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	Comentarios en: Los ojos de Salqoe se apagaron sin ver justicia	</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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		<title>
		Por: Roberto Rapalo		</title>
		<link>https://marcha.org.ar/los-ojos-salqoe-se-apagaron-sin-ver-justicia/#comment-13182</link>

		<dc:creator><![CDATA[Roberto Rapalo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2016 12:00:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Dos poemas con hermanos indios.

    Daguerrotipo  1881

Poema para un cacique  Ranquel
desterrado en la isla de Martín García.
                             			
Sabe que nunca volverán sus ojos
a ver las rastrilladas del desierto. 
Engrillado, mira ese río redondo
que no puede vadear ningún caballo.

Nada sabe de futuros presidentes, 
de Solís, los charrúas y el poeta
con la pluma debajo del sombrero.
La suerte lo pialó y él no se queja.

Aspira hondo cuando sopla el viento
desde su tierra despejando el cielo, 
más allá de pesares y cadenas
se deja estar oliendoló al pampero.

Se deja estar viviendo ese momento,
de viento seco y fresco que le saca	
tanta humedá del hueso.

Sabe que allí, el horizonte de agua 
limita su aventura. No hay retorno. 
Ha perdido la guerra.

Ya que el poema participó en un concurso español, hice esta aclaración para extranjeros.
`La Isla de Martín García está situada en medio del Río de la Plata.
Las primitivas sendas indígenas de las antiguas llanuras argentinas se llamaban Rastrilladas.
  El poeta con la pluma debajo  del sombrero es Ruben Darío.  Unamuno dijo, con intención peyorativa, que a Ruben “se le veían las plumas debajo del sombrero”.   Darío le contestó: Querido maestro, para escribirle  me saco  una de las plumas de indio americano que con orgullo llevo en mi cabeza.  Rubén solía viajar seguido a la isla. Se decía que se aislaba allí, en medio de la inmensidad del río, para curarse de su  adicción al alcohol. En la isla se conserva el  edificio que lo albergaba, le llaman la casa de Rubén Darío y en ella vive el médico de la isla. Ya que hacer el bien con el pensamiento no cuesta nada, imaginemos al Dr.: Es el fin de la tarde, el aire límpido se llena con el sonido de los pájaros que vuelven a sus nidos, el hombre corta un salamín casero,  descorcha  una botella de tinto, llena el vaso, huele el aroma del vino, cierra los ojos y recita mentalmente: “Yo soy aquel que ayer nomás decía / del verso azul y la canción profana”... 
	Nos enseñaron  la mentira de que en esa isla los indios charrúas se comieron a Solís, Descubridor del Río de la Plata. 
En la isla de Martín García estuvieron detenidos los presidentes Irigoyen, Perón y Frondizi; pero antes estuvieron prisioneros allí los orgullosos y altivos caciques araucanos, tehuelches y ranqueles, derrotados en la Guerra del Desierto de 1880. En la isla se conservan primitivos daguerrotipos de los caciques. 
Se llamaba pialar a la acción de atrapar a un caballo sujetando sus patas con el lazo o las boleadoras. 


La constante
 	
Las puntas de hierro de las lanzas,
los caballos sobre los que montaron 
una aprendida codicia,
los vacunos maloneados que vendían a Chile,
la viruela y la tuberculosis
que los diezmaron tanto o más que los fusiles,
les fueron otorgados por los mismos blancos
que encadenaron su horizonte ilimitado
con eslabones de agua
que a ellos les parecieron infinitos.

En los libros de historia,
que los nombran apenas; 
en cuatro o cinco poemas; 
en algunas ilustraciones perdidas
de libros olvidados;
los hacen aparecer con la crin al viento, la mirada dura
y una cautiva en ancas:
son las “fieras salvajes  de la pampa”,
según los llamaron sus asesinos.
Araucanos, ranqueles, tehuelches,
“exhalaban un olor, dijo un naturalista, 
que enloquecía a los caballos del paisano”.

Permanecen en los nombres de algunas poblaciones: 
Coliqueo, Cutral Có, Pichi Mahuida,
en cuatro o cinco vocablos cotidianos como pucho o yapa,
dos veces pelean mano a mano con el gaucho Martín Fierro,
son los vencidos de la primera batalla perdida de este suelo,
en esta guerra que sigue
con cambios de uniformes 
y confusas entradas y salidas 
de una escena histórica
llena de equívocos y mutaciones y sangre,
mucha sangre, demasiada sangre,
inevitable y fatídica como en la tragedia clásica,
sangre cubriendo los caminos de tierra
por donde andamos resbalando
y cayendo y continuando la marcha,
mientras los chimangos llenan sus buches
descarnando los despojos
que cubren las cunetas.

