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	<title>Arlt &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Arlt &#8211; Marcha</title>
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		<title>Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosain y su pandilla) IV</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2015 03:00:32 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Última entrega de la serie de notas sobre Los siete locos y Los Lanzallamas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Mariano Pacheco/ Imagen por Nadia Sur</strong></p>
<p>En esta cuarta y última entrega, “Los siete locos” y “Los Lanzallamas” de Roberto Arlt, se entremezclan con las ideas de Sigmund Freud y Federico Nietzsche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crimen y sentimiento de culpa. Ambos términos, tan presentes en estas novelas de Roberto Arlt, pueden ser leídos desde dos autores que el propio Arlt tenía bien leídos: Federico Nietzsche y Sigmund Freud.</p>
<p>Desde Nietzsche, podemos pensar ciertos tramos de “Los siete locos” y “Los lanzallamas” como la expresión cabal del drama del hombre moderno: aquel que ha cometido ese crimen terrible que implicó haber asesinado a Dios, borrando del horizonte todos los elementos que, hasta entonces, otorgaban sentido a la existencia, como ya.</p>
<p>Desde Freud (“Totem y Tabú”), en cambio, ese sentimiento de culpa tiene que ver con algo acontecido en un tiempo mucho más lejano aún, en el momento preciso en que la humanidad comenzaba a ser tal. La conspiración de los hermanos de la horda primitiva que culmina en el asesinato del despótico padre primordial. De allí en más –es decir, desde que el hombre es hombre–, en adelante, cada generación ha reactualizado simbólicamente aquel complot, y aquel asesinato.</p>
<p>Ahora bien, esta reactualización se produce ya no afuera sino adentro de cada sujeto. A la agresión consumada (parricidio primordial), siguió el arrepentimiento, producto del sentimiento de ambivalencia hacia el padre: odio, pero también amor. Ese amor que lleva a la identificación, producto de la cual va a instituirse el superyó, depositario del poder de castigo y creador de las limitaciones necesarias para prevenir la perpetuación del crimen en la historia. Esta agresión del hijo hacia el padre, luego sofocada, es la fuente del sentimiento de culpa que, una vez exteriorizada, se expresa como necesidad de castigo.</p>
<p>Por supuesto, la forma “correcta” de tramitar este conflicto conducirá a cada sujeto a una vida “normal”, vía resolución adecuada del complejo de Edipo. ¿Pero qué pasa cuando esa tramitación no encuentra sus carriles adecuados, cuando los diques de contención psíquica son desbordados por otras fuerzas? Sucede, a menudo, que el sujeto comienza a tener dificultades para procesar la diferencia entre lo socialmente aceptado y lo aprobado por él mismo. El principio del placer comienza a desbordar al principio de realidad. Es que, según destacó Freud en su libro <em>El malestar en la cultura</em>, para que exista hombre en la cultura, éste debe convivir con un permanente malestar, a saber: no sólo limitar la sexualidad para dar paso a la productividad del trabajo, sino además limitar (amordazar, diría el Nietzsche de la “Genealogía de la moral”) sus instintos de agresividad.</p>
<p>Porque como señala Freud, “el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad”. Queda clara la concepción del médico vienés. “Homo homini lupus” –el hombre es el lobo del hombre, según la fórmula, tan conocida, que expone Tomas Hobbes en su libro “Leviathán”–. ¿Entonces? Entonces, el otro, el prójimo, puede ser alguien a quien usar sexualmente sin su consentimiento,  explotar en su trabajo sin resarcirlo, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, martirizarlo, asesinarlo… en fin, alguien en quien satisfacer la agresividad.</p>
