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	<title>90añosFidel &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>90añosFidel &#8211; Marcha</title>
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		<title>Fidel: brilla tu luz para mí</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2016 16:05:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[90añosFidel]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Fidel Castro]]></category>
		<category><![CDATA[Leandro Albani]]></category>
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					<description><![CDATA[Emotiva despedida a Fidel Castro en Buenos Aires]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="western" lang="es-AR" align="right">“<i>¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel,</i></p>
<p class="western" lang="es-AR" align="right"><i>que los imperialistas no pueden con él!”</i></p>
<p class="western" lang="es-AR" align="right"><b>(Canto popular cubano)</b></p>
<p class="western" lang="es-AR" align="right">“<i>El gris se convierte en oro </i></p>
<p class="western" lang="es-AR" align="right"><i>justo cuando el día se estaba poniendo viejo”</i></p>
<p class="western" lang="es-AR" align="right"><b>(Luca Prodan)</b></p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Por Leandro Albani / @LeaAlbani &#8211; Fotos por Resumen Latinoamericano<br />
</b></p>
<p class="western" lang="es-AR"><i>Emotivo encuentro en el obelisco porteño, recordando y relanzando a Fidel Castro, líder y referente de la histórica Revolución Cubana.</i></p>
<p class="western" lang="es-AR">La mañana del sábado en Buenos Aires transformó un cielo azul y un sol de primavera que iluminaba todo, en nubes grises que descargaron una lluvia gruesa, volviendo el ambiente húmedo y pesado. La noticia del fallecimiento de Fidel, sin duda, había entristecido al propio cielo.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Mensajes, llamadas, leer noticias, escuchar el anuncio de Raúl y verlo triste, desconsolado, un desconsuelo que se arrimó a muchas personas en el mundo, porque era difícil abstraerse de que Fidel Castro Ruz, Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, líder de izquierda respetado hasta por sus propios enemigos, ese hombre que hace unos meses había festejado sus 90 años, ya no estaba sobre esta tierra.</p>
<p class="western" lang="es-AR">A media mañana, desde varios espacios y organizaciones argentinas se convocó a un acto en el Obelisco, en pleno centro porteño. La lluvia arreciaba, mientras las noticias confirmaban hasta dónde había llegado Fidel. Líderes mundiales y presidentes enviaban sus condolencias a Cuba, los testimonios recogidos en las calles de cualquier país reflejaban que el revolucionario cubano no había pasado desapercibido por este mundo, ciudadanos rusos se acercaban a la embajada cubana en Moscú para dejar flores en honor al líder cubano. Sava Tasic –un joven serbio de 17 años de la ciudad de Leskovac- escribió una carta: “Desde niño, en el espíritu de las tradiciones libertarias en las cuales yo crecí, conozco los grandes sacrificios que ha hecho el pueblo cubano en la lucha contra los poderes imperialistas más fuertes”. Y agregó: “En esa lucha, el peso más grande y el mayor mérito para el éxito lo tuvo Fidel Castro”.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><img class="alignnone size-medium wp-image-33313" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-4-630x354.jpg" alt="fidel-acto-4" width="630" height="354" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-4-630x354.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-4.jpg 792w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>
<p class="western" lang="es-AR">Aunque el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, festejaba la desaparición física del dirigente cubano, millones de personas daban por tierra con las declaraciones del magnate estadounidense. Fidel seguía en las calles.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>El ejemplo más gigante</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">“Mi primer recuerdo de Fidel es de la mano del Che, de tener una referencia del Che y al toque verlo con Fidel en la revolución cubana”, dice Soledad De Battista, integrante de la Juventud Guevarista (JG).</p>
<p class="western" lang="es-AR">Alrededor de ella, en una de las plazoletas del Obelisco, cientos de personas se reúnen y otras tantas siguen llegando para recordar al líder cubano. En el centro del lugar se forma una ronda integrada por pibas y pibes de diferentes organizaciones políticas y sociales. Suenan los bombos, flamean las banderas y los cantos de decenas de voces repiten “¡Fidel, querido, el pueblo está contigo!”. Una bandera amplia, con la cara del dirigente revolucionario, resume el sentimiento de la mayoría: “Fidel Vive”.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-33309" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/IMG_20161126_195859-547x410.jpg" alt="img_20161126_195859" width="547" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/IMG_20161126_195859-547x410.jpg 547w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/IMG_20161126_195859-1024x768.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/IMG_20161126_195859-810x607.jpg 810w" sizes="(max-width: 547px) 100vw, 547px" /></p>