Roberto Rapalo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dos poemas con hermanos indios.</p>
<p>    Daguerrotipo  1881</p>
<p>Poema para un cacique  Ranquel<br />
desterrado en la isla de Martín García.</p>
<p>Sabe que nunca volverán sus ojos<br />
a ver las rastrilladas del desierto.<br />
Engrillado, mira ese río redondo<br />
que no puede vadear ningún caballo.</p>
<p>Nada sabe de futuros presidentes,<br />
de Solís, los charrúas y el poeta<br />
con la pluma debajo del sombrero.<br />
La suerte lo pialó y él no se queja.</p>
<p>Aspira hondo cuando sopla el viento<br />
desde su tierra despejando el cielo,<br />
más allá de pesares y cadenas<br />
se deja estar oliendoló al pampero.</p>
<p>Se deja estar viviendo ese momento,<br />
de viento seco y fresco que le saca<br />
tanta humedá del hueso.</p>
<p>Sabe que allí, el horizonte de agua<br />
limita su aventura. No hay retorno.<br />
Ha perdido la guerra.</p>
<p>Ya que el poema participó en un concurso español, hice esta aclaración para extranjeros.<br />
`La Isla de Martín García está situada en medio del Río de la Plata.<br />
Las primitivas sendas indígenas de las antiguas llanuras argentinas se llamaban Rastrilladas.<br />
  El poeta con la pluma debajo  del sombrero es Ruben Darío.  Unamuno dijo, con intención peyorativa, que a Ruben “se le veían las plumas debajo del sombrero”.   Darío le contestó: Querido maestro, para escribirle  me saco  una de las plumas de indio americano que con orgullo llevo en mi cabeza.  Rubén solía viajar seguido a la isla. Se decía que se aislaba allí, en medio de la inmensidad del río, para curarse de su  adicción al alcohol. En la isla se conserva el  edificio que lo albergaba, le llaman la casa de Rubén Darío y en ella vive el médico de la isla. Ya que hacer el bien con el pensamiento no cuesta nada, imaginemos al Dr.: Es el fin de la tarde, el aire límpido se llena con el sonido de los pájaros que vuelven a sus nidos, el hombre corta un salamín casero,  descorcha  una botella de tinto, llena el vaso, huele el aroma del vino, cierra los ojos y recita mentalmente: “Yo soy aquel que ayer nomás decía / del verso azul y la canción profana”&#8230;<br />
	Nos enseñaron  la mentira de que en esa isla los indios charrúas se comieron a Solís, Descubridor del Río de la Plata.<br />
En la isla de Martín García estuvieron detenidos los presidentes Irigoyen, Perón y Frondizi; pero antes estuvieron prisioneros allí los orgullosos y altivos caciques araucanos, tehuelches y ranqueles, derrotados en la Guerra del Desierto de 1880. En la isla se conservan primitivos daguerrotipos de los caciques.<br />
Se llamaba pialar a la acción de atrapar a un caballo sujetando sus patas con el lazo o las boleadoras. </p>
<p>La constante</p>
<p>Las puntas de hierro de las lanzas,<br />
los caballos sobre los que montaron<br />
una aprendida codicia,<br />
los vacunos maloneados que vendían a Chile,<br />
la viruela y la tuberculosis<br />
que los diezmaron tanto o más que los fusiles,<br />
les fueron otorgados por los mismos blancos<br />
que encadenaron su horizonte ilimitado<br />
con eslabones de agua<br />
que a ellos les parecieron infinitos.</p>
<p>En los libros de historia,<br />
que los nombran apenas;<br />
en cuatro o cinco poemas;<br />
en algunas ilustraciones perdidas<br />
de libros olvidados;<br />
los hacen aparecer con la crin al viento, la mirada dura<br />
y una cautiva en ancas:<br />
son las “fieras salvajes  de la pampa”,<br />
según los llamaron sus asesinos.<br />
Araucanos, ranqueles, tehuelches,<br />
“exhalaban un olor, dijo un naturalista,<br />
que enloquecía a los caballos del paisano”.</p>
<p>Permanecen en los nombres de algunas poblaciones:<br />
Coliqueo, Cutral Có, Pichi Mahuida,<br />
en cuatro o cinco vocablos cotidianos como pucho o yapa,<br />
dos veces pelean mano a mano con el gaucho Martín Fierro,<br />
son los vencidos de la primera batalla perdida de este suelo,<br />
en esta guerra que sigue<br />
con cambios de uniformes<br />
y confusas entradas y salidas<br />
de una escena histórica<br />
llena de equívocos y mutaciones y sangre,<br />
mucha sangre, demasiada sangre,<br />
inevitable y fatídica como en la tragedia clásica,<br />
sangre cubriendo los caminos de tierra<br />
por donde andamos resbalando<br />
y cayendo y continuando la marcha,<br />
mientras los chimangos llenan sus buches<br />
descarnando los despojos<br />
que cubren las cunetas.</p>
<p>Roberto Rapalo</p>
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