<p>Claro, uno bien podría preguntarse si no es a causa del sistema regido por la explotación del trabajo, el que trae aparejado este tipo de comportamientos y pensamientos. Si no es debido a que la burguesía ha venido al mundo “chorreando lodo y sangre”, como sostiene Carlos Marx en <em>El capital</em>, que esa violencia prima por sobre otro tipo de vínculos. Pero Freud es claro al respecto. Dice que si bien otro tipo de relaciones de propiedad disminuirían la agresividad, caracteriza a la premisa psicológica comunista (eliminados los males económicos no hay razón para ver en el otro a un enemigo), como vana ilusión, porque la agresión, a su entender, “constituye el trasfondo de todos los vínculos de amor y ternura entre los seres humanos. Y remata, pesimista: “Uno no puede menos que preguntarse con preocupación, que harán los soviets después que hayan aniquilado a sus burgueses”.</p>
<p>En fin, según Freud, es esta autónoma y originaria disposición pulsional del ser humano a la agresividad la que conspiraría contra la cultura, entendida como proceso al servicio de eros. Contra la cultura, sí, pero también, contra el propio sujeto.</p>
<p>Aun a riesgo de conducir estas disquisiciones acerca del psicoanálisis a una digresión sin fin, quisiera remarcar, de todos modos, que para cuando Freud escribe <em>El malestar…</em>, ha transcurrido ya una década desde que provocara ese vuelco a sus investigaciones y conceptualizaciones, conocido como el “giro de 1920”, fecha en que publica <em>Más allá del principio del placer</em>, donde postula su radical teoría (radical en tanto que pone en cuestión algunos de sus propios  fundamentos), de que junto con la pulsión de vida, tendiente a conservar y reunir en unidades cada vez mayores la sustancia viva, existe otra pulsión, opuesta a ésta, a la que denominó como pulsión de muerte, tendiente a reconducir esas sustancias a su estado inorgánico inicial. Así, <em>Más allá…</em> va a poner en cuestión algunos postulados de <em>Tres ensayos de teoría sexual </em>(1905), donde había sostenido que la función principal del organismo tendía a la conservación (a través de la generación y la alimentación). Desde allí, y en adelante, va a sostener que la pulsión de vida, que ha denominado como Eros, se encentra siempre, eternamente, en lucha contra Tanatos (la pulsión de muerte). Gran estocada contra optimismo ingenuo del positivismo ramplón: la finalidad principal de todo organismo es la repetición sin meta. Tendencia de retorno al estado originario, a la busca de una estabilidad energética, a la nulidad pulsional, en fin, a la muerte.</p>
<p>Cierre del extenso paréntesis nietzscheano-freudiano. Retorno a Roberto Arlt. Estábamos, entonces, en la figura de Erdosain. En un crimen que pudo haber cometido en el pasado, en otro que está por cometer y, como remate, su suicidio. Pero nada sucede de repente. Hay una suerte de demora en la narración, en la cual podemos ir sintiendo, junto al personaje, la elucubración del crimen, a la vez que vemos precipitarse en su propio fin. Aunque son varios, de todos modos, los indicios de que pronto, algo de todo esto, sucederá. Por ejemplo, cuando Haffner dice: “Ahora usted… posiblemente esté en la orilla de otro crimen. Me lo dice no sé qué instinto”. Y también el Astrólogo, respecto de Erdosain, expresará: “había ya trazado su destino”. No se equivocan: pronto asesinará a la Bizca.</p>
<p>La pregunta de por qué demora tanto en ejecutarse el crimen, la suministra el propio Astrólogo, cuando explica: “Naturalmente, antes de cometer un crimen habría que familiarizarse con la idea, pensar en él, de manera que en la conciencia de uno <em>eso </em>dejara de ser un crimen para convertirse en un asunto vulgar”. Esa familiarización con la idea del crimen, según cuenta Elsa –la mujer de Erdosain– fue elaborándose lentamente en él, a través de un horrible y espeso silencio. Silencio que lo acompañará hasta el anteúltimo capítulo de “Los lanzallamas” (titulado justamente “El homicidio”), donde esa “densa idea subterránea” despertará definitivamente.</p>