<p class="western" lang="es-AR">De Battista recuerda que en plena década de 1990 comenzó su acercamiento a la revolución cubana y, ya en el 2000, al ingresar a la facultad “me comencé a contactar con otra gente, a compartir libros, y conocer por todo lo que había pasado el pueblo cubano, por eso no me queda más que un sentimiento de profunda admiración”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">“Para nosotros, Fidel es el más grande de todos –resumen la militante de la JG-. Es el ejemplo más gigante de un hombre que dio todo por sus ideales, que supo enfrentar a todas las adversidades. Fidel siempre tuvo una ética intachable, incorrompible, y le demostró a la humanidad que el mundo no sólo estaba hecho de injusticias y de sufrimientos, sino que existía la posibilidad de la liberación concreta en un país como Cuba, que era dependiente, subdesarrollado, donde nadie se imaginaba que una revolución socialista podía triunfar”.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>Fidel y el Che: el camino a seguir</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">Para las siete de la tarde en Buenos Aires la lluvia es sólo un recuerdo. El cielo dejó atrás su oscuridad y ahora la noche es precedida por una mezcla de anaranjado y rosa que cubre a toda la ciudad. Corre una brisa fresca, la gente conversa, sonríe, las parejas se abrazan, Fidel sobrevuela a todas y a todos.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Magdalena Rossi, del Movimiento Popular La Dignidad (MPLD), sabe que es un día triste porque “falleció un referente de nuestras luchas, el único que, junto a su pueblo, nos demostró que luchando es posible construir un mundo nuevo”. La militante agrega que para su organización “Fidel y el Che representan no sólo unas imágenes en nuestras banderas, sino un camino a seguir, no sólo en términos de transformación de la sociedad, sino en la construcción de un ser humano distinto, de un hombre y una mujer nuevos”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Por su parte, Ezequiel Moscovich, de la OLP-Simón Bolívar, remarca que “Fidel es un cuadro integral. Es un intelectual y, al mismo tiempo, le puso el cuerpo a estar en la selva, a caer preso. Esa integralidad, su transparencia y esa forma humilde de entender las cosas, con una proyección estratégica, me parece que lo hacen una persona que no se puede olvidar y que marca un antes y un después en la historia de nuestra región”.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><b>La inmensa obra</b></p>
<p class="western" lang="es-AR">“Tristeza, tristeza profunda porque…”, dice Valeria Ianni. Con esas simples palabras, la militante de la organización Hombre Nuevo (HM) recuerda el momento en que se enteró del fallecimiento del líder cubano. A su alrededor los bombos y cantos suenan acompañados por los bailes de las pibas y los pibes. Pero en Valeria hay unos segundos de silencio, segundos personales e íntimos. “Fidel es uno de los irremplazables –continúa Ianni-, es un símbolo para todos nosotros que ahora duele”.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-33310" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-3-630x355.jpg" alt="fidel-acto-3" width="630" height="355" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-3-630x355.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-3.jpg 792w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>
<p class="western" lang="es-AR">Al igual que muchos jóvenes, cuando en la década de 1990 el neoliberalismo llevaba las de ganar, la figura del dirigente cubano apareció como un espejo donde proyectar la rabia y las ganas de cambiar las injusticias. En esa época, señala la militante de Hombre Nuevo, “Fidel era la persona que no sólo cuestionaba el neoliberalismo, sino que era un emblema ético. Pero no sólo él lo era, sino toda Cuba, en una de sus peores condiciones de su historia, levantando las banderas de la dignidad, de no doblegarse ante el bloqueo, ante el derrumbe del campo socialista”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Para Ianni, uno de los legados de Fidel es su obra, conformada por cientos de discursos y escritos: “Tenemos que hacer una lectura atenta de esa inmensa obra, que aporta algo fundamental al campo popular que es el pensamiento estratégico y la claridad para contribuir a la revolución”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La noche ya toma Buenos Aires. Las luces del centro de la ciudad se proyectan sobre las banderas que flamean. Quienes están en el Obelisco no dejan de recordar a Fidel. Varios referentes sociales y personalidades improvisan discursos, rescatando las virtudes del líder revolucionario y del pueblo cubano. La coincidencia es permanente: las razones por las cuales Fidel y su pueblo hicieron la revolución siguen vigentes.</p>
<p class="western" lang="es-AR">Antes de que el acto termine me llega un mensaje. Es de Juan Reardon, un gran amigo que vive en Venezuela. Sus palabras resumen un pensamiento general: “Mucho dolor compañero, mucho. Pero nada. Hizo, transformó, liberó. Consolidó. Duele pensar en el dolor ajeno. Tantos millones llorando hoy. Pero nada. ¡Por lo menos ganó! Mucho. No hay comparación hermano. Victoria tras victoria. 90 años de obras dignas”.</p>
<p class="western" lang="es-AR">La lluvia ya está lejos de Buenos Aires, pero muchos sentimos una fina garúa en el pecho, una fina garúa prendida fuego.</p>
<p class="western" lang="es-AR"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-33311" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-6-630x354.jpg" alt="fidel-acto-6" width="630" height="354" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-6-630x354.jpg 630w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-6-810x455.jpg 810w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Fidel-acto-6.jpg 990w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" /></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fidel-brilla-tu-luz-para-mi/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Imágenes a los Noventa: Fidel, la fe y la confianza de clase</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Aug 2016 03:03:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Quinta entrega del especial "Fidel y sus noventa victorias"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Felipe de J. Pérez Cruz*</strong></p>
<p>Nuestros adversarios critican la fe y confianza, que profesamos los cubanos y cubanas revolucionarios a Fidel Castro Ruz. Nos dibujan como un pueblo de adoradores acríticos, incultos y obnubilados. Algunos intelectuales de la centro-izquierda occidental y sus amanuenses colonizados en el Sur, aparentemente más “condescendientes”, nos piensan víctimas de un mecanismo de mitologización de masas. Hay tanta manipulación en la historia política mundial, tanto descreimiento acumulado, que existen muchas personas que no pueden entender, lo que sentimos por Fidel la inmensa mayoría de los que vivimos en el archipiélago.</p>
