-la-derrota-chile-todos-solos/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Bielsa hace escuela: convicciones para todos</title>
		<link>https://marcha.org.ar/bielsa-hace-escuela-convicciones-para-todos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2015 03:00:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Almeyda]]></category>
		<category><![CDATA[Bielsa]]></category>
		<category><![CDATA[deportes]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
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					<description><![CDATA[Almeyda de este lado, el Loco de allá... el exitismo pierde en la batalla de los honestos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Juan Manuel De Stéfano.</strong></p>
<p><em>El trabajo de Bielsa en Francia y el de Almeyda en la Argentina son indicadores claros de que el resultadismo se va extinguiendo. Las ideas y el estilo de juego asoman la cabeza, pisoteando al exitismo reinante.</em></p>
<p>Ganar, ganar y ganar. A cualquier precio, no importa el cómo ni el proyecto. El que gana es intocable, un dechado de sabiduría y el que no, un inútil que está desactualizado y al que hay que ridiculizar en cuanta oportunidad haya. No sirve.</p>
<p>Este discurso nefasto fue impuesto por el periodismo (fundamentalmente), algunos hinchas y varios protagonistas a mediados de los años ochenta, toda la década de 1990 y principios de 2000. Comunicadores como Fernando Niembro, Marcelo Araujo y tantos otros, levantaron la bandera del bilardismo a ultranza y denostaron durante años a entrenadores que, en muchos casos, eran –y siguen siendo– muy valiosos. La eliminación en primera ronda de la Selección Argentina de Marcelo Bielsa abrió el debate y se instaló fuerte como un ejemplo de un entrenador que persistió y se reinventó a pesar de un gran fracaso. La crítica fue tremenda y encarnizada. Y el propio Bielsa se encargó de aceptar las reglas del juego pero, no por eso, estar de acuerdo ni participar del “circo mediático”. “Yo fui protagonista del peor fracaso del fútbol argentino. Pero nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos, de vez en cuando, triunfan; pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan. Y ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando”, fueron sus palabras.</p>
<p>Sus pasos –muy exitosos, por cierto– por la Selección de Chile, el Bilbao y el Olympique de Marsella sintetizan el ejemplo perfecto de lo que despierta el Loco en sus dirigidos, en la gente e incluso en algunos de los dirigentes. Fue amado en todos lados y sus convicciones futbolísticas y de vida fueron resaltadas a cada momento. En la actualidad, en Francia los hinchas le piden que se quede mediante banderas y muestras de cariño constantes, a pesar de la recaída del equipo, que iba puntero y se desmoronó hasta el quinto puesto luego de varios resultados negativos. Pero, aun así, la idea es valorada; el proyecto, sostenido y los logros, reconocidos por la mayoría.</p>
<p><strong>¿Y por casa cómo andamos?</strong></p>
<p>En el fútbol doméstico, el representante de esas ideas futbolísticas y principios de vida es, en la actualidad, Matías Almeyda. El mismo que llevó a River y a Banfield del Nacional B a Primera, y que supo conquistar a sus discípulos y a su público con armas nobles y una forma de juego arriesgada y ponderada por propios y extraños. “Se logró mantener un estilo, que Banfield juegue a otra cosa, que todos hablen del sistema futbolístico. Se vendió por más de 60 millones de pesos, creo que algo bueno hice”, dijo Almeyda.</p>
<p>Lo cierto es que el torneo pasado, Banfield mereció bastante más de lo que cosechó y el estilo de juego, en algunos casos, fue puesto en duda. Pero las convicciones del entrenador nunca flaquearon; él piensa así, y así seguirá jugando: arriesgando, yendo al frente y desprotegiéndose un poco en defensa. En cuanto al entramado y a cómo se paran sus equipos, el Pelado tiene mucho de Bielsa. Tres atrás, tres en el medio, un enganche y tres delanteros es el módulo que suele usar. Y en las formas lo mismo: presión alta y bien arriba, ataque constante y vocación ofensiva garantizada. Se aprecia una diferencia en cuanto a la posesión; su equipo trata de tener la pelota y, si bien tiene un juego directo, es un poco menos vertical que los equipos de Bielsa; en ocasiones sus equipos intentan distraer con el balón en su poder para luego dar el zarpazo. Y fuera de la cancha, la sinceridad de Almeyda sorprende: “En Banfield pude desarrollar lo que tenía en mente como entrenador, jugar con tres delanteros y un enganche. Llevó un tiempo y tendrá un proceso seguir mejorándolo. En River traicioné mis propios ideales futbolísticos porque jugué dos partidos con cuatro centrales”. En la misma nota reconoció que se equivocó en cómo se terminaron yendo Cavenaghi y el Chori Domínguez de River cuando él era el entrenador.</p>
<p>Aceptar, reconocer, cambiar cosas por el bien del equipo; así son ambos, así se manejan en un ambiente que suele ser hipócrita, falso y lleno de malicia. Se puede, sí que se puede. Para muestra basta un botón; una del Loco y su relación con los jugadores del Marsella: “He hecho concesiones, que han debilitado mi manera de hacer las cosas, para continuar avanzando. Admitir que hay que cambiar la forma de trabajar exige aceptar una disminución de la autoestima, que en mi caso podía estar sobredimensionada por la valoración externa que se hacía de mi trabajo. Más que obedecido, el líder busca ser interpretado. Es la única forma de que su liderazgo sea duradero y se mantenga, incluso cuando ya se ha perdido el poder”. Brillante. ¿A cuántos técnicos, jugadores, dirigentes o gente común podemos escuchar en el día a día indicando tales verdades a cara descubierta y hacia todo el mundo? A pocos, muy pocos.</p>
<p>Exponer sus defectos de tal manera los vuelve propensos al juicio o la crítica fácil y burlona. A ellos (por suerte), no les importa. Mientras, intentan cambiar la máxima penosa y malintencionada que indica que el que no sale campeón es un fracasado. El título más importante, para ellos, es el trabajo, el exigirles a sus dirigidos el máximo, enseñarles lo que saben y defender una forma de ser y de sentir el fútbol y la vida misma. Ahí radica su mayor triunfo. Y así lo asegura Bielsa: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario: es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando”. Si usted lo dice, Marcelo.</p>
<p>Lo verdaderamente importante es que una nueva corriente se está desarrollando hace rato. Más allá de estilos, gustos y paladares, se está terminando el “fútbol amargura”. Ese que hablaba sólo de dientes apretados y de ganar a cualquier precio, como saliera. Y que no le daba importancia a las formas, a los maestros y a la docencia. Otros paradigmas se ven y se aprecian en nuestro fútbol: la “Escuela Bielsa” tiene varios adeptos y cada vez más discípulos y eso, a pesar de no compartir todos sus preceptos futboleros, es una muy buena noticia para la salud del fútbol. Sobran convicciones.</p>

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