<p>Remo mata a la Bizca de un tiro en la oreja, luego de haberla desvirgado. Después, durante tres días y dos noches, permaneció en la casa del periodista-narrador, a quien cuenta toda su historia (recordar que el primer capítulo de la serie televisiva comienza ahí). Al irse de allí, en el tren eléctrico número 119, un tramo antes de llegar a Moreno, Remo Erdosain se suicida de un balazo en el corazón. “Una serenidad infinita aquietaba definitivamente las líneas del rostro de ese hombre que se había debatido tan desesperadamente entre la locura y la angustia”.</p>
<p>Erdosain, ¿se suicida de alegría, como sugiere acaso Dostoievski para uno de sus personajes? Parece que no. Más bien, parece, Erdosain se suicida porque se encuentra acorralado: por las fuerzas policiales que van tras sus pasos, pero fundamentalmente, por sus demonios que lo sitian desde adentro.</p>
<p>Consumación del crimen y su necesario correlato: el castigo. Aunque a diferencia de Raskolnikov, el clásico personaje de “Crimen y castigo”, la novela de Dostoievsky, Erdosain no se entregará a las fuerzas policiales, sino a sus propias fuerzas autodestructivas. ¿Por sentimiento de culpa? ¿Por búsqueda de acceso a ese momento inorgánico inicial del que hablaba Freud? Quien sabe…</p>
<p>Podríamos pensar –en una clave más ligada a los pensadores Féliz Guattari y Gilles Deleuze– que Erdosain experimenta un devenir sin restricciones. Enmarañado en sus propias líneas de fuga, se precipita sobre un agujero negro. Algo similar a lo que supo escribir Henri Lefebvre en su libro “Hegel, Marx, Nietzsche (o el reino de las tinieblas)”, a propósito de Nietzsche, cuando relaciona la pérdida de identidad con la mutación, la metamorfosis, la transvaloración, la creación poética. Trayecto peligroso, dice, acechado por un peligro: “El extravío, la locura, el suicidio”. Podríamos pensar entonces… tantas cosas podríamos pensar, ¿no? Porque “es la fuerza inagotable del equívoco lo que permite que Arlt siga siendo un personaje de nuestras lecturas”, según señaló González en su ya citado ensayo. Y por eso, leerlo, “va a ser siempre un oficio incierto. Labor de quien acompaña la aventura arltiana con la incesante pregunta: ¿<em>qué habrá querido decir</em>?”. Es que con Arlt, ya lo hemos dicho, nunca se sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas Relacionadas:</strong></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla-iii/" target="_blank">Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosaín y su pandilla) III</a></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla-ii/" target="_blank">Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosaín y su pandilla) II</a></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla/" target="_blank">Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosaín y su pandilla)</a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla-iv/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosain y su pandilla) II</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2015 03:00:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Segunda entrega del análisis de las novelas de Arlt que llegaron a la TV.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Mariano Pacheco</strong></p>
<p><em>La serie transmitida por la Televisión Pública que recrea dos de las novelas de Roberto Arlt avanza y con ellas el análisis de Marcha sobre aquellos textos. Literatura de ficción, política y filosofía, los componentes de esta segunda entrega. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se vio ya en la serie que emite la Televisión Pública desde la semana pasada. Y los lectores de Arlt también lo saben. A modo de repaso entonces, y de comentario para quienes no tuvieron  aun el placer de transitar la lectura de “Los siete locos” y “Los lanzallamas” –segunda y tercera novela de este ya clásico de la literatura argentina– retomamos el hilo de la nota publicada por Marcha el miércoles pasado.</p>