<p>La “fe” que le profesamos los cubanos y cubanas a Fidel Castro Ruz, entendida como instinto de clase, objetividad y memoria histórica, y definitivamente confianza en su liderazgo de presente y proyecto futuro, resulta un componente sustancial de la Revolución Cubana.  No se puede entender el hecho histórico de la relación líder-masa, sin atender esta realidad de la subjetividad revolucionaria.</p>
<p><strong>Los enfoques de dogma       </strong></p>
<p>No ayudan a la comprensión de la realidad, los enfoques de dogma, que a falta de estudios, afloran con bastante frecuencia en espacios propagandísticos dentro de la propia Revolución.  Tal pareciera -según cierta historia teleológica de la Revolución-, que Fidel fue siempre considerado un iluminado, atendido y seguido por todos, y que la rebelión trascurrió por unanimidades entre los líderes y combatientes de las distintas organizaciones. El Fidel de las dificultades, frente a incomprensiones, disensos y traiciones, el hombre que reencarnó a José Martí en la tarea gigante de forjar la unidad ideológica y política de todos los patriotas, permanece en la sombra.</p>
<p>La verdad histórica está, en que después del asalto al Moncada, luego de la cárcel, el desembarco del Granma y la reorganización de la guerrilla, no pocos de los principales líderes políticos revolucionarios, dentro y fuera del Movimiento Revolucionario “26 de Julio”,  aún dudaban de la estrategia y capacidad de Fidel. Lo mejor de la izquierda nacionalista y marxista criolla, no le negaba heroísmo, respeto y simpatía al joven líder, pero marcaba un crítico distanciamiento táctico-estratégico, pues su actuación no correspondía con la visión “racional”, “científica” y políticamente correcta de los teóricos de la revolución de la época. Súmese que el arrojo y la audacia que no querían ni podían emular los politiqueros burgueses, se catalogaban de “locura”. Y el origen de Fidelcomo hijo de “terrateniente”, marcaba el prejuicio para los defensores del obrerismo a ultranza</p>
<p>No es hasta la reunión de los Altos de Mompié, en la Sierra Maestra, el 3 de mayo de 1958, luego del fracaso de la Huelga General del 9 de abril de ese año, que dentro del Movimiento “26 de Julio” vencen las reticencias, y reconocen a Fidel en el doble cargo de Comandante en Jefe de todas las fuerzas rebeldes y Secretario General de la organización.</p>
<p>Para unos y otros interlocutores, fue decisivo el hecho de que Fidel marcó el camino, marchando a la vanguardia, con pasión, honestidad, vergüenza y resultados tangibles.</p>
<p><strong>Con los cubanos y cubanas humildes</strong></p>
<p>La reconstrucción histórica prueba de manera inobjetable, que fue entre los cubanos y cubanas más humildes, donde Fidel encontró sus primeros, más firmes y aguerridos seguidores, en un proceso de crecimiento e intensa comunicación, que tiene sus primeros episodios en los lazos que forja muy joven, con los trabajadores de servicio del habanero Colegio Belén, relación que le abrió el cercano barrio obrero de Puentes Grandes.  Egresado como abogado en 1950, devino en defensor de los derechos de los trabajadores y pobladores más humildes, y fue calando en el respeto y la sensibilidad de su pueblo. Fidel en 1951 vence en su primera batalla política electoral, con la votación para delegado al Partido Ortodoxo, por el barrio obrero de Cayo Hueso.</p>
<p>Así lejos del desgaste con disputas de liderazgo en la politiquería burguesa, Fidel ganó la fe y la confianza que le profesamos, sumergiéndose en el pueblo, aprendiendo de este, dando y recibiendo cariño, atendiendo y respondiendo a sus necesidades. En particular se convierte en figura destacada en el seno de la Juventud Ortodoxa, organización integrada por una masa juvenil ansiosa de cambios radicales en la situación del país. Mi padre, obrero socialista, me contó una y mil veces, como desde antes de la lucha insurreccional, cuando conoció a Fidel en un mitin de la Ortodoxia, comenzó a “<em>sentir confianza</em>” y a “<em>tener fe</em>” en aquel joven líder. Escuchaba por radio las intervenciones de Fidel, y aunque no era ortodoxo,  junto con otros amigos asistía a los mítines y actos de ese Partido, para exigir que dejaran hablar a Fidel, casi siempre colocado entre los últimos y menos favorecidos  oradores. Tan creciente apoyo  alrededor del joven líder, obliga a los directivos de la ortodoxia a designarlo, con solo 25 años, para integrar las listas de candidatos a la Cámara de Representantes, con vistas a las elecciones generales que debían celebrarse en junio de 1952. Como sabemos estas elecciones no se efectúan por el  Golpe de Estado que el 10 de marzo de ese año, realizó Fulgencio Batista y Zaldívar.</p>
<p>No será casual que tanto en Puentes Grandes como en Cayo Hueso, se formaron tres grupos-células de los asaltantes que irían al Moncada el 26 de julio de 1953, y que definitivamente sea en los barrios de la clase trabajadora en la capital y en sus alrededores, en Santiago de las Vegas, Calabazar, Artemisa y Madruga, donde Fidel reclutará al contingente de combatientes  que le acompañará en la clarinada de Santiago de Cuba y Bayamo.</p>
<p>Después del 26 de julio, en la campaña por la amnistía de los moncadistas, y definitivamente durante la lucha insurreccional, el nombre del Comandante se convirtió en definición y símbolo de las masas. Sus seguidores eran los fidelistas y él fue definitivamente Fidel. Otros comandantes de la Revolución, calaban de similar manera en la cultura simbólica popular: Camilo, Che, Almeida, Raúl&#8230; Esta manera coloquial de asumir al líder y sus más cercanos compañeros, expresaba en su  intimidad, la simpatía y confianza que entonces se forjó.<strong> </strong></p>
<p><strong>La ética solidaria del movimiento revolucionario</strong></p>
<p>Fidel prestó una especial atención a la praxis de respeto por la colectividad, por las masas populares. La masiva fe y confianza en Fidel y en la Revolución, se forjó desde un hacer a favor de la vida y la integridad de las personas, de los ciudadanos y de los combatientes, en las complejas circunstancias de la lucha armada.</p>
<p>Fidel durante sus años de estudiante en la universidad, conoció de cerca el fenómeno del gansterismo. La guerra de pandillas dejaba un rastro de terror y víctimas inocentes y el joven veinteañero Fidel, por su postura incorruptible, enfrentó la amenaza de muerte a manos de aquellos pistoleros. Llegó entonces a la claridad, de que las bandas de delincuentes, eran la secuela de las debilidades ideológicas y los métodos violentos de lucha armada, que se habían aplicado por algunas organizaciones insurreccionales en tiempos de la Revolución de 1930, y luego en la resistencia al golpe contrarrevolucionario orquestado por los Estados Unidos con el traidor Batista y Zaldívar en 1934. La insurrección que Fidel organizó y lideró, no se permitió los mismos errores.</p>
<p>Frente a grupos insurreccionales que intentaron repetir los desaciertos del pistolerismo, Fidel desarrolló una premisa ideológica fundamental: Si la Revolución se hacía por y para defender y emancipar al pueblo, las acciones del Ejercito Rebelde y de la resistencia armada en las ciudades, no podían bajo ningún concepto afectar la vida y la integridad de los ciudadanos.</p>
<p>Los rebeldes combatieron directamente a las tropas de la dictadura en campaña, atacaban los cuarteles aislados, o en su lugar tomaban todas las medidas para que la vida de los pobladores cercanos, no corriera peligro. Los luchadores clandestinos en las ciudades emulaban en similar preocupación por la seguridad ciudadana. El viernes 8 de noviembre de 1957, al filo de las nueve de la noche, coincidiendo con la hora del tradicional cañonazo, se escucharon en La Habana alrededor de cien explosiones sincronizadas. Unos doscientos combatientes clandestinos, hombres y mujeres, participaron en la acción, con el cuidado de no herir a ningún ciudadano. En la toma de poblaciones, durante la etapa final de la guerra, las fuerzas revolucionarias, protegieron a la población de las afectaciones de los combates, y se priorizaba en estos, la evacuación de la zona de enfrentamientos.  La caballerosidad con los prisioneros, la prioridad en la atención a sus heridos, el respeto por sus muertos, fueron conductas del Ejército Rebelde que establecieron pautas de confianza hasta con el Ejército enemigo.</p>
<p>En la guerra revolucionaria un ordeno de Fidel, precisaba que no se podía dejar en manos del adversario a ningún  compañero herido. Los jefes y soldados rebeldes debían tomar todas las medidas posibles, e incluso correr nuevos riesgos en los combates, para rescatar a los incapacitados y a los caídos en acción.</p>
<p>La tradición solidaria forjada en la Guerra de Liberación se consolidó tras el triunfo, durante la derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón, en la Limpia del Escambray, y en las misiones internacionalistas. Ningún combatiente o trabajador internacionalista se sintió jamás solo. En los momentos más difíciles, cercados en el lugar más intrincado de la geografía africana, Fidel les hizo llegar su aliento. Quienes en las diversas circunstancias de la guerra fueron hechos prisioneros por el enemigo, supieron del incansable batallar por liberarlos. Los familiares de los héroes que murieron en combate, recibieron personalmente de Fidel, una constante atención.</p>
<p><strong>Una cualidad definitiva</strong></p>
<p>La fe, asumida como sentido –instinto- de clase, es un fenómeno que escapa a los cálculos racionales del marxismo que muy lejos de Carlos Marx, Federico Engels o de  Vladimir Ilich Lenin, perdió de vista la superestructura social, y se concentro solo en la “última instancia” económica, para desconocer el complejo y rico entramado en que se multiplica el ser social: las masas y las individualidades. Fidel al hacer posible-imposibles, al convertir la eticidad y el patriotismo en un sacerdocio revolucionario, dio materialidad e hizo realidad, la fuerza de la espiritualidad y la voluntad de los seres humanos. El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, fue y es carisma multiplicado por el valor del ejemplo. De ahí la fe y al confianza compartidas.</p>
<p>La fe y la confianza acumuladas en Fidel, se ha traducido en certidumbre y seguridad, en consenso político entre los cubanos y cubanas.</p>
<p>Fidel Castro, más allá de méritos, incluso sobre todas las virtudes que posee, tiene una cualidad definitiva: Se trata de la “<em>tozudez en la esperanza</em>”, como en justicia le escuché definir al teólogo y diputado cubano reverendo Raúl Suárez.  Esta postura optimista, inclaudicable y combativa, es lo que hoy nos lega Fidel en su noventa aniversario. Es la que  en vida lo multiplica en fe y confianza de su pueblo. Y un día, cuando ya no esté físicamente entre nosotros, lo hará  inmortal.</p>
<p><em>* Integrante de la Cátedra Americanista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de la Unión de Historiadores de Cuba, Universidad Nacional de  La Habana</em></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/30496-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fidel: Un hombre en dificultades</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Aug 2016 03:02:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Cuarta entrega del especial 'Fidel y sus 90 victorias'.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Neirlay Andrade*</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Las causas de mal</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Nosotros mismos </em><br />
<em> haremos </em><br />
<em> nuestros </em><br />
<em> milagros</em><br />
<strong><em>Mayakovsky</em></strong></p>
<p>Veamos. Un hombre en dificultades se convierte en un hombre solo, solísimo, tan solo que todos pasan a ser -por la alquimia de las vicisitudes- un inmenso nadie. Y entonces, este hombre en dificultades clama a los cielos. A partir de ese momento, su destino ya no le pertenece; desespera y muere.</p>
<p>En una nota literaria sobre Tolstoi, Lenin dice que la desesperación es propia de las clases que están condenadas a perecer; aún más, asegura que el origen de su desesperación radica en la incomprensión de “las causas del mal” y por tanto “no son capaces de luchar”.<br />