<p>En fin, estábamos en que –si bien con sentimientos enfrentados, puesto que Erdosain pensaba, por un lado, que el Astrólogo era un hombre de dinero, pero por otro lado, que podía ser un delegado bolchevique en el país– el protagonista de la novela se dirige hacia Constitución, para desde allí viajar hasta Temperley a visitar a este hombre, y ver si él, finalmente, podía prestarle los 600 pesos.</p>
<p>Ya con los pies en ese territorio del sur del conurbano bonaerense, Remo se encuentra con el Astrólogo, quien a su vez no estaba solo sino reunido con Arturo Hafner (“El rufián melancólico” que explota prostitutas). A partir de ahí se teje la trama de la sociedad de los locos, esa que se erige en contrasociedad, en su intento por superar al hombre, de arrancarlo de la era del nihilismo.</p>
<p>El crimen será la condición de posibilidad de existencia en esa civilización en decadencia (“Erdosain quiere escaparse de la civilización”, podemos leer en <em>Los lanzallamas</em>). Esos tiempos en donde el dinero convierte a determinados hombres en dioses y a otros en monstruos. “Ser como dioses”. De allí que “matar a Barsut era una condición previa para existir, como lo es para otros el respirar aire puro”, escribe Arlt. Porque el crimen es lo que permite cortar las amarras con la civilización es que Erdosain siente que, al haber condenado a muerte a un hombre, ha encontrado por fin un objeto noble para su vida, un “sueño grande”.</p>
<p>Porque la civilización se les presenta, a los hombres y mujeres de la ciudad de Buenos Aires (la capital cosmopolita de América Latina), como un lugar al que odian, que les provoca angustia. Entre otras cosas, porque son personas que ya no pueden creer en nada. Viven en la era del nihilismo, en la cual ya no hay valores vinculantes. Por eso el Astrólogo dirá: “La humanidad, las multitudes de las enormes tierras han perdido la religión. No me refiero a la católica. Me refiero a todo credo teológico. Entonces los hombres van a decir: <em>para qué queremos la vida…</em>Nadie tendrá interés en conservar una existencia de carácter mecánico, porque la ciencia ha cercenado toda fe”, insiste Arlt. Y luego agrega: “Créame, nosotros estamos viviendo en una época terrible… todos los hombres viven angustiados”.</p>
<p>Esa civilización, que se desarrolla en las grandes urbes, se presenta así como un círculo infernal. Habitada por esos hombres agonizantes con moral de esclavos. Aun los proletarios comunistas o anarquistas son un rebaño de cobardes, comenta Arlt. Por eso el “Buscador de oro” –otro de los personajes- va a hablar de una “aristocracia natural” (a la que denominan “aristocracia bandida”), que desafíe la soledad, los peligros, la tristeza, el sol, lo infinito de la llanura. “Uno se siente otro hombre”. Y de allí que el proyecto del Astrólogo implique fundar colonias en las montañas, en donde puedan curarse las almas que enfermó la civilización. Porque las ciudades son los cánceres del mundo que  aniquilan al hombre, lo moldean cobarde, astuto, envidioso… De allí que el Astrólogo declare que, en nuestro siglo, los que no se encuentran bien en las ciudades que se vayan al desierto.</p>
<p>El desierto crece, dirá el filósofo Federico Nietzsche. Porque en el desierto han habitado, desde siempre, los veraces; los espíritus libres, los señores del desierto. Pero en las ciudades no, allí habitan los bien alimentados y los famosos sabios, los animales de tiro. En el pensamiento de Zaratustra, de todos modos, el presente del nihilismo –producto de la muerte de Dios– ofrece asimismo la posibilidad de gestar al superhombre. Pero solo podrán asumir ese desafío quienes enfrenten la terrible desolación, porque muerto Dios, muerto también el hombre (el que permanecía de rodillas ante la divinidad). “¿Sabe que me gusta su símil del desierto?”, le dice Erdosain al Buscador de oro, quien le contesta: “Pero claro… para los descontentos e incómodos de las ciudades está la montaña, la llanura, la orilla de los grandes ríos”. Erdosain se siente cobarde, pero el Buscador de oro le aclara que no se puede ser valiente en la ciudad, que domestica al hombre, lo lleva a refrenar sus impulsos y lo acostumbra a ser un resignado.</p>