No está de más una aclaración: los trabajadores no pertenecen a “esas clases desesperadas (moribundas)” y digo estas cosas pensando en Fidel, porque de todo lo que hay por decir sobre él, hoy vale la pena recordar dos aspectos: este hombre, en dificultades, no depositó la mirada en el ancho cielo para evitar fatalidades; este hombre, en dificultades, miró a los suyos, de frente para describir -a veces con una precisión aterradora- las “causas del mal” y no conforme con ello, dio un paso al frente para decirles (a ellos y a nosotros) que la única opción era luchar.</p>
<p>Hoy, cuando el imperialismo trata de recomponer su hegemonía en el continente; hoy, cuando la derecha y la reacción pretenden endosarle a los llamados gobiernos progresistas la crisis del capitalismo (negando “las causas del mal”); hoy, cuando esos mismos gobiernos tratan de embaucarnos con falsas ilusiones sobre una salida en el marco de este sistema de miseria; hoy, debemos recordar a Fidel Castro en dificultades.</p>
<p>¿Cómo actúa un revolucionario ante las contramarchas? Ahí está Fidel un 10 de octubre de 1991 en la instalación del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), pidiendo “mucho realismo” para analizar la situación del país y demandando “mucha claridad” para comprender que Cuba transitaba “por un periodo excepcional”.</p>
<p>El campo socialista había desaparecido y tras detallar minuciosamente las preocupaciones del pueblo ante el Congreso; luego de hablar de electricidad, gasolina y otro tanto de asuntos domésticos, Fidel Castro les dice a los suyos: “Hoy nos corresponde a nosotros una responsabilidad universal”.</p>
<p>Este hombre, en esta isla en dificultades, bloqueada por la máquina de matar más afinada que ha conocido la humanidad, “en condiciones excepcionalmente difíciles, solos, solos, aquí, en este océano de capitalismo que nos rodea”, le dice al pueblo que aún es dueño de su destino y que, además, es fuerza moral de los destinos de otros en otras latitudes: “Hoy luchamos no sólo por nosotros mismos, no sólo luchamos por nuestras ideas, sino luchamos por las ideas de todos los pueblos explotados, subyugados, saqueados, hambrientos de este mundo; luego, nuestra responsabilidad es mucho mayor.”</p>
<p>Después de esto para qué mirar al cielo; para qué esperar una buena señal, un tiempo propicio… Después de esto, “nosotros mismos haremos nuestro milagros”.</p>
<p><strong>Un héroe de nuevo cuño</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Nuestras hazañas serán </em><br />
<em> más difíciles que las del creador</em><br />
<em>que llenaba </em><br />
<em> el vacío de las cosas </em><br />
<strong><em>Mayakovski</em></strong></p>
<p>Las hazañas de la Revolución Cubana merecen ser narradas; pero en honor a la dialéctica, no podemos perder de vista los reveces, las derrotas, las metas no cumplidas. Allí también podremos encontrar al líder revolucionario porque, como sugiere Bertol Brecht, si queremos crear héroes debemos avistarlos en su vida cotidiana, es decir, conocer al hombre que también fracasa.</p>
<p>A este héroe de nuevo cuño (para efecto de estas líneas: a ese jefe revolucionario) las dificultades no lo desaniman, sino que lo incitan. Vayamos a otra escena que bien podríamos describir como de ida y vuelta: una noche de festejo que de forma inesperada se transforma en una noche con sabor a derrota, pero que –con las primeras luces del nuevo día- se ha convertido en una modesta página de una antología de la honestidad.</p>
<p>Hablamos de la noche del 19 de mayo de 1970. Hay un pescador frente al malecón en La Habana. Este hombre no está solo, lo aguarda una multitud eufórica; a él y a 10 más. Este hombre y sus compañeros habían sido secuestrados por unos mercenarios al servicio de la CIA y finalmente fueron abandonados en Las Bahamas.</p>
<p>El periodista cubano Julio García Luis describe el recibimiento como apoteósico, pero a este lugar común agrega una precisión significativa: estos 11 pescadores no eran –como podría pensarse─ los héroes de un nuevo episodio de dignidad del pueblo cubano; estos “hombres del mar liberados, con sus barbas, sus humildes sombreros de guano, más que héroes, (eran) verdaderos trofeos por los que el pueblo libró una de sus batallas más hermosas”.</p>
<p>De tal modo que allí estaba Fidel con sus 11 “trofeos”; una vez más, victorioso. Pero hubo un giro inesperado, algo así como un punto de no retorno: la alegría de los pescadores se hizo una sola con la alegría de los campesinos; y entonces, de las cuitas de los días recientes en los mares se pasó a hablar de las jornadas en los campos y la cifra brotó de la boca de uno de los pescadores: 10 millones. Sí, 10 millones. 11 trofeos es un buen número, pero no era el que se repetía una y otra vez ese año 70. El número del pueblo era 10 millones; toda Cuba hablaba de la zafra de las 10 millones de toneladas; las agencias de noticias también.</p>
<p>Fidel tomó la palabra e hizo algo impensable; allí, a las afueras de la antigua embajada yanqui, tomó la fiesta y la enfrentó a una verdad de esas que cualquier asesor sensato oculta hasta el final. La noche del 19 de mayo, cuando todavía no se había llegado ni siquiera al primer semestre del año, el Comandante le dice a su ejército que el objetivo no sería alcanzado; que a partir de ese momento la lucha por los 10 millones se volvía la lucha por los nueve millones.</p>
<p>Esto es suficiente para mandar a todos a casa con el peso de una derrota cantada; pero decíamos que la noche era de ida y vuelta y al replantear los objetivos, Fidel Castro mira de frente una vez más a los suyos y se pregunta: “¿Y qué debemos hacer? ¿Ocultar al pueblo esto? Sería indigno de nosotros. ¿Desmoralizarnos? Sería indigno de nuestro pueblo”.</p>
<p>Ya puestas las cartas sobre la mesa, vuelve a preguntar: “¿Qué debemos hacer?”, y la respuesta es de esas que le da a la verdad su talante liberador: “Pelear hasta la última caña”.</p>
<p>Dos palabras para Fidel Castro: certeza y posibilidad. Certeza sobre la victoria definitiva del pueblo y la posibilidad de que tal hazaña sea fraguada por estos hombres y estas mujeres, en estas circunstancias, en estas dificultades, con estas manos y en este mundo.</p>
<p><em>*Periodista venezolana</em></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fidel-un-hombre-en-dificultades/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fidel: una cáscara de nuez</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2016 03:03:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Tercera entrega del Especial "Fidel y sus noventa victorias"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hugo Montero*</strong></p>
<p>Una llovizna agujerea el negro del embarcadero. En un cielo sin luna, la oscuridad domina la noche del 25 de noviembre de 1956. Un grupo se protege del frío en un bosquecito cercano, esperando la señal detrás de la bruma. Otros van llegando desde distintos puntos de concentración. El único sonido que rompe el silencio es el ladrido de unos perros, a la distancia. No hay tiempo que perder. De pie sobre el muelle del río Tuxpan, cubierto con una capa negra y una ametralladora en las manos, Fidel apura la carga de provisiones en el yate atracado: dos mil naranjas, 48 latas de leche condensada, cuatro kilos de pan, dos patas de jamón y un centenar de tabletas de chocolate, no parecen demasiados suministros para un viaje estimado de cinco días.</p>
<p>Pero el contraste es aún más profundo cuando los viajeros comienzan a abordar: el yate de madera está preparado para trasladar con comodidad a una decena de pasajeros en sus catorce metros de eslora, pero imaginarse a 82 expedicionarios a bordo es una apuesta arriesgada.</p>
<p>Marcados por la tensión, se amontonan en disciplinado silencio y cuentan los minutos. Nadie fuma, nadie habla. Fidel mira su reloj por tercera vez en un rato. Son las 2 de la madrugada. Es hora de partir. El Granma enciende sus dos motores y se deja tragar por las fauces de la noche. Luego de atravesar unos kilómetros hasta la desembocadura del río, las luces se encienden y el oleaje comienza a hacerse sentir.</p>
<p>La palabra odisea no alcanza para definir los problemas. La mitad del tiempo la pasan achicando agua a baldazos, combatiendo contra los mareos, resistiendo un oleaje agresivo y a una velocidad mínima por el marcado sobrepeso de la embarcación. Pero el entusiasmo gana los corazones de todos, aún de los más afectados por el vacilante andar… Los que pueden, cantan el himno nacional y la marcha del 26 de Julio. “¡Abajo la dictadura! ¡Viva la revolución!”, gritan 82 almas en mitad de la nada, y levantan sus puños al cielo, transitando la épica de un sueño que recién se inicia. Poco después, Fidel distribuye armas y uniformes, establece el orden de desembarco, da cuenta de los detalles operativos.</p>
<p>Los días pasan con su carga de tedio, algunos delfines saludan el paso lento de los viajeros mientras Fidel ajusta la mirilla telescópica de los fusiles: dispara contra un tanque de combustible, atado a un cabo. Los cigarros, las galletas y el pan se terminan, las pastillas antihistamínicas que Ernesto distribuye, también. Al llegar el día previsto para el desembarco, todavía restan dos días de viaje. Los cálculos no resultaron. El tiempo era una clave del plan: la llegada debía coincidir con el levantamiento popular en Santiago, previsto para el 30 de noviembre, de modo que los guerrilleros pisaran tierra y se alistaran para copar, horas después, el cuartel militar de Niquero. Fidel escucha en la radio las noticias sobre el estallido en Santiago y lamenta su suerte: no llegarán a tiempo.</p>
<p>Un motor del yate revienta por el esfuerzo. El mar se revuelve y el Granma batalla contra olas cada vez más grandes… Fidel revisa el mapa, pero no termina de encontrar la ruta. En cubierta, Roque busca el destello del faro de Cabo Cruz, pero el oleaje le complica la tarea. Se sube al techo para buscar un ángulo de visión más certero. Pero el yate pega un bandazo y el vigía cae al agua. El grito desesperado de Roque se estrella contra el mar y la noche. “¡Hombre al agua!”, gritan. La oscuridad se devora a Roque, ya nadie lo escucha en la inmensidad de ese cementerio negro. Parece condenado. Pero Fidel ordena: “¡De aquí no nos vamos! ¡Hay que encontrarlo!”, y el yate gira en círculo en busca del náufrago. Un par de linternas persiguen el rastro perdido. Entonces, de la nada, surge una voz desgarrada: “¡Aquí, aquí estoy!”. El yate se detiene, Roque es subido a bordo, todos aplauden. “¡Viva…  Cuba… libre!”, regurgita Roque, con lo que le queda de voz.</p>
<p>La maniobra consume más de una hora y media: Fidel sabe que pone en riesgo toda la operación por salvar a un compañero. Pero construye, desde ese mínimo gesto, una huella singular de su aventura: el ejemplo. En la revolución de Fidel, ningún compañero es abandonado.</p>
<p><em>*Fragmento del artículo “Fidel, 90 años. Diez momentos que conmovieron al mundo”, publicado en la revista Sudestada, número 143, julio-agosto de 2016. Hugo Montero integra la dirección de la revista Sudestada</em></p>
<p>&nbsp;</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fidel-una-cascara-de-nuez/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fidel, la llama con que siempre nos hemos iluminado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Aug 2016 03:04:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Segunda entrega del Especial "Fidel y sus noventa victorias"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carlos Aznárez*</strong></p>
<p>Fidel, la estrella más roja del mapa latinoamericano y caribeño, esa enorme figura que supo hacer de la Revolución una posibilidad no lejana y a la vez logró transmitir esperanzas para que otros y otras, en cualquier rincón del mundo, pudieran alzarse contra las injusticias. Ese gigantesco corazón sensible en el que han cabido todas las tristezas de los más necesitados y también las alegrías por las pequeñas y grandes victorias conquistadas. En Fidel, digo, y en su forma de generar conciencia, formación, coraje y toda la audacia necesaria para conquistar el poder y no servirse del mismo, están concentrados todos los anhelos de quienes jamás se habrán de dar por vencidos en la lucha por un mundo diferente. Socialista, sin más aditamentos, al decir y el hacer del Comandante.</p>