<p>¡Qué pasajes tan nietzscheanos! Veamos sino, brevemente, estas líneas de <em>Así habló Zaratustra</em>:</p>
<p>“¿Qué significan esas casas? ¡En verdad, ningún alma grande los ha colocado ahí como símbolo de sí misma! ¿Las sacó acaso un niño idiota de su caja de juguetes? ¡Ojalá otro niño vuelva a meterlos en su caja! Y esas habitaciones y cuartos: ¿pueden salir y entrar de ahí varones?&#8230; ¡Todo se ha vuelto más pequeño! Por todas partes veo puertas más bajas: quien es de mi especie puede pasar todavía por ellos sin duda, ¡pero tiene que agacharse!”.</p>
<p>Frente a toda esta pequeñez quiere rebelarse la contrasociedad de humillados del Astrólogo (“futuro en campo verde, no en ciudades de ladrillos”), Erdosain y el resto de la pandilla. Dejar atrás a ese hombre imbécil y darle paso al superhombre.</p>
<p>Aquí, en la narrativa arltiana, el superhombre aparece bajo la figura del Monstruo Inocente. Según palabras del Astrólogo, es a ellos a quienes toca inaugurar una nueva era. “¿Sabe? – dice a Erdosain–. Muchos llevamos un superhombre adentro. El superhombre es la voluntad en su máximo rendimiento, sobreponiéndose a todas las normas morales y ejecutando los actos más terribles, como un género de alegría ingenua… algo así como el inocente juego de la crueldad”.</p>
<p>También el mencionado tema de la muerte de Dios aparece en algunos de esos magistrales diálogos que el Astrólogo mantiene con Erdosain. “Es que la gente bestia no comprende –continúa el Astrólogo–. Los han asesinado a los dioses. Pero día vendrá que bajo el cielo común correrán por caminos gritando: <em>Lo queremos a Dios, lo necesitamos a Dios</em>. ¡Qué bárbaros! Yo no me explico cómo lo han podido asesinar a Dios. Pero nosotros lo resucitaremos… inventaremos unos dioses hermosos… ¡y qué otra cosa será la vida entonces!”, puede leerse en esta saga de Arlt.</p>
<p>Está a la vista: las lecturas nietzscheanas, y del Zaratustra en particular, típicas en muchos escritores de la época, pueden leerse en las líneas y entrelíneas que componen esta novela.</p>
<p>Casi que podría decirse que toda esta secuencia narrativa –la de <em>Los 7 locos</em> y <em>Los lanzallamas</em>– puede leerse en esa clave. Hombres que hay que dejar atrás, con la superación de la sociedad. Sociedad que deberá perecer necesariamente por la violencia. Es por eso el Astrólogo le dice a Hipólita: “Lo sé. También el amor salvará a los hombres; pero no a estos hombres nuestros. Ahora hay que predicar el odio y el exterminio, la disolución y la violencia”.</p>
<p>¿Nietzscheanismo puro? ¡No! Nietzscheanismo mezclado con los discursos políticos de la época: anarquismo, fascismo, comunismo: una ensalada rusa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas Relacionadas:</strong></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla/" target="_blank">Los siete locos: Historial de un suicida (El caso Erdosain y su pandilla)</a></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-y-los-lanzallamas-arlt-llego-a-la-tele/" target="_blank">Los siete locos y Los lanzallamas: Arlt llegó a la tele</a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla-ii/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Los siete locos y los lanzallamas: Arlt llegó a la tele</title>
		<link>https://marcha.org.ar/los-siete-locos-y-los-lanzallamas-arlt-llego-a-la-tele/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 03:01:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine, TV y Streaming]]></category>