<p>Justamente ahora, que la situación internacional no parece la más favorable para los pueblos y hay dudas sobre el futuro que le espera a la Humanidad, vale la pena buscar respuestas a la existencia de este inagotable referente del campo revolucionario que sigue dando lecciones de sabiduría y humildad.</p>
<p>¿Cuántos Fideles hay en este Fidel que en estos días cumple 90 años de muy vivida existencia? Seguramente que muchos. Tantos que no alcanza la memoria para evocarlo. Hay un Fidel -menos conocido-, que desde muy joven se puso en marcha para, en los claustros universitarios, comenzar un intenso camino de agitación que lo llevó pocos años después a militar activamente -haciendo honor a un internacionalismo al que luego abrazaría con pasión- contra el dictador dominicano Leónidas Trujillo.</p>
<p>Hay otro Fidel que se dio cuenta enseguida que todas las teorías del mundo no son suficientes si no se ejerce una práctica audaz e inteligente contra el autoritarismo, y junto con un puñado de valientes asaltó el Moncada, abriendo así un sendero que no se detendría más hasta la toma del poder, una meta imprescindible si se quiere hacer una Revolución con mayúsculas. Pero qué decir de ese Fidel, que con Raúl, el Che y otros tantos patriotas, desembarcó del Granma, y cuando todo parecía venirse abajo, entre cadáveres de sus mejores hermanos y las balas del enemigo, contó los fusiles y se repitió varias veces, como para que lo oyeran los esbirros de la dictadura batistiana, que con esa decena de hombres que quedaban en pie ganarían la batalla.</p>
<p>Del Fidel de Sierra Maestra habría mucho para contar. Él mismo lo ha hecho, con su estilo locuaz y sumamente descriptivo, en dos libros de lectura imprescindible para entender de qué se trató esa epopeya: “La contraofensiva estratégica” y “La victoria estratégica”.</p>
<p>Allí, en aquellas montañas victoriosas, apareció con toda claridad el Fidel combatiente, el estratega militar capaz de convertir en triunfo aplastante lo que minutos antes iba camino a convertirse en derrota, el Fidel compañero de sus compañeros, severo cuando se trataba de hacer que se cumplan sus órdenes, sabedor de que cualquier duda en un combate tan desigual como el que libraban podía hacer capotar el proyecto revolucionario.</p>
<p>Pero también supimos en esos pocos años de batalla directa contra la soldadesca de Batista, de ese Fidel que respetaba la vida de sus enemigos una vez que eran capturados en combate, marcando de esa forma un territorio de humanidad, que en varias ocasiones provocó deserciones masivas entre los uniformados del régimen, y generó las bases para que pocos miles de rebeldes vencieran a un ejército regular y bien equipado de cien mil soldados, que contaban con tanques, aviones bombarderos y la ayuda internacional de los imperios yanqui e inglés.</p>
<p>Después, cuando los barbudos felizmente marcharon victoriosos hacia La Habana, en aquellos días memorables de 1959, comenzó a desarrollarse la vida de un Fidel que terminó asombrando al mundo. Revolucionario hasta la médula, liberó a su pueblo de la opresión y de la cultura gringa que lo asfixiaba, expropió y nacionalizó todo lo que antes era de cuatro magnates subordinados a la mafia norteamericana, y ejerció el internacionalismo con la misma potencia que antes había desarrollado para derrotar al tirano.</p>
<p>Codo a codo con el Che, no dudó de emprender una prolongada marcha para conquistar la por ahora pendiente Segunda Independencia latinoamericana. Venció al Apartheid sudafricano, ayudó a liberar Angola, abrazó a Salvador Allende y apretó los puños de rabia, como pocos, cuando se enteró que su hermano Guevara caía en combate en Ñancahuazu.</p>
<p>Cuántos rebeldes del continente se siente enormemente agradecidos por lo que hizo Cuba por ellos, cuántos luchadores por el socialismo no hubieran podido gestar múltiples hazañas en sus países sin la decisión solidaria y comprometida de Fidel y sus compañeros. La lista es extensa y a través de ella, Cuba y su Revolución fueron escribiendo páginas de dignidad imposibles de olvidar.</p>
<p>En esos años y en los venideros, Fidel debió multiplicarse, para que la isla no se hundiera tras la caída del bloque socialista, para intervenir con clarividencia en temas de deuda externa, anunciando, antes que ninguno, que la misma era impagable por ilegítima. También propuso soluciones para cuidar y defender el medio ambiente, o encarar gigantescas iniciativas en temas de educación y salud para su pueblo, que luego fueron y son derivadas de manera solidaria hacia el resto del mundo.</p>
<p>Sin embargo, la madre de todas las batallas fue la que libró Fidel, abrazado con su pueblo, contra el criminal bloqueo imperialista.</p>
<p>Medio siglo de obligadas carencias, que fueron derrotadas a punta de digno coraje y la convicción de que a las revoluciones verdaderas se le oponen miles de escollos. Para que semejante agresión no pueda salir airosa, Fidel lo repitió siempre: la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa, forjar una inmensa unidad de los de abajo y sacrificarse hasta las lágrimas.</p>
<p>“Después de Dios, Fidel”, dijo emocionado un agradecido ciudadano de Haití, al defender las misiones médicas y alfabetizadoras que el gobierno cubano derramó por todo el mundo, llegando allí donde nadie se atrevía. Eso es lo que en estos días todos los que agradecemos su necesaria vigencia tenemos la obligación de recordar cuando nombramos a Fidel. Nunca, pero nunca, nos falló.</p>
<p>Lo decimos desde la constatación de saber en qué clase de mundo vivimos, donde la felonía, la corruptela, el transfuguismo y la claudicación se han convertido en moneda corriente. Frente a esas lacras, Fidel, Cuba, su pueblo, la vieja guardia y las jóvenes generaciones revolucionarias, siempre han mostrado que se puede. Que con voluntad política y conciencia revolucionaria no hay enemigo invencible.</p>
<p>Ahora, que el Comandante, ese mismo al que su pueblo llama cariñosamente “El Caballo”, sigue galopando con tantas ansias de futuro, ahora que ese enemigo al que le soportó la mirada, a pesar de tenerlo a sólo 90 millas, simula acercarse y “flexibilizar relaciones” para seguir apretando la soga de formas diversas, ahora que ya no tenemos a Hugo Chávez espalda con espalda con el Comandante, como amigo, hijo, hermano, compañero, ahora que el Imperio se lanza a la ofensiva en lo que sigue considerando su “patio trasero” y Cuba se nos aparece, como siempre, intacta, inabordable por sus enemigos que son los nuestros, ahora, cuando las reflexiones de Fidel en defensa de la vida contra la muerte son más que necesarias, es momento de detener la marcha por un instante, y reconocerle a este hombre excepcional todos sus méritos.</p>
<p>Decirle, sin rubores de ningún tipo, que lo queremos por todo lo hecho, y por todo lo que seguramente seguirá haciendo. No es cursilería, ni obsecuencia decir esto, no somos ni una cosa ni la otra y sabemos de ambas por vivir en países donde se practican con desmesura; sólo se trata de hacer justicia con alguien al que desde que nos apareció la conciencia, siempre tuvimos de nuestro lado.</p>
<p>Por muchos años más, Fidel. Para que nuestros enemigos sigan rabiando, y los de abajo y a la izquierda (como diría el Subcomandante Marcos) festejen con ganas tu noble y vital existencia.</p>
<p><em>*Director de Resumen  Latinoamericano. Artículo publicado en la Edición Especial del periódico Resumen Latinoamericano (julio de 2016)</em></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/30360-2/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fidel, el revolucionario, el hombre</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Aug 2016 03:15:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Especial 90 años de Fidel Castro.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Leandro Albani &#8211; @LeanAlbani</strong></p>
<p><em>A propósito de los 90 años de Fidel Castro -a cumplirse este 13 de agosto- Marcha inicia un especial en homenaje al líder de la Revolución Cubana.</em></p>
<p>Le dijo Fidel a Tomás: “Considero que un revolucionario, un luchador que esté envuelto en la esfera política, en la esfera de una revolución, no puede pensar ni en la gloria ni en la historia; albergo sobre eso la más profunda convicción”.</p>
<p>Y también le dijo: “Realmente pienso que en nuestra época, en que se puede tener una visión un poco más amplia -más amplia, no te voy a decir exacta-, un poco más completa de lo que ha ocurrido, en que es posible una visión y un enfoque diferente del papel del hombre, no se correspondería con el deber de un revolucionario, con el desinterés que debe tener todo revolucionario, con su entrega total, la preocupación por la historia; porque pienso que un revolucionario debe darlo todo, estar dispuesto a darlo todo a cualquier precio por un objetivo concreto, por el triunfo de una idea, de una causa, y no debe preocuparse por sí mismo. En realidad, la preocupación por sí mismo es un elemento que puede influir de una manera no constructiva en la conducta del hombre. En dos palabras: no veo cómo justificarlo en el mundo de hoy, porque ningún hombre tendría derecho a luchar por la gloria, ningún hombre tendría derecho a luchar por su imagen ante la posteridad. ¿Te das cuenta? Parecería algo interesado. Parecería algo egoísta hacer eso”.</p>
<p>Y Fidel le dijo a Tomás lo que pensaba sobre el ser humano: “Creo que si tú has tenido oportunidad de tener un contacto intenso con la historia y analizas todas estas cuestiones, te das cuenta de que el hombre hace casi el ridículo si se pone a pensar demasiado en la posteridad y en la imagen que se va a tener de él. Yo diría que sería más sabio aspirar a un lugar modesto, a un lugar humilde y hasta, incluso, aspirar a un lugar anónimo. Porque si tú tienes una verdadera dimensión del hombre y del poder de los hombres como individuos, es algo tan frágil, es tan poca cosa que no tiene sentido, realmente, magnificar el papel de cualquier hombre por inteligente que sea, por brillante que sea, por capaz que sea”.</p>
<p>Esto le decía hace más de veinte años Fidel Castro a Tomás Borge, comandante sandinista que lo entrevistó durante algunos días en La Habana. Las reflexiones de Fidel luego fueron publicadas “Un grano de maíz”, en un libro fundamental.</p>
<p>En pleno auge del fin de la historia -propagada por Estados Unidos-, con el campo socialista destruido &#8211; según Fidel por sus propios errores-, y con una profunda crisis en la izquierda internacional, el líder cubano mostraba de forma clara lo indispensable para esta vida. La conducta de Fidel, su lucidez y humildad, se resumen en estos fragmentos donde da a conocer una de sus inquietudes más grandes: el futuro de la especie humana. Y sobre todo, explica con la sencillez de un gigante los valores reales y concretos que se necesitan para transitar la vida.</p>
<p>En momentos de crisis, de consumo desbocado, de desprecio por las costumbres y cualidades del otro, de arribismos políticos, todos hechos que permiten la reproducción del sistema capitalista, los pensamientos de Fidel hacen reflexionar, preguntarnos y cuestionarnos para, de esa forma, encontrar caminos diferentes a lo que venden los grandes medios. Y principalmente, las palabras de Fidel resumen, otra vez, la conjunción exacta entre teoría y práctica, algo que nadie puede negar sobre el líder cubano que, tal vez, sea el hombre que sintetiza de manera justa y coherente el pensamiento de América Latina y el Caribe.</p>
<p>En Fidel se conjugan características que muchas veces se pierden de vista desde la izquierda: una ética intachable, un coraje sin fisuras –su liderazgo durante la invasión a Playa Girón, en la Crisis de los Misiles y durante el Período Especial, lo demuestra-, la claridad política surgida de reflexiones empapadas de pueblo y un internacionalismo sin vacilaciones.</p>
<p>Por todo esto, y por mucho más, es que cuando uno camina por las tierras cubanas, muchas y muchos no dudan en afirmar: “Los cubanos somos fidelistas”. Y en esas cuatro palabras está la grandeza de Fidel.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fidel-el-revolucionario-el-hombre/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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