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					<description><![CDATA[Un análisis del comienzo de la serie televisiva sobre las novelas de Arlt.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Por Rocío Altinier</strong></em></p>
<p><em>Con la adaptación en manos de Ricardo Piglia (reconocido escritor, crítico literario y estudioso de la obra de Roberto Arlt), dirigida por Fernando Spiner y Ana Piterbarg  y un elenco que promete, la literatura llega a la pantalla chica: dos de las grandes obras del escritor argentino, de nuevo contadas.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seiscientos pesos con diecisiete centavos abren la trama y el conflicto de <em>Los siete locos y Los lanzallamas, </em>miniserie estrenada el martes en la TV Pública, que retoma las dos novelas homónimas del escritor argentino Roberto Arlt. El conflicto, en realidad, podemos verlo un poco antes, con “El Comentador” (Daniel Hendler) apuntando con un arma a Remo Augusto Erdosain y una serie de asesinatos ya consumados: a partir de acá un recorrido hacia atrás en la historia…</p>
<p>“De aburrido no más”, dice Erdosain -interpretado por Diego Velázquez-, roba los seiscientos pesos a la empresa azucarera para la que trabaja, pero esto es solo el comienzo de lo que será un personaje complejo, atravesado por la rutina, la angustia, la soledad y la frustración, pero portador a su vez de un espíritu soñador y rebelde. Autoproclamado inventor, Erdosain (personaje literario objeto de lecturas tanto filosóficas como psicoanalíticas) pasará a formar parte de una conspiración secreta que pretende trastocar el orden constituido, proyecto que estos siete locos, por demás excéntricos, intentarán llevar a cabo: El Rufián Melancólico (Daniel Fanego), Ergueta (Flavio Alberti), El Mayor (Claudio Rissi), El buscador de oro (Pompeyo Audivert), Barsut (Pablo Cedrón) y El Astrólogo (Carlos Belloso) conforman una serie de personajes oscuros y delirantes a la vez: “ni fascistas ni bolcheviques, vamos a preparar una ensalada rusa que ni Dios va a entender” afirma El Astrólogo, el digitador de esta empresa.</p>
<p>Dentro del interesante elenco que nos ofrece la ficción se encuentran también ciertos personajes femeninos interpretados por Julieta Zylberberg, Leonor Manso, Magdalena Capobianco y Belén Blanco, que hace de la esposa de Erdosain, Elsa, y cuyo rol en la historia se irá tornando central.</p>
<p>Uno de los desafíos a los que se enfrenta esta adaptación es lograr ese cruce entre la literatura y televisión, cruce en parte un poco temido, pero al que se reconoce la audacia, el animarse al experimento. Si ya la novela de Arlt es una mezcla de registros y formas, acá el desafío es doble: lo folletinesco, lo policial, lo satírico, ahora se traslada al marco televisivo, y entonces el movimiento también es doble, ya que en este caso la televisión debe adaptarse al texto literario y a su vez la historia a la televisión: una reescritura que va y viene y permite un nuevo acercamiento a este relato que transcurre en los años ´30 en la Argentina, y que la puesta televisiva logra adaptar con gran talento.</p>
<p>El fruto de esta coproducción de la TV Pública, la Biblioteca Nacional y Nombre productora, son 30 capítulos de media hora que, según las palabras del mismo Piglia, permitieron “desplegar a fondo las múltiples intrigas que están presentes en la trama del libro”.</p>
<p>La salida de un mundo y la entrada a otro: eso es lo que proponen estos siete locos y el mismo Arlt. Habrá que ver qué logra el traspaso a la pantalla chica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nota Relacionada:</strong></p>
<p><a href="http://www.marcha.org.ar/los-siete-locos-historial-de-un-suicida-el-caso-erdosain-y-su-pandilla/" target="_blank">Los siete locos: historial de un suicida (El caso Erdosain y su pandilla)</a></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/los-siete-locos-y-los-lanzallamas-arlt-llego-a-la-tele